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Un párroco-modelo que ofrece á los de su archidiócesis el Excmo. é Ilmo. Sr. Arzobispo de Granada, en la biografía del famoso cura de Ars, en el Obispado de Belley de Francia

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Un párroco-modelo que ofrece á los de su archidiócesis el Excmo. é Ilmo. Sr. Arzobispo de Granada, en la biografía del famoso cura de Ars, en el Obispado de Belley de Francia

Author: Monzón Martín y Puente, Bienvenido, 1820-1885
Publisher: Granada : Imprenta de Jerónimo T. Alonso
Year: 1875
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/66051/1/C002008-2.pdf
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PARROCO-MODELO
QUE OFRECE Á LOS DE SU ARCHIDIÓCESIS
lL _
EL EXCMO. É ILMO.
SR. ARZOBISPO DE GRANADA,
E N L A B IO G R A F ÍA
DEL FAMOSO GURA DE A R S,
en el Obispado de Belley de F ancia.
GRANADA.—1875.
IMPRENTA DE D. JERÓNIMO ALONSO,
calle del Colegio Ca alino, nüm. l.°
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Mucho ponde an y enca ecen la sublimidad ó impo ancia del
minis e io pa oquial an o los doc o es de De echo canóni
co, como los de Teología mo al y pas o al. Mucho y muy
bueno se ha esc i o en es os úl imos iempos sob e el g ande
y saludable in lujo que eje cen los pá ocos en la amilia y en
la sociedad, así en las ciudades y illas populosas, como en
las aldeas y en los campos; pe o po mucho que se hable y
esc iba, nunca se enca ece án bas an e el mé i o y excelen
cia de un buen pá oco y la inmensa ascendencia eligiosa y
social de odas y cada una de las sag adas unciones de su ele
ado ca go pas o al.
Hemos dicho de un buen pá oco, es o es, de un pá o
co que esida ma e ial y mo almen e en su pa oquia: que
p ocu e conoce ín imamen e á odos sus elig eses; que en
el emplo y en la calle, en su casa y en la ajena, en el es
i y en el anda , en el mi a y en el habla ' en su conduc
a pública y p i ada les edi ique con su modes ia, hones idad
y buen ejemplo; que Ies alimen e con el pan de la di ina pa
lab a en los dias, modo y o ma que p esc ibe el San o Con
cilio de T en o; que les adminis e con asiduidad y cons an
cia los san os Sac amen os; p incipalmen e el de la Peni en
cia y el de la sag ada Comunión; que les aconseje en sus du
das y pe plejidades; que les consuele en sus in o unios y des-
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Mucho ponde an y enca ecen la sublimidad é impo ancia del
minis e io pa oquial an o los doc o es de De echo canóni
co, como los de Teología mo al y pas o al. Mucho y muy
bueno se ha esc i o en es os úl imos iempos sob e el g ande
y saludable in lujo que eje cen los pá ocos en la amilia y en
la sociedad, así en las ciudades y illas populosas, como en
las aldeas y en los campos; pe o po mucho que se hable y
esc iba, nunca se enca ece án bas an e el mé i o y excelen
cia /e un buen pá oco y la inmensa ascendencia eligiosa y
social de odas y cada una de las sag adas unciones de su ele
ado ca go pas o al.
Hemos dicho de un buen pá oco, es o es, de un pá o
co que esida ma e ial y mo almen e en su pa oquia: que
p ocu e conoce ín imamen e á odos sus elig eses; que en
el emplo y en la calle, en su casa y en la ajena, en el es
i y en el anda , en el mi a y en el habla ' en su conduc
a pública y p i ada les edi ique con su modes ia, hones idad
y buen ejemplo; que les alimen e con el pan de la di ina pa
lab a en los dias, modo y o ma que p esc ibe el San o Con
cilio de T en o; que les adminis e con asiduidad y cons an
cia los san os Sac amen os; p incipalmen e el de la Peni en
cia y el de la sag ada Comunión; que les aconseje en sus du
das y pe plejidades; que les consuele en sus in o unios y des-

g acias; que les soco a cuan o pueda en sus necesidades; que
ca equice é ins uya á sus hijos en la Doc ina c is iana y san
o emo de Dios; que les isi e en sus en e medades y les
sos enga y con o e en su úl ima ho a con los auxilios espi i
uales de nues a san a Religión; un pá oco, en in, que sea
diligen e y cuidadoso en llena odas y cada una de las obli
gaciones de su ca go: po que al ando a ellas, cla o es á que
no pod á eje ce en el pueblo la saludable in luencia p opia
de su sag ado minis e io, y que es e llega á á se es é il é in-
ecundo y quizás pe judicial y dañoso en muchos casos.
