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Desarrollo endógeno y articulación productiva un análisis del sistema productivo andaluz

Romero Luna, Isidoro

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UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y EMPRESARIA LES Departamento d e Economía Ap licada I TESIS DOCTORAL DESARROLLO E NDÓGENO Y ARTICULACIÓN PRODUCTIVA. UN ANÁLISIS DEL SISTEMA PRODUCTIVO ANDALU Z Trabajo reali zado para optar al Grado de Do ctor en Econom ía. Autor: Isidoro Rome ro Luna Directores: Dr. Antonio Ra llo Romero y Dr. Franc isco Javier Santos C umplido Sevilla, Mayo de 2003 A gr adecimiento s En primer lugar, quiero e xpresar m i agradecimiento a mis directores, los profeso res Dr. D. An tonio Rallo Romero y Dr. D. Francisco Ja vier Santo s Cump lido, por el t iempo y esfu erzo que les h a supu esto su labor de d irección. En todo caso, cualquier e rror q ue pudiera exi stir en este trabajo sería de exclusiva respon sabilidad de su auto r. Hago extensible este agradecimiento a los profesore s Dr. D. Je sús Basulto Santos y Dr. D. Joa quín Guzmán Cuevas, Catedrático s de Economía Aplicada de la Universidad de Se villa, cuyos come ntarios y sugerencia s han sido de gran utilidad para la realización de esta investigación. Así mismo, e l profes or Basu lt o prestó su colaboración en las gestiones con el In stituto d e E stadística de Anda lucía para la obtención de da tos e stadí sticos que h an resultad o esenciales en e l desarrollo del mismo. A e ste respecto, resulta ob ligado también dejar constanc ia del trato co rdial y de la colaboración of recida po r el Instit uto de E stadística de Anda lucía, e n la persona de su Jefa del Servicio d e Estadísticas Económ icas, Dª. Maria Luisa Asens io Pardo. He d e a gradecer también el apoyo puntual recib ido de la prof esora Dr. Dª. Rosario Go nzález Rodríg ue z y del prof esor D. José Enrique Ro mero García, en cuanto a cuest iones de carácter estadístico, del profesor D. Antonio Anselmo Tito s Clares, q uien m e in fo rmó sobre algun os as pectos del procedimiento d e estima ción de la s tablas inp ut-output y del profe sor D. Fran cisco Liñá n Alcalde, que me ayudó en la resolución d e los problema s info rmáticos que fue ro n surgiendo. Así m ismo, e n los m omentos f inales, m i hermana Eva María me ha prestado su ayuda en labores in fo rmáticas; mi agradecim iento también a ella. ÍNDICE Índice CAPÍTULO I Introducción 15 I.1. Justificación 17 I.2. Objetivos 22 I.3. Estructura 30 I.4. Metodología 31 I.5. Fuentes 35 CAPITULO II El paradigma del desarrollo endógeno 37 II.1. La formación del enfoque del desarrollo endógeno 39 II.2. El concepto de desarrollo endógeno 44 II.3. La dimensión económica de los procesos de desarrollo endógeno 49 II.3.1. La industrialización difusa y la descentralización productiva. Los modelos locales de desarrollo 51 II.3.2. Sistemas productivos locales de pequeñas y medianas empresas: El distrito industrial 53 II.3.2.1. El distrito industrial en Marshall 54 II.3.2.2. La revisión del concepto de distrito industrial 56 II.3.3. La innovación y la difusión tecnológica en el desarrollo endógeno 59 II.3.3.1. Concepciones del proceso de innovación. El nuevo paradigma evolutivo 60 II.3.3.2. El concepto de entorno innovador (“milieu innovateur”). 62 iii Índice II.3.3.3. La innovación en los sistemas productivos locales 63 II.3.3.4. La asimilación tecnológica en los sistemas productivos locales 66 II.3.4. Empresarialidad y desarrollo endógeno 67 II.4. La dimensión socio-cultural de los procesos de desarrollo endógeno 68 II.4.1. La regulación social en los modelos de desarrollo endógeno 69 II.4.2. Redes, cooperación y confianza. El capital social como mecanismo de regulación 76 II.4.2.1. El concepto de capital social 76 II.4.2.2. El papel del capital social en la regulación de los procesos de acumulación endógenos 79 II.4.3. La cultura técnica y el mercado de trabajo local 81 II.4.4. Otros condicionantes culturales de los procesos económicos: la cultura empresarial y la identidad territorial 84 II.5. La dimensión político-administrativa del desarrollo endógeno. Las políticas de desarrollo regional y local 86 II.5.1. Diferencias entre los enfoques de política regional tradicio nales y la estrategia de desarrollo local 87 II.5.2. Medidas de política económica local 90 II.5.3. La organización de las políticas de desarroll o local 93 II.6. Las controversias en torno al desarrollo endógeno. Desarrollo endógeno versus globa lización 94 CAPÍTULO III Tejido empresarial y desarrollo endógeno 103 III.1. El factor empresarial en el desarrollo endógeno: función empresarial, empresa y empresario 106 III.1.1. Algunas consideraciones conceptuales sobre la naturaleza de la función empresarial 107 iv Índice III.1.2. Sobre la figura del empresario 111 III.1.3. La naturaleza de la empresa. Concepciones analíticas de la organiz ación empresarial 114 III.1.3.1. La visión tecnológica de la empresa 115 III.1.3.2. El enfoque transaccional. Empresa versus mercado 115 III.1.4. El factor empresarial en el desarrollo endógeno. Consideraciones teóricas 119 III.1.4.1. La dotación de factor empresarial y la movilidad de los recursos empresariales 120 III.1.4.2. ¿Existe un mercado de factor empresarial?: La inconsistencia del análisis en términos de oferta y demanda de recursos empresariales 122 III.2. El empresario y las pequeñas y medianas empresas en el desarrollo endógeno 126 III.2.1. El hombre empresario en los procesos de desarrollo endógeno 128 III.2.1.1. Algunas características de los empresarios en los sistemas productivos locales 129 III.2.1.2. La función impulsora del empresario en el desarrollo endógeno 131 III.2.2. Pequeña y mediana empresa versus gran empresa 134 III.2.3. Las pequeñas y medianas empresas en el desarrollo endógeno 140 III.2.3.1. Los sistemas endógenos de pequeñas y medianas empresas 140 III.2.3.2. La importancia de las PYMEs en los procesos de desarrollo endógeno 142 III.3. La gran empresa en el desarrollo endógeno 144 III.3.1. La polémica en torno al papel de la gran empresa externa como agente impulsor del desarrollo 145 III.3.1.1. Impactos positivos 145 III.3.1.2. Impactos negativos 147 v Índice III.3.2. Los cambios en el modelo de gran empresa. Los procesos de descentralización productiv a 152 III.3.2.1. Interpretaciones teóricas de los procesos de descentralización productiva de la gran empresa 155 III.3.2.2. La gran empresa en red. Sistemas productivos locales vinculados a grandes empresas 158 III.3.3. La contribución de la gran empresa externa al desarrollo endógeno. Algunas concl usiones 161 CAPÍTULO IV Desarrollo endógeno, externalidades y articulación productiva 165 IV.1. Las economías externas en los procesos de desarrollo local y regional 168 IV.1.1. Tipología de externalidades 168 IV.1.2. Las externalidades estáticas: Las economías de aglomeración 170 IV.1.2.1. Economías de localización 171 IV.1.2.2. Economías de urbanización 176 IV.1.3. Economías externas dinámicas: Los “knowledge spillovers” 178 IV.2. Externalidades intersectoriales y articulación produc tiva 187 IV.2.1. Articulación productiva y desarrollo económico 189 IV.2.2. Los vínculos intersectorial es y las economías de escala El análisis de Hirschman 194 IV.2.3. Las externalidades intersectoriales en los modelos de aglomeración 202 IV.2.3.1. Las externalidades intersectoriales en el distrito industrial 203 IV.2.3.2. Las externalidades intersectoriales en los polos de crecimiento. El análisis de Perroux 204 vi Índice IV.2.4. Los vínculos intersectoriales en los modelos de la Nueva Geografía Económica 206 IV.2.5. Los vínculos intersectoriales como externalida des puras 207 IV.3. Un marco analítico para el estudio de la articulación de un sistema productivo 209 IV.3.1. El concepto de articulación productiva 209 IV.3.2. La articulación productiva desde una perspectiva funcional 210 IV.3.2.1. Los encadenamientos empresariales: empresa versus mercado 212 IV.3.2.2. La articulación productiva a nivel mesoeconómico: Los encadenamientos intersectoriales 214 IV.3.3. La articulación productiva desde una perspectiva territorial 215 IV.3.4. La problemática relación entre integración funcional e integración territorial 216 IV.3.4.1. El compromiso entre integración funcional y territorial a escala empresarial 218 IV.3.4.2. El compromiso entre integración funcional y territorial a escala sectorial 221 IV.4. Articulación productiva y desarrollo endógeno 224 IV.4.1. La importancia de la integración territorial de los sistemas productivos 225 IV.4.1.1. Los efectos multiplicadores en la dinámica económica del territorio 225 IV.4.1.2. Articulación versus especializa ción 226 IV.4.1.3. El papel de los encadenamientos en la transformación del patrón de especialización de los sistemas productivos 228 IV.4.1.4. Las externalidades tecnológicas y la integración territorial 229 IV.4.2. La estructura espacial de los encadenamientos y los modelos locales de desarrollo 230 vii CAPÍTULO I INTRODUCCIÓN Capítulo I Introducción I.1. JUSTIFICACIÓN “Comienza por lo más próximo”, ésta fue la primera recomendación que recibió quien esto escribe, cuando se enfrentó a la elección del tema para su tesis doctoral. El Profesor Antonio Rallo le transmitía así el consejo que a su vez él recibiera en su día de su maestro José Luis Sampedro, quien le instaba así a ocuparse de la realidad más inmediata. En ambos casos esa mirada cercana no podía sino volverse hacia un mismo punto: Andalucía. Y, así mismo, aunque entre la tesis del profesor Rallo 1 y este trabajo media cerca de un cuarto de siglo de indudable progreso para Andalucía, otra constante se mantenía presente: el atraso relativo de nuestra tierra. En ambos casos, ahí estaba Andalucía y Andalucía como problema económico. Constituiría un grave error no reconocer el importante avance económico y social experimentado por nuestra Comunidad Autónoma en las dos últimas décadas, que han presenciado un firme salto adelante en términos de modernización y de bienestar social. Esta transformación estructural ha venido de la mano de una capacidad de autogobierno si n prec edentes que nos sitúa a los andaluces más que nunca como protagonistas y responsables de nuestro futuro. Sin embargo, sería si cabe una equivo cación mayor la de dejarse llevar por la autocomplacencia ante una realidad económica apremiante. Y es que Andalucía, pese a los logros alcanzados, no se ha mostrado capaz de escapar de 1 El subdesarrollo andalu z: una i nterpretación estructural (1980 ), tesis doctoral realizada por D. Antonio Rallo Romero y dirigida por Dr. D. Rafael Martínez Cortiña, publicada posteriormente con el título de Andalu cía marginada (1981). 17 Capítulo I. Intro ducción las posiciones de cola entre el c onjunt o de las regiones españolas y europea s en términos de PIB per cápita y nivel de empleo. Según la Fundación de las Cajas de Ahorro Confederadas para la Investigación Económica y Social (FUNCAS), en 2002 Andalucía ocupó la penúltima posición entre las regiones es pañolas en términos de PIB per cápita (sólo por delante de Extremadura), con un valor situado en el 73,9% de la media nacional. Así mismo, cuando se haya afrontado la ampliación hacia el centro y este de Europa, en una UE con 27 estados y 266 regiones, Andalucía ocupará la posición 203 en PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (en 2000 el PIB per capita andaluz en PPA se situó en el 61,2% de la media de lo que será la UE con 27 estados). De este modo, Andalucía, incluso tras la incorporación de Bulgaria y Rumania, prevista para 2007, seguirá acreditando un PIB per cápita inferior al 75% de la media comunitaria, lo que le garantizará su continuidad como región objetivo 1 y, por lo tanto, su status como una importante destinataria de fondos estructurales procedentes de las arcas comunitarias. Amargo consuelo éste. Ante esta situación, cualquier sentimiento de autosatisfacción resulta inapropiado. Por el contrario, los andaluces debemos enfrentarnos con ilus ión y decisión al reto de converger en términos reales con los niveles medios nacionales y europeos, de profundizar en la modernización de nuestra comunidad y de construir una Andalucía que, en lugar de requerir del apoyo de los instrumentos financieros de la política regional comunitaria, se encuentre en situación ejercer la solidaridad con otras regiones menos favorecidas. La literatura existente sobre las razones de este retraso económico andaluz recoge un a gran variedad de planteamientos; a pesar de lo cual, existe una amplia coincidencia en torno a dos factores que, entre otros, permiten explicar nuestro atraso relativo: la falta de “articul ación productiva” y los problemas de la “empresarialidad” regional, ambos referidos fundamentalmente al sector industrial. 18 Capítulo I. Intro ducción Respecto al primero, la noción de articulación productiva hace referencia a la existencia y a la intensidad de los encadenamientos que conforman el entramado productivo de un territori o, entendiend o por encadenamiento o eslabonamiento las transacciones de inputs intermedios entre unidades productivas. Las economías más desarrolla das presentan sistemas productivos diversificados en los que intensas relaciones intersectoriales dot an de fortaleza a su aparato productivo y a su modelo de cr ecimiento. Sin embargo, la fragilidad de la estructura productiva de las economías menos avanzadas se manifiesta en su débil articulación interna , frecuentemente acompañada de pautas de especialización productiva que limitan las posibilidades de crecimiento a largo plazo. Éste es el c aso del sistema productivo andaluz que adolece de una deficiente vertebración, como han venido señalando diversos autores en las últimas décadas (Delgado,1981 y 1995; Rallo , 1981; Aurioles, 1989; IEA, 1995; Morillas,1995;Torres,1998). Por otra parte, en cuanto al segundo factor, empleamos aquí el término “ empresarialidad ” en referencia a las características de los empresarios y de las empresas que actúan en un territorio. En las economías capitalis tas de mercado son el empresario y la empresa los prin cipales responsables de la creación de riqueza y empleo. Por lo tanto, en una economía como la andaluza con un diferencial significativo en términos de renta per cápita y empleo debe considerarse inexcusablemente el papel desempeñado por el factor empresarial. De este modo, en las últimas décadas se ha apuntado, como una de las claves de nuestro atraso, la fragilidad y vulnerabilidad del tejido empresarial andaluz, vinculada a la falta de espíritu empr esarial y a la penetración de grupos empresariales externos (Guzmán,1994a y 1995, Díez de Castro et alia, 1995) . Esta problemática es la que define la línea de trabajo del Grupo de Investigación de la Universidad de Se villa “Las PYMEs en el desarrollo económico”, dirigido por Dr. D. Joaquín Guzmán Cuevas. En los trabajos realizados hasta la fecha se han estudiado los factores que impulsan la aparición de nuevos empresarios y los perfiles cualitativos de los existentes, así como los rasgos característicos del tejido empresarial regional, con especial atención a la 19 Capítulo I. Intro ducción aportación de las PYMEs (Guzmán 1994a,b y c,1995; Guzmán, Liñán, Romero y Santos,2000; Cáceres,2002; Santos, 2001). Estas dos debilidades de la economía andaluza –la falta de articulación productiva y las deficiencias en la empresarialidad regional- se manifiestan con especial cr udeza en el sector industrial. Ciertamente, una de las causas de la insuficiente vertebración de la economía andaluza es sin lugar a dudas la fragilidad y la desarticulación de nuestro sector industrial que, desde una perspectiva histórica, se ha visto lastrado por el fracaso de las iniciativas de industrialización durante el final del s. XIX. Así mismo, los problemas en la empresarialidad regional se muestran con mayor intensidad en la industria, donde es más marcada la insuficiencia de empresarios y de empresas andaluzas capaces de impulsar el desarrollo industrial de nuestra región. En cualquier caso, el problema económico andaluz debe plantearse en la actualidad en el contexto de ese fenómeno que se ha dado en llamar globalización económica. Esta fase actual de la dinámica capitalista está ligada al desarrollo de la dimensión gl obal en el orden económico –productivo, comercial y financiero -, en tanto los procesos económicos se desenvuelven en un ámbito mundial liberado progresivamente de las barreras asociadas a las fronteras nacionales. Esta nueva etapa supone también un modo de relación singular y más directo entre “lo global” y “lo local”, conforme al cual el desarrollo de los proc esos económicos de ámbito mundial no supone la pérdida de rele vancia económica del espacio, sino u na redefinición de su sign ificación económica ante las nuevas características de los procesos de acum ulación. Así pues, en este escenario actual tremendamente competitivo a resultas del proceso de liberalización comercial y financiera, las regiones tienen la posibilidad de definir, reforzar o modificar su papel en la división internacional del trabajo. Este proceso de integración de los ámbitos locales en los procesos económicos globales puede ajustarse a modelos de desarrollo alternativos. 20 Capítulo I. Intro ducción A este respecto, en los últimos años se ha planteado una contraposi ción entre dos enfoques de desarrollo opuestos: el desarrollo exógeno y el desarrollo endógeno. Ambas aproximaciones se construyen sobre una determinada concepción especial de las relaciones entre el sistema económico y el territorio. El desarrollo exógeno considera al territorio como un soporte de los recursos económicos (materias primas, energía, fuer za de trabajo, etc.); mientras que el desarrollo endógeno, eleva al territorio como protagonista del proceso de desarrollo a través de la in iciativa empresarial y la actividad inn ovadora impulsada por los agentes locales o regionales. Este trabajo se alinea con la visión del proceso de desarrollo y de la estrategia más eficaz para alcanzarlo que conforman el paradigm a del des arrollo endógeno. Este enfoque tiene como representantes, entre otros, a G. Becattini (1979, 1992 y 1996), S. Brusco (1982 y 1996), M. Fuà (1988), G. Garofoli (1986, 1992 y 1994), W. B. Stöhr (1981 y 1986) y Vázquez Barquero (1986,1988,1992,1993,1996 y 1999a y b), su principal exponente en nuestro país. Figura I.1. Ejes argumentales del trabajo DESARROLLO ENDÓGENO ARTICULACIÓN PRODUCTIVA EMPRESARIALIDAD 21 Capítulo I. Intro ducción De este modo, se han presentado en las páginas anteriores los tres vértices -articulación productiva, empresarialidad y desarrollo endógeno- que vertebran la línea argumental de este tr abajo y estructuran internamente esta investigación que se desarrolla a través de las relaciones entre estos focos de atención. Por un lado, defendemos la im portancia de la articulación productiva como una dimensión de análisis de la que no se puede prescindir en la definición del concepto y la estrategia de desarrollo endógeno. Así mismo, consideramos que el modelo de desarrollo endógeno está vinculado a unas características específicas de la empresarialidad local y regional. Y cerrando, este triángulo conceptual, afirmamos la existencia de una relación directa entre las características de la empresarialidad y las pautas de articulación productiva de un territorio. Estas hipótesis serán defendidas en el plano teóric o en la primera parte del trabajo, mientras que en la segunda, se proyectarán sobre el análisis em pírico del tejido empresarial andaluz, con especial atención al sector industrial. I.2. OBJETIVOS Más concretamente, pueden identificars e los siguient es objetivos básicos de este trabajo de investigación, diferenciando los aspectos teóricos de los empíricos: A. En el plano teórico Son tres los objetivos que dan sent ido al desarrollo teórico de esta investigación: a) Profundizar en el análisis de la s ignificación teórica de la empresarialidad en el desarrollo endógeno Como se ha comentado con anterioridad, este trabajo se inscribe en la línea de investigación del gr upo “Las PYM ES en el desarrollo económico” en el 22 Capítulo I. Intro ducción que se viene estudiando la importancia de la empresarialidad en el desarrollo económico. Dentro de ella, se ha resaltado el papel del empres ario como f actor esencial en el dinamismo económico, pero teniendo como referente último, no el éxito empresarial, sino la importancia del empresario en el proceso de creación de riqueza y empleo y, en definitiva, en el desarrollo económico de un territorio. Los trab ajos que se han realizado hasta el momento, como ocurre en general en la línea de invest igación que se ocupa es pecíficamente del empresario (“entrepreneurship”) se han mantenido preponderantemente en un ámbito microeconómico, centrándose en mayor medida en la figura del empresario que en la propia empresa como organiza ción. As í mismo, a pesar de que los trabajos realizados se han apoyado en una visión del desarrollo como proceso “de abajo a arriba”, el objeto de estudio no se ha extendido hac ia los modelos productivos protagonizados por PYMEs y v inculados al territorio, respecto a los cuales existe una amplia literatura dentro de la corriente del desarrollo endógeno. Por consiguiente, no se han considerado suficientemente los mecanismos a través de los cuales las PYMEs pueden realizar una contribución efe ctiva al desarrollo económico en el marco de esquemas complejos de organizac ión de la producción, sustentados sobre la interacción entre las propias PYMEs o sus relaciones con las grandes empresas. Figura I.2. Empresarialidad y desarrollo endógeno Clusters de empresas (Sistemas Productivos Locales) Desarrollo endógeno Empresa Empresario Por el contrario, la literatura sobre el desarrollo endógeno se ha adentrado en profundidad, en el plano teórico y empírico, en el análisis de los modelo s locales de desarrollo (distritos industriales, sistemas productivos locales, medios innovadores o “clusters” empresariales). Sin embargo, salvo alguna excepción 23 Capítulo I. Intro ducción puntual 2 , no se ha profundizado a nuestro juicio lo suficiente sobre la importancia de la func ión empresarial y los factor es económicos y extraeconómicos que explican el surgimiento de empresarios y sus perfiles cualitativos en el ejercicio de la actividad empresarial. Es por ello que uno de los objetivos de es te trabajo en el plano teórico es realizar un esfuerzo por enlazar las consideraciones sobre el empresario que se vienen plateando en el seno d el grupo de investigación con los modelos de desarrollo endógeno. De este modo, consideramos que se puede proyectar el alcance teórico y empírico de los trabajos del grupo y a la vez dota r a los modelos de desarrollo endógeno de unos fundamentos más sólidos en cu anto al papel de la función empresarial y la empresarialidad en el desarrollo económico. b) Plantear una revisión de la noción de artic ulación productiva y proponer un marco analítico que facilite su aplicación al estudio de los sistema s productivos locales y regionales La idea de articulación productiv a tiene una larga tradición en Economía, ligada fundamentalmente al estudio de las relaciones intersectoriales y a nombres como los de W. Leontiev (1966), A. O. Hirschman (1961) o P. N. Rasmussen (1963), entre otros. Sin embargo, esta noción gener al no está exenta en algunos casos de una cierta imprecisión y se caracteriza por una relación contradictoria con otro concepto central en el análisis ec onómico como es la idea de espec ialización. De este modo, existe, a nuestro juicio, un campo abierto a la reflexión teórica sobre el propio concepto de articulación produc tiva y sus implicaciones desde la perspectiva del desarrollo económico de un territorio. En este sentido, se trata en es te trabajo de replant ear la noción de articulación productiv a, desde una per spectiva más amplia a la habitual, 2 A este respecto, cabe señalar las aportacione s de L. Suárez-Villa (1986,1988 y 1991), que ha ahondado en mayor medida sob re el papel del empresari o en el desarrollo regi onal. 24 Capítulo I. Intro ducción presentación de un marco analítico como instrumento p ara el estudio de las pautas de articulación de los sistemas productivos localizados. La parte empírica de este trabajo se inicia con el capí tulo quinto que sirve de introducción a las características del sistema productivo andaluz, con es pecial atención a los rasgos particulares de su tejido empresarial. El capítulo sexto está dedic ado a considerar las pautas de articulación intersectorial del sistema productivo regional aplicando d iversas técnicas de análisis input-output a las últimas tablas disponibles para la economía andaluza (IEA,1999). Finalmente, en el séptimo c apítulo se analiz an las características del tejido empresarial en la industria andaluza desde la perspectiva de sus pautas de articulación interna. De este modo, se contempla específicamente la relación entre la dimensión empresarial y la integración de los establecimientos industriales andaluces en el sistema productivo regional. Finalmente, se pres enta una tipología de los establecimientos industriales en func ión de s u dimensión y de sus pautas de articulación productiva y se valora el papel que juega cada tipo empresarial desde la perspectiva del desarrollo endógeno regional. Así mismo, a continuación del capítulo octavo , dedicado a plantear las conclusiones del trabajo, se incorporan dos anexos : en el primero, de carácter metodológico , se esbozan los fundamentos básicos del modelo input-output, mientras que en el segundo, de carácter estadístico , se presentan un conjunto de tablas con indicadores utilizados en el análisis, que se ha preferido traslad ar al final a fin de hacer menos farragosa la lectura del texto. I.4. METODOLOGÍA El objeto de estudio de esta investigación es el sistema productivo regional, entendiendo por tal “ el conjunto de los agentes económicos que concurren en la 31 Capítulo I. Intro ducción producción y de las relaciones que mantienen entre ellos, dentro de un espacio determinado ”, en este caso, la Comunidad Autónoma de Andalucía 3 . Tanto los agentes como las relaciones productivas pueden contemplarse en diversos niveles de anális is. Este trabajo se desenvuelve esencialmente en e l plano mesoeconómico, puesto que el foco de atención son las agrupaciones de empresas en función de su tamaño o de su pertenencia a sectores concretos. A este respecto, se entiende como sector productivo el conjunto o grupo de empresas que tienen una misma actividad económica princ ipal (cuando la empresa o el establecimiento desarrolle una combinación de actividades, aquélla que genera el mayor valor añadido). Aunque pueden establec erse precisiones conceptuales al respecto 4 , se emplearán los términos sector productivo y ram a productiva indistintamente. El desglose en ramas productivas que se emplea se encuentra determinado por la fuente utilizada. En el caso de la fuente primaria principal en este estudio, la información procedente del Marco Input-output para Andalucía, se emplea una desagregac ión máxima en 89 ramas, definidas por el IEA buscando proporcionar un detalle ajustado a las características de la estructura productiva andaluza. En el caso de la segunda fuente de información en importancia, el “Directorio Central de Empresas” elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se emplea la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE-93). El IEA proporciona una tabla de correspondencias entre la desagregación de las TIOAN y la CNAE-93 que ha permitido realizar un tratamiento comparativo de los datos procedentes de ambas fuentes (IEA,1999). En cualquier caso, el análisis de la activ idad productiva se plantea en este trabajo con una proyección es pacial o territorial. A este respecto, el objeto de estudio es el sistema productivo andaluz, considerado en su conjunto, sin descender a análisis desagregados e nivel espacial (provinciales, comarcales o locales). Esta elección es en parte voluntaria y en parte impuesta por la información disponible, que está ref erida al nivel regional. Ciertamente, la 3 Definición propue sta por L aganier y tomada de Bue sa y Molero (1 998:31). 4 Veasé, al respecto, Fe rnández, M. (2001:185). 32 Capítulo I. Intro ducción encuesta que sirve de base a las TIOAN no es estadísticamente representativa a escala provincial. Así mismo, otras fuentes estadísticas utilizadas, como la Contabilidad Regional de España, proporcionan un desglose muy pobre desde el punto de vista sectorial a escala provincial. El mantenimiento del análisis en el plano regional su pone necesariamente una limitación para este estudio. Por un lado, porque buena parte de la literatura sobre el desarrollo endógeno toma como referencia el niv el lo cal, analizando el distrito industrial o el s istema productivo local. Desde esta perspec tiva, se justificaría la necesid ad de abordar un análisis más desagregado en términos territoriales para entender plenamente las características y mecanismos definitorios de los procesos de acumulación de carácter endógeno. No obstante, a este respecto, podemos considerar la región como unidad relevante, concibiéndola como el ámbito en el que se manifiestan las interrelaciones entre los distritos y las ciudades industriales situadas en la mism a zona de tráfico comercial (Garofoli,1992:4). Por otra parte, al considerar el conjunto de la economía andaluza se pierden de vista las diferencias entre las estructuras productivas que coexisten en el ámbito regional. Sin embargo, siendo conscientes de esta limitación, consideramos también nec esario plasmar una visión de conj unto del funcionamiento y características de la economía andaluza, que pueda s ervir de referencia a análisis a menor nivel (provincial, comarcal, local, etc.). En cualquier caso, la consideración que aquí se hace del espacio no se limita a su papel como soporte físico de la actividad productiva. Por el contrario, concebimos el territorio como un sujeto activo, de modo que nos interesa analizar el grado de integración de las unidades productivas que actúan en la r egión andaluza en el territorio, entendido éste no sólo como un espacio físico, sino como un c onjunto de relaciones socio-económicas que se proyectan sobre la geografía regional. 33 Capítulo I. Intro ducción Para aproximarse al grado de integración de las unidades productivas en el sistema productivo regional cabría utilizar d iversos indicadores: la proporción del valor de los bienes y servicios producidos que se genera en dicho entorno, el gasto total de la empresa en la región, las retribuciones pagadas a la mano de obra loc al, los impuestos e incluso los intereses sobre préstamos abonados en la zona (Amin y Tomaney;1997:109). Se opta aquí por tomar como indicador esencial el valor de los consumos de bienes y servicios intermedios dentro de la región, en función de la disponibilidad de dat os y sin perjuicio de considerar relevantes otros de los indicadores mencionados. Para obtener esta información u na opción sería la elaboración de una encuesta dirigida a las empresas andaluzas. Esta alternativa, que ha sido aplicada en otros trabajos de este grupo de investigación, conllevaría un coste económico considerable, al que habría que unir otras limitaciones de tipo técnico. Ciertamente, la experiencia adquirida a este respecto en trabajos anteriores ha puesto de manifiesto que las empresas generalmente se muestran muy reac ias a revelar información sobre la distribución de sus compras y sus ventas. En ciertos casos estas reservas se deben simplemente a las dificultades que encuentran para proporcionar los datos con facilidad. Sea cual sea el motivo, el resultado final es que muchas empresas seleccionadas no se prestan a colabor ar facilitando los datos requeridos. Por otra parte, no existe una fuent e estadística oficial que dir ectamente proporcione información relativa a consumos intermedios y prod ucción según su origen y destino geográfico a escala empresarial . L a TIOAN proporcionan este tipo de información pero agregada a escala de rama productiva. Sin embargo, gracias a la colaboración de IEA, se ha conseguido obtener datos de consumos intermedios y producción desagregados por ramas productivas y por tamaño de los establecimientos industriales que no habían sido publicados c on anterioridad. La explotación de esta información, que representa un uso novedoso de la información procedente de las TIOAN, ha resultado de mucha utilidad para contrastar las principales hipótesis sobr e las que se centra la atención en este trabajo. 34 Capítulo I. Intro ducción En cuanto a la metodología estadística aplicada se han empleado fundamentalmente dos técnicas: los procedimientos de análisis input-output y los métodos de análisis de la varianza. En relación con los primeros, como se ha comentado con anterioridad, se ha incorporado un anexo metodológico al final del trabajo en el que se describen sucintamente los fundament os básicos del análisis input-output. El tratamiento estadístico de los datos se ha realizado empleando el programa SPSS para Windows 10.0. I.5. FUENTES A continuación, se s eñalan y comentan brevemente las principales fuente s de información utilizadas en esta investigación. A. Fuentes estadísticas: En el desarrollo de este trabajo se han utilizado diversas fuentes de carácter estadístico. El estudio de las pautas de especialización productiva y comercial de la economía andaluza se ha abordado a partir de las es tadísticas de comercio exterior, obtenidas del Instituto de Estadística de Andalucía y procedentes de la Dir ección General de Aduanas del Ministerio d e Ec onomía, y de los datos recogidos en la Contabilidad Regi onal de España . Respecto a ésta última, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, se han utilizado las dos series publicadas: la Serie Base 1986 y la Serie Base 1995. Para analizar de la articulación intersectorial de la estructura productiva regional se ha empleado la Contabilidad Regional y Tablas Input-Output de Andalucía 1990 y el Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input- Output. 1995 , elaborados por el Instituto de Estadística de Andalucía. Por otra parte, la información sobre empresas y locales (establecimientos empresariales) procedente del Directorio Central de Empresas, que mantiene el 35 Capítulo I. Intro ducción Instituto Nacional de Estadística, ha pe rmitido una primera aproximac ión a las características del tejido empresarial andaluz. En cualquier caso, las principales conclusiones de este trabajo proceden de la explotación de los datos, no publicados c on anterioridad, sobre consumos intermedios regionales y totales y pr oducción con destino al mercado regional y total por ramas de actividad y tamaño de los establecimientos industriales andaluces, procedente del proceso de estimación de las tablas input-ouput regionales, que ha sido proporcionada por el Instituto de Estadística de Andalucía. B. Fuentes bibliográficas Al final del trabajo se recogen exhaustivamente las fuentes bibliográficas empleadas a lo largo de su desarrollo. A este respecto, han sido de especial interés para la elaboración de la parte t eórica de este trabajo, artícu los publicados en diversas revistas científicas internacionales - The American Economic Review, The Economic Journal, Entrepreneurship and Regional Development, The Journal of Political Economy, Journal of Regional Science , Journal of Urban Economics, Quarterly Journal of Economic s o Regional Studies- y nacionales - Econ omía Industrial, Estudios Territoriales (desde 1993 Ciudad y territorio: estudios territoriales), Información Comercial Es pañola o Papeles de Economía Española- . Así mismo, han resultado de much a utilidad diversos documentos de trabajo editados por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA). Por otra parte, han resultado un apoy o importante para el desarrollo del análisis aplicado a la economía andaluza los trabajos publicados en el Boletín Económico de Andalucía , editado por la Consejería de Economía de la Junta de Andalucía y la Revista de Estudios Regionales , editada por las Universidades andaluzas. 36 CAPÍTULO II EL PARADIGMA DEL DESARROLLO ENDÓGENO Capítulo II El paradigma del desarrollo endógeno En las últimas décadas se ha producido una evoluc ión sustancial en los planteamientos teóricos de la economía regional, de stacando especialmente la irrupción de las teorías del des arrollo endógeno. En este segundo capítulo se describe el origen de este paradigma y se presentan las principales aportaciones teóricas que lo sust entan, referidas al propio concepto de desarrollo, a las especificidades de los proc esos de acumulación de capital de ca rácter endóge no y a la estrategia de política económica. II.1. LA FORMACIÓN DEL ENFOQUE DEL DESARROLLO ENDÓGENO Según Cuadrado Roura (1988:71), en las décadas de los cincuenta y los sesenta los desequilibrios regionales se interpretaron a través de cuatro enfoques teóricos alt ernativos: los modelos de tipo n eoclásico; las teorías de la cau salidad acumulativa y el enfoque centro-perifer ia; las interpretaciones de carácter radical y los modelos de corte keynesiano 1 . Los modelos neoclásicos (Bor ts,1960; Siebert,1969) tomando como supuesto la movilidad absoluta de los factores de producción, presentaban las disparidades regionales como desequilibrios transitorios, en tanto los flujos interregionales de capital y trabajo gar antizaban la convergencia de las rentas por habitante de las diferentes regiones. 