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Irse y volver (El tiempo del torero)

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Irse y volver (El tiempo del torero)

Author: Carrasco Aráuz, Norberto
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2000
Source: https://idus.us.es/bitstreams/41557c17-e2ce-4131-9570-55fdc9163003/download
Re is a de Es udios Tau inos
N.º 12, Se illa, 2000, págs. 137-152
IRSE Y VOLVER
(El iempo del o e o)
No be o Ca asco A aúz
a enésima uel a a los o os de Ped ín Benjumea
–23 de ma zo pasado en San Sebas ián de los
Reyes–, un ecien e co e de cole a del no ille o
Luis Ca los A anda –21 de ab il en Las Ven as–,
más la despedida de José Luis Galloso, no icia de úl ima
ho a en es e mayo pos e o en que esc ibo, han aído ac ua-
lidad a dos emas ele an es: cuándo se an los homb es de
luces de la p o esión y en qué momen o los espadas e i a-
dos deciden ol e . Ambos ex emos esul an muy signi i-
ca i os po que delimi an, en ex emo, algo an decisi o
como «el iempo de un o e o»*.
P ecisa es os pun os –abandono, eg eso– iene a se
como pone le pue as al campo. El o icio au ino compo a
una singula idad al, que no exis e au omaquia alguna capaz
de de e mina la ex ensión de su eje cicio. Es e apa ece an
a iscado y áspe o, implica an os escollos, que se ige po un
«aquí, ale odo» en que la aquilla y los aplausos enca nan
los únicos á bi os espe ados. El adiós y la uel a a los ue-
*Desg aciadamen e Ped o Benjumea alleció el 21 de no iemb e de 2000.
Séale la ie a lige a y su ecue do pe manezca en e noso os (La Redacción):
Pe o, aunque cons i uyan pa e sus ancial de la lidia
( uel o a eco da lo que dice al espec o el maes o Co o-
chano), y aunque i an la pe ipecia humana («os quedan la
ida y la mue e»), es lo cie o –comp ueba el mismo
Ge a do Diego– que es án de eg eso y que «sueños de glo-
ia, ambiciones ola on». El subal e no es á en la ampa
hacia su aniquilación dia ia. Ca ece de sus an i idad (se le
niega socialmen e): «Ya hacéis la onda en la es ela del
as o». Sólo eso.
Y po ello el poe a comienza su poema con es os es e-
mecedo es e sos que debie an i bo dados en el e no de
luces de odos y cada uno de los «peones»:
«Quie o can a a la cuad illa o denada,
la lanzade a, el apiz de la lidia,
hilos de pla a y de seda que ejen
la ama de un cua o de ho a.
Quie o exal a el hono subal e no,
sólo empeñado en lab a pedes ales...».
Quie e hace lo Ge a do Diego po un impe a i o de
jus icia; po que la ealidad social es la que, con la pupila
deso bi ada, ha is o Leopoldo de Luis:
«Ningún sol b illa en es e ado no ma e
de pasamane ía desgas ado.
Bo osamen e amos, y la pena
has a la misma sang e uel e pálida».
Tengo pa a mí que lo único que –en su caso– con o a
al subal e no es la g a i ud del maes o, que, cuando es al,
sabe lo que le adeuda y dice de él, como Ne uda de España:
«el subal e no en el co azón».
San iago A aúz de Robles
136
–como «albo o o di ino de alguna paja e a»– un ole ole de
glo ia p esagiada: «¡Ay el día que me embis a un bicho!».
Po lo mismo no p esupone algo p o isional o ad ene-
dizo, sino medula y úl imo. En é minos económicos, se
di ía que signi ica algo es uc u al, jamás coyun u al pa a el
indi iduo. Si a quienes azacanean agónicos en la cola del
escala ón –una o dos co idas al año, amén de algunos es i-
ales– y ganan su pasa como Dios quie e –una ienda, un
ba , un bingo, un alle – alguien les p egun a a en qué se ocu-
pan, esponde ían sin acilación: «Soy o e o».
