UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Más e en Filoso ía y cul u a mode na
Se illa, julio de 2023
Re isión de la noción de “ ex o” de
K is e a desde la pe spec i a abie a po
los juegos de lenguaje wi gens einianos
Hacia una comp ensión au én icamen e in e cul u al
T abajo Fin de Más e
Nicolás Pas o Be dún
Tu o a: P o . Dª Ca la Ca mona Escale a
2
Resumen
Concebida desde la pe spec i a semanalí ica desa ollada po Julia K is e a a pa i de la
segunda mi ad siglo XX, Muje es chinas apa ece como un es udio de ca ác e socio-
his ó ico y an opológico ace ca de la si uación de las muje es chinas bajo el égimen de
Mao Tse- ung. Nues o obje i o es ealiza una lec u a c í ica que no solo si úa el en oque
k is e iano en e al con ex o es uc u alis a de la época, sino que ambién des ela sus
mo i aciones polí icas ma cadas po la c isis de la izquie da ancesa de inales de los
sesen a y po el nacien e eminismo poses uc u alis a. Desde allí se abo dan las c í icas
poscoloniales que señalan el ma cado ca ác e o ien alis a de la ob a, examinadas a su
ez desde he amien as wi gens einianas y de la epis emología social que pe mi en
en a iza su impo ancia y ex ende sus lími es.
Palab as cla e: K is e a, Muje es chinas, o ien alismo, Wi gens ein, epis emología
social
Abs ac
Concei ed om he semanaly ic pe spec i e de eloped by Julia K is e a om he second
hal o he 20 h cen u y, Chinese Women is a socio-his o ical and an h opological s udy
o he si ua ion o Chinese women unde Mao Tse- ung's egime. Ou aim is o p o ide a
c i ical eading ha no only si ua es K is e a's esea ch wi hin he s uc u al con ex o
he ime, bu also e eals i s poli ical mo i a ions, cha ac e ised by he c isis o he F ench
le in he la e 1960s and Pos -s uc u al Feminism. Combining ools om Wi gens ein’s
philosophy and social epis emology, i add esses pos colonial c i icisms ha d aw
a en ion o he ou s anding o ien alis cha ac e o he wo k, which a e in u n examined
wi h a iew o emphasise hei ele ance and ex end hei limi s.
Keywo ds: K is e a, Abou Chinese Women, o ien alism, Wi gens ein, social
epis emology
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Índice
In oducción .................................................................................................................... 4
1. Julia K is e a. La pe spec i a del semanálisis ........................................................ 6
1.1. Conside aciones p elimina es. Delimi ación bibliog á ica y p oyec o ilosó ico . 6
1.2. El semanálisis y el ex o a a és de sus esc i os undamen ales........................... 8
1.2.1. 1968. “La semiología como ciencia de las ideologías”. De la semió ica
ancesa a la semiología so ié ica ............................................................................ 8
1.2.2. 1969. Semeio ikê. El desa ollo del semanálisis .......................................... 11
1.2.3. 1973. El sis ema y el suje o hablan e: del o malismo al psicoanálisis ........ 19
1.2.4. 1974. La Re olución del lenguaje poé ico ................................................... 21
2. Muje es chinas. Psicoanalizando a la o a. ............................................................. 23
2.1. Mayo del 68, escisión y e olución, el eminismo del goce ............................... 24
2.2. Muje es chinas: a la búsqueda de un pasado pe dido en la República Popula ... 26
2.2.1. “Desde es e lado”: el luga desde el que se mi a .......................................... 26
2.2.2. La cho a ep imida: un pasado ma ilineal y ma ilocal ............................... 30
2.2.3. El con ucianismo como ideología pa ia cal ................................................ 33
2.2.4. La emancipación de las muje es bajo el e a o de Mao ............................... 37
3. C í icas emp anas desde el pensamien o decolonial ............................................ 43
4. Juegos de lenguaje. Una elec u a de K is e a desde he amien as
wi gens einianas y de las epis emologías social y del pun o de is a. ..................... 48
4.1. Conocimien o si uado: juegos de lenguaje y o as he amien as wi gens einianas
.................................................................................................................................... 49
4.2. Enca nando a los suje os de los juegos de lenguaje wi gens einianos ............... 55
4.2.1. He amien as de la epis emología del pun o de is a ................................... 56
4.2.2. Injus icia es imonial y p ác ica e nog á ica ................................................. 61
4.2.3. Igno ancia pe niciosa y manejo bibliog á ico .............................................. 66
5. Conclusiones .............................................................................................................. 70
Re e encias .................................................................................................................... 72
4
In oducción
El p esen e abajo nace de un in e és po conec a la noción de “ ex o” desa ollada
po Julia K is e a y la noción de “juego de lenguaje” de Ludwig Wi gens ein. En i ud
de su p e ensión po si ua a los suje os de conocimien o en con ex os conc e os, así como
po sus coincidencias en el conjun o de au o es con a los que cons uyen sus p opues as
–F ege, Russell, Pei ce–, es e abajo su gió como un in en o de sub aya las
concomi ancias en e ambos au o es.
Me ampa aban en es e pun o al menos dos pasajes de la ob a de K is e a en la que la
au o a e ie e explíci amen e a Wi gens ein: en p ime luga , una escue a e e encia al
T ac a us logico-philosophicus –3.3 y 3.318–, en “El engend amien o de la ó mula”
(1968), a p opósi o de una de ensa de la ase, y no ya del signo, como pun o de pa ida
pa a una semió ica que p e ende supe a los lími es del es uc u alismo de la época (EF,
p. 95). La segunda, una ci a del pá a o §371 de las In es igaciones ilosó icas, “la esencia
se exp esa en la g amá ica”, en un comen a io p ecisamen e ace ca de la lengua china en
“Moisés, F eud y la China”, un llamamien o al ap endizaje in e cul u al en e Eu opa y
China (MOFECH, P. 595).
Buscando aza un diálogo en el que se en iquecie an mu uamen e, se in uía la
siguien e con e gencia: los juegos de lenguaje wi gens einianos b indan una
ap oximación a los con ex os inmedia os ausen es en la ob a de K is e a, mien as que
K is e a p o ee he amien as de co e ma xis a y eminis a que pe mi en analiza
c í icamen e la g amá ica ope an e en cada juego de lenguaje.
Las páginas que siguen oman, sin emba go, una di ección muy di e en e. A pa i del
análisis de Muje es chinas y sus c í icas poscoloniales, de una lec u a más a en a de la
ob a del segundo Wi gens ein, y de mi amilia ización con la epis emología social, la
cons elación emá ica su ió una ans o mación impo an e. Mi pe spec i a en la
edacción de es e esc i o no ha sido ya la de si ua a K is e a y Wi gens ein en un mismo
cauce, sino la de analiza la p opues a de K is e a desde he amien as wi gens einianas
y de la epis emología social, que c í icamen e pe mi en incidi en sus sesgos o ien alis as.
P ime o, p esen a emos las nociones de semanálisis y ex o de K is e a,
enma cándolas en el es uc u alismo ancés de inales de los sesen a y p incipios de los
se en a. El semanálisis k is e iano apa ece como una eelabo ación de la semió ica clásica
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median e la inco po ación de he amien as ma xis as, psicoanalí icas y lógico-
ma emá icas, que, cues ionando el modelo de acionalidad mode no e ilus ado, se
en ocan hacia la comp ensión de o as cul u as. Nues o obje i o se á escla ece el
en oque elabo ado po K is e a du an e es os p ime os años, que encon a á su aplicación
p ác ica en Muje es chinas.
La segunda pa e del abajo es á dedicada a Muje es chinas, ob a ubicada en el
con ex o de c isis y desc édi o del Pa ido Comunis a F ancés as las p o es as de Mayo
del 68, y del nacien e eminismo poses uc u alis a. La ob a se abo da a endiendo a cua o
aspec os undamen ales: i) la explici ación de K is e a de su p opio pun o de is a, ii) la
hipó esis de la p ehis o ia ma ilocal y ma ilineal china, iii) la c í ica al con ucianismo
como ideología pa ia cal y eudalis a y i ) la si uación de las muje es bajo el gobie no
de Mao Tse- ung. Con ello nos p oponemos conoce amplia y de alladamen e las
cues iones abo dadas en la ob a, señalando su elación con las mo i aciones ilosó icas y
polí icas de K is e a.
La e ce a pa e se ocupa de las c í icas que desde el pensamien o poscolonial se han
e ido con a K is e a, omando como núcleo los esc i os de los años ochen a y no en a,
ya clásicos, de Gaya i Chak a o y Spi ak, Lisa Lowe y Rey Chow. El obje i o de es a
pa e es señala los sesgos y ópicos o ien alis as que concu en en Muje es chinas, y que
debie an se enidos en cuen a en oda ap oximación a la ob a.
En cua o luga , es as c í icas clásicas se abo dan desde la noción de “juego de
lenguaje” del segundo Wi gens ein, desde la que se incide en el ca ác e si uado del
conocimien o. Con odo, asumimos la necesidad de complemen a la pe spec i a
wi gens einiana con he amien as de la epis emología social y del pun o de is a –guiadas
po una conciencia eminis a–, en la medida en que, como señala Ca la Ca mona (2022),
el suje o wi gens einiano con inúa siendo oda ía desenca nado, concebido oda ía como
pu a acción, y sin una iden idad –clase, géne o, aza– explíci a. La inalidad de es a pa e
es p o undiza en el ca ác e o ien alis a de Muje es chinas, en a izando la aigamb e
colonial de sus ecu sos e ó icos, y dilucidando el luga que hoy, desde el con ex o
académico, cabe ocupa en e al esc i o.
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1. Julia K is e a. La pe spec i a del semanálisis
1.1. Conside aciones p elimina es. Delimi ación bibliog á ica y p oyec o
ilosó ico
Dado que el p esen e abajo se en oca hacia un análisis c í ico de Muje es chinas
(1974), únicamen e se án enidos en cuen a los esc i os an e io es a es a echa, acep ando
la p emisa de que en ellos se encuen an los p esupues os me odológicos que K is e a
pond á en eje cicio du an e su iaje a China. Nos ubicamos, así, en lo que la c í ica
con empo ánea ha designado como su p ime pe iodo1, de cla os in es es uc u alis as.
Dada la impo ancia del es uc u alismo pa a K is e a, cabe o ece al menos una
b e e eseña del mismo. En Sexual sub e sions (1989), con ex ualizando la ob a de
K is e a, Elizabe h G osz lo de ine como una pe spec i a en la que “el obje o a es udia
po las ciencias sociales no es á empí icamen e dado […] sino que se a a de un sis ema
la en e en cuyo seno los obje os empí icos encuen an su con ex o” (G osz, 1986, p. 10)2.
Es e “es uc u alismo” se ía el ípicamen e ancés, desa ollado a pa i del Cu so de
lingüís ica gene al de Fe dinand de Saussu e, y que De ek Al idge nos de ine como “un
conjun o de abajos que emplean p incipios omados de Saussu e pa a el análisis
sis emá ico de enómenos cul u ales, polí icos y psicológicos” (Al idge, 2010, p. 71). En
He menéu ica y es uc u alismo (1969), Paul Ricoeu lo desc ibía como “la aplicación de
un modelo lingüís ico a la an opología y a las ciencias humanas en gene al” (Ricoeu ,
1975, p. 37), mien as que sus di e sas mani es aciones –Ma emá icas, Lógica, Física,
Biología, Psicología, Lingüís ica, Es udios Sociales y Filoso ía– ue on analizadas en
1960 po Jean Piage en El es uc u alismo (Piage , 1995). Lubomí Doležel ha señalado
que el é mino iene su génesis en el con ex o del Cí culo de P aga y, conc e amen e, en
la ob a de Roman Jakobson –in luido po Saussu e–, quien hab ía u ilizado el é mino
po p ime a ez en 1929 pa a designa un en oque me odológico desde el que los
enómenos se abo dan “no como una aglome ación de elemen os, sino como un odo
1 To il Moi echa el inal de es e p ime pe iodo en 1974, con la publicación de su esis doc o al, La
Re olución del lenguaje poé ico, en la que se obse a un desplazamien o hacia el psicoanálisis, decisi o en
épocas pos e io es (Moi, 1986, p. 7). Elizabe h G osz si úa la línea di iso ia algo más a de, en 1980, con
la publicación de Pode es de la pe e sión, donde “la cues ión del es a u o cien í ico de su abajo pa ece
menos ele an e”, y no se obse a ya una ijación po “la ex acción y o mulación de leyes, eglas,
es uc u as” (G osz, 1989, p. 62)1. Finalmen e, Alan Sokal y Jean B icmon en a izan ambién el ca ác e
es uc u alis a de los esc i os de “los años sesen a y mediados de los se en a”, que “no se pueden llama
p opiamen e pos es uc u alis as” (Sokal & B icmon , 1999, p. 53).
2 La aducción de aquellos ex os de los que no exis e e sión cas ellana es p opia, como en es e caso.
7
es uc u al cuya a ea esencial es la de e ela las leyes in e nas, ya sean ijas o mu ables
de ese sis ema” (Jakobson, 1972, p. 711, como se ci ó en Doležel, 2010, p. 47).
El p oyec o ilosó ico desa ollado po K is e a en es os años se cons i uye como un
diálogo c í ico con los es ánda es de la semió ica de la época, con igu ada en e los
mimb es del es uc u alismo ancés saussu eano. De acue do con Saussu e, la semiología
se ía –pues en su iempo no había sido oda ía desa ollada– “una ciencia que es udie la
ida de los signos en el seno de la ida social”, y que enseña ía “en qué consis en los
signos y cuáles son las leyes que los gobie nan” (Saussu e, 1986, p. 43). De la noción de
“signo” a la que se alude, obje o cen al de las e lexiones de K is e a, cabe señala
p ime amen e que Saussu e explici a su es uc u a dual, pues pone en con ac o, y he aquí
la g an con ibución del au o , no “una cosa y un nomb e, sino un concep o y una imagen
acús ica” (Saussu e, 1986, p. 91). Saussu e explica los dos componen es desde su
con aposición:
La imagen acús ica no es el sonido ma e ial, cosa pu amen e ísica, sino su
huella psíquica, la ep esen ación que de él nos da el es imonio de nues os
sen idos; esa imagen es senso ial, y si llegamos a llama la «ma e ial» es
solamen e en es e sen ido y po oposición al o o é mino de la asociación, el
concep o, gene almen e más abs ac o. (Saussu e, 1986, pp. 91–92)
Pa a Saussu e ambos “es án ín imamen e unidos y se eclaman ecíp ocamen e”
(Saussu e, 1986, p. 92), si bien dicha co elación es siemp e a bi a ia, sin que haya en e
ellos “ elación alguna in e io ” (Saussu e, 1986, p. 93). Saussu e sus i uye las nociones
de “imagen acús ica” y “concep o” po las de “signi ican e” y “signi icado”, poniendo así
sob e la mesa la nomencla u a que de mane a decisi a he eda á el es uc u alismo.
