CIENCIA
NORMAL
Y
CIENCIA
FILOSÓFICA
EN
K.
MARX
José Manuel
BERMUDO"
1.
MARX,
FILOSOFO
Du an e mucho iempo, y suponiendo que así
se enal ecía la igu a
y
la ob a de Ma x, se ha
in en ado libe a le de su
se ilóso o
pa a acen-
ua la pu eza de su
se cien i ico
Y/O
su
se
e oluciona io.
Sin pone en duda sus cualida-
des y mé i os en los dis in os dominios de las
ciencias y la acción polí ica, y sin en a en
compe ición con ella, nos pa ece que la lec u a
de las ob as de Ma x pe mi e descub i su se
ilóso o.
Y
lo pe mi e no sólo en un sen ido la-
xo, bajo el cual odo homb e de ciencias o de
le as, incluso odo homb e sin más, piensa y
eje ce su p ác ica ( eó ico o ma e ial, si
es
que
es necesa ia la dis inción) en una
iloso ia espon-
ánea;
sino en sen ido
ue e,
como ilóso o
ou
cou
(si es que debemos segui jugando con
al p e ensión de pu eza).
Hace pocas décadas, cuando la
Ciencia
y la
Re olución
enían un al o alo de cambio en-
e a la
Filoso ia,
d amá ica o cómicamen e de-
aluada, habla de un «Ma x ilóso o)), e inclu-
so de una
iloso ia ma xis a
( ue a és a el ma e-
ialismo dialéc ico, exo cizado po
o odoxo,
po
ma e ialis a
y po dialéc ico; ue a la
iloso ía
de la p axis,
algo más ole ada, quizá po que al
p esen a se siemp e como nebulosa e inconc e a,
un an o an asmal, pudie a se conside ada más
débil, inocen e o maleable) e a siemp e is o
como sospechoso desde ue a y desde den o
del ma xismo. Hoy, que la
c isis
del me cado de
alo es ha al menos igualado -aunque sea a la
baja-, si no in e ido, la co ización de los mis-
mos, puede (e incluso pa ece opo uno) habla -
se del
Ma x ilóso o.
Y
lo amos a hace , aunque in en ando no
cae en el campo de ue zas de los deba es a-
dicionales, que p esuponemos nos en eda ía en
las iejas -aunque no es é iles- polémicas es-
pec o a la
mue e
de la iloso ía (a manos de la
ciencia
o a manos de la
p ác ica e oluciona ia;
o a sus p opias manos al ealiza se), la up u a
epis emológica, los dos Ma x, e c., e c.
*
Nascu en el
1943,
és adjun de iloso ia mode na
i con empo ania a la Uni e si a de Ba celona. En e
les se es publicacions des aquen:
El
concep o de p axis
en el jo en Ma x,
Península,
1975;
De G amsci a
Al-
husse ,
1979;
Engels con a Ma x,
1981.
Vamos a hace lo conside ando que la e le-
xión ilosó ica apa ece en Ma x como una
exi-
gencia
de su abajo cien í ico
y
de su ac i ud
polí ica. Es in e esan e señala al espec o cómo
Ma x de iene pe iódicamen e sus in es igacio-
nes sob e los emas económicos, suspende su
lec u a de ac as e in o mes sob e la ida y la
his o ia económica, pa a e lexiona sob e el
mé-
odo
de la Economía Polí ica. Le obsesiona el
p oblema; le p eocupa el
o den
en que debe
expone los esul ados de las in es igaciones y
po dónde debe comenza ; le p eocupa si ese
o den
ep oduce o no la ealidad..
.
Y
esa es, como e emos, una p eocupación
de ilóso o, que no quie e eje ce su ciencia en
una iloso ía espon ánea, que quie e ele a és a
a conciencia, que c ee que és a iene algo que
e con el
alo
de los p oduc os cien í icos.
Pe o no se a a sólo de esos momen os de
«al o en el camino», de esos capí ulos en la
Mi-
se ia de la Filoso ia,
de la
In oducción de
1857,
del
P e acio de
1859, del
Epilogo de
1873, e c.
Si bien en es e abajo nos limi a emos unda-
men almen e a es e ni el de análisis del Ma x
ilóso o, debemos econoce que en los ex os
con encionalmen e cien í icos, especialmen e en
aquellos que p epa ó de o ma acabada pa a la
publicación, es á p esen e la huella de su p eo-
cupación ilosó ica. Pod ía pensa se que sólo
como
e-eZabo ación
añadida, como
mé odo de
exposición.
..
Si así ue a, no po ello se ía me-
nos impo an e. Pe o es que sospechamos que
esa eelabo ación, añadida p esun amen e
a pos-
e io i,
es á p esen e en el momen o de la p ác-
ica cien í ica
no mal,
eje ciendo en ella su de-
e minación.
Y
con i iéndola en
no del odo
no mal;
o,
al
menos, haciendo de esa ciencia
económica de Ma x un p oduc o sumamen e
complejo, p oblemá ico y ico en cues iones i-
losó icas.
C eemos, incluso, que la cons an e insa is ac-
ción de Ma x espec o a su p oducción cien í i-
ca -esa obsesi a aspi ación a la pe ección de
la exposición, que le lle aba a co ecciones sin
lími es, puliendo ei e adamen e el discu so,
en e a la espon aneidad de Engels que Ma x
an o admi aba..
.-,
su p eocupación po la o-
pología de los concep os, po su o den de a a-
mien o, en
in,
incluso
el
hecho impo an e de
que cada una de las ob as económicas publica-
das po él es á hecha po selección- econs uc-
ción de un as o ma e ial de dis in os g ados de
elabo ación..
.
,
odo eso nos pa ece apoya nues-
a esis de que
Ma x p odujo su ciencia bajo la
angus ia de su conciencia ilosó ica.
F en e a la
agilidad, espon aneidad e incluso audacia que
da la inconsciencia de quien se sien e o se c ee
eje ce su p ác ica cien í ica en el seno de la
conciencia no mal,
Ma x deja e una cons an-
e inquie ud, una obsesi a necesidad de
jus i i-
ca
su mé odo y sus pun os de is a, una cons-
an e lucha po esal a su di e encia
y
una
p eocupación consiguien e de no deja lancos
descubie os, odo ello p opio de quien elabo a
el análisis desde una iloso ía conscien e y cons-
cien emen e al e na i a.
Con es a pe spec i a lle a emos a cabo nues-
a e lexión que, como hemos insinuado, se cen-
a á sólo en una selección de ex os ex endida
a lo la go de la ida de Ma x
y
que exp esan, a
nues o pa ece , momen os impo an es en esa
inquie ud e insa is acción espec o a su p opia
ob a eó ica. Que emos con ello esal a e indi-
idua la p eocupación ilosó ica de Ma x, es-
peci ica su posición ilosó ica; lo cual deja ía
pendien e, pe o jus i icada, la necesidad de su
es udio, una in es igación desde nue a pe spec-
i a de la ob a de Ma x.
La esis, o mulada conc e amen e, es que en
la ob a de Ma x coexis en dos c i e ios de cien-
i icidad, dos concep os de
ciencia,
cada uno de
los cuales supone un modelo de in eligibilidad
dis in o
y
cada uno de los cuales, ambién, lle a
adsc i o unas écnicas o mé odos especí icos.
Esos dos concep os los conc e amos en los de
ciencia no mal
y
ciencia especula i a
o
ilosó i-
ca,
si bien en o o ni el de análisis pod ía
y
debe ía ma iza se
y
especi ica se el sen ido de
es os dos concep os en Ma x. Ad e imos de en-
ada que es a coexis encia no es siemp e pací-
ica ni equilib ada: el desa ollo desigual, la
a-
iación de la hegemonía ela i a, el g ado de
agudización en e ambas, e c., no sólo queda su-
pues o en la esis sino que, c eemos, pod ía se
una pe spec i a muy é il e inno ado a, la de
hace una biog a ía in elec ual de Ma x, pe io-
dización incluida.
Dado los limi es de es a con e encia no pode-
mos ex ende nos en la ca ac e ización de la
cien-
cia no mal
y
la
ciencia ilosó ica,
a ea imp es-
cindible pa a una nue a lec u a de Ma x en la
pe spec i a indicada.
Y
ampoco podemos de e-
ne nos en el análisis his ó ico del p oblema, el
cual e o za ía nues a esis de que Ma x piensa
en la
enc ucijada
de una ciencia ilosó ica -si se
quie e, de la dialéc ica hegeliana- y de una
ciencia posi i is a, que dominaba ya en Eu opa
du an e la hegemonía del hegelianismo en Ale-
mania,
y
que asal a ía es e educ o a la mue e
del g an ilóso o. El o cejeo de Max en e dos
ciencias, en e dos ó denes de in eligibilidad in-
su icien es -según él- cada uno de ellos, e
ina iculables sin cambia o in e i los..
.
es la
pe spec i a que anunciamos. Dejemos, pues, ese
ambicioso p oyec o pa a o a ocasión
y
limi é-
monos aquí a mos a cómo ese o cejeo de
Ma x podemos apoya lo en unos ex os, en unos
momen os en los que Ma x, pun ualmen e pe o
de o ma ei e ada, nos mues a su p eocupa-
ción, nos deja e que in uía el p oblema
...
Aunque quizá no en oda su complejidad, ya
que nunca p o undizó en él su icien emen e. Po
eso, no esol ió la cues ión del mé odo. Tal ez
po ello, el p oduc o de su e lexión haya sido
ese géne o a ípico que pa ece « ilosó ico» a los
economis as y sociólogos y «socioeconómico» a
los ilóso os.
2.
LA MISERIA
DE
LA
FILOSOF A
La p ime a e apa de la ac i idad eó ica de
Ma x no se á abo dada aquí, po azones de
espacio
y
po que lo hemos hecho en o o luga .
Pe o digamos al menos que Ma x en ella (como
es habi ual en los inicios de cualquie p ác ica
eó ica), eje ce su e lexión sob e ex os. Has a
su es ancia en Lond es, con sus la gas jo nadas
en el B i ish Museum, y ya en con ac o con di-
e sos núcleos socialis as de di e sos países, a
a és de los cuales le llegaba in o mación «em-
pí ica» de la ealidad socioeconómica, Ma x e-
lexionó sob e lib os, esc ibió sob e esc i os.
Quie o deci que si, po ejemplo, en Lond es
u o acceso a una documen ación empí ica, des-
c ip i a, ica en da os, has a en onces básica-
men e conoció el mundo a a és de ex os, de
eelabo aciones ilosó icas, económicas, e c.
Pensa es siemp e eelabo a o as in o ma-
ciones, sin duda alguna.
Lo
de e minan e es el
ni el de és as. Cuando se a a de eelabo a , e-
o dena las in o maciones con enidas en ac as,
documen os, es udios económicos, es adís icas,
e cé e a, el abajo eó ico es más
posi i o,
a
di ec amen e o ien ado a la comp ensión
y
ex-
plicación de la ealidad. En cambio, cuando a
pa i de unas e-elabo aciones, econs ucciones
eó icas -sean los ex os de Economía Polí i-
ca, sean aún los más abs ac os de Hegel o los
jo enhegelianos- se in en a o ece una ep e-
sen ación nue a, el abajo eó ico es más bien
c i ico.
Pa a en ende nos, pod íamos deci que
en el p ime caso nos ace camos a la ac i idad
cien í ica en sen ido usual, y en el segundo, a
la ilosó ica.
Pues bien, Ma x comenzó como ilóso o.
Y
no impo an aquí sus decla aciones sob e la
«mue e de la iloso ía» a manos de la ciencia
(Ideologia alemana)
o de la p axis e oluciona-
ia
(Tesis sob e Feue bach):
al ez a su pesa ,
su ac i idad es dominan emen e ilosó ica.
Y,
en
ella, la p eocupación p incipal, desde la que eje -
ce su c í ica, es la o denación inal de los con-
cep os. En su alo ación de los economis as li-
be ales, jun o a la c í ica de asun os conc e os,
pun ales, con los que disc epa o donde e ala-
cias, con adicciones o insu iciencias, o ece la
o a c í ica, la que denuncia incluso lo « álido»
de la Economía Polí ica clásica como posi i is-
mo, es deci , como simple desc ipción de lo que
es, sin da cuen a -y más bien ocul ando- el
o igen, la génesis y la necesidad de supe a esa
ealidad exis en e.
Como no podemos de ene nos en cada pun o
de es a p ime a ase, nos limi a emos a comen-
a con cie o de enimien o algunos pasajes de
La mise ia de la Filoso ia.
En ellos se e que,
pa a Ma x, que ya mues a un buen conocimien-
o de los
ex os
económicos, el p oblema cen al
de su c í ica a P oudhon es el del o den de los
concep os, es deci , la c í ica se eje ce en el do-
minio de la
ciencia especula i a.
Nos de end emos solamen e en el capí ulo de
la segunda pa e, dedicada a «La me a ísica de la
Economía Polí ica». Es e p ime capí ulo se sub-
i ula: «El mé odo». El comienzo es ya indica-
i o
:
«iHenos aquí en plena Alemania» Vamos
a
ene que habla de me a ísica al habla de
Economía Polí ica»
(M.
F.,
p.
153).
La imagen céleb e que usa Ma x pa a compa-
a a P oudhon con Hegel anuncia el ono jo-
coso, que no cub e, sino que apo a iolencia
a la e ible c í ica a un homb e que an es pú-
blicamen e admi ó:
«Si el inglés ans o ma
a
los homb es en
somb e os, el alemán ans o ma los somb e-
os en ideas. El inglés es Rica do, ico ban-
que o
y
economis a dis inguido; el alemán
es Hegel, simple p o eso de iloso ía en la
Uni e sidad de Be lín»
(M.
F.,
p.
153).
Y
ya que -pa a aseando a Hegel- oda
me a ísica se esuel e en el mé odo, hay que
es udia el
mé odo
de P oudhon
que, en de ini-
i a, ha esc i o la «me a ísica» del « ableau
économique» de Quesnay. La c í ica es minucio-
sa e incluso en exceso: a Ma x no le ag adan las
simples descali icaciones gene ales. Siemp e
mues a un celo esc upuloso hacia los de alles.
Su c í ica desmenuzaba los ex os, desmemb a-
ba sus pa es, en el es ue zo de pone de elie-
e que la en e medad a ec aba a los elemen os
más p o undos de los ó ganos.
P oudhon había dicho:
«No hacemos una his o ia según el
o den
del iempo,
sino
según la sucesión de las ideas.
Las ases o ca ego ías
económicas al
mani-
es a se
esul an, an p on o con empo áneas
como in e idas..
.
Las eo ías económicas po-
seen ambién
su
sucesión lógica
y
su
se ie en
el en endimien o:
es e o den es el que nos en-
anece habe descubie o»
(M.
F.,
p.
154).
Y
bajo ono jocoso («desdichadamen e el se-
ño P oudhon ha que ido asus a a los anceses
i ándoles a la ca a ases casi hegelianas))),
Ma x se dispone a analiza un ema impo an-
e: «Tenemos, pues, que ocupa nos de dos hom-
b es: en p ime luga , del seño P oudhon, des-
pués, de Hegel». En ealidad hay es planos.
P ime o, el de la Economía Polí ica clásica; des-
pués, el de P oudhon y su elación con la an e-
io ; y inalmen e, Hegel y el coque eo hegelia-
no de P oudhon. Pod íamos deci : la ciencia, la
iloso ía y la
mise ia
de quien
se
mue e en me-
dio sin sali se.
0,
si se p e ie e, la
ciencia em-
pi ica,
la
ciencia especula i a
y la mise ia eó i-
ca que, po lo menos, anuncia la necesidad de
un sabe que los econcilie. Po que la idea de
P oudhon no es mala: quie e, como econoce
Ma x, explica el ac o de o mación, la génesis
de las ca ego ías, p incipios, leyes, ideas, pensa-
mien os, e c., de los economis as, cosa jus a en
an o que és os se han limi ado a exp esa las
elaciones de p oducción bu guesas, la di isión
del abajo, la moneda, el c édi o..
.,
como si
ue an ca ego ías ijas, inmu ables y e e nas. El
p oyec o es jus o; exp esa una necesidad. Pe o
ue mal ealizado, según c ee Ma x.
Con iene lee de enidamen e el ex o. En él
se admi e que las
ca ego ias
se mani ies an a e-
ces anac ónicamen e; o sea, que las
eo ias eco-
nómicas,
que exp esan dichas ca ego ías, ienen
un o den his ó ico
y
ienen una
se ie
en el pen-
samien o; es deci , que pueden se
o denadas
como mo imien o de la Idea, en un
o den
ló-
gico
que no se co esponde con el de su mani-
es ación his ó ica.
Se e cla o el coque eo p oudhoniano con He-
gel. Pe o ambi6n se e su discu ible asimilación
del ilóso o alemán. P oudhon a i ma la sepa a-
ción en e
o den his ó ico
y
o den lógico;
c ee
habe descubie o es e úl imo en el dominio de
las ca ego ías económicas:
y
con ese o den lógi-
co (es deci , jus o), puede condena el capi a-
lismo.
A
Ma x no le sa is ace:
«Los economis as nos explican cómo se
p oduce den o de es as elaciones dadas, pe-
o lo que no nos explican es cómo se o igi-
nan ales elaciones, es deci , el mo imien o
his ó ico que las hace nace . El seño P ou-
dhon, al conside a esas elaciones como p in-
cipios, ca ego ías, pensamien os abs ac os,
sólo iene que pone
o den
en es os pensa-
mien os, que se hallan clasi icados al abé ica-
men e al inal de cualquie a ado de econo-
mía polí ica. Los ma e iales de los economis-
as son la ida ac i a
y
ac uan e de los hom-
b es; los ma e iales del seño P oudhon son
los dogmas de los economis as. Pe o desde el
momen o en que no se pe sigue el mo imien-
o his ó ico de las elaciones de p oducción,
cuyas ca ego ías no cons i uyen más que su
exp esión eó ica, desde el momen o en que
no se quie e ya e en es as ca ego ías más
que ideas, pensamien os espon áneos, inde-
pendien es de las elaciones eales, se obliga
uno
a
designa al mo imien o de la azón
pu a como
él
o igen de ales pensamien os»
(M.
F.,
p.
155).
No le sa is ace ni la ac i ud de los
econo-
mis as,
que se limi an a desc ibi la ealidad, sin
pone en cues ión la
acionalidad
y/o la
his o-
icidad
de la misma, ni la ac i ud de P oudhon,
quien, cie amen e, quie e i más lejos, pe o
sólo lo hace «a bi a iamen e», jugando a hege-
liano
y
con poca o una, con i iendo la iloso-
ía en el p oduc o imagina io de las pi ue as de
la azón.
Es e ex o es muy impo an e. Ma x c i ica a
P oudhon dos cosas, y con dis in o g ado de
ac i ud. En p ime luga , le c i ica que ome
po ma e iales los
dogmas
de los economis as.
Aquí la c í ica no es al mé odo, sino a la inge-
nuidad de su aplicación. Es deci , es e iden e
que el pun o de pa ida de la
e lexión inal
de-
ben se los p oduc os de las
e lexiones empí i-
cas:
pe o cuando és as es án con enien emen e
saneadas, cuando no son
dogmas
de una e le-
xión ingenua, sino conscien emen e engañosa.
En odo caso, se econoce implíci amen e la do-
ble e lexión, pues la ac i idad de
e lexiona
sob e los ex os de la Economía Polí ica no es á
desau o izada. En segundo luga , le c i ica que
ema esos dogmas, esas ca ego ias in en a iadas,
y se dedique a juga a o dena las según c i e ios
p e endidamen e lógicos, dando la espalda a la
his o ia eal; e incluso negando a és a su papel
de e minan e de aquélla.
Po an o, lo que se c i ica es la desa o una-
da o ma con que P oudhon quie e cons ui
la
ciencia (especula i a), el o den lógico de las ca-
ego ías. Pe o no se desau o iza es e p oyec o,
sino que, a nues o en ende , queda implíci a-
men e jus i icado.
De momen o, dejemos ano ada esa doble c í-
ica que dibuja el p oblema que nos p eocupa.
De momen o, esal emos que Ma x c i ica espe-
cialmen e a P oudhon no que pa a de
las cien-
cias
y a e de o dena las ca ego ías, es deci ,
de cons ui la
ciencia especula i a,
sino que
pa a de unas ciencias insu icien es, y ealice su
a ea o denado a como simple juego a bi a io,
al queda se sin
c i e io:
«Si u iésemos la in epidez del seño
P oudhon en ma e ia de hegelianismo, di ía-
mos: Se dis ingue en sí misma de ella misma.
¿Qué quie e deci es o? La azón impe so-
nal, al no ene ue a de ella ni e eno sob e
el cual pone se, ni obje o al cual pueda opo-
ne se, ni suje o con el cual pueda compone -
se, se e obligada a da una ol e e a ponién-
dose, oponiéndose
y
componiéndose -posi-
ción, oposición, composición-. Pa a habla
en g iego, enemos la esis, la an í esis y la
sín esis. Respec o a quienes no conocen el
lenguaje hegeliano, les e ela emos la ó mu-
la sac amen al: a i mación, negación y nega-
ción de la negación. He aquí lo que quie e
deci habla »
(M.
F., p. 156).
La c í ica, insis imos, a especialmen e di igi-
da a esa
p ác ica ilosó ica
que elabo a
la cien-
cia especula i a;
o, pa a se más p eciso, a esa
e e ida e lexión añadida que hace que el p o-
duc o inal no sea la simple ciencia empí ica,
aunque la suponga o dependa de ella.
La c í ica, pues, se di ige al abandono de lo
pa icula
y
lo eal, a la
o gía de
lo uni e sal
abs ac o. No a lo uni e sal abs ac o, sino a
su o gía. De ahí que se p odiguen las bu las de
Ma x -a eces, bu las c ueles- a la e ó ica
acía de la dialéc ica de P oudhon, a las
pi ue-
as de la azón pu a.
La c í ica, en esumen, se
di ige a la
eelabo ación
doblemen e a bi a ia:
en cuan o pa e de una lis a ingenua de ca e-
go ías,
y
en cuan o las o dena sin c i e io ade-
cuado.
Po aho a, Ma x deja e su posición ealis a
ma e ialis a, se es ue za po señala que, de un
lado, el c i e io de econs ucción lógica del sis-
ema de las ca ego ías debe se el o den de su
apa ición his ó ica; de o o,
y
como jus i ica-
ción de lo an e io , que ese o den de apa ición
de las ca ego ias e leja el o den del mo imien o
de la ealidad social. F en e a P oudhon, Ma x
ei indica la necesidad
de
espe a lo eal-con-
c e o, lo pa icula , lo empí ico:
y
así mani ies a
su aspi ación a un conocimien o de lo pa icu-
la -conc e o, mos ando sus suspicacias an e o-
do
lo que sea abs acción:
«¿Hay que asomb a se de que odo, en
ú1-
ima abs acción, pues hay abs acción
y
no
análisis, se p esen e en es ado de ca ego ía 1ó-
gica? ¿Hay que ex aña se de que al deja
cae poco a poco odo lo que cons i uye la
indi idualidad de una casa, que al abs ae
los ma e iales de que se compone, la o ma
que la dis ingue, se llegue a no ene más
que un cue po; que al abs ae los lími es
de es e cue po no os quedéis inmedia amen-
e más que con un espacio; y que al abs ae ,
po úl imo, las dimensiones de es e espacio
se e mine po no ene más que la can idad
comple amen e pu a, la ca ego ía lógica?
A
ue za de abs ae de es a mane a de odo
suie o los p e endidos acciden es. animados o
inanimados, homb es o cosas, enemos azón
al deci que, en úl ima abs acción, se liega
a ene como sus ancia las ca ego ías lógicas.
De es a mane a, los me a ísicos, que al hace
es as abs acciones se imaginan que hacen el
análisis
y
que, a medida que se sepa an cada
ez más de los obje os, imaginan que se ap o-
ximan a ellos has a el pun o de pene a los,
es os me a ísicos ienen a su ez azón al de-
ci que
las cosas de aqui abajo son e dades
cuyas ca ego ias Lógicas cons i uyen el caña-
mazo.
He aquí lo que dis ingue al ilóso o del
c is iano. El c is iano no iene más que una
sola enca nación del Logos, a despecho de la
lógica; el ~óso o no e mina nunca con las
enca naciones»
(M.
F., p. 156-157).
Po abs acción, odo lo eal de iene
ca-
ego ia lógica.
Del mismo modo, se consigue el
«mo imien o abs ac o», pu amen e o mal: la
o ma lógica
del mo imien o. Esa
subs ancia
ló-
gica
del mo imien o es el
mé odo absolu o:
«En onces, ¿en qué consis e, po an o,
es e mé odo absolu o? En la abs acción del
mo imien o. ¿Qué es la abs acción del mo-
imien o? El mo imien o en es ado abs ac-
o. ¿Qué es el mo imien o en es ado abs-
ac o? La ó mula, pu amen e lógica, del mo-
imien o o el mo imien o de la azón pu a.
¿En qué consis e el mo imien o de la azón
pu a? En pone se, en opone se, en compone -
se, o mula se como esis, an í esis, sín esis, o
bien ambién en a i ma se, nega se, nega su
negación.
¿Cómo hace la azón pa a a i ma se, pa a
pone se como ca ego ía de e minada? Es o es
asun o de la p opia azón y de sus apologis-
as.»
(M.
F.,
p.
158-159).
Es comp ensible que Ma x c i ique ese juego
de la iloso ía con e ida en
a í ice
del mundo.
Pe o, ¿desde dónde cons ui el o den lógico
de las ca ego ías? ¿Cómo lib a se del simple
juego, de la simple o gía de la manipulación a -
bi a ia de ca ego ías abs ac as?
De momen o, Ma x, que no enuncia a la a-
cionalidad del desa ollo social, es deci , a la
exis encia de un o den lógico en el o den de
sucesión his ó ica, eacciona con a el abs ac-
cionismo ei indicando lo indi idual, lo eal-
conc e o
y
la idelidad a los con enidos posi i-
os. Desde es a ei indicación de la posi i idad,
pide cuen as al o den lógico.
Su adicalismo hace que no escasee la i onía
espec o a la
dialéc ica,
al menos la
dialéc ica
abs ac a;
mejo aún, la dialéc ica p oudho-
niana:
«Pe o una ez que ha llegado a pone se
como esis, es a esis, es e pensamien o,
opues o a sí mismo, se desdobla en dos pen-
samien os con adic o ios: el posi i o y el ne-
ga i o, el sí
y
el no. La lucha de es os dos
elemen os an agónicos, ence ados en la an-
í esis, cons i uye el mo imien o dialéc ico.
El sí de iniendo no, el no de iniendo sí, el sí
de iniendo a la ez sí y no, el no de iniendo
a la ez no y sí, los con a ios se balancean,
se neu alizan, se pa alizan. La usión de es-
os dos pensamien os con adic o ios cons i-
uye un nue o pensamien o que es la sín e-
sis de ambos. Es e nue o pensamien o se des-
pliega oda ía en dos pensamien os con adic-
o ios que, a su ez, se unden en una nue a
sín esis. De es e abajo de c eación nace un
gmpo de pensamien os. Es e g upo de pen-
samien os sigue el mismo mo imien o dialéc-
ico que una simple ca ego ía y iene como
an í esis un g upo con adic o io.
De
es os
dos g upos de pensamien os nace un nue o
g upo que es la sín esis de aquellos.
Lo
mismo que del mo imien o dialéc ico
de las ca ego ías simples nace el g upo, así
del mo imien o dialéc ico de los g upos nace
la se ie y del mo imien o dialéc ico de las
se ies nace el sis ema en e o» (M. F., p. 159).
Lo de menos se ía su acusación a P oudhon
de no habe dado ni los p ime os pasos de ese
juego; lo más impo an e es su idea de que ese,
como cualquie o o semejan e, «sis ema de las
con adicciones» así cons uido, es un absu do
juego de una a bi a ia « azón pu a». Así gene-
aliza la c í ica
y
pasa de la mise ia de la dia-
léc ica p oudhoniana a la mise ia de la azón
pu a.
Y,
en conc e o, su ex ensión da la culpa a
P oudhon
y
Hegel simul áneamen e: ambos son
a í ices de una
eelabo ación
a bi a ia (dialéc-
ica) de los conocimien os que odo el mundo
iene.
«Así, pues, has a aho a no hemos expues-
o más que la dialéc ica de Hegel. Ve emos
después cómo el seño P oudhon ha conse-
guido educi la a las p opo ciones más mez-
quinas. Pa a Hegel, odo lo que ha sucedido
y
odo lo que sucede consis e exac amen e en
lo que pasa en su p opio azonamien o. Así
la iloso ía de la his o ia no es más que la
his o ia de la iloso ía, de su p opia iloso-
ía. No exis e la «his o ia según el o den de
los iempos», no hay más que «sucesión de
ideas en el en endimien o».
C ee que cons u-
ye
el mundo median e el mo imien o del pen-
samien o, mien as que no hace o a cosa que
econs ui sis emá icamen e
y
clasi ica bajo
el mé odo absolu o los pensamien os que odo
el mundo iene en la cabeza»
(M. F., p.
160).
La posición
ealis a
de Ma x pa ece inequí o-
ca. La
eelabo ación
a bi a ia cons uye mun-
dos de icción. Pa a Ma x la azón
y
su o den
dialéc ico es án insc i os en la ealidad his ó-
ica. Su despliegue al ez sea el despliegue de
la Idea; aho a bien, siguiéndolo de ce ca se e i-
a el iesgo de que como despliegue de la Idea
se ome la econs ucción abulosa de una azón
pu a deli an e.
El
e o , pues, no es á en el es-
ue zo po econs ui eó icamen e la génesis
del mundo; sino en hace lo simplemen e po o -
denación sis emá ica (sin c i e io o c i e io a -
bi a io) de las ideas en la cabeza de los hom-
b es.
Gus e
o
no, Ma x se mue e en el esquema de
una
c i ica
desde una
in e sión ma e ialis a,
que
no empi is a.
«Las ca ego ías económicas no cons i uyen
más que exp esiones eó icas, abs acciones
de las elaciones sociales de la p oducción. El
seño P oudhon, como e dade o ilóso o, o-
mando las cosas al e és, no e en las elacio-
nes eales más que las enca naciones de es-
os p incipios, de es as ca ego ías, que do -
mi aban -nos dice oda ía el seño P ou-
dhon, el ilóso o-, en el seno de la " azón
impe sonal de la Humanidad »
(M.
F.,
p.
161).
No hay, pues, duda posible: Ma x, sin e-
nuncia a una lógica del desa ollo his ó ico
(más bien al con a io, p esuponiendo una iden-
idad en e o den lógico
y
o den his ó ico), se-
ñala que el camino de la econs ucci6n es de
abajo a a iba, de lo pa icula -conc e o a
lo
concep ual-abs ac o.
El
pun o de pa ida son
las elaciones sociales. En ellas debemos pone
la mi ada.
Y
las elaciones sociales es án unidas
a las Fue zas P oduc i as:
«Las elaciones sociales se hallan ín ima-
men e unidas a las ue zas p oduc i as. Al ad-
qui i nue as ue zas p oduc i as los hom-
b es cambian su modo de p oducción;
y
al
cambia el modo de p oducción, la mane a de
gana su ida, cambian odas sus elaciones
sociales. El molino a b azo os da á la socie-
dad con el seño eudal; el molino de apo ,
la sociedad con el capi alismo indus ial»
(M.
F.,
p.
161).
Y
las ideas son
e lejo
de esas condiciones:
p oduc os his ó icos, exp esión en la conciencia
de la dialéc ica del o den eal.
«Los mismos homb es que es ablecen las
elaciones sociales con o me
a
su
p oduc i-
idad ma e ial, p oducen ambién los p inci-
pios, las ideas, las ca ego ías, con o me
a
sus
elaciones sociales.
Así, es as ideas, es as ca ego ías, esul an
an poco e e nas como las elaciones que ex-
p esan. Son p oduc os
his ó icos
y
ansi o-
ios»
(M.
F.,
p.
161).
Pod íamos pensa que, en dehi i a, Ma x
a i ma aquí la iden idad o el isomo ismo en e
o den lógico y o den his ó ico, y que su especi-
icidad eside sólo en la «in e sión» me odológi-
ca ma e ialis a. Pe o la cosa no es an ácil.
E ec i amen e, no podemos desca a la pe s-
pec i a de la
in e sión.
Pe o la ((in e sión ma e-
ialis a» no es sólo man ene la o ma ('dialéc-
ica) y sus i ui el con enido (me a ísico-idea-
lis a) en el sis ema hegeliano. Cie amen e, el
con enido y la o ma no son elemen os que se
mezclen sin su i -eje ce su de e minación. La
«in e sión» es más compleja. De momen o, nos
in e esa sub aya que lo que Ma x compa e
con Hegel no es p opiamen e la adhesión a la
o ma
dialéc ica
del conocimien o, sino su mis-
ma idea de
ciencia especula i a,
es deci , un
ipo de conocimien o en el que el o den de los
concep os ep oduce el o den de sucesión his ó-
ica de las o mas sociales que exp esan. En lo
que di ie en es en el apoyo desde el cual abo -
da el obje i o: Hegel se apoya en la his o ia
de la cul u a en gene al y de la iloso ía en pa -
icula ; e cada momen o como exp esión de
una ca ego ía e in en a econs ui el o den de
las ca ego ías que se ía la lógica de la his o ia.
Ma x, po su pa e, conside a que esa posición
es una ac i ud
posi i is a,
que no si e con en-
a se con la his o ia de la iloso ía como
da o,
que es necesa io esponde a la p egun a: ¿po
qué al concep o p o agonizó al e apa his ó-
ica?
Y
que, po an o, la cla e úl ima es a ía
en la economía.
.
.
Po an o, la
in e sión
no a ec a sólo a la dia-
léc ica, a su con enido; es una
in e sión
-o
un
desplazamien o- en el pun o de pa ida y en
la pe spec i a. Cuando Al husse , señala que la
in e sión ma e ialis a
sin más es impensable,
pues supone igno a que mé odo y sis ema, o -
ma y con enido, son siemp e aspec os insus i-
uible~ y o almen e in e condicionados, lo in-
en a á mos a ecu iendo a que la dialéc ica
de Hegel es
simple
y la de Ma x es siemp e
compleja.
O
sea, que en Hegel la con adicción
es única en cada momen o, mien as que en
Ma x cada momen o es un ejido de con adic-
ciones. La idea es ecunda, pe o no exen a de
sospecha. Cualquie es udioso de Hegel pod ía
a gumen a que si bien el ilóso o alemán gus-
aba de segui la pis a lineal de la con adicción,
ambién es cie o que en cada caso omaba pis-
as di e en es, a dis in os ni eles, dejando en-
ende que el en e de a ance e a complejo.
Pe o, sob e odo, nos pa ece que de es e
modo se oscu ece la e dade a di e encia. Pues
esos
caminos
hegelianos de la con adicción co-
esponden al
o den inal
de la ciencia especu-
la i a, como sus ni eles secunda ios y pa ciales
de econs ucción. En cambio, en Ma x esa com-
plejidad de la ed de con adicciones co espon-
den al
análisis, no mal
cuasi-empí ico. Po ejem-
plo, él di á que las elaciones de p oducción de
cualquie sociedad o man un odo, y de ahí el
e o de P oudhon al conside a cada elación,
exp esada en una ca ego ía, como especi icación
de una ase social, engend ándose una a la
o a,.
.
.
Pa a Ma x, P oudhon no ha en endido
nada: es á eo denando los concep os con los
que el economis a
analiza
la sociedad capi alis-
a, omándolos como ca ego ías lógicas o dena-
bles po la azón pu a pa a econs ui el plan
del mundo. Ma x, po el con a io, pide pa i
de esa
ealidad compleja,
econoce la como sis-
ema complejo de elaciones.
Po elio, es un g a e e o es ablece el
iso-
mo ismo,
Ma x conside a que la dialéc ica
p oudhoniana,
al
eo dena las ca ego ías, es a-
blece una sucesión al que cada una
ep esen a
una
ase social.
Es as ases se suceden-p oducen
unas a las o as como la
esis
a la
an i esis,
en
una sucesión «lógica» que esul a se la
azón
impe sonal de la Humanidad:
«El único incon enien e que exis e en es e
mé odo es que al abo da el examen de una
sola de es as ases, el seño P oudhon no
puede explica la sin ene que ecu i a o-
das las demás elaciones de la sociedad, e-
laciones que, sin emba go, aún no ha hecho
se engend adas po su mo imien o dialéc i-
co. Cuando, a con inuación, el seño P ou-
dhon, po medio de la azón pu a, pasa a la
c eación de o as ases. hace como si és as
ue an niños ecién nacidos, ol idando que
ienen la misma edad que la p ime a» (M.
F.,
p.
162).
Aunque odas es as páginas son impo an es
y me ecen un examen más de enido, acaba emos
con un b e e comen a io a las objeciones
5.a
y
6"
Como es habi ual, comienza ci ando a P ou-
dhon, ep oduciendo el pasaje a analiza :
«En la azón absolu a odas es as ideas..
.
son igualmen e simples y gene ales..
.
De he-
cho, no llegamos
a
la ciencia más que po una
especie de
en ~~amado
de nues as ideas. Pe o
la e dad en sí es independien e de ales igu-
as dialéc icas lib e de las combinaciones de
nues o espí i u» (M. F., p. 166-167).
Si has a aho a P oudhon, aunque con lími es,
podía se omado como ilohegeliano -y así,
hace la c í ica a uno ex ensible al o o-, aquí
e Ma x la sepa ación de ambos. P oudhon om-
pe con Hegel el se incapaz de
da ida
a las
ideas, incapaz de log a que las ca ego ías se
mue an; impo en e, en
in,
pa a pone el mo-
imien o de la azón absolu a.
«La sucesión de las ca ego ías se ha con-
e ido en una sue e de
andamiaje.
La dia-
léc ica no consis e
ya
en el mo imien o de la
azón absolu a. No hay ya dialéc ica;
a
lo
sumo se a a de una mo al comple amen e
pu a»
(M.
F.,
p.
167).
Es a c í ica nos acla a algunos aspec os. Po
lo p on o,
y
dado que en es e pun o Ma x e a
Hegel como un gigan e en e a P oudhon, nos
señala que lo que Ma x no sopo a de P ou-
dhon es, undamen almen e, la a bi a iedad de
su idealismo. F en e al
idealismo a bi a io,
que
o dena las ca ego ías según las pi ue as de la
azón pu a, Ma x opone el
idealismo dialéc ico,
capaz de pone un o den i o, de pensa el
mundo como una unidad de mo imien os dialéc-
icos, a anzando po negación. An e es a c í i-
ca queda aplazada -o desplazada- la o a, la
que a ec a al p incipio desde el cual se cons u-
ye dicho o den dialéc ico. Lo que aho a impo a
a Ma x es que P oudhon se limi a a cons ui
un o den g a ui o, un simple
andamiaje
de ca e-
go ías omado de los índices de la Economía
Polí ica. En ez de hace la
his o ia
del en en-
dimien o, p e endía sólo cons ui la
sucesión
lógica
-y no la sucesión his ó ica- de las ca-
ego ías;
y
quie e hace lo con una
dialéc ica
que
no domina:
«Aho a, cuando se a a de pone en p ác-
ica es a dialéc ica, le alla la azón. La
dia-
léc ica del seño P oudhon al a o ensi a-
men e
a
la dialéc ica de Hegel,
y
he aquí que
el seño P oudhon se e obligado a deci que
el o den en el cual p esen a las ca ego ías
económicas no co esponde al o den en el
que se engend an unas
a
las o as. Las e o-
luciones económicas no son ya las e oluciones
de la p opia azón» (M. F., p. 167-168).
P oudhon, pues, ompe con Hegel. Pe o
¿a
cambio de qué?
A
cambio de nada. Se ha ido a
peo , pues
al
menos en Hegel había
o den,
mien as que en P oudhon sólo hay impo encia.
<(¿En qué consis e, pues, lo que nos o ece
el seño P oudhon? ¿La his o ia eal, es de-
ci ,
sedn el en endimien o del seño P ou-
dhón,
la
sucesión con o me a la cual las ca-
ego ías se han mani es ado en el o den de
los iempos? No. ¿La his o ia al como ans-
cu e en la idea misma? Menos oda ía. ¡De
es a mane a
ni his o ia ~ o ana de las ca e-
go ias ni su his o ia sag aha!'~n
in,
¿qué his-
o ia nos o ece? La his o ia de sus p opias
con adicciones»
(M.
F., p. 168).
Es e es el momen o c ucial. Ma x nos je a -
quiza las al e na i as y, así, nos deja e su
ideal: lo más e u able es la his o ia de las con-
adicciones de P oudhon, su a bi a ia econs-
ucción; en e a ella incluso pa ece noble
la
«his o ia sag ada hegeliana de las ca ego ías)},
su deducción idealis a; como al e na i a, la his-
o ia p o ana. Pe o no se pone en cues ión que
el obje i o de la iloso ía es econs ui esa his-
o ia.
La his o ia idealis a, sag ada, acaba po po-
ne el siglo como p oduc o-exp esión de una ca-
ego ía o p incipio. El p oblema es, piensa
Ma x, deci po qué al ca ego ía se exp esó en
al momen o
y
no en o o:
«Cada p incipio ha enido su siglo pa a
mani es a se; el p incipio de au o idad po
ejemplo, ha enido el siglo XI, lo mismo que
el p incipio del indi idualismo ha enido el
sido
XVIII.
De consecuencia en consecuencia.
"
esul a que e a el siglo el que pe enecía al
p incipio
y
no el p incipio el que pe enecía
al siglo. En o os é minos, e a el p incipio
quien hacía la his o ia y no la his o ia la que
es ablecía el p incipio. Cuando,
a
con inua-
ción, pa a sal a los p incipios an o como la
his o ia, se p egun a po qué al p incipio se
ha mani es ado en el siglo
XI
o en el si-
glo XVIII, más bien que en cualquie o o, e-
sul a necesa io examina minuciosamen e
quiénes e an los homb es del siglo XI, quié-
nes e an los del siglo XVIII, cuáles e an sus
espec i as necesidades, sus ue zas p oduc i-
as, su modo de p oducción, las ma e ias p i-
mas de és a, en in, cuáles e an las elaciones
de homb e a homb e que esul aban de o-
das esas condiciones de exis encia. P o undi-
za en odas es as cues iones ¿no es hace his-
o ia eal, p o ana, de los homb es de cada
siglo, ep esen a es os homb es a la ez co-
mo au o es y ac o es de su p opio d ama?
Pe o, desde el momen o en que ep esen éis
a
los homb es como ac o es
y
au o es de su
p opia his o ia, hab éis llegado, median e un
odeo, al e dade o pun o de pa ida, pues o
que habéis abandonado los p incipios e e nos
de los cuales hablábais al p incipio
(M.
F.,
p.
168-169).
El
a gumen o de Ma x no es del odo sa is-
ac o io. En igo , ambién cab ía p egun a
siemp e po qué esos hechos ienen luga en al
época.
Y
si la espues a es que son e ec os de
la an e io , ambién en la opción idealis a pod ía
con es a se que un p incipio se mani ies a en
un momen o his ó ico según un o den lógico,
como consecuencia del an e io . En es e sen ido,
nos pa ece que Ma x ha malen endido a Hegel,
pues no pa ece dis ingui la in empo alidad del
o den lógico de la lógica del desa ollo his ó i-
co. El o den lógico que el ilóso o idealis a cons-
uye no puede da cie amen e, ni lo p e ende,
cuen a his ó ica en el sen ido c onológico. Se
a i ma la acionalidad de la his o ia, o sea, que
el o den his ó ico ep oduce el o den lógico,
pe o nada dice del iempo de su ealización.
O
dicho de o a mane a, se a i ma que la his o ia
ealiza el o den lógico, que iene una acionali-
dad ( odo en ella es acional), pe o que ello no
implica un isomo ismo en e o den lógico
y
o -
den c onológico.
Pa a Ma x, de momen o, le pa ece sospechosa
la idea de in empo alidad de las ca ego ías
y
de
los p incipios. Su ma e ialismo lle a anexo un
buen an o po cien o de empi ismo. Los mé o-
dos
y
exigencias de la ciencia no mal pesan en
su e lexión.
«Noso os quisié amos que las elaciones
económicas, conside adas como leyes inmu-
ables, p incipios e e nos, ca ego ias ideales,
uesen an e io es a los homb es ac i os
y
ac-
uan es; quisié amos ambién que ales leyes,
ales p incipios, ales ca ego ías hubiesen do -
mi ado desde el o igen de los iempos "en la
azón impe sonal de la Humanidad". Ya he-
mos is o que con odas es as e e nidades in-
mu ables
e
inmó iles no hay his o ia; a lo
sumo exis e la his o ia en la idea, es deci , la
his o ia que se e leja en el mo imien o dia-
léc ico de la azón pu a. El seño P oudhon,
al deci que en el mo imien o dialéc ico las
ideas ya no se «di e encian», ha anulado, no
sólo la somb a del mo imien o, sino el mo-
imien o de las somb as po medio de las
cuales se hubie a podido oda ía c ee odo
lo más en un simulac o de his o ia»
(M.
F.,
p. 170).
Veamos, no obs an e, que bajo es a c í ica
a
P oudhon
y
a a o de Hegel, no se elimina la
c í ica a és e, p esen e en esa denuncia po Ma x
de la e e nidad de las ca ego ías abs ac as
y
de
su inadecuación pa a, con ellas, cons ui la his-
o ia. Pe o la al e na i a que Ma x apun ó,
a
sabe , la de llega a desci a el o den acional
de
la his o ia pa iendo de lo eal conc e o, po
un
lado, nos pa ece una misión imposible
y,
po
o o, la cla e de su es ue zo in elec ual, es deci ,
de su ob a.
En
in,
acabemos es a e lexión con una
ob-
ción de la his ó ica; o sea, el plan di ino pod ía
conoce se an es del inal de la c eación.
Tal hipó esis, en la medida en que supone un
o den único y común -aunque a i mos di e en-
es
y
con des ases- en el desa ollo de odos
los pueblos, plan ea se ias di icul ades. Hay
pueblos, dice Ma x, como Pe ú, sin moneda..
.
que ienen las o mas más ele adas de la econo-
mía, como la coope ación; o os, como los esla-
os, que apenas usan el dine o
y
el cambio ex-
cep o con o os pueblos:
«Así, aunque his ó icamen e la ca ego ía
más simple pudiese habe exis ido an es que
la ca ego ía más conc e a, la misma puede
pe enece en su comple o desa ollo, in en-
si o
y
ex ensi o,
a
una o ma de sociedad
compleja, aunque la ca ego ía más conc e a
es aba mejo desa ollada en una o ma de
sociedad menos desa ollada.»
O
sea, las ca ego ías simples, his ó icamen e
an e io es a las más conc e as, pueden alcanza
su pleno desa ollo pos e io a aquéllos, es de-
ci , cuando se da un al o desa ollo de las e-
laciones sociales.
Po lo an o, la
egia
no se cumple. Ni con
el
dine o,
ni con el
abajo
(que se
uni e saliza
con A. Smi h, con a el isioc a ismo..
.).
((Es e ejemplo del abajo mues a con e i-
dencia que las ca ego ías más abs ac as
-a
pesa de
su
alidez (po
su
abs acción) pa a
odas las épocas- no son menos, en es a
de e minación abs ac a, p oduc o de las con-
diciones his ó icas
y
no iene plena alidez
más que pa a su iempo en su p opio lími e.»
Cie amen e, el abajo como ca ego ía gene-
al, en su uni e salidad, es muy an igua; pe o
en su con enido económico el « abajo» sin más,
como o ma simple, es una ca ego ía mode na.
Es deci , el con enido his ó ico del abajo ha
ido cambiando de de e minación en de e mina-
ción. Pa a los isióc a as, po ejemplo, el aba-
jo como p oduc o de ing esos, como abajo
c eado , e a el ag ícola; Adam Smi h
gene aliza
su con enido a oda ac i idad p oduc i a.
Ma x nos es á diciendo, omando la ca ego-
ía « abajo» como ejemplo, que una cosa es el
« abajo» como pu a ca ego ía sin con enido,
e e na, «an edilu iana»
y
o a la ca ego ía « a-
bajo» como exp esión de unas elaciones his ó-
icas de e minadas.
Y
que, en e és as, con e-
cuencia la o ma más gene al
y
simple, menos
de e minada y pa icula , es á al inal, es deci ,
cuando se e ie e a sociedades muy desa olladas.
Po ejemplo, sólo en el capi alismo a ianzado
el abajo oma la o ma ( elaciones sociales)
que se exp esa en esa ca ego ía de « abajo»
como oda ac i idad c eado a de iqueza, sea
cual sea el obje o sob e el que se aplique. Po
an o, la o ma más
simple
de las ca ego ías a
eces sólo se consigue al inal, sob e un conc e o
eal desa ollado; lo cual no niega que la ca e-
go ía « abajo» en un sen ido uni e sal, que
desbo da el ho izon e económico, sea e e na,
es é desde el p incipio.
«Con la uni e salidad abs ac a de la
ac-
i idad c eado a de iqueza apa ece igualmen-
e la uni e salidad del obje o en
su
de e mi-
nación de iqueza, el p oduc o en gene al, o
aún el abajo en gene al..
.
»
Como puede obse a se, Ma x man iene la
sinc onía en e el o den de las elaciones socia-
les de p oducción y el o den de las ca ego ías
que los exp esan. Pe o aho a se a de lo más
conc e o
y
de e minado a lo más simple
y
uni-
e sal: del
abajo ag ícola
(único c eado de
iqueza) al
abajo;
co espondiendo al mo i-
mien o de gene alización del p oduc o del
a-
bajo, del bien de uso, en me cancía o alo de
cambio.
Y,
así, es e
inal
del mo imien o de las ca e-
go ías, es deci , su desembocadu a, en la o ma
más simple y uni e sal, es lo que pe mi e com-
p ende sus o mas an e io es. Como ca ego ía
pu amen e abs ac a no si e pa a deduci nada
conc e o, como ca ego ía conc e a
en
su o ma
más simple
y
uni e sal, da cuen a de odas sus
o mas pa icula es.
O
sea, el camino a del
homb e
al
mono.
Ma x conside a que
la indi e encia espec o
a un géne o de e minado de abajo
(y
la uni-
e salidad abs ac a de la ca ego ía de abajo
que la exp esa) supone una ealidad donde p o-
li e an los ipos de abajo sin absolu o dominio
de uno de ellos. Po an o, las abs acciones más
gene ales sólo nacen con el desa ollo más a an-
zado
y
ico de la ealidad conc e a que exp e-
san: pues sólo aquí un aspec o apa ece como
pe enecien e a muchos conc e os, como común
a odos, con lo cual la ca ego ía que lo exp esa
apa ece como uni e sal.
Más aún:
«De o a pa e, es a abs acción del a-
bajo en gene al no es solamen e el esul ado
en el pensamien o de una o alidad conc e a
de abajos. La in e encia desde el abajo
de e minado co esponde
a
una o ma de so-
ciedad en la que los indi iduos pasan con
a-
cilidad de un abajo a o o y donde el gé-
ne o de e minado de abajo es pa a ellos o -
ui o, o sea, indi e en e.»
En esa si uación, cla o es á, no sólo la ca-
ego ía de « abajo» de iene uni e sal, sino que
ambién el abajo eal pasa a se un medio ge-
né ico de c ea iqueza gene al.
Todo ello le pe mi e a Ma x conclui :
«Así, la abs acción más simple, lo que la
Economía Polí ica coloca en p ime ango y
que exp esa a la ez una elación muy an i-
gua y álida pa a odas las o mas de socie-
dad, sólo apa ece bajo es a o ma abs ac a
como e dad p ác ica en an o que ca ego ía
de la sociedad mode na.»
El o den, po an o, no puede educi se al
me cado po las ca ego ías abs ac as, e e nas,
p esen es en odas las sociedades en o mas de-
e minadas; sino que, al mismo iempo, hay un
p oceso de abs acción ascenden e, cuyo esul-
ado inal es de nue o la ca ego ía uni e sal.
Pe o si en el o igen, como simple o ma gene al
álida pa a odas las sociedades, no e a e dad
de nada (sólo e a e dad en sus o mas conc e-
as), aho a, con su abs acción conc e a es la
e dad de la sociedad mode na.
El o den lógico, pues, pa ece pe ila se: del
uni e sal abs ac o al uni e sal de e minado pa-
sando po el pa icula .
«La sociedad bu guesa es la o ganización
his ó ica de la p oducción más desa ollada
y
di e enciada que exis e. Las ca ego ías que
exp esan sus condiciones y la comp ehensión
de sus es uc u as pe mi en al mismo iempo
comp ende la es uc u a y las elaciones de
p oducción de odos los ipos de sociedad
desapa ecidos, sob e cuyas uinas
y
elemen os
ue
edi icada
y
de los cuales cie os es igios
aún no supe ados pe sis en en ella mien as
que o as i ualidades se han des anecido,
e c. La ana omía del homb e es la cla e
de la ana omía del mono. Las i ualidades
que anuncian en las especies animales in e io-
es una o ma supe io sólo pueden, po el
con a io, se comp endidas cuando ya cono-
cen la o ma supe io . Así, la economía bu -
guesa o jó la lla e de la economía an igua,
e c. Pe o nunca al modo de los econo-
mis as, que desplazan odas las di e encias
his ó icas
y
en en odas las o mas de socie-
dad la o ma bu guesa.»
O
sea, aho a pasamos a una iple dis inción
de las ca ego ías. Una se ía la ca ego ía como
exp esión abs ac a de la elación más simple
y
an igua en que en an los homb es en an o
p oduc o es en cualquie o ma de sociedad;
o a se ían las ca ego ías como exp esión de e-
laciones conc e as his ó icamen e de e minadas
(ejemplo, el abajo como ac i idad ag ícola pa-
a los isióc a as); y inalmen e, un e ce ipo,
que se ían aquellas ca ego ías uni e sales y con-
c e as que exp esan lo común de un o den de-
e minado: po ejemplo, el concep o de « aba-
jo» de
A.
Smi h en el ho izon e del capi alis-
mo.
Las p ime as son uni e sales, simples y an-
edilu ianas; las segundas pa icula es, his ó i-
cas y conc e as; las úl imas son ambién his ó-
icas en su apa ición -pues la posibilidad de
su apa ición eside en la mode ación de las e-
laciones del o den social que exp esa-, pe o
uni e sales en cuan o pe mi en
comp ende
lo
común de una o ma social, así como las o as
o mas his ó icas de esa misma ca ego ía.
Que es as ca ego ías uni e sales-conc e as
pe mi an conoce las o as o mas pa icula es
no quie e deci que se anulen sus di e encias.
Ése es el e o de quienes en o mas bu guesas
en odas las o mas sociales his ó icas. Si la eco-
nomía bu guesa nos da la cla e pa a la econo-
mía an igua, no es po que haya iden idad de las
elaciones. Es deci -y así se e la p udencia
de Ma x-, no es legí imo p e ende conoce
las elaciones an iguas desde la economía bu -
guesa po el hecho de econoce que las elacio-
nes de aquellas o mas sociales se pueden man-
ene en las o mas desa olladas, como
el
ca-
pi alismo. Pues no odas esas elaciones sociales
ienen que es a p esen es y, sob e odo, que
cuando
lo
es án no se dan en su o ma an e io ,
sino ans o madas.
«Po an o, si es cie o que las ca ego ías
de la economía bu guesa poseen una cie a
e dad álida pa a odas las o as o mas de
sociedad, sólo debemos admi i lo
cum g ano
salis.
Pueden con ene las bajo una o ma de-
sa ollada, ca ica u izada, e c., pe o la di e-
encia se á siemp e esencial. La p e endida
e olución his ó ica eposa en gene al sob e
el hecho de que la úl ima o mación social
conside a las o mas pasadas como sucesión
de e apas hacia ella,
y
siemp e las concibe des-
de un pun o de is a pa cial. En e ec o, a a-
men e es capaz
-y
solamen e en condiciones
bien de e minadas- de hace su p opia c í-
ica.»
Ma x, pues, se sepa a de la en ación inalis-
a: conociendo el inal del p oceso y suponien-
do que odas sus ases se o ien an a un in, es
ácil la en ación de educi el mono a simple
momen o hacia el homb e. No obs an e, bajo
el echazo de ese educcionismo, man iene su
idea de que las o mas uni e sales y conc e as
de las ca ego ías, que su gen sólo al inal, nos
dan las cla es pa a en ende sus o mas pa icu-
la es his ó icas. Pe o po ello, po que es as o -
mas son pa icula es-his ó icas, no pueden con-
undi se en sus di e en es ans o maciones en
cada o den social.
En de ini i a, que Ma x dis ingue en e el
o den lógico
de las ca ego ías (su o den lógico
pa icula en la ciencia económica) y el
o den
his ó ico
de los mismos (su sucesi a oposición).
El
«o den lógico pa icula » exp esa el o den
de su exis encia -sus elaciones- en la p o-
ducción capi alis a, que es, cu iosamen e -se-
gún Ma x- el in e so de su «o den na u al»
(lógico) y del
de
su oposición his ó ica:
«Po an o, se ía also e imposible p esen-
a la sucesión de las ca ego ías económicas
en el o den de su acción his ó ica. Su o den
de sucesión es, bien al con a io, de e mina-
do po la elación que (ellas) ienen en e sí
en la sociedad bu guesa mode na
y
que es
p ecisamen e a la in e sa de su o den apa-
en emen e na u al o de su e olución his ó-
ica. No se a a de la posición que las ela-
ciones económicas ocupan his ó icamen e en
la sucesión de los di e en es ipos de socie-
dades.
Aún
menos de su o den "en la idea"
(P oudhon), ep esen ación nebulosa del mo-
imien o his ó ico. Se a a de su es uc u-
ación
(Gliede uizg)
en el seno de la socie-
dad bu guesa con empo ánea.»
En cada sociedad las elaciones o man un o -
den, o man una es uc u a con subo dinacio-
nes, de e minaciones y, en de ini i a,
con domi-
nancia~.
Desci a ese
o den
no equi ale a des-
ci a ni el
o den lógico
ni el
o den his ó ico.
De momen o, pues, Ma x pa ece habe cla-
i icado su posición. En ese momen o
(G un-
disse)
no p e endía emula a Hegel (aunque en
el dominio de la economía), es deci , no p e-
endía es ablece el
o den lógico
de las ca ego-
ías económicas; ampoco p e endía es ablece
el
o den his ó ico
de su apa ición en los dis in-
os ipos de sociedades (coinciden e o no con el
an e io );
y
mucho menos es ablece su «o den
en la idea», es deci , emula a P oudhon en la
con usión de su ep esen ación del mo imien o
his ó ico. Sólo p e ende, aquí, es ablece el
o -
den
de las ca ego ías de la economía polí ica, es
deci , desc ibi el o den de las elaciones socia-
les capi alis as.
¿Renuncia, pues, a la
ciencia especula i a?
No lo c eemos así, sino que es á en ello.
Y
nos
pe mi e pensa así al deci que de la misma
mane a que el c is ianismo no ha ap endido a
comp ende las mi ologías an e io es has a que
no ha ealizado la p opia c í ica de sí mismo, del
mismo modo, la Economía Polí ica bu guesa no
pe mi e comp ende las sociedades eudales, an-
iguas, o ien ales..
.
has a que no haya comenza-
do la au oc í ica de la sociedad bu guesa. Es
lógico que así sea:
«Como con cualquie o a ciencia his ó i-
ca o social, no debe jamás ol ida se, en el
mo imien o de las ca ego ías económicas, que
el obje o, en es e caso la sociedad bu guesa
mode na, es dado an o en el ce eb o como
en la ealidad; que las ca ego ías exp esan o -
mas de lo que exis e, de e minaciones de la
exis encia, con ecuencia simples aspec os
singula es de es a sociedad de e minada, de
es e obje o,
y
que en consecuencia sólo a pa -
i del momen o en que se man iene a sí
misma
como al
comienza a exis i desde
el
pun o
de
is a
cien i ico.»
Eso es, dice Ma x,
10
que no con iene ol i-
da ,
po que ello nos p opo ciona una indicación
decisi a sob e el plan a adop a .
Se a a, pues,
de comenza esa
au oc i ica.
La Economía Polí-
ica debe pensa se en sí misma pa a, así, pode
comp ende lo an e io . Pensa se en sí misma,
es deci , e su
o den
y
el o igen
y
el juego de
es e o den. Pensa se en sí misma, es deci , su-
pe a se como ciencia empí ico-posi i a, nega se
como al
y
da los p ime os pasos hacia
la cien-
cia.
Po que, de momen o, p e ende es ablece
el o den his ó ico de las ca ego ías económicas,
en su o den lógico na u al, se ía
«e óneo»
e
«imposible».
4.
EL EP LOGO A EL CAPITAL
En el
Epilogo
(1873) a la segunda edición ale-
mana del lib o
1
de
El Capi al,
Ma x se hace
eco de las di e sas c í icas
y
elogios de que ha
sido obje o el ex o. Lo so p enden e no es la
conjunción de alabanzas
y
descali icaciones, sino
que unas
y
o as se hagan po lo que no se ha
hecho. Ma x piensa que la «c í ica», una ez
más, no ha sabido es a a la al u a de su iem-
po. No han comp endido el
mé odo
de su e le-
xión:
«El mé odo empleado en
El Capi al
ha sido
escasamen e comp endido a juzga po las no-
ciones con adic o ias que se han hecho de
él.»
La
Re ue posi i is e,
de Pa ís, le ep ochaba
habe con e ido la economía polí ica en me a-
ísica,
y
de habe se limi ado al análisis c í ico
de lo que es, sin o ece las « ece as» pa a el
u u o.
Po su pa e, Ziebe , p o eso de la Uni e si-
dad de Kie , decía:
«En lo que concie ne a la eo ía p opia-
men e dicha, el mé odo de Ma x pe enece
plenamen e a la escuela inglesa, es el mé odo
deduc i o cuyas en ajas e incon enien es son
comunes a los más g andes eó icos de la eco-
nomía polí ica.»
(N.
1.
Ziebe ,
Teo ia del alo
y
del capi al
de Rica do..
.;
Kie , 1871, p. 170.).
También Mau ice Bloch conside ó el lib o co-
mo exp esión del mé odo analí ico («Les Théo-
iciens du socialisme en Allemagne»,
Jou nal
des économis es,
Julio-Agos o, 1872).
1.
1.
Kau man, en una e is a usa de San Pe-
e sbu go,
hllensaje o eu opeo,
a i ma
y
dis in-
gue en e un
p ocedimien o de in es igación i-
gu osamen e.. . ealis a
y
un
mé odo de exposi-
ción.. .desg aciadamen e hecho a la mane a dia-
léc ica alemana.
Es a es la a gumen ación
de
Kau man, que el p opio Ma x ecoge
y
que e-
p oducimos en ex enso po su in e és pa a es a
e lexión:
«A
Ma x sólo le impo a una cosa: encon-
a la ley de los enómenos que o man el
obje o de su búsqueda.
Y,
lo impo an e, pa a
él, no es solamen e la ley que los ige en la
medida en que ienen una o ma es á ica y
conse an una conexión, al como se ha po-
dido obse a du an e un lapso de iempo
dado.
Lo que más le impo a, po encima de
odo, es la ley de su cambio, de su desa o-
llo, es deci , el paso de una o ma a o a, de
un o den de conexzón a o o.
Una ez que ha
descubie o es a ley, examina con de alle los
e ec os con los que se mani ies a en la ida
social..
.
Así, pues, Ma x sólo se inquie a
po una cosa: demos a median e una igu-
osa búsqueda cien í ica la necesidad de de-
e minados ó denes de elaciones sociales y
cons a a , de la mane a más i ep ochable po-
sible, los hechos que le si en de pun o de
pa ida y de pun o de apoyo. Po eso,
es
comple amen e necesa io que demues e, al
mismo iempo que la necesidad del o den
ac ual, la necesidad de o o o den, en el que
el p ime o debe ans o ma se ine i ablemen-
e, aunque los homb es c ean
o
no en ello,
sean o no conscien es.
Ma x conside a el mo-
imien o social como un p oceso his ó ico-
na u al egido po leyes que no an sólo son
independien es de la olun ad, de la concien-
cia y del designio de los homb es sino que,
más bien al con a io, de e minan su olun-
ad, su conciencia y sus deseos..
.
Si el ele-
men o conscien e juega un papel an subo di-
nado en la his o ia de la ci ilización, es e i-
den e que la c í ica cuyo obje o es la ci ili-
zación misma puede, menos que cualquie
o a, ene como undamen o una o ma cual-
quie a o cualquie esul ado de la concien-
cia.
Lo
que signi ica que no es la idea sino
únicamen e el enómeno ex e io el que pue-
de se i de pun o de pa ida. La c í ica se
limi a á a compa a y a con on a un hecho,
no con la idea, sino con o o hecho. Pa a ella
sólo impo a que los dos hechos hayan sido
es udiados con la mayo exac i ud posible y
que en la ealidad cons i uyan, el uno con
elación al o o, dos ases di e en es de desa-
ollo; sob e odo es impo an e que la se ie
de ó denes, la sucesión y la unión, en el seno
de las cuales apa ecen las ases de desa ollo,
sean es udiadas con no menos igo .
Pe o, se
di á, las leyes gene ales de la ida económi-
ca
son unas y siemp e las mismas; es com-
ple amen e indi e en e aplica las en el p esen-
o o en el pasado. Ésa es, p ecisamen e, la es-
pues a de Ma x. Según él, ales leyes abs ac-
as no exis en
...
Opina, po el con a io, que
cada pe iodo his ó ico iene sus p opias le-
yes..
.
En cuan o la ida ha sob epasado un
pe íodo dado de desa ollo, an p on o como
pasa de una ase a o a, comienza ambién a
es a egida po o as leyes. En una palab a,
la ida económica nos p opone un enómeno
de la his o ia de la e olución análogo -en
o os dominios- a lo aue Dasa en biolo-
L
L
gía..
.
Los an iguos economis as desconocían
la na u aleza de las leyes económicas cuando
las in oducían pa alelamen e a las leyes de
la ísica
y
de la química..
.
Un análisis más
p o undo de los enómenos ha mos ado que
los o eanismos sociales ienen di e encias an
"
undamen ales en e ellos comó las que se
dan en e los animales y los ege ales..
.
Más
bien. un único mismo enómeno obedece a
leyes absolu am>n e di eien es en unción de
las di e encias de es uc u a de conjun o de
esos o ganismos, de la a iación de sus Ó ga-
nos singula es, de la di e encia de condiciones
en las que uncionan,
e c. Ma x, po ejem-
plo, niega que la ley de población sea la mis-
ma en odo iempo y en odo luga . A i ma,
po el con a io, que cada ase de desa ollo
iene su ley de población p opia. Con el di e-
en e desa ollo de la ue za p oduc i a se
modi ican las elaciones y las leyes que las i-
gen. Fijándose como me a analiza y expli-
ca , en es a pe spec i a, el o den económico
ca~i alis a. Ma x no hace más aue o mula
de un modo es ic amen e cien í ico lo que
debe se la inalidad de odo es udio exac o
de la ida económica..
.
El alo cien í ico de
al búsqueda iende a escla ece las leyes pa -
icula es que igen el nacimien o, la ida, el
desa ollo, la mue e de un o ganismo social
dado
y
su eemplazo po o o que le es su-
pe io .
Y,
en e ec o, al es el alo que posee
el lib o de Ma x.»
Kau man ha cap ado bien la especi icidad del
mé odo de Ma x, que apun a no sólo a aza
la ley de los
enómenos
de la p oducción capi-
alis a, sino a la ley de
sucesión
de esas ases,
esa ley que pone la necesidad del o den ac ual
y de su sus i ución, al ma gen de la olun ad de
los homb es.
También Kau man ha no ado es a peculia i-
dad: Ma x no en iende la ciencia económica co-
mo o mulación de unas
leyes gene ales
que en
cada caso se aplican
o
conc e an de o ma pa -
icula ;
ales leyes abs ac as
no
exis en.
Po el
con a io, cada pe íodo o ase iene sus leyes,
su gen des uyendo las an e io es..
.
Ma x, en
de ini i a, ha con e ido la economía polí ica
en una
ciencia na u al,
que desc ibe el nacimien-
o, la ida, el desa ollo, la mue e del co ga-
nismo social».
.
.
Kau man ha comp endido que
Ma x a más allá de la ciencia no mal, sin deja
de se cien í ico, pa a se aún más cien í ico.
Pe o no es conscien e de que ese
plus
a indiso-
lublemen e ligado al «mé odo de exposición..
.
desg aciadamen e hecho a la mane a de la dia-
lk ica alemana..
.»
Le gus a
odo,
menos esa
o ma exposi i a.
Y
Ma x se p egun a, si eso es así, y lo es,
¿no es ese el
mé odo dialéc ico?.
.
.
Kau man
dis ingue, pues, el p ocedimien o de in es iga-
ción de Ma x (que llama
ealis a,
que elogia sin
p ejuicios), su quehace como cien í ico
no mal,
y el
modo de exposición
dialéc ico, inacep able
pa a la ciencia empí ica. Sin emba go, los «des-
cub imien os» que Kau man a ibuye a Ma x,
y que acep a, son conside ados po Ma x como
el
mé odo dialéc ico.
Pa ece que aquí Ma x en-
iende po «mé odo dialéc ico» simplemen e
una pe spec i a de
o alidad
y
de
his o icidad,
sin que el i mo de
las iadas
pa ezca cons i u-
i o.
Ma x se a i ica, pues, en su mé odo y se sien-
e lejano a Hegel. Pa ece como si quisie a ahu-
yen a oda sospecha: si en lo undamen al se
acep a su descub imien o, y sólo se echaza su
« o ma de exposición», al ez sea debido al
p ejuicio an ihegeliano. Pe o
él
es á lejos de
Hegel, y po ello su e lexión puede pa ece
ealis a
y
se ia a la ciencia no mal.
«Básicamen e, mi mé odo dialéc ico no só-
lo es di e en e del de Hegel, sino que es su
opues o di ec o. Pa a Hegel, el p oceso del
pensamien o, con el que llega a o ma bajo
el nomb e de Idea un suje o au ónomo, es el
demiu go de lo eal que sólo cons i uye la
mani es ación ex e io . En mí, a la in e sa,
el ideal no es o a cosa que el ma e ial ans-
pues o y aducido en la men e del homb e.»
A i mación,. pues, ei e ada de la di e encia
con Hegel. Di e encia que, como hemos dicho,
es la del
ma e ialismo a idealismo,
si po ales
se en iende el dis in o modo de econs ui el
o den de las ca ego ías, pe o no si se de inen
como concepciones in e sas espec o a la ela-
ción de p oducción en e
pensamien o
y
eali-
dad ma e ial.
Di e enciación espec o a Hegel
pe o, a un iempo, apa ece su «celo» an e cual-
quie imi ación o c í ica a Hegel.
«He c i icado el lado mix i icado de la dia-
léc ica hegeliana desde hace casi
30
años, du-
an e la época en que aún es aba de moda.
Pe o, al mismo iempo que edac aba el p i-
me olumen de
El Capi al,
los epígonos g u-
ñones, p e enciosos y medioc es que ac ual-
men e dic an la ley en la Alemania cul i ada
se complacen en a a a Hegel como el a-
lien e Moses Mendelssohn había a ado
a
Spinoza en la época de Lessing, es deci , de
«pe o mue o».
También yo me decla é
abie amen e discipulo de ese g an pensado
y
además, en el capi ulo sob e la eo ía del
alo , u e la coque e ia de e oma , aqui
y
alli, su modo especi ico de exp esa se.
La
mix i icación que siguió la dialéc ica en e las
manos de Hegel no impide, de ningún modo,
que él haya sido el p ime o en expone las
o mas gene ales de mo imien o de mane a
global y conscien e. Según él, es á en la men-
e. Es necesa io da le la uel a pa a descu-
b i el hueso acional bajo la mís ica piel.»
Man iene, pues, su di e enciación con Hegel
en cuan o a la
mix i icación idealis a
y
en cuan-
o a que esa o ma mix i icada es conse ado a:
«En su o ma mix i icada, la dialéc ica lle-
gó a se una moda alemana, po que pa ecía
glo i ica el es ado de cosas exis en e. En su
coníigu ación acional, es un escándalo y una
abominación pa a los bu gueses y sus doc i-
na ios po a oces, po que la in eligencia po-
si i a del es ado de cosas exis en e incluye
al mismo iempo la in eligencia de su nega-
ción, de su des ucción necesa ia, po que e-
coge oda o ma hecha en el lujo del mo i-
mien o y ambién, pues, bajo su aspec o pe-
ecede o, po que no se le puede impone na-
da, po que es, en su esencia,
c i ica
y
e o-
luciona ia.
»
Tex o impo an e po que con i ma que en
1873
Ma x seguía pensando que
la ciencia,
es
deci , el sabe o denado acionalmen e, con su
o den de ini i o, es en sí
e oluciona ia.
Re o-
luciona ia po que
comp ende
la necesidad de
la e olución en su obje o
y
po que
gene a
una
conciencia que, en ez de esis i se a la e olu-
ción, la acep a
y,
po an o, la p omue e. Re-
oluciona ia, en de ini i a, po que a la «com-
p ensión posi i a» del obje o añade la «com-
p ensión de su negación»; po que a la desc ip-
ción
y
es ablecimien o de las egula idades exis-
en es añade su génesis, su lui , su necesa ia
supe ación; o sea, po que además de se
ciencia
no mal
o empí ica, es
ciencia ilosó ica
o dialéc-
ica.
Aunque lo dejemos apun ado, no podemos
en a aquí en el concep o de
dialéc ica
en el
que piensa Ma x. Si se oma li e almen e su co-
men a io a Kau man, pensa íamos que po dia-
léc ica en iende simplemen e el sabe que se
expone his o icogené icamen e, con pe spec i a
de o alidad
y
a i mando la cons an e sus i u-
ción de lo iejo po lo nue o (his o icidad). Po-
d íamos, incluso, in e i que su cons an e o ce-
jeo con Hegel no es ajeno al hecho de que, pa a
Ma x, las «con adicciones» son más bien «con-
aposiciones~. Es deci , que pa a Ma x los dos
aspec os son
posi i os,
que, po lo an o, uno
no se
deduce
del o o po simple ope ación 1ó-
gica, sino que es necesa io conoce
posi i amen-
e
cada uno pa a así pensa su oposición
y
el
mo imien o de la misma. Pe o, como hemos
dicho, es e ema desbo da los lími es que nos
hemos impues o.
Además, aquí se encuen a su obse ación
espec o a los dos
mé odos,
de in es igación
y
de exposición: es és e el que, al inal, o ece el
mo imien o
eal
de la ealidad..
.
po eso pa-
ece
a p io i.
«Cie amen e, el modo de exposición debe
dis ingui se o malmen e del modo de in es-
igación. La in es igación debe hace suya la
ma e ia con de alle, analiza las di e sas o -
mas de desa ollo
y
descub i su ín ima a a-
du a. dnicamen e cuando se ha cumplido esa
a ea, el mo imien o sea1 puede se expues o
consecuen emen e. Que se enga éxi o y que
la ida de la ma e ia se e lexione en onces
idealmen e, puede pa ece que sea asun o de
una cons ucción
a p io i.
»
Hay, po an o, una p ác ica in es igado a
que in en a ía, es ablece elaciones y ínculos,
ija las leyes, las egula idades
y
las cons an-
cias..
.
Después una p ác ica de
eelabo ación,
en la cual los da os quedan o denados de al o -
ma que
ep esen an adecuad~men e el mo i-
mien o eal.
¡Pe o ello es g acias a que ese
o -
den
es el dialéc ico! Po eso, no puede deja de
econoce el mé i o hegeliano.
Sac is án di á que al elabo ación dialéc ica
es algo que se añade a una pieza de conocimien-
o ya undamen ada; es deci , es una eelabo-
ación
añadida
a la
no mal.
Pe o un añadido in-
necesa io y pe nicioso. Noso os pensamos que,
cie amen e, es un
añadido,
pe o en el mismo
sen ido que « alo añadido», es deci , que no
es pos e io ni ex e no, sino la o ma misma de
gene a se el alo .
O
sea, la dialéc ica se ía una
eo denación que añadi ía a la e i icación de
los hechos y a su o denación lógica in e na (co-
he encia eó ica, conexiona ..
.),
un
aspec o de
la ealidad,
es deci , que con i ie a el cono-
cimien o en ep esen ación de la
ida
del ob-
je o.
Es o coincidi ía: la
ciencia no mal
es ob a de
la
Ve s and;
la econs ucción dialéc ica lo es
de la
Ve nun .
Sólo és a es capaz de expone
la
ida
del obje o, sólo ella pe mi e el ascenso
a la
o alidad.
Y
Ma x c ee que, así, además
de la
aplicación ecnológica,
la eo ía adquie e
una
aplicación poli ica,
un
ca ác e
en sí mismo
e oluciona io.
Puede pensa se que esa « eelabo ación dia-
léc ica» es un
añadido;
lo cie o es que
exp esa
una concepción de la ciencia
y supone una
ac i-
ud e lexi a
que no puede menos de
in lui
en
oda la ase p e ia, en oda esa ase de la
ciencia
no mal.
Abo da la ob a de Ma x
-y
no sólo
como aquí hemos hecho, algunos momen os en
que e lexiona sob e su ob a- en es a pe spec i-
a de e en cada momen o la a iculación con-
c e a de ambas concepciones de la ciencia, nos
pa ece una a ea ecunda
y
que abo da emos en
o a ocasión
Y
la abo da emos sin el p ejuicio
de una decisión p e ia de si la a iculación es
buena o mala, posible o imposible, p og esi a
u oscu an is a. Po que, en odo caso, es amos
con encidos de que en o no a ese ma idaje
nada ácil se gene ó la ob a de Ma x.
Y
no nos
impo a ía llega a la conclusión de que el ma -
xismo ue, desde su o igen, un p oyec o impo-
sible. (Qué p oyec o ilosó ico no lo es? En i-
go , si ue a posible deja ía de se ilosó ico
pa a se solamen e
poli ico
o
cien i ico.