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Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge

Harald Bichlmeier

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HARALD BICHlMEIER Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg, Halle Sächsische Akademie der Wissenschaften, Jena Líneas de investigación: indoeuropeística, onomástica (nombres de masas de agua), etimología de las lenguas germánicas, sintaxis del iranio antiguo. ALGUNOS PROBLEMAS SELECCIONADOS DE LA HIDRONIMIA DE LA ANTIGUA EUROPA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA INDOEUROPEÍSTICA MODERNA: UNA DEFENSA DE UNA NUEVA VISIÓN DE LAS COSAS1 Algunos problemas de la hidronimia de la antigua Europa desde la perspectiva de la indoeuropeística moderna: una defensa de un nuevo enfoque de estas cuestiones NOTA La investigación etimológica de los nombres de masas de agua que se incluyen en la «hidronimia de la antigua Europa» se lleva a cabo, desde que Hans Krahe sentó sus bases en las décadas de 1940 y 1950, con una metodología inalterada. La forma de lingüística histórico-comparativa o de indoeuropeística empleada para la etimologización corresponde, por tanto, en última instancia al estado, 1 El presente artículo es una versión revisada y ampliada de mi conferencia homónima, que, gracias a la mediación de la señora Grasilda Blažienė y por invitación de la señora Daiva Deltuvienė, pronuncié en el congreso «Regioninė onomastika: ką žinome iš vardyno? – Regional Onomastics: What do P A L A B R A S C L A V E: indoeuropeística, onomástica, hidronimia de la antigua Europa, nombres de masas de agua, teoría laríngea, sistema fonémico indoeuropeo, morfología de la formación de palabras, relaciones de préstamo. P A L A B R A S C L A V E: lingüística indoeuropea, onomástica, hidronimia de la antigua Europa, hidrónimos, teoría laríngea, sistema fonémico indoeuropeo, morfología histórica, préstamos. Straipsniai / Articles 11 HARALD BICHLMEIER en la que ya se encontraba antes de la Segunda Guerra Mundial. Hasta ahora no se han aprovechado para investigar la hidronimia antigua europea los conocimientos más recientes de la indogermanística de la última mitad del siglo, en los ámbitos de la fonología y de la morfología de formación de palabras. A partir de los nombres de ríos Save, Drau, Isar y de nombres emparentados con ellos, se pretende mostrar aquí, por una parte, a modo de ejemplo, qué conocimientos se les han escapado hasta ahora a los investigadores de la «hidronimia antigua europea» y, por otra, dejar claro que, gracias a las investigaciones con la nueva metodología, también pueden volver a tambalearse conocimientos que se consideraban seguros. ANOTACIÓN La investigación etimológica de los hidrónimos pertenecientes a la llamada «hidronimia antigua europea» se ha llevado a cabo desde sus inicios, en las décadas de 1940 y 1950, por Hans Krahe, de la misma manera y sin cambios metodológicos. El tipo de lingüística histórico-comparativa o indoeuropea aplicada en esta investigación es, en realidad, el que ya se empleaba antes de la Segunda Guerra Mundial. Los protagonistas de la investigación sobre la hidronimia antigua europea han ignorado en gran medida los nuevos enfoques metodológicos —especialmente en fonología y morfología— desarrollados en la indogermanística durante el último medio siglo, así como los cambios en la manera de concebir estas disciplinas que acompañaron a dichos enfoques. Este artículo quiere mostrar, por un lado, mediante los ejemplos de los hidrónimos Save, Drau, Isar y de nombres relacionados, cuántas más cosas pueden decirse sobre estos hidrónimos cuando se aplica la indogermanística moderna en lugar de la lingüística de preguerra. Y, por otro lado, mostrará que la metodología moderna también puede llevar a un punto en el que haya que descartar antiguas certezas. 1. INTRODUCCIÓN Los nombres de la mayoría de los ríos grandes y de muchos ríos pequeños de Europa pueden considerarse, con razón, la capa onomástica más antigua (indoeuropea) que podemos identificar en esta región. Esta capa onomástica, denominada «hidronimia antigua europea», se extiende, como es sabido, desde el Atlántico hasta el Báltico y desde el sur de Escandinavia «aprendemos del onomasticón», Kaunas, 10–11 de noviembre de 2011, pude pronunciar. Aprovecho esta ocasión para agradecer una vez más a los organizadores del congreso esta oportunidad. – Se mantuvieron en gran medida el texto de la conferencia y la secuencia de las ideas; los ejemplos presentados allí en el documento de apoyo se incorporaron al texto y se añadieron las referencias bibliográficas secundarias correspondientes. La sección 2.2 sobre Isar y sus cognados se amplió considerablemente con respecto a la conferencia, que trataba este problema solo de manera sucinta, y sigue en gran medida a Bichlmeier 2011c, aunque se enriqueció con bibliografía aparecida posteriormente y, por tanto, con detalles etimológicos. – En última instancia, la primera parte de esta contribución también constituye una especie de síntesis de mis trabajos publicados hasta ahora sobre la onomástica antigua europea (véanse los títulos citados en la bibliografía). 12 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge hasta los Balcanes. Las investigaciones fundamentales para su establecimiento fueron iniciadas e impulsadas, a partir de la década de 1940, especialmente por investigadores como Hans Krahe, Wolfgang P. Schmid y Jürgen Udolph. La red2 de nombres de ríos y de otras masas de agua que estas investigaciones sacaron a la luz, y que abarca las partes de Europa recién mencionadas, puede considerarse ya un hecho establecido. Como todos los grandes y meritorios descubrimientos científicos —y, en este caso, en particular, los de las humanidades—, también estas investigaciones merecen que se las examine críticamente a intervalos regulares, junto con los métodos empleados para llevarlas a cabo. En este sentido, sigo de buen grado la invitación que el señor Udolph me ha dirigido en varias ocasiones, tanto a mí personalmente como a los indogermanistas en general (por ejemplo, en el coloquio de trabajo de la Sociedad Indogermánica «La expansión de las lenguas indogermánicas. 2 En los trabajos más recientes de Wolfgang P. Schmid y Jürgen Udolph se emplea ahora siempre la denominación «red» para designar el sistema de los nombres de ríos de la hidronimia antigua europea. Ahora rechazan hablar de «capas». Sin embargo, en última instancia, esta denominación probablemente sirve ante todo para ocultar el hecho de que, hasta ahora, ni siquiera los autores mencionados han logrado determinar con mayor precisión la etapa lingüística en que se formó la hidronimia antigua europea, ni han esclarecido adecuadamente su relación con las lenguas individuales documentadas que posteriormente pueden identificarse en el mismo territorio. Hasta ahora solo se han formulado conjeturas (por ejemplo, que en última instancia se trataba todavía del indoeuropeo preindividual), de modo que todo sigue siendo muy incierto. En respuesta a mi consulta por correo electrónico del 3.11.11 sobre cómo concebía la relación recíproca entre la(s) lengua(s) de la hidronimia antigua europea y las lenguas individuales posteriores del mismo territorio, el señor Udolph, por desgracia, me dio una respuesta evasiva y, por tanto, inútil. Cabe suponer, por consiguiente, que tampoco él tiene del todo claro este asunto, o que tampoco dispone de una explicación sólida. Lo que hace falta aquí, sobre todo, es un análisis lingüístico riguroso de los procesos que tuvieron lugar, pero el señor Udolph probablemente no pueda llevarlo a cabo. También puede considerarse característico a este respecto Udolph 1997, donde en un pasaje (p. 29) se habla de «una evolución continua a partir de un sustrato preindividual». [Énfasis en el original], mientras que en otro pasaje (p. 47) se habla de un territorio «en el que el eslavo se desarrolló a partir de una base indoeuropea». Aquí surgen ciertas contradicciones, pues, si se trata de un sustrato, las lenguas eslavas deben ser el superestrato y haber superpuesto una capa sobre el sustrato; o bien se desarrollaron a partir de un dialecto protoeslavo-indoeuropeo del indoeuropeo (¿o incluso del propio indoeuropeo? Esto también sigue sin estar claro). Ambas cosas a la vez son imposibles. Quizá aquí solo se haya empleado el término «sustrato» de manera imprecisa. Sea como fuere: si esto ha de aplicarse, en última instancia, a todas las lenguas cuyos territorios forman parte del área de la hidronimia antigua europea (al menos habrá que suponerlo para el celta, el germánico, el báltico y el eslavo), ¿no habría que concluir que, en primer lugar, al menos estas cuatro familias lingüísticas también deberían poder remontarse a una lengua común intermedia, como un «indoeuropeo septentrional» (lo cual, a mi parecer, no es posible), y, en segundo lugar, que toda Europa central y grandes partes de Europa oriental occidental estuvieron habitadas «desde siempre», es decir, desde la última glaciación, por hablantes de un idioma indoeuropeo? Evidentemente, aún hay bastante por discutir e investigar en varios aspectos. Straipsniai / Articles 13 HARALD BICH LMEIER la exhortación formulada en «Tesis de la lingüística, la arqueología y la genética», Würzburg, 24-26 de septiembre de 2009, a que desde la indoeuropeística se vuelva por fin a prestar atención a la hidronimia de la antigua Europa.3 Pues, dentro de la propia indoeuropeística, la tradición de los estudios de nombres de la antigua Europa se ha interrumpido en gran medida. Esto se debe a dos factores: En primer lugar, se trata de un material transmitido de forma muy fragmentaria que, aunque está claramente localizado en cuanto al lugar de su procedencia —la mayoría de las masas de agua, incluidos los ríos, siguen encontrándose hoy donde ya estaban hace 2000, 3000 o 4000 años—, por lo que respecta a la edad real de este material lingüístico seguimos dependiendo, en última instancia, de especulaciones. Por lo general, solo puede decirse que ciertos nombres de ríos son pregermánicos, preceltas o prebálticos, etc.; nada más. Sin embargo, dado que en muchos casos y en muchas regiones todavía no se ha aclarado con certeza cuándo llegaron exactamente, por ejemplo, hablantes de celta o de germánico a un río determinado, debido a la discrepancia entre los métodos de investigación y de identificación de la lingüística y la arqueología, sigue sin estar claro cuándo termina realmente el período pregermánico, precelta, etc.; es decir, para qué momento cabe suponer que un nombre precelta o pregermánico se integró en celta, germánico, etc. Y lo adelanto desde ahora: tampoco tengo respuesta a eso, y tampoco creo que se vaya a encontrar una pronto. Por eso, la mayoría de los indoeuropeístas prefiere trabajar con materiales de lenguas de las que también se conservan textos (actualmente están especialmente de moda las lenguas anatolias y tocarias), cuyos hablantes pueden caracterizarse y que, además, permiten establecer su datación (con mayor precisión o al menos hacerlo). Solo con materiales de este tipo pueden emprenderse investigaciones sobre el desarrollo histórico de una lengua y —algo que actualmente desempeña un papel aún más importante en la indoeuropeística— sobre la sintaxis. Y —si somos sinceros— se añade otro problema: el material lingüístico atestiguado en la hidronimia de la antigua Europa suele consistir en palabras o nombres muy breves. Como falta cualquier otro material lingüístico (en especial, formas flexionadas de palabras), hay que admitir, en última instancia —y 3 La crítica que el mismo autor formuló, de manera incomprensible y en un tono bastante polémico, en una contribución a esta revista, ante esta exhortación y con respecto a algunas de mis afirmaciones anteriores (Udolph 2011), será abordada en otro lugar in extenso: las acusaciones que allí expresó, así como el bajo nivel de los conocimientos del autor en lingüística histórica en general —y, en particular, en lo relativo a las investigaciones indoeuropeísticas del último medio siglo—, que también quedó claramente de manifiesto en ese texto, exigen un análisis de la situación y una respuesta detallada. 