P oponemos conse a la palab a signo pa a designa el conjun o, y
eemplaza concep o e imagen acús ica espec i amen e con signi icado y
signi ican e; es os dos úl imos é minos ienen la en aja de señala la
oposición que los sepa a, sea en e ellos dos, sea del o al de que o man pa e.
(Saussu e, 1986, p. 93)
A modo gene al, cabe pone de elie e que la c í ica de K is e a al modelo saussu eano
es doble. Po un lado, conside ando la semió ica como una disciplina de ca ác e
empí ico, a a de de ec a las limi aciones que en aña la noción de “signo” pa a es udia
de e minados enómenos cul u ales que no se es uc u an con o me su modelo dualis a.
Po o o, busca elabo a un me alenguaje que, ex e no a la concepción saussu eana,
pe mi a modeliza y sis ema iza las p ác icas signi ican es en gene al. Pa a ello, K is e a
emplea undamen almen e cua o ecu sos: he amien as lógico-ma emá icas, el
8
ma e ialismo dialéc ico ma xis a, los apo es de los es udios li e a ios o ien ales y el
psicoanálisis. Finalmen e, cabe añadi que eplan ea de es e modo la semió ica como
disciplina conlle a ambién epensa su obje o, el “ ex o”, que K is e a some e a di e sas
ca ac e izaciones a lo la go de es os esc i os emp anos.
1.2. El semanálisis y el ex o a a és de sus esc i os undamen ales
En el p esen e epíg a e se desa olla á la concepción k is e iana de la semió ica y el
ex o a a és de algunos esc i os undamen ales: “La semiología como ciencia de las
ideologías” (1968), Semeio ikê (1969), “El sis ema y el suje o hablan e” (1973) y La
Re olución del lenguaje poé ico (1974). Aunque en odos ellos puede de ec a se la c í ica
a la pe spec i a saussu eana, p esen an di e gencias conside ables, pues el pensamien o
de K is e a de es a época es oda ía un pensamien o en ánsi o, no asen ado
de ini i amen e.
1.2.1. 1968. “La semiología como ciencia de las ideologías”. De la semió ica
ancesa a la semiología so ié ica
Ampa ándose en las con ibuciones de la semió ica so ié ica –pa a la que ese a el
nomb e de semiología–, en “La semiología como ciencia de las ideologías” (“La
sémiologie comme sciencie des idéologies”) [SCI], K is e a plan ea una p opues a de
eelabo ación de la semió ica ancesa saussu eana. La di e encia adica en la ac i ud
au oc í ica de la p ime a, que in oduce la in e ogación “po el ca ác e mismo del
discu so cien í ico, sus undamen os, sus p esupues os y sus elaciones con la ideología
y la his o ia” (SCI, p. 196). Sob e es e pano ama, K is e a a ibuye a la semiología dos
unciones:
Po un lado, se a a de una “ciencia empí ica que aspi a a pone en modelos las
p ác icas signi ican es con la ayuda de ó mulas lógicas, ma emá icas y lingüís icas”
(SCI, p. 196). K is e a ese a el í ulo de “semió ica” pa a es a p ime a unción (SCI, p.
197), iden i icándola pues con el en oque ancés desa ollado, p incipalmen e, po
Algi das Julius G eimas y sus discípulos (SCI, p. 197). Ello no le impide, sin emba go,
9
des aca el alo de o as ob as y pe spec i as desa olladas en e eno ancés como las
de Roland Ba hes o Jacques De ida (SCI, p. 197).
Po o o lado, la semió ica busca “con e i se en el pun o desde donde se elabo a ía un
discu so nue o que, desde el in e io de la cien i icidad, la enuncia al iempo que denuncia
su eo ía” (SCI, p. 197). K is e a ci a como ejemplos de es a ac i ud c í ica la
“a queología” de Michel Foucaul o las “lógicas” de Phillippe Solle s (SCI, p. 197),
ejemplos de discu so “c í ico y au oc í ico” (SCI, p. 197) en el que “la ciencia oma
conciencia de ella misma” (SCI, p. 198). Pa a es a segunda unción ese a K is e a el
nomb e de “semiología” (SCI, p. 197), auxiliada po dos en oques eó icos con e gen es:
el psicoanálisis, con su “escucha cons an e del signi ican e”, y el ma xismo, “que piensa
los co es de la his o ia y conduce al concep o de una his o ia monumen al” (SCI, p. 197).
Recu i aquí al en oque ma xis a pe mi e inco po a a la semiología una pe spec i a
his ó ica –ausen e en la semió ica ancesa–. La semiología so ié ica piensa “los sis emas
signi ican es den o de su his o icidad”, lle ando a cabo con ello “una en a i a de
con on a la e lexión semió ica con la his o ia” (SCI, p. 199). Aho a bien, la concepción
de his o ia que aquí maneja ha de se p ecisada: no se a a de una his o ia- iempo que
concibe los di e en es momen os his ó icos como elemen os que se suceden linealmen e,
sino de una his o ia-espacio en la que los momen os se conciben como “signi ican es
i educ ibles los unos a los o os, cohabi ando en la misma época o espondiéndose a
a és del iempo” (SCI, p. 199).
G osz ha señalado las eminiscencias hegelianas de es a concepción de la his o ia,
desa ollada a pa i de las lecciones sob e la Fenomenología del espí i u de G. W. F.
Hegel impa idas en e 1933 y 1939 po Alexand e Kojè e, y a las que asis ie on Lacan,
Lé i-S auss, Al husse o Ba hes, odos ellos e e en es di ec os de K is e a (G osz,
1989, p. 2). De es as lecciones –en las que Kojè e concede una impo ancia capi al a la
dialéc ica amo-escla o en el despliegue dialéc ico de la his o ia (G osz, 1989, p. 3)–
he eda K is e a una concepción en la que “se o ja un ínculo di ec o en e la subje i idad
indi idual, ísica y au oconscien e y el desa ollo socio-polí ico, cul u al e his ó ico”
(G osz, 1989, p. 5), de al mane a que el suje o esul a ya siemp e indisociable de su
con ex o.
16
a i ma K is e a, el ex o es “poé ico, li e a io o de o o ipo”. Es ahí, en ese “o o ipo”
(TES, p. 9), donde se esconde la mul iplicidad de o mas y p ác icas a la que aludía
Ca alla o (2003, p. 79). Pe o, además, a endemos ambién, en el pá a o B, a una c í ica
con a la noción de ep esen ación misma. Pa a K is e a, el ex o no debe concebi se ya
como un po ado de sen ido, pues “no se con en a con ep esen a –con signi ica lo
eal” (TES, p. 10). Como apun a G osz, K is e a no en iende el lenguaje como “un me o
sis ema pa a nomb a , e ique a o incluso comunica ”. Es, po el con a io, “el umb al de
odo signi icado y alo posibles” (G osz, 1989, p. 39), y no un medio que po a algo que
le es ex e no o dis in o.
El es udio del ex o, sea cual sea su ipología, implica á ya siemp e pa a K is e a
oma lo desde su ma e ialidad, como “huella sono a que Saussu e e que en uel e al
sen ido”, pe o “que hay que pensa aquí en el sen ido, ambién, que le ha dado el análisis
lacaniano” (TES, p. 9).
Es as líneas esul an aliosas, pues pe mi en a ende a la genealogía de la comp ensión
k is e iana del “ ex o”, ecu iendo a Lacan y, o a ez, a Saussu e. La mención aquí de
Lacan esponde a las in uiciones de 1968 ace ca de la del psicoanálisis pa a comp ende
el papel de los suje os en la p oducción ex ual. G osz incide en el alo que la pe spec i a
lacaniana iene pa a K is e a, pues “enlaza las eo ías de p oduc i idad del lenguaje con
eo ías ace ca de la cons i ución del suje o” (G osz, 1989, p. 40), mien as que Manuel
Asensi Pé ez (2006, p. 144) señala que es e in en o de conjuga el psicoanálisis lacaniano
con el en oque ma e ialis a esul a ca ac e ís ico del g upo Tel Quel en es os años. Po
o o lado, la mención de Saussu e nos lle a a epasa la ambi alen e pos u a de K is e a
espec o de su noción dualis a de signo: a pesa de sus c í icas, K is e a no abandona la
noción de signi ican e, omándola oda ía como he amien a pa a el es udio empí ico.
Finalmen e, el es udio p opues o po K is e a esul a indisociable de la his o ia, de al
modo que es udia el ex o implica es udia su “signi icancia”, es o es, el p oceso his ó ico
a lo la go del cual ienen luga las as o maciones po las que los ex os signi ican,
si uando con ello ambién al suje o que los ecibe. En é minos de la p opia K is e a, la
signi icancia es “ese abajo de di e enciación, es a i icación y con on ación que se
p ac ica en la lengua, y deposi a en la línea del suje o hablan e una cadena signi ica i a
comunica i a y g ama icalmen e es uc u ada” (TES, p. 9).
17
La noción de “signi icancia” gua da es echa elación con la concepción de la his o ia
como espacio, y sob e la que uel e en el pá a o C. Ac ualizando su pe spec i a ma xis a
con la noción de “ ex o”, K is e a se opone a la idea de “la his o ia como un odo lineal”
(TES, p. 15), abogando po una “his o ia es a i icada”, “ empo alidad co ada, ecu si a,
dialéc ica, i educ ible a un único sen ido y o mada po ipos de p ác icas signi ican es
cuya se ie plu al no iene o igen ni in” (TES, p. 15). En an o que ex o, la his o ia
ambién es múl iple e i educ ible, sin ene ampoco un pun o de inicio ni uno de llegada.
En la Pa e II, K is e a abo da la con igu ación de una disciplina enca gada del ex o
–sabemos ya, el semanálisis–, p oblema izando el “de echo a la exis encia de un discu so
que da ía cuen a del uncionamien o ex ual” y buscando “esboza los p ime os in en os
de cons ucción de ese discu so” (TES, p. 21).
En el pá a o A, K is e a de ine de nue o la semió ica como “una ciencia de los
discu sos” (TES, p. 22), exp esión que ya nos esul a amilia . Es en el pá a o B donde
K is e a p o undiza en la cues ión, exponiendo su noción de “semanálisis”, que adquie e
las unciones a ibuidas en 1968 a la semiología so ié ica: se a a de una ciencia c í ica
que, desde el p opio discu so semió ico, some e a cues ionamien o sus p ác icas,
p esupues os y lími es. Median e es e examen c í ico, el semanálisis pe mi e “escapa a
las leyes de la signi icación de los discu sos como sis emas de comunicación” –en oque
de la semió ica clásica–, y así “pensa o os e enos de la signi icancia” (TES, p. 23).
Los pá a os C y D abo dan el ca ác e cien í ico de la semió ica, es udiando su
elación con o as ciencias y su condición como “me alenguaje”. Siguiendo a Saussu e,
K is e a econoce que, siendo la semió ica misma un ex o –pues es una disciplina
his ó icamen e si uada–, no puede aspi a a “una neu alidad o mal semejan e a la de la
axiomá ica pu a, ni incluso a la de la lógica y de la lingüís ica” (TES, p. 24). Aho a bien,
K is e a pe sis e en su conside ación de la semió ica como ciencia, a gumen ando que,
poseyendo “un obje o especí ico: los modos y las leyes de la signi icación (la sociedad,
el pensamien o)” y, elabo ándose “en el c uce de o as ciencias” (TES, p. 25), ella ambién
puede oma “dis ancia eó ica” (TES, p. 25) espec o de su obje o.
La consag ación del es a us cien í ico de la semió ica es posible si, omando esa
dis ancia eó ica pa a consigo misma, lle a a cabo una e lexión c í ica sob e “los
discu sos eó icos de los que o ma pa e” (TES, p. 25). La cien i icidad de la semió ica
18
esidi á pues en su capacidad pa a in es iga se a sí misma, de iniendo una “ac i idad
ilosó ica (en el sen ido kan iano del é mino)” (TES, p. 27), en la medida en que se
in e oga po sus p opias condiciones de posibilidad.
Es as condiciones, ha señalado G osz, “no han de se concebidas como his ó icamen e
in lexibles, sino suscep ibles a ans o maciones diac ónicas” (G osz, 1989, p. 11). Ello
pe mi e a K is e a escapa de ese “esbozo de un ascenden alismo sin suje o” que
Ricoeu encon aba en el Pensamien o sal aje de Lé i-S auss (Ricoeu , 1975, p. 61), y
al que, a i ma á K is e a, se ap oximan algunos semió icos.
Resul a di ícil no de ec a aquí ai es de amilia con la noción de a p io i his ó ico de
Michel Foucaul , a quien K is e a no ci a sin emba go en es e esc i o. De inido en Las
palab as y las cosas (1966) –publicada ya en es as echas– como el “ ondo” o “elemen o
de posi i idad” sob e el que “han podido apa ece las ideas, cons i ui se las ciencias,
e lexiona se las expe iencias en las iloso ías, o ma se las acionalidades” (Foucaul ,
1968, p. 7), la noción de “a p io i his ó ico” pa ece co esponde se con el ipo de
condición que la semió ica debe es udia 7.
Finalmen e, K is e a añade que la semió ica debe ambién lanza su mi ada c í ica
hacia o as disciplinas, en a as de ex ae el “ undamen o cien í ico del ma e ialismo
dialéc ico” (TES, p. 25). A nues o juicio, es a peculia exp esión debe se leída a la luz
de la genealogía al husse iana azada po G osz: desde un en oque ma xis a, Al husse
epiensa la noción de “ideología” como un “e ec o de dis o sión sis emá icamen e
analizable” padecido po la conciencia –noción he edada de Hegel (G osz, 1989, p. 12) –
, u o de “ ep esen aciones de alo es his ó ico-polí icos especí icos al se icio de
in e eses dominan es” (G osz, 1986, p. 14) que in e pelan a los suje os desde su condición
de clase y sus expe iencias i ales (G osz, 1989, p. 12). En la medida en que las ciencias
son ambién p oduc o de la conciencia, ellas se en a ec adas ambién his ó icamen e po
la dis o sión ideológica, de al mane a que, p opone K is e a, la semió ica debe
enca ga se de es udia c í icamen e sus condiciones de posibilidad, uncionando como
una “palanca que guía las ciencias hacia la elabo ación de una gnoseología ma e ialis a”
(TES, p. 27).
7 Las palab as y las cosas es e e enciada en Polylogue (1977), que po su echa de publicación escapa
sin emba go del alcance del p esen e abajo.
19
Con odo, G osz en a iza ambién las p ecisiones de idianas que K is e a ealiza sob e
el en oque al husse iano. F en e a la conside ación de la ideología como un añadido a una
ealidad que oda ía se piensa obje i amen e accesible, De ida mues a “cómo los
p opios é minos, concep os cen ales, mé odos, de iniciones […] es án ya implicados en
las elaciones de pode y dominación” (G osz, 1989, p. 40). En “El ex o ce ado”,
K is e a expone es e ipo de in uiciones de idianas, señalando la dimensión
in ínsecamen e ideológica de odo ex o. Así, «no se a a aho a de una ac i idad
in e p e a i a pos e io al análisis que “explica ía” como “ideológico” lo que p ime o ha
sido “conocido” como “lingüís ico”» (LTC, p. 148).
