Las Indias y la a adís ica mili a hispana
de los siglos XVI y XVII
An onio Espino López
Depa amen o de His o ia Mode na y Con empo ánea
Uni e sidad Au ónoma de Ba celona
En nues o abajo hemos p e endido incula un aspec o muy poco a ado po pa -
e de la his o iog a ía hispana, la a adís ica mili a , con el ámbi o ame icano. Hemos
de endido que la o ma de hace la gue a de los hispanos en Amé ica, cen ándonos en el
caso de la conquis a de México, siguió las pau as ma cadas po el G an Capi án en las
Gue as de I alia. Es deci , se impuso el nue o modelo de escuad ón y ue es e ac o , y no
an o la supe io idad del a ma de uego o el uso de la caballe ía, lo que dio en aja eal a
la hues e indiana sob e los ejé ci os indios. En segundo luga , se han a ado es ejemplos
de a adís ica mili a hispana: uno de los p ime os imp esos en México, el de D. Ga cía de
Palacio; un segundo que e sa sob e la gue a en Amé ica, el de B. de Va gas Machuca
y un e ce o, ejemplo del siglo XVII, edac ado en la Península, pe o ambién imp eso inal-
men e en las Indias, el de A. de He edia Es upiñán.
En las siguien es líneas amos a in en a incula un aspec o muy poco
a ado po pa e de la his o iog a ía hispana, la a adís ica mili a , con el
ámbi o ame icano. En p ime luga , nos hemos in e esado po la o ma de
hace la gue a de los hispanos en Amé ica, cen ándonos en el caso de la
conquis a de México,1pa a in en a demos a cómo el nue o modelo de
escuad ón, pues o en p ác ica en las gue as de I alia po Gonzalo Fe nán-
dez de Có doba, el G an Capi án, po p ime a ez, se impuso en e las hues-
es indianas.2A nues o juicio, ue es e ac o , y no an o el uso de las a mas
de uego o de la caballe ía, el que ma có la di e encia sob e las ác icas
indias du an e sus en en amien os. En segundo luga , y as cons a a el
hecho de que un cie o núme o de a adis as mili a es hispanos de los siglos
XVI y XVII goza on de algún ipo de ca go en las Indias, mos a emos algu-
1 Molina, Miguel: “El soldado-c onis a y su imp esión del mundo indígena (el caso de Nue a
España)”, Anua io de Es udios Ame icanos, XVL, Se illa, 1984, págs. 291-313. T abajo in e esan e,
pe o que apenas hace e e encia al ema que a amos noso os.
2 Sob e la hues e indiana éanse: sob e sus an eceden es bajomedie ales el abajo de Ramos,
Deme io: De e minan es o ma i os de la “hues e” indiana y su o igen modélico, San iago de Chile,
1965. Ga cía Gallo, Al onso: “El se icio mili a en Indias”, en Es udios de His o ia del de echo india-
no, Mad id, 1972, págs. 745-812. Gómez Pé ez, Ca men: “Las hues es indianas” en Na a o Ga cía,
uis (coo d.): His o ia de las Amé icas, Vol. I, Mad id, 1991, págs. 447-469. Na a o Ga cía, Luis: “El
a e de la gue a en la conquis a de Amé ica”, en La o ganización mili a en los siglos XV y XVI. Ac as
de las II Jo nadas Nacionales de His o ia Mili a , Málaga, 1993, págs. 483-492.
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nos ejemplos —sólo es, po un ob io p oblema de ex ensión— de a adís-
ica mili a esc i a e imp esa en —o sob e— Amé ica y su elación con las
ob as p oducidas po en onces en los e i o ios hispánicos de Eu opa.
Los hé oes de la An igüedad y los conquis ado es
En el lib o IX de La azón de Es ado (1589), G. Bo e o eclamaba al
p íncipe que hicie a esc ibi las gue as que hubiese auspiciado, po que,
de ese modo, las p oezas ealizadas se ían conocidas po los demás y ac ua-
ían como un es ímulo. Pa a Bo e o, “en es o han al ado g andemen e los
cas ellanos, po que habiendo hecho cosas dignísimas de memo ia, eco i-
do an os ma es, descubie o an as islas y con inen es, sojuzgado an os
países y, po úl imo, adqui ido un mundo nue o, no se han omado el cui-
dado de que es as emp esas, que supe an en mucho a las de los g iegos y
macedonios, uesen esc i as po pe sonas que supiesen hace lo”.3
Cie amen e, muy pocos au o es —en e ellos los que habían es ado
des inados en las Indias— iban a ene como e e en es mili a es a los con-
quis ado es. Si a endemos a lo que nos dicen los a adis as, el mili a debe
lee lib os de His o ia pa a ex ae de ellos un p o echo.4Si al p o echo es
de aplicación inmedia a, en las campañas eu opeas —o, como mucho, con-
a los in ieles en el Medi e áneo— del momen o, di ícilmen e el conoci-
mien o de la ealidad de la gue a en Amé ica iba a supone una en aja ác-
ica o es a égica pa a el o icial hispano en sus gue as. Es á comúnmen e
acep ado que la hues e indiana hubo de adap a se al ipo de gue a que se
hacía en Amé ica —y la ob a de Va gas Machuca es el mejo ejemplo—,
y no al e és. Po lo an o, e a muy poco lo que se podía ap ende , y con-
secuen emen e aplica , de las campañas de los conquis ado es. Además, a
la co ona no podía in e esa le que sus mejo es soldados ma chasen a
Amé ica. Pa a B. Escalan e, su ob a Diálogos del a e mili a (B uselas,
1588) enía como des ina a ios los o iciales sin expe iencia, pa a que “se
3 Bo e o, Gio anni: La azón de Es ado y o os esc i os, aducción y edición de L. de S e ano
y M. Ga cía-Pelayo, Ca acas, 1962, pág. 175.
4 Juan de San a Ma ía pensaba que la His o ia, jun o con la expe iencia, e a una de las “ uen-
es de la humana p udencia. Pues es cie o, que po los e ec os de los casos passados, podemos cono-
ce quales ue on las causas dellos, pa a ene en o as ales los mismos sucessos”, T a ado de
República y policía ch is iana pa a eyes y p íncipes y pa a los que en el go ie no ienen sus ezes
(Mad id, 1615), ci ado po J.A. Fe nández San ama ía, es udio p elimina de Alamos de Ba ien os,
Bal asa : A o ismos al áci o español, Mad id, 1987, págs. LXI-LXII.
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hagan plá icos en b e e iempo, ya que en nues a España al a de odo pun-
o es a doc ina”, y, signi ica i amen e, apun a que los más necesi ados, po
inexpe os, e an los o iciales que se en iaban a Ul ama .
Po o o lado, ¿qué había de glo ioso u hon ado —en el sen ido de la
época— en una lucha con a la humanidad bá ba a ame icana, en la pugna
con a gue e os como aquellos, cuando en Eu opa se luchaba con a los
he ejes, con a la adicional enemiga F ancia o, mejo aún, con a los in ie-
les u cos y be be iscos? En las gue as del Viejo Mundo se peleaba po
Dios y po el ey, po el hono pe sonal y po unas ecompensas ma e ia-
les. En Amé ica ambién, en p incipio, pe o, sob e odo, se pelea á po los
compañe os y po uno mismo, se lucha á po sob e i i o pa a no segui
i iendo como has a en onces: po la pa e co espondien e de un bo ín.
En las Indias no se aspi a a hace ca e a mili a , como mucho a in e i el
bo ín log ado en plani ica una nue a conquis a y ac ua como un caudillo
—como signi ica i amen e llamaba a los je es mili a es B. Va gas Ma-
chuca—. Los ca gos polí icos más ele an es es án ese ados a los penin-
sula es. Los conocimien os apo ados po es a ealidad e an inaplicables
en Eu opa. Po o o lado, ¿cuán os soldados indianos eg esa on a lucha
a Eu opa?