14 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge —lo digo como indoeuropeísta convencido— que, precisamente en el caso de muchos nombres sencillos de ríos, como Sala (> Saale), Sara (> Saar), Savus (→ Save), etc., en realidad ni siquiera puede demostrarse strictu sensu que sean de origen indoeuropeo. Su estructura es demasiado simple. Sin embargo, desde el comienzo de su estudio, la mayoría de los investigadores ha considerado indoeuropeas estas palabras y, por consiguiente, les ha atribuido etimologías indoeuropeas. Pero si se da por supuesto precisamente lo que se pretende —o se debería— demostrar, se incurre en una falacia circular clásica. En realidad, habría que proceder con mucha más cautela y rigor de lo que se ha hecho en las últimas décadas, y formular en subjuntivo muchas de las afirmaciones realizadas. La segunda razón de la disminución del interés de la indoeuropeística por este material es que, en sus trabajos sobre la «antigua Europa», los investigadores antes mencionados practicaron y siguen practicando una modalidad de indoeuropeística que, desde hace algunas décadas, ha quedado obsoleta dentro de la propia indoeuropeística y, por tanto, debe considerarse anticuada desde su perspectiva (probablemente comparten esta opinión aproximadamente el 80-90% de los indoeuropeístas en general y, como mínimo, el 99% de los indoeuropeístas menores de cincuenta años). Esto significa, a su vez, que el material de la antigua Europa, presentado sin cambios desde la época de Krahe (es decir, desde hace más de cinco décadas) y en una forma anticuada, difícilmente puede resultar atractivo precisamente para los indoeuropeístas más jóvenes, que serían los más indicados para aportar aire nuevo a este campo. Esto no resta valor, de entrada, a los resultados de investigación de los estudiosos mencionados ni a los de sus colegas que trabajan de manera similar. Sin duda, aquí se realizó una labor importante, pero la ciencia evoluciona, y esto se aplica especialmente a la indoeuropeística de las últimas décadas. Si ahora los estudios de la antigua Europa quieren volver a interesar a la indoeuropeística, es decir, a los indoeuropeístas, y ser tenidos en cuenta por ella, deben intentar satisfacer los requisitos que la indoeuropeística actual impone a las etimologías en materia de fonología histórica y formación de palabras. Por decirlo de manera gráfica: naturalmente, aún se pueden calentar las viviendas con estufas de leña e iluminarlas con lámparas de queroseno; pero ¿hay que hacerlo todavía, sin necesidad (o por una inclinación romántica excesiva), ahora que existen la calefacción central y las bombillas? Esta necesidad de ponerse al día atañe, en primer lugar, a la exposición de la fonología reconstruida del protoindoeuropeo. En este sentido, cabe señalar especialmente el descuido de la clase fonémica de las laringales. Estos fonemas debieron existir y tuvieron que ser consonantes: su existencia antigua explica decenas de fenómenos en distintas lenguas indoeuropeas como resultado de leyes fonéticas, fenómenos que sin ellas no pueden explicarse de manera satisfactoria, entre ellos, por ejemplo, Strajpsniai / Articles 15 HARALD BICH LMEIER el origen de las entonaciones en báltico y eslavo, la procedencia del fonema /h/ en hitita, algunos fenómenos en los verbos con infijo nasal del indoiranio, etc. En cualquier caso, una explicación así es mejor que las explicaciones que, en lugar de basarse en leyes fonéticas, tienen que recurrir a analogías.4 Y esto es algo que, en cualquier caso, debe hacer un modelo de análisis que postule un sistema fonémico protoindoeuropeo sin laríngeas. Dado que esto es así, el postulado de un sistema fonémico con laríngeas resulta, por consiguiente, más eficaz y mejor. Desde la perspectiva de la indoeuropeística moderna, los trabajos que siguen empleando el enfoque tradicional, habitual ya antes de la Segunda Guerra Mundial, apenas pueden tomarse hoy en serio en lo que respecta a su componente histórico-lingüístico indoeuropeo.5 El sistema fonémico del protoindoeuropeo, tal como lo acepta hoy la mayoría de los indoeuropeístas, tenía la siguiente estructura:6 4 Compárense al respecto la buena docena de introducciones a la indoeuropeística, a la teoría de las laríngeas o a diversas lenguas particulares que han aparecido en las dos últimas décadas: Clackson 2007, Fortson 2004, 2009, Kapović 2008, Lindeman 1997, LIV, LIV², Mallory/Adams 2006, Matasović 1992, 2010, Mayrhofer 2005, Meier-Brügger 2000, 2002, 2010, Meiser 1998, Müller 2007, NIL, Ringe 2005, Rix 1992 etc. pp. Entre las obras anteriores, cabe mencionar como las más importantes, entre otras: Rix 1976, Collinge 1985, Mayrhofer 1981, 1986. La última introducción a la indoeuropeística prácticamente libre de laríngeas es Szemerényi 1990. En pocas palabras: la indoeuropeística sin laríngeas lleva 20 años muerta. 5 Que esto no es un fenómeno reciente se desprende del hecho de que los investigadores que trabajan con el modelo obsoleto —como Udolph, o sus profesores Schmidt y Neu, a quienes suele invocar— apenas han dejado huella en la indoeuropeística durante las últimas décadas, y menos aún en su ámbito central, es decir, en la reconstrucción del protoindoeuropeo. 6 En cambio, cabe suponer que el sistema fonémico reflejado por la hidronimia paleoeuropea se parecía más bien al siguiente: Oclusiva sorda (T) | Oclusiva sonora (D) | Fricativa | Nasal (N) labial | p | b | | m dental | t | d | s [s, z] | n (palatal | ḱ | ǵ) velar | k | g labiovelar | kʷ | gʷ Líquidas (R) | r | l Vocales (V) | i [i, i̯] | u [u, u̯] | e | ē | o | ō | a | ā Presenta simplificaciones claras respecto del sistema originario. Así, me parece que la serie palatal ya se había perdido, probablemente, mientras que las aspiradas también habían desaparecido. Asimismo, las laríngeas, según su posición, ya se habían vocalizado o asimilado a vocales contiguas y, por tanto, habían desaparecido como clase de fonemas. Si esta propuesta tuviera razón… 16 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge Oclusiva sorda (T) Oclusiva sonora (D) Oclusiva sonora aspirada (Dh) Fricativa Nasal (N) labial p b bh – m [m, m̥] dental t d dh s [s, z] n [n, n̥] palatal ḱ ǵ ǵh h1 [ç, j] – tektal velar k g gh h2 [χ, ɣ] – labiovelar ku gu guh h3 [χʷ, ɣʷ]7 – líquidas (R) r [r, r̥] l [l, l̥] vocales (V) i [i, i̥] u [u, u̥] e ē o ō a (ā) ...tigen (aunque esto requiere todavía numerosos estudios para aclarar definitivamente el problema; hasta ahora parece que nadie se ha ocupado explícitamente de la cuestión de cómo era el sistema fonémico de la hidronimia paleoeuropea), esto significaría, sin embargo, que las lenguas que requieren que la clase fonémica de las laringales subsistiera hasta época protobáltica, como el báltico y el eslavo, donde la presencia o ausencia de laringales en una sílaba daba lugar a diferencias en la entonación silábica, no pudieron desarrollarse directamente a partir de la capa lingüística en la que se configuró la hidronimia paleoeuropea. Esto tiene, por supuesto, consecuencias correspondientes para la posición del báltico y el eslavo en el marco de esta hidronimia: los hablantes de estas lenguas debieron de superponerse a la capa de la hidronimia paleoeuropea, es decir, migrar secundariamente a zonas de hidronimia paleoeuropea. – Si, además, la serie palatal ya hubiera desaparecido efectivamente, de modo que la(s) lengua(s) de la hidronimia paleoeuropea hubiera(n) sido una(s) lengua(s) centum, esta(s) podría(n) ser, no obstante, lengua(s) de sustrato responsable(s), quizá, de los elementos centum del báltico y el eslavo. – Andersen 2009 apunta también en esta dirección: basándose finalmente en el estudio de rasgos prosódicos de las lenguas bálticas y eslavas, concluye que estas lenguas estuvieron en contacto durante la época temprana con otra lengua (probablemente) indoeuropea, que tenía acento inicial, el cual esta lengua presumiblemente indoeuropea había adoptado, a su vez, de una lengua no indoeuropea. Esta lengua de contacto indoeuropea habría sido la fuente de los elementos centum del báltico y el eslavo. 