DE VINDICADORAS A VENGADORAS: RESPUESTAS FRENTE A LA VIOLENCIA.
ALGUNOS EJEMPLOS EN DISCURSOS LITERARIOS Y ARTÍSTICOS HISPÁNICOS
Ma ía Jesús Fa iña Bus o
Li e a u a Española e Teo ía da Li e a u a
Uni e sidade de Vigo
[email p o ec ed]
RESUMEN
La ep esen ación de la iolencia con a las muje es es mani ies a an o en la li e a u a española
como en la li e a u a hispanoame icana, aunque son oda ía escasos los abajos c í icos en
elación con el ema. En es a exposición se e lexiona sob e el modo en que es abo dada y
con es ada en algunos ex os de esc i o as, a endiéndose a discu sos na a i os pe o ambién
poé icos y d amá icos y es ableciéndose, en algunos casos, equi alencias con o as
mani es aciones a ís icas. Además, a a és de los ejemplos seleccionados, se p e ende pone
de elie e o mulaciones de dis in o ono, posicionamien o y alcance.
PALABRAS CLAVE
Rep esen ación. Esc i o as españolas e hispanoame icanas. Violencia con a las muje es.
Respues as en e a la iolencia.
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Violencia (la . YLROHQWƱD): 1. Cualidad de iolen o. 2. Acción y e ec o
de iolen a o iolen a se. 3. Acción iolen a o con a el
na u al modo de p ocede . 4. Acción de iola a una muje .1
Comenza é con dos ci as, de dos ex os muy alejados en el iempo, pa a eco da cómo la
conciencia de las muje es sob e la iolencia eje cida con a ellas (con a noso as) u o
exp esión muy emp ana, es deci , que no se a a de un enómeno ac ual, como a eces se
indica, y que ha sido ins i ucionalizada po el sis ema pa ia cal.
La p ime a co esponde a La ciudad de las damas (1405), de C is ina de Pizan (Venecia 1364-h.
1430 monas e io de Poissy), que pone en boca de una de sus p o agonis as las siguien es
palab as:
¡A cuán as muje es podemos e , y ú conoces algunas, que ida C is ina, que po
culpa de la c ueldad de un ma ido desgas an sus idas en desg acia, encadenadas a un
ma imonio donde eciben peo a amien o que las escla as de los mo os! ¡Dios mío,
cómo les pegan, a odas ho as y sin azón! ¡Cuán as humillaciones, a aques, o ensas,
inju ias ienen que aguan a unas muje es leales, sin g i a siquie a pa a pedi ayuda!
(Lib o II, XIII)
La segunda pe enece a Emilia Pa do Bazán2, a alguno de cuyos cuen os me e e i é más
adelan e en es a exposición. Es á ex aída de un a iculo publicado en 1901, en La Ilus ación
A ís ica, de Ba celona, y en ella con é minos absolu amen e cla os y di ec os la esc i o a
apun a a las debilidades de un sis ema que subo dina a las muje es y ha no malizado su mue e
a manos -mayo i a iamen e es así en los po cen ajes- de homb es con los que han es ado o
es án inculadas a ec i amen e:
Siguen a la o den del día los asesina os de muje es. Han ap endido los
c iminales que eso de “la pasión” es una g an de ensa p e enida y que po “la pasión” se
sale a la calle lib e y en paz de Dios, y no se descuidan de e es i de colo es pasionales
sus desahogos muje icidas. […] ¿Pasión? No; codicia, ileza y ba ba ie. [...] La pasión es
noble y es os c iminales muje icidas obedecen a los impulsos más innobles y bajos.3
1Es a de inición y las o as dos que apa ecen en el abajo p oceden del Dicciona io de la Real Academia Española.
Resul a cie amen e ele an e que la en ada iolencia enga como cua a acepción la de “ iola a una muje ”. Es o
signi ica que al menos el 25% de los asgos semán icos del é mino indica po sí mismo iolencia con a las muje es
o, dicho de o o modo, el 25% iene sesgo de géne o. Po el con a io, la en ada iola no ecoge ningún asgo
sexuado emenino: “Tene acceso ca nal con alguien en con a de su olun ad o cuando se halla p i ado de sen ido
o disce nimien o”.
