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Un hontanar sin fondo. Humanismo en Juan Belmonte

Ríos Mozo, Miguel

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Re is a de Es udios Tau inos N° l, Se illa, 1994, págs. 13-40 . . UN HONTANAR SIN FONDO HUMANISMO EN JUAN BELMONTE Miguel Ríos Mozo Uni e sidad de Se illa Fundación Andaluza de Tau omaquia (*) '' .. . ... · ~ j I ~ · _ -~ ~ ~ abía dejado el sob e en la mesa de noche del do mi- o io. En el e e so del mismo, el hie o de su ganade ía; en el an e so, una escue a di ección, esc i a de su puño y le a «Al S . Juez»; den o, una simple cua illa, en cuya pa e supe io se des acaba, como epe ición co ec a en cualquie misi a de ámi e, la misma ase, «Al S . Juez»; poco más abajo el ex o: «No se culpe a nadie de mi mue e»; inalmen e, la i ma y la echa que ue, en onces, esc i a al como hoy la copiamos: 8-4-1962. No hay el meno i ubeo en el g a ismo, ni signo alguno de asgo emblo oso. Algo que asomb a en un homb e que sabía que, inmedia amen e después, i ía a mo i . El hizo de su ida, como dijo, un lema. Siguió lo esc i o po D' Annunzio: «El pelig o es el eje de la ida sublime». De ese modo de i i , de ese pelig o, daba e la desc ipción que hizo el médico o ense de la mo ología ex e na del cadá e , después de El p o eso Ríos Mozo es p esiden e de la FAT y, además, socio undado de la Fundación de Es udios Tau inos que edi a es a Re is a. 14 Miguel Ríos Mozo p ac ica , po una conces10n especialísima, la au opsia en un cua o de baño de la inca donde había mue o. «Hábi o ex e no: El cadá e ep esen a la edad que dicen que iene, aspec o senil, de egula es a u a, piel pálida, cu ida y ape gaminada, escaso panículo adiposo y muscula u a bien desa ollada. P esen a nume osas cica ices po odo el cue po -muy an iguas algunas de ellas- ya que apenas son pe cep ibles y especialmen e localizadas en ambas egiones inguinales y pa es in e nas de ambos muslos. Son muy mani ies as sob e odo las de la egión inguinal de echa, donde apa ecen dos cica icés lineales y pa alelas de ocho cen íme os de longi ud, con g an e acción de sus bo des. Es mani ies a o a g an cica iz en pa e in e na del muslo de echo, a ni el de iángulo de Sca pa, que señala una ma ca p o unda de cinco cen íme os de longi ud, con g an e acción de bo des. O as cica ices en manos y ca a poco pe cep ibles po la an igüedad de las mismas. La acies del cadá e , de asgos muy acusados (mandíbu- la p ominen e, boca g ande, g uesos labios y na iz ancha) ape- nas se ha al e ado y deno a una g an se enidad y lacidez. Los ojos apa ecen lige amen e en eabie os, la boca no ce ada del · odo y los músculos aciales elajados, en medio de unos p o un- dos su cos nasogenianos. Las huesudas y sa men osas manos apa ecen en ec uzadas en la pa e an e io del cue po (. .. ) En la cabeza, en la egión empo al de echa y en el bo de an e io de la pa illa y a dos cen íme os de su base, apa ece un o i icio ci cula de un cen íme o y medio de diáme o, con es desga os en sus bo des de dos cen íme os de longi ud que se di igen hacia a ás y hacia delan e, los bo des de es os desga os con luyen hacia el o i icio y es án e e idos hacia den o. De l o i icio mana sang e que apa ece coagulada sob e el ex emo de la pa illa». 