Finalmen e, K is e a señala ambién las apo aciones que o as disciplinas –sociología,
ma emá icas, psicoanálisis, lingüís ica y lógica (TES, p. 27)– o ecen a la semió ica pa a
su in es igación empí ica: “las ciencias ma emá icas, lógicas y lingüís icas o ecen […]
modelos o males y concep os ope a i os; las ciencias sociales y ilosó icas p ecisan las
coo denadas de sus obje os y si úan el luga de que habla su in es igación” (TES, p. 38).
Los descub imien os ealizados po es as disciplinas pe mi en incidi en el ca ác e
pe manen emen e e isable del p oyec o semanalí ico, que no ha de concebi se como un
“edi icio e minado”, una “enciclopedia gene al de las es uc u as semió icas”, o un
«me alenguaje “ inal”» (TES, p. 28).
El semanálisis desga a la neu alidad sec e a del me alenguaje sup a-
conc e o y supe lógico, y designa a los lenguajes sus ope aciones de ini i as
pa a asigna les el suje o y la his o ia. Pues lejos de compa i el en usiasmo
de la glosemá ica que ma có la "belle époque" de la Razón Sis ema izado a
pe suadida de la uni e salidad de sus ope aciones anscenden ales, el
semanálisis se esien e del esqueb ajamien o eudiano y, en o o plano,
ma xis a, del suje o y de su discu so, y, sin p opone un sis ema uni e sal y
ce ado, o maliza pa a descons ui . (TES, p. 29)
To il Moi incide en la up u a que es o supone en e al es uc u alismo más ígido
(Moi, 1986, p. 2), pues, lejos de cons i ui se como una ed ensada que es á icamen e
aba ca la o alidad de p ác icas signi ican es, el semanálisis mu a y luc úa plás icamen e.
1.2.3. 1973. El sis ema y el suje o hablan e: del o malismo al psicoanálisis
Pasemos aho a a “El sis ema y el suje o hablan e” (“The Sys em and he Speaking
Subjec ”) [SSS] (1973), donde anudando las ideas p esen adas en los esc i os de inales
de los sesen a, K is e a a anza a su ez los pun os cen ales de su esis doc o al, La
20
Re olución del lenguaje poé ico. Con igu ando inalmen e el semanálisis como una
p opues a p opia, K is e a bosqueja en es e ex o su concepción del “suje o”, que, desde
la mi ada psicoanalí ica y ma xis a, se concebi á ya siemp e como enca nado y si uado.
La cues ión del suje o apa ece a aíz de la supe ación de la semió ica adicional y su
lec u a de las p ác icas sociales como “sis emas de signos” –“sign-sys em”–. Aunque
K is e a en a iza la iqueza del “descub imien o especí icamen e semió ico”, es o es, que
las ideologías o p ác icas sociales se encuen an a iculadas como un lenguaje, c i ica el
es a ismo de es a pe spec i a clásica, oda ía apoyada en la concepción dualis a del signo
saussu eano (SSS, p. 25). De nue o, acep a es as p emisas implica es ingi el alcance
del es udio a las p ác icas que se acogen a los pa áme os de acionalidad eu opea, y que
– eco demos la pun ualización de Ca alla o ace ca de la dimensión polí ica del signo
(2003, p. 79)–, “no hacen más que pone se al se icio de los p incipios de cohesión
social” (SSS, p. 26). La eelabo ación de la semió ica mues a una dimensión polí ico-
social, pues, en é minos de K is e a, “no debe pe mi i se que la semió ica se con ie a
en la me a aplicación de un modelo lingüís ico a las p ác icas signi ican es” (SSS, p. 26).
K is e a se dis ancia así de una “ ase de la semiología” que conside a acabada –
“aquella que se ex iende desde Saussu e y Pei ce a la Escuela de P aga y al
es uc u alismo” (SSS, p. 27)–, a anzando hacia una nue a e apa donde el acen o ecae
en el papel del suje o hablan e, comp endiendo el lenguaje como un “ac o lle ado a cabo
po un suje o” (SSS, p. 27).
Es e suje o, sin emba go, no debe se pensado como un “ego ascenden al” de co e
ca esiano y husse liano, “sepa ado de su cue po” (SSS, p. 28), y de hecho acep ado po
algunos lingüis as como Jakobson y Ku oda (SSS, p. 27). Todo lo con a io, el suje o de
K is e a queda iluminado po la pe spec i a psicoanalí ica de F eud y Lacan, po an o
“expues o a ue zas ex añas a la lógica de lo sis emá ico” (SSS, p. 28) y a ec ado po
“p ocesos bio- isiológicos” o “pulsiones” (SSS, p. 28), así como po la pe spec i a
ma xis a, si uado en e “ es icciones sociales (es uc u as amilia es, modos de
p oducción, e c.)” (SSS, p. 29).
La in oducción de he amien as psicoanalí icas y ma xis as, que si úan la eo ía del
signi icado “en una enc ucijada” (SSS, p. 28) no solo obligan a eplan ea la semió ica
como disciplina, sino que sacuden ambién los cimien os de las concepciones de
conocimien o y acionalidad manejadas po la adición eu opea. Además, con es a nue a
21
pe spec i a, K is e a se despide ambién de las he amien as lógico-ma emá icas, que
obse a aho a como p opias de la concepción ascenden al, despegadas, p ecisamen e
po su o malismo, de los con ex os en que se si úan las p ác icas signi ican es (SSS, p.
28). Así, cuando más adelan e habla del semanánalisis como me alenguaje (SSS, p. 30),
lo hace ya lib e del ipo de conside aciones o malis as que p o agonizaban esc i os
an e io es.
Desde es as ans o maciones, que dis ancian de ini i amen e su p opues a de los
en oques semió icos p eceden es, K is e a p opone el é mino “semanálisis” cuyo asgo
dis in i o es la concepción del signi icado, «no como sis ema de signos, sino como un
“p oceso signi ican e”» –“signi ying p ocess”– (SSS, p. 28). Es a noción pe mi e
ac ualiza la noción de “p ác icas semió icas”, englobando ejemplos an he e ogéneos
como la música, la danza o la pin u a (SSS, p. 30). Podemos obse a de nue o el
dinamismo que To il Moi des aca de la p opues a k is e iana (Moi, 1986, p. 2), así como
la di e si icación de obje os de es udio señalada po Ca alla o (2003, p. 79).
En an o que disciplina empí ica, el semanálisis adquie e inalmen e un ma cado
ca ác e psicoanalí ico. A pa i de es e pun o, la comp ensión de las p ác icas
signi ican es –y con ello de las cul u as– queda amizado po el il o del “geno ex o” y
el “ eno ex o”, nociones ya mencionadas en es e esc i o pe o que, como a i ma To il Moi,
solo apa ece án desa olladas en La Re olución del lenguaje poé ico (Moi, 1986, p. 25).
1.2.4. 1974. La Re olución del lenguaje poé ico
Publicada el mismo año en que iaja a China, La Re olución del lenguaje poé ico (“La
Ré olu ion du langage poé ique”) [RLP] (1974) asien a inalmen e las bases del
semanálisis k is e iano, ya indisociable del psicoanálisis. De la ob a nos in e esa, como
a anzábamos, las nociones de “geno ex o” y “ eno ex o”, así como el núcleo común en
que ambas se anudan: la cho a.
En “El sis ema y el suje o hablan e”, K is e a concibe el “geno ex o” como “la
libe ación y a iculación de impulsos coa ados po el código social”, mien as que el
eno ex o e ie e al “sis ema signi ican e al y como apa ece an e una in uición
enomenológica” (SSS, p. 28). El geno ex o ha de concebi se, así, como aquello que,
inconscien e –pe o no po ello ajeno a la mediación sociocul u al– subyace a las p ác icas
22
signi ican es que cons i uyen el eno ex o, explíci o, legible y analizable. En é minos de
Noelle McA ee, el geno ex o e ie e a “la mo ilidad en e palab as”, siendo, en una
exp esión casi pa adójica “el signi icado po encialmen e dis up i o que no es oda ía
signi icado que subyace al ex o”. Po su pa e, el eno ex o in oluc a ya una sin axis y
una semán ica bien de inidas, con o mando el “me o lenguaje” que unciona en el
in e cambio sociocul u al (McA ee, 2004, p. 24).
Las nociones de “geno ex o” y “ eno ex o” son más ampliamen e desa olladas en el
capí ulo duodécimo de La Re olución del lenguaje poé ico, en el que se p esupone ya la
noción de cho a y el diálogo con Lacan que pe mea la ob a. Demos pues un b e e odeo.
K is e a emplea el é mino “cho a” – omado del Timeo de Pla ón– pa a designa la
ace a del suje o que, p e io a su en ada en el o den simbólico y sus es uc u as de pode ,
queda oda ía como un en amado de pulsiones, luc uan es e inde e minadas, no
e bales. En é minos de la p opia K is e a, la cho a ha de se pensada como una
“ o alidad no-exp esi a o mada po los impulsos y sus es asis en una mo ilidad que si
bien es mó il ambién es á egulada” (RLP, p. 25), comp endiéndose pues como un
“suje o de un p oceso egulado , que sin emba go di ie e de la ley simbólica” (RLP, p.
26), en an o que es p e io a la misma.
Las nociones de “ley”, “in e cambio” o “ egis o simbólico”, como señala Celia
B i on (2010, p. 279), son omadas po K is e a di ec amen e de la ob a de Lacan, quien
en el Lib o I del Semina io de ine “el in e cambio simbólico” como “lo que incula en e
sí a los se es humanos, o sea la palab a, y en an o al pe mi e iden i ica al suje o” (Lacan,
1981, p. 215). Sean Home , in é p e e de Lacan, as ea los o ígenes de la noción has a el
Cu so de Saussu e, de donde oma la concepción del lenguaje como una cadena de
oposiciones (Home , 2016, pp. 56–63), así como los es udios es uc u alis as de Lé i-
S auss sob e la o ganización social de los g upos humanos (Home , 2016, pp. 54–56).
De inido lo simbólico como “concep o o alizado […] que ma ca el lími e del
uni e so humano” (Home , 2016, p. 65), “o den social y signi ican e que gobie na la
cul u a” (G osz, 1989, p. xxii) o “signi icado como posición del suje o, como es uc u a
y, como ce amien o ideológico” (B i on, 2010, p. 279), es e se con apone al úl imo g an
gi o del pensamien o k is e iano de es e p ime pe iodo: el o den de lo semió ico.
“Modalidad psicosomá ica del p oceso signi ican e” (RLP, pp. 28–29), lo semió ico
e ie e al espacio en que anida la cho a, p e io y opues o a lo simbólico. El o den
23
semió ico y la cho a si en a K is e a pa a sus an i a un espacio que asegu a la libe ad
del suje o –en endida en un sen ido amplio–, ubicándolo ue a de las es uc u as sociales
igen es. Po o o lado, el pelig o del ascenden alismo desapa ece en la medida en que,
co po al y si uada, la cho a es a ec ada, pe o no ap isionada, po dicho o den social.
Desde aquí puede e se aho a cómo geno ex o y eno ex o co esponden al o den de
lo semió ico y lo simbólico, espec i amen e. Como se a i ma en el duodécimo capí ulo,
al geno ex o quedan e e idos “los impulsos, su disposición y su di isión en el cue po,
además del sis ema ecológico y social que odea al cue po” (RLP, p. 86), mien as que el
eno ex o “deno a el lenguaje que si e pa a comunica ”, en endido como “una es uc u a
[…] que obedece a las leyes de la comunicación y p esupone an o un suje o enunciado
como un ecep o ” (RLP, p. 87). El geno ex o comp ende así las pulsiones p opias de lo
semió ico, mien as que el eno ex o a icula el espacio de lo simbólico.
Desde es as coo denadas, es udia una cul u a de iene una cues ión psicoanalí ica, en
la que, an e una p ác ica social dada, cab á di e encia en e la p ác ica p opiamen e dicha
que se ac ualiza socialmen e – eno ex o– y los impulsos que le subyacen –geno ex o–.
Es e es el en oque empleado en Muje es chinas. La cho a adquie e una dimensión
sociohis ó ica, concebida como un me asuje o que K is e a iden i ica con una sociedad
ma ilineal y ma ilocal p ehis ó ica que China hab ía enido a su nacimien o.
Fundamen ada en el equilib io –que no la iden idad– en e los sexos –homb e y muje –
median e el econocimien o de su papel social especí ico, es e ipo de sociedad hab ía
desapa ecido as el desa ollo del con ucianismo –al ededo del año 1000 an es de
nues a e a–. Pe i iendo solo a a és de las ímidas mani es aciones eno ex uales, la
cho a china es aída a la luz po el Pa ido Comunis a de Mao Tse- ung, cuyas e o mas
pa a la emancipación de las muje es se hacen eco de aquel pasado pe dido. China se
con ie e así, an e los ojos occiden ales de K is e a, en una sue e de p omesa,
his ó icamen e mediada y psicoanalí icamen e comp obable, de deses abilización del
pa ia cado capi alis a.
2. Muje es chinas. Psicoanalizando a la o a.
Habiendo eco ido ya la génesis del semanálisis y su paula ino ace camien o al
psicoanálisis, quedamos en disposición de abo da Muje es chinas (“Des Chinoises”)
24
[MC] (1974)8. P oduc o del iaje ealizado en ab il y mayo de 1974 en compañía de o os
miemb os del g upo Tel Quel –Philippe Solle s, Ma celin Pleyne , Roland Ba hes y
F ançois Whal, pe o no Jacques Lacan, quien enuncia ía en úl imo momen o–, Muje es
chinas des aca sob e o as de las piezas p oducidas as el i ine a io po su en oque
eminis a. Rei indicando la necesidad de es udia la si uación de las muje es en su
especi icidad, K is e a ie e su mi ada sob e la signi icación social de lo emenino,
es udiando su elación pola con lo masculino y sus di e sas ans o maciones a aíz de
las e o mas sociales p opugnadas desde el Pa ido Comunis a de China.
An es de accede a Muje es chinas, debemos epa a sin emba go en el con ex o en
que se si úa la ob a. Ma cada po la escisión de Tel Quel del Pa ido Comunis a F ancés
y su gi o hacia el maoísmo, es a es ambién la época en la que despie a en F ancia una
nue a conciencia eminis a de aigamb e pos es uc u alis a, de la que la p opia K is e a
ha sido conside ada a pos e io i como e e en e. Repa a en el con ex o desde el que
K is e a pa e nos pe mi e examina las expec a i as in elec uales y polí icas que guían
su iaje y de e minan su mi ada sob e China.