1.– Y VOLVER, VOLVER, VOLVER...
Vein i és de ma zo úl imo en la plaza de San Sebas ián
de los Reyes. As ados de Ma ía Lou des Ma ín de Pé ez Tabe -
ne o pa a Ped ín Benjumea, Mo eni o de Jaén y José Luis de
los Reyes. ¿Qué pe sigue a es as al u as –45 años– el p ime o
de los ci ados, un sábado pe dido en el almanaque y en seme-
jan e compañía? Se egis a menos de media en ada, no cabe
pensa en aquilla alguna –la gene al ale 1.500 p as. lo mismo
en sol que en somb a– y los compañe os de e na –dicho con el
espe o que me ece quien se is e de luces– no cuen an, andan
desno ados en el au ino Ma de los Sa gazos1.
I se y ol e (El iempo del o e o) 139
1Bas e eco da a es e espec o que el 21 de ab il úl imo, sólo un mes des-
pués de aquella co ida, Manuel C uz, Mo eni o de Jaén, as dieciséis años b egan-
do po se igu a, se inco po ó como peón a la cuad illa de Césa Pé ez. El o o dies-
o, José Luis de Los Reyes, que omó la al e na i a el año pasado en «La Te ce a»,
no se is ió de luces desde en onces, sino de co o en con ados es i ales, como el
que le i el 9 de sep iemb e de ese año en el pueblo jienense de Cas ella .
dos no son algo eglado y conc e o –como sucede en cual-
quie p o esión en sus co espondien es es a u os labo ales –,
sino que signi ica un ema pe sonalísimo, u i singuli, en que
cada cual ac úa según le dic an las ue zas y muchas más
eces –e óneamen e– el co azón...
Los ac uales e o nos de nomb es con sole a –Ruiz
Miguel, Ojeda, Capea– alen, al ma gen del dine o, como
exclamaciones de ebeldía con a una sociedad que al
engloba a los es idos de g ana y o o en la g ey anónima
–ese desalmado squa e man de los anglosajones– los ani-
quila, los ma a, los de o a pa a siemp e. Cuando los dies-
os dese an de la ies a –como según O ega y Gasse les
sucede a los eu opeos sin misión his ó ica–, «se a lojan, se
les descoyun a el alma».
¿Qué signi ica un ma ado –pese a sus millones– pe dido
en el ye mo de lo p i ado? Nada o casi nada: ceniza al ien o,
inconsis encia, lejanía... ¿Dónde es án, pa a el g an público, los
enómenos de aye mismo? Ped és, Camino, Pue a, El Vi i,
Ángel Te uel, e c. ¿Qué pa cela de su p esen e equie e un oco
in o ma i o? Ninguna; se ue on pa a siemp e y sus as os
ac uales –«¿Qué se ízo del ey don Juan/ y los in an es de La a/
qué se izie on?»– apenas me ecen una gace illa en los medios.
Si pe i en y son algo, se á siemp e desde su pasado a ís ico,
nunca descolgados o apa ados de él.
F en e a los pon í ices máximos, pa a la opa –hos i-
gada po una in empe ie sin con a os–, se o e o supone no
abandona una ocación –aunque no uc i ique–, sino agua -
da que un o o los descub a y haga desbo da se la ep esada
o e ía que cada uno de ellos p e ende albe ga . Es desajui-
cia se de asun os mos encos y lle a po con a en la cabeza
No be o Ca asco A áuz
138
–como «albo o o di ino de alguna paja e a»– un ole ole de
glo ia p esagiada: «¡Ay el día que me embis a un bicho!».
Po lo mismo no p esupone algo p o isional o ad ene-
dizo, sino medula y úl imo. En é minos económicos, se
di ía que signi ica algo es uc u al, jamás coyun u al pa a el
indi iduo. Si a quienes azacanean agónicos en la cola del
escala ón –una o dos co idas al año, amén de algunos es i-
ales– y ganan su pasa como Dios quie e –una ienda, un
ba , un bingo, un alle – alguien les p egun a a en qué se ocu-
pan, esponde ían sin acilación: «Soy o e o».
