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Hacia un pasado común. El cine y la uniformizacion de la antigüedad clásica. Apuntes para su estudio

Abstract

El presente trabajo pretende ser una contribución más en el tratamiento cinematográfico que ha recibido el pasado grecorromano. Concretamente, revisa el lenguaje cinematográfico característico utilizado por el peplum, así como los episodios y personajes inmortalizados en las pantallas de cine. Para concluir subrayando el proceso de uniformización y simplificación que a través del cine ha sufrido el legado clásico europeo.

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Hacia un pasado común. El cine y la uniformizacion de la antigüedad clásica. Apuntes para su estudio

Author: Lapeña Marchena, Óscar
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2011
Source: https://ddd.uab.cat/pub/methodos/methodos_a2011n0/methodos_a2011n0a10.pdf
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HACIA UN PASADO COMÚN. EL CINE Y LA UNIFORMIZACION DE LA
ANTIGÜEDAD CLÁSICA. APUNTES PARA SU ESTUDIO.
Ósca Lapeña Ma chena.
Á ea de His o ia An igua.
Uni e sidad de Cádiz.
Resumen: El p esen e abajo p e ende se una con ibución más en el
a amien o cinema og á ico que ha ecibido el pasado g eco omano. Conc e amen e,
e isa el lenguaje cinema og á ico ca ac e ís ico u ilizado po el peplum, así como los
episodios y pe sonajes inmo alizados en las pan allas de cine. Pa a conclui
sub ayando el p oceso de uni o mización y simpli icación que a a és del cine ha
su ido el legado clásico eu opeo..
Summa y: The p esen job in ends o be one mo e con ibu ion in he
cinema og aphy p ocessing ha has ecei ed ou G eco oman passed. Conc e ely, i
e ises he cinema og aphic language cha ac e is ic u ilized by he peplum, as well as
he episodes and cha ac e es inmo alised in he sc eens. To conclude unde lining he
p ocess o uni o miza ion and simpli ica ion ha h ough he mo ies has su e ed he
classical beques Eu opean.
Desc ip o es: Cine, peplum, G ecia, Roma.
Con algo más de un siglo de his o ia a sus espaldas – aunque al ez
pod íamos e asa es a echa si enemos en cuen a los an eceden es inmedia os del
cinema óg a o -, puede pa ece excesi o sub aya la impo ancia del cine en cuan o
medio de di usión de masas, que es capaz de u iliza a guisa de ma e ia p ima, an o la
más desbocada an asía como la p obada e dad his ó ica. En e sus muchos log os
cul u ales es á sin duda, la popula ización del pasado, o si se p e ie e, la
come cialización de unas épocas y unos pe sonajes a ni eles masi os (indus iales), a
los cuales muy di ícilmen e hubie an llegado los cí culos cien í icos. Las oscu as salas
de cine han sido pa a algunas gene aciones de espec ado es unas singula es aulas de
his o ia en donde se al e naban Billy el niño, Ta zán, Cleopa a, el Co sa io Neg o y Al
Capone. Como los gángs e s y los aque os, ambién los omanos se han hecho con
un luga en el imagina io colec i o de unas gene aciones que accedie on al
conocimien o his ó ico a a és de la piza a del celuloide. Unos omanos, eso sí, muy
peculia es, que englobaban po igual a los o zudos hé oes que se codeaban con
dioses enga i os y diosas apasionadas, a los e oces legiona ios con plume o en la
cabeza incluido, a muje es siemp e medio desnudas pa a solaz del público masculino
y a una ci ilización, en esumen, que se ca ac e izaba po la ausencia casi absolu a de
los pan alones, un mundo de pie nas desnudas, de únicas a medio muslo, de
ingenuas aldi as de uelo: en de ini i a, el uni e so peplum en oda su ex ensión.
Aunque hay oces que yendo más allá de es a simple exposición anecdó ica,
se han ap esu ado a si ua nos an e una nue a enc ucijada que nos plan ea el e o de
2
abandona nues a cul u a de la palab a po o a de la imagen que que ámoslo o no,
se a ins alando en nues as idas de un modo i emediable. Una e olución simila a
la que sucedió hace ya algunos milenios cuando la palab a esc i a ino a sus i ui a la
adición o al. Esas mismas oces han mani es ado además, que el cine, al igual que
la palab a, es un lenguaje más o un canal – con sus limi aciones y exigencias -, a
a és del cual se puede hace his o ia 1. Semejan e deba e no hace excesi o iempo
que ha llegado a nues o país, poniendo sob e la mesa una discusión que más allá de
las áciles adhesiones o los ápidos desp ecios, me ece se discu ida con oda
se iedad 2.
Es amos pues, en e a un medio de comunicación ado nado de múl iples y
a iadas i udes que nos mues an los bene icios de su u ilización acional. Pe o al
ma gen de es as conside aciones, debemos de ene nos aunque sea sólo un ins an e y
e lexiona ace ca de la mane a en que la indus ia del cine ha ido popula izando el
pasado, y en el caso que más nos in e esa, el Mundo An iguo. Independien emen e
de la calidad es ic amen e cinema og á ica de las p oducciones (algo que el
his o iado no debe empecina se en juzga ), lo cie o es que el cine ha seleccionado
algunos episodios y pe sonajes del pasado clásico; una selección, epe imos, que ha
acabado po concede el p emio de la pos e idad y la popula idad masi a a algunos de
esos mismos episodios, mien as ha condenado a o os, a muchos o os, al ol ido.