2.1. Mayo del 68, escisión y e olución, el eminismo del goce
El ace camien o de Tel Quel al maoísmo se agua en el con ex o del desc édi o del
Pa ido Comunis a F ancés, en e inales de los sesen a y p incipios de los se en a. A los
mo i os de descon en o –el es alinismo so ié ico (Lowe, 1991, p. 175), el inmo ilismo
an e los abusos coloniales en A gelia e Indochina (Lowe, 1991, p. 175)– se suma su
nega i a a apoya las p o es as es udian iles de Mayo del 68 (Lowe, 1991, p. 177), a su
ez pe cibidas como un in en o allido de e olución (Lowe, 1991, p. 174).
F en e al PCF y su pe spec i a so ié ica, China, dis anciada ya del comunismo
so ié ico (Asensi Pé ez, 2006, p. 149), apa ece como una “al e na i a al posicionamien o
o odoxo” del PCF (Lowe, 1991, p. 175). Mayo del 68 palidece en e a la Re olución
Cul u al, al pa ece un e dade o p oyec o de e o ma social, y Mao Tse- ung es is o
8 Se ha empleado la aducción de Víc o Golds ein pa a Capi al In elec ual (2016). Con odo, algunos
pasajes han sido co ejados con la edición o iginal ancesa, que se ci a como (MC ).
25
como un líde comp ome ido que no solo apoya la e olución, sino que, de hecho, la
p omue e pe sonalmen e9.
Ha de señala se que el dis anciamien o en e China y la URSS –del que K is e a da á
cuen a en su ob a– ue ya examinado en la época. En Mao y la Re olución China (1965),
el sinólogo chino-canadiense Je ome Ch’ên aludía ya a “la polémica chino-so ié ica”
(Ch’ên, 1968, p. 14). En sus memo ias, Richa d Nixon, en onces p esiden e de los Es ados
Unidos, ecoge una en e is a de 197210 con And é Mal aux en la que el esc i o ancés
eco daba un encuen o con Mao Tse- ung en el que es e había hablado de Rusia como
una amenaza, posicionándola en su discu so jun o con Es ados Unidos:
P egun é a Mal aux ace ca de sus imp esiones sob e Mao. “Hace cinco años”,
dijo, “Mao enía un solo emo : que los ame icanos o los usos, con diez
bombas a ómicas, des uye an los cen os indus iales de China y la
de ol ie an a cincuen a años a ás una ez Mao hubie a mue o”. (Nixon,
1978, p. 557)
Asensi Pé ez ci a la ac u a en e Tel Quel y el PCF en 1971, cuando, du an e la
celeb ación anual del pe iódico L’Humani é, se p ohíbe la publicidad y en a de la ob a
De la Chine, de Ma ia-An onie a Macciocchi (Asensi Pé ez, 2006, p. 147). Pa a en onces
K is e a lle a ya iempo es udiando chino jun o con Phillipe Solle s (Asensi Pé ez, 2006,
pp. 148–149), sín oma de “una iden i icación con la e olución cul u al y polí ica lle ada
a cabo po Mao” (Asensi Pé ez, 2006, p. 149). En p ima e a de 1972, Tel Quel publica
un olumen monog á ico des inado a China, ma cando de ini i amen e su up u a con el
PCF (Asensi Pé ez, 2006, p. 150).
Po o o lado, el pensamien o de K is e a oma aquí una nue a di ección eminis a –
si bien la au o a man end á siemp e una elación complicada con el mo imien o–. Aunque
su a ículo “El iempo de las muje es” no e ía la luz has a 1979, K is e a se in oluc a
en el nacien e eminismo pos es uc u alis a que a lo a en el pano ama ancés –más a de
conocido como “ éminisme de la jouissance”–, p o agonizado po Hélène Cixous y Luce
I iga ay. Pa a es e nue o eminismo, el desa ío consis e en aza un espacio ajeno a las
9 La sinología ha incidido en los es ue zos maoís as po ans o ma la cul u a china, conside ados ya
en los años sesen a como uno de sus asgos dis in i os en e al comunismo so ié ico (Ch’ên, 1968, p. 24).
Desde el pano ama con empo áneo se sub aya que, pa a Mao, las ins i uciones adicionales ue on un signo
de debilidad del que cabía libe a se pa a loga una China “socialis a, iguali a ia y o ien ada hacia el u u o9”
(Eb ey e al., 2009, pp. 458–459). La Re olución Cul u al cons i uye el p oyec o más e iden e en es a
di ección (Holcombe, 2017, p. 365).
10 Siendo que el iaje se p odujo el 17 de eb e o de 1972 (Nixon, 1978, p. 559), podemos ija la
en e is a con Mal aux a inicios de eb e o de ese mismo año.
32
apa ición del pa ia cado, de la p opiedad p i ada y de las clases” (MC, p. 71). Las
ca ac e ís icas comen adas po Zhang pa ecen encaja con la hipó esis de K is e a:
Son las muje es las que jun aban las plan as sal ajes; al cul i a las al ededo
de las casas, in en a on la ag icul u a, lo que les pe mi ió desempeña un
papel social de p ime plano, incluso en polí ica –a i ma la S a. Zhang–. Los
homb es se consag aban a la caza y a la pesca, y luego a la c ía. (MC, p. 72)
En segundo luga , K is e a ecu e a mi os y leyendas chinos que, a su juicio, a es iguan
la exis encia de una sociedad de es as ca ac e ís icas. Lo mi os, ex aídos p incipalmen e
de la ob a de G ane (MC, p. 62), son dos: el p ime o de ellos es la leyenda de Yu el
G ande, quien, as asesina a su muje , hab ía pe o ado las G u as de Longmen pa a
hace lui el Río Ama illo (MC, p. 63). K is e a in e p e a el mi o como una
ep esen ación alegó ica de la ins i ución de la “ iliación pa ilineal” y de la “comunidad
masculina”, a pa i de la exclusión de lo emenino, sac i icado undacionalmen e pa a
posibili a la edi icación del pa ia cado (MC, p. 63). El segundo mi o es el de la diosa
eina Nugua, quien “sin es a en el o igen del Uni e so, lo sal a de un de umbe y c ea la
humanidad al mismo iempo que la esc i u a, jun amen e con su he mano-esposo, el
sobe ano legenda io Fuxi” (MC, p. 63). A ojos de K is e a, el mi o de Nugua expone una
sociedad o igina ia en la que la colabo ación en e homb es y muje es esul a i al pa a
la supe i encia, siendo la esc i u a un me o acceso io pues o al se icio de es e pac o.
K is e a encuen a así en el pensamien o eligioso y adicional chino una
“combina o ia de ma cas opues as (+ y -, cielo y ie a, e c.)” que no ole an je a quías y
que solo se en ienden a a és de su con aposición a mónica (MC, p. 67). Más adelan e,
K is e a se e ie e ambién a “la dupla yin-yang” (MC, p. 75) como p ueba de es a
dualidad a mónica. Desde es a óp ica, la leyenda de Yu ep esen a ía la al e ación de es e
o den a mónico median e la ins au ación del dominio de uno de los elemen os,
conside ado como posi i o, sob e el o o; el mi o de Nugua, la coexis encia simé ica
aho a pe dida.
Finalmen e, K is e a ecu e ambién al análisis de la lengua china. Ampa ándose en
la p emisa psicolingüís ica de que “las a iaciones onales y las en onaciones son las
p ime as dis inciones del lujo sono o que los niños muy jó enes pueden cap a y
ep oduci ” (MC, p. 68), K is e a sos iene que la en ada de los niños y las niñas chinos
en el o den del lenguaje sucede de mane a p ema u a, ya que desde el quin o o sex o mes
pueden di e encia los onos (MC, p. 68). Dada la dependencia con el cue po ma e no
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du an e es a edad emp ana, se ía de las mad es de quienes ap ende ían los onos, de modo
que man ene los se ía un econocimien o de su au o idad. En cuan o a la lengua esc i a,
K is e a de iende que el ca ác e híb ido de los ideog amas, a medio camino en e la le a
y el obje o mismo a se ep esen ado, donde no hay un “co e cla o en e el o den de las
cosas y el o den de los símbolos” (MC, p. 69), eplican una ase p eedípica en la que se
da una “dependencia del con inuo ma e no y socio-na u al” (MC, p. 69).
2.2.3. El con ucianismo como ideología pa ia cal
El capí ulo segundo, «Con ucio, un “comedo de muje es”» es dedicado a la
conside ación del con ucianismo como una ideología pa ia cal. Recupe ando la
a gumen ación con que se iniciaba el capí ulo p eceden e, K is e a a i ma de nue o que
el con ucianismo hab ía ins au ado un nue o modelo amilia pa ilineal y pa ilocal.
En es e nue o modelo, el ma imonio obedece a una exogamia gene alizada simple
que, dada la je a quía pa ia cal, hab ía sido é il pa a el desa ollo de la poligamia. Po
o o lado, la descendencia se designa ía po agnación (MC, pp. 82–83). Es e nue o
esquema hab ía sido “coex ensi o a una sociedad de endencias eudales”, en la medida
en que con él se hab ía pe mi ido no solo el in e cambio de esposas, sino ambién su
comp a, a o eciendo con ello a las clases poseedo as y la es uc u ación de una je a quía
social ígida (MC, p. 82). Pa a el desa ollo de es e capí ulo, nos cen a emos en dos
aspec os: la iliación agná ica y la si uación de la muje a aíz de la pe misión de la
poligamia.
La iliación agná ica –en la que “un homb e puede concede su pa e nidad a un niño
que no es suyo y, al con a io, e i a la a su hijo biológico” (MC, p. 88) – hab ía pe mi ido
desa olla un cul o a la igu a del an epasado, en cuya es ela se con o ma “una
comunidad simbólica (y no ya solamen e sexual, económica o e i o ial)” (MC, p. 85).
Desde es as nue as coo denadas socio amilia es, la au o idad amilia co esponde al
pad e, no an o po su ca ác e de geni o , cuan o po “pe enece al linaje de los
ances os” (MC, p. 87).
K is e a juzga en es e pun o que es p ecisamen e en la idea del ances o donde se
encuen a el o igen del con ucianismo, “ i ualis a del eudalismo” (MC, p. 82), que
encuen a en es a imagen del pad e simbólico “cimien os sólidos pa a la cons i ución de
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una mo al acionalis a con ue e au o idad pa e na y con una eglamen ación je á quica
compleja” (MC, p. 85). Pa a cumpli es e p opósi o, Con ucio diseña un código mo al
basado en “ es se idumb es” –que K is e a expone en el e ce capí ulo–: la p ime a de
ellas es la del gobe nado pa a con el gobe nan e; la segunda, la del hijo hacia el pad e; y,
inalmen e, la e ce a, la de la muje pa a con el homb e (MC, p. 123).
Po o o lado, K is e a conside a que la comp a de esposas es p oduc o de una
sociedad exogámica en la que la elación homb e-muje se encuen a ue emen e
je a quizada. En es e con ex o, las muje es son conside adas desde la in ancia como un
bien de consumo con el que puede come cia se, y cuya educación se en oca hacia es e in
(MC, p. 86).
En es e nue o con ex o pa ia cal, las muje es i en una si uación de op esión en la
que han de en en a se a una c uel disyun i a: con e i se en “nei en” o “humanos pa a
el in e io ”, mad es y esposas “des inadas únicamen e a los abajos de la casa y de la
ep oducción” y pa a las que quedan e adas la lec u a y la esc i u a (MC, p. 90); o
con e i se en co esanas, “chicas de compañía”, a quienes co esponden las a es, la
poesía, la danza y el can o, así como los “place es del cue po” (MC, 91). K is e a ilus a
la si uación en es e pasaje:
Así, con el con ucianismo pa ecen ins au a se dos ba e as que ga an izan la
cohesión de la sociedad eudal: la p ime a es la co ina del do mi o io, la
segunda la esc i u a y el sabe en gene al. Una muje no puede anquea
ambas a la ez: o bien sale del do mi o io y puede econoce lo, pe o como
geni o a, mad e de los hijos del pad e; o bien accede al o den simbólico
(le ada, baila ina, can an e) pe o de ás de la co ina del do mi o io,
compañe a sexual incon esable. (MC, p. 91)
K is e a incide en que es e es además un con ex o p ocli e a la enemis ad en e
muje es: en el seno del ma imonio polígamo, las esposas y concubinas compi en po el
acceso a un pues o de pode que solo co esponde a la p ime a esposa, y con ello “ e lejan
en un mic ocosmos” –la amilia– “las elaciones de ue za en la je a quía masculina”
(MC, p. 92).
Cabe des aca que los in es pa ia cales del con ucianismo ue on señalados po o as
au o as eminis as de la época. En “Women in China: Mao . Con ucius” (1975), Be e ly
Hoope ambién a i ma que “en la China adicional, la muje no enía de echos en
absolu o: e a íc ima del sis ema amilia con uciano en el que la muje e a conside ada
como un se in e io ” (Hoope , 1975, p. 133). Más adelan e, Hoope desc ibe de nue o a
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la amilia con uciana como “pa ia cal” y “au o i a ia”, compa ándola con un “es ado en
minia u a” en el que “la unción de la muje e a p oduci hijos a ones16 pa a pe pe ua
la descendencia masculina” (Hoope , 1975, p. 135). Hoope alude ambién al concie o
de ma imonios, así como al concubina o (Hoope , 1975, p. 133).
La cues ión del luga de la muje en el pensamien o con uciano ha sido ex ensamen e
cubie a po la sinología y los es udios de géne o con empo áneos, que, en líneas
gene ales, ambién dan la azón a K is e a. En un a ículo de ecien e publicación, Jessica
Yang a i ma:
Du an e siglos, las elaciones de géne o chinas es u ie on de inidas po un
sis ema pa ia cal con uciano que deg adaba a las muje es a obje os
he edi a ios que pasaban de pad es a ma idos e hijos, un concep o conocido
como las "T es Obediencias". (Yang, 2022, p. 2)
Yang sos iene que dicho concep o elegó a las muje es “a la inde ensión an o en el
ámbi o público como en el hoga ” (Yang, 2022, p. 3), es imulando ambién p ác icas
lesi as como el endado de pies –sob e el que ol e emos más adelan e–. Desde la
sinología española, Joaquín Bel án An olín insis e ambién en la impo ancia que el
concep o de sangsang ( es guías) u o en el con ucianismo, y según el cual “el
gobe nan e, el pad e y el esposo ienen una au o idad absolu a sob e el gobe nado, el hijo
y la esposa espec i amen e” (Bel án An olín, 2006, p. 78). De es e modo “el discu so
con uciano esponde con su e icacia e in e és a in e eses pa ia cales” (Bel án An olín,
2006, p. 73). Po su pa e, G ego y F ei ag, incide en la iolencia domés ica a la que las
muje es e an habi ualmen e expues as, omadas como “escla as de la amilia polí ica”
que habían de enca ga se de odas las labo es domés icas, p esionadas siemp e pa a
p o ee a la amilia de un hijo a ón pa a pe pe ua el linaje (F ei ag, 2010, p. 163).