7Como parte integrante de este sistema fonémico, las laringales, tal como su posición en la tabla mencionada anteriormente ya sugiere, quizá eran las fricativas de las tres series velares, del mismo modo que /s/ era la fricativa de la serie dental. La determinación fonética de los fonemas *h₁, *h₂, *h₃ es, naturalmente, especulativa (como, en última instancia, debe seguir siendo más o menos especulativa la determinación fonética exacta de todo fonema reconstruido); sin embargo, su clasificación como fricativas de la serie velar resulta hasta cierto punto probable por el efecto de timbre que ejercían sobre la *e contigua (*h₁e > *ē, *h₂e > *a, *h₃e > *o, o bien *eh₁ > *ē, *eh₂ > *ā, *eh₃ > *ō). Basándose, entre otras cosas, en consideraciones tipológicas, Kummel (2007: 327–336) supone que los fonemas llamados «laringales» debieron de realizarse fonéticamente, con mayor probabilidad, como [h, χ, ʁ], y propone, como notación simplificada, h₁ = h, h₂ = x, h₃ = γ. Straipsniai / Articles 17 HARALD BICH LMEIER En cuanto a la morfología de formación de palabras, desde la perspectiva actual hay que señalar que la paleoeuropeística tampoco respeta aquí ciertos estándares de la lingüística histórica. La «paleoeuropeística clásica» suele limitarse a describir la morfología: en esos trabajos se dice habitualmente «a la raíz X se añade un sufijo l» o «a la raíz Y se añade un sufijo nt», o algo semejante. Casi nunca se dice nada sobre el significado de estos sufijos ni sobre lo que la palabra entera podría o debería haber significado. Pero eso es precisamente lo que se quiere saber, sobre todo cuando se pregunta —como en este congreso—: «¿Qué significan los nombres?». Con este enfoque meramente descriptivo se descuida gravemente una idea a la que ya había llegado Ferdinand de Saussure (1857–1913), a saber, que el signo lingüístico tiene forma y contenido. En una etimologización rigurosa hay que tomar en consideración y explicar ambos. Dicho de otro modo: ¡prácticamente todas las etimologías propuestas por representantes de la «paleoeuropeística clásica» están incompletas! Naturalmente, se puede adoptar la postura de que los nombres no significan nada, sino que solo designan. Pero con ello se elude el problema: hay que partir, al fin y al cabo, de que el repertorio de nombres que encontramos en la hidronimia paleoeuropea también procede del vocabulario apelativo. Por todo lo que sabemos de otras lenguas indoeuropeas antiguas, es seguro que, en lo que respecta a la formación de palabras, al principio no había diferencias entre los apelativos y los nombres. Por consiguiente, estos nombres deben analizarse, de entrada, como apelativos y, por tanto, también puede indicarse (al menos tentativamente) un significado que tuvieron en otro tiempo. Además, tampoco cabe esperar que tales nombres presenten sufijos o cadenas de sufijos que no se conozcan en el vocabulario apelativo. Puesto que la morfología nominal, en particular, se ha esclarecido muy bien entretanto mediante la comparación de las lenguas indoeuropeas antiguas atestiguadas, la morfología de la hidronimia paleoeuropea también debería poder explicarse con estos recursos ya conocidos. Asimismo, hay que tener en cuenta que no solo los morfemas en cuestión llevan significado propio y que la derivación no se produce siempre únicamente mediante la adición de sufijos, sino que también existen procesos derivativos en los que cambia la cantidad o la calidad vocálica de la raíz o de un sufijo, sin que se añada ningún sufijo nuevo. Precisamente en lo referente a los procesos derivativos en su conjunto, tanto en el protoindoeuropeo como en las distintas lenguas, la indogermanística ha experimentado enormes avances y cambios de paradigma en las últimas décadas. Hasta ahora, todo esto prácticamente no se ha aprovechado para analizar la hidronimia paleoeuropea: en la «paleoeuropeística» se señala, a lo sumo, que hay apofonía, pero no se encuentran indicaciones sobre qué cambios semánticos podrían acompañar a este fenómeno. 18 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge Hay que dejar claramente sentado algo en cuanto a la relevancia del material léxico de la hidronimia paleoeuropea para la indogermanística: solo el uso apelativo de las palabras permite extraer conclusiones sobre el significado de los temas y las raíces léxicas. Solo si se dispone de este conocimiento se puede abordar el estudio de la hidronimia paleoeuropea: de los nombres de cursos de agua por sí solos prácticamente no puede obtenerse nada útil para la propia indogermanística ni para su objetivo de reconstruir la lengua protindoeuropea. Imaginemos qué podría afirmarse sobre la hidronimia paleoeuropea si no se contara con las antiguas lenguas indoeuropeas: quizá se podrían aislar raíces y sufijos, pero no habría ningún indicio de lo que significan. Tal vez se observaría que existe un fenómeno como la apofonía, es decir, que las raíces o los sufijos pueden presentar vocales diferentes, pero no se podría decir nada sensato acerca de los posibles significados distintos asociados a esas diversas vocales. Todo esto solo puede deducirse de las lenguas atestiguadas. Por consiguiente, con los conocimientos que posee actualmente la indogermanística, obtenidos precisamente de la comparación de las lenguas indoeuropeas (antiguas) atestiguadas, hay que volver a estudiar los hidrónimos paleoeuropeos y procurar poner la investigación al día. La investigación sobre la hidronimia paleoeuropea sigue realizándose con los métodos de la indogermanística que ya utilizaba Krahe. Krahe murió hace casi 50 años y, en su época, distaba mucho de ser vanguardista en lo que respecta a la indogermanística. En otras palabras: aquí estamos ante una indogermanística de preguerra. Al mismo tiempo, está claro que la aplicación de los métodos y modelos de la indogermanística actual no solo permitirá profundizar en los conocimientos ya adquiridos, sino que también puede hacer que vuelvan a perderse algunas certezas. A continuación se ilustrará brevemente todo esto con algunos ejemplos. Lo importante aquí no es tanto la solución definitiva de los problemas como, sobre todo, mostrar qué preguntas siguen abiertas. Son preguntas que la investigación clásica sobre la hidronimia paleoeuropea en gran medida nunca se ha planteado, pero que es necesario responder para respetar los estándares fundamentales de la lingüística histórico-comparativa. Se trata de preguntas para las que ya se ha intentado ofrecer respuestas en algunos casos concretos. A menudo estas respuestas no son concluyentes, pues se pone de manifiesto una y otra vez que son posibles varias soluciones. Las soluciones inequívocas que los investigadores anteriores propusieron con frecuencia parecen ser, en realidad, más bien escasas: más bien se sospecha que esa claridad a menudo se basa únicamente en que Straipsniai / Articles 19 HARALD BICH LMEIER que aquellos investigadores no buscaron alternativas o bien no pudieron encontrarlas simplemente por desconocer la metodología científica necesaria para ello. 2. EJEMPLOS A continuación se presentan algunos ejemplos que respaldan las tesis expuestas anteriormente.8 2.1. Save y Drau Los nombres de Sava/Save y Drava/Drau forman parte del repertorio estándar de la hidronimia paleo-europea. Los testimonios más antiguos se remontan a la Antigüedad y son Σάουος (Ptol. II 15,1.4), Σάος, acus. Σάον, acus. Σάβον, Σαῦος (Strab. 7,5,2 y en otros pasajes), Savus, Saus, acus. Saum, abl. Savo, Sabo Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge Partiendo de esta situación, surgen diversas preguntas: Conjunto de preguntas 1: ¿Cómo encaja de manera coherente la reconstrucción mencionada anteriormente con las raíces protoindoeuropeas reconstruidas que, por su estructura y significado, podrían estar presentes en los hidrónimos aquí citados? ¿Se puede seguir suponiendo realmente que un nombre de río se formó a partir de una raíz a la que ahora se atribuye el significado de «exprimir»? Si se parte del estado actual de los conocimientos indoeuropeísticos, resulta muy dudoso, por supuesto, que una reconstrucción *s̑ou̯o- siga cumpliendo los requisitos. La raíz ahora postulada como protoindoeuropea *seu̯-, «exprimir», encaja semánticamente con dificultad en un nombre de río. En cambio, parece más verosímil una derivación de la raíz protoindoeuropea mencionada anteriormente *sh₂eu̯-, «verter, llover». Por la forma de la raíz, también cabrían la protoindoeuropea *seu̯h₁-, «impulsar, mantener en movimiento», aunque, dada su acepción básica, quizá sea menos compatible con un nombre de río, y la protoindoeuropea *seu̯h₃-, «estar/volverse lleno», que, por otra parte, probablemente sería más apropiada para un lago o, en su caso, para un río de montaña. De estas raíces, me parece más probable *sh₂eu̯-, «verter, llover». Sin embargo, aquí, como ocurre a menudo en otros casos, por regla general no se puede afirmar que necesariamente subyazca una raíz determinada: un examen objetivo del material de la hidronimia paleo-europea a menudo sencillamente no permite hacer tales afirmaciones. Conjunto de preguntas 2: Los nombres indoeuropeos siempre tenían acento. Por tanto, también cabe suponerlo en los nombres de cursos de agua. ¿Dónde recaía y qué significado se asociaba a cada posición del acento? Las etimologías tradicionales no dicen nada al respecto. Sin embargo, sí es posible hacer algunas afirmaciones sobre esta cuestión: Si se postula una derivación temática en grado e, protoindoeuropeo *sh₂éu̯-o-, ya se obtiene en protoindoeuropeo tardío *s(h)au̯-o-, sin necesidad de pasos intermedios adicionales y llegando directamente a las formas atestiguadas en la Antigüedad. Si, en contra de la opinión tradicional, se considera una forma en grado e, lo más adecuado sería clasificar esta palabra como nomen actionis, «el verter, el llover». Además, siguiendo el enfoque clásico, también se puede postular una raíz en grado o. A juzgar por el claro testimonio del antiguo indio y del griego, en las derivaciones nominales en grado o formadas únicamente mediante la adición de una vocal temática hay que contar con dos tipos: el tipo tómos, acentuado en la raíz y de significado resultativo, y el tipo tomós, acentuado en el sufijo y de significado agentivo.⁽¹⁴⁾ Si se parte de la raíz protoindoeuropea *sh₂eu̯-, «verter, llover», ¹⁴ Los tipos reciben su nombre del griego τόμος, «leño; trozo, viga», < *«lo separado de un tajo», frente a τομός, «afilado, cortante», < *«que separa de un tajo; quien separa de un tajo». Véase Fortson 2004: 116; Fortson 2009: 129f.; Risch 1974: 8–10; Müller 2007: 325. Straipsniai / Articles 21 HARALD BICHLM EIER Así pues, en el caso del protoindoeuropeo con acento en la raíz *sh₂óu-o- se obtendría un significado como «lo derramado, lo que ha caído con la lluvia»; en cambio, en el caso de un protoindoeuropeo con acento en el sufijo y sentido agentivo *sh₂ou-ó-, «el que derrama, el que hace llover; que derrama». Puesto que se trata de un río, quizá sea preferible el significado agentivo, que lo designa como una especie de «portador de agua». El significado resultativo sería probablemente más adecuado para una masa de agua estancada, aunque, naturalmente, también es concebible para un río. Cuestión 3: ¿Cómo se explica, en realidad, el vocalismo en -a- con el enfoque clásico de una raíz en grado o? La -a- de la raíz es sin duda antigua. O bien es heredada, o bien se debe al cambio fonético *o > *a, que también muestran otras lenguas de Europa, por ejemplo, las bálticas y las germánicas. Mientras que una formación protoindoeuropea *sh₂éu-o- > protourindoeuropea tardía *s(h)a-o- ofrece ahora, desde el punto de vista fonético (tanto en lo que respecta a la vocal radical como al acento), el camino más sencillo hacia las formas transmitidas y quizá resulte perfectamente aceptable desde el punto de vista semántico, la forma protoindoeuropea mencionada anteriormente *sh₂ou-ó- ofrece, a mi juicio, la mejor solución semántica. Ambas explicaciones son posibles, pero por el momento no cabe tomar una decisión clara. Cuestión 4: Si la forma reconstruida tenía una vocal breve,15 ¿cómo se explica la vocal larga eslava? Hay dos soluciones posibles: ya en la década de 1930 se propuso que habría existido una etapa intermedia romance. Una teoría más reciente, de Schmid y Udolph16, supone que este tipo de nombres fluviales con vocal breve adquirieron de pronto una vocal larga al ser adoptados por el eslavo. Pero ¿es eso realmente posible? Al adoptarse, a partir de aproximadamente el año 600 d. C., las denominaciones de las ciudades costeras y las islas del Adriático, el romance /ă/ —por lo que puedo ver— se convirtió siempre en eslavo /o/ y no se alargó a /ā/. Véase, por ejemplo, el topónimo latino Parentium > croata Poreč, chakavo Porěč17. Por consiguiente, la postura de Schmid citada por Udolph (2007: 545), según la cual estas formaciones «[se integraron] en un tipo ya existente en eslavo, con grado alargado y cambio de género», es sin duda concebible en principio, pero contradice claramente los procesos que se observan en otros casos de adopción de material léxico preslavo en el protosudslavo (occidental), quizá también en este caso en un eslavo panónico próximo al eslavo alpino; sin embargo, como el momento no 15 Nach Schramm (1981: 348) sei nach Ausweis eines Hexameterbelegs aus dem 4. Jh. mit Kürze des -a- im Lateinischen zu rechnen. 