15 Un hon ana sin ondo. Hwnani.nno en Juan Belmon e El in o me con inúa con la desc ipción in e io del c áneo, las al e aciones ce eb ales pa ológicas no elacionadas con la he ida: a e ioscle osis ce eb al y co ona ia, así como de ao a abdominal y una he nia de hia o eso ágico. Finalizada la nec ópsia, manos ca iñosas lo amo aja on con la única neg a y la capá blanca de su co adía, -de su Cacho o- que es aba ya limpia y p epa ada pa a, en la p óxima e inmedia a Semana San a, e es i se con ellas y acompaña al C is o, como siemp e, como odos los años, en su es ación de peni encia p endido a la manigue a delan e a izquie da del paso. Ahí es aba el inal de una ida, de una ida in ensa. La a de an e io , que e a sábado, había asis ido a misa acompañado de uno de sus amigos más ín imos y, como e a su cos umb e, e guido. Jamás se sen aba en la iglesia. Decía que, de esa o ma, segu o que se hacía ampa al Seño . Nunca había negado su ca olicismo. No lo hizo en épocas an e io es JT!UY di e en es ni, ampoco, lo ha ía después an e sus amigos in elec uales, muchos de ellos lib epensado es. II P ecisamen e uno de esos amigos, esc i o él, cali icó a su pase na u al la guísimo -que en su inal, doblando sólo le emen e la muñeca, lo con inuaba con el_ cu o pase de pecho iniciándolo desde las lejanías, desde donde había lle ado al o o- de hon ana sin ondo. Siemp e inquie o consul ó un dicciona io pa a conoce el signi icado exac o de la palab a. Allí decía «si io en que nacen uen es y manan iales». Pensó que la cali icación e a ajus ada, más que a lo que hacía, a lo que sen ía al o ea de aque- lla o ma. Desde su modes ísima condición de jo en a icionado a o- ea , en su la ga y es o zada e olución has a consegui el p ime 16 Miguel Ríos Moza pues o del o eo, siemp e sin ió en idia po aquellos que poseían lo que llamaban "cul u a" y nada mejo , pa a ma a la en idia, que consegui lo que no enía pe o que, desde siemp e, ambicionaba. Po ello, con ando con su acilidad na u al po asimila , pensó, quiso y consiguió esc ibi lo mejo posible. Escuchaba un día y o o lo que decían los in elec- uales y a is as que, po cie o, empezaban, po en onces, ya a a a lo como amigo y a quienes, mien as los acompañaba en las e ulias, con la mayo na u alidad los oía sin llega jamás a ensobe bece se a pesa de la al a es ima, de la co ización con que lo alo aban. Muchas eces, a lo la go de su ida, eleía el ex o de la con oca o ia de aquel banque e -como se decía en onces- que le o ganiza on sus amigos en Mad id, un día del año 1913, cuando oda- Fig. nº 1. -Re a o de Juan Belmon e (Fo . de Ib áñez. Col. M. Ríos Mozo). ía sólo e a no ille n pun e o. La hondu a del ex o, qüe a con inuación, se ep oduce, le pa eció an p o undo como el hon ana de su pase na u al: 17 . Un hon ana sin ondo. H 1manis mo en Juan Be/mon e «Ya que Juan se encuen a en e noso os, hemos juzgado necesa io obsequia le con una comida a e nal en los ja dines del Re i o F a e nal, po que la A e s odas son he manas mellizas de al mane a que capo es, "ga apuyos ", mule as y es oques, cuando los sus en an manos como las de Juan, y dan o ma sensible y depu ada a un co azón he oico como el suyo, no son ins umen os de más baja je a quía es é ica que plumas, pinceles y bu iles, an e los a en ajan, po que el géne o de belleza que c ean es sublime po momen áneo y si bien el a is a. de c ualquie Fig. nº 2.- Co m po si ción o og á i ca <l e Juan Belmon e (F o . Je l bálic.:!L. Co l. M . Rí os Mo .u). condición que sea, se supone que o o ga po en e o su ida en la p opia ob a, sólo el o e o hace plena abdicación y holocaus o de ella, según apo egma de Don An onio Mau a. Pe o, po desg a- - c ia, los apo egmas de nues os polí icos nos me ecen poco c édi o. Conside amos la au omaquia más noble y delei able, aunque no 18 Miguel Ríos MoZo menos ágica, que la "logomaquia", es o es, que la polí ica española, y a Juan más digno de au a popula y lau o de los selec os que la mayo pa e de los dies os, con al e na