Con odo, señala K is e a, oda ía pe i i ían en el con ex o con uciano los ecos de
aquella sociedad ma ilineal y ma ilocal que ponía en pie de igualdad a las muje es y los
homb es, es igio que desde el pa ia cado se busca ep imi con el in de asegu a su
pe pe uidad. Po ejemplo, K is e a señala que una muje puede de eni cabeza de amilia
(MC, p. 93) as la mue e del ma ido, adqui iendo un pode que, concedido po las
es uc u as pa ia cales, e leja su “au o idad pa ia cal, ances al y simbólica” (MC, p.
95). Po o o lado, K is e a pone de elie e el papel ac i o de las muje es en los “cul os
16 En el o iginal, “sons”.
36
o ecidos en los al a es de los ances os”, donde los ances os apa ecen como espí i us
malé icos que solo las muje es pueden apacigua (MC, p. 96).
K is e a incide aquí en el ca ác e peculia del pode ese ado a las muje es en el
sis ema con uciano, pelig oso desde el pun o de is a de la es uc u a que in en a
elega las a la ma ginación: aun con inadas en el hoga y des inadas al abajo
ep oduc i o, a ellas co esponde el debe , y, po an o, el pode , de apacigua a los
ances os.
Desde una pe spec i a psicoanalí ica, K is e a conside a que la p ác ica del endado
de pies obedece a un deseo p o undo de ep imi dicho pode emenino, cons i uyendo
pues la p ác ica signi ican e con que se simboliza el deseo pa ia cal:
Fue za nega i a, a p oximidad de los pode es malé icos y de la mue e, las
muje es ep esen a án, en el sis ema simbólico eudal, aquello que, de la
es uc u a bipola del o den amilia y social, debe se a ajado, e enado,
ma cado con el signo “menos”. Es así como se pod ía in e p e a esa o a
cos umb e eudal que es la mu ilación del pie de la muje . […] Las mad es
dan uel a los dedos del pie de las niñas de menos de 5 años bajo el empeine,
y ap isionan el pie así aplas ado en a ios me os de cin as que impiden Ja
ci culación de la sang e. La ope ación du a de diez a quince años, en
su imien os di ícilmen e imaginables y cuya única ecompensa es que
ans o man a una muje en e iche, solamen e pa a hace de ellas un obje o
amo oso. (MC, pp. 96–97)
Más adelan e, K is e a o ece un comen a io plenamen e eudiano al espec o,
manejando de nue o la idea de una iolencia undado a necesa ia pa a edi ica el
pa ia cado.
Comen ando es a cos umb e de los “pies endados”, F eud e en ella el signo
de la cas ación de la muje […] Si se en iende po “cas ación” la necesidad
de cie a exclusión pa a que un o den socio-simbólico se o me, si no de un
sac i icio, el eco e de una pa e del conjun o pa a que el conjun o se
cons i uya como al, como una alianza homogénea, es in e esan e comp oba
que, pa a la ci ilización china eudal, ese “exceso” se encuen a del lado de
las muje es. (MC, p. 98)
Incidiendo en el alo e ó ico que la sociedad eudal a ibuye al pie endado, K is e a
alude a la compe i i idad que es a p ác ica susci a en e muje es. En el c uel me cado de
las esposas, y, más a de, en el ma imonio polígamo, un pie aco de al deseo pa ia cal
puede con e i se en un eclamo de pode :
No hab á de so p ende que las muje es de odas las clases se some an
ápidamen e a es a egla de o u a: ¿no es la única ocasión de ob ene un
homenaje pe sonal y de hace se econoce , después de an os años de
37
su imien os, po la amilia polí ica que, ue a de la do e apo ada, alaba á los
bellos pequeños pies de la nue a? (MC, p. 97)
Aunque la in e p e ación psicoanalí ica de K is e a no es empleada po la sinología
con empo ánea, exis e un acue do común ace ca del ca ác e op eso de la p ác ica,
ex ensamen e analizada desde la sinología y los es udios de géne o (po ejemplo, c .
F ei ag, 2010, p. 160-163; Hoope , 1975, p. 134; Yang, 2022, p. 3)17.
A pesa de es a p ohibido, en el momen o en que K is e a ealiza su iaje oda ía
i en muje es ancianas cuyos pies, ocul os en su “calzado de e ciopelo neg o, la pa e
an e io pun iaguda, la suela de ca ón” (MC, p. 100), las dela an como íc imas de la
dolo osa p ác ica. Aunque K is e a no o ece o og a ías de los pies desnudos de las
muje es chinas, en la edición ancesa igu a una o og a ía en blanco y neg o – omada
al ededo de 1920– en la que apa ece una anciana muje china con el ipo de calzado que
desc ibe. Sen ada en una silla, posa acompañada po quienes pa ecen se , según el í ulo
de la o og a ía –“T ois géne a ions de Chinoises”– su hija y su nie a, o eciendo al lec o
un es imonio g á ico de la p ác ica aquí comen ada.
2.2.4. La emancipación de las muje es bajo el e a o de Mao
Finalmen e, queda la cues ión de la si uación de las muje es bajo el gobie no del
Pa ido Comunis a de Mao, abo dada en los es úl imos capí ulos –“Socialismo y
eminismo”, “El Pa ido y las muje es”, “La Ley del ma imonio (1950)”–. Aunque
K is e a alo a posi i amen e algunos de los a ances log ados g acias a las polí icas de
Mao –a quien conside a un simpa izan e de la causa eminis a–, en es as páginas se
exponen ambién impo an es inquie udes.
Si bien K is e a ci a la ac uación de algunas “p ime as mili an es de la e olución
bu guesa-nacionalis a-socialis a” –en su mayo ía, “in elec uales su gidas de las capas
acomodadas” educadas en Japón o Eu opa (MC, p. 115)–, la au o a ci a el inicio de la
lucha eminis a china en 1912, en los inicios de la República Bu guesa (1912–1949).
17 En “Pain ul Memo ies o China's Foo binding Su i o s” (2007), Louisa Lim ecoge además los
es imonios de dos muje es, Zhou Guizhen y Wang Li e, ya ancianas, cuyos pies ue on endados du an e
su ju en ud. Ambas explican habe se some ido a la p ác ica debido a la p esión social. Zhou Guizhen a i ma
ambién a epen i se con c eces, dados los impedimen os ísicos su idos (Lim, 2007).
38
Du an e es a p ime a e apa, el “Mo imien o po los de echos de las muje es” –
“nuquan”– (MC, p. 117) esul a indisociable de la “libe ación nacional” y de la “ideología
socialis a” (MC, p. 115), ubicándose como pa e del p oceso de “ ans o mación global
de la sociedad china” de p incipios de siglo (MC, p. 118). In luidas po las “su agis as
occiden ales” y en ocada hacia “la lucha con a una sociedad eudal pa ia cal” (MC, p.
117), las eminis as de es e p ime momen o o man un g an núme o de asociaciones
(MC, p. 117), desde las que eclaman la igualdad de de echos –p incipalmen e, el o o y
la enseñanza supe io –, así como la abolición de ins i uciones eudales como la poligamia
y el come cio de esposas (MC, p. 117).
El mo imien o eminis a e mina de asen a se en China as el es allido de la Segunda
Re olución (1913), momen o a pa i del cual “ninguna e o ma se á posible sin ene los
en cuen a” (MC, p. 118), alcanzando an o a muje es bu guesas como ob e as (MC, p.
120). Es en es a segunda e apa cuando apa ece “un pa ida io de las su agis as,
inespe ado pa a el lec o occiden al” (MC, p. 120): Mao Tse- ung. Du an e su ju en ud,
Mao unda jun o a Cai Hesheng la “Sociedad del es udio del nue o pueblo chino” (1917),
que p opone lucha “con a la p os i ución, el concubina o y los abusos del pode
amilia ”, con el obje i o de “ele a la conciencia de las muje es y alo iza su unción
social, con el obje o de e o ma China y el mundo” (MC, p. 121). A pa i de 1919,
colabo a en la di usión de las ideas eminis as median e la publicación de «una se ie de
a ículos sob e la “condición emenina”» (MC, p. 120) en la Re is a del ío Xiang. En
ellos se posiciona abie amen e en e al con ucianismo, ins ando a las muje es «a lucha
con a “la mo al eudal an opó aga”, con oda la aza humana de la que ellas o man
pa e ( en), y de la que Con ucio las había excluido decla ándolas xiao en (“humanos
in e io es”)» (MC, p. 122).
Du an e es a época, Mao cub e ambién un e ible enómeno que sacude China: la
oleada de suicidios pe pe ados po muje es jó enes que, o zadas a casa se po sus
amilias, encuen an en la mue e la única posible ía de escape18. Mao esc ibe nume osos
a ículos ace ca de dos impac an es casos, el de la S a. Zhao y la jo en Shao Ying –
«“C í ica del suicidio de la S a. Zhao”; o “El mal social y la S a. Zhao”; “Consejo a los
a ones y a las chicas sob e el p oblema del ma imonio”; “El p oblema de la supe s ición
18 Cabe menciona que la ola de suicidios a la que aquí alude K is e a ue ambién ecogida po Be e ly
Hoope , quien desc ibe en su a ículo cómo “innume ables muje es se ahoga on en pozos, lagos y íos pa a
e i a con e i se en esposas o concubinas” (Hoope , 1975, p. 5).
39
en el ma imonio”» (MC, p. 125)–, p osiguiendo en su c í ica a “la coe ción amilia y
social, la ieja mo al con uciana y los a caísmos sociales”, opues os “a la libe ad del
indi iduo y a los de echos de la muje a decidi ace ca de su sue e” (MC, p. 124).
Ya du an e sus años de gobie no, la implicación de Mao en la lucha po la
emancipación de las muje es se sigue in e p e ando desde el an ico uncianismo, que, en
1973 y como pa e de la Re olución Cul u al, da pie a la campaña Pi Lin, Pi Kong –
“C i ique a Lin, c i ique a Con ucio19”–.
En su ob a Una aldea de la china popula (1963), el esc i o sueco Jan My dal o ece
un es imonio que e ela bien la impo ancia que es e ipo de ac uaciones u ie on pa a
las muje es:
Yo enía los pies endados y no podía ni camina . En la an igua sociedad, una
muje no podía c uza el umb al de su casa du an e los es p ime os años de
ma imonio. No eníamos de echo a come sob e el Kang, sino que eníamos
que es a sen adas en un abu e e mien as comíamos y, si mis pad es decidían
casa me con el pe o del pueblo, enía que con o ma me con el pe o del
pueblo. Pe o aho a una puede e al homb e an es de casa se y puede nega se
a la boda si no desea uni se a él. La an igua sociedad e a mala y la nue a
buena. (My dal, 1974, pp. 287–288)
Mao pone ambién en ma cha la Ley del ma imonio (1950), cuyos obje i os son
p incipalmen e dos: “comba i la an igua amilia eudal y p omo e la esponsabilidad de
las muje es” (MC, p. 146). Basada en la in uición ma xis a de que la e o ma de una
sociedad solo puede comenza desde la e o ma de sus bases, la Ley del ma imonio
apa ece como p eámbulo pa a la libe ación del campesinado.
En su A ículo VII, la Ley de ma imonio acaba con la de idea de un “je e de amilia”,
pos ulando que “El ma ido y la muje son compañe os que i en jun os y gozan de un
es a u o igual en la casa” (MC, p. 148). La di e encia en e “ abajo imp oduc i o” y
“ abajo p oduc i o” es bo ada en el A ículo X, “que pos ula que el abajo de la muje
19 Hoope concede ambién impo ancia a la campaña, en a izando su componen e emancipado pa a las
muje es (Hoope , 1975, p. 133), mien as que, desde el con ex o con empo áneo, Jessica Yang concede a
Mao, al menos, habe “a ancado desde sus aíces los alo es chinos adicionales” lesi os pa a las muje es
(Yang, 2022, p. 3), Po su pa e, F ei ag incide en que el endado de pies solo ue p ohibido bajo el gobie no
de Mao –si bien la p ác ica no ue po ello e adicada– (F ei ag, 2010, p. 166). La pe secución de los alo es
con ucianos ue ambién acompañada po la cons ucción de una nue a cul u a “socialis a, iguali a ia y
o ien ada hacia el u u o19” (Eb ey e al., 2009, p. 459), di undida a a és de la p opaganda, las
o ganizaciones colec i as y la supe isión exhaus i a de la educación y los p oduc os cul u ales (Eb ey e
al., 2009, p. 459). En su ob a es imonial La Chine de Mao, el pe iodis a polaco K. S. Ka ol –cuya
ayec o ia i al gua da in e esan es pa ecidos con la de K is e a– ci a como ejemplos las p oducciones
cinema og á icas de ca ác e pedagógico di igidas a los jó enes en ma e ia de igualdad (Ka ol, 1966, pp.
193–194).
40
en el hoga es igual al del homb e a ue a, y que da a la muje un de echo igual al del
homb e sob e la p opiedad amilia ” (MC, p. 150). El A ículo XI econoce el de echo de
las muje es a conse a su apellido, así como el de los niños a oma el apellido ma e no.
El A ículo XVIII p ohíbe al ma ido solici a el di o cio si su muje es á emba azada o ha
dado a luz en un plazo in e io a un año, pe o ga an iza el de echo de la muje a pedi lo
en cualquie caso (MC, pp. 149–150), ci ándose en el A ículo XX “in e és del niño” como
mo i o de e minan e pa a el e edic o en caso de que el ma ido impugne la pe ición de la
esposa (MC, p. 150). La sinología con empo ánea ha señalado ambién la impo ancia
his ó ica de es a ley, cla e en la p omoción de la igualdad de géne o bajo el gobie no
maoís a (Eb ey e al., 2009, p. 459; Holcombe, 2010, pp. 160–161).
Con odo, K is e a pone ambién de mani ies o las limi aciones del p oyec o
legisla i o, que encuen a amplias esis encias, especialmen e en las zonas u ales (MC,
p. 132). En su a ículo de 1975, Hoope sos enía ambién que « oda ía hay en China
homb es que “menosp ecian” y “desp ecian” a las muje es y sigue habiendo muje es que
se conside an in e io es a los homb es» (Hoope , 1975, p. 134). Desde el con ex o
con empo áneo, F ei ag señala como p incipales esis encias a los ma idos, que se
oponían al pago de una compensación mone a ia as el di o cio (F ei ag, 2010, p. 162),
y a los pad es. Habiendo c iado a sus hijas como un bien que pone a la en a llegada la
edad del ma imonio, se oponían a la idea del di o cio, dado que “las hijas no podían
o ece se al mismo p ecio si enían la opción de di o cia se del ma ido en cualquie
momen o” (F ei ag, 2010, p. 162).
K is e a comen a ambién que la educación sexual y ep oduc i a comienza a
p omo e se a pa i de 1956 (MC, p. 154), cuando se di unde una campaña de “planning
amilia ”: se p omue e la es e ilización masculina y emenina y el uso de los mé odos
an iconcep i os – an o “la píldo a” como “los medios mecánicos”–, egula izándose
ambién el abo o –“(que e a p ac icado con bas an e ampli ud en el pasado po medios
p imi i os, en o ma pa alela al in an icidio en los medios pob es)”– (MC, p. 158).