16 Véase Udolph 2007: 545. 17 Vgl. Holzer 2007: 126; ERHSJ III 11. 22 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge puede precisarse con mayor exactitud, también cabe suponer un protoeslavo todavía ampliamente indiferenciado. Tampoco se observa, que yo sepa, un alargamiento semejante en los préstamos (proto)germánicos del eslavo generalmente reconocidos como tales. Y el postulado de que las formas léxicas reciben un tratamiento distinto por pertenecer a una determinada clase semántica —en este caso, los nombres de ríos— requeriría, a mi juicio, una justificación específica y, en este caso, también paralelos tipológicos. Hasta ahora no conozco tal cosa como un resultado científico establecido para estadios antiguos de las lenguas, sobre todo porque las lenguas indoeuropeas tampoco son precisamente «lenguas de clases» en sentido tipológico. Se trata, por consiguiente, de una explicación puramente ad hoc. De ello se desprende, a mi juicio, necesariamente lo siguiente: es más probable que ya hubiera una vocal larga cuando los eslavos conocieron la palabra; sin embargo, lo más probable es que esta se originara en boca de hablantes romances18. Como demuestran los topónimos romances de la costa adriática y su interior que pasaron al croata, así como otros préstamos romances, en el romance temprano se alargaban las vocales breves tónicas en sílaba penúltima abierta, antes de que los que adop- 18 Esta solución, propuesta ya por Kretschmer en 1937 y basada en argumentos de leyes fonéticas, postula una etapa intermedia romance que no es en absoluto inverosímil; también la retoma Anton Mayer (1957: 297), aunque este no excluye un /ā/ originario. Sin embargo, Franze Bezlaj (1961: 174) no menciona este alargamiento regular del romance y califica el problema de «todavía no abordado». Udolph (2007: 541) también cita a Kretschmer, pero finalmente rechaza su solución (2007: 542) en favor de la idea, a mi juicio totalmente especulativa, de Schmid (1979: 410 y sigs. = 1994: 259 y sigs.), según la cual el alargamiento habría acompañado de algún modo automático la eslavización de los territorios en cuestión. A la luz de los procesos mencionados anteriormente en el ámbito sudeslavo, la afirmación de que el eslavo -a- (nota bene: protoeslavo *ā/!) sea precisamente «signo de una eslavización temprana» (Udolph 1997: 41) resulta totalmente inverosímil. A propósito de esta última tesis, cabe señalar que, como también indicó Schmid (loc. cit.), el grado alargado fue en ciertos períodos un elemento productivo de formación de palabras (por regla general, para formar adjetivos que expresaban pertenencia y que, naturalmente, también podían sustantivarse); la cuestión de los grados alargados formados dentro del eslavo o heredados (tanto en relación con las palabras que aquí se examinan como con los lexemas citados por Schmid) no puede considerarse del todo resuelta, pese a Schmid 1986 (donde, a juzgar por la bibliografía citada, tampoco había tomado aún en consideración Darms 1978). En cuanto a la cuestión del funcionamiento —o de la existencia— de la ley de Winter, rechazada en ese contexto, que en su caso habría provocado secundariamente grados alargados en báltico y eslavo, es decir, *VD > baltoeslavo *VD (véase también Collinge 1985: 225–227), véanse, además de Schmid 1986 passim, Birnbaum 1999, contrario a esta ley fonética, y, más recientemente, Dybo 2002 y Young 2008, que aportan ejemplos cada vez más numerosos a su favor. A la luz de los trabajos mencionados y de otras publicaciones citadas en ellos, parece que la investigación vuelve ahora a inclinarse hacia la aceptación de la ley de Winter, quizá con ciertas restricciones en cuanto al entorno fonético (posiblemente solo actuara en sílaba cerrada; véase Matasović 1996, postura adoptada por de Lamberterie 2007: 16–22). Para una ponderación del problema, véase también Petit 2010: 132 y sigs. Straipsniai / Articles 23 HARALD BICHlMEIER mendos eslavos adoptaron estas palabras.19 En mi opinión, nada se opone a postular también para Panonia, que, como parte del Imperio romano, estuvo expuesta durante siglos a la influencia romana, este cambio fonético protorromance, y a suponer que el nombre del río se conservó en una forma (proto)romance *sāu̯ o *sāu̯o, o similar, hasta la llegada de los eslavos.20 Pues quedaría un considerable desasosiego si una lengua que siempre y en todas partes distinguía claramente las vocales largas y breves (es decir, en este caso, al menos hasta el llamado colapso de las cantidades, hacia los siglos X/XI en eslavo oriental, búlgaro y macedonio, y hacia el siglo XV en polaco)21 y que en parte las distingue hasta hoy —el (proto)eslavo— hubiera realizado de pronto como vocales largas las vocales breves presentes en la lengua donante. A lo sumo cabría considerar que, puesto que el eslavo común tardío ya solo conocía la oposición /o/:: /ā/, la /ă/ ajena se habría integrado en eslavo como /ā/. Naturalmente, existen casos de sustitución fonética de este tipo; no conozco ninguno en eslavo. En nuestro caso, además, surgiría un problema cronológico insuperable: hay que suponer la fusión del protoindoeuropeo tardío */a/ y */o/ (cualquiera que fuera su origen) en baltoeslavo22 */a/ > y prot eslavo */ă/, y del protoindoeuropeo tardío */ā/ y */ō/ en baltoeslavo */ā/ > y protoeslavo */ǭ/. Mientras que, en el desarrollo hacia el eslavo común posterior, probablemente a partir de finales del siglo VIII, la vocal breve se cerró en /o/ y se redondeó aún más, la vocal larga se desredondeó en /ā/.23 Si ahora se exige para el Save la sustitución fonética antes mencionada según Schmid y Udolph, eso significa que el eslavo ya debía haber alcanzado el estadio posterior cuando se tomó prestado el nombre del río, es decir, cuando los eslavos llegaron al Save. Por otra parte, el eslavo de los eslavos que llegaron al Adriático hacia el año 600 d. C. aún debía presentar el estadio anterior, ya que precisamente todos 19 Véase Holzer 2006: 38; 2007: 37–39. 20 Esta tesis se ve respaldada además, entre otras cosas, por el nombre del Raab en la Baja Austria (véase con más detalle Bichlmeier 2010d); Wiesinger (1985: 332 y s.; prácticamente idéntico en contenido y texto a Wiesinger (1990: 291–293), aunque en ambos casos sin referencia a Bezlaj (1961: 130 y s.), donde ya figura esencialmente lo mismo) supone precisamente esta alargación vulgarlatina-protorromance de la vocal de la raíz en sílaba abierta, anterior a la adopción por el eslavo y el húngaro. 21 Véanse todas las introducciones habituales a la fonología histórica de las lenguas eslavas. Como estudio especializado, remito a Mate Kapović 2006. 22 Utilizo el término «baltoesl.» por pura comodidad y deliberadamente para designar algo intermedio entre «báltico-esl.» y «báltico y esl.», pues hasta ahora no he llegado a una conclusión definitiva sobre cómo debo imaginar la prehistoria de las lenguas bálticas y eslavas. Después de todo, ninguno de los modelos propuestos hasta ahora puede considerarse exento de contradicciones. Dejo al lector libertad para interpretar este término a su gusto; esto no altera la argumentación. 23 Véase, por ejemplo, Lamprecht 1987: 32 y s., 70, 161 y s. 24 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge el romance */ă/ como */ǝ/ y se desarrollaron después en /o/, pero nunca fueron sustituidos por /ă/. Si se parte ahora de una expansión de los eslavos desde la región de los Cárpatos, esto significaría que llegaron al Save mucho más tarde (en este caso, ¡unos dos siglos más tarde!) que a la costa adriática, lo cual es difícil de imaginar, o que el protoeslavo ya presentaba diferencias dialectales muy marcadas en una época bastante temprana; sin embargo, esto último se niega generalmente. Además, el mapa de Udolph24, que describe la expansión de los nombres eslavos de masas de agua y, por tanto, en cierto modo también la de los propios eslavos, muestra claramente que deberían haber llegado al Save antes que al Adriático.25 Lo que, en cualquier caso, no puede explicarse mediante leyes fonéticas es el paso de esta palabra, transmitida en una forma fonética romance, a la flexión de los temas en ā. Por ahora no se puede ir más allá de la conjetura de que tales palabras pertenecen a un determinado grupo semántico (aquí, nombres de ríos) y, por ello, se integraron/se integran en el patrón flexivo predominante en él (aquí, los temas en ā, quizá también porque el hiperónimo del eslavo eclesiástico antiguo rěka < del eslavo común *rēkā < y del protoeslavo *rajkā- también pertenecía a esta flexión)26.27 En cuanto a la historia fonética posterior de esta palabra, probablemente sucedió lo siguiente: la forma romance con acento en la raíz se adopta en eslavo, y la vocal larga recibe entonación circunfleja; al mismo tiempo, se produce la transferencia a la flexión en ā, cuya terminación de nom. sing. tenía entonación aguda en protoeslavo— 24 Véase Udolph 1979: 622. 