Que emos ap o echa es as páginas pa a indaga un poco más en los c i e ios
que el cine ha u ilizado pa a lle a a cabo semejan e p oceso selec i o. Siemp e
cen ándonos, eso sí, en lo que se e ie e a la his o ia de G ecia y de Roma. Y aunque
se pueden maneja muy di e sos c i e ios, noso os cen a emos nues a a ención en
dos de ellos. Po un lado, el lenguaje que el cine ha usado pa a pone en imágenes el
pasado; y po o o, los episodios abo dados po la indus ia cinema og á ica, los
pe sonajes y los acon ecimien os que han me ecido el p emio de encon a un luga en
la memo ia colec i a.
Se ía necesa io es ablece con una mínima p ecisión cual a a se nues o
campo de es udio. El e mino ancés peplum, que equi ald ía a nues a exp esión
coloquial de película de omanos, desc ibe en sen ido p eciso al conjun o de
p oducciones ealizadas en e mediados de la década de los años cincuen a y mi ad
de los años sesen a que se ambien aban en la An igüedad clásica. Aunque ya
pod íamos ad e i que en un buen nume o de ocasiones la An igüedad que
mos aban las pan allas e a un e e en e ambiguo y a la ez amplio, en donde enían
cabida múl iples pueblos y sociedades. Aunque po ex ensión englobamos ambién
den o del é mino peplum a la o alidad de cin as que cen an su in e és en el Mundo
An iguo, independien emen e de su año de ealización 3; admi iendo an o a los
balbuceos iniciales de la indus ia cinema og á ica, como a los úl imos y más ecien es
es enos 4.
Muchas de las películas a las que hacemos e e encia son simples p oduc os
elabo ados en se ie, las más de las eces en Eu opa – en donde los sala ios de los
igu an es y los cos es de p oducción son más bajos, y las posibilidades de bene icio
mayo -, y inanciadas con capi al ame icano en égimen de cop oducciones. Del o o
1 C . ROSENSTONE, R. A. “His o y in Images/His o y in Wo ds: Re lec ions on he Possibili y o
Really Pu ing His o y on o Film”, en AHR, XCIII, 5, 1988, 1173 – 1185, p. 1180 - 1182. C .
ROSENSTONE, R. A. El pasado en imágenes. El desa ío del cine a nues a idea de la his o ia.
Ba celona 1997, p. 27 - 29.
2 C . UROZ, J. (Ed), His o ia y Cine. Uni e sidad de Alican e, 1999, p. 9.
3 Los ame icanos u ilizan pa a de ini a es e géne o el é mino epic; es as películas, que man ienen una
e iden e y emp ana in luencia de las cin as i alianas, man u ie on, eso sí, algunas ca ac e ís icas p opias,
como ue on la apues a po ac o es de mayo enjundia y de unos p esupues os más ele ados. C .
ELLEY, D. The Epic. Film, My h and His o y, Lond es 1984, p. 21.
4 No sólo “Gladia o ” (R. Sco ; USA 2000), sino ambién “A ila”, una se ie de ele isión b i ánica y
“D uids” (J. Do mann; F ancia – Canadá 2001), que na a las gue as en e el galo Ve cinge o ix y Julio
Césa . Fo og amas, nº 1890, ab il 2001, p. 66 y 190.
3
lado del A lán ico ambién acudía, en ocasiones, alguna que o a es ella más o menos
apagada pa a anima las aquillas con su p esencia. Es a e apa de p oducciones en
se ie coincide en el iempo con los años de la du a econs ucción eu opea as la
Segunda Gue a Mundial y con la llegada de la ayuda no eame icana. El Plan
Ma shall, la leche en pol o, y las chocola inas coincide, en la pan alla, con el o zudo
Hé cules, con la dep a ada Roma que siemp e acaba su iendo un cas igo y con la
apa ición del c is ianismo eden o .
Las de iniciones más o odoxas le conceden al peplum un luga en e lo
pu amen e an ás ico y la econs ucción his ó ica: una película de a en u as adap ada
a unos hechos his ó icos 5. Pe mi iéndose una se ie de licencias - algunas de ellas
e dade amen e singula es -, que ace quen el ela o al espec ado , el peplum busca
conmo e al público, pe o nunca o ece le una econs ucción e osímil de lo ocu ido
6. El cine de omanos e oca la An igüedad, en pa icula la clásica, sin pe de nunca
su libe ad de in ención. Y sin ene muy en cuen a la e dad his ó ica, se nu e de
odos los elemen os eligiosos e his ó icos de las di e sas cul u as del mundo an iguo
pa a ein en a se una epopeya de ca ác e mí ico que econs uye - a la mane a de un
caleiodoscopio -, el nacimien o de Occiden e 7. El peplum, po lo an o, mues a una
his o ia idealizada y eacciona ia, adap ada a las necesidades de sus hé oes y de sus
espec ado es.