i a, en el Pa lamen o». -Res au an e Ideal Re i o, 1913. Fi man la con oca o ia: Ramón Ma ía del Valle Inclán, Julio Rome o de To es, Julio An onio y En ique de Mesa-. La impo ancia que daba, el ex o de la con oca o ia, a su p opio a e se unió a la de su pe sona ensalzada po los discu sos que en aquel ac o se p onuncia on. Desde en onces leía, sin pausa, lo que esc ibían sus amigos y su cu iosidad iba hacia odos aquellos que e an mencionados en sus con e saciones. El sabía que, en su in e io , adicaba un ans ondo que le pe mi ía pe cibi , cap a al máximo, lo que iba inco po ando de la cul u a, y lo hacía, mucho más, g acias a su es ue zo, al mé i o de su p opia ab icación, que al esul ado de un igu oso ap endizaje. Su misma o ma de in e p e a el o eo enía acen o poé ico, po eso más de una ez llego a asegu a que «donde no ha y poesía no ha y o eo» y, po lo mismo, le impac ó que su compañe o, su amigo_ del alma, Ra ael, con su somb e o de ala ancha y su pañuelo de seda al cuello, mien as mo ía con la cucha illa un ca é solo, al que po supues o no había echado azúca , asegu ase que « o ea es ene un mis e io que deci y deci lo». Le imp esiona on, muy de jo en, emendamen e los esc i o es usos, sob e odo Dos oie ski y Gogol mezclados, en di ícil amalgama, con la Mon aña Mágica de Tomás Mann, las no elas de Ba aja, el es ilismo de Pé ez de Ayala, de Camba y de Azo ín. Tenía la sensación de que esc ibiendo cons uían au én i- cas aenas de mule a. 19 Un hon ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e En aquella p ima e a en que cumplía se en a años, cuando aún es aba lejos su inal, eco daba lo que, con su i onía mo dien e, le dijo, una ez, Valle Inclán: «Lo único que e hace al a pa a se pe ec o, Juani o, es mo i en el uedo». Pese a odas las cica ices que p esen aba su cue po aquello de mo i o eando ... ¡No pudo se ! Sin emba go, aba ido po una acha de en e medades y una se ie in e minable de pequeños achaques se le despe ó un emo an obsesi o a queda se inú il que le lle ó, po p ime a ez, a sen i se iejo. Decidió, pues, sus i ui la bella y pública mue e en la plaza, que había p econizado Don Ramón, po un inal ín imo. desolado. en el campo se 'illano. Fig. nº 3.~ Belmon e en su despacho ( Fo . de EFE. Apud.: Flane y Yellei e' , 1986: 41). Aquella mañana y aquella misma a de es u o en ando, a solas con su conocedo , bece as en campo abie o. ¿Buscaba quizá la mue e en el eje cicio de una ac i idad p ohibida po sus médicos? Había b o ado la p ima e a se illana, a caballo y es ido 20 Miguel Ríos Moza con el aje co o, e a ambién una bella o ma de camina hacia la mue e. Ya, al a a dece , en su co ijo, a solas con la dep esión que le dominaba, con as o nos ci cula o ios de ondo, en e al cuad o que le pin ase su amigo Zuluaga, donde apa ecía es ido de g ana y o o en un uedo imagina io con somb as ambién de un a a dece di uso, u o la c isis que le lle ó a esc ibi la ca a inal y a oma la decisión de acaba con su ida. III Demos un sal o a ás en la na ación como si u ilizá amos una écnica no elís ica. No le esul aba ex año aquella noche -diez años an es del inal, encidos casi los se en a años, aunque él siemp e dijese, cuando le p egun aban· po su edad, que, en ealidad, cada uno enía la edad que eje cía- es a en uno de esos empli os sag ados de la culina ia con en;ipo ánea, donde los alimen os no saben ealmen e a lo que son, cenando en compañía de Sebas ián, su iejo y soca ón amigo de siemp e, y de dos médicos que le asis ían, más po insis encia de su amilia que po su p opia olun ad, de los cua o achaques sin impo ancia que po el momen o padecía. Pudo se en