1.– Y VOLVER, VOLVER, VOLVER...
Vein i és de ma zo úl imo en la plaza de San Sebas ián
de los Reyes. As ados de Ma ía Lou des Ma ín de Pé ez Tabe -
ne o pa a Ped ín Benjumea, Mo eni o de Jaén y José Luis de
los Reyes. ¿Qué pe sigue a es as al u as –45 años– el p ime o
de los ci ados, un sábado pe dido en el almanaque y en seme-
jan e compañía? Se egis a menos de media en ada, no cabe
pensa en aquilla alguna –la gene al ale 1.500 p as. lo mismo
en sol que en somb a– y los compañe os de e na –dicho con el
espe o que me ece quien se is e de luces– no cuen an, andan
desno ados en el au ino Ma de los Sa gazos1.
I se y ol e (El iempo del o e o) 139
1Bas e eco da a es e espec o que el 21 de ab il úl imo, sólo un mes des-
pués de aquella co ida, Manuel C uz, Mo eni o de Jaén, as dieciséis años b egan-
do po se igu a, se inco po ó como peón a la cuad illa de Césa Pé ez. El o o dies-
o, José Luis de Los Reyes, que omó la al e na i a el año pasado en «La Te ce a»,
no se is ió de luces desde en onces, sino de co o en con ados es i ales, como el
que le i el 9 de sep iemb e de ese año en el pueblo jienense de Cas ella .
dos no son algo eglado y conc e o –como sucede en cual-
quie p o esión en sus co espondien es es a u os labo ales –,
sino que signi ica un ema pe sonalísimo, u i singuli, en que
cada cual ac úa según le dic an las ue zas y muchas más
eces –e óneamen e– el co azón...
Los ac uales e o nos de nomb es con sole a –Ruiz
Miguel, Ojeda, Capea– alen, al ma gen del dine o, como
exclamaciones de ebeldía con a una sociedad que al
engloba a los es idos de g ana y o o en la g ey anónima
–ese desalmado squa e man de los anglosajones– los ani-
quila, los ma a, los de o a pa a siemp e. Cuando los dies-
os dese an de la ies a –como según O ega y Gasse les
sucede a los eu opeos sin misión his ó ica–, «se a lojan, se
les descoyun a el alma».
¿Qué signi ica un ma ado –pese a sus millones– pe dido
en el ye mo de lo p i ado? Nada o casi nada: ceniza al ien o,
inconsis encia, lejanía... ¿Dónde es án, pa a el g an público, los
enómenos de aye mismo? Ped és, Camino, Pue a, El Vi i,
Ángel Te uel, e c. ¿Qué pa cela de su p esen e equie e un oco
in o ma i o? Ninguna; se ue on pa a siemp e y sus as os
ac uales –«¿Qué se ízo del ey don Juan/ y los in an es de La a/
qué se izie on?»– apenas me ecen una gace illa en los medios.
Si pe i en y son algo, se á siemp e desde su pasado a ís ico,
nunca descolgados o apa ados de él.
F en e a los pon í ices máximos, pa a la opa –hos i-
gada po una in empe ie sin con a os–, se o e o supone no
abandona una ocación –aunque no uc i ique–, sino agua -
da que un o o los descub a y haga desbo da se la ep esada
o e ía que cada uno de ellos p e ende albe ga . Es desajui-
cia se de asun os mos encos y lle a po con a en la cabeza
No be o Ca asco A áuz
138
De seguida, a o ea . En algún ins an e se en alen ona
y uel e a aquellas o mas ague idas, oscas y e escan es
de sus comienzos. Sin emba go, le al a o icio –no anda suel-
o en la ca a del animal– y descomunales pasodobles, que en
las plazas educidas se a a ean con o eones calien es
–«¡Haz e a él, Ped o!»– lo de uel en al p esen e de un iem-
po menos bonancible, que quisie a esqui a cuan o an es.