1 Un análisis más detallado de estas teorías puede encontrarse en Richardson, Harry W. (1986): Economía Regional y Urbana. Alianza E ditorial, Madri d. 39 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Por el contrario, los modelos de causalidad acumulativa (Myrdal,1957;Hirschman,1958; Perroux,1964 y 1967) y los modelos centro- periferia (Friedmann,1976; Friedmann y W eaver,1981) a pesar de las diferencias sustanciales que existen entre ellos, coincidían en su rechazo a la hipótesis de la convergencia regional. Para los defensores de estos enfoques, la situación de partida de las regiones condicionaba su evolución económica, de modo que las áreas con una situación inicial más favor able tenderían a atraer el ahorro y la mano de obra procedentes de las regiones más atrasadas. Desde est a perspectiva, el funcionamiento del mercado no conducía a la desaparición de los desequilibrios, lo que hacía necesaria la int ervención del Estado. En este s entido, algunos autores, basándose en los postulados de la teoría de la causalidad acumulativa, de los modelos centro-periferia y de la teoría marxista, derivaron hacia interpretaciones de carácter radical (Friedmann y Douglas,1978), y defendieron la neces idad de cambios en el sistema económico capitalista como respuesta a los desequilibrios regionales. Por último, se desarrollaron también modelos k eynesianos aplicados al análisis regional (Hartman y Sec kler, 1967; Weiss y Gooding,1968), que sirvieron de apoyo a las políticas de gestión de la demanda agregada de c arácter redistributivo, instrumentadas, entre otras medidas, a través de programas de gasto público en infraestructuras. Pese a sus diferencias, estos desarrollos teóricos compartían en términos generales una concepción del proceso de desarrollo que se plasmaba en el modelo de concentración/difusión industrial . En virtud de esta interpretación, el desarrollo r egional se planteaba como un re sultado d e la industrialización y de la concentración de la actividad productiva en un número reducido de grandes centros urbanos, a partir de l os cuales, en fases ulteriores, se manifestaban procesos de derrame hacia las zonas per iféricas. La difusión de la actividad industrial se producía cuando en las zonas “centrales” surgían deseconomías de aglomeración, en forma de el evación de los costes de los factores de producción o problem as medio ambientales, que obligaban a las grandes empresas a replantear sus estrategias de loc alización y buscar áreas más atractivas, con 40 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno condicionar las elecciones posteriores, como consecuencia de los rendimientos crecientes, la acumulación de c onocimientos, las economías de aglomeración o las expectativas de los individuos (Becattini y Rullani,1996:13). Por otra parte, la aparición del nuevo paradigma territorial dentro del análisis regional se ha visto favorecida por la valoración creciente que han recibido, los recursos inmóviles, ligados al territorio, como factores esenciales para el des arrollo regional. En este sentido, el desarrollo endógeno es el res ultado del aprovechamiento y la movilización de los recursos autóctonos de un área, como la cualificación de los trabajadores, los conocimientos específicos referidos al proceso de producción, el stock de capital histór icamente acumulado, la cultura empresarial, la estructura social, etc. (Cappellin,1991:231). No obstante, lo anterior no excluye la aportación de ciertos recursos externos (factor trabajo, tecnología, iniciativa empr esarial, etc.), aunque relegados a un papel secundario o complementario 3 . Un aspecto esencial del concepto de desarrollo endógeno es igualmente la capacidad de autogobierno o de control interno de los procesos de transformación de las estructuras productivas locales o regionales 4 . En el desarrollo endógeno pueden asumir un papel relevante los recu rsos externos al área, pero es imprescindible que el control del proceso de desarrollo recaiga en las propias comunidades a escala local o regional. El desarrollo endógeno debe gara ntizar la autonomía y la sostenibilidad del proceso de transformación del sistema productivo local o regional, lo que exige qu e éste se sustente en la aplicación de recursos autóctonos y en la capacidad local o regional de tom ar las principales decisiones relativas a las variables fundamentales (Garofoli, 1994:17). 3 En un capítulo posterior, se analizará con ma yor profundidad el papel de los recursos externos, concretamente de la gra n empresa forán ea, en los proceso s de desarrollo endóg eno. 4 Esta idea de “autocentramiento”, introducida inicialmente en la literatura del d esarrollo por Samir Amin, en contraposición al desarrollo extravertido fue aplicada al ámbito de la economía regional por Friedman y Douglass (1978) y Friedman y Weave r (1979). 47 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Por otra parte, desde una perspectiva teleológica, el desarrollo endógeno está dirigido a la satisf acción de las necesidades y demandas de la población. El desarrollo no se concibe simplemente, desde una óptica funcionalista, como un proceso que permite un mejor posicionamiento del sistema productivo local o regional en la división territorial del trabajo, sino como un conjunto de transformaciones de la estructura socio-económic a que permiten elevar el bienestar económico, social y cultural de la comunidad local o regional , receptora final de los frutos del desarrollo (Vázquez Barquero,1999:29). En este se ntido, algunos autores re saltaron el pap el de la expansión del mercado interno como motor del crecimiento local o regional y propusieron una protección económica selectiva frente a las produc ciones exteriores al área (Stöhr,1981:43-45). Es por ello que, según Furió, el enfoque del desarrollo endógeno: “(...) no ha conseguido nunca liberarse de las acusaciones de autarquía. Al admitir de entrada la posibilidad de que se solucionasen localmente las necesidades a través de la producción, el desarrollo local dejaba creer que se podía vivir al margen o, incluso, fuera de la división internacional del trabajo con todo lo positivo que ésta implica” (Furió,1994:101). Esta asociación entre desarrollo endógeno y economía cerrada constituye a nuestro juicio un grave error. La estrategia de desarrollo endógen o debe plantearse sobre la base de una economía abierta, de modo que los sistemas productivos locales o regionales enraizados en el territorio deben a su vez estar integrados funcionalmente en los procesos económicos a escala nacional, internacional y mundial. Todo proceso de desarrollo present a una dimensión funcional y una dimensión territorial. La primera, se deriva necesariamente del carácter abierto de la economía local y regional, que conduce a la inserción de esos espacios económicos en un sistema económico a escala nacional, internac ional o mundial; mientras que la segunda, viene dada por el carácter propio que imponen las 48 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno características locales al proceso de acumulación en cada área, determinando múltiples sendas o modelos de desarrollo alternativos (Pecqueur y Rui Silva,1992:18). En este sentido, lo realmente característico de la noción de desarrollo endógeno es el énfasis que pone en el carácter territorial del proceso de acumulación, frente a concepciones anteriores que ignoraban esta dimensión. Por último, es preciso señalar también que el concepto de desarrollo endógeno se distancia de la identificación simplista del desarrollo con la industrialización. Los procesos de i ndustrialización difusa que afectan fundamentalmente a ciudades intermedias constituyen un objeto de estudio de evidente interés. Empero, la aplicación de los planteamientos del desarrollo endógeno no se limita a este tipo de áreas industriales, sino que s e extiende a las zonas rurales y a las zonas especializadas en la prestación de s ervicios, tanto las áreas metropolitanas, donde se localiz an los servicios avanzados, principalmente orientados a las empresas, como las zonas turística s (Cappellin, 1991:233). II.3. LA DIMENSIÓN ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE DESARROLLO ENDÓGENO Si en el epígrafe II.2 se ha presentado el concepto específic o de desarrollo sobre el que se construye el paradigma del desarrollo endógeno, en los dos próximos epígrafes –II.3 y II.4.- nos detendremos en el análisis del segundo de los elementos que articulan dicho par adigma: el conjunto de resortes endógen os que impulsan el crecimiento económico en un territorio. Los procesos de des arrollo endógeno se caracterizan por un modelo de acumulación específico, resultado de la combinación de determinadas condiciones económicas, culturales y políticas, que interactúan en las relacione s sociales a escala local o regional. De este modo, hay que interpretar las experiencias de desarrollo endógeno com o procesos multidimensionales en los que un conjunto de variables interdependientes de div ersa naturaleza encauzan la dinámica económica en un determinado territorio. 49 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno A efectos analíticos, resulta interesante identificar y estudiar por separado tres dimensiones diferentes, aunque interrelacionadas, en los procesos de desarrollo endógeno: una dimens ión económica, una di mensión socio-cultural y una dimensión político-administrativa (Vázquez Barquero,1999a:32). No obstante, hay que tener presente que la lógica del proceso de desar rollo sólo puede aprehenderse desde la consideración conjunta de los tres vectores identificados. Figura II.2. Características de los procesos de desarrollo endógeno Dimensión tecno-económica Modelos locales de desarrollo Distritos industriales Clusters de PYMEs Sistemas productivos locales en torno a grandes empresas Procesos de innovación y difusión tecnológica Dinamismo emprendedor Capital social, redes y cooperación Dimensión socio-cultural Regulación social Cultura técnica y mercado de trabajo local Identidad territorial Cultura empresarial Estrategia Dimensión político-administrativa Objetivos Medidas Organización 50 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno En este epígrafe se analizan los rasgos económicos característicos de la organización de la producción en los procesos de desarrollo endógeno y en los dos epígrafes posteriores se abordan las dimensiones socio-cultural (II.4.) y político-administrativa (II.5.), respectivamente. Específicamente, desde una perspectiva tecno-económica el crecimiento económico desde la óptica del desarrollo endógeno se fundamenta en los siguientes factores que analizaremos a continuación: - Un modelo de industrialización específico (epígrafes II.3.1. y II.3.2.) - Los procesos de innovación (epígrafe II.3.3.) - El dinamis mo emprendedor (epígrafe II.3.4.) Estos son los motores esenciales que impulsan el des arrollo económico al originar rendimientos crecientes y ventajas competitivas de los que se benefician los sistemas productivos en un territorio determinado. II.3.1. La industrialización difusa y la descent ralización productiva. Los modelos locales de desarrollo Desde una perspectiva estrictamente económica, las teorías del desarrollo endógeno se han apoyado sobre el modelo de industrialización difusa, asociado al paradigma territorial del desarrollo, en contraposición al modelo de concentración- difusión industrial , propuesto en el marco del paradigma funcionalista d ominante durante décadas (Vázquez Barquero,1986; Costa Campi,1988). La industrialización difusa es el resultado de la aparición de unidades productivas de dimensión reducida especializ adas en actividades relacionadas habitualmente con el saber-hacer y la tradición productiva de cada área. Se trata de un modelo explicativo de pro cesos de desarrollo que no están ligados al aprovechamiento de economías de escala internas y a la concen tración industrial 51 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno en grandes áreas urbanas, sino que coexisten co n pautas de dispe rsión de la actividad económica en poblaciones de tamaño medio (Pecqueur y Rui Silva,1992:21). La producción se organiza en los procesos de industrialización difusa en torno a sistemas de pequeñas y medianas empresas conforme a los principios del modelo de especialización flexible. En estos sistemas productivos locales la organización tecno-económica de la producción se encuentra plenamente integrada con la estructura social y la cultura de la comunidad local. Por otra parte, la crisis del sist ema fordista ha impulsado c ambios en la organización de la gran empresa industrial, de modo que muchas empresas que inicialmente se estructuraron según los principios de la prod ucción en masa han adoptado nuevas formas organizativas, buscando mayor flexibilidad a través de la desintegración horizontal y vertical. Las grandes empresas han abordado, en esta línea, procesos de descentralización productiva a través de la externalización de funciones hacia pequeñas y medianas empr esas en sistemas productivos locales (Costa Campi,1992:19). De este modo, surgen sistemas productivos territorialmente localizados y articulados en torno a grandes empresas que mantienen un rol central en la economía local. Por lo tanto, pueden identificarse, en línea general, dos modelos locales de desarrollo 5 , que se ajustan alternativamente a la lógica de la industrialización difusa o descentralizada: - Sistemas locales endógenos de pequeñas y medianas empresas. - Sistemas productivos locales constituidos en torno a grandes empresas externas descentralizadas. 5 En la literatura relativa a los sistemas productivos locales se recogen tipologías más a mplias de modelos locales de desarrollo. Así, por ejemplo, véase Garofoli (1994:15) ; Vázquez Barquero (1999a:233-235) o Crouch y Trigilia (2001:213-214). No obstante, en función de los objetivos que nos proponemos la clasificación que a quí se adopta resulta suficiente. 52 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Entre estos dos modelos, el primero tiene un carácter más netamente endógeno 6 , mientras que en el segundo caso el sistema local de pequeñas y medianas empresas gira en torno a grand es empresas, normalmente externas al área, que mantienen un papel c entral en el funcionami ento del sistema productiv o local. Por consiguiente, la continuidad de este segundo modelo depende de la permanencia de la gran empresa en el territorio, en tanto una ev entual decisión de deslocalización conllevaría la crisis del sistema productivo local (Garofoli,1992b:51). En algunos casos, los sistemas productivos locales surgidos de procesos de descentralización productiva en torno a grandes empresas evolucionan hacia modelos con un carácter más marcadamente endógeno. Esto sucede cuando la gran empresa se integra plenamente en el entorno local, se articu la con e l te jido productivo autóctono y revitaliza el proceso de industrialización a partir de los recursos y la capacidad empresarial lo cales. No obstante, no profundizaremos aquí en esta cuestión, que será tratada con más detenimiento en el capítulo IV. Por su carácter más netamente endógeno, nos centraremos a continuación, en el estudio de los sistemas de peque ñas y medianas empr esas que surgen de los procesos de industrialización difusa. En el capítulo cuarto se abordará el estudio de los sistemas pr oductivos locales articulados en torno a grandes empresas. II.3.2. Sistemas productivos locales de pequeñas y medianas empresas: El distrito industrial El modelo de organización de la producción que más interés ha despertado y que presenta un carácter más netamente endógeno es el sistema productivo 6 No obstante, la “endogeneidad” en l os sistemas productivos de pequeñas y medianas empresas puede verse también limitada cuando no se desarrollan internamente todas las fases de la cadena de valor del producto o productos en que están e s pecializados, lo que restringe la capacidad de generación de renta y con diciona la co mpetitividad del sistema l ocal a factore s externos a la zona (Vázquez Barquero,199 9a:234-235). 53 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno local de pequeñas y medianas empresas. En este sentido, se ha desarrollado una literatura muy abundante en torno a la figura del distrito industrial 7 . II.3.2.1. El distrito industrial en Marshall Alfred Ma rshall dedi có el Capítulo X del Libro IV de sus Principios de Economía a analizar la “ concentración de industrias espec ializadas en localidades específicas ”, como los distrito s textiles de Lancashire o el distrito metalúrgic o de Sheffield a lo largo del siglo XIX, aspecto que abordaría también en otras obras principalmente en Industria y Comercio (1920) 8 . Marshall presenta el distrito industrial como resultado de un pr oceso de división del trabajo entre pequeñas y medianas empresas de características similares, que se es pecializan en distintas fases de un proceso productivo complejo, de modo que el sistema industr ial explota conjuntam ente las economías de escala internas al distrito, pero externas a cada empresa. Este replanteamiento marshalliano de las ec onomías de escala elimina las contradicciones que surgen entre la competencia y la presencia de rendimientos crecientes. La división del trabajo entre empresas permite el aprovechamiento de las economías externas, haciendo compatible la competencia entre empresas con los rendimientos crecientes que surgen de las economías externas (Costa Campi,1988:251). El espacio asume un papel relev ante en la organizac ión y funcionamiento de los distritos marshallianos, en los que el factor “cercanía” resulta esencial. El efecto de aglomeración o concentración espacial de empresas en los distritos industriales es consecuencia par a Marshall, en primer lugar, de la existencia de economías externas de intermediación, asociadas fundamentalmente a la 7 El concepto de distrito industrial no está exento de controversias: se han planteado definiciones distintas y se ha aplicado a fenómenos con características muy diversas. En las páginas que siguen se podrá com probar como, si se adopta una noción restrictiva del distrito, no todo sistema localizado de pequeñas y median as empre sas es clasifica ble como tal. 8 Para un análisis del signifi cado del “distrito industrial” marshalliano véase Bellan di, M. (1986): “El distrito industrial en Alfred Marshall”. Estudios Territori ales. Nº 20; p p. 31-44. 54 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno disponibilidad de bienes y servicios intermedios suministrados por empresas auxiliares a la industria especializada. Pero también señala Marshall la pres encia de una “atmósfera industrial” que describe en los siguientes términos: “Los misterios de la industria pierden el carácter de tales; están como s i dijéramos en el aire y los niños aprenden mucho de ellos de un m odo inconsciente. El buen trabajo es apreciado como se merece y los perfeccionamientos en la maquinaria, en los procesos de fabricación y en la organización general de los negocios, se estudian pronto para dilucidar sus méritos o inconvenientes: si una per sona lanza una nueva idea, ésta es adoptada por los demás y combinada con sus propias sugerencias, y de este modo se transforma en una fuent e de otras nuevas ideas.” (Marshall,1954:226). Marshall resalta, de este modo, la existencia de una tradición productiva en torno a las actividades en que está especializado el distrito que condiciona las relaciones sociales y genera economías externas de aglomeración en dos aspectos fundamentales. Por un lado, determina la acumulación de know how especializado, lo que garantiza a la industria la dis ponibilidad de mano de obra cualificada y, por otra parte, favorece la circulación de ideas e información, facilitando la inn ovación y la difusión de los conocimientos tecnológicos entre las pequeñas y medianas empresas que conforman el distrito industrial (Bellandi,1986:36-40). De este m odo, con su concepto de distrito industrial, Marshall introdujo el territorio en el análisis de la organización industrial, en tanto consideró explícitamente el papel desempeñado por el espacio asociado a las relaciones y los procesos socio-culturales. En este s entido, la versión marshalliana de las economías de aglom eración presenta un caráct er territorial, en contraposición a la consideración tradicional de éstas, desde una perspectiva funcional (Asheim,1994:122-125). 55 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Por lo tant o, el concepto marshalliano de distrito industrial presenta dos dimensiones: - Una dimensión funcional, represe ntada por las economías externas que surgen de la organización de la producción a través de la división del trabajo entre empresas. - Una dimensión territorial, asociada a las economías de aglomeración que surgen de la atmósfera industrial. II.3.2.2. La revisión del concepto de distrito industrial Al final de la década de los setenta y durante la década de los ochenta las economías de los países industrializados entraron en recesión; sin em bargo, algunas localidades, (Oyonnax, en Francia; Baden-Württemberg, en Alemania; Silicon Valley y el ár ea de Los Ángeles, en EE.UU.; Cambridge, en el Reino Unido; la “Tercera Italia” o Barcelona) mostraron una notable capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias del entorno económico e inclus o mantuvieron un ritmo de crecimiento apreciable (Pyke y Sengenberger,1992:13). En este contexto, Gia como Becattini (1979) retomaría el conce pto marshalliano d e distrito industrial al estudiar las experiencias de industrialización difusa surgidas en algunas zonas del nordeste y centro de Italia. Becattini define el distrito industrial como: “(...) una entidad socioterritorial que se car acteriza por la presencia activa tanto de una comunidad de personas como de un conjunto de empresas en una zona natural e históricamente determi nada. En el distrito, al contrario que en otros ambientes, como las ciudades industriales, la comunidad y las empresas tienden a fundirse.” (Becattini,1992:63) . 56 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno carácter interpersonal de carácter informal, cooperación formal e informal entre empresas, circulación de información comercial, financiera o tecnológica, etc.). El conc epto de entorno innovador complementa el concepto de distrito industrial marshalliano. Ambas nociones, implican una interpretación territorial del espacio económico; pero mientras la teoría del distrito industr ial, tanto en su versión marshalliana, como en los desarrollos surgidos a raíz de los trabajos de Becattini, supone una aproximación esencialmente estática; la idea de entorno innovador representa un enfoque de carácter dinámico. Así pues, el modelo d e distrito industrial considera la organización de la prod ucción en un entorno loca l en términos de eficiencia en la localización, derivada de la existencia de economías externas de diversa naturaleza; sin embargo, el enfoque del GREMI pone el énfasis en el papel que juega el entorno local como generador de comportamientos innovadores que impulsan el cambio estructural (Camagni,1991a:2-3). II.3.3.3. La innovación en los sistemas productivos locales Aunque la dinámica innovadora de los sistemas productivos locales presenta variaciones según los casos, la mayor parte de los estudios empíricos coinciden en señalar que los distritos industriales se caracterizan por una elevada capacidad de introducción y de difusión de innovaciones (Rui Silva,1996:119). Conforme a una concepción de la innovación como proceso interactivo, este dinamismo innovador podría explicarse c omo un resultado de las relaciones de cooperación entre las empresas y otros agentes sociales implícitas en la lógica de funcionamiento del distrito. Las estrategias tecnológicas de las empresas y el propio proceso de innovación de los sistemas productivos locales presentan diversas pautas según el contexto sectorial. A este respecto, conviene distinguir en tre tres tipos de innovaciones: radicales, adaptativas e incrementales (Bramanti y Senn,1991:91). 63 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Las innovaciones radicales, al dar respues ta a problemas no resueltos previamente, representan avances sustanciales de los que se derivan nuevas posibilidades técnicas e incluso nuevos sectores. Este tipo de innovac iones se produce aisladamente, de manera discontinua y con mayor frecuencia en actividades de alta tecnología. Las innovaciones adaptativas son el resultado de la aplicación de una innovación anterior, normalmente de carácter radical, a un ca mpo o producto diferente. Habitualmente cuando una innovación radical se consolida en el mercado da lugar a toda una famili a de innovaciones adaptativas que explotan en diferentes direcciones posib ilidades técnicas específicas en los procesos o en las características de los productos que se derivaron de ella. Por último, las innov aciones incrementales suponen cambios y mejoras progresivas en los productos y en los procesos, que introducen características novedosas o mayores niveles de calidad en el producto, diferenciándolo así de los competidores. Las innovaciones incrementales se producen más frecuentement e que las anteriores y, en los sistemas in dustriales desarrollados, se present an incluso como un proceso continuo (Bramanti y Senn,1991:103). Partiendo de esta clasificación de las innovaciones, se observa como en los sistemas productivos locales especializados en actividades de alta tecnología el proceso de innovación está vinculado a los avances científicos; se realizan importantes esfuerzos en inversiones en innovación de pr oducto y la estrategia d e las empres as se orienta a la introducción de innovaciones de carácter radical. En los sectores de alta tecnología existe una competencia muy intensa que obliga a las empresas a introducir innov aciones continuamente como única alternativa para asegurar su s upervivencia. El pr oceso de innovación se desarrolla de manera interactiva a través de redes que permiten la generación de innovaciones en todos los segmentos de la cadena de valor de la industria, apoyándos e en relaciones de cooperación (Vázquez Barquero,1999a:142). 64 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Por otra parte, en los sistemas product ivos locales especializados en industrias tradicionales (textil, calzado, madera y muebles, etc.), las innovacione s son principalmente de carácter incremental o adaptativo. Las empresas adoptan bienes de equipo, productos intermedios o procesos procedentes de otros sectores y de origen exterior, introduciendo posteriormente mejoras concretas en los procesos de producción, en las características del producto, en la org anización de la empresa o en la comercialización de los productos (Vázquez Barquero,1999a:142). De esta forma, las empresas innovadoras pueden alcanzar la frontera tecnológica e incluso, a través de las pequeñas innovaciones incrementales, convertirse en líderes en determinados mercados diferenciados (Vázquez Barquero,1986:106). Estas innovaciones inc rementales son frecuentemente resultado de procesos informales de “learning by doing” y “learning by using”, favorecidos por la experiencia y la espec ialización en el trabajo, es decir, por la atmósfera industrial marshalliana (Asheim,1994:128). En este tipo de sistemas productivos locales especializados en actividades tradicionales, las empresas compiten en nichos de mercado, a través de una estrategia de diferenciación del producto, por lo que resulta fundamental la introducción de innovaciones de producto como fuente de ventaja competitiva. En otras ocasiones se trata de m ejorar y adaptar los productos o de obtener economías de alcance , mediante la fabricación de n uevas gamas de productos destinados a mercados en expansión (Vázquez Barquero, 1999a:142- 143). En este sentido, la flexibilidad de las funciones de producción dota a los s istemas productivos locales de una elevada capacidad para innovar en producto a partir de ideas provenientes de clientes, consumidores, proveedores o la participación en ferias o congresos (Costa Campi,1992:26). Por otro lado, también se innova en procesos, adaptando métodos de producción que mejoran la c alidad o reducen costes o bien introduciendo innovaciones de mercado en forma de nuevas técnicas de promoción o distribución (Vázquez Barquero, 1999a:142-143). 65 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno II.3.3.4. La asimilación tecnológica en los sistemas productivos locales Para las pequeñas y medianas empresas uno de los canales más frecuentes de acces o a nueva tecnología es la difusión tecnológica desde otras empresas, como resultado de la interacción a través de r edes formales e informales (Asheim,1994:126). La difusión tecnológica en los sistemas productivos loc ales s e des arrolla d e un modo jerárquico a través de la red industrial. Son las empresas líderes las que adoptan inicialmente las innovaciones y las transmiten posteriormente al resto de empresas a través de los vínculos formales e informales que mantienen con ellas (Vázquez Barquero, 1999a:144). El proceso de difusión tecnológic a resulta favorecido por la existencia de un ambiente socio-institucional propicio; es decir, la propia organización de los sistemas productivos locales y la atmósfera industrial favorecen el proceso de difusión de las innov aciones. En particular, la cooperación entre empresas que mantienen vínculos de carácter vertical suele dirigirse a la adopción y difusión de innovaciones incrementales, mientras que la adopción y difusión de innovaciones radicales es normalmente fruto de relaciones de cooperación de carácter horizontal en el ámbito de la investigación y desarrollo (Asheim,1994:131). En cualquier caso, para que los procesos de innovación y difusión tecnológica se desarrollen fluidamente se requiere según Vázquez Barquer o que se instale en el entorno local o regional: “(...) un proceso de aprendizaje enraizado en la sociedad y el territorio, en el que se intercambian y transfieren conocimientos codificados, que figuran en las “recetas” de producción, y conocimientos tácitos incorporados en los recursos hum anos, con conocimientos externos a las empresas y actores, pero internos a la red, y que se difunden como consecuencia de las relaciones entre los actores ” (Vázquez Barquero,1999a:140). 66 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno II.3.4. Empresarialidad y desarrollo endógeno Al comienzo de este capítulo, se presentó el des arrollo endógeno como el resultado de la movilización de los recursos autóctonos de un territorio y de la capacidad de los agentes locales y regionales para pilotar las transformaciones estructurales y el proceso de acumulación. De este modo, resulta evidente la función clave que tiene reservada el empresario y las pequ eñas y medianas empresas autóctonas en el proceso de transformación estructural de las economías a escala local o regional. Las motivaciones y los procesos de toma de decisiones empresari ales tienen un impacto directo sobre la localización de las actividades económicas, a través del cierre o la relocalización de la s empresas, la difusión espacial de las innovaciones o las inversiones externas. Por lo tanto, resulta vital que exista una oferta de empresarios de calidad que dinamicen la economía en un ámbito territorial determinado y que eventualmente sepan responder ante crisis estructurales derivadas de cam bios en el entorno. Son los empresarios locales los responsables de estimular la actividad económica e impulsar el cambio estructural necesario para huir del atraso económico o abordar situac iones de crisis socioeconómica. El factor empresarial asume, por consiguiente, un papel estratégico en el desarrollo regional y local, en tanto, como sostiene Suárez-Villa: “(...) los aspectos cuantitativos y cualitativos del factor empresarial- organizativo determinan (...) la aplicación efectiva de los recursos regionales y de las economías de escala, de localización y de urbanización. ” (Suárez- Villa:1986:55-86). No obstante, este tema es tratado con mayor profundidad más adelante en el capítulo III, dedicado exclusivamente a analizar el papel de la empresa y del 67 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno empresario en el desarrollo endógeno, por lo que no ahondaremos aquí en su consideración. II.4. LA DIMENSIÓN SOCIO-CULTURAL DE LOS PROCESOS DE DESARROLLO ENDÓGENO Salvo excepciones, la ciencia ec onómica ha prestado escasa atención a la dimensión socio-cultural en el proceso de desarrollo. No obstante, en la obra de los economistas clásicos (Smith o Malthus), de la Escuela Institucionalista ( Veblen o Ayres), en la Economía del desarrollo de los años cincuenta y sesenta (Lewis, Rostow o Myrdal) o en otros autores como Schumpeter y Kuznets se encuentran referencias a la importancia de los valores socio- culturales en el desarrollo económico. En cualquier caso, ha sido principalmente en el ámbito de otras ciencias sociales donde autores como Max Weber, J. H. Booke, Abegglen, Dav id McClelland, B. F. Hoselitz o Everett E. Hagen han profundizado en la repercusión de los factores socio-culturales en el desarrollo (Moreno, Rodríguez y Romero, 1999). En lo que aquí nos atañe, resulta imposible interpretar los procesos de desarrollo endógeno y el modelo de acumulación car acterístico de los fenómenos de ind ustrialización l ocal sin atender a su dimensión socio-cultural. La propia noción de desarrollo endógeno implica que la lógica de los procesos de acumulación y de transformación estructural se encuentra profundamente enraizada en la sociedad. De este modo, el desarrollo se concibe como un proceso multidimensional, en el que “lo económico” no puede analizarse como una categoría pura, aislada del resto de manifestaciones de la dinámica social. Únicamente considerando el conjunto de cauces estables de interacción social en un territorio se puede com prender el proceso de acumulación y la reproducción de algunos recursos esenciales para sistema productivo, como el espíritu empresarial, el trabajo cualificado, los conoc imientos específicos de cada 68 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno uno de los sectores y profesiones o la cultura de confianza y re ciprocidad, que favorece cooperación entre los agentes económicos (Becattini y Rullani,1996:16). En este sentido, Vázquez Barquero afirma que: “ (...) el proceso de desarrollo tan sólo puede ser posible en un entorno sociocultural que premie el espíritu emprendedor, confíe en los valores y energías locales, valore positivamente el ca mbio, estimule la competencia y acepte el riesgo. En t odo caso, el desarrollo necesita crearse su propio ambiente cultural, ya sea de forma espontánea o inducida, a partir de las actuaciones de los agentes públicos y/o privados.” (Vázquez Barquero,1993:36) . II.4.1. La regulación social en los modelos de desarrollo endógeno En los modelos de desarrollo endógeno los cauces estables de interacción entre las empresas no se encuentran gestionados únicamente por los mecanismos de mercado, sino por los fac tores socio-culturales del entorno que actúan también como elementos regulado res de la dinámica económica loca l (Latella, 1991: 44). A este respecto, la teoría de la regulación , pese a que fue concebida para su aplicación a economías nacionales y a escala internacional 11 , resulta también una marco interpretativo útil para estudiar el funcionamiento de los sistemas productivos y los procesos de de sarrollo endógeno a escala regional o local (Digiovanna,1996:376). Merece, por lo tanto, la pena detenernos brevemente en la presentación de algunos de los conceptos fundamentales des arrollados dentro de esta corriente. 11 El enfoque de la regulación, desarrollado principalmente por Aglietta, Boyer o Lipietz para explicar l a crisis económic a i nternacional de los setenta, constituye una corriente teórica orie ntada al análisis de las crisis y el cambi o en las economías capitalista s. 69 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno El enfoque de la regulación se articula en torno a tres conceptos centrales: el de régimen de acumulación, el de modo de regulación social y el de forma institucional (o estructural) 12 . Según Robert Boyer, un régimen de acumulación está constituido por: “(...) el conjunto de r egularidades que aseguran una progresión general y relativamente coherente de la acum ulación de capital, es decir, que per miten reabsorber o extender en el tiempo las distorsiones y desequilibrios que nacen permanentemente del proceso mismo” (Boyer,1992:52-53) . La vigencia de un régimen de acumulación marca etapas o per íodos de estabilidad en el desarrollo capitalista. No obstante, llegado un cierto momento en su evolución, las propias contradicciones internas al régimen de acumulación conducen a una crisis estructural que acaba determinando la sustitución del régimen de acumulación vigente hasta ese momento por otro de características diferentes. En cualquier caso, durante la vigenc ia de un régimen de acumulación determinado, la estabilidad del proces o de acumulación es salva guardada por la intervención del modo de regulación , entendido como: “(...) un conjunto de procedimientos y de comportamientos, individuales y colectivos, que tiene la triple propiedad de: reproducir las relaciones sociales fundamentales a través de la conjunción de formas ins titucionales históricamente determinadas; sostener y pilotar el régimen de ac umulación en vigor; asegurar la compatibilidad dinámica de un conjunto de decisiones descentralizadas, sin que sea necesaria la interiorización por los agentes económicos de los principios de ajuste del c onjunto del sistema” (Boyer,1992:61) . 