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Un hontanar sin fondo. Humanismo en Juan Belmonte

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Un hontanar sin fondo. Humanismo en Juan Belmonte

Author: Ríos Mozo, Miguel
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1994
Source: https://idus.us.es/bitstreams/bc5c83cc-eaa7-4a01-9a20-1ef3bacc5cb8/download
Re is a de Es udios Tau inos
N°
l, Se illa, 1994, págs. 13-40
.
.
UN
HONTANAR
SIN
FONDO
HUMANISMO
EN
JUAN
BELMONTE
Miguel Ríos Mozo
Uni e sidad
de
Se illa
Fundación Andaluza
de
Tau omaquia
(*)
''
..
.
...
·
~
j I
~
·
_
-~
~
~
abía dejado el sob e en la mesa
de
noche del do mi-
o io. En el e e so del mismo, el hie o
de
su
ganade ía; en el an e so, una escue a di ección,
esc i a de su puño y le a «Al
S .
Juez»; den o,
una
simple cua illa, en cuya pa e supe io
se
des acaba,
como
epe ición co ec a en cualquie misi a
de
ámi e, la misma ase,
«Al
S .
Juez»; poco más abajo el ex o: «No se culpe a nadie de
mi
mue e»; inalmen e, la i ma y la echa que
ue,
en onces,
esc i a al como hoy la copiamos: 8-4-1962. No hay
el
meno
i ubeo en el g a ismo, ni signo alguno
de
asgo emblo oso.
Algo
que asomb a en un homb e que sabía que, inmedia amen e
después, i ía a mo i .
El hizo de su ida, como dijo,
un
lema. Siguió lo esc i o
po
D'
Annunzio: «El pelig o es el eje de la ida sublime». De ese
modo
de
i i , de ese pelig o, daba e la desc ipción que hizo el
médico o ense de la mo ología ex e na del cadá e , después
de
El
p o eso Ríos Mozo es p esiden e de
la
FAT y, además, socio undado
de
la Fundación de
Es udios Tau inos que edi a es a Re is a.
14
Miguel
Ríos
Mozo
p ac ica ,
po
una conces10n especialísima,
la
au opsia
en
un
cua o de baño de la inca donde había mue o.
«Hábi o ex e no: El cadá e ep esen a la edad
que
dicen
que iene, aspec o senil, de egula es a u a, piel pálida,
cu ida
y ape gaminada, escaso panículo adiposo y muscula u a bien
desa ollada. P esen a nume osas cica ices
po
odo
el
cue po
-muy
an iguas algunas
de
ellas-
ya que apenas son pe cep ibles
y especialmen e localizadas en ambas egiones inguinales y
pa es
in e nas de ambos muslos. Son muy mani ies as sob e odo
las
de
la egión inguinal de echa, donde apa ecen dos cica icés lineales
y pa alelas de ocho cen íme os
de
longi ud, con g an e acción
de
sus bo des. Es mani ies a o a g an cica iz en pa e in e na
del muslo de echo, a ni el de iángulo de Sca pa,
que
señala una
ma ca p o unda
de
cinco cen íme os de longi ud, con g an
e acción de bo des. O as cica ices en manos y ca a
poco
pe cep ibles
po
la an igüedad de las mismas.
La acies del cadá e , de asgos muy acusados (mandíbu-
la
p ominen e, boca g ande, g uesos labios y na iz ancha) ape-
nas se ha al e ado y deno a una g an se enidad y lacidez. Los
ojos apa ecen lige amen e en eabie os, la boca
no
ce ada del ·
odo y los músculos aciales elajados, en medio
de
unos p o un-
dos su cos nasogenianos. Las huesudas y sa men osas
manos
apa ecen en ec uzadas en la pa e an e io del cue po
(.
..
)
En la cabeza, en la egión empo al de echa y en el bo de
an e io de la pa illa y a dos cen íme os de su base, apa ece un
o i icio ci cula
de
un cen íme o y medio de diáme o, con es
desga os en sus bo des de dos cen íme os
de
longi ud
que
se
di igen hacia a ás y hacia delan e, los bo des de es os desga os
con luyen hacia el o i icio y es án e e idos hacia den o.