El mili a hispano, como de odos es conocido, du an e el siglo XVI
ap ende á su o icio en I alia o Flandes, p e e en emen e. En el Seiscien os
lo mismo, con el añadido que, desde 1635, ambién se lucha á en e i o io
peninsula . Amé ica quedaba ue a de es e ci cui o de ap endizaje y p omo-
ción mili a . Sin duda, G. Bo e o enía azón en lo que decía.5La Gue a de
los Países Bajos ue ampliamen e u ilizada po los a adis as hispanos de
inales del Quinien os y, sob e odo, del Seiscien os como uen e de cono-
cimien os mili a es que e a in e esan e ansmi i . La mejo p ueba son las
muchas ob as que apa ecie on —y sus con enidos—, esc i as en algunas
ocasiones po soldados que habían i ido los hechos que ela aban.6En las
5 Bo e o decía ace ca de la His o ia: “es... el más bello espec áculo que se pueda imagina ; allí,
a cos a de o os, el homb e ap ende lo que le con iene; allí se en los nau agios sin ho o , las gue as sin
pelig o...; allí se islumb an los p incipios, medios y ines y los mo i os del c ecimien o y uina de los
Impe ios; allí se ap enden las causas po las cuales unos p íncipes einan anquila y o os penosamen e;
unos lo ecen con el a e de la paz, o os con el alo de las a mas”; La azón de Es ado..., pág. 111.
6 Sin ánimo de se exhaus i os, no debemos ol ida a Mendoza, Be na dino de: Comen a ios
de lo sucedido en las gue as de los Países Bajos desde el año de 1567 has a el de 1577, Mad id, 1592;
años an es había apa ecido la de Co nejo, Ped o: Suma io de las gue as ci iles, y causas de la ebe-
lión de Flandes, Lyon, 1577, y O igen de la ci il disensión de Flandes, Tu ín, 1580. T illo, An onio:
His o ia de la ebelión y gue as de Flandes, con unos muy impo an es y p o echosos discu sos en
ma e ia de gue a y es ado..., Mad id, 1592, inco po a, como se obse a en el í ulo, no
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ob as dedicadas a las di e en es conquis as del e i o io ame icano am-
bién se podían ex ae lecciones álidas pa a los mili a es, pe o di ícilmen-
e aplicables a la gue a en Eu opa.
En el caso ame icano, más que la ác ica o la es a egia empleadas, lo
que quizás in e esó más ue la igu a de un hé oe hispano —F. Piza o y,
sob e odo, H. Co és— asimilable a los de la An igüedad. En ealidad, en
las Indias se p odujo una si uación que, sal ando las dis ancias, eco daba
algunas de las campañas glo iosas de la An igüedad: un núme o muy edu-
cido de soldados —con mucha más in an e ía que caballe ía—, pe o hábi-
les y disciplinados gue e os, se impusie on a ejé ci os pode osos. Es el
caso de Alejand o Magno en sus campañas asiá icas; el de Aníbal y su la -
ga ma cha hacia I alia y las pos e io es luchas en e i o io hos il; ambién
es el caso de Césa en sus campañas de las Galias, B i ania o Hel e ia; o el
de la e i ada de los me cena ios g iegos que habían ayudado a Ci o el
Meno en su lucha a icida, an magní icamen e ela ada po Jeno on e.
Con azón Gio anni Bo e o había is o la simili ud. Algunos au o es hispa-
nos ambién la pe cibie on.
Cuando un au o como J. Cas illo de Bo adilla a ines del Quinien os
esc ibió su Polí ica pa a co egido es y seño es de asallos en iempo de
paz y gue a (Mad id, 1597),7al plan ea se la p epa ación de la gue a,
como en el caso de an os o os a adis as, asumió la idea de que pequeños
ejé ci os bien disciplinados se imponían a las g andes masas mal o ganiza-
das y de escaso espí i u mili a . Lo in e esan e es que los ejemplos aduci-
dos po Cas illo de Bo adilla no sólo se e ie en a la An igüedad, sino am-
bién a la ac uación de H. Co és y F. Piza o en Amé ica. El pad e Alonso
de And ade publicó El buen soldado ca ólico en Mad id en 1642. La idea
que el au o que ía ansmi i e a muy simple: el soldado debía se un buen
c is iano y de esa o ma alcanza ía an o la ic o ia mili a como la glo ia
sólo lo pa icula , sino ambién un conocimien o más gene al. Y en el Seiscien os, con el einicio de las
hos ilidades con a los ebeldes holandeses en el ma co de la Gue a de los T ein a Años, se publicó
mucho sob e el ema. El maes e de campo F. Ve dugo io imp eso su Comen a io de la gue a en F isa
(Nápoles, 1610), que aba caba de 1581 a 1594. El con ado del Ejé ci o de Flandes An onio Ca ne o
io publicada su His o ia de las Gue as Ci iles que ha a ido en los Es ados de Flandes des del Año
1559 has a el de 1609 y las causas de la ebellion de dichos Es ados (B uselas, J. Mee beque, 1625,
Fol.), un abajo impo an e con 565 páginas. También F ancisco Lana io, a adis a mili a , p olongó
su ob a has a la T egua de los Doce Años: Las gue as de Flandes, desde el año 1559 has a el de 1609
(Mad id, L. Sánchez, 1623). Las gue as de los Es ados Baxos desde el 1588 has a el 1599, de
don Ca los Coloma, a eces se a ibuye a Diego de Iba a, a quien es aba dedicada (Ba celona, 1627).
7 La ob a u o un g an éxi o: ue eedi ada en Medina del Campo (1608), Ba celona (1616
y 1624), Mad id (1649) y en Ams e dam (1704). U ilizamos la edición acsímil de es a úl ima edición,
Mad id, Ins i u o de Es udios de Adminis ación Local, 1978, 2 Vols.
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e e na. Cuando lo c ee con enien e, And ade in oduce ejemplos de cómo
los g andes soldados podían se ambién i uosos; una cosa y o a no es án
eñidas. Los soldados ci ados son Alejand o Magno, Ca lomagno, Ala ico,
Escipión, He nán Co és y el Cid. Es no able que el conquis ado ex eme-
ño es é ya en pie de igualdad con la éli e mili a uni e sal. El pad e Juan B.
Gil de Velasco io imp eso su Ca ólico y ma cial modelo de p uden es y
ale osos soldados en Mad id (1650). El as o de sus lec u as, y de las opi-
niones clásicas, se obse a cuando es e au o ensalza como ejé ci o disci-
plinado el de los omanos —sin ol ida el Ejé ci o de Flandes en la época
del duque de Alba— y ecupe ando la máxima, ex aída del Epi oma ei
mili a is de Vegecio, de que unos pocos, pe o disciplinados, son supe io es
a muchos. Pa a demos a es o úl imo no necesi a ecu i a ejemplos de la
An igüedad cuando cuen a con las hazañas de un H. Co és o de un F. Piza-
o. Pa ece como si, poco a poco, es as ac uaciones ue an calando en la
conciencia de los au o es hispanos y se e minó po asimila sus hechos de
a mas con los p o agonizados po los g eco-la inos, el G an Capi án en
I alia —el mayo hé oe mili a hispano en el siglo XVI sin discusión—, el
duque de Alba y sus o iciales —Sancho de Londoño, F. de Valdés, B. de
Mendoza y o os— en Flandes, o la ic o ia c is iana en Lepan o.