25 Dejemos abierta la cuestión de si los eslavos adoptaron el nombre del Save directamente de hablantes de lenguas romances; quizá también haya que contar con una etapa intermedia germánica o germanizante, ya que, al fin y al cabo, los godos y los lombardos estuvieron también algún tiempo en la zona. Adolf Bach (1954: 25) ya contaba con una mediación o influencia germánica en la transmisión de estos nombres (Sáva, Dráva, etc.) y atribuía también a esta influencia el género femenino de estos nombres de ríos. 26 Solches postulierte (in diesem Falle für Dráva) schon Mayer (1959: 42), der zudem die mündliche Mitteilung Ivšićs zitiert, dass Dráva, da es einem im Kroatischen seltenen Akzenttyp angehöre, letztlich als eine Abstraktion aus einem mask. Nom.Sg. *Drāv, Gen.Sg. *Dráva in Hinblick auf kroat. rijeka darstelle. Gleiches könnte dann ja wohl auch für Sáva angenommen werden, also eine zugrundeliegende maskuline Form Nom.Sg. *Sāv, Gen.Sg. *Sáva. Solches wurde aber von Mayer (1957; 1959) offenbar nicht erwogen. – Dagegen geht Matasović (2007: 113) nun wieder genau von einer solchen maskulinen Zwischenstufe und anschließender Angleichung an ursl. *rěka (in seiner Terminologie) aus und begründet dies ebenso wie der gerade genannte Ivšić bei Mayer (auf den er aber keinen Bezug nimmt) mit der Tatsache, dass die romanischen Lehnwörter Dráva und Sáva dem slawischen Akzentparadigma b zugeordnet wurden, in das sonst praktisch ausschließlich maskuline Lehnwörter aus dem Vulgärlateinischen/Frühromanischen eingereiht worden sind. 27 Más bien cabe considerar una contribución a la creación de mitos la explicación de ERHSJ III, 208, según la cual el género femenino habría surgido porque a la divinidad fluvial romana Savus (véanse los testimonios sobre esta en ACS II, 1390 y s.) le habría correspondido una diosa pagana eslava. Straipsniai / Articles 25 HARALD BICH LMEIER indicaba.28 El hecho de que la sílaba radical tuviera entonación circunfleja provocó la aplicación de la ley de Dybo, que establece que las sílabas sin entonación aguda ceden el acento a la sílaba siguiente.29 Dado que esta ley actuó todavía en protoslavo común y que puede demostrarse con seguridad también en préstamos romances tempranos en croata30, 31, nada se opone a suponer que también actuó en el eslavo pannónico. En esta forma con acento agudo en la sílaba final tiene lugar el acortamiento regular de la vocal con acento agudo (ley de Leskien)32 y, finalmente, mediante el retroceso del acento neštokaviano, por el que el acento se desplazó una sílaba hacia el comienzo de la palabra desde todas las sílabas que no eran la primera,33 surgieron las entonaciones ascendentes hasta entonces inexistentes, dando lugar a la forma actual del croata estándar Sáva. De todo ello se desprende, en resumen, que la evolución más probable del nombre del río es la siguiente: indoeuropeo primitivo *sh₂eu-o-/*sh₂ou-o- >34 postindoeuropeo *saųo-/*sąua- →35 lat. Sāvus >romance */'sāųu/ o */'sąųo/ → eslavo pannónico */'sāųā/ > eslavo común */'sǫųā/ o */sąųā/ > eslavo meridional occidental primitivo/croata primitivo */sāvā/ > croata Sáva. 36 28 Nach Holzer (2007: 45) gilt: „Lange betonte Silben in frühen romanischen Entlehnungen haben im Slawischen oft den Akut (´) bekommen und erscheinen dann folgerichtig im Kroatischen als Kürzen.“ (ähnlich schon Holzer 2006: 57–59). Weiter S. 46: „Dagegen haben in vielen anderen Entlehnungen lange betonte Silben keinen Akut bekommen, so dass sie lange Silben geblieben und, wenn die Entlehnung früh genug stattgefunden hat, von Dybos Gesetz (...) erfasst worden sind.“ In diesem Sinne auch schon Holzer 2006: 59f. – Mit anderen Worten: Bei der Übernahme von Fremdwörtern mit Langvokalen ist bislang keine Ratio erkennbar, mit welcher Intonation ein Langvokal in einem Lehnwort im Slawischen versehen wird. 29 Zu Dybos Gesetz vgl. Collinge (1985: 31–33) sowie Kapović (2008a: 5f.) mit Verweis auf weitere Literatur, die wahrscheinlich macht, dass dieses Gesetz nicht notwendig die ganze Slavia einheitlich betroffen haben dürfte; mit Diskussion vgl. auch Olander 2009 passim. 30 Cf. Holzer 2006: 44–46; 2007: 56 y sig. 31 Man beachte dagegen nun aber Matasović (2007: 116f.), der alternativ vorschlägt, diese Entlehnungen könnten nach dem Wirken von Dybos Gesetz und der Retraktion des Akzents von wortauslautenden Jers stattgefunden haben und je nachdem, ob die romanische Betonung mit dem Neoakut oder dem alten Akut identifiziert wurde, eben dem slawischen Akzentparadigma b resp. a zugeordnet worden sein. Das heißt im Falle von kroat. Sáva, dass der lang-steigende Akzent nicht notwendig der neštokavischen Akzentrückziehung geschuldet sein muss, sondern auch Reflex des Neoakuts sein könnte. – Zur Verbreitung dieser Akzentretrak tion auch im angrenzenden Čakavischen und Kajkavischen vgl. Kapović 2008a: 28–31. 32 Vgl. dazu Collinge 1985: 114f. 33 Probablemente en los siglos XV/XVI; cf. Holzer 2006: 65 y sig.; 2007: 86 y sig. 34 «evoluciona regularmente a». 35 «se transforma en». 36 En cuanto a la etimología, naturalmente, lo mismo se aplica a nombres de otros ríos derivados internamente en eslavo de este nombre de río, es decir, de la misma palabra, como Savica (Bezlaj 1961: 172), Savin ja (Bezlaj 1961: 174–176), Savinka (Bezlaj 1961: 176), y otros similares. 26 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge Por tanto, en última instancia puede ofrecerse para este nombre una explicación fonética casi completa conforme a las leyes fonéticas. Únicamente el paso a una nueva clase flexiva al incorporarse al eslavo debe seguir considerándose inexplicable de manera satisfactoria con los modelos y conocimientos actuales. Para el nombre del Drau puede suponerse un escenario análogo: uridg. *drou-o- > después de la etapa urídg. *drua- → lat. Drāvus37 > románico */ˈdrāu̯/ o */ˈdrāu̯o/38 → paneslavo */ˈdrūā/ > eslavo común */dr̥̄u̯ā/ o */dr̥u̯ā/ > ur.(occidental) sudeslavo/urcroata */drāvā/ > croata Dráva, esloveno Dráva39. Sin embargo, esto plantea un problema que conviene señalar: aunque para el Drava/Drau cabe postular una etapa intermedia románica, no es posible hacer lo mismo, naturalmente, con el Drawa/Drage ni con el Sawa de Polonia40, ni con los tres cursos de agua situados en la cuenca del alto Dniéper llamados Sava (y otros cursos de agua bálticos cuyos nombres comienzan por Sav-), ni con una serie de otros ríos rusos cuyos nombres pueden considerarse derivados de una raíz eslava Sav-;41 no cabe una explicación comparable.42 Para el Sawa, por simplicidad, antiguamente se postuló una derivación de una raíz con grado alargado, es decir, urídg. (?) *sōu-ā-, sin abordar en absoluto la cuestión del origen de dicho grado alargado43, mientras que más recientemente también para este nombre se recurrió al proceso ya mencionado para explicar el cambio fonético supuesto *o > *ā: «que el nombre ha pasado por boca eslava»44. Para el 37 Esta forma léxica no solo fue adoptada por el latín, sino evidentemente también por el celta; en efecto, Ptolomeo atestigua una tribu de los Ἀμβίδρανοι (así ACS I, 120) o Ἀμβιδρανοί (así Pape 1911: 71), latinizado como Ambid्रabus, que, por la forma de su primer elemento /ambi-/, tiene que ser celta. 38 ESSZI 124 da por sentada una etapa intermedia de latín vulgar *Drāvus. Sin embargo, no ofrece datos más precisos sobre la formación de la palabra; se limita a señalar el polaco Drawa y que ambos nombres de río pertenecen a la raíz urídg. *dreǵ-. 39 Mayer (1957: 128f.) rechnet hier wie bei der Sava/Save mit Genusangleichung an kroat. rijeka, verliert aber kein Wort über die hier natürlich ebenso wie dort erfolgte Dehnung des Wurzelvokals. 40 Cf. Udolph 1990: 103–107. 41 Cf. WRG IV, 141 y ss. 42 En este contexto, por el momento sigue siendo incierta la posición de cuatro cursos de agua de Rusia (en las regiones de Oriol y Briansk) que contienen el elemento Drov- (cf. WRG I, 642): Drovenena, Drovka, Drovosečnaja, Drovjanskoe (en Rusia no parecen existir nombres de cursos de agua con el elemento Drav-). Al menos en el caso del primero de los cuatro, no puede descartarse por completo una relación con el ruso dé́revo «madera, árbol» o drová «leña», y en el caso del tercero dicha relación debe de ser segura. 43 Cf. SSS V 78. En última instancia, también Udolph (1990: 274), al comentar otro nombre de río, plantea algo similar: «… ¿un grado alargado, por ejemplo, como en Drawa, Sawa, Drama, etc.?» 44 Udolph 1979: 635. Straipsniai / Articles 27 HARALD BICH LMEIER Draua: en este caso, al parecer, también se presupone de todos modos un grado alargado en la raíz, pero no se ofrece explicación alguna para ello. 45 Si realmente hay que postular una raíz en grado alargado para las formas eslavas, cabe señalar que entonces las formas bálticas de los nombres de cursos de agua que comienzan por Savo deben separarse de aquellas, pues estas no presentan en absoluto el grado alargado, sino precisamente el grado pleno. Sin embargo, apenas parece razonable dudar de la relación etimológica última entre estos dos pares de nombres de ríos. Lo más probable, a mi parecer, a la luz de lo expuesto anteriormente, es que los dos nombres de ríos hoy eslavos occidentales y meridionales fueran distintos ya desde el principio. Además, los testimonios de los ríos polacos (y rusos) son más de un milenio posteriores y no tienen por qué remontarse necesariamente a las mismas formas previas que los meridionales. Al parecer, hasta ahora esta teoría no se ha discutido explícitamente. 46 Mientras que en Panonia (y en el Báltico) existían las formas de sustrato *drou̯o-/*draua-, *sou̯o-/*sau̯a-, los nombres de ríos polacos y rusos tendrían ya como base formas en grado alargado atribuibles al sustrato *drōu̯o/ā-, *sōu̯o/ā-47, que los eslavos que llegaron transformaron en proto(eslavo occidental/oriental) *drāu̯ā-, *sāu̯a-. Sin embargo, primero hay que justificar aquí el grado alargado, que es una llamada formación vṛddhi: normalmente da lugar a adjetivos que expresan pertenencia a la palabra base; así, para *drōu̯o- habría que partir, por ejemplo, de un significado como «perteneciente al curso» o similar. Si el femenino es antiguo, podría tratarse aquí de un colectivo originario.48 El significado habría de entenderse entonces, aproximadamente, como «la totalidad de lo perteneciente al curso (del río)». Puesto que esto suena más bien como una denominación para el te- 45 Udolph 1990: 107: „Wie im Fall der Drama fällt die Dehnstufe in der Wurzelsilbe auf.“ 46 Man vgl. aber die Bemerkung von Toporov–Trubačev 1962: 226 s. v. Sava: „riskovanno otoždestvlyat’ v etimologičeskom otnošenii s izvestnym dunajskim gidronimom Sava“, die durchaus in diese Richtung weist. 47 Damit rechnet auch implizit Schmid (1998: 23), wenngleich die dort postulierte Ablautstufe (ob uridg. oder alteurop. wird nicht klar) –āu̯– aus indogermanistischer Sicht einen verfehlten Ansatz resp. ein bei dieser Wz. unmögliches Rekonstrukt darstellt. – Es mag sich dabei um einen Reflex der völlig überholten Annahme von Kranzmayer (1956: 20) mit Verweis auf (IEW 795) handeln, dem FlN läge „indogerm. *drāu-“ zugrunde. Als Variante bietet Kranzmayer 1997 [1960]: 374, 377 „altkelt. Drāvos ‚die Fließende’ für die Drau“ an. Immerhin kommt auch hier der Gedanke an eine Dehnstufe in der Wz. ins Spiel. 48 Una de las teorías más extendidas sobre el origen del género femenino en indoeuropeo común considera que, al menos, uno de los puntos de partida —si no el principal— para la aparición de esta categoría se encuentra en formaciones colectivas originarias. Véanse, por ejemplo, las secciones correspondientes de las introducciones habituales a la indoeuropeística. Para nuevas ideas sobre el desarrollo de su formación y un debate de propuestas anteriores, véase Luraghi 2009. 28 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge rritorio a lo largo del río que para el río mismo, habría que suponer además una transferencia de la denominación del territorio fluvial al propio río. Lo mismo se aplicaría por analogía a *sōu̯ā- (< indoeuropeo común *sₕ₂ōu̯-ah₂-), «la totalidad de lo perteneciente a la zona humedecida». Como paralelo tipológico cabe comparar el uso del protogermánico *aǵʰiō- (< indoeuropeo común *h₂ekᵘ-iāh₂-), «(la totalidad de) lo perteneciente al agua», > alto alemán antiguo ouwe > alemán moderno Au, que aparece en los nombres de ríos alemanes como denominación del propio curso de agua. Todo esto suena bastante complicado, pero este es precisamente el proceso de formación de palabras y la evolución semántica que también hay que postular para muchos de los otros nombres de ríos en grado alargado, a los que, según la teoría de Schmid y Udolph expuesta más arriba, se habrían adaptado las formas previas al eslavo *sou̯o-/*sau̯a-, *drou̯o-/*drau̯a- o similares. Ahora bien, si de todos modos hay que justificar este proceso, cabe preguntarse si no podría aplicarse directamente a la propia palabra que se pretende explicar: así se evita postular un proceso analógico adicional, cuyo origen, en cualquier caso, ya no parece posible determinar. A mi juicio, quedan aquí demasiadas posibilidades de etimologización y demasiadas cuestiones de fonética y morfología sin resolver como para seguir formulando afirmaciones tan categóricas como las habituales hasta ahora. Como debería haber mostrado el examen de las distintas posibilidades realizado anteriormente, los nuevos conocimientos también pueden llevar, en ocasiones, a tener que cuestionar lo que hasta ahora se consideraba seguro. 2.2. Isar y formas emparentadas Otro grupo de nombres de ríos constituye un caso parecido. Entre ellos se cuentan, entre otros, el nombre del Isar (con los testimonios medievales Isara e Isura; ya en la Antigüedad, Ἰσάρας (Strab. 4,6,9]), aunque también ὁ Ἰσάρας (Ptol. 3,49,6) y τοῦ Ἴσαρος o ὁ Ἴσαρο ποταμός (Strab. 4,1,11) para el Isère; asimismo, el antiguo nombre del Danubio, Ἴστρος. También pertenece a este grupo el nombre del Eisack, en italiano Isarco, en Tirol del Sur (Estrabón IV 207: acusativo Ἰσάραν, nominativo *Ἰσάρας; latín Isarcus, con *-k- secundario, probablemente tomado de la denominación de los habitantes Isarci; Isargus49),50, que, debido al alemán Ei-, requiere una vocal inicial larga ī-. Y el último nombre de río que cabe mencionar procede del sur de Italia: italiano Esaro < latín Aisarus, griego Αἴσαρος.51 49 Véase ACS II 75; Kühebacher 1995: 60. 50 Véanse también ACS II 72–75 para otros testimonios. 51 Zu weiteren Anschlüssen zu dieser Sippe vgl. auch Tovar 1977: 17, 35. Straipsniai / Articles 29 HARALD BICHlMEIER El nombre del Isar se ha relacionado ya desde el inicio de las investigaciones sobre la etimología de los nombres de las aguas con la raíz anotada, según una grafía obsoleta, como *eis-/*ojs-/*is- «moverse con fuerza, impetuosamente y con rapidez, impulsar», y se ha analizado como derivado de esta raíz mediante un sufijo r o el sufijo *-rā.52 En la bibliografía anterior parece que no hay en ninguna parte información más precisa sobre la formación de la palabra, y menos aún sobre el significado del vocablo en su conjunto. Sin embargo, vuelven a plantearse preguntas similares a las de antes: ¿Qué sufijos tenemos aquí exactamente? ¿Cuál es su función? ¿Cómo se explican las distintas formas de alternancia vocálica de la raíz que es necesario postular? Como no existen en otras partes del germánico continuadores nominales de esta raíz (con la excepción de la palabra para «hierro», véase más abajo), se supone, con razón, que se trata de un nombre pregermánico. Sin embargo, las análisis etimológicos nunca abordan la cuestión del origen de la -a- medial de Isara ni de la -u- medial de Isura, formas que coexisten en los siglos VIII-X (véase más adelante). Según la opinión actualmente más extendida, la raíz mencionada arriba debe establecerse como indoeuropeo antiguo *h₁eish₂- «fortalecer, impulsar»53. También persiste ocasionalmente la opinión de que tenía, más bien, la forma indoeuropea antigua *h₁eish₁-54. En lo que sigue, por simplicidad y porque resulta más probable, se partirá de la opinión mayoritaria. A ello se suma la rareza general de las raíces en indoeuropeo antiguo que comienzan y terminan con consonantes idénticas; al parecer, ni siquiera había oclusivas idénticas en posición inicial y final. Quizá tal restricción no se aplicara a las fricativas; compárese, por ejemplo, el indoeuropeo antiguo *ses- «dormir»55. Un adjetivo ró formado regularmente a partir de esta raíz debe reconstruirse como indoeuropeo antiguo *h₁ish₂-ró- «impulsado, veloz». Este continúa directamente en ai. isirā-56 «fuerte, activo»57 y en gr. át. ἱερός, gr. norocc. ιαρός, jón., poét. ἰρός, eól. ἶρος «sagrado». La forma más frecuente en griego es la que presenta ἱε-, lo que apunta a un indoeuropeo antiguo *h₁ish₁-ró- deu- 52 Así, por ejemplo, Krahe 1953: 121; 1954: 207f., 215; 1963: 293 [9], 299f. [15f.], 327 [43f.]; 1964: 55f., 71, 104, 163; Snyder 1964: 42f.; Snyder 1965: 184; Snyder 1966: 63; Snyder 1967: 163; ANB 561f.; LbO² 195; LbO³ 125, etc. 53 Compárese LIV² 234. 54 So etwa Anreiter 2005: 45; EDG 580f. 55 Compárese LIV² 536f. 56 Compárese EWAia I 199. 57 Compárese también Lipp II 410f. con nota 125. 30 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge podría. Sin embargo, precisamente esta forma puede haberse generado siguiendo la numerosa clase de adjetivos en -ερος, de modo que el tipo con ια- representa, por tanto, el arcaísmo y, con ello, la forma que cabía esperar propiamente. No obstante, esta sustitución de sufijo tuvo que producirse muy temprano, pues las derivaciones de esta raíz ya atestiguadas en micénico muestran sistemáticamente -e-: i-je-ro /hiiero-/ «sagrado», i-je-re-u /hiiereus/ «sacerdote», i-je-re-ja /hiierejā/ «sacerdotisa», etc. El otro nombre del Isar, Isara, podría constituir sin dificultad un femenino del adjetivo en ró mencionado anteriormente, es decir, PIE *h₁ish₂-réh₂-, suponiendo únicamente que, de manera análoga a lo que ocurre en determinadas posiciones en latín (con seguridad, en todo caso, en la primera sílaba), la laringal intervocálica se vocalizó como -a-58 (paralelamente a su vocalización como -i- en indio antiguo, cf. el ai. isirā- mencionado anteriormente, o a la vocalización en griego, donde la tríada de laringales se refleja en sus resultados ε, α, ο). Se obtiene así un *isarā- pre-germánico (¿paleoeuropeo?), femenino, que finalmente pasó al celta como *isarā-, femenino, y de allí al germánico occidental (posiblemente a través de la intermediación del latín y las lenguas romances). La existencia del adjetivo está demostrada para el celta también independientemente de cualquier nombre de río, pues la palabra para «ardilla» en irlandés antiguo, íaru, se explica como una formación derivada de este adjetivo mediante el sufijo individualizador on- y se remonta al preirlandés *isaron- «el veloz», a su vez derivado del adjetivo preirlandés *isaro- «veloz».59 La incorporación al germánico occidental tuvo que producirse relativamente tarde: aunque en cualquier caso el acento quedó fijado en la primera sílaba —lo que explica la ausencia de rotacismo (la tendencia a ello quizá ya estaba presente en el celta continental)—, no llegó a producirse la apertura de -i- ante la -a- de la sílaba siguiente. El mismo desarrollo debe suponerse para el nombre del Isère, en Francia, solo que allí este siguió el desarrollo normal en francés, partiendo del lat. Isara (Liv. 21,31,3), etc. > latín vulgar/protorromance *isára > *isára. En este contexto, plantean cierto problema las formas antiguas del nombre del Isère ya mencionadas más arriba, τοῦ Ἴσαρος o ὁ Ἴσαρ ποταμός (Strab. 4,1,11). Dan la impresión de que se trata de un antiguo tema consonántico masculino. Sin embargo, dado que no existe ningún patrón de formación de palabras convincente desde el punto de vista de la indoeuropeística para un tema consonántico (tema en r), quedan dos posibilidades: o bien se trata de un nombre de río anterior al indoeuropeo que, al integrarse en el celta, se adaptó a una palabra existente en esa lengua; o bien se trata de una forma dialectal más tardía, que ya presenta apócope de la vocal final de *isar-ā. 58 Cf. Schrijver 1991 passim, especialmente 86–115; Meiser 1998: 107 y ss. 59 Cf. Ziegler 2001. Straipsniai / Articles 31 HARALD BICH LMEIER o bien síncopa de la vocal temática de una forma masculina que, además de la forma femenina, también habría existido, seguida de la asimilación de la desinencia del nominativo singular: *isar-os > *isars > *isar(r). El género puede remontarse bien a la palabra celta, bien deberse al hiperónimo griego ὁ ποταμός. En principio, tampoco cabe excluir que la -a- medial se deba a un sufijo añadido secundariamente, *-ro-, que podría haberse añadido a un tema temático ya existente, *h₁ish₂-é/ó-. En tal caso, -a- podría haberse originado por evolución fonética regular a partir de *-h₂-e- ya en la fase tardía de la lengua común, o bien más tarde por el cambio que quizá caracterizara de todos modos al «paleoeuropeo» o a partes de este (PIE *-h₂-o- > *o > *a). No es posible decidirlo. En última instancia, lo mismo vale también para el Eisack, en Tirol del Sur (acus. ’Ισάραν, nom. *’Ισάρας, lat. Isarcus con *-k- secundario)⁶⁰; aquí se añade el problema de que el nombre alemán del río presenta diptongación inicial, lo que presupone la existencia de *īsa(r)k-° al incorporarse del romance al alto alemán antiguo. Es dudoso que esta vocal larga sea realmente antigua y obligue a postular un PIE de grado pleno *h₁eish₂-reh₂- (junto al regular *h₁ish₂-ró- mencionado anteriormente, con raíz en grado cero), como sostiene Krahe 1953: 121: habría que suponer, en primer lugar, que Estrabón (ca. 63 a. C.–23 d. C.) hubiera tomado una forma latina ya monoptongada, *īsara⁶² (lo cual sería perfectamente posible: esa monoptongación ya se había completado en latín hacia mediados del siglo II a. C.)