De
l
o i icio mana sang e que apa ece coagulada sob e el ex emo
de
la pa illa».
15
Un
hon ana sin ondo. Hwnani.nno
en
Juan Belmon e
El in o me con inúa con la desc ipción in e io del
c áneo,
las al e aciones ce eb ales pa ológicas no elacionadas
con
la
he ida: a e ioscle osis ce eb al y co ona ia, así como de
ao a
abdominal y
una
he nia de hia o eso ágico.
Finalizada la nec ópsia,
manos
ca iñosas
lo
amo aja on
con
la
única neg a y
la
capá
blanca
de su co adía,
-de
su
Cacho o-
que es aba ya limpia y p epa ada pa a,
en
la
p óxima
e inmedia a Semana San a, e es i se con ellas y
acompaña
al
C is o, como siemp e, como odos los años,
en
su es ación
de
peni encia p endido a la manigue a delan e a izquie da del
paso.
Ahí
es aba el inal de una ida, de una ida in ensa.
La
a de an e io , que e a sábado,
había
asis ido a misa
acompañado
de uno de sus amigos más ín imos y, como
e a
su
cos umb e,
e guido. Jamás se sen aba en
la
iglesia. Decía que, de esa
o ma,
segu o que se hacía ampa al Seño . Nunca había negado
su
ca olicismo.
No
lo hizo en épocas an e io es
JT!UY
di e en es ni,
ampoco, lo ha ía después an e sus amigos in elec uales,
muchos
de ellos lib epensado es.
II
P ecisamen e uno de esos amigos, esc i o él, cali icó a
su
pase na u al la guísimo
-que
en
su inal, doblando
sólo
le emen e la muñeca, lo con inuaba con el_ cu o pase de
pecho
iniciándolo desde las lejanías, desde donde había lle ado al
o o-
de hon ana sin ondo. Siemp e inquie o consul ó un dicciona io
pa a conoce el signi icado exac o
de
la palab a.
Allí
decía «si io
en que nacen uen es y manan iales». Pensó que
la
cali icación
e a
ajus ada, más
que
a lo que hacía, a
lo
que sen ía al o ea de
aque-
lla o ma.
Desde su modes ísima condición de
jo en
a icionado a
o-
ea , en su la ga y es o zada e olución has a consegui el
p ime
16
Miguel
Ríos
Moza
pues o del o eo, siemp e sin ió en idia po aquellos que poseían
lo que llamaban "cul u a" y nada mejo , pa a ma a la en idia, que
consegui lo que
no
enía pe o que, desde siemp e, ambicionaba.
Po ello, con ando con
su
acilidad na u al po asimila ,
pensó, quiso y consiguió
esc ibi lo mejo posible.
Escuchaba un día y o o
lo que decían los in elec-
uales y a is as que, po
cie o, empezaban, po
en onces, ya a a a lo
como amigo y a quienes,
mien as los acompañaba
en las e ulias, con la
mayo na u alidad los
oía sin llega jamás a
ensobe bece se a pesa
de
la al a es ima,
de
la
co ización con que
lo
alo aban.
Muchas eces, a
lo
la go de su ida,
eleía el ex o de la
con oca o ia de aquel
banque e
-como
se
decía
en onces-
que
le
o ganiza on sus amigos
en Mad id, un día del
año 1913, cuando oda-
Fig. nº
1.
-Re a o de Juan Belmon e (Fo . de
Ib
áñez. Col. M.
Ríos Mozo).
ía sólo e a no ille n pun e o. La hondu a del ex o, qüe a
con inuación, se ep oduce, le pa eció an p o undo como
el
hon ana de su pase na u al:
17 .