Ma a mal y nadie lo aclama como en el 67, en que
quedó el segundo de ás de El Co dobés po co idas o ea-
das (84). Al c uza el albe o, camino del ho el, en la asamblea
de los endidos, ninguno se soli ian a –mi adas cálidas de
amigos, algunos niños lo odean, el piadoso “Toda ía se con-
se a” de un iejo– y es e a a dece ma ceño, que se le cla a
apace o en el cos ado, como un inme ecido bajonazo.
Algunos espec ado es, que du an e la lidia cuen an y no
acaban –«Tiene una inca de cien millones y no uel e po
dine o mayo men e»–, al ad e i que es a ocasión no pasa á
a las c ónicas, concluyen cla i iden es: «No es el de an es».
Se des is e en el G an P ix de Alcobendas y cuando,
ecién duchado, apa ece po el ba su ca a ien o-del-pueblo se
con as a de ambigüedad –«¿Valgo o no algo ya pa a es o?»–
como si un je oglí ico se le descabalga a po la en e.
2.– PRISIONEROS DEL AYER
Abandonemos ci cuns ancialmen e a Benjumea y ol a-
mos al ema p incipal. Es ábamos en el momen o en que las
iejas glo ias deciden –a egañadien es– colga el aje de
luces. Cuando dejan la b újula de la o e ía – aenas en el
I se y ol e (El iempo del o e o) 141
Benjumea –conseguida ya su pa cela de glo ia en el
Cossío: «Valien e a p ueba de co nadas, de o eo emocionan-
e con ibe es emendis as, muy buen es oqueado en múl i-
ples ocasiones...» no se esigna, quie e bulli oda ía en e
los nomb es que suenan. Nacido en el pueblo se illano de
He e a –1945– inició sus andanzas en 1964 y salió po la
pue a g ande de Las Ven as en sep iemb e de ese año, con
una no illada de Alonso Mo eno de la Co a, en la que co ó
es o ejas. Luego, unos años más que disc e os. T ein a y
cinco no illadas el 65, cincuen a y es el 66 y el 67 –año de
su al e na i a en Cas ellón–, su echo más al o con ochen a y
cua o co idas. Después pie de uelle: cua en a y cinco el 68,
ein a el 69, e c. En ab il del 74 se i a de espon áneo en
Se illa a un o o de Palomo y lo sancionan con dos años sin
ac ua . T as un p olongado silencio, eapa ece co ando es
o ejas en Palma de Mallo ca2. El año pasado se encie a en
A anjuez con seis o os, no ob iene el éxi o espe ado, y aho a
es e penúl imo in en o en San Sebas ián de los Reyes.
O a ez de len ejuelas en e sus con ecinos –hace
mucho que a Benjumea los habi an es de es e pueblo mad i-
leño lo ienen po uno de los suyos– y los sempi e nos incon-
dicionales que se han ace cado a «La Te ce a», ap o echan-
do un sábado sin o os en Las Ven as. En el pa io de caballos
–con ai e de co alón des a alado– o os inmo i adas con los
asis en es y son isas a con apelo, en la ho a equí oca de p o-
legómenos, cuando el espada ac úa de másca a de sí mismo,
mien as la lengua se o na de espa o, el ce eb o esbala po
geog a ías desdibujadas y las cos u as de an iguas cogidas se
ec udecen como he nias en p ima e a.
No be o Ca asco A áuz
140
2Su eapa ición en Palma ue el 3 de agos o de 1986 (No a de la Redacción).
De seguida, a o ea . En algún ins an e se en alen ona
y uel e a aquellas o mas ague idas, oscas y e escan es
de sus comienzos. Sin emba go, le al a o icio –no anda suel-
o en la ca a del animal– y descomunales pasodobles, que en
las plazas educidas se a a ean con o eones calien es
–«¡Haz e a él, Ped o!»– lo de uel en al p esen e de un iem-
po menos bonancible, que quisie a esqui a cuan o an es.
