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Desarrollo endógeno y articulación productiva un análisis del sistema productivo andaluz

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Desarrollo endógeno y articulación productiva un análisis del sistema productivo andaluz

Author: Romero Luna, Isidoro
Year: 2003
Source: https://idus.us.es/bitstreams/c62652e8-8d6d-4df5-bf09-8e006515d318/download
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y EMPRESARIA LES
Departamento d e Economía Ap licada I
TESIS DOCTORAL
DESARROLLO E NDÓGENO Y ARTICULACIÓN
PRODUCTIVA. UN ANÁLISIS DEL SISTEMA
PRODUCTIVO ANDALU Z
Trabajo reali zado para optar al Grado de Do ctor en Econom ía.
Autor:
Isidoro Rome ro Luna
Directores:
Dr. Antonio Ra llo Romero y Dr. Franc isco Javier Santos C umplido
Sevilla, Mayo de 2003

A gr adecimiento s

En primer lugar, quiero e xpresar m i agradecimiento a mis directores, los
profeso res Dr. D. An tonio Rallo Romero y Dr. D. Francisco Ja vier Santo s
Cump lido, por el t iempo y esfu erzo que les h a supu esto su labor de d irección. En
todo caso, cualquier e rror q ue pudiera exi stir en este trabajo sería de exclusiva
respon sabilidad de su auto r.

Hago extensible este agradecimiento a los profesore s Dr. D. Je sús Basulto
Santos y Dr. D. Joa quín Guzmán Cuevas, Catedrático s de Economía Aplicada de
la Universidad de Se villa, cuyos come ntarios y sugerencia s han sido de gran
utilidad para la realización de esta investigación. Así mismo, e l profes or Basu lt o
prestó su colaboración en las gestiones con el In stituto d e E stadística de
Anda lucía para la obtención de da tos e stadí sticos que h an resultad o esenciales
en e l desarrollo del mismo.

A e ste respecto, resulta ob ligado también dejar constanc ia del trato co rdial
y de la colaboración of recida po r el Instit uto de E stadística de Anda lucía, e n la
persona de su Jefa del Servicio d e Estadísticas Económ icas, Dª. Maria Luisa
Asens io Pardo.

He d e a gradecer también el apoyo puntual recib ido de la prof esora Dr. Dª.
Rosario Go nzález Rodríg ue z y del prof esor D. José Enrique Ro mero García, en
cuanto a cuest iones de carácter estadístico, del profesor D. Antonio Anselmo
Tito s Clares, q uien m e in fo rmó sobre algun os as pectos del procedimiento d e
estima ción de la s tablas inp ut-output y del profe sor D. Fran cisco Liñá n Alcalde,
que me ayudó en la resolución d e los problema s info rmáticos que fue ro n
surgiendo. Así m ismo, e n los m omentos f inales, m i hermana Eva María me ha
prestado su ayuda en labores in fo rmáticas; mi agradecim iento también a ella.

ÍNDICE

Índice
CAPÍTULO I
Introducción 15

I.1. Justificación 17
I.2. Objetivos 22
I.3. Estructura 30
I.4. Metodología 31
I.5. Fuentes 35

CAPITULO II
El paradigma del desarrollo endógeno 37
II.1. La formación del enfoque del desarrollo endógeno 39
II.2. El concepto de desarrollo endógeno 44
II.3. La dimensión económica de los procesos de desarrollo endógeno 49
II.3.1. La industrialización difusa y la descentralización
productiva. Los modelos locales de desarrollo 51
II.3.2. Sistemas productivos locales de pequeñas y
medianas empresas: El distrito industrial 53
II.3.2.1. El distrito industrial en Marshall 54
II.3.2.2. La revisión del concepto de distrito industrial 56
II.3.3. La innovación y la difusión tecnológica en el desarrollo
endógeno 59
II.3.3.1. Concepciones del proceso de innovación.
El nuevo paradigma evolutivo 60
II.3.3.2. El concepto de entorno innovador
(“milieu innovateur”). 62
iii

Índice
II.3.3.3. La innovación en los sistemas productivos
locales 63
II.3.3.4. La asimilación tecnológica
en los sistemas productivos locales 66
II.3.4. Empresarialidad y desarrollo endógeno 67
II.4. La dimensión socio-cultural
de los procesos de desarrollo endógeno 68
II.4.1. La regulación social en los modelos
de desarrollo endógeno 69
II.4.2. Redes, cooperación y confianza.
El capital social como mecanismo de regulación 76
II.4.2.1. El concepto de capital social 76
II.4.2.2. El papel del capital social en la regulación
de los procesos de acumulación endógenos 79
II.4.3. La cultura técnica y el mercado de trabajo local 81
II.4.4. Otros condicionantes culturales de los procesos
económicos: la cultura empresarial y la identidad territorial 84
II.5. La dimensión político-administrativa del desarrollo endógeno.
Las políticas de desarrollo regional y local 86
II.5.1. Diferencias entre los enfoques de política regional
tradicio nales y la estrategia de desarrollo local 87
II.5.2. Medidas de política económica local 90
II.5.3. La organización de las políticas de desarroll o local 93
II.6. Las controversias en torno al desarrollo endógeno.
Desarrollo endógeno versus globa lización 94
CAPÍTULO III
Tejido empresarial y desarrollo endógeno 103
III.1. El factor empresarial en el desarrollo endógeno:
función empresarial, empresa y empresario 106
III.1.1. Algunas consideraciones conceptuales sobre
la naturaleza de la función empresarial 107
iv

Índice
III.1.2. Sobre la figura del empresario 111
III.1.3. La naturaleza de la empresa.
Concepciones analíticas de la organiz ación empresarial 114
III.1.3.1. La visión tecnológica de la empresa 115
III.1.3.2. El enfoque transaccional. Empresa versus
mercado 115
III.1.4. El factor empresarial en el desarrollo endógeno.
Consideraciones teóricas 119
III.1.4.1. La dotación de factor empresarial y la movilidad
de los recursos empresariales 120
III.1.4.2. ¿Existe un mercado de factor empresarial?:
La inconsistencia del análisis en términos de
oferta y demanda de recursos empresariales 122
III.2. El empresario y las pequeñas y medianas empresas
en el desarrollo endógeno 126
III.2.1. El hombre empresario en los procesos
de desarrollo endógeno 128
III.2.1.1. Algunas características de los empresarios
en los sistemas productivos locales 129
III.2.1.2. La función impulsora del empresario
en el desarrollo endógeno 131
III.2.2. Pequeña y mediana empresa versus gran empresa 134
III.2.3. Las pequeñas y medianas empresas
en el desarrollo endógeno 140
III.2.3.1. Los sistemas endógenos de pequeñas
y medianas empresas 140
III.2.3.2. La importancia de las PYMEs
en los procesos de desarrollo endógeno 142
III.3. La gran empresa en el desarrollo endógeno 144
III.3.1. La polémica en torno al papel de la gran empresa
externa como agente impulsor del desarrollo 145
III.3.1.1. Impactos positivos 145
III.3.1.2. Impactos negativos 147
v

Índice
III.3.2. Los cambios en el modelo de gran empresa.
Los procesos de descentralización productiv a 152
III.3.2.1. Interpretaciones teóricas de los procesos de
descentralización productiva
de la gran empresa 155
III.3.2.2. La gran empresa en red.
Sistemas productivos locales vinculados a
grandes empresas 158
III.3.3. La contribución de la gran empresa externa
al desarrollo endógeno. Algunas concl usiones 161
CAPÍTULO IV
Desarrollo endógeno, externalidades y articulación productiva 165
IV.1. Las economías externas en los procesos
de desarrollo local y regional 168
IV.1.1. Tipología de externalidades 168
IV.1.2. Las externalidades estáticas:
Las economías de aglomeración 170
IV.1.2.1. Economías de localización 171
IV.1.2.2. Economías de urbanización 176
IV.1.3. Economías externas dinámicas: Los “knowledge spillovers” 178
IV.2. Externalidades intersectoriales y articulación produc tiva 187
IV.2.1. Articulación productiva y desarrollo económico 189
IV.2.2. Los vínculos intersectorial es y las economías de escala
El análisis de Hirschman 194
IV.2.3. Las externalidades intersectoriales
en los modelos de aglomeración 202
IV.2.3.1. Las externalidades intersectoriales
en el distrito industrial 203
IV.2.3.2. Las externalidades intersectoriales en los polos
de crecimiento. El análisis de Perroux 204
vi

Índice
IV.2.4. Los vínculos intersectoriales en los modelos
de la Nueva Geografía Económica 206
IV.2.5. Los vínculos intersectoriales como externalida des puras 207
IV.3. Un marco analítico para el estudio de la articulación
de un sistema productivo 209
IV.3.1. El concepto de articulación productiva 209
IV.3.2. La articulación productiva desde una perspectiva funcional 210
IV.3.2.1. Los encadenamientos empresariales:
empresa versus mercado 212
IV.3.2.2. La articulación productiva a nivel
mesoeconómico: Los encadenamientos
intersectoriales 214
IV.3.3. La articulación productiva desde una perspectiva territorial 215
IV.3.4. La problemática relación entre integración funcional e
integración territorial 216
IV.3.4.1. El compromiso entre integración funcional y
territorial a escala empresarial 218
IV.3.4.2. El compromiso entre integración funcional
y territorial a escala sectorial 221
IV.4. Articulación productiva y desarrollo endógeno 224
IV.4.1. La importancia de la integración territorial
de los sistemas productivos 225
IV.4.1.1. Los efectos multiplicadores
en la dinámica económica del territorio 225
IV.4.1.2. Articulación versus especializa ción 226
IV.4.1.3. El papel de los encadenamientos en la
transformación del patrón de especialización
de los sistemas productivos 228
IV.4.1.4. Las externalidades tecnológicas
y la integración territorial 229
IV.4.2. La estructura espacial de los encadenamientos
y los modelos locales de desarrollo 230
vii

CAPÍTULO I
INTRODUCCIÓN

Capítulo I
Introducción
I.1. JUSTIFICACIÓN
“Comienza por lo más próximo”, ésta fue la primera recomendación que
recibió quien esto escribe, cuando se enfrentó a la elección del tema para su tesis
doctoral. El Profesor Antonio Rallo le transmitía así el consejo que a su vez él
recibiera en su día de su maestro José Luis Sampedro, quien le instaba así a
ocuparse de la realidad más inmediata. En ambos casos esa mirada cercana no
podía sino volverse hacia un mismo punto: Andalucía. Y, así mismo, aunque entre
la tesis del profesor Rallo 1 y este trabajo media cerca de un cuarto de siglo de
indudable progreso para Andalucía, otra constante se mantenía presente: el
atraso relativo de nuestra tierra. En ambos casos, ahí estaba Andalucía y
Andalucía como problema económico.
Constituiría un grave error no reconocer el importante avance económico y
social experimentado por nuestra Comunidad Autónoma en las dos últimas
décadas, que han presenciado un firme salto adelante en términos de
modernización y de bienestar social. Esta transformación estructural ha venido de
la mano de una capacidad de autogobierno si n prec edentes que nos sitúa a los
andaluces más que nunca como protagonistas y responsables de nuestro futuro.
Sin embargo, sería si cabe una equivo cación mayor la de dejarse llevar por
la autocomplacencia ante una realidad económica apremiante. Y es que
Andalucía, pese a los logros alcanzados, no se ha mostrado capaz de escapar de

1 El subdesarrollo andalu z: una i nterpretación estructural (1980 ), tesis doctoral realizada por D.
Antonio Rallo Romero y dirigida por Dr. D. Rafael Martínez Cortiña, publicada posteriormente con
el título de Andalu cía marginada (1981).
17

Capítulo I. Intro ducción
las posiciones de cola entre el c onjunt o de las regiones españolas y europea s en
términos de PIB per cápita y nivel de empleo.
Según la Fundación de las Cajas de Ahorro Confederadas para la
Investigación Económica y Social (FUNCAS), en 2002 Andalucía ocupó la
penúltima posición entre las regiones es pañolas en términos de PIB per cápita
(sólo por delante de Extremadura), con un valor situado en el 73,9% de la media
nacional. Así mismo, cuando se haya afrontado la ampliación hacia el centro y
este de Europa, en una UE con 27 estados y 266 regiones, Andalucía ocupará la
posición 203 en PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (en 2000 el PIB
per capita andaluz en PPA se situó en el 61,2% de la media de lo que será la UE
con 27 estados). De este modo, Andalucía, incluso tras la incorporación de
Bulgaria y Rumania, prevista para 2007, seguirá acreditando un PIB per cápita
inferior al 75% de la media comunitaria, lo que le garantizará su continuidad como
región objetivo 1 y, por lo tanto, su status como una importante destinataria de
fondos estructurales procedentes de las arcas comunitarias. Amargo consuelo
éste.
Ante esta situación, cualquier sentimiento de autosatisfacción resulta
inapropiado. Por el contrario, los andaluces debemos enfrentarnos con ilus ión y
decisión al reto de converger en términos reales con los niveles medios
nacionales y europeos, de profundizar en la modernización de nuestra comunidad
y de construir una Andalucía que, en lugar de requerir del apoyo de los
instrumentos financieros de la política regional comunitaria, se encuentre en
situación ejercer la solidaridad con otras regiones menos favorecidas.
La literatura existente sobre las razones de este retraso económico andaluz
recoge un a gran variedad de planteamientos; a pesar de lo cual, existe una
amplia coincidencia en torno a dos factores que, entre otros, permiten explicar
nuestro atraso relativo: la falta de “articul ación productiva” y los problemas de la
“empresarialidad” regional, ambos referidos fundamentalmente al sector industrial.
18

Capítulo I. Intro ducción
Respecto al primero, la noción de articulación productiva hace referencia a
la existencia y a la intensidad de los encadenamientos que conforman el
entramado productivo de un territori o, entendiend o por encadenamiento o
eslabonamiento las transacciones de inputs intermedios entre unidades
productivas. Las economías más desarrolla das presentan sistemas productivos
diversificados en los que intensas relaciones intersectoriales dot an de fortaleza a
su aparato productivo y a su modelo de cr ecimiento. Sin embargo, la fragilidad de
la estructura productiva de las economías menos avanzadas se manifiesta en su
débil articulación interna , frecuentemente acompañada de pautas de
especialización productiva que limitan las posibilidades de crecimiento a largo
plazo. Éste es el c aso del sistema productivo andaluz que adolece de una
deficiente vertebración, como han venido señalando diversos autores en las
últimas décadas (Delgado,1981 y 1995; Rallo , 1981; Aurioles, 1989; IEA, 1995;
Morillas,1995;Torres,1998).
Por otra parte, en cuanto al segundo factor, empleamos aquí el término
“ empresarialidad ” en referencia a las características de los empresarios y de las
empresas que actúan en un territorio. En las economías capitalis tas de mercado
son el empresario y la empresa los prin cipales responsables de la creación de
riqueza y empleo. Por lo tanto, en una economía como la andaluza con un
diferencial significativo en términos de renta per cápita y empleo debe
considerarse inexcusablemente el papel desempeñado por el factor empresarial.
De este modo, en las últimas décadas se ha apuntado, como una de las claves de
nuestro atraso, la fragilidad y vulnerabilidad del tejido empresarial andaluz,
vinculada a la falta de espíritu empr esarial y a la penetración de grupos
empresariales externos (Guzmán,1994a y 1995, Díez de Castro et alia, 1995) .
Esta problemática es la que define la línea de trabajo del Grupo de
Investigación de la Universidad de Se villa “Las PYMEs en el desarrollo
económico”, dirigido por Dr. D. Joaquín Guzmán Cuevas. En los trabajos
realizados hasta la fecha se han estudiado los factores que impulsan la aparición
de nuevos empresarios y los perfiles cualitativos de los existentes, así como los
rasgos característicos del tejido empresarial regional, con especial atención a la
19

Capítulo I. Intro ducción
aportación de las PYMEs (Guzmán 1994a,b y c,1995; Guzmán, Liñán, Romero y
Santos,2000; Cáceres,2002; Santos, 2001).
Estas dos debilidades de la economía andaluza –la falta de articulación
productiva y las deficiencias en la empresarialidad regional- se manifiestan con
especial cr udeza en el sector industrial. Ciertamente, una de las causas de la
insuficiente vertebración de la economía andaluza es sin lugar a dudas la
fragilidad y la desarticulación de nuestro sector industrial que, desde una
perspectiva histórica, se ha visto lastrado por el fracaso de las iniciativas de
industrialización durante el final del s. XIX. Así mismo, los problemas en la
empresarialidad regional se muestran con mayor intensidad en la industria, donde
es más marcada la insuficiencia de empresarios y de empresas andaluzas
capaces de impulsar el desarrollo industrial de nuestra región.
En cualquier caso, el problema económico andaluz debe plantearse en la
actualidad en el contexto de ese fenómeno que se ha dado en llamar
globalización económica. Esta fase actual de la dinámica capitalista está ligada al
desarrollo de la dimensión gl obal en el orden económico –productivo, comercial y
financiero -, en tanto los procesos económicos se desenvuelven en un ámbito
mundial liberado progresivamente de las barreras asociadas a las fronteras
nacionales.
Esta nueva etapa supone también un modo de relación singular y más
directo entre “lo global” y “lo local”, conforme al cual el desarrollo de los proc esos
económicos de ámbito mundial no supone la pérdida de rele vancia económica del
espacio, sino u na redefinición de su sign ificación económica ante las nuevas
características de los procesos de acum ulación. Así pues, en este escenario
actual tremendamente competitivo a resultas del proceso de liberalización
comercial y financiera, las regiones tienen la posibilidad de definir, reforzar o
modificar su papel en la división internacional del trabajo. Este proceso de
integración de los ámbitos locales en los procesos económicos globales puede
ajustarse a modelos de desarrollo alternativos.
20

Capítulo I. Intro ducción
A este respecto, en los últimos años se ha planteado una contraposi ción
entre dos enfoques de desarrollo opuestos: el desarrollo exógeno y el desarrollo
endógeno. Ambas aproximaciones se construyen sobre una determinada
concepción especial de las relaciones entre el sistema económico y el territorio. El
desarrollo exógeno considera al territorio como un soporte de los recursos
económicos (materias primas, energía, fuer za de trabajo, etc.); mientras que el
desarrollo endógeno, eleva al territorio como protagonista del proceso de
desarrollo a través de la in iciativa empresarial y la actividad inn ovadora impulsada
por los agentes locales o regionales.
Este trabajo se alinea con la visión del proceso de desarrollo y de la
estrategia más eficaz para alcanzarlo que conforman el paradigm a del des arrollo
endógeno. Este enfoque tiene como representantes, entre otros, a G. Becattini
(1979, 1992 y 1996), S. Brusco (1982 y 1996), M. Fuà (1988), G. Garofoli (1986,
1992 y 1994), W. B. Stöhr (1981 y 1986) y Vázquez Barquero
(1986,1988,1992,1993,1996 y 1999a y b), su principal exponente en nuestro país.
Figura I.1. Ejes argumentales del trabajo
DESARROLLO
ENDÓGENO
ARTICULACIÓN
PRODUCTIVA EMPRESARIALIDAD
21

Capítulo I. Intro ducción
De este modo, se han presentado en las páginas anteriores los tres
vértices -articulación productiva, empresarialidad y desarrollo endógeno- que
vertebran la línea argumental de este tr abajo y estructuran internamente esta
investigación que se desarrolla a través de las relaciones entre estos focos de
atención. Por un lado, defendemos la im portancia de la articulación productiva
como una dimensión de análisis de la que no se puede prescindir en la definición
del concepto y la estrategia de desarrollo endógeno. Así mismo, consideramos
que el modelo de desarrollo endógeno está vinculado a unas características
específicas de la empresarialidad local y regional. Y cerrando, este triángulo
conceptual, afirmamos la existencia de una relación directa entre las
características de la empresarialidad y las pautas de articulación productiva de un
territorio. Estas hipótesis serán defendidas en el plano teóric o en la primera parte
del trabajo, mientras que en la segunda, se proyectarán sobre el análisis em pírico
del tejido empresarial andaluz, con especial atención al sector industrial.
I.2. OBJETIVOS
Más concretamente, pueden identificars e los siguient es objetivos básicos
de este trabajo de investigación, diferenciando los aspectos teóricos de los
empíricos:
A. En el plano teórico
Son tres los objetivos que dan sent ido al desarrollo teórico de esta
investigación:
a) Profundizar en el análisis de la s ignificación teórica de la empresarialidad
en el desarrollo endógeno
Como se ha comentado con anterioridad, este trabajo se inscribe en la
línea de investigación del gr upo “Las PYM ES en el desarrollo económico” en el
22

Capítulo I. Intro ducción
que se viene estudiando la importancia de la empresarialidad en el desarrollo
económico. Dentro de ella, se ha resaltado el papel del empres ario como f actor
esencial en el dinamismo económico, pero teniendo como referente último, no el
éxito empresarial, sino la importancia del empresario en el proceso de creación de
riqueza y empleo y, en definitiva, en el desarrollo económico de un territorio.
Los trab ajos que se han realizado hasta el momento, como ocurre en
general en la línea de invest igación que se ocupa es pecíficamente del empresario
(“entrepreneurship”) se han mantenido preponderantemente en un ámbito
microeconómico, centrándose en mayor medida en la figura del empresario que
en la propia empresa como organiza ción. As í mismo, a pesar de que los trabajos
realizados se han apoyado en una visión del desarrollo como proceso “de abajo a
arriba”, el objeto de estudio no se ha extendido hac ia los modelos productivos
protagonizados por PYMEs y v inculados al territorio, respecto a los cuales existe
una amplia literatura dentro de la corriente del desarrollo endógeno. Por
consiguiente, no se han considerado suficientemente los mecanismos a través de
los cuales las PYMEs pueden realizar una contribución efe ctiva al desarrollo
económico en el marco de esquemas complejos de organizac ión de la
producción, sustentados sobre la interacción entre las propias PYMEs o sus
relaciones con las grandes empresas.
Figura I.2. Empresarialidad y desarrollo endógeno
Clusters de empresas
(Sistemas Productivos
Locales)
Desarrollo
endógeno
Empresa Empresario
Por el contrario, la literatura sobre el desarrollo endógeno se ha adentrado
en profundidad, en el plano teórico y empírico, en el análisis de los modelo s
locales de desarrollo (distritos industriales, sistemas productivos locales, medios
innovadores o “clusters” empresariales). Sin embargo, salvo alguna excepción
23

Capítulo I. Intro ducción
puntual 2 , no se ha profundizado a nuestro juicio lo suficiente sobre la importancia
de la func ión empresarial y los factor es económicos y extraeconómicos que
explican el surgimiento de empresarios y sus perfiles cualitativos en el ejercicio de
la actividad empresarial.
Es por ello que uno de los objetivos de es te trabajo en el plano teórico es
realizar un esfuerzo por enlazar las consideraciones sobre el empresario que se
vienen plateando en el seno d el grupo de investigación con los modelos de
desarrollo endógeno. De este modo, consideramos que se puede proyectar el
alcance teórico y empírico de los trabajos del grupo y a la vez dota r a los modelos
de desarrollo endógeno de unos fundamentos más sólidos en cu anto al papel de
la función empresarial y la empresarialidad en el desarrollo económico.
b) Plantear una revisión de la noción de artic ulación productiva y proponer un
marco analítico que facilite su aplicación al estudio de los sistema s
productivos locales y regionales
La idea de articulación productiv a tiene una larga tradición en Economía,
ligada fundamentalmente al estudio de las relaciones intersectoriales y a nombres
como los de W. Leontiev (1966), A. O. Hirschman (1961) o P. N. Rasmussen
(1963), entre otros.
Sin embargo, esta noción gener al no está exenta en algunos casos de una
cierta imprecisión y se caracteriza por una relación contradictoria con otro
concepto central en el análisis ec onómico como es la idea de espec ialización. De
este modo, existe, a nuestro juicio, un campo abierto a la reflexión teórica sobre el
propio concepto de articulación produc tiva y sus implicaciones desde la
perspectiva del desarrollo económico de un territorio.
En este sentido, se trata en es te trabajo de replant ear la noción de
articulación productiv a, desde una per spectiva más amplia a la habitual,

2 A este respecto, cabe señalar las aportacione s de L. Suárez-Villa (1986,1988 y 1991), que ha
ahondado en mayor medida sob re el papel del empresari o en el desarrollo regi onal.
24

Capítulo I. Intro ducción
presentación de un marco analítico como instrumento p ara el estudio de las
pautas de articulación de los sistemas productivos localizados.
La parte empírica de este trabajo se inicia con el capí tulo quinto que sirve
de introducción a las características del sistema productivo andaluz, con es pecial
atención a los rasgos particulares de su tejido empresarial.
El capítulo sexto está dedic ado a considerar las pautas de articulación
intersectorial del sistema productivo regional aplicando d iversas técnicas de
análisis input-output a las últimas tablas disponibles para la economía andaluza
(IEA,1999).
Finalmente, en el séptimo c apítulo se analiz an las características del tejido
empresarial en la industria andaluza desde la perspectiva de sus pautas de
articulación interna. De este modo, se contempla específicamente la relación
entre la dimensión empresarial y la integración de los establecimientos
industriales andaluces en el sistema productivo regional. Finalmente, se pres enta
una tipología de los establecimientos industriales en func ión de s u dimensión y de
sus pautas de articulación productiva y se valora el papel que juega cada tipo
empresarial desde la perspectiva del desarrollo endógeno regional.
Así mismo, a continuación del capítulo octavo , dedicado a plantear las
conclusiones del trabajo, se incorporan dos anexos : en el primero, de carácter
metodológico , se esbozan los fundamentos básicos del modelo input-output,
mientras que en el segundo, de carácter estadístico , se presentan un conjunto de
tablas con indicadores utilizados en el análisis, que se ha preferido traslad ar al
final a fin de hacer menos farragosa la lectura del texto.
I.4. METODOLOGÍA
El objeto de estudio de esta investigación es el sistema productivo regional,
entendiendo por tal “ el conjunto de los agentes económicos que concurren en la
31

Capítulo I. Intro ducción
producción y de las relaciones que mantienen entre ellos, dentro de un espacio
determinado ”, en este caso, la Comunidad Autónoma de Andalucía 3 .
Tanto los agentes como las relaciones productivas pueden contemplarse
en diversos niveles de anális is. Este trabajo se desenvuelve esencialmente en e l
plano mesoeconómico, puesto que el foco de atención son las agrupaciones de
empresas en función de su tamaño o de su pertenencia a sectores concretos.
A este respecto, se entiende como sector productivo el conjunto o grupo de
empresas que tienen una misma actividad económica princ ipal (cuando la
empresa o el establecimiento desarrolle una combinación de actividades, aquélla
que genera el mayor valor añadido). Aunque pueden establec erse precisiones
conceptuales al respecto 4 , se emplearán los términos sector productivo y ram a
productiva indistintamente. El desglose en ramas productivas que se emplea se
encuentra determinado por la fuente utilizada. En el caso de la fuente primaria
principal en este estudio, la información procedente del Marco Input-output para
Andalucía, se emplea una desagregac ión máxima en 89 ramas, definidas por el
IEA buscando proporcionar un detalle ajustado a las características de la
estructura productiva andaluza. En el caso de la segunda fuente de información
en importancia, el “Directorio Central de Empresas” elaborado por el Instituto
Nacional de Estadística (INE), se emplea la Clasificación Nacional de Actividades
Económicas (CNAE-93). El IEA proporciona una tabla de correspondencias entre
la desagregación de las TIOAN y la CNAE-93 que ha permitido realizar un
tratamiento comparativo de los datos procedentes de ambas fuentes (IEA,1999).
En cualquier caso, el análisis de la activ idad productiva se plantea en este
trabajo con una proyección es pacial o territorial. A este respecto, el objeto de
estudio es el sistema productivo andaluz, considerado en su conjunto, sin
descender a análisis desagregados e nivel espacial (provinciales, comarcales o
locales). Esta elección es en parte voluntaria y en parte impuesta por la
información disponible, que está ref erida al nivel regional. Ciertamente, la

3 Definición propue sta por L aganier y tomada de Bue sa y Molero (1 998:31).
4 Veasé, al respecto, Fe rnández, M. (2001:185).
32

Capítulo I. Intro ducción
encuesta que sirve de base a las TIOAN no es estadísticamente representativa a
escala provincial. Así mismo, otras fuentes estadísticas utilizadas, como la
Contabilidad Regional de España, proporcionan un desglose muy pobre desde el
punto de vista sectorial a escala provincial.
El mantenimiento del análisis en el plano regional su pone necesariamente
una limitación para este estudio. Por un lado, porque buena parte de la literatura
sobre el desarrollo endógeno toma como referencia el niv el lo cal, analizando el
distrito industrial o el s istema productivo local. Desde esta perspec tiva, se
justificaría la necesid ad de abordar un análisis más desagregado en términos
territoriales para entender plenamente las características y mecanismos
definitorios de los procesos de acumulación de carácter endógeno. No obstante, a
este respecto, podemos considerar la región como unidad relevante,
concibiéndola como el ámbito en el que se manifiestan las interrelaciones entre
los distritos y las ciudades industriales situadas en la mism a zona de tráfico
comercial (Garofoli,1992:4).
Por otra parte, al considerar el conjunto de la economía andaluza se
pierden de vista las diferencias entre las estructuras productivas que coexisten en
el ámbito regional. Sin embargo, siendo conscientes de esta limitación,
consideramos también nec esario plasmar una visión de conj unto del
funcionamiento y características de la economía andaluza, que pueda s ervir de
referencia a análisis a menor nivel (provincial, comarcal, local, etc.).
En cualquier caso, la consideración que aquí se hace del espacio no se
limita a su papel como soporte físico de la actividad productiva. Por el contrario,
concebimos el territorio como un sujeto activo, de modo que nos interesa analizar
el grado de integración de las unidades productivas que actúan en la r egión
andaluza en el territorio, entendido éste no sólo como un espacio físico, sino
como un c onjunto de relaciones socio-económicas que se proyectan sobre la
geografía regional.
33

Capítulo I. Intro ducción
Para aproximarse al grado de integración de las unidades productivas en el
sistema productivo regional cabría utilizar d iversos indicadores: la proporción del
valor de los bienes y servicios producidos que se genera en dicho entorno, el
gasto total de la empresa en la región, las retribuciones pagadas a la mano de
obra loc al, los impuestos e incluso los intereses sobre préstamos abonados en la
zona (Amin y Tomaney;1997:109). Se opta aquí por tomar como indicador
esencial el valor de los consumos de bienes y servicios intermedios dentro de la
región, en función de la disponibilidad de dat os y sin perjuicio de considerar
relevantes otros de los indicadores mencionados.
Para obtener esta información u na opción sería la elaboración de una
encuesta dirigida a las empresas andaluzas. Esta alternativa, que ha sido
aplicada en otros trabajos de este grupo de investigación, conllevaría un coste
económico considerable, al que habría que unir otras limitaciones de tipo técnico.
Ciertamente, la experiencia adquirida a este respecto en trabajos anteriores ha
puesto de manifiesto que las empresas generalmente se muestran muy reac ias a
revelar información sobre la distribución de sus compras y sus ventas. En ciertos
casos estas reservas se deben simplemente a las dificultades que encuentran
para proporcionar los datos con facilidad. Sea cual sea el motivo, el resultado final
es que muchas empresas seleccionadas no se prestan a colabor ar facilitando los
datos requeridos.
Por otra parte, no existe una fuent e estadística oficial que dir ectamente
proporcione información relativa a consumos intermedios y prod ucción según su
origen y destino geográfico a escala empresarial . L a TIOAN proporcionan este
tipo de información pero agregada a escala de rama productiva. Sin embargo,
gracias a la colaboración de IEA, se ha conseguido obtener datos de consumos
intermedios y producción desagregados por ramas productivas y por tamaño de
los establecimientos industriales que no habían sido publicados c on anterioridad.
La explotación de esta información, que representa un uso novedoso de la
información procedente de las TIOAN, ha resultado de mucha utilidad para
contrastar las principales hipótesis sobr e las que se centra la atención en este
trabajo.
34

Capítulo I. Intro ducción
En cuanto a la metodología estadística aplicada se han empleado
fundamentalmente dos técnicas: los procedimientos de análisis input-output y los
métodos de análisis de la varianza. En relación con los primeros, como se ha
comentado con anterioridad, se ha incorporado un anexo metodológico al final del
trabajo en el que se describen sucintamente los fundament os básicos del análisis
input-output. El tratamiento estadístico de los datos se ha realizado empleando el
programa SPSS para Windows 10.0.
I.5. FUENTES
A continuación, se s eñalan y comentan brevemente las principales fuente s
de información utilizadas en esta investigación.
A. Fuentes estadísticas:
En el desarrollo de este trabajo se han utilizado diversas fuentes de
carácter estadístico. El estudio de las pautas de especialización productiva y
comercial de la economía andaluza se ha abordado a partir de las es tadísticas de
comercio exterior, obtenidas del Instituto de Estadística de Andalucía y
procedentes de la Dir ección General de Aduanas del Ministerio d e Ec onomía, y
de los datos recogidos en la Contabilidad Regi onal de España . Respecto a ésta
última, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, se han utilizado las dos
series publicadas: la Serie Base 1986 y la Serie Base 1995.
Para analizar de la articulación intersectorial de la estructura productiva
regional se ha empleado la Contabilidad Regional y Tablas Input-Output de
Andalucía 1990 y el Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input-
Output. 1995 , elaborados por el Instituto de Estadística de Andalucía.
Por otra parte, la información sobre empresas y locales (establecimientos
empresariales) procedente del Directorio Central de Empresas, que mantiene el
35

Capítulo I. Intro ducción
Instituto Nacional de Estadística, ha pe rmitido una primera aproximac ión a las
características del tejido empresarial andaluz.
En cualquier caso, las principales conclusiones de este trabajo proceden de
la explotación de los datos, no publicados c on anterioridad, sobre consumos
intermedios regionales y totales y pr oducción con destino al mercado regional y
total por ramas de actividad y tamaño de los establecimientos industriales
andaluces, procedente del proceso de estimación de las tablas input-ouput
regionales, que ha sido proporcionada por el Instituto de Estadística de Andalucía.
B. Fuentes bibliográficas
Al final del trabajo se recogen exhaustivamente las fuentes bibliográficas
empleadas a lo largo de su desarrollo. A este respecto, han sido de especial
interés para la elaboración de la parte t eórica de este trabajo, artícu los publicados
en diversas revistas científicas internacionales - The American Economic Review,
The Economic Journal, Entrepreneurship and Regional Development, The Journal
of Political Economy, Journal of Regional Science , Journal of Urban Economics,
Quarterly Journal of Economic s o Regional Studies- y nacionales - Econ omía
Industrial, Estudios Territoriales (desde 1993 Ciudad y territorio: estudios
territoriales), Información Comercial Es pañola o Papeles de Economía Española- .
Así mismo, han resultado de much a utilidad diversos documentos de trabajo
editados por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA).
Por otra parte, han resultado un apoy o importante para el desarrollo del
análisis aplicado a la economía andaluza los trabajos publicados en el Boletín
Económico de Andalucía , editado por la Consejería de Economía de la Junta de
Andalucía y la Revista de Estudios Regionales , editada por las Universidades
andaluzas.
36

CAPÍTULO II
EL PARADIGMA DEL DESARROLLO ENDÓGENO

Capítulo II
El paradigma del desarrollo endógeno
En las últimas décadas se ha producido una evoluc ión sustancial en los
planteamientos teóricos de la economía regional, de stacando especialmente la
irrupción de las teorías del des arrollo endógeno. En este segundo capítulo se
describe el origen de este paradigma y se presentan las principales aportaciones
teóricas que lo sust entan, referidas al propio concepto de desarrollo, a las
especificidades de los proc esos de acumulación de capital de ca rácter endóge no
y a la estrategia de política económica.
II.1. LA FORMACIÓN DEL ENFOQUE DEL DESARROLLO ENDÓGENO
Según Cuadrado Roura (1988:71), en las décadas de los cincuenta y los
sesenta los desequilibrios regionales se interpretaron a través de cuatro enfoques
teóricos alt ernativos: los modelos de tipo n eoclásico; las teorías de la cau salidad
acumulativa y el enfoque centro-perifer ia; las interpretaciones de carácter radical y
los modelos de corte keynesiano 1 .
Los modelos neoclásicos (Bor ts,1960; Siebert,1969) tomando como
supuesto la movilidad absoluta de los factores de producción, presentaban las
disparidades regionales como desequilibrios transitorios, en tanto los flujos
interregionales de capital y trabajo gar antizaban la convergencia de las rentas por
habitante de las diferentes regiones.

