RECUERDOS DE
UN
SÓCRATES
CATALÁN
Jo ge
VIGIL
Aho a que ha uel o a la i el pulso de la ilo-
so ía nacional ca alana con es o cua o ob i as
amplonas
y
un c uce de in ec i as, no es a á de
más hila unos ecue dos en memo ia de alguien
que ealmen e supo «hace país» en iloso ía. A
pesa del í ulo, adelan o al lec o que es as 1í-
neas no end án la al u a -ni la ediosidad-
del esc i o deleno on e.
No oy a habla aquí de Josep Ma ia Calsami-
glia como ilóso o, pues se me escapa odo lo
esencial de la his o ia de la iloso ía ca alana
y
su
en onque en ella; dejo pa a alguien que no sea
un ca alán ad enido como yo el ela o o mal de
aquel núcleo de la
iz eligen sia
ca alana que se
o mó du an e los años ein a en o no a igu as
del amaño de Bosch Gimpe a, Vicens Vi es o
Joaquim Xi au, maes o es e úl imo de Josep
Ma ia. Quie o cons a a de paso la al a de un
abajo se io sob e la his o ia de la iloso ía ca a-
lana, p emisa de oda ob a de econ ucción de
la iden idad cul u al. Se ía un abajo ú il como
complemen o a esa me i o ia se ie de clásicos del
pensamien o ilosó ico en lengua ca alana.
El obje o de es as líneas es más bien hace una
glosa de Josep Ma ía Calsamiglia no como pensa-
do ni como maes o de an as gene aciones de
ilóso os -den o o ue a de la Uni e sidad- si-
no como pe sona. Se a a en onces de hace un
e a o i al del ilóso o ca alán, euniendo los
ecue dos dispe sos que conse o después de dos
años de asis i a las clases que impa ía en la Uni-
e sidad Au ónoma de Ba celona, único í ulo
és e que me ac edi a pa a habla de él.
El ambien e de aquella acul ad de iloso ía de
la Au ónoma de inales de los se en a e a, con el
ca ac e ís ico e aso de es as la i udes, un eco
más o menos e e escen e del
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ancés. Des-
pués de an o anuncia lo, el caimán se había ido,
había pasado a mejo
(?)
ida polí ica, la polí ica
de la his o ia,
y
se ab ía un incie o, pe o espe-
anzado, u u o. Los
g a i i
y
los lo idos mo i-
os mu ales de la época dejaban cons ancia del
he e ogéneo magma de pe sonas que poblaba
aquel campus de ho migón.
Gays,
independen-
is as, comunis as de odas las acciones, ác a as
y
epublicanos publicaban sus p oclamas, in ec-
i as
y
con oca o ias, en medio de algún anuncio
de eci al de Se a
y
de o os mensajes más p ag-
má icos: ase pasan abajos a máquina». E an
aquellos los iempos en añables
y
equí ocos de
los inicios de la ansición, en que la policía o-
da ía hacía alguna "ba ida" po las aulas
-cie o que más bien pa a enseña que pa a
ap ende -, odos co íamos
y
al ondo de una
de las docenas de asambleas semanales, algún in-
cendiado espon áneo ins aba a la huelga gene al
e oluciona ia
y
la o mación de un gobie no po-
pula . Es ábamos en pleno azo e del sa ampión
ma xis a-es uc u alis a-psicoanalí ico,
el mal
ancés,
y
los alumnos de en onces es udiábamos
como los de aho a, es deci , poco, pe o nos di-
e íamos más.
És a e a la Au ónoma que yo conocí
y
en la
que se oía la oz len a
y
apasionada de Josep Ma-
ía, a quien ildaban de «humanis a» los e olu-
ciona ios de en onces, muchos de ellos con e i-
dos hoy en unciona ios.
Pienso que Josep Ma ia Calsamiglia se puede
inclui ácilmen e en esa la ga adición de iló-
so os que dejan huella no an o po su iliación
y
de ensa de un sis ema de pensamien o como po
su
ac i ud.
Se a a gene almen e de maes os,
más que de p o eso es de iloso ía, que dan po
bueno el clásico
d c um
kan iano: lo esencial no
es an o el sabe ilosó ico como el iloso a . Es
hace o icio de la p egun a, más que de la es-
pues a, se -en é minos de Kolakowski- más
bu ón que sace do e, ehui el código ce ado.