2Además de c eado a de una in ensa y ex ensa ob a na a i a, Emilia Pa do Bazán ue colabo ado a habi ual de
p ensa, siendo nume osos sus a ículos de c í ica li e a ia pe o ambién de e lexión sob e muy di e sos ámbi os de
la cul u a. La p eocupación po la si uación de las muje es den o del sis ema ue uno de los más igo osos. Funda
una Biblio eca de la muje (1892) y edac a ella sola, en su o alidad, la e is a Nue o Tea o C í ico (1891-1893). En
la p ime a, aduce y publica La escla i ud emenina, de John S ua Mill.
3Más adelan e, en el mismo a iculo, a i ma á: “El muje icidio siemp e debie a ep oba se más que el homicidio. ¿No
son los homb es nues os amos, nues os p o ec o es, los ue es, los pode osos? El abuso del pode ¿no es
ci cuns ancia ag a an e? [...] El homb e, en gene al, c ee agamen e que po se homb e iene de echo de ida y
mue e sob e la muje .” (Pa do Bazán, 1999: 263)
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Y si la his o ia de la humanidad ha hecho de la iolencia con a las muje es uno de sus pila es
más unes os, pa ece lógico que la his o ia de sus ep esen aciones se con ie a en
eno memen e e elado . En gene al, los ex os cul u ales, de cualquie índole, ep oducen los
es e eo ipos y la iolencia con a las muje es de mane a mecánica, sin e lexiona sob e sus
e ec os ni sob e sus causas y o aleciendo, en consecuencia, una iolencia simbólica
in e io izada y asimilada a a és de la educación y la socialización.
Cua en a y dos años después de la publicación de Polí ica Sexual (1969), de Ka e Mille , la
cues ión de la ep esen ación de los suje os en los ex os li e a ios y, en lo que concie ne a es a
exposición en pa icula , la de la ep esen ación de la iolencia con a las muje es, sigue
poseyendo especial ele ancia. En ealidad, cualquie análisis de las “imágenes de la muje ”,
como en la p ime a e apa de la c í ica li e a ia eminis a se llama on, oca de una mane a
implíci a o explíci a el ema de la iolencia, pues, cuando no se a a de una iolencia eal, la
iolencia simbólica que sus en a el modelo dico ómico masculino/ emenino (je á quico y
asimé ico, de supe io idad a in e io idad) acaba saliendo a la supe icie, se le conceda o no po
pa e de la c í ica la dimensión que iene, es deci , se la con emple o se la eluda. I is M. Za ala
ecue da la ex ao dina ia impo ancia del es udio de las ep esen aciones haciéndolo pa e de
una eesc i u a del canon4:
No son, en onces, a ea medioc e el es udio de las imágenes de la muje , o el es udio
emá ico así e- o mulado; si e como o mas de inicia y ensancha el análisis a ondo de
las es uc u as cul u ales y sociales que han se ido pa a exclui y silencia , si en pa a
polemiza con lo no ma i o y au o izado como e dad única (Za ala, 1993: 67)
Pocas eces, sin emba go, y desde hace bien poco iempo, se ha en a izado la pe spec i a de
géne o al analiza los ex os li e a ios. Resul a habi ual que los p o agonis as (de cualquie
época: desde la Edad media has a la ac ualidad) sean leídos en é minos de uni e salidad,
como enca naciones de deseos y alo es humanos o como una sue e de suje os ocados po
un des ino que los hace excepcionales. Ejemplo pa adigmá ico se ía la o ma en que la c í ica
ha en en ado a uno de los pe sonajes más señe os de la li e a u a española: el de don Juan.