Po eso nues o Seño Jesuc is o, di ino Fundado
de la Iglesia y dado in isible de odos los ca gos y minis e
ios que hay en ella, conociendo mas que nadie la al ísima
misión de los pá ocos; que es os habían de se ce ca de los
pueblos la mas común y genuina ep esen ación y pe soni i
cación de su Religión san ísima, y que po ellos se habían de
epa i p incipalmen e á lodos y cada uno de los ieles los
iquísimos eso os de g acia y de e dad que ha deposi ado
en su Iglesia, ha cuidado de susci a en odos los paises y
iempos algunos pá ocos señalados en celo, i ud y san i
dad, que si iesen de es ímulo y ejempla á los demas. Y en
nues o mismo siglo XIX en que la Iglesia ca ólica nues a
Mad e es á mas necesi ada que nunca de buenos sace do es,
y sob e odo de excelen es pá ocos, nos ha susci ado uno in
compa able en la pe sona del ene able sie o de Dios Juan
Ma ía Yianney, Cu a pá oco de A s en la diócesis de Belley
de F ancia, el cual ha mue o en olo .de san idad en nues os
dias, en 44 de Agos o de 4859.
Llamado po Dios desde que se o denó de Sace do e
al minis e io pa oquial, ué p ime o nomb ado ica io ó e
nien e coadju o de un anciano pá oco, y mue o es e; se le
con i ió la pequeña elig esía de A s; y aunque su Obispo
quiso p emia su celo y sus i udes, ascendiéndole á una pa 
oquia de mas ca ego ía y ecinda io, el Seño es o bó su
aslación, po que que ía que i iese y mu iese en el cu a o
de una pequeña aldea, sin mas aspi aciones y deseos que da
glo ia á Dios, gana le almas, endi le co azones , egi bien
-4-
su pa oquia y conquis a en ella el eino de los cielos; y
que ía además que desde aquel incón de A s y en su modes
a posición de Cu a de aldea si iese de luz, de guia y de
consuelo á lodos los pá ocos de Eu opa y del mundo, y mas
especialmen e á los que Dios des ina po medio de sus legí i
mos P elados á eje ce la cu a de almas en pueblos mise a
bles y pequeños, que son la mayo pa le, y en los cuales
ob ando con de oción , suele el Seño ecompensa la al a
de con eniencias empo ales con mas paz in e io , mas an
quilidad de conciencia* con mas consuelos espi i uales, con
mas e o y u o en el minis e io, con mas libe ad de
acción y aun con mas ca iñosas mues as de conside ación y
de espe o. ¡Ah, cuán os y cuán os pá ocos hemos is o a 
epen idos y is emen e pesa osos de habe ascendido y
mejo ado de pa oquia!
___
Po lo an o c eemos hace un obsequio á nues os que
idos pá ocos con inse a en nues o Bole ín eclesiás ico una
pequeña biog a ía del amoso Cu a de A s, que hemos oma
do de un pe iódico ca ólico , y que ha sido ex ac ada al pa
ece de la ida que esc ibió en ancés M . Monnin; de un
p ecioso lib i o i ulado «.Espí i u del Cu a de A s» y aun del
p oceso incohado pa a la bea i icación de es e ene able Sie 
o de Dios, al que espe amos e algún dia acaso no lejano
en los alia es, a endiendo á lo muy a o ablemen e que ha
sido acogida su causa en Roma po el San o Pad e y po la
Sag ada Cong egación de Ri os, y á los muchos milag os
ob ados ecien emen e en su sepulc o.