El caso de la conquis a de México
Aho a bien, es os dos úl imos ejemplos co esponden a dos au o es
eligiosos que esc iben cuando las ebeliones de Po ugal y Ca aluña, ade-
más de la napoli ana de 1647, pusie on en jaque a la Mona quía Hispánica
mien as és a se en en aba a su secula enemiga, F ancia. E an años en los
que había que ecu i a odos los hé oes disponibles. ¿Es casualidad que,
en los momen os de máxima decadencia del einado de Ca los II, un au o
como An onio de Solís se decidie a a esc ibi —con mucho éxi o, po cie -
o— sob e la hazaña de H. Co és y los suyos? Sec e a io egio y c onis a
mayo de Indias, An onio de Solís (1610-1686) publicó su His o ia de la
conquis a de México en 1684, el mismo año en el que Luis XIV ocupó
Luxembu go, o aleza conside ada inexpugnable. Re i iéndose a la con-
quis a de México, Solís u iliza unas palab as, en su dedica o ia a Ca los II,
que casi pod ían aplica se al caso luxembu gués: “siendo una emp esa de
inaudi as ci cuns ancias, que admi ó en onces al mundo, y du a, sin pe de
la no edad, en la memo ia de los homb es”. Y más adelan e dice: “Los
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sucessos de que se compone su na ación, dan mo i os a di e en es
Re lexiones Polí icas, y Mili a es: una conquis a que impo ó a V. Mag. no
menos que un Impe io; y se consiguió, dexando a la pos e idad a ios
exemplos de lo que pueden con a las di icul ades el alo , y el en endi-
mien o”. En la ap obación de Nicolás An onio podemos lee : “Llenos es án
los lib os de las p oezas de He nán Co és, y de es a su emp essa, no in e-
io , a mi pa ece , po el poco núme o de su gen e, po las di icul ades que
se le opusie on, po las pelig osíssimas ba allas... no in e io , digo, a las de
Alexand o, a las de Césa , a las de Belisa io y a las de an os Reyes de nues-
a España”.8
Según Solís, la conquis a del e i o io ame icano se ealizó g acias a
emp esas simul áneas lide adas po “di e sos Capi anes de mucho alo ,
pe o de pocas señas: lle aban a su ca go unas T opas de Soldados, que se
llamaban Exé ci os, y no sin alguna p opiedad, po lo que in en aban, y po
lo que conseguían”. De en ada, la na u aleza de es as ag upaciones —y las
cualidades de sus je es— las hacían poco ap as pa a un uso ejempli icado .
Sus ad e sa ios sólo des acaban po el núme o y po algunas de sus ca ac-
e ís icas no o ensi as: se pin aban pa a pa ece ho ibles al enemigo —una
p ác ica que le ecue da a Solís la desc ipción que de los A ios de la
Ge mania hizo Táci o— y u ilizaban el g i e ío en el momen o del a aque
—que no es cos umb e bá ba a, apun a Solís, pues los omanos en sus ba a-
llas ambién lo hacían. Lo in e esan e es que, en el siglo XVI algunos a-
adis as exigi án el silencio en el comba e pa a que se oye an las ó denes:
como en es a época la mayo ía de las ag upaciones mili a es e an mul ina-
cionales, y la p emu a de la acción mili a obligaba a que las ó denes se
cumplie an inmedia amen e, és as se ansmi ían median e pí anos y am-
bo es, de modo que se alababa el comba e lo más silencioso posible. Lo
cual no quie e deci que el es uendo de la a ille ía no uese, en el ámbi o
ame icano, un a ma psicológica.
Pe o la desc ipción que ealiza A. de Solís sob e la o ma de comba i
de los indios no deja dudas: cuando analiza sus a mas, an o de ensi as
como o ensi as, cuida mucho en esal a que el ace o no es aba p esen e.
Sus p o ecciones —los que las lle aban— e an de algodón, de conchas de
o uga, de made a... Lo más impo an e es su análisis del escuad ón: los
o maban “amon onando, más que dis ibuyendo la gen e”; los capi anes
“guiaban, pe o apenas go e naban su gen e; po que en llegando la ocasión,
8 Solís, An onio de: His o ia de la conquis a de México, ci o po la edición de Mad id,
J. Ga cía Lanza, 1758.
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mandaba la i a, y a eces el miedo: ba allas de muchedumb e, donde se lle-
gaba con igual ímpe u al acome imien o, que a la uga”.9F en e a ales dis-
posiciones, A. Solís ela a las medidas de H. Co és en Tabasco; siguiendo
el modelo li e a io u ilizado po Ti o Li io, Táci o o Césa , el au o se cen a
en la igu a del pe sonaje más impo an e y desc ibe su o ma de ac ua :
Co és, as anima a sus homb es —pues debían en en a se a 40.000
indios—, los colocó as una al u a, pa a que les cub ie a las espaldas, si uó
la a ille ía en un luga desde donde ba iese al con a io, cosa ácil al ace -
ca se és e apelo onado, y dispuso a su caballe ía — an sólo quince caba-
llos— pa a que embis iese de a és al enemigo (Lib o I, capí ulo 19). Más
adelan e, cuando se ela a el p ime con ac o belicoso con los laxcal ecas,
A. de Solís se con adice al a i ma la diligencia con la que és os maniob a-
on pa a in en a ce ca la hues e de Co és, una ez había sido a aído a
e eno llano. En es a ocasión, “ ue necesa io da qua o en es al Esqua-
d ón,10 y cuida an es de esis i que de o ende , supliendo con la unión y la
buena o denanza, la desigualdad del núme o” (Lib o II, capí ulo 17). E a
és a, y no las a mas de uego o la caballe ía, la p incipal a ma de la que dis-
ponían los españoles. No en ano Co és había a engado a sus homb es en la
isla de Cozumel diciéndoles, en e o as cosas, “pocos somos; pe o la unión
mul iplica los Exé ci os”, sob e odo si un sólo gene al impa ía las ó denes.
En es a ocasión,A. de Solís p ocu a imi a más que nunca el es ilo de Césa
en sus Comen a ios. F. López de Góma a ambién ei e a una y o a ez la
impo ancia del escuad ón hispano “bien conce ado”, es deci , pe ec a-
men e o mado, colocando en medio an o el bagaje — a daje lo llama
Góma a— y la a ille ía pa a p o ege los mien as se ma chaba. Si bien en
e eno llano an o la a ille ía como la caballe ía podían ob a milag os
con a el enemigo, lo más di ícil e a a anza cons an emen e en un buen
o den y pode p esen a ba alla en cualquie momen o.11 Uno de los a adis-
as mili a es hispánicos que mejo explica on la adicional ác ica del
escuad ón ue Ca los Bonie es, ba ón de Auchy; en su A e mili a deducido
9Ibídem, Tomo I, págs. 5 y 111-117. En cambio, un con empo áneo de los hechos, F ancisco
López de Góma a, si habla á de que los indios, en la ba alla de Cin la, o maban escuad ones, camina-
ban “muy en o denanza” y sabían escoge el e eno donde pelea , de modo que “no e an bá ba os ni
mal en endidos en gue a”. López de Góma a, F ancisco: His o ia de la conquis a de México, Ca acas,
1979, pág. 37.
10 Se a a del escuad ón denominado “cuad ado de gen e” con el cual, con idén ico núme o
de homb es de en e que de hile as de ondo, se podía epele un a aque que iniese po la angua dia,
la e agua dia o cualquie a de los dos lancos. Todos los a adis as mili a es explicaban en sus ob as
es e ipo de ag upación.
11 López de Góma a: His o ia de la conquis a..., págs. 78-80.
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de sus p incipios undamen ales (Za agoza, 1644) di á: “una buena o den
aleg a a los amigos, espan a a los enemigos, asegu a al Exé ci o, acili a sus
mo imien os i la dis ibución de las ó denes, que dan los cabos; de modo
que sin uido, sin emba aço, manda el Gene al lo que de mano en mano, de
oído en oído, llega al meno soldado; i es la o den, la que puede haze un
exé ci o in encible, como la al a della, la que ha hecho pe ece algunos de
los más pode osos” (págs. 102-103).