12 En la elemental y sucinta presentación de las teorías de la regulación que a continuación se realiza se sigue a Robert Boyer (1992): La teoría de la regulación. Un análi sis crítico , Edicio nes Alfons El Magnànim, Generalitat Valenciana, V alencia. 70 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno La noc ión de modo de regulación apunta a los mecanismos que encauzan el conjunto de decisiones descentralizadas de producción y de intercambio que conlleva el funcionamiento del mercado, garantizando la coher encia dinámic a del proceso de acumulación. El modo de regulación se sustenta en diversas formas institucionales q ue dan cuerpo a los compromisos necesarios para la formación y el mantenimiento de un régimen de acumulación. Constituye una forma institucional “toda codificación de una o varias relaciones sociales fundamentales ” (Boyer,1992:54). En concret o, S. DiGiovanna, en su aplicación del enfoque de la regulac ión al análisis de varios d istritos industriales (Emilia-Romagna, Bade n-Württemberg y Silicon Valley), identifica cuatro formas institucionales: la relación salarial, las formas de concurrencia, el régimen de consumo y el papel del Estado (Digiovanna,1996:376). Para R. Boyer (1992:62), las formas institucionales se presentan de tres maneras distintas: x Codificadas en leyes, reglas o reglamentos; x Como compromisos entre agentes privados o grupos; x O en forma de valores sociales. Los “regulacionistas” plantean la noción de modo de regulación social como una alternativa a la teoría de la elección individual y al concepto de equilibrio general de tradición neoclásica. Así, Boyer (1992:61) a firma: “El m odo de regulación describe cómo la conjunción de formas institucionales modela, canaliza y, en algunos casos, obliga a los comportamientos indiv iduales y determina los mecanismos de ajuste en los mercados, que más a menudo derivan de un conjunto de reglas y de 71 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno principios de organización, sin los cuales no podía funcionar” ( Boyer,1992:61) . Así pues, el mercado interviene en la regulación social asumiendo un papel fundamental en el desenv olvimiento de cual quier régimen de acumulación; pese a lo cual, los mecanismos de mercado no aseguran por sí mismos la coherencia dinámica del proceso de acumulación, requiriendo de la c olaboración de otras formas institucionales, codificadas en términos de normas y valores. Este juicio general es aplicable específicamente a la regulac ión social de los procesos de desarrollo endógeno 13 . A este respecto, los mecanismos de mercado desempeñan una importante función en la asignac ión de recursos a través de la coordinación de las decisiones individuales de los agentes económicos. Pero, la regulación social en los sistemas productivos locales se desarrolla también mediante relaciones jerárquicas, ya sea dent ro de la propia organización empresarial o a través de la actuación de los poderes públic os. En este caso las formas institucionales se encuentran codificadas en normas de diversa naturaleza. En cualquier caso, el mercado y la jerarquía no son capaces de responder por sí solos a las dos manifestaciones que, siguiendo a Piore y Sabel (1990), presenta el problema de la microrregulación en la especialización flexible: - La conciliación de la c ompetencia y la cooperación. - La regeneración de los recursos que necesita la colectividad, per o que no son producidos por las unidades de que está compuesta. 13 Algunos autores, como C. Crouch, P. Le Galès, C. Trigilia y H. Voelzkow (2001), prefieren emplear el concepto de “governance“ (gobernanza ) que, a estos efectos, se encuentra muy próximo al de regulación social. Concretamente, se aplica este término con referencia a la actuación de “las instituciones que coordinan o regulan las acci ones o transacciones entre los sujetos (econ ómicos) dentro de un siste ma (económi co)” (Le Galès y Voelzkow, 2001:6) 72 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno II.4.2.2. El papel del capital social en la regulación de los procesos de acumulación endógenos El capital social c olabora con el mercado y las relaciones jerárquicas en la regulación social de los procesos económicos a escala local o regional. Concretamente, en la literatura se destacan tres cauc es fundamentales a través de los cuales se manifiestan los efecto s económicos de la dotación de capital social de una comunidad: a) El capital social reduce los costes de transacción y favorece la acción colectiva . Las relaciones de cooperación interempresarial en el ámbito de la investigación, la producción, la distribución o la comercialización, consustanciale s al modelo descentralizado y a la división del trabajo entre empresas, conllev an la existencia de costes de transacción as ociados a la realizac ión de operaciones mercantiles, la formalización de acuerdos o el mantenimiento de relaciones de carácter informal. Lógicamente, para que este modelo descentralizado resulte eficiente se requiere que es tos costes de transacción sean menores a los que se soportarían internalizando los procesos ext ernos, mediante la int egración vertical dentro de la propia empresa (Costa Campi,1992:20). Por lo tant o, puede afirmarse que la div isión del t rabajo entre empresas está limitada por los coste s de transacción existentes. A este respecto, la existencia de un clima de co nfianza y de reciprocidad reduce est os costes. Si no existe confianza en que se asumirán los compromisos derivados de una transacción mercantil muchas operaciones no llegarán a cerrarse 17 . En concreto, resultan muy sensibles a la confianza todas aquellas 17 K. Arrow fue uno de los primeros economistas en reconocer el papel de la confianza para el buen funcionamiento de la economía y el desarrollo económico al afirmar que “con escaso margen de error buena parte del retraso económico en el mundo se explica por la falta de confianza mutua” (Arrow,197 2:357). 79 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno transacciones en las que se provee de un bien o servicio a cambio de un pago futuro, así como los contratos laborales en los cuales el empleador confía a los trabajadores tareas difícilmente controlables . En prese ncia de confianza mutua no será necesario detallar exhaustivamente todos los aspectos de una operación en contratos formales, ni se incurr irá en gastos importantes para controlar el cumplimiento de lo pactado o pa ra sufragar el coste de reclamaciones judiciales por incumplimientos de contratos (Salas;1998). Por todo ello, el capital social lubrica los mecanismos de mercado reduciendo los costes de transacción. En este sentido, Costa Campi (1988), considera que los costes de transacción resultan menores en economías que disfrutan de un tejido industrial y social desarrollado, de modo que “ la división del trabajo entre empresas difícilmente es una organización industrial viable en áreas atrasadas. ” (Costa Campi,1988:257). Así mismo, el capital social inhibe los comportamientos oportunistas y favorece la acción colectiva en respuesta a si tuaciones como la descri ta en el dilema del prisionero. Por lo tanto, el capital social, al permitir la coordinación de acciones, corrige determinados fallos del mercado e incrementa la eficiencia económica desde una p erspectiva social, en tanto q ue los benefic ios de la acción colectiva superan sus costes totales. b) La existencia de capital social favorece la transmisión e intercambio de información y conocimientos , especialmente en el ca so de conocimientos tácitos o no-codificados, favoreciendo la innovación. El capital s ocial facilita la transmisión de la información relativa al peligro de comportamientos oportunistas o desleales de otros agentes con los que se mantienen o pretenden mantener relaciones mercantiles. Así mismo, favorece el intercambio de la información rel ativa a precios u otros aspec tos del entorno económico, con lo que se reducen, igualmente, los cos tes de transacción. Por otro lado, en la actualidad las innovaciones son el resultado de un proceso interactiv o en el que resulta cr ucial la comunicaci ón y la cooper ación entre los agentes 80 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno (investigadores, empresas, instituciones), por lo que el capital social asume un papel crucial en los proces os de innovación y de difusión tecnológica (Asheim,1999). c) El capital social puede mejorar la efectividad de las actuaciones gubernamentales . El capital social puede mejorar la eficiencia y la honestidad de la Administración y la calidad de las política s públicas, lo que puede reflejarse en una adecuada provisión de servicios públicos (educación sanidad, etc.) y o de bienes públicos (infraestructuras de transportes, comunicaciones, sociales, etc.) (Putnam,1993). Igualmente, en una sociedad en la que existe un clima de confianza generalizado, las políticas económicas gozan de mayor credibilidad y el entorno político es más estable. II.4.3. La cultura técnica y el mercado de trabajo local Cada entorno local se caracteriza por una tradición productiva o una cultur a técnica, entendida, siguien do a D. Maillat, como la elaboración, transmisión y acumulación, de prácticas, conocimientos, normas y valores relacionados co n una actividad económica (Maillat,1994:33), que contribuye a la regulación social en el sistema productivo local. La cultura técnica condiciona la especialización del sistema productivo local y, desde una perspectiva dinámica, las trayectorias tecnológicas adoptadas por el distrito, debido a la disponibilidad de mano de obra especializada en el entorno local. La tradición productiva de una zona gene ra un s edimento en forma de “know-how” y cualific ación de los trabajadores que permite la reproducción del modelo de desarrollo local. Los tr abajadores adquieren una cualific ación profesional como consecuencia del proceso de aprendizaje en el propio puesto de 81 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno trabajo, así como por la educación forma l e informal ajustada a las necesidades del sistema productivo. Adicionalmente, Becattini y Rullani (1996) consideran que en los entornos locales cristaliza un tipo de conocimiento que denominan contextual en contraposición al conocimiento codificado. Conocimiento codificado es el que se interc ambia por medio de un lenguaje científico y técnico, lo que permit e que pueda ampliar su campo de validez siendo transferido a contextos distint os a aqué l en que se originó (Becattini y Rullani,1996:20). Por el cont rario, el conocimiento contextual es un conocimiento local, de carácter tácito e infor mal, que está ligado al entorno en que se forma, de modo que sólo mantiene su significado y su validez en él (Becattini y Rullani,1996: 20). Se trata de un tipo de conocimiento que se transmite en el entorno local, “ haciendo cosas y observand o como las hacen los dem ás, por medio de una charla informal ”, utilizando un lenguaje que emplea expresiones locales e idiomáticas, a menudo carentes de significado fuera de la zona (Brusco,1996:66). Ambos tipos de conocimiento, codificado y contextual, son necesarios para el funcionamiento adecuado de los sistemas producti vos y es, conc retamente, en los entornos locales donde se relacionan e integran. A este respecto, S. Brusco caracteriza el distrito industrial como: “(...) nudo de instituciones, valores y formas de conocimiento específico que, sólidamente anclados en una comunidad, historia y territorio geográfico, son capaces, sin embargo de dialogar y comerciar con el sistema de conocimiento codificado y, de esta form a, con los últimos avances de la comunidad científica y técnica mundiales. ” (Brusco,1996:69). 82 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno La cultura local y el sistema de valores de la comunidad configura también las actitudes ante el trabajo de la pob lación, las políticas laborales de las empresas y el papel de las or ganizaciones sociales y los poderes públicos respecto a las relaciones laborales, dotando a los mercados a escala local o regional de unas características propias. En este sentido, diversos autores han coincidido en señalar que los sistemas productivos locales se caracterizan por una configuración flexible de lo s mercados de trabajo, que se manifiesta en unos bajos costes laborales, en la disponibilidad de mano de obra cualificada y en una conflictividad laboral reducida (Vázquez Barquero,1999a:144). Estas peculiaridades en el func ionamiento de los mercados de trabajo locales han sido identificadas como un factor esencial en los procesos de acumulación en diversas áreas de industrialización difusa. Así pues, frecuentemente se considera que uno de los puntos fuertes de los sist emas productivos locales ha sido su capacidad para aplicar a la producción los recursos humanos disponibles mantenien do niv eles de salarios más bajos que en las áreas urbanas, lo que habría favorecido el proceso de acumulación de capital y el cambio estructural de las economías locales (Vázquez Barquero,1988:77) . La segmentación territorial del mercado de trabajo se debe, al menos en parte, al papel regulador desempeñado por el sistema de valores socioculturales en los entornos locales. Así, por ejemplo, la especial flexibilidad de los mercados de trabajo locales se ha asociado a los estrechos lazo s comunitarios y familiares y, concretamente, al papel estabilizador que juega la familia como unidad de producción y de renta. El mantenimiento en los entornos locales de un presupuesto familiar común integrado actúa como un mecanismo de ayuda mutua en tiempos de necesidad, lo que facilita que parte de la población activa esté dispuesta a tr abajar a cambio de salarios relativamente bajos y con carácter temporal o a tiempo parcial (Pyke y Sengenberger,1992:80). Algunos autores han señalado tamb ién la existencia de una fuert e motivación para el trabajo en la población activa de los sistemas productivos locales. Esta actitud favorable hacia el trabajo es resultado del propio ambiente 83 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno familiar que inculca una só lida ética del trabajo, así como del sentimient o de identidad local, que cont ribuye a desactivar los conflictos sociales, al superponerse al sentimiento de clase (Vázquez Barquero,1996:79). En este sentido, la comunicación per sonal entre empresarios y trabajadores resulta fluid a en muchos casos debido a que no exist en grandes diferencias sociales y culturales entre ellos. Así mismo, la movilidad de los trabajadores cualificados entre empresas de un mismo distrito, facilitada por el amplio número de pequeñas y medianas empresas existentes y por la especialización del distrito en torno a una rama de actividad, contribuye a la difusión de las innovaciones (Pecqueur y Rui Silva,1992:23). II.4.4. Otros condicionantes culturales de los procesos económicos: la cultura empresarial y la identidad territorial Las características socioculturales de una comunidad se proyectan también sobre otros muchos aspectos de la dinámica económica condic ionando las características de la economía local o regional. A este respecto, resulta imprescindible hacer mención a la importancia de los valores culturales en la provisión de recursos empresariales. El factor empresarial no es susceptible de proveerse en función de una lógica de mercado, en tanto no existe una oferta y una demanda de empresarios que puedan equilibrarse a través de mov imientos de precios. Por lo tanto, los valores socioculturales desempeñan también una función reguladora al estimular el surgimiento de emprendedores y reproducir así un a de las bases del sistema productivo local o regional. En el ámbito de la teoría del empresario se han tratado de identificar aquellos factores que explican tanto la emergencia de empresarios como la 84 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno calidad de los mismos 18 . A est e respecto, se ha s eñalado la relevanc ia de determinados factores socio-culturales que predisponen a la actividad empresarial y que se identifican frecuentemente con la idea de cultura empresarial. Determinadas localidades o regiones disfrutan de una tradición o cultura empresarial que favorece el surgimient o de empresarios mientras que otras áreas se caracterizan por la carencia de espíritu empresarial. Ello depende de diversos factores entre los que puede señalarse la legitimación social del empresario o la movilidad socio-profesional en sentido ve rtical. En cualquier caso, pese a su extraordinaria relevancia, éste es aún un campo de investigación poco explorado en la literatura. Así mismo, diversos estudios han puesto de manifiest o que los procesos de desarrollo local surgen en comunidades con un fuerte sentimiento de identidad territorial . Se entiende que existe una identidad local/regional cuando la población que reside en un ámbito espacial determin ado se identifica con el sistema social vigente, con la comunidad, la cultura y las tradiciones pro pias, el paisaje, la historia y, en general, con las singularidades que le confieren personalidad propia como colectivo (Raagmaa,1999:5-6). La existencia de un sentimiento de identidad territorial y de pertenencia a la comunidad favorece la formación de redes y la cooperación, condiciona las decisiones de los empresarios locales, ligados emocionalmente a la localidad, y limita la emigración y los conflictos laborales, entre otras cuestiones. De este modo, la identidad territorial se revela como un recurso local de gran valor, especialmente en momentos de inestabilidad económica o socio-política. 18 En este sentido, véase Cáceres Carrasco, F. R. (2000): Función empresarial y emergencia empresarial. Un análisis e mpírico sobre los factores económicos y socio-institucionales que explican la aparición de empresarios en Andalucía; Tesis Doctoral; Departamento Economía Aplicada I; Universidad de Sevilla; y Santos Cumplido, F. J. (2001): La calidad del empresario sevillano; Biblioteca de socioeconomía sevillana; Diputación de Sevilla; Sociedad Sevilla Siglo XXI; Sevilla. 85 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno II.5. LA DI MENSIÓN POLÍTICO-ADMINISTRATIVA DEL DESARROLLO ENDÓGENO. LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL Los procesos de des arrollo endógeno presentan también una dimensión político-administrativa. La actividad de los poderes públicos contribuye, junto al mercado o al sistema de valor es, a la regulación social de los procesos de acumulación impuls ados por fuerzas endógenas. En este caso, la regulación pública se basa en r elaciones de tipo jerárquico y se instrumenta a través de normas de diverso carácter. El desarrollo endógeno es, por encima de todo, una estrategia para la acción que se plasma en las políticas de desarrollo local o regional. En el marco del paradigma de desarrollo endógeno las comunidades locales están llam adas a asumir el liderazgo de sus propios procesos de desarrollo, desplazando a la Administración Central como responsable principal de la polític a de desarrollo. La política económica local y regio nal descentralizada puede ser un instrumento eficaz para actuar sobre los fallos del mercado debidos, por ejemplo, a la presencia de externalidades o a la información imperfec ta (Garofoli,1994:23) y para procurar el pleno aprovechamiento del potencial de des arrollo endógeno de un territorio movilizando los recursos dis ponibles (económicos, organizativos, culturales, etc.). Escapa de los objetivos de este trabajo abordar el estudio de las políticas de desarrollo endógeno; sin embargo, esta presentación gener al del paradigm a del desarrollo endógeno quedaría incompleta si no se esbozara al menos su dimensión normativa. Por esta razón en las siguientes páginas se presentan, de modo necesariamente superficial, algunos aspectos generales de las políticas de desarrollo local. 86 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno II.5.1. Diferencias entre los enfoques de política regional tradicionales y la estrategia de desarrollo local La estrategia de desarrollo endógeno se identifica generalmente con actuaciones a escala loca l. A este respecto, la política económica local para Vázquez Barquero (1993:18-19) es: “(...) una política de oferta, que surge como consecuencia de los cambios en el modelo de ac umulación de capital que exige mayor flexibilidad en la regulación y que aparece como una respuesta de las ciudades y regiones ante la destrucción de empleo, el cierre de empresas y, en definitiva, al reto de la competitividad al que se enfrentan las empresas y la economía local en su conjunto. ” (Vázquez Barquero,1993:18-19). Las nuevas políticas de desarrollo local suponen un giro significativo respecto a las aproximaciones de política regional dominantes durante los años cincuenta, sesenta y primeros setenta. Por lo tanto, resulta ilust rativo presentar sus características a partir de la comparación con las políticas regionales tradicionales. En primer lugar, estas aproximaciones alternativas de polític a regional difieren en sus fundamentos teóricos y en la estrategia propuesta. Por un lado, las políticas tradicionales se sustentaban sobre el paradigma funcional que se plasmaba en el modelo de concentración/difusión, en la estrategia de po los de crecimiento urbano-industriales y en la jer arquización del sistema de c iudades. Por el contrario, la estrategia de desarrollo local se encuadra en el nuevo paradigma territorial de la Economía Regional y toma como hipót esis el modelo de difusión local o de industrialización difusa (Vázquez Barquero,1986:88-89). Ambos enfoques difieren también en los objetivos de po lítica económica propuestos. Las políticas tradicionales trataban de elevar las tasas de crecimiento económico a través del impacto directo e indirecto generado por grandes 87 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno proyectos industriales de empresas públic as o grandes empresas foráneas. Sin embargo, las polític as locales persiguen la adaptación y reestructuración progresiva del sistema productivo local o regional a través de proyectos a pequeña escala, que introduzcan innovaci ones, mejoras en la calidad de los productos o eleven la flexibilidad del sistema local de empresas. Se trata, por lo tanto, de dinamizar el tejido empresarial existente y gen erar nuevo tejido productivo, estimulando la creación de empresas y el surgimiento de emprendedores. Así mismo, en el marco de las políticas de desarrollo endógeno, no se proc ura únic amente impulsar el cr ecimiento económico cuantitativo, sino que constituye un objetivo explícito la satisfacción de las necesidades y demandas de las comunidades locales. Cuadro II.1. Cambios en la política de desarrollo regional y local Política tradicional Políticas nuevas Estrategia dominante Desarrollo polarizado Visión funcional Desarrollo difuso Visión territorial Objetivos Crecimiento cuantitativo Grandes proyectos Innovación, calidad, flexibilidad Emprenditorialidad Numerosos proyectos Mecanismos Redistribución Movilidad del capital y el trabajo Movilización del potencial endógeno Utilización de los recursos locales y externos Organización Gestión centralizada Financiación a empresas Administración pública de los recursos Gestión local del desarrollo Prestación de servicios Organizaciones intermedias Fuente Vázquez B arquero, A. (199 3), op. cit.; p. 223. En el plano de los mecanismos adoptados para impulsar el desarrollo, las políticas de desarrollo tradicionales es timulaban la difusión o redistribución territorial de la actividad productiva mediante la utilización de recursos externos al área. Por el contrario, la nueva política de desarrollo regional pretende superar los 88 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno industriales se enfrentan en el presente contexto a fuertes presiones competitivas, procedentes tanto de las grandes empresas como de los territorios en desarrollo con bajos costes laborales. En este e scenario, se considera en ocasiones que la pequeña y mediana empresa no puede competir con la gran empresa multinacional, la auténtica protagonista del proceso de globalización. En esta línea, algunos autores, como Ash Amin y Kevin Robins (1991 y 1992) o Bennett Harriso n (1994), niegan que nos encontremos en el inicio de una nueva era marcada por la especialización flexible, enfrentándose a los planteamientos defendidos, entr e otros, por Piore y Sabel. Por el contrario, diversos autores afirman que se está asistiendo a una profundización en el proceso histórico de integración global de las econom ías locales y nacio nales y hacia la centralización internacional del control. De esta forma, la tendencia dominante apunta hacia la homogeneización del mercado, la globaliz ación de la industria y la integración vertical de la empresa (Amin y Robins,1991:109). Los escépticos frente a las posibilidades de desarrollo endógeno consideran que la d inámica económica a escala local, re gional o nacional debe interpretarse siempre en el contexto del proceso de globalización, que determina una internacionalización crecient e de las relaci ones comerciales, de la inver sión y la producción. En este sentido, la glob alización estaría impulsando procesos de reestructuración productiva que tienen consecuencias espaciales diversa s. En algún caso estos proceso s han dado como resultado sistemas producti vos locales integrados territorialmente. No obstante, a juicio de estos autores, dominaría la tendencia hacia la formación de redes globales frent e a las redes locales, lo que haría dudar de la viabilidad de un modelo de desarrollo local autocentrado 22 . Todo ello no implica que vayan a desaparecer los distritos industrial es y otros sist emas productivos localizados, aunque ciertos hechos estilizados sí permiten refutar, a 22 Estos planteamientos retoman la postura de defendida por algunos autores de la teoría d e la dependencia, como Frank, Amin y Santos, quienes negaron la posibilidad de un desarrollo autónomo en zonas periférica s como consecuencia de la insuficiencia de la demanda interna, la dependencia tecnológica y la extroversión de sus sistemas productivos (Vázquez Barquero,199 9:62-63). 95 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno juicio de algunos investigadores, la hipótesis del advenimiento de una nueva era marcada por la supremacía de las formas de organización territoriales frente a las funcionales (Amin y Robins,1991:116). Igualmente, en la literatura no exis te un consens o en cuanto a la interpretación de los modelos locales de desarrollo, c omo los distritos industriales y la descentralización de grandes empresas. Así, A min y Robins consideran que la teoría del distrito in dustrial es vaga y difusa y que s us defensores han abusado en su uso del concepto “distrito industrial” aplicándolo a nuevos espacios industriales de naturaleza muy diversa. Así, por ejemplo, defienden que las aglomeraciones centradas en el desarrollo de nuevas industrias de alto nivel tecnológico, como el Silicon Valley o Grenoble, deberían estudiarse por separado. Por otra parte, en cuanto a los procesos de descentralización que están abordando las grandes empresas multinacionales, opinan que co nducen la mayor parte de las veces a un modelo de producción verticalmente desintegrada, pero controlada de forma centralizada para asegurar estándares de calidad de unos productos destinados a mercados mutables de artículos en masa. Este tipo de complejos productivos no tendrían porqué estimular el desarrollo local o regional (Amin y Robins,1992:270-272). Frente a estas críticas, otra corriente de opinión cons idera que la estrategia de des arrollo endógeno representa otro camino viable para algunas áreas, y en aquéllas con escaso atractivo para las empresas multinacionales, el único que puede impulsar procesos de acumulación a escala local o regional. Desde esta perspectiva, la estrategia de desarrollo endógeno representa una respuesta al clima de opinión que postula a la gran em presa de c arácter multinacional como la “mejor” forma de organización de la producción en “todas” las s ituaciones posibles. Por el contrario, el modelo de especialización flexible y de industrialización difusa constituyen, al menos, una alternativa al modelo de industrialización exógeno basado en la producción a gran escala y la gr an empresa industrial (Costa Campi,1988:262). 96 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno En este sentido, algunas grandes empresas innovadoras han abandonado los sistemas de organización de carácter funcional y han adoptado estrategias territoriales buscando la adaptación y la integración en los entornos socioeconómicos donde se localizan ( Vázquez Barquero,1999a:64). Estos cambios en las estrategias organizativas pueden f avorecer los procesos de difusión industrial, incluso si se mantiene como modelo teórico de referencia el modelo concentración/difusión del paradigma funcionalista. Por otro lado, como afirma Vázquez Barquero: “(...) la teoría del desarrollo endógeno sostiene que los si stemas productivos locales son formas de organización que hacen eficientes los procesos de desarrollo económico local, lo cual no es necesariamente incompatible con la proposición de la teoría de la dependencia de que algunas empresas multinacionales están en el núcleo del poder y controlan, por tanto, las grandes transformaciones de la economía global. Son dos dimensiones diferentes de análisis. Una se ref iere a los procesos de crecimiento y cambio estructural de las economías locales, mientr as que la otra se vincula a los aspectos políticos e institucionales del modo de producción capitalista. Por tanto, nada impide que los actores locales controlen la dinámica económica local siempre que sea compa tible con la evolución del sistema económico. ” (Vázquez Barquero,1999a:66). A juicio de C. Crouch y C. Trigilia (2001:216-217), las pequeñas y medianas empresas autóctonas pueden ser una fuente de dinamismo en localidades y regiones que, en caso contrario, serían demasiado dependie ntes de fuerzas y recursos externos a la zona, como los poderes públicos centrales o la s grandes empresas foráneas. Así mismo, existe una tendencia firme en diversos sectores de alta tecnología a or ganizarse en conglomerados geográficamente localizados, lo que resulta una prueba de la vigencia de esta forma de organización. 97 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno Los conglomerados de pequeñas y median as empresas pueden presentar ventajas competitivas frente a las gr andes corporaciones especialmente en aquellos sectores que reúnen dos características (Crouch y Trigilia,2001:212): - El proceso de producción es susceptible de descomponerse en niveles en los que operen empresas especializadas, dando lugar así a una división del trabajo entre empresas. - Los mercados están f ragmentados y son c ambiantes en el espacio y en el tiempo, lo que posibilita la adopción de estrategias de nicho. En el contexto actual, la viabilidad de los s istemas productivos loc ales pasa por su integración en la economía globalizada, a trav és de su competitiv idad en los mercados internac ionales. Para ello deben impuls ar cambios en el modelo productivo y en el marco socio-instit ucional al objeto de adaptarse a las condiciones del entorno competitivo. El gran reto de los sistemas productiv os locales en el actual contexto de globalización es precisamente la búsqueda de un posicionamiento favorable en la divis ión espacial del trabajo a escala internacional. Por lo tanto, se trata de que cada territorio se integre funcionalmente en la economía globalizada, de modo que el paradigma territorial y el funcional resultan marcos interpretativos hasta cierto punto complement arios. Frente a la lógica funcional que conduce a la división espacial de las funciones y a la fragmentación de la producción en el espac io, la lógica territorial resalta las interdependencias socioeconómicas que se establecen en un determinado territorio (Maillat,1998:10). Los distritos industriales se caracterizan por una combinación de integración territorial y funcional y es el balance entre estas dos dimensiones la clave de su éxito y su continuidad (Asheim,1994:157). La integración territorial es la esencia de su carácter endógeno, en tant o se trata de un modelo de desarrollo local profundamente vinculado a la identidad local y a la s especificidades socio- económicas de la comunidad local. Por otro lado, la integración funcional, es una condición necesaria para su viabilidad y sostenibilidad en el contexto de una 98 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno economía cada vez más competitiva y globalizada. A este respecto, result a esencial que el distrito industrial se comporte como un entorno innovador, en tanto, la innovación es la que marca el posicionamiento competitivo del distrito. En este sentido, Becattini afirma que: “Distritos y ciudades industriales, como se ha dicho, sólo pueden mantener la función productiva si son capaces de mantener el paso del dinamismo evolutivo impuesto por la modernización. Esto significa que deben transformarse, por una parte, para seguir “enganchados” a la dinámica externa de los conocimientos y, por otra parte, para metabolizar en el circuito local las informaciones y las tensiones inducidas por este mayor contacto con el exterior. ” (Becattini y Rullani,1996:22). En cualquier caso, el contexto de globalización plantea dos amenaza s para el distrito industrial, y más en general, para los procesos de des arrollo endógeno (Asheim,1994:157): a) Por un lado, la pér dida de la propiedad y el control de las em presas locales o regionales en favor de grandes empresas externas al área (Harrison, 1994). El éxito de los distritos atrae en ocasiones el interés de las grandes corporacione s que adquieren pequeñas y medianas empresas dinámicas para convertirlas en filiales o plantas subsidiarias, con la consecuente transferencia del poder de decisión f uera de la localidad o de la región. Así mismo, las exigencias competitivas pueden inducir a la s empresas del distrito a sustituir subcontratista s locales por proveedores instalados en otras áreas al objeto de reducir costes, lo que implicaría una ruptura de la división del trabajo dentro del propio distrito. En estos casos, las actividades que escapan del distrito suelen ser funciones avanzadas relacionadas con el diseño, el marketing o la investigación y el desarrollo tecnológico puesto que la escala en la que operan las empresas del distrito no permite en muchos casos la exist encia de empresas especializadas en estas funciones (Whitford,2001:47). De este modo, disminuye el autocentramiento 99 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno del distrito, en tanto éste queda condicionado, al menos parcialmente, por la eficiencia de las funciones desarrolladas externamente. Estos cambios suponen un sesgo del dist rito industrial hacia la integración funcional en perjuicio de la integración territorial. Las redes industriales dejan de tener un carácter local o regional y adquieren una dimensión mayor. No obstante, la creciente participación de las empresas locales en redes internacionales no conduce a la desint egración de la comunidad local, ni supone una pérdida esencial de control de los agentes locales en el proceso de desarrollo; por el contrario, la red de relaciones internacionales se conec ta con la red de relaciones locales, de modo que la exist encia de fuertes relaciones entre las empresas locales puede representar un factor de fortalecimiento de la empresa local respecto a sus vinculaciones internacionales , lo que puede mejorar su posición en dichas redes. Así mismo, las empresas locales pueden beneficiarse de un acceso indirecto a las redes internacionales a las que directamente no pertenecen, a través de sus relaciones con otras empr esas locales que sí participan en ellas (Cappellin,1991:236). b) Una segund a amenaza está asociada a la constitución de grupos de empresas más formalizados a partir de las pequeñas y medianas empresas locales (Cappellin,1991; Harrison,1994; Whitford,2001), como una salida a la presión competitiva a la que se enfrentan, fenómeno que ha sido observado, por ejemplo, en la Terc era Italia. Para alcanzar cotas superiores de calidad y un suministro más rápido se necesitan relaciones más estables entre las empresas, lo que conduce a intens ificar y, e n algunos casos, formalizar las relaciones de cooperación vertical (Whitford,2001:48). De esta forma, las relaciones de red basadas en la cooperación se sustituy en por una organización de la producción de tipo jerárquico, rompiendo con la esencia del modelo de indust rialización local que específicamente se ha definido como distrito industrial. En este sentido, la cuestión clav e es hasta qué punto puede introducirse la planificación estratégica a largo plaz o en los sistemas industriales descentralizados de pequeñas y medianas empresas sin destruir totalmente el 100 Capítulo II. El paradi gma del desarrollo endógeno entorno innovador y la flexibilidad en la que se basa su dinamismo económico (Asheim,1994:160). No obstante, esta respuesta del sistema productivo local al contexto competitivo actual no implica un a pérdida de control autóctono y result a compatible en principio con una estrategia de desarrollo endógeno. Para concluir y en síntesis, podría afirmarse que las transformaciones económicas que se están produciendo a escala internacional conducen a la intensificación de las r elaciones directas entre lo local (como un c oncepto relativo aplicable a una localidad, a una región o, incluso a una estado nacional) y lo global. En este escenario, las empresas pueden desarrollar estrategias locacionales alternativas, que dependiendo de las circunstancias locales, producen efectos espaciales div ersos (Amin y Robins ,1991:105). La evoluc ión de la organización indust rial conduce a una compleja articulación entre lo local y lo global donde los sistemas productivos so n al mismo tiempo más locales y má s globales (Becattini y Rullani,1996:22). 