Ma a mal y nadie lo aclama como en el 67, en que
quedó el segundo de ás de El Co dobés po co idas o ea-
das (84). Al c uza el albe o, camino del ho el, en la asamblea
de los endidos, ninguno se soli ian a –mi adas cálidas de
amigos, algunos niños lo odean, el piadoso “Toda ía se con-
se a” de un iejo– y es e a a dece ma ceño, que se le cla a
apace o en el cos ado, como un inme ecido bajonazo.
Algunos espec ado es, que du an e la lidia cuen an y no
acaban –«Tiene una inca de cien millones y no uel e po
dine o mayo men e»–, al ad e i que es a ocasión no pasa á
a las c ónicas, concluyen cla i iden es: «No es el de an es».
Se des is e en el G an P ix de Alcobendas y cuando,
ecién duchado, apa ece po el ba su ca a ien o-del-pueblo se
con as a de ambigüedad –«¿Valgo o no algo ya pa a es o?»–
como si un je oglí ico se le descabalga a po la en e.
2.– PRISIONEROS DEL AYER
Abandonemos ci cuns ancialmen e a Benjumea y ol a-
mos al ema p incipal. Es ábamos en el momen o en que las
iejas glo ias deciden –a egañadien es– colga el aje de
luces. Cuando dejan la b újula de la o e ía – aenas en el
I se y ol e (El iempo del o e o) 141
Benjumea –conseguida ya su pa cela de glo ia en el
Cossío: «Valien e a p ueba de co nadas, de o eo emocionan-
e con ibe es emendis as, muy buen es oqueado en múl i-
ples ocasiones...» no se esigna, quie e bulli oda ía en e
los nomb es que suenan. Nacido en el pueblo se illano de
He e a –1945– inició sus andanzas en 1964 y salió po la
pue a g ande de Las Ven as en sep iemb e de ese año, con
una no illada de Alonso Mo eno de la Co a, en la que co ó
es o ejas. Luego, unos años más que disc e os. T ein a y
cinco no illadas el 65, cincuen a y es el 66 y el 67 –año de
su al e na i a en Cas ellón–, su echo más al o con ochen a y
cua o co idas. Después pie de uelle: cua en a y cinco el 68,
ein a el 69, e c. En ab il del 74 se i a de espon áneo en
Se illa a un o o de Palomo y lo sancionan con dos años sin
ac ua . T as un p olongado silencio, eapa ece co ando es
o ejas en Palma de Mallo ca2. El año pasado se encie a en
A anjuez con seis o os, no ob iene el éxi o espe ado, y aho a
es e penúl imo in en o en San Sebas ián de los Reyes.
O a ez de len ejuelas en e sus con ecinos –hace
mucho que a Benjumea los habi an es de es e pueblo mad i-
leño lo ienen po uno de los suyos– y los sempi e nos incon-
dicionales que se han ace cado a «La Te ce a», ap o echan-
do un sábado sin o os en Las Ven as. En el pa io de caballos
–con ai e de co alón des a alado– o os inmo i adas con los
asis en es y son isas a con apelo, en la ho a equí oca de p o-
legómenos, cuando el espada ac úa de másca a de sí mismo,
mien as la lengua se o na de espa o, el ce eb o esbala po
geog a ías desdibujadas y las cos u as de an iguas cogidas se
ec udecen como he nias en p ima e a.
No be o Ca asco A áuz
140
2Su eapa ición en Palma ue el 3 de agos o de 1986 (No a de la Redacción).

I se y ol e (El iempo del o e o) 143
No be o Ca asco A áuz
142
Fig. n.º 22.– Cas añeda, A.: Sali cada a de, óleo sob e lienzo, 32’5 x 91 cm, 1990.
I se y ol e (El iempo del o e o) 143
No be o Ca asco A áuz
142
Fig. n.º 22.– Cas añeda, A.: Sali cada a de, óleo sob e lienzo, 32’5 x 91 cm, 1990.
de o os mil in e eses humanos. Es muy e osímil, sin emba -
go, que los negocios iniciados nunca le con ie an el elie e
que le o o gó en su día el paso po la au omaquia.