La p incipal ca ac e ís ica de odas es as ep esen aciones del pasado es que
lo mues an de una mane a adicalmen e maniquea 8. En el mundo popula izado po
las películas no hay luga pa a los é minos medios. La acción se p esen a siemp e
como una lucha sin al e na i as y sin ma ices en e los se ido es del bien y los
esbi os del mal. Dicha oposición se desg ana a lo la go de la cin a en una se ie de
pequeños y cons an es en en amien os 9: de es e modo, y en e a las comunidades
c is ianas o se iles (es deci , en e a los débiles), unidas odas ellas po sólidos lazos
de amo y solida idad, apa ece la co e impe ial omana co oída po in igas y
conspi aciones in e nas que sólo pe siguen el pode y la iqueza ma e ial; los má i es
abandonados a su sue e en la a ena de los an i ea os son el e e so de la moneda
de los gladiado es aclamados po un público siemp e en e o ecido; el hé oe y con él
los buenos de la película, man ienen la ugalidad en odos los aspec os de su ida: su
mode ación es la an í esis de las ine i ables o gías y banque es paganos; la imidez y
cas idad de la he oína oscu ece el libe inaje de las empe a ices y las co esanas; a la
sencillez del es ua io, del peinado y del maquillaje de aquélla se con aponen los
5 C . GONZALES, A. Images e Imaginai es. Cinema e His oi e au se ice d´une “neo-my hologie”.
Uni e sidad de Lille 1993 ( esis inédi a), p. 133.
6 Resul a e iden e que ninguna película sob e la An igüedad o ece una econs ucción his ó ica iel. C .
BERTELLI, S. I co sa ii del empo. Gli e o i e gli o o i dei ilm s o ici. Flo encia 1995. Pe o del
mismo modo c eemos que el es udio de las elaciones en e el cine y la his o ia deben i mucho más allá
de la simple búsqueda de gazapos o de e o es de bul o que apa ecen en las películas his ó icas. Un
película, como un lib o, no es la His o ia.
7 C . GARREL, A. “Le péplum”, en Re ue du Cinema, CCCV, 1976, 33 – 45, p. 34. C . ATTOLINI,
V. Il Cinema, en Lo Spazio Le e a io di Roma An ica. Padua 1991, Vol. IV. 431 – 493, p. 455.
GONZALES, A. O. c. (1993), p. 252.
8 El maniqueismo, a unos ni eles muy básicos, se ad ie e en una p ác ica común al cine ame icano,
como es la de adjudica el papel de mal ados y op eso es a ac o es ingleses, mien as los es adounidenses
asumen siemp e el ol de op imidos y de luchado es po la libe ad. Ejemplos de ello los encon amos en
“Sign o he C oss”(C. B. De Mille, 1934) , “Quo Vadis” (M. Le Roy, 1951), “Spa acus” (S. Kub ick,
1960), “The Las Temp a ion o Ch is ” (M. Sco sese, 1988), o en “The An agonis ” (B. Sagd; 1981).
ATTOLINI, V. O. c. p. 463. C . McDONALD FRASER , G. The Hollywood his o y o he wo ld.
Lond es 1988, p. 6. C . WYKE, M. P ojec ing he Pas . Ancien Rome, Cinema and His o y. Nue a
Yo k - Lond es 1997, p. 23, 133 y 139. C . MALONE, P. “Jesús en nues as pan allas”, en J. MAY,
(Ed). La Nue a Imagen del Cine Religioso. Uni e sidad Pon i icia de Salamanca 1998, 95 – 113, p. 110.
ELLEY, D. O. c. P. 121.
9 C . GONZALES, A. “La esque e l´impos u e. Le peplum: un gen e cinéma og aphique qui se déba
en e His oi e e Imaginai e”, en Melanges Pie e Lé êque. Vol. 5, Pa ís 1990, 133 – 160, p. 149.
4
es idos sun uosos, las gasas y las anspa encias, los izos excesi os y las pelucas
ba ocas de las segundas. Y la glo iosa apo eosis y consag ación de los hé oes
coincide con la des ucción - espi i ual y ma e ial -, de los op eso es. En el uni e so
del celuloide los buenos nunca eluden las acciones ni los comba es di ec os -
ma i ios, duelos -, mien as que los illanos se alen de cons an es es a agemas y
sub e ugios pa a log a el amo - g acias a il os y pócimas mágicas -, o pa a
p o oca la uina y la mue e de su ad e sa io.
Jun o al maniqueismo camina la p esen ación de los pe sonajes como si ue an
a que ipos 10. Todos ellos siguen moldes simila es, cuando no idén icos. El aspec o
ísico juega un papel undamen al a la ho a de que el público econozca sin ningún
p oblema a los pe sonajes. En el peplum las ca ac e ís icas mo ales ienen de inidas
po la apa iencia ex e na 11. Los hé oes siemp e se án jó enes, bellos y de cue pos
musculosos 12. Al lado de los hé oes, y pa a ado na su ue za con unas go as de
as ucia, siemp e ma cha á un niño o un píca o que esuci e el espí i u del iejo
Sancho. A los aido es y i anos los dela a án los mo imien os cau os y end án el
cabello y la ba ba neg a. Las he oínas, gene almen e c is ianas, ende án a se ubias
y a es i se y a peina se con eca o (sal o en el momen o culminan e del ma i io, en el
que la desnudez - en la medida de lo posible -, esplandezca en oda su belleza); y
se án decen es e ingenuas, amén de e se siemp e pe seguidas y sal adas po el
hé oe en el úl imo ins an e. Mien as que las pé idas paganas es a án odo el iempo
cul i ando su lasci ia dispues as a seduci a los homb es - ecué dese a
Popea/Claude e Colbe omando baños de leche de bu a (“Cleopa a”; C.B. DeMille;
USA 1934); y son al ane as, a is oc á icas y lucen ba ocos maquillajes 13. En la
in iga siemp e i aliza án dos muje es - una pagana y o a c is iana -, po el amo del
hé oe, que acaba eligiendo los encan os e dade os de la segunda 14.