101 CAPÍTULO III TEJIDO EMPRESARIAL Y DESARROLLO ENDÓGENO Capítulo III Tejido empresarial y desarrollo endógeno Si bien la importancia del factor empresarial en el proceso de desarrollo económico es indudable, su relevancia resulta aún mayor cuando éste se plant ea como un proceso de “abajo-arri ba”, en tanto, desde esta perspectiva, la iniciativa empresarial propia está llamada a asumir la responsabilidad de dinamizar la economía local o regional y movilizar los recursos productivos autóctonos. Los enfoques tradicionales en la Economía Regional preponderantes durante los años cincuenta y sesenta resaltaron el papel de las grandes empresas en el func ionamiento de las economías industrializadas. Sin embargo, a raíz de finales de los años setenta, en el contexto de crisis económica y de los cambios en los modos de producción, se pasó a destacar el impacto de las pequeñas y medianas empresas como creadoras de empleo y agentes impulsores del desarrollo. En la actualidad, siguiendo con esa dinámica pendular, se tiende a revisar la repercusión de las PYMEs en el actual escenar io de globalización económica, marcado por el protagonismo de las grandes empresas. De esta forma, los estudios sobre las PYMEs han dejado de tomar en los últimos tiempos a la PYME individual y aislada como objeto de estudio, para orientarse hacia el anális is de las redes de PYM Es vinculadas en ocasiones a grandes empresas. En este sentido, en el segundo capítulo se han presentado los sistemas de pequeñas y medianas empresas autóctonas vinculadas a través de “linkages” (eslabonamientos) y de relaciones de cooperación como un modelo productivo característico de los proces os de desarrollo endógeno. Esta forma de organizar la producción permite a las PYMEs individuales beneficiarse de las economías externas que se derivan de los activos comunes al sistema de empresas. 105 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Ciertamente, en una organización empresarial, cualesquiera que sean su naturaleza y dimensione s, existen agentes que desarrollan la función empresarial, pero no tiene porqué existir la figura del hombre-empresario . En las microempresas y las pequeñas empresas las tres esferas funcionales coinciden en la figura del hombre- empresario o empresario individual que aporta el capital, asume la gestión cotidiana de la empres a e impulsa el negocio abordando nuevos proyectos. Por lo tanto, en este tipo de empresas el papel del empresario individual resulta fundamental puesto que es el auténtico motor de la organización determinando las c aracterísticas y la evolución de la unidad productiva (Maillat,1988; Guzmán;1994c:197). Sin embargo, conforme se incrementa el tamaño de la empresa y cambia su forma jurídica, estas funciones em presariales pasan a ser respon sabilidad de diversos individuos, de modo que result a imposible la identificación de un “hombre-empresario” en la medida en que son muchos los agentes que desarrollan aspectos concretos de la compleja función empresarial (Guzmán,1994b:87). De esta forma, la figura del empresario se difumina, por lo que resulta a efectos analíticos más interesante trabajar en términos de función empresarial. su tiempo, sino solamente q ue aporten amplios conocimientos generales y buen juicio para resolver los problemas más importantes de la marcha del negocio, y al mismo tiempo, asegurarse que los geren tes de la compañía estén desempeñando debidamente su cometido. A estos y a sus auxiliares corresponde una gran parte del trabajo de organización del negocio y todo el de inspección, pero no se le exige que in viertan capital e n el mism o” ( Marshall,1954: 252-253). 112 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno Figura IV.1. Solapamiento y dilución de las esferas funcionales del empresario E. FINANCIERA E. GERENCIAL E. IMPULSORA MICROEMPRESAS E. FINANCIERA E. GERENCIAL E. IMPULSORA PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS E. FINANCIERA E. GERENCIAL E. IMPULSORA GRANDES EMPRESAS Fuente: Guzmán C uevas, J. (1995): El empresario en la p rovincia de Se villa. Sevilla Siglo XXI, S.A., Dipu tación de Sevilla; Sevi lla. 113 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno En este sentido, conviene matizar que la función empresarial puede ser desarrollada por agentes de diversa naturaleza: un único individuo o un colectivo de individuos, entidades corporativas o el propio Estado, en el caso de las empresas públicas. Por lo tanto, la definición de la función empresarial que se ha adoptado es independiente de cualquier consideración sobre el marco institucional en el que se desarrolla la actividad económica, incluso del sis tema económico vigente. En este sentido, resulta también interesante introducir aquí la distinc ión presente en la literatura sobre la empresarialidad (“entrepreneurship”) entre el “individual entrepreneurship” y el “corporate entrepreneurship”; el primero comprende la creació n de nuevas empresas por empresarios independientes, mientras que el segundo se refiere a la puesta en marcha de nuevos negocios dentro de una empresa en funcionamiento, normalmente de gran tamaño (Veciana,1996:83). III.1.3. La naturaleza de la empresa. Concepciones analíticas de la organización empresarial La visión de la empresa en la ciencia económica s e ha modificado a lo largo del tiempo como consecuencia de las aportaciones procedentes de c ampos diversos, co mo la Teoría Microeconómica y la Teoría de las Organizaciones. Excede de los propósitos de este trabaj o profundizar en la naturaleza de la empresa, pero sí estimamos conveniente realizar algunas precisiones conceptuales que resultarán pertinentes a efectos del desarrollo posterior. En este sentido, confrontaremos las dos concepciones más sólidas e influyentes de la empresa que se presentan en la literatura: la visión tecnológica y la visión transaccional. 114 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno III.1.3.1. La visión tecnológica de la empresa La concepción de la empresa que so stiene la teoría microeconómica identifica a la empresa con una función de producción que relaciona unas cantidades físicas de factores productivos con la cant idad de producto final que puede obtenerse de ellos aplicando la tecnología eficiente que existe en cada momento. Esta función de producción se traduce para la empresa, atendiendo a las condiciones de mercado, en una función de costes (Segura, 1996: 37). Para la teoría microeconómica la empresa colabor a en la asignación eficiente de los recursos en la medida en que se comporta como un agente optimizador que procura maximizar sus beneficios (o minimizar sus costes). Esta concepción de la empresa implica consider arla como un agente individual que se comporta racionalmente, i gnorando sus caracterí sticas organizativas. Consecuentemente, este planteamiento conduce a identificar la empresa y el empresario. Se trata de un supuesto simplificador que, como en cualquier otro ejercicio de modelización, puede just ificarse en la medida en que las explicaciones y predicciones que se deriven d e la teoría no sean refutadas p or la evidencia empírica (Gravelle y Rees, 1991:22). En la práctica, este enfoque adolece de determinadas limitac iones: no explica los procesos de integr ación horizontal y v ertical, no considera las características organizativas de las empr esas o postula la maximización del beneficio como el único objetivo posible (Segura,1996:38). La Teoría Microeconómica ha tratado de subsanar est as limitaciones desarrollando una serie de enfoques alternativos a la empresa maximizadora de l beneficio, sin que ello haya supuesto un cambio esencial en la visión tecnológica de la empresa. III.1.3.2. El enfoque transaccional. Empresa versus mercado La visión tecnológica de la empresa result a una aproximación operativa y fructífera cuando se trata de analizar la problemática de la asignació n de recursos 115 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno en un contexto marcado por la inexist encia de costes de transacción, la gratuidad de la infor mación y la simetría en su transmisión. Sin embargo, estos supuestos constituyen una simplificación de la realidad que impide el tratamiento de muchos otros problemas reales. Desde otro punto de vista, la actividad económica puede concebirse como un conjunto de transacciones que pueden realiz arse esencialmente de dos f ormas alternativas: dentro de la propia empresa o a través del mercado (Segura,1996:39). Por lo tant o, la empresa representa una forma de planific ación vigente dentro del propio sistema capitalista, que desplaza al mercado ocupando su lugar. Empresa y mercado suponen así “ dos métodos alternativos de coordinar la producción ”: el mercado se va le del sistema de precios y la empresa del papel organizador del empresario. Por lo tanto, en virtud de es te enfoque, puede entenderse la empresa como “(...) un sistema de relaciones qu e aparece cuando la dirección de recursos depende de un empresario” (Coase,1998:243). Se debe a R. H. Coase esta concepción de la empresa que introdujo con su célebre artículo “The Nature of the Firm” publicado originalmente en la revista Economica en 1937 6 . Con poster ioridad div ersos autores, encuadrados en lo que se ha dado en denominar “Nuevo Institucionalismo”, han profundizado sobre estos planteamientos destacando esp ecialmente los trabajos de Oliv er E. Williamson (1975). Coase recalcó el hecho de que el f uncionamiento del mercado conllev a costes, pero que estos se ahorran con la creación de una organización dentro de la cual el empresario decide el destino de los recursos en función del princi pio de autoridad. Los costes de utilización del mercado se derivan, por un lado, de la 6 Con este artí culo Coa se, en sus propia s p alabras, p retendía: “ (...) crear un puente –sobre lo que parece ser u n punto débil de la teoría económica- entre el supuesto (hecho con ciertos propósitos) de que l os recursos se asignan a tra vés del m ecanismo d e precios y el su puesto (hecho con otros objetivos) de que dicha a signación depe nde del empresario-coordi nador.” (Coase,1998:239). 116 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno identificación de los precios relevantes y por otro, de la realización de contratos (costes de negociación, de redacción, de vigilancia, seguimiento y cumplimiento) 7 . En las transacciones realiz adas dentro de la propia empresa , los costes de vigilancia, seguimiento y cumplimiento se reducen debido a que dentro de la organización existe una jerarquía capaz de imponer interpretaciones o el cumplimiento de lo pactado ejerciendo su autoridad. Evidentemente, este mecanismo de resolución de posibles conflictos es más operativo y menos costoso que la actuación de los tribunales de justicia o el arbitraje de instituciones externas. Sin embargo, la empresa se enfrenta a la necesidad de coordinación de las actividades que se realizan internamente, lo que resulta tanto más complejo y, consecuentemente, más costoso cuanto mayor sea el tamaño de la organización y más transacciones se hayan internalizado. Por lo tanto, el grado de integración de las transacciones dentro de la empresa y, consecuentemente, el tamaño de ésta son función del balance entre los costes de transacción del mercado y los costes de organización interna de las transacciones. Así pues, en palabras de Coase: “Una empresa crece cuando el empresario organiza transacciones adicionales (que pueden ser transacciones de intercambio coordinadas a través del mecanismo de precios), y se reduce cuando las abandona.” (Coase,1998:243) . Las empresas se enfrentan ante la disyuntiva de realizar una transacción internamente o bien externamente recurriendo al m ercado, dilucidando entre estas dos opciones en función de los costes que acarrea cada opción. Cuando los costes de organizar la transacción en el interior de la empresa son menores que 7 Cuando más completos sean los contratos, es deci r, cuanto más exhaustivos se muestren en la descripción de los asp ectos y circunstancias que pueden afect ar a la transacción, mayores serán los costes de reda cción, pero menore s serán los cost es de vigilancia, seguimi ento y cumplimi ento. 117 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno los derivados del uso del mercado, la transacción se internaliza. Por el contrario, cuando los costes de transacción internos a la empresa son superiores a los derivados de realiz ar la transacción en el mercado se optará por externalizar la transacción. Si bien el mercado y la empresa puede n contemplarse como mecanismos alternativos de asignación de recursos, no se agotan en estos dos modelos las posibilidades existentes. Por el contrario, la empresa y el mercado constit uyen dos extremos que albergan entre ellos una variedad de mecanismos de asignación mixtos o híbridos, situados entre el mercado puro y la organiz ación pura, que garantizan una eficiencia superior en determinadas circunstancias. Precisamente, modelos organizativos como el distrito industrial o los “clusters” de PYMEs, con o sin la par ticipación de grandes empresas, que mantienen relaciones en red se caract erizan por procesos de asignación de recursos que conjugan elementos de organi zación con mecanismos de mercado. En el funcionamiento ordinario de estos sistemas productivos en forma de red industrial, se reiteran transacciones complejas, en tanto se refieren a productos con un alto contenido tecnológico o porque la garantía de calidad o de suministro puntual sean cruciales para el correcto desarrollo de la actividad. Por consiguiente, resulta esencial un conocimien to profu ndo y una sólida confianza en los proveedores y dis tribuidores habituales que sólo puede n acer de la reiteración de transacciones con éxito. De este modo, la forma más eficient e de organiz ar los intercambios conlleva el establecimiento de vinc ulaciones estables en forma de relaciones de exclusividad o de acuerdos duraderos de diversa naturaleza. Obviamente, la introducción de elementos de organización en el mecanismo de mercado implica también la aparición de costes asociados a la necesidad de supervisar y vigilar las rela ciones con los operadores vinculados, así como la introducción de un sistema de in centivos que garantice la optimizac ión conjunta de los resultados (Segura, 1996: 44-45). 118 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno III.1.4. El factor empresarial en el desarrollo endógeno. Consideraciones teóricas La escasa atención que ha merecido el estudio del factor empresarial en el seno de la Ciencia Económica, también se ha manifes tado espec íficamente en el ámbito de especialización de la Economía Espacial. De este modo, como afirma Luis Suárez-Villa, uno de los pocos autores que se han ocupado de la importancia del factor empresarial en el desarrollo regional: “Los conceptos y modelos espaciales han ignorado también su importancia, asumiendo que existe una oferta infinitamente elástica y automática de empresarios, cualquiera que pueda ser la respuesta ante los cambios en las condiciones de partida del mercado” (Suárez-Villa,1986:56) . Constituye ésta, sin duda alguna, una importante deficiencia de la Ciencia Regional en cuanto las decisiones empresariales determinan la localización y la relocalización de la actividad económica en el espacio. Este olv ido puede atribuirse en parte a la necesidad de incorporar considerac iones de carácter extraeconómico cuando se abor da el estudio del factor empresarial, así como a las hipótesis y enfoques adoptados generalmente en la mo delización, como la hipótesis de conocimiento perfecto, los análisis de optimización o las aproximaciones de carácter estático (Suárez-Villa,1986:56-57). Por otra parte, buena parte de los estudios dentro de la línea de investigación que se ocupa específicament e del empresario (“entrepreneurship”) se mantie nen en un plano micr oeconómico, sin ahondar en las repercusiones macroeconómicas sobre el crecimiento económico y el desarrollo regional que se derivan de las características de la empresarialidad local o regional 8 . 8 No obstante , algunos autores, como Z. J. Acs, D. B. Audretsch o R. Thurik, han abordado también el estudio del empresario desde una óptica más amplia, explorando las repercusiones de la empresarialidad sobre el crecimiento económi co o el nivel de desempleo (Acs,1996; Thurik,1996; Audret sch y Thurik,2001). 119 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Desde esta perspectiva, el enfoque del desarrollo endógeno debería cubrir este vacío y profundizar en el análisis del factor empresarial y su importancia en el proceso de desarrollo, enlazando las consideraciones microeconómicas y macroeconómicas. En este sentido, M. Florio afirma: “In fact, the ‘endogenous-growth’ approaches are not yet a fully developed theory but rather an orientation for applied research. A reappraisal of some fundamentals on entrepreneurship as a factor of production may be useful to give these new approaches some theoretical grounding.” (Florio,1996: 283) . Ciertamente, el factor empresarial es un elemento central del proceso de desarrollo endógeno. De él depende la aplicación a la producción de los recursos autóctonos, el aprovechamien to de las economías de escala y de los efectos externos presentes en el sistema de empr esas y en el territorio, las conductas innovadoras, la adaptación a las condiciones cambiantes o el sostenimiento del proceso de acumulación de capital a esca la local o regional, cuestiones todas ellas constantemente presentes en la literatura del desarrollo endógeno. III.1.4.1 La dotación de factor empresarial y la movilidad de los recursos empresariales El factor empresarial constituye el instrumento a través del c ual un territorio reacciona y ofrece respuestas a la problem ática económica específica a la que se enfrenta. En unos casos, se requiere de un impulso al desarrollo industrial en un área atrasada, mientras que en otras situaciones, el principal reto consiste en mantener el tejido productivo existente o abordar procesos de ajuste y reestructuración productiva en zonas afectadas por situaciones de crisis estructural. Sin embargo, la dotación de factor empresarial no se reparte uniformemente entre las regiones y loca lidades. En este sentido, Suárez-Villa considera la toma de decisiones empresariales: 120 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno “(...) como un recurso escaso que se distribuye de manera desigual en el territorio y que varía según la capacidad de los recursos humanos, en la dotación de recursos y en las presiones del entorno que influyen y son influidas por el proceso de evolución y selección natural ” (Suárez - Villa,1986:80). Cada territorio dispone en cada moment o de un stock limitado de recursos empresariales que condicion a el dinamismo de la economía local o region al. Ciertamente, el factor empr esarial puede moverse en el espac io de unas zonas a otras, pero un emprendedor necesita de una red de contactos y de un conocimiento profundo del entorno, lo que dificulta la puesta en marcha de u n proyecto empresarial con éxito en un lugar distinto de la localidad de origen (Florio, 1996: 285). En el caso de la instalación de una gran empresa externa en un territorio, la existencia de una organización compleja permite hacer frente al proyecto con mayores garantías. Sin embargo, en este caso, las decisiones de carácter estratégico que se encuadran dentro de la función impulsora s e mantienen en última instancia en el exterior 9 . En este sentido, conviene recordar que un elemento esencial del concept o de desarrollo endógeno es la autonomía del proces o de crecimiento, en tanto que los agentes sociales locales o regionales deben mant ener la capacidad de tomar las principales decisiones que condic ionan la dinámica económica en ese ámbito territorial. En este sentido, es muy importante el papel de los em presarios locales o regionales quienes suelen mantener un sentimiento de arraigo en el territorio. Por lo tanto, la presencia de una sólida cultura empresarial unida a un fuerte sentimiento de identidad territorial resultan elementos cruciales para el éxito de los procesos de industrialización y desarrollo local o regional. En conclusión, puede afirmarse que las potencialidades de desarrollo endógeno de cualquier territorio se encuentran condicionadas por la dotación de 9 Más adelante, dentro de este mismo capítulo, se discute más extensamente la posible aportación de las grandes empresas ex ternas a los pro cesos de desarrollo endóge no. 121 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno la dispersión de la función empresar ial que se produce en la gran empresa (Guzmán,1994b:87) Estas consideraciones nos llevan a tratar, a continuación, algunos aspectos teóricos y empíricos en relación con el papel del empresario en los procesos de desarrollo endógeno. Seguidamente, se abandonará la figura del empresario y el análisis se centrará en la empresa, para considerar las ventajas que presenta la pequeña y mediana empresa en el contexto actual. No obstante, la potencialidad de las PYMEs en el escenario actual está ligada a la formac ión de sistem as de PYMEs interrelacionadas en las que todas las empresas que pertenecen a la r ed se ben efician d e ciert as externalidades que impulsan su competitividad. De este modo, se cerrará este apartado con el análisis de la estructura y funcionamiento de los sistemas productivos endógenos de pequeñas y medianas empresas. III.2.1. El hombre empresario en los procesos de desarrollo endógeno Los emprendedores locales son los grandes protagonistas de los procesos de desarrollo endógeno. Ellos son los responsables de la movilización de los recursos presentes en un territorio y de la transformación de las estructuras socio- económicas locales ante situaciones de atraso relativo o crisis del modo de producción local. De hecho, la endogeneidad del proceso de industrialización depende de la disponibilidad de empresarios locales que lo lideren. La exist encia de una sólida empresarialidad local o regional garantiz a que el desarrollo no es impulsado por los poderes púb licos de ámbito territorial superior, ni por empresas externas al área. De este modo, a través de la figura del empresario local, la comunidad participa y protagoniza su propio desarrollo “desde abajo”. Sensu contrario, las de ficiencias en la empresarialidad local o regional pueden determinar el declive de la economía de un área. En este sentido, Garofoli (1992b:56) explica la crisis de muchos distritos industriales en los países de primera industrialización durante la primera mitad del siglo XX por la au sencia de nuevos emprendedores, por la disminución de la innov ación y el decliv e gradual en la agresividad de la primera generación de emprendedores. 128 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno Es necesario hacer notar que la importancia del empresario individual no se limita al ámbito de la microempresa o la pequeña empresa sino que se proyecta sobre todo el tejido empresarial y condiciona sus características. En este sentido, como señala Suárez-Villa (1986:71) “ el empresario individua l es, en cualquier caso, la fuente de la creación de las organizaciones privadas y de su desarrollo y evolución.” Por consiguiente, las grandes empresas proceden frecuentemente de pequeñas y medianas empresas con éxito que, movidas por la ambición de sus empresarios, han optado decididamente por políticas de crecimiento. III.2.1.1. Algunas características de los empresarios en los sistemas productivos locales El empresario que surge y opera en los entornos locales presenta unas características específicas que lo singularizan en lo que respecta a su origen, a sus rasgos personales o al propio desarrollo de su actividad. Los estudios realizados en los sistemas productivos locales españoles revelan que los empr esarios proceden de sectores siempre relacionados con las actividades productivas locales existentes en el momento de la primera inversión. En algunos casos, los nuevos empresarios son antiguos artesanos, en otros casos, son comerciantes que en función de su actividad han tenido contacto con actividades industriales en las que emergen como empresarios; a veces se trata de trabajadores que han ab andonado su puesto de trabajo y han aprovechado su conocimiento del sector y sus redes de contactos para poner en marcha un proyecto empresarial individualmente o formando cooperativas; en otras ocasiones, los empresarios son antiguos agricultores que financian la inversión inicial con las rentas ahorradas de la explotación agrícola; por último, se ha apreciado también el caso de emigrantes retornados que invierten el ahorro logrado en inic iar una actividad empresarial en su lugar de o rigen, ap rovechando los conocimientos sobre el sector en que han estado trabajando (Vázquez Barquero,1988:58-59). 129 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Estos emprendedores locales, por regla general, no se encuentran con grandes barreras de entrada al iniciar una actividad empresarial. Habitualmente, en los sectores tradicionales donde suelen orientar su actividad no se requieren inversiones iniciales excesivam ente elevadas y además pueden aprovechar el know-how y la red de contactos adquiridos en su experiencia anterior com o trabajadores en el mismo negocio (Vázquez Barquero, 1988:59). Las motivaciones de estos emprendedores locales son de naturaleza muy diversa. A este respecto, se suele distinguir entre dos tipos de motivación: de tipo extrínseco e intrínseco. La primera existe cuando la actividad empresarial se desarrolla para conseguir determinados logros (nivel de rent a, acceso a un empleo, ascenso en la escala social, etc.), mientras que la segunda se presenta cuando el empresario, frecuentemente de origen vocacional, está movido por el mero placer de desarrollar la actividad empresarial (Santos Cumplido,2001:104- 105). Estos empresarios locales adolecen frecuentemente de falta de preparación técnica, lo que representa una limitación para el desarrollo de las PYMEs autóctonas. No obstant e, esta deficiencia puede superarse a través del reclutamiento de técnicos o la contratación de servicios de apoyo o bien por el mero reemplazo de una generac ión de empresarios por l a siguiente, caract erizada en la mayor parte de los caso s por un nivel de formación superior (Vázquez Barquero, 1988:59). En cualquier caso, en los modelos locales de desarrollo el des empeño de la función empresarial presenta facetas singulares. Para garantiza r la supervivencia y el éxito de la em presa, los empresarios locales, además de vigilar la evolución del mercado mundial de los productos en los que compiten, deben mantener y mejorar su conocimiento de las condiciones de producción y de las circunstancias soc iales y cultur ales que marcan la pers onalidad del sistema productivo local. Desde esta perspectiva, el empresario en los sistemas productivos locales asume una función es pecial: “traducir todas las posibilidades latentes en la herencia histórica del distrito en productos que puedan venderse en 130 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno ese mercado” , actuando como interfaz entre la tradición productiva del área y las condiciones de los mercados a escala internacional (Becattini,1992:68). III.2.1.2. La función impulsora del empresario en el desarrollo endógeno La importancia del empresario en el desarrollo económico se encuentra vinculada directamente al desempeño de lo que venimos denominando función impulsora del empresario. Anteriormente, se ha puesto de manifiesto cómo, siguiendo la formulación del J. Guzmán (1994b), la función impulsora del empresario comprende dos subfunciones: la “promotora” y la “dinamizador a”. La subfunción promotora se relaciona con el “empresario potencial”, es decir, aquel individuo predispuesto a la creación de una empresa, que eventualmente t oma tal decisión; mientras que la subf unción dinamizadora, se refiere al “empresario actual”, es decir, a aquél que y a está desarrollando una actividad empresarial y que toma las decisiones relacionadas con la supervivencia de la empresa y su crecimiento (Santos Cumplido, 2001: 51). Figura IV.2 . Función impulsora del empresario y desarrollo endógeno Función Promoción Éxito Desarrollo Impulsora Dinamización Empresarial Endógeno Por lo tanto, el crecimiento y el desarrollo económico endógeno de un territorio están directamente relacio nados con e l éxito de las pequeñas y medianas empresas autóctonas y éste, a su vez, está condicionado por las características de los empresarios locales, fundamentalmente en aquellos aspectos relativos al desempeño de la f unción impulsora, en su doble vertiente promotora y dinamizadora. 131 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Desde esta perspectiva, si se quiere profundizar en la repercusión de l a empresarialidad en el desarrollo endógeno, resulta necesario identificar los elementos que condicionan la emergencia empresarial (subfunción promotora) y la calidad del em presario ( subfunción dinamizador a). Sin embargo, la investigación en este campo es todavía muy insuficiente, sobre todo en nuestro país, donde tradicionalmente se ha prest ado escasa atención a la figura del empresario. Desde esta perspectiva, son especialmente reseñables dos trabajos realizados, respectivamente, por los profesores Cáceres Carrasco (2002) y Santos Cumplido (2001). F. Rafael Cáceres (2002) ha analizado los factor es que condicionan la aparición de nuevos empresarios, a partir de las aportaciones recogidas en la literatura, para ofrecer un modelo teórico explicat ivo de la emergencia empresarial. En este modelo se hacen explícitos también los cauces de incidencia de las div ersas variables que se juzgan relevantes sobre las tres esferas funcionales del empresario según Guzmán (1994b). Concretamente, Cáceres (2002: 115-120) destaca como factores causales de la emergencia empresarial: las propi as características personales de los emprendedores, tanto de carácter psicológico (necesidad de logro, control interno, propensión a innovar, etc.), como de tipo económico (nivel de renta o riqueza); el nivel de formación y la exper iencia laboral, así como las características del contexto social (consideración social del empresario, grado de integración social y redes de contactos, valores culturales dominantes, familia, etc.) y del co ntexto económico general (falta de oportunidades de empleo, nivel de oportunidades económicas exis tentes, dotación de infraestructuras, etc.). Así mismo, considera la incidencia que sobre la aparición de nu evos empresarios tiene la actuación de las instituciones, por ejemplo, a través del grado de desr egulación de la actividad económica o de los apoyos que los poderes públicos otorgan a las iniciativas empresariales. Por otra parte, Santos Cumplido (2001) se ha adentrado en el análisis de los aspectos cualitativos relacionados con el desarrollo de la función empres arial. 132 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno As su juicio, es impor tante que exista una dotación adecuada de empresarios “de calidad”, que no reduzcan la dirección de la empresa a un ejercicio rutinario, sino que mantengan el pulso de la iniciativa empresarial abordando continuamente nuevos retos que induzcan el crecimiento de la organización. Santos Cumplido par te de una concepción de la calidad empresarial entendida como: “(...) el resultado de la puesta en práctica de (...) l a función dinamizadora. Esta función supone la dinamización y des arrollo de la empresa a tra vés de ampliaciones, innovaciones o modernizaciones, que la pueden conducir al desarrollo, el éxito empresarial o el mantenimiento del negocio en su caso.” (Santos Cumplido,2001:101) . A partir de esta definición, Santos Cumplido (2001:102-107) construye un modelo de la calidad empr esarial que recoge los principales factores delimitadores de la misma. A este respecto, entiende que la preferencia por el trabajo por cuenta propia representa una condición necesaria para la existencia de un empresario de calidad, en tanto refleja un deseo de independencia que juzga consustancial a la figura del empresario. Así mismo, identifica unos exponentes de la cali dad del empresario , entendiendo por tales aquellos aspectos cualitativos que conforman la función dinamizadora, como la motivación del empresario o los comportamientos dinamizadores relacionados con la capacidad de crecimiento o ambición, la capacidad de innovación, el asociacionismo o espíritu de colaboración u otras iniciativas dinamizadoras (el establecimiento de un sistema de planificación formal, la introducción de un sistema de formación continua, etc.). Para Santos Cumplido, tanto la preferencia por el trabajo por cuenta propia como lo s exponen tes de la calida d del empresario estarían influenciad os por diversos factores del entorno personal del empresario (formación, experien cia e influencia de la familia) y del entorno global ( disponibilidades productivas, facto res socioculturales y factores político-institucionales). 133 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno * * * En las páginas anteriores, he mos considerado cómo inciden las características de los empresarios locales en la aparición y en el comportamient o de las pequeñas y medianas empresas autóctonas. Sin embargo, nuestro propósito final es analizar la importancia de la empresarialidad local o regional en el proceso de desarrollo. Por lo tanto, el siguiente paso argumental debe llevarnos a analizar la problemática de la competitividad de esas PYMEs autóctonas, para así estar en condic iones de valorar el papel que pueden llegar a asumir como dinamizadoras de las economías locales o regionales, cuestión ésta no exenta de controversia especialmente en el actual escenario de globalización. En nuestra opinión, las PYMEs no están condenadas a una mera lucha por la supervivencia en un contexto caracterizado por la hegemonía de la gran empresa, sino que bajo ciertas condiciones pueden actuar como motores del crecimiento económic o a esc ala local o regional. No obstante, estas afirmaciones requieren mayor justificación; éste es el objetivo de las siguientes páginas. III.2.2. Pequeña y mediana empresa versus gran empresa La relación entre dim ensión y rentabilidad ha sido, sin lugar a dudas, una de las líneas de investigación más importantes en el campo de la organización industrial, constituyendo su objetivo esencial la identificación de la dimensión óptima de la empresa (Costa Campi,1988:252). A este respecto, en algunas ocasiones se ha pretendido identificar regularidades en la evolución del tamaño em presarial a lo largo del proceso de desarrollo económico, señalando la predominancia de un tipo de organización u otro en diversas etapas históric as (Suárez- Villa, 1988: 27-29). De este modo, se ha asociad o la primacía de la empresa fa miliar a una primera etapa que se correspondería con el inicio del proceso de industrialización; mientras que, a continuación, en una segunda etapa, las pequeñas empres as irían desplazando a 134 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno la empresa familiar. En una terc era etapa, la mayor importancia recaería en las medianas empresas, para culminar la evolución en las economías más avanzadas con el predominio de la gran empresa. No obstante, incluso en estas ulteriores etapas, se seguiría reconociendo un papel destacado a las pequeñas y medianas empresas, por sí mismas y como colaboradoras de la gran empresa a través de relaciones de subcontratación. En esta misma dirección, se ha estudiado el tamaño empresarial en relación con la evoluc ión de la estructura de la industria o sector, observando lo s cambios que se producen en el tamaño de la s empresas a lo largo de los ciclos del producto y del proceso. Desde esta perspectiva, las PYMEs serían la s protagonistas de la etapa de innovación, para posteriormente convertirse en medianas empresas en la etapa de crecimiento, al aprovechar la expansión de la demanda y de la capacidad productiva. Conforme se alcanza la etapa de madurez del producto o proceso productivo, las unidades de producción seguirían aumentando en tamaño, de modo que las medianas y grandes empresas resultarían el tipo de organizac ión predominante. Finalmente, se entraría en una etapa de declive, en la que seguirían predom inando las medianas y las grandes empresas, aunque se apreciaría una disminución del tamaño medio. En esta última etapa, se asistiría a una reactivación de las PYMEs, por su papel como proveedoras de las grandes empresas y por su capacidad de explotar nichos de mercado a través de la diferenciación del producto y la segmentación del mercado (Suárez-Villa, 1988: 29-31). Los datos muestran que hasta mediados de los años setenta se apreció una tendencia firme hacia el incremento del tamaño de la empresa y la concentración empresarial, derivada del aumento de la participación de la gran empresa en el empleo y la producción total (Storey, 1988: 140-141). Sin embargo, esta tendencia se frenó como c onsecuencia de la crisis económica de los años setenta; a partir de entonces se ha asistido a un crecimiento de la importancia relativa de las PYMEs frente a la gran empresa desde la perspectiva de la creación de empleo. Cinco explicaciones no excluyentes pueden arrojar luz sobre este proceso (Harrison, 1994: 52): 135 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno a) Los procesos de desintegración vertical de las grandes empresas. b) Los cierres que han afectado desde los años setenta a unidades productivas de grandes empresas. c) La reducción del tamaño de los grandes conglomerados empresariales que han abandonado actividades sec undarias con el propósito de centrarse en las actividades nucleares 15 . d) El des plazamiento de la producción des de el sector industrial al sector terciario (en el que las PYMEs tienen un papel más destacado). e) El crecimiento acelerado de la actividad de las PYMEs. Más allá de estos planteamientos excesivamente generales, resulta obligado tratar, aunque sea superficialment e, el problema de la competit ividad de las PYMEs frente a la gran empresa. A este respecto, se con stata la existencia de dos posturas enfrentadas: por un lado, los defensores de la competitividad de la gran empresa y, por otro, los defensores de la competitividad de las PYMEs. Los primer os señalan el tamaño de la empresa com o princ ipal fuente de ventajas comparativas, ya se deriven de la explotación del poder de mercado (hipótesis de la colus ión) o de s u mayor ef iciencia (hipótesis de la eficiencia). A juicio de estos autores, la gran empresa disfruta frente a la PYME de una mayor disponibilidad de recursos, lo que le proporciona un m ayor margen de maniobra de cara a su p laneamiento estratégico, facilitando la realización de nuevas inversiones, la innovación tecnológica, la introducción en nuevos mercados o la diversificación. Así mismo, la eficiencia de la gran empresa se incrementa como consecuencia de la explotación de las economías de escala internas a la empresa o como resultado del efecto experiencia (Camisón,2000:16-18). Desde esta 15 Estos tres primeros factores serán tratado s c on mayor detenimiento en el siguiente epígrafe de este capítulo que e stá dedicado espe cíficamente a la gran e mpresa. 136 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno perspectiva, las pequeñas empresas llegaron a ser consideradas como una auténtica “ distorsión del proceso de desarrollo”, que tendía a identificarse con las grandes empresas y la concentración de capital (Costa Campi,1988:252). Sin embargo, diversos autores defienden que la gran empresa no es necesariamente el mejor modelo organizat ivo en todas las situaciones, en tanto las PYMEs disfrutan de una serie de ventajas que las convierten en fuertes competidores en determinados entornos. Las principales fortalezas de las PYMEs que han sido destacadas tradi cionalmente en la lit eratura son las s iguientes (Camisón,2000:19-22): a) La simplicidad de su organización interna , que le proporciona una mayor flexibilidad, característica que resulta fundamental en entornos inestables. b) Ventajas comerciales , como su proximidad al cliente o su capacidad de adaptación a mercados segmentados. c) Su dinamismo innovador . Algunos autores defienden la tesis de que son las pequeñas y medianas empresas las que desarrollan una actividad innovadora más intensa en comparación con las grand es empresas. Desde esta perspectiva, el tamaño no vendría a resultar un obstáculo para la innovación debido a la rigidez que se deriva de éste. Esta propensión in novadora de la PYME es especialmente aplicable a las conocidas como “PYMEs de alto crecimiento” o “empresas gacela”. Sin embargo, otros autor es resaltan las limitaciones a las que se enfren tan las PYMEs en relación con su actividad innovadora debido a la falta de recursos. En este sentido, hay que señalar có mo ciertos obstáculos a los que tradicionalmente se enfrentaban las PYMEs han perdido im portancia en el contexto actual. Conc retamente, la eficiencia de las PYMEs se ha vist o favorecida por el surgimiento de los sistemas de pr oducción flexible que han reducido la escala mínima eficiente. Del mismo modo, el desarrollo de instrumentos financieros como las sociedades de capital riesgo o las sociedades de gar antía recíproca, así como el incremento de las políticas públicas financieras de apoyo a 137 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno III.3. LA GRAN EMPRESA EN EL DESARROLLO ENDÓGENO Durante los años cincuenta, sesenta y primeros setenta del pasado siglo las políticas regionales se orientaron prin cipalmente hacia la gran empresa. Se procuraba la atracción de inversiones exter nas a través de incentivos de dif erente naturaleza, tomando como sustento teórico el enfoque de los polos de crecimiento de F. Perroux. Por consiguiente, se confiaba en que la empresa motriz impulsaría un crecimiento jerarquizado que se difundiría a pa rtir de las empresas que operaban con la gran empresa líder. Sin embargo, esta estra tegia no se vio acompañada frecuentemente de los resultados deseados, en la medida en que las grandes empresas externas no actuaron en muchos casos como motores de procesos más amplios de transformación de las estructuras productivas loc ales. En este sentido , aunque indudablemente las inversiones externas t ienen efectos positivos tanto directos como indirectos sobre las economías locales o regionales, cuando su impacto se evalúa des de la pers pectiva del desarrollo endógeno se aprec ia que en m uchos casos la grandes empresas ext ernas no impulsan procesos de crecimient o de carácter autosostenido (Florio, 1996). La insatisfacción ante este planteamiento de desarrollo “desde arriba” se acentuó con el advenimiento de la crisis económica de los setenta y los problemas de la gran empresa fordista. En este contexto, la política industrial y la política de desarrollo regional replantearon su postura frente a las PYMEs, sin que ello haya llevado a un abandono real de la política de atracción de grandes inversiones externas como una de las líneas de actuación de la política regional. Por el contrario, en los últimos años se puede apreciar una reconsideració n en torno a la posible aportación de la gran empresa externa al desarrollo regional y local. Est e cambio en el plano teórico se está reflejando en el creciente énf asis que las autoridades públicas est án poniendo en las pol íticas de atracción de inversiones externas (Amin y Tomaney,1997:95; Vázquez Barquero, 1999b: 315). 144 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno III.3.1. La polémica en torno al papel de la gran empresa externa como agente impulsor del desarrollo En un apar tado anterior se confrontaron las ventajas e inconvenientes de la gran empresa como modelo or ganizativo contraponiéndolo a la PYME. En ese análisis, se trataba de evaluar la eficiencia de ambas desde la perspectiva de la competitividad y el éxito empresarial. Sin embargo, la cuestión que ahora nos ocupa se plantea a otro nivel: nos interesa el impacto sobr e el desarrollo económico de una zona, es decir, el grado en que se beneficia un territor io de la presencia y de los resultados de las empresas localizadas en él. Obviamente, las dos cuestiones están directamente relacionadas, empero tienen implicaciones diferentes. Ciertamente, cabe la posibilidad de que los beneficios, en sentido amplio, que se derivan de una gran empresa externa no redunden de manera significativa sobre los agentes locales. Es más, diversos autores han señalado la posibilidad de que a medio y largo plazo las gr andes empresas externas repercutan negativ amente sobre las potencialidades de desarrollo local o regional. En definitiva, existe una amplia literatura relativa a la contribución de la gran empresa al desarrollo económi co en la que s e pueden encontrar tanto argumentos a favor como en contra de la misma , que esquemáticamente se presentan a continuación (Florio y Capriati, 1986; Florio, 1996; Cha ndler y Hikino,1997; Amin y To maney, 19 97; Dupuy y Gilly, 19 97; del Monte y Giunta,1997; Vázquez Barquero, 1999a y b). III.3.1.1. Impactos positivos Obviamente, la gran empresa externa genera impactos directos positivo s indudables en términos de creación de empleo y de riqueza. De ahí que los responsables de la política regional y local, guiados por el pragmatismo, introduzcan generalmente un amplio abanico de incentivos (fiscales, financieros o de otro carácter) a la localización de empresas externas, hasta el punto de 145 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno desencadenar en ocasiones una auténtica competencia entre las localidades y regiones por atraer inversiones externas. No obstante, además de los evidentes efectos directos, la implantación de grandes empresas externas ocasiona también impactos indirectos que pueden no ser tan palpables, pero resultan ciertamente significativos. - Efecto multiplicador La gran empresa induce una demanda adi cional en los mercados de bienes de consumo y de inputs intermedios, lo que genera un efecto multip licador sobre su impacto directo 18 . La gran empresa suscita este efecto multiplicador a través de diversas vías, pero fundamentalmente a partir de la formació n de redes de empresas auxiliares que intervienen en los procesos de producción y distribución de sus productos. - Elevación del nivel tecnológico Por otro lado, se ha resaltado también el papel de las grandes empresas en el crecimiento y desarrollo a largo plazo como responsables de los mayores esfuerzos en I+D. En este sentido, algunos autores apuntan a las grandes empresas como el origen de las inno vaciones tecnológicas, gerenciales y organizativas que con posterioridad se difunden por el resto del sistem a productivo a través de trans acciones en el mercado, flujos de información transmitidos a lo largo de las redes (Chandler y Hikino,1997). De este modo, las grandes empresas podrían contribuir a la difusión de las innovac iones tecnológicas y a la transferen cia de “saber-hacer” (“know-how”) (del Monte y Giunta,1997:134-135). Desde esta perspectiva, las grandes empresas ext ernas 18 No obstante, M. Flo rio señala cómo frecuentemente el mayor nivel de consumo que se aprecia en las zonas con una i mportante presencia de grandes empresas no repercute plenamente en la oferta local de bienes y servicios, sino que se satisface con import aciones, lo que limita el impacto económico lo cal de las gra ndes plantas industriales (Florio, 19 96: 272). 146 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno contribuyen a elevar el nivel tec nológico del s istema productivo local o regional, impulsando con ello su productividad y su competitividad. - Impacto positivo de los “ spin-off” sobre la capacidad empresarial local Así mismo, las grandes empresas, a través del “spin-off” de gestores y técnicos pueden repercutir positivamente sobre la empresarialidad local, sobre todo en sectores de alto contenido tecnológico (del Monte y Giunta,1997:135). En términos generales, un “spin off” consiste en la creación de una empresa “a partir de una organización incubadora, que puede ser otra empresa, una universidad o una agencia del gobierno” (COTEC, 1996b: 50-51). A través de este mecanismo las grandes empresas pueden ser el origen de nuevas PYMEs. Los “spin off” empresariales se clasifican a su vez en dos tipos los “spin off” técnicos, o “spin off” propiamente dichos, y los “spin off” competitivos. En los primeros, técnicos de la gran empresa deciden crear su propia empresa para explotar una necesidad que han identificado en el mercado o porque han descubierto una nueva tecnología que la gran empresa no pretende desarrollar, bien porque juzgue insuficiente su mercado potencial o por que por cualquier otro motivo no resulta interesante en función de la estrategia competitiva de la organización. Por otra parte, el “spin off” competitivo se produce cuando la s grandes empresas desgajan de la organización c iertas actividades con el objetivo de centrarse en las fases clave del proceso productivo. De este modo, departamentos o divisiones de la empresa se independizan y dan lugar a PYMEs ligadas a la gran empresa originaria que les subcontrata las actividades que antes se desarrollaban internamente. A este tipo fenómeno se le conoce como “spin off” competitivo” o “spin out” (COTEC, 1996b: 50-51). III.3.1.2. Impactos negativos Sin embargo, las grandes empresas pueden tener efectos indirectos negativos sobre las economías de los territorios de acogida. 147 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno - Repercusión negativa sobre el nivel de formación En primer lugar, la instalación de plantas subsidiarias de grandes empresas en zonas atrasadas puede repercutir negativamente sobre la cualific ación de la mano de obra del área de acogida (Vázquez Barquero,1999a:207). Ello se debe a que las grandes empresas localizan en las áreas menos des arrolladas las fases de la producción que presentan un carácter más rutinario y que exigen menos formación, buscando simplemente beneficiarse de costes laborales inferiores a los de las regiones más avanzadas. - Economías de “enclave ” Así mismo, se ha señalado en muchas ocasiones que la gran empres a externa ha dado lugar a “industrias enclave” totalmente faltas de integración con el sistema productivo local. En estos casos, la planta industrial adquiere los productos y los servicios intermedios que requiere en empresas localizadas en otras áreas y destina su output a mercados de exportación lo que limita a m edio y largo plazo el impacto económico sobre las áreas de acogida (Vázquez Barquero, 1999b: 318). - Impacto negativo sobre la empresarialidad local Se ha señalado también que la gran empresa externa distorsiona la asignación de recursos en la medida en que absorbe recursos locales que, en caso contrario, se habrían orientado a otras actividade s. Este fenómeno afectaría especialmente a la mano de obra cualificada y a los empresarios potenciales. A este respecto, se ha afirmado que las grandes empresas inciden perjudicialmente sobre la empresarialidad de una zona, en la medida en que personal cualificado con un alto potencial empresarial se incorpora a puestos de gestión en una gran empresa atraídos por los salarios elevados y por una carrera profesional más segura. La gran empresa se beneficia a la hora de atraer recursos empresariales de su poder de monopsonio en el mercado de 148 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno capacidades gerenciales y de su situació n monopolista en el mercado de bienes (Florio, 1996). Este sería uno de los factores explicativos de la repercusión negativa sobr e la tasa de creación de nuevas empresas que se ha observado en las economías locales de Italia y Reino Unido donde dominan las grandes empresas. Así mismo, habría que considerar el impacto negativo sobre el empleo que conlleva este desplazamiento de recursos empresariales desde las PYMEs a la gran empresa, puesto que las grandes empresas son, en términos generales, intensivas en capital en comparación con las PYMEs, que tienden a ser intensivas en factor trabajo (Aydalot, 1988: 176; Florio, 1996; del Monte y Giunta,1997:133). - Dependencia externa y vulnerabilidad local Por otro lado, la gr an empresa externa suele localizar en las zonas atrasadas plantas que ocup an una pos ición subsidiaria (“branch plants”) dentro de la estructura de la corporación. De tal forma, que las funciones estratégicas relacionadas con la alta dirección se toman en el exterior (Vázquez Bar quero, 1999b; 318). De este modo, la gran empresa consolida una situación de dependencia del sistema productivo local, lo que resulta perjudicial especialmente ante posible s decisiones de desinversión o deslocalización o simples recortes de empleo por parte de la gran empresa. * * * Todos estos factores determinan que la gran empresa no impulse en muchos casos procesos de crecimiento ec onómico autosostenido, sino que, p or el contrario, puede reducir la capacidad de l territorio de abordar procesos de auténtico desarrollo endógeno. En cualquier caso, el efecto neto de estos impactos positivos o negativos depende fundamentalmente de las característ icas específicas de la gran empresa, así como de las del territorio donde se implanta. 149 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Ciertamente, la disponibilidad de mano de obra especializada o la existencia de empresas que puedan actuar como proveedores especializados en el entorno local, entre otros factores, co ndicionan el impacto positivo que pueda derivarse de la actividad de la gran empresa en un área determinada. Así mismo, hay que tener present e que exis te una relación directa entre las características de la gran empresa y las del territorio donde se localiz a. Las condiciones del territorio son parámetros relevantes en las decisiones de localización de las grandes empresas, de modo que el “tipo” de gran empresa que se instala en una zona y, por consiguiente, su capacidad de contribuir al desarrollo local regional depende de las propias características del territorio. Por otra parte, desde la perspectiva de la gran empresa, pueden identificarse algunos factores claves que condicionan su impacto económico sobre el área donde se instala (Florio, 1996: 272-274; Amin y Tomaney,1997: 98- 99 y Dupuy y Gilly,1997:37): - El tipo de relación jurídica, financiera y de control entre la planta subsidiaria y la dirección central . Resultan especialmente importantes los modos de gestión y las características del procedimiento de toma de decis iones que se aplica en la gran empresa, en tanto condicionan el grado de autonomía de la unidad local frente a la dirección central ejercida por la matriz o casa madre. En este sentido, las plantas de empresas externas que disf rutan de una dirección local tienen una repercusión más positiva sobre la zona donde se han localizado, en comparación con las empresas sometidas a centros de decis ión externos a la zona. En particular, el grado de autonomía de la función de compras frente a la dirección central y la política de la gran empresa respecto a los proveedores locales inciden de manera muy notable sobre el posib le efecto multiplicador de la gran empresa a través de sus relaciones con proveedores locales. 150 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno - La propia naturaleza del proceso prod uctivo y la complejidad organizativa de las unidades locales. La capacidad de generar efectos multiplic adores a escala local depend e también de las características del sector y el tipo de actividad que desarrolla la empresa externa. Así mismo, la especializ ación del establecimiento en el marco de la organización productiva del grupo y su posición en la div isión técnica del trabajo determinan la intensidad y la naturaleza de los intercambios intragrupo y con empresas exteriores. De esta especialización depende también la complejidad organizativa de las unidades lo cales y la posibilidad de que éstas desarrollen funciones comerciales, de investigación y desarrollo, financieras o de control. En la medida en que est as actividades se realizan localmente resulta más probable que la empresa recurra a las PYMEs de la zona para aprovisionarse de los bienes y servicios que necesita. - La actitud de la alta dirección hacia la comunidad local . Este factor es especialmente destacado por Florio (1996), quien consider a fundamental para la integrac ión de la gran empresa externa en el entorno local el deseo de la dirección de involucrarse en los conflictos loca les y adaptarse a las peculiaridades socioculturales y políticas del medio local. A este respecto, resulta también de interés la distinción entre las empresas sensibles a los costes o a los precios frente a las empresas “perfomance”. Las primeras se sienten atraídas por los bajos c ostes de mano de obr a que existen en las regiones atrasadas, así como por los incentivos financieros que las administraciones públicas utilizan como in strumento de política regional. Este tipo de empresas suele presentar modelos organizativos jerárquicos y centralizados y sus plantas en regiones poco desarrolladas pueden responder al estereotipo de enclave industrial. 151 Capítulo III. Tejido empresarial y desarrollo endógeno Por el contrario, las empresas “perfomance” sustentan su competitividad sobre la dif erenciación a través de la cali dad, el diseño o la innovación. En función de su estrategia competitiva requieren localizarse en zonas con disponibilidad de personal cualificado, proveedores y subcontratistas especializados, que respondan al modelo de medio innovador. Este tipo de empresa explotan las externalidades existentes en el territorio para lo que se integran en é l desarrollando redes de cooper ación con los agentes locales (Latella,1997:162; Crevoisier,1997:295). III.3.2. Los cambios en el modelo de gran empresa. Los procesos de descentralización productiva La gran empresa a partir del primer cuarto del siglo pasado fue transformando su sistema de producción y su organización interna , de tal modo que tendió a elevars e su capacidad de difusión e spacial del crecimiento al abandonar el modelo de “un pr oducto, una fábrica” e incrementar el número de plantas de producción, aumentar sus rela ciones con redes de subcontratistas y proveedores y al instalarse en zonas periféricas (Vázquez Barquero, 1986:90-91). A principios del s. XX, el modelo de gran empresa preponderante era la estructura unitaria (“U-form”), entendida co mo estructura centralizada organizada en líneas funcionales (compras, marketing, producción, etc.). A partir del período de entreguerras, la gran empresa evoluc ionó en EE.UU. y, en menor grado, en Europa hacia la estructura multidivisional (“M-form”), introduciendo una direcci ón corporativa encargada de la coordinación, planificación y asignación de los recursos entre las actividades de diversas unidades , divisiones o filiales, que mantienen una estructura de tipo unitario y operan en diferentes productos y/o mercados regionales (Chandler y Hikino,1997:33-35). Así mismo, durante buena parte del s. XX, el modelo de gran empresa prevaleciente fue el de carácter fordista , caracterizado por la integración vertical, una fuerte jerarquización de la organización y la división del trabajo según funciones bien delimitadas. Este sistema de organizaci ón empresarial tenía como 152 Capítulo III. Tejido empresarial y d esarrollo endógeno finalidad la explotación de las economías de escala en la producción y en las compras y ventas, para lo cual se requería de una estricta jerarquización de las funciones y de una firme coordinación entre las distintas plantas productivas. No obstante, esta concepción fordista suponía un obstáculo para la plena integración de las plantas subsidiarias en los entornos locales o regionales donde se localizaban, en tanto estas unidades carec ían de autonomía para subcontratar con proveedores locales (Vázquez Barquero, 1999a:210). Los propios factores sobre los que se sustentaba la competitividad de la gran empresa fordista determinaron su vulnerabilidad ante el nuevo entorno que se conforma a partir de los años setenta, caracterizado princ ipalmente por la inestabilidad de los mercados y los procesos de ca mbio tecnológico (nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, automatización flexible de los procesos de producción, etc). Los cambios en el c ontexto com petitivo han impulsado la transformación de las pautas organizativas en la gran empresa, que ha tratado de aumentar su flexibilidad para ajustarse a las características de un entorno muy dinámico (Harrison, 1994). La gran empresa ha procurado evolucionar hacia un modelo que le permita combinar las ventajas de la flexibilidad derivada de la descentralización productiva con los beneficios de las economías de esc ala en las funcione s en que éstas resultan estratégicas (Whitford, 2001:46). Con este propósito la gran empresa ha tratado de desintegrar actividades del ciclo productivo a la vez que aumentaba sus relaciones con los sistemas locales de pequeñas y medianas empresas (Espina, 1996: 105) 19 . 19 No obstante, Harrison (1994) advierte sobre “el lado oscuro de la flexibilidad”, en tanto los cambios organizativos en la gran empresa tienden a incrementar el dualismo en el mercado de trabajo entre los trabajadores del núcleo conformado por las grandes empresas, que disfrutan de mejores condiciones laborales y de una mayor protección d e los sindicatos y los trabajadores de la periferia del sistema ocupados en PYMEs dependientes de grandes empresas en red, que sufrirían unas condi ciones laborales precarias. 153 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z En cuanto a los servicios no destinados a la venta representan el 18% del VAB y el 24% del empleo. Por lo tanto, su peso rela tivo en cuanto a la aportació n al VAB es menor que respecto al empleo; esto se debe a que la product ividad aparente del trabajo en estas actividades es inferior a la media de la economí a andaluza, justo lo contrario a lo que ocurre en el caso de los servicios d e mercado, que contribuyen en mayor medida al VAB regional que al empleo regional y, por lo tanto, acreditan unos niveles de pr oductividad superiores a la media regional. x El sector secund ario –consideran do dentro de éste las actividades manufacturera s, las industrias extractivas, el subsector energético y la actividad de la construcción- representa el 24% de la econom ía andal uza, tanto desde la óptica del valor añadido como del empleo total. Dentro de éste, las div ersas ramas industriales en sentido estricto aportan el 10 y 11%, respect ivamente, de la producción y el empleo total; la activid ad de la construcción supone en torno al 10% de la actividad económica andaluza, asumiendo por tanto un papel protagonista en el tejido industrial regional; y, por último, el subsector energético representa el 4% de la producción andaluza y tan sólo el 1% del empleo, lo que refleja la elevad a productividad aparente de las ramas ener géticas. A su v ez, dentro de las ramas industriales, destaca la importancia de la industria de la alimentación, bebidas y tabaco, que aporta aproximada mente el 3% de la producción y del em pleo andaluz. Sin embargo, las ramas de mayor contenido tecnológico no están suficientemente representadas en la economía andaluza, salvo algunas empresas, vinculadas al capital externo y poco integradas en el sistema productivo regional, que operan en actividades de fabricación de maquinaria de oficina y ordenadores y, en menor medida, de material eléctrico y electróni co (Moral Pajares,1997: 56). x Por último, las actividades agro-pesqueras mantienen en Andalucía una importancia signific ativa en tanto aportan el 7% del VAB y el 10% del empleo total, presentando por consiguiente, una productividad aparente inf erior a la media regional. 256 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z La foto fija de la estructura productiva andaluza que se deriva de los datos y comentarios anteriores requiere ser complementada desde una perspectiva dinámica. Este propósito se ve dificultado por el corto recorrido que proporciona la serie de Contabilidad Regional de España Base 1995 . A ello se une la ausencia de una serie enlazada que ligue la actual con la ser ie anterior de la Con tabilidad Regional de España B ase 1986 . Tales carenci as pueden s alvarse, al meno s parcialmente , considerando los datos de ambas series, aunque siempre con la salvedad de que se produce un salto en la serie en el año 1995. No obstante, este ejercicio permite obtener una visión más clara de las tendencias subyacentes que están modifica ndo la estructura pr oductiva andalu za. Tabla V.3 . Estru ctura porcentual del valor añadido bruto a p recios de mercado de la econom ía andaluza por ramas de actividad 1986-95 (R6)(R17) 1986 1990 1995(P) 01 01 Agricultura, silvicultura. y pesca 10,42 8,67 6,11 Industria inclu ida energía y construcción 30,24 30,65 2 6,96 06 06 Productos energéticos 5,2 9 4,58 5,39 30 Productos industriales 17,28 13,78 12,26 13 Férreos y no F érreos 1,31 0,92 0,69 15 No met álicos 1,55 1,50 1,25 17 Químicos 2,14 1,01 0,86 24 Metálicos y el éctricos 1,66 1,31 1,43 28 Material d e transporte 1,22 1,25 1,11 36 Alimentaci ón y tabaco 6,76 5,70 5,20 42 Textil y c alzado 1,22 0,86 0,65 47 Papel e impres ión 0,69 0,59 0,46 50 Industrias diversas 0,74 0,63 0,61 53 53 Construcción 7,67 12,29 9, 31 Actividades de Servicios 5 9,35 60,67 66 ,93 68 Servicio s destinados a la venta 45,20 45,54 5 0,43 58 Recuperació n y reparación 21,43 21,58 24,18 60 Transportes y comunicaciones 5,15 4,75 5,63 69 Crédito y seguro 4,17 5,51 4,89 74 Otros 14,45 13,71 15,73 86 86 Servicios no destinados a la venta 14,15 15,13 1 6,50 TOTAL 100 100 100 Fuente: El aboración propia a partir de in formaci ón de Contabilidad Regional de España. Base 1986 , INE. (P) Provisional. 257 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z x El sector primario muestra un franco retroceso desde 1986 de su peso en la estructura productiva andaluza, más intenso si se considera la evolución del empleo qu e desde la óptica de l VAB. No obstante, esta pérdida de importancia relativa de las actividad es primaria s se ha ralentizado en la segund a mitad de la década de los noventa . Estos cambios han v enido acompañados de una transformaciones en la composición interna del propio sector agrario, que ha supuesto un aumento de la importancia de la agricultura más intensiva en perjuicio de los cultivos más tradicionale s de la economía andaluza. En concreto, han ganado peso las hortalizas, las frutas y la floricultura, en perjuicio de los cereales o los c ultivos herbáceos. No obstante, entre los culti vos clásicos de la agricultura andaluza, el olivar sí ha mostrado un com portamiento muy favorable. Así mismo, cabe d estacar la mejora de l a eficiencia económica de las explotacione s, como consecuencia de la mayor profesionalización de la actividad y la extensión de los criterios empresaria les en la gestión. De este modo, la productividad agrícola andaluza se sitúa claramente por encima de la media nacional, aunque sigue estando por debajo de la media comunitaria (Moral Pajares,1997:5 3-54 y 1998: 175). x El sector secundario en una visión de conjunto del período 1986-2000 tiende a estab ilizar su importancia relativa en torno al 23% del valor del PIB regional y el 22% del emple o regional. Este resultado global escond e una reducción del peso relativo de las actividades indus triales, en sentido restringido, que, no obsta nte, ha tendido a frenarse en la segunda mitad de la década de los noventa. Este retroceso de la industria se explica parcialmente por la evolución más moderada de los precios en este sector en comparación con el t erciario y por el proceso de externalizació n de los servicios al productor; pero responde tambié n a una pérdida de importancia de la industria andaluza en el conjunt o nacional (Casillas y Galán;1999: 204). 258 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z En este sentido, es especialmente destacable el declive relativo de l a industria química y de la alimentación , bebi das y tabaco a lo largo del conjunto del período, pero principalmente en la etapa de 1986-95. Dentro de ésta última se está delimitando un núcleo central más dinámico, conformado por la fabricación de grasas y aceites, el vino, la cerveza y otras bebidas alcohólicas y la molinería, que se separa de l resto de activi dades, (Delgad o Cabeza et alia;1999: 45). Por su parte, la actividad de la constr ucción muestra un comportamiento procíclico y el subs ector energético m antiene su partic ipación estable . Tabla V.4. Es tructura porcen tual del empleo en la economía andaluza por ramas de activida d 1986-95. (R6)(R17) 1986 1990 1995(P) 01 01 Agricultura, silvicultura. y pesca 17,74 14,20 11,56 Industria incluid a energía y constr ucción 23,4 5 25,43 22,93 06 06 Productos energéticos 0,91 0,75 0,72 30 Productos industriales 14,59 13,28 13,01 13 Férreos y no F érreos 0 ,62 0,50 0,44 15 No met álicos 1,14 1,06 1,13 17 Químicos 0,63 0,49 0,49 24 Metálicos y el éctricos 1,78 1,74 2,04 28 Material d e transporte 1,94 1,56 1,28 36 Alimentaci ón y tabaco 4,26 4,0 2 3,86 42 Textil y c alzado 2,09 1,80 1,59 47 Papel e impresi ón 0,63 0, 67 0,56 50 Industrias diversas 1,50 1,44 1,64 53 53 Construcción 7,95 11,40 9, 20 Actividades de servicios 58,8 60,37 65,52 68 Servici os destinados a la venta 37,96 38,47 42,50 58 Recuperació n y reparación 23,99 24,89 27,05 60 Transportes y comunicaciones 6,04 5,15 5,41 69 Crédito y seguro 1,95 1,77 1,84 74 Otros 5,98 6, 65 8,20 86 86 Servicios no destinados a la venta 20,84 21,90 23,02 TOTAL 100 100 100 Fuente : El aboración pr opia a partir de información de la Contabilid ad Regiona l de España. Base 19 86 , INE. (P) Provisional. x Finalmente, el sector terciario gana peso relativo en el conjunto de la economía como manifestación del proceso de terciarizac ión económica que con 259 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z carácter general afecta a las econom ías desarrolladas 6 . No obstante, este proceso se plantea en las economías más avanzadas sobre la base de sector es industriales sólidos y competitivos, mientras que en el c aso de Andalucía el sector industrial se caracteriza por su debilidad. El crecimiento de las actividades de servicios es más acusado en el caso de los servicios destinados a la venta y especialmente en la rama de “Recuperación y repa raciones”. Gráfico V.3. Evolu ción de la distri bución porce ntual del VAB a precios de mercado para Andalucía 0 10 20 30 40 50 60 198 6 19 90 199 5 01 01 Agr i c u l t ur a, s ilv ic u l t ur a. y pe s c a 06 06 Pro du c t os en er g é t i c o s 30 Pro du c t o s ind us t r i ale s 53 53 C on s t r uc c ión 68 S e rv ic ios de s t ina d os a l a v en t a 86 86 S e rv ic ios n o de s t ina d os a l a v en t a No obstante, las conclusiones anteriores deben relativizarse en funció n de la evolución y característic as de los sistemas productivos de otras comunidades autónomas y del conj unto nacional. Con esta finalidad se presenta como término 6 Las conclusiones que se pla ntean a co nti nuación se derivan de co nsiderar la comp osición sectorial del VAB en pesetas corrientes. No obstante, de haber tomado variables en pesetas constantes el p roceso de terciarización no parecería tan intenso. Esto se debe, como bien es sabido, al diferente comportamiento sectorial de los pre cios, que en el sector indu st rial muestran una evolución moderada y en los servicios crecimientos importantes debido su me nor exposición a la competenc ia. 260 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z de comparación la composición del VAB y del empleo nacional por ramas de actividad. A grandes rasgos, la estructu ra productiva sectorial del conjunto nacional presenta unas característic as muy semejantes a las anteriormente señalad as para el sistema productivo andaluz; en esencia, se trata de una economía terciarizada (67,05% del PIB y 63,42% del empleo nacionales) con escasa importancia relativa del sector primario (3,51% del PIB y 7,26% del empleo nacionales). No obstante, la comparación revel a difer encias significativas. En concreto, se aprecia en el conjunto nacional un mayor peso relativo de las actividades secundarias (29,45% del PIB y 29,32% del empleo nacionales), atribuible en concreto a las ramas manufactur eras, que se compensa con la menor importancia del sector primario y de los servicio s no destinados a la vent a 7 . En cuanto a las tendencias de evolución de la estructura productiva nacional son idénticas a las que muestra la economía andaluza y responden al comportamient o típico en todos los países desarrollados: terciarización, con un mayor crecimien to de los servicios destinados a la venta, estabilización de la importancia del sector secundario y firme declive de las activ idades agro- pesqueras . Para realizar la comparación entre las estructuras productivas del conjunto nacional y Andalucía resulta útil el índice de especialización nacional o coeficiente de intensidad relativa que revela el patrón de especialización de las economías regionale s en el contexto nacional y se calcula para cada sector a través de la siguiente ex presión (Ramírez,1993:68): i ij ij S s Es donde: 7 Elaboración propia a partir de los datos de la C ontabilidad Regional de España, Base 1995 elaborada por el INE. Los datos de VAB corresponden a la primera estimación para el año 2000, mientras que los dato s de empleo proce den del avance para el año 1999. 