Un hon ana sin ondo. H 1manis
mo
en Juan Be/mon e
«Ya que Juan se encuen a en e noso os, hemos
juzgado
necesa io obsequia le con una
comida
a e nal en los
ja dines
del Re i o F a e nal, po que la
A e
s odas son he manas
mellizas
de al mane a que capo es, "ga apuyos
",
mule as y es oques,
cuando los sus en an manos
como
las de Juan, y dan
o ma
sensible y depu ada a un co azón he oico como el suyo,
no
son
ins umen os de más baja je a quía es é ica que plumas,
pinceles
y bu iles, an e los a en ajan,
po que
el géne o de belleza
que
c ean es sublime
po
momen áneo y
si
bien el a is a.
de
c
ualquie
Fig. nº 2.-
Co
m
po
si
ción
o og
á
i
ca
<l
e Juan Belmon e
(F
o
.
Je l
bálic.:!L.
Co
l. M .
Rí
os
Mo
.u).
condición que sea, se supone que o o ga po en e o su ida en la
p opia ob a, sólo el o e o hace plena abdicación y holocaus o
de
ella, según apo egma de Don An onio Mau a. Pe o,
po
desg a- -
c
ia,
los apo egmas de nues os polí icos nos me ecen poco c édi o.
Conside amos la au omaquia más noble y delei able, aunque
no

18
Miguel
Ríos
MoZo
menos ágica, que
la
"logomaquia", es o
es,
que la polí ica
española, y a Juan más digno
de
au a popula y lau o
de
los
selec os que
la
mayo pa e
de
los dies os, con al e na i a,
en
el
Pa lamen o».
-Res au an e
Ideal Re i o, 1913. Fi man
la
con oca o ia:
Ramón Ma ía del Valle Inclán, Julio Rome o
de
To es, Julio
An onio y En ique
de
Mesa-.
La impo ancia que daba,
el
ex o de la con oca o ia, a
su
p opio a e se unió a la de su pe sona ensalzada po los discu sos
que en aquel ac o se p onuncia on. Desde en onces leía, sin pausa,
lo que esc ibían sus amigos y
su
cu iosidad iba hacia odos
aquellos que e an mencionados en sus con e saciones.
El
sabía
que, en
su
in e io , adicaba un ans ondo que le pe mi ía pe cibi ,
cap a
al
máximo, lo que iba inco po ando de la cul u a, y
lo
hacía, mucho más, g acias a
su
es ue zo, al mé i o de su p opia
ab icación, que
al
esul ado de
un
igu oso ap endizaje.
Su
misma o ma de in e p e a el o eo enía acen o
poé ico, po eso más de una ez llego a asegu a que «donde
no
ha
y poesía no
ha
y o eo»
y,
po lo mismo, le impac ó
que
su
compañe o,
su
amigo_ del alma, Ra ael, con su somb e o
de
ala
ancha y
su
pañuelo de seda al cuello, mien as mo ía
con
la
cucha illa
un
ca é solo,
al
que po supues o no había echado
azúca , asegu ase que « o ea es ene un mis e io que deci y
deci lo».
Le imp esiona on, muy de jo en, emendamen e los
esc i o es usos, sob e odo Dos oie ski y Gogol mezclados, en
di ícil amalgama, con la Mon aña Mágica de Tomás Mann, las
no elas de Ba aja, el es ilismo de Pé ez de Ayala, de Camba y
de
Azo ín. Tenía la sensación de que esc ibiendo cons uían au én i-
cas aenas de mule a.
19
Un
hon ana sin ondo. Humanismo
en
Juan Be/mon e
En aquella p ima e a en
que
cumplía se en a años,
cuando
aún es aba lejos
su
inal, eco daba lo que, con
su
i onía
mo dien e, le dijo, una ez, Valle Inclán: «Lo único que
e
hace
al a pa a se pe ec o, Juani o,
es
mo i
en
el uedo».
Pese
a
odas las cica ices que p esen aba
su
cue po aquello de
mo i
o eando
...
¡No pudo se ! Sin emba go, aba ido po una acha de
en e medades y una se ie in e minable
de
pequeños achaques se
le despe ó un emo an obsesi o a queda se inú il que le
lle ó,
po p ime a ez, a sen i se iejo. Decidió, pues, sus i ui la
bella
y pública mue e en la plaza, que
había
p econizado Don
Ramón,
po
un
inal ín imo. desolado.
en
el
campo se 'illano.