Log os celeb ados en Occiden e, K is e a epa a agudamen e en que es as medidas se
enma can sin emba go en un amplísimo p oceso de e o ma social en el que el Es ado
ac úa «“pa a disminui el consumo de pe sonas no p oduc i as du an e el pe íodo ac ual
de cons ucción del socialismo”» (MC, p. 158). En 1958 comienza el G an Sal o
Adelan e, una ex ensa campaña de colec i ización de los medios de p oducción que
equie e de un aumen o en la mano de ob a. Así, la libe ación de las muje es se supedi a
41
a los in e eses polí ico-económicos del Es ado, pudiendo en ende se especí icamen e
“como una libe ación de la ue za de abajo emenino20” (MC, p. 161).
La sinología con empo ánea con i ma las sospechas de K is e a, coincidiendo en que
algunas de las medidas adop adas du an e es a década obedecen a esa “cons ucción del
socialismo”. Holcombe y F ei ag señalan que la ape u a de comedo es sociales y
gua de ías –y que pod ían en p incipio cons i ui una e i alización de ese modelo de
cuidado comuni a io a ibuido a la sociedad ma ilocal y ma ilineal p ehis ó ica–
obedecen a la necesidad de mano de ob a del G an Sal o Adelan e (F ei ag, 2010, p. 614;
Holcombe, 2017, p. 364).
Finalmen e, K is e a alude a la cues ión de la cons ucción del nue o modelo de muje
china, pa a el que ese a no obs an e un pa ece más bien nega i o. La p omoción de
igualdad en e homb es y muje es se asemeja, a su juicio, a la en ada de las muje es en
las es uc u as simbólicas de pode exis en es, y no a la con igu ación de ese espacio
soñado donde lo emenino apa ece en su especi icidad. A pesa de los bene icios de
medidas como la posibilidad de man ene el apellido p opio, ello no deja de cons i ui una
“ i ilización” o “ alicización” de las muje es (MC, p. 148), del mismo modo en que el
pode os en ado po las abuelas en el pa ia cado con uciano e lejaba sus mismas
es uc u as de pode .
El oco con a el que K is e a ie e sus c í icas en es e pun o es la imagen de las
“muchachas de hie o21” (MC, p. 167), que la sinología con empo ánea nos desc ibe
como «una sue e de “supe woman” china que no solo es buena mad e, esposa y
abajado a, es deci , dedicada y en egada a los demás, sino que además es una buena
socialis a ya que pa icipa en las ac i idades polí icas» (Sáiz López, 2006, p. 210). Yang
(2022, p. 4) ha incidido en la pesada ca ga que hubie on de lle a es as muje es, quienes,
some idas oda ía en el ámbi o p i ado, debían sopo a ca gas iguales a las de los
homb es en el público.
20 La cu si a es mía.
21 El é mino iene su o igen en la ins alación pe olí e a de Daqing, donde, as una se ie de ope aciones
di icul osas, se ins ala en 1960 un p ime pozo, bau izado como “Homb e de hie o”. Más a de, cuando en
1963 una se ie de ca ás o es na u ales a uinan los cul i os de Dazhai, “ ein i és muchachas de 14 a 18
años, odas alumnas del secunda io, […] bajo la di ección de Zhao Sulan, hija de campesinos pob es, y, en
condiciones muy di íciles, disponen uno a uno plan íos de a oz a lo la go de decenas de hec á eas” (MJ, p.
167).
48
4. Juegos de lenguaje. Una elec u a de K is e a desde
he amien as wi gens einianas y de las epis emologías social y
del pun o de is a.
Buscando p o undiza en las c í icas plan eadas a la ob a de Muje es chinas, en lo que
sigue se lle a a cabo un examen del en oque k is e iano y sus sesgos o ien alis as desde
la pe spec i a abie a po los “juegos de lenguaje” de Ludwig Wi gens ein.
Como hemos podido obse a , K is e a demues a a lo la go de su ob a una
p eocupación cons an e po dilucida el luga desde el que el conocimien o es p oducido,
poniendo de elie e la con ex ualización de los suje os en en amados de elaciones
sociales que en Semeio ikê nos e an p esen adas como “ ex o”, y pa a cuyo examen
e minaba de pe ila en “El sis ema y el suje o hablan e” los en oques en ma xis as y
psicoanalí icos. La p ime a pa e de Muje es chinas obedece a es as in uiciones. De una
mane a simila , Wi gens ein incide du an e la segunda e apa de su p oducción
bibliog á ica en el ca ác e si uado de los suje os de conocimien o, pa icipan es de juegos
donde lenguaje y p axis se en e ejen, e elando o mas pa icula es de ida.
A pesa de sus ai es de amilia, exis en impo an es di e gencias que, desde una
pe spec i a wi gens einiana, nos pe mi en incidi en las de iciencias del semanálisis
desa ollado po K is e a. Cen ándonos en los esc i os de su segunda e apa, nos
apoya emos p incipalmen e en In es igaciones ilosó icas [IF] (1953) y Sob e la ce eza
[SC] (1969), que se án acompañadas de Cuade no azul (1933–1934) [CA], Cuade no
ma ón [CM] (1934–1935), Obse aciones a La Rama Do ada de F aze [ORDF] (1967)
y Ze el [Z] (1969).
El ca ác e si uado de los suje os de conocimien o po el que aboga Wi gens ein
equie e, sin emba go, de ma izaciones impo an es. Como pone de elie e Ca la
Ca mona (2022), el suje o wi gens einiano, incluso en la segunda e apa de su
pensamien o, es oda ía un suje o concebido desde mimb es me a ísicos, que, e a ado
como agen e conocedo , pa ece ca ece de iden idad p opia. Ello in isibiliza los espacios
que las pe sonas ocupan den o de los juegos de lenguaje, y con ello, las di e gencias,
po enciales o ac uales, en sus posibilidades de pa icipación debido, po ejemplo, a sus
asgos iden i a ios.
49
A es e espec o, esul an de ayuda las he amien as b indadas po las epis emologías
social y del pun o de is a. De inida ampliamen e como “la in e ogación in e disciplina
po la mi íada de o mas en que los humanos socialmen e adqui imos, c eamos,
cons uimos, ansmi imos, almacenamos, ep esen amos, comp obamos y examinamos
conocimien os, in o maciones, c eencias y juicios” (F icke e al., 2020, p. x i), la
epis emología social se enma ca en el llamado “gi o polí ico de la iloso ía analí ica23”
(Bo donaba-Plou e al., 2022), eniendo po obje o el análisis de con ex os polí icos
conc e os, así como el desa ollo de he amien as de esis encia que o ien an la iloso ía
hacia el ac i ismo (Bo donaba-Plou e al., 2022, 14). Po su pa e, enma cadas en la
epis emología eminis a, las epis emologías del pun o de is a ponen de elie e el modo
en que las iden idades enca nadas po los suje os –y los p ejuicios de géne o, aza o clase
que se les apa ejan– a ec an de e minan emen e a las posibilidades de conocimien o y las
igno ancias de los suje os implicados.
El obje i o de una elec u a como la que p oponemos, y con ello na egamos el cauce
abie o po Pa icia Ube oi, no se á de e mina si las ep esen aciones o ecidas po
K is e a se adecúan a la ealidad his ó ica, «buscando comp ende la “ e dad” del an es
y el después de la muje china a a és del cu so de la e olución» (Ube oi, 1991, p. 388);
sino escla ece los mo imien os in elec uales que subyacen al esc i o pa a analiza cómo
las muje es chinas ue on «“cons uidas” desde el pun o de is a de los obje i os y
au ope cepciones de una co ien e del mo imien o eminis a de Occiden e» (Ube oi,
1991, p. 388).
4.1. Conocimien o si uado: juegos de lenguaje y o as he amien as
wi gens einianas
Como imos, Spi ak acusa a K is e a de man ene una ac i ud na cisis a, en la medida
en que dedica buena pa e de su ob a a elucida cuál es su luga –como ilóso a
pe enecien e a la adición occiden al– median e la obse ación ins umen al de las
muje es chinas, cuya iden idad his ó ica es ca ica u izada (Spi ak, 1981, pp. 158–159).
23 Me ece la pena des aca que, acep ando el diagnós ico de Anna Ga y, Bo donaba e al. señalan como
asgo dis in i o de la escuela ilosó ica analí ica la conside ación de Wi gens ein como una de sus “ igu as
canónicas” (Bo donaba-Plou e al., 2022, p. 5).
50
A nues o juicio, Spi ak alude aquí a dos cues iones que han de se di e enciadas: si
bien es cie o que K is e a simpli ica y manipula a olun ad la his o ia china pa a que
coincida con sus in e eses, no pa ece cla o que la p ime a pa e de la ob a, y en especial
el episodio del pueblo de Huxian, obedezcan al na cisismo. Desde nues a pe spec i a, es
jus o concede que K is e a a a en ese pun o de conduci una explici ación hones a de
su pun o de is a, así como de los p ejuicios que a as a y de los que, al menos aquí, dice
que e desp ende se. En es e sen ido, conside amos que la lec u a de Chow, quien nos
desc ibe Muje es chinas como una c í ica de “las de iciencias epis emológicas de
Occiden e” (Chow, 1991, p. 5) esul a más ace ada.
La noción wi gens einiana de “juego de lenguaje” nos pe mi e a oja luz sob e el ipo
de inquie udes exp esadas po las au o as, en la medida en que nos pe mi e examina no
solo la concepción que K is e a iene de su p opio emplazamien o epis émico, sino
ambién del emplazamien o que concede a las muje es chinas du an e su examen.
En In es igaciones ilosó icas, Wi gens ein nos habla de los juegos de lenguaje como
el “ odo o mado po el lenguaje y las acciones con las que es á en e ejido” (IF §7),
apa eciendo así acompañado el lenguaje po p ác icas no necesa iamen e lingüís icas –y
que, po an o, no debe ían examina se bajo una pe spec i a ex ual, como apun a ía
K is e a–. En é minos de Pe e S. Hacke , es e en oque mani ies a el deseo de
eemplaza la concepción del lenguaje como cálculo y ep esen ación po una concepción
an opológica y e nológica (Hacke , 2015, p. 4).
Hacke cen a su a ención en los pá a os §§18–25. Ilus ando el lenguaje como una
“ ieja ciudad” (IF §18), Wi gens ein imb ica los juegos de lenguaje con la noción de
“ o ma de ida”, “imagina un lenguaje signi ica imagina una o ma de ida” (IF §19),
pe mi iendo concebi el lenguaje como un espacio que habi amos y con el que nos
amilia izamos a a és de la p ác ica. Ca mona ha señalado la o undidad de es e úl imo
pá a o o mulándolo de mane a nega i a, a i mando con ello que “no podemos imagina
un lenguaje sin imagina una o ma de ida” (Ca mona, 2022, p. 13).
Desde es a pe spec i a, se quieb a la concepción del lenguaje como un en amado de
p oposiciones que siguen una o ma gene al, que se componen de suje o y p edicado,
cuyo in es desc ibi , y a las que puede adsc ibi se siemp e un alo de e dad – odas
ellas, esis p e iamen e acep adas en el T ac a us logico-philosophicus, a aíz de la
51
discusión con F ege y Russell24– (Hacke , 2015, pp. 6–7). Con ello, a i ma Hacke ,
Wi gens ein pone de mani ies o que “habla un lenguaje es una ac i idad” (Hacke , 2015,
p. 7), algo que es a i mado casi explíci amen e po el p opio Wi gens ein:
La exp esión “juego de lenguaje” debe pone de elie e aquí que habla el
lenguaje o ma pa e de una ac i idad o de una o ma de ida. (IF §24)
Más adelan e, Wi gens ein insis e de nue o en la mul iplicidad inde e minada de los
juegos de lenguaje, o eciendo nume osos ejemplos de p ác icas en las que el lenguaje es
u ilizado de di e sas mane as (IF §§23–24) 25. Es a inde e minación cons i uye, a juicio
de Michael Te Ha k, el asgo ca ac e ís ico de los juegos de lenguaje (Te Ha k, 1990,
p. 6). En Sob e la ce eza, Wi gens ein incide de nue o en la cues ión, señalando es a
ez su ca ác e diac ónico al a i ma que “el juego de lenguaje cambia con el iempo26”
(SC §256). Es e pá a o nos lle a a eco da esa “ ieja ciudad” de la que hablaba al
comienzo de las In es igaciones, “ma aña de callejas y plazas, de iejas y nue as casas,
y de casas con anexos de di e sos pe íodos” (IF §18).
Es as líneas, al menos po lo p on o, pueden eco da nos a la a i mación k is e iana
según la cual el ex o “no se con en a con ep esen a –con signi ica lo eal” (TES, p.
10) y a su deseo de concebi el ex o en una plu alidad de p ác ica signi ican es (SSS, p.
30) si uadas his ó icamen e (SCI, p. 199). Lejos de ap esu a nos a a i ma que ambas
nociones esul an coinciden es, sus ai es de amilia deben in i a nos a de ec a sus
di e gencias.
Es as apa ecen cuando, más adelan e, Wi gens ein a i ma que “el signi icado de una
palab a es su uso en el lenguaje” (IF §43). La idea eapa ece en Sob e la ce eza, cuando
a i ma que “cuando cambian los juegos de lenguaje cambian los concep os y, con es os,
24 En el T ac a us, Wi gens ein nos habla del lenguaje como ep esen ación (TLP 2.11) o “modelo”
(TLP 2.12), o eciendo una imagen que sus in é p e es de inen como “pin u a de la ealidad” (P ades Celma
& San élix Vida e, 2002. p. 73). Ca la Ca mona ha en a izado el ánsi o no ab up o que exis e en e las
dos e apas del pensamien o wi gens einiano en un a ículo de ecien e publicación cuyo í ulo esul a
especialmen e escla ecedo : «“De lo ijo y lo pe sis en e en e al mo imien o y la mu ación: Del peculia
modo de a on a el deseo de de e minación en el “T ac a us”» (Ca mona, 2021a).
25 IF §23 es ep esen a i o de dicha di e sidad: “Da ó denes y ac ua siguiendo ó denes— Desc ibi
un obje o po su apa iencia o po sus medidas— Fab ica un obje o de acue do con una desc ipción
(dibujo)— Rela a un suceso— Hace conje u as sob e el suceso— Fo ma y comp oba una hipó esis—
P esen a los esul ados de un expe imen o median e ablas y diag amas— In en a una his o ia; y lee la—
Ac ua en ea o— Can a a co o— Adi ina ace ijos— Hace un chis e; con a lo— Resol e un p oblema
de a i mé ica aplicada— T aduci de un lenguaje a o o— Suplica , ag adece , maldeci , saluda , eza —”.
26 En la aducción ci ada puede lee se “el juego del lenguaje cambia con el iempo” (SC §256, el én asis
es mío). No obs an e y pa a espe a el signi icado de la exp esión wi gens einiana, se ha decidido uni ica
la aducción como “juego de lenguaje”.