Nues o ilus ado y espe able Cle o pa oquial halla á
en es a pequeña biog a ía al Sace do e ejempla y al Pá oco-
modelo que nos ha depa ado el Seño en es e siglo desdicha
do, y espe amos que auxiliado con su g acia, se es o za á en
imi a le cuan o pueda; aco dándose que es legí imo suceso en
la dignidad y en el ca go, y que debe se lo ambién en la pie
dad y celo, de aquellos ilus es y ale osos pá ocos, p imi
cias de nues o Semina io de S. Cecilio, que en la ebelión
de los mo iscos su ie on c uelísimos ma i ios po la e de
C is o en a ios pueblos de nues as Alpuja as; del ene a-
—5-
ble y enomb ado pá oco do Venias de Huelma D. F ancis
co de Velasco, amoso po su ca idad y celo, po su g ande
mo i icación y igu osas peni encias, y de o os muchos Sa
ce do es dignísimos que en dis in as épocas han hon ado y en
al ecido sob emane a el minis e io pa oquial en es e nues o
A zobispado.
G anada 5 de Ma zo de 1875.
—6-
oUeiúDo. A zobispo de G anada,
I,
PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA DEL CURA DE ARS.
E l luga y la ho a en que ino al mundo el sie o de Dios
nos ecue dan Belen y la dulce ho a de la Na i idad de Nues
o Seño Jesuc is o. Daidilly, pequeña aldea si uada á 8 ki
lóme os de Lyon, u o la dicha de posee á la amilia piado
sa y ejempla de los Vianneys. Maleo Vianney y Ma ía Belu-
se i ían modes amen e cul i ando sus ie as y p ac icando
la piedad y las i udes. Dios los ecompensó dándoles muchos
hijos, en e los que ino al mundo el 8 de Mayo de 1776 , á
las doce de la noche nues o San o (1). á quien se bau izó
con los simpá icos nomb es de Juan Ma ía. Dios, al concede 
les es e nue o hijo, quiso sin duda ecompensa les la ca idad
que ambos esposos dispensaban á cuan os pob es pisaban los
umb ales de su casa; y en e ellos u ie on la dicha de soco 
e al biena en u ado Lab e, que hoy ene amos en los al a
es, y que con su p esencia a ae ía sob e aquella casa innu
me ables bendiciones. Su mad e, sob e lodo , e a an a able
y piadosa, que aco dándose un dia de ella Juan Ma ía, cuan
do ya e a anciano, dijo es as sublimes palab as: «Me pa ece
imposible que un hijo ea á su mad e sin conmo e se y llo a .»
(1) Al llama Sanio al Cu a de A s, no p e endemos en modo algu
no p e eni la decisión de la San a Iglesia que aca amos humildemen e.
—14—
i' ulos, y el genio mili a y e oluciona io de Napoleón habia
comp endido sagazmen e la necesidad de di igi la a ención de
los anceses hacia el. ex anje o, y de p odiga en los cam
pos do ba alla de I alia aquel exceso de ene gía que supo ga
na los lau eles de la ic o ia, y da alguna paz y descanso á
su in o unada nación.
La impiedad, como siemp e, no sa is acía las conciencias,
que mas desp eocupadas y lib es de los deli ios demagógicos,
ol ían con ansiedad y anhelo á busca la e dade a elicidad
que da la posesión de la e dad y la p ác ica de los p inci
pios eligiosos. Necesi ábase pues, un Cle o lleno de uego y
en usiasmo, que indicase una ez mas el camino pa a el cic
lo, que enjugase an as lág imas y epa ase an os desas es,
que di undiese la ca idad en ez del odio, y que se pusiese al
en e de aquella egene ación social. Y en e a ias almas
p edilec as, Dios susci ó pa a ello á M. Yianney, pob e Sace 
do e, Pá oco de una humilde aldea de Lyon.
Cuando omó posesión de su cu a o, p ocu ó gana con
a abilidad y dulzu a el ca iño de sus elig eses, exho ábalos
y isi ábalos, dándoles buenos y saludables consejos; in o má
base cuidadosamen e de la salud de lodos sus indi iduos , y
de dia y noche es aba siemp e dispues o á soco e y ali ia
odas sus necesidades. P on o ob u o la bene olencia uni e 
sal , y empezó á eje ce en el pueblo aquella i esis ible in
luencia que ue siemp e en aumen o, obus ecida con sus e
le an es i udes. ¿Y cómo no habia de se asi, al e aquel
digno Sace do e de ele ada es a u a, acciones ascé icas, ojos
exp esi os, y despidiendo llamas de ca idad, pálido y dema
c ado po los ayunos, es ido con una so ana aido y con los
zapa os de suela ue e, ama illos del uso y sin embe una ?