Fig. nº
3.~
Belmon e en su despacho (
Fo .
de EFE. Apud.: Flane y Yellei e' , 1986: 41).
Aquella mañana y aquella misma a de es u o en ando,
a solas con
su
conocedo , bece as en campo abie o. ¿Buscaba
quizá la mue e en el eje cicio de una ac i idad p ohibida po
sus
médicos? Había b o ado la p ima e a se illana, a caballo y es ido
20
Miguel
Ríos
Moza
con el aje co o, e a ambién una bella o ma de camina hacia
la mue e. Ya, al a a dece , en
su
co ijo, a solas con la dep esión
que le dominaba, con as o nos ci cula o ios de ondo,
en e
al
cuad o que le pin ase su amigo Zuluaga, donde apa ecía es ido
de g ana y o o en un uedo imagina io
con
somb as ambién
de
un
a a dece di uso, u o la c isis que le lle ó a esc ibi la
ca a
inal
y a oma la decisión de acaba con su ida.
III
Demos un sal o a ás en
la
na ación como
si
u ilizá amos
una écnica no elís ica. No le esul aba ex año aquella
noche
-diez
años an es del inal, encidos casi los se en a años,
aunque
él siemp e dijese, cuando le p egun aban· po su edad,
que,
en
ealidad, cada uno enía la edad que
eje cía-
es a en
uno
de
esos empli os sag ados de la culina ia con en;ipo ánea,
donde
los
alimen os no saben ealmen e a
lo
que son, cenando en compañía
de Sebas ián, su iejo y soca ón amigo de siemp e, y
de
dos
médicos que le asis ían, más po insis encia de su amilia
que
po
su p opia olun ad, de los cua o achaques sin impo ancia
que
po
el momen o padecía.
Pudo se en cualquie o o momen o. Sin emba go, aquella
noche, él con ó una subyugan e his o ia que expuso di idida en
es capí ulos. No debió se ex aña a su since idad la p esencia de
los médicos. En e ec o, su a án de ap ende seguía sin
ene
lími es y, an e la son isa expec an e del escul o , u o la en ación
de e e i una 'his o ia de su ida con la in ención, segu amen e, de
conoce , sin la necesidad de p egun a di ec amen e, la opinión de
los dos médicos ace ca de una cues ión que pa icula men e le
p eocupaba: la posibilidad eal
de
que exis iesen condicionan es
pa apsicológicos que, po o a pa e, él es imaba posee .
21
Un
ho111ana
sin
ondo. Humanismo
en
Juan
Be/mon e
Fig.
nº.4.-
Ca el de
la
Co ida Pa ió ica celeb ada en Mad id (1921) en la que, en e o os, Bel non e, El
Gallo y Sánchez Mejías lidia on o os, espec i amen e, de
Mo
eno San ama ía, Villama a y Fe nando
Villalón. Sob e
un
boce o de Julio Rome o de To es (Apud.: Mo ales Ma ín, 1987:
169
).
28
Miguel
Ríos
Moza
con on aba con
sus
obligaciones de o e o. Fijos los ojos
en
el
cuello
de
su peón
...
pensaba
...
que él e a el o e o y que no enía
más emedio que pone se delan e del o o en o o si io
donde
la
esponsabilidad, no
el
miedo, iba,
de
nue o, a ce ca lo.
En onces le e a posible i i in ensamen e
un
amo -pasión,
según
lo
concep uaba S endhal,
al
cual, años después, leyó.