Una ci a de una His o ia del ea o español, la de F ancisco Ruiz Ramón, c i ico e his o iado
ea al que igu a ecuen emen e en los epe o ios bibliog á icos académicos de Filología
Española, isualiza a la pe ección lo que acabo de comen a ; después de conside a la
di icul ad de de ini la “esencia” de es a igu a, opina:
[…] la ida de don Juan anscu e como un elámpago en e el amo y la mue e, en e
el goce y el cas igo. Amé ico Cas o ha llamado a es e d ama “ enda al e ó ico”. A a és
de odo el d ama c uza el iempo –el iempo i al y el iempo d amá ico, el del pe sonaje y
el de la acción- como una á aga hu acanada […] y de es a doble con igu ación del iempo
su ge el elemen o consus ancial al pe sonaje; don Juan no iene iempo que pe de , don
Juan no puede demo a se […] De […] muje en muje co e don Juan no po que busque a
una muje , ni siquie a a la muje . El don Juan Teno io de Ti so no busca, encuen a. He
Obsé ese el in e és de Pa do Bazán po busca un nomb e adecuado al enómeno del que habla. En o o a ículo,
ambién de La Ilus ación A is ica, usa á el de ginecicidio: “Es p eciso que los ju is as es udien el p oblema del
ginecicidio (¿puede deci se así?”. Tomado de Ruiz Ocaña (2004: 183).
4“Reesc ibi el canon (una de las a eas del eminismo) signi ica analiza es as ep esen aciones, los códigos
maes os que se han in e p e ado como ipi icaciones o modelos de no mas sociales. Signi ica escucha lo dicho y lo
no dicho (empleando é minos baj inianos)” (Za ala, 1993: 67).
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aquí o o aspec o undamen al del pe sonaje de Ti so: no es el homb e que busca,
siemp e, a la muje pa a seduci la, goza la y bu la la, sino el homb e que encuen a,
siemp e, a la muje . (Ruiz Ramón, 2000: 207)
E ec i amen e, la muje , cualquie a que sea (la de e minación o inde e minación del a ículo
pa ece neu aliza se), apa ece á an e don Juan: él es único y enca na esa imposibilidad de
de ene se, la lucha con a el iempo acucian e; ella es múl iple pe o in e cambiable, a pesa de
sus di e en es nomb es y angos, y se cons uye siemp e dispues a a deja se bu la .
F en e a los alo es enca nados po las g andes igu as legi imadas po el pa ia cado como
ep esen an es de lo uni e sal y lo nuclea , ”de lo absolu o”, pa a los suje os emeninos se
ese a, como en la lengua, el ol de lo pa icula , lo ma cado y lo subsidia io. Abo dada con una
pe spec i a de géne o, la his o ia li e a ia es más que elocuen e; en palab as de Lou des O iz:
“La ejación, el es up o, la iolación son emas esencialmen e li e a ios. La muje –co de i o,
íc ima p opicia o ia, inde ensa y a me ced de la ue za b u a o del deseo desa ado- o ma pa e
del magma simbólico de Occiden e” (O iz, 1990: 144).
El pa ia cado ha con i ido sin sob esal os con la iolencia con a las muje es, an o en su o ma
simbólica (po ejemplo, eliminándolas de la his o ia y de odas las his o ias: del a e, de la
li e a u a, de la ciencia, del pensamien o) como en sus mani es aciones eales5y en sus
ep esen aciones a ís icas. La li e a u a egis a cien os y cien os de ejemplos que la c i ica y la
academia han sancionado como g andes monumen os li e a ios y que muy pocas eces han
sido analizados con una pe spec i a desen añado a y desman elado a de los es e eo ipos de
géne o y de la iolencia que és os conlle an y sob e la que se sus en an. Pensemos, po o o
lado, que, en las ocasiones en que se ha o iginado una polémica sob e ex os con es e ipo de
ep esen ación, el males a ha enido desde o o lado, apelándose a la libe ad de c eación y
a gumen ando que és a no iene po qué a ene se a lo “polí icamen e co ec o”. Tend íamos que
empeza a p egun a /nos no sólo sob e los obje i os y el alcance de la ep esen ación, sino
sob e odo de qué libe ad de c eación se habla en es os casos, si no se a a á más bien, y
es ic amen e, po glosa la exp esión empleada en su de ensa, de ep esen aciones
“pa ia calmen e co ec as” o ajus adas a la co ección pa ia cal, a aigadas en su imagina io y
e o zado as de sus alo es y de sus pa áme os.