1 Un análisis más detallado de estas teorías puede encontrarse en Richardson, Harry W. (1986):
Economía Regional y Urbana. Alianza E ditorial, Madri d.
39

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Por el contrario, los modelos de causalidad acumulativa
(Myrdal,1957;Hirschman,1958; Perroux,1964 y 1967) y los modelos centro-
periferia (Friedmann,1976; Friedmann y W eaver,1981) a pesar de las diferencias
sustanciales que existen entre ellos, coincidían en su rechazo a la hipótesis de la
convergencia regional. Para los defensores de estos enfoques, la situación de
partida de las regiones condicionaba su evolución económica, de modo que las
áreas con una situación inicial más favor able tenderían a atraer el ahorro y la
mano de obra procedentes de las regiones más atrasadas. Desde est a
perspectiva, el funcionamiento del mercado no conducía a la desaparición de los
desequilibrios, lo que hacía necesaria la int ervención del Estado. En este s entido,
algunos autores, basándose en los postulados de la teoría de la causalidad
acumulativa, de los modelos centro-periferia y de la teoría marxista, derivaron
hacia interpretaciones de carácter radical (Friedmann y Douglas,1978), y
defendieron la neces idad de cambios en el sistema económico capitalista como
respuesta a los desequilibrios regionales.
Por último, se desarrollaron también modelos k eynesianos aplicados al
análisis regional (Hartman y Sec kler, 1967; Weiss y Gooding,1968), que sirvieron
de apoyo a las políticas de gestión de la demanda agregada de c arácter
redistributivo, instrumentadas, entre otras medidas, a través de programas de
gasto público en infraestructuras.
Pese a sus diferencias, estos desarrollos teóricos compartían en términos
generales una concepción del proceso de desarrollo que se plasmaba en el
modelo de concentración/difusión industrial . En virtud de esta interpretación, el
desarrollo r egional se planteaba como un re sultado d e la industrialización y de la
concentración de la actividad productiva en un número reducido de grandes
centros urbanos, a partir de l os cuales, en fases ulteriores, se manifestaban
procesos de derrame hacia las zonas per iféricas. La difusión de la actividad
industrial se producía cuando en las zonas “centrales” surgían deseconomías de
aglomeración, en forma de el evación de los costes de los factores de producción
o problem as medio ambientales, que obligaban a las grandes empresas a
replantear sus estrategias de loc alización y buscar áreas más atractivas, con
40

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
condicionar las elecciones posteriores, como consecuencia de los rendimientos
crecientes, la acumulación de c onocimientos, las economías de aglomeración o
las expectativas de los individuos (Becattini y Rullani,1996:13).
Por otra parte, la aparición del nuevo paradigma territorial dentro del
análisis regional se ha visto favorecida por la valoración creciente que han
recibido, los recursos inmóviles, ligados al territorio, como factores esenciales
para el des arrollo regional. En este sentido, el desarrollo endógeno es el res ultado
del aprovechamiento y la movilización de los recursos autóctonos de un área,
como la cualificación de los trabajadores, los conocimientos específicos referidos
al proceso de producción, el stock de capital histór icamente acumulado, la cultura
empresarial, la estructura social, etc. (Cappellin,1991:231). No obstante, lo
anterior no excluye la aportación de ciertos recursos externos (factor trabajo,
tecnología, iniciativa empr esarial, etc.), aunque relegados a un papel secundario o
complementario 3 .
Un aspecto esencial del concepto de desarrollo endógeno es igualmente la
capacidad de autogobierno o de control interno de los procesos de transformación
de las estructuras productivas locales o regionales 4 . En el desarrollo endógeno
pueden asumir un papel relevante los recu rsos externos al área, pero es
imprescindible que el control del proceso de desarrollo recaiga en las propias
comunidades a escala local o regional. El desarrollo endógeno debe gara ntizar la
autonomía y la sostenibilidad del proceso de transformación del sistema
productivo local o regional, lo que exige qu e éste se sustente en la aplicación de
recursos autóctonos y en la capacidad local o regional de tom ar las principales
decisiones relativas a las variables fundamentales (Garofoli, 1994:17).

3 En un capítulo posterior, se analizará con ma yor profundidad el papel de los recursos externos,
concretamente de la gra n empresa forán ea, en los proceso s de desarrollo endóg eno.
4 Esta idea de “autocentramiento”, introducida inicialmente en la literatura del d esarrollo por Samir
Amin, en contraposición al desarrollo extravertido fue aplicada al ámbito de la economía regional
por Friedman y Douglass (1978) y Friedman y Weave r (1979).
47

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Por otra parte, desde una perspectiva teleológica, el desarrollo endógeno
está dirigido a la satisf acción de las necesidades y demandas de la población. El
desarrollo no se concibe simplemente, desde una óptica funcionalista, como un
proceso que permite un mejor posicionamiento del sistema productivo local o
regional en la división territorial del trabajo, sino como un conjunto de
transformaciones de la estructura socio-económic a que permiten elevar el
bienestar económico, social y cultural de la comunidad local o regional , receptora
final de los frutos del desarrollo (Vázquez Barquero,1999:29).
En este se ntido, algunos autores re saltaron el pap el de la expansión del
mercado interno como motor del crecimiento local o regional y propusieron una
protección económica selectiva frente a las produc ciones exteriores al área
(Stöhr,1981:43-45). Es por ello que, según Furió, el enfoque del desarrollo
endógeno:
“(...) no ha conseguido nunca liberarse de las acusaciones de autarquía. Al
admitir de entrada la posibilidad de que se solucionasen localmente las
necesidades a través de la producción, el desarrollo local dejaba creer que
se podía vivir al margen o, incluso, fuera de la división internacional del
trabajo con todo lo positivo que ésta implica” (Furió,1994:101).
Esta asociación entre desarrollo endógeno y economía cerrada constituye
a nuestro juicio un grave error. La estrategia de desarrollo endógen o debe
plantearse sobre la base de una economía abierta, de modo que los sistemas
productivos locales o regionales enraizados en el territorio deben a su vez estar
integrados funcionalmente en los procesos económicos a escala nacional,
internacional y mundial.
Todo proceso de desarrollo present a una dimensión funcional y una
dimensión territorial. La primera, se deriva necesariamente del carácter abierto de
la economía local y regional, que conduce a la inserción de esos espacios
económicos en un sistema económico a escala nacional, internac ional o mundial;
mientras que la segunda, viene dada por el carácter propio que imponen las
48

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
características locales al proceso de acumulación en cada área, determinando
múltiples sendas o modelos de desarrollo alternativos (Pecqueur y Rui
Silva,1992:18). En este sentido, lo realmente característico de la noción de
desarrollo endógeno es el énfasis que pone en el carácter territorial del proceso
de acumulación, frente a concepciones anteriores que ignoraban esta dimensión.
Por último, es preciso señalar también que el concepto de desarrollo
endógeno se distancia de la identificación simplista del desarrollo con la
industrialización. Los procesos de i ndustrialización difusa que afectan
fundamentalmente a ciudades intermedias constituyen un objeto de estudio de
evidente interés. Empero, la aplicación de los planteamientos del desarrollo
endógeno no se limita a este tipo de áreas industriales, sino que s e extiende a las
zonas rurales y a las zonas especializadas en la prestación de s ervicios, tanto las
áreas metropolitanas, donde se localiz an los servicios avanzados, principalmente
orientados a las empresas, como las zonas turística s (Cappellin, 1991:233).
II.3. LA DIMENSIÓN ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE
DESARROLLO ENDÓGENO
Si en el epígrafe II.2 se ha presentado el concepto específic o de desarrollo
sobre el que se construye el paradigma del desarrollo endógeno, en los dos
próximos epígrafes –II.3 y II.4.- nos detendremos en el análisis del segundo de los
elementos que articulan dicho par adigma: el conjunto de resortes endógen os que
impulsan el crecimiento económico en un territorio.
Los procesos de des arrollo endógeno se caracterizan por un modelo de
acumulación específico, resultado de la combinación de determinadas
condiciones económicas, culturales y políticas, que interactúan en las relacione s
sociales a escala local o regional. De este modo, hay que interpretar las
experiencias de desarrollo endógeno com o procesos multidimensionales en los
que un conjunto de variables interdependientes de div ersa naturaleza encauzan la
dinámica económica en un determinado territorio.
49

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
A efectos analíticos, resulta interesante identificar y estudiar por separado
tres dimensiones diferentes, aunque interrelacionadas, en los procesos de
desarrollo endógeno: una dimens ión económica, una di mensión socio-cultural y
una dimensión político-administrativa (Vázquez Barquero,1999a:32). No obstante,
hay que tener presente que la lógica del proceso de desar rollo sólo puede
aprehenderse desde la consideración conjunta de los tres vectores identificados.
Figura II.2. Características de los procesos de desarrollo endógeno
Dimensión
tecno-económica
Modelos locales
de desarrollo
Distritos industriales
Clusters de PYMEs
Sistemas productivos locales en
torno a grandes empresas
Procesos de innovación y difusión tecnológica
Dinamismo emprendedor
Capital social, redes
y cooperación
Dimensión
socio-cultural
Regulación
social
Cultura técnica y mercado de
trabajo local
Identidad territorial
Cultura empresarial
Estrategia
Dimensión político-administrativa Objetivos
Medidas
Organización
50

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
En este epígrafe se analizan los rasgos económicos característicos de la
organización de la producción en los procesos de desarrollo endógeno y en los
dos epígrafes posteriores se abordan las dimensiones socio-cultural (II.4.) y
político-administrativa (II.5.), respectivamente.
Específicamente, desde una perspectiva tecno-económica el crecimiento
económico desde la óptica del desarrollo endógeno se fundamenta en los
siguientes factores que analizaremos a continuación:
- Un modelo de industrialización específico (epígrafes II.3.1. y II.3.2.)
- Los procesos de innovación (epígrafe II.3.3.)
- El dinamis mo emprendedor (epígrafe II.3.4.)
Estos son los motores esenciales que impulsan el des arrollo económico al
originar rendimientos crecientes y ventajas competitivas de los que se benefician
los sistemas productivos en un territorio determinado.
II.3.1. La industrialización difusa y la descent ralización productiva. Los
modelos locales de desarrollo
Desde una perspectiva estrictamente económica, las teorías del desarrollo
endógeno se han apoyado sobre el modelo de industrialización difusa, asociado al
paradigma territorial del desarrollo, en contraposición al modelo de concentración-
difusión industrial , propuesto en el marco del paradigma funcionalista d ominante
durante décadas (Vázquez Barquero,1986; Costa Campi,1988).
La industrialización difusa es el resultado de la aparición de unidades
productivas de dimensión reducida especializ adas en actividades relacionadas
habitualmente con el saber-hacer y la tradición productiva de cada área. Se trata
de un modelo explicativo de pro cesos de desarrollo que no están ligados al
aprovechamiento de economías de escala internas y a la concen tración industrial
51

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
en grandes áreas urbanas, sino que coexisten co n pautas de dispe rsión de la
actividad económica en poblaciones de tamaño medio (Pecqueur y Rui
Silva,1992:21). La producción se organiza en los procesos de industrialización
difusa en torno a sistemas de pequeñas y medianas empresas conforme a los
principios del modelo de especialización flexible. En estos sistemas productivos
locales la organización tecno-económica de la producción se encuentra
plenamente integrada con la estructura social y la cultura de la comunidad local.
Por otra parte, la crisis del sist ema fordista ha impulsado c ambios en la
organización de la gran empresa industrial, de modo que muchas empresas que
inicialmente se estructuraron según los principios de la prod ucción en masa han
adoptado nuevas formas organizativas, buscando mayor flexibilidad a través de la
desintegración horizontal y vertical. Las grandes empresas han abordado, en esta
línea, procesos de descentralización productiva a través de la externalización de
funciones hacia pequeñas y medianas empr esas en sistemas productivos locales
(Costa Campi,1992:19). De este modo, surgen sistemas productivos
territorialmente localizados y articulados en torno a grandes empresas que
mantienen un rol central en la economía local.
Por lo tanto, pueden identificarse, en línea general, dos modelos locales de
desarrollo 5 , que se ajustan alternativamente a la lógica de la industrialización
difusa o descentralizada:
- Sistemas locales endógenos de pequeñas y medianas empresas.
- Sistemas productivos locales constituidos en torno a grandes empresas
externas descentralizadas.

5 En la literatura relativa a los sistemas productivos locales se recogen tipologías más a mplias de
modelos locales de desarrollo. Así, por ejemplo, véase Garofoli (1994:15) ; Vázquez Barquero
(1999a:233-235) o Crouch y Trigilia (2001:213-214). No obstante, en función de los objetivos que
nos proponemos la clasificación que a quí se adopta resulta suficiente.
52

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Entre estos dos modelos, el primero tiene un carácter más netamente
endógeno 6 , mientras que en el segundo caso el sistema local de pequeñas y
medianas empresas gira en torno a grand es empresas, normalmente externas al
área, que mantienen un papel c entral en el funcionami ento del sistema productiv o
local. Por consiguiente, la continuidad de este segundo modelo depende de la
permanencia de la gran empresa en el territorio, en tanto una ev entual decisión de
deslocalización conllevaría la crisis del sistema productivo local
(Garofoli,1992b:51).
En algunos casos, los sistemas productivos locales surgidos de procesos
de descentralización productiva en torno a grandes empresas evolucionan hacia
modelos con un carácter más marcadamente endógeno. Esto sucede cuando la
gran empresa se integra plenamente en el entorno local, se articu la con e l te jido
productivo autóctono y revitaliza el proceso de industrialización a partir de los
recursos y la capacidad empresarial lo cales. No obstante, no profundizaremos
aquí en esta cuestión, que será tratada con más detenimiento en el capítulo IV.
Por su carácter más netamente endógeno, nos centraremos a
continuación, en el estudio de los sistemas de peque ñas y medianas empr esas
que surgen de los procesos de industrialización difusa. En el capítulo cuarto se
abordará el estudio de los sistemas pr oductivos locales articulados en torno a
grandes empresas.
II.3.2. Sistemas productivos locales de pequeñas y medianas empresas:
El distrito industrial
El modelo de organización de la producción que más interés ha despertado
y que presenta un carácter más netamente endógeno es el sistema productivo

6 No obstante, la “endogeneidad” en l os sistemas productivos de pequeñas y medianas empresas
puede verse también limitada cuando no se desarrollan internamente todas las fases de la cadena
de valor del producto o productos en que están e s pecializados, lo que restringe la capacidad de
generación de renta y con diciona la co mpetitividad del sistema l ocal a factore s externos a la zona
(Vázquez Barquero,199 9a:234-235).
53

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
local de pequeñas y medianas empresas. En este sentido, se ha desarrollado una
literatura muy abundante en torno a la figura del distrito industrial 7 .
II.3.2.1. El distrito industrial en Marshall
Alfred Ma rshall dedi có el Capítulo X del Libro IV de sus Principios de
Economía a analizar la “ concentración de industrias espec ializadas en localidades
específicas ”, como los distrito s textiles de Lancashire o el distrito metalúrgic o de
Sheffield a lo largo del siglo XIX, aspecto que abordaría también en otras obras
principalmente en Industria y Comercio (1920) 8 .
Marshall presenta el distrito industrial como resultado de un pr oceso de
división del trabajo entre pequeñas y medianas empresas de características
similares, que se es pecializan en distintas fases de un proceso productivo
complejo, de modo que el sistema industr ial explota conjuntam ente las economías
de escala internas al distrito, pero externas a cada empresa. Este replanteamiento
marshalliano de las ec onomías de escala elimina las contradicciones que surgen
entre la competencia y la presencia de rendimientos crecientes. La división del
trabajo entre empresas permite el aprovechamiento de las economías externas,
haciendo compatible la competencia entre empresas con los rendimientos
crecientes que surgen de las economías externas (Costa Campi,1988:251).
El espacio asume un papel relev ante en la organizac ión y funcionamiento
de los distritos marshallianos, en los que el factor “cercanía” resulta esencial. El
efecto de aglomeración o concentración espacial de empresas en los distritos
industriales es consecuencia par a Marshall, en primer lugar, de la existencia de
economías externas de intermediación, asociadas fundamentalmente a la

7 El concepto de distrito industrial no está exento de controversias: se han planteado definiciones
distintas y se ha aplicado a fenómenos con características muy diversas. En las páginas que
siguen se podrá com probar como, si se adopta una noción restrictiva del distrito, no todo sistema
localizado de pequeñas y median as empre sas es clasifica ble como tal.
8 Para un análisis del signifi cado del “distrito industrial” marshalliano véase Bellan di, M. (1986): “El
distrito industrial en Alfred Marshall”. Estudios Territori ales. Nº 20; p p. 31-44.
54

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
disponibilidad de bienes y servicios intermedios suministrados por empresas
auxiliares a la industria especializada.
Pero también señala Marshall la pres encia de una “atmósfera industrial”
que describe en los siguientes términos:
“Los misterios de la industria pierden el carácter de tales; están como s i
dijéramos en el aire y los niños aprenden mucho de ellos de un m odo
inconsciente. El buen trabajo es apreciado como se merece y los
perfeccionamientos en la maquinaria, en los procesos de fabricación y en la
organización general de los negocios, se estudian pronto para dilucidar sus
méritos o inconvenientes: si una per sona lanza una nueva idea, ésta es
adoptada por los demás y combinada con sus propias sugerencias, y de este
modo se transforma en una fuent e de otras nuevas ideas.”
(Marshall,1954:226).
Marshall resalta, de este modo, la existencia de una tradición productiva en
torno a las actividades en que está especializado el distrito que condiciona las
relaciones sociales y genera economías externas de aglomeración en dos
aspectos fundamentales. Por un lado, determina la acumulación de know how
especializado, lo que garantiza a la industria la dis ponibilidad de mano de obra
cualificada y, por otra parte, favorece la circulación de ideas e información,
facilitando la inn ovación y la difusión de los conocimientos tecnológicos entre las
pequeñas y medianas empresas que conforman el distrito industrial
(Bellandi,1986:36-40).
De este m odo, con su concepto de distrito industrial, Marshall introdujo el
territorio en el análisis de la organización industrial, en tanto consideró
explícitamente el papel desempeñado por el espacio asociado a las relaciones y
los procesos socio-culturales. En este s entido, la versión marshalliana de las
economías de aglom eración presenta un caráct er territorial, en contraposición a la
consideración tradicional de éstas, desde una perspectiva funcional
(Asheim,1994:122-125).
55

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Por lo tant o, el concepto marshalliano de distrito industrial presenta dos
dimensiones:
- Una dimensión funcional, represe ntada por las economías externas que
surgen de la organización de la producción a través de la división del
trabajo entre empresas.
- Una dimensión territorial, asociada a las economías de aglomeración
que surgen de la atmósfera industrial.
II.3.2.2. La revisión del concepto de distrito industrial
Al final de la década de los setenta y durante la década de los ochenta las
economías de los países industrializados entraron en recesión; sin em bargo,
algunas localidades, (Oyonnax, en Francia; Baden-Württemberg, en Alemania;
Silicon Valley y el ár ea de Los Ángeles, en EE.UU.; Cambridge, en el Reino
Unido; la “Tercera Italia” o Barcelona) mostraron una notable capacidad de
adaptación a las nuevas circunstancias del entorno económico e inclus o
mantuvieron un ritmo de crecimiento apreciable (Pyke y Sengenberger,1992:13).
En este contexto, Gia como Becattini (1979) retomaría el conce pto marshalliano d e
distrito industrial al estudiar las experiencias de industrialización difusa surgidas
en algunas zonas del nordeste y centro de Italia.
Becattini define el distrito industrial como:
“(...) una entidad socioterritorial que se car acteriza por la presencia activa
tanto de una comunidad de personas como de un conjunto de empresas en
una zona natural e históricamente determi nada. En el distrito, al contrario
que en otros ambientes, como las ciudades industriales, la comunidad y las
empresas tienden a fundirse.” (Becattini,1992:63) .
56

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
carácter interpersonal de carácter informal, cooperación formal e informal entre
empresas, circulación de información comercial, financiera o tecnológica, etc.).
El conc epto de entorno innovador complementa el concepto de distrito
industrial marshalliano. Ambas nociones, implican una interpretación territorial del
espacio económico; pero mientras la teoría del distrito industr ial, tanto en su
versión marshalliana, como en los desarrollos surgidos a raíz de los trabajos de
Becattini, supone una aproximación esencialmente estática; la idea de entorno
innovador representa un enfoque de carácter dinámico. Así pues, el modelo d e
distrito industrial considera la organización de la prod ucción en un entorno loca l
en términos de eficiencia en la localización, derivada de la existencia de
economías externas de diversa naturaleza; sin embargo, el enfoque del GREMI
pone el énfasis en el papel que juega el entorno local como generador de
comportamientos innovadores que impulsan el cambio estructural
(Camagni,1991a:2-3).
II.3.3.3. La innovación en los sistemas productivos locales
Aunque la dinámica innovadora de los sistemas productivos locales
presenta variaciones según los casos, la mayor parte de los estudios empíricos
coinciden en señalar que los distritos industriales se caracterizan por una elevada
capacidad de introducción y de difusión de innovaciones (Rui Silva,1996:119).
Conforme a una concepción de la innovación como proceso interactivo, este
dinamismo innovador podría explicarse c omo un resultado de las relaciones de
cooperación entre las empresas y otros agentes sociales implícitas en la lógica de
funcionamiento del distrito.
Las estrategias tecnológicas de las empresas y el propio proceso de
innovación de los sistemas productivos locales presentan diversas pautas según
el contexto sectorial. A este respecto, conviene distinguir en tre tres tipos de
innovaciones: radicales, adaptativas e incrementales (Bramanti y Senn,1991:91).
63

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Las innovaciones radicales, al dar respues ta a problemas no resueltos
previamente, representan avances sustanciales de los que se derivan nuevas
posibilidades técnicas e incluso nuevos sectores. Este tipo de innovac iones se
produce aisladamente, de manera discontinua y con mayor frecuencia en
actividades de alta tecnología.
Las innovaciones adaptativas son el resultado de la aplicación de una
innovación anterior, normalmente de carácter radical, a un ca mpo o producto
diferente. Habitualmente cuando una innovación radical se consolida en el
mercado da lugar a toda una famili a de innovaciones adaptativas que explotan en
diferentes direcciones posib ilidades técnicas específicas en los procesos o en las
características de los productos que se derivaron de ella.
Por último, las innov aciones incrementales suponen cambios y mejoras
progresivas en los productos y en los procesos, que introducen características
novedosas o mayores niveles de calidad en el producto, diferenciándolo así de los
competidores. Las innovaciones incrementales se producen más frecuentement e
que las anteriores y, en los sistemas in dustriales desarrollados, se present an
incluso como un proceso continuo (Bramanti y Senn,1991:103).
Partiendo de esta clasificación de las innovaciones, se observa como en
los sistemas productivos locales especializados en actividades de alta tecnología
el proceso de innovación está vinculado a los avances científicos; se realizan
importantes esfuerzos en inversiones en innovación de pr oducto y la estrategia d e
las empres as se orienta a la introducción de innovaciones de carácter radical. En
los sectores de alta tecnología existe una competencia muy intensa que obliga a
las empresas a introducir innov aciones continuamente como única alternativa
para asegurar su s upervivencia. El pr oceso de innovación se desarrolla de
manera interactiva a través de redes que permiten la generación de innovaciones
en todos los segmentos de la cadena de valor de la industria, apoyándos e en
relaciones de cooperación (Vázquez Barquero,1999a:142).
64

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Por otra parte, en los sistemas product ivos locales especializados en
industrias tradicionales (textil, calzado, madera y muebles, etc.), las innovacione s
son principalmente de carácter incremental o adaptativo. Las empresas adoptan
bienes de equipo, productos intermedios o procesos procedentes de otros
sectores y de origen exterior, introduciendo posteriormente mejoras concretas en
los procesos de producción, en las características del producto, en la org anización
de la empresa o en la comercialización de los productos (Vázquez
Barquero,1999a:142). De esta forma, las empresas innovadoras pueden alcanzar
la frontera tecnológica e incluso, a través de las pequeñas innovaciones
incrementales, convertirse en líderes en determinados mercados diferenciados
(Vázquez Barquero,1986:106). Estas innovaciones inc rementales son
frecuentemente resultado de procesos informales de “learning by doing” y
“learning by using”, favorecidos por la experiencia y la espec ialización en el
trabajo, es decir, por la atmósfera industrial marshalliana (Asheim,1994:128).
En este tipo de sistemas productivos locales especializados en actividades
tradicionales, las empresas compiten en nichos de mercado, a través de una
estrategia de diferenciación del producto, por lo que resulta fundamental la
introducción de innovaciones de producto como fuente de ventaja competitiva. En
otras ocasiones se trata de m ejorar y adaptar los productos o de obtener
economías de alcance , mediante la fabricación de n uevas gamas de productos
destinados a mercados en expansión (Vázquez Barquero, 1999a:142- 143). En
este sentido, la flexibilidad de las funciones de producción dota a los s istemas
productivos locales de una elevada capacidad para innovar en producto a partir
de ideas provenientes de clientes, consumidores, proveedores o la participación
en ferias o congresos (Costa Campi,1992:26).
Por otro lado, también se innova en procesos, adaptando métodos de
producción que mejoran la c alidad o reducen costes o bien introduciendo
innovaciones de mercado en forma de nuevas técnicas de promoción o
distribución (Vázquez Barquero, 1999a:142-143).
65

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
II.3.3.4. La asimilación tecnológica en los sistemas productivos locales
Para las pequeñas y medianas empresas uno de los canales más
frecuentes de acces o a nueva tecnología es la difusión tecnológica desde otras
empresas, como resultado de la interacción a través de r edes formales e
informales (Asheim,1994:126).
La difusión tecnológica en los sistemas productivos loc ales s e des arrolla d e
un modo jerárquico a través de la red industrial. Son las empresas líderes las que
adoptan inicialmente las innovaciones y las transmiten posteriormente al resto de
empresas a través de los vínculos formales e informales que mantienen con ellas
(Vázquez Barquero, 1999a:144).
El proceso de difusión tecnológic a resulta favorecido por la existencia de un
ambiente socio-institucional propicio; es decir, la propia organización de los
sistemas productivos locales y la atmósfera industrial favorecen el proceso de
difusión de las innov aciones. En particular, la cooperación entre empresas que
mantienen vínculos de carácter vertical suele dirigirse a la adopción y difusión de
innovaciones incrementales, mientras que la adopción y difusión de innovaciones
radicales es normalmente fruto de relaciones de cooperación de carácter
horizontal en el ámbito de la investigación y desarrollo (Asheim,1994:131).
En cualquier caso, para que los procesos de innovación y difusión
tecnológica se desarrollen fluidamente se requiere según Vázquez Barquer o que
se instale en el entorno local o regional:
“(...) un proceso de aprendizaje enraizado en la sociedad y el territorio, en el
que se intercambian y transfieren conocimientos codificados, que figuran
en las “recetas” de producción, y conocimientos tácitos incorporados en los
recursos hum anos, con conocimientos externos a las empresas y actores,
pero internos a la red, y que se difunden como consecuencia de las
relaciones entre los actores ” (Vázquez Barquero,1999a:140).
66

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
II.3.4. Empresarialidad y desarrollo endógeno
Al comienzo de este capítulo, se presentó el des arrollo endógeno como el
resultado de la movilización de los recursos autóctonos de un territorio y de la
capacidad de los agentes locales y regionales para pilotar las transformaciones
estructurales y el proceso de acumulación. De este modo, resulta evidente la
función clave que tiene reservada el empresario y las pequ eñas y medianas
empresas autóctonas en el proceso de transformación estructural de las
economías a escala local o regional.
Las motivaciones y los procesos de toma de decisiones empresari ales
tienen un impacto directo sobre la localización de las actividades económicas, a
través del cierre o la relocalización de la s empresas, la difusión espacial de las
innovaciones o las inversiones externas. Por lo tanto, resulta vital que exista una
oferta de empresarios de calidad que dinamicen la economía en un ámbito
territorial determinado y que eventualmente sepan responder ante crisis
estructurales derivadas de cam bios en el entorno. Son los empresarios locales los
responsables de estimular la actividad económica e impulsar el cambio estructural
necesario para huir del atraso económico o abordar situac iones de crisis
socioeconómica.
El factor empresarial asume, por consiguiente, un papel estratégico en el
desarrollo regional y local, en tanto, como sostiene Suárez-Villa:
“(...) los aspectos cuantitativos y cualitativos del factor empresarial-
organizativo determinan (...) la aplicación efectiva de los recursos regionales
y de las economías de escala, de localización y de urbanización. ” (Suárez-
Villa:1986:55-86).
No obstante, este tema es tratado con mayor profundidad más adelante en
el capítulo III, dedicado exclusivamente a analizar el papel de la empresa y del
67

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
empresario en el desarrollo endógeno, por lo que no ahondaremos aquí en su
consideración.
II.4. LA DIMENSIÓN SOCIO-CULTURAL DE LOS PROCESOS DE
DESARROLLO ENDÓGENO
Salvo excepciones, la ciencia ec onómica ha prestado escasa atención a la
dimensión socio-cultural en el proceso de desarrollo. No obstante, en la obra de
los economistas clásicos (Smith o Malthus), de la Escuela Institucionalista ( Veblen
o Ayres), en la Economía del desarrollo de los años cincuenta y sesenta (Lewis,
Rostow o Myrdal) o en otros autores como Schumpeter y Kuznets se encuentran
referencias a la importancia de los valores socio- culturales en el desarrollo
económico. En cualquier caso, ha sido principalmente en el ámbito de otras
ciencias sociales donde autores como Max Weber, J. H. Booke, Abegglen, Dav id
McClelland, B. F. Hoselitz o Everett E. Hagen han profundizado en la repercusión
de los factores socio-culturales en el desarrollo (Moreno, Rodríguez y Romero,
1999).
En lo que aquí nos atañe, resulta imposible interpretar los procesos de
desarrollo endógeno y el modelo de acumulación car acterístico de los fenómenos
de ind ustrialización l ocal sin atender a su dimensión socio-cultural. La propia
noción de desarrollo endógeno implica que la lógica de los procesos de
acumulación y de transformación estructural se encuentra profundamente
enraizada en la sociedad. De este modo, el desarrollo se concibe como un
proceso multidimensional, en el que “lo económico” no puede analizarse como
una categoría pura, aislada del resto de manifestaciones de la dinámica social.
Únicamente considerando el conjunto de cauces estables de interacción
social en un territorio se puede com prender el proceso de acumulación y la
reproducción de algunos recursos esenciales para sistema productivo, como el
espíritu empresarial, el trabajo cualificado, los conoc imientos específicos de cada
68

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
uno de los sectores y profesiones o la cultura de confianza y re ciprocidad, que
favorece cooperación entre los agentes económicos (Becattini y Rullani,1996:16).
En este sentido, Vázquez Barquero afirma que:
“ (...) el proceso de desarrollo tan sólo puede ser posible en un entorno
sociocultural que premie el espíritu emprendedor, confíe en los valores y
energías locales, valore positivamente el ca mbio, estimule la competencia y
acepte el riesgo. En t odo caso, el desarrollo necesita crearse su propio
ambiente cultural, ya sea de forma espontánea o inducida, a partir de las
actuaciones de los agentes públicos y/o privados.” (Vázquez
Barquero,1993:36) .
II.4.1. La regulación social en los modelos de desarrollo endógeno
En los modelos de desarrollo endógeno los cauces estables de interacción
entre las empresas no se encuentran gestionados únicamente por los
mecanismos de mercado, sino por los fac tores socio-culturales del entorno que
actúan también como elementos regulado res de la dinámica económica loca l
(Latella, 1991: 44).
A este respecto, la teoría de la regulación , pese a que fue concebida para
su aplicación a economías nacionales y a escala internacional 11 , resulta también
una marco interpretativo útil para estudiar el funcionamiento de los sistemas
productivos y los procesos de de sarrollo endógeno a escala regional o local
(Digiovanna,1996:376). Merece, por lo tanto, la pena detenernos brevemente en
la presentación de algunos de los conceptos fundamentales des arrollados dentro
de esta corriente.

11 El enfoque de la regulación, desarrollado principalmente por Aglietta, Boyer o Lipietz para
explicar l a crisis económic a i nternacional de los setenta, constituye una corriente teórica orie ntada
al análisis de las crisis y el cambi o en las economías capitalista s.
69

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
El enfoque de la regulación se articula en torno a tres conceptos centrales:
el de régimen de acumulación, el de modo de regulación social y el de forma
institucional (o estructural) 12 .
Según Robert Boyer, un régimen de acumulación está constituido por:
“(...) el conjunto de r egularidades que aseguran una progresión general y
relativamente coherente de la acum ulación de capital, es decir, que per miten
reabsorber o extender en el tiempo las distorsiones y desequilibrios que
nacen permanentemente del proceso mismo” (Boyer,1992:52-53) .
La vigencia de un régimen de acumulación marca etapas o per íodos de
estabilidad en el desarrollo capitalista. No obstante, llegado un cierto momento en
su evolución, las propias contradicciones internas al régimen de acumulación
conducen a una crisis estructural que acaba determinando la sustitución del
régimen de acumulación vigente hasta ese momento por otro de características
diferentes.
En cualquier caso, durante la vigenc ia de un régimen de acumulación
determinado, la estabilidad del proces o de acumulación es salva guardada por la
intervención del modo de regulación , entendido como:
“(...) un conjunto de procedimientos y de comportamientos, individuales y
colectivos, que tiene la triple propiedad de: reproducir las relaciones sociales
fundamentales a través de la conjunción de formas ins titucionales
históricamente determinadas; sostener y pilotar el régimen de ac umulación
en vigor; asegurar la compatibilidad dinámica de un conjunto de decisiones
descentralizadas, sin que sea necesaria la interiorización por los agentes
económicos de los principios de ajuste del c onjunto del sistema”
(Boyer,1992:61) .