Su
inclinación ciega, en aquel momen o, e a lo que
se
llamaba, en on-
ces, "una niña bien", una seño i a de la al a sociedad,
de
las
ab icadas en se ie, eple a
de
abu idas
i~udes,
una p o agonis a
habi ual
de
juegos lo ales,
de
ies as bené icas; una
de
esas dami-
as que es án siemp e p esen es en los "ecos
de
sociedad" de
la
p ensa local. La amilia
de
ella se oponía adicalmen e a
sus
elaciones con el o e o. Aun no se había c eado una au én ica
a is oc acia del abajo a
la
que ho e as y o e os pudie an, po
sus p opios mé i os, pe enece . Aunque ue a ya
un
o e o amoso
daba igual. Sin emba go, el sabía que la chica
-en
aquella época
se decía
chica-
le co espondía con una pasión
de
amo an
g ande, po lo menos, como la suya.
Esa misma a de había co ado o eja y iun ado plena-
men e sob e el o o lidiado
en
la plaza de la solemne ciudad
en
que ella i ía. Po supues o,
no
se
había a e ido a b inda le el
o o. Sin emba go, sí había mi ado, ijamen e, hacia la localidad
de
la p ime a ila del palco que ella ocupaba. En el segundo o o
es u o en pleni ud y
no
dudó un momen o de que oda
su
aena
se había" llenado de la p esencia de la muje deseada. Y a iba
comp obando lo que después decla a ía con i meza:
-«Mis
mejo es aenas siemp e las hice cuando es aba
encelado con una muje ».
Algo comple amen e en con a del pu i a ismo desmesu a-
do que
se
impond ían, años después, los o e os como p emisa

29
Un
hon ana sin ondo. Humanismo
en
Juan Be/mon e
necesa ia pa a sus e íme os iun os ca en es de in ensidad, au-
sen es de con inuidad.
Él ue el p ime o en decla a que gozaba
de
e dade os
o gasmos cuando el o o le ozaba al o ea de mule a.
Muchos
años más a de, cuando alguien, un compañe o, quiso copia le su
inquie an e a i mación
no hizo sino cae en
el
idículo pues o que
cuando él aludía a aque-
llos p esun os e e ismos
que decía expe imen a
en la culminación de sus
aenas, en ealidad, lo
que se e e ía e a a una
pa icula disposición
de
ánimo en
su
espí i u.
Acabada la co i-
da, desde
el
ho el, acu-
dió a una bodega, donde
se celeb aba una ecep-
ción pa a en ega le
el
p emio po
su
ac uación
en la e ia del año an e-
io . Apa ca on
el
coche,
en el que iban ambién
sus homb es, jun o
al
local pa a asis i
al
ac o
con la in ención de,
desde allí mismo, sali
pa a la co ida que se
-.·
Wl
kU'.,.'L
Fig. nº 8.- Ma ínez de León: Belmon e dando
u11
pa~c:
de
pecho (Apud.: Cossio, 1971: IV, 967).
celeb aba,
al
día siguien e, en o a ciudad.
30
Miguel
Ríos
Moza
Aquello es aba sua emen e bien. Gozaba de
una
mayo
dis ensión que en o as ocasiones simila es donde se
en en aba
al
a o comuni a io. Ella ino hacia él. Y, poco a poco, el
ma ado
hablándole, sin deja po eso de hace lo
con
unos y
con
o os,
pudo i sepa ando su amo -pasión del cen o del es ejo. Se
encon a on de epen e p o egidos po unas g andes bo as
de
ino
que se hallaban bien apiladas
en
un
incón.
En
ese
momen o,
sin
un po qué, sin una palab a
que
uese mágica o ulga , simple-
men e po eni así, ambos se besa on
con
una pasión ené ica,
en un boca a boca p o undo
que
no
e a
pa a
esuci a los,
como
se
hace aho a, sino pa a uni los
mas
en la p opia ida.
Sólo segundos o quizás minu os
-¿quién
sabe?-
pudo
du a aquel ab azo po que el iel Calde ón se ace có y ocándole
al maes o en el homb o, con la mayo disc eción, con ca iño que
no con ep oche, equi ió su a ención: «Vamos -le
dijo-
que
mañana hay que o ea o a ez».
Cuando se ompió el beso, y se sepa a on, él u o
la
ex-
aña sensación de sen i que, ambién y a
la
ez, se le iba
la
ida
de ella. Su gen e es aba ya ue a del local espe ando, al ededo del
coche, pa a pa i . Ya habían cenado. No se podía pa a .