52
los signi icados de las palab as” (SC §65). Más adelan e en las In es igaciones,
Wi gens ein nos habla de los juegos de lenguaje como con ex os en los que los
“concep os: p oposición, lenguaje, pensamien o, mundo […] han de aplica se” (IF §96).
Es a es la de e minación en a izada po Te Ha k, quien p esen a la noción
wi gens einiana como “campo de aplicaciones” o “con ex os lingüís icos p ima ios de
acue dos de los que las palab as y las exp esiones e bales ob ienen su signi icado” (Te
Ha k, 1990, p. 33). Es a idea apa ece mencionada ambién en Ze el, donde el uso de una
palab a en sus “ci cuns ancias especí icas” esul a indisociable de su co ec o ap endizaje
(Z §§115,116).
En en a los pá a os ci ados, epa ando en la noción de “aplicación” manejada po
Wi gens ein y en el e bo “ob ene 27” empleado po Te Ha k, nos pe mi e de ec a la
adicalidad de IF §43. Desde la pe spec i a wi gens einiana, los signi icados que
a ibuimos a los concep os que manejamos solo son ales en el uso mismo que hacemos
de dichos concep os, cons i uyendo ambos, uso y signi icado, un único momen o
indisociable.
Es a esis puede as ea se has a Cuade no azul, donde a i ma Wi gens ein que, si el
uso se concibe como “la ida del signo”, no ha de ené selo sin emba go como un obje o
ex e no con el que es e coexis e (CA, p. 31). Así, a i ma Wi gens ein, “la ase iene
ida”, ad i iendo sin emba go que ha de escapa se de “la en ación de imagina aquello
que da ida a la ase como algo de una es e a ocul a que acompaña a la ase” (CA, p.
31). La exp esión ida del signo se epi e ambién en Ze el, donde, de mane a simila ,
a i ma Wi gens ein que “el signo iene ida sólo en el sis ema”, es o es, en el juego en
que se usa (Z §146).
Como emos, uso y signi icado cons i uyen un único momen o, de al mane a que, y
con ello cie a el esc i o, “el signi icado de la exp esión depende po comple o de cómo
seguimos usándola” (CA, p. 108). En consecuencia, Wi gens ein incide en Cuade no
ma ón en la necesidad de conside a los juegos de lenguaje como un odo in eg ado, que
no debe descompone se pa a oma sus pa es –los con ex os, las exp esiones–
aisladamen e (CM §I.56). Es a ap eciación nos pe mi e e isa las exp esiones “campo
27 En el inglés o iginal, Te Ha k emplea el e bo “ o de i e”, que podemos aduci como ob ene ,
ex ae o de i a .
53
de aplicaciones” o “con ex os lingüís icos p ima ios de acue dos” empleadas po Te
Ha k, incidiendo de nue o en la o alidad cons i uida po cada juego.
La esis aquí plan eada nos pe mi e supe a el dualismo signi ican e/signi icado con el
que K is e a luchaba en sus p ime os esc i os (1967–1969), y al que, a pesa de su
p opues a de los “p ocesos signi ican es” (1973), no log aba da una espues a cla amen e
sa is ac o ia, en la medida en que quedaba sin escla ece , oda ía, si un análisis de ipo
ex ual, incluso si ija su mi ada en la mul iplicidad ma e ial de las p ác icas, p escinde
de un signi icado que se piensa con apues o al signi ican e.
Finalmen e, nos habla Wi gens ein de los juegos de lenguaje como con ex os donde
los suje os “concue dan en el lenguaje”, que no se concibe ya como me as “opiniones”,
sino como “ o ma de ida” (IF §241). Los suje os que juegan jun os ac ualizan “no sólo
una conco dancia en las de iniciones, sino ambién (po ex año que es o pueda sona )
una conco dancia en los juicios” (IF §242). Con o man pues, en é minos de Hacke , una
“comunidad” en la que exis e un “acue do p o undo e incues ionable ace ca de las eglas
que igen el uso de las exp esiones del lenguaje y qué cuen a como uso co ec o” (Hacke ,
2015, p. 8).
Los acue dos acep ados cons i uyen de es e modo la g amá ica28 que ige los juegos
de lenguaje, y que, ad ie e Julián Ma ades, cabe concebi como “el conjun o de eglas
que igen los múl iples usos de una exp esión” (Ma ades, 2013, p. 129). Es a noción
queda bien iluminada a a és de la concepción wi gens einiana de “ce eza”, que
esponde a aquello que nos pe mi e decidi ace ca de la e dad o alsedad de una
p oposición, y con ello, ace ca de la co ección de su uso en un juego (SC §5).
Wi gens ein se e ie e a las ce ezas como una “imagen del mundo” o “ as ondo” sob e
el que se dis ingue lo e dade o de lo also (SC §94), o como “mi ología” o “ eglas de
juego” que, sin necesidad de se explici adas, pueden ap ende se a a és de la p ác ica
misma (SC §95). La impo ancia de la p axis es en a izada ambién en Ze el: “no puedo
desc ibi la o ma (en gene al) en que ha de usa se una egla, como no sea enseñando,
en enando en el uso de la egla” (Z §318). Desde aquí se e pues que las ce ezas –
28 Wi gens ien menciona po ejemplo de la g amá ica de “sabe ”, “pode ” o “se capaz” (IF §150),
“ajus a ” y “en ende ” (IF §182), “signi ica ” (IF §187), “segui una egla” (IF §199) o “dolo ” (IF §257).
En el Cuade no ma ón apa ecen ambién el ejemplo de la “ egla” (CM §41) y el de “pode ” o “se capaz”
(CM §43).
54
omadas wi gens einianamen e– con o man el ejido de ese acue do p o undo que
subyace a los juegos de lenguaje.
Las ce ezas y su g amá ica, no han de pensa se, con odo, como un undamen o
inamo ible, ijo y pe sis en e, sino an mó iles y di e sas como los p opios juegos de
lenguaje. Como pone de mani ies o Isido o Regue a, si de ellas y su g amá ica depende
“ odo lo que ha de se posible y lo que no”, ellas dependen a su ez de “la p axis social
dia ia y colec i a, de suje os conc e os, que cons i uye los juegos y sus eglas” (Regue a,
2021, p. 55). En é minos del p opio Wi gens ein, “es nues a ac uación la que yace en
el ondo del juego de lenguaje” (SC §204); ac uación, incide de nue o Ca mona, que es
“insepa able del esul ado de cada una de sus aplicaciones” (Ca mona, 2022, p. 13).
De las muchas me á o as empleadas po Wi gens ein pa a e e i se a las ce ezas29,
esul a especialmen e escla ecedo a a es e espec o la me á o a del cauce del ío. “Canal”
que limi a (SC §96), “lecho” sob e el que luye el pensamien o (SC §97) o “ oca” que
cons i uye el “ma gen” del ío (SC §99), nues as ce ezas pueden sin emba go esul a
e osionadas po aquellas “p oposiciones empí icas que no es án solidi icadas y luyen”
(SC §96). De es e modo, se al e a pues la elación en e ambas: “las p oposiciones que
luyen se solidi ican y las sólidas se luidi ican” (SC §96), “el lecho del ío puede
desplaza se” (SC §97). El as ondo sob e el que juzgábamos la e dad y la alsedad, el
canal o lecho que conduce nues o pensamien o, y, en de ini i a, ese acue do p o undo
que o ien a nues a ida, es siemp e pe manen emen e e isable.
Examina la noción de “ce eza” nos pe mi e pues en a iza de nue o el ca ác e
pe manen emen e e isable de los juegos de lenguaje, dado que los acue dos que los
sus en an obedecen ambién a la p axis de quienes de ellos pa icipan. Andy Hamil on ha
incidido en la impo ancia que la “ al a de undamen o” iene en Sob e la ce eza,
a i mando con ello que “nues o sis ema de c eencias es una ed de conexiones en
cons an e e olución de juegos de lenguaje dis in os, aunque in e dependien es”
(Hamil on, 2017, p. 50).
29 En un esc i o ecien e i ulado “Racionalidad débil y animalidad. Un plu alismo e icula con lími es”
(2021), Ángeles J. Pe ona conduce un es udio exhaus i o de las me á o as empleadas po Wi gens ein pa a
ilus a las ce ezas. Además de las ya mencionadas, J. Pe ona esca a o as como la de “má genes” (SC
§88), “ eglas de con ol” (SC §98), “sus a o” (SC §162), “nido” (SC §225), “andamiaje” (SC §211) o “ejes
de o ación”, “goznes” y “bisag as” (SC §152; 341–342) (Pe ona, 2021, pp. 123–125).
55
4.2. Enca nando a los suje os de los juegos de lenguaje wi gens einianos
Como se puso de elie e en la in oducción, aunque la noción de juego de lenguaje es
aliosa pa a eexamina la ob a de K is e a, la comp ensión wi gens einiana del suje o
con iene oda ía innegables azas me a ísicas que deben eexamina se. Como ya se
an icipó, Ca mona (2022, p. 28) ha pues o de mani ies o el ca ác e oda ía abs ac o y
desenca nado del suje o wi gens einiano incluso en la segunda e apa de su pensamien o.
Concebido como “ac i idad, uso, pensamien o accionado, igu a lógica p oyec ada” –
asgos que no esul an ajenos ampoco al p o agonis a del T ac a us (Ca mona, 2022, p.
14)–, el suje o de las ob as ci adas apa ece como un agen e capaz de pa icipa en juegos,
pe o cuyo nomb e, os o y ele an es asgos iden i a ios nos esul an po en e o
desconocidos. El suje o de las In es igaciones ilosó icas es así un “suje o de-si uado”
(Ca mona, 2022, p. 24), que, si bien se sabe emplazado en juegos, es e a ado oda ía
con una ijeza que se e o ae a los años del T ac a us (Ca mona, 2022, p. 26). Ca mona
llama nues a a ención sob e los adul os y los niños que apa ecen al comienzo de las
In es igaciones (Ca mona, 2022, p. 27), y que nos hacen e que en la ob a “es amos an e
mucha gen e, pe o an e ninguna pe sona en conc e o, po que es amos, en úl ima ins ancia,
an e acciones” (Ca mona, 2022, p. 28).
Es en es e pun o donde nos auxilian las epis emologías social y del pun o de is a –
aguada es a úl ima en especial desde una conciencia eminis a que debe se pues a de
elie e–, que nos pe mi en p ecisamen e plan ea p egun as ace ca de la iden idad de los
suje os in oluc ados en los in e cambios que posibili an la cons ucción del
conocimien o, e elando así su condición, pa a aseando a Ca mona, como pe sonas
conc e as.
Es e en oque pe mi e incidi en la condición de muje occiden al de K is e a como
asgo de e minan e en la esc i u a de Muje es chinas, ineludible en lo que espec a a su
elación con las muje es a quienes in es iga. Desde aquí es posible eexamina las
acusaciones de o ien alismo e idas con a la au o a, y que, an icipando ya las
he amien as que nos disponemos a emplea , oma emos como una injus icia epis émica
que, median e un manejo pe niciosamen e igno an e de la in o mación y un a o injus o
pa a con las in o man es, pe pe úa elaciones de dominación es uc u al.
56
4.2.1. He amien as de la epis emología del pun o de is a
Las implicaciones an opológicas y e nológicas de la noción de juego de lenguaje
ue on pues as de mani ies o po Pe e Winch, quien, a p opósi o de su polémica con
E ans-P i cha d ace ca del pensamien o mágico- eligioso de las sociedades conside adas
p imi i as, a i maba que no es la ealidad la que do a de sen ido al lenguaje, sino que “lo
eal y lo i eal se mani ies an en el sen ido del lenguaje” (Winch, 1991, p. 84). Con ello,
Winch señalaba la necesidad de comp ende las p ác icas que pa a el in es igado esul an
ajenas o ex añas desde su con ex o, comp endiendo cada p ác ica como un juego de
lenguaje que esul a inin eligible si se omi e su conexión con o os juegos de lenguaje
(Winch, 1991, p. 97). Así, cada juego debe oma se como pa e de una o ma de ida solo
en la cual iene sen ido:
Al es udia o as cul u as no sólo podemos ap ende dis in as posibilidades de
hace las cosas, o as écnicas. Es mucho más impo an e que podamos
ap ende o as posibilidades de da le sen ido a la ida humana, di e en es
ideas ace ca de la impo ancia que puede ene pa a alguien el desa ollo de
cie as ac i idades, al a a de con empla el sen ido de su ida como un odo.
(Winch, 1991, p. 97)
Como pone de mani ies o Nicolás Sánchez Du á en un comen a io sob e la polémica,
la pos u a de Winch iene po obje i o comba i el “uni e salismo abs ac o eu océn ico,
conco dando “con un impulso mo al y polí ico an icolonial” (Sánchez Du á, 2015, p. 417)
en el que el in es igado debe cues iona su pun o de is a pa a pode e ec i amen e
comp ende al que se le apa ece como O o.
Es as in uiciones, esbozadas desde la ob a de Wi gens ein, subyacen ambién a la
p opues a de epis emología del pun o de is a, que, en é minos de Donna Ha away, pa e
de “conocimien os pa ciales, localizables y c í icos, que admi en la posibilidad de
conexiones llamadas solida idad en la polí ica” (Ha away, 1995, p. 329).
La p opues a ha sido esumida po Alessand a Tanesini en es esis: en p ime luga ,
la esis del conocimien o si uado, según la cual el conocimien o es á si uado en an o en
cuan o odo conocimien o se basa en e idencias que son más accesibles pa a
de e minadas pe spec i as. En segundo luga , la esis del pun o de is a, que a i ma que
algunas pe spec i as es án epis émicamen e p i ilegiadas en la medida en que, pa iendo
de un espec o in o macional más amplio, o ecen un conocimien o menos pa cial.
Finalmen e, queda la esis de la in e sión, según la cual las pe spec i as de los g upos
socialmen e subo dinados es án epis émicamen e p i ilegiadas en compa ación con los
57
g upos dominan es (Tanesini, 2020, p. 335). Es a úl ima esis en onca con la ob a de
Sand a Ha ding, quien señala que, en sociedades es a i icadas po mo i os iden i a ios –
“ aza, p ocedencia é nica, clase, géne o, sexualidad u o as polí icas que es uc u an la
sociedad” (Ha ding, 1992, p. 442)–, las p opias p e ensiones de obje i idad manejadas
po los g upos dominan es in isibilizan los p opios sesgos, limi ando su capacidad pa a
conoce (Ha ding, 1992, p. 442). Ha ding p opone así “comenza a pensa desde las idas
de los ma ginalizados” (Ha ding, 1992, p. 438), cuyas expe iencias i ales pe mi en
de ec a los sesgos p ejuiciosos ope an es.