De idén ico modo, los colo es es ablecen de o ma me idiana una dis inción
inmedia a 15: el blanco es el colo de los buenos, de los má i es y los hé oes, y el
neg o y ambién el ojo son los onos indiscu ibles que ado nan la maldad. (El i o de
caballos neg os del omano Messala en e a los cua os caballos blancos de Ben Hu ;
“Ben Hu ”; W. Wyle ; USA 1956).
Además de que, po supues o, el cine ha di undido una imagen de la
An igüedad en la que el colo blanco de los edi icios y las es imen as ciega con su
also esplendo la e dade a ealidad; en ese sen ido, las películas siguen a pies
jun illas la iconog a ía del neoclasicismo dieciochesco, que pin ó de blanco el pasado
ocul ando una ealidad so p enden emen e políc oma 16.
Si el código de signos, el lenguaje isual al que ecu en es as películas se
epi e de mane a incesan e, o o an o podemos deci con espec o a su es uc u a, al
i mo na a i o y a la a iculación de la acción. La exigencia de ene que mos a
o zosamen e la An igüedad como si de un a ac i o espec áculo se a a a, p o oca
10 C . COLLOGNAT, A. “L´An iqui é au cinéma”, en BAGB, III, 1994, 332 – 351, p. 336 - 337.
11 C . SICLIER, J. “L´Age du Péplum”, en Cahie s du Cinema, CXXXI, 1962, 26 – 38, p. 30.
12 La exage ada muscula u a de muchos hé oes copia, y a la ez di unde, los cánones de belleza de la
escul u a i aliana enacen is a. ELLEY, D. O. c. p. 53.
13 GARREL, A. O. c. p. 36.
14 La dualidad se man iene, incluso, en pleno uni e so pagano; con, po ejemplo, odo un Hé cules
eniendo que decidi en e los dos a que ipos emeninos. “E cole e la egina di Lidia” (P. F ancisci; I alia
1959). ELLEY, D. O. c. p. 55 - 56. C . DE ESPAÑA, R. El Peplum. La An igüedad en el Cine.
Ba celona 1998, p. 109 - 111.
15 C . PÉREZ GÓMEZ, L. “El cine de omanos”, en GARCÍA GONZÁLEZ, F. & POCIÑA PÉREZ, A.
Pe i encia y ac ualidad de la cul u a clásica. G anada 1996, 235 – 261, p. 252. GONZALES, A. O. c.
(1983), p. 225. C . CHIGI, G. Come si spiegano le o une dei pepla su cui semb a che si o ni a
pun a e, en Cine o um, XVII, 2, 733 – 746, p. 738.
16 BERTELLI, S. O. c. p. 58 - 60 y 87 - 90.
5
que las cin as acaben a iculadas en o no a unas escenas núcleo 17, que son las que
mo ilizan a cien os de igu an es y mues an cien os de me os cuad ados de
deco ados. Es as escenas pe mi en espec acula es juegos de cáma a y
demos aciones de i uosismo cinema og á ico. Pe o el esul ado es que aquellas
o as escenas ca en es de acción, aquellas en las que el diálogo es el p o agonis a,
acaban po cons i ui un pesado las e pa a el i mo na a i o, condenando a la cin a al
desequilib io. Las escenas núcleo suelen coincidi con ba allas 18, escalo ian es
ca e as en el ci co, luchas de gladiado es, o banque es amenizados po sicalíp icas
danzas que suelen desemboca en la o gía de u no. Es a mane a de plan ea las
películas p o oca que al inal, las cin as de omanos epi an incansablemen e la misma
es uc u a y las mismas escenas 19, p o ocando el abu imien o y des e ando oda
posibilidad de inno ación.
La endencia a con e i lo odo en espec áculo de i a en lo que se ha dado en
llama el colosalismo: la up u a de las on e as conocidas po la imaginación; odo en
la econs ucción his ó ica iende a lo exage ado 20. La película de omanos y con ella
el pasado, se con ie e en una excusa pa a mos a unos deco ados inmensos que
acaba án pas o de las llamas o des ozados po la i a de un olcán, cas igando de ese
modo el compo amien o inmo al de sus habi an es; ingen es can idades de igu an es
que mo i án en ba allas o se hacina án oci e an es en las g adas de los ci cos.
Aunque es bien cie o que odos es os excesos isuales u ie on como p incipal mé i o
la c eación de un lenguaje exclusi amen e cinema og á ico, alejado ya de los
p és amos, las limi aciones y las se idumb es que imponía la escena ea al u
ope ís ica 21. (En ocasiones el abuso en la u ilización de igu an es podía da luga a
pa adojas, como po ejemplo, en “Alexande he G ea ” - R. Rossen; USA 1955 -, en
cuyo odaje se con ó con cua en a y cinco mil ex as, diez mil homb es más que el
e dade o ejé ci o de Alejand o) 22.
El colosalismo ambién a ec a a la apa iencia ex e na; la llegada del
CinemaScope 23 pe mi ió es i a la du ación de las cin as, una p ác ica habi ual en las
p oducciones es adounidenses. Mien as las p oducciones i alianas se man u ie on
den o de las du aciones más come ciales 24.
O a genuina seña de iden idad del peplum es la iolencia, que apa ece en la
pan alla en múl iples mani es aciones 25. Ya sea en ba allas en las que da ienda
suel a a los sen imien os pa ió icos 26, en comba es en la a ena, en enca nizadas
pe secuciones, o po mediación de los desas es na u ales. A pa i de los años
sesen a la iolencia adquie e un ono cada ez mayo y más ealis a, pe diendo cie o
oque ingenuo de an año.