Todos conocían su celo po la sal ación de las almas, que lo
abso bía o almen e su iempo, y aquella gene osidad sin lí
mi es que le impulsaba á desp ecia su cadá e (así llamaba á
su cue po) pa a emedia las necesidades de los pob es.
Consiguió sus p incipales iun os con la p edicación y
el con esona io. Cuando llegó á A s, muchos desús habi an
es no cumplían con el p ecep o pascual y no se conocía la e-

I p*
cuen e comunión. P edicándoles sob e la necesidad de eci
bi los San os Sac amen os, les decía; «lodos los se es de la
c eación necesi an come pa a i i , y po es o Dios les pío
po ciona plan as y á boles, mesa siemp e b!e“ pse” ,daJ d®
los animales hallan el alimen o que les con iene Cuando D'os
quiso alimen a nues as almas pa a sos ene las du an e su
pe eg inación en es e mundo , nada encon ó digno en oda
U c eación- y en onces se econcen o en si mismo, y esol o
da se Oh íl.no mia. cuál es u g andeza « » «¡ e H ¡
sus en a un Dios!» ¡Quién no c ee á oí ai b. Agua n en uno
de sus mejo es soliloquios, con su p i ilegiado alen y p
s J a L c í azón? Ta a encamina los al con esona io , les u a-
m csló (1110 de dia j de noche es aba siemp e a su disposición.
Hi osmios les dccia, no es posible comp ende la bondad de
Dios al ins i ui es e g an Sac amen o. Nunca nos hubiésemos
a e ido á pedi le es a g acia, pe o iodo lo pie io su amo , ai
i di ese d esos pob es condenados que há mucho iempo es-
an en el in ie no que un Sace do e con esa ía a los que qu ae
sen hace lo, c oéis hijos míos, que al ana alguno? 1 odos. aun
los mas culpables, di ían en oz al a sus pecados, si luc a
ccsa io y el in ie no queda la desie o.»
Pue^ bien ; nosol os enemos el iempo y los medios do
que ca ecen los condenados y es oy pe suadido que aho a g i-
lan: Maldi o Sace do e, si nunca le hubiésemos conocido,
’ d u a S ^ L s a aía á sus elig eses como el
pe ume de las do es a ae 6 las abejas, j c™ ^ °
lodo de asnéelo. Aumen ó la concu encia al Son o oac iücio,
y casi lodos comulgaban. Juzgúese, pues, cuan o aleg an
Lío s p ime os esul ados al digno Pá oco que e.ai bendi os
do Dios odos sus es ue zos y abajos Aun no se salislacc y
es ablece la Ado ación pe pé ua al San ísimo Sac amen o.
«Mi ad decia cuán bueno es el Seño , y como se acomoda a
nues a’ debilidad. A llí, y les mos aba el abe náculo, es a
(I) Espí i u del Cu a de.A s, pág. 172.
- e -
ocul o como en una cá cel, y nos dice: «No me eis; ¿qué im
po a? Pedid lo que que que áis, y os lo concede é.» Y se ex
pone sin emba go á muehos- abajos po sal a los pecado es.
Visi émosle con ecuencia; ¿á quién le al a á un cua o de
ho a pa a consola le de la ing a i ud de las c ia u as? y si lo
hacemos, nos lo eeompensa á debidamenle ( ).» M. Vianney
p ocu ó ambién eanima la de oción á la Vi gen San ísima,
y es ableció en su pa oquia la co adía del San o Rosa io.
Llegado el momen o opo uno, lleno de con ianza en la
mise ico dia di ina, condenó desde el pulpi o es abusos es
candalosos de sus elig eses. Es os e an la p o anación del Do-
mingo, una ené ica a ición al baile y la concu encia á las
abe nas. An e as ené gicas exho aciones de M. Vianney, que
á nadie o endían di ec amen e, sim emplea en sus discu sos
o o sa casmo que la mas exquisi a ca idad , las muje es de
ja on de i á los bailes, y los jó enes se ie on en la imposi
bilidad de acudi á ellos. En ano busca on un< músico que
eco iese las calles de la aldea.-«Amigo mió, le dijo el Pá 
oco, nada ag ada á Diosla p o esión queV. eje ce.»-S . Cu
a, es necesa io i i .-Sí, amigo mió; pe o ambién es nece
sa io mo i , y emo que en onces no le ag ade á V. mucho
su p o esión. Vamos á hace un a o. ¿Cuán o le dan á V. al
diaP-Vein e ancos.-Tome V. cua en a, y déjeme V. en paz.»
