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Caballos de Troya de canciones llenos

Chicharro Chamorro, Antonio

Abstract

Sobre el libro de María Rosal, Poética de la sumisión, un análisis de 60 letras de coplas españolas.

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OPINIÓN 26 Jue es 23.08.18 IDEAL El u is a humillado MANUEL VILAS Se acaba el e ano y hab á que ha- ce las cuen as. A e a cuán o su- bie on las acaciones, que no ue- on más que una semana en la pla- ya, en un ho el de es es ellas, de bu e e lib e, y con is as a la ía del en que pasa- ba po de ás del edi icio y que no mos a- ba la web, como es na u al. La gen e que puede paga se unas acaciones es poca, y suelen se acaciones de una semana de du- ación. Si e aneas mal, es que i es mal. Vi en la p ensa una es adís ica que a i ma- ba que el 51% de los españoles ese ó sus acaciones de es e e ano desde el o dena- do de su pues o de abajo. Me pa ece que esa no icia no habla mucho de nues a pa- sión po el abajo. Leo que la media de gas- o des inada a las acaciones es de más de 1.200 eu os po español. Es e da o siemp e es e ible. Po que yo c eo que la mayo ía de los españoles se gas a mucho menos, y con la exhibición de esa ci a e ecue dan que e es un pob e diablo. Hay gen e que se queda en su piso y ya es á. Al in y al cabo, u piso cues a un i- ñón. Puedes dis u a de él en agos o. Si es- ás de alquile , puedes desgas a más u piso, así en abilizas mejo lo que pagas: puedes ab i y ce a las en anas cien eces al día, o sal a sob e el suelo es mil eces. O a opción es e anea en la casa del pueblo, si la ienes; e anea con u abuela, que a la pob e le hace una g an ilusión; y baña e en la ba anque a, si es que baja agua. Suelen se pueblos del in e io . Po que si uese pue- blo de cos a, u abuela se ía ica y e paga ía unas acaciones en Venecia, y e comp a ía un Me cedes descapo able. Los españoles que enían casas y ie as en la cos a se hi- cie on icos y los demás se queda on con la uina de los campos mese a ios, llenos de sudo , moscas y conejos. Hay mucha gen e que se gas a el dine o en conoce mundo. Pe o en una semana yo c eo que es poco iempo pa a descub i Roma, Nue a Yo k, Lond es, Pa ís o P aga. No, no iajamos en ealidad. Comp amos paque es u ís icos, y nos me en como si uésemos ga- nado en a iones, ho eles, o au obuses. Las amilias se cab ean en acaciones y los no- iazgos se deshacen y los ma imonios se hunden en el abismo. Po que cuando no hay obligaciones labo ales, e dedicas odo el a o a con empla u ida. Y puede se que no e gus e lo que eas. No somos ciudadanos, no somos ma idos o esposas, no somos pad es e hijos. No somos españoles o anceses o ale- manes o japoneses. Solo somos u is as, so- mos millones de se es humanos a la búsque- da de la elicidad. Y luego ienen odas las men i as: la paella es aba pasada o cancela- on el uelo o el ho el es aba en un polígo- no indus ial o la excu sión po Manha an du ó media ho a y cos ó doscien os dóla es. Todo es ca o, de o me y angus ioso. Te hu- millan en odas pa es. En odas pa es e o- ban. Somos u is as, u is as humillados. No me impo a con esa que me emocioné hondamen e con la pe- lícula de Basilio Ma ín Pa ino ‘Canciones pa a después de una gue a’. Aquella mezcla de imágenes en se- pia y en blanco y neg o, some idas al zoom y acompasadas con himnos, canciones y co- plas que an as eces escuché desde niño –la adio se enseño eaba desde su al u a lle- gando su i egula sonido monoau al a o- dos los incones de la casa–, p oduje on en mí sensaciones que no es del caso nomb a . Aho a bien, si aigo es e ecue do a p opó- si o de la elec u a que hago del p emiado lib o de ensayo de Ma ía Rosal, ‘Poé ica de la sumisión’, en el que abo da el es udio de un co pus de sesen a le as de coplas popu- la es indagando en las imágenes de muje que p oyec an, es pa a cons a a el hecho de que la música y la le a de las canciones y, en ellas, las del géne o de la copla, pene- an sin esis encia po nues os oídos p o- ocando un u bión de emociones y sen i- mien os nacidos del c isol donde se unden memo ia y deseo, ejecu ándose así en cada pe sona una cie a signi icación de las le- as y músicas sen idas, según su memo ia i al, educación es é ica y sen imen al y el espacio del deseo que egula su acción. Lue- go de escuchada la copla, queda es el a a- eo de su melodía y al ez un ago ecue - do de pa e de su le a donde con no esca- sa ecuencia se ha podido ejecu a un g an amo o desamo . Pues bien, es e mecanismo de ecepción que apela a una escasa pa icipación in e- lec ual inmedia a –sen imos an es que pen- samos–, es el que asegu a con oda p oba- bilidad la ejecución de alo es de un modo que puede i desde la inconsciencia y no consciencia a la consciencia misma. Po eso, es á bien que el cue po de las le as pasen po el amiz del análisis y se in e p e en a la luz de una pe spec i a eminis a que las some a a de e minadas p uebas de esis en- cia en elación con ideologías disc imina o- ias de impo an e p esencia oda ía en nues- a sociedad. Pues bien, Ma ía Rosal se ha a e ido a e ec ua un análisis del nomb a- do co pus cuyos esul ados pe mi en oma conciencia de lo que cie as le as gua dan en su ien e de caballos de T oya. Bajo una es uc u a de sonidos y una ed de simboli- zación y me a o ización en el cue po de sus le as, los au o es, sépanlo o no y de mane- a na u alizada, o ecen sus comp ensiones de lo que supone la elación en e homb es y muje es en un es ado de sociedad. Como digo, ha enido que se una muje , Ma ía Ro- sal, la que se ha a e ido a le an a le la oz a es as coplas pa a mos a el doble juego de las mismas y así denuncia que bajo su he - moso aspec o se ocul a un complejo juego de signi icaciones que, caballos de T oya, ienen a asal a nues o desp o egido co a- zón, asal o del que ni siquie a llegamos a e- ne conciencia. ‘Poé ica de la sumisión’ ayuda a lee el sen ido y signi icación sociales de esas le- as desde los pun os de is a es é ico, ideo- lógico y polí ico. De ahí que su au o a p e- sen e los esul ados con un cla o o den in- e no que la lle a a e lexiona , en su p i- me a pa e, sob e su obje o de análisis y p o- pósi o inal, sob e el ideal de la muje pe - ec a y su pa , la muje mala, gene ado a pa i de los años de la posgue a, con el a- amien o especí ico de los ámbi os –p i a- do y público– en que esos modelos de mu- je desa ollan su sumisión. En la segunda, ‘Las malas lenguas’, se cen a en aspec os del con ol que la misma ida en sociedad gene a sob e las muje es ya i an en el ám- bi o p i ado o público. No al a el es udio de p ocedimien os discu si os. El alo del lib o eside en que, as obse a el he mo- so esul ado de los caballos de T oya, se aden a en su cue po de palab as llenos que ienen a madas has a los dien es. Caballos de T oya de canciones llenos ANTONIO CHICHARRO DE LA ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE GRANADA APUNTES AL NATURAL, POR MESAMADERO La ins alación empo al ‘El labe in o que nos lle a a la ciencia’, abie a has a el p ó- ximo día 31, culmina un g an e ano pa a el Pa que de las Ciencias, consolidado como una al e na i a de ocio y conocimien o an- o pa a las amilias g anadinas como pa a los isi an es de ue a. Las ci as son cla as: más de 529.000 isi an es, y de en e ellos, más de 130.000 en el Biodomo, con e ido en el espacio más popula del complejo museís- ico g anadino. SUBE Un g an e ano del Pa que de las Ciencias Una desg aciada moda se ha ins alado en e la delincuencia que iene a G anada como es- cena io de sus ope aciones: el asal o po la ue za y de mad ugada a iendas de ele onía mó il pa a apode a se de p oduc os de al a gama y p ecio ele ado. El modus ope andi sugie e que los ocho asal os egis ados des- de hace un mes son ob a de la misma banda, que no duda en asal a cen os come ciales cuando se encuen an ce ados. Con iemos en que los au o es caigan p on o. Robos con iolencia en iendas de ele onía El labe in o del Pa que. :: A. AGUILAR BAJA En acaciones e dedicas odo el a o a con empla u ida. Y puede se que no e gus e lo que eas DE BUENAS LETRAS