12 En la elemental y sucinta presentación de las teorías de la regulación que a continuación se
realiza se sigue a Robert Boyer (1992): La teoría de la regulación. Un análi sis crítico , Edicio nes
Alfons El Magnànim, Generalitat Valenciana, V alencia.
70

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
La noc ión de modo de regulación apunta a los mecanismos que encauzan
el conjunto de decisiones descentralizadas de producción y de intercambio que
conlleva el funcionamiento del mercado, garantizando la coher encia dinámic a del
proceso de acumulación.
El modo de regulación se sustenta en diversas formas institucionales q ue
dan cuerpo a los compromisos necesarios para la formación y el mantenimiento
de un régimen de acumulación. Constituye una forma institucional “toda
codificación de una o varias relaciones sociales fundamentales ” (Boyer,1992:54).
En concret o, S. DiGiovanna, en su aplicación del enfoque de la regulac ión
al análisis de varios d istritos industriales (Emilia-Romagna, Bade n-Württemberg y
Silicon Valley), identifica cuatro formas institucionales: la relación salarial, las
formas de concurrencia, el régimen de consumo y el papel del Estado
(Digiovanna,1996:376).
Para R. Boyer (1992:62), las formas institucionales se presentan de tres
maneras distintas:
x Codificadas en leyes, reglas o reglamentos;
x Como compromisos entre agentes privados o grupos;
x O en forma de valores sociales.
Los “regulacionistas” plantean la noción de modo de regulación social como
una alternativa a la teoría de la elección individual y al concepto de equilibrio
general de tradición neoclásica. Así, Boyer (1992:61) a firma:
“El m odo de regulación describe cómo la conjunción de formas
institucionales modela, canaliza y, en algunos casos, obliga a los
comportamientos indiv iduales y determina los mecanismos de ajuste en los
mercados, que más a menudo derivan de un conjunto de reglas y de
71

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
principios de organización, sin los cuales no podía funcionar”
( Boyer,1992:61) .
Así pues, el mercado interviene en la regulación social asumiendo un papel
fundamental en el desenv olvimiento de cual quier régimen de acumulación; pese a
lo cual, los mecanismos de mercado no aseguran por sí mismos la coherencia
dinámica del proceso de acumulación, requiriendo de la c olaboración de otras
formas institucionales, codificadas en términos de normas y valores.
Este juicio general es aplicable específicamente a la regulac ión social de
los procesos de desarrollo endógeno 13 . A este respecto, los mecanismos de
mercado desempeñan una importante función en la asignac ión de recursos a
través de la coordinación de las decisiones individuales de los agentes
económicos. Pero, la regulación social en los sistemas productivos locales se
desarrolla también mediante relaciones jerárquicas, ya sea dent ro de la propia
organización empresarial o a través de la actuación de los poderes públic os. En
este caso las formas institucionales se encuentran codificadas en normas de
diversa naturaleza.
En cualquier caso, el mercado y la jerarquía no son capaces de responder
por sí solos a las dos manifestaciones que, siguiendo a Piore y Sabel (1990),
presenta el problema de la microrregulación en la especialización flexible:
- La conciliación de la c ompetencia y la cooperación.
- La regeneración de los recursos que necesita la colectividad, per o que no
son producidos por las unidades de que está compuesta.

13 Algunos autores, como C. Crouch, P. Le Galès, C. Trigilia y H. Voelzkow (2001), prefieren
emplear el concepto de “governance“ (gobernanza ) que, a estos efectos, se encuentra muy
próximo al de regulación social. Concretamente, se aplica este término con referencia a la
actuación de “las instituciones que coordinan o regulan las acci ones o transacciones entre los
sujetos (econ ómicos) dentro de un siste ma (económi co)” (Le Galès y Voelzkow, 2001:6)
72

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
II.4.2.2. El papel del capital social en la regulación de los procesos de
acumulación endógenos
El capital social c olabora con el mercado y las relaciones jerárquicas en la
regulación social de los procesos económicos a escala local o regional.
Concretamente, en la literatura se destacan tres cauc es fundamentales a través
de los cuales se manifiestan los efecto s económicos de la dotación de capital
social de una comunidad:
a) El capital social reduce los costes de transacción y favorece la acción
colectiva .
Las relaciones de cooperación interempresarial en el ámbito de la
investigación, la producción, la distribución o la comercialización, consustanciale s
al modelo descentralizado y a la división del trabajo entre empresas, conllev an la
existencia de costes de transacción as ociados a la realizac ión de operaciones
mercantiles, la formalización de acuerdos o el mantenimiento de relaciones de
carácter informal. Lógicamente, para que este modelo descentralizado resulte
eficiente se requiere que es tos costes de transacción sean menores a los que se
soportarían internalizando los procesos ext ernos, mediante la int egración vertical
dentro de la propia empresa (Costa Campi,1992:20). Por lo tant o, puede afirmarse
que la div isión del t rabajo entre empresas está limitada por los coste s de
transacción existentes.
A este respecto, la existencia de un clima de co nfianza y de reciprocidad
reduce est os costes. Si no existe confianza en que se asumirán los compromisos
derivados de una transacción mercantil muchas operaciones no llegarán a
cerrarse 17 . En concreto, resultan muy sensibles a la confianza todas aquellas

17 K. Arrow fue uno de los primeros economistas en reconocer el papel de la confianza para el
buen funcionamiento de la economía y el desarrollo económico al afirmar que “con escaso margen
de error buena parte del retraso económico en el mundo se explica por la falta de confianza
mutua” (Arrow,197 2:357).
79

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
transacciones en las que se provee de un bien o servicio a cambio de un pago
futuro, así como los contratos laborales en los cuales el empleador confía a los
trabajadores tareas difícilmente controlables . En prese ncia de confianza mutua no
será necesario detallar exhaustivamente todos los aspectos de una operación en
contratos formales, ni se incurr irá en gastos importantes para controlar el
cumplimiento de lo pactado o pa ra sufragar el coste de reclamaciones judiciales
por incumplimientos de contratos (Salas;1998).
Por todo ello, el capital social lubrica los mecanismos de mercado
reduciendo los costes de transacción. En este sentido, Costa Campi (1988),
considera que los costes de transacción resultan menores en economías que
disfrutan de un tejido industrial y social desarrollado, de modo que “ la división del
trabajo entre empresas difícilmente es una organización industrial viable en áreas
atrasadas. ” (Costa Campi,1988:257).
Así mismo, el capital social inhibe los comportamientos oportunistas y
favorece la acción colectiva en respuesta a si tuaciones como la descri ta en el
dilema del prisionero. Por lo tanto, el capital social, al permitir la coordinación de
acciones, corrige determinados fallos del mercado e incrementa la eficiencia
económica desde una p erspectiva social, en tanto q ue los benefic ios de la acción
colectiva superan sus costes totales.
b) La existencia de capital social favorece la transmisión e intercambio de
información y conocimientos , especialmente en el ca so de conocimientos
tácitos o no-codificados, favoreciendo la innovación.
El capital s ocial facilita la transmisión de la información relativa al peligro de
comportamientos oportunistas o desleales de otros agentes con los que se
mantienen o pretenden mantener relaciones mercantiles. Así mismo, favorece el
intercambio de la información rel ativa a precios u otros aspec tos del entorno
económico, con lo que se reducen, igualmente, los cos tes de transacción. Por otro
lado, en la actualidad las innovaciones son el resultado de un proceso interactiv o
en el que resulta cr ucial la comunicaci ón y la cooper ación entre los agentes
80

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
(investigadores, empresas, instituciones), por lo que el capital social asume un
papel crucial en los proces os de innovación y de difusión tecnológica
(Asheim,1999).
c) El capital social puede mejorar la efectividad de las actuaciones
gubernamentales .
El capital social puede mejorar la eficiencia y la honestidad de la
Administración y la calidad de las política s públicas, lo que puede reflejarse en
una adecuada provisión de servicios públicos (educación sanidad, etc.) y o de
bienes públicos (infraestructuras de transportes, comunicaciones, sociales, etc.)
(Putnam,1993). Igualmente, en una sociedad en la que existe un clima de
confianza generalizado, las políticas económicas gozan de mayor credibilidad y el
entorno político es más estable.
II.4.3. La cultura técnica y el mercado de trabajo local
Cada entorno local se caracteriza por una tradición productiva o una cultur a
técnica, entendida, siguien do a D. Maillat, como la elaboración, transmisión y
acumulación, de prácticas, conocimientos, normas y valores relacionados co n una
actividad económica (Maillat,1994:33), que contribuye a la regulación social en el
sistema productivo local.
La cultura técnica condiciona la especialización del sistema productivo local
y, desde una perspectiva dinámica, las trayectorias tecnológicas adoptadas por el
distrito, debido a la disponibilidad de mano de obra especializada en el entorno
local.
La tradición productiva de una zona gene ra un s edimento en forma de
“know-how” y cualific ación de los trabajadores que permite la reproducción del
modelo de desarrollo local. Los tr abajadores adquieren una cualific ación
profesional como consecuencia del proceso de aprendizaje en el propio puesto de
81

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
trabajo, así como por la educación forma l e informal ajustada a las necesidades
del sistema productivo.
Adicionalmente, Becattini y Rullani (1996) consideran que en los entornos
locales cristaliza un tipo de conocimiento que denominan contextual en
contraposición al conocimiento codificado.
Conocimiento codificado es el que se interc ambia por medio de un lenguaje
científico y técnico, lo que permit e que pueda ampliar su campo de validez siendo
transferido a contextos distint os a aqué l en que se originó (Becattini y
Rullani,1996:20).
Por el cont rario, el conocimiento contextual es un conocimiento local, de
carácter tácito e infor mal, que está ligado al entorno en que se forma, de modo
que sólo mantiene su significado y su validez en él (Becattini y Rullani,1996: 20).
Se trata de un tipo de conocimiento que se transmite en el entorno local,
“ haciendo cosas y observand o como las hacen los dem ás, por medio de una
charla informal ”, utilizando un lenguaje que emplea expresiones locales e
idiomáticas, a menudo carentes de significado fuera de la zona (Brusco,1996:66).
Ambos tipos de conocimiento, codificado y contextual, son necesarios para
el funcionamiento adecuado de los sistemas producti vos y es, conc retamente, en
los entornos locales donde se relacionan e integran.
A este respecto, S. Brusco caracteriza el distrito industrial como:
“(...) nudo de instituciones, valores y formas de conocimiento específico que,
sólidamente anclados en una comunidad, historia y territorio geográfico, son
capaces, sin embargo de dialogar y comerciar con el sistema de
conocimiento codificado y, de esta form a, con los últimos avances de la
comunidad científica y técnica mundiales. ” (Brusco,1996:69).
82

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
La cultura local y el sistema de valores de la comunidad configura también
las actitudes ante el trabajo de la pob lación, las políticas laborales de las
empresas y el papel de las or ganizaciones sociales y los poderes públicos
respecto a las relaciones laborales, dotando a los mercados a escala local o
regional de unas características propias.
En este sentido, diversos autores han coincidido en señalar que los
sistemas productivos locales se caracterizan por una configuración flexible de lo s
mercados de trabajo, que se manifiesta en unos bajos costes laborales, en la
disponibilidad de mano de obra cualificada y en una conflictividad laboral reducida
(Vázquez Barquero,1999a:144). Estas peculiaridades en el func ionamiento de los
mercados de trabajo locales han sido identificadas como un factor esencial en los
procesos de acumulación en diversas áreas de industrialización difusa. Así pues,
frecuentemente se considera que uno de los puntos fuertes de los sist emas
productivos locales ha sido su capacidad para aplicar a la producción los recursos
humanos disponibles mantenien do niv eles de salarios más bajos que en las áreas
urbanas, lo que habría favorecido el proceso de acumulación de capital y el
cambio estructural de las economías locales (Vázquez Barquero,1988:77) .
La segmentación territorial del mercado de trabajo se debe, al menos en
parte, al papel regulador desempeñado por el sistema de valores socioculturales
en los entornos locales. Así, por ejemplo, la especial flexibilidad de los mercados
de trabajo locales se ha asociado a los estrechos lazo s comunitarios y familiares
y, concretamente, al papel estabilizador que juega la familia como unidad de
producción y de renta. El mantenimiento en los entornos locales de un
presupuesto familiar común integrado actúa como un mecanismo de ayuda mutua
en tiempos de necesidad, lo que facilita que parte de la población activa esté
dispuesta a tr abajar a cambio de salarios relativamente bajos y con carácter
temporal o a tiempo parcial (Pyke y Sengenberger,1992:80).
Algunos autores han señalado tamb ién la existencia de una fuert e
motivación para el trabajo en la población activa de los sistemas productivos
locales. Esta actitud favorable hacia el trabajo es resultado del propio ambiente
83

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
familiar que inculca una só lida ética del trabajo, así como del sentimient o de
identidad local, que cont ribuye a desactivar los conflictos sociales, al
superponerse al sentimiento de clase (Vázquez Barquero,1996:79). En este
sentido, la comunicación per sonal entre empresarios y trabajadores resulta fluid a
en muchos casos debido a que no exist en grandes diferencias sociales y
culturales entre ellos.
Así mismo, la movilidad de los trabajadores cualificados entre empresas de
un mismo distrito, facilitada por el amplio número de pequeñas y medianas
empresas existentes y por la especialización del distrito en torno a una rama de
actividad, contribuye a la difusión de las innovaciones (Pecqueur y Rui
Silva,1992:23).
II.4.4. Otros condicionantes culturales de los procesos económicos: la
cultura empresarial y la identidad territorial
Las características socioculturales de una comunidad se proyectan también
sobre otros muchos aspectos de la dinámica económica condic ionando las
características de la economía local o regional. A este respecto, resulta
imprescindible hacer mención a la importancia de los valores culturales en la
provisión de recursos empresariales.
El factor empresarial no es susceptible de proveerse en función de una
lógica de mercado, en tanto no existe una oferta y una demanda de empresarios
que puedan equilibrarse a través de mov imientos de precios. Por lo tanto, los
valores socioculturales desempeñan también una función reguladora al estimular
el surgimiento de emprendedores y reproducir así un a de las bases del sistema
productivo local o regional.
En el ámbito de la teoría del empresario se han tratado de identificar
aquellos factores que explican tanto la emergencia de empresarios como la
84

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
calidad de los mismos 18 . A est e respecto, se ha s eñalado la relevanc ia de
determinados factores socio-culturales que predisponen a la actividad empresarial
y que se identifican frecuentemente con la idea de cultura empresarial.
Determinadas localidades o regiones disfrutan de una tradición o cultura
empresarial que favorece el surgimient o de empresarios mientras que otras áreas
se caracterizan por la carencia de espíritu empresarial. Ello depende de diversos
factores entre los que puede señalarse la legitimación social del empresario o la
movilidad socio-profesional en sentido ve rtical. En cualquier caso, pese a su
extraordinaria relevancia, éste es aún un campo de investigación poco explorado
en la literatura.
Así mismo, diversos estudios han puesto de manifiest o que los procesos de
desarrollo local surgen en comunidades con un fuerte sentimiento de identidad
territorial . Se entiende que existe una identidad local/regional cuando la población
que reside en un ámbito espacial determin ado se identifica con el sistema social
vigente, con la comunidad, la cultura y las tradiciones pro pias, el paisaje, la
historia y, en general, con las singularidades que le confieren personalidad propia
como colectivo (Raagmaa,1999:5-6).
La existencia de un sentimiento de identidad territorial y de pertenencia a la
comunidad favorece la formación de redes y la cooperación, condiciona las
decisiones de los empresarios locales, ligados emocionalmente a la localidad, y
limita la emigración y los conflictos laborales, entre otras cuestiones. De este
modo, la identidad territorial se revela como un recurso local de gran valor,
especialmente en momentos de inestabilidad económica o socio-política.

18 En este sentido, véase Cáceres Carrasco, F. R. (2000): Función empresarial y emergencia
empresarial. Un análisis e mpírico sobre los factores económicos y socio-institucionales que
explican la aparición de empresarios en Andalucía; Tesis Doctoral; Departamento Economía
Aplicada I; Universidad de Sevilla; y Santos Cumplido, F. J. (2001): La calidad del empresario
sevillano; Biblioteca de socioeconomía sevillana; Diputación de Sevilla; Sociedad Sevilla Siglo XXI;
Sevilla.
85

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
II.5. LA DI MENSIÓN POLÍTICO-ADMINISTRATIVA DEL DESARROLLO
ENDÓGENO. LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL
Los procesos de des arrollo endógeno presentan también una dimensión
político-administrativa. La actividad de los poderes públicos contribuye, junto al
mercado o al sistema de valor es, a la regulación social de los procesos de
acumulación impuls ados por fuerzas endógenas. En este caso, la regulación
pública se basa en r elaciones de tipo jerárquico y se instrumenta a través de
normas de diverso carácter.
El desarrollo endógeno es, por encima de todo, una estrategia para la
acción que se plasma en las políticas de desarrollo local o regional. En el marco
del paradigma de desarrollo endógeno las comunidades locales están llam adas a
asumir el liderazgo de sus propios procesos de desarrollo, desplazando a la
Administración Central como responsable principal de la polític a de desarrollo. La
política económica local y regio nal descentralizada puede ser un instrumento
eficaz para actuar sobre los fallos del mercado debidos, por ejemplo, a la
presencia de externalidades o a la información imperfec ta (Garofoli,1994:23) y
para procurar el pleno aprovechamiento del potencial de des arrollo endógeno de
un territorio movilizando los recursos dis ponibles (económicos, organizativos,
culturales, etc.).
Escapa de los objetivos de este trabajo abordar el estudio de las políticas
de desarrollo endógeno; sin embargo, esta presentación gener al del paradigm a
del desarrollo endógeno quedaría incompleta si no se esbozara al menos su
dimensión normativa. Por esta razón en las siguientes páginas se presentan, de
modo necesariamente superficial, algunos aspectos generales de las políticas de
desarrollo local.
86

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
II.5.1. Diferencias entre los enfoques de política regional tradicionales y
la estrategia de desarrollo local
La estrategia de desarrollo endógeno se identifica generalmente con
actuaciones a escala loca l. A este respecto, la política económica local para
Vázquez Barquero (1993:18-19) es:
“(...) una política de oferta, que surge como consecuencia de los cambios en
el modelo de ac umulación de capital que exige mayor flexibilidad en la
regulación y que aparece como una respuesta de las ciudades y regiones
ante la destrucción de empleo, el cierre de empresas y, en definitiva, al reto
de la competitividad al que se enfrentan las empresas y la economía local en
su conjunto. ” (Vázquez Barquero,1993:18-19).
Las nuevas políticas de desarrollo local suponen un giro significativo
respecto a las aproximaciones de política regional dominantes durante los años
cincuenta, sesenta y primeros setenta. Por lo tanto, resulta ilust rativo presentar
sus características a partir de la comparación con las políticas regionales
tradicionales.
En primer lugar, estas aproximaciones alternativas de polític a regional
difieren en sus fundamentos teóricos y en la estrategia propuesta. Por un lado, las
políticas tradicionales se sustentaban sobre el paradigma funcional que se
plasmaba en el modelo de concentración/difusión, en la estrategia de po los de
crecimiento urbano-industriales y en la jer arquización del sistema de c iudades.
Por el contrario, la estrategia de desarrollo local se encuadra en el nuevo
paradigma territorial de la Economía Regional y toma como hipót esis el modelo de
difusión local o de industrialización difusa (Vázquez Barquero,1986:88-89).
Ambos enfoques difieren también en los objetivos de po lítica económica
propuestos. Las políticas tradicionales trataban de elevar las tasas de crecimiento
económico a través del impacto directo e indirecto generado por grandes
87

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
proyectos industriales de empresas públic as o grandes empresas foráneas. Sin
embargo, las polític as locales persiguen la adaptación y reestructuración
progresiva del sistema productivo local o regional a través de proyectos a
pequeña escala, que introduzcan innovaci ones, mejoras en la calidad de los
productos o eleven la flexibilidad del sistema local de empresas. Se trata, por lo
tanto, de dinamizar el tejido empresarial existente y gen erar nuevo tejido
productivo, estimulando la creación de empresas y el surgimiento de
emprendedores. Así mismo, en el marco de las políticas de desarrollo endógeno,
no se proc ura únic amente impulsar el cr ecimiento económico cuantitativo, sino
que constituye un objetivo explícito la satisfacción de las necesidades y
demandas de las comunidades locales.
Cuadro II.1. Cambios en la política de desarrollo regional y local
Política tradicional Políticas nuevas
Estrategia
dominante
Desarrollo polarizado
Visión funcional
Desarrollo difuso
Visión territorial
Objetivos
Crecimiento cuantitativo
Grandes proyectos
Innovación, calidad, flexibilidad
Emprenditorialidad
Numerosos proyectos
Mecanismos
Redistribución
Movilidad del capital y el
trabajo
Movilización del potencial
endógeno
Utilización de los recursos
locales y externos
Organización
Gestión centralizada
Financiación a empresas
Administración pública de los
recursos
Gestión local del desarrollo
Prestación de servicios
Organizaciones intermedias
Fuente Vázquez B arquero, A. (199 3), op. cit.; p. 223.
En el plano de los mecanismos adoptados para impulsar el desarrollo, las
políticas de desarrollo tradicionales es timulaban la difusión o redistribución
territorial de la actividad productiva mediante la utilización de recursos externos al
área. Por el contrario, la nueva política de desarrollo regional pretende superar los
88

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
industriales se enfrentan en el presente contexto a fuertes presiones competitivas,
procedentes tanto de las grandes empresas como de los territorios en desarrollo
con bajos costes laborales. En este e scenario, se considera en ocasiones que la
pequeña y mediana empresa no puede competir con la gran empresa
multinacional, la auténtica protagonista del proceso de globalización.
En esta línea, algunos autores, como Ash Amin y Kevin Robins (1991 y
1992) o Bennett Harriso n (1994), niegan que nos encontremos en el inicio de una
nueva era marcada por la especialización flexible, enfrentándose a los
planteamientos defendidos, entr e otros, por Piore y Sabel. Por el contrario,
diversos autores afirman que se está asistiendo a una profundización en el
proceso histórico de integración global de las econom ías locales y nacio nales y
hacia la centralización internacional del control. De esta forma, la tendencia
dominante apunta hacia la homogeneización del mercado, la globaliz ación de la
industria y la integración vertical de la empresa (Amin y Robins,1991:109).
Los escépticos frente a las posibilidades de desarrollo endógeno
consideran que la d inámica económica a escala local, re gional o nacional debe
interpretarse siempre en el contexto del proceso de globalización, que determina
una internacionalización crecient e de las relaci ones comerciales, de la inver sión y
la producción. En este sentido, la glob alización estaría impulsando procesos de
reestructuración productiva que tienen consecuencias espaciales diversa s. En
algún caso estos proceso s han dado como resultado sistemas producti vos locales
integrados territorialmente. No obstante, a juicio de estos autores, dominaría la
tendencia hacia la formación de redes globales frent e a las redes locales, lo que
haría dudar de la viabilidad de un modelo de desarrollo local autocentrado 22 . Todo
ello no implica que vayan a desaparecer los distritos industrial es y otros sist emas
productivos localizados, aunque ciertos hechos estilizados sí permiten refutar, a

22 Estos planteamientos retoman la postura de defendida por algunos autores de la teoría d e la
dependencia, como Frank, Amin y Santos, quienes negaron la posibilidad de un desarrollo
autónomo en zonas periférica s como consecuencia de la insuficiencia de la demanda interna, la
dependencia tecnológica y la extroversión de sus sistemas productivos (Vázquez
Barquero,199 9:62-63).
95

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
juicio de algunos investigadores, la hipótesis del advenimiento de una nueva era
marcada por la supremacía de las formas de organización territoriales frente a las
funcionales (Amin y Robins,1991:116).
Igualmente, en la literatura no exis te un consens o en cuanto a la
interpretación de los modelos locales de desarrollo, c omo los distritos industriales
y la descentralización de grandes empresas. Así, A min y Robins consideran que
la teoría del distrito in dustrial es vaga y difusa y que s us defensores han abusado
en su uso del concepto “distrito industrial” aplicándolo a nuevos espacios
industriales de naturaleza muy diversa. Así, por ejemplo, defienden que las
aglomeraciones centradas en el desarrollo de nuevas industrias de alto nivel
tecnológico, como el Silicon Valley o Grenoble, deberían estudiarse por separado.
Por otra parte, en cuanto a los procesos de descentralización que están
abordando las grandes empresas multinacionales, opinan que co nducen la mayor
parte de las veces a un modelo de producción verticalmente desintegrada, pero
controlada de forma centralizada para asegurar estándares de calidad de unos
productos destinados a mercados mutables de artículos en masa. Este tipo de
complejos productivos no tendrían porqué estimular el desarrollo local o regional
(Amin y Robins,1992:270-272).
Frente a estas críticas, otra corriente de opinión cons idera que la estrategia
de des arrollo endógeno representa otro camino viable para algunas áreas, y en
aquéllas con escaso atractivo para las empresas multinacionales, el único que
puede impulsar procesos de acumulación a escala local o regional. Desde esta
perspectiva, la estrategia de desarrollo endógeno representa una respuesta al
clima de opinión que postula a la gran em presa de c arácter multinacional como la
“mejor” forma de organización de la producción en “todas” las s ituaciones
posibles. Por el contrario, el modelo de especialización flexible y de
industrialización difusa constituyen, al menos, una alternativa al modelo de
industrialización exógeno basado en la producción a gran escala y la gr an
empresa industrial (Costa Campi,1988:262).
96

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
En este sentido, algunas grandes empresas innovadoras han abandonado
los sistemas de organización de carácter funcional y han adoptado estrategias
territoriales buscando la adaptación y la integración en los entornos
socioeconómicos donde se localizan ( Vázquez Barquero,1999a:64). Estos
cambios en las estrategias organizativas pueden f avorecer los procesos de
difusión industrial, incluso si se mantiene como modelo teórico de referencia el
modelo concentración/difusión del paradigma funcionalista.
Por otro lado, como afirma Vázquez Barquero:
“(...) la teoría del desarrollo endógeno sostiene que los si stemas productivos
locales son formas de organización que hacen eficientes los procesos de
desarrollo económico local, lo cual no es necesariamente incompatible con la
proposición de la teoría de la dependencia de que algunas empresas
multinacionales están en el núcleo del poder y controlan, por tanto, las
grandes transformaciones de la economía global. Son dos dimensiones
diferentes de análisis. Una se ref iere a los procesos de crecimiento y cambio
estructural de las economías locales, mientr as que la otra se vincula a los
aspectos políticos e institucionales del modo de producción capitalista. Por
tanto, nada impide que los actores locales controlen la dinámica económica
local siempre que sea compa tible con la evolución del sistema económico. ”
(Vázquez Barquero,1999a:66).
A juicio de C. Crouch y C. Trigilia (2001:216-217), las pequeñas y
medianas empresas autóctonas pueden ser una fuente de dinamismo en
localidades y regiones que, en caso contrario, serían demasiado dependie ntes de
fuerzas y recursos externos a la zona, como los poderes públicos centrales o la s
grandes empresas foráneas. Así mismo, existe una tendencia firme en diversos
sectores de alta tecnología a or ganizarse en conglomerados geográficamente
localizados, lo que resulta una prueba de la vigencia de esta forma de
organización.
97

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
Los conglomerados de pequeñas y median as empresas pueden presentar
ventajas competitivas frente a las gr andes corporaciones especialmente en
aquellos sectores que reúnen dos características (Crouch y Trigilia,2001:212):
- El proceso de producción es susceptible de descomponerse en niveles en
los que operen empresas especializadas, dando lugar así a una división del
trabajo entre empresas.
- Los mercados están f ragmentados y son c ambiantes en el espacio y en el
tiempo, lo que posibilita la adopción de estrategias de nicho.
En el contexto actual, la viabilidad de los s istemas productivos loc ales pasa
por su integración en la economía globalizada, a trav és de su competitiv idad en
los mercados internac ionales. Para ello deben impuls ar cambios en el modelo
productivo y en el marco socio-instit ucional al objeto de adaptarse a las
condiciones del entorno competitivo. El gran reto de los sistemas productiv os
locales en el actual contexto de globalización es precisamente la búsqueda de un
posicionamiento favorable en la divis ión espacial del trabajo a escala
internacional.
Por lo tanto, se trata de que cada territorio se integre funcionalmente en la
economía globalizada, de modo que el paradigma territorial y el funcional resultan
marcos interpretativos hasta cierto punto complement arios. Frente a la lógica
funcional que conduce a la división espacial de las funciones y a la fragmentación
de la producción en el espac io, la lógica territorial resalta las interdependencias
socioeconómicas que se establecen en un determinado territorio
(Maillat,1998:10). Los distritos industriales se caracterizan por una combinación
de integración territorial y funcional y es el balance entre estas dos dimensiones la
clave de su éxito y su continuidad (Asheim,1994:157). La integración territorial es
la esencia de su carácter endógeno, en tant o se trata de un modelo de desarrollo
local profundamente vinculado a la identidad local y a la s especificidades socio-
económicas de la comunidad local. Por otro lado, la integración funcional, es una
condición necesaria para su viabilidad y sostenibilidad en el contexto de una
98

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
economía cada vez más competitiva y globalizada. A este respecto, result a
esencial que el distrito industrial se comporte como un entorno innovador, en
tanto, la innovación es la que marca el posicionamiento competitivo del distrito.
En este sentido, Becattini afirma que:
“Distritos y ciudades industriales, como se ha dicho, sólo pueden mantener
la función productiva si son capaces de mantener el paso del dinamismo
evolutivo impuesto por la modernización. Esto significa que deben
transformarse, por una parte, para seguir “enganchados” a la dinámica
externa de los conocimientos y, por otra parte, para metabolizar en el circuito
local las informaciones y las tensiones inducidas por este mayor contacto
con el exterior. ” (Becattini y Rullani,1996:22).
En cualquier caso, el contexto de globalización plantea dos amenaza s para
el distrito industrial, y más en general, para los procesos de des arrollo endógeno
(Asheim,1994:157):
a) Por un lado, la pér dida de la propiedad y el control de las em presas locales o
regionales en favor de grandes empresas externas al área (Harrison, 1994). El
éxito de los distritos atrae en ocasiones el interés de las grandes corporacione s
que adquieren pequeñas y medianas empresas dinámicas para convertirlas en
filiales o plantas subsidiarias, con la consecuente transferencia del poder de
decisión f uera de la localidad o de la región. Así mismo, las exigencias
competitivas pueden inducir a la s empresas del distrito a sustituir subcontratista s
locales por proveedores instalados en otras áreas al objeto de reducir costes, lo
que implicaría una ruptura de la división del trabajo dentro del propio distrito. En
estos casos, las actividades que escapan del distrito suelen ser funciones
avanzadas relacionadas con el diseño, el marketing o la investigación y el
desarrollo tecnológico puesto que la escala en la que operan las empresas del
distrito no permite en muchos casos la exist encia de empresas especializadas en
estas funciones (Whitford,2001:47). De este modo, disminuye el autocentramiento
99

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
del distrito, en tanto éste queda condicionado, al menos parcialmente, por la
eficiencia de las funciones desarrolladas externamente.
Estos cambios suponen un sesgo del dist rito industrial hacia la integración
funcional en perjuicio de la integración territorial. Las redes industriales dejan de
tener un carácter local o regional y adquieren una dimensión mayor. No obstante,
la creciente participación de las empresas locales en redes internacionales no
conduce a la desint egración de la comunidad local, ni supone una pérdida
esencial de control de los agentes locales en el proceso de desarrollo; por el
contrario, la red de relaciones internacionales se conec ta con la red de relaciones
locales, de modo que la exist encia de fuertes relaciones entre las empresas
locales puede representar un factor de fortalecimiento de la empresa local
respecto a sus vinculaciones internacionales , lo que puede mejorar su posición en
dichas redes. Así mismo, las empresas locales pueden beneficiarse de un acceso
indirecto a las redes internacionales a las que directamente no pertenecen, a
través de sus relaciones con otras empr esas locales que sí participan en ellas
(Cappellin,1991:236).
b) Una segund a amenaza está asociada a la constitución de grupos de empresas
más formalizados a partir de las pequeñas y medianas empresas locales
(Cappellin,1991; Harrison,1994; Whitford,2001), como una salida a la presión
competitiva a la que se enfrentan, fenómeno que ha sido observado, por ejemplo,
en la Terc era Italia. Para alcanzar cotas superiores de calidad y un suministro
más rápido se necesitan relaciones más estables entre las empresas, lo que
conduce a intens ificar y, e n algunos casos, formalizar las relaciones de
cooperación vertical (Whitford,2001:48). De esta forma, las relaciones de red
basadas en la cooperación se sustituy en por una organización de la producción
de tipo jerárquico, rompiendo con la esencia del modelo de indust rialización local
que específicamente se ha definido como distrito industrial.
En este sentido, la cuestión clav e es hasta qué punto puede introducirse la
planificación estratégica a largo plaz o en los sistemas industriales
descentralizados de pequeñas y medianas empresas sin destruir totalmente el
100

Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno
entorno innovador y la flexibilidad en la que se basa su dinamismo económico
(Asheim,1994:160). No obstante, esta respuesta del sistema productivo local al
contexto competitivo actual no implica un a pérdida de control autóctono y result a
compatible en principio con una estrategia de desarrollo endógeno.
Para concluir y en síntesis, podría afirmarse que las transformaciones
económicas que se están produciendo a escala internacional conducen a la
intensificación de las r elaciones directas entre lo local (como un c oncepto relativo
aplicable a una localidad, a una región o, incluso a una estado nacional) y lo
global. En este escenario, las empresas pueden desarrollar estrategias
locacionales alternativas, que dependiendo de las circunstancias locales,
producen efectos espaciales div ersos (Amin y Robins ,1991:105). La evoluc ión de
la organización indust rial conduce a una compleja articulación entre lo local y lo
global donde los sistemas productivos so n al mismo tiempo más locales y má s
globales (Becattini y Rullani,1996:22).
101