cualquie o o momen o. Sin emba go, aquella noche, él con ó una subyugan e his o ia que expuso di idida en es capí ulos. No debió se ex aña a su since idad la p esencia de los médicos. En e ec o, su a án de ap ende seguía sin ene lími es y, an e la son isa expec an e del escul o , u o la en ación de e e i una 'his o ia de su ida con la in ención, segu amen e, de conoce , sin la necesidad de p egun a di ec amen e, la opinión de los dos médicos ace ca de una cues ión que pa icula men e le p eocupaba: la posibilidad eal de que exis iesen condicionan es pa apsicológicos que, po o a pa e, él es imaba posee . 21 Un ho111ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e Fig. nº.4.- Ca el de la Co ida Pa ió ica celeb ada en Mad id (1921) en la que, en e o os, Bel non e, El Gallo y Sánchez Mejías lidia on o os, espec i amen e, de Mo eno San ama ía, Villama a y Fe nando Villalón. Sob e un boce o de Julio Rome o de To es (Apud.: Mo ales Ma ín, 1987: 169 ). 28 Miguel Ríos Moza con on aba con sus obligaciones de o e o. Fijos los ojos en el cuello de su peón ... pensaba ... que él e a el o e o y que no enía más emedio que pone se delan e del o o en o o si io donde la esponsabilidad, no el miedo, iba, de nue o, a ce ca lo. En onces le e a posible i i in ensamen e un amo -pasión, según lo concep uaba S endhal, al cual, años después, leyó. Su inclinación ciega, en aquel momen o, e a lo que se llamaba, en on- ces, "una niña bien", una seño i a de la al a sociedad, de las ab icadas en se ie, eple a de abu idas i~udes, una p o agonis a habi ual de juegos lo ales, de ies as bené icas; una de esas dami- as que es án siemp e p esen es en los "ecos de sociedad" de la p ensa local. La amilia de ella se oponía adicalmen e a sus elaciones con el o e o. Aun no se había c eado una au én ica a is oc acia del abajo a la que ho e as y o e os pudie an, po sus p opios mé i os, pe enece . Aunque ue a ya un o e o amoso daba igual. Sin emba go, el sabía que la chica -en aquella época se decía chica- le co espondía con una pasión de amo an g ande, po lo menos, como la suya. Esa misma a de había co ado o eja y iun ado plena- men e sob e el o o lidiado en la plaza de la solemne ciudad en que ella i ía. Po supues o, no se había a e ido a b inda le el o o. Sin emba go, sí había mi ado, ijamen e, hacia la localidad de la p ime a ila del palco que ella ocupaba. En el segundo o o es u o en pleni ud y no dudó un momen o de que oda su aena se había" llenado de la p esencia de la muje deseada. Y a iba comp obando lo que después decla a ía con i meza: -«Mis mejo es aenas siemp e las hice cuando es aba encelado con una muje ». Algo comple amen e en con a del pu i a ismo desmesu a- do que se impond ían, años después, los o e os como p emisa 29 Un hon ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e necesa ia pa a sus e íme os iun os ca en es de in ensidad, au- sen es de con inuidad. Él ue el p ime o en decla a que gozaba de e dade os o gasmos cuando el o o le ozaba al o ea de mule a. Muchos años más a de, cuando alguien, un compañe o, quiso copia le su inquie an e a i mación no hizo sino cae en el idículo pues o que cuando él aludía a aque- llos p esun os e e ismos que decía expe imen a en la culminación de sus aenas, en ealidad, lo que se e e ía e a a una pa icula disposición de ánimo en su espí i u. Acabada la co i- da, desde el ho el, acu- dió a una bodega, donde se celeb aba una ecep- ción pa a en ega le el p emio po su ac uación en la e ia del año an e- io . Apa ca on el coche, en el que iban ambién sus homb es, jun o al local pa a asis i al ac o con la in ención de, desde allí mismo, sali pa a la co ida que se -.