Habiendo iun ado en un di ícil menes e , a a de aden-
a se en o os que apenas conoce, usando la o una y nomb a-
día que le die on los cosos. Ahí p ecisamen e adica el p oble-
ma. Cuando se es á yendo del o o hacia o os umbos, en e las
manos le queda un nomb e –Dominguín, El Vi i, Capea– del
que ni sabe ni quie e desp ende se. ¿Cómo se puede abandona
plenamen e la p o esión cuando se es á ac uando ue a de ella
–El Co dobés nunca ue Manuel Bení ez en sus emp esas, ni
Bien enida ue An onio Mejías Rapela en su negocio de au o-
mó iles– con un alias que los uedos consag a on?
Todo lo an e io esul a an e iden e que son los p o-
pios dies os quienes acaban u ilizando es a ci cuns ancia en
su p o echo. Tal es el caso de Luis Miguel González Lucas,
a quien ecien emen e la jus icia española ha econocido el
de echo de usa como apellido el amosísimo y au ino
Dominguín. El o e o de masas queda p eso en su aye , que le
de o a las en añas como a un P ome eo condenado a hu ga
siemp e en e mil sucesos p e é i os. «El o e o e e ano,
como el cazado , magní ica sus hazañas, las mejo a y, cuan-
do no hay ma e ia p ima, las in en a de cabo a abo».
3.– EL INFIERNO ES NO TOREAR
Si los g andes de la cole a se apa aban de los o os de
mala gana ¿cómo se ma chaban los modes os? Casi odos los
que han buscado el éxi o sin consegui lo, a as an luego una
I se y ol e (El iempo del o e o) 145
campo, apa ados, ien as, he ade os– la ca ed al e igida sob e
la ies a se esqueb aja y, uel os a la ci ilidad, se amus ian
como plan as sil es es en un in e nade o. El sis ema o bi al
de su ida –los homb es coexis imos en e galaxias de a ec os
e in e eses que nos gobie nan– se a asca y aga o a como un
mecanismo desajus ado.
Reco ían el mundo a mil po ho a: ho eles, palmas,
b oncas, o ejas, el nau agio de los a isos, ho as de neón y qui-
ó ano y muje es... con un p o agonismo desa o ado en las
ho as mue as del maes o3. De epen e, alguien i a del eno
de ala ma y el an ás ico ehículo se de iene en seco. F en e al
deambula po ca e e as y ae opue os, la calma chicha del
hoga , la ponde ación de lo domés ico y las ho as insípidas de
un negocio con los dine os del o o. Domingo O ega lo eco-
noció sin eu emismos: «No es ácil e i a se de los o os. Yo
mismo, desde que me e i é, odas las noches sueño que o eo».
Es un desajus e an colosal – odo lo que había sido
has a aho a su exis encia queda suspendido, cosi icado, clau-
su ado en el museo del yo– que cualquie a se esien e. ¿Qué
ep esen a una an igua igu a an e es a sociedad supe ag esi-
a y consumis a? Quien has a an eaye apo aba a e a la
sociedad, se incluye b uscamen e en la nómina de muñido es
No be o Ca asco A áuz
144
3Luis Miguel Dominguín lo dijo con cla idad: «Si las muje es no ue-
an a los o os, casi no ald ía la pena es i se de luces». Vic o iano Valencia
apo ó ambién su memo ia his ó ica: «La plaza de Cali en Colombia es de las
más pelig osas no po el piso ni el ien o. El pelig o es á en las muchachas cale-
ñas cuando mi an». Los e sos sabios del pad e Rubén Da ío –«Ca ne, celes e
ca ne de muje / a cilla dijo Hugo/ amb osía más bien...» han hil anado, desde
la sapiencia supe la i o del ins in o, muchas más «g andes aenas» que odas las
escuelas jun as de Ped o Rome o a nues os días.
de o os mil in e eses humanos. Es muy e osímil, sin emba -
go, que los negocios iniciados nunca le con ie an el elie e
que le o o gó en su día el paso po la au omaquia.