El músico se ma chó, y.en A s no se ol ió á baila . También
conmo ió dolo osamen e á M. Vianney la p o anación del dia
es i o, cuyo mó il e a una codicia excesi a, pe o subía al púl-
pi o ylesdecia:: «T abajo pe dido: hé aquí la en e medad,
la empes ad, el g anizo; Dios puede, cuando quie e, enga 
se, po que no hay nadie mas ue e que El. Conozco dos me
dios segu os pa a se pob e; y son: abaja los Domingos y
loma los bienes ajenos (2).
Quedábale solo el deseo de que se ce asen las dos abe 
nas que habia en la aldea, y con su dulce pe suasión lo con-
(1) Espí i u del Cu a de A s, pág. 128.
(2) Espí i u del Cu a de A s, pág. 97.
siguió de los p opicíanos. Enlonces A s ue modelo de e o ,
Y "con ajo ales hábi os de piedad, que desde el amanece
has a ho a muy a anzada de la noche el san o Cu a no eía
un solo ins an e desocupada la Iglesia, y pasaba muchas ho
as en el con esona io, ó dando la Comunión. A la una de la
a de les enseñaba el ca ecismo, al que aíluian muchísimos o
as e os. So can aban después íspe as y comple as, se eza
ba el Rosa io , y al anochece p edicaba aquellos se mones
que hoy leen con a idez y en usiasmo muchos c is ianos.
M. Vianney no podia pe manece indi e en e an e la po
b eza de su iglesia: acudió á la o ación, y p onlo u o abun
dan es limosnas, sob e odo del izconde de A s, que le pe 
mi ie on pone un abe náculo nue o de b once y hace cons
ui cua o capillas: la p ime a á S. Juan Bau is a, la segun
da á S a. Filomena, á quien a ibuía los milag os que Dios
ob aba po él; la e ce a al Ecce Homo, su g an ecu so con
a los pecado es, y la cua a á los San os Angeles, á los que
u o mucha de oción.
No sa is echo aun, es ableció la ob a de las Misiones, y
acudió con odas sus ue zas y con su coope ación pe sonal á
los Pá ocos que las p edicaban: imposible pa ecía que pudie
se a ende á an as cosas sin descuida su elig esía: así es
que sus supe io es eclesiás icos p onlo supie on sus eminen es
i udes, y de e mina on nomb a le Pá oco de Salles, impo 
an e aldea do Beaujolais. Obedeció el sie o de Dios; pe o
sob e ino una ue e a enida del Saone, y llenos de a licción
los habi an es de A s, nomb a on una comisión que ué bien
ecibida en Lyon. Re ocóse la o den, y el sie o de Dios con
inuó eje ciendo su e angélica misión.
M. Vianney había is o en e los pob es á quienes soco 
ía con abundan es limosnas muchas jo encilas hué anas, ó
abandonadas po sus amilias, y mo ido á compasión, empleo
20.000 ancos, eslo de sus bienes, en comp a una casa,
donde auxiliado po dos ó es piadosas seño as, undó un
asilo pa a ellas, que llamó de la P o idencia. Fallá onle los
ecu sos muchas eces, y con he oica e in ocaba el a o di
ino, me eciendo soco os milag osos, que p esencia on mu-
5
- 1 8 -
chos es igos. En es a sania casa pudo ecibi has a 80 aco
gidas, que después de ecibi una ins ucción sólida y c is-
liana, ue on algunas eligiosas, o as excelen es c iadas y mu
chas buenas mad es de amilia. Todos es os p odigios de ce
lo no los hacia el san o Pá oco, descuidando el negocio de
su p opia sal ación.
Su mo i icación y peni encia e an an g andes, que co ma
solo un poco de pan y seis ó sie e pa a as cocidas, du miendo
sob e un mise o je gón. Rugía el in ie no an e a ón de an
eminen e san idad, y le pe siguió du an e algún iempo con
uidos ex ao dina ios á desho a déla noche, impidiéndole el
co o descanso que concedía á su agobiado cue po, molli i
cándole además con la penosísima ibulación que expe imen ó
de pa le de Sace do es y segla es que le calumniaban y a i
buían á escándalo sus po en osas con e siones. La C uz es
el pa imonio de los elegidos; y el Cu a de A s pedia cons
an emen e á Río s que le diese la aleg ía del sac i icio.