· Wl kU'.,.'L Fig. nº 8.- Ma ínez de León: Belmon e dando u11 pa~c: de pecho (Apud.: Cossio, 1971: IV, 967). celeb aba, al día siguien e, en o a ciudad. 30 Miguel Ríos Moza Aquello es aba sua emen e bien. Gozaba de una mayo dis ensión que en o as ocasiones simila es donde se en en aba al a o comuni a io. Ella ino hacia él. Y, poco a poco, el ma ado hablándole, sin deja po eso de hace lo con unos y con o os, pudo i sepa ando su amo -pasión del cen o del es ejo. Se encon a on de epen e p o egidos po unas g andes bo as de ino que se hallaban bien apiladas en un incón. En ese momen o, sin un po qué, sin una palab a que uese mágica o ulga , simple- men e po eni así, ambos se besa on con una pasión ené ica, en un boca a boca p o undo que no e a pa a esuci a los, como se hace aho a, sino pa a uni los mas en la p opia ida. Sólo segundos o quizás minu os -¿quién sabe?- pudo du a aquel ab azo po que el iel Calde ón se ace có y ocándole al maes o en el homb o, con la mayo disc eción, con ca iño que no con ep oche, equi ió su a ención: «Vamos -le dijo- que mañana hay que o ea o a ez». Cuando se ompió el beso, y se sepa a on, él u o la ex- aña sensación de sen i que, ambién y a la ez, se le iba la ida de ella. Su gen e es aba ya ue a del local espe ando, al ededo del coche, pa a pa i . Ya habían cenado. No se podía pa a . La ciudad donde enían que o ea al día siguien e no es aba ce cana. Había que iaja oda la noche. No se podía do mi . Mien as el au omó il odaba, po la oscu idad de la noche, a aído po el haz luminoso de sus a os, el maes o sen ado en su si io, apoyado en el quicio de la en anilla, dejaba aga la men e mien as man enía ija la mi ada en el cogo e de su iejo colabo ado . Casi a la amanecida llegaban a la pue a del e us o ho el. Así que, sin más p eámbulos, sin pé didas de iempo, como siemp e, se di igió a la cama. Sabía que en onces, como an as 31 Un hon ana sin jóndo . Hwnanismo en Juan Belmon e eces, se do mi ía p o undamen e has a que lo despe asen dos ho as an es de Ja co ida. Fi g. nº 9.- Bel mon e pe ilándose pa a ma a , Valencia, l 92 J 32 Miguel Ríos Mo za Así ue. Du mió has a que su mozo de es oques lo des- pe ó ocándole en el homb o, de la misma mane a que Calde ón lo había hecho, el día an e io , en Ja bodega. El mozo le dijo: -«¡Ya es ho a, maes o!». Se despe ó sob esal ado. En el sueño, in e umpido, aunque seguía besando p o un- damen e a su amo -pasión ella se le escapaba de la boca y de Jos b azos, se le hundía en un abismo cuyo ondo no podía pe cibi . Tenía la sensación oní ica de que ya la ue za de sus b azos no pod ían impedi aquella desespe an e inme sión. Sólo su boca e a capaz de de ene el hundimien o. Solos sus labios e an, quizá, capaz de e ene la. El beso, pa a log a sos ene la, se había con- e ido en una ené gica aspi ación, en un beso-succión e ible, que no debía acaba nunca pa a que ella no caye a, no se sume - gie a, en una pé dida i epa able. Ya no exis ía in ención pasional sino únicamen e se a aba de un es ue zo gigan esco pa a impedi que ella se sumie a en aquel abismo in ini o. Sin emba go, a pesa de odo su descomunal empeño, no Jo conseguía. Cuando despe ó y ol ió en sí, ella se había ya hundido sin emedio. Dos ho as más a de, aún bajo la imp esión del sueño in- e umpido, es aba en el pa io de cuad illas de la plaza. El cielo no e a azul, como la a de an e io , sino cá deno oscu o: p econizaba o men a. Es aban dispues os, espe ando la ho a y hace el paseillo, José es ido de c ema y o o, Ignacio de celes e; él se había pues o un e no neg o con bo dados de pla a. Joseli o y Sánchez