La
ciudad
donde enían que o ea al día siguien e no es aba ce cana.
Había
que iaja oda la noche.
No
se
podía do mi . Mien as el
au omó il odaba, po la oscu idad de la noche, a aído po
el
haz
luminoso de sus a os, el maes o sen ado en su si io, apoyado en
el quicio de la en anilla, dejaba aga
la
men e mien as man enía
ija la mi ada en el cogo e de
su
iejo colabo ado .
Casi a la amanecida llegaban a
la
pue a del e us o ho el.
Así que, sin más p eámbulos, sin pé didas
de
iempo,
como
siemp e, se di igió a la cama. Sabía
que
en onces, como an as
31
Un
hon ana sin
jóndo
. Hwnanismo
en
Juan Belmon e
eces, se do mi ía p o undamen e has a que lo despe asen
dos
ho as an es de
Ja
co ida.
Fi
g. nº 9.- Bel mon e pe ilándose pa a ma a , Valencia, l 92 J
32
Miguel
Ríos Mo
za
Así ue. Du mió has a que
su
mozo de es oques
lo
des-
pe ó ocándole en
el
homb o,
de
la misma mane a que Calde ón
lo había hecho, el día an e io , en
Ja
bodega. El mozo le dijo:
-«¡Ya
es ho a, maes o!».
Se despe ó sob esal ado.
En el sueño, in e umpido, aunque seguía besando p o un-
damen e a su amo -pasión ella
se
le escapaba de la boca y
de
Jos
b azos, se le hundía en un abismo cuyo ondo no podía pe cibi .
Tenía la sensación oní ica de que ya
la
ue za de sus
b azos
no
pod ían impedi aquella desespe an e inme sión. Sólo su
boca
e a
capaz de de ene
el
hundimien o. Solos sus labios e an, quizá,
capaz de e ene la. El beso, pa a log a sos ene la, se
había
con-
e ido en una ené gica aspi ación, en un beso-succión e ible,
que no debía acaba nunca pa a que ella no caye a, no se sume -
gie a, en una pé dida i epa able. Ya no exis ía in ención pasional
sino únicamen e se a aba de un es ue zo gigan esco pa a impedi
que ella se sumie a en aquel abismo in ini o. Sin emba go, a pesa
de odo su descomunal empeño, no
Jo
conseguía. Cuando despe ó
y ol ió en sí, ella se había ya hundido sin emedio.
Dos ho as más a de, aún bajo
la
imp esión del
sueño
in-
e umpido, es aba en el pa io de cuad illas de la plaza. El
cielo
no
e a azul, como la a de an e io , sino cá deno oscu o: p econizaba
o men a. Es aban dispues os, espe ando la ho a y
hace
el
paseillo, José es ido de c ema y o o, Ignacio de celes e;
él
se
había pues o un e no neg o con bo dados de pla a.
Joseli o y Sánchez Mejías es aban se ios y sus son isas
pa ecían o zadas. Se no aba,
en
sus semblan es y en sus ges os,
Ja
al a de la simple na u alidad con la que se quie e ocul a el
miedo na u al de esas a des. Tal ez el día g is, al ez sus p o-
pias y desasosegadas i encias de aquel momen o, le hacía ·e los
así. Se lia on los capo es y obse ó, cu iosamen e, con cie o
33
Un
hon ana sin ondo. Humanismo
en
Juan Be/mon e
de enimien o, el empaque y majes ad humana con que Ignacio se
liaba en el capo e de paseo: las pie nas algo abie as, la
cabe~a
le an ad
a,
la mano en
su
si io. Fue un ins an e, una obse ación
pasaje a. José a ancó a anda con
el
«¡Que Dios epa a
sue e!»
de an as a des. Así i umpie on, los es ma ado es,
en
el
pol o ien o uedo de la plaza de o os de una capi al si uada
muy
lejos del ma .
..
Fig. nº
1
0
.