CAPÍTULO III
TEJIDO EMPRESARIAL Y DESARROLLO
ENDÓGENO

Capítulo III
Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Si bien la importancia del factor empresarial en el proceso de desarrollo
económico es indudable, su relevancia resulta aún mayor cuando éste se plant ea
como un proceso de “abajo-arri ba”, en tanto, desde esta perspectiva, la iniciativa
empresarial propia está llamada a asumir la responsabilidad de dinamizar la
economía local o regional y movilizar los recursos productivos autóctonos.
Los enfoques tradicionales en la Economía Regional preponderantes
durante los años cincuenta y sesenta resaltaron el papel de las grandes empresas
en el func ionamiento de las economías industrializadas. Sin embargo, a raíz de
finales de los años setenta, en el contexto de crisis económica y de los cambios
en los modos de producción, se pasó a destacar el impacto de las pequeñas y
medianas empresas como creadoras de empleo y agentes impulsores del
desarrollo. En la actualidad, siguiendo con esa dinámica pendular, se tiende a
revisar la repercusión de las PYMEs en el actual escenar io de globalización
económica, marcado por el protagonismo de las grandes empresas.
De esta forma, los estudios sobre las PYMEs han dejado de tomar en los
últimos tiempos a la PYME individual y aislada como objeto de estudio, para
orientarse hacia el anális is de las redes de PYM Es vinculadas en ocasiones a
grandes empresas. En este sentido, en el segundo capítulo se han presentado los
sistemas de pequeñas y medianas empresas autóctonas vinculadas a través de
“linkages” (eslabonamientos) y de relaciones de cooperación como un modelo
productivo característico de los proces os de desarrollo endógeno. Esta forma de
organizar la producción permite a las PYMEs individuales beneficiarse de las
economías externas que se derivan de los activos comunes al sistema de
empresas.
105

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Ciertamente, en una organización empresarial, cualesquiera que sean su
naturaleza y dimensione s, existen agentes que desarrollan la función empresarial,
pero no tiene porqué existir la figura del hombre-empresario . En las
microempresas y las pequeñas empresas las tres esferas funcionales coinciden
en la figura del hombre- empresario o empresario individual que aporta el capital,
asume la gestión cotidiana de la empres a e impulsa el negocio abordando nuevos
proyectos. Por lo tanto, en este tipo de empresas el papel del empresario
individual resulta fundamental puesto que es el auténtico motor de la organización
determinando las c aracterísticas y la evolución de la unidad productiva
(Maillat,1988; Guzmán;1994c:197).
Sin embargo, conforme se incrementa el tamaño de la empresa y cambia
su forma jurídica, estas funciones em presariales pasan a ser respon sabilidad de
diversos individuos, de modo que result a imposible la identificación de un
“hombre-empresario” en la medida en que son muchos los agentes que
desarrollan aspectos concretos de la compleja función empresarial
(Guzmán,1994b:87). De esta forma, la figura del empresario se difumina, por lo
que resulta a efectos analíticos más interesante trabajar en términos de función
empresarial.

su tiempo, sino solamente q ue aporten amplios conocimientos generales y buen juicio para
resolver los problemas más importantes de la marcha del negocio, y al mismo tiempo, asegurarse
que los geren tes de la compañía estén desempeñando debidamente su cometido. A estos y a sus
auxiliares corresponde una gran parte del trabajo de organización del negocio y todo el de
inspección, pero no se le exige que in viertan capital e n el mism o” ( Marshall,1954: 252-253).
112

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
Figura IV.1. Solapamiento y dilución de las esferas funcionales del
empresario
E. FINANCIERA
E. GERENCIAL
E. IMPULSORA
MICROEMPRESAS
E. FINANCIERA

E. GERENCIAL E. IMPULSORA
PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS
E. FINANCIERA
E. GERENCIAL E. IMPULSORA
GRANDES EMPRESAS
Fuente: Guzmán C uevas, J. (1995): El empresario en la p rovincia de Se villa. Sevilla Siglo
XXI, S.A., Dipu tación de Sevilla; Sevi lla.
113

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
En este sentido, conviene matizar que la función empresarial puede ser
desarrollada por agentes de diversa naturaleza: un único individuo o un colectivo
de individuos, entidades corporativas o el propio Estado, en el caso de las
empresas públicas. Por lo tanto, la definición de la función empresarial que se ha
adoptado es independiente de cualquier consideración sobre el marco
institucional en el que se desarrolla la actividad económica, incluso del sis tema
económico vigente.
En este sentido, resulta también interesante introducir aquí la distinc ión
presente en la literatura sobre la empresarialidad (“entrepreneurship”) entre el
“individual entrepreneurship” y el “corporate entrepreneurship”; el primero
comprende la creació n de nuevas empresas por empresarios independientes,
mientras que el segundo se refiere a la puesta en marcha de nuevos negocios
dentro de una empresa en funcionamiento, normalmente de gran tamaño
(Veciana,1996:83).
III.1.3. La naturaleza de la empresa. Concepciones analíticas de la
organización empresarial
La visión de la empresa en la ciencia económica s e ha modificado a lo
largo del tiempo como consecuencia de las aportaciones procedentes de c ampos
diversos, co mo la Teoría Microeconómica y la Teoría de las Organizaciones.
Excede de los propósitos de este trabaj o profundizar en la naturaleza de la
empresa, pero sí estimamos conveniente realizar algunas precisiones
conceptuales que resultarán pertinentes a efectos del desarrollo posterior. En este
sentido, confrontaremos las dos concepciones más sólidas e influyentes de la
empresa que se presentan en la literatura: la visión tecnológica y la visión
transaccional.
114

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
III.1.3.1. La visión tecnológica de la empresa
La concepción de la empresa que so stiene la teoría microeconómica
identifica a la empresa con una función de producción que relaciona unas
cantidades físicas de factores productivos con la cant idad de producto final que
puede obtenerse de ellos aplicando la tecnología eficiente que existe en cada
momento. Esta función de producción se traduce para la empresa, atendiendo a
las condiciones de mercado, en una función de costes (Segura, 1996: 37).
Para la teoría microeconómica la empresa colabor a en la asignación
eficiente de los recursos en la medida en que se comporta como un agente
optimizador que procura maximizar sus beneficios (o minimizar sus costes). Esta
concepción de la empresa implica consider arla como un agente individual que se
comporta racionalmente, i gnorando sus caracterí sticas organizativas.
Consecuentemente, este planteamiento conduce a identificar la empresa y el
empresario. Se trata de un supuesto simplificador que, como en cualquier otro
ejercicio de modelización, puede just ificarse en la medida en que las
explicaciones y predicciones que se deriven d e la teoría no sean refutadas p or la
evidencia empírica (Gravelle y Rees, 1991:22).
En la práctica, este enfoque adolece de determinadas limitac iones: no
explica los procesos de integr ación horizontal y v ertical, no considera las
características organizativas de las empr esas o postula la maximización del
beneficio como el único objetivo posible (Segura,1996:38). La Teoría
Microeconómica ha tratado de subsanar est as limitaciones desarrollando una
serie de enfoques alternativos a la empresa maximizadora de l beneficio, sin que
ello haya supuesto un cambio esencial en la visión tecnológica de la empresa.
III.1.3.2. El enfoque transaccional. Empresa versus mercado
La visión tecnológica de la empresa result a una aproximación operativa y
fructífera cuando se trata de analizar la problemática de la asignació n de recursos
115

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
en un contexto marcado por la inexist encia de costes de transacción, la gratuidad
de la infor mación y la simetría en su transmisión. Sin embargo, estos supuestos
constituyen una simplificación de la realidad que impide el tratamiento de muchos
otros problemas reales.
Desde otro punto de vista, la actividad económica puede concebirse como
un conjunto de transacciones que pueden realiz arse esencialmente de dos f ormas
alternativas: dentro de la propia empresa o a través del mercado
(Segura,1996:39). Por lo tant o, la empresa representa una forma de planific ación
vigente dentro del propio sistema capitalista, que desplaza al mercado ocupando
su lugar. Empresa y mercado suponen así “ dos métodos alternativos de coordinar
la producción ”: el mercado se va le del sistema de precios y la empresa del papel
organizador del empresario. Por lo tanto, en virtud de es te enfoque, puede
entenderse la empresa como “(...) un sistema de relaciones qu e aparece cuando
la dirección de recursos depende de un empresario” (Coase,1998:243).
Se debe a R. H. Coase esta concepción de la empresa que introdujo con
su célebre artículo “The Nature of the Firm” publicado originalmente en la revista
Economica en 1937 6 . Con poster ioridad div ersos autores, encuadrados en lo que
se ha dado en denominar “Nuevo Institucionalismo”, han profundizado sobre estos
planteamientos destacando esp ecialmente los trabajos de Oliv er E. Williamson
(1975).
Coase recalcó el hecho de que el f uncionamiento del mercado conllev a
costes, pero que estos se ahorran con la creación de una organización dentro de
la cual el empresario decide el destino de los recursos en función del princi pio de
autoridad. Los costes de utilización del mercado se derivan, por un lado, de la

6 Con este artí culo Coa se, en sus propia s p alabras, p retendía: “ (...) crear un puente –sobre lo que
parece ser u n punto débil de la teoría económica- entre el supuesto (hecho con ciertos propósitos)
de que l os recursos se asignan a tra vés del m ecanismo d e precios y el su puesto (hecho con otros
objetivos) de que dicha a signación depe nde del empresario-coordi nador.” (Coase,1998:239).
116

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
identificación de los precios relevantes y por otro, de la realización de contratos
(costes de negociación, de redacción, de vigilancia, seguimiento y cumplimiento) 7 .
En las transacciones realiz adas dentro de la propia empresa , los costes de
vigilancia, seguimiento y cumplimiento se reducen debido a que dentro de la
organización existe una jerarquía capaz de imponer interpretaciones o el
cumplimiento de lo pactado ejerciendo su autoridad. Evidentemente, este
mecanismo de resolución de posibles conflictos es más operativo y menos
costoso que la actuación de los tribunales de justicia o el arbitraje de instituciones
externas.
Sin embargo, la empresa se enfrenta a la necesidad de coordinación de las
actividades que se realizan internamente, lo que resulta tanto más complejo y,
consecuentemente, más costoso cuanto mayor sea el tamaño de la organización
y más transacciones se hayan internalizado.
Por lo tanto, el grado de integración de las transacciones dentro de la
empresa y, consecuentemente, el tamaño de ésta son función del balance entre
los costes de transacción del mercado y los costes de organización interna de las
transacciones. Así pues, en palabras de Coase:
“Una empresa crece cuando el empresario organiza transacciones
adicionales (que pueden ser transacciones de intercambio coordinadas a
través del mecanismo de precios), y se reduce cuando las abandona.”
(Coase,1998:243) .
Las empresas se enfrentan ante la disyuntiva de realizar una transacción
internamente o bien externamente recurriendo al m ercado, dilucidando entre
estas dos opciones en función de los costes que acarrea cada opción. Cuando los
costes de organizar la transacción en el interior de la empresa son menores que

7 Cuando más completos sean los contratos, es deci r, cuanto más exhaustivos se muestren en la
descripción de los asp ectos y circunstancias que pueden afect ar a la transacción, mayores serán
los costes de reda cción, pero menore s serán los cost es de vigilancia, seguimi ento y cumplimi ento.
117

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
los derivados del uso del mercado, la transacción se internaliza. Por el contrario,
cuando los costes de transacción internos a la empresa son superiores a los
derivados de realiz ar la transacción en el mercado se optará por externalizar la
transacción.
Si bien el mercado y la empresa puede n contemplarse como mecanismos
alternativos de asignación de recursos, no se agotan en estos dos modelos las
posibilidades existentes. Por el contrario, la empresa y el mercado constit uyen
dos extremos que albergan entre ellos una variedad de mecanismos de
asignación mixtos o híbridos, situados entre el mercado puro y la organiz ación
pura, que garantizan una eficiencia superior en determinadas circunstancias.
Precisamente, modelos organizativos como el distrito industrial o los
“clusters” de PYMEs, con o sin la par ticipación de grandes empresas, que
mantienen relaciones en red se caract erizan por procesos de asignación de
recursos que conjugan elementos de organi zación con mecanismos de mercado.
En el funcionamiento ordinario de estos sistemas productivos en forma de red
industrial, se reiteran transacciones complejas, en tanto se refieren a productos
con un alto contenido tecnológico o porque la garantía de calidad o de suministro
puntual sean cruciales para el correcto desarrollo de la actividad. Por
consiguiente, resulta esencial un conocimien to profu ndo y una sólida confianza en
los proveedores y dis tribuidores habituales que sólo puede n acer de la reiteración
de transacciones con éxito. De este modo, la forma más eficient e de organiz ar los
intercambios conlleva el establecimiento de vinc ulaciones estables en forma de
relaciones de exclusividad o de acuerdos duraderos de diversa naturaleza.
Obviamente, la introducción de elementos de organización en el
mecanismo de mercado implica también la aparición de costes asociados a la
necesidad de supervisar y vigilar las rela ciones con los operadores vinculados, así
como la introducción de un sistema de in centivos que garantice la optimizac ión
conjunta de los resultados (Segura, 1996: 44-45).
118

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
III.1.4. El factor empresarial en el desarrollo endógeno. Consideraciones
teóricas
La escasa atención que ha merecido el estudio del factor empresarial en el
seno de la Ciencia Económica, también se ha manifes tado espec íficamente en el
ámbito de especialización de la Economía Espacial. De este modo, como afirma
Luis Suárez-Villa, uno de los pocos autores que se han ocupado de la importancia
del factor empresarial en el desarrollo regional:
“Los conceptos y modelos espaciales han ignorado también su importancia,
asumiendo que existe una oferta infinitamente elástica y automática de
empresarios, cualquiera que pueda ser la respuesta ante los cambios en las
condiciones de partida del mercado” (Suárez-Villa,1986:56) .
Constituye ésta, sin duda alguna, una importante deficiencia de la Ciencia
Regional en cuanto las decisiones empresariales determinan la localización y la
relocalización de la actividad económica en el espacio. Este olv ido puede
atribuirse en parte a la necesidad de incorporar considerac iones de carácter
extraeconómico cuando se abor da el estudio del factor empresarial, así como a
las hipótesis y enfoques adoptados generalmente en la mo delización, como la
hipótesis de conocimiento perfecto, los análisis de optimización o las
aproximaciones de carácter estático (Suárez-Villa,1986:56-57).
Por otra parte, buena parte de los estudios dentro de la línea de
investigación que se ocupa específicament e del empresario (“entrepreneurship”)
se mantie nen en un plano micr oeconómico, sin ahondar en las repercusiones
macroeconómicas sobre el crecimiento económico y el desarrollo regional que se
derivan de las características de la empresarialidad local o regional 8 .

8 No obstante , algunos autores, como Z. J. Acs, D. B. Audretsch o R. Thurik, han abordado
también el estudio del empresario desde una óptica más amplia, explorando las repercusiones de
la empresarialidad sobre el crecimiento económi co o el nivel de desempleo (Acs,1996;
Thurik,1996; Audret sch y Thurik,2001).
119

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Desde esta perspectiva, el enfoque del desarrollo endógeno debería cubrir
este vacío y profundizar en el análisis del factor empresarial y su importancia en el
proceso de desarrollo, enlazando las consideraciones microeconómicas y
macroeconómicas. En este sentido, M. Florio afirma:
“In fact, the ‘endogenous-growth’ approaches are not yet a fully developed
theory but rather an orientation for applied research. A reappraisal of some
fundamentals on entrepreneurship as a factor of production may be useful to
give these new approaches some theoretical grounding.” (Florio,1996: 283) .
Ciertamente, el factor empresarial es un elemento central del proceso de
desarrollo endógeno. De él depende la aplicación a la producción de los recursos
autóctonos, el aprovechamien to de las economías de escala y de los efectos
externos presentes en el sistema de empr esas y en el territorio, las conductas
innovadoras, la adaptación a las condiciones cambiantes o el sostenimiento del
proceso de acumulación de capital a esca la local o regional, cuestiones todas
ellas constantemente presentes en la literatura del desarrollo endógeno.
III.1.4.1 La dotación de factor empresarial y la movilidad de los recursos
empresariales
El factor empresarial constituye el instrumento a través del c ual un territorio
reacciona y ofrece respuestas a la problem ática económica específica a la que se
enfrenta. En unos casos, se requiere de un impulso al desarrollo industrial en un
área atrasada, mientras que en otras situaciones, el principal reto consiste en
mantener el tejido productivo existente o abordar procesos de ajuste y
reestructuración productiva en zonas afectadas por situaciones de crisis
estructural.
Sin embargo, la dotación de factor empresarial no se reparte
uniformemente entre las regiones y loca lidades. En este sentido, Suárez-Villa
considera la toma de decisiones empresariales:
120

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
“(...) como un recurso escaso que se distribuye de manera desigual en el
territorio y que varía según la capacidad de los recursos humanos, en la
dotación de recursos y en las presiones del entorno que influyen y son
influidas por el proceso de evolución y selección natural ” (Suárez -
Villa,1986:80).
Cada territorio dispone en cada moment o de un stock limitado de recursos
empresariales que condicion a el dinamismo de la economía local o region al.
Ciertamente, el factor empr esarial puede moverse en el espac io de unas zonas a
otras, pero un emprendedor necesita de una red de contactos y de un
conocimiento profundo del entorno, lo que dificulta la puesta en marcha de u n
proyecto empresarial con éxito en un lugar distinto de la localidad de origen
(Florio, 1996: 285). En el caso de la instalación de una gran empresa externa en
un territorio, la existencia de una organización compleja permite hacer frente al
proyecto con mayores garantías. Sin embargo, en este caso, las decisiones de
carácter estratégico que se encuadran dentro de la función impulsora s e
mantienen en última instancia en el exterior 9 .
En este sentido, conviene recordar que un elemento esencial del concept o
de desarrollo endógeno es la autonomía del proces o de crecimiento, en tanto que
los agentes sociales locales o regionales deben mant ener la capacidad de tomar
las principales decisiones que condic ionan la dinámica económica en ese ámbito
territorial. En este sentido, es muy importante el papel de los em presarios locales
o regionales quienes suelen mantener un sentimiento de arraigo en el territorio.
Por lo tanto, la presencia de una sólida cultura empresarial unida a un fuerte
sentimiento de identidad territorial resultan elementos cruciales para el éxito de
los procesos de industrialización y desarrollo local o regional.
En conclusión, puede afirmarse que las potencialidades de desarrollo
endógeno de cualquier territorio se encuentran condicionadas por la dotación de

9 Más adelante, dentro de este mismo capítulo, se discute más extensamente la posible aportación
de las grandes empresas ex ternas a los pro cesos de desarrollo endóge no.
121

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
la dispersión de la función empresar ial que se produce en la gran empresa
(Guzmán,1994b:87)
Estas consideraciones nos llevan a tratar, a continuación, algunos aspectos
teóricos y empíricos en relación con el papel del empresario en los procesos de
desarrollo endógeno. Seguidamente, se abandonará la figura del empresario y el
análisis se centrará en la empresa, para considerar las ventajas que presenta la
pequeña y mediana empresa en el contexto actual. No obstante, la potencialidad
de las PYMEs en el escenario actual está ligada a la formac ión de sistem as de
PYMEs interrelacionadas en las que todas las empresas que pertenecen a la r ed
se ben efician d e ciert as externalidades que impulsan su competitividad. De este
modo, se cerrará este apartado con el análisis de la estructura y funcionamiento
de los sistemas productivos endógenos de pequeñas y medianas empresas.
III.2.1. El hombre empresario en los procesos de desarrollo endógeno
Los emprendedores locales son los grandes protagonistas de los procesos
de desarrollo endógeno. Ellos son los responsables de la movilización de los
recursos presentes en un territorio y de la transformación de las estructuras socio-
económicas locales ante situaciones de atraso relativo o crisis del modo de
producción local. De hecho, la endogeneidad del proceso de industrialización
depende de la disponibilidad de empresarios locales que lo lideren. La exist encia
de una sólida empresarialidad local o regional garantiz a que el desarrollo no es
impulsado por los poderes púb licos de ámbito territorial superior, ni por empresas
externas al área. De este modo, a través de la figura del empresario local, la
comunidad participa y protagoniza su propio desarrollo “desde abajo”.
Sensu contrario, las de ficiencias en la empresarialidad local o regional
pueden determinar el declive de la economía de un área. En este sentido, Garofoli
(1992b:56) explica la crisis de muchos distritos industriales en los países de
primera industrialización durante la primera mitad del siglo XX por la au sencia de
nuevos emprendedores, por la disminución de la innov ación y el decliv e gradual
en la agresividad de la primera generación de emprendedores.
128

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
Es necesario hacer notar que la importancia del empresario individual no se
limita al ámbito de la microempresa o la pequeña empresa sino que se proyecta
sobre todo el tejido empresarial y condiciona sus características. En este sentido,
como señala Suárez-Villa (1986:71) “ el empresario individua l es, en cualquier
caso, la fuente de la creación de las organizaciones privadas y de su desarrollo y
evolución.” Por consiguiente, las grandes empresas proceden frecuentemente de
pequeñas y medianas empresas con éxito que, movidas por la ambición de sus
empresarios, han optado decididamente por políticas de crecimiento.
III.2.1.1. Algunas características de los empresarios en los sistemas productivos
locales
El empresario que surge y opera en los entornos locales presenta unas
características específicas que lo singularizan en lo que respecta a su origen, a
sus rasgos personales o al propio desarrollo de su actividad.
Los estudios realizados en los sistemas productivos locales españoles
revelan que los empr esarios proceden de sectores siempre relacionados con las
actividades productivas locales existentes en el momento de la primera inversión.
En algunos casos, los nuevos empresarios son antiguos artesanos, en otros
casos, son comerciantes que en función de su actividad han tenido contacto con
actividades industriales en las que emergen como empresarios; a veces se trata
de trabajadores que han ab andonado su puesto de trabajo y han aprovechado su
conocimiento del sector y sus redes de contactos para poner en marcha un
proyecto empresarial individualmente o formando cooperativas; en otras
ocasiones, los empresarios son antiguos agricultores que financian la inversión
inicial con las rentas ahorradas de la explotación agrícola; por último, se ha
apreciado también el caso de emigrantes retornados que invierten el ahorro
logrado en inic iar una actividad empresarial en su lugar de o rigen, ap rovechando
los conocimientos sobre el sector en que han estado trabajando (Vázquez
Barquero,1988:58-59).
129

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Estos emprendedores locales, por regla general, no se encuentran con
grandes barreras de entrada al iniciar una actividad empresarial. Habitualmente,
en los sectores tradicionales donde suelen orientar su actividad no se requieren
inversiones iniciales excesivam ente elevadas y además pueden aprovechar el
know-how y la red de contactos adquiridos en su experiencia anterior com o
trabajadores en el mismo negocio (Vázquez Barquero, 1988:59).
Las motivaciones de estos emprendedores locales son de naturaleza muy
diversa. A este respecto, se suele distinguir entre dos tipos de motivación: de tipo
extrínseco e intrínseco. La primera existe cuando la actividad empresarial se
desarrolla para conseguir determinados logros (nivel de rent a, acceso a un
empleo, ascenso en la escala social, etc.), mientras que la segunda se presenta
cuando el empresario, frecuentemente de origen vocacional, está movido por el
mero placer de desarrollar la actividad empresarial (Santos Cumplido,2001:104-
105).
Estos empresarios locales adolecen frecuentemente de falta de
preparación técnica, lo que representa una limitación para el desarrollo de las
PYMEs autóctonas. No obstant e, esta deficiencia puede superarse a través del
reclutamiento de técnicos o la contratación de servicios de apoyo o bien por el
mero reemplazo de una generac ión de empresarios por l a siguiente, caract erizada
en la mayor parte de los caso s por un nivel de formación superior (Vázquez
Barquero, 1988:59).
En cualquier caso, en los modelos locales de desarrollo el des empeño de
la función empresarial presenta facetas singulares. Para garantiza r la
supervivencia y el éxito de la em presa, los empresarios locales, además de vigilar
la evolución del mercado mundial de los productos en los que compiten, deben
mantener y mejorar su conocimiento de las condiciones de producción y de las
circunstancias soc iales y cultur ales que marcan la pers onalidad del sistema
productivo local. Desde esta perspectiva, el empresario en los sistemas
productivos locales asume una función es pecial: “traducir todas las posibilidades
latentes en la herencia histórica del distrito en productos que puedan venderse en
130

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
ese mercado” , actuando como interfaz entre la tradición productiva del área y las
condiciones de los mercados a escala internacional (Becattini,1992:68).
III.2.1.2. La función impulsora del empresario en el desarrollo endógeno
La importancia del empresario en el desarrollo económico se encuentra
vinculada directamente al desempeño de lo que venimos denominando función
impulsora del empresario. Anteriormente, se ha puesto de manifiesto cómo,
siguiendo la formulación del J. Guzmán (1994b), la función impulsora del
empresario comprende dos subfunciones: la “promotora” y la “dinamizador a”. La
subfunción promotora se relaciona con el “empresario potencial”, es decir, aquel
individuo predispuesto a la creación de una empresa, que eventualmente t oma tal
decisión; mientras que la subf unción dinamizadora, se refiere al “empresario
actual”, es decir, a aquél que y a está desarrollando una actividad empresarial y
que toma las decisiones relacionadas con la supervivencia de la empresa y su
crecimiento (Santos Cumplido, 2001: 51).
Figura IV.2 . Función impulsora del empresario y desarrollo endógeno
Función Promoción Éxito Desarrollo
Impulsora Dinamización Empresarial Endógeno
Por lo tanto, el crecimiento y el desarrollo económico endógeno de un
territorio están directamente relacio nados con e l éxito de las pequeñas y
medianas empresas autóctonas y éste, a su vez, está condicionado por las
características de los empresarios locales, fundamentalmente en aquellos
aspectos relativos al desempeño de la f unción impulsora, en su doble vertiente
promotora y dinamizadora.
131

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Desde esta perspectiva, si se quiere profundizar en la repercusión de l a
empresarialidad en el desarrollo endógeno, resulta necesario identificar los
elementos que condicionan la emergencia empresarial (subfunción promotora) y
la calidad del em presario ( subfunción dinamizador a). Sin embargo, la
investigación en este campo es todavía muy insuficiente, sobre todo en nuestro
país, donde tradicionalmente se ha prest ado escasa atención a la figura del
empresario. Desde esta perspectiva, son especialmente reseñables dos trabajos
realizados, respectivamente, por los profesores Cáceres Carrasco (2002) y
Santos Cumplido (2001).
F. Rafael Cáceres (2002) ha analizado los factor es que condicionan la
aparición de nuevos empresarios, a partir de las aportaciones recogidas en la
literatura, para ofrecer un modelo teórico explicat ivo de la emergencia
empresarial. En este modelo se hacen explícitos también los cauces de incidencia
de las div ersas variables que se juzgan relevantes sobre las tres esferas
funcionales del empresario según Guzmán (1994b).
Concretamente, Cáceres (2002: 115-120) destaca como factores causales
de la emergencia empresarial: las propi as características personales de los
emprendedores, tanto de carácter psicológico (necesidad de logro, control interno,
propensión a innovar, etc.), como de tipo económico (nivel de renta o riqueza); el
nivel de formación y la exper iencia laboral, así como las características del
contexto social (consideración social del empresario, grado de integración social y
redes de contactos, valores culturales dominantes, familia, etc.) y del co ntexto
económico general (falta de oportunidades de empleo, nivel de oportunidades
económicas exis tentes, dotación de infraestructuras, etc.). Así mismo, considera
la incidencia que sobre la aparición de nu evos empresarios tiene la actuación de
las instituciones, por ejemplo, a través del grado de desr egulación de la actividad
económica o de los apoyos que los poderes públicos otorgan a las iniciativas
empresariales.
Por otra parte, Santos Cumplido (2001) se ha adentrado en el análisis de
los aspectos cualitativos relacionados con el desarrollo de la función empres arial.
132

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
As su juicio, es impor tante que exista una dotación adecuada de empresarios “de
calidad”, que no reduzcan la dirección de la empresa a un ejercicio rutinario, sino
que mantengan el pulso de la iniciativa empresarial abordando continuamente
nuevos retos que induzcan el crecimiento de la organización.
Santos Cumplido par te de una concepción de la calidad empresarial
entendida como:
“(...) el resultado de la puesta en práctica de (...) l a función dinamizadora.
Esta función supone la dinamización y des arrollo de la empresa a tra vés de
ampliaciones, innovaciones o modernizaciones, que la pueden conducir al
desarrollo, el éxito empresarial o el mantenimiento del negocio en su caso.”
(Santos Cumplido,2001:101) .
A partir de esta definición, Santos Cumplido (2001:102-107) construye un
modelo de la calidad empr esarial que recoge los principales factores
delimitadores de la misma. A este respecto, entiende que la preferencia por el
trabajo por cuenta propia representa una condición necesaria para la existencia
de un empresario de calidad, en tanto refleja un deseo de independencia que
juzga consustancial a la figura del empresario. Así mismo, identifica unos
exponentes de la cali dad del empresario , entendiendo por tales aquellos aspectos
cualitativos que conforman la función dinamizadora, como la motivación del
empresario o los comportamientos dinamizadores relacionados con la capacidad
de crecimiento o ambición, la capacidad de innovación, el asociacionismo o
espíritu de colaboración u otras iniciativas dinamizadoras (el establecimiento de
un sistema de planificación formal, la introducción de un sistema de formación
continua, etc.).
Para Santos Cumplido, tanto la preferencia por el trabajo por cuenta propia
como lo s exponen tes de la calida d del empresario estarían influenciad os por
diversos factores del entorno personal del empresario (formación, experien cia e
influencia de la familia) y del entorno global ( disponibilidades productivas, facto res
socioculturales y factores político-institucionales).
133

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
* * *
En las páginas anteriores, he mos considerado cómo inciden las
características de los empresarios locales en la aparición y en el comportamient o
de las pequeñas y medianas empresas autóctonas. Sin embargo, nuestro
propósito final es analizar la importancia de la empresarialidad local o regional en
el proceso de desarrollo. Por lo tanto, el siguiente paso argumental debe llevarnos
a analizar la problemática de la competitividad de esas PYMEs autóctonas, para
así estar en condic iones de valorar el papel que pueden llegar a asumir como
dinamizadoras de las economías locales o regionales, cuestión ésta no exenta de
controversia especialmente en el actual escenario de globalización.
En nuestra opinión, las PYMEs no están condenadas a una mera lucha por
la supervivencia en un contexto caracterizado por la hegemonía de la gran
empresa, sino que bajo ciertas condiciones pueden actuar como motores del
crecimiento económic o a esc ala local o regional. No obstante, estas afirmaciones
requieren mayor justificación; éste es el objetivo de las siguientes páginas.
III.2.2. Pequeña y mediana empresa versus gran empresa
La relación entre dim ensión y rentabilidad ha sido, sin lugar a dudas, una
de las líneas de investigación más importantes en el campo de la organización
industrial, constituyendo su objetivo esencial la identificación de la dimensión
óptima de la empresa (Costa Campi,1988:252).
A este respecto, en algunas ocasiones se ha pretendido identificar
regularidades en la evolución del tamaño em presarial a lo largo del proceso de
desarrollo económico, señalando la predominancia de un tipo de organización u
otro en diversas etapas históric as (Suárez- Villa, 1988: 27-29). De este modo, se
ha asociad o la primacía de la empresa fa miliar a una primera etapa que se
correspondería con el inicio del proceso de industrialización; mientras que, a
continuación, en una segunda etapa, las pequeñas empres as irían desplazando a
134

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
la empresa familiar. En una terc era etapa, la mayor importancia recaería en las
medianas empresas, para culminar la evolución en las economías más avanzadas
con el predominio de la gran empresa. No obstante, incluso en estas ulteriores
etapas, se seguiría reconociendo un papel destacado a las pequeñas y medianas
empresas, por sí mismas y como colaboradoras de la gran empresa a través de
relaciones de subcontratación.
En esta misma dirección, se ha estudiado el tamaño empresarial en
relación con la evoluc ión de la estructura de la industria o sector, observando lo s
cambios que se producen en el tamaño de la s empresas a lo largo de los ciclos
del producto y del proceso. Desde esta perspectiva, las PYMEs serían la s
protagonistas de la etapa de innovación, para posteriormente convertirse en
medianas empresas en la etapa de crecimiento, al aprovechar la expansión de la
demanda y de la capacidad productiva. Conforme se alcanza la etapa de madurez
del producto o proceso productivo, las unidades de producción seguirían
aumentando en tamaño, de modo que las medianas y grandes empresas
resultarían el tipo de organizac ión predominante. Finalmente, se entraría en una
etapa de declive, en la que seguirían predom inando las medianas y las grandes
empresas, aunque se apreciaría una disminución del tamaño medio. En esta
última etapa, se asistiría a una reactivación de las PYMEs, por su papel como
proveedoras de las grandes empresas y por su capacidad de explotar nichos de
mercado a través de la diferenciación del producto y la segmentación del mercado
(Suárez-Villa, 1988: 29-31).
Los datos muestran que hasta mediados de los años setenta se apreció
una tendencia firme hacia el incremento del tamaño de la empresa y la
concentración empresarial, derivada del aumento de la participación de la gran
empresa en el empleo y la producción total (Storey, 1988: 140-141). Sin embargo,
esta tendencia se frenó como c onsecuencia de la crisis económica de los años
setenta; a partir de entonces se ha asistido a un crecimiento de la importancia
relativa de las PYMEs frente a la gran empresa desde la perspectiva de la
creación de empleo. Cinco explicaciones no excluyentes pueden arrojar luz sobre
este proceso (Harrison, 1994: 52):
135

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
a) Los procesos de desintegración vertical de las grandes empresas.
b) Los cierres que han afectado desde los años setenta a unidades
productivas de grandes empresas.
c) La reducción del tamaño de los grandes conglomerados empresariales que
han abandonado actividades sec undarias con el propósito de centrarse en
las actividades nucleares 15 .
d) El des plazamiento de la producción des de el sector industrial al sector
terciario (en el que las PYMEs tienen un papel más destacado).
e) El crecimiento acelerado de la actividad de las PYMEs.
Más allá de estos planteamientos excesivamente generales, resulta
obligado tratar, aunque sea superficialment e, el problema de la competit ividad de
las PYMEs frente a la gran empresa. A este respecto, se con stata la existencia de
dos posturas enfrentadas: por un lado, los defensores de la competitividad de la
gran empresa y, por otro, los defensores de la competitividad de las PYMEs.
Los primer os señalan el tamaño de la empresa com o princ ipal fuente de
ventajas comparativas, ya se deriven de la explotación del poder de mercado
(hipótesis de la colus ión) o de s u mayor ef iciencia (hipótesis de la eficiencia). A
juicio de estos autores, la gran empresa disfruta frente a la PYME de una mayor
disponibilidad de recursos, lo que le proporciona un m ayor margen de maniobra
de cara a su p laneamiento estratégico, facilitando la realización de nuevas
inversiones, la innovación tecnológica, la introducción en nuevos mercados o la
diversificación. Así mismo, la eficiencia de la gran empresa se incrementa como
consecuencia de la explotación de las economías de escala internas a la empresa
o como resultado del efecto experiencia (Camisón,2000:16-18). Desde esta

15 Estos tres primeros factores serán tratado s c on mayor detenimiento en el siguiente epígrafe de
este capítulo que e stá dedicado espe cíficamente a la gran e mpresa.
136