17 C . HUESO, A. L. “La Roma Impe ial: his o ia y espec áculo an e odo”, en His o ia y Vida, ex a nº
58, 1990, 36 - 41, p. 39.
18 La ba alla supone la unión de la his o ia pe sonal, la his o ia polí ica y la bélica; en la ba alla se
disuel en o as conside aciones, como los aspec os ideológicos o económicos del ela o; en el comba e -
indi idual o aquel que mo iliza a g andes masas humanas -, se concen a oda la ca ga de d ama ismo y
espec acula idad de la cin a. C . MONTERDE, J. E. Cine, his o ia y enseñanza. Ba celona 1986, p. 176
- 178.
19 C . CANO, P. L. “Roma y el cine”, en Film Guía, V, ma zo 1975, 7 – 10, p. 8. GONZALES, A. O. c.
(1993),p. 232.
20 Incluidos los diálogos, que es án ca gados de un hipe d ama ismo i eal. C . SOLOMON, J. The
Ancien Wo ld in he Cinema. Yale Uni e si y 2001, p. 321.
21 C . HUESO, A. L. His o ia de los géne os cinema og á icos (I). Valladolid 1976, p. 47.
22 C . LILLO REDONET, F. El cine de omanos y su aplicación didác ica, Mad id, 1994, p. 159.
23 El CinemaScope es una écnica que pe mi e ans o ma la adicional pan alla cuad ada en o a
apaisada sin necesidad de cambia de ipo de película; una len e comp ime la imagen en el momen o de la
ilmación y luego o a la descomp ime en la p oyección. La p ime a película p esen ada o icialmen e con
el nue o sis ema ue “The Robe” (H. Kos e ; USA 1953). DE ESPAÑA, R O. c. p. 21.
24 SICLIER, J. O. c.p. 33.
25 CANO, P. L. O. c. (1975), p. 8. PÉREZ GÓMEZ, L. O. c. p. 252 - 254.
26 C . WINKLER, M. M. “Cinema and he Fall o Rome”, en TAPhA, CXXV, 1995, 135 – 154, p. 150.

6
En no pocas ocasiones la iolencia camina de la mano del e o ismo. Aquí
end ían cabida an o la gene osa exhibición de cue pos desnudos o semidesnudos de
a le as, gue e os, hé oes o gladiado es, como la no menos cons an e mues a de
ana omía emenina.
Y de idén ico modo, el e o ismo y la sensualidad apa ecen como insepa ables
de las mani es aciones iolen as 27. Las escenas de o u a y ma i io son habi uales
en un géne o que explo a el mo bo de la c is iana des alida, de la ingenua some ida a
odo ipo de o u as y a me ced de c ueles e dugos y de ex años a ilugios p opios
de un mad doc o ; el po encial e ó ico del eca o de la he oína es alla en algunas
escenas, como son las lagelaciones o los a a a es de la a ena. El g ado de iolencia
y la can idad de elemen os sadomasoquis as que apa ecen en el peplum son mayo es
de lo que a p ime a is a pudie a pa ece . Los comba es que apa ecen en las cin as
son una ocasión excepcional pa a enseña al público un comple o mues a io de
cue pos es ilizados, semidesnudos o cubie os de acei e y sudo : como po ejemplo,
en la exhibición de los gladiado es an es de la lucha en “Spa acus”, o el comba e en
“The Fall o he Roman Empi e” (A. Mann; USA 1963) 28.
Pe o ni la iolencia más desca nada ni el e o ismo impiden la apa ición del
humo en la pan alla 29, sob e odo en los momen os en los que el géne o llega a
au opa odia se, dando en ada a elemen os jocosos y con adic o ios. (“To ó con o
Macis e”; F. Ce chio; I alia 1961. “Ca y on Cleo”; G. Thomas; Ingla e a 1964. “Deux
heu es moins le qua a an Jesus Ch is ”; J. Yanne; F ancia 1982. “A ila, lagello di
Rio”; Cas ellano y Pipolo; I alia 1983).
La his o ia de G ecia y de Roma que mues an es as películas dis u a de la
p esencia de unos p o agonis as de excepción y que caminan a sus anchas po las
siemp e o uosas sendas del pasado. Hablamos de los hé oes. Es os jus icie os
ienen como denominado común el habe consag ado su ue za al se icio de los más
débiles; suelen b o a de la clandes inidad pa a en en a se a un en o no
monopolizado po la co upción y la luju ia. El hé oe apoya al pode legí imo – nunca
cues iona el o den es ablecido -, ya sea pa a man ene lo en el ono o pa a ayuda le a
llega has a él 30.
Los hé oes de los que hablamos apa ecen en pan alla como unos idílicos
habi an es del es ado de na u aleza oussoniano 31: sus cos umb es son ugales, son
igualmen e, pa cos en palab as 32, sus sen imien os deno an simpleza de ca ác e 33, y
no suelen po a a ma alguna sal o sus músculos, que son al iempo su a ibu o más
signi ica i o, jun o al minúsculo apa abos que además de empa en a lo con o o
homb e de la na u aleza, como T azan de lo Monos, si e pa a sub aya la solidez de
27 GARREL, A. O. c. p. 36. CHIGI, G. O. c. p. 743 - 744.
28 El duelo u ilizado como excusa e ó ica es un ecu so común al cine épico como al wes e n. C .
NEALE, S. “Masculini y as spec acle. Re lec ions on men and mains eam cinema”, en COHAN, S. &
RAE HARK, I. (Eds). Sc eening he male. Explo ing masculini ies in Hollywood cinema. Lond es – N.