Vol iendo a los c onis as, un conquis ado como Be nal Díaz del
Cas illo en su His o ia e dade a de la conquis a de Nue a España
(Mad id, 1632) no desea empa eja se con Césa en su es ilo li e a io, sino
en sus hazañas bélicas: “Me hallé en más ba allas y eencuen os de gue a
que dicen los esc i o es que se halló Julio Césa , y pa a esc ibi sus hechos
u o ex emados c onis as y no se con en ó de lo que de él esc ibie on, que
el mismo Julio Césa po su mano hizo memo ia en sus Comen a ios de
odo lo que po su pe sona pasó”. Pa a c i ica a aquellos que p oclamaban
las ma anzas de indios po pa e hispana, Díaz del Cas illo no dudaba en
esal a el co o núme o de gen e que pa icipó, cuando además los indios
con aban con “sus a mas de algodón, que les cub ían el cue po, y a cos,
sae as, odelas, lanzas g andes, espadas de na ajas como de a dos manos,
que co an más que nues as espadas, y muy denodados gue e os”
(Capí ulo XVIII). Es deci , las ue zas es aban muy igualadas. Cuando en
el capí ulo XXVI a a Be nal Díaz del ala de de opas que hace Co és en
la isla de Cozumel, des aca el cuidado que se ponía en las a mas, especial-
men e la a ille ía, signi ica i amen e al mando de F ancisco de O ozco,
“que había sido soldado en I alia”, mien as que las balles as debían es a
en pe ec o uso y con epues os.12 También se comen a cómo la ma cha de
Cempoala hacia Tlaxcala se emp endió con odos los homb es a mados día
y noche —“con ellas do míamos e caminábamos”—, mien as doscien os
amemes se enca gaban de la a ille ía, y se en iaban explo ado es po
12 Una lis a de soldados e e anos de las gue as eu opeas en Cas illo, F ancisco: El soldado
de la conquis a, Mad id, 1992, págs. 204-206. Aunque no odos los c onis as es a án de acue do, como
e emos, lo cie o es que se alo aba la expe iencia mili a adqui ida en Eu opa, es deci , en I alia, espe-
cialmen e a la ho a de o ma los escuad ones. El Inca Ga cilaso de la Vega ela a que, una ez inicia-
das las Gue as Ci iles del Pe ú, y habiéndose pues o las opas de Vaca de Cas o en o den de ba alla,
Diego de Almag o (hijo) hizo lo p opio con las suyas, dispues o pa a el comba e, pe o delegando al
menes e en su sa gen o mayo , Ped o Suá ez, “que había sido soldado plá ico en I alia y sabía bien de
milicia, econociendo la en aja que en el si io enía a sus con a ios, o mó luego su escuad ón”.
La ba alla de Chupas (1542) ue una de o a almag is a po que las ó denes de Suá ez —sin ol ida la
aición del je e a ille o Ped o de Candía— no se cumplie on. El Inca Ga cilaso de la Vega:
Comen a ios eales, Tomo II, Gineb a, 1974, págs. 129-137.
ANTONIO ESPINO LÓPEZ
Anua io de Es udios Ame icanos
302
delan e (Capí ulo LXI). En la segunda ba alla con los laxcal ecas, Díaz del
Cas illo coincide con Solís en la g a edad del momen o, cuando “medio
desba a ado nues o escuad ón, que no ap o echaban oces de Co és ni de
o os capi anes pa a que o násemos a ce a ; an o núme o de indios ca gó
en onces sob e noso os, que milag osamen e, a pu as es ocadas, les hici-
mos que nos diesen luga , con que ol imos a pone nos en concie o”
(Capí ulo LXV). De nue o, la indisciplina india a la ho a de o ma escua-
d ones —además de sus di e encias in e nas— se nos p esen a como su
p incipal debilidad mili a .
Mucho más pelig oso se á el comba e en Tenoch i lán una ez había
sido ap esado Moc ezuma, de o ado e inco po ado a la hues e co esiana
el ejé ci o de Na áez, y Ped o de Al a ado, con sus excesos, hubiese
le an ado a los mexicas. Be nal Díaz, que ecue da cómo apenas do mían,
siemp e a mados y con los caballos en enados, si uación que indica unas
condiciones de ida de las opas más du as que en Eu opa (Capí ulo
CVIII) —y sin con a la p esión psicológica de es a odeados po una
masa humana an eno me—, explica cómo la masa de indios, que peleaban
sin emo a las bajas que les causaban, es u o a pun o de ex e mina los. Es
impo an ísima la siguien e ci a: “E no sé yo pa a qué lo esc ibo ansí an
ibiamen e, po que unos es o cua o soldados que se habían hallado en
I alia, que allí es aban con noso os, ju a on muchas eces a Dios que gue-
as an b a osas jamás habían is o en algunas que se habían hallado en e
c is ianos con a la a ille ía del ey de F ancia, ni del g an u co; ni an a
gen e como aquellos indios, que con an o ánimo ce a los escuad ones
ie on” (Capí ulo CXXVI).13
T as la “Noche is e”, cuando H. Co és hubo ecupe ado ue zas
y apos ó po si ia la ciudad de Tenoch i lán, se ue ace cando a dicho luga
con odas las p e enciones posibles. Be nal Díaz epi e cons an emen e
cómo se en iaban a anzadillas pa a explo a el e eno que iba a c uza el
13 El c onis a Fe nández de O iedo se bu laba bas an e de la p eeminencia adqui ida po los
e e anos de I alia. Pensaba que, en e las cualidades del soldado, debía es a p esen e el se sencillo,
eca ado y no p esumido. No al aba el que ala deaba de habe pa icipado en alguna de las g andes
ba allas en suelo i aliano: “si os diçe que se halló en la [ba alla] de Ra ena, no cu éis dél si es español,
pues que quedó i o y no ue p eso; e si es u o en la de Pa ía, ampoco; o en el saco de Géno a o de
Roma, mucho menos, pues no quedó ico, y si lo ue, lo jugó o ha pe dido: no iéis dél”. Además, la
ealidad ame icana e a muy di e en e a las “comodidades” que los soldados hallaban en I alia; po o o
lado, la espe anza de halla un bo ín hacía a odos los homb es leales y ieles, si uación que podía cam-
bia ápidamen e en caso de no halla lo y, po lo an o, momen o en el que se debían alo a las i u-
des mo ales del soldado. Véase, Ge bi, An onello: La na u aleza de las Indias Nue as, México, 1992,
págs. 382-383.
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
Tomo LVII, 1, 2000 303
de Céspedes y Velasco ue gobe nado y capi án gene al de Buenos Ai es
y au o algunos años an es de un T a ado de la Gine a, p o echosa y b e e
(Lisboa, Luis de Es upiñán, 1609). Den o de es e pequeño g upo de au o-
es a aídos po la jine a y los caballos en gene al cab ía inclui a Be na do
de Va gas Machuca; és e si ió du an e más de ein e años en Indias como
maes e de campo y mu ió jus o an es de emp ende el e o no a Amé ica
pa a se i al en e de un ca go polí ico. Fue au o de Milicia y desc ipción
de las Indias (Mad id, 1599) y de es a ados sob e la jine a: Lib o de
exe cicios de la gine a (Mad id, P. Mad igal, 1600); Teó ica y exe cicios de
la gine a (Mad id, D. Flamenco, 1619); Compendio y doc ina nue a de la
gine a... (Mad id, F. Co ea de Mon eneg o, 1621). Y, po úl imo, no pode-
mos ol ida nos del único au o c iollo, Juan Suá ez de Pe al a, y su T a ado
de la caballe ía de la gine a y b ida (Se illa, F. Díaz, 1580).21
F. Vázquez de Sil a e a enien e de capi án gene al, co egido y jus-
icia mayo de San iago de Guayaquil, en el i eina o del Pe ú. Su ob a
F agmen os de pun os y a o ismos mili a es y polí icos, edac ada en la
Península, ue publicada inalmen e en Lima en 1651.