En onces M. De io, Obispo de Relley, le de endió públi
camen e, é hizo calla á los mu mu ado es, consiguiendo el
sie o de Dios que odos hiciesen jus icia á sus ec as in en
ciones, y di undiéndose mas, aunque á pesa suyo , el buen
olo de sus i udes y la ama de su ac isolada san idad.
Su ida e a an labo iosa, que su na u aleza, debili ada
con los ayunos se esin ió, y el o de Mayo de 1845 cayó
g a emen e en e mo. Los médicos que le asis ie on pe die
on oda espe anza de cu ación, y pa a no ala ma á la po
blación, se decidió adminis a le los úl imos Sac amen os sin
oca las campanas. M. Vianney se opuso á ello, y al loque
p ime o de la campana acudió una mul i ud nume osa de pue
blo, que llo aba al sabe la c i ica si uación de su ene able
Pas o . El Seño aun le ese aba pa a su mayo glo ia, y
po in e cesión de San a Filomena le concedió la salud, le-
me oso de los juicios de Dios, in en ó después dos ó es e
ces e i a se ocul amen e del cu a o, y pasa en soledad el
es o de sus dias; pe o el amo de sus " elig eses y su g an ca
idad le decidie on al in á pe manece en A s.
En 18‘23, época en que el sie o de Dios undó la ob a
— 19—
de las Misiones, comenzó la pe eg inación á A s, siendo al la
a luencia de o as e os, que en 1858 los ómnibus que es aban
en co espondencia con la es ación de Villa anca y los apo es
del Saona aspo a on mas de 80.000 pe sonas del Del ina-
do, Langüedoc, P o enza, Bo goña, F anco Condado, la Al-
sacia, Lo ena, B e aña, Saboya, Bélgica, Ingla e a, Alema
nia y o os países. En e ellas había de odas clases y condi
ciones, icos y pob es, ciegos, so dos, cojos, epilép icos y en
demoniados, que enían de cien o y de doscien as leguas pa
a pedi al San o la cu ación de sus almas y de sus cue pos.
No había casas bas an es á da albe gue á an as gen es que
se eían obligadas á pasa muchas ho as, en el p esbi e io,
en la iglesia y en sus al ededo es, espe ando un igo oso u 
no pa a con esa se ú oi al digno Pá oco. No bien ayaba el
alba, acudía á la iglesia, celeb aba la Misa, y pasaba al con e
sona io, en donde pe manecía diez y seis ó diez y ocho ho as
odos los dias.
Toda desc ipción es pálida an e la ealidad del admi able
cuad o que p esen aba á la is a del iaje o la aldea de A s,
siemp e llena de pe eg inos; y cuando ace aba á pasa el e
ne able M. Vianne bendiciendo y mi ando con dulzu a á los
que llamaba sus amados hijos, no e a posible ol ida su pe 
sona siemp e es ida con sob epelliz, ex ao dina iamen e de
mac ada, y que pa ecía despedi llamas de a dien e ca idad-
En onces se es emecía, y decía: «¿Se necesi a eni a A s pa
a conoce lo que es el pecado? ¡Ah! solo podemos llo a y
o a .» Todos se e i aban después pací icos y con en os, sin
pode ol ida nunca las imp esiones dulces de su iaje á A s.
E, poco iempo de que podia dispone despachaba la muchísi
ma co espondencia que ecibía de a ios pun os del globo.
Consul á onle los A zobispos y Obispos de Lyon, do Aix, O -
leans, Annecy, Dijon, Valonee, Aulun, e c., pe o sumamen e
modes o bacía quema es os p eciosos au óg a os que maní,
leslan el pode y la in luencia de su san a ida.

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III,
HEROICAS VIRTUDES Y PRECIOSA M UERTE
DEL CURA DE ARS.