261 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z X X S i i  j ij ij X x s  es decir, s i j refleja el peso del s ector i en la est ructura productiva de la región j y S i , el peso del sector i en la estructura pr oductiva nacional. Este índice rev ela si un sector tien e en la región cons iderada mayor (Es>1) o menor (Es<1) peso relativo que en la est ructura productiva nacional, en lo que puede interpreta rse como un indicador de ventaja compa rativa revelada. Así pues, a través del análisis de este indicador pueden apreciarse las pautas de especializac ión que ha desarrollado cada región en el contexto de la economía nacional. El análisis al nivel de desagregación en seis ramas de actividad revela que la econo mía andal uza se encuentra especializad a fundamentalm ente en actividade s agrarias y pesqueras. Así mismo, la actividad de la construcción y los servicios no destinados a la venta presentan más importancia en la estructura productiva regio nal que en el conjunto nacional. Por el contrario, las mayores debilidades de la estructura productiva andaluza se ponen de manifiesto en los productos industriales, respecto a los cuales, salvando la excepción ya comentada de la industria alimentaria, la economía andaluza muestra una nítida “ desespecia lización” en el contexto nacional. Al descender a un análisis más desagre gado, se aprecia también una cierta especializ ación en la industria de la al imentación , bebidas y tabaco -coherente con su especializaci ón agro-pesquera-, así como en las actividades comerciales, dentro de los servicio s destinados a la venta. 262 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z Tabla V.5. Ín dice de especi alización de A ndalucía respec to al conjunto nacional calc ulado a partir d el VAB a prec ios básicos corri entes. 1995-20 00 A6 A30 Ramas de actividad 1995 1998(P) 2000(1ªE) 1.1 1. Agricultura, ganadería y pesca 1,86 2,00 1,93 1.1.1 Agricultura, ganadería, caza y selvicultura 1,91 2,05 1.1.2 Pesca 1,18 1,36 2. Industria incluida la energía y la construcción 0,78 0,76 0,80 2.1 Energía 0,83 0,86 0,84 2.1.1 Extracción de producto s energéticos, otros minerales y refino de petróleo 0,95 1,04 2.1.2 Energía eléctrica, ga s y agua 0,78 0,80 2.2 Industria 0,62 0,61 0,62 2.2.1 Alimentación, bebida s y tabaco 1,22 1,23 2.2.2 Textil, confección, cuero y cal z ado 0,46 0,45 2.2.3 Madera y corcho 0,52 0,52 2.2.4 Papel; edición y artes gráfica s 0,40 0,40 2.2.5 Industria química 0,58 0,59 2.2.6 Caucho y plástico 0,41 0,41 2.2.7 Otros productos mineral es no metálicos 0,72 0,73 2.2.8 Metalurgia y productos me tálicos 0,52 0,52 2.2.9 Maquinaria y equipo mecánico 0,28 0,29 2.2.10 Equipo eléctrico, electrónico y óptico 0,35 0,36 2.2.11 Fabricación de material de transporte 0,59 0,59 2.2.12 Industrias manufacture ras diversas 0,54 0,54 2.3 2.3.1 Construcción 1,14 1,07 1,14 3. Actividades de los servi cios 1,04 1,04 1,04 3.1 Servicios de mercado 0,98 0,98 0,98 3.1.1 Comercio y reparación 1,25 1,21 3.1.2 Hostelería 0,92 1,00 3.1.3 Transportes y comunicacio nes 0,92 0,92 3.1.4 Intermediación financiera 0,78 0,77 3.1.5 Inmobiliarias y servicios empresar iales 0,91 0,93 3.1.6 Educación y sanidad d e mercado 0,95 0,92 3.1.6.1 Educación 0,95 0,92 3.1.6.2 Sanidad y servicios sociales 0,95 0,9 1 3.1.7 Otras actividades sociales y otros servicios de mercad o 0,94 0,93 3.2 Serv icios de no mercado 1,25 1,26 1,25 3.2.1 Administración pública 1,17 1,18 3.2.2 Educación de no mercad o 1,42 1,45 3.2.3 Sanidad y servicios sociales de no mercado 1,35 1,35 3.2.4 Otras actividades sociales y otros servicios de no mercado 0,97 1,01 3.2.5 Hogares que emplean pe rsonal doméstico 1,04 1,02 Fuente : Elaboración propia a partir de datos de la Co ntabilidad Regional de España , Base 1995; INE. 263 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z El análisis de la evolución del índice de especialización nac ional no revela cambios importantes a lo lar go del período 1986-2000 , salvo una cierta tendencia de profundización en el modelo de especialización descrito, como consecuencia del retroceso más lento que el sector primario muestra en Andalucía en comparació n con el resto de Espa ña 8 . 1,93 0,84 0,62 1,14 0,98 1,25 0,00 0,50 1,00 1,50 2,00 Agricultura, gana dería y pes ca Ene rgía Indu stria Co ns trucción Serv i ci os de m er cado Serv i ci os de no m ercad o Gráfico V.4 . Índi ce de especializaci ón nacional de Andaluc ía calculado a partir del VAB. 2000 8 En términos más generales y para el período 1980-1995 Cuadrado Roura, Mancha Navarro y Garrido Yserte concluyen que las pautas de especialización regional para el conjunto de las comunidades autónoma s españolas apenas han sufrido variaciones si se analizan con cierto grad o de desagrega ción (Cuadrado, Mancha y Garrido,1998 : 269). 264 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z Tabla V.6. Ín dice de especi alización de A ndalucía respec to al conjunto nacional calcul ado a partir del empl eo. 1995-2000 A6 A30 Ramas de a ctividad 1995 1998(P) 1999(A) 1.1 1. Agricultura, ganadería y pesca 1,30 1,37 1,43 1.1.1 Agricultura, ganadería, caza y selvicultura 1,32 1,39 1.1.2 Pesca 0,99 1,00 2. Industria incluida la energía y la construcción 0,76 0,77 0,80 2.1 Energía 0,88 0,97 0,95 2.1.1 Extracción de producto s energético s, otros minerales y refino de petróleo 0,74 0,88 2.1.2 Energía eléctrica, ga s y agua 0,98 1,04 2.2 Industria 0,62 0,62 0,61 2.2.1 Alimentación, bebida s y tabaco 1,01 1,08 2.2.2 Textil, confección, cuero y cal z ado 0,52 0,49 2.2.3 Madera y corcho 0,74 0,63 2.2.4 Papel; edición y artes gráfica s 0,50 0,47 2.2.5 Industria química 0,53 0,58 2.2.6 Caucho y plástico 0,41 0,37 2.2.7 Otros productos mineral es no metálicos 0,76 0,82 2.2.8 Metalurgia y productos me tálicos 0,54 0,48 2.2.9 Maquinaria y equipo mecánico 0,36 0,37 2.2.10 Equipo eléctrico, electrónico y óptico 0,34 0,35 2.2.11 Fabricación de material de transporte 0,61 0,57 2.2.12 Industrias manufacture ras diversas 0,68 0,71 2.3 2.3.1 Construcción 1,03 1,06 1,16 3. Actividades de los servi cios 1,06 1,06 1,04 3.1 Servicios de m er cado 0,99 0,99 0,98 3.1.1 Comercio y reparación 1,19 1,14 3.1.2 Hostelería 1,03 1,10 3.1.3 Transportes y comunicacio nes 0,89 0,88 3.1.4 Intermediación financi era 0,82 0,82 3.1.5 Inmobiliarias y servicios empresar iales 0,76 0,80 3.1.6 Educación y sanidad d e mercado 0,77 0,77 3.1.6.1 Educación 0,70 0,71 3.1.6.2 Sanidad y servicios sociales 0,83 0,82 3.1.7 Otras actividades sociales y otros servicios de mercado 1,01 1,01 3.2 Servicios de no m e rcado 1,20 1,20 1,17 3.2.1 Administración pública 1,24 1,26 3.2.2 Educación de no mercad o 1,29 1,33 3.2.3 Sanidad y servicios sociale s de no mercado 1,26 1,23 3.2.4 Otras actividades sociales y otros servicios de no mercado 0,95 0,96 3.2.5 Hogares que emplean pe rsona l doméstico 1,03 1,01 Fuente : Elaboración propia a partir de datos de la Co ntabilidad Regional de España , Base 1995; INE. 265 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z empresas (de 100 a 499 asalariados) y grandes empresas (500 asalariados ó más). Tabla V.10. Dist ribución de l as empresas andal uzas por número de asalariados 1995 2001 Número % sobre el total Número % sobre el total Crec. (1) Sin asalariados 201.008 60,99 210253 54,74 4,60 Con asalariados 128.588 39,01 173 .833 45,26 35,19 Microempresa 115.694 35,10 153 .968 40,09 33,08 Pequeña empresa 12.200 3,70 18.89 1 4,92 54,84 Mediana empresa 634 0,19 911 0,2 4 43,69 Gran empresa 60 0,02 63 0,02 5,00 Total 329.596 100 384.086 100 16, 53 Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE. (1) Tanto por ci ento de crecimie nto en el períod o. En función de este criterio, se ha procedido a analizar la estructura dimensional del tejido empr esarial andaluz tomando como referencia el conjunto nacional. De este modo, en las tablas que siguen se presenta la c omposición del tejido empresarial andaluz (tabla V.10) y es pañol (tabla V.11) y, a continuación, se comparan ambas utilizando como indicador el cociente entre la participación porcentual de cada segmento de empresas (según el número de empleados) sobre el conjunt o de las empresas andaluzas y españolas, respectivamente (tabla V.12). El tejido empresarial andaluz se encuentra conformado mayoritariamente por empresas sin asalariados que representan el 55% del total. Si a éstas les unimos las microempresas con no más de 10 empleados se alcanzaría el 95% del número total de empresas. Las PYMEs representan en torno al 5% de la población empresarial, mientras que la presencia de las grandes empresas se situaría en un pobre 0,02%. 272 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z En líneas generales, estos rasgos son comunes al conjunto del tejido empresarial nacional: predominio del autoempleo y de las microempresas, frente a un peso reducido de las PYMEs y una mínima presencia de las grandes. Gráfico V.6. Dist ribución de las empresas andaluzas po r estratos se gún nú mero de a sala riados . 2001 55% 40% 5% 0% 0% Sin asa lariado s M icroempresa s P eq ue ña s e mpresa s M ed ian as e mpresa s Grand es empres as Tabla V.11. Dist ribución de l as empresas español as por número de asalariados 1995 2001 C rec. (1) Número % sobre el total Número % sobre el total Sin asalariados 1.326.433 57,63 1408792 53,26 6,21 Con asalariados 975.126 42,37 1.236.525 46,74 26,81 Microempresa 855.145 37, 16 1.078.778 40,78 26,15 Pequeña empresa 112.454 4,89 147.466 5,57 31 ,13 Mediana empresa 6.533 0,28 9.047 0,34 38,48 Gran empresa 994 0,04 1.234 0,05 24,14 Total 2.301.559 100 2.645.317 100 14,94 Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE. (1) Tanto por ci ento de crecimie nto en el períod o. 273 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z Sin embargo, la comparación mediante u cociente de la composición por estratos de asalariados entre Andalucía y España (tabla V.12) permite identificar algunas características diferenciales del tejido empresarial andaluz. De est a forma, cuando el valor del indicador es superior a la unidad el correspondiente estrato tiene una significación mayor en el tejido empresarial andaluz que en el conjunto nacional, y al contrario, cuan do el valor es inferior a la unidad. Tabla V.12. Compa ración de las dist ribucion es de las empresas españolas y andaluzas por núm ero de asalariados % de las empresas andaluzas en cada estrato / % empresas españolas en cada estrato 1995 2001 Variación Sin asalariados 1,06 1,03 -0,03 Con asalariados 0,92 0,97 0,05 Microempresa 0,94 0,98 0,04 Pequeña empresa 0,76 0,88 0,12 Mediana empresa 0,68 0,69 0,02 Gran empresa 0,42 0,35 -0,07 Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Directo rio Central de E mpresas, INE. Los datos anteriores ponen nítidamente de manifiesto la especial atomización del tejido empresarial a ndaluz dentro del conjunto nacional. Puede apreciarse como el único estrato con mayor importancia relativa en el tejido empresarial andaluz es el del autoempleo. A partir de éste, conforme se incrementa el tamaño empresarial, se muestra la menor importancia del resto de unidades empresariales en Andalucía frente al conjunto nacional, a una distancia que se va ampliando en paralelo al aumento del tamaño. Esta característica del tejido empresarial resulta una importante limitación que lastra la competitividad de la economía andaluza y las potencialidades de crecimiento económico regional. En este sentido, hay que señalar como 274 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z agravante que el tejido empresarial nacional se distingue en el contexto europeo precisamente por la menor dimensió n empresarial 11 . Desde un punto de vista dinámico, como se ha señalado con anterioridad, se aprecia un mayor dinamismo empresarial en Andalucía en comparación con el conjunto naciona l, en tanto el número total de empresas ha crecido en Andalucía, entre 1995 y el año 2000, un 17% frente al 15% de incremento en el conjunto nacional. Además, este superior crecimiento se ha concentrado en mayor medida en las empresas con asalariados, con un incremento del 35% en Andalucía frente al 27% en el conjunto del Estado. Este comportamiento favorable ha permitido mejorar la estructura dimensional del tejido empresarial andaluz, tanto considerándola en sí misma (tabla V.11) como en comparación con el c onjunto nacional (tabla 5.12). Se puede apreciar, de este modo, como las microempresas y las PYMEs han ganado peso relativo en el tejido empresarial andaluz en detrimento del autoempleo. No obstante, el dinamismo empresarial ha resultado menor en el caso de las pequeñas empresas en comparación con las medianas y no se ha hecho extensible a las grandes empresas, estrato que únicamente se ha incrementado en tres empresas, lo que supone un crecimiento del 5% respecto al número de grandes empresas existentes en 1995 en Andalucía. Por el contrario, en el conjunto nacional el crecimiento del número de grandes empresas ha sido lógicamente muy superior en términos absolutos -240 grandes empresas más-, pero también en términos rela tivos –con un incremento del 24%-. Por lo tant o, en términos comparativos con el conjunto nacional, la mejora cuantitativa y cualitativa –en la composición por estratos- del tejido empres arial 11 A este respecto, resulta m uy interesant e el trabajo de Santos C umplido, F. J. y Camúñez, Ruiz, J. A. (2001): “Tejido empresarial y desarrollo económico en la periferia mediterránea de la Unión Europea” presentado en la III Reunión de Economía Mundial, en el que, utilizando técnicas de análisis cluster, se muestra cómo los países mediterráneos de la UE constituyen un grupo diferenciado cuando se toman en consideración variables relativas al desarrollo económico y a las características del tejido empresarial. Concretamente, estos p aíses presentan un tejido empresarial menos diná mico caracterizado por un m enor tamaño empresarial medio. 275 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z andaluz se ve empañada por la acentuación de la tradicional debilidad de la economía andaluza por lo que se refiere a la gran empresa. V.3.2. Distribu ción de las empresas andaluzas por ramas de actividad La distribución de las empresas andaluzas por ramas de actividad reproduce básicamente los rasgos generales de la estructura sectorial del PIB y del empleo regional. De este modo, se puede apreciar el fuerte protagonismo de las empresas del sector terciario -comer ciales y de ser vicios-, que conjuntamente representan el 83% de las empresas no agrarias existentes en Andalucía. Claramente por detrás de estos valores se encuentran el sect or industrial y la construcción con un 8% y 9% de las empresas totales, respectivamente. Como podría esperarse, el comercio y los servicios tienen menos importancia sobre el total de empresas en el conjunto nacional que en el caso andaluz (30% y 49%, respectivamente), mientras que la industria y la construcción tienen un peso relativo mayor (9% y 12%, respectivamente). Gráfic o V.7. Dis trib ució n de l as empresa s a ndaluzas p or sec to res p rod ucti v os 20 01 8,03 8,9 0 35,02 48, 05 I ndus tria Const ruc ción Come rc io R esto de Serv icios 276 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z En la tabla V.13. se presenta una lista de las ramas productivas más importantes, a un nivel de desagregación mayor, respecto al número total de empresas en la economía andaluza. Tabla V.13 . Pr incipales ramas productivas and aluzas por númer o de empresas en el 2001 (Porcentaje respect o al total de empre sas no agra rias andaluzas) (1) Rama de Activ idad (Grupos CNAE 93) Porce nt. 52 Comercio al por menor, excepto el comercio de vehículos de motor, motocicletas y cicl omotores 25,00 74 Otras activ idades empres ariales 11,81 55 Hostelería 10,97 45 Construcció n 8,90 60 Transporte terres tre; transporte por tuber ías 7,34 51 Comercio al por mayor e int ermediarios de l comercio, excepto d e vehículos de motor y motocicle tas 6,94 85 Actividades sanitarias y vete rinarias, servi cio social 3,85 70 Actividade s inmobiliarias 3,35 50 Venta, mantenimiento y reparación de vehículos de motor, motocicletas y ciclomotores 3,08 93 Actividade s diversas de servi cios personales 2,52 92 Actividades recreativas, culturales y deportivas 1,89 67 Actividades a uxiliares a la i ntermediación fi nanciera 1,65 80 Educación 1,62 15 Industria de prod uctos alimenticios y bebi das 1,61 28 Fabricación de productos m etálicos, excep to maquinaria y equipo 1,28 36 Fabricació n de muebles; o tras industrias ma nufactureras 1,18 Fuente : Elabor ación propia a parti r de datos del Directorio Central de Emp resas, INE. (1) Figuran en el cuadro sólo aque llas ramas que tienen una part icipación igual o superior al 1% sobre el tot al de empresas andaluz as. 277 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z V.3.3. La multilocali zación de empresas y la penetración empresarial En la etapa actual del desarrollo capitalista, caracterizada por el proceso de globalización económica, resulta un fenómeno cada vez más frecuente la empresa multilocalizada que m antiene instalaciones en diversos territorios. De este modo, resulta interesante poder cuantificar qué parte del empleo y de la producción de un territ orio es aportada por empresas con sede en el mismo y qué parte procede de empresas multiloca lizadas con sede central en el exterior. Las estimaciones que en este sentido se han realizado para el caso andaluz atribuían en 1996 un 74,6% de la masa salarial recibida por los trabajadores andaluces y generada en establecimientos sitos en Andalucía a entidades domiciliadas fiscalmente en la comunidad autónoma. Por consiguiente, el 25,4% de los salarios recibos por trabajadores andaluces fueron abonados por empresas con domicilio fiscal en otras Comunidades Autónomas pero con establecimientos en Andalucía (Consejería de Economía y Hacienda,2000:15- 16) 12 . Estos datos sitúan a Andalucía entre las comunidades autónomas en las que la importancia de las empresas con domicilio fiscal en el exterior es mayor, junto con Extremadura y las dos Castillas. Por el contrario, Madrid y Cataluña se encontrarían en la situación completamente opuesta, en tanto a las empresas con domicilio fiscal en estos territorios se les imputa una masa salarial superior a la que abonan a los asalariados residentes en dichas regiones. Si en lugar de l os salarios consider amos como variable e l empleo las conclusiones obtenidas resultan similares. En 1996 el 81% de los asalariados andaluces trabajaban en empresas con domicilio fis cal en Andalucía, frente al 12 Estas estimaciones se basan e n los datos proporci o nados por la esta d ística de “Empleo, Salarios y Pensiones en las Fuentes Tributarios”, publicada por la Agencia Tributaria y el Instituto de Estudios Fiscales que suministra información relativa a empleo y salari os según el domicilio fiscal de la em presa pagadora y el domicilio del tra bajador. 278 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z 19% restante que lo hacía en empresas con domicilio fiscal fuera de la Comunidad Autónoma (Consejería de Econo mía y Hacienda,2000:15-16). Al igual que en el caso anterior, estos datos sitúan a Andalucía junto con Extremadura y las dos Castillas ent re las regiones con niveles más altos de penetración de empresas externas. Estos datos nos hablan de una c orrelación evidente entre el grado de desarrollo económico de los territorios y la fortalez a de su tejido empresarial. Aquellas Comunidad es Autónomas para las que las empresas con domicilio fiscal en la Comunidad tienen un mayor peso co mo empleadores de los trabajadores regionales son aquéllas con mayo res niveles de renta per cápita y a la inversa. Así mismo, de los datos anteriores se puede extraer también otra conclusión interesante al apreciarse cómo el porcentaje que representan las empresas co n domicilio fiscal en A ndalucía es mayor respecto al empleo de trabajadores regionales que respecto a la masa salarial total pagada a los trabajadores andaluces. Por consiguiente, puede concluirse que las empresas con domicilio fiscal en Andalucía abonan salarios medios por debajo de los que pagan las empresas con domicilio fiscal fuera de Andalucía a los trabajadores que emplean en nuestra región (1.554.636,7 ptas frente a 2.253.174,5 ptas en 1996, respectivamente). De esta forma, queda de manifiesto como la fortaleza de las empresas repercute en la capacidad de generar rentas, no sólo a los empresarios y capitalistas, sino a los propios trabajadores y que la debilidad del tejido empresarial andaluz perjudica a los trabajadores andaluces, tanto en términos de una menor capacidad de generación de em pleo, como en cuanto a niveles salariales a los que pueden acceder. V.3.4. La calidad del empresario andaluz Como se ha señalado con anterioridad, las características del tejido empresarial en un territorio son en buena medida reflej o de la propia personalidad 279 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z y comportamiento de su clase empresarial. Es por ello que no podemos dar por cerrada esta visión general de la estructura empresarial andaluza sin detener nos brevemente en la figura del empresario. No son muchos los trabajos empíricos disponibles que nos permitan aproximarnos a la realidad inmediata de las empresas y de los empresarios andaluces. Un estudio de referencia en este sentido es sin duda el realizado con la coordinación de Emilio Díez de Castro y publ icado por el Instituto de Fomento de Andalucía bajo el título de La empresa en Andalucía (1995). En él se nos muestra un perfil de lo s empresarios y de las empresas andaluzas a partir de una encuesta planteada a escala regional. Así mismo, resulta obligado reseñar los trabajos se vienen realizando en el grupo de investigación “Las PYMEs en el desarrollo económico” de la Universidad de Sevilla, bajo la dirección del profesor Joaquín Guzmán Cuevas. De la información disponible se pueden extraer algunas conclusiones en relación con los diferentes aspectos que, según la concepción de Santos Cumplido (2001), conforman la calidad de l empresario proyectándose sobre el dinamismo de las empresas andaluzas. En este sentido, en el capítulo anterior se afirmó como la preferencia por el trabajo por cuenta propia representa una condición neces aria para la existencia de un empresario de calidad, en la medida en que constituye una muestra del anhelo de autonomía consusta ncial a la figura del empresario. Son pocos los empíricos existentes que nos permitan obtener informa ción sobre esta característica de los empresarios. En el trabajo de Guzmán Cuevas (1995:135) sobre los empresarios de la provi ncia de Sevilla se señalaba como el 60,7% de los empresarios de la muestra afirmaban preferir el trabajo por cuenta propia. Así mismo, en el trabajo de Santos Cumplido (2001:145), también aplicado al empresario sevillano, el 69,8% de los empresarios consultados se mostraron contrarios a la pos ibilidad de cambiar su actividad como empresario por un empleo por cuenta ajena. Este último trabajo permitía observar como la 280 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z preferencia por el trabajo por cuenta propia resultaba menor en los empresarios con empresas de menor tamaño (Santos Cumplido, 2001:146-147). Tal comportamiento se puede deber a que muchos pequeños empresarios han optado por crear su empresa como una salida frente al desempleo, por lo que el componente vocacional requerido para ser un empresario de calidad no estaría presente en sus motivaciones. En cualquier caso, la ausencia de una verdadera predisposición por el trabajo por cuenta ajena condiciona necesariamente las pautas de dirección de la empresa, influyendo negativamente sobre el dinamismo empresarial. En segundo lugar, habría que considerar los exponentes de la calidad del empresario , es decir, aquellos aspectos cualitativos que conforman la función dinamizadora. Recordemos que entre estos exponentes de la calidad empresarial Santos Cumplido (2001) identifica, como se expuso en el capítulo tercero, a la motivación y los comportamientos dinamizadores. x La motivación del empresario puede ser extrínseca, cuando la actividad empresarial se desarrolla para conseguir determinados logros, o intrínseca, cuando se desarrolla por el mero placer de llevar la a cabo. El tipo de motivación que presenta el empresario c ondiciona su p redisposición hacia la s conductas definitorias del empresario de calidad y, por consiguiente, el dinamismo de la empresa. En el trabajo coordinado por el Pro f. Díez de Castro (1995) sobre la empresa andaluza, el 20,4% de los consultados afirmaron haberse decantado por la actividad empresarial por cons iderarla la “mejor forma de pr osperar”, el 18,5% por “tener mi propio puesto de trabajo”, el 17,4% por “llevar a la práctica la idea”, el 15,5% para “ser mi propio jefe”, el 12,3% “por el futuro de la familia”, el 12,3% mencionó otras motiv aciones y un 2,1% no contestó a la pregunta. Por lo tanto, la motivación intrínseca estaría presente en el 32,9% de los casos, mientras que el 51,2% mostraría una motivación extrínseca (Díez de Castro et alia, 1995:244- 245). 281 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z - Los movimientos migratorios, ent re las regiones españolas hacia el exterior, que habrían condiciona do la convergencia vía empleo per cápita. En relació n con el primero de los factores señalados, resulta útil plantear la economía regional como una combinación lineal de sectores productivos, de modo que puede descomponerse la productividad aparente media nacional tal como un sigue: ¦ ¦ ¦ ¦ ¦ ¦   K i i i K i i K i i i K i i i K i i K i i EMP EMP A P EMP EMP EMP VAB EMP VAB EMP VAB A P 1 1 1 1 1 1 . . . . donde P.A. representa la productividad aparente del trabajo y EMP el número de empleos, indicando el subíndice i cada uno de los sectores o ramas de actividad considerados. De este modo, la productividad aparente media de una economía puede concebirse como una m edia ponderada de los niveles de productividad aparente de los diversos sectores, donde las ponderaciones serían el pes o relativo de cada sector en el empl eo total De este m odo, se pueden relacionar las potencialidades de crecimiento regional y las pautas de convergencia (o divergencia) con las características de la estructura productiva. Concretamente, manteniéndose constante la productividad de todos los sectores, cualquier cambio en la estructura productiva que suponga un incremento de la importancia de los sectores con mayores niveles de productividad en perjuicio del peso relativo de sectores con menores niveles de productividad reperc utirá en un incremento de la productividad media de la economía. Con carác ter general, las actividades agrarias presentan niveles de productividad aparente del trabajo inferiores a los del sector industrial o de los servicios. Así mismo, en las regiones más atrasadas el sector agrario suele mantener un tamaño superior al que presen ta en las regiones más avanzadas. 288 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z Desde los años cincuenta en las regiones más atrasadas, en términos generales, el sector agrario ha perdido impor tancia relativa a un ritmo mayor que en las regiones más desarrolladas, lo que ha favorecido la elevación más rápida de los niv eles medios de productividad y con ello la convergencia real con la media nacional. No obstante, a partir de 1993 se interrumpe el proceso de aproximación de las estructuras productivas de las regiones españolas, lo que ha representado un freno a la convergencia en productividad (García-Greciano y Raymond, 1999:8). Por otro lado, en los años cincuenta y sesenta se produjeron corrientes migratorias muy fuertes que tenían como origen las regiones más atrasadas como Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía y como destino las regiones más avanzadas principalmente Cataluña, País Vasco y Madrid o otros países europeos (Alemania, Suiza, Francia, etc. ). Estos procesos actuaron como una válvula de escape al desempleo en la s regiones de origen y determinaron un aumento del nivel de empleo per cápita. De esta forma, los movimientos migratorios contribuyeron a que el crecimiento del Valor Añadido Bruto per cápita fuera más intenso en las regiones más atrasadas en comparación con las m ás ricas en los años c incuenta y s esenta, con los consiguientes logros en tér minos de convergencia real. Sin embargo, a partir de la crisis de los setenta las tasas de desempleo s e elevaron en las regiones de destino, lo que supuso un freno a los movimientos migratorios al reducirse las posibilidades para los emigrantes de encontrar un empleo en las zonas de acogida. De este m odo, se perdió también el segundo de los mecanismos de convergencia que habían operado con anterioridad, lo que explica parcialmente el estancamiento del proceso de c onvergencia a partir de este momento (García -Greciano y Raymond, 1999:3) 18 . 18 De hecho, la productividad aparente del trabajo en las regiones españolas ha seguido convergiendo hasta 1993, pero ello no se ha traducido en convergencia en VAB per cápita debido a la tendencia de divergencia que ha existido en el empleo per cápita, especialmente en el período 1977-1987 (Garc ía-Greciano y Raymo nd, 1999:4). 289 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z Las anteriores consideraciones resultan de aplicación al caso concreto de Andalucía. No obstante, siendo lento en términos generales el ritmo de convergencia para el conjunto nacional, el acercamiento de Andalucía a la media nacional ha resultado, si cabe, aún más pausado (Jimeno, Her nanz e Izquierdo , 2001:17). De este m odo, según los datos de la Fundación BBVA la renta per cápita andaluza se situaba en el 72% de la renta per cápita media española en 1967 y se elevó sólo hasta a un 75% aproximadamente en 1997 (Jimeno, Hernanz e Izquierdo , 2001:17). La productivi dad aparente en Andalucía creció durante este período a un ritmo muy próximo al resto de España lo que explica la reducida velocidad de convergencia (se multiplicó por 2,6 en Andalucía y por 2,4 en el resto de Es paña). Son muchos y variados los factores que inciden s obre el crecimiento de la productividad aparente del trabajo, pero entre ellos cabría destacar la inversión, en capital físico y humano, junto a la innovación y la elevación del nivel tecnológico. A este respecto, el stock de capital físico por ocupado en Andalucía ha mejorado sustancialmente, de modo que partiendo de valores inferior es a la media nacional a mediados de los sesenta, tanto para el capital público como el privado, se han alcanzado valores superiores a la media nacional a finales de los noventa en ambos casos. Por el contrario, las mejoras indudables en el nive l educativo y en el esfuerzo de I+D en Andalucía no han sido suficientes para recortar las diferencias con los prom edios nacionales (Jimeno, Hernanz e Izquierdo , 2001:21-24). Hay que tener presente también que la estructura productiva actúa como un factor condicionante del crecimiento regional y por extensión de la capacidad para converger con la media nacional o comunitaria (Cuadrado et alia,1998:268- 269). Si nos situamos en el caso hipotético de que se mantenga sin c ambios la estructura sectorial de una economía, el efecto estructural de la especialización productiva sobre el crecimiento se origina por el lado de la oferta y por el de la 290 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z demanda. Desde la vertient e de oferta, la repercusión de debe a las diferencias en el ritmo de creci miento de la productividad de los distintos sectores 19 , mientras que en la vertiente de demanda el im pacto se produce vía diferencias en la elasticidad renta (Rodríguez Nuño,1997:154). Concretamente, la especialización andaluza supone un obstáculo a l crecimiento regional 20 y a la convergencia real puesto que la economía andaluza se concentra en ramas prod uctivas con un crecimiento lento de la productivid ad y de demanda débil o media (con una elas ticidad de la demanda respecto de la renta baja o intermedia). Esto implica que para la economía andaluza su patrón de especialización supone un freno al crecim iento regional en la medida en que las actividades agrarias o los servicios, así como las industrias tradicionales con bajo nivel tecnológico , que son los sectores con menores crecimientos de la productividad en términos reales, tienen una importancia relativamente mayor en su sistema productivo que en el conjunto nacional (Casillas y Galán ,1999: 209). Por lo que se refiere al nivel de empleo per cápita, el otro de los factores, junto a la productividad ap arente, en que puede descomponerse el VAB per cápita, y a efectos de comprender mejor los motivos que explican las pautas de convergencia de real de Andalucía, resulta interesante descomponerlo a su vez en dos nuevas variables 21 : 19 En este sentido, considé rese que, como se ha señalado con anterioridad, el crecimiento de la productividad e n una economía puede entenderse como una media de los crecimientos de la productividad en los diversos sectores ponderados por el peso porcentual de cada sector en el empleo total. 20 No obstante, en el trabajo de Rodríguez Nuño (1997) para el conjunto de las Comunidades Autónomas españolas en el período 1980-92 aplicando el análisis “shift -share” sobre datos de empleo in dustrial (excluyendo por lo tan to las ramas agrarias y de servic ios) tomados de la Contabilidad Regional de España del INE se apre cia un efecto estructural positivo para el período de 1980-85. En cualquier caso, los resultados son c oherentes con los aquí presentados para el período 1985-92. 21 En esta descomposición se adopta el supuesto simplificador de que el número de empleos es igual al tamaño de la p oblación ocupada. No obstante, este supuesto dejaría de ser necesario si se hubiera definido la productividad aparente como cociente entre el valor añadido bruto y la población ocupada. 291 Capítulo V. Una introducci ón al sistema productivo andalu z    Población Activa Pobl Activa Pob l os Desemplead Activa Pobl Población Activa Pobl Activa Pob l EMP Población EMP . . . . . actividad de Tasa desempleo de Tasa   ) 1 ( De este m odo, el niv el de empleo per cápita estaría condicionado por tasa de actividad y la tasa de desempleo. A este respecto, el incremento que ha experimentado la tasa de actividad regional ha actuado como un factor favorecedor de la convergencia real; sin embargo, el comportamiento negativo de la tasa de desempleo que sufre la comunidad andaluza ha constituido y continúa constituyendo actualmente un obstáculo fundamental para la convergencia en renta per cápita con la media nacional (Jimeno, Hernanz e Izquierdo , 2001:20). En conclusión, Andalucía debe redoblar los esfuerzos para impulsar su competitividad como vía para fortalecer su crecimiento económico y converger con las medias nac ionales y europeas. Para ello deberá apostar en mayor medida por la inversión en capital humano y tecnológico y combatir sin tregua esa lacra social que constituye su alta tasa de desempleo. En caso contrario, manteniendo el ritmo de crecimiento actual, Andalucía requeriría 60 años más para alc anzar la media europea en r enta per cápita y 30 para alcanzar la española, según las estimaciones de Eurostat. 292 CAPÍTULO VI PAUTAS DE ARTICULACIÓN SECTORIAL DEL SISTEMA PRODUCTIVO ANDALUZ Capítulo VI Pautas de articulación sectorial del sistema productivo andaluz En este capítulo se profundiza en el estudio del s istema productivo andaluz a través del análisis del entramado de relaciones intersectoriales que lo conforman, utilizando para ello como fuente principal las últimas Tablas I nput- Output de Andalucía elaboradas por el Instituto de Estadística de An dalucía (IEA) estimadas para el año 1995 (Instituto de Estadística de Andalucía,1999) 1 . El Marco Input-Output de Andalucía 1995 se ha elaborado conforme a la metodología del nuevo Sistema Europeo de Cuentas Nacionales, Regionales y Trimestrales de la Unión Europea (SEC-95), de modo que constituye una operación estadística comparable a escala europea. El Marco Input-Output de Andalucía 1995 incorpora cambios impor tantes respecto a los criterios metodológicos aplicados con anterioridad en las tablas Input-Output para Andalucía estimadas para los años 1975, 1980 y 1990 2 . El objetivo fundamental de este capítulo es mostrar una vis ión general de las pautas de articulación intersectorial que caracterizan a la estructura productiva andaluza. De este modo, se identificarán aquellas ramas productivas que muestran una mayor integración en el sistema productivo regional y, 1 A lo largo de este c apítulo, se definirán sucintamente los indicadores que se empleen. No obstante, en el Anexo I se realiza una presentaci ón elemental de los fundamentos básicos del análisis input- output. 