El más conocido esg imis a de la segunda mi ad del Quinien os, Je ó-
nimo de Ca anza, ambién u o un des ino en Amé ica: ue gobe nado y
capi án gene al de Hondu as. La ob a que le dio ama ue Philoso ia de las
a mas publicada a su cos a en Sanlúca de Ba ameda en 1582 y eedi ada
en la Co e en 1600. El éxi o de la esg ima en Amé ica es innegable. Se sabe
que algunos c iollos incluso iajaban a la Península en busca de las ense-
ñanzas de maes os econocidos. La polémica en e los seguido es de
Ca anza y los de la o a igu a de la esg ima hispana, Luis Pacheco de Na -
áez, ambién u o su p olongación en la ob a de José Ma eo de Ga aillana
Conclusiones philosophicas de la sciencia y des eza e dade a de las
a mas, que in en ó y sacó a la luz... G. Sánchez de Ca anza (Gua emala,
An onio de Pineda, 1684). O o esg imis a, pe o de inales del Seiscien os,
el maes e de campo F. Lo enz de Rada u o un des ino como gobe nado de
Ve ac uz. Fue au o de Respues a philosó ica y ma emá ica, en la qual se
sa is ace a los a gumen os y p oposiciones que a los p o eso es de la e da-
de a des eza y philosophia de las a mas... (Mad id, D. Ma ínez Abad,
1695) y de un C isol de la des eza, donde se pu i ica el o o de la e dad
(s.l., s. .) publicado a ines del Seiscien os y, po qué no, quizás en Amé ica.
21 Sob e es e au o y B. Va gas Machuca éase, Flo es, Benjamín: “La jine a indiana en los
ex os de Juan Suá ez de Pe al a y Be na do de Va gas Machuca”, Anua io de Es udios Ame icanos,
Tomo LIV/2, 1997, págs. 639-664.
ANTONIO ESPINO LÓPEZ
Anua io de Es udios Ame icanos
310
Las ob as de D. Ga cía de Palacio,
B. Va gas Machuca y A. He edia
El oido de la Audiencia y Alcalde de Co e de la Ciudad de México,
Diego Ga cía de Palacio, noble mon añés, he mano de mili a es, esc ibió
sus Diálogos mili a es... mien as es aba des inado en el i eina o de
Nue a España, apa eciendo en 1583. Es aba dedicado al i ey L. Suá ez
de Mendoza, conde de la Co uña. Eugenio de Salaza consag a una la ga
oda a la ob a, esal ando la impo ancia de la a ille ía y las bocas de ue-
go en gene al, y sob e los escuad ones es signi ica i o que diga: “como se
ab an, y cie en con p es eza/ se di idan y jun en los a ones:/ que el o den
y des eza en la ba alla/ impo a más, que el pe o y ina malla”. Ya ha pasa-
do la época del alo pe sonal, del a aque on al de la caballe ía pesada;
aho a lo que impo a es el ap o echamien o écnico de la a ille ía, y, sob e
odo, el o den en el campo de ba alla impues o po la disciplina mili a .
D. Ga cía de Palacio iba a descolla en la de ensa de ales ideas.
Di idido en cua o lib os, el p ime o a a sob e las cualidades del
capi án —el o icial en gene al— y el soldado. De en ada se p egun a si en
Amé ica hay posibilidades de ap ende algo en cuan o al a e de la gue a.
Plan eado como un diálogo en e un izcaíno, que p egun a, y un mon añés
que esponde, el p ime o habla de “la poca heó ica de las cosas de la gue-
a que has a aho a se ha p ac icado en la pa e de las Indias”, si lo compa-
amos con I alia, po ejemplo. El mon añés eplica que muchos de los que
conquis a on las Indias ya habían ap endido el o icio en I alia an es, “y
ap endie on la mane a de pelea , que en pa icula allí es necesa io: con la
qual suplie on y a en aja on la que lle a a o sabida... po que en las Indias
ya se sabe odo lo necessa io al A e mili a ” ( olios 8-8 º). Los p incipa-
les au o es ci ados son Césa , Vegecio y Ti o Li io, y los ejemplos que
esal an el pun o de is a del au o son ex aídos de la An igüedad clásica.
Como ju is a, Ga cía de Palacio a a en p ime luga sob e la gue a
jus a, pe o sin apo a nada nue o al ema y, lo más in e esan e, a ando
sob e la gue a con a los in ieles, pe o sin eco da las campañas de con-
quis a con a los indios.
Según el au o , pa a alcanza la ic o ia, que es el in de la gue a, es
necesa io un cue po —el ejé ci o— cuya cabeza es el gene al, pe o debe
ene un “o den y concie o” que se ob iene median e la disciplina. D. Ga -
cía de Palacio aspi a a halla la o mación mili a pe ec a, del gene al al
soldado, sin ol ida la caballe ía y la a ille ía. El capi án ha de se p uden-
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
Tomo LVII, 1, 2000 311
e y posee o aleza, es deci , sabe escoge los medios, los momen os, e c.,
pa a hace la gue a y dispone además de la p esencia de ánimo su icien-
e pa a desa olla lo sin decae en su empeño. El pe il del buen capi án se
complemen a con buenos conocimien os de ma emá icas, a i mé ica y cos-
mog a ía —“a lo más común he is o en los capi anes y soldados de ie a
y ma , que p o essan es a A e, sin el undamen o necessa io de las A es
libe ales” ( olio 39)—. La elocuencia es ú il pa a que el o icial inci e a los
soldados an es de la ba alla, eco dando las a engas de un Césa , po ejem-
plo.
En cuan o al soldado, es necesa io que sea an e odo obedien e, cas o
y aus e o; la codicia es mala compañe a de las a mas, “que quando He -
nando Co és u o p eso a Moc eçuma (Seño de México), les o ça on los
Indios Mexicanos a sali se y dexa la ciudad: y los que ca ga on de O o,
pla a y cosas p eciosas, y mos a on su cobdicia: lo paga on con la ida”
( olio 47). De endía el silencio y la concen ación de las opas en el a a-
que pa a a ende las ó denes y pode los o iciales maniob a con el escua-
d ón. Más que el ecu so a los chillidos o cualquie o o ipo de mani es a-
ción sono a, que Ga cía de Palacio debía asimila aho a a los indios, el
enemigo debe se imp esionado con la disciplina y la pe icia de las opas
o mando los escuad ones. La masa de homb es en mo imien o. A pa i
del olio 50, Ga cía de Palacio desc ibe al eclu a ideal sin pode disimula ,
como an os o os a adis as, la in luencia de Vegecio. De iende casi un
imposible: que el eclu a luche po la hon a y no po la paga. También, la
ieja idea de que el u u o soldado sea eclu ado en “P o incias y pa es
áspe as, y de pocos egalos, donde los mancebos se c ían más ellicosos,
ue es y exe ci ados, y que de aquella p o incia se enga expe iencia de
idelidad”. El eje cicio con las a mas en las manos ha de se con inuo y el
abajo cons an e, el soldado no puede se ocioso. Todos iejos p ecep os
del sabe mili a omano compendiado, como decíamos, po Vegecio
( olios 51-55).
El lib o segundo es casi una p olongación del an e io en an o en
cuan o aplica lo señalado en las di e sas ci cuns ancias de la gue a.