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
perspectiva, las pequeñas empresas llegaron a ser consideradas como una
auténtica “ distorsión del proceso de desarrollo”, que tendía a identificarse con las
grandes empresas y la concentración de capital (Costa Campi,1988:252).
Sin embargo, diversos autores defienden que la gran empresa no es
necesariamente el mejor modelo organizat ivo en todas las situaciones, en tanto
las PYMEs disfrutan de una serie de ventajas que las convierten en fuertes
competidores en determinados entornos. Las principales fortalezas de las PYMEs
que han sido destacadas tradi cionalmente en la lit eratura son las s iguientes
(Camisón,2000:19-22):
a) La simplicidad de su organización interna , que le proporciona una mayor
flexibilidad, característica que resulta fundamental en entornos inestables.
b) Ventajas comerciales , como su proximidad al cliente o su capacidad de
adaptación a mercados segmentados.
c) Su dinamismo innovador . Algunos autores defienden la tesis de que son las
pequeñas y medianas empresas las que desarrollan una actividad innovadora
más intensa en comparación con las grand es empresas. Desde esta perspectiva,
el tamaño no vendría a resultar un obstáculo para la innovación debido a la rigidez
que se deriva de éste. Esta propensión in novadora de la PYME es especialmente
aplicable a las conocidas como “PYMEs de alto crecimiento” o “empresas gacela”.
Sin embargo, otros autor es resaltan las limitaciones a las que se enfren tan
las PYMEs en relación con su actividad innovadora debido a la falta de recursos.
En este sentido, hay que señalar có mo ciertos obstáculos a los que
tradicionalmente se enfrentaban las PYMEs han perdido im portancia en el
contexto actual. Conc retamente, la eficiencia de las PYMEs se ha vist o favorecida
por el surgimiento de los sistemas de pr oducción flexible que han reducido la
escala mínima eficiente. Del mismo modo, el desarrollo de instrumentos
financieros como las sociedades de capital riesgo o las sociedades de gar antía
recíproca, así como el incremento de las políticas públicas financieras de apoyo a
137

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
III.3. LA GRAN EMPRESA EN EL DESARROLLO ENDÓGENO
Durante los años cincuenta, sesenta y primeros setenta del pasado siglo
las políticas regionales se orientaron prin cipalmente hacia la gran empresa. Se
procuraba la atracción de inversiones exter nas a través de incentivos de dif erente
naturaleza, tomando como sustento teórico el enfoque de los polos de crecimiento
de F. Perroux. Por consiguiente, se confiaba en que la empresa motriz impulsaría
un crecimiento jerarquizado que se difundiría a pa rtir de las empresas que
operaban con la gran empresa líder.
Sin embargo, esta estra tegia no se vio acompañada frecuentemente de los
resultados deseados, en la medida en que las grandes empresas externas no
actuaron en muchos casos como motores de procesos más amplios de
transformación de las estructuras productivas loc ales. En este sentido , aunque
indudablemente las inversiones externas t ienen efectos positivos tanto directos
como indirectos sobre las economías locales o regionales, cuando su impacto se
evalúa des de la pers pectiva del desarrollo endógeno se aprec ia que en m uchos
casos la grandes empresas ext ernas no impulsan procesos de crecimient o de
carácter autosostenido (Florio, 1996).
La insatisfacción ante este planteamiento de desarrollo “desde arriba” se
acentuó con el advenimiento de la crisis económica de los setenta y los
problemas de la gran empresa fordista. En este contexto, la política industrial y la
política de desarrollo regional replantearon su postura frente a las PYMEs, sin que
ello haya llevado a un abandono real de la política de atracción de grandes
inversiones externas como una de las líneas de actuación de la política regional.
Por el contrario, en los últimos años se puede apreciar una reconsideració n
en torno a la posible aportación de la gran empresa externa al desarrollo regional
y local. Est e cambio en el plano teórico se está reflejando en el creciente énf asis
que las autoridades públicas est án poniendo en las pol íticas de atracción de
inversiones externas (Amin y Tomaney,1997:95; Vázquez Barquero, 1999b: 315).
144

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
III.3.1. La polémica en torno al papel de la gran empresa externa como
agente impulsor del desarrollo
En un apar tado anterior se confrontaron las ventajas e inconvenientes de la
gran empresa como modelo or ganizativo contraponiéndolo a la PYME. En ese
análisis, se trataba de evaluar la eficiencia de ambas desde la perspectiva de la
competitividad y el éxito empresarial. Sin embargo, la cuestión que ahora nos
ocupa se plantea a otro nivel: nos interesa el impacto sobr e el desarrollo
económico de una zona, es decir, el grado en que se beneficia un territor io de la
presencia y de los resultados de las empresas localizadas en él.
Obviamente, las dos cuestiones están directamente relacionadas, empero
tienen implicaciones diferentes. Ciertamente, cabe la posibilidad de que los
beneficios, en sentido amplio, que se derivan de una gran empresa externa no
redunden de manera significativa sobre los agentes locales. Es más, diversos
autores han señalado la posibilidad de que a medio y largo plazo las gr andes
empresas externas repercutan negativ amente sobre las potencialidades de
desarrollo local o regional. En definitiva, existe una amplia literatura relativa a la
contribución de la gran empresa al desarrollo económi co en la que s e pueden
encontrar tanto argumentos a favor como en contra de la misma , que
esquemáticamente se presentan a continuación (Florio y Capriati, 1986; Florio,
1996; Cha ndler y Hikino,1997; Amin y To maney, 19 97; Dupuy y Gilly, 19 97; del
Monte y Giunta,1997; Vázquez Barquero, 1999a y b).
III.3.1.1. Impactos positivos
Obviamente, la gran empresa externa genera impactos directos positivo s
indudables en términos de creación de empleo y de riqueza. De ahí que los
responsables de la política regional y local, guiados por el pragmatismo,
introduzcan generalmente un amplio abanico de incentivos (fiscales, financieros o
de otro carácter) a la localización de empresas externas, hasta el punto de
145

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
desencadenar en ocasiones una auténtica competencia entre las localidades y
regiones por atraer inversiones externas.
No obstante, además de los evidentes efectos directos, la implantación de
grandes empresas externas ocasiona también impactos indirectos que pueden no
ser tan palpables, pero resultan ciertamente significativos.
- Efecto multiplicador
La gran empresa induce una demanda adi cional en los mercados de bienes
de consumo y de inputs intermedios, lo que genera un efecto multip licador sobre
su impacto directo 18 . La gran empresa suscita este efecto multiplicador a través
de diversas vías, pero fundamentalmente a partir de la formació n de redes de
empresas auxiliares que intervienen en los procesos de producción y distribución
de sus productos.
- Elevación del nivel tecnológico
Por otro lado, se ha resaltado también el papel de las grandes empresas en
el crecimiento y desarrollo a largo plazo como responsables de los mayores
esfuerzos en I+D. En este sentido, algunos autores apuntan a las grandes
empresas como el origen de las inno vaciones tecnológicas, gerenciales y
organizativas que con posterioridad se difunden por el resto del sistem a
productivo a través de trans acciones en el mercado, flujos de información
transmitidos a lo largo de las redes (Chandler y Hikino,1997). De este modo, las
grandes empresas podrían contribuir a la difusión de las innovac iones
tecnológicas y a la transferen cia de “saber-hacer” (“know-how”) (del Monte y
Giunta,1997:134-135). Desde esta perspectiva, las grandes empresas ext ernas

18 No obstante, M. Flo rio señala cómo frecuentemente el mayor nivel de consumo que se aprecia
en las zonas con una i mportante presencia de grandes empresas no repercute plenamente en la
oferta local de bienes y servicios, sino que se satisface con import aciones, lo que limita el impacto
económico lo cal de las gra ndes plantas industriales (Florio, 19 96: 272).
146

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
contribuyen a elevar el nivel tec nológico del s istema productivo local o regional,
impulsando con ello su productividad y su competitividad.
- Impacto positivo de los “ spin-off” sobre la capacidad empresarial local
Así mismo, las grandes empresas, a través del “spin-off” de gestores y
técnicos pueden repercutir positivamente sobre la empresarialidad local, sobre
todo en sectores de alto contenido tecnológico (del Monte y Giunta,1997:135). En
términos generales, un “spin off” consiste en la creación de una empresa “a partir
de una organización incubadora, que puede ser otra empresa, una universidad o
una agencia del gobierno” (COTEC, 1996b: 50-51). A través de este mecanismo
las grandes empresas pueden ser el origen de nuevas PYMEs.
Los “spin off” empresariales se clasifican a su vez en dos tipos los “spin off”
técnicos, o “spin off” propiamente dichos, y los “spin off” competitivos. En los
primeros, técnicos de la gran empresa deciden crear su propia empresa para
explotar una necesidad que han identificado en el mercado o porque han
descubierto una nueva tecnología que la gran empresa no pretende desarrollar,
bien porque juzgue insuficiente su mercado potencial o por que por cualquier otro
motivo no resulta interesante en función de la estrategia competitiva de la
organización. Por otra parte, el “spin off” competitivo se produce cuando la s
grandes empresas desgajan de la organización c iertas actividades con el objetivo
de centrarse en las fases clave del proceso productivo. De este modo,
departamentos o divisiones de la empresa se independizan y dan lugar a PYMEs
ligadas a la gran empresa originaria que les subcontrata las actividades que antes
se desarrollaban internamente. A este tipo fenómeno se le conoce como “spin off”
competitivo” o “spin out” (COTEC, 1996b: 50-51).
III.3.1.2. Impactos negativos
Sin embargo, las grandes empresas pueden tener efectos indirectos
negativos sobre las economías de los territorios de acogida.
147

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
- Repercusión negativa sobre el nivel de formación
En primer lugar, la instalación de plantas subsidiarias de grandes empresas
en zonas atrasadas puede repercutir negativamente sobre la cualific ación de la
mano de obra del área de acogida (Vázquez Barquero,1999a:207). Ello se debe a
que las grandes empresas localizan en las áreas menos des arrolladas las fases
de la producción que presentan un carácter más rutinario y que exigen menos
formación, buscando simplemente beneficiarse de costes laborales inferiores a los
de las regiones más avanzadas.
- Economías de “enclave ”
Así mismo, se ha señalado en muchas ocasiones que la gran empres a
externa ha dado lugar a “industrias enclave” totalmente faltas de integración con
el sistema productivo local. En estos casos, la planta industrial adquiere los
productos y los servicios intermedios que requiere en empresas localizadas en
otras áreas y destina su output a mercados de exportación lo que limita a m edio y
largo plazo el impacto económico sobre las áreas de acogida (Vázquez Barquero,
1999b: 318).
- Impacto negativo sobre la empresarialidad local
Se ha señalado también que la gran empresa externa distorsiona la
asignación de recursos en la medida en que absorbe recursos locales que, en
caso contrario, se habrían orientado a otras actividade s. Este fenómeno afectaría
especialmente a la mano de obra cualificada y a los empresarios potenciales.
A este respecto, se ha afirmado que las grandes empresas inciden
perjudicialmente sobre la empresarialidad de una zona, en la medida en que
personal cualificado con un alto potencial empresarial se incorpora a puestos de
gestión en una gran empresa atraídos por los salarios elevados y por una carrera
profesional más segura. La gran empresa se beneficia a la hora de atraer
recursos empresariales de su poder de monopsonio en el mercado de
148

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
capacidades gerenciales y de su situació n monopolista en el mercado de bienes
(Florio, 1996).
Este sería uno de los factores explicativos de la repercusión negativa sobr e
la tasa de creación de nuevas empresas que se ha observado en las economías
locales de Italia y Reino Unido donde dominan las grandes empresas. Así mismo,
habría que considerar el impacto negativo sobre el empleo que conlleva este
desplazamiento de recursos empresariales desde las PYMEs a la gran empresa,
puesto que las grandes empresas son, en términos generales, intensivas en
capital en comparación con las PYMEs, que tienden a ser intensivas en factor
trabajo (Aydalot, 1988: 176; Florio, 1996; del Monte y Giunta,1997:133).
- Dependencia externa y vulnerabilidad local
Por otro lado, la gr an empresa externa suele localizar en las zonas
atrasadas plantas que ocup an una pos ición subsidiaria (“branch plants”) dentro de
la estructura de la corporación. De tal forma, que las funciones estratégicas
relacionadas con la alta dirección se toman en el exterior (Vázquez Bar quero,
1999b; 318).
De este modo, la gran empresa consolida una situación de dependencia
del sistema productivo local, lo que resulta perjudicial especialmente ante posible s
decisiones de desinversión o deslocalización o simples recortes de empleo por
parte de la gran empresa.
* * *
Todos estos factores determinan que la gran empresa no impulse en
muchos casos procesos de crecimiento ec onómico autosostenido, sino que, p or el
contrario, puede reducir la capacidad de l territorio de abordar procesos de
auténtico desarrollo endógeno. En cualquier caso, el efecto neto de estos
impactos positivos o negativos depende fundamentalmente de las característ icas
específicas de la gran empresa, así como de las del territorio donde se implanta.
149

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Ciertamente, la disponibilidad de mano de obra especializada o la
existencia de empresas que puedan actuar como proveedores especializados en
el entorno local, entre otros factores, co ndicionan el impacto positivo que pueda
derivarse de la actividad de la gran empresa en un área determinada. Así mismo,
hay que tener present e que exis te una relación directa entre las características de
la gran empresa y las del territorio donde se localiz a. Las condiciones del territorio
son parámetros relevantes en las decisiones de localización de las grandes
empresas, de modo que el “tipo” de gran empresa que se instala en una zona y,
por consiguiente, su capacidad de contribuir al desarrollo local regional depende
de las propias características del territorio.
Por otra parte, desde la perspectiva de la gran empresa, pueden
identificarse algunos factores claves que condicionan su impacto económico
sobre el área donde se instala (Florio, 1996: 272-274; Amin y Tomaney,1997: 98-
99 y Dupuy y Gilly,1997:37):
- El tipo de relación jurídica, financiera y de control entre la planta subsidiaria y la
dirección central .
Resultan especialmente importantes los modos de gestión y las
características del procedimiento de toma de decis iones que se aplica en la gran
empresa, en tanto condicionan el grado de autonomía de la unidad local frente a
la dirección central ejercida por la matriz o casa madre. En este sentido, las
plantas de empresas externas que disf rutan de una dirección local tienen una
repercusión más positiva sobre la zona donde se han localizado, en comparación
con las empresas sometidas a centros de decis ión externos a la zona. En
particular, el grado de autonomía de la función de compras frente a la dirección
central y la política de la gran empresa respecto a los proveedores locales inciden
de manera muy notable sobre el posib le efecto multiplicador de la gran empresa a
través de sus relaciones con proveedores locales.
150

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
- La propia naturaleza del proceso prod uctivo y la complejidad organizativa de las
unidades locales.
La capacidad de generar efectos multiplic adores a escala local depend e
también de las características del sector y el tipo de actividad que desarrolla la
empresa externa. Así mismo, la especializ ación del establecimiento en el marco
de la organización productiva del grupo y su posición en la div isión técnica del
trabajo determinan la intensidad y la naturaleza de los intercambios intragrupo y
con empresas exteriores. De esta especialización depende también la
complejidad organizativa de las unidades lo cales y la posibilidad de que éstas
desarrollen funciones comerciales, de investigación y desarrollo, financieras o de
control. En la medida en que est as actividades se realizan localmente resulta más
probable que la empresa recurra a las PYMEs de la zona para aprovisionarse de
los bienes y servicios que necesita.
- La actitud de la alta dirección hacia la comunidad local .
Este factor es especialmente destacado por Florio (1996), quien consider a
fundamental para la integrac ión de la gran empresa externa en el entorno local el
deseo de la dirección de involucrarse en los conflictos loca les y adaptarse a las
peculiaridades socioculturales y políticas del medio local.
A este respecto, resulta también de interés la distinción entre las empresas
sensibles a los costes o a los precios frente a las empresas “perfomance”. Las
primeras se sienten atraídas por los bajos c ostes de mano de obr a que existen en
las regiones atrasadas, así como por los incentivos financieros que las
administraciones públicas utilizan como in strumento de política regional. Este tipo
de empresas suele presentar modelos organizativos jerárquicos y centralizados y
sus plantas en regiones poco desarrolladas pueden responder al estereotipo de
enclave industrial.
151

Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno
Por el contrario, las empresas “perfomance” sustentan su competitividad
sobre la dif erenciación a través de la cali dad, el diseño o la innovación. En función
de su estrategia competitiva requieren localizarse en zonas con disponibilidad de
personal cualificado, proveedores y subcontratistas especializados, que
respondan al modelo de medio innovador. Este tipo de empresa explotan las
externalidades existentes en el territorio para lo que se integran en é l
desarrollando redes de cooper ación con los agentes locales (Latella,1997:162;
Crevoisier,1997:295).
III.3.2. Los cambios en el modelo de gran empresa. Los procesos de
descentralización productiva
La gran empresa a partir del primer cuarto del siglo pasado fue
transformando su sistema de producción y su organización interna , de tal modo
que tendió a elevars e su capacidad de difusión e spacial del crecimiento al
abandonar el modelo de “un pr oducto, una fábrica” e incrementar el número de
plantas de producción, aumentar sus rela ciones con redes de subcontratistas y
proveedores y al instalarse en zonas periféricas (Vázquez Barquero, 1986:90-91).
A principios del s. XX, el modelo de gran empresa preponderante era la
estructura unitaria (“U-form”), entendida co mo estructura centralizada organizada
en líneas funcionales (compras, marketing, producción, etc.). A partir del período
de entreguerras, la gran empresa evoluc ionó en EE.UU. y, en menor grado, en
Europa hacia la estructura multidivisional (“M-form”), introduciendo una direcci ón
corporativa encargada de la coordinación, planificación y asignación de los
recursos entre las actividades de diversas unidades , divisiones o filiales, que
mantienen una estructura de tipo unitario y operan en diferentes productos y/o
mercados regionales (Chandler y Hikino,1997:33-35).
Así mismo, durante buena parte del s. XX, el modelo de gran empresa
prevaleciente fue el de carácter fordista , caracterizado por la integración vertical,
una fuerte jerarquización de la organización y la división del trabajo según
funciones bien delimitadas. Este sistema de organizaci ón empresarial tenía como
152

Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno
finalidad la explotación de las economías de escala en la producción y en las
compras y ventas, para lo cual se requería de una estricta jerarquización de las
funciones y de una firme coordinación entre las distintas plantas productivas. No
obstante, esta concepción fordista suponía un obstáculo para la plena integración
de las plantas subsidiarias en los entornos locales o regionales donde se
localizaban, en tanto estas unidades carec ían de autonomía para subcontratar
con proveedores locales (Vázquez Barquero, 1999a:210).
Los propios factores sobre los que se sustentaba la competitividad de la
gran empresa fordista determinaron su vulnerabilidad ante el nuevo entorno que
se conforma a partir de los años setenta, caracterizado princ ipalmente por la
inestabilidad de los mercados y los procesos de ca mbio tecnológico (nuevas
tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, automatización flexible
de los procesos de producción, etc).
Los cambios en el c ontexto com petitivo han impulsado la transformación de
las pautas organizativas en la gran empresa, que ha tratado de aumentar su
flexibilidad para ajustarse a las características de un entorno muy dinámico
(Harrison, 1994). La gran empresa ha procurado evolucionar hacia un modelo que
le permita combinar las ventajas de la flexibilidad derivada de la descentralización
productiva con los beneficios de las economías de esc ala en las funcione s en que
éstas resultan estratégicas (Whitford, 2001:46). Con este propósito la gran
empresa ha tratado de desintegrar actividades del ciclo productivo a la vez que
aumentaba sus relaciones con los sistemas locales de pequeñas y medianas
empresas (Espina, 1996: 105) 19 .

19 No obstante, Harrison (1994) advierte sobre “el lado oscuro de la flexibilidad”, en tanto los
cambios organizativos en la gran empresa tienden a incrementar el dualismo en el mercado de
trabajo entre los trabajadores del núcleo conformado por las grandes empresas, que disfrutan de
mejores condiciones laborales y de una mayor protección d e los sindicatos y los trabajadores de la
periferia del sistema ocupados en PYMEs dependientes de grandes empresas en red, que
sufrirían unas condi ciones laborales precarias.
153

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
En cuanto a los servicios no destinados a la venta representan el 18% del
VAB y el 24% del empleo. Por lo tanto, su peso rela tivo en cuanto a la aportació n
al VAB es menor que respecto al empleo; esto se debe a que la product ividad
aparente del trabajo en estas actividades es inferior a la media de la economí a
andaluza, justo lo contrario a lo que ocurre en el caso de los servicios d e
mercado, que contribuyen en mayor medida al VAB regional que al empleo
regional y, por lo tanto, acreditan unos niveles de pr oductividad superiores a la
media regional.
x El sector secund ario –consideran do dentro de éste las actividades
manufacturera s, las industrias extractivas, el subsector energético y la actividad
de la construcción- representa el 24% de la econom ía andal uza, tanto desde la
óptica del valor añadido como del empleo total. Dentro de éste, las div ersas
ramas industriales en sentido estricto aportan el 10 y 11%, respect ivamente, de la
producción y el empleo total; la activid ad de la construcción supone en torno al
10% de la actividad económica andaluza, asumiendo por tanto un papel
protagonista en el tejido industrial regional; y, por último, el subsector energético
representa el 4% de la producción andaluza y tan sólo el 1% del empleo, lo que
refleja la elevad a productividad aparente de las ramas ener géticas.
A su v ez, dentro de las ramas industriales, destaca la importancia de la
industria de la alimentación, bebidas y tabaco, que aporta aproximada mente el
3% de la producción y del em pleo andaluz. Sin embargo, las ramas de mayor
contenido tecnológico no están suficientemente representadas en la economía
andaluza, salvo algunas empresas, vinculadas al capital externo y poco
integradas en el sistema productivo regional, que operan en actividades de
fabricación de maquinaria de oficina y ordenadores y, en menor medida, de
material eléctrico y electróni co (Moral Pajares,1997: 56).
x Por último, las actividades agro-pesqueras mantienen en Andalucía una
importancia signific ativa en tanto aportan el 7% del VAB y el 10% del empleo total,
presentando por consiguiente, una productividad aparente inf erior a la media
regional.
256

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
La foto fija de la estructura productiva andaluza que se deriva de los datos
y comentarios anteriores requiere ser complementada desde una perspectiva
dinámica. Este propósito se ve dificultado por el corto recorrido que proporciona la
serie de Contabilidad Regional de España Base 1995 . A ello se une la ausencia
de una serie enlazada que ligue la actual con la ser ie anterior de la Con tabilidad
Regional de España B ase 1986 . Tales carenci as pueden s alvarse, al meno s
parcialmente , considerando los datos de ambas series, aunque siempre con la
salvedad de que se produce un salto en la serie en el año 1995. No obstante, este
ejercicio permite obtener una visión más clara de las tendencias subyacentes que
están modifica ndo la estructura pr oductiva andalu za.
Tabla V.3 . Estru ctura porcentual del valor añadido bruto a p recios de
mercado de la econom ía andaluza por ramas de actividad 1986-95
(R6)(R17) 1986 1990 1995(P)
01 01 Agricultura, silvicultura. y pesca 10,42 8,67 6,11
Industria inclu ida energía y construcción 30,24 30,65 2 6,96
06 06 Productos energéticos 5,2 9 4,58 5,39
30 Productos industriales 17,28 13,78 12,26
13 Férreos y no F érreos 1,31 0,92 0,69
15 No met álicos 1,55 1,50 1,25
17 Químicos 2,14 1,01 0,86
24 Metálicos y el éctricos 1,66 1,31 1,43
28 Material d e transporte 1,22 1,25 1,11
36 Alimentaci ón y tabaco 6,76 5,70 5,20
42 Textil y c alzado 1,22 0,86 0,65
47 Papel e impres ión 0,69 0,59 0,46
50 Industrias diversas 0,74 0,63 0,61
53 53 Construcción 7,67 12,29 9, 31
Actividades de Servicios 5 9,35 60,67 66 ,93
68 Servicio s destinados a la venta 45,20 45,54 5 0,43
58 Recuperació n y reparación 21,43 21,58 24,18
60 Transportes y comunicaciones 5,15 4,75 5,63
69 Crédito y seguro 4,17 5,51 4,89
74 Otros 14,45 13,71 15,73
86 86 Servicios no destinados a la venta 14,15 15,13 1 6,50
TOTAL 100 100 100
Fuente: El aboración propia a partir de in formaci ón de Contabilidad Regional de España.
Base 1986 , INE.
(P) Provisional.
257

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
x El sector primario muestra un franco retroceso desde 1986 de su peso en
la estructura productiva andaluza, más intenso si se considera la evolución del
empleo qu e desde la óptica de l VAB. No obstante, esta pérdida de importancia
relativa de las actividad es primaria s se ha ralentizado en la segund a mitad de la
década de los noventa .
Estos cambios han v enido acompañados de una transformaciones en la
composición interna del propio sector agrario, que ha supuesto un aumento de la
importancia de la agricultura más intensiva en perjuicio de los cultivos más
tradicionale s de la economía andaluza. En concreto, han ganado peso las
hortalizas, las frutas y la floricultura, en perjuicio de los cereales o los c ultivos
herbáceos. No obstante, entre los culti vos clásicos de la agricultura andaluza, el
olivar sí ha mostrado un com portamiento muy favorable.
Así mismo, cabe d estacar la mejora de l a eficiencia económica de las
explotacione s, como consecuencia de la mayor profesionalización de la actividad
y la extensión de los criterios empresaria les en la gestión. De este modo, la
productividad agrícola andaluza se sitúa claramente por encima de la media
nacional, aunque sigue estando por debajo de la media comunitaria (Moral
Pajares,1997:5 3-54 y 1998: 175).
x El sector secundario en una visión de conjunto del período 1986-2000 tiende
a estab ilizar su importancia relativa en torno al 23% del valor del PIB regional y el
22% del emple o regional. Este resultado global escond e una reducción del peso
relativo de las actividades indus triales, en sentido restringido, que, no obsta nte, ha
tendido a frenarse en la segunda mitad de la década de los noventa. Este
retroceso de la industria se explica parcialmente por la evolución más moderada
de los precios en este sector en comparación con el t erciario y por el proceso de
externalizació n de los servicios al productor; pero responde tambié n a una pérdida
de importancia de la industria andaluza en el conjunt o nacional (Casillas y
Galán;1999: 204).
258

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
En este sentido, es especialmente destacable el declive relativo de l a
industria química y de la alimentación , bebi das y tabaco a lo largo del conjunto del
período, pero principalmente en la etapa de 1986-95. Dentro de ésta última se
está delimitando un núcleo central más dinámico, conformado por la fabricación
de grasas y aceites, el vino, la cerveza y otras bebidas alcohólicas y la molinería,
que se separa de l resto de activi dades, (Delgad o Cabeza et alia;1999: 45).
Por su parte, la actividad de la constr ucción muestra un comportamiento
procíclico y el subs ector energético m antiene su partic ipación estable .
Tabla V.4. Es tructura porcen tual del empleo en la economía andaluza por
ramas de activida d 1986-95.
(R6)(R17) 1986 1990 1995(P)
01 01 Agricultura, silvicultura. y pesca 17,74 14,20 11,56
Industria incluid a energía y constr ucción 23,4 5 25,43 22,93
06 06 Productos energéticos 0,91 0,75 0,72
30 Productos industriales 14,59 13,28 13,01
13 Férreos y no F érreos 0 ,62 0,50 0,44
15 No met álicos 1,14 1,06 1,13
17 Químicos 0,63 0,49 0,49
24 Metálicos y el éctricos 1,78 1,74 2,04
28 Material d e transporte 1,94 1,56 1,28
36 Alimentaci ón y tabaco 4,26 4,0 2 3,86
42 Textil y c alzado 2,09 1,80 1,59
47 Papel e impresi ón 0,63 0, 67 0,56
50 Industrias diversas 1,50 1,44 1,64
53 53 Construcción 7,95 11,40 9, 20
Actividades de servicios 58,8 60,37 65,52
68 Servici os destinados a la venta 37,96 38,47 42,50
58 Recuperació n y reparación 23,99 24,89 27,05
60 Transportes y comunicaciones 6,04 5,15 5,41
69 Crédito y seguro 1,95 1,77 1,84
74 Otros 5,98 6, 65 8,20
86 86 Servicios no destinados a la venta 20,84 21,90 23,02
TOTAL 100 100 100
Fuente : El aboración pr opia a partir de información de la Contabilid ad Regiona l de
España. Base 19 86 , INE.
(P) Provisional.
x Finalmente, el sector terciario gana peso relativo en el conjunto de la
economía como manifestación del proceso de terciarizac ión económica que con
259

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
carácter general afecta a las econom ías desarrolladas 6 . No obstante, este
proceso se plantea en las economías más avanzadas sobre la base de sector es
industriales sólidos y competitivos, mientras que en el c aso de Andalucía el sector
industrial se caracteriza por su debilidad. El crecimiento de las actividades de
servicios es más acusado en el caso de los servicios destinados a la venta y
especialmente en la rama de “Recuperación y repa raciones”.
Gráfico V.3. Evolu ción de la distri bución porce ntual del VAB a precios de
mercado para Andalucía
0
10
20
30
40
50
60
198 6 19 90 199 5
01 01 Agr i c u l t ur a,
s ilv ic u l t ur a. y pe s c a
06 06 Pro du c t os
en er g é t i c o s
30 Pro du c t o s
ind us t r i ale s
53 53 C on s t r uc c ión
68 S e rv ic ios
de s t ina d os a l a v en t a
86 86 S e rv ic ios n o
de s t ina d os a l a v en t a
No obstante, las conclusiones anteriores deben relativizarse en funció n de
la evolución y característic as de los sistemas productivos de otras comunidades
autónomas y del conj unto nacional. Con esta finalidad se presenta como término

6 Las conclusiones que se pla ntean a co nti nuación se derivan de co nsiderar la comp osición
sectorial del VAB en pesetas corrientes. No obstante, de haber tomado variables en pesetas
constantes el p roceso de terciarización no parecería tan intenso. Esto se debe, como bien es
sabido, al diferente comportamiento sectorial de los pre cios, que en el sector indu st rial muestran
una evolución moderada y en los servicios crecimientos importantes debido su me nor exposición a
la competenc ia.
260

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
de comparación la composición del VAB y del empleo nacional por ramas de
actividad.
A grandes rasgos, la estructu ra productiva sectorial del conjunto nacional
presenta unas característic as muy semejantes a las anteriormente señalad as para
el sistema productivo andaluz; en esencia, se trata de una economía terciarizada
(67,05% del PIB y 63,42% del empleo nacionales) con escasa importancia relativa
del sector primario (3,51% del PIB y 7,26% del empleo nacionales). No obstante,
la comparación revel a difer encias significativas. En concreto, se aprecia en el
conjunto nacional un mayor peso relativo de las actividades secundarias (29,45%
del PIB y 29,32% del empleo nacionales), atribuible en concreto a las ramas
manufactur eras, que se compensa con la menor importancia del sector primario y
de los servicio s no destinados a la vent a 7 .
En cuanto a las tendencias de evolución de la estructura productiva
nacional son idénticas a las que muestra la economía andaluza y responden al
comportamient o típico en todos los países desarrollados: terciarización, con un
mayor crecimien to de los servicios destinados a la venta, estabilización de la
importancia del sector secundario y firme declive de las activ idades agro-
pesqueras .
Para realizar la comparación entre las estructuras productivas del conjunto
nacional y Andalucía resulta útil el índice de especialización nacional o coeficiente
de intensidad relativa que revela el patrón de especialización de las economías
regionale s en el contexto nacional y se calcula para cada sector a través de la
siguiente ex presión (Ramírez,1993:68):
i
ij
ij S
s
Es donde:

7 Elaboración propia a partir de los datos de la C ontabilidad Regional de España, Base 1995
elaborada por el INE. Los datos de VAB corresponden a la primera estimación para el año 2000,
mientras que los dato s de empleo proce den del avance para el año 1999.
261

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z

X

X
S i
i  j
ij
ij X
x
s  es decir, s i j refleja el peso del s ector i en la est ructura productiva de la región j y
S i , el peso del sector i en la estructura pr oductiva nacional.
Este índice rev ela si un sector tien e en la región cons iderada mayor (Es>1)
o menor (Es<1) peso relativo que en la est ructura productiva nacional, en lo que
puede interpreta rse como un indicador de ventaja compa rativa revelada. Así pues,
a través del análisis de este indicador pueden apreciarse las pautas de
especializac ión que ha desarrollado cada región en el contexto de la economía
nacional.
El análisis al nivel de desagregación en seis ramas de actividad revela que
la econo mía andal uza se encuentra especializad a fundamentalm ente en
actividade s agrarias y pesqueras. Así mismo, la actividad de la construcción y los
servicios no destinados a la venta presentan más importancia en la estructura
productiva regio nal que en el conjunto nacional.
Por el contrario, las mayores debilidades de la estructura productiva
andaluza se ponen de manifiesto en los productos industriales, respecto a los
cuales, salvando la excepción ya comentada de la industria alimentaria, la
economía andaluza muestra una nítida “ desespecia lización” en el contexto
nacional.
Al descender a un análisis más desagre gado, se aprecia también una cierta
especializ ación en la industria de la al imentación , bebidas y tabaco -coherente
con su especializaci ón agro-pesquera-, así como en las actividades comerciales,
dentro de los servicio s destinados a la venta.
262