Mejías es aban se ios y sus son isas pa ecían o zadas. Se no aba, en sus semblan es y en sus ges os, Ja al a de la simple na u alidad con la que se quie e ocul a el miedo na u al de esas a des. Tal ez el día g is, al ez sus p o- pias y desasosegadas i encias de aquel momen o, le hacía ·e los así. Se lia on los capo es y obse ó, cu iosamen e, con cie o 33 Un hon ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e de enimien o, el empaque y majes ad humana con que Ignacio se liaba en el capo e de paseo: las pie nas algo abie as, la cabe~a le an ad a, la mano en su si io. Fue un ins an e, una obse ación pasaje a. José a ancó a anda con el «¡Que Dios epa a sue e!» de an as a des. Así i umpie on, los es ma ado es, en el pol o ien o uedo de la plaza de o os de una capi al si uada muy lejos del ma . .. Fig. nº 1 0 . ~ Belmon e he ido en la cab ez a po un es o qu e, Mad id, 1916 {Fo . de Baldome o. A pud.: Ma ínez No illo, 19 9 1: il. 1 09) . La co ida se ue desa ollando, pa a él, con demasiada u ina. Mien as, los de alles ex ao dina ios de José con el capo e en los qui es y las bande illas espeluznan es de Ignacio b illaban en la plaza, él pe manecía inhibido, sin la pasión, con que ein icua o ho as an es había a ollado en la o a plaza. Empezó a llo izna , olía a ie a seca de e ano mojada. El público, a ono 34 Miguel Ríos Mózo con la a de y con lo que ocu ía, es aba is ón. Los o os e an manejables, se dejaban, no plan eaban p oblemas impo an es. Sin emba go, como aplas ados po el cielo plomízo, acudían a los caballos sin aleg ía, sin pujanza. Llegados al quin o o o, sólo dos jamelgos habían mue o. Con media es ocada e minó con su úl imo o o, que e a el quin o. Se ace có a la ba e a y, mien as lo a as aban y se e escaba, escuchó algunos ibios aplausos. Había es ado bien pe o, en su in e io , se epe ía una y o a ez que es aba absolu- amen e al o de sen imien o. Y a Ignacio es aba lle ando, con el capo e, el úl imo as ado al caballo. José y él se encon aban colocados a la izquie da del picado pa a hace los co espondien es qui es. José le mi ó ijamen e de una o ma que le pa eció ex aña. Llegado su u no sólo consiguió una media e ónica que le sa is izo. Ignacio ol ió a sus bande illas mien as los dos al e nan es pe manecían a en os. Mien as Ignacio, aquel andaluz an ico de a en u a -como lo cali ica ía, después de su mue e, un poe a ambién desg aciado-, pasaba a su o o de mule a, José es aba a su lado, den o del callejón. Se apoyaban, ambos, en las ablas, con los capo es en las 'manos y las mon e as pues as: en in, es aban como había que es a , como siemp e es aban. Fue en onces cuando José lo mi ó, o a ez, ijamen e. Repi ió la misma mi ada con que , u i amen e, lo había obse a- do du an e el e cio de a as. Obse ado po Juan, des ió, a la de ensi a, la mi ada hacia su cuñado que lidiaba. Aho a, sin mi a le a los ojos, le ue hablando: - «ly!i a, no e lo hemos que ido deci has a que ma ases u segundo o o. Así lo con inimos Ignacio y yo. F;s a mañana, cuando iba a come algo, un amigo me puso una con e encia pa a habla me de esa inca que quie o comp a me, me habló de 35 Un hon ana sin ondo. Humanismo en Juan Be/mon e cómo iba el a o ¿me comp endes? pe o me añadió que esa muchacha que e gus aba, con la que es u is e aye a de, había mue o. C éeme que es oy a u lado, que e acompaño en u sen imien o». El simple es ilo u ina io de la úl ima ase, en aquel momen o, le asomb ó; se p egun ó, a sí mismo, si sen ía algo que no le había a lo ado minu os an es cuando o eaba. Des ió su mi ada del uedo y o a ez se en en ó con el ala gado os o de su amigo y compañe o de an