~
Belmon e he ido en la
cab
ez
a po un
es
o
qu
e,
Mad id, 1916 {Fo
.
de
Baldome o. A
pud.:
Ma
ínez No illo,
19
9 1: il. 1
09)
.
La co ida se ue desa ollando, pa a él, con demasiada
u ina. Mien as, los de alles ex ao dina ios de José con el capo e
en los qui es y las bande illas espeluznan es de Ignacio b illaban
en la plaza, él pe manecía inhibido, sin la pasión, con
que
ein icua o ho as an es había a ollado en la o a plaza. Empezó
a llo izna , olía a ie a seca de e ano mojada. El público, a ono

34
Miguel
Ríos
Mózo
con la a de y con lo que ocu ía,
es aba
is ón. Los
o os
e an
manejables, se dejaban, no plan eaban p oblemas impo an es. Sin
emba go, como aplas ados
po
el
cielo
plomízo,
acudían
a los
caballos sin aleg ía, sin pujanza. Llegados al quin o o o,
sólo
dos
jamelgos habían mue o.
Con media es ocada e minó
con
su
úl imo o o,
que
e a
el quin o.
Se
ace có a la ba e a
y,
mien as lo a as aban y se
e escaba, escuchó algunos ibios aplausos. Había
es ado
bien
pe o, en su in e io , se epe ía una y
o a
ez que es aba absolu-
amen e al o de sen imien o.
Y a Ignacio es aba lle ando, con
el
capo e, el úl imo as ado
al caballo. José y él se encon aban colocados a la
izquie da
del
picado pa a hace los co espondien es qui es. José
le
mi ó
ijamen e de una o ma que le pa eció ex aña. Llegado
su
u no
sólo consiguió una media e ónica que
le
sa is izo. Ignacio ol ió
a sus bande illas mien as los dos al e nan es pe manecían a en os.
Mien as Ignacio, aquel andaluz an ico de a en u a
-como
lo cali ica ía, después de su mue e, un poe a ambién
desg aciado-,
pasaba a su o o de mule a, José es aba a
su
lado,
den o del callejón. Se apoyaban, ambos, en las ablas,
con
los
capo es en las 'manos y las mon e as pues as: en in, es aban como
había que es a , como siemp e es aban.
Fue
en onces cuando José lo mi ó, o a ez, ijamen e.
Repi ió la misma mi ada con
que
, u i amen e, lo había obse a-
do du an e el e cio de a as. Obse ado po Juan, des ió, a la
de ensi a, la mi ada hacia su cuñado que lidiaba. Aho a, sin
mi a le a los ojos, le ue hablando:
-
«ly!i a,
no e
lo
hemos que ido deci has a que ma ases
u
segundo o o.
Así
lo
con inimos Ignacio y yo.
F;s a
mañana,
cuando iba a come algo, un amigo
me
puso una con e encia
pa a habla me
de
esa inca que quie o comp a me,
me
habló
de
35
Un
hon ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e
cómo iba el a o ¿me comp endes? pe o me añadió
que
esa
muchacha que e gus aba, con la que es u is e aye a de,
había
mue o. C éeme que es oy a u lado, que e acompaño
en
u
sen imien o».
El simple es ilo u ina io de la úl ima ase, en
aquel
momen o, le asomb ó; se p egun ó, a sí mismo, si sen ía algo
que
no le había a lo ado minu os an es cuando o eaba.
Des ió
su
mi ada del uedo y o a ez se en en ó con el ala gado os o de
su amigo y compañe o de an as lidias que, es a ez, esbozó
una
le e son isa al encon a se con sus ojos:
-«¿Como
ha podido
mo i
an p on o, cuando
aye
es aba en plena ida?»
Con ales palab as se p egun ó a sí mismo a la ez
que
lo
hacía, en al o, a quien conocía, con segu idad, las ci cuns ancias
del allecimien o. Simul áneamen e y con oda in ensidad g a i ó,
en
su
in e io , el ecue do i o del sueño que había
enido
momen os an es de empeza la co ida.
-«Po
lo que me han dicho
de
una mane a on a.