Me he se ido de es as obse aciones iniciales pa a con ex ualiza los ex os en que quie o
de ene me, pe enecien es a momen os dis in os de la his o ia li e a ia y adsc i os a modalidades
ambién dis in as: na a i a, poé ica y d amá ica. Son, odos, ex os de esc i o as y en odos ellos
la iolencia con a las muje es es en en ada de una o ma e lexi a, ya sea no na u alizándola,
sino concediéndole, po medio de las es a egias discu si as pe inen es, un espacio que impide
que pueda deja de se en endida como al iolencia, pues el oco se coloca di ec amen e sob e
ella; o ya sea con es ándola, a a és, en es e caso, de la ensión y la dis ancia adop adas o del
ipo de acciones y si uaciones seleccionadas.
5Es o explica que cuando se habla de íc imas del e o ismo nunca se menciona a las íc imas del e o ismo de
géne o, que ambién es polí ico; como esc ibe C is ina Pe i Rossi: “las cues iones de géne o son siemp e polí icas
(de echo al su agio, acceso a la uni e sidad, igualdad sala ial, lib e disposición del cue po, epa o p opo cional de
los ca gos públicos…). Incluso los c ímenes ‘domés icos’ o ‘p i ados’ son, en el ondo, polí icos: en la inmensa
mayo ía de ellos lo que es á en juego es la libe ad de la muje , libe ad pa a sepa a se o di o cia se, pa a dispone
de su iempo, pa a se a ada como una pe sona y no como un obje o.” (Pe i Rossi, 2002)
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HABLAN LOS TEXTOS (I)
Vindica (la . indica e): De ende , especialmen e po esc i o, a quien
se halla inju iado, calumniado o injus amen e no ado.
Re o no a Emilia Pa do Pazán. Si en la ape u a de es a exposición me he e e ido a una de sus
colabo aciones en p ensa, me de end é aho a en es de sus nume osos cuen os: “Sin pasión”,
“Las medias ojas” y “El encaje o o”. No son los únicos en los que la esc i o a se hizo eco de la
iolencia con a las muje es; de una u o a o ma, la si uación de los suje os emeninos en la
cul u a pa ia cal a a iesa la mayo pa e de su c eación, mani es ando, de ese modo, su
lucidez y conciencia en elación con el ema.
Recué dese que du an e mucho iempo los asesina os de muje es pe pe ados po ma idos o
aman es ue on de inidos, y con esa desc ipción se in o maba sob e ellos, como c ímenes
pasionales, cons i uyendo es e mo i o un eximen e en la pena, has a el pun o incluso de e i a
la cá cel. A ello aludía Pa do Bazán en la ci a ansc i a al comienzo y a ello dedica ambién el
ela o “Sin pasión”, aunque aquí el asesinado es el ma ido. Un jo en abogado p e ende u iliza el
elemen o pasional como núcleo de su de ensa, encon ándose con la nega i a del acusado, que
insis e en odo lo con a io: si ma ó al ma ido no ue po cues iones sen imen ales (pasionales),
sino po p o ege a la muje de las palizas de aquél. La elucub ación lle ada a cabo po el
abogado ep oduce la mi ada de la cul u a sob e la iolencia de géne o, minimizada como
exp esión de pasión, sea en lo que oca a los ac os del ma ido o del supues o aman e: “El
de enso , el jo en abogado Jacin o Fuen es, se encon aba deso ien ado. Si el mismo de endido
le desba a aba los ecu sos empleados siemp e con an o p o echo…, se acabó: no había
mane a de saca lo absuel o” (266). Y esos ecu sos son p ecisamen e “la cla e amo osa”:
Solo con la cla e amo osa podía el de enso econs ui el d ama lógicamen e. […] El
ma ido, b u o y icioso, desloma a golpes a su muje , acaso po celos. En la casa hay un
homb e que lo p esencia y que es á p endado de la má i . La pasión le exal a […]
empalma la aca y la sepul a una, dos, es eces en el cue po del e dugo. ¿Quién no
hubiese hecho o mismo? ¿Quién, an e el ma i io de una muje que se ama, no se
a oja ía a ma a , ciego, anulada la olun a, sup imido el albed ío, impulsado
i esis iblemen e po la iolencia de la pasión que odo lo a olla? (267)
Así azona el abogado: lo que no en iende, y que la in ención de Pa do Bazán pone delan e de
quienes leen, es que el asesino esponda a una si uación de iolencia (el mal a o) po sí
misma6: “a mí me lle aba el demonio iendo el a o que le daba aquel ío a su muje delan e de
mí” (268). Cie amen e que la espues a es igualmen e iolen a, pe o en ese ex emo se apoya
el alcance de los hechos; el o o ex emo, el más ecuen e, es el silencio y la cegue a, que
ambién p oducen mue es; y, de hecho, es e ex emo se apun a en el ela o: el impu ado lo
exp esa con ela i a na u alidad al conside a que la g a edad adicaba en p oduci se el
mal a o siendo él, y un hijo de ma imonio, es igo: “Que la ma ase allá en su alcoba, malo se á,
pe o nadie ié que me e se; pa a eso e a su seño a. En mi ca a…, e a cosa de a e gonza me”
(268). Es cues ión de e , de ahí la impo ancia de hace pública, de conside a polí ica, una
iolencia que algunos oda ía quie en segui en endiendo como un asun o domés ico, de
pue as aden o.