P obablemen e el o igen emo o e ilus e de es a
adición es a ía en Sóc a es, quien ins i uyó el
diálogo como exp esión máxima del discu i i-
losó ico,
y
el ejemplo como la enca nación de la
ida ilosó ica. Filóso os así no p epa an las clases
(¿alguien se imagina a Sóc a es haciéndolo?), si-
no que las cons uyen, no esc iben iloso ía sino
que la dicen, la mues an. Quien no les ha oído
les ha pe dido: su ob a comple a es su ida en e-
a, más que p oducción es acción
y
acción ejem-
pla : es amos en el núcleo o igipa io de la iloso-
ía, la iloso ía como
eu p a ein,
como buen
ob a .
Josep Ma ia solía habla len amen e, en e ci-
ga illo p ohibido
y
ciga illo p ohibido, ma -
cando sus a i maciones con ecuen es mo i-
mien os de las manos. Nunca ue una pe sona
ex emada o in ole an e; incluso ue ole an e
has a el de ec o: ole ó que sus alumnos p o aná-
amos su casa
y
biblio eca; que no ab ié amos un
lib o;
y
ole ó has a que algunos adicales adoles-
cen es le llama an eacciona io, po la osadía de
pone un comen a io de ex o de Be keley. En e
an as o as cosas nos explicaba Josep Ma ia el
empeño an ihegeliano del p ecozmen e desapa-
ecido Joan C exells de esc ibi una his o ia de la
iloso ía al e és; un mundo al e és ue el que
hizo posible
-y,
inalmen e, imposible- que
en los úl imos años de su ida se le p opusie a
como ca ed á ico ex ao dina io. Concue do con
quienes lo hicie on imposible -aunque no es oy
de acue do con ellos- po que Josep Ma ia no e-
nía made a de unciona io ni, menos aún, de
p o eso . No ue un implacable
esp i de sys eme
como Pe e Lluís, ni un labo ioso analis a como
Vic o ia Camps, sino un maes o, un pa ia ca
de la iloso ía. Ésa ue su debilidad
y
su g andeza
como docen e, el po qué le en endimos an poco
sus alumnos.
Hay ob as que equie en la pe spec i a del
iempo pa a se alo adas o da u os. La iloso-
ía de Josep Ma ía Calsamiglia, que es una de
ellas, ue la exp esión de la a is o élica i ud de
la p udencia. P obablemen e ue un ejempla
pu o de la más genuina adición de la iloso ía
ca alana, una iloso ía no esc i a: la iloso ía del
seny.
Siguiendo la ca ac e ología de los ilóso os
de WilliamJames, su di isión en alen os du os
y
blandos, Josep Ma ía ue más bien un
ende -
mzi ded cha ac e
(idealis a, acionalis a,
e c
.),
que un
ough-minded(ma e ialis a,
sensualis a,
e c.),
y
man u o siemp e una ac i ud de dis an-
ciamien o c í ico o ese a hacia sus p opias posi-
ciones, signo de igo
y
p o ilaxis in elec ual.
Nunca ocul ó las es
idées- o ce
de su pensa-
mien o: su p eocupación humanis a
-p obablemen e de iliación c is iana-, su in-
quie ud social
y
su ue e sen imien o nacionalis-
a. Buen conocedo
y
lec o de Ma x, ue un libe-
al de izquie das, comp ome ido pe o no enca-
denado, con oda segu idad, un in elec ual ino -
gánico. No había eunión o con e encia de in e-
és polí ico o ilosó ico de la que es u ie a ausen-
e, a pesa de su salud cada ez más ágil. Sabía
escucha
y
dialoga , de endiendo sus ideas con
pasión
y
eba iendo las ajenas con i onía. Si se
me pe mi e el disla e, c eo que e a un hegeliano-
kie kegaa diano. Pe o no quie o o za ya más el
di i ambo ni la elegía; sólo me es a po deci a
los que le conocimos
y
no le comp endimos,
y
a
los que ya no le conoce án: hemos pe dido a un
homb e en el buen sen ido de la palab a bueno.