⁶³; y, en segundo lugar, que, además de la formación con grado cero esperable morfológicamente y también atestiguada, hubiera existido otra con grado pleno. Esta se explicaría mejor como una formación vṛddhi PIE *h₁eish₂-ré/ó-, correspondiente al *h₁ish₂-ró- adjetivo, y como *h₁ísh₂-re/o-, sustantivado mediante acento contrastivo, «fortalecimiento, rapidez». 60 ANB 311 ofrece únicamente la etimología de la raíz en una grafía antigua y señala que tuvo que haber una vocal larga, pero no aporta datos sobre su origen: «antiguo Isāras (posterior Īsarcus) < *Īsaros (...), de PIE *eis- “moverse con ímpetu” (IEW 300 y ss.)». – Kühlebacher 1995: 59–61. 61 Como el norte de Italia estuvo poblado por celtas desde, a más tardar, el siglo IV a. C., lo más razonable será postular una etapa intermedia celta: en celta, PIE *e̯i > *ē se monoptonga; por consiguiente, una forma celta *ēsara podría haber sido incorporada al latín como *ēsara en el siglo III a. C., donde esa *ē se cerró luego aún más y pasó a ī en el siglo II a. C., al igual que la *ē originada en el propio latín a partir de PIE *e̯i. 62 Eine der Zeit der Entstehung entsprechende Lösung bietet Julius Pokorny (1914: 293), der das Wort für illyrisch hält, eine Vollstufe der Wurzel („*eisa-“) und implizit eine -ko-Ableitung von einem vollstufigen Adjektiv (?) *eisaro- o.ä. anzunehmen scheint. Die bayerische Isar gilt ihm als Fluss mit keltischem Namen. 63 Cf. Meiser 1998: 58. 32 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge clasificar. Debió de significar aproximadamente «caracterizado por la rapidez» o algo similar, por lo que habría sido prácticamente sinónimo del adjetivo original ró-. La evolución es viable tanto desde el punto de vista de la formación de palabras como del semántico y el fonético. Sin embargo, cabe preguntarse si quizá habría que suponer más bien un alargamiento de la sílaba tónica en el latín vulgar/romance temprano, que habría alargado *ísara a *ī́sara; esta forma habría pasado después al alto alemán antiguo y habría diptongado tras el siglo XI. No obstante, resulta problemática la distinta posición del acento en la forma del latín vulgar/romance temprano, en comparación con la evolución antes mencionada del nombre fluvial francés Isère (< *isára). Es posible que en el caso del Eisack existiera también una variante con la terminación ya sincopada, de modo que la primera sílaba fuera al mismo tiempo la penúltima, y el desplazamiento del acento a ella habría sido tan regular como el posterior alargamiento de la *i- inicial en sílaba abierta. También cabe considerar si, poco después de su adopción, pudo producirse una reinterpretación por etimología popular a partir del alto alemán antiguo îs «hielo» (o una contaminación con una denominación que quizá hubiera existido alguna vez, alto alemán antiguo *îsaha «río de hielo»);64 dado que el Eisack nace en el Brennero, a 1990 m de altitud, es frío durante todo el año y en invierno se hiela en algunos tramos, no es una idea del todo descabellada. Un nombre de río etimológicamente emparentado en el sur de Italia da testimonio, con certeza, de una raíz en grado pleno, probablemente en grado o: italiano Esaro < latín Aisarus, griego Αἴσαρος < indoeuropeo primitivo *h₁oish₂-(e)ro65, que también debe de proceder de una capa lingüística preitálica que conocía el cambio *o > a. Además, se suele aceptar que el antiguo nombre del Danubio, 66 Ἴστρος,67 debe incluirse en la misma familia de nombres fluviales y reconstruirse también como indoeuropeo primitivo *h₁ish₂-ró- > «paleoeuropeo»(?) *is-ro- > Istros. Si esto es correcto, suponiendo que pertenece a la misma capa lingüística, este nombre del Danubio o bien no tiene el mismo origen morfológico que el de Isar (pues Isara, Isura contiene una vocal medial adicional que estaba presente desde el origen), o bien, si comparte origen —es decir, si su etimología es realmente idéntica—, no pertenece a la misma lengua que el nombre del Isar, debido a la clara diferencia en la evolución fonética de una laríngea intervocálica: la posible vocalización de una laríngea intervocálica en las lenguas- 64 Vgl. dazu auch Kühebacher 1995: 60. 65 Cf. Krahe 1953: 120. 66 Cf. los testimonios en ANB 257–265; Anreiter 2001: 229–237; LbO² 105f.; LbO³ 59f.; Borchers 2006: 11–19. – En Anreiter 2001: 237f. se dice todo lo necesario sobre la etimología del nombre. – Algo parecido ya en Krahe 1953: 103, aunque con una notación hoy obsoleta. 67 Vgl. die Belege bei Borchers 2006: 28–33. Straipsniai / Articles 33 HARALD BICH LMEIER hablantes del curso alto del Danubio se contrapone la pérdida de la laríngea y la posterior aparición de una -t- epentética en el grupo *-sr- en la denominación, sin duda autóctona, del Danubio en su curso bajo. Sin embargo, si se sigue a Peters68, seguido por Mayrhofer69, y se supone una pérdida de la laríngea entre s y r ya en la etapa indoeuropea común (esquemáticamente, en una formulación algo más amplia: H > Ø/s__K), para lo que hay buenos ejemplos,70 entonces el griego jonio, poético ἰρός, eolio ἰρος «sagrado» < griego común *isro- < indoeuropeo primitivo *h₁ish₂-ró-, así como Ἴστρος, serían resultados regulares de las leyes fonéticas, mientras que tanto el griego ático ἱερός y el griego noroccidental ιαρός como el indoario iṣirá- y, finalmente, también Isara tendrían que haberse renovado por analogía siguiendo los tipos frecuentes en griego en -αρος, -ερος y en indoario en -ira-, que cabría esperar tras consonantes distintas de -s-. Apuntan ahora en una dirección similar las consideraciones de Hardarsson 2011 y 2011a, formuladas en el marco de sus investigaciones sobre las denominaciones celtas y germánicas del «hierro». Hardarsson puede explicarlas de manera totalmente convincente como formaciones surgidas de forma independiente en cada lengua y no, como se había supuesto por lo general hasta entonces, como formas prestadas entre sí: por un lado, el adjetivo indoeuropeo primitivo *h₁ish₂-er-nó- habría dado regularmente el protocelta *isarno- «fuerte, poderoso», cuya forma neutra se sustantivó con el sentido de «lo fuerte»: protocelta *isarnon > protoirlandés *isarnan > *iharnan > *eharna > *earna > irlandés antiguo iarn «hierro» (primero bisílabo y más tarde monosílabo). En cambio, el protogermánico temprano *eisar­na- > protogermánico *īsarna- continúa una derivación sustantiva con vr̥ddhi indoeuropea primitiva/protogermánica temprana *(h₁)éis(h₂)-er-no- «lo que destaca por su fuerza, dotado de fuerza» o similar, derivada del adjetivo indoeuropeo primitivo *h₁ish₂-er-nó- mencionado arriba. La diferencia entre las formas celta y germánica reside, pues, en que la forma celta se basa en un adjetivo, mientras que la germánica ya se basa en un sustantivo. El punto de partida de ambas derivaciones es el protoindoeuropeo *h₁ish₂-ró- ‘vigoroso, rápido, etc.’, mencionado anteriormente. A partir de este se formó, mediante el alargamiento vr̥ddhi del sufijo, un adjetivo protoindoeuropeo *h₁ish₂-eró- ‘ídem’. El significado original de estas formaciones con sufijo alargado en vr̥ddhi parece haber sido una matización de la palabra base, como la que expresan en inglés, por ejemplo, las derivaciones en -ish (grey:: greyish) o en alto alemán moderno las derivaciones en -lich (blau:: bläulich), razón por la cual este contraste singular apenas puede ya identificarse;71 véase, por ejemplo, el protoindoeuropeo *pik-ró- ‘puntiagudo, afilado’ > gr. πικρός. 68 Cf. Peters 1980: 160f., 172, nota 124; 325. 69 Cf. Mayrhofer1986: I/2 150. 70 La pérdida se aprecia con máxima claridad en el heteróclito indoeuropeo primitivo Nom. *h₁ésh₂-r̥, Gen. *h₁es-nós «sangre» > hitita eshar, esnas, mientras que el equivalente védico ya muestra la generalización de la forma sin laríngea; cf. indoario áṣr̥-k, asnáś (cf. EDHIL 256–260; EWai 149 con bibliografía anterior). 71 Así Nussbaum 2009; citado según Hardarsson 2011, 2011a. 34 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge «lo mismo» frente a urindoeuropeo *piḱ-eró- > tocario A pśar «lo mismo»: De un adjetivo secundario de este tipo pudo derivarse entonces otro adjetivo urindoeuropeo *h₁ish₂-er-nó- «lo mismo», semánticamente apenas distinguible; cf. urindoeuropeo *tig-ró- «puntiagudo, afilado» → *tig-eró- → *tig-er-nó- > irlandés antiguo tigern «señor» (< «el que está a la cabeza»), etc. Si se acepta la explicación de los procesos morfológicos de Nussbaum y se considera posible la vr̥ddhi en el sufijo, las distintas formas con y sin «vocal de enlace» dejan de constituir un problema. Auf eine weitere bei Hardarsson (2011: 109f.; 2011a: 4) gebotene Präzisierung älterer Erklärungen, wie sie oben dargeboten wurden, ist noch hinzuweisen: Nimmt man den de Saussureschen Laryngalschwund neben uridg. *o ernst, sollte in einem normalen thematischen Paradigma, in dem der Themavokal ablautet, also uridg. *h₁ish₂-ró-:: *h₁ish₂-ré-, bereits spätgrundsprachlich *h₁is-ró-:: *h₁ish₂-ré- entstanden sein, das je einzelsprachlich in die eine oder andere Richtung ausgeglichen worden sein konnte: Aus der erstgenannten Form wären gr. ion., poet. ἰρός, äol. ἶρος ebenso lautgesetzlich wie der nichtgr. Flussname Ἴστρος, während aus der zweiten Form NW-gr. ἰαρός und ai. iṣirá- lautgesetzlich entstanden sind. En cuanto a Isara, debe preferirse como forma predecesora el adjetivo urindoeuropeo *h₁ish₂-eró-/-eráh₂- frente a *h₁ish₂-ró-/-ráh₂-, mientras no puedan encontrarse casos inequívocos en los que las laringales intervocálicas en posición interior (en el ámbito de la hidronimia paleoeuropea) se hayan vocalizado.72 A esto se añade otro problema: de los aproximadamente dos docenas de testimonios anteriores al año 1000 d. C., cerca de dos tercios presentan la forma Isura, pero solo un tercio, la forma Isara. Es difícil suponer que haya errores de escritura en tantos casos; por tanto, Isura debe de ser una forma que existió realmente en la lengua.73 Después del año 1000 d. C. se estabiliza la forma Isar(a), junto a la cual aparecen ya también testimonios con debilitamiento de la sílaba átona Iser(a). La forma Isura no puede remontarse sin más a una forma predecesora segura: no existe un sufijo urindoeuropeo *-uro- ni nada parecido. Cabe pensar, en primer lugar, que se trata de otro caso de alternancia de sufijos, tan frecuente en germánico: partiendo de casos en los que, en el marco del ablaut... 72 Habría que investigar específicamente si el nombre de río checo Jizera, alemán Iser (1297 Gizera; afluente de la margen derecha del Elba) podría aportar argumentos a favor: la forma checa requiere, en cualquier caso, una forma de partida del germánico occidental */izerō-/ < protogermánico temprano *isa/erā- < urindoeuropeo *h₁ish₂-(e)ró/éh₂-, que tuvo que tomarse en préstamo en protocheco en el siglo VI, inmediatamente después de la llegada de los eslavos a la cuenca de Bohemia, pero todavía antes de que se produjera el rotacismo del protogermánico *-z- > -r-. Si esta etimología es correcta, se obtendría además, con el año 500 d. C., un terminus post quem para este fenómeno fonético del germánico occidental. 