Fue
muy emp ano a una cace ía de pa os que daban en
la
inca de
su amilia. Equi ocó o quiso a ia
la
si uación donde es aba
colocado su pues o. Dio un
pa
so en also y pisó el e eno
pan anoso de o ma que el ango ue, poco a poco, i ando de
ella, hundiéndola, has a cub i la y ahoga la. Sus compañe os de
caza, que es aban apa ados los unos
de
los o os, cada uno en
sus pues os, no pudie on ayuda la».
Su men ón pe sonalísimo
se
p onunció mas que nunca, su
ba billa a anzó, su labio· in e io quedó aún más adelan ado,
su
mi ada aspasaba el úl imo o o que ma aba Ignacio
en
el
a a dece del día ... Los aplausos del público al iun o del o e o,
que
se
exp esaban es a ez con más ue za, e an la música
de
ondo de su emoción con enida. Mien as an o, desga ado,
se
decía:
36
Miguel
Ríos
Moza
-«¿Como
puedo soña que
con
un beso
de
sal aje
succión ue a a e i a que
la
muje amada se escapa a
hacia
el
abismo, que se pe die a en un hon ana sin ondo?»
-«¡Ella
se
ha
hundido pa a siemp e sin que haya podido,
que iendo me e la po mi boca den o
de
mi se , sal a la».
Así pensaba mien as a a esaba, o a ez el
edondel,
hacia la pue a de cuad illas. José, más al o, le habíá
pasado
su
mano po encima del homb o. Y a no
llo ía
pe o el olo a ie a
mojada e a aho a más in enso. Y mien as eco ía el
uedo,
caminando hacia
la
pue a de cuad illas, len amen e, dejó
de
sabe
si
el olo e a a campo o a pan ano.
* * *
-<<A
mí
siemp e me han ocu ido si uaciones ex añas»
Con esó a sus comensales, mien as encendía, an
pa simoniosamen e como siemp e,
un
habano.
-«Es a úl ima expe iencia debo econoce que ue
alucinan e. Pe o a pesa de se an ex aña, an inquie an e, sin
emba go, jamás se me había ocu ido, has a aho a, con a
la.
Hab éis podido comp oba que
la
he unido, a
las
o as dos
an e io es, con la in ención de que econozcáis,
en
las es, un
mismo y denso pun o de con luencia que eo en el espacio y
en
el
iempo ¿Se á
la
misma cadencia que he sen ido al encende el
pu o?» A odo lo la go del ela o, en con a de lo que
e a
su
cos umb e, no había a amudeando
ni
una
sola ez. En la
mesa
se
hizo un la go silencio que ompió Sebas ián en un ono que
es aba
bien lejos de se jocoso. Mi anda dijo:
37
Un
hon ana sin ondo. Humanismo en.Juan Be/mon e
-«Bueno,
c eo que, no hace al a se cien í ico
pa a
explica el sen imien o
de
la
úl ima na ación. Cuando es u is e
con ella
la
a de an e io
e
di ía que, al día siguien e, iba a una
i ada
de
pa os y odos sabemos la di icul ad
de
los e enos
donde se desa olla ese ipo de cace ía y los pelig os que
conlle a. Po eso
u
has enido un ipo
de
sueño que suele
se
el
habi ual cuando en
la
igilia an e io
se
ha
enido
la
men e,
una
y o a
ez,
de
o ma obsesi a, ocupada po
un
pensamien o
dominan e».
Fig. nº
11.
-Ex aña composición o og á ica, a
pa i
de
una escena de igu as de ce a, apa ece
Be
lm
on e
obse ando a Sánchez Mejías que lib a sob e el cadá e de Jose i o, el Gallo, el cual acaba de mo i
en
el
uedo de la plaza de Tala e a de
la
Reina (Toledo) (Fo . de EFE. Apud.: Flane y Veille e ,
1986:
44).
Juan mi ó a Sebas ián con aquella son isa
de
escep icismo
que an as eces ue cómplice de su ges iculación y, eapa eciendo
su
a amudea , dijo: