OPINIÓN
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Jue es 23.08.18
IDEAL
El u is a
humillado
MANUEL VILAS
Se acaba el e ano y hab á que ha-
ce las cuen as. A e a cuán o su-
bie on las acaciones, que no ue-
on más que una semana en la pla-
ya, en un ho el de es es ellas, de bu e e
lib e, y con is as a la ía del en que pasa-
ba po de ás del edi icio y que no mos a-
ba la web, como es na u al. La gen e que
puede paga se unas acaciones es poca, y
suelen se acaciones de una semana de du-
ación. Si e aneas mal, es que i es mal.
Vi en la p ensa una es adís ica que a i ma-
ba que el 51% de los españoles ese ó sus
acaciones de es e e ano desde el o dena-
do de su pues o de abajo. Me pa ece que
esa no icia no habla mucho de nues a pa-
sión po el abajo. Leo que la media de gas-
o des inada a las acaciones es de más de
1.200 eu os po español. Es e da o siemp e
es e ible. Po que yo c eo que la mayo ía
de los españoles se gas a mucho menos, y
con la exhibición de esa ci a e ecue dan
que e es un pob e diablo.
Hay gen e que se queda en su piso y ya
es á. Al in y al cabo, u piso cues a un i-
ñón. Puedes dis u a de él en agos o. Si es-
ás de alquile , puedes desgas a más u piso,
así en abilizas mejo lo que pagas: puedes
ab i y ce a las en anas cien eces al día,
o sal a sob e el suelo es mil eces. O a
opción es e anea en la casa del pueblo, si
la ienes; e anea con u abuela, que a la
pob e le hace una g an ilusión; y baña e en
la ba anque a, si es que baja agua. Suelen
se pueblos del in e io . Po que si uese pue-
blo de cos a, u abuela se ía ica y e paga ía
unas acaciones en Venecia, y e comp a ía
un Me cedes descapo able. Los españoles
que enían casas y ie as en la cos a se hi-
cie on icos y los demás se queda on con la
uina de los campos mese a ios, llenos de
sudo , moscas y conejos.
Hay mucha gen e que se gas a el dine o
en conoce mundo. Pe o en una semana yo
c eo que es poco iempo pa a descub i Roma,
Nue a Yo k, Lond es, Pa ís o P aga. No, no
iajamos en ealidad. Comp amos paque es
u ís icos, y nos me en como si uésemos ga-
nado en a iones, ho eles, o au obuses. Las
amilias se cab ean en acaciones y los no-
iazgos se deshacen y los ma imonios se
hunden en el abismo. Po que cuando no hay
obligaciones labo ales, e dedicas odo el a o
a con empla u ida. Y puede se que no e
gus e lo que eas. No somos ciudadanos, no
somos ma idos o esposas, no somos pad es
e hijos. No somos españoles o anceses o ale-
manes o japoneses. Solo somos u is as, so-
mos millones de se es humanos a la búsque-
da de la elicidad. Y luego ienen odas las
men i as: la paella es aba pasada o cancela-
on el uelo o el ho el es aba en un polígo-
no indus ial o la excu sión po Manha an
du ó media ho a y cos ó doscien os dóla es.
Todo es ca o, de o me y angus ioso. Te hu-
millan en odas pa es. En odas pa es e o-
ban. Somos u is as, u is as humillados.
No me impo a con esa que me
emocioné hondamen e con la pe-
lícula de Basilio Ma ín Pa ino
‘Canciones pa a después de una
gue a’. Aquella mezcla de imágenes en se-
pia y en blanco y neg o, some idas al zoom
y acompasadas con himnos, canciones y co-
plas que an as eces escuché desde niño
–la adio se enseño eaba desde su al u a lle-
gando su i egula sonido monoau al a o-
dos los incones de la casa–, p oduje on en
mí sensaciones que no es del caso nomb a .
Aho a bien, si aigo es e ecue do a p opó-
si o de la elec u a que hago del p emiado
lib o de ensayo de Ma ía Rosal, ‘Poé ica de
la sumisión’, en el que abo da el es udio de
un co pus de sesen a le as de coplas popu-
la es indagando en las imágenes de muje
que p oyec an, es pa a cons a a el hecho
de que la música y la le a de las canciones
y, en ellas, las del géne o de la copla, pene-
an sin esis encia po nues os oídos p o-
ocando un u bión de emociones y sen i-
mien os nacidos del c isol donde se unden
memo ia y deseo, ejecu ándose así en cada
pe sona una cie a signi icación de las le-
as y músicas sen idas, según su memo ia
i al, educación es é ica y sen imen al y el
espacio del deseo que egula su acción. Lue-
go de escuchada la copla, queda es el a a-
eo de su melodía y al ez un ago ecue -
do de pa e de su le a donde con no esca-
sa ecuencia se ha podido ejecu a un g an
amo o desamo .
Pues bien, es e mecanismo de ecepción
que apela a una escasa pa icipación in e-
lec ual inmedia a –sen imos an es que pen-
samos–, es el que asegu a con oda p oba-
bilidad la ejecución de alo es de un modo
que puede i desde la inconsciencia y no
consciencia a la consciencia misma. Po eso,
es á bien que el cue po de las le as pasen
po el amiz del análisis y se in e p e en a
la luz de una pe spec i a eminis a que las
some a a de e minadas p uebas de esis en-
cia en elación con ideologías disc imina o-
ias de impo an e p esencia oda ía en nues-
a sociedad. Pues bien, Ma ía Rosal se ha
a e ido a e ec ua un análisis del nomb a-
do co pus cuyos esul ados pe mi en oma
conciencia de lo que cie as le as gua dan
en su ien e de caballos de T oya. Bajo una
es uc u a de sonidos y una ed de simboli-
zación y me a o ización en el cue po de sus
le as, los au o es, sépanlo o no y de mane-
a na u alizada, o ecen sus comp ensiones
de lo que supone la elación en e homb es
y muje es en un es ado de sociedad. Como
digo, ha enido que se una muje , Ma ía Ro-
sal, la que se ha a e ido a le an a le la oz
a es as coplas pa a mos a el doble juego de
las mismas y así denuncia que bajo su he -
moso aspec o se ocul a un complejo juego
de signi icaciones que, caballos de T oya,
ienen a asal a nues o desp o egido co a-
zón, asal o del que ni siquie a llegamos a e-
ne conciencia.
‘Poé ica de la sumisión’ ayuda a lee el
sen ido y signi icación sociales de esas le-
as desde los pun os de is a es é ico, ideo-
lógico y polí ico. De ahí que su au o a p e-
sen e los esul ados con un cla o o den in-
e no que la lle a a e lexiona , en su p i-
me a pa e, sob e su obje o de análisis y p o-
pósi o inal, sob e el ideal de la muje pe -
ec a y su pa , la muje mala, gene ado a
pa i de los años de la posgue a, con el a-
amien o especí ico de los ámbi os –p i a-
do y público– en que esos modelos de mu-
je desa ollan su sumisión. En la segunda,
‘Las malas lenguas’, se cen a en aspec os
del con ol que la misma ida en sociedad
gene a sob e las muje es ya i an en el ám-
bi o p i ado o público. No al a el es udio
de p ocedimien os discu si os. El alo del
lib o eside en que, as obse a el he mo-
so esul ado de los caballos de T oya, se
aden a en su cue po de palab as llenos que
ienen a madas has a los dien es.
Caballos de T oya de
canciones llenos
ANTONIO CHICHARRO
DE LA ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE GRANADA
APUNTES AL NATURAL, POR MESAMADERO
La ins alación empo al ‘El labe in o que
nos lle a a la ciencia’, abie a has a el p ó-
ximo día 31, culmina un g an e ano pa a el
Pa que de las Ciencias, consolidado como
una al e na i a de ocio y conocimien o an-
o pa a las amilias g anadinas como pa a los
isi an es de ue a. Las ci as son cla as: más
de 529.000 isi an es, y de en e ellos, más
de 130.000 en el Biodomo, con e ido en el
espacio más popula del complejo museís-
ico g anadino.
SUBE
Un g an e ano del
Pa que de las Ciencias
Una desg aciada moda se ha ins alado en e
la delincuencia que iene a G anada como es-
cena io de sus ope aciones: el asal o po la
ue za y de mad ugada a iendas de ele onía
mó il pa a apode a se de p oduc os de al a
gama y p ecio ele ado. El modus ope andi
sugie e que los ocho asal os egis ados des-
de hace un mes son ob a de la misma banda,
que no duda en asal a cen os come ciales
cuando se encuen an ce ados. Con iemos
en que los au o es caigan p on o.
Robos con iolencia en
iendas de ele onía
El labe in o del Pa que. :: A. AGUILAR
BAJA
En acaciones e
dedicas odo el a o
a con empla u ida.
Y puede se que no
e gus e lo que
eas
DE BUENAS LETRAS