73 Reitzenstein 2001/2002 ya contempla para la Antigüedad la forma del nombre Isura, pero no ofrece datos sobre su etimología. – Según Krahe (1964: 55), también debe suponerse una forma predecesora *Isura para el Ure, afluente del Swale en Yorkshire; junto a este río y con su nombre está atestiguado un castro romano llamado Ἰσούριον (Ptol. II 316) o Isurium (It. Ant. 465, 3). Straipsniai / Articles 35 HARALD BICHlMEIER ... sufijos relacionados entre sí (urindoeuropeo *enḱó- > protogermánico *-inga-, urindoeuropeo *-ṇḱó- > protogermánico *-unga-, etc.) o formas flexivas (cf., por ejemplo, en los temas en n: urindoeuropeo *ṇ > protogermánico *un, urindoeuropeo *en > protogermánico *in, urindoeuropeo *on > protogermánico *an) habían surgido alternancias vocálicas,⁷⁴ que después podían extenderse también a otros casos en los que, etimológicamente, no cabía esperar ablaut o este ni siquiera podía producirse. Así, quizá se formó también secundariamente un *Isurō a partir del protogermánico *Isarō. Naturalmente, esto no puede demostrarse. Otra posibilidad sería considerar si la forma con u no se basa en un antiguo participio perfecto activo. El femenino de este participio, formado a partir de la raíz mencionada arriba, debería reconstruirse como urindoeuropeo nominativo *h₁e-h₁ish₂-us-íh₂, genitivo *h₁e-h₁ish₂-us-iéh₂-s, de donde se esperarían nominativo *e.isusī, genitivo *e.isusiās > nominativo *eisusī, genitivo *eisusiās. Esta forma podría haberse remodelado analógicamente, siguiendo los femeninos más frecuentes con nominativo en *-ā y genitivo en *-ās, como nominativo *eisusā, genitivo *eisusās. Sin embargo, una forma celta (?) de este tipo no puede producir directamente los resultados atestiguados al ser adoptada por el germánico occidental. Puede darse por segura la monoptongación de la sílaba inicial en nominativo *īsusā, genitivo *īsusās. Además, probablemente haya que postular una etapa intermedia latino-romance en el sur de Baviera: en esta etapa el acento se desplazó a la penúltima sílaba, con lo que la sílaba inicial perdió su longitud y la -s- postónica acabó articulándose como [z]. Por tanto, lo más probable es que los germanos que llegaron oyeran el nombre del río como [ˈisu(ː)za] y lo incorporaran a su lengua como [ˈisu(ː)za], donde [z] acabó sometida al rotacismo, dando lugar a la forma atestiguada Isura.⁷⁵ No es posible determinar si las dos formas atestiguadas, Isara y Isura, son formaciones distintas en algún sentido diacrónico y/o diatópico, o si pertenecen, por el contrario, a una misma lengua y etapa cronológica. La primera posibilidad es más probable, pues no es frecuente observar que miembros de un grupo de hablantes nombren, o hayan nombrado, un mismo río mediante derivados diferentes de una misma raíz léxica. Quizá haya que suponer aquí, efectivamente, dos nombres diferentes para un río, derivados de la misma raíz (acuñados, en su caso, en épocas distintas y/o referidos originalmente a diferentes tramos del río), que se conservaron hasta la Alta Edad Media, cuando uno de ellos, precisamente Isara, se impuso. 74 Vgl. dazu auch mit weiteren Beispielen Schaffner 1999: 187f. mit Anm. 205; Casaretto 2000: 218. 75 Si este escenario es correcto, la posibilidad de que el FIN Isura existiera ya en la Antigüedad, planteada por Wolf-Armin Reitzenstein en 2001/2002, no puede ser válida. Según el escenario expuesto arriba, cabría esperar todavía *Isusa. Sin embargo, si la forma Isura tuvo efectivamente esa misma forma ya en la Antigüedad, su estructura morfológica solo podría explicarse por analogía. – A lo sumo, cabría considerar una derivación adjetival secundaria en ro/ā (¿celta continental?) a partir de un tema en u con antiguo ablaut, que probablemente presentaba flexión proterodinámica: *h₁ēish₂-u-, *h₁ish₂-éu-. 36 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge También el estudio aquí presentado sobre el origen etimológico del nombre del Isar y, con él, de nombres de ríos relacionados probablemente habrá mostrado que aún es posible precisar más la derivación exacta de los nombres pertenecientes al estrato más antiguo de nombres de ríos que podemos identificar; al mismo tiempo, sin embargo, vuelven a surgir una y otra vez problemas nuevos, hasta ahora desatendidos o pasados por alto. 3. CONCLUSIÓN Como deberían haber demostrado claramente las consideraciones precedentes, con ayuda de la forma moderna de la lingüística histórico-comparativa se puede ir mucho más allá de los resultados de la «alteuropeística clásica». De lo expuesto se desprenden nuevas preguntas y tareas para la investigación: ¿Pertenecen todos los nombres de la hidronimia alteuropea a una misma lengua o estrato lingüístico? ¿Pertenecen también los distintos nombres de un mismo río siempre al mismo estrato lingüístico? Si es así, a menudo hay que postular formas previas diferentes. Cada una de estas formas distintas debe etimologizarse debidamente, es decir, también debe explicarse por completo en cuanto a su formación léxica. Si puede demostrarse que tales variantes o duplicados de nombres no pertenecen al mismo estrato lingüístico (aunque esta demostración probablemente resulte bastante difícil en cada caso concreto), habría que plantearse hasta qué punto es realmente lícito suponer que los portadores de la hidronimia alteuropea hablaban una lengua unitaria: ¿Estaba el «alteuropeo» dividido en dialectos? Y, de ser así, ¿cómo? Cabría añadir algunas preguntas más sobre los ríos mencionados y sobre la hidronimia alteuropea en su conjunto: ¿Se desarrollaron realmente las lenguas posteriores de la zona de la hidronimia alteuropea a partir de aquel estrato lingüístico? ¿Es posible demostrarlo? Por ahora, esto puede bastar como panorama y estímulo para nuevas investigaciones. Para concluir, retomemos una vez más el comienzo del artículo: una onomástica que estudia la hidronimia alteuropea y que se toma en serio la pregunta «¿Qué significan los nombres?» ya no puede practicarse hoy de manera razonable sin los métodos y modelos de la indoeuropeística moderna: sencillamente, no obtendrá ningún avance relevante del conocimiento. Los avances en este campo solo pueden lograrse con ayuda de la indoeuropeística moderna. La indoeuropeística de preguerra habitual en la «alteuropeística clásica» está superada en todos los aspectos y ha Straipsniai / Articles 37 HARALD BICHLM EIER En las últimas décadas se ha aportado poco que haya obtenido reconocimiento científico general. Además, sus resultados apenas se han basado en etimologías siquiera medianamente completas. Por ello, difícilmente se podrá evitar una nueva revisión de todo el material disponible de la hidronimia paleoeuropea. Solo entonces será posible evaluar de manera definitiva el valor de las investigaciones anteriores. Pues la nueva consideración del material hará tambalearse, naturalmente, también algunas certezas supuestas. En los últimos 50 años, la indogermanística ha avanzado enormemente en todos los ámbitos, mientras que la investigación de la hidronimia paleoeuropea se ha quedado, desde el punto de vista metodológico, en el nivel de entonces. Ha llegado la hora de que este prometedor ámbito de la onomástica recupere el terreno perdido frente a la lingüística histórico-comparativa y vuelva así a ser una disciplina cuyos resultados tampoco puedan pasar por alto los indogermanistas. Esto exige, naturalmente, que los protagonistas de la «paleoeuropeística» estén dispuestos y sean capaces de asimilar precisamente los métodos y contenidos de la indogermanística moderna. Una disciplina que no se renueva y desarrolla continuamente está condenada —más pronto que tarde— a la irrelevancia o a desaparecer. Queda mucho por hacer; todavía hay cientos de preguntas por responder. LITERATURVERZEICHNIS ACS I–III – Holder Alfred: Alt-celtischer Sprachschatz 1–3. Leipzig: Teubner 1896–1907. ANB – Altdeutsches Namenbuch. Die Überlieferung der Ortsnamen in Österreich und Südtirol von den Anfängen bis 1200, bearbeitet von Isolde Hausner, Elisabeth Schuster. Wien: Österreichische Akademie der Wissenschaften 1989ff. Andersen Henning 2009: The Satem Languages of the Indo-European Northwest. First Contacts? – The Indo-European Language Family: Questions about its Status (Journal of Indo-European Studies Monograph Series, No. 55), ed. by Angela Marcantonio. Washington, DC: Institute for the Study of Man 2009, 2: 1–31. Anreiter Peter 2001: Die vorrömischen Namen Pannoniens (Archaeolingua, Series minor 16). Budapest: Archaeolingua Alapítvány. Anreiter Peter 2005: Die Schichtung der Tiroler Gewässernamen. – Gewässernamen in Bayern und Österreich. 3. 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Per pastaruosius 50 metų indoeuropeistikos mokslas visose sferose smarkiai pažengė į priekį, o senosios Europos hidronimijos tyrimo metodika liko tokia pati kaip anuomet. Atėjo laikas šiai perspektyviai onomastikos sričiai įveikti atsilikimą nuo istorinės-lyginamosios kalbotyros ir vėl tapti mokslu, kurio rezultatų neapeitų ir indoeuropeistai. Šitai, suprantama, iš ryškiausių „senosios europeistikos“ atstovų reikalauja pasirengimo ir sugebėjimų perimti šiuolaikinės indoeuropeistikos metodus bei turinį. Mokslas, kuris nuolatos neatsinaujina ir netobulėja, anksčiau ar vėliau bus pasmerktas tapti nereikšmingu ir mirti. Šiame straipsnyje remiantis upių vardų Save, Drau bei Isar ir su jais susijusių vardų pavyzdžiu parodoma, kokios „senosios Europos hidronimijos“ tyrėjų mokslinės išvados dėl minėto atsilikimo tebėra nepastebėtos. 46 Acta Linguistica Lithuanica LXVI Einige ausgewählte Probleme der alteuropäischen Hydronymie aus Sicht der modernen Indogermanistik – Ein Plädoyer für eine neue Sicht auf die Dinge Kažin ar nors kartą iki šiol „senosios europeistikos“ išvados rėmėsi ir kiek išsamesnėmis etimologijomis, kaip tai įprasta indoeuropeistikai, todėl vargu ar bus galima išvengti naujo visos turimos senosios Europos hidronimijos medžiagos tyrimo. Tik tuomet ligšiolinių tyrimų reikšmė galės būti galutinai įvertinta, nes remiantis nauju medžiagos traktavimu, žinoma, bus suabejota ir tariamomis tiesomis. Įteikta 2011 m. gruodžio 19 d. HARALD BICH LMEIER Martin-Luther-Universität Halle-Wittenberg Orientalisches Institut Seminar für Indogermanistik und Allgemeine Sprachwissenschaft Heinrich-und-Thomas-Mann-Str. 26, 06108 Halle (Saale) [email protected] Sächsische Akademie der Wissenschaften Arbeitsstelle Jena Etymologisches Wörterbuch des Althochdeutschen Zwätzengasse 12, 07743 Jena [email protected] Straipsniai / Articles 47