2 Entre las novedades introducidas cabe señalar un sistema de tablas, compuesto por tr es tablas diferenciadas –la Tabl a de Origen de la oferta pro ductiva, la Tabla de Destino de la Producci ón y la Tabla Input- Output simétrica- o la adopción de un nuevo método de valoración que distingue entre producción a precios básicos, producción a pr ecios de mercado del productor y producción a precios de adquisi ción o precios de me rc ado del comprad or. 295 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz consecuentemente, una mayor capacidad para impulsar un crecimiento y desarrollo endógeno a escala regional. En este sentido, el estudio estará centrado en las Tablas Input-Output de Andalucía pa ra 1995 (TIOAN-95), sin que nos propongamos analizar el cambio estructural operado en las relaciones intersectoriales de la economía andaluza a partir de la comparación con las tablas disponibles para años anteriores. Este capítulo VI se iniciará con la observación de los principales encadenamientos directos que se esta blecen entre las ramas productivas andaluzas, utilizando para ello los coeficientes de ligazones de Chenery- Watanabe. A partir de ellos se clasificarán las ramas de actividad en función de la intensidad de los encadenamientos que mantienen con otros sectores. A continuación, en el segundo apartado, se profundizará en el análisis de los encadenamientos directos, empleando los coeficientes de ligaz ones de Streit para identificar las cadenas de producción y los complejos industriales que contribuyen a vertebrar el sistema productivo regional. Finalmente, en el tercer apartado, se trabajará con la matriz inversa de Leontief a fin de aproximarnos , a través de los índices def inidos por Rasmussen, a la capacidad de arrastre y de empuje de las ramas productivas andaluzas, considerand o no sólo los efectos directos, sino también los impactos interindustriales indirectos. Las TIOAN-95 se han elaborado con una desagregación en 89 ramas de actividad 3 , pero el IEA las presenta también en una ver sión reducida en 30 ramas de actividad. Con carácter general, a lo lar go de este capítulo y de los siguientes se trabajará con el máximo nivel de des agregación disponible; no obstante, se optará por utilizar la tabla menos desagregada cuando se estime que est a alternativa introduce una mayor claridad en el análisis. Conviene también precisar en esta introducción que todos los indicadores que aparecen en este capítulo han sido c alculados a partir de los consumos 3 No obstante, en dos de estas 89 ramas: la número 8 –“Extracció n de crudos de petróle o y gas natural”- y la número 9 –“Extracción de minerales de uranio y to rio”- no existe producción regional, por lo que no se consideran en este trabajo. 296 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz intermedios regionales , descontando, por lo tanto, el empleo que hacen las diversas ramas productivas de inputs procedentes del exterior de la Comunidad Autónoma andaluza. De esta forma, se ponen de manifiesto sólo las relaciones interindustriales entre las unidades productivas es tablecidas en el territorio andaluz, sin tener en cuenta los consumos intermedios de inputs de importación 4 . VI.1. LAS RELACIONES INTERSECTORIALES EN EL SISTEMA PRODUCTIVO ANDALUZ A TRAVÉS DE LOS ENCADENAMIENTOS DIRECTOS El grado de articulación de un s istema productivo está determinado por la intensidad de las relaciones de compraventa de inputs intermedios que enlazan unas ramas de actividad con ot ras. Los encadenamientos directos se refieren a las transacciones interindustriales que m antienen cualesquiera dos sectores, cuando uno de ellos adquiere el output del otro para utilizarlo como input en su propio proceso de producción. De este modo, un aumento en la producción de la rama cliente inducirá como “efecto directo” un incremento en la producción de la rama suministradora del input intermedio. Sin embargo, al estudiar los encadenamientos directos no se consideran los requerimientos indirectos que se generan en el resto del s istema productivo como consecuencia de la nec esidad de incrementar la producción de otros inputs intermedios proporc ionados por el resto de sectores. En el tercer apartado de este capítulo nos ocuparemos de estos “efectos indirectos” que dejamos al margen por el momento. 4 En el contexto de las TI OAN el co ncepto de importa ción (o exportación) se refiere a las compras (o ventas) con origen (o destino ) fuera de la Comunidad Autón oma de An dalucía, aunqu e se trate de transaccio nes con esta blecimientos localizado s en el resto del territorio nacio nal. 297 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.4. Ramas productivas con encadenamientos directos hacia adelante más débiles Código Denominación Valor 77 Adm inistración púb lica, defensa y segur idad social obligatoria 0,000 78 Edu cación no de merca do 0, 000 80 Acti vidades sanitarias y veterin arias no de merca do 0,000 82 Ser vicios sociales n o de mercado 0,000 89 Hog ares que emplean personal domés tico 0,000 20 Ind ustria del tabac o 0,001 37 Fab ricación de máquinas de oficina y equipos informáticos 0,003 57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 0,029 43 Fab ricación de otro mate rial de transporte 0,032 88 Act ividades diversas d e servicios personales 0,035 55 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y domésticos 0,042 10 Ext racción de miner ales metálicos 0,059 1 Cultivos de ho rtalizas y frutas 0 ,060 41 Fab ricación de vehículos de motor, remo lques y semirre molques 0,068 79 Edu cación de mercado 0,068 15 In dustrias lácteas 0,079 44 Fab ricación de muebl es 0,084 87 Otras actividades recreativas, culturales y deportivas 0,086 58 Tra nsporte por ferrocar ril 0,091 81 Act ividades sanitarias y veterinarias de mer cado 0,100 Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 ,(IE A; 1999). Por contra, otras ramas productivas se distinguen por mantener encadenamientos hacia adelante muy débiles. Estas últimas pueden clasificarse en tres grupos: - Actividades cuya producción se destina primordialmente al co nsumo final de l a población, como por ejemplo, los servicios de las Administraciones Públicas 304 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz (incluyendo educación y sanidad), el servicio doméstico, la industria del tab aco, los restaurantes o el comercio al por menor y las reparaciones, entre otras. - Aquellas ramas que producen bienes de equipo cuya venta se computa dentro de la demanda final como formación bruta de capital. Es éste el caso de la fabricación de máquinas de oficina y de equipos informáticos. - Aquellas ramas que destinan una parte significativa de su producción a la exportación. En este grupo se encontrarían la fabric ación de vehículos de motor (el 76,8% de la producción regional se exporta), la fabricación de otro material de transporte (el 94,0%), la extracción de mi nerales metálicos (94,1%) o los cultivos de frutas y hortalizas (80,1%). VI.1.4. Clasificación de las ramas productivas andaluzas a partir de los coeficientes de Chenery-Watanabe A partir del análisis conjunto de los encadenamientos hacia at rás y hacia adelante es posible clasificar las ramas de actividad en cuatro tipos (Chenery- Watanabe,1958:492-493), como puede observarse en el siguiente cuadro: Tabla VI.5. Clasificación de las ramas de actividad según sus encadenamientos directos (Chener y-Watanabe) Encadenamientos hacia adelante Superior a la media Inferior a la media TIPO I TIPO II Superior a la media Manufacturas Intermedias Manufacturas Finales Encadenamientos hacia atrás TIPO III TIPO IV Inferior a la media Producción Primaria Intermedia Producción Primaria Final 305 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz A estos efectos, definiremos las medias de los coeficientes de Chenery- Watanabe como sigue (Fernández Redondo,2001:153) 9 : ¦ ¦ ¦ ¦ ¦ ¦ i i i j ij j j j i ij X x X x Z P donde x i j representa los consumos intermedios del sector j de bienes o ser vicios procedentes del sector productivo i y X i representa la producción efectiva del sector i. Según la clasificación de Chener y-Watanabe, las actividades tipo I y II son fundamentalmente actividades industriales que presentan una alta capacidad de arrastre del conjunto de la ec onomía. La distinción entre ambas se debe al destino predominante que se da a la producción: en las ramas tipo II, el output se orienta predominantemente a la demanda final, mientras que en las ramas tipo I, el destino principal de la producción es la demanda intermedia de otros sectores. Por otra parte, las actividades tipo III presentan un bajo grado de elaboración y proporcionan inputs fundamentales para otras actividades productivas. Se trata esencialmente de actividades no industriales que producen bienes intermedios demandados por el resto del sistema productivo (básicamente, actividades agrarias o servicios al productor). Finalmente, las actividades tipo IV engloba n aquellas ramas productivas que destinan un producto poco elaborado directamente a la demanda final, como s ería el caso de la m ayor parte de los servicios. No obstante, las consideraciones anteriores hay que matizarlas cuando el análisis se realiza en términos de consumos intermedios regionales, como es nuestro caso. En este contexto, por ejemplo, una rama industrial que por las características de su función de producción aparecería clasificada como tipo I ó II, dado su us o intensivo de input s intermedios, podría quedar inc luida en el grupo III 9 Para las TIOAN-9 5 estos valores medios se sitúan en 0,300 0. 306 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz ó IV en el caso d e que la mayor parte de los inputs intermedios que requiere tengan en la práctica un origen exter no a la región. En este cas o, la s importaciones actuarían como una fuga de renta que lim itaría la capacidad de arrastre del sector, alterando su clasificación. Tabla VI.6. Ramas productivas tipo I (Encadenamientos directos hacia atrás y hacia adelante superiores a la media) Código Denominació n Extracción de carbones 7 Extracción de mi nerales no metál icos ni energéticos 11 Industria de la madera y del corcho (excepto mu ebles) 24 Edición, artes gráf icas y reproduc ción de soportes grabados 26 Fabricación de prod uctos químicos básicos (incl uso agroquímicos) 28 Fabricación de cemen to, cal, yeso y sus derivados 31 Industrias del vidrio y de la piedra 33 Reciclaje 46 Producción y distri bución de energía eléctrica 47 Captación, depuració n y distribución de agua 49 Otros tipos de transporte terrestre y por tubería 59 Transporte marítimo y flu vial 60 Actividades anexas a los transpo rtes 62 Intermediació n financiera 64 Seguros y plane s de pensiones 65 Actividades auxili ares a la intermedi ación financiera 66 Actividades jurídi cas, de contabilidad, etc. 71 Servicios téc nicos de arquitectura e ingeni ería, ensayos, etc. 72 Actividades asocia tivas 85 Producciones de cine, vídeo, radio y televi sión 86 Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA;1999). Al aplicar esta tipología al sistema productivo andaluz, dentro del primer grupo se encuadran las ramas de actividad que demandan inputs interm edios regionales y producen bienes intermedios requeridos por el resto del sistema productivo andaluz, lo que se re fleja en unos encad enamientos directos hacia 307 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz adelante y hacia atrás superiores a la media de las ramas productivas de la región. Se trata, por lo tanto, de los sectores que se encuentran más integrados en el tejido productivo regional. Pertenecen a este grupo 20 ra mas productivas. Figuran en él algunas industrias básicas -extractivas o energéticas-, como la extracción de carbones, la extracción de minerales no met álicos ni energéticos, la producción y distribución de energía eléctrica o la captación, depur ación y distr ibución de agua. Del mismo modo, aparecen algunas industrias relacion adas con el sector de la construcción, como la industria de la madera y del corcho (excepto muebles), la fabricación de cemento, cal, yeso y sus derivados o las industrias del vidrio y de la piedra. Por último, se encuentran en este grupo las actividades de transporte, los servicios financieros y alguna otra rama de servicios a las empresas (Actividades jurídicas, de contabilidad o servicios técnicos de arquitectura e ingeniería, etc.). Tabla VI.7. Ramas productivas tipo II (Encadenamientos directos hacia atrás superiores a la media y hacia adelante inferiores a la media) Código Denominació n Extracción de m inerales metáli cos 10 Industria c árnica 12 Elaboración de conse rvas de pescado y de vegetales 13 Fabricación de gras as y aceites 14 Industrias lácteas 15 Industrias de molin ería, pan, gall etas y pastelería 16 Elaboración de vinos y alcoholes 18 Construcción y reparación naval 42 Fabricación de mueb les 44 Construcción de inm uebles y obras de ing eniería civil 50 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 57 Servicios sociales de mercado 83 Otras actividades recreativas, culturales y deportivas 87 Actividades divers as de servicios personale s 88 Fuente: Elaboración propi a a partir dato s ext raídos del Siste ma de Cu entas Económicas de Andalucía. Marco Input-Output 1995 (IEA;1999). 308 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz En el segundo grupo , formado por 14 ramas, se sitúan las actividades que caracterizadas por una elevada capacidad de arrastre y por su orientación a la demanda final. Dentro de este grupo se encuent ran fundamentalmente las industrias agroalimentarias, alguna otra rama industrial, como la fabrica ción de muebles o la construcción naval; el sector de la construcción y determinados servicios relacionados con la actividad turística, como los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber o las actividades recreativas y culturales. Dentro del grupo tercero se encuadran 26 ramas productivas caracterizadas por pr oducir inputs aplicados a otros procesos productivos y por carecer de encadenamientos ha cia atrás significativos. En tre ellas se sitúan las siguientes actividades: - Cuatro ramas agrarias: el cultivo de la vid y el oliv o, la ganadería, otros cultivos agrarios y servicios agrarios y la selvicultura. - Un grupo heterogéneo de ramas industriales, entre ellas dos ene rgéticas (refino de petróleo y la producción y distribución de gas y vapor de agua) y algunas actividades relacionadas con la construcción (como la fabricación de productos metálicos, la fabricación de productos cerámicos, azulejos, ladrillos y otras tierras cocidas para la construcción o la preparación, instalación y acabado de obras). - El comercio al por m ayor y algunos servic ios, principalmente los orientados a las empresas, como los servicios infor máticos, las telecomunicaciones, las actividades de investigación y desarrollo, las actividades industriales de limpieza o la publicidad. 309 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.8. Ramas productivas tipo III (Encadenamientos directos hacia atrás inferiores a la media y hacia adelante superiores a la media) Código Denominació n Cultivos de vid y olivo 2 Otros cultivos y se rvicios agrarios 3 Producción ganadera y caza 4 Selvicultura y serv icios relacionados 5 Elaboración de cerveza y bebidas no alcohólicas 19 Industria texti l 21 Industria del papel 25 Refino de petró leo 27 Industria de la tra nsformación d el caucho y materias plásticas 30 Fabricación de prod uctos cerámicos, az ulejos, ladrillos y otr as tierras cocidas para la constru cción 32 Fabricación de productos metálic os 35 Construcción de maqui naria y equipo m ecánico 36 Fabricación de maquina ria y material e léctrico 38 Producción y distribuc ión de gas y vapor de agua 48 Preparación, in stalación y acabado de obras 51 Reparación de vehículos de motor 53 Comercio al por may or e intermedi arios 54 Transporte aéreo 61 Correos y telecomun icaciones 63 Alquiler de maquinar ia, equipos y o tros efectos 68 Actividades informáticas 69 Investigación y desar rollo 70 Publicidad 73 Servicios de in vestigación y segur idad 74 Actividades indust riales de limpieza 75 Otros servic ios a las empresas 76 Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999). Finalmente, en el grupo cuarto se sitúan 31 ram as productivas con reducida capacidad de arrastre y que producen un output destinado esencialmente a la demanda final. Se t rata, por lo tanto, de ramas productivas que 310 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz carecen de importancia estratégica dentro del sistema productivo regional, en la medida en que presentan poc as conexiones con el resto de la ec onomía andaluza. Tabla VI.9. Ramas productivas tipo IV (Encadenamientos directos hacia atrás y hacia adelante inferiores a la media) Código Denominació n Cultivos de hortalizas y frutas 1 Pesca 6 Industrias de otros productos a limenticios 17 Industria del ta baco 20 Industria de la confec ción y de la peleterí a 22 Industria del cu ero y del calzad o 23 Fabricación de otros productos químicos 29 Metalurgia 34 Fabricación de máqui nas de oficina y equi pos informáticos 37 Fabricación de mater ial electrónico y equipos de radio y tele visión 39 Fabricación de equip o médico y apar atos de precisi ón, óptica, etc. 40 Fabricación de vehíc ulos de motor, remolques y sem irremolques 41 Fabricación de otro material de tra nsporte 43 Otras industrias man ufactureras 45 Comercio de vehículos y carburantes 52 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y domésticos 55 Hoteles, pensiones y otros tipos de hosped aje 56 Transporte por ferro carril 58 Actividades inmobiliaria s 67 Administración pública, defensa y s eguridad social obli gatoria 77 Educación no de me rcado 78 Educación de mercad o 79 Actividades sanitarias y veterinarias no de mercado 80 Actividades sanitarias y veterinarias de mer cado 81 Servicios sociales no de mercado 82 Actividades de sane amiento públi co 84 Hogares que emp lean personal d oméstico 89 Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 ( IEA; 1999). Es éste el más nutrido de los grupos (alber ga un total de 27 ramas), lo que da una idea de la desartic ulación que caracteriza al sistema productivo andaluz. Lo que más destaca de la relación de ram as productivas que se encuadran en él 311 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz es que figuran la mayor parte de las industrias consideradas de nivel tecnológico alto y medio-alto. Es el caso de la fabricación de otros productos químicos, la fabricación de máquinas de oficina y equipos inform áticos, la fabricación de material eléctrico, la fabricación de material electrónico y aparatos de radio y televisión, la fabricación de equipos médic os y material de precisión o óptica, la fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques y la fabricación de otro material de transporte. Por lo tanto, estas industrias, que tienen escasa implantación en la economía andaluza, se encuentran adem ás poco integradas en el sistema productivo regional. En el capítulo posterior se profundizará en el análisis de esta problemática Conviene hacer notar que a lo largo de este apartado así como el que sigue, al valorar la relevancia de los encadenamient os no se tiene en cuenta la importancia cuantitativa que las distintas ramas productivas presentan en la economía regional. En el último epígrafe de este capítulo, en el que se calculan los multiplicadores de producción en el marco del anális is de impactos, se dará una visión complementaria que incluirá tal consideración 10 . VI.2. LAS CADENAS DE P RODUCCIÓN Y LO S COMPLEJO S PRODUCTIVOS EN LA ECONOMÍA ANDALUZA Para muchas industrias la proximidad con otras actividades qu e actúan como proveedores o clientes constituye un importante factor de localización. Por consiguiente, los sectores productivos vinculados por encadenamientos fuertes tienden a localizarse juntos en el espacio y conformar complejos productivos diferenciados en el conjunto del sistema productivo (Streit,1969:178). 10 En cualquier caso, es posible calcular unos encadenamientos directos ponderados aplicando a los coeficientes de Ch enery-Watanabe unos pesos qu e pueden ser bien el valor de los inputs o outputs totales del corre spondiente sector o bien po r la proporción entre la producción de l sector y la producción total (Fernández Redondo, 2001:157-1 58). 312 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz VI.2.1. Los coeficientes de ligazones de Streit Para identificar estas cadenas de producción emplearemos los c oeficientes de Streit (1969), que proporcionan una estimación de la intensidad de las relaciones que se establecen entre cualquier par de sectores distinguiendo entre ligazones específicas de oferta y de demanda. - Ligazones específicas de oferta (LEO) entre dos ramas : Se calculan como cociente entre la parte de la producción que el sector i entrega al sector j y el output intermedio total producido por el sector i. ¦ n j ij ij ij x x LEO 1 - Ligazones específic as de demanda (LED) entre dos ramas : Se calculan mediante el cociente entre el consumo intermedio que el sector j hace de productos procedentes del sector i y el conjunto de los inputs intermedios consumidos por el sector j. ¦ n i ij ij ij x x LED 1 Estos dos tipos de ligazones se pueden calcular para los dos flujos po sibles de inputs intermedios entre cualesquiera dos ramas productivas ( X y X ij ji ) da ndo lugar a cuatro posibles conexiones: LED ij , LED , LEO ji ij , LEO ji . De este modo, puede definirse el coeficiente simétrico de Streit entre cualesquiera dos ramas productivas como la media aritmética de los cuatro coeficientes de ligazones específicas (Streit,1969:179): ) ( 4 1 ji ij ji ij ij LED LED LEO LEO CS    313 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz VI.2.2.1. El complejo agroalimentario El núcleo central del complej o agroalimentario está constituido esencialmente por 14 ramas productivas, según la desagregación ofrecida en las TIOAN-95, que suponen el 13% del PIB andaluz y el 43% de las exportaciones y pueden clasificarse en dos grupos: a) El sector agrario y la pesca, compuesto por las siguientes seis ramas: los cultivos d e hortalizas y frutas, los cultivos de la v id y el olivo, otros cultivos y servicios agrarios, la ganadería y la caza, la silvicultura y los servicios relacionados y la pesca. b) Las industrias alimentarias y de bebi das, comprendiendo la industria cárnica; la elaboración de conserv as de pescado y vegetales; la fabricación de grasas y aceites; las industrias lácteas; las industrias de molinería, pan, galletas y pastelería; las industrias de otros productos alimenticios; la elaboración de v inos y alcoholes y la elaboración de cerveza y bebidas no alcohólicas. Estas ramas presentan vínculos impor tantes con otras que las proveen de determinados suministros básicos necesarios para su actividad o les pr estan determinados servicios intermedios. En concreto, las ramas agrarias, en general, demandan inputs pr ocedentes de la fabricación de produc tos agroquímicos (fertilizantes y fitosanitarios) y la captación, depuración y distrib ución de agua o el comercio al por m ayor. Por su parte, entre las industrias alimentarias, la industria de la cerveza y de las bebidas no alcohólicas realiza compras abundantes a la industria de la transformación del caucho y materias plásticas y la industria del vino y de alcoholes depende para el embotellado de sus productos de la industria del vidrio. 320 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.10. Importancia cuantitativa del complejo agroalimentario en la economía andaluza. Porcentajes respecto al VAB y a las exportaciones totales Código Denominación VAB Exportaciones 1 Cultivos de hortaliza s y frutas 2,36 9,54 2 Cultivos de vid y olivo 2,83 0,73 3 Otros cultivos y servicios agrarios 1,12 1,82 4 Producción ganadera y caz a 1,22 2,65 5 Silvicultura y servicios relac ionados 0 ,18 0,28 6 Pesca 0,33 0,21 Total Sector Agrario y Pesca 8,0 15,2 12 Industr ia cárnica 0,54 1,15 13 Elaborac ión de conservas de p escado y de veget ales 0,45 2,84 14 Fabricac ión de grasas y ace ites 0,68 11,26 15 Indust rias lácteas 0,29 1,01 16 Industri as de molinería, pan , galletas y pastele ría 0,76 2,66 17 Indust rias de otros pro ductos alimenticios 0,79 4,59 18 Elaborac ión de vinos y alcoho les 0,51 3,49 19 Elaborac ión de cerveza y bebi das no alcohóli cas 0,48 1,21 Total indust rias alimentarias 4, 5 28,2 Total Complejo Agro alimentario 12,5 43,4 Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999). Por otro lado, también existen vínculos importantes entre algunas ramas del complejo agroalim entario y otras ac tividades industriales que emplean inputs procedentes del sector primario. Es el caso de los encadenamientos entre la industria textil y la industria del tabaco con la rama otros cultivos agrarios, por las compras de fibras textiles de origen vegetal en el cas o de la primera, y de tabaco, en el de la segunda; o la relación existente entre la industria de la madera y de l papel con las actividades forestales. 321 Figura VI.2. COMPLEJO AGROALIMENTARIO -RAMAS QUE SUMINI STRAN INPUTS AL SE CTOR AGRARIO- Comercio al por mayor Prod. Agroquí micos Captación, Depuración y Distribución de Agu a 54 28 49 -S. AGRARIO Y Horta. y V id y Otros Culti vos y Ganad. y Silvicultura Pesca PESCA - Frutas 1 Olivo 2 S. Agrarios 3 Caza 4 5 6 33 V i d r i o T a b a c o 2 0 3 0 Textil 21 Caucho y Mat.Plást. -RAMAS QUE Madera 24 SUMINISTRAN INPUTS A LAS -INDUSTR IAS 12 13 14 15 16 17 18 19 INDUSTRIAS Papel 25 ALIMENTARIAS- ALIMENTARIAS- Cárnica Conserv. Gra sas Láctea Mol inería Otras Vino Cerveza 5 7 7 7 Restaurantes AA:PP. 322 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz También existen importantes encadenamientos entre el complej o agroalimentario (concretamente, las actividades pesqueras y algunas indu strias alimentarias) con los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber. Por lo tanto, a través de estos destinos finales, el complejo agroalimentario se pone en c ontacto con las actividades de carácter turístico que conforman otro complejo central en la estructura productiva regional. VI.2.2.2 El complejo de la construcción El complejo de la construcción se artic ula en torno a dos ramas productivas: principalmente, la construcción de inmuebles y obras de ingenierí a civil 16 y, en segundo lugar, la preparación, instalación y acabado de obr as. Conjuntamente, ambas ramas representan el 8,9% del PIB regional y el 10,1% de los puestos de trabajos equivalentes a tiempo completo. A su vez, forman parte de este complejo industrial una serie de ramas proveedoras de inputs necesarios para la actividad de la construcción, como la extracción de minerales no metálicos, ni energéticos; las industrias de la madera y del corcho (excepto muebles); la industria del cemento, la cal, el yeso y sus derivados; la industria de los productos cerámicos, los azulejos, los ladrillos y otras tierras cocidas para la construcción; las industrias del vidrio y de la piedra; la industria de los productos metálicos o la industria de la maquinaria y de material eléctrico. Estas ramas mantienen un estrecho grado de integración con el sector de la construcción hasta el punto de que está creciendo el uso de componentes prefabricados que se entregan a pie de obra, lo que implica la transferencia de parte del valor añadido a las propias industrias proveedoras (José Javier Rodríguez,1995:456). 16 Dentro de la ingeniería civil se incl uyen la const rucción de infraestructuras hidráulicas, de transporte, de comunicaci ones. 323 Extracción de Madera . Cemento, Prod. Cerámicos, Vidrio Productos Maquinaria minerales no y Corcho Cal y Yeso Ladrillos, etc. y Piedra Metálicos y material Eléctrico metálicos 11 24 31 32 33 35 38 Transporte Servicios de Marítimo Arquitectura, y Fluvial Ingeniería, etc. 59 72 5 0 CONSTRUCCIÓN DE 51 INMUEBLES Y OBRAS DE INGENIERÍA CIVIL Preparación, Inst alación y acabado de obras Figura VI.3. COMPLEJO DE LA CONSTRUCCIÓN 6 7 Actividades Inmobiliarias 324 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Así mismo, el sector de la construcción también recurre en su proceso productivo a dos ramas de servicios: el transporte marítimo y fluvial y los servicios técnicos de arquitectura, ingeniería, ensayos, etc. Por otra parte, los vínculos intersectoriales del complejo de la construcción por el lado de la oferta no son muy importantes, ya que el destino de su actividad es fundamentalmente la demanda final y, en concreto, la formación bruta de capital. No obstante, destaca, en este sentido, el papel desempeñado por una rama del complejo turístico: las actividades inmobiliarias. VI.2.2.3 El complejo turístico La delimitación de las ramas productivas que podrían considerar se dentro del denominado como sector turismo se revela un ejercicio problemático, puest o que no existe ninguna actividad que por su propia naturaleza derive en todos los casos en un servicio de carácter turíst ico (Jesús Rodríguez,1995:504). Por ejemplo, el gasto en rest aurantes, y otros establecimientos para beber y comer realizado por los turistas no puede separar se del realizado por los residentes o por los trabajadores que, por motivos de trabajo, tien en que des plazarse fuera de su lugar de residencia. No obstante, es posible identificar una serie de actividades que eventualmente tienen un carácter turístico; a saber: - Los servicios de hoteles, pensiones y otros tipos de hospedaje. - Los servicios de restaurantes y otros lugares donde comer y beber. - Las actividades de transporte, aunque sólo en lo que se refiere al transporte de viajeros. - Otras actividades anexas a los transportes, donde se incluyen, por ejemplo, la explotación de aparcamientos y los servicios de las agencias de viajes. - Actividades inmobiliarias, en concreto, las relacionadas con el alquiler de apartamentos de temporada. - El alquiler de maquinaria, de equipos y otros efectos, aunque s ólo en lo que respecta al alquiler de automóviles. 325 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz - Otras actividades recreativas, culturales y deportivas. En menor medida también tienen en ocasiones un carácter turístico el comercio al por menor y las reparaciones de efectos personales y domésticos y las actividades diversas de servicios personales. En conjunto, estas ramas productivas representan un 18,2% del PIB andaluz y un 12,7% del empleo (o un 27,6% del PIB y un 27,2 del empleo, si se incluyen el comer cio al por menor y las reparaciones y las actividades divers as de servicios personales) 17 . Lógicamente, estas cifras estarían infladas por el hecho de considerar como turísticas actividades que, pese a estar recogidas en esas ramas productivas, no tienen ese carácter. Si se consideran los servicios de alojamiento y los de restauración como el núcleo c entral de la actividad turística se aprecia la existencia de ví nculos estrechos entre el complejo turístico c on otras ramas de actividad que le proveen de inputs intermedios, como la pesca, las industrias alimentarias (la industria cárnica, las industrias de elaboración de conservas, las industrias lácteas, la industria de la molinería, el pan, etc., la industria de elaboración de vinos y otras bebidas alcohólicas, la industria de la cerveza y bebidas no alcohólicas), la industria del tabaco, las actividades diversas de servicios personales, el comercio de vehículos, el comercio al por mayor e intermediarios o el comercio al por menor y las reparaciones. Se confirma aquí, ta l como se comentó con anterioridad, la conexión existente entre el complejo agroalimentario y la actividad turística. 17 Según las estimacion es derivadas de las TIOAN-95. 326 Pesca I. Cárnica I. Conservera I. Lácticas I. Molinería I. Vinos I. Cerveza I. Tabaco 6 12 13 15 16 18 19 20 88 56 57 52 Restaurantes y otros Servicios Hoteles, Pensiones establecimientos para Comercio de Personales y otros tipos de comer y beber Vehículos Hospedaje 5 4 C o m e r c i o a l por mayor Figura VI.5. COMPLEJO TURÍSTICO 5 5 Comer cio al por menor 327 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Finalmente, a partir de los coeficientes simétricos de Streit (CS) se han obtenido los coeficientes de ligazón global (CSG) para todas las ramas al niv el de desagregación de 30 y 89 ramas productivas, con los resultados que se presentan en las tablas 5 y 6 del anexo estadístico, respectivamente. Tabla VI.11. Ramas productivas con Coeficientes de ligazones global (CSG i ) superiores a la media Código Denominació n Valor Construcción de inm uebles y obras de ing eniería civil 50 2,664 47 Pro ducción y distribuc ión de energía elé ctrica 2,54 8 54 Come rcio al por mayor e intermediarios 2,228 59 Otro s tipos de transporte terrestre y por tubería 2,201 57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 2,173 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y 55 1,790 domésticos 27 Ref ino de petróleo 1,618 64 Int ermediación f inanciera 1,522 76 Adm inistración púb lica, defensa y segur idad social obligat oria 1,488 67 Acti vidades inmobiliarias 1,485 51 Pre paración, insta lación y acabado de obr as 1,442 28 Fab ricación de product os químicos básicos (incluso agroquímicos) 1,348 62 Act ividades anexas a l os transportes 1,329 76 Otr os servicio s a las empresas 1,319 71 Act ividades jurídicas , de contabilidad, etc. 1,317 63 Corr eos y telecomunicaci ones 1,311 73 Publicidad 1,221 3 Otros cultivos y se rvicios agrarios 1,170 14 Fab ricación de grasas y aceites 1,170 34 Metalurgia 1,139 17 In dustrias de otro s productos alim enticios 1,078 87 Otras actividades recreativas, culturales y deportivas 1,062 75 Act ividades industria les de limpieza 1,058 2 Cultivos de vid y olivo 1,025 Producción ganadera y caza 4 1,009 12 In dustria cárnica 0,993 16 Ind ustrias de molinería , pan, galletas y pa stelería 0,984 13 Ela boración de conservas de pescado y de veg etales 0,9 81 22 Ind ustria de la confección y de la peletería 0,980 53 Rep aración de vehícu los de motor 0,968 Edición, artes gráf icas y reproduc ción de soportes grabados 26 0,967 Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA; 1999). Nota. El valor del Coeficiente de Ligazón Global medio es de 0,966. 328 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz La obs ervación de est os coeficientes permite comprobar qué ramas son las que se enc uentran más integradas en el sistema productivo regional comparando el valor de los Coeficientes de Ligazón de Streit Globales (CS G) para cada rama con el Coeficiente de Ligazón Global medi o. En la anterior tabla se incluyen exclusivamente las ramas con coeficientes de ligazones globales superiores a la media. Como puede comprobarse la observación de estos datos no conduce sino a abundar en las consideraciones realizadas a lo largo de las páginas anteriores. VI.3. EL ANÁLISIS DE IMPACTOS Una línea de desarrollo de los modelos input-output se ha dirigido a cuantificar los impactos económicos totales, incluyendo efectos directos e indirectos, sobre la producción, la renta o el empleo derivados de cambios en alguna variable exógena al modelo, fundamentalmente la demanda final 18 . En muchas ocasiones resulta interes ante cuantificar el impacto económico que el crecimiento de cada sector genera sobre los demás y el impacto que una expansión general de la demanda ocasiona en la dinámica de cada sector. La capacidad de un sector de arrastrar con su crecimiento a otras ramas depende de su grado de integración hacia atrás y, de modo semejante, la sensibilidad de un sector al crecimiento de otras actividades está condicionada por su grado de integración hacia adelante. Los indicadores que se han introducido y comentado en las página s anteriores miden los encadenamientos interindustriales directos, pero no recogen los impactos indirectos que se generan ante cualquier aumento de la demanda, ya esté originado en un único sector o afecte al conjunto del sistema productivo. Ante un estímulo inicial de la demanda final, las ramas productivas afectadas responden incrementando su producción, en lo que constituye un impacto de primer orden. Sin embargo, al incrementar su actividad estas ramas aumentan sus nece sidades de los bienes y s ervicios intermedios que requier en en sus 18 No obstante, en este apart ado el análisis se limitará a los multipli cadores de producción. 329 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz crecimiento, en tanto su capacidad de arrastre es elevada, mientras que son poco sensibles al crecimiento del conjunto de la economía. Los sectores tipo I II son sectores estratégicos porque actúan como suminist radores de inputs para el conjunto del sistema productivo y pueden dar lugar a estrangulamientos en caso de que estén insuficientemente desarrollados en comparación con las necesidades del sistema productivo. Finalmente, se encontrarían los sectores tipo IV que son sectores poco importantes por su escasa imbricación en el conj unto del sistema productivo. En la tabla 8 del anexo estadístico se presentan los valores de los índices de Rasmussen calculados para las 89 ramas productivas andaluzas. No obstante, conviene hacer notar que los indicadores anteriores no tienen en cuenta el peso relativo de cada una de las ramas productivas en la economía regional. Esta circunstancia puede inducir a errores de int erpretación, en la medida en que, por ejemplo, podría considerarse como sectores clave para la economía andaluza determinadas ramas productivas que pres entaran valores elevados para los índices de Rasmussen pero que tuvieran una escasa implantación en la economía regional, en cuanto a su participación en el valor de la producción o en el empleo total. Para dar una imagen más exacta de los sectores en torno a los cuales se articula realmente la economía regional se puede introducir el peso de las ramas productivas como ponderación en el cálculo del índice de poder de dispersión y el de sensibilidad de dispersión. En la tabla VI.15 figuran las ramas productivas que se caracterizan por una mayor capacidad de arrastre, considerando su peso relativo en el conjunto de la economía regional, al presentar valores del Índice de poder de dispersión ponderado superior a la unidad. 