Yo k, 1996, 9 – 20, p. 18.
29 SICLIER, J. O. c. p. 33.
30 C . DALL´ASTA, M. Un Cinéma Musclé. Le su homme dans le cinéma mue i alien (1913 – 1926).
C isnée, 1992, p. 40 - 42.
31 Macis e al ez sea el ejemplo más cla o de ello. Su nomb e iene de i a de Macis ( oca) y de Roccia,
é minos ambos que deno an su o igen c ónico y que lo empa en an con o as di inidades sub e áneas.
También en la aíz de su nomb e, apa ece Mac a e (sac i ica ), lo que deno a la idea de que sus hazañas
son una sue e de sac i icio en a o de la jus icia uni e sal. GONZALES, A. O. c. (1983), p. 14 - 15.
DE ESPAÑA, R. O. c. p. 432.
32 COLLOGNAT, A. O. c. p. 336.
33 El hé oe pa ece en ocasiones un e emi a, de quien nadie sabe de donde su ge y adonde a, pe o que se
de iene pa a es au a la jus icia (con lo que es amos an e el ideal del caballe o andan e); o as eces
ence a la en ación de las muje es mal adas (“E cole e la egina di Lidia”; P. F ancisci; I alia 1959).
Siendo pocas las ocasiones en las que apa ece indolen e o en egado a la molicie. (“E cole a la conquis a
di A lan ide”; V. Co a a i; I alia 1961). C . MOULLET, L. “La ic oi e d´E cole”, en Cahie s du
Cinema, CXXXI, 1962, 39 – 42, p. 41.
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su cue po. G acias a la ue za de sus puños el hé oe a dejando as él un as o de
enemigos mal echos; po que el hé oe no mancha sus manos con la sang e del
c imen. Sal o cuando en el duelo inal acaban con el illano de u no, aunque bien es
e dad que en ocasiones bas a su simple p esencia pa a empuja al mal ado a la
mue e, que llega po o a ías y pocas eces po in e ención di ec a del hé oe.
Los hé oes no acos umb an a posee un nu ido epe o io de ideas p opias;
son los dueños de la ue za, eso es indiscu ible, pe o no de los ideales. Po egla
gene al acaban poniendo sus músculos al se icio de o o que si log a los bene icios
ma e iales, como po ejemplo, un legí imo he ede o apa ado del ono o un
he manas o ocul o. No es ex año que la a en u a concluya con la ma cha del hé oe
sin más posesión que la de sus puños 34. Hé cules, Macis e, o U sus no son, en
de ini i a, más que unos caballe os e an es que agan sin descanso po el iempo y
po el espacio.
Y con an exiguo bagaje son capaces de impone se a odas las ad e sidades y
obs áculos; se a a po an o, de una e alo ización del indi iduo, de una mues a de
con ianza en el homb e que ence a la na u aleza, a la i anía de o os homb es y al
p opio des ino 35. El ejempla cas igo inal que siemp e agua da a los mal ados sella
un discu so eli is a que si úa al peplum en un e eno muy ce cano a o os géne os
cinema og á icos, como el an ás ico, y que ep esen a una mani es ación de a e
popula compa able al wes e n, en an o que los dos eesc iben – en ocasiones con el
mismo lenguaje -, el nacimien o mí ico de dos cul u as y dos sociedades 36.
No esul a descabellado es ablece una elación en e la p oducción masi a de
pepla en la Eu opa de los años cincuen a y sesen a con la si uación polí ica del
momen o. Son los años de la Gue a F ía, de la du a econs ucción as el in de la
Alemania nazi y de la I alia ascis a y de la in e ención de los Es ados Unidos, an o
mili a como pací ica. Nues os hé oes ambién ienen del ex e io , y se encuen an
con unas comunidades a apadas bajo el gobie no c uel y despó ico del i ano de u no
(llámese Hi le o Musolini); y son ellos y no las p opias sociedades, los que de iban a
los mal ados y de uel en el pode a sus legí imos dueños. ¿No hacían los Es ados
Unidos algo simila en Eu opa?. ¿No es el amigo ame icano el que u o que c uza el
A lán ico pa a ence a los nazis y más a de, pa a comba i a la amenaza so ié ica,
que además iene de O ien e como la mal ada Cleopa a?. C eemos que el emo ,
cuando no la obsesión social, y el miedo po el que a a esaba la sociedad occiden al
en esos años no se plasmaba únicamen e en el cine de ciencia - icción o en el de
e o ; el peplum no es un géne o an inocen e como puede pa ece a simple is a 37.
Todo cuan o enimos diciendo ace ca del lenguaje que u ilizan las películas de
omanos pa a da a conoce el mundo clásico queda esumido en el decálogo del
ealizado i aliano R. Tessa i; sus eglas básicas – que pe mi en explica e ilus a muy
bien la idiosinc acia del géne o -, incluyen el empeza la his o ia siemp e con una
escena de iolencia y acaba la con una pelig osa; y en e ambas, un i mo desbocado
que no conceda ningún espi o al público; hay que usa los colo es pa a di e encia a
los pe sonajes; han de exis i dos muje es en la ama pa a que el hé oe oscile en e
una y o a, ya que no con iene una his o ia de amo con sólo dos aman es; y g an
can idad de secunda ios odeando al p o agonis a; no hay que mos a se emiso a la
ho a de u iliza animales, ya que, al igual que sucede con los niños, dan mucho juego.