El lib o e ce o, que ocupa los olios 93-144, e sa sob e las a mas de
uego y la a ille ía, y es el que más ama ha dado al au o . Como o os
muchos au o es pos e io es, comienza dando no icias his ó icas sob e la
pól o a y la a ille ía, así como ece as pa icula es pa a ab ica pól o a de
a cabuz, de cañón... Cie amen e, Ga cía de Palacio demues a un conoci-
mien o écnico muy g ande, aunque los p oblemas de balís ica que plan ea
ANTONIO ESPINO LÓPEZ
Anua io de Es udios Ame icanos
312
son muy p ima ios, son más bien cues iones p ác icas del i o con a ma de
uego. T a a sob e los di e sos ipos de cañón, cómo ceba los y apun a los
y, quizás lo más no edoso, se plan ea la p esencia de la a ille ía en el ma
y sus e ec os sob e o as na es.22
El lib o cua o, de los olios 144 º a 192, es un a e de escuad onea
ípico de la época. T as e e i se a las o maciones de g iegos y omanos,
aza los modelos de escuad ón más usuales de su época, expone el mé o-
do de la aíz cuad ada pa a log a un escuad ón cuad ado pe ec o —con
an os homb es de en e como de ondo— y sus a ian es. Finaliza con
ecomendaciones sob e el luga más acep able pa a le an a un campamen-
o y/o alojamien o de los soldados.
Hubo que espe a a 1599 pa a que apa ecie a el p ime —y único—
a ado mili a hispano cen ado en la gue a en Amé ica. El maes e de
campo B. Va gas Machuca en su lib o Milicia y Desc ipción de las Indias
(Mad id, 1599) que comp ende, en ealidad, es a ados, e a conscien e de
que sus esc i os podían se de in e és dispa pa a el lec o . Va gas di á en el
p ólogo que los lib os “leyendo su odo no pueden deja de da gus o su
a i icio y doc ina; pe o si se leen en pa e, ambién se á ue za a incona -
se, juzgándole sin p o echo”. Dice B. Va gas que esc ibió la ob a du an e
es años que es u o en la Co e eclamando alguna p e ensión que enía.
Nacido en Simancas en 1555, es udió en Valladolid y, con quince años, se
ma chó a se i en el ejé ci o a I alia. A su uel a, pasó a las Indias con el
ca go de maes e de campo, donde si ió ein idós años. A su eg eso a la
Co e, donde pe manece ía, de 1599 a 1621 publicó es lib os, así como un
pequeño abajo dedicado a Felipe IV poco an es de mo i en 1622:
Compendio y doc ina nue a de la Gine a (Mad id, 1621). Según Nicolás
An onio, dejó inédi a una “De ensa de la conquis a de las Indias” en la que
impugnaba la ob a de F . Ba olomé de las Casas B e ísima elación de la
22 Al espec o, éase la ob a de Ga cía de Palacio, Diego: Ins ucción náu ica pa a el buen uso
y egimien o de las naos, su aza y gobie no con o me a la al u a de México (Ciudad de México,
P. Ocha e, 1587). La apo ación sob e la a ille ía de es e au o cabe enma ca la en e los abajos del
a adis a a ille o más in luyen e en la España del Quinien os, el ma emá ico Nicolò Ta aglia (c.1499-
1557) con sus ob as: No a Scien ia (Venecia, 1537), el p ime a ado de balís ica, y Quesi i e in en io-
ni di e se (Venecia, 1546), donde p oponía, en el sex o lib o, la de ensa de las o i icaciones en base
al uego a ille o dispa ado desde unas mu allas de nue a plan a. En ambas ob as, N. Ta aglia u iliza
el diálogo en e el cien í ico sin expe iencia p ác ica —el ma emá ico— y el soldado p ác ico sin cono-
cimien os écnicos —el a ille o—. Es una elación dialéc ica en e el sabe abs ac o que anhela una
demos ación empí ica y el ansia po comp ende el po qué del a ille o. Las ideas de N. Ta aglia
sob e la p og esión del p oyec il y el alcance de las piezas ue on e u adas a ines del XVI po au o es
hispanos como Alaba, Diego de: El pe ec o capi án, ins uido en la disciplina mili a , y nue a ciencia
de la a ille ía (Mad id, 1590) o Collado, L.: La Plá ica manuale (Milán, 1586).
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
Tomo LVII, 1, 2000 313
des ucción de las Indias (Se illa, 1552). F . A. Remesal c eía que no se
publicó po la du eza del a aque con a Las Casas.23
Las mo i aciones del au o pa a esc ibi es a ob a e an cla as: “la p in-
cipal ue se i a la Majes ad eal alen ando aquella milicia que an deja i a
es á, y ambién da escuela della a muchos caudillos que en aquellas pa es
emp enden conquis as y paci icaciones sin ningún conocimien o, que son
causa de que se pie dan mal nues os españoles no quedando ellos ganados.
Obligóme así mismo el a ición que a és a a e de la milicia he enido desde
el día que ceñí espada, siguiéndola en I alia, a madas y en Indias”.
En la ap obación de D. Juan de Mendoza, se dice que Milicia y des-
c ipción de las Indias se debe imp imi “po la mucha u ilidad que causa-
á a odas las Indias, siendo an buen espejo pa a los que la dicha milicia de
ellos se ocupa en, y en es as pa es, po la cu iosidad y cosas no ables que
con iene”. Cuando se di ige a P. Laguna, p esiden e po aquel en onces del
Consejo de Indias, Va gas busca que “ampa e y a o ezca es e abajo...
ab iendo a unos el camino de eó ica y a o os de p ác ica de que ca ecen
los más que gobie nan, así en paz como en gue a”, pa a que engan eco-
pilado en o ma de lib o odo el conocimien o sob e la ma e ia. También B.
Va gas Machuca con ó en Milicia y desc ipción de las Indias nue e sone-
os lauda o ios de o iciales y licenciados, pe o des acamos o a composi-
ción del licenciado A. de Ca ajal, i ulada “Epís ola pe suaso ia”, en la
que se puede lee : “sacando del ingenio y la expe iencia/ Re mili a , que es
nue a y necesa ia/ Las a mas y la pluma oma on uelo,/ el ingenio y el
b azo han hecho liga,/ el sabio que leye e, aya a ien o,/ que el alo con
p udencia uela al o,/ y el que ep uebe en Indias es e eje cicio, /mi e que
pie de el nomb e de soldado”.
B. Va gas Machuca comienza po e e i cómo las a mas eu opeas se
hubie on de adap a a las condiciones p opias de Amé ica, sus i uyendo las
a mas de ensi as de ace o po o as de algodón upido ípicas de los indios
de Nue a España —“En las Indias usa on al p incipio balles as, co as
y co azas y pocos a cabuces, ambién odelas. Ya aho a en es e iempo, con
la la ga expe iencia, econociendo la mejo a ma y más p o echosa, usan
escope as, sayos de a mas hechos de algodón, espadas anchico as, an ipa-
23 Va gas Machuca, Be na do: Milicia y desc ipción de las Indias, Mad id, 1892, 2 Vols. La
ob a en cues ión se i ulaba Apologías y discu sos de las conquis as occiden ales (1612) y ue inalmen-
e publicada po Fabié, A. M.: Vida y esc i os de Las Casas, Mad id, 1879, omo II, págs. 409-517.
Véase al espec o, Ga cía, Rica do: La leyenda neg a, Mad id, 1992, pág. 247, no a 21 y la mode na
edición de Apología y discu sos de las Conquis as Occiden ales, edición y es udio de Ma ía Luisa
Ma ínez de Salinas, A ila, 1993.
ANTONIO ESPINO LÓPEZ
Anua io de Es udios Ame icanos
314
as y mo iones del dicho algodón y odelas”. Las no icias sob e las ca ac-
e ís icas bélicas de los indios ocupan las p ime as páginas y, seguidamen-
e, se a a de las i udes ma ciales que ha de posee el o icial —se expe-
imen ado en asun os de la gue a, p uden e al acome e las emp esas,
diligen e al ejecu a las, se dies o en el manejo del escuad ón y en la o -
ma de gobe na las opas—, que en las Indias, po las ca ac e ís icas de la
hues e indiana, son más impo an es que en la p opia Eu opa. B. Va gas no
u iliza los é minos o icial o capi án, sino que emplea la palab a caudillo
pa a e e i se al je e de gue a hispano en Amé ica. Piensa Va gas que en
las Indias no se ha ace ado con el ipo de pe sonas elegidas como o icia-
les po los gobe nado es, de modo que hay poca gen e de calidad —hidal-
gos— en e la o icialidad... El p oblema es que el caudillo ha de ene un
cie o caudal pa a man ene a sus homb es has a que se ob enga algún bo ín
y pa a paga los gas os de una nue a conquis a.
B. Va gas ecomienda una cie a edad, en e 30 y 50 años, pa a el cau-
dillo debido a lo abajoso que es la conquis a en Amé ica a ni el ísico;
pe o no es menos impo an e la mo al, la diligencia pa a supe a odas las
p uebas sin endi se. También se ha de se p uden e —y de e minado— en
odas sus decisiones y con a con las opiniones de los soldados más expe-
imen ados —baquianos—. A di e encia de Ga cía de Palacio, Va gas
Machuca es capaz de pone al ni el de Alejand o o Césa a gen es como
H. Co és, F. Piza o o G. Jiménez de Quesada, cuyos hechos de a mas le
si en de ejemplo.24
El lib o segundo e sa sob e las ca ac e ís icas del soldado pa i-
cipan e en la conquis a de Amé ica. Ac edi a expe iencia en los asun-
os ame icanos se alo aba muchísimo, pe o ambién un buen es ado ísi-
co — ene de 15 a 50 años, no es a obeso—, de empe amen o anquilo,
pa a no albo o a los ánimos, de modo que Va gas aconseja no lle a muje-
es en las jo nadas de conquis a y, sí, en cambio, sace do es —siemp e
y cuando puedan segui aquellos “ abajos”— que p ocu en adoc ina a los
soldados, impidiendo que blas emen, y que adoc inen a los indios cuando
sea el caso. En las expediciones ame icanas e a especialmen e impo an e
con a con una buena p o isión no sólo de a mas, municiones y he amien-
as —di íciles de sus i ui allí—, sino ambién de bas imen os y, sob e odo,
24 G. Bo e o en su La azón de Es ado no en endía que los mismos que ebajaban las p oezas
de los españoles en el Nue o Mundo, “celeb en las p oezas de los a enienses con a Je jes o de
Alejand o Magno con a Da ío, o las de Lúculo con a Tig ane o de Escipión con a An íoco”. Véase la
aducción y edición de S e ano y Ga cía-Pelayo, pág. 174.
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
Tomo LVII, 1, 2000 315
medicinas y gen e p ác ica que sepa cu a las en e medades, especialmen-
e las he idas en enenadas, ípicas de aquellas ie as. El eje cicio con inuo
con las a mas es undamen al —“el soldado que ue a enemigo de ca ga
las a mas, se puede p esumi pond á la espe anza de su ida más en los piés
que en las manos” (págs. 146-147)—, pe o ambién el conocimien o p ác-
ico; po ello, Va gas Machuca alecciona sob e el hábi o de los indios de
planea emboscadas y a aca en g upos educidos, casi sin plan ea nunca
ba allas campales, de modo que el uso de los pe os que los a e o iza y,
sob e odo, su capacidad pa a de ec a las emboscadas, hace que sean
insus i uibles en el modo de hace la gue a en las Indias.25
El lib o e ce o a a de las obligaciones gene ales del soldado que si -
e en Amé ica —que son las mismas que en Eu opa—: humildad, obedien-
cia, p ác ico con las a mas, hon ado, buen cama ada, leal con el ey, hones-
o, buen c is iano... y cómo ha de p ocu a man ene la compos u a en las
ie as de los indios amigos; ambién plan ea las peculia idades de las ma -
chas po e i o io enemigo, a anzando poco a poco, haciendo con inuas
pa adas, pe o man eniendo siemp e la o mación de comba e, las mechas
encendidas y en silencio pa a oí an es a un enemigo que se ca ac e iza po
el uso de lo sono o en la gue a. Siemp e hay que econoce los caminos, o
ab i los, pe o a anzando siemp e con p ecaución. Dedica especial a ención
al adeo de los íos, que siemp e es una ope ación mili a delicada, acon-
sejando sob e la cons ucción de puen es de campaña. También o ece con-
sejos ú iles de cómo acampa con la máxima segu idad posible y elegi an-
o los días de llu ia como la noche —“ asnochada” o “encamisada”— pa a
a aca a los indios, así como usa emboscadas con ellos, lo que nos hace
pensa que Va gas Machuca analizó muy bien, y adap ó, algunas peculia i-
dades bélicas de los indios, pe o sin admi a ninguno de sus log os. De
odas o mas, en Eu opa ambién se o ganizaban encamisadas pa a a aca
de noche el campamen o del enemigo. Un consejo se nos an oja como
especialmen e impo an e: “A iso a los soldados que no se desab iguen uno
de o o, po que en es a gue a un soldado no es más de pa a un indio, po -
que si le cogen dos indios le ma a án; y si dos se hallan jun os, son pocos
25 Sob e los pe os, ci a F. Mo ales Pad ón el es imonio del pad e Cobo: “En las p ime as con-
quis as se ayuda on mucho de los pe os en las gue as que u ie on con los indios; po que indus ia-
dos, e an u ilísimos, mayo men e en ie as agosas y de bosque, donde po se los indios gen e suel-
a no los podían segui los españoles. Cob a on los indios an o miedo a es os pe os de ayuda, que en
la ba alla que sabían que enía algún pe o desmayaban y se enían po pe didos. Y los pe os, con el
a i icio de la gue a y despedaza indios, se hacían b a os como ig es”. Mo ales Pad ón, F ancisco:
Los conquis ado es de Amé ica, Mad id, 1974, pág. 115.
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Anua io de Es udios Ame icanos
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ein e indios y si cua o, son poco cien o”. Siemp e espe a la o mación,
el apoyo mu uo, la p incipal a ma hispana. Sólo cuando el indio, como los
a aucanos, consigue le an a un escuad ón bien o mado de picas, el hispa-
no se e á obligado a deshace lo con su a cabuce ía pa a, a pos e io i,
in en a ompe lo con la caballe ía.26
El lib o cua o plan ea cómo hace la paz con los indios y su p incipal
consecuencia que es la u banización inmedia a de la zona y el epa o de ie-
as en e los homb es... Lo mejo es man ene al indio con en o con el domi-
nio hispano, ganándose su olun ad, pe o ambién cumpliendo siemp e con lo
pac ado con ellos. El p emio a odo soldado es inexcusable, pe o mucho más
al que ha se ido en la conquis a ame icana po odo lo que se ha padecido.
La ob a se comple aba con un a ado de la es e a y una desc ipción
de las Indias que, jun o con las ob as dedicadas a la caballe ía de la jine a,
cub en el uni e so de los in e eses del au o .
En 1660 publicaba en Lima el sa gen o mayo An onio de He edia
Es upiñán su Teó ica y p ác ica de escuad ones. La ob a se dedica al i ey
del Pe ú, conde de Al a de Alis e. En la ap obación del capi án Juan de
Ley a, és e comen a que as una de las ic o ias del amoso conde de
Fuen es, la ba alla de Do lan, el gobe nado de la plaza He nán Tello
Po oca e o le p esen ó un lib o de escuad ones —que no se llega ía a
publica , po lo que sabemos— y en la ap obación que del mismo hizo el
sa gen o mayo Ma ín Du ango, és e dijo que no sólo había que imp imi -
lo, sino “da po p ecep o in iolable que ningún soldado es é sin él, y que
se lea en los cue pos de gua dia”. Ley a pensaba que lo mismo se debía
deci del lib o de He edia Es upiñán po su e udición, b e edad y cla idad.
En la censu a del capi án F. Ruiz Lozano, és e dice que en aquel lib o
“halla á el doc o a iedad de discu sos en odas las ciencias y g an e udi-
ción en las ma emá icas; el epublicano una polí ica c is iana; el bisoño una
disciplina y enseñanza con que en b e e iempo se haga amoso mili e; y el
e e ano nue as de o as y caminos que le conduzgan al más pe ec o
conocimien o y excelencia del a e de la milicia”. Asegu a que no ha is o
en o as ob as la mane a de o ma escuad ones ci cula es —“que en los
au o es que yo he is o, no solamen e no la hallo p ac icada, más po igno-
a el modo de o ma los, los han condenado po inú iles, lo que no hicie-
26 Según Albe o M. Salas, “la lucha en escuad ón ce ado, bien p o egido y e izado de picas
no es ecuen e... si no es en Chile”: Las a mas de la conquis a de Amé ica, Buenos Ai es, 1986, pág.
277. Aún siendo una ob a es imable, pensamos que el au o no dedica la a ención su icien e al escua-
d ón hispano.
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
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an si hubie an alcançado su e dade a áb ica, po se la igu a ci cula la
más capaz y la más pe ec a de las o mas de la geome ía”—, ni ampoco
los iangula es y los de di e sos lados. Y concluye: “Úl imamen e es e a-
ado es digno de oda es imación y ap ecio, mayo men e quando en los
iempos p esen es ay an pocos que se apliquen en es e eyno, no digo a
esc ibi , más ni a es udia es a acul ad, ni que sepan uni en el A e mili a
la pa e p ác ica con la especula i a. Y es la mayo ecomendación assí de
la ob a como del Au o a e se se bido V. Exc. de que se le leyese odo es e
a ado en los a os que le dexa lib es la p incipal a ención del gobie no”.
En el p ólogo,A. de He edia Es upiñán nos in o ma que es hijo de sa -
gen o mayo y al cuidado de su pad e se o mó, de mane a que comenzó a
a iciona se no sólo a la acción p ác ica del asun o, sino ambién a la eó i-
ca, y quizás con demasiado ímpe u, pues esc ibió mucho, quizás demasia-
do y aho a, en el esc i o que p esen a, había qui ado mucho de lo esc i o,
“pa eciéndome que la cóle a española no iene su imien o pa a lee di u-
sos y la gos a ados, aunque sean de ma e ias an impo an es”. También
asegu a que le ha lle ado mucho iempo lee odos los au o es que ha podi-
do cuyas doc inas él ha pues o en o den aspi ando sólo a se i a su pa ia.
Piensa que los a ados de los an iguos se hallan “muy espa cidos y dila a-
dos, siendo los mode nos más llenos de elegancia y e ó icas, que de doc-
ina, la qual no bien se explica con é minos esquisi os y ealçados, a cuya
causa solo sigo y copio los au o es que hablan con es ilo llano y na u al...
excluyendo las opelías, con usiones de algunos mode nos, que pa ece que
de p opósi o no quie en que los en iendan, y assí se luce poco su ense-
ñança, pues nadie ap ende, y odos quie en se maes os”. En ealidad, la
ob a que a amos es sólo un ex ac o de o a mayo que enía p e is a pa a
la imp en a —y que, al pa ece , nunca publicó— i ulada “Teso o mili a ”.
La ob a es á compues a po 54 olios más un índice. Comienza, ci an-
do a Jeno on e, que el o den “es una de las cosas más ú iles y con enien-
es”, y que ha sido la mano de Dios, y no la sabidu ía del ey Pi o de Epi o
—como dicen algunos—, la que le dio a los homb es los escuad ones.
El escuad ón “es o den, unión y compos u a de alguna gen e a mada, en al
mane a que mo iéndose a es a y aquella pa e o midablemen e seño ee la
campaña po halla se en él la de ensa y o ensa necesa ia” (Fol. 1 º). La i -
meza del escuad ón se consegui á cuando cons e de o den, alo , des eza,
agilidad y ue za, alo es que no siemp e concu en a la ez. T as p esen-
a los di e sos modelos de escuad ón de los que más adelan e a a á,
He edia c i ica a aquellos que asegu an que el escuad ón ci cula no es
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Anua io de Es udios Ame icanos
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p ác ico: en odo caso no han sabido o ma lo y, po ello, no ían de él. Pe o
la ealidad es que, en campo aso, es e sis ema es capaz de ena un a aque
de caballe ía po odos los lados a la ez, igual que es escuad ón cuad ado
de gen e. De hecho, ecue da que de es e sis ema se decía que podía a an-
za siemp e po el e eno sin p oblemas: cie amen e si lo a acan po los
cua o lados a la ez no. He edia piensa que el escuad ón ci cula , una ez
eje ci ados los homb es, demos a á que es más ue e que el cuad ado.
Pa a el au o , oda la di icul ad es á en la al a de disciplina: los an iguos
enían an disciplinados a sus homb es que ellos, po sí solos, sin necesidad
de o iciales, e an capaces de o ma un escuad ón. Sob e el escuad ón cua-
d ado de e eno a an au o es como C. Pé ez de Exea y C. Lechuga,27 pe o
lo hacen de una o ma an “la ga y obscu a, [que] el es udian e que no es á
en e ado de los o os p incipios de A i mé ica, se o usca y con unde oman-
do a e sión al minis e io...” (Fol. 9). P ecisamen e po ello, dice He edia
Es upiñán, “pond é yo me amen e las eglas de esquad ones, y una egla
gene al pa a odas las p opo ciones, que al soldado cu ioso cosa ácil se á
ap ende la a i mé ica en los muchos lib os que hay della” (Fol. 9). Las
siguien es páginas es án des inadas a explica las di e sas eglas pa a o -
ma los sucesi os ipos de escuad ón, siemp e con la a i mé ica como p in-
cipal aliada, aunque en el inicio de su ob a ya había ad e ido que “la expe-
iencia es la mad e de la ciencia” (Fol. 5 º), de modo que se ha de p ac ica
odo lo ap endido o, mejo aún, as p ac ica las cosas es cuando se ap en-
den. También es conscien e de que aquel ipo de enseñanza necesi a de
demos aciones isuales, median e g abados, pe o iene que excusa se po
no hace lo, “po que en el luga donde me hallo no au a quien ab a de bu il
las es ampas, y si lo hubie e, no au a caudal con que paga las” (Fol. 5).
Aún bien en ado el siglo XVII los e e en es mili a es seguían sien-
do los ejé ci os de la An igüedad clásica28 y una cie a polémica —quizás
27 Lechuga, C is óbal: Discu so que a a del ca go de Maes e de Campo Gene al, y de odo
lo que de de echo le oca en el Exe ci o (Milán, P. Mala es a, 1603); Pé ez de Exea, Miguel: P ecep os
mili a es, o den y o mación de esquad ones..., (Mad id, Vda. de A. Ma ín, 1632). O os a ados del
momen o: Ba oso, Be na dino: Teó ica, p ác ica y exemplos de gue a... (Milán, 1622); Fe nández de
Eyzagui e, Sebas ián: Lib o de a i mé ica, con un a ado de las qua o o mas de esquad ones mas
acos umb adas en la milicia (B uselas, 1608); Lo en e B a o, Miguel: Compendio mili a , i a ado de
esquad ones (Za agoza, 1644).
28 Lo mismo ocu ía en Eu opa. Véanse los abajos de Kleinschmid , Ha ald: “Using he Gun:
Manual D ill and he P oli e a ion o Po able Fi ea ms”, The Jou nal o Mili a y His o y, n.º 63, 1999,
págs. 601-630 y de Neill, Donald A.: “Ances al oices: The In luence o he Ancien s on he Mili a y
Though o he Se en een h and Eigh een h Cen u ies”, The Jou nal o Mili a y His o y, n.º 62, 1998,
págs. 487-520.
LAS INDIAS Y LA TRATADÍSTICA MILITAR HISPANA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
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