Habiendo iun ado en un di ícil menes e , a a de aden-
a se en o os que apenas conoce, usando la o una y nomb a-
día que le die on los cosos. Ahí p ecisamen e adica el p oble-
ma. Cuando se es á yendo del o o hacia o os umbos, en e las
manos le queda un nomb e –Dominguín, El Vi i, Capea– del
que ni sabe ni quie e desp ende se. ¿Cómo se puede abandona
plenamen e la p o esión cuando se es á ac uando ue a de ella
–El Co dobés nunca ue Manuel Bení ez en sus emp esas, ni
Bien enida ue An onio Mejías Rapela en su negocio de au o-
mó iles– con un alias que los uedos consag a on?
Todo lo an e io esul a an e iden e que son los p o-
pios dies os quienes acaban u ilizando es a ci cuns ancia en
su p o echo. Tal es el caso de Luis Miguel González Lucas,
a quien ecien emen e la jus icia española ha econocido el
de echo de usa como apellido el amosísimo y au ino
Dominguín. El o e o de masas queda p eso en su aye , que le
de o a las en añas como a un P ome eo condenado a hu ga
siemp e en e mil sucesos p e é i os. «El o e o e e ano,
como el cazado , magní ica sus hazañas, las mejo a y, cuan-
do no hay ma e ia p ima, las in en a de cabo a abo».
3.– EL INFIERNO ES NO TOREAR
Si los g andes de la cole a se apa aban de los o os de
mala gana ¿cómo se ma chaban los modes os? Casi odos los
que han buscado el éxi o sin consegui lo, a as an luego una
I se y ol e (El iempo del o e o) 145
campo, apa ados, ien as, he ade os– la ca ed al e igida sob e
la ies a se esqueb aja y, uel os a la ci ilidad, se amus ian
como plan as sil es es en un in e nade o. El sis ema o bi al
de su ida –los homb es coexis imos en e galaxias de a ec os
e in e eses que nos gobie nan– se a asca y aga o a como un
mecanismo desajus ado.
Reco ían el mundo a mil po ho a: ho eles, palmas,
b oncas, o ejas, el nau agio de los a isos, ho as de neón y qui-
ó ano y muje es... con un p o agonismo desa o ado en las
ho as mue as del maes o3. De epen e, alguien i a del eno
de ala ma y el an ás ico ehículo se de iene en seco. F en e al
deambula po ca e e as y ae opue os, la calma chicha del
hoga , la ponde ación de lo domés ico y las ho as insípidas de
un negocio con los dine os del o o. Domingo O ega lo eco-
noció sin eu emismos: «No es ácil e i a se de los o os. Yo
mismo, desde que me e i é, odas las noches sueño que o eo».
Es un desajus e an colosal – odo lo que había sido
has a aho a su exis encia queda suspendido, cosi icado, clau-
su ado en el museo del yo– que cualquie a se esien e. ¿Qué
ep esen a una an igua igu a an e es a sociedad supe ag esi-
a y consumis a? Quien has a an eaye apo aba a e a la
sociedad, se incluye b uscamen e en la nómina de muñido es
No be o Ca asco A áuz
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3Luis Miguel Dominguín lo dijo con cla idad: «Si las muje es no ue-
an a los o os, casi no ald ía la pena es i se de luces». Vic o iano Valencia
apo ó ambién su memo ia his ó ica: «La plaza de Cali en Colombia es de las
más pelig osas no po el piso ni el ien o. El pelig o es á en las muchachas cale-
ñas cuando mi an». Los e sos sabios del pad e Rubén Da ío –«Ca ne, celes e
ca ne de muje / a cilla dijo Hugo/ amb osía más bien...» han hil anado, desde
la sapiencia supe la i o del ins in o, muchas más «g andes aenas» que odas las
escuelas jun as de Ped o Rome o a nues os días.