6Dice el ex o: “Y he aquí que oda la combinación se enía a ie a, y a la poesía del c imen pasional, a dien e,
ípico, sus i uía la p osa de un ulga asesina o” (267)
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T es páginas son su icien es pa a da exp esión a la agedia que acon ece en “Las medias
ojas”, segu amen e uno de los cuen os más conocidos de Pa do Bazán. Den o de un escena io
u al, llda a y su pad e el ío Clodio semejan igu as de un e ablo d amá ico en el que la
iolencia desencadenada po el pad e con a la hija, apenas adolescen e, co a de aíz las
expec a i as de és a, que sueña con un u u o (no sólo mejo , simplemen e un u u o) lejos de la
aldea y de su ascendien e. La sencillez de la ama y la b e edad de su na ación, en luga de
cons i ui un obs áculo, po encian la escena: a la is a de unas medias ojas que Ilda a ha
comp ado con sus aho os, el pad e le pega una paliza que la in alida, al ompe le los dien es y
deja la ciega de un ojo, pa a el iaje que ella enía p e is o: a a esa el océano en busca de
o a ida. No impo an las azones ni los deseos de la adolescen e, ni se le p egun an: el pad e
se limi a a golpea la “b u almen e, a ojándola con a la pa ed” (345)7, no sin an es insinua que
e a una pu a.
Los hechos acon ecen en un espacio in e io . Los mo imien os de en ada de la jo en, al inicio
del ela o (“Cuando la apaza en ó”), y de salida, después de los golpes (“Salió a ue a,
silenciosa, y en el ega o p óximo se la ó la sang e”), enma can los hechos y si úan el mal a o
en el ámbi o p i ado. Aquí no hay es igos. De es e modo, la iolencia, como ha esc i o Jose a
Báez, “no exis e pa a la sociedad que asume la conduc a de su ep esen an e en la amilia y, sin
emba go, es doble y e ible, pues se anula a la pe sona que, inde ensa, es a á obligada a
con i i , a pa i de aho a, con su ag eso ” (Báez, 2002: 178). La p i ación de ine el inal de
Ilda a: sin un dien e, sin is a en un ojo y o os sus sueños. La us ación y la sumisión
cons i uyen su he encia, como su pad e le ecue da (en a izando o as a iables a las que hab ía
que a ende en el ela o, aunque no sea és e el luga ,): “Ya e cansas e de anda descalza de
pie y pie na, como las muje es de bien, ¿eh, condenada? ¿Lle ó medias alguna ez u mad e?”
(346). El colo ojo de las medias asume, en onces, po encima de su ca ác e desc ip i o, el
sen ido simbólico de la iolencia ( oja, como las medias, la sang e en el os o de Ilda a). La
o ma en que la esc i o a elabo a la oz na ado a y el uso que hace de la ocalización se ponen
al se icio del én asis en la iolencia del pad e y la desespe anza de la hija. No hay
dis anciamien o (algo que ha sido conside ado una de iciencia na a i a), queda cla a la posición
en e a los hechos e a ados.
Es des acable el gus o de Pa do Bazán po el uso de obje os que ac úan como de onan es de la
si uación nuclea de una ama. Tan b e e como el an e io , “El encaje o o” p esen a, sin
emba go, un con ex o y un desenlace an agónicos. La escena undamen al se desa olla en un
espacio público y la p o agonis a (que aquí no es una aldeana) adop a un papel ac i o;
empleando é minos ac uales, de empode amien o: dice no y e i a explicaciones de cualquie
ipo. El obje o des acado en el í ulo condensa el momen o en que la p o agonis a, Micaeli a
A ánguiz, sien e ma e ializa se la ama del ca ác e iolen o de su p ome ido. Ella no había
hecho oídos so dos a esa epu ación, pe o nunca has a el día de la boda encon ó un indicio
que la pusie a de mani ies o. Llegado ese momen o, no duda en p onuncia un “No” an e la
p egun a del sace do e que es á celeb ando la ce emonia. La decisión, muy conscien e, esul a
de mayo ascendencia al p oduci se en la si uación y luga en que se p oduce (el día de la
boda, la iglesia, odeada de pe sonas) y sin que medien excusas ni acla aciones. Sólo iempo
después la p o agonis a e ela á las azones a una amiga, la na ado a.
7En odos los casos, el núme o de página que apa ece en e pa én esis as las ci as de los cuen os co esponde a
Pa do Bazán (2007).
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Es e dad que el silencio sob e la causa de su nega i a a casa se impide la e idencia de lo que
su p ome ido esconde; no obs an e, una ez expues a aquella mo i ación, la p o agonis a
adquie e alo de modelo en an o que ha sido capaz de no some e se a un u u o de iolencia
en e is o a a és de un ges o, la mi ada de su p ome ido cuando acciden almen e el encaje del
es ido de no ia se asga. La p o agonis a p e ie e la soledad a una más que p obable ida de
mal a o den o del ma imonio, ins i ución, es sabido, que cons i uía el des ino social de las
muje es, siemp e ela i o a un suje o masculino (pad e, ma ido, he mano, hijo). Pa do Bazán se
posiciona una y o a ez con a el pode de es a idea, sos eniendo y de endiendo la au onomía
de las muje es. En “La educación del homb e y de la muje . Sus elaciones y di e encias” lo
exp esa con i meza: “conside o al amen e dep esi o pa a la dignidad humana, ep esen ada po
la muje an o como po el homb e, el concep o del des ino ela i o, subo dinado al ajeno” (Pa do
Bazán, 1999: 162); en consecuencia, decla a á:
Aspi o, seño es, a que econozcáis que la muje iene des ino p opio; que sus p ime os
debe es na u ales son pa a consigo misma, no ela i os y dependien es de la en idad
mo al de la amilia que en su día pod á cons i ui o no cons i ui ; que su elicidad y
dignidad pe sonal ienen que se el in esencial de su cul u a (ibídem: 169)
En el cuen o, al iempo que se ompe el encaje ( egalo del no io y que había ido pasando en su
amilia de gene ación en gene ación), la p o agonis a ompe con un ciclo p e is o. La esc i o a
ha con emplado una iolencia que no a iende a clase social ni a con ex o, aunque sus
epe cusiones y la espues a en e a ella impliquen pa icula idades dependiendo de una y el
o o: en “Las medias ojas”, la aldea; en “Sin pasión”, la clase abajado a u bana y en “El encaje
o o” la clase media8.
En un con ex o u al, en coincidencia con el de una pa e de los cuen os de Pa do Bazán pe o
muy poco habi ual en la poesía española de las ul imas décadas, Juana Cas o9 aza, en Del
colo de los íos (2000), una his o ia amilia . Esa his o ia comienza con el nacimien o de una
niña que has a la adolescencia se á educada como un a ón; llegado ese momen o, es iolada
po su pad e. Al mal a o se añade aho a la iolencia sexual, que en es e poema io de Juana
Cas o supe pone iolación e inces o. Un yo, el de la p opia hija, e oca la escena a a és de un
discu so apa en emen e obje i o y ca en e de emoción pe o donde odas las o mas se
sob eca gan de signi icado. La igu a pa e na planea desde el mismo í ulo (“Pad e”) y apa ece
des acada en el cue po del poema al ocupa la posición de ima en sus dos ocu encias,
además de, en la segunda de ellas, epe i se al comienzo del e so siguien e como pa e de una
au ología:
PADRE
Es a a de en el campo pia aban las bes ias.