as lidias que, es a ez, esbozó una le e son isa al encon a se con sus ojos: -«¿Como ha podido mo i an p on o, cuando aye es aba en plena ida?» Con ales palab as se p egun ó a sí mismo a la ez que lo hacía, en al o, a quien conocía, con segu idad, las ci cuns ancias del allecimien o. Simul áneamen e y con oda in ensidad g a i ó, en su in e io , el ecue do i o del sueño que había enido momen os an es de empeza la co ida. -«Po lo que me han dicho de una mane a on a. Fue muy emp ano a una cace ía de pa os que daban en la inca de su amilia. Equi ocó o quiso a ia la si uación donde es aba colocado su pues o. Dio un pa so en also y pisó el e eno pan anoso de o ma que el ango ue, poco a poco, i ando de ella, hundiéndola, has a cub i la y ahoga la. Sus compañe os de caza, que es aban apa ados los unos de los o os, cada uno en sus pues os, no pudie on ayuda la». Su men ón pe sonalísimo se p onunció mas que nunca, su ba billa a anzó, su labio· in e io quedó aún más adelan ado, su mi ada aspasaba el úl imo o o que ma aba Ignacio en el a a dece del día ... Los aplausos del público al iun o del o e o, que se exp esaban es a ez con más ue za, e an la música de ondo de su emoción con enida. Mien as an o, desga ado, se decía: 36 Miguel Ríos Moza -«¿Como puedo soña que con un beso de sal aje succión ue a a e i a que la muje amada se escapa a hacia el abismo, que se pe die a en un hon ana sin ondo?» -«¡Ella se ha hundido pa a siemp e sin que haya podido, que iendo me e la po mi boca den o de mi se , sal a la». Así pensaba mien as a a esaba, o a ez el edondel, hacia la pue a de cuad illas. José, más al o, le habíá pasado su mano po encima del homb o. Y a no llo ía pe o el olo a ie a mojada e a aho a más in enso. Y mien as eco ía el uedo, caminando hacia la pue a de cuad illas, len amen e, dejó de sabe si el olo e a a campo o a pan ano. * * * -<<A mí siemp e me han ocu ido si uaciones ex añas» Con esó a sus comensales, mien as encendía, an pa simoniosamen e como siemp e, un habano. -«Es a úl ima expe iencia debo econoce que ue alucinan e. Pe o a pesa de se an ex aña, an inquie an e, sin emba go, jamás se me había ocu ido, has a aho a, con a la. Hab éis podido comp oba que la he unido, a las o as dos an e io es, con la in ención de que econozcáis, en las es, un mismo y denso pun o de con luencia que eo en el espacio y en el iempo ¿Se á la misma cadencia que he sen ido al encende el pu o?» A odo lo la go del ela o, en con a de lo que e a su cos umb e, no había a amudeando ni una sola ez. En la mesa se hizo un la go silencio que ompió Sebas ián en un ono que es aba bien lejos de se jocoso. Mi anda dijo: 37 Un hon ana sin ondo. Humanismo en.Juan Be/mon e -«Bueno, c eo que, no hace al a se cien í ico pa a explica el sen imien o de la úl ima na ación. Cuando es u is e con ella la a de an e io e di ía que, al día siguien e, iba a una i ada de pa os y odos sabemos la di icul ad de los e enos donde se desa olla ese ipo de cace ía y los pelig os que conlle a. Po eso u has enido un ipo de sueño que suele se el habi ual cuando en la igilia an e io se ha enido la men e, una y o a ez, de o ma obsesi a, ocupada po un pensamien o dominan e». Fig. nº 11. -Ex aña composición o og á ica, a pa i de una escena de igu as de ce a, apa ece Be lm on e obse ando a Sánchez Mejías que lib a sob e el cadá e de Jose i o, el Gallo, el cual acaba de mo i en el uedo de la plaza de Tala e a de la Reina (Toledo) (Fo . de EFE. Apud.: Flane y Veille e , 1986: 44). Juan mi ó a Sebas ián con aquella son isa de escep icismo que an as eces ue cómplice de su ges iculación y, eapa eciendo su a amudea , dijo: