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Ciencia normal y ciencia filosófica en K. Marx

Bermudo, José Manuel

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Bermudo, José Manuel

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CIENCIA NORMAL Y CIENCIA FILOSÓFICA EN K. MARX José Manuel BERMUDO" 1. MARX, FILOSOFO Du an e mucho iempo, y suponiendo que así se enal ecía la igu a y la ob a de Ma x, se ha in en ado libe a le de su se ilóso o pa a acen- ua la pu eza de su se cien i ico Y/O su se e oluciona io. Sin pone en duda sus cualida- des y mé i os en los dis in os dominios de las ciencias y la acción polí ica, y sin en a en compe ición con ella, nos pa ece que la lec u a de las ob as de Ma x pe mi e descub i su se ilóso o. Y lo pe mi e no sólo en un sen ido la- xo, bajo el cual odo homb e de ciencias o de le as, incluso odo homb e sin más, piensa y eje ce su p ác ica ( eó ico o ma e ial, si es que es necesa ia la dis inción) en una iloso ia espon- ánea; sino en sen ido ue e, como ilóso o ou cou (si es que debemos segui jugando con al p e ensión de pu eza). Hace pocas décadas, cuando la Ciencia y la Re olución enían un al o alo de cambio en- e a la Filoso ia, d amá ica o cómicamen e de- aluada, habla de un «Ma x ilóso o)), e inclu- so de una iloso ia ma xis a ( ue a és a el ma e- ialismo dialéc ico, exo cizado po o odoxo, po ma e ialis a y po dialéc ico; ue a la iloso ía de la p axis, algo más ole ada, quizá po que al p esen a se siemp e como nebulosa e inconc e a, un an o an asmal, pudie a se conside ada más débil, inocen e o maleable) e a siemp e is o como sospechoso desde ue a y desde den o del ma xismo. Hoy, que la c isis del me cado de alo es ha al menos igualado -aunque sea a la baja-, si no in e ido, la co ización de los mis- mos, puede (e incluso pa ece opo uno) habla - se del Ma x ilóso o. Y lo amos a hace , aunque in en ando no cae en el campo de ue zas de los deba es a- dicionales, que p esuponemos nos en eda ía en las iejas -aunque no es é iles- polémicas es- pec o a la mue e de la iloso ía (a manos de la ciencia o a manos de la p ác ica e oluciona ia; o a sus p opias manos al ealiza se), la up u a epis emológica, los dos Ma x, e c., e c. * Nascu en el 1943, és adjun de iloso ia mode na i con empo ania a la Uni e si a de Ba celona. En e les se es publicacions des aquen: El concep o de p axis en el jo en Ma x, Península, 1975; De G amsci a Al- husse , 1979; Engels con a Ma x, 1981. Vamos a hace lo conside ando que la e le- xión ilosó ica apa ece en Ma x como una exi- gencia de su abajo cien í ico y de su ac i ud polí ica. Es in e esan e señala al espec o cómo Ma x de iene pe iódicamen e sus in es igacio- nes sob e los emas económicos, suspende su lec u a de ac as e in o mes sob e la ida y la his o ia económica, pa a e lexiona sob e el mé- odo de la Economía Polí ica. Le obsesiona el p oblema; le p eocupa el o den en que debe expone los esul ados de las in es igaciones y po dónde debe comenza ; le p eocupa si ese o den ep oduce o no la ealidad.. . Y esa es, como e emos, una p eocupación de ilóso o, que no quie e eje ce su ciencia en una iloso ía espon ánea, que quie e ele a és a a conciencia, que c ee que és a iene algo que e con el alo de los p oduc os cien í icos. Pe o no se a a sólo de esos momen os de «al o en el camino», de esos capí ulos en la Mi- se ia de la Filoso ia, de la In oducción de 1857, del P e acio de 1859, del Epilogo de 1873, e c. Si bien en es e abajo nos limi a emos unda- men almen e a es e ni el de análisis del Ma x ilóso o, debemos econoce que en los ex os con encionalmen e cien í icos, especialmen e en aquellos que p epa ó de o ma acabada pa a la publicación, es á p esen e la huella de su p eo- cupación ilosó ica. Pod ía pensa se que sólo como e-eZabo ación añadida, como mé odo de exposición. .. Si así ue a, no po ello se ía me- nos impo an e. Pe o es que sospechamos que esa eelabo ación, añadida p esun amen e a pos- e io i, es á p esen e en el momen o de la p ác- ica cien í ica no mal, eje ciendo en ella su de- e minación. Y con i iéndola en no del odo no mal; o, al menos, haciendo de esa ciencia económica de Ma x un p oduc o sumamen e complejo, p oblemá ico y ico en cues iones i- losó icas. C eemos, incluso, que la cons an e insa is ac- ción de Ma x espec o a su p oducción cien í i- ca -esa obsesi a aspi ación a la pe ección de la exposición, que le lle aba a co ecciones sin lími es, puliendo ei e adamen e el discu so, en e a la espon aneidad de Engels que Ma x an o admi aba.. .-, su p eocupación po la o- pología de los concep os, po su o den de a a- mien o, en in, incluso el hecho impo an e de que cada una de las ob as económicas publica- das po él es á hecha po selección- econs uc- ción de un as o ma e ial de dis in os g ados de elabo ación.. . , odo eso nos pa ece apoya nues- a esis de que Ma x p odujo su ciencia bajo la angus ia de su conciencia ilosó ica. F en e a la agilidad, espon aneidad e incluso audacia que da la inconsciencia de quien se sien e o se c ee eje ce su p ác ica cien í ica en el seno de la conciencia no mal, Ma x deja e una cons an- e inquie ud, una obsesi a necesidad de jus i i- ca su mé odo y sus pun os de is a, una cons- an e lucha po esal a su di e encia y una p eocupación consiguien e de no deja lancos descubie os, odo ello p opio de quien elabo a el análisis desde una iloso ía conscien e y cons- cien emen e al e na i a. Con es a pe spec i a lle a emos a cabo nues- a e lexión que, como hemos insinuado, se cen- a á sólo en una selección de ex os ex endida a lo la go de la ida de Ma x y que exp esan, a nues o pa ece , momen os impo an es en esa inquie ud e insa is acción espec o a su p opia ob a eó ica. Que emos con ello esal a e indi- idua la p eocupación ilosó ica de Ma x, es- peci ica su posición ilosó ica; lo cual deja ía pendien e, pe o jus i icada, la necesidad de su es udio, una in es igación desde nue a pe spec- i a de la ob a de Ma x. La esis, o mulada conc e amen e, es que en la ob a de Ma x coexis en dos c i e ios de cien- i icidad, dos concep os de ciencia, cada uno de los cuales supone un modelo de in eligibilidad dis in o y cada uno de los cuales, ambién, lle a adsc i o unas écnicas o mé odos especí icos. Esos dos concep os los conc e amos en los de ciencia no mal y ciencia especula i a o ilosó i- ca, si bien en o o ni el de análisis pod ía y debe ía ma iza se y especi ica se el sen ido de es os dos concep os en Ma x. Ad e imos de en- ada que es a coexis encia no es siemp e pací- ica ni equilib ada: el desa ollo desigual, la a- iación de la hegemonía ela i a, el g ado de agudización en e ambas, e c., no sólo queda su- pues o en la esis sino que, c eemos, pod ía se una pe spec i a muy é il e inno ado a, la de hace una biog a ía in elec ual de Ma x, pe io- dización incluida. Dado los limi es de es a con e encia no pode- mos ex ende nos en la ca ac e ización de la cien- cia no mal y la ciencia ilosó ica, a ea imp es- cindible pa a una nue a lec u a de Ma x en la pe spec i a indicada. Y ampoco podemos de e- ne nos en el análisis his ó ico del p oblema, el cual e o za ía nues a esis de que Ma x piensa en la enc ucijada de una ciencia ilosó ica -si se quie e, de la dialéc ica hegeliana- y de una ciencia posi i is a, que dominaba ya en Eu opa du an e la hegemonía del hegelianismo en Ale- mania, y que asal a ía es e educ o a la mue e del g an ilóso o. El o cejeo de Max en e dos ciencias, en e dos ó denes de in eligibilidad in- su icien es -según él- cada uno de ellos, e ina iculables sin cambia o in e i los.. . es la pe spec i a que anunciamos. Dejemos, pues, ese ambicioso p oyec o pa a o a ocasión y limi é- monos aquí a mos a cómo ese o cejeo de Ma x podemos apoya lo en unos ex os, en unos momen os en los que Ma x, pun ualmen e pe o de o ma ei e ada, nos mues a su p eocupa- ción, nos deja e que in uía el p oblema ... Aunque quizá no en oda su complejidad, ya que nunca p o undizó en él su icien emen e. Po eso, no esol ió la cues ión del mé odo. Tal ez po ello, el p oduc o de su e lexión haya sido ese géne o a ípico que pa ece « ilosó ico» a los economis as y sociólogos y «socioeconómico» a los ilóso os. 2. LA MISERIA DE LA FILOSOF A La p ime a e apa de la ac i idad eó ica de Ma x no se á abo dada aquí, po azones de espacio y po que lo hemos hecho en o o luga . Pe o digamos al menos que Ma x en ella (como es habi ual en los inicios de cualquie p ác ica eó ica), eje ce su e lexión sob e ex os. Has a su es ancia en Lond es, con sus la gas jo nadas en el B i ish Museum, y ya en con ac o con di- e sos núcleos socialis as de di e sos países, a a és de los cuales le llegaba in o mación «em- pí ica» de la ealidad socioeconómica, Ma x e- lexionó sob e lib os, esc ibió sob e esc i os. Quie o deci que si, po ejemplo, en Lond es u o acceso a una documen ación empí ica, des- c ip i a, ica en da os, has a en onces básica- men e conoció el mundo a a és de ex os, de eelabo aciones ilosó icas, económicas, e c. Pensa es siemp e eelabo a o as in o ma- ciones, sin duda alguna. Lo de e minan e es el ni el de és as. Cuando se a a de eelabo a , e- o dena las in o maciones con enidas en ac as, documen os, es udios económicos, es adís icas, e cé e a, el abajo eó ico es más posi i o, a di ec amen e o ien ado a la comp ensión y ex- plicación de la ealidad. En cambio, cuando a pa i de unas e-elabo aciones, econs ucciones eó icas -sean los ex os de Economía Polí i- ca, sean aún los más abs ac os de Hegel o los jo enhegelianos- se in en a o ece una ep e- sen ación nue a, el abajo eó ico es más bien c i ico. Pa a en ende nos, pod íamos deci que en el p ime caso nos ace camos a la ac i idad cien í ica en sen ido usual, y en el segundo, a la ilosó ica. Pues bien, Ma x comenzó como ilóso o. Y no impo an aquí sus decla aciones sob e la «mue e de la iloso ía» a manos de la ciencia (Ideologia alemana) o de la p axis e oluciona- ia (Tesis sob e Feue bach): al ez a su pesa , su ac i idad es dominan emen e ilosó ica. Y, en ella, la p eocupación p incipal, desde la que eje - ce su c í ica, es la o denación inal de los con- cep os. En su alo ación de los economis as li- be ales, jun o a la c í ica de asun os conc e os, pun ales, con los que disc epa o donde e ala- cias, con adicciones o insu iciencias, o ece la o a c í ica, la que denuncia incluso lo « álido» de la Economía Polí ica clásica como posi i is- mo, es deci , como simple desc ipción de lo que es, sin da cuen a -y más bien ocul ando- el o igen, la génesis y la necesidad de supe a esa ealidad exis en e. Como no podemos de ene nos en cada pun o de es a p ime a ase, nos limi a emos a comen- a con cie o de enimien o algunos pasajes de La mise ia de la Filoso ia. En ellos se e que, pa a Ma x, que ya mues a un buen conocimien- o de los ex os económicos, el p oblema cen al de su c í ica a P oudhon es el del o den de los concep os, es deci , la c í ica se eje ce en el do- minio de la ciencia especula i a. Nos de end emos solamen e en el capí ulo de la segunda pa e, dedicada a «La me a ísica de la Economía Polí ica». Es e p ime capí ulo se sub- i ula: «El mé odo». El comienzo es ya indica- i o : «iHenos aquí en plena Alemania» Vamos a ene que habla de me a ísica al habla de Economía Polí ica» (M. F., p. 153). La imagen céleb e que usa Ma x pa a compa- a a P oudhon con Hegel anuncia el ono jo- coso, que no cub e, sino que apo a iolencia a la e ible c í ica a un homb e que an es pú- blicamen e admi ó: «Si el inglés ans o ma a los homb es en somb e os, el alemán ans o ma los somb e- os en ideas. El inglés es Rica do, ico ban- que o y economis a dis inguido; el alemán es Hegel, simple p o eso de iloso ía en la Uni e sidad de Be lín» (M. F., p. 153). Y ya que -pa a aseando a Hegel- oda me a ísica se esuel e en el mé odo, hay que es udia el mé odo de P oudhon que, en de ini- i a, ha esc i o la «me a ísica» del « ableau économique» de Quesnay. La c í ica es minucio- sa e incluso en exceso: a Ma x no le ag adan las simples descali icaciones gene ales. Siemp e mues a un celo esc upuloso hacia los de alles. Su c í ica desmenuzaba los ex os, desmemb a- ba sus pa es, en el es ue zo de pone de elie- e que la en e medad a ec aba a los elemen os más p o undos de los ó ganos. P oudhon había dicho: «No hacemos una his o ia según el o den del iempo, sino según la sucesión de las ideas. Las ases o ca ego ías económicas al mani- es a se esul an, an p on o con empo áneas como in e idas.. . Las eo ías económicas po- seen ambién su sucesión lógica y su se ie en el en endimien o: es e o den es el que nos en- anece habe descubie o» (M. F., p. 154). Y bajo ono jocoso («desdichadamen e el se- ño P oudhon ha que ido asus a a los anceses i ándoles a la ca a ases casi hegelianas))), Ma x se dispone a analiza un ema impo an- e: «Tenemos, pues, que ocupa nos de dos hom- b es: en p ime luga , del seño P oudhon, des- pués, de Hegel». En ealidad hay es planos. P ime o, el de la Economía Polí ica clásica; des- pués, el de P oudhon y su elación con la an e- io ; y inalmen e, Hegel y el coque eo hegelia- no de P oudhon. Pod íamos deci : la ciencia, la iloso ía y la mise ia de quien se mue e en me- dio sin sali se. 0, si se p e ie e, la ciencia em- pi ica, la ciencia especula i a y la mise ia eó i- ca que, po lo menos, anuncia la necesidad de un sabe que los econcilie. Po que la idea de P oudhon no es mala: quie e, como econoce Ma x, explica el ac o de o mación, la génesis de las ca ego ías, p incipios, leyes, ideas, pensa- mien os, e c., de los economis as, cosa jus a en an o que és os se han limi ado a exp esa las elaciones de p oducción bu guesas, la di isión del abajo, la moneda, el c édi o.. ., como si ue an ca ego ías ijas, inmu ables y e e nas. El p oyec o es jus o; exp esa una necesidad. Pe o ue mal ealizado, según c ee Ma x. Con iene lee de enidamen e el ex o. En él se admi e que las ca ego ias se mani ies an a e- ces anac ónicamen e; o sea, que las eo ias eco- nómicas, que exp esan dichas ca ego ías, ienen un o den his ó ico y ienen una se ie en el pen- samien o; es deci , que pueden se o denadas como mo imien o de la Idea, en un o den ló- gico que no se co esponde con el de su mani- es ación his ó ica. Se e cla o el coque eo p oudhoniano con He- gel. Pe o ambi6n se e su discu ible asimilación del ilóso o alemán. P oudhon a i ma la sepa a- ción en e o den his ó ico y o den lógico; c ee habe descubie o es e úl imo en el dominio de las ca ego ías económicas: y con ese o den lógi- co (es deci , jus o), puede condena el capi a- lismo. A Ma x no le sa is ace: «Los economis as nos explican cómo se p oduce den o de es as elaciones dadas, pe- o lo que no nos explican es cómo se o igi- nan ales elaciones, es deci , el mo imien o his ó ico que las hace nace . El seño P ou- dhon, al conside a esas elaciones como p in- cipios, ca ego ías, pensamien os abs ac os, sólo iene que pone o den en es os pensa- mien os, que se hallan clasi icados al abé ica- men e al inal de cualquie a ado de econo- mía polí ica. Los ma e iales de los economis- as son la ida ac i a y ac uan e de los hom- b es; los ma e iales del seño P oudhon son los dogmas de los economis as. Pe o desde el momen o en que no se pe sigue el mo imien- o his ó ico de las elaciones de p oducción, cuyas ca ego ías no cons i uyen más que su exp esión eó ica, desde el momen o en que no se quie e ya e en es as ca ego ías más que ideas, pensamien os espon áneos, inde- pendien es de las elaciones eales, se obliga uno a designa al mo imien o de la azón pu a como él o igen de ales pensamien os» (M. F., p. 155). No le sa is ace ni la ac i ud de los econo- mis as, que se limi an a desc ibi la ealidad, sin pone en cues ión la acionalidad y/o la his o- icidad de la misma, ni la ac i ud de P oudhon, quien, cie amen e, quie e i más lejos, pe o sólo lo hace «a bi a iamen e», jugando a hege- liano y con poca o una, con i iendo la iloso- ía en el p oduc o imagina io de las pi ue as de la azón. Es e ex o es muy impo an e. Ma x c i ica a P oudhon dos cosas, y con dis in o g ado de ac i ud. En p ime luga , le c i ica que ome po ma e iales los dogmas de los economis as. Aquí la c í ica no es al mé odo, sino a la inge- nuidad de su aplicación. Es deci , es e iden e que el pun o de pa ida de la e lexión inal de- ben se los p oduc os de las e lexiones empí i- cas: pe o cuando és as es án con enien emen e saneadas, cuando no son dogmas de una e le- xión ingenua, sino conscien emen e engañosa. En odo caso, se econoce implíci amen e la do- ble e lexión, pues la ac i idad de e lexiona sob e los ex os de la Economía Polí ica no es á desau o izada. En segundo luga , le c i ica que ema esos dogmas, esas ca ego ias in en a iadas, y se dedique a juga a o dena las según c i e ios p e endidamen e lógicos, dando la espalda a la his o ia eal; e incluso negando a és a su papel de e minan e de aquélla. Po an o, lo que se c i ica es la desa o una- da o ma con que P oudhon quie e cons ui la ciencia (especula i a), el o den lógico de las ca- ego ías. Pe o no se desau o iza es e p oyec o, sino que, a nues o en ende , queda implíci a- men e jus i icado. De momen o, dejemos ano ada esa doble c í- ica que dibuja el p oblema que nos p eocupa. De momen o, esal emos que Ma x c i ica espe- cialmen e a P oudhon no que pa a de las cien- cias y a e de o dena las ca ego ías, es deci , de cons ui la ciencia especula i a, sino que pa a de unas ciencias insu icien es, y ealice su a ea o denado a como simple juego a bi a io, al queda se sin c i e io: «Si u iésemos la in epidez del seño P oudhon en ma e ia de hegelianismo, di ía- mos: Se dis ingue en sí misma de ella misma. ¿Qué quie e deci es o? La azón impe so- nal, al no ene ue a de ella ni e eno sob e el cual pone se, ni obje o al cual pueda opo- ne se, ni suje o con el cual pueda compone - se, se e obligada a da una ol e e a ponién- dose, oponiéndose y componiéndose -posi- ción, oposición, composición-. Pa a habla en g iego, enemos la esis, la an í esis y la sín esis. Respec o a quienes no conocen el lenguaje hegeliano, les e ela emos la ó mu- la sac amen al: a i mación, negación y nega- ción de la negación. He aquí lo que quie e deci habla » (M. F., p. 156). La c í ica, insis imos, a especialmen e di igi- da a esa p ác ica ilosó ica que elabo a la cien- cia especula i a; o, pa a se más p eciso, a esa e e ida e lexión añadida que hace que el p o- duc o inal no sea la simple ciencia empí ica, aunque la suponga o dependa de ella. La c í ica, pues, se di ige al abandono de lo pa icula y lo eal, a la o gía de lo uni e sal abs ac o. No a lo uni e sal abs ac o, sino a su o gía. De ahí que se p odiguen las bu las de Ma x -a eces, bu las c ueles- a la e ó ica acía de la dialéc ica de P oudhon, a las pi ue- as de la azón pu a. La c í ica, en esumen, se di ige a la eelabo ación doblemen e a bi a ia: en cuan o pa e de una lis a ingenua de ca e- go ías, y en cuan o las o dena sin c i e io ade- cuado. Po aho a, Ma x deja e su posición ealis a ma e ialis a, se es ue za po señala que, de un lado, el c i e io de econs ucción lógica del sis- ema de las ca ego ías debe se el o den de su apa ición his ó ica; de o o, y como jus i ica- ción de lo an e io , que ese o den de apa ición de las ca ego ias e leja el o den del mo imien o de la ealidad social. F en e a P oudhon, Ma x ei indica la necesidad de espe a lo eal-con- c e o, lo pa icula , lo empí ico: y así mani ies a su aspi ación a un conocimien o de lo pa icu- la -conc e o, mos ando sus suspicacias an e o- do lo que sea abs acción: «¿Hay que asomb a se de que odo, en ú1- ima abs acción, pues hay abs acción y no análisis, se p esen e en es ado de ca ego ía 1ó- gica? ¿Hay que ex aña se de que al deja cae poco a poco odo lo que cons i uye la indi idualidad de una casa, que al abs ae los ma e iales de que se compone, la o ma que la dis ingue, se llegue a no ene más que un cue po; que al abs ae los lími es de es e cue po no os quedéis inmedia amen- e más que con un espacio; y que al abs ae , po úl imo, las dimensiones de es e espacio se e mine po no ene más que la can idad comple amen e pu a, la ca ego ía lógica? A ue za de abs ae de es a mane a de odo suie o los p e endidos acciden es. animados o inanimados, homb es o cosas, enemos azón al deci que, en úl ima abs acción, se liega a ene como sus ancia las ca ego ías lógicas. De es a mane a, los me a ísicos, que al hace es as abs acciones se imaginan que hacen el análisis y que, a medida que se sepa an cada ez más de los obje os, imaginan que se ap o- ximan a ellos has a el pun o de pene a los, es os me a ísicos ienen a su ez azón al de- ci que las cosas de aqui abajo son e dades cuyas ca ego ias Lógicas cons i uyen el caña- mazo. He aquí lo que dis ingue al ilóso o del c is iano. El c is iano no iene más que una sola enca nación del Logos, a despecho de la lógica; el ~óso o no e mina nunca con las enca naciones» (M. F., p. 156-157). Po abs acción, odo lo eal de iene ca- ego ia lógica. Del mismo modo, se consigue el «mo imien o abs ac o», pu amen e o mal: la o ma lógica del mo imien o. Esa subs ancia ló- gica del mo imien o es el mé odo absolu o: «En onces, ¿en qué consis e, po an o, es e mé odo absolu o? En la abs acción del mo imien o. ¿Qué es la abs acción del mo- imien o? El mo imien o en es ado abs ac- o. ¿Qué es el mo imien o en es ado abs- ac o? La ó mula, pu amen e lógica, del mo- imien o o el mo imien o de la azón pu a. ¿En qué consis e el mo imien o de la azón pu a? En pone se, en opone se, en compone - se, o mula se como esis, an í esis, sín esis, o bien ambién en a i ma se, nega se, nega su negación. ¿Cómo hace la azón pa a a i ma se, pa a pone se como ca ego ía de e minada? Es o es asun o de la p opia azón y de sus apologis- as.» (M. F., p. 158-159). Es comp ensible que Ma x c i ique ese juego de la iloso ía con e ida en a í ice del mundo. Pe o, ¿desde dónde cons ui el o den lógico de las ca ego ías? ¿Cómo lib a se del simple juego, de la simple o gía de la manipulación a - bi a ia de ca ego ías abs ac as? De momen o, Ma x, que no enuncia a la a- cionalidad del desa ollo social, es deci , a la exis encia de un o den lógico en el o den de sucesión his ó ica, eacciona con a el abs ac- cionismo ei indicando lo indi idual, lo eal- conc e o y la idelidad a los con enidos posi i- os. Desde es a ei indicación de la posi i idad, pide cuen as al o den lógico. Su adicalismo hace que no escasee la i onía espec o a la dialéc ica, al menos la dialéc ica abs ac a; mejo aún, la dialéc ica p oudho- niana: «Pe o una ez que ha llegado a pone se como esis, es a esis, es e pensamien o, opues o a sí mismo, se desdobla en dos pen- samien os con adic o ios: el posi i o y el ne- ga i o, el sí y el no. La lucha de es os dos elemen os an agónicos, ence ados en la an- í esis, cons i uye el mo imien o dialéc ico. El sí de iniendo no, el no de iniendo sí, el sí de iniendo a la ez sí y no, el no de iniendo a la ez no y sí, los con a ios se balancean, se neu alizan, se pa alizan. La usión de es- os dos pensamien os con adic o ios cons i- uye un nue o pensamien o que es la sín e- sis de ambos. Es e nue o pensamien o se des- pliega oda ía en dos pensamien os con adic- o ios que, a su ez, se unden en una nue a sín esis. De es e abajo de c eación nace un gmpo de pensamien os. Es e g upo de pen- samien os sigue el mismo mo imien o dialéc- ico que una simple ca ego ía y iene como an í esis un g upo con adic o io. De es os dos g upos de pensamien os nace un nue o g upo que es la sín esis de aquellos. Lo mismo que del mo imien o dialéc ico de las ca ego ías simples nace el g upo, así del mo imien o dialéc ico de los g upos nace la se ie y del mo imien o dialéc ico de las se ies nace el sis ema en e o» (M. F., p. 159). Lo de menos se ía su acusación a P oudhon de no habe dado ni los p ime os pasos de ese juego; lo más impo an e es su idea de que ese, como cualquie o o semejan e, «sis ema de las con adicciones» así cons uido, es un absu do juego de una a bi a ia « azón pu a». Así gene- aliza la c í ica y pasa de la mise ia de la dia- léc ica p oudhoniana a la mise ia de la azón pu a. Y, en conc e o, su ex ensión da la culpa a P oudhon y Hegel simul áneamen e: ambos son a í ices de una eelabo ación a bi a ia (dialéc- ica) de los conocimien os que odo el mundo iene. «Así, pues, has a aho a no hemos expues- o más que la dialéc ica de Hegel. Ve emos después cómo el seño P oudhon ha conse- guido educi la a las p opo ciones más mez- quinas. Pa a Hegel, odo lo que ha sucedido y odo lo que sucede consis e exac amen e en lo que pasa en su p opio azonamien o. Así la iloso ía de la his o ia no es más que la his o ia de la iloso ía, de su p opia iloso- ía. No exis e la «his o ia según el o den de los iempos», no hay más que «sucesión de ideas en el en endimien o». C ee que cons u- ye el mundo median e el mo imien o del pen- samien o, mien as que no hace o a cosa que econs ui sis emá icamen e y clasi ica bajo el mé odo absolu o los pensamien os que odo el mundo iene en la cabeza» (M. F., p. 160). La posición ealis a de Ma x pa ece inequí o- ca. La eelabo ación a bi a ia cons uye mun- dos de icción. Pa a Ma x la azón y su o den dialéc ico es án insc i os en la ealidad his ó- ica. Su despliegue al ez sea el despliegue de la Idea; aho a bien, siguiéndolo de ce ca se e i- a el iesgo de que como despliegue de la Idea se ome la econs ucción abulosa de una azón pu a deli an e. El e o , pues, no es á en el es- ue zo po econs ui eó icamen e la génesis del mundo; sino en hace lo simplemen e po o - denación sis emá ica (sin c i e io o c i e io a - bi a io) de las ideas en la cabeza de los hom- b es. Gus e o no, Ma x se mue e en el esquema de una c i ica desde una in e sión ma e ialis a, que no empi is a. «Las ca ego ías económicas no cons i uyen más que exp esiones eó icas, abs acciones de las elaciones sociales de la p oducción. El seño P oudhon, como e dade o ilóso o, o- mando las cosas al e és, no e en las elacio- nes eales más que las enca naciones de es- os p incipios, de es as ca ego ías, que do - mi aban -nos dice oda ía el seño P ou- dhon, el ilóso o-, en el seno de la " azón impe sonal de la Humanidad » (M. F., p. 161). No hay, pues, duda posible: Ma x, sin e- nuncia a una lógica del desa ollo his ó ico (más bien al con a io, p esuponiendo una iden- idad en e o den lógico y o den his ó ico), se- ñala que el camino de la econs ucci6n es de abajo a a iba, de lo pa icula -conc e o a lo concep ual-abs ac o. El pun o de pa ida son las elaciones sociales. En ellas debemos pone la mi ada. Y las elaciones sociales es án unidas a las Fue zas P oduc i as: «Las elaciones sociales se hallan ín ima- men e unidas a las ue zas p oduc i as. Al ad- qui i nue as ue zas p oduc i as los hom- b es cambian su modo de p oducción; y al cambia el modo de p oducción, la mane a de gana su ida, cambian odas sus elaciones sociales. El molino a b azo os da á la socie- dad con el seño eudal; el molino de apo , la sociedad con el capi alismo indus ial» (M. F., p. 161). Y las ideas son e lejo de esas condiciones: p oduc os his ó icos, exp esión en la conciencia de la dialéc ica del o den eal. «Los mismos homb es que es ablecen las elaciones sociales con o me a su p oduc i- idad ma e ial, p oducen ambién los p inci- pios, las ideas, las ca ego ías, con o me a sus elaciones sociales. Así, es as ideas, es as ca ego ías, esul an an poco e e nas como las elaciones que ex- p esan. Son p oduc os his ó icos y ansi o- ios» (M. F., p. 161). Pod íamos pensa que, en dehi i a, Ma x a i ma aquí la iden idad o el isomo ismo en e o den lógico y o den his ó ico, y que su especi- icidad eside sólo en la «in e sión» me odológi- ca ma e ialis a. Pe o la cosa no es an ácil. E ec i amen e, no podemos desca a la pe s- pec i a de la in e sión. Pe o la ((in e sión ma e- ialis a» no es sólo man ene la o ma ('dialéc- ica) y sus i ui el con enido (me a ísico-idea- lis a) en el sis ema hegeliano. Cie amen e, el con enido y la o ma no son elemen os que se mezclen sin su i -eje ce su de e minación. La «in e sión» es más compleja. De momen o, nos in e esa sub aya que lo que Ma x compa e con Hegel no es p opiamen e la adhesión a la o ma dialéc ica del conocimien o, sino su mis- ma idea de ciencia especula i a, es deci , un ipo de conocimien o en el que el o den de los concep os ep oduce el o den de sucesión his ó- ica de las o mas sociales que exp esan. En lo que di ie en es en el apoyo desde el cual abo - da el obje i o: Hegel se apoya en la his o ia de la cul u a en gene al y de la iloso ía en pa - icula ; e cada momen o como exp esión de una ca ego ía e in en a econs ui el o den de las ca ego ías que se ía la lógica de la his o ia. Ma x, po su pa e, conside a que esa posición es una ac i ud posi i is a, que no si e con en- a se con la his o ia de la iloso ía como da o, que es necesa io esponde a la p egun a: ¿po qué al concep o p o agonizó al e apa his ó- ica? Y que, po an o, la cla e úl ima es a ía en la economía. . . Po an o, la in e sión no a ec a sólo a la dia- léc ica, a su con enido; es una in e sión -o un desplazamien o- en el pun o de pa ida y en la pe spec i a. Cuando Al husse , señala que la in e sión ma e ialis a sin más es impensable, pues supone igno a que mé odo y sis ema, o - ma y con enido, son siemp e aspec os insus i- uible~ y o almen e in e condicionados, lo in- en a á mos a ecu iendo a que la dialéc ica de Hegel es simple y la de Ma x es siemp e compleja. O sea, que en Hegel la con adicción es única en cada momen o, mien as que en Ma x cada momen o es un ejido de con adic- ciones. La idea es ecunda, pe o no exen a de sospecha. Cualquie es udioso de Hegel pod ía a gumen a que si bien el ilóso o alemán gus- aba de segui la pis a lineal de la con adicción, ambién es cie o que en cada caso omaba pis- as di e en es, a dis in os ni eles, dejando en- ende que el en e de a ance e a complejo. Pe o, sob e odo, nos pa ece que de es e modo se oscu ece la e dade a di e encia. Pues esos caminos hegelianos de la con adicción co- esponden al o den inal de la ciencia especu- la i a, como sus ni eles secunda ios y pa ciales de econs ucción. En cambio, en Ma x esa com- plejidad de la ed de con adicciones co espon- den al análisis, no mal cuasi-empí ico. Po ejem- plo, él di á que las elaciones de p oducción de cualquie sociedad o man un odo, y de ahí el e o de P oudhon al conside a cada elación, exp esada en una ca ego ía, como especi icación de una ase social, engend ándose una a la o a,. . . Pa a Ma x, P oudhon no ha en endido nada: es á eo denando los concep os con los que el economis a analiza la sociedad capi alis- a, omándolos como ca ego ías lógicas o dena- bles po la azón pu a pa a econs ui el plan del mundo. Ma x, po el con a io, pide pa i de esa ealidad compleja, econoce la como sis- ema complejo de elaciones. Po elio, es un g a e e o es ablece el iso- mo ismo, Ma x conside a que la dialéc ica p oudhoniana, al eo dena las ca ego ías, es a- blece una sucesión al que cada una ep esen a una ase social. Es as ases se suceden-p oducen unas a las o as como la esis a la an i esis, en una sucesión «lógica» que esul a se la azón impe sonal de la Humanidad: «El único incon enien e que exis e en es e mé odo es que al abo da el examen de una sola de es as ases, el seño P oudhon no puede explica la sin ene que ecu i a o- das las demás elaciones de la sociedad, e- laciones que, sin emba go, aún no ha hecho se engend adas po su mo imien o dialéc i- co. Cuando, a con inuación, el seño P ou- dhon, po medio de la azón pu a, pasa a la c eación de o as ases. hace como si és as ue an niños ecién nacidos, ol idando que ienen la misma edad que la p ime a» (M. F., p. 162). Aunque odas es as páginas son impo an es y me ecen un examen más de enido, acaba emos con un b e e comen a io a las objeciones 5.a y 6" Como es habi ual, comienza ci ando a P ou- dhon, ep oduciendo el pasaje a analiza : «En la azón absolu a odas es as ideas.. . son igualmen e simples y gene ales.. . De he- cho, no llegamos a la ciencia más que po una especie de en ~~amado de nues as ideas. Pe o la e dad en sí es independien e de ales igu- as dialéc icas lib e de las combinaciones de nues o espí i u» (M. F., p. 166-167). Si has a aho a P oudhon, aunque con lími es, podía se omado como ilohegeliano -y así, hace la c í ica a uno ex ensible al o o-, aquí e Ma x la sepa ación de ambos. P oudhon om- pe con Hegel el se incapaz de da ida a las ideas, incapaz de log a que las ca ego ías se mue an; impo en e, en in, pa a pone el mo- imien o de la azón absolu a. «La sucesión de las ca ego ías se ha con- e ido en una sue e de andamiaje. La dia- léc ica no consis e ya en el mo imien o de la azón absolu a. No hay ya dialéc ica; a lo sumo se a a de una mo al comple amen e pu a» (M. F., p. 167). Es a c í ica nos acla a algunos aspec os. Po lo p on o, y dado que en es e pun o Ma x e a Hegel como un gigan e en e a P oudhon, nos señala que lo que Ma x no sopo a de P ou- dhon es, undamen almen e, la a bi a iedad de su idealismo. F en e al idealismo a bi a io, que o dena las ca ego ías según las pi ue as de la azón pu a, Ma x opone el idealismo dialéc ico, capaz de pone un o den i o, de pensa el mundo como una unidad de mo imien os dialéc- icos, a anzando po negación. An e es a c í i- ca queda aplazada -o desplazada- la o a, la que a ec a al p incipio desde el cual se cons u- ye dicho o den dialéc ico. Lo que aho a impo a a Ma x es que P oudhon se limi a a cons ui un o den g a ui o, un simple andamiaje de ca e- go ías omado de los índices de la Economía Polí ica. En ez de hace la his o ia del en en- dimien o, p e endía sólo cons ui la sucesión lógica -y no la sucesión his ó ica- de las ca- ego ías; y quie e hace lo con una dialéc ica que no domina: «Aho a, cuando se a a de pone en p ác- ica es a dialéc ica, le alla la azón. La dia- léc ica del seño P oudhon al a o ensi a- men e a la dialéc ica de Hegel, y he aquí que el seño P oudhon se e obligado a deci que el o den en el cual p esen a las ca ego ías económicas no co esponde al o den en el que se engend an unas a las o as. Las e o- luciones económicas no son ya las e oluciones de la p opia azón» (M. F., p. 167-168). P oudhon, pues, ompe con Hegel. Pe o ¿a cambio de qué? A cambio de nada. Se ha ido a peo , pues al menos en Hegel había o den, mien as que en P oudhon sólo hay impo encia. <(¿En qué consis e, pues, lo que nos o ece el seño P oudhon? ¿La his o ia eal, es de- ci , sedn el en endimien o del seño P ou- dhón, la sucesión con o me a la cual las ca- ego ías se han mani es ado en el o den de los iempos? No. ¿La his o ia al como ans- cu e en la idea misma? Menos oda ía. ¡De es a mane a ni his o ia ~ o ana de las ca e- go ias ni su his o ia sag aha!'~n in, ¿qué his- o ia nos o ece? La his o ia de sus p opias con adicciones» (M. F., p. 168). Es e es el momen o c ucial. Ma x nos je a - quiza las al e na i as y, así, nos deja e su ideal: lo más e u able es la his o ia de las con- adicciones de P oudhon, su a bi a ia econs- ucción; en e a ella incluso pa ece noble la «his o ia sag ada hegeliana de las ca ego ías)}, su deducción idealis a; como al e na i a, la his- o ia p o ana. Pe o no se pone en cues ión que el obje i o de la iloso ía es econs ui esa his- o ia. La his o ia idealis a, sag ada, acaba po po- ne el siglo como p oduc o-exp esión de una ca- ego ía o p incipio. El p oblema es, piensa Ma x, deci po qué al ca ego ía se exp esó en al momen o y no en o o: «Cada p incipio ha enido su siglo pa a mani es a se; el p incipio de au o idad po ejemplo, ha enido el siglo XI, lo mismo que el p incipio del indi idualismo ha enido el sido XVIII. De consecuencia en consecuencia. " esul a que e a el siglo el que pe enecía al p incipio y no el p incipio el que pe enecía al siglo. En o os é minos, e a el p incipio quien hacía la his o ia y no la his o ia la que es ablecía el p incipio. Cuando, a con inua- ción, pa a sal a los p incipios an o como la his o ia, se p egun a po qué al p incipio se ha mani es ado en el siglo XI o en el si- glo XVIII, más bien que en cualquie o o, e- sul a necesa io examina minuciosamen e quiénes e an los homb es del siglo XI, quié- nes e an los del siglo XVIII, cuáles e an sus espec i as necesidades, sus ue zas p oduc i- as, su modo de p oducción, las ma e ias p i- mas de és a, en in, cuáles e an las elaciones de homb e a homb e que esul aban de o- das esas condiciones de exis encia. P o undi- za en odas es as cues iones ¿no es hace his- o ia eal, p o ana, de los homb es de cada siglo, ep esen a es os homb es a la ez co- mo au o es y ac o es de su p opio d ama? Pe o, desde el momen o en que ep esen éis a los homb es como ac o es y au o es de su p opia his o ia, hab éis llegado, median e un odeo, al e dade o pun o de pa ida, pues o que habéis abandonado los p incipios e e nos de los cuales hablábais al p incipio (M. F., p. 168-169). El a gumen o de Ma x no es del odo sa is- ac o io. En igo , ambién cab ía p egun a siemp e po qué esos hechos ienen luga en al época. Y si la espues a es que son e ec os de la an e io , ambién en la opción idealis a pod ía con es a se que un p incipio se mani ies a en un momen o his ó ico según un o den lógico, como consecuencia del an e io . En es e sen ido, nos pa ece que Ma x ha malen endido a Hegel, pues no pa ece dis ingui la in empo alidad del o den lógico de la lógica del desa ollo his ó i- co. El o den lógico que el ilóso o idealis a cons- uye no puede da cie amen e, ni lo p e ende, cuen a his ó ica en el sen ido c onológico. Se a i ma la acionalidad de la his o ia, o sea, que el o den his ó ico ep oduce el o den lógico, pe o nada dice del iempo de su ealización. O dicho de o a mane a, se a i ma que la his o ia ealiza el o den lógico, que iene una acionali- dad ( odo en ella es acional), pe o que ello no implica un isomo ismo en e o den lógico y o - den c onológico. Pa a Ma x, de momen o, le pa ece sospechosa la idea de in empo alidad de las ca ego ías y de los p incipios. Su ma e ialismo lle a anexo un buen an o po cien o de empi ismo. Los mé o- dos y exigencias de la ciencia no mal pesan en su e lexión. «Noso os quisié amos que las elaciones económicas, conside adas como leyes inmu- ables, p incipios e e nos, ca ego ias ideales, uesen an e io es a los homb es ac i os y ac- uan es; quisié amos ambién que ales leyes, ales p incipios, ales ca ego ías hubiesen do - mi ado desde el o igen de los iempos "en la azón impe sonal de la Humanidad". Ya he- mos is o que con odas es as e e nidades in- mu ables e inmó iles no hay his o ia; a lo sumo exis e la his o ia en la idea, es deci , la his o ia que se e leja en el mo imien o dia- léc ico de la azón pu a. El seño P oudhon, al deci que en el mo imien o dialéc ico las ideas ya no se «di e encian», ha anulado, no sólo la somb a del mo imien o, sino el mo- imien o de las somb as po medio de las cuales se hubie a podido oda ía c ee odo lo más en un simulac o de his o ia» (M. F., p. 170). Veamos, no obs an e, que bajo es a c í ica a P oudhon y a a o de Hegel, no se elimina la c í ica a és e, p esen e en esa denuncia po Ma x de la e e nidad de las ca ego ías abs ac as y de su inadecuación pa a, con ellas, cons ui la his- o ia. Pe o la al e na i a que Ma x apun ó, a sabe , la de llega a desci a el o den acional de la his o ia pa iendo de lo eal conc e o, po un lado, nos pa ece una misión imposible y, po o o, la cla e de su es ue zo in elec ual, es deci , de su ob a. En in, acabemos es a e lexión con una ob- ción de la his ó ica; o sea, el plan di ino pod ía conoce se an es del inal de la c eación. Tal hipó esis, en la medida en que supone un o den único y común -aunque a i mos di e en- es y con des ases- en el desa ollo de odos los pueblos, plan ea se ias di icul ades. Hay pueblos, dice Ma x, como Pe ú, sin moneda.. . que ienen las o mas más ele adas de la econo- mía, como la coope ación; o os, como los esla- os, que apenas usan el dine o y el cambio ex- cep o con o os pueblos: «Así, aunque his ó icamen e la ca ego ía más simple pudiese habe exis ido an es que la ca ego ía más conc e a, la misma puede pe enece en su comple o desa ollo, in en- si o y ex ensi o, a una o ma de sociedad compleja, aunque la ca ego ía más conc e a es aba mejo desa ollada en una o ma de sociedad menos desa ollada.» O sea, las ca ego ías simples, his ó icamen e an e io es a las más conc e as, pueden alcanza su pleno desa ollo pos e io a aquéllos, es de- ci , cuando se da un al o desa ollo de las e- laciones sociales. Po lo an o, la egia no se cumple. Ni con el dine o, ni con el abajo (que se uni e saliza con A. Smi h, con a el isioc a ismo.. .). ((Es e ejemplo del abajo mues a con e i- dencia que las ca ego ías más abs ac as -a pesa de su alidez (po su abs acción) pa a odas las épocas- no son menos, en es a de e minación abs ac a, p oduc o de las con- diciones his ó icas y no iene plena alidez más que pa a su iempo en su p opio lími e.» Cie amen e, el abajo como ca ego ía gene- al, en su uni e salidad, es muy an igua; pe o en su con enido económico el « abajo» sin más, como o ma simple, es una ca ego ía mode na. Es deci , el con enido his ó ico del abajo ha ido cambiando de de e minación en de e mina- ción. Pa a los isióc a as, po ejemplo, el aba- jo como p oduc o de ing esos, como abajo c eado , e a el ag ícola; Adam Smi h gene aliza su con enido a oda ac i idad p oduc i a. Ma x nos es á diciendo, omando la ca ego- ía « abajo» como ejemplo, que una cosa es el « abajo» como pu a ca ego ía sin con enido, e e na, «an edilu iana» y o a la ca ego ía « a- bajo» como exp esión de unas elaciones his ó- icas de e minadas. Y que, en e és as, con e- cuencia la o ma más gene al y simple, menos de e minada y pa icula , es á al inal, es deci , cuando se e ie e a sociedades muy desa olladas. Po ejemplo, sólo en el capi alismo a ianzado el abajo oma la o ma ( elaciones sociales) que se exp esa en esa ca ego ía de « abajo» como oda ac i idad c eado a de iqueza, sea cual sea el obje o sob e el que se aplique. Po an o, la o ma más simple de las ca ego ías a eces sólo se consigue al inal, sob e un conc e o eal desa ollado; lo cual no niega que la ca e- go ía « abajo» en un sen ido uni e sal, que desbo da el ho izon e económico, sea e e na, es é desde el p incipio. «Con la uni e salidad abs ac a de la ac- i idad c eado a de iqueza apa ece igualmen- e la uni e salidad del obje o en su de e mi- nación de iqueza, el p oduc o en gene al, o aún el abajo en gene al.. . » Como puede obse a se, Ma x man iene la sinc onía en e el o den de las elaciones socia- les de p oducción y el o den de las ca ego ías que los exp esan. Pe o aho a se a de lo más conc e o y de e minado a lo más simple y uni- e sal: del abajo ag ícola (único c eado de iqueza) al abajo; co espondiendo al mo i- mien o de gene alización del p oduc o del a- bajo, del bien de uso, en me cancía o alo de cambio. Y, así, es e inal del mo imien o de las ca e- go ías, es deci , su desembocadu a, en la o ma más simple y uni e sal, es lo que pe mi e com- p ende sus o mas an e io es. Como ca ego ía pu amen e abs ac a no si e pa a deduci nada conc e o, como ca ego ía conc e a en su o ma más simple y uni e sal, da cuen a de odas sus o mas pa icula es. O sea, el camino a del homb e al mono. Ma x conside a que la indi e encia espec o a un géne o de e minado de abajo (y la uni- e salidad abs ac a de la ca ego ía de abajo que la exp esa) supone una ealidad donde p o- li e an los ipos de abajo sin absolu o dominio de uno de ellos. Po an o, las abs acciones más gene ales sólo nacen con el desa ollo más a an- zado y ico de la ealidad conc e a que exp e- san: pues sólo aquí un aspec o apa ece como pe enecien e a muchos conc e os, como común a odos, con lo cual la ca ego ía que lo exp esa apa ece como uni e sal. Más aún: «De o a pa e, es a abs acción del a- bajo en gene al no es solamen e el esul ado en el pensamien o de una o alidad conc e a de abajos. La in e encia desde el abajo de e minado co esponde a una o ma de so- ciedad en la que los indi iduos pasan con a- cilidad de un abajo a o o y donde el gé- ne o de e minado de abajo es pa a ellos o - ui o, o sea, indi e en e.» En esa si uación, cla o es á, no sólo la ca- ego ía de « abajo» de iene uni e sal, sino que ambién el abajo eal pasa a se un medio ge- né ico de c ea iqueza gene al. Todo ello le pe mi e a Ma x conclui : «Así, la abs acción más simple, lo que la Economía Polí ica coloca en p ime ango y que exp esa a la ez una elación muy an i- gua y álida pa a odas las o mas de socie- dad, sólo apa ece bajo es a o ma abs ac a como e dad p ác ica en an o que ca ego ía de la sociedad mode na.» El o den, po an o, no puede educi se al me cado po las ca ego ías abs ac as, e e nas, p esen es en odas las sociedades en o mas de- e minadas; sino que, al mismo iempo, hay un p oceso de abs acción ascenden e, cuyo esul- ado inal es de nue o la ca ego ía uni e sal. Pe o si en el o igen, como simple o ma gene al álida pa a odas las sociedades, no e a e dad de nada (sólo e a e dad en sus o mas conc e- as), aho a, con su abs acción conc e a es la e dad de la sociedad mode na. El o den lógico, pues, pa ece pe ila se: del uni e sal abs ac o al uni e sal de e minado pa- sando po el pa icula . «La sociedad bu guesa es la o ganización his ó ica de la p oducción más desa ollada y di e enciada que exis e. Las ca ego ías que exp esan sus condiciones y la comp ehensión de sus es uc u as pe mi en al mismo iempo comp ende la es uc u a y las elaciones de p oducción de odos los ipos de sociedad desapa ecidos, sob e cuyas uinas y elemen os ue edi icada y de los cuales cie os es igios aún no supe ados pe sis en en ella mien as que o as i ualidades se han des anecido, e c. La ana omía del homb e es la cla e de la ana omía del mono. Las i ualidades que anuncian en las especies animales in e io- es una o ma supe io sólo pueden, po el con a io, se comp endidas cuando ya cono- cen la o ma supe io . Así, la economía bu - guesa o jó la lla e de la economía an igua, e c. Pe o nunca al modo de los econo- mis as, que desplazan odas las di e encias his ó icas y en en odas las o mas de socie- dad la o ma bu guesa.» O sea, aho a pasamos a una iple dis inción de las ca ego ías. Una se ía la ca ego ía como exp esión abs ac a de la elación más simple y an igua en que en an los homb es en an o p oduc o es en cualquie o ma de sociedad; o a se ían las ca ego ías como exp esión de e- laciones conc e as his ó icamen e de e minadas (ejemplo, el abajo como ac i idad ag ícola pa- a los isióc a as); y inalmen e, un e ce ipo, que se ían aquellas ca ego ías uni e sales y con- c e as que exp esan lo común de un o den de- e minado: po ejemplo, el concep o de « aba- jo» de A. Smi h en el ho izon e del capi alis- mo. Las p ime as son uni e sales, simples y an- edilu ianas; las segundas pa icula es, his ó i- cas y conc e as; las úl imas son ambién his ó- icas en su apa ición -pues la posibilidad de su apa ición eside en la mode ación de las e- laciones del o den social que exp esa-, pe o uni e sales en cuan o pe mi en comp ende lo común de una o ma social, así como las o as o mas his ó icas de esa misma ca ego ía. Que es as ca ego ías uni e sales-conc e as pe mi an conoce las o as o mas pa icula es no quie e deci que se anulen sus di e encias. Ése es el e o de quienes en o mas bu guesas en odas las o mas sociales his ó icas. Si la eco- nomía bu guesa nos da la cla e pa a la econo- mía an igua, no es po que haya iden idad de las elaciones. Es deci -y así se e la p udencia de Ma x-, no es legí imo p e ende conoce las elaciones an iguas desde la economía bu - guesa po el hecho de econoce que las elacio- nes de aquellas o mas sociales se pueden man- ene en las o mas desa olladas, como el ca- pi alismo. Pues no odas esas elaciones sociales ienen que es a p esen es y, sob e odo, que cuando lo es án no se dan en su o ma an e io , sino ans o madas. «Po an o, si es cie o que las ca ego ías de la economía bu guesa poseen una cie a e dad álida pa a odas las o as o mas de sociedad, sólo debemos admi i lo cum g ano salis. Pueden con ene las bajo una o ma de- sa ollada, ca ica u izada, e c., pe o la di e- encia se á siemp e esencial. La p e endida e olución his ó ica eposa en gene al sob e el hecho de que la úl ima o mación social conside a las o mas pasadas como sucesión de e apas hacia ella, y siemp e las concibe des- de un pun o de is a pa cial. En e ec o, a a- men e es capaz -y solamen e en condiciones bien de e minadas- de hace su p opia c í- ica.» Ma x, pues, se sepa a de la en ación inalis- a: conociendo el inal del p oceso y suponien- do que odas sus ases se o ien an a un in, es ácil la en ación de educi el mono a simple momen o hacia el homb e. No obs an e, bajo el echazo de ese educcionismo, man iene su idea de que las o mas uni e sales y conc e as de las ca ego ías, que su gen sólo al inal, nos dan las cla es pa a en ende sus o mas pa icu- la es his ó icas. Pe o po ello, po que es as o - mas son pa icula es-his ó icas, no pueden con- undi se en sus di e en es ans o maciones en cada o den social. En de ini i a, que Ma x dis ingue en e el o den lógico de las ca ego ías (su o den lógico pa icula en la ciencia económica) y el o den his ó ico de los mismos (su sucesi a oposición). El «o den lógico pa icula » exp esa el o den de su exis encia -sus elaciones- en la p o- ducción capi alis a, que es, cu iosamen e -se- gún Ma x- el in e so de su «o den na u al» (lógico) y del de su oposición his ó ica: «Po an o, se ía also e imposible p esen- a la sucesión de las ca ego ías económicas en el o den de su acción his ó ica. Su o den de sucesión es, bien al con a io, de e mina- do po la elación que (ellas) ienen en e sí en la sociedad bu guesa mode na y que es p ecisamen e a la in e sa de su o den apa- en emen e na u al o de su e olución his ó- ica. No se a a de la posición que las ela- ciones económicas ocupan his ó icamen e en la sucesión de los di e en es ipos de socie- dades. Aún menos de su o den "en la idea" (P oudhon), ep esen ación nebulosa del mo- imien o his ó ico. Se a a de su es uc u- ación (Gliede uizg) en el seno de la socie- dad bu guesa con empo ánea.» En cada sociedad las elaciones o man un o - den, o man una es uc u a con subo dinacio- nes, de e minaciones y, en de ini i a, con domi- nancia~. Desci a ese o den no equi ale a des- ci a ni el o den lógico ni el o den his ó ico. De momen o, pues, Ma x pa ece habe cla- i icado su posición. En ese momen o (G un- disse) no p e endía emula a Hegel (aunque en el dominio de la economía), es deci , no p e- endía es ablece el o den lógico de las ca ego- ías económicas; ampoco p e endía es ablece el o den his ó ico de su apa ición en los dis in- os ipos de sociedades (coinciden e o no con el an e io ); y mucho menos es ablece su «o den en la idea», es deci , emula a P oudhon en la con usión de su ep esen ación del mo imien o his ó ico. Sólo p e ende, aquí, es ablece el o - den de las ca ego ías de la economía polí ica, es deci , desc ibi el o den de las elaciones socia- les capi alis as. ¿Renuncia, pues, a la ciencia especula i a? No lo c eemos así, sino que es á en ello. Y nos pe mi e pensa así al deci que de la misma mane a que el c is ianismo no ha ap endido a comp ende las mi ologías an e io es has a que no ha ealizado la p opia c í ica de sí mismo, del mismo modo, la Economía Polí ica bu guesa no pe mi e comp ende las sociedades eudales, an- iguas, o ien ales.. . has a que no haya comenza- do la au oc í ica de la sociedad bu guesa. Es lógico que así sea: «Como con cualquie o a ciencia his ó i- ca o social, no debe jamás ol ida se, en el mo imien o de las ca ego ías económicas, que el obje o, en es e caso la sociedad bu guesa mode na, es dado an o en el ce eb o como en la ealidad; que las ca ego ías exp esan o - mas de lo que exis e, de e minaciones de la exis encia, con ecuencia simples aspec os singula es de es a sociedad de e minada, de es e obje o, y que en consecuencia sólo a pa - i del momen o en que se man iene a sí misma como al comienza a exis i desde el pun o de is a cien i ico.» Eso es, dice Ma x, 10 que no con iene ol i- da , po que ello nos p opo ciona una indicación decisi a sob e el plan a adop a . Se a a, pues, de comenza esa au oc i ica. La Economía Polí- ica debe pensa se en sí misma pa a, así, pode comp ende lo an e io . Pensa se en sí misma, es deci , e su o den y el o igen y el juego de es e o den. Pensa se en sí misma, es deci , su- pe a se como ciencia empí ico-posi i a, nega se como al y da los p ime os pasos hacia la cien- cia. Po que, de momen o, p e ende es ablece el o den his ó ico de las ca ego ías económicas, en su o den lógico na u al, se ía «e óneo» e «imposible». 4. EL EP LOGO A EL CAPITAL En el Epilogo (1873) a la segunda edición ale- mana del lib o 1 de El Capi al, Ma x se hace eco de las di e sas c í icas y elogios de que ha sido obje o el ex o. Lo so p enden e no es la conjunción de alabanzas y descali icaciones, sino que unas y o as se hagan po lo que no se ha hecho. Ma x piensa que la «c í ica», una ez más, no ha sabido es a a la al u a de su iem- po. No han comp endido el mé odo de su e le- xión: «El mé odo empleado en El Capi al ha sido escasamen e comp endido a juzga po las no- ciones con adic o ias que se han hecho de él.» La Re ue posi i is e, de Pa ís, le ep ochaba habe con e ido la economía polí ica en me a- ísica, y de habe se limi ado al análisis c í ico de lo que es, sin o ece las « ece as» pa a el u u o. Po su pa e, Ziebe , p o eso de la Uni e si- dad de Kie , decía: «En lo que concie ne a la eo ía p opia- men e dicha, el mé odo de Ma x pe enece plenamen e a la escuela inglesa, es el mé odo deduc i o cuyas en ajas e incon enien es son comunes a los más g andes eó icos de la eco- nomía polí ica.» (N. 1. Ziebe , Teo ia del alo y del capi al de Rica do.. .; Kie , 1871, p. 170.). También Mau ice Bloch conside ó el lib o co- mo exp esión del mé odo analí ico («Les Théo- iciens du socialisme en Allemagne», Jou nal des économis es, Julio-Agos o, 1872). 1. 1. Kau man, en una e is a usa de San Pe- e sbu go, hllensaje o eu opeo, a i ma y dis in- gue en e un p ocedimien o de in es igación i- gu osamen e.. . ealis a y un mé odo de exposi- ción.. .desg aciadamen e hecho a la mane a dia- léc ica alemana. Es a es la a gumen ación de Kau man, que el p opio Ma x ecoge y que e- p oducimos en ex enso po su in e és pa a es a e lexión: «A Ma x sólo le impo a una cosa: encon- a la ley de los enómenos que o man el obje o de su búsqueda. Y, lo impo an e, pa a él, no es solamen e la ley que los ige en la medida en que ienen una o ma es á ica y conse an una conexión, al como se ha po- dido obse a du an e un lapso de iempo dado. Lo que más le impo a, po encima de odo, es la ley de su cambio, de su desa o- llo, es deci , el paso de una o ma a o a, de un o den de conexzón a o o. Una ez que ha descubie o es a ley, examina con de alle los e ec os con los que se mani ies a en la ida social.. . Así, pues, Ma x sólo se inquie a po una cosa: demos a median e una igu- osa búsqueda cien í ica la necesidad de de- e minados ó denes de elaciones sociales y cons a a , de la mane a más i ep ochable po- sible, los hechos que le si en de pun o de pa ida y de pun o de apoyo. Po eso, es comple amen e necesa io que demues e, al mismo iempo que la necesidad del o den ac ual, la necesidad de o o o den, en el que el p ime o debe ans o ma se ine i ablemen- e, aunque los homb es c ean o no en ello, sean o no conscien es. Ma x conside a el mo- imien o social como un p oceso his ó ico- na u al egido po leyes que no an sólo son independien es de la olun ad, de la concien- cia y del designio de los homb es sino que, más bien al con a io, de e minan su olun- ad, su conciencia y sus deseos.. . Si el ele- men o conscien e juega un papel an subo di- nado en la his o ia de la ci ilización, es e i- den e que la c í ica cuyo obje o es la ci ili- zación misma puede, menos que cualquie o a, ene como undamen o una o ma cual- quie a o cualquie esul ado de la concien- cia. Lo que signi ica que no es la idea sino únicamen e el enómeno ex e io el que pue- de se i de pun o de pa ida. La c í ica se limi a á a compa a y a con on a un hecho, no con la idea, sino con o o hecho. Pa a ella sólo impo a que los dos hechos hayan sido es udiados con la mayo exac i ud posible y que en la ealidad cons i uyan, el uno con elación al o o, dos ases di e en es de desa- ollo; sob e odo es impo an e que la se ie de ó denes, la sucesión y la unión, en el seno de las cuales apa ecen las ases de desa ollo, sean es udiadas con no menos igo . Pe o, se di á, las leyes gene ales de la ida económi- ca son unas y siemp e las mismas; es com- ple amen e indi e en e aplica las en el p esen- o o en el pasado. Ésa es, p ecisamen e, la es- pues a de Ma x. Según él, ales leyes abs ac- as no exis en ... Opina, po el con a io, que cada pe iodo his ó ico iene sus p opias le- yes.. . En cuan o la ida ha sob epasado un pe íodo dado de desa ollo, an p on o como pasa de una ase a o a, comienza ambién a es a egida po o as leyes. En una palab a, la ida económica nos p opone un enómeno de la his o ia de la e olución análogo -en o os dominios- a lo aue Dasa en biolo- L L gía.. . Los an iguos economis as desconocían la na u aleza de las leyes económicas cuando las in oducían pa alelamen e a las leyes de la ísica y de la química.. . Un análisis más p o undo de los enómenos ha mos ado que los o eanismos sociales ienen di e encias an " undamen ales en e ellos comó las que se dan en e los animales y los ege ales.. . Más bien. un único mismo enómeno obedece a leyes absolu am>n e di eien es en unción de las di e encias de es uc u a de conjun o de esos o ganismos, de la a iación de sus Ó ga- nos singula es, de la di e encia de condiciones en las que uncionan, e c. Ma x, po ejem- plo, niega que la ley de población sea la mis- ma en odo iempo y en odo luga . A i ma, po el con a io, que cada ase de desa ollo iene su ley de población p opia. Con el di e- en e desa ollo de la ue za p oduc i a se modi ican las elaciones y las leyes que las i- gen. Fijándose como me a analiza y expli- ca , en es a pe spec i a, el o den económico ca~i alis a. Ma x no hace más aue o mula de un modo es ic amen e cien í ico lo que debe se la inalidad de odo es udio exac o de la ida económica.. . El alo cien í ico de al búsqueda iende a escla ece las leyes pa - icula es que igen el nacimien o, la ida, el desa ollo, la mue e de un o ganismo social dado y su eemplazo po o o que le es su- pe io . Y, en e ec o, al es el alo que posee el lib o de Ma x.» Kau man ha cap ado bien la especi icidad del mé odo de Ma x, que apun a no sólo a aza la ley de los enómenos de la p oducción capi- alis a, sino a la ley de sucesión de esas ases, esa ley que pone la necesidad del o den ac ual y de su sus i ución, al ma gen de la olun ad de los homb es. También Kau man ha no ado es a peculia i- dad: Ma x no en iende la ciencia económica co- mo o mulación de unas leyes gene ales que en cada caso se aplican o conc e an de o ma pa - icula ; ales leyes abs ac as no exis en. Po el con a io, cada pe íodo o ase iene sus leyes, su gen des uyendo las an e io es.. . Ma x, en de ini i a, ha con e ido la economía polí ica en una ciencia na u al, que desc ibe el nacimien- o, la ida, el desa ollo, la mue e del co ga- nismo social». . . Kau man ha comp endido que Ma x a más allá de la ciencia no mal, sin deja de se cien í ico, pa a se aún más cien í ico. Pe o no es conscien e de que ese plus a indiso- lublemen e ligado al «mé odo de exposición.. . desg aciadamen e hecho a la mane a de la dia- lk ica alemana.. .» Le gus a odo, menos esa o ma exposi i a. Y Ma x se p egun a, si eso es así, y lo es, ¿no es ese el mé odo dialéc ico?. . . Kau man dis ingue, pues, el p ocedimien o de in es iga- ción de Ma x (que llama ealis a, que elogia sin p ejuicios), su quehace como cien í ico no mal, y el modo de exposición dialéc ico, inacep able pa a la ciencia empí ica. Sin emba go, los «des- cub imien os» que Kau man a ibuye a Ma x, y que acep a, son conside ados po Ma x como el mé odo dialéc ico. Pa ece que aquí Ma x en- iende po «mé odo dialéc ico» simplemen e una pe spec i a de o alidad y de his o icidad, sin que el i mo de las iadas pa ezca cons i u- i o. Ma x se a i ica, pues, en su mé odo y se sien- e lejano a Hegel. Pa ece como si quisie a ahu- yen a oda sospecha: si en lo undamen al se acep a su descub imien o, y sólo se echaza su « o ma de exposición», al ez sea debido al p ejuicio an ihegeliano. Pe o él es á lejos de Hegel, y po ello su e lexión puede pa ece ealis a y se ia a la ciencia no mal. «Básicamen e, mi mé odo dialéc ico no só- lo es di e en e del de Hegel, sino que es su opues o di ec o. Pa a Hegel, el p oceso del pensamien o, con el que llega a o ma bajo el nomb e de Idea un suje o au ónomo, es el demiu go de lo eal que sólo cons i uye la mani es ación ex e io . En mí, a la in e sa, el ideal no es o a cosa que el ma e ial ans- pues o y aducido en la men e del homb e.» A i mación,. pues, ei e ada de la di e encia con Hegel. Di e encia que, como hemos dicho, es la del ma e ialismo a idealismo, si po ales se en iende el dis in o modo de econs ui el o den de las ca ego ías, pe o no si se de inen como concepciones in e sas espec o a la ela- ción de p oducción en e pensamien o y eali- dad ma e ial. Di e enciación espec o a Hegel pe o, a un iempo, apa ece su «celo» an e cual- quie imi ación o c í ica a Hegel. «He c i icado el lado mix i icado de la dia- léc ica hegeliana desde hace casi 30 años, du- an e la época en que aún es aba de moda. Pe o, al mismo iempo que edac aba el p i- me olumen de El Capi al, los epígonos g u- ñones, p e enciosos y medioc es que ac ual- men e dic an la ley en la Alemania cul i ada se complacen en a a a Hegel como el a- lien e Moses Mendelssohn había a ado a Spinoza en la época de Lessing, es deci , de «pe o mue o». También yo me decla é abie amen e discipulo de ese g an pensado y además, en el capi ulo sob e la eo ía del alo , u e la coque e ia de e oma , aqui y alli, su modo especi ico de exp esa se. La mix i icación que siguió la dialéc ica en e las manos de Hegel no impide, de ningún modo, que él haya sido el p ime o en expone las o mas gene ales de mo imien o de mane a global y conscien e. Según él, es á en la men- e. Es necesa io da le la uel a pa a descu- b i el hueso acional bajo la mís ica piel.» Man iene, pues, su di e enciación con Hegel en cuan o a la mix i icación idealis a y en cuan- o a que esa o ma mix i icada es conse ado a: «En su o ma mix i icada, la dialéc ica lle- gó a se una moda alemana, po que pa ecía glo i ica el es ado de cosas exis en e. En su coníigu ación acional, es un escándalo y una abominación pa a los bu gueses y sus doc i- na ios po a oces, po que la in eligencia po- si i a del es ado de cosas exis en e incluye al mismo iempo la in eligencia de su nega- ción, de su des ucción necesa ia, po que e- coge oda o ma hecha en el lujo del mo i- mien o y ambién, pues, bajo su aspec o pe- ecede o, po que no se le puede impone na- da, po que es, en su esencia, c i ica y e o- luciona ia. » Tex o impo an e po que con i ma que en 1873 Ma x seguía pensando que la ciencia, es deci , el sabe o denado acionalmen e, con su o den de ini i o, es en sí e oluciona ia. Re o- luciona ia po que comp ende la necesidad de la e olución en su obje o y po que gene a una conciencia que, en ez de esis i se a la e olu- ción, la acep a y, po an o, la p omue e. Re- oluciona ia, en de ini i a, po que a la «com- p ensión posi i a» del obje o añade la «com- p ensión de su negación»; po que a la desc ip- ción y es ablecimien o de las egula idades exis- en es añade su génesis, su lui , su necesa ia supe ación; o sea, po que además de se ciencia no mal o empí ica, es ciencia ilosó ica o dialéc- ica. Aunque lo dejemos apun ado, no podemos en a aquí en el concep o de dialéc ica en el que piensa Ma x. Si se oma li e almen e su co- men a io a Kau man, pensa íamos que po dia- léc ica en iende simplemen e el sabe que se expone his o icogené icamen e, con pe spec i a de o alidad y a i mando la cons an e sus i u- ción de lo iejo po lo nue o (his o icidad). Po- d íamos, incluso, in e i que su cons an e o ce- jeo con Hegel no es ajeno al hecho de que, pa a Ma x, las «con adicciones» son más bien «con- aposiciones~. Es deci , que pa a Ma x los dos aspec os son posi i os, que, po lo an o, uno no se deduce del o o po simple ope ación 1ó- gica, sino que es necesa io conoce posi i amen- e cada uno pa a así pensa su oposición y el mo imien o de la misma. Pe o, como hemos dicho, es e ema desbo da los lími es que nos hemos impues o. Además, aquí se encuen a su obse ación espec o a los dos mé odos, de in es igación y de exposición: es és e el que, al inal, o ece el mo imien o eal de la ealidad.. . po eso pa- ece a p io i. «Cie amen e, el modo de exposición debe dis ingui se o malmen e del modo de in es- igación. La in es igación debe hace suya la ma e ia con de alle, analiza las di e sas o - mas de desa ollo y descub i su ín ima a a- du a. dnicamen e cuando se ha cumplido esa a ea, el mo imien o sea1 puede se expues o consecuen emen e. Que se enga éxi o y que la ida de la ma e ia se e lexione en onces idealmen e, puede pa ece que sea asun o de una cons ucción a p io i. » Hay, po an o, una p ác ica in es igado a que in en a ía, es ablece elaciones y ínculos, ija las leyes, las egula idades y las cons an- cias.. . Después una p ác ica de eelabo ación, en la cual los da os quedan o denados de al o - ma que ep esen an adecuad~men e el mo i- mien o eal. ¡Pe o ello es g acias a que ese o - den es el dialéc ico! Po eso, no puede deja de econoce el mé i o hegeliano. Sac is án di á que al elabo ación dialéc ica es algo que se añade a una pieza de conocimien- o ya undamen ada; es deci , es una eelabo- ación añadida a la no mal. Pe o un añadido in- necesa io y pe nicioso. Noso os pensamos que, cie amen e, es un añadido, pe o en el mismo sen ido que « alo añadido», es deci , que no es pos e io ni ex e no, sino la o ma misma de gene a se el alo . O sea, la dialéc ica se ía una eo denación que añadi ía a la e i icación de los hechos y a su o denación lógica in e na (co- he encia eó ica, conexiona .. .), un aspec o de la ealidad, es deci , que con i ie a el cono- cimien o en ep esen ación de la ida del ob- je o. Es o coincidi ía: la ciencia no mal es ob a de la Ve s and; la econs ucción dialéc ica lo es de la Ve nun . Sólo és a es capaz de expone la ida del obje o, sólo ella pe mi e el ascenso a la o alidad. Y Ma x c ee que, así, además de la aplicación ecnológica, la eo ía adquie e una aplicación poli ica, un ca ác e en sí mismo e oluciona io. Puede pensa se que esa « eelabo ación dia- léc ica» es un añadido; lo cie o es que exp esa una concepción de la ciencia y supone una ac i- ud e lexi a que no puede menos de in lui en oda la ase p e ia, en oda esa ase de la ciencia no mal. Abo da la ob a de Ma x -y no sólo como aquí hemos hecho, algunos momen os en que e lexiona sob e su ob a- en es a pe spec i- a de e en cada momen o la a iculación con- c e a de ambas concepciones de la ciencia, nos pa ece una a ea ecunda y que abo da emos en o a ocasión Y la abo da emos sin el p ejuicio de una decisión p e ia de si la a iculación es buena o mala, posible o imposible, p og esi a u oscu an is a. Po que, en odo caso, es amos con encidos de que en o no a ese ma idaje nada ácil se gene ó la ob a de Ma x. Y no nos impo a ía llega a la conclusión de que el ma - xismo ue, desde su o igen, un p oyec o impo- sible. (Qué p oyec o ilosó ico no lo es? En i- go , si ue a posible deja ía de se ilosó ico pa a se solamen e poli ico o cien i ico.