336 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.15. Ramas productivas con un índice de poder de dispersión ponderado superior a la unidad Código Denominació n Valor 50 Construcc ión de inmuebles y obr as de ingeniería civil 9,604 55 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y doméstic. 6,535 54 Comercio al por mayor e in termediarios 4,571 57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 4,214 67 Activida des inmobiliarias 3,555 14 Fabrica ción de grasas y a ceites 3,461 77 Administ ración pública, defensa y seguridad social obligatoria 3,268 59 Otros tipos de transporte terrestre y por tubería 3,115 27 Refino de petróleo 2,504 51 Preparac ión, instalación y acaba do de obras 2,433 64 Intermed iación financ iera 2,349 47 Producci ón y distribución de en ergía eléctric a 2,185 80 Activida des sanitarias y veterinar ias no de merca do 2,117 78 Educació n no de mercado 2,071 1 Cultivos de hortalizas y frutas 1,651 2 Cultivos de vid y olivo 1,481 81 Activida des sanitarias y veterinar ias de mercado 1,471 34 Metalurgia 1,265 17 Indust rias de otros pr oductos alimenticio s 1,221 12 Indust ria cárnica 1,207 28 Fabrica ción de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos) 1,201 4 Producción ganadera y caz a 1,191 16 Industri as de molinería, pan , galletas y pastele ría 1,136 31 Fabricac ión de cemento, cal, yeso y sus deri vados 1,100 62 Activida des anexas a los tr ansportes 1,089 63 Correos y telecomunicaciones 1,065 13 Elaborac ión de conservas de p escado y de veget ales 1,040 Fuente: Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input-Output 1995 , (IEA; 1999). La conclusión fundam ental que se extrae de estos datos es nuevamente el elevado poder de arrastre de los tres complejos productivos identificados anteriormente: 337 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz - El complejo agroalimentario, representado por ramas como la fabricación de grasas y aceites, los cultivos de frutas y hortalizas, los cultivos de vid y olivo, las industrias de otros productos alimenticios, la industria cárnica, la produc ción ganadera y la caz a, las industrias de m olinería, pan, galletas y pastelería, la fabricación de productos agroquímicos o la elaboración de conservas de pescado y vegetales. - El complejo de la construcción, repres entado por la construcción de inmuebles y obras de ingeniería civil, la preparación, instalació n y acabado de obr as y la fabricación de cemento, cal, yeso y sus derivados. - El complej o turístico, en torno a ramas como el comercio al por menor y reparación de efect os personales y domésticos, los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber, las actividades anexas a los transportes y otras actividades recreativas, culturales y deportivas. Se puede apreciar como determinadas ramas que figuran en la tabla VI.12, como ramas con mayores multiplicadores de produc ción, no aparecen en esta relación. Esto se debe a que, al tratarse en este caso de multiplicadores ponderados, aquellas ramas que presentan f uertes encadenamientos hacia atrás, pero que no tienen un peso significativo en la producción total andaluza, ven minorado el valor de este indicador. Es el caso de ramas como el transporte marítimo y fluvial, las producciones de c ine, vídeo, radio y televisión o las actividades asociativas, entre otras. De modo semejante, algunas ramas que no se sitúan entre aquéllas con multiplicadores de producción más elevados sí aparecen en posic iones destacadas aquí, por tratarse de actividades con un peso cuantitativo importante en la economía andaluza. Es el caso del comercio al por mayor, el comercio al por menor o los servicios sanitarios y educativos. 338 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Por otra parte, las ramas con un índice de s ensibilidad de dispersión (ISD) superior a la unidad 21 son, al igual que en el caso anterior, las pertenecient es a los tres grandes complejos productivos: Tabla VI.16. Ramas productivas con un índice de sensibilidad de dispersión ponderado superior a la unidad Código Rama Valor 54 Comercio al por mayor e intermediarios 8,739 50 Construc ción de inmuebles y obras de ingeniería civil 6,858 67 Activida des inmobiliarias 6,039 Comercio al por menor y reparación de efectos personales y domésticos 55 5,392 59 Otros tip os de transporte terrestre y por tubería 5,329 47 Producci ón y distribución de en ergía eléctric a 4,696 27 Refino de petróleo 4,228 57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 2,966 64 Intermed iación financ iera 2,607 51 Preparac ión, instalación y acaba do de obras 2,510 2 Cultivos de vid y olivo 2,348 77 Administ ración pública, defensa y seguridad social obligatoria 2,206 14 Fabrica ción de grasas y a ceites 1,991 78 Educaci ón no de mercado 1,682 80 Actividad es sanitarias y veterinarias no de mercado 1,593 63 Correos y telecomunicaciones 1,540 62 Activida des anexas a los tr ansportes 1,37 3 34 Metalurgia 1,347 1 Cultivos de hortaliza s y frutas 1,229 4 Producción ganadera y caza 1,199 81 Actividad es sanitarias y veterinarias de mercado 1,143 28 Fabrica ción de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos) 1,117 17 Industr ias de otros productos alimenticios 1,040 Fuente: Sistema de Cuentas Económicas de Andalucía. Marco Input-Output 1995 , (IEA; 1999). 21 Como puede apreciarse tambi én aquí existen diferencias entre la relación de ramas con una sensibilidad de dispersión ponderada más elevada y aquéllas con mayores multiplicadores ante una expansión múltiple de la demanda, lo que se explica por las mismas razones señaladas anteriormente. 339 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz - El complejo agroalimentario, representado por los cultivos de la vid y el olivo, la fabricación de grasas y aceites, los cult ivos de hortalizas y frutas, la fabricación de productos agroquímicos y las industrias de otros productos alimenticios. - El complejo turístico, con el comercio al por menor y la reparación de efectos personales y domésticos, las actividades inmobiliarias, los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber y las actividades anexas a los transportes. - Y el complejo de la construcción, (la construcción de inmuebles y obras de ingeniería civil y la preparación, instalación y acabado de obras). Así mismo, aparecen en la tabla anterior las ramas energéticas, por ser proveedoras de un input fundamental como es la energía, junto a los servicios de las Administraciones Públicas y los servicios sanitarios y educativos, por su relevancia cuantitativa en el conjunto de la economía andaluz a. Sin embar go, desaparecen de la relación diversas actividades de servicios a las empresas que, conforme se observaba en la tabla 6.13, se caracteri zan por elevados multiplicadores ante una expansión múltiple de la demanda, pero que no han alcanzado aún un peso relevante en la economía regional. Si se procede a clasificar las ramas productivas andaluzas según su capacidad de arrastre y de su s ensibilidad ante la evolución de la demanda, de nuevo se revelan co mo sectores estratégicos para la economía andaluza los siguientes 22 : - Las ramas que conforman el complejo agroalimentario, en concreto: los cultivos de hortalizas y frutas, los cultivos de vid y olivo, la producción ganadera y la caza, la fabricación de grasas y aceites, las industrias de otros productos alimenticios, la industria cárnica, la elaboración de conservas de pescado y de vegetales y las industrias de molinería, pan, galletas y pastelería. 340 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.17. Sectores estratégicos para la economía andaluza Código Ramas tipo I. ÍPD e ISD pon derados superior es a la unidad 1 Cultivos de hortalizas y frutas 2 Cultivos de vid y o livo 4 Producción ganade ra y caza 14 Fabric ación de grasas y aceites 17 Indus trias de otros p roductos alimentici os 27 Refino de petróleo 28 Fabric ación de productos quím icos básicos (incluso agroquímicos) 34 Metalurgia 47 Producc ión y distribución de e nergía eléctri ca 50 Constru cción de inmuebles y obras de ingeniería civil 51 Prepara ción, instalación y acab ado de obras 54 Comercio al por mayor e intermediarios 55 Comercio al por menor y r eparación de efe ctos personales y domésticos 57 Restaurantes y otros establecimientos para comer y beber 59 Otros tipos de transporte terrestre y por tubería 62 Activid ades anexas a los t ransportes 63 Correos y telecomunicaciones 64 Interme diación finan ciera 67 Activida des inmobiliarias 77 Administ ración pública, defensa y seguridad social o bligatoria 78 Educaci ón no de mercado 80 Activida des sanitarias y veterinarias no de mercado 81 Activida des sanitarias y veterinarias de mercado Código Ramas pro ductivas tipo II. Í PD ponderado superior a la unidad e ISD ponderado inferio r a la unidad 12 Indust ria cárnica 13 Elaborac ión de conservas de pescado y de veget ales 16 Industr ias de molinería, pa n, galletas y pastel ería 31 Fabricac ión de cemento, cal, yeso y sus deri vados Fuente: Elaboraci ón propia a partir de datos extra ídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 , (I EA; 1999). 22 No aparece ninguna rama productiva tipo III, es decir, con un índice de poder de dispersión inferior a la unidad p ero un índice de sensibilidad de dispersión su perior a la unidad. 341 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz - El complejo de la construcción, en particular: la construcción de inmuebles y obras de ingeniería civil, la pr eparación, instalación y acabado de obras y la fabricación de cemento, cal, yeso y sus derivados. - Las ramas energétic as, es decir, el refino de petróleo y la producción y distribución de energía eléctrica. - El complejo turístico, representado por el comercio al por menor y l a reparación de efect os personales y domésticos, los restaurantes y otros establecimientos para comer y beber, otros tipos de transporte terrestre y por tubería, las actividades anexas a los transportes y las actividades inmobiliarias. Nuevamente, puede comprobarse como el cuarto grupo es el más nutrido de todos, lo que da una idea general de la deficiente articulación del sistema productivo andaluz. En este sentido, debe considerarse sin duda como una insuficiencia adicional la presencia en este grupo de las indust rias de mayor nivel tecnológico. Esta situación se debe a dos factores: al reducido peso que tienen estas ramas en el conjunto de la economía andaluza y a su falta de integración en el tejido pr oductivo regional; como consecuencia de la cual estos sectores quedan desvinculados de la dinámica económica regional. En este el caso de la fabricación de otros productos químicos, la fabricación de productos metálicos, la c onstrucción de maquinaria y equipo mecánico, la fabricación de m áquinas de oficina y equipos informáticos, la fabricación de maquinaria y material eléctrico, la fabricación de material electrónico y equipos de radio y televis ión, la fabricación de equipo médico y aparatos de precisión, óptica, etc., la fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques y la fabricación de otro material de transporte. La evolución de estas ramas respondería, en virtud de lo aquí expuesto, a circunstancias externas y no incide sobre el resto de la economía regional. 342 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz Tabla VI.18. Ramas productivas tipo IV. (Índice de poder de dispersión ponderado e índice de sensibilidad de dispersión inferiores a la unidad) Cód. Cód. Denominación 3 Otros cultivos y servic ios agrarios 44 Fabricaci ón de muebles 5 Silvic ultura y servicios rela cionados 45 Otras in dustrias manufactureras 6 Pesc a 4 6 Reciclaje 7 Extracción de carbones 48 Prod. y distrib.. de gas y vapor de agua 8 Extrac. petróleo y gas natural 49 Captación, depuración y distrib. de agua 9 Extrac. de minerales de uran io y torio 52 Comercio de vehículos y carbur antes 10 Extracción de minera les metálicos 53 Reparación de vehículos de m otor 11 Extrac. minera les no metal. n i energ. 56 Hoteles, pensiones y otros 15 Industrias lácteas 58 Transporte por ferroc arril 18 Elaboración de vinos y alcohole s 60 Transporte marítimo y fluvial 19 Elabor. cerveza y bebidas no alcohólic. 61 Transporte aéreo 20 Industria del tabaco 65 Seguros y planes de pensiones 21 Industria textil 66 Activ. auxiliares a l a intermed. financiera 22 Ind. de la confección y de la peletería 68 Alquiler de maquinaria, equipos y otros 23 Industria del cuero y del calzado 6 9 Actividades informáticas 24 Ind. de la madera y del cor cho (exc. muebles) 70 Investigación y desarroll o 25 Industria del papel 7 1 Actividades jurídicas, contabilidad, etc. 26 Edición, artes gráficas y reproducción de soportes grabado s 72 Servicios técnicos de ar quitectura e ingeniería, ensayo s, etc. 29 Fabric. de otros pro ductos químicos 73 Publicidad 30 Industria de la transfo rmación del caucho y materi as plásticas 74 Servicios de invest igación y seguridad 32 Fabricación de productos ce rámicos, azulejos, ladrillos , etc. 75 Actividades industri ales de limpieza 33 Industrias del vidri o y de la pied ra 76 O tros servicio s a las empresas 35 Fabricación de produc tos metálicos 79 Educació n de mercado 36 Constr. maquinaria y equipo mecánico 82 Servicios sociales no de mercado 37 Fabricación de máquinas de oficina y equipos informáticos 83 Servicios sociales de merc ado 38 Fabr. maquinaria y mat erial eléc trico 84 Actividades de saneamiento público 39 Fabricación de material elec trónico y equipos de radio y tel evisión 85 Actividades asociativas 40 Fabricación de equipo médico y aparatos de prec isión, óptica, etc. 86 Producciones de cine, vídeo, radio y televisión 41 Fabric. vehículos de motor, etc. 87 Otras activ. recreativas, cultur. y depor. 42 Construcción y reparación naval 88 Activ. diversas de servicios personales 43 Fabric. de otro material d e transporte 89 Hogares que emplean personal doméstico Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999). 343 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz VI.4. RECAPITULACIÓN E IMPLICACIONES DESDE LA PERSPECTIVA DEL DESARROLLO ENDÓGENO Llegado este momento, conviene reca pitular los principales resultados recogidos en las páginas anteriores. El estudio de las relaciones intersectoriales a través de las TIOAN-95 pone de manifiesto las deficiencias en la articulación interna de la e conomía andaluza, que se encuentran directamente relacion adas con la debilidad de su tejido industrial. Las actividades industriales, por la naturaleza de sus funciones de producción, presentan encadenamientos potenciales muy importantes que las vinculan a otras ramas productivas. Sin embargo, por regla gener al, en el sistema productivo andaluz la mayor parte de las ramas industriales carecen de encadenamientos intensos en el ámbito regional, lo q ue es una muestra evidente de las deficiencias del desarrollo industrial endógeno. Esta falta de articulación productiva se pone de manifiesto con espec ial gravedad en el caso de las ramas de mayor nivel técnico. En las actividades más intensivas en tecnología, la industria andaluza presenta una desvertebración intensa que obstaculiza la generación de ef ectos de derrame tecnológico, lo que supone una limitación al crecimiento de la productividad regional. La máxima manifestación de este fenómeno son los “enclaves industriales” ligados a grandes empresas externas que caracterizan algunos de estos sectores, como se expondrá en el siguiente capítulo. Por consiguiente, la contribución que estas actividades puedan hacer al desarrollo endógeno regional es tá condicionada por la capacidad que demuestre el sistema productivo andaluz de integrarlas y articularlas internamente. En este ámbito la política industrial y tecnológica andaluza se enfrenta a un reto de gran importancia. Frente a estas insuficiencias, el sistema productivo andaluz aparece articulado en torno a los tres complejos productivos cuya estructura interna se han 344 Capítulo VI. Pautas de art iculación sectorial del sistema productivo andaluz analizado en este capítulo: agroalimentario, de la constru cción y turístico. A este respecto, el complejo turístico actúa en cierta medida como sector “bisagra” en tanto que presenta vinculaciones con los otros dos. A su vez, dos de estos complejos, el agroalimentario y el turístico, une n a su enraizamiento en la estructura pr oductiva regional una s ólida proyección exportadora. Esto les confiere un elevado valor estratégico desde la perspectiva del desarrollo endógeno regional. Por otra parte, también es reseñable la integración en el sistema productivo regional de otras actividades, como el sector energético o ciertos servicios al productor que desarrollan una función bás ica como suministradores de inputs intermedios, como revelan los fuertes encadenamientos hacia adelante que mantienen con el resto del sistema productivo regional. 345 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional nivel de atomización que caracteriza al tejido empresarial andaluz en com paración con el conjunto nacional y comunitario, estas definiciones resultan más ajustadas a la realidad económica andaluza. VII.1.1.3. Justificación de los indicadores de articulación productiva utilizados A lo largo de este capítulo, se centra la atención sobre el nivel de articulación hacia adelante y hacia atrás de las diversas ramas productivas. Entre los indicadores alternativos que permitirían aproximarse a esta cuestión se tomarán las dos ratios siguientes: - La proporción entre los consumos intermedios de origen regional que realiza cada rama en relación con sus consumos intermedios totales . A este coeficiente, que refleja de intensidad de los eslabonamientos hacia atrás que mantiene el sector con otras actividades regionales y con ello su integración en la estructura productiva andaluza, le denominaremos ratio de Aprovisionamiento Regional (AR). ¦ ¦ i ij i R ij j x x AR donde representa el valor del consumo que realiza la rama j de los inputs intermedios procedentes de la rama i , incluyendo los de origen regional y los de importación, mientras que se refiere exclusivamente a los consumos intermedios de origen regional. Por lo tanto, este coeficiente refleja en qué medida los cons umos intermedios que realiza una rama productiva se satisfacen con insumos de origen regional. ij x R ij x 353 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional Este índice resulta más adecuado, atendiendo al objeto de esta indagac ión, que otros indicadores alternativos, como podría ser el coeficiente de inputs de Chenery-Watanabe. La ventaja principal de la ratio de ap rovisionamiento regional radica en que su valor no se ve modifica do por la importancia relativa de los inputs intermedios o los factores primarios en el proceso product ivo de la rama, aspecto que sí afecta al valor del coef iciente de inputs de Chenery-Watanabe. Por lo tanto, este índice de aprovisionamie nto regional es independiente de las características de las funciones de producción de cada rama. - La proporción de la producción total de cada rama que no se destina a la exportación . A estos efectos, entendemos por exportación cualquier venta al e xterior de la Comunidad Autónoma andaluza. Esta variable permite una aproximación a la medición de la fortaleza de los eslabonamientos hacia adelante que mantiene el sector con otras actividades dentro del territorio de referencia, de tal forma que refleja la imbricación del sector en la economía regional desde el punto de vista de la localización de sus mercados. Este coeficiente, al denominaremos en lo que sigue Propensión Media hacia el Mercado Interno (PMI ), viene dado por la siguiente expresión: i i i X Exp PMI  1 donde Exp i representa las exportaciones de la rama i y X i su producción total. La significación económica del grado de integración hacia adelante resulta problemática. Una primera matización necesaria es que, si bien el indicador anterior –la ratio de aprovisionamiento regional- s e define exclusivamente en función de los consumos intermedios, en el caso de la propensión media hacia el mercado interno no podemos seguir este criterio, dado que en las TIOAN no se 354 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional distingue, dentro del valor total de las exportaciones, la parte que se utiliza como inputs intermedios frente a aquella parte destinada a la demanda final. Por lo tanto, un valor reducido para este indicador de integrac ión hac ia adelante puede darse en situaciones totalmente diferentes: un c aso pos ible sería el de una rama que produce bienes orientad os a la demanda final y que desarrolla una intensa actividad exportadora; pero, también mostraría una baja propensión media hacia el mercado interno una rama productiva que fabricara componentes intermedios poco elaborados que exportaran para ser sometidos a fases posteriores de transformación en las que se incorporase, de hecho, la mayor parte del valor añadido. Evidentemente, las repercusiones que para el desarrollo r egional se derivan de estas dos situaciones resultan del todo diferentes: en el primer caso, nos en contraríamos ante un sector dinámico y competitivo co n capac idad de actuar como motor del crecimiento regional, si es que mantiene encadenami entos hacia atrás significativos con otras actividades; mient ras que, en el segundo caso, el impacto sobre la economía regional del sector considerado se encontraría limitado por su menguada capac idad de generar valor añadido en la propia región. En esta última situación, sería preferible que el producto de esas actividades se incorporara a cadenas de pr oducción regionales, de modo que se aplicaran procesos de transformación ult eriores y se generara más valor añadido regional, siempre que ello fuera posible en condiciones competitivas. VII.1.1.4. Otras variables utilizadas en el análisis posterior Una forma de diferenciar estas dos situaciones parte de observar con mayor detenimiento los destinos del output de cada rama, así como de cuantificar el valor que se genera en la rama en cuestión junto al incorporado por los inputs intermedios que en ella se utilizan. Respecto a la primera cuestión, hay que tener en cuenta que en las TIOAN-95 se desagrega el output de cada rama en cuatro posibles destinos: los 355 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional consumos intermedios regionales de otras ramas, el gasto en consumo final (que incluye a su vez el gasto en consumo individual de hogares, el gasto en c onsumo individual de las AA.PP. sin fines de lucro al servicio de los hog ares y el gasto en consumo colectivo), la formación bruta de capital, y las exportaciones. De esta forma, puede tomarse como un indic ador aproximativo a la naturaleza del sector , en lo que atañe, al destino de su producción el definido como cociente entre los consumos interm edios y los empleos totales, excluidas exportaciones, como sigue: i i j R ij i Exp ET x OI  ¦ donde ET representa los empleos totales de la rama i . A partir de este momento, nos referiremos a es te coeficiente com o Proporción Regional de Output Intermedios (OI) . Un valor elevado de este indicador indica que el output del sector se utiliza, al menos e n el mercado interno, fundamentalmente como inputs intermedios requeridos por el sistema productivo, mientras que un valor reducido indica que el output de la rama se destina principalmente, al menos en el mercado interno, a la demanda final. Por consiguiente, obs ervando la proporción regional de output intermedios nos aproximaremos al carácter intermedio o fin al de un sector. Concretamente, identificaremos a los sectores “intermedios” como aquellos con un valor de est e indicador superior o igual a 0,7, mientras que consideraremos un sector “final” a aquellos que presenten un indicador inferior o igual a 0,3. Por otra parte, para comprobar el valor añadido que se incor pora a las exportaciones se puede utilizar el Multiplicador de Renta Regional (MR) . Los multiplicadores de renta reflejan la ca pacidad de generación de valor añadido, directa e indirectamente, a partir de un incremento unitario de la deman da final de un sector. El multiplicador aquí aplicado se define del siguiente modo: 356 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional 1 1 ) (   ¦ Ad I g MR n i i r j donde g i es el vector de coeficientes unitarios de valor añadido y su correspondiente producción efectiva y (I –Ad) -1 es la matriz inversa de Leontief con coeficientes técnicos regionales. De este m odo, podrá apreciarse si se está exportando un bien elaborado de alto valor añadido o un bien poco elabo rado que se destina a otros proceso s de transformación de mayor complejidad o al menos con mayor capacidad de generación de valor. Los valores que presentan las diversas ramas productivas andaluzas para los cuatro indicadores aquí presentados pueden encontrarse en la tabla 11 del anexo estadístico. VII.1.2. La relación entre dimensión empresarial e integración en el sistema productivo regional. Un primer intento de contraste Como venimos señalando, nos proponemos en este capítulo ind agar en la relación existente entre articulaci ón productiva y dimensión empresarial. Es decir, trataremos de identificar patrones de comportamiento de integración hacia atrás y hacia adelante diferenciados para los establecimientos empresariales de diferente dimensión. La mejor opción para contrastar esta cuestión re queriría disponer de información referida a establecimientos in dividuales. No obstante, acceder a este tipo de datos hubier a requerido la rea lización de una encuesta a empresas andaluzas que conllevaría costes significativos y muchas dificultades para la obtención de respuestas. Por lo tanto, nos hemos decantado por abordar el problema de un modo indirecto a partir de las fuentes estadísticas públicas – DIRCE y TIOAN-. 357 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional Las TIOAN permiten observar el grado de integración hacia atrás y hacia adelante de las diferentes ramas productivas andaluzas, mientras que a partir del DIRCE se puede acceder a la distribución de los establecimientos dentro cada rama productiva por tamaños. A este respecto, si realmente las grandes empresas presentan menores niveles d e integración en el s istema productivo regional que las empresas de menor dimensión, cabría esperar que las ramas donde las grandes empresas t engan una importante presencia r especto al total deberían mostrar valores bajos para los indicadores de articulación; y, por el contrario, aquellos sectores donde predom inen las microempresas y las pequeñas empresas deberían presentar mayores niveles de articulación. De este modo, como aproximac ión exploratoria, podría compr obarse la posible existencia de alguna relación de dependenc ia estadística entre las variables que miden la articulación productiva de cada sector y las variables que reflejan la estructura dimensional de los establecimientos dentro de cada rama. Seguidamente, se ha calculado la correlación estadística entre los dos indicadores de articulación productiva se leccionados -la ratio de abastecimiento regional y la propensión media hacia el mercado interno-, respectivamente, y la variable que mide el peso porcentual de cada tam año de estab lecimientos. Con este fin, se han diferenciado c uatro segmentos de unidades locales según su tamaño, a saber: grandes establec imientos, pequeños y medianos establecimientos (PYMES) y mi cro y pequeños establecimientos (MYPES) 2 y se ha calculado el pes o porcentual de cada tipo de establecimiento para cada rama productiva. Este ejercicio se ha abordado por separado para el conjunto de las ramas productivas andaluzas, salvo el s ector primario (73 ramas 3 ), y sólo para las ramas 2 Aunque estas denominaciones se emplean generalme nte en referencia al tamaño de las empresas, las apli caremos aquí por extensión en relación con los estab lecimient os. 3 La falta de consideración de las actividades pr imarias se debe a que el DIRCE no proporciona datos referidos a ellas. Así mismo, se han excluido la ramas 8, conforme a l a desagregación en 89 ramas productivas de las TIOAN-89, por no existir producción regional y las ramas 358 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional industriales –excluyendo los subsectore s de la construcción y energético- (38 ramas), habiéndose obtenido los resultados que se resumen en la tabla VII.1. La simple aproximación que proponemos permite, pese a sus limitaciones, apuntar algunas resultados sobre los que se indagará con mayor detenimiento en las páginas siguientes. A este respecto, resulta interesante, no tanto el simple valor del coeficiente, que en ningún caso es elevado, sino su signo. Tabla VII.1. Relación entre la estructura dimensional del tejido empresarial de las ramas productivas y el grado de integración hacia atrás y hacia delante de las ramas productivas andaluzas Coeficiente de Correla ción de Pearson R cuad rado Ratio de abast ecimiento regional Totales I ndustriales Totales Indu striales % Grandes -0,283 -0,301 Grandes 7,99 9,08 % PYMES 0,06 6 -0,262 % PYM ES 0,44 6, 85 % MYPES 0,287 0,300 % MYPES 8,25 9,01 Propensión media al mercado interno Totales I ndustriales Totales Indu striales % Grandes -0,281 -0,207 % Grandes 7,92 4,30 % PYMES -0,161 -0,16 1 % PYMES 2,58 2,59 % MYPES 0,323 0,262 % MYPES 10,46 6,85 Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Sistema de Cuen tas Económicas de And alucía. Marco Input- Output 1995 (IE A; 1999) y del DIRCE (INE,20 02). Grandes : con 100 empleados o más; PYMES : entre 6 y 99 e mpleados; MYPEs: entr e 0 y 49. A este res pecto, se aprecia cómo el v alor del coeficiente de correlación entre la ratio de abast ecimiento regional y el porcentaje que r epresentan cada tipo de empresas según su tamaño (grandes, PYMEs y MYPEs) cambia de signo, conforme se considera el peso porcentual de empresas de menor tamaño. De 9,58,77,78,80,82,84, 85 y 89, por no existir para Andalucía unidades locales registradas en e l DIRCE. 359 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional este modo, los coeficientes pres entan, si se toman todas las ramas consideradas, un signo negativo p ara las grandes empresas y positivo para las MYPEs. Igualmente, si se reduce el alcance del análisis a las r amas industriales, también se aprecia como la correlación pasa de ser negativa en el caso de las grandes empresas a positiva en el caso de las MYPES. Esta circunstancia parece hablar de la exist encia de una cierta relación negativa entre el tamaño predominante de los locales empresariales en cada rama y su integración hacia atrás. Igual relación inver sa parece vislumbrarse entre el tamaño de los establecimientos empresariales y la integración hacia adelante por ramas productivas. De este modo, cuanto mayor es la dimen sión preponderante de los establecimientos, menor es la propensión media hacia el mercado regional, y, por consiguiente, mayor la orientación a los mercados externos a la Comunidad Autónoma andaluza. Al menos esta conclusión se desprende de la obs ervación de los coeficientes de correlación entre el porcentaje que repres enta cada tipo de empresas según tamaños (grandes, PYM Es y MYPEs) y la propensión media hacia el mercado interno, tanto si se toman el conj unto de ramas productivas como si se consideran exclusivamente las ramas industriales. Por consiguiente, en una primera aproximación, parece que las empresas de mayor tamaño en la economía andaluza resultan más extravertidas que las de menor dimensión, tanto desde la perspectiva del aprovisionamiento de los inputs que necesitan, como desde el punto de vista del destino de su output. En cualquier caso, los valores de los coeficient es de correlación s on en todos los casos muy bajos. Esto se debe a que las características de las div ersas ramas son muy diferentes y sus particularidades influyen en s u comportamie nto económico y, concretamente, en s u grado de imbricación en la es tructura productiva andaluza c on independencia de las características que presenten las empresas que operen en cada una. Ciertamente, hay que tener presente que los valores de los indicadores de integración para cada rama productiva están muy condicionados por las características específicas de cada sector (su función d e producción, la existencia de proveedores regionales, la disponibilidad de materias 360 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional primas, etc.), lo que dificult a la captación con estos datos de una relación entre el tamaño y el nivel de integración de los establecimientos. Por lo tanto, a fin de detectar una posible relación entre el tamaño de los establecimientos y el grado de integración regional, sería necesario poder controlar los datos por los rasgos específ icos de c ada rama, para lo c ual se precisa dis poner de un cierto número de observaciones dentro de cada rama referidas a establecimientos de distinto tamaño. Esta información no la proporcionan las TI OAN (I EA,99), que están agr egadas a escala de rama productiva. No obstante, lo s datos de cons umos intermedios y producción regional más desagregados para cada rama produc tiva que se han obtenido del IEA permiten retomar más adelante esta cues tión con un tratamiento más riguros o desde el punto de vista metodológico y una interpretación más fácil. VII.2. UNA TIPO LOGÍA DE LAS RAMAS PRODUCTIVAS ANDALUZAS EN FUNCIÓN DE SU PATRÓN DE INTEGRACIÓN REGIONAL VERSU S INSERCIÓN EXTERIOR El objetivo final de est e capítulo es la elaboración de una tipología de los establecimientos industriales andaluces en función de sus pautas de articulación productiva y su dimensión. Para ello nos apoyaremos en la clasificación que, aplicada a ramas productivas, propone Aurioles (1989:183-184) y que presentamos en el capítulo cuarto. Teniendo en cuenta que el valor de la s variables de articulación está condicionado claramente por el sector considerado, antes de trabajar con datos desagregados y comprobar las diferencias que se plantean entre establecimientos de distinto tamaño, aplicaremos en este epígrafe los criterios de clasificación al conjunto de ramas productivas andaluzas, para al final del capítulo referirla a los datos desagregados. 361 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional Por consiguiente, se ha procedido a c lasificar, en función de su grado de integración regional frente a su grado de inserción externa, los sectores que conforman el sistema productivo regional en cuatro categorías: - S ectores internos : Aquellos que se orientan fundamentalmente al mercado interno y se aprovisionan de sus inputs intermedios en la propia región. - Sectores netamente exportadores . Aquellos que destinan al exterior la mayor parte de su producción y se abastecen de los inputs intermedios que necesitan principalmente en el territorio regional. - Sectores netamente importadores. Aquellos que acreditan una escas a capacidad exportadora y dep enden significativamente de las importaciones de inputs intermedios procedentes del exterior. - Sectores de tránsito . Aquellos que se prov een de los inputs intermedios que necesitan en el exterior y destinan la mayor parte de su producción a la exportación. Para aplicar en la práctica esta tipología hay qu e trasladar los rasgos anteriores a unos criterios operativos. Para ello se han considerado relevantes las dos variables indicativas de la imbricación de un sector productivo en la eco nomía regional que venimos considerando: la ratio de aprovisionamiento regional (AR) y la propensión media al mercado interno (PMI). Así mismo, se ha estab lecido como límite de referencia el 50% para cada variable. De este modo, se puede realizar la clasificación que aparece en la tabla VII.2. A su vez, para distinguir los enclaves productivos entre el conjunto de los sectores de tránsito, se ha considerado el multiplicador de renta reg ional ( MR), de manera que consideramos como enclaves a aquellos sectores de tránsit o que presentan un valor del multiplicador inferior al promedio de las ramas productivas andaluzas. 362 Capítulo V II. Estructura dimensional d el tejido empresarial y articulación productiva regional - La mayor parte de las actividades industriales, sobre todo las de mayor nivel tecnológico (lo que muestra la debilidad del tejido industrial andaluz y su desarticulación interna). - Algunas actividades de servicios. Estas actividades son las que más contribuyen a agravar el problema de la dependencia exterior de la economía andaluza debido, al valor de las importaciones de inputs intermedios que requieren. A estos efectos, resulta interesante calcular el valor total de las necesidades de importaciones intermedias, que puede obtenerse a partir de la información contenida en las tablas input-output andaluzas. Las necesidades de importaciones intermedias de un sector se estim an partiendo de la matriz de necesidades de importación, C , cuyo elemento genérico viene dado por la siguiente expresión: j ij ij X i c donde i ij representa el valor de las importaciones del bien i necesarias par a obtener la producción regional del bien j ( X j ). La matriz de necesidades totales importación M se construye a partir de la matriz C como sigue: 1 ) (   A I C M donde el elemento genérico m ij de la matriz representa los requerimientos directos e indirectos de productos de importación provenientes de la rama i que el s ector j necesita para incrementar su producción en una unidad adicional. 369 [Document text truncated for crawler view.]