Y yo me quedé quie a, po que pad e
oncaba como cuando,
zagal, do míamos en la e a.
Me i ó sob e el pas o
de un golpe, sin palab as. Y aunque hubie a podido
a sus b azos mi ue za,
8Pa a un ace camien o a o os pe sonajes emeninos de los cuen os de Pa do Bazán éase Ojea Fe nández (2000).
9Poe a co dobesa. Au o a ya de diez poema ios, ha ecibido hace unos días el P emio de la C í ica de Poesía 2011
po su lib o Ca as de ene o.
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no quise e i a lo, po que pad e
e a pad e: él sab ía qué hicie a.
Tampoco du ó mucho.
Y pia aban las bes ias. (Cas o, 2000: 22)
La ausencia de de e minan es pa a el nomb e (“pad e”, a secas, innecesa ia cualquie
de e minación, aunque sea así el uso en el con ex o espacial ec eado en el poema io) y los
e sos p ime o y úl imo del ex o aludiendo a las bes ias enma can el ela o sucin o y ajan e de
los hechos. Sob e la au ología, sin emba go, apoya la hija, en un ges o ápìdo pe o concluyen e
en su exp esi idad, la esponsabilidad é ica del pad e (“po que pad e / e a pad e: él sab ía qué
hicie a”)10.
Cuando la adolescen e se a e e a p egun a po una ci cuns ancia de su ida (y an o la
p egun a como la eacción que desencadena esul an pa adigmá icas del uncionamien o del
pa ia cado) es golpeada de nue o, si uándose la na ación de es e hecho, en el conjun o del
poema io, inmedia amen e después del ex o an e io :
ASCUAS
-Si soy u homb e, pad e, ¿po qué no engo escuela?
Había un uego g ande, de ascuas
espa cidas y colo de na anjas.
En el suelo b illaban los guija os
y un pedazo de noche
se asomaba al pos igo.
Apenas i las igas,
an ápida la mano me sol aba y me asía.
Me o iné oda en e a,
y mojé los calzones y la neg a boñiga.
El silencio y el sueño: nunca supe po qué.
Más g ande que el dolo ue la so p esa.
Mi ía le co aba
con su cue po el paso y la co ea.
Camino de la cuad a, me a día oda la ca a.
Y no e a e güenza. (Cas o, 2000: 23)
Poe a como Cas o, Dionisia Ga cía esc ibe que en Del colo de los íos se si úa a “la muje en
lucha con la ie a, su doblegado y oscu o pasa en las edades” (Ga cía, s/a). Los adje i os son
exp esi os: e ec i amen e, doblegado y oscu o es el anscu i de esos suje os emeninos a
quienes se les concede, sin emba go, odo el p o agonismo en cuan o su expe iencia es
10 Enca nación de la ley pa ia cal, la igu a del pad e eapa ece en algunos poemas de la gua emal eca Regina José
Galindo, a la que me e e i é más adelan e en el cue po de la exposición: “HACE TREINTAISEIS AÑOS / MI PADRE
/ ASESINÓ A GOLPES / LOS SUEÑOS DE MI MADRE. / DESDE ENTONCES / ESTÁ PRESO CUMPLIENDO
CADENA PERPETUA / INCONMUTABLE” (sic) (Á ila, 2004: 284).