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
Tabla V.5. Ín dice de especi alización de A ndalucía respec to al conjunto
nacional calc ulado a partir d el VAB a prec ios básicos corri entes. 1995-20 00
A6 A30 Ramas de actividad 1995 1998(P) 2000(1ªE)
1.1 1. Agricultura, ganadería y pesca 1,86 2,00 1,93
1.1.1 Agricultura, ganadería, caza y selvicultura 1,91 2,05
1.1.2 Pesca 1,18 1,36
2. Industria incluida la energía y la
construcción 0,78 0,76 0,80
2.1 Energía 0,83 0,86 0,84
2.1.1 Extracción de producto s energéticos,
otros minerales y refino de petróleo 0,95 1,04
2.1.2 Energía eléctrica, ga s y agua 0,78 0,80
2.2 Industria 0,62 0,61 0,62
2.2.1 Alimentación, bebida s y tabaco 1,22 1,23
2.2.2 Textil, confección, cuero y cal z ado 0,46 0,45
2.2.3 Madera y corcho 0,52 0,52
2.2.4 Papel; edición y artes gráfica s 0,40 0,40
2.2.5 Industria química 0,58 0,59
2.2.6 Caucho y plástico 0,41 0,41
2.2.7 Otros productos mineral es no metálicos 0,72 0,73
2.2.8 Metalurgia y productos me tálicos 0,52 0,52
2.2.9 Maquinaria y equipo mecánico 0,28 0,29
2.2.10 Equipo eléctrico, electrónico y óptico 0,35 0,36
2.2.11 Fabricación de material de transporte 0,59 0,59
2.2.12 Industrias manufacture ras diversas 0,54 0,54
2.3 2.3.1 Construcción 1,14 1,07 1,14
3. Actividades de los servi cios 1,04 1,04 1,04
3.1 Servicios de mercado 0,98 0,98 0,98
3.1.1 Comercio y reparación 1,25 1,21
3.1.2 Hostelería 0,92 1,00
3.1.3 Transportes y comunicacio nes 0,92 0,92
3.1.4 Intermediación financiera 0,78 0,77
3.1.5 Inmobiliarias y servicios empresar iales 0,91 0,93
3.1.6 Educación y sanidad d e mercado 0,95 0,92
3.1.6.1 Educación 0,95 0,92
3.1.6.2 Sanidad y servicios sociales 0,95 0,9 1
3.1.7 Otras actividades sociales y otros
servicios de mercad o 0,94 0,93
3.2 Serv icios de no mercado 1,25 1,26 1,25
3.2.1 Administración pública 1,17 1,18
3.2.2 Educación de no mercad o 1,42 1,45
3.2.3 Sanidad y servicios sociales de no
mercado 1,35 1,35
3.2.4 Otras actividades sociales y otros
servicios de no mercado 0,97 1,01
3.2.5 Hogares que emplean pe rsonal
doméstico 1,04 1,02
Fuente : Elaboración propia a partir de datos de la Co ntabilidad Regional de España , Base 1995;
INE.
263

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
El análisis de la evolución del índice de especialización nac ional no revela
cambios importantes a lo lar go del período 1986-2000 , salvo una cierta tendencia
de profundización en el modelo de especialización descrito, como consecuencia
del retroceso más lento que el sector primario muestra en Andalucía en
comparació n con el resto de Espa ña 8 .
1,93
0,84
0,62
1,14 0,98
1,25
0,00
0,50
1,00
1,50
2,00
Agricultura, gana dería y pes ca
Ene rgía
Indu stria
Co ns trucción
Serv i ci os de m er cado
Serv i ci os de no m ercad o
Gráfico V.4 . Índi ce de especializaci ón nacional de Andaluc ía calculado a
partir del VAB. 2000

8 En términos más generales y para el período 1980-1995 Cuadrado Roura, Mancha Navarro y
Garrido Yserte concluyen que las pautas de especialización regional para el conjunto de las
comunidades autónoma s españolas apenas han sufrido variaciones si se analizan con cierto grad o
de desagrega ción (Cuadrado, Mancha y Garrido,1998 : 269).
264

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
Tabla V.6. Ín dice de especi alización de A ndalucía respec to al conjunto
nacional calcul ado a partir del empl eo. 1995-2000
A6 A30 Ramas de a ctividad 1995 1998(P) 1999(A)
1.1 1. Agricultura, ganadería y pesca 1,30 1,37 1,43
1.1.1 Agricultura, ganadería, caza y selvicultura 1,32 1,39
1.1.2 Pesca 0,99 1,00
2. Industria incluida la energía y la
construcción 0,76 0,77 0,80
2.1 Energía 0,88 0,97 0,95
2.1.1 Extracción de producto s energético s, otros
minerales y refino de petróleo 0,74 0,88
2.1.2 Energía eléctrica, ga s y agua 0,98 1,04
2.2 Industria 0,62 0,62 0,61
2.2.1 Alimentación, bebida s y tabaco 1,01 1,08
2.2.2 Textil, confección, cuero y cal z ado 0,52 0,49
2.2.3 Madera y corcho 0,74 0,63
2.2.4 Papel; edición y artes gráfica s 0,50 0,47
2.2.5 Industria química 0,53 0,58
2.2.6 Caucho y plástico 0,41 0,37
2.2.7 Otros productos mineral es no metálicos 0,76 0,82
2.2.8 Metalurgia y productos me tálicos 0,54 0,48
2.2.9 Maquinaria y equipo mecánico 0,36 0,37
2.2.10 Equipo eléctrico, electrónico y óptico 0,34 0,35
2.2.11 Fabricación de material de transporte 0,61 0,57
2.2.12 Industrias manufacture ras diversas 0,68 0,71
2.3 2.3.1 Construcción 1,03 1,06 1,16
3. Actividades de los servi cios 1,06 1,06 1,04
3.1 Servicios de m er cado 0,99 0,99 0,98
3.1.1 Comercio y reparación 1,19 1,14
3.1.2 Hostelería 1,03 1,10
3.1.3 Transportes y comunicacio nes 0,89 0,88
3.1.4 Intermediación financi era 0,82 0,82
3.1.5 Inmobiliarias y servicios empresar iales 0,76 0,80
3.1.6 Educación y sanidad d e mercado 0,77 0,77
3.1.6.1 Educación 0,70 0,71
3.1.6.2 Sanidad y servicios sociales 0,83 0,82
3.1.7 Otras actividades sociales y otros servicios
de mercado 1,01 1,01
3.2 Servicios de no m e rcado 1,20 1,20 1,17
3.2.1 Administración pública 1,24 1,26
3.2.2 Educación de no mercad o 1,29 1,33
3.2.3 Sanidad y servicios sociale s de no mercado 1,26 1,23
3.2.4 Otras actividades sociales y otros servicios
de no mercado 0,95 0,96
3.2.5 Hogares que emplean pe rsona l doméstico 1,03 1,01
Fuente : Elaboración propia a partir de datos de la Co ntabilidad Regional de España , Base 1995;
INE.
265

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
empresas (de 100 a 499 asalariados) y grandes empresas (500 asalariados ó
más).
Tabla V.10. Dist ribución de l as empresas andal uzas por número de
asalariados
1995 2001
Número % sobre
el total
Número % sobre
el total
Crec.
(1)
Sin asalariados 201.008 60,99 210253 54,74 4,60
Con asalariados 128.588 39,01 173 .833 45,26 35,19
Microempresa 115.694 35,10 153 .968 40,09 33,08
Pequeña empresa 12.200 3,70 18.89 1 4,92 54,84
Mediana empresa 634 0,19 911 0,2 4 43,69
Gran empresa 60 0,02 63 0,02 5,00
Total 329.596 100 384.086 100 16, 53
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE.
(1) Tanto por ci ento de crecimie nto en el períod o.
En función de este criterio, se ha procedido a analizar la estructura
dimensional del tejido empr esarial andaluz tomando como referencia el conjunto
nacional. De este modo, en las tablas que siguen se presenta la c omposición del
tejido empresarial andaluz (tabla V.10) y es pañol (tabla V.11) y, a continuación, se
comparan ambas utilizando como indicador el cociente entre la participación
porcentual de cada segmento de empresas (según el número de empleados)
sobre el conjunt o de las empresas andaluzas y españolas, respectivamente (tabla
V.12).
El tejido empresarial andaluz se encuentra conformado mayoritariamente por
empresas sin asalariados que representan el 55% del total. Si a éstas les unimos
las microempresas con no más de 10 empleados se alcanzaría el 95% del
número total de empresas. Las PYMEs representan en torno al 5% de la
población empresarial, mientras que la presencia de las grandes empresas se
situaría en un pobre 0,02%.
272

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
En líneas generales, estos rasgos son comunes al conjunto del tejido
empresarial nacional: predominio del autoempleo y de las microempresas, frente
a un peso reducido de las PYMEs y una mínima presencia de las grandes.
Gráfico V.6. Dist ribución de las empresas andaluzas
po r estratos se gún nú mero de a sala riados . 2001
55%
40%
5% 0% 0%
Sin asa lariado s M icroempresa s P eq ue ña s e mpresa s
M ed ian as e mpresa s Grand es empres as
Tabla V.11. Dist ribución de l as empresas español as por número de
asalariados
1995 2001 C rec. (1)
Número % sobre
el total Número % sobre
el total
Sin asalariados 1.326.433 57,63 1408792 53,26 6,21
Con asalariados 975.126 42,37 1.236.525 46,74 26,81
Microempresa 855.145 37, 16 1.078.778 40,78 26,15
Pequeña empresa 112.454 4,89 147.466 5,57 31 ,13
Mediana empresa 6.533 0,28 9.047 0,34 38,48
Gran empresa 994 0,04 1.234 0,05 24,14
Total 2.301.559 100 2.645.317 100 14,94
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE.
(1) Tanto por ci ento de crecimie nto en el períod o.
273

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
Sin embargo, la comparación mediante u cociente de la composición por
estratos de asalariados entre Andalucía y España (tabla V.12) permite identificar
algunas características diferenciales del tejido empresarial andaluz. De est a
forma, cuando el valor del indicador es superior a la unidad el correspondiente
estrato tiene una significación mayor en el tejido empresarial andaluz que en el
conjunto nacional, y al contrario, cuan do el valor es inferior a la unidad.
Tabla V.12. Compa ración de las dist ribucion es de las empresas españolas y
andaluzas por núm ero de asalariados
% de las empresas andaluzas en cada estrato
/
% empresas españolas en cada estrato
1995 2001 Variación
Sin asalariados 1,06 1,03 -0,03
Con asalariados 0,92 0,97 0,05
Microempresa 0,94 0,98 0,04
Pequeña empresa 0,76 0,88 0,12
Mediana empresa 0,68 0,69 0,02
Gran empresa 0,42 0,35 -0,07
Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE.
Los datos anteriores ponen nítidamente de manifiesto la especial
atomización del tejido empresarial a ndaluz dentro del conjunto nacional. Puede
apreciarse como el único estrato con mayor importancia relativa en el tejido
empresarial andaluz es el del autoempleo. A partir de éste, conforme se
incrementa el tamaño empresarial, se muestra la menor importancia del resto de
unidades empresariales en Andalucía frente al conjunto nacional, a una distancia
que se va ampliando en paralelo al aumento del tamaño.
Esta característica del tejido empresarial resulta una importante limitación
que lastra la competitividad de la economía andaluza y las potencialidades de
crecimiento económico regional. En este sentido, hay que señalar como
274

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
agravante que el tejido empresarial nacional se distingue en el contexto europeo
precisamente por la menor dimensió n empresarial 11 .
Desde un punto de vista dinámico, como se ha señalado con anterioridad,
se aprecia un mayor dinamismo empresarial en Andalucía en comparación con el
conjunto naciona l, en tanto el número total de empresas ha crecido en Andalucía,
entre 1995 y el año 2000, un 17% frente al 15% de incremento en el conjunto
nacional. Además, este superior crecimiento se ha concentrado en mayor medida
en las empresas con asalariados, con un incremento del 35% en Andalucía frente
al 27% en el conjunto del Estado.
Este comportamiento favorable ha permitido mejorar la estructura
dimensional del tejido empresarial andaluz, tanto considerándola en sí misma
(tabla V.11) como en comparación con el c onjunto nacional (tabla 5.12). Se puede
apreciar, de este modo, como las microempresas y las PYMEs han ganado peso
relativo en el tejido empresarial andaluz en detrimento del autoempleo. No
obstante, el dinamismo empresarial ha resultado menor en el caso de las
pequeñas empresas en comparación con las medianas y no se ha hecho
extensible a las grandes empresas, estrato que únicamente se ha incrementado
en tres empresas, lo que supone un crecimiento del 5% respecto al número de
grandes empresas existentes en 1995 en Andalucía. Por el contrario, en el
conjunto nacional el crecimiento del número de grandes empresas ha sido
lógicamente muy superior en términos absolutos -240 grandes empresas más-,
pero también en términos rela tivos –con un incremento del 24%-.
Por lo tant o, en términos comparativos con el conjunto nacional, la mejora
cuantitativa y cualitativa –en la composición por estratos- del tejido empres arial

11 A este respecto, resulta m uy interesant e el trabajo de Santos C umplido, F. J. y Camúñez, Ruiz,
J. A. (2001): “Tejido empresarial y desarrollo económico en la periferia mediterránea de la Unión
Europea” presentado en la III Reunión de Economía Mundial, en el que, utilizando técnicas de
análisis cluster, se muestra cómo los países mediterráneos de la UE constituyen un grupo
diferenciado cuando se toman en consideración variables relativas al desarrollo económico y a las
características del tejido empresarial. Concretamente, estos p aíses presentan un tejido
empresarial menos diná mico caracterizado por un m enor tamaño empresarial medio.
275

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
andaluz se ve empañada por la acentuación de la tradicional debilidad de la
economía andaluza por lo que se refiere a la gran empresa.
V.3.2. Distribu ción de las empresas andaluzas por ramas de actividad
La distribución de las empresas andaluzas por ramas de actividad
reproduce básicamente los rasgos generales de la estructura sectorial del PIB y
del empleo regional. De este modo, se puede apreciar el fuerte protagonismo de
las empresas del sector terciario -comer ciales y de ser vicios-, que conjuntamente
representan el 83% de las empresas no agrarias existentes en Andalucía.
Claramente por detrás de estos valores se encuentran el sect or industrial y la
construcción con un 8% y 9% de las empresas totales, respectivamente.
Como podría esperarse, el comercio y los servicios tienen menos
importancia sobre el total de empresas en el conjunto nacional que en el caso
andaluz (30% y 49%, respectivamente), mientras que la industria y la construcción
tienen un peso relativo mayor (9% y 12%, respectivamente).
Gráfic o V.7. Dis trib ució n de l as empresa s a ndaluzas p or
sec to res p rod ucti v os 20 01
8,03 8,9 0
35,02
48, 05
I ndus tria Const ruc ción Come rc io R esto de Serv icios
276

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
En la tabla V.13. se presenta una lista de las ramas productivas más
importantes, a un nivel de desagregación mayor, respecto al número total de
empresas en la economía andaluza.
Tabla V.13 . Pr incipales ramas productivas and aluzas por númer o de
empresas en el 2001
(Porcentaje respect o al total de empre sas no agra rias andaluzas) (1)
Rama de Activ idad (Grupos CNAE 93) Porce nt.
52 Comercio al por menor, excepto el comercio de vehículos de motor,
motocicletas y cicl omotores
25,00
74 Otras activ idades empres ariales 11,81
55 Hostelería 10,97
45 Construcció n 8,90
60 Transporte terres tre; transporte por tuber ías 7,34
51 Comercio al por mayor e int ermediarios de l comercio, excepto d e
vehículos de motor y motocicle tas
6,94
85 Actividades sanitarias y vete rinarias, servi cio social 3,85
70 Actividade s inmobiliarias 3,35
50 Venta, mantenimiento y reparación de vehículos de motor, motocicletas
y ciclomotores
3,08
93 Actividade s diversas de servi cios personales 2,52
92 Actividades recreativas, culturales y deportivas 1,89
67 Actividades a uxiliares a la i ntermediación fi nanciera 1,65
80 Educación 1,62
15 Industria de prod uctos alimenticios y bebi das 1,61
28 Fabricación de productos m etálicos, excep to maquinaria y equipo 1,28
36 Fabricació n de muebles; o tras industrias ma nufactureras 1,18
Fuente : Elabor ación propia a parti r de datos del Directorio Central de Emp resas, INE.
(1) Figuran en el cuadro sólo aque llas ramas que tienen una part icipación igual o superior
al 1% sobre el tot al de empresas andaluz as.
277

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
V.3.3. La multilocali zación de empresas y la penetración empresarial
En la etapa actual del desarrollo capitalista, caracterizada por el proceso de
globalización económica, resulta un fenómeno cada vez más frecuente la
empresa multilocalizada que m antiene instalaciones en diversos territorios. De
este modo, resulta interesante poder cuantificar qué parte del empleo y de la
producción de un territ orio es aportada por empresas con sede en el mismo y qué
parte procede de empresas multiloca lizadas con sede central en el exterior.
Las estimaciones que en este sentido se han realizado para el caso
andaluz atribuían en 1996 un 74,6% de la masa salarial recibida por los
trabajadores andaluces y generada en establecimientos sitos en Andalucía a
entidades domiciliadas fiscalmente en la comunidad autónoma. Por consiguiente,
el 25,4% de los salarios recibos por trabajadores andaluces fueron abonados por
empresas con domicilio fiscal en otras Comunidades Autónomas pero con
establecimientos en Andalucía (Consejería de Economía y Hacienda,2000:15-
16) 12 .
Estos datos sitúan a Andalucía entre las comunidades autónomas en las
que la importancia de las empresas con domicilio fiscal en el exterior es mayor,
junto con Extremadura y las dos Castillas. Por el contrario, Madrid y Cataluña se
encontrarían en la situación completamente opuesta, en tanto a las empresas con
domicilio fiscal en estos territorios se les imputa una masa salarial superior a la
que abonan a los asalariados residentes en dichas regiones.
Si en lugar de l os salarios consider amos como variable e l empleo las
conclusiones obtenidas resultan similares. En 1996 el 81% de los asalariados
andaluces trabajaban en empresas con domicilio fis cal en Andalucía, frente al

12 Estas estimaciones se basan e n los datos proporci o nados por la esta d ística de “Empleo,
Salarios y Pensiones en las Fuentes Tributarios”, publicada por la Agencia Tributaria y el Instituto
de Estudios Fiscales que suministra información relativa a empleo y salari os según el domicilio
fiscal de la em presa pagadora y el domicilio del tra bajador.
278

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
19% restante que lo hacía en empresas con domicilio fiscal fuera de la
Comunidad Autónoma (Consejería de Econo mía y Hacienda,2000:15-16). Al igual
que en el caso anterior, estos datos sitúan a Andalucía junto con Extremadura y
las dos Castillas ent re las regiones con niveles más altos de penetración de
empresas externas.
Estos datos nos hablan de una c orrelación evidente entre el grado de
desarrollo económico de los territorios y la fortalez a de su tejido empresarial.
Aquellas Comunidad es Autónomas para las que las empresas con domicilio fiscal
en la Comunidad tienen un mayor peso co mo empleadores de los trabajadores
regionales son aquéllas con mayo res niveles de renta per cápita y a la inversa.
Así mismo, de los datos anteriores se puede extraer también otra
conclusión interesante al apreciarse cómo el porcentaje que representan las
empresas co n domicilio fiscal en A ndalucía es mayor respecto al empleo de
trabajadores regionales que respecto a la masa salarial total pagada a los
trabajadores andaluces. Por consiguiente, puede concluirse que las empresas con
domicilio fiscal en Andalucía abonan salarios medios por debajo de los que pagan
las empresas con domicilio fiscal fuera de Andalucía a los trabajadores que
emplean en nuestra región (1.554.636,7 ptas frente a 2.253.174,5 ptas en 1996,
respectivamente).
De esta forma, queda de manifiesto como la fortaleza de las empresas
repercute en la capacidad de generar rentas, no sólo a los empresarios y
capitalistas, sino a los propios trabajadores y que la debilidad del tejido
empresarial andaluz perjudica a los trabajadores andaluces, tanto en términos de
una menor capacidad de generación de em pleo, como en cuanto a niveles
salariales a los que pueden acceder.
V.3.4. La calidad del empresario andaluz
Como se ha señalado con anterioridad, las características del tejido
empresarial en un territorio son en buena medida reflej o de la propia personalidad
279

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
y comportamiento de su clase empresarial. Es por ello que no podemos dar por
cerrada esta visión general de la estructura empresarial andaluza sin detener nos
brevemente en la figura del empresario.
No son muchos los trabajos empíricos disponibles que nos permitan
aproximarnos a la realidad inmediata de las empresas y de los empresarios
andaluces. Un estudio de referencia en este sentido es sin duda el realizado con
la coordinación de Emilio Díez de Castro y publ icado por el Instituto de Fomento
de Andalucía bajo el título de La empresa en Andalucía (1995). En él se nos
muestra un perfil de lo s empresarios y de las empresas andaluzas a partir de una
encuesta planteada a escala regional. Así mismo, resulta obligado reseñar los
trabajos se vienen realizando en el grupo de investigación “Las PYMEs en el
desarrollo económico” de la Universidad de Sevilla, bajo la dirección del profesor
Joaquín Guzmán Cuevas.
De la información disponible se pueden extraer algunas conclusiones en
relación con los diferentes aspectos que, según la concepción de Santos
Cumplido (2001), conforman la calidad de l empresario proyectándose sobre el
dinamismo de las empresas andaluzas.
En este sentido, en el capítulo anterior se afirmó como la preferencia por el
trabajo por cuenta propia representa una condición neces aria para la existencia
de un empresario de calidad, en la medida en que constituye una muestra del
anhelo de autonomía consusta ncial a la figura del empresario.
Son pocos los empíricos existentes que nos permitan obtener informa ción
sobre esta característica de los empresarios. En el trabajo de Guzmán Cuevas
(1995:135) sobre los empresarios de la provi ncia de Sevilla se señalaba como el
60,7% de los empresarios de la muestra afirmaban preferir el trabajo por cuenta
propia. Así mismo, en el trabajo de Santos Cumplido (2001:145), también aplicado
al empresario sevillano, el 69,8% de los empresarios consultados se mostraron
contrarios a la pos ibilidad de cambiar su actividad como empresario por un
empleo por cuenta ajena. Este último trabajo permitía observar como la
280

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
preferencia por el trabajo por cuenta propia resultaba menor en los empresarios
con empresas de menor tamaño (Santos Cumplido, 2001:146-147). Tal
comportamiento se puede deber a que muchos pequeños empresarios han
optado por crear su empresa como una salida frente al desempleo, por lo que el
componente vocacional requerido para ser un empresario de calidad no estaría
presente en sus motivaciones. En cualquier caso, la ausencia de una verdadera
predisposición por el trabajo por cuenta ajena condiciona necesariamente las
pautas de dirección de la empresa, influyendo negativamente sobre el dinamismo
empresarial.
En segundo lugar, habría que considerar los exponentes de la calidad del
empresario , es decir, aquellos aspectos cualitativos que conforman la función
dinamizadora. Recordemos que entre estos exponentes de la calidad empresarial
Santos Cumplido (2001) identifica, como se expuso en el capítulo tercero, a la
motivación y los comportamientos dinamizadores.
x La motivación del empresario puede ser extrínseca, cuando la actividad
empresarial se desarrolla para conseguir determinados logros, o intrínseca,
cuando se desarrolla por el mero placer de llevar la a cabo. El tipo de motivación
que presenta el empresario c ondiciona su p redisposición hacia la s conductas
definitorias del empresario de calidad y, por consiguiente, el dinamismo de la
empresa.
En el trabajo coordinado por el Pro f. Díez de Castro (1995) sobre la
empresa andaluza, el 20,4% de los consultados afirmaron haberse decantado por
la actividad empresarial por cons iderarla la “mejor forma de pr osperar”, el 18,5%
por “tener mi propio puesto de trabajo”, el 17,4% por “llevar a la práctica la idea”,
el 15,5% para “ser mi propio jefe”, el 12,3% “por el futuro de la familia”, el 12,3%
mencionó otras motiv aciones y un 2,1% no contestó a la pregunta. Por lo tanto, la
motivación intrínseca estaría presente en el 32,9% de los casos, mientras que el
51,2% mostraría una motivación extrínseca (Díez de Castro et alia, 1995:244-
245).
281

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
- Los movimientos migratorios, ent re las regiones españolas hacia el
exterior, que habrían condiciona do la convergencia vía empleo per cápita.
En relació n con el primero de los factores señalados, resulta útil plantear la
economía regional como una combinación lineal de sectores productivos, de
modo que puede descomponerse la productividad aparente media nacional tal
como un sigue: ¦ ¦ ¦ ¦ ¦ ¦   K
i
i
i
K
i
i
K
i
i
i
K
i i
i
K
i
i
K
i
i
EMP
EMP
A P
EMP
EMP
EMP
VAB
EMP
VAB
EMP
VAB
A P
1
1
1
1
1
1 . . . .
donde P.A. representa la productividad aparente del trabajo y EMP el número de
empleos, indicando el subíndice i cada uno de los sectores o ramas de actividad
considerados. De este modo, la productividad aparente media de una economía
puede concebirse como una m edia ponderada de los niveles de productividad
aparente de los diversos sectores, donde las ponderaciones serían el pes o
relativo de cada sector en el empl eo total
De este m odo, se pueden relacionar las potencialidades de crecimiento
regional y las pautas de convergencia (o divergencia) con las características de la
estructura productiva. Concretamente, manteniéndose constante la productividad
de todos los sectores, cualquier cambio en la estructura productiva que suponga
un incremento de la importancia de los sectores con mayores niveles de
productividad en perjuicio del peso relativo de sectores con menores niveles de
productividad reperc utirá en un incremento de la productividad media de la
economía.
Con carác ter general, las actividades agrarias presentan niveles de
productividad aparente del trabajo inferiores a los del sector industrial o de los
servicios. Así mismo, en las regiones más atrasadas el sector agrario suele
mantener un tamaño superior al que presen ta en las regiones más avanzadas.
288

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
Desde los años cincuenta en las regiones más atrasadas, en términos
generales, el sector agrario ha perdido impor tancia relativa a un ritmo mayor que
en las regiones más desarrolladas, lo que ha favorecido la elevación más rápida
de los niv eles medios de productividad y con ello la convergencia real con la
media nacional. No obstante, a partir de 1993 se interrumpe el proceso de
aproximación de las estructuras productivas de las regiones españolas, lo que ha
representado un freno a la convergencia en productividad (García-Greciano y
Raymond, 1999:8).
Por otro lado, en los años cincuenta y sesenta se produjeron corrientes
migratorias muy fuertes que tenían como origen las regiones más atrasadas como
Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía y como destino las regiones más
avanzadas principalmente Cataluña, País Vasco y Madrid o otros países
europeos (Alemania, Suiza, Francia, etc. ). Estos procesos actuaron como una
válvula de escape al desempleo en la s regiones de origen y determinaron un
aumento del nivel de empleo per cápita. De esta forma, los movimientos
migratorios contribuyeron a que el crecimiento del Valor Añadido Bruto per cápita
fuera más intenso en las regiones más atrasadas en comparación con las m ás
ricas en los años c incuenta y s esenta, con los consiguientes logros en tér minos
de convergencia real.
Sin embargo, a partir de la crisis de los setenta las tasas de desempleo s e
elevaron en las regiones de destino, lo que supuso un freno a los movimientos
migratorios al reducirse las posibilidades para los emigrantes de encontrar un
empleo en las zonas de acogida. De este m odo, se perdió también el segundo de
los mecanismos de convergencia que habían operado con anterioridad, lo que
explica parcialmente el estancamiento del proceso de c onvergencia a partir de
este momento (García -Greciano y Raymond, 1999:3) 18 .

18 De hecho, la productividad aparente del trabajo en las regiones españolas ha seguido
convergiendo hasta 1993, pero ello no se ha traducido en convergencia en VAB per cápita debido
a la tendencia de divergencia que ha existido en el empleo per cápita, especialmente en el período
1977-1987 (Garc ía-Greciano y Raymo nd, 1999:4).
289

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
Las anteriores consideraciones resultan de aplicación al caso concreto de
Andalucía. No obstante, siendo lento en términos generales el ritmo de
convergencia para el conjunto nacional, el acercamiento de Andalucía a la media
nacional ha resultado, si cabe, aún más pausado (Jimeno, Her nanz e Izquierdo ,
2001:17). De este m odo, según los datos de la Fundación BBVA la renta per
cápita andaluza se situaba en el 72% de la renta per cápita media española en
1967 y se elevó sólo hasta a un 75% aproximadamente en 1997 (Jimeno,
Hernanz e Izquierdo , 2001:17).
La productivi dad aparente en Andalucía creció durante este período a un
ritmo muy próximo al resto de España lo que explica la reducida velocidad de
convergencia (se multiplicó por 2,6 en Andalucía y por 2,4 en el resto de Es paña).
Son muchos y variados los factores que inciden s obre el crecimiento de la
productividad aparente del trabajo, pero entre ellos cabría destacar la inversión,
en capital físico y humano, junto a la innovación y la elevación del nivel
tecnológico.
A este respecto, el stock de capital físico por ocupado en Andalucía ha
mejorado sustancialmente, de modo que partiendo de valores inferior es a la
media nacional a mediados de los sesenta, tanto para el capital público como el
privado, se han alcanzado valores superiores a la media nacional a finales de los
noventa en ambos casos. Por el contrario, las mejoras indudables en el nive l
educativo y en el esfuerzo de I+D en Andalucía no han sido suficientes para
recortar las diferencias con los prom edios nacionales (Jimeno, Hernanz e
Izquierdo , 2001:21-24).
Hay que tener presente también que la estructura productiva actúa como
un factor condicionante del crecimiento regional y por extensión de la capacidad
para converger con la media nacional o comunitaria (Cuadrado et alia,1998:268-
269). Si nos situamos en el caso hipotético de que se mantenga sin c ambios la
estructura sectorial de una economía, el efecto estructural de la especialización
productiva sobre el crecimiento se origina por el lado de la oferta y por el de la
290

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z
demanda. Desde la vertient e de oferta, la repercusión de debe a las diferencias
en el ritmo de creci miento de la productividad de los distintos sectores 19 , mientras
que en la vertiente de demanda el im pacto se produce vía diferencias en la
elasticidad renta (Rodríguez Nuño,1997:154).
Concretamente, la especialización andaluza supone un obstáculo a l
crecimiento regional 20 y a la convergencia real puesto que la economía andaluza
se concentra en ramas prod uctivas con un crecimiento lento de la productivid ad y
de demanda débil o media (con una elas ticidad de la demanda respecto de la
renta baja o intermedia). Esto implica que para la economía andaluza su patrón
de especialización supone un freno al crecim iento regional en la medida en que
las actividades agrarias o los servicios, así como las industrias tradicionales con
bajo nivel tecnológico , que son los sectores con menores crecimientos de la
productividad en términos reales, tienen una importancia relativamente mayor en
su sistema productivo que en el conjunto nacional (Casillas y Galán ,1999: 209).
Por lo que se refiere al nivel de empleo per cápita, el otro de los factores,
junto a la productividad ap arente, en que puede descomponerse el VAB per
cápita, y a efectos de comprender mejor los motivos que explican las pautas de
convergencia de real de Andalucía, resulta interesante descomponerlo a su vez
en dos nuevas variables 21 :

19 En este sentido, considé rese que, como se ha señalado con anterioridad, el crecimiento de la
productividad e n una economía puede entenderse como una media de los crecimientos de la
productividad en los diversos sectores ponderados por el peso porcentual de cada sector en el
empleo total.
20 No obstante, en el trabajo de Rodríguez Nuño (1997) para el conjunto de las Comunidades
Autónomas españolas en el período 1980-92 aplicando el análisis “shift -share” sobre datos de
empleo in dustrial (excluyendo por lo tan to las ramas agrarias y de servic ios) tomados de la
Contabilidad Regional de España del INE se apre cia un efecto estructural positivo para el período
de 1980-85. En cualquier caso, los resultados son c oherentes con los aquí presentados para el
período 1985-92.
21 En esta descomposición se adopta el supuesto simplificador de que el número de empleos es
igual al tamaño de la p oblación ocupada. No obstante, este supuesto dejaría de ser necesario si
se hubiera definido la productividad aparente como cociente entre el valor añadido bruto y la
población ocupada.
291

Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z    Población
Activa Pobl
Activa Pob

l

os Desemplead Activa Pobl
Población
Activa Pobl
Activa Pob

l

EMP
Población
EMP .
.
. .
.
actividad de Tasa desempleo de Tasa   ) 1 (
De este m odo, el niv el de empleo per cápita estaría condicionado por tasa
de actividad y la tasa de desempleo. A este respecto, el incremento que ha
experimentado la tasa de actividad regional ha actuado como un factor
favorecedor de la convergencia real; sin embargo, el comportamiento negativo de
la tasa de desempleo que sufre la comunidad andaluza ha constituido y continúa
constituyendo actualmente un obstáculo fundamental para la convergencia en
renta per cápita con la media nacional (Jimeno, Hernanz e Izquierdo , 2001:20).
En conclusión, Andalucía debe redoblar los esfuerzos para impulsar su
competitividad como vía para fortalecer su crecimiento económico y converger
con las medias nac ionales y europeas. Para ello deberá apostar en mayor medida
por la inversión en capital humano y tecnológico y combatir sin tregua esa lacra
social que constituye su alta tasa de desempleo. En caso contrario, manteniendo
el ritmo de crecimiento actual, Andalucía requeriría 60 años más para alc anzar la
media europea en r enta per cápita y 30 para alcanzar la española, según las
estimaciones de Eurostat.
292

CAPÍTULO VI
PAUTAS DE ARTICULACIÓN SECTORIAL DEL
SISTEMA PRODUCTIVO ANDALUZ

Capítulo VI
Pautas de articulación sectorial del sistema
productivo andaluz
En este capítulo se profundiza en el estudio del s istema productivo andaluz
a través del análisis del entramado de relaciones intersectoriales que lo
conforman, utilizando para ello como fuente principal las últimas Tablas I nput-
Output de Andalucía elaboradas por el Instituto de Estadística de An dalucía (IEA)
estimadas para el año 1995 (Instituto de Estadística de Andalucía,1999) 1 .
El Marco Input-Output de Andalucía 1995 se ha elaborado conforme a la
metodología del nuevo Sistema Europeo de Cuentas Nacionales, Regionales y
Trimestrales de la Unión Europea (SEC-95), de modo que constituye una
operación estadística comparable a escala europea. El Marco Input-Output de
Andalucía 1995 incorpora cambios impor tantes respecto a los criterios
metodológicos aplicados con anterioridad en las tablas Input-Output para
Andalucía estimadas para los años 1975, 1980 y 1990 2 .
El objetivo fundamental de este capítulo es mostrar una vis ión general de
las pautas de articulación intersectorial que caracterizan a la estructura productiva
andaluza. De este modo, se identificarán aquellas ramas productivas que
muestran una mayor integración en el sistema productivo regional y,

1 A lo largo de este c apítulo, se definirán sucintamente los indicadores que se empleen. No
obstante, en el Anexo I se realiza una presentaci ón elemental de los fundamentos básicos del
análisis input- output.
2 Entre las novedades introducidas cabe señalar un sistema de tablas, compuesto por tr es tablas
diferenciadas –la Tabl a de Origen de la oferta pro ductiva, la Tabla de Destino de la Producci ón y la
Tabla Input- Output simétrica- o la adopción de un nuevo método de valoración que distingue entre
producción a precios básicos, producción a pr ecios de mercado del productor y producción a
precios de adquisi ción o precios de me rc ado del comprad or.
295

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
consecuentemente, una mayor capacidad para impulsar un crecimiento y
desarrollo endógeno a escala regional. En este sentido, el estudio estará centrado
en las Tablas Input-Output de Andalucía pa ra 1995 (TIOAN-95), sin que nos
propongamos analizar el cambio estructural operado en las relaciones
intersectoriales de la economía andaluza a partir de la comparación con las tablas
disponibles para años anteriores.
Este capítulo VI se iniciará con la observación de los principales
encadenamientos directos que se esta blecen entre las ramas productivas
andaluzas, utilizando para ello los coeficientes de ligazones de Chenery-
Watanabe. A partir de ellos se clasificarán las ramas de actividad en función de la
intensidad de los encadenamientos que mantienen con otros sectores. A
continuación, en el segundo apartado, se profundizará en el análisis de los
encadenamientos directos, empleando los coeficientes de ligaz ones de Streit para
identificar las cadenas de producción y los complejos industriales que contribuyen
a vertebrar el sistema productivo regional. Finalmente, en el tercer apartado, se
trabajará con la matriz inversa de Leontief a fin de aproximarnos , a través de los
índices def inidos por Rasmussen, a la capacidad de arrastre y de empuje de las
ramas productivas andaluzas, considerand o no sólo los efectos directos, sino
también los impactos interindustriales indirectos.
Las TIOAN-95 se han elaborado con una desagregación en 89 ramas de
actividad 3 , pero el IEA las presenta también en una ver sión reducida en 30 ramas
de actividad. Con carácter general, a lo lar go de este capítulo y de los siguientes
se trabajará con el máximo nivel de des agregación disponible; no obstante, se
optará por utilizar la tabla menos desagregada cuando se estime que est a
alternativa introduce una mayor claridad en el análisis.
Conviene también precisar en esta introducción que todos los indicadores
que aparecen en este capítulo han sido c alculados a partir de los consumos

3 No obstante, en dos de estas 89 ramas: la número 8 –“Extracció n de crudos de petróle o y gas
natural”- y la número 9 –“Extracción de minerales de uranio y to rio”- no existe producción regional,
por lo que no se consideran en este trabajo.
296

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
intermedios regionales , descontando, por lo tanto, el empleo que hacen las
diversas ramas productivas de inputs procedentes del exterior de la Comunidad
Autónoma andaluza. De esta forma, se ponen de manifiesto sólo las relaciones
interindustriales entre las unidades productivas es tablecidas en el territorio
andaluz, sin tener en cuenta los consumos intermedios de inputs de importación 4 .
VI.1. LAS RELACIONES INTERSECTORIALES EN EL SISTEMA
PRODUCTIVO ANDALUZ A TRAVÉS DE LOS ENCADENAMIENTOS
DIRECTOS
El grado de articulación de un s istema productivo está determinado por la
intensidad de las relaciones de compraventa de inputs intermedios que enlazan
unas ramas de actividad con ot ras. Los encadenamientos directos se refieren a
las transacciones interindustriales que m antienen cualesquiera dos sectores,
cuando uno de ellos adquiere el output del otro para utilizarlo como input en su
propio proceso de producción. De este modo, un aumento en la producción de la
rama cliente inducirá como “efecto directo” un incremento en la producción de la
rama suministradora del input intermedio. Sin embargo, al estudiar los
encadenamientos directos no se consideran los requerimientos indirectos que se
generan en el resto del s istema productivo como consecuencia de la nec esidad
de incrementar la producción de otros inputs intermedios proporc ionados por el
resto de sectores. En el tercer apartado de este capítulo nos ocuparemos de
estos “efectos indirectos” que dejamos al margen por el momento.