34 DALL´ASTA, M. O. c. p. 45 y 87.
35 GARREL, A. O. c. p. 40. Exis e una di e encia en e el hé oe de Hollywood – gene almen e un buen
ac o con un ísico a ono -, y el i aliano – sólo un cue po musculoso. C . HUNT, L. “Wha a e big boys
made o ?. Spa acus, El Cid and he male epic”, en KIRKHAM, P. & THUMIM, J. (Eds). You Ta zan.
Masculini y, mo ies and man. Lond es 1993, 65 – 83, p. 70.
36 SICLIER, J. O. c. p. 38. O al cine de samu ais japonés. CHIGI, G. O. c. p. 740.
37 La en ada iun al de Ma co Vinicio en Roma (“Quo Vadis; M. Le Roy; USA 1951), ecue da
ine i ablemen e a la llegada de las opas ame icanas a las ciudades i alianas du an e la Segunda Gue a
Mundial. BERTELLI, S. O. c. p. 63.
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Hay que ese a el golpe de e ec o pa a el inal y odo ello ado nado con mucho humo
y mucho uego. Una ece a, como puede ap ecia se, sencilla y muy e ec i a 38.
A pesa de su apa en e inocencia ex e io , el peplum man iene en su in e io un
ue e componen e ideológico. No es casual que Roma apa ezca casi siemp e en
pan alla como una ci ilización decaden e que sólo encuen a la sal ación con la
llegada del c is ianismo. Una Roma en egada a la molicie y a los icios en la que
nadie, en ocasiones ni siquie a los escla os, abaja. No es g a ui a ampoco, la
p esencia habi ual de unos hé oes enca gados – an e la incompe encia de las
comunidades y sus ins i uciones -, de soluciona los p oblemas y eins au a el o den a
ue za de mampo os.
El peplum o ece un discu so in an il, no en ano muchas cin as siguen la
misma es uc u a na a i a de los comics, en el que a la pos e iun an los homb es
excepcionales, una ez que odos los es ue zos de la comunidad – que ampoco han
sido muchos -, han esul ado baldíos 39. En es e ipo de películas se esal a po
encima de odo, la igu a del líde : ya se a e de eyes, gene ales, empe ado es o de
má i es; consolidando de esa o ma una isión de la his o ia que le o o ga a la
indi idualidad el papel p o agonis a de los hechos. Así po ejemplo, las pe secuciones
con a los c is ianos se inician po la in ínseca maldad de los empe ado es; y el i ano
es de ibado del ono no po que así lo eclame su pueblo, sino po la acción di ec a
del hé oe 40.
La ideología que la e de ás de odos es os mensajes es sencilla: a la pos e el
mal siemp e es cas igado, bien sea po ob a de los homb es - ba alla o duelo inal del
hé oe -, o po la mano di ina - des ucción de Pompeya o de Sodoma y Gomo a.
Es a ebeización de la his o ia 41, es debida a que en muy escasas ocasiones el
cine u iliza uen es clásicas de mane a di ec a, sino que log a su in o mación a a és
de in e media ios, como puede se la no ela his ó ica 42, o bien sencillamen e se nu e
de uen es exclusi amen e cinema og á icas. Si a es o le unimos la in luencia de o os
géne os - melod ama, wes e n -, nos encon amos con que al inal, el peplum ha
consag ado cie os episodios y pe sonajes de la An igüedad, u ilizando la his o ia
como simple excusa. Si la no ela del siglo XIX c eó una nue a his o ia y modeló una
nue a mi ología de la An igüedad, el cine de omanos - e omando esa adición -,
ec eó a su ez el pasado, aliéndose de un lenguaje y de unos ópicos que han
se ido pa a popula iza du an e años una de e minada imagen de G ecia y de Roma,
de sus dioses y de sus homb es y muje es; una imagen ce cana al espec ado -
pues o que busca su complicidad -, y que al iempo apa ece ca gada de un cie o
exo ismo pa a, a a és de la licencia o la libe ad his ó ica, do a la de mayo
c edibilidad 43. La incompa able sensación de ingenua An igüedad de sus pe sonajes
con ie e a es os ela os un ba niz omán ico y decaden e, que nos ae a la men e odo
lo que de mágico y de in an il iene el cine.
Una supues a ingenuidad que no nos debe hace ol ida el ca ác e ca á quico
o de ál ula de escape de la ealidad que posee el peplum. Pa a el público
acos umb ado a es e ipo de películas, el cine signi ica una expe iencia ce emonial y
38 CHIGI, G. O. c. p. 738 - 739.
39 GONZALES, A. O. c. (1990), p. 157 - 158. CHIGI, G. O. c. p. 742 - 743.
40 Aunque muchas de las películas c ean la ilusión de que es ealmen e “el pueblo” el pa icipan e di ec o
de los cambios sociales; cambios ela i os ya que, po egla gene al, los i anos – en el cine, aunque no
sólo en el cine -, son sus i uidos po mona quías. C . PRIETO, A. “El Oikos en el cine: La Odisea”, en
Schia i e dipenden i nell´ambi o dell´oikos e della amilia. A i del XXII Colloqui GIREA. Pon ignano
(Siena), 19-20 no iemb e 1995, 417 – 433, p. 423.