¡ Vianney poseía en g ado eminen e las i udes eologales,
que cons i uyen la esencia de la san idad. Hablaba de los sa
g ados mis e ios de la Religión con al e, que no pa eció si
no que los con emplaba y eia sin e los. Vi ia como el jus
o, de la e, y con ella ob ó es upendos milag os, según lo
p ueban mas de docion as mule as colgadas en las pa edes de
la capilla de San a Geno e a. Los San os son an amados de
Dios, que hacen de Dios lo que quie en; y así decía el sie o
de Dios, «que un alma pu a lodo lo alcanza del Cielo.» La e
hace milag os; y cuando exis e en un co azón san o, con ie 
e, como M. Vianney, los pecado es po milla es. Con esó
dia iamen e mas de cien pe sonas du an e los ein a años que
hubo pe eg inaciones en A s, u o inmenso de su e, que el
demonio le i upe aba, diciéndole que habia lle ado a Dios
mas de ochen a mil almas. Fundaba su espe anza c is iana en
los mé i os de Jesuc is o, de la Vi gen y de los San os, acom
pañándola de la o ación y de la con emplación. E a muy de
o o de la Pasión del Seño , de la San ísima Vi gen y de las
Animas bendi as del Pu ga o io. El Co azón de la Vi gen San
ísima, decia, es lodo mise ico dia, y solo desea hace nos di-
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diosos. Bas a in oca la pa a se oidos. Siendo mediane a con
su di ino Hijo , ama y se compadece de los pecado es, como
una buena mad e ama al hijo mas débil y desg aciado. Su ben
di o co azón es un abismo de amo , jun o al cual son hielo
los de odas las mad es del mundo.» Muy de o o de S. José,
le p oponía como modelo de Sace do es. «¡Oh! decía con los
ojos anegados en lág imas: el Pad e E e no nos con ia á los
Sace do es su di ino Hijo, como lo con ió al Pa ia ca. ¡Qué
dignidad hay que se asemeje á la sace do al!
G ande e a ambién su amo á la San ísima T inidad.
Bajaba un dia del pulpi o, después de habe hablado con su
ma elocuencia sob e el Espí i u San o , cuando uno de sus
oyen es, el Pad e Laco dai e, le siguió has a la sac is ía, y le
dijo: «Seño Cu a, me ha dado V. á conoce hoy al Espí i u
San o.» Hablaba siemp e con e usión del Sag ado Co azón
de Jesús, y del amo de Dios á los homb es, no pudiendo
concebi la ing a i ud de las c ia u as con su bené ico Au o .
Sus palab as, mas dulces que la miel, salían de sus labios pu
i icadas po la o ación, lle ando á sus oyen es la pe suasión
y la necesidad de p ac ica la i lud. Pe o su pasión domi
nan e e a la con e sión de los pecado es y el seco e á los
pob es, que conside aba sé es p i ilegiados. Se complacía en
nomb a á S. Beni o Lab e, que pidiendo limosna, hizo la
olun ad de Dios, a ayéndose los insul os y desp ecio del
mundo, sin hace en su de ensa mas que calla . Soco ía a los
necesi ados con limosnas abundan es; y causa admi ación que
siendo an pob e, haya podido emplea doscien os mil an
cos en la ob a de las misiones y cua en a mil en ani e sa ios
de Misas.
Dios concede el don de la humildad según la san idad
y Ia misión que han de eje ce sus p edilec os. En el Cu a
de A s la humildad ué an p o unda, que Dios du an e 18
meses le dió á conoce su p opia nada, cuya is a le inspi aba
al desalien o , que pidió y ob u o que se apa ase es a consi
de ación de su alma.-«La humildad , decia con encan ado a
sencillez, es como una balanza: cuan o mas desciende uno de
sus pla illos, o o an o sube el ol o.»-Su pob eza e a an
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ex emada, que i ía de limosnas y nada poseia. Un dia en ó
en su casa un Sace do e que pensaba amuebla lujosamen e
su casa, y al conside a la sencdlez de aquellos muebles, se
conmo ió, y esol ió emplea en Misas y limosnas el dine o
que á ello des inaba: «el lujo mas digno de un Pá oco, dijo,
es el de la pob eza e angélica.»