4 En el contexto de las TI OAN el co ncepto de importa ción (o exportación) se refiere a las compras
(o ventas) con origen (o destino ) fuera de la Comunidad Autón oma de An dalucía, aunqu e se trate
de transaccio nes con esta blecimientos localizado s en el resto del territorio nacio nal.
297

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.4. Ramas productivas con encadenamientos directos hacia adelante
más débiles
Código Denominación Valor
77 Adm inistración púb lica, defensa y segur idad social obligatoria 0,000
78 Edu cación no de merca do 0, 000
80 Acti vidades sanitarias y veterin arias no de merca do 0,000
82 Ser vicios sociales n o de mercado 0,000
89 Hog ares que emplean personal domés tico 0,000
20 Ind ustria del tabac o 0,001
37 Fab ricación de máquinas de oficina y equipos informáticos 0,003
57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 0,029
43 Fab ricación de otro mate rial de transporte 0,032
88 Act ividades diversas d e servicios personales 0,035
55 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y
domésticos
0,042
10 Ext racción de miner ales metálicos 0,059
1 Cultivos de ho rtalizas y frutas 0 ,060
41 Fab ricación de vehículos de motor, remo lques y semirre molques 0,068
79 Edu cación de mercado 0,068
15 In dustrias lácteas 0,079
44 Fab ricación de muebl es 0,084
87 Otras actividades recreativas, culturales y deportivas 0,086
58 Tra nsporte por ferrocar ril 0,091
81 Act ividades sanitarias y veterinarias de mer cado 0,100
Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 ,(IE A; 1999).
Por contra, otras ramas productivas se distinguen por mantener
encadenamientos hacia adelante muy débiles. Estas últimas pueden clasificarse
en tres grupos:
- Actividades cuya producción se destina primordialmente al co nsumo final de l a
población, como por ejemplo, los servicios de las Administraciones Públicas
304

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
(incluyendo educación y sanidad), el servicio doméstico, la industria del tab aco,
los restaurantes o el comercio al por menor y las reparaciones, entre otras.
- Aquellas ramas que producen bienes de equipo cuya venta se computa dentro
de la demanda final como formación bruta de capital. Es éste el caso de la
fabricación de máquinas de oficina y de equipos informáticos.
- Aquellas ramas que destinan una parte significativa de su producción a la
exportación. En este grupo se encontrarían la fabric ación de vehículos de motor
(el 76,8% de la producción regional se exporta), la fabricación de otro material de
transporte (el 94,0%), la extracción de mi nerales metálicos (94,1%) o los cultivos
de frutas y hortalizas (80,1%).
VI.1.4. Clasificación de las ramas productivas andaluzas a partir de los
coeficientes de Chenery-Watanabe
A partir del análisis conjunto de los encadenamientos hacia at rás y hacia
adelante es posible clasificar las ramas de actividad en cuatro tipos (Chenery-
Watanabe,1958:492-493), como puede observarse en el siguiente cuadro:
Tabla VI.5. Clasificación de las ramas de actividad según sus
encadenamientos directos (Chener y-Watanabe)
Encadenamientos hacia adelante
Superior a la media Inferior a la media
TIPO I TIPO II
Superior a la
media Manufacturas
Intermedias
Manufacturas
Finales
Encadenamientos
hacia atrás TIPO III TIPO IV
Inferior a la
media Producción Primaria
Intermedia
Producción
Primaria Final
305

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
A estos efectos, definiremos las medias de los coeficientes de Chenery-
Watanabe como sigue (Fernández Redondo,2001:153) 9 :
¦

¦

¦

¦

¦

¦

i
i
i j
ij
j
j
j i
ij
X
x
X
x
Z P
donde x i j representa los consumos intermedios del sector j de bienes o ser vicios
procedentes del sector productivo i y X i representa la producción efectiva del
sector i.
Según la clasificación de Chener y-Watanabe, las actividades tipo I y II son
fundamentalmente actividades industriales que presentan una alta capacidad de
arrastre del conjunto de la ec onomía. La distinción entre ambas se debe al destino
predominante que se da a la producción: en las ramas tipo II, el output se orienta
predominantemente a la demanda final, mientras que en las ramas tipo I, el
destino principal de la producción es la demanda intermedia de otros sectores.
Por otra parte, las actividades tipo III presentan un bajo grado de elaboración y
proporcionan inputs fundamentales para otras actividades productivas. Se trata
esencialmente de actividades no industriales que producen bienes intermedios
demandados por el resto del sistema productivo (básicamente, actividades
agrarias o servicios al productor). Finalmente, las actividades tipo IV engloba n
aquellas ramas productivas que destinan un producto poco elaborado
directamente a la demanda final, como s ería el caso de la m ayor parte de los
servicios.
No obstante, las consideraciones anteriores hay que matizarlas cuando el
análisis se realiza en términos de consumos intermedios regionales, como es
nuestro caso. En este contexto, por ejemplo, una rama industrial que por las
características de su función de producción aparecería clasificada como tipo I ó II,
dado su us o intensivo de input s intermedios, podría quedar inc luida en el grupo III

9 Para las TIOAN-9 5 estos valores medios se sitúan en 0,300 0.
306

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
ó IV en el caso d e que la mayor parte de los inputs intermedios que requiere
tengan en la práctica un origen exter no a la región. En este cas o, la s
importaciones actuarían como una fuga de renta que lim itaría la capacidad de
arrastre del sector, alterando su clasificación.
Tabla VI.6. Ramas productivas tipo I
(Encadenamientos directos hacia atrás y hacia adelante superiores a la
media)
Código Denominació n
Extracción de carbones
7
Extracción de mi nerales no metál icos ni energéticos
11
Industria de la madera y del corcho (excepto mu ebles)
24
Edición, artes gráf icas y reproduc ción de soportes grabados
26
Fabricación de prod uctos químicos básicos (incl uso agroquímicos)
28
Fabricación de cemen to, cal, yeso y sus derivados
31
Industrias del vidrio y de la piedra
33
Reciclaje
46
Producción y distri bución de energía eléctrica
47
Captación, depuració n y distribución de agua
49
Otros tipos de transporte terrestre y por tubería
59
Transporte marítimo y flu vial
60
Actividades anexas a los transpo rtes
62
Intermediació n financiera
64
Seguros y plane s de pensiones
65
Actividades auxili ares a la intermedi ación financiera
66
Actividades jurídi cas, de contabilidad, etc.
71
Servicios téc nicos de arquitectura e ingeni ería, ensayos, etc.
72
Actividades asocia tivas
85
Producciones de cine, vídeo, radio y televi sión
86
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA;1999).
Al aplicar esta tipología al sistema productivo andaluz, dentro del primer
grupo se encuadran las ramas de actividad que demandan inputs interm edios
regionales y producen bienes intermedios requeridos por el resto del sistema
productivo andaluz, lo que se re fleja en unos encad enamientos directos hacia
307

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
adelante y hacia atrás superiores a la media de las ramas productivas de la
región. Se trata, por lo tanto, de los sectores que se encuentran más integrados
en el tejido productivo regional.
Pertenecen a este grupo 20 ra mas productivas. Figuran en él algunas
industrias básicas -extractivas o energéticas-, como la extracción de carbones, la
extracción de minerales no met álicos ni energéticos, la producción y distribución
de energía eléctrica o la captación, depur ación y distr ibución de agua. Del mismo
modo, aparecen algunas industrias relacion adas con el sector de la construcción,
como la industria de la madera y del corcho (excepto muebles), la fabricación de
cemento, cal, yeso y sus derivados o las industrias del vidrio y de la piedra. Por
último, se encuentran en este grupo las actividades de transporte, los servicios
financieros y alguna otra rama de servicios a las empresas (Actividades jurídicas,
de contabilidad o servicios técnicos de arquitectura e ingeniería, etc.).
Tabla VI.7. Ramas productivas tipo II
(Encadenamientos directos hacia atrás superiores a la media y hacia
adelante inferiores a la media)
Código Denominació n
Extracción de m inerales metáli cos
10
Industria c árnica
12
Elaboración de conse rvas de pescado y de vegetales
13
Fabricación de gras as y aceites
14
Industrias lácteas
15
Industrias de molin ería, pan, gall etas y pastelería
16
Elaboración de vinos y alcoholes
18
Construcción y reparación naval
42
Fabricación de mueb les
44
Construcción de inm uebles y obras de ing eniería civil
50
Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber
57
Servicios sociales de mercado
83
Otras actividades recreativas, culturales y deportivas
87
Actividades divers as de servicios personale s
88
Fuente: Elaboración propi a a partir dato s ext raídos del Siste ma de Cu entas Económicas
de Andalucía. Marco Input-Output 1995 (IEA;1999).
308

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
En el segundo grupo , formado por 14 ramas, se sitúan las actividades que
caracterizadas por una elevada capacidad de arrastre y por su orientación a la
demanda final. Dentro de este grupo se encuent ran fundamentalmente las
industrias agroalimentarias, alguna otra rama industrial, como la fabrica ción de
muebles o la construcción naval; el sector de la construcción y determinados
servicios relacionados con la actividad turística, como los restaurantes y otros
establecimientos para comer y beber o las actividades recreativas y culturales.
Dentro del grupo tercero se encuadran 26 ramas productivas
caracterizadas por pr oducir inputs aplicados a otros procesos productivos y por
carecer de encadenamientos ha cia atrás significativos. En tre ellas se sitúan las
siguientes actividades:
- Cuatro ramas agrarias: el cultivo de la vid y el oliv o, la ganadería, otros
cultivos agrarios y servicios agrarios y la selvicultura.
- Un grupo heterogéneo de ramas industriales, entre ellas dos ene rgéticas
(refino de petróleo y la producción y distribución de gas y vapor de agua) y
algunas actividades relacionadas con la construcción (como la fabricación de
productos metálicos, la fabricación de productos cerámicos, azulejos, ladrillos y
otras tierras cocidas para la construcción o la preparación, instalación y acabado
de obras).
- El comercio al por m ayor y algunos servic ios, principalmente los orientados a
las empresas, como los servicios infor máticos, las telecomunicaciones, las
actividades de investigación y desarrollo, las actividades industriales de limpieza o
la publicidad.
309

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.8. Ramas productivas tipo III
(Encadenamientos directos hacia atrás inferiores a la media y hacia adelante
superiores a la media)
Código Denominació n
Cultivos de vid y olivo
2
Otros cultivos y se rvicios agrarios
3
Producción ganadera y caza
4
Selvicultura y serv icios relacionados
5
Elaboración de cerveza y bebidas no alcohólicas
19
Industria texti l
21
Industria del papel
25
Refino de petró leo
27
Industria de la tra nsformación d el caucho y materias plásticas
30
Fabricación de prod uctos cerámicos, az ulejos, ladrillos y otr as tierras
cocidas para la constru cción 32
Fabricación de productos metálic os
35
Construcción de maqui naria y equipo m ecánico
36
Fabricación de maquina ria y material e léctrico
38
Producción y distribuc ión de gas y vapor de agua
48
Preparación, in stalación y acabado de obras
51
Reparación de vehículos de motor
53
Comercio al por may or e intermedi arios
54
Transporte aéreo
61
Correos y telecomun icaciones
63
Alquiler de maquinar ia, equipos y o tros efectos
68
Actividades informáticas
69
Investigación y desar rollo
70
Publicidad
73
Servicios de in vestigación y segur idad
74
Actividades indust riales de limpieza
75
Otros servic ios a las empresas
76
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999).
Finalmente, en el grupo cuarto se sitúan 31 ram as productivas con
reducida capacidad de arrastre y que producen un output destinado
esencialmente a la demanda final. Se t rata, por lo tanto, de ramas productivas que
310

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
carecen de importancia estratégica dentro del sistema productivo regional, en la
medida en que presentan poc as conexiones con el resto de la ec onomía
andaluza.
Tabla VI.9. Ramas productivas tipo IV
(Encadenamientos directos hacia atrás y hacia adelante inferiores a la
media)
Código Denominació n
Cultivos de hortalizas y frutas
1
Pesca
6
Industrias de otros productos a limenticios
17
Industria del ta baco
20
Industria de la confec ción y de la peleterí a
22
Industria del cu ero y del calzad o
23
Fabricación de otros productos químicos
29
Metalurgia
34
Fabricación de máqui nas de oficina y equi pos informáticos
37
Fabricación de mater ial electrónico y equipos de radio y tele visión
39
Fabricación de equip o médico y apar atos de precisi ón, óptica, etc.
40
Fabricación de vehíc ulos de motor, remolques y sem irremolques
41
Fabricación de otro material de tra nsporte
43
Otras industrias man ufactureras
45
Comercio de vehículos y carburantes
52
Comercio al por menor y reparación de efectos personales y domésticos
55
Hoteles, pensiones y otros tipos de hosped aje
56
Transporte por ferro carril
58
Actividades inmobiliaria s
67
Administración pública, defensa y s eguridad social obli gatoria
77
Educación no de me rcado
78
Educación de mercad o
79
Actividades sanitarias y veterinarias no de mercado
80
Actividades sanitarias y veterinarias de mer cado
81
Servicios sociales no de mercado
82
Actividades de sane amiento públi co
84
Hogares que emp lean personal d oméstico
89
Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 ( IEA; 1999).
Es éste el más nutrido de los grupos (alber ga un total de 27 ramas), lo que
da una idea de la desartic ulación que caracteriza al sistema productivo andaluz.
Lo que más destaca de la relación de ram as productivas que se encuadran en él
311

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
es que figuran la mayor parte de las industrias consideradas de nivel tecnológico
alto y medio-alto. Es el caso de la fabricación de otros productos químicos, la
fabricación de máquinas de oficina y equipos inform áticos, la fabricación de
material eléctrico, la fabricación de material electrónico y aparatos de radio y
televisión, la fabricación de equipos médic os y material de precisión o óptica, la
fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques y la fabricación
de otro material de transporte. Por lo tanto, estas industrias, que tienen escasa
implantación en la economía andaluza, se encuentran adem ás poco integradas en
el sistema productivo regional. En el capítulo posterior se profundizará en el
análisis de esta problemática
Conviene hacer notar que a lo largo de este apartado así como el que
sigue, al valorar la relevancia de los encadenamient os no se tiene en cuenta la
importancia cuantitativa que las distintas ramas productivas presentan en la
economía regional. En el último epígrafe de este capítulo, en el que se calculan
los multiplicadores de producción en el marco del anális is de impactos, se dará
una visión complementaria que incluirá tal consideración 10 .
VI.2. LAS CADENAS DE P RODUCCIÓN Y LO S COMPLEJO S
PRODUCTIVOS EN LA ECONOMÍA ANDALUZA
Para muchas industrias la proximidad con otras actividades qu e actúan
como proveedores o clientes constituye un importante factor de localización. Por
consiguiente, los sectores productivos vinculados por encadenamientos fuertes
tienden a localizarse juntos en el espacio y conformar complejos productivos
diferenciados en el conjunto del sistema productivo (Streit,1969:178).

10 En cualquier caso, es posible calcular unos encadenamientos directos ponderados aplicando a
los coeficientes de Ch enery-Watanabe unos pesos qu e pueden ser bien el valor de los inputs o
outputs totales del corre spondiente sector o bien po r la proporción entre la producción de l sector y
la producción total (Fernández Redondo, 2001:157-1 58).
312

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
VI.2.1. Los coeficientes de ligazones de Streit
Para identificar estas cadenas de producción emplearemos los c oeficientes
de Streit (1969), que proporcionan una estimación de la intensidad de las
relaciones que se establecen entre cualquier par de sectores distinguiendo entre
ligazones específicas de oferta y de demanda.
- Ligazones específicas de oferta (LEO) entre dos ramas : Se calculan como
cociente entre la parte de la producción que el sector i entrega al sector j y el
output intermedio total producido por el sector i.
¦ n
j
ij
ij
ij
x
x
LEO
1
- Ligazones específic as de demanda (LED) entre dos ramas : Se calculan
mediante el cociente entre el consumo intermedio que el sector j hace de
productos procedentes del sector i y el conjunto de los inputs intermedios
consumidos por el sector j. ¦ n
i
ij
ij
ij
x
x
LED
1
Estos dos tipos de ligazones se pueden calcular para los dos flujos po sibles
de inputs intermedios entre cualesquiera dos ramas productivas ( X y X
ij ji ) da ndo
lugar a cuatro posibles conexiones: LED ij , LED , LEO
ji ij , LEO ji .
De este modo, puede definirse el coeficiente simétrico de Streit entre
cualesquiera dos ramas productivas como la media aritmética de los cuatro
coeficientes de ligazones específicas (Streit,1969:179):
) (
4
1
ji ij ji ij ij LED LED LEO LEO CS    313

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
VI.2.2.1. El complejo agroalimentario
El núcleo central del complej o agroalimentario está constituido
esencialmente por 14 ramas productivas, según la desagregación ofrecida en las
TIOAN-95, que suponen el 13% del PIB andaluz y el 43% de las exportaciones y
pueden clasificarse en dos grupos:
a) El sector agrario y la pesca, compuesto por las siguientes seis ramas: los
cultivos d e hortalizas y frutas, los cultivos de la v id y el olivo, otros cultivos y
servicios agrarios, la ganadería y la caza, la silvicultura y los servicios
relacionados y la pesca.
b) Las industrias alimentarias y de bebi das, comprendiendo la industria cárnica; la
elaboración de conserv as de pescado y vegetales; la fabricación de grasas y
aceites; las industrias lácteas; las industrias de molinería, pan, galletas y
pastelería; las industrias de otros productos alimenticios; la elaboración de v inos y
alcoholes y la elaboración de cerveza y bebidas no alcohólicas.
Estas ramas presentan vínculos impor tantes con otras que las proveen de
determinados suministros básicos necesarios para su actividad o les pr estan
determinados servicios intermedios. En concreto, las ramas agrarias, en general,
demandan inputs pr ocedentes de la fabricación de produc tos agroquímicos
(fertilizantes y fitosanitarios) y la captación, depuración y distrib ución de agua o el
comercio al por m ayor. Por su parte, entre las industrias alimentarias, la industria
de la cerveza y de las bebidas no alcohólicas realiza compras abundantes a la
industria de la transformación del caucho y materias plásticas y la industria del
vino y de alcoholes depende para el embotellado de sus productos de la industria
del vidrio.
320

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.10. Importancia cuantitativa del complejo agroalimentario en la
economía andaluza. Porcentajes respecto al VAB y a las exportaciones
totales
Código Denominación VAB Exportaciones
1 Cultivos de hortaliza s y frutas 2,36 9,54
2 Cultivos de vid y olivo 2,83 0,73
3 Otros cultivos y servicios agrarios 1,12 1,82
4 Producción ganadera y caz a 1,22 2,65
5 Silvicultura y servicios relac ionados 0 ,18 0,28
6 Pesca 0,33 0,21
Total Sector Agrario y Pesca 8,0 15,2
12 Industr ia cárnica 0,54 1,15
13 Elaborac ión de conservas de p escado y de veget ales 0,45 2,84
14 Fabricac ión de grasas y ace ites 0,68 11,26
15 Indust rias lácteas 0,29 1,01
16 Industri as de molinería, pan , galletas y pastele ría 0,76 2,66
17 Indust rias de otros pro ductos alimenticios 0,79 4,59
18 Elaborac ión de vinos y alcoho les 0,51 3,49
19 Elaborac ión de cerveza y bebi das no alcohóli cas 0,48 1,21
Total indust rias alimentarias 4, 5 28,2
Total Complejo Agro alimentario 12,5 43,4
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999).
Por otro lado, también existen vínculos importantes entre algunas ramas
del complejo agroalim entario y otras ac tividades industriales que emplean inputs
procedentes del sector primario. Es el caso de los encadenamientos entre la
industria textil y la industria del tabaco con la rama otros cultivos agrarios, por las
compras de fibras textiles de origen vegetal en el cas o de la primera, y de tabaco,
en el de la segunda; o la relación existente entre la industria de la madera y de l
papel con las actividades forestales.
321

Figura VI.2. COMPLEJO AGROALIMENTARIO
-RAMAS QUE SUMINI STRAN INPUTS AL SE CTOR AGRARIO-
Comercio al por mayor Prod. Agroquí micos Captación, Depuración y Distribución de Agu a
54 28 49
-S. AGRARIO Y Horta. y V id y Otros Culti vos y Ganad. y Silvicultura Pesca
PESCA - Frutas 1 Olivo 2 S. Agrarios 3 Caza 4 5 6

33
V i d r i o
T a b a c o 2 0
3 0

Textil 21 Caucho y Mat.Plást.
-RAMAS QUE
Madera 24 SUMINISTRAN
INPUTS A LAS
-INDUSTR IAS 12 13 14 15 16 17 18 19 INDUSTRIAS
Papel 25 ALIMENTARIAS- ALIMENTARIAS-
Cárnica Conserv. Gra sas Láctea Mol inería Otras Vino Cerveza

5 7 7 7
Restaurantes AA:PP.
322

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
También existen importantes encadenamientos entre el complej o
agroalimentario (concretamente, las actividades pesqueras y algunas indu strias
alimentarias) con los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber.
Por lo tanto, a través de estos destinos finales, el complejo agroalimentario se
pone en c ontacto con las actividades de carácter turístico que conforman otro
complejo central en la estructura productiva regional.
VI.2.2.2 El complejo de la construcción
El complejo de la construcción se artic ula en torno a dos ramas
productivas: principalmente, la construcción de inmuebles y obras de ingenierí a
civil 16 y, en segundo lugar, la preparación, instalación y acabado de obr as.
Conjuntamente, ambas ramas representan el 8,9% del PIB regional y el 10,1% de
los puestos de trabajos equivalentes a tiempo completo.
A su vez, forman parte de este complejo industrial una serie de ramas
proveedoras de inputs necesarios para la actividad de la construcción, como la
extracción de minerales no metálicos, ni energéticos; las industrias de la madera y
del corcho (excepto muebles); la industria del cemento, la cal, el yeso y sus
derivados; la industria de los productos cerámicos, los azulejos, los ladrillos y
otras tierras cocidas para la construcción; las industrias del vidrio y de la piedra; la
industria de los productos metálicos o la industria de la maquinaria y de material
eléctrico. Estas ramas mantienen un estrecho grado de integración con el sector
de la construcción hasta el punto de que está creciendo el uso de componentes
prefabricados que se entregan a pie de obra, lo que implica la transferencia de
parte del valor añadido a las propias industrias proveedoras (José Javier
Rodríguez,1995:456).

16 Dentro de la ingeniería civil se incl uyen la const rucción de infraestructuras hidráulicas, de
transporte, de comunicaci ones.
323

Extracción de Madera . Cemento, Prod. Cerámicos, Vidrio Productos Maquinaria
minerales no y Corcho Cal y Yeso Ladrillos, etc. y Piedra Metálicos y material Eléctrico
metálicos
11 24 31 32 33 35 38
Transporte Servicios de
Marítimo Arquitectura,
y Fluvial Ingeniería, etc.
59 72
5 0
CONSTRUCCIÓN DE 51
INMUEBLES Y OBRAS DE INGENIERÍA CIVIL
Preparación, Inst alación
y acabado de obras
Figura VI.3. COMPLEJO DE LA CONSTRUCCIÓN
6 7
Actividades Inmobiliarias
324

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Así mismo, el sector de la construcción también recurre en su proceso
productivo a dos ramas de servicios: el transporte marítimo y fluvial y los servicios
técnicos de arquitectura, ingeniería, ensayos, etc.
Por otra parte, los vínculos intersectoriales del complejo de la construcción
por el lado de la oferta no son muy importantes, ya que el destino de su actividad
es fundamentalmente la demanda final y, en concreto, la formación bruta de
capital. No obstante, destaca, en este sentido, el papel desempeñado por una
rama del complejo turístico: las actividades inmobiliarias.
VI.2.2.3 El complejo turístico
La delimitación de las ramas productivas que podrían considerar se dentro
del denominado como sector turismo se revela un ejercicio problemático, puest o
que no existe ninguna actividad que por su propia naturaleza derive en todos los
casos en un servicio de carácter turíst ico (Jesús Rodríguez,1995:504). Por
ejemplo, el gasto en rest aurantes, y otros establecimientos para beber y comer
realizado por los turistas no puede separar se del realizado por los residentes o
por los trabajadores que, por motivos de trabajo, tien en que des plazarse fuera de
su lugar de residencia.
No obstante, es posible identificar una serie de actividades que eventualmente
tienen un carácter turístico; a saber:
- Los servicios de hoteles, pensiones y otros tipos de hospedaje.
- Los servicios de restaurantes y otros lugares donde comer y beber.
- Las actividades de transporte, aunque sólo en lo que se refiere al transporte
de viajeros.
- Otras actividades anexas a los transportes, donde se incluyen, por ejemplo, la
explotación de aparcamientos y los servicios de las agencias de viajes.
- Actividades inmobiliarias, en concreto, las relacionadas con el alquiler de
apartamentos de temporada.
- El alquiler de maquinaria, de equipos y otros efectos, aunque s ólo en lo que
respecta al alquiler de automóviles.
325

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
- Otras actividades recreativas, culturales y deportivas.
En menor medida también tienen en ocasiones un carácter turístico el
comercio al por menor y las reparaciones de efectos personales y domésticos y
las actividades diversas de servicios personales.
En conjunto, estas ramas productivas representan un 18,2% del PIB
andaluz y un 12,7% del empleo (o un 27,6% del PIB y un 27,2 del empleo, si se
incluyen el comer cio al por menor y las reparaciones y las actividades divers as de
servicios personales) 17 . Lógicamente, estas cifras estarían infladas por el hecho
de considerar como turísticas actividades que, pese a estar recogidas en esas
ramas productivas, no tienen ese carácter.
Si se consideran los servicios de alojamiento y los de restauración como el
núcleo c entral de la actividad turística se aprecia la existencia de ví nculos
estrechos entre el complejo turístico c on otras ramas de actividad que le proveen
de inputs intermedios, como la pesca, las industrias alimentarias (la industria
cárnica, las industrias de elaboración de conservas, las industrias lácteas, la
industria de la molinería, el pan, etc., la industria de elaboración de vinos y otras
bebidas alcohólicas, la industria de la cerveza y bebidas no alcohólicas), la
industria del tabaco, las actividades diversas de servicios personales, el comercio
de vehículos, el comercio al por mayor e intermediarios o el comercio al por
menor y las reparaciones. Se confirma aquí, ta l como se comentó con
anterioridad, la conexión existente entre el complejo agroalimentario y la actividad
turística.

17 Según las estimacion es derivadas de las TIOAN-95.
326

Pesca I. Cárnica I. Conservera I. Lácticas I. Molinería I. Vinos I. Cerveza I. Tabaco
6 12 13 15 16 18 19 20
88 56 57 52
Restaurantes y otros
Servicios Hoteles, Pensiones establecimientos para Comercio de
Personales y otros tipos de comer y beber Vehículos
Hospedaje
5 4
C o m e r c i o a l
por mayor
Figura VI.5. COMPLEJO TURÍSTICO
5 5
Comer cio al
por menor
327

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Finalmente, a partir de los coeficientes simétricos de Streit (CS) se han
obtenido los coeficientes de ligazón global (CSG) para todas las ramas al niv el de
desagregación de 30 y 89 ramas productivas, con los resultados que se presentan
en las tablas 5 y 6 del anexo estadístico, respectivamente.
Tabla VI.11. Ramas productivas con Coeficientes de ligazones global (CSG i )
superiores a la media
Código Denominació n Valor
Construcción de inm uebles y obras de ing eniería civil
50 2,664
47 Pro ducción y distribuc ión de energía elé ctrica 2,54 8
54 Come rcio al por mayor e intermediarios 2,228
59 Otro s tipos de transporte terrestre y por tubería 2,201
57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 2,173
Comercio al por menor y reparación de efectos personales y
55 1,790
domésticos
27 Ref ino de petróleo 1,618
64 Int ermediación f inanciera 1,522
76 Adm inistración púb lica, defensa y segur idad social obligat oria 1,488
67 Acti vidades inmobiliarias 1,485
51 Pre paración, insta lación y acabado de obr as 1,442
28 Fab ricación de product os químicos básicos (incluso agroquímicos) 1,348
62 Act ividades anexas a l os transportes 1,329
76 Otr os servicio s a las empresas 1,319
71 Act ividades jurídicas , de contabilidad, etc. 1,317
63 Corr eos y telecomunicaci ones 1,311
73 Publicidad 1,221
3 Otros cultivos y se rvicios agrarios 1,170
14 Fab ricación de grasas y aceites 1,170
34 Metalurgia 1,139
17 In dustrias de otro s productos alim enticios 1,078
87 Otras actividades recreativas, culturales y deportivas 1,062
75 Act ividades industria les de limpieza 1,058
2 Cultivos de vid y olivo 1,025
Producción ganadera y caza
4 1,009
12 In dustria cárnica 0,993
16 Ind ustrias de molinería , pan, galletas y pa stelería 0,984
13 Ela boración de conservas de pescado y de veg etales 0,9 81
22 Ind ustria de la confección y de la peletería 0,980
53 Rep aración de vehícu los de motor 0,968
Edición, artes gráf icas y reproduc ción de soportes grabados
26 0,967
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA; 1999).
Nota. El valor del Coeficiente de Ligazón Global medio es de 0,966.
328

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
La obs ervación de est os coeficientes permite comprobar qué ramas son las
que se enc uentran más integradas en el sistema productivo regional comparando
el valor de los Coeficientes de Ligazón de Streit Globales (CS G) para cada rama
con el Coeficiente de Ligazón Global medi o. En la anterior tabla se incluyen
exclusivamente las ramas con coeficientes de ligazones globales superiores a la
media. Como puede comprobarse la observación de estos datos no conduce sino
a abundar en las consideraciones realizadas a lo largo de las páginas anteriores.
VI.3. EL ANÁLISIS DE IMPACTOS
Una línea de desarrollo de los modelos input-output se ha dirigido a
cuantificar los impactos económicos totales, incluyendo efectos directos e
indirectos, sobre la producción, la renta o el empleo derivados de cambios en
alguna variable exógena al modelo, fundamentalmente la demanda final 18 .
En muchas ocasiones resulta interes ante cuantificar el impacto económico
que el crecimiento de cada sector genera sobre los demás y el impacto que una
expansión general de la demanda ocasiona en la dinámica de cada sector. La
capacidad de un sector de arrastrar con su crecimiento a otras ramas depende de
su grado de integración hacia atrás y, de modo semejante, la sensibilidad de un
sector al crecimiento de otras actividades está condicionada por su grado de
integración hacia adelante.
Los indicadores que se han introducido y comentado en las página s
anteriores miden los encadenamientos interindustriales directos, pero no recogen
los impactos indirectos que se generan ante cualquier aumento de la demanda, ya
esté originado en un único sector o afecte al conjunto del sistema productivo. Ante
un estímulo inicial de la demanda final, las ramas productivas afectadas
responden incrementando su producción, en lo que constituye un impacto de
primer orden. Sin embargo, al incrementar su actividad estas ramas aumentan
sus nece sidades de los bienes y s ervicios intermedios que requier en en sus

18 No obstante, en este apart ado el análisis se limitará a los multipli cadores de producción.
329

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
crecimiento, en tanto su capacidad de arrastre es elevada, mientras que son poco
sensibles al crecimiento del conjunto de la economía. Los sectores tipo I II son
sectores estratégicos porque actúan como suminist radores de inputs para el
conjunto del sistema productivo y pueden dar lugar a estrangulamientos en caso
de que estén insuficientemente desarrollados en comparación con las
necesidades del sistema productivo. Finalmente, se encontrarían los sectores tipo
IV que son sectores poco importantes por su escasa imbricación en el conj unto
del sistema productivo.
En la tabla 8 del anexo estadístico se presentan los valores de los índices
de Rasmussen calculados para las 89 ramas productivas andaluzas. No obstante,
conviene hacer notar que los indicadores anteriores no tienen en cuenta el peso
relativo de cada una de las ramas productivas en la economía regional. Esta
circunstancia puede inducir a errores de int erpretación, en la medida en que, por
ejemplo, podría considerarse como sectores clave para la economía andaluza
determinadas ramas productivas que pres entaran valores elevados para los
índices de Rasmussen pero que tuvieran una escasa implantación en la economía
regional, en cuanto a su participación en el valor de la producción o en el empleo
total.
Para dar una imagen más exacta de los sectores en torno a los cuales se
articula realmente la economía regional se puede introducir el peso de las ramas
productivas como ponderación en el cálculo del índice de poder de dispersión y el
de sensibilidad de dispersión.
En la tabla VI.15 figuran las ramas productivas que se caracterizan por una
mayor capacidad de arrastre, considerando su peso relativo en el conjunto de la
economía regional, al presentar valores del Índice de poder de dispersión
ponderado superior a la unidad.
336