41 LILLO REDONET, F. O. c. (1994), p. 15.
42 Al igual que sucede con muchos di ec o es de cine, ampoco los esc i o es de no ela his ó ica del siglo
XIX – Lewis Wallace, Emilio Salga i, Hen y Sienkiewicz, en e o os -, poseían unos conocimien os muy
comple os ace ca de la His o ia An igua. BERTELLI, S. O. c .p. 45.
43 C . BALLÓ, J. & PÉREZ, X. La semilla inmo al. Los a gumen os uni e sales en el cine. Ba celona
1998, p. 11.
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emocional que a más allá de la me a con emplación es é ica de una ob a de a e o el
consumo de un p oduc o come cial 44. Pa a muchos de ellos la pan alla es el único
medio disponible pa a conoce su p opio pasado. No deja de se pa adójico que en la
I alia de pos gue a, el neo ealismo consag a a en las pan allas a una clase social,
que luego en la ida eal le ol ió la espalda al mo imien o neo ealis a y op ó po la
e asión y la a en u a sin comp omisos que le o ecía el peplum. Pa a es os
espec ado es el cine de omanos acaba haciendo las eces de un di án de
psicoanalis a pa a pob es, ya que es os an a encon a en la pan alla una salida
momen ánea y ic icia a odos sus p oblemas 45.
El segundo apa ado que p e endemos abo da aquí se ocupa de los episodios
de la his o ia de la G ecia y Roma clásicas que han sido inmo alizados po el cine, y
las azones o los c i e ios que se han u ilizados pa a elegi los.
Del ap oximadamen e un milla de í ulos que han elegido la An igüedad como
as ondo a sus his o ias, la mayo ía se ambien a en la ci ilización g eco omana que
con di e encia, a en aja en cuan o núme o a las películas cen adas en Egip o, el
P óximo O ien e An iguo o los ela os bíblicos. Y den o de la ci ilización clásica, es
Roma la que ha despe ado mayo in e és. Aunque eso sí, es necesa io ealiza una
p ime a acla ación; G ecia ha mos ado en la pan alla a sus mi os y a sus dioses,
mien as que en el celuloide hemos ap endido, sob e odo, la his o ia de Roma.
Es a di e encia no obedece a la casualidad y puede se explicada. La azón de
ello es iba en que G ecia ca ece de conexiones inmedia as con el p esen e, es deci ,
que la his o ia de G ecia poco o nada iene que e con el con ex o his ó ico en el que
se ealizaban y come cializaban es as películas; odo ello a pesa de que en las o illas
del Egeo se die a o ma a lo que hoy en endemos – en cuan o mane a de pensa -, al
homb e occiden al 46.
Añadi íamos a ello oda una se ie de condicionan es que con ibuían a la al a
de a ac i o que, po egla gene al, es as películas despe aban en el público.
Condicionan es como el hecho de que la his o ia de G ecia adolezca de una unidad o
de un pe iodo impe ialis a, al que an buen jugo le sacan los guionis as; el que no se
egis en episodios de pe secuciones ni po supues o, se pueda explo a el mo bo que
le an an los má i es; que no exis a una g an no ela his ó ica en el siglo XIX, como sí
ocu e en el caso de Roma, que pe mi ie a p oduci di e sas adap aciones y que
hubie a in oducido y amilia izado a los espec ado es con el mundo g iego; el hecho
de que sea casi imposible in oduci en esas películas mensajes de co e semi a o
c is iano; o el que la ci ilización helena se o ja a y lo ecie a no an o po las a mas y
las gue as como po el a e y el pensamien o 47. Coha ado po esas se idumb es,
el cine abo dó - y ambién pod íamos deci que abso bió -, a G ecia desde es
g andes ías 48. En p ime luga asladando a la pan alla sus leyendas y su mi ología
49. Inclui íamos aquí a odos aquellos í ulos que abo dan los di e sos mi os g iegos –
“Nep une e Amphi i e” (G. Melies; F ancia 1899), “Jason and he A gonau s” (D.
44 El ca ác e eminen emen e popula del peplum se ad ie e en que las en adas – en la década de los
años cincuen a -, cos aban una media de 300 li as, p ecio in e io pa a o o ipo de películas. Además,
es as p oducciones se lle aban unos cua o años en ca ele a, lo que explica ía sus buenas ecaudaciones.
CHIGI, G. O. c. p. 737.
45 GARREL, A. O. c. p. 42. GONZALES, A. O. c. (1993), p. 254. PÉREZ GÓMEZ, L. O. c. p. 255.
46 GONZALES, A. O. c. (1990), p. 146. ELLEY, D. O. c. p. 52. McDONALD FRASER, G. O. c. p. 13.
47 ELLEY, D. O. c. 52. DE ESPAÑA, R. O. c. (1998), p. 165 - 166. C . LILLO REDONET, F. El cine
de ema g iego y su aplicación didác ica, Mad id, 1997, p. 21 - 22.
48 ELLEY, D. O. c. p. 53. C . VICH, S. “La G ecia clásica en el cine”, en His o ia y Vida, ex a nº 58,
1990, 20 - 24.
49 Una in eligen e mues a del es udio de los mi os clásicos a a és, y de mane a conjun a, de los au o es
an iguos y de las e siones mode nas cinema og á icas, se encuen a en: C . CLAUSS, J. J. “A cou se
on Classical my hology in ilm”, en CJ, XCI, 3, 1996, 287 – 295.