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comunicada en p ime a pe sona. La palab a de esos yoes, an o po lo dicho como po lo
callado, o ece, en sus di e sas onalidades, un ejemplo ex ao dina io de o aleza, además, sin
duda, de cons i ui se en un eje cicio de indicación, incluso sin p e ende lo o, incluso, al ez, de
no se au o-pe cibido como al. A a és de la a ención a los de alles que con igu an el escena io
de cada suceso quedan signi icadas las emociones del suje o poé ico que los ansmi e. Si en
“Pad e” e a el ecue do del pia a de las bes ias lo que enma caba el poema, con as ando ese
sonido con el golpe, “sin palab as” con que el pad e a oja a su hija sob e el pas o, en “Ascuas”
es la is a el sen ido en a izado: uego, colo de na anjas, b illo de los guija os y, en
consonancia con ese a de , el o o, el del sen imien o más ín imo (“me a día oda la ca a. / Y no
e a e güenza”).
Más a de, el u u o p e ijado aslada a ese suje o emenino desde la obediencia al pad e a la
obediencia al ma ido. En onces, la expe iencia del ac o sexual se con apone a la sensualidad
i ida con o o suje o emenino: el place compa ido y el dulce “sabo a sal ia” (“Desnudo”, 24)
con as a con una “espuela i a / cla ándose en mis pie nas” (“Las lla es”, 28). No hay i encia
de sexualidad placen e a11 y un emba azo sucede á a o o. Va ias gene aciones ansmi iendo la
ida al igual que el silencio.
La espi al de la iolencia, que odea, has a a apa , a an as muje es incapaces de adqui i
conciencia sob e ello, es el ema al ededo del cual se a icula Como ú me quie as, ex o ea al
de Pila Zapa a (2009)12. Desde el í ulo, en es e “d ama en cinco cuad os”, de o ma o sencillo,
se ep esen a el cí culo que encie a cada ez con más p esión a la muje mal a ada. La
e ó ica del amo omán ico, des inada exp esamen e a la sujeción los suje os emeninos, ocupa
el p ime a gumen o de jus i icación de Mau o, desc i o en la aco ación de en ada del Cuad o I
como “un homb e ígido”. En una es a egia que des ela el posicionamien o en e a la cues ión
abo dada, la au o a elige una imagen sumamen e g á ica:
MAURO (Le aca icia la mejilla) […] No e en ades conmigo, Somb a mía,
Somb i a, Somb illi a. Lo que pasa es que es oy enamo ado de i.
LAURA ¡Y yo de i! (Va a besa le) (Zapa a, 2009: 12)
Cons i uye la exp esión del deseo del pe sonaje13: que Lau a sea su somb a, lo que signi ica
aleja la de cualquie o o a ec o, de cualquie necesidad o place ue a de su pe sona y su
elación, ene la bajo con ol en odo momen o, aunque la ealidad acaba siendo la con a ia:
que Mau o se con ie e en una somb a ala gadísima pa a Lau a, sospechando
pe manen emen e de sus ges os, de sus ac os, incluso de su isa, e impidiéndole dis u a de la
más mínima au onomía. Pe o Lau a es incapaz de comp ende lo que es á pasando: ni las
11 En “La cuna” se dice: “Es oy encin a, y i o. Me p eñó / igual que a las o ejas. […] y po p ime a ez / me llama
po mi nomb e. / Po que a a se un niño / como su abuelo, dice, / ‘un homb e de e dad / que abaje conmigo’. /
Pe o de noche ca ga / sob e mí su balumba / y se ol ida del hijo. / Se á pa a can a , me digo, mien as ab o / las
pie nas y me esco o / hacia un lado eludiendo / su peso po que duele. / ¿Qué se á lo que sien e?” (Cas o, 2000:
30).
12 Pila Zapa a había abo dado ya es e ema en sus no elas Mea culpa (1997), que ue Mención especial del ju ado
P emio Nadal 1997, y, especialmen e, en La luju ia de las ho as (2006). A una e lexión sob e ambas no elas
dediqué mi a iculo “So e ada iolencia: las imposiciones de la cul u a en la na a i a de Pila Zapa a Bosch” (Fa iña
Bus o, 2009).
13 Incluso más: en sus palab as lo exp esa con el con encimien o de la de inición: “Tú e es sólo mi Somb a, así que
no ienes necesidad ninguna de se in eligen e ¡Pa a eso ya es oy yo!” (Zapa a, 2009: 25). La mayúscula obedece al
hecho de que Somb a es el apela i o con el que Mau o designa a su no ia.
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