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.15. Ramas productivas con un índice de poder de dispersión
ponderado superior a la unidad
Código Denominació n Valor
50 Construcc ión de inmuebles y obr as de ingeniería civil 9,604
55 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y doméstic. 6,535
54 Comercio al por mayor e in termediarios 4,571
57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 4,214
67 Activida des inmobiliarias 3,555
14 Fabrica ción de grasas y a ceites 3,461
77 Administ ración pública, defensa y seguridad social obligatoria 3,268
59 Otros tipos de transporte terrestre y por tubería 3,115
27 Refino de petróleo 2,504
51 Preparac ión, instalación y acaba do de obras 2,433
64 Intermed iación financ iera 2,349
47 Producci ón y distribución de en ergía eléctric a 2,185
80 Activida des sanitarias y veterinar ias no de merca do 2,117
78 Educació n no de mercado 2,071
1 Cultivos de hortalizas y frutas 1,651
2 Cultivos de vid y olivo 1,481
81 Activida des sanitarias y veterinar ias de mercado 1,471
34 Metalurgia 1,265
17 Indust rias de otros pr oductos alimenticio s 1,221
12 Indust ria cárnica 1,207
28 Fabrica ción de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos) 1,201
4 Producción ganadera y caz a 1,191
16 Industri as de molinería, pan , galletas y pastele ría 1,136
31 Fabricac ión de cemento, cal, yeso y sus deri vados 1,100
62 Activida des anexas a los tr ansportes 1,089
63 Correos y telecomunicaciones 1,065
13 Elaborac ión de conservas de p escado y de veget ales 1,040
Fuente: Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input-Output 1995 , (IEA;
1999).
La conclusión fundam ental que se extrae de estos datos es nuevamente el
elevado poder de arrastre de los tres complejos productivos identificados
anteriormente:
337

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
- El complejo agroalimentario, representado por ramas como la fabricación de
grasas y aceites, los cultivos de frutas y hortalizas, los cultivos de vid y olivo, las
industrias de otros productos alimenticios, la industria cárnica, la produc ción
ganadera y la caz a, las industrias de m olinería, pan, galletas y pastelería, la
fabricación de productos agroquímicos o la elaboración de conservas de pescado
y vegetales.
- El complejo de la construcción, repres entado por la construcción de inmuebles
y obras de ingeniería civil, la preparación, instalació n y acabado de obr as y la
fabricación de cemento, cal, yeso y sus derivados.
- El complej o turístico, en torno a ramas como el comercio al por menor y
reparación de efect os personales y domésticos, los restaurantes y otros
establecimientos para comer y beber, las actividades anexas a los transportes y
otras actividades recreativas, culturales y deportivas.
Se puede apreciar como determinadas ramas que figuran en la tabla VI.12,
como ramas con mayores multiplicadores de produc ción, no aparecen en esta
relación. Esto se debe a que, al tratarse en este caso de multiplicadores
ponderados, aquellas ramas que presentan f uertes encadenamientos hacia atrás,
pero que no tienen un peso significativo en la producción total andaluza, ven
minorado el valor de este indicador. Es el caso de ramas como el transporte
marítimo y fluvial, las producciones de c ine, vídeo, radio y televisión o las
actividades asociativas, entre otras. De modo semejante, algunas ramas que no
se sitúan entre aquéllas con multiplicadores de producción más elevados sí
aparecen en posic iones destacadas aquí, por tratarse de actividades con un peso
cuantitativo importante en la economía andaluza. Es el caso del comercio al por
mayor, el comercio al por menor o los servicios sanitarios y educativos.
338

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Por otra parte, las ramas con un índice de s ensibilidad de dispersión (ISD)
superior a la unidad 21 son, al igual que en el caso anterior, las pertenecient es a
los tres grandes complejos productivos:
Tabla VI.16. Ramas productivas con un índice de sensibilidad de dispersión
ponderado superior a la unidad
Código Rama Valor
54 Comercio al por mayor e intermediarios 8,739
50 Construc ción de inmuebles y obras de ingeniería civil 6,858
67 Activida des inmobiliarias 6,039
Comercio al por menor y reparación de efectos personales y
domésticos 55 5,392
59 Otros tip os de transporte terrestre y por tubería 5,329
47 Producci ón y distribución de en ergía eléctric a 4,696
27 Refino de petróleo 4,228
57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 2,966
64 Intermed iación financ iera 2,607
51 Preparac ión, instalación y acaba do de obras 2,510
2 Cultivos de vid y olivo 2,348
77 Administ ración pública, defensa y seguridad social obligatoria 2,206
14 Fabrica ción de grasas y a ceites 1,991
78 Educaci ón no de mercado 1,682
80 Actividad es sanitarias y veterinarias no de mercado 1,593
63 Correos y telecomunicaciones 1,540
62 Activida des anexas a los tr ansportes 1,37 3
34 Metalurgia 1,347
1 Cultivos de hortaliza s y frutas 1,229
4 Producción ganadera y caza 1,199
81 Actividad es sanitarias y veterinarias de mercado 1,143
28 Fabrica ción de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos) 1,117
17 Industr ias de otros productos alimenticios 1,040
Fuente: Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input-Output 1995 , (IEA;
1999).

21 Como puede apreciarse tambi én aquí existen diferencias entre la relación de ramas con una
sensibilidad de dispersión ponderada más elevada y aquéllas con mayores multiplicadores ante
una expansión múltiple de la demanda, lo que se explica por las mismas razones señaladas
anteriormente.
339

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
- El complejo agroalimentario, representado por los cultivos de la vid y el olivo,
la fabricación de grasas y aceites, los cult ivos de hortalizas y frutas, la fabricación
de productos agroquímicos y las industrias de otros productos alimenticios.
- El complejo turístico, con el comercio al por menor y la reparación de efectos
personales y domésticos, las actividades inmobiliarias, los restaurantes y otros
establecimientos para comer y beber y las actividades anexas a los transportes.
- Y el complejo de la construcción, (la construcción de inmuebles y obras de
ingeniería civil y la preparación, instalación y acabado de obras).
Así mismo, aparecen en la tabla anterior las ramas energéticas, por ser
proveedoras de un input fundamental como es la energía, junto a los servicios de
las Administraciones Públicas y los servicios sanitarios y educativos, por su
relevancia cuantitativa en el conjunto de la economía andaluz a.
Sin embar go, desaparecen de la relación diversas actividades de servicios
a las empresas que, conforme se observaba en la tabla 6.13, se caracteri zan por
elevados multiplicadores ante una expansión múltiple de la demanda, pero que no
han alcanzado aún un peso relevante en la economía regional.
Si se procede a clasificar las ramas productivas andaluzas según su
capacidad de arrastre y de su s ensibilidad ante la evolución de la demanda, de
nuevo se revelan co mo sectores estratégicos para la economía andaluza los
siguientes 22 :
- Las ramas que conforman el complejo agroalimentario, en concreto: los
cultivos de hortalizas y frutas, los cultivos de vid y olivo, la producción ganadera y
la caza, la fabricación de grasas y aceites, las industrias de otros productos
alimenticios, la industria cárnica, la elaboración de conservas de pescado y de
vegetales y las industrias de molinería, pan, galletas y pastelería.
340

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.17. Sectores estratégicos para la economía andaluza
Código Ramas tipo I. ÍPD e ISD pon derados superior es a la unidad
1 Cultivos de hortalizas y frutas
2 Cultivos de vid y o livo
4 Producción ganade ra y caza
14 Fabric ación de grasas y aceites
17 Indus trias de otros p roductos alimentici os
27 Refino de petróleo
28 Fabric ación de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos)
34 Metalurgia
47 Producc ión y distribución de e nergía eléctri ca
50 Constru cción de inmuebles y obras de ingeniería civil
51 Prepara ción, instalación y acab ado de obras
54 Comercio al por mayor e intermediarios
55 Comercio al por menor y r eparación de efe ctos personales y domésticos
57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber
59 Otros tipos de transporte terrestre y por tubería
62 Activid ades anexas a los t ransportes
63 Correos y telecomunicaciones
64 Interme diación finan ciera
67 Activida des inmobiliarias
77 Administ ración pública, defensa y seguridad social o bligatoria
78 Educaci ón no de mercado
80 Activida des sanitarias y veterinarias no de mercado
81 Activida des sanitarias y veterinarias de mercado
Código Ramas pro ductivas tipo II. Í PD ponderado superior a la unidad e ISD
ponderado inferio r a la unidad
12 Indust ria cárnica
13 Elaborac ión de conservas de pescado y de veget ales
16 Industr ias de molinería, pa n, galletas y pastel ería
31 Fabricac ión de cemento, cal, yeso y sus deri vados
Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA; 1999).

22 No aparece ninguna rama productiva tipo III, es decir, con un índice de poder de dispersión
inferior a la unidad p ero un índice de sensibilidad de dispersión su perior a la unidad.
341

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
- El complejo de la construcción, en particular: la construcción de inmuebles y
obras de ingeniería civil, la pr eparación, instalación y acabado de obras y la
fabricación de cemento, cal, yeso y sus derivados.
- Las ramas energétic as, es decir, el refino de petróleo y la producción y
distribución de energía eléctrica.
- El complejo turístico, representado por el comercio al por menor y l a
reparación de efect os personales y domésticos, los restaurantes y otros
establecimientos para comer y beber, otros tipos de transporte terrestre y por
tubería, las actividades anexas a los transportes y las actividades inmobiliarias.
Nuevamente, puede comprobarse como el cuarto grupo es el más nutrido
de todos, lo que da una idea general de la deficiente articulación del sistema
productivo andaluz. En este sentido, debe considerarse sin duda como una
insuficiencia adicional la presencia en este grupo de las indust rias de mayor nivel
tecnológico. Esta situación se debe a dos factores: al reducido peso que tienen
estas ramas en el conjunto de la economía andaluza y a su falta de integración en
el tejido pr oductivo regional; como consecuencia de la cual estos sectores quedan
desvinculados de la dinámica económica regional.
En este el caso de la fabricación de otros productos químicos, la
fabricación de productos metálicos, la c onstrucción de maquinaria y equipo
mecánico, la fabricación de m áquinas de oficina y equipos informáticos, la
fabricación de maquinaria y material eléctrico, la fabricación de material
electrónico y equipos de radio y televis ión, la fabricación de equipo médico y
aparatos de precisión, óptica, etc., la fabricación de vehículos de motor,
remolques y semirremolques y la fabricación de otro material de transporte. La
evolución de estas ramas respondería, en virtud de lo aquí expuesto, a
circunstancias externas y no incide sobre el resto de la economía regional.
342

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
Tabla VI.18. Ramas productivas tipo IV.
(Índice de poder de dispersión ponderado e índice de sensibilidad de
dispersión inferiores a la unidad)
Cód. Cód. Denominación
3 Otros cultivos y servic ios agrarios 44 Fabricaci ón de muebles
5 Silvic ultura y servicios rela cionados 45 Otras in dustrias manufactureras
6 Pesc a 4 6 Reciclaje
7 Extracción de carbones 48 Prod. y distrib.. de gas y vapor de agua
8 Extrac. petróleo y gas natural 49 Captación, depuración y distrib. de agua
9 Extrac. de minerales de uran io y
torio
52 Comercio de vehículos y carbur antes
10 Extracción de minera les metálicos 53 Reparación de vehículos de m otor
11 Extrac. minera les no metal. n i energ. 56 Hoteles, pensiones y otros
15 Industrias lácteas 58 Transporte por ferroc arril
18 Elaboración de vinos y alcohole s 60 Transporte marítimo y fluvial
19 Elabor. cerveza y bebidas no
alcohólic.
61 Transporte aéreo
20 Industria del tabaco 65 Seguros y planes de pensiones
21 Industria textil 66 Activ. auxiliares a l a intermed. financiera
22 Ind. de la confección y de la
peletería
68 Alquiler de maquinaria, equipos y otros
23 Industria del cuero y del calzado 6 9 Actividades informáticas
24 Ind. de la madera y del cor cho (exc.
muebles)
70 Investigación y desarroll o
25 Industria del papel 7 1 Actividades jurídicas, contabilidad, etc.
26 Edición, artes gráficas y
reproducción de soportes grabado s
72 Servicios técnicos de ar quitectura e
ingeniería, ensayo s, etc.
29 Fabric. de otros pro ductos químicos 73 Publicidad
30 Industria de la transfo rmación del
caucho y materi as plásticas
74 Servicios de invest igación y seguridad
32 Fabricación de productos ce rámicos,
azulejos, ladrillos , etc.
75 Actividades industri ales de limpieza
33 Industrias del vidri o y de la pied ra 76 O tros servicio s a las empresas
35 Fabricación de produc tos metálicos 79 Educació n de mercado
36 Constr. maquinaria y equipo
mecánico
82 Servicios sociales no de mercado
37 Fabricación de máquinas de oficina
y equipos informáticos
83 Servicios sociales de merc ado
38 Fabr. maquinaria y mat erial eléc trico 84 Actividades de saneamiento público
39 Fabricación de material elec trónico y
equipos de radio y tel evisión
85 Actividades asociativas
40 Fabricación de equipo médico y
aparatos de prec isión, óptica, etc.
86 Producciones de cine, vídeo, radio y
televisión
41 Fabric. vehículos de motor, etc. 87 Otras activ. recreativas, cultur. y depor.
42 Construcción y reparación naval 88 Activ. diversas de servicios personales
43 Fabric. de otro material d e
transporte
89 Hogares que emplean personal
doméstico
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999).
343

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
VI.4. RECAPITULACIÓN E IMPLICACIONES DESDE LA PERSPECTIVA
DEL DESARROLLO ENDÓGENO
Llegado este momento, conviene reca pitular los principales resultados
recogidos en las páginas anteriores.
El estudio de las relaciones intersectoriales a través de las TIOAN-95 pone
de manifiesto las deficiencias en la articulación interna de la e conomía andaluza,
que se encuentran directamente relacion adas con la debilidad de su tejido
industrial. Las actividades industriales, por la naturaleza de sus funciones de
producción, presentan encadenamientos potenciales muy importantes que las
vinculan a otras ramas productivas. Sin embargo, por regla gener al, en el sistema
productivo andaluz la mayor parte de las ramas industriales carecen de
encadenamientos intensos en el ámbito regional, lo q ue es una muestra evidente
de las deficiencias del desarrollo industrial endógeno.
Esta falta de articulación productiva se pone de manifiesto con espec ial
gravedad en el caso de las ramas de mayor nivel técnico. En las actividades más
intensivas en tecnología, la industria andaluza presenta una desvertebración
intensa que obstaculiza la generación de ef ectos de derrame tecnológico, lo que
supone una limitación al crecimiento de la productividad regional. La máxima
manifestación de este fenómeno son los “enclaves industriales” ligados a grandes
empresas externas que caracterizan algunos de estos sectores, como se
expondrá en el siguiente capítulo.
Por consiguiente, la contribución que estas actividades puedan hacer al
desarrollo endógeno regional es tá condicionada por la capacidad que demuestre
el sistema productivo andaluz de integrarlas y articularlas internamente. En este
ámbito la política industrial y tecnológica andaluza se enfrenta a un reto de gran
importancia.
Frente a estas insuficiencias, el sistema productivo andaluz aparece
articulado en torno a los tres complejos productivos cuya estructura interna se han
344

Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz
analizado en este capítulo: agroalimentario, de la constru cción y turístico. A este
respecto, el complejo turístico actúa en cierta medida como sector “bisagra” en
tanto que presenta vinculaciones con los otros dos.
A su vez, dos de estos complejos, el agroalimentario y el turístico, une n a
su enraizamiento en la estructura pr oductiva regional una s ólida proyección
exportadora. Esto les confiere un elevado valor estratégico desde la perspectiva
del desarrollo endógeno regional.
Por otra parte, también es reseñable la integración en el sistema productivo
regional de otras actividades, como el sector energético o ciertos servicios al
productor que desarrollan una función bás ica como suministradores de inputs
intermedios, como revelan los fuertes encadenamientos hacia adelante que
mantienen con el resto del sistema productivo regional.
345

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
nivel de atomización que caracteriza al tejido empresarial andaluz en com paración
con el conjunto nacional y comunitario, estas definiciones resultan más ajustadas
a la realidad económica andaluza.
VII.1.1.3. Justificación de los indicadores de articulación productiva utilizados
A lo largo de este capítulo, se centra la atención sobre el nivel de
articulación hacia adelante y hacia atrás de las diversas ramas productivas. Entre
los indicadores alternativos que permitirían aproximarse a esta cuestión se
tomarán las dos ratios siguientes:
- La proporción entre los consumos intermedios de origen regional que realiza
cada rama en relación con sus consumos intermedios totales .
A este coeficiente, que refleja de intensidad de los eslabonamientos hacia
atrás que mantiene el sector con otras actividades regionales y con ello su
integración en la estructura productiva andaluza, le denominaremos ratio de
Aprovisionamiento Regional (AR). ¦

¦

i
ij
i
R
ij
j x
x
AR
donde representa el valor del consumo que realiza la rama j de los inputs
intermedios procedentes de la rama i , incluyendo los de origen regional y los de
importación, mientras que se refiere exclusivamente a los consumos
intermedios de origen regional. Por lo tanto, este coeficiente refleja en qué medida
los cons umos intermedios que realiza una rama productiva se satisfacen con
insumos de origen regional.
ij
x
R
ij
x
353

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
Este índice resulta más adecuado, atendiendo al objeto de esta indagac ión,
que otros indicadores alternativos, como podría ser el coeficiente de inputs de
Chenery-Watanabe. La ventaja principal de la ratio de ap rovisionamiento regional
radica en que su valor no se ve modifica do por la importancia relativa de los
inputs intermedios o los factores primarios en el proceso product ivo de la rama,
aspecto que sí afecta al valor del coef iciente de inputs de Chenery-Watanabe. Por
lo tanto, este índice de aprovisionamie nto regional es independiente de las
características de las funciones de producción de cada rama.
- La proporción de la producción total de cada rama que no se destina a la
exportación .
A estos efectos, entendemos por exportación cualquier venta al e xterior de
la Comunidad Autónoma andaluza. Esta variable permite una aproximación a la
medición de la fortaleza de los eslabonamientos hacia adelante que mantiene el
sector con otras actividades dentro del territorio de referencia, de tal forma que
refleja la imbricación del sector en la economía regional desde el punto de vista
de la localización de sus mercados. Este coeficiente, al denominaremos en lo que
sigue Propensión Media hacia el Mercado Interno (PMI ), viene dado por la
siguiente expresión:
i
i
i X
Exp
PMI  1
donde Exp i representa las exportaciones de la rama i y X i su producción total.
La significación económica del grado de integración hacia adelante resulta
problemática. Una primera matización necesaria es que, si bien el indicador
anterior –la ratio de aprovisionamiento regional- s e define exclusivamente en
función de los consumos intermedios, en el caso de la propensión media hacia el
mercado interno no podemos seguir este criterio, dado que en las TIOAN no se
354

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
distingue, dentro del valor total de las exportaciones, la parte que se utiliza como
inputs intermedios frente a aquella parte destinada a la demanda final.
Por lo tanto, un valor reducido para este indicador de integrac ión hac ia
adelante puede darse en situaciones totalmente diferentes: un c aso pos ible sería
el de una rama que produce bienes orientad os a la demanda final y que desarrolla
una intensa actividad exportadora; pero, también mostraría una baja propensión
media hacia el mercado interno una rama productiva que fabricara componentes
intermedios poco elaborados que exportaran para ser sometidos a fases
posteriores de transformación en las que se incorporase, de hecho, la mayor parte
del valor añadido.
Evidentemente, las repercusiones que para el desarrollo r egional se
derivan de estas dos situaciones resultan del todo diferentes: en el primer caso,
nos en contraríamos ante un sector dinámico y competitivo co n capac idad de
actuar como motor del crecimiento regional, si es que mantiene encadenami entos
hacia atrás significativos con otras actividades; mient ras que, en el segundo caso,
el impacto sobre la economía regional del sector considerado se encontraría
limitado por su menguada capac idad de generar valor añadido en la propia región.
En esta última situación, sería preferible que el producto de esas actividades se
incorporara a cadenas de pr oducción regionales, de modo que se aplicaran
procesos de transformación ult eriores y se generara más valor añadido regional,
siempre que ello fuera posible en condiciones competitivas.
VII.1.1.4. Otras variables utilizadas en el análisis posterior
Una forma de diferenciar estas dos situaciones parte de observar con
mayor detenimiento los destinos del output de cada rama, así como de cuantificar
el valor que se genera en la rama en cuestión junto al incorporado por los inputs
intermedios que en ella se utilizan.
Respecto a la primera cuestión, hay que tener en cuenta que en las
TIOAN-95 se desagrega el output de cada rama en cuatro posibles destinos: los
355

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
consumos intermedios regionales de otras ramas, el gasto en consumo final (que
incluye a su vez el gasto en consumo individual de hogares, el gasto en c onsumo
individual de las AA.PP. sin fines de lucro al servicio de los hog ares y el gasto en
consumo colectivo), la formación bruta de capital, y las exportaciones.
De esta forma, puede tomarse como un indic ador aproximativo a la
naturaleza del sector , en lo que atañe, al destino de su producción el definido
como cociente entre los consumos interm edios y los empleos totales, excluidas
exportaciones, como sigue:
i i
j
R
ij
i Exp ET
x
OI 

¦

donde ET representa los empleos totales de la rama i .
A partir de este momento, nos referiremos a es te coeficiente com o
Proporción Regional de Output Intermedios (OI) . Un valor elevado de este
indicador indica que el output del sector se utiliza, al menos e n el mercado
interno, fundamentalmente como inputs intermedios requeridos por el sistema
productivo, mientras que un valor reducido indica que el output de la rama se
destina principalmente, al menos en el mercado interno, a la demanda final.
Por consiguiente, obs ervando la proporción regional de output intermedios
nos aproximaremos al carácter intermedio o fin al de un sector. Concretamente,
identificaremos a los sectores “intermedios” como aquellos con un valor de est e
indicador superior o igual a 0,7, mientras que consideraremos un sector “final” a
aquellos que presenten un indicador inferior o igual a 0,3.
Por otra parte, para comprobar el valor añadido que se incor pora a las
exportaciones se puede utilizar el Multiplicador de Renta Regional (MR) . Los
multiplicadores de renta reflejan la ca pacidad de generación de valor añadido,
directa e indirectamente, a partir de un incremento unitario de la deman da final de
un sector. El multiplicador aquí aplicado se define del siguiente modo:
356

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
1
1
) (   ¦ Ad I g MR
n
i
i
r
j
donde g i es el vector de coeficientes unitarios de valor añadido y su
correspondiente producción efectiva y (I –Ad) -1 es la matriz inversa de Leontief
con coeficientes técnicos regionales.
De este m odo, podrá apreciarse si se está exportando un bien elaborado
de alto valor añadido o un bien poco elabo rado que se destina a otros proceso s
de transformación de mayor complejidad o al menos con mayor capacidad de
generación de valor.
Los valores que presentan las diversas ramas productivas andaluzas para
los cuatro indicadores aquí presentados pueden encontrarse en la tabla 11 del
anexo estadístico.
VII.1.2. La relación entre dimensión empresarial e integración en el
sistema productivo regional. Un primer intento de contraste

Como venimos señalando, nos proponemos en este capítulo ind agar en la
relación existente entre articulaci ón productiva y dimensión empresarial. Es decir,
trataremos de identificar patrones de comportamiento de integración hacia atrás y
hacia adelante diferenciados para los establecimientos empresariales de diferente
dimensión.
La mejor opción para contrastar esta cuestión re queriría disponer de
información referida a establecimientos in dividuales. No obstante, acceder a este
tipo de datos hubier a requerido la rea lización de una encuesta a empresas
andaluzas que conllevaría costes significativos y muchas dificultades para la
obtención de respuestas. Por lo tanto, nos hemos decantado por abordar el
problema de un modo indirecto a partir de las fuentes estadísticas públicas –
DIRCE y TIOAN-.
357

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
Las TIOAN permiten observar el grado de integración hacia atrás y hacia
adelante de las diferentes ramas productivas andaluzas, mientras que a partir del
DIRCE se puede acceder a la distribución de los establecimientos dentro cada
rama productiva por tamaños. A este respecto, si realmente las grandes
empresas presentan menores niveles d e integración en el s istema productivo
regional que las empresas de menor dimensión, cabría esperar que las ramas
donde las grandes empresas t engan una importante presencia r especto al total
deberían mostrar valores bajos para los indicadores de articulación; y, por el
contrario, aquellos sectores donde predom inen las microempresas y las pequeñas
empresas deberían presentar mayores niveles de articulación. De este modo,
como aproximac ión exploratoria, podría compr obarse la posible existencia de
alguna relación de dependenc ia estadística entre las variables que miden la
articulación productiva de cada sector y las variables que reflejan la estructura
dimensional de los establecimientos dentro de cada rama.
Seguidamente, se ha calculado la correlación estadística entre los dos
indicadores de articulación productiva se leccionados -la ratio de abastecimiento
regional y la propensión media hacia el mercado interno-, respectivamente, y la
variable que mide el peso porcentual de cada tam año de estab lecimientos. Con
este fin, se han diferenciado c uatro segmentos de unidades locales según su
tamaño, a saber: grandes establec imientos, pequeños y medianos
establecimientos (PYMES) y mi cro y pequeños establecimientos (MYPES) 2 y se
ha calculado el pes o porcentual de cada tipo de establecimiento para cada rama
productiva.
Este ejercicio se ha abordado por separado para el conjunto de las ramas
productivas andaluzas, salvo el s ector primario (73 ramas 3 ), y sólo para las ramas

2 Aunque estas denominaciones se emplean generalme nte en referencia al tamaño de las
empresas, las apli caremos aquí por extensión en relación con los estab lecimient os.
3 La falta de consideración de las actividades pr imarias se debe a que el DIRCE no proporciona
datos referidos a ellas. Así mismo, se han excluido la ramas 8, conforme a l a desagregación en 89
ramas productivas de las TIOAN-89, por no existir producción regional y las ramas
358

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
industriales –excluyendo los subsectore s de la construcción y energético- (38
ramas), habiéndose obtenido los resultados que se resumen en la tabla VII.1.
La simple aproximación que proponemos permite, pese a sus limitaciones,
apuntar algunas resultados sobre los que se indagará con mayor detenimiento en
las páginas siguientes. A este respecto, resulta interesante, no tanto el simple
valor del coeficiente, que en ningún caso es elevado, sino su signo.
Tabla VII.1. Relación entre la estructura dimensional del tejido empresarial
de las ramas productivas y el grado de integración hacia atrás y hacia
delante de las ramas productivas andaluzas
Coeficiente de Correla ción de Pearson R cuad rado
Ratio de abast ecimiento regional
Totales I ndustriales Totales Indu striales
% Grandes -0,283 -0,301 Grandes 7,99 9,08
% PYMES 0,06 6 -0,262 % PYM ES 0,44 6, 85
% MYPES 0,287 0,300 % MYPES 8,25 9,01
Propensión media al mercado interno
Totales I ndustriales Totales Indu striales
% Grandes -0,281 -0,207 % Grandes 7,92 4,30
% PYMES -0,161 -0,16 1 % PYMES 2,58 2,59
% MYPES 0,323 0,262 % MYPES 10,46 6,85
Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas
Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999) y del DIRCE (INE,20 02).
Grandes : con 100 empleados o más; PYMES : entre 6 y 99 e mpleados; MYPEs: entr e 0 y
49.
A este res pecto, se aprecia cómo el v alor del coeficiente de correlación
entre la ratio de abast ecimiento regional y el porcentaje que r epresentan cada tipo
de empresas según su tamaño (grandes, PYMEs y MYPEs) cambia de signo,
conforme se considera el peso porcentual de empresas de menor tamaño. De

9,58,77,78,80,82,84, 85 y 89, por no existir para Andalucía unidades locales registradas en e l
DIRCE.
359

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
este modo, los coeficientes pres entan, si se toman todas las ramas consideradas,
un signo negativo p ara las grandes empresas y positivo para las MYPEs.
Igualmente, si se reduce el alcance del análisis a las r amas industriales, también
se aprecia como la correlación pasa de ser negativa en el caso de las grandes
empresas a positiva en el caso de las MYPES. Esta circunstancia parece hablar
de la exist encia de una cierta relación negativa entre el tamaño predominante de
los locales empresariales en cada rama y su integración hacia atrás.
Igual relación inver sa parece vislumbrarse entre el tamaño de los
establecimientos empresariales y la integración hacia adelante por ramas
productivas. De este modo, cuanto mayor es la dimen sión preponderante de los
establecimientos, menor es la propensión media hacia el mercado regional, y, por
consiguiente, mayor la orientación a los mercados externos a la Comunidad
Autónoma andaluza. Al menos esta conclusión se desprende de la obs ervación
de los coeficientes de correlación entre el porcentaje que repres enta cada tipo de
empresas según tamaños (grandes, PYM Es y MYPEs) y la propensión media
hacia el mercado interno, tanto si se toman el conj unto de ramas productivas
como si se consideran exclusivamente las ramas industriales.
Por consiguiente, en una primera aproximación, parece que las empresas
de mayor tamaño en la economía andaluza resultan más extravertidas que las de
menor dimensión, tanto desde la perspectiva del aprovisionamiento de los inputs
que necesitan, como desde el punto de vista del destino de su output.
En cualquier caso, los valores de los coeficient es de correlación s on en
todos los casos muy bajos. Esto se debe a que las características de las div ersas
ramas son muy diferentes y sus particularidades influyen en s u comportamie nto
económico y, concretamente, en s u grado de imbricación en la es tructura
productiva andaluza c on independencia de las características que presenten las
empresas que operen en cada una. Ciertamente, hay que tener presente que los
valores de los indicadores de integración para cada rama productiva están muy
condicionados por las características específicas de cada sector (su función d e
producción, la existencia de proveedores regionales, la disponibilidad de materias
360

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
primas, etc.), lo que dificult a la captación con estos datos de una relación entre el
tamaño y el nivel de integración de los establecimientos.
Por lo tanto, a fin de detectar una posible relación entre el tamaño de los
establecimientos y el grado de integración regional, sería necesario poder
controlar los datos por los rasgos específ icos de c ada rama, para lo c ual se
precisa dis poner de un cierto número de observaciones dentro de cada rama
referidas a establecimientos de distinto tamaño. Esta información no la
proporcionan las TI OAN (I EA,99), que están agr egadas a escala de rama
productiva. No obstante, lo s datos de cons umos intermedios y producción regional
más desagregados para cada rama produc tiva que se han obtenido del IEA
permiten retomar más adelante esta cues tión con un tratamiento más riguros o
desde el punto de vista metodológico y una interpretación más fácil.
VII.2. UNA TIPO LOGÍA DE LAS RAMAS PRODUCTIVAS ANDALUZAS EN
FUNCIÓN DE SU PATRÓN DE INTEGRACIÓN REGIONAL VERSU S
INSERCIÓN EXTERIOR
El objetivo final de est e capítulo es la elaboración de una tipología de los
establecimientos industriales andaluces en función de sus pautas de articulación
productiva y su dimensión. Para ello nos apoyaremos en la clasificación que,
aplicada a ramas productivas, propone Aurioles (1989:183-184) y que
presentamos en el capítulo cuarto.
Teniendo en cuenta que el valor de la s variables de articulación está
condicionado claramente por el sector considerado, antes de trabajar con datos
desagregados y comprobar las diferencias que se plantean entre establecimientos
de distinto tamaño, aplicaremos en este epígrafe los criterios de clasificación al
conjunto de ramas productivas andaluzas, para al final del capítulo referirla a los
datos desagregados.
361

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
Por consiguiente, se ha procedido a c lasificar, en función de su grado de
integración regional frente a su grado de inserción externa, los sectores que
conforman el sistema productivo regional en cuatro categorías:
- S ectores internos : Aquellos que se orientan fundamentalmente al mercado
interno y se aprovisionan de sus inputs intermedios en la propia región.
- Sectores netamente exportadores . Aquellos que destinan al exterior la mayor
parte de su producción y se abastecen de los inputs intermedios que necesitan
principalmente en el territorio regional.
- Sectores netamente importadores. Aquellos que acreditan una escas a
capacidad exportadora y dep enden significativamente de las importaciones de
inputs intermedios procedentes del exterior.
- Sectores de tránsito . Aquellos que se prov een de los inputs intermedios que
necesitan en el exterior y destinan la mayor parte de su producción a la
exportación.
Para aplicar en la práctica esta tipología hay qu e trasladar los rasgos
anteriores a unos criterios operativos. Para ello se han considerado relevantes las
dos variables indicativas de la imbricación de un sector productivo en la eco nomía
regional que venimos considerando: la ratio de aprovisionamiento regional (AR) y
la propensión media al mercado interno (PMI). Así mismo, se ha estab lecido como
límite de referencia el 50% para cada variable. De este modo, se puede realizar la
clasificación que aparece en la tabla VII.2.
A su vez, para distinguir los enclaves productivos entre el conjunto de los
sectores de tránsito, se ha considerado el multiplicador de renta reg ional ( MR), de
manera que consideramos como enclaves a aquellos sectores de tránsit o que
presentan un valor del multiplicador inferior al promedio de las ramas productivas
andaluzas.
362

Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional
- La mayor parte de las actividades industriales, sobre todo las de mayor nivel
tecnológico (lo que muestra la debilidad del tejido industrial andaluz y su
desarticulación interna).
- Algunas actividades de servicios.
Estas actividades son las que más contribuyen a agravar el problema de la
dependencia exterior de la economía andaluza debido, al valor de las
importaciones de inputs intermedios que requieren. A estos efectos, resulta
interesante calcular el valor total de las necesidades de importaciones
intermedias, que puede obtenerse a partir de la información contenida en las
tablas input-output andaluzas.
Las necesidades de importaciones intermedias de un sector se estim an
partiendo de la matriz de necesidades de importación, C , cuyo elemento genérico
viene dado por la siguiente expresión:
j
ij
ij X
i
c donde i ij representa el valor de las importaciones del bien i necesarias par a
obtener la producción regional del bien j ( X j ).
La matriz de necesidades totales importación M se construye a partir de la
matriz C como sigue:
1
) (   A I C M
donde el elemento genérico m ij de la matriz representa los requerimientos directos
e indirectos de productos de importación provenientes de la rama i que el s ector j
necesita para incrementar su producción en una unidad adicional.
369

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