El Cu a de A s p ac icaba muchas peni encias y aus e i
dades; como ic ima po los pecado es se o ecía en holocaus
o á Dios, en unión de los mé i os de Jesuc is o. Nunca se le
ió ole una lo , bebe ue a de las comidas, aleja los in
sec os que le moles aban, apoya se es ando de odillos. Pa
saba 18 ó 20 ho as lodos los dias en el con esona io, su ien
do los ex emados íos y calo es de las es aciones del in ie 
no y del e ano. «Cuando salgo del con esona io, dijo un dia,
no puedo sos ene me sino apoyándome en las pa edes; pe o en
el cielo ya no pensa emos en es o.» A odas es as mo i ica
ciones, y á los cilicios de hie o que ceñían su cue po es e
illado p e e ia el sac i icio de la p opia olun ad : hablando
de es a di ícil i ud, decía, que si una pob e c iada de se i
supiese u iliza la bien , se ía an ag adable á Dios como una
eligiosa que obse ase bien la egla de su ins i u o. M. Vian-
ney habia conseguido ya el dominio absolu o sob e sus pasio
nes, lo que bien se conocía al e le anquilo y con en o,
asediado c impo unado siemp e po muchísimas pe sonas.
Ace cábase ya el momen o solemne en que Dios que ia
ecompensa las i udes de su sie o. La p edicación y el
con esona io habían aniquilado aquella pob e exis encia p óxi
ma á desapa ece ; su oz e a an débil que cos aba mucho
abajo oi ía, y desmayos con inuos p onos icaban dolo osa
men e que iban á conclui sus p eciosos dias sob e la ie a.
El e ano de 1859 ué en ex emo calo oso; y un dia al e
i a se M: Vianney del con esona io, se dejó cae sob e una
silla, diciendo es as palab as: «No puedo mas; c eo que se
ace ca mi mue e» (1). Con sumo abajo pudo i á su pob e
lecho, suplicando á los ci cuns an es que no me ecía la pena
de que se moles asen po él. Imposible es desc ibi la cons
ol) El Cu a de A s, pág, 122.
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emacio i gene al, no bien se supo ía g a edad del ene able
Pá oco. La iglesia u ó in adida, y se ele a on al cielo e 
o osos o os po la salud de M. Vianncy; pe o el mal ue
en aumen o, y el ma es, cua o dia de la en e medad, pidió
los San os Sac amen os. Habia en onces en A s muchísimos
Sace do es, con ocados sin duda po la P o idencia, de dió
cesis lejanas, pa a que la ce emonia sag ada uese ilas impo
nen e. Concu ie on á ella inmenso pueblo y muchísimos o
as e os. Cuando el ene able anciano ió en a en su humil
de habi ación al Rey de los eyes y Seño de los seño es, sus
ojos se a asa on de lág imas, y u o una emoción inexplica
ble. Se negó á pedi á Dios su salud , y bendijo con mano
émula odas las ob as de su apos olado. En onces en ó M.
Ijangalene, Obispo de Belley, en la alcoba del san o mo i
bundo, y le bendijo pa e nalmen e.
Al e le se son ió dulcemen e, y en el momen o en que
los Sace do es ezaban esas he mosas palab as de la Iglesia:
«Que los ángeles de Dios salgan á su encuen o, y le conduz
can á la celes ial Je usalen,» se du mió en el Seño el 4 de
Agos o de 1859 á las dos de la mañaña , odeado de a ios
Sace do es y algunos de sus amados elig eses. Celeb á onse
sus une ales con os en ación, concu iendo milla es de pe 
sonas, y p onunciando el S . Obispo de Belley la elocuen e
o ación úneb e, que me eció de oda la F ancia unánimes
elogios. El p oceso de la bea i icación del Cu a de A s ha si
do acogido a o ablemen e en Roma, y Su San idad Pió IX
se ha dignado i ma el 16 de Se iemb e de 1865 el dec e
o de e isión de los esc i os del sie o de Dios. Los milag os
ob ados ecien emen e en su glo ioso sepulc o nos hacen con
je u a que p on o se á ene ado en los alia es el digno Sa
ce do e que consag ó oda su ida al amo de Dios y del p ó
jimo, po que Dios glo i icando á sus San os se glo i ica á sí
mismo. Al conclui es os apun es bibliog á icos, pa ece na u
al pedi al Seño po in e cesión de su sie o, que no de
jemos de imi a le en la medida de nues a pequeñez, y que
nos dé San os, pa a que luzca inal e able y pu a la e dad
ca ólica, en medio de las di íciles ci cuns ancias y e ibles
p uebas que boy su e la Iglesia de Jesuc is o.