La epis emología del pun o de is a es uno de las p incipales en oques de los que
pa icipan las epis emologías eminis as –(po ejemplo, c . Ha ding, 1991; Ha away,
1995)– que, de acue do con Heidi G asswick, es án o ien adas a “expone y comp ende
la impo ancia epis émica del géne o en nues as elaciones sociales” (G asswick, 2020,
p. 295), a endiendo a su elación con o as a iables iden i a ias, como “la aza, la
p ocedencia é nica, la sexualidad, las capacidades co po ales o la clase (po nomb a
algunas)” (G asswick, 2020, p. 295).
Como pudimos obse a , K is e a ealiza en la p ime a pa e de Muje es chinas un
eje cicio de explici ación de las coo denadas desde las que emp ende su in es igación.
Es e eje cicio coincide con los in e eses gene ales de la p opues a de la epis emología del
pun o de is a, pudiendo se omado incluso como un ejemplo de la esis de la in e sión
de Ha ding. Como señala Pa icia Ube oi, es su posición como muje , subal e na po
mo i os de géne o en Occiden e, lo que le pe mi e epa a en la si uación especí ica de
las muje es chinas, en el con ex o de su sociedad.
En gene al, la esc i u a sob e China […] ha acionalizado elaciones de
dominación y some imien o, de líde y di igido, a i mando la supe io idad que
el hablan e me opoli ano se a ibuye a sí mismo. […] Pe o imaginemos que
la hablan e es una muje , conscien e de su posición de sumisión en una
es uc u a de pode basada en el géne o. En ese caso, la hablan e quizá pueda
iden i ica se con la condición de la muje china, ya que su oz subal e na es
aspues a en o a sociedad. (Ube oi, 1991, p. 388)
K is e a a iende así al modo en que las a iables iden i a ias se supe ponen y
en e ejen en la sociedad china, dilucidando con ello el luga especí ico que ocupan las
muje es. En es e sen ido, la ob a de K is e a p e igu a en cie o modo la noción de
“in e seccionalidad” abo dada en el con ex o académico po Kimbe lé W. C enshaw, y
es udiada desde la epis emología social po Pa icia Hill Collins.
64
una “auscul ación” o “con esión” (G iaule, 1933, 8, como se ci ó en Sánchez Du á &
López Sanz, 2010, p. 12), en la que se p esiona al in o man e pa a que esponda:
So p endido de escucha al eu opeo hace alusión a hechos que no ha desc i o,
que quizá haya olun a iamen e ocul ado, igno an e de las deposiciones
hechas po sus cama adas…inquie o po las consecuencias de una men i a
inú il, aunque po o a pa e anquilizado pues o que no iene ya la imp esión
de e ela sino más bien simplemen e de con i ma , el in o mado ab e odas
las pue as de sus conocimien os. (G iaule, 1933, 8, como se ci ó en Sánchez
Du á & López Sanz, 2010, p. 12)
Más a de, G iaule habla ambién de sen a al in o man e “en el banquillo”, es ando el
e nóg a o dispues o a paga “cada una de sus e elaciones” (G iaule, 1993, p. 16. En,
como se ci ó en Sánchez Du á & López Sanz, 2010, p. 12).
En su c í ica a K is e a, Ha o i a i maba que la p oblema icidad de Muje es chinas
no adica en su “uso de la semió ica u o os concep os psicolingüís icos”, sino en la
ipi icación esencialis a de una cul u a o g upo humano (Ha o i, 1994, p. 45). A la luz de
la noción de injus icia es imonial, y sus espinosos pa en escos coloniales, conside amos
que la c í ica de Ha o i puede endu ece se, conside ando el semanálisis k is e iano como
una pe spec i a que aza una elación de dominación con el in e locu o , siendo un
ejemplo del ipo de p ác ica desde las que, en é minos de Sand a Ha ding, “sin impo a
lo bienin encionado que una sea, las elaciones humanas eales con los o os y con el
mundo no son isibles” (Ha ding, 1991, p. 442).
In es igaciones ilosó icas nue amen e nos pe mi en e o za las inquie udes que
e eb an las epis emologías del pun o de is a, ecupe ando la exho ación a mi a , y no
a pensa . El “¡no pienses, sino mi a!” (IF §66) wi gens einiano in i a a bosqueja o a
mane a de mi a ; mane a que no clausu a ya al g upo humano obse ado en las es uc u as
cognosci i as de las que el in es igado p edispone, sino que conduce a si ua se en el
mismo plano que aquellos a quienes se p e ende conoce , cons uyendo el conocimien o
desde la in e acción en los mismos juegos de lenguaje.
Finalmen e, los ejemplos ci ados pueden se leídos desde algunas de las
eelabo aciones que desde la publicación del ex o de F icke se han ealizado sob e el
concep o de injus icia es imonial.
El p ime o de ellos es el acío es imonial –“ es imonial oid”–. Acuñado po Ca la
Ca mona, el acío es imonial iene luga cuando un hablan e p i a a su in e locu o de
una espues a bajo el p ejuicio de que es e “no se á capaz de hace nada epis émicamen e
65
ele an e” con ella (Ca mona, 2021b, p. 577). Cuando se come e un acío es imonial, la
íc ima es ulne ada en su agencia epis émica, dado que se la p i a de pa icipa
ac i amen e del in e cambio (Ca mona, 2021b, p. 578).
Tan o en el caso de Zhang Shu ang como en el caso de Li Fenglan nos encon amos
an e una injus icia es imonial de es e ipo. Desde el p ejuicio colonial de la mino ía de
edad o desde la ac i ud de la analis a que conduce una e apia, K is e a p i a de espues a
a sus in e locu o as, ap o echando u ili a iamen e las in o maciones que es as le o ecen,
pe o negándose a con e i el encuen o en un e dade o diálogo desde el mu uo
econocimien o legí imo de su condición como suje os de conocimien o.
La noción de Ca mona nos pe mi e elee a Spi ak, y a comp ende el calado de su
c í ica a K is e a: “la eminis a académica debe ap ende a ap ende de ellas”, pe o
ambién “a habla con ellas” (Spi ak, 1981, p. 156). Además de acep a las espues as
que le o ece, la in es igado a debe ambién econoce epis émicamen e a su
in e locu o a, cumpliendo así con el “impe a i o de in e acción epis émica” que ya an es
mencionamos (Medina, 2013, p. 7).
La segunda de las he amien as que aquí puede pone se en juego es la noción de
au op oclamado ep esen an e –“sel -appoin ed speaking- o ”– de Alex R. S ee s-
McC um, elabo ada a pa i de la ob a de la ilóso a apache Viola Faye Co do a.
Poniendo de mani ies o sus implicaciones en el e eno an opológico y e nológico,
S ee s-McC um a i ma que “el au op oclamado ep esen an e ocu e cuando un suje o
habla en nomb e o en luga de o o indi iduo o g upo sin su au o ización” (S ee s-
McC um, 2020, p. 241).
Aunque K is e a nomb a e incluye no as biog á icas ace ca de sus in e locu o as que
ayudan al lec o a conoce las y si ua las –supe ando con ello el pelig o del bo ado de la
iden idad de las “in o man es” bajo un núme o iden i ica i o o unas iniciales (Co do a,
2007, p. 42, como se ci ó en S ee s-McC um, 2020, p. 242)–, K is e a ac ualiza el
p ejuicio de que el g upo humano in es igado necesi a se in e p e ado (Co do a, 2007,
p. 41, como se ci ó en S ee s-McC um, 2020, p. 242) po un in es igado que, dé cuen a
co ec amen e o no del g upo humano in es igado, “se á quien se bene icie de habe
hablado” (S ee s-McC um, 2020, p. 246).
A pesa de sus in e enciones, no es a Zhang Shu ang o a Li Fenglan, ni ampoco a
ninguna de las o as muje es chinas en e is adas en la ob a, a quienes escuchamos habla .
66
Po el con a io, sus oces son il adas a a és de los in e eses in elec uales de K is e a,
y ubicadas con ello en un ma co in e p e a i o conc e o desde el que se las do a de una
inalidad de e minada.
4.2.3. Igno ancia pe niciosa y manejo bibliog á ico
Finalmen e, poniendo de nue o de elie e las iden idades de los suje os in oluc ados
en Muje es chinas, analiza emos el manejo bibliog á ico desde el que K is e a o ien a su
iaje median e el concep o de “igno ancia pe niciosa” de Linda Ma ín Alco (2007).
En su a ículo, Spi ak denunciaba el insu icien e bagaje bibliog á ico de K is e a,
a i mando que pa a de ende su esis de la sociedad ma ilineal y ma ilocal p ehis ó ica,
empleaba an solo “dos lib os de Ma cel G ane que da an de los años ein e y ein a
[…], así como el lib o gene al de Lé i-S auss ace ca de las es uc u as elemen ales del
pa en esco” (Spi ak, 1981, p. 159). Aunque no es alsa, la acusación de Spi ak debe se
ma izada. K is e a oma como pun o de pa ida es ob as G ane –La Ci ilisa ion
chinoise (1929), Ca égo ies ma imoniales e ela ions de p oximi é dans la Chine
ancienne (1939), Danses e Légendes de la Chine ancienne (1959) (MC, p. 57; p. 62)–,
así como Las es uc u as elemen ales del pa en esco (1947) de Lé i-S auss (MC, p. 27).
Aho a bien, ocasionalmen e ci a ambién el “Discu so sob e los p oblemas de la iloso ía.
18 de agos o de 1964” de Mao Tse- ung (MC, p. 74), y La Vie sexuelle dans la Chine
ancienne (1971) de Robe an Gulyk (MC, p. 76).
Con odo, la selección bibliog á ica no deja de esul a cues ionable. Las echas de
publicación, ya lejanas en 1974, nos lle an a p egun a nos po el es ado de la sinología
en aquel momen o; así como la impo ancia concedida a la ob a de Lé i-S auss,
sospechosa si enemos en cuen a que no a a especí icamen e sob e China.
Encon amos espues as cla as al espec o en “F ench Sinology” (2022), donde Pie e-
É ienne Will si úa a Ma cel G ane en la es ela de discípulos de Édoua d Cha anne, a
quien conside a el sinólogo más in luyen e de p incipios de siglo XX. A pesa de la
ele ancia académica y la ex ensa popula ización de la ob a de G ane , es a no se ubica,
a juicio de Will (2022, p. 29), en e las p oducciones de mayo in luencia du an e los años
se en a. Es un sinólogo pos e io , Paul Demié ille, “quien de ini i amen e domina la
sinología ancesa desde 1945 has a los se en a” (Will, 2022, p. 34). Ello nos pe mi e
67
a i ma que la sinología sí ue un campo en desa ollo en el momen o en que K is e a
esc ibe Muje es chinas y que su elección po G ane no se debe a escasez de uen es.
Will nos da de nue o espues as que nos pe mi en comp ende la p e e encia de
K is e a po la ob a de G ane . Discípulo de Du kheim y colega de Mauss (Will, 2022,
p. 27), el mé odo de G ane cons i uye una sue e de a queología ex ual que encaja con
el semanálisis k is e iano.
En luga de concen a se en la echa o la au en icidad de sus uen es median e
es ue zos ilológicos –un empeño po el que solía mos a desdén–, p ac icó
una especie de a queología ex ual, decons uyendo la adición de los
comen a ios […], haciendo caso omiso de la e olución c onológica, y
euniendo pequeñas e idencias (“hechos”) que conside aba sociológicamen e
signi ica i as, omadas de una mul iplicidad de uen es que iluminaban su
econs ucción de las es uc u as o iginales de la ci ilización china,
posiblemen e con la ayuda de da os e nog á icos de cul u as “p imi i as”.
(Will, 2022, p. 28)
El es ue zo compa a i o que supe pone di e sos pe iodos his ó icos (SCI, p. 199), que
busca emon a se a cul u as conside adas “p imi i as” – é mino cuya ca ga despec i a no
pa ece con a es a se en es e momen o– (SEM, p. 77), y que aza isomo ismos en e
di e sas cul u as (LES, p. 66; p.69), son odos ellos asgos del semanálisis k is e iano.
Pe o las con luencias llegan oda ía más lejos. Como señala Will, Ca égo ies
ma imoniales e ela ions de p oximi é dans la Chine ancienne (1939) es una de las ob as
con las que Lé i-S auss en abla diálogo en Las es uc u as elemen ales del pa en esco
(Will, 2022, p. 29), e e en e capi al del es uc u alismo que K is e a ansi a en es os
años. Quedan así expues os los mo i os que jus i ican la elección bibliog á ica de
K is e a.
Aho a bien, Will señala ambién que el en oque de G ane ue some ido a ue es
c í icas an o en su momen o como en años pos e io es. Desde la p opia sinología se
de ec ó en la ob a de G ane una p oblemá ica endencia a “igno a descub imien os
a queológicos más ecien es”, así como a “ o za las e idencias a encaja en sus eo ías”
(Will, 2022, p. 29). Es as son ambién, como imos, el ipo de pun ualizaciones ealizadas
sob e la ob a de K is e a po Spi ak, Lowe o Chow.
El manejo bibliog á ico ealizado po K is e a ilus a bien la de inición de igno ancia
p opues a po Cha les Mills desde una pe spec i a decolonial, comp endida an o como
alsa c eencia como ausencia de e dad, y que edunda en la “p opagación de la
desin o mación” y la “dis ibución del e o ” en un con ex o social amplio median e
68
p ác icas pe niciosas (Mills, 2007, p. 16). En la misma línea, Ma ín Alco sub aya la
necesidad de concebi la igno ancia “como una p ác ica epis émica subs ancial en sí
misma”, que no se explica median e “una ausencia de ecu sos cognosci i os e
in o ma i os”, y que con ie e la simple igno ancia en igno ancia pe niciosa –“will ul
igno ance”– (Ma ín Alco , 2007, p. 39).
Ma ín Alco se nu e del abajo de Lo aine Code, de quien esca a la necesidad de
ubica a los suje os en un iempo y un espacio desde el que ienen un acceso limi ado al
conocimien o (Ma ín Alco , 2007, p. 40), así como de la esis de la in e sión, p opues a,
como ya imos, po Ha ding (Ma ín Alco , 2007, p. 43). A ellas suma las c í icas
ealizadas po Mills, quien sos iene que de e minados g upos humanos pueden ene «un
in e és posi i o en “ e el mundo inco ec amen e”» (Ma ín Alco , 2007, 47).
Recogiendo el es igo de Ma ín Alco , Gaile Pohlhaus habla de la igno ancia pe niciosa
como aquella que es p opia de “suje os de conocimien o si uados que con inúan en su
empeño de malen ende y malin e p e a el mundo” (Pohlhaus J ., 2011, p. 716).
Ma ín Alco da como ejemplo la noción misma de o ien alismo p opues a po Said,
y de ec ada en Muje es chinas po sus c í icas. En é minos de Alco , no se a a de que
los o ien alis as ue an o pes en sus azonamien os, o de que sus desc ipciones ue an
inexac as o moldeadas po de e minadas ideologías (Ma ín Alco , 2007, 56). Se a a,
po el con a io, de que desde el o ien alismo se decide ac i amen e “na u aliza el obje o
de es udio como un odo conc e o, es able y ijo que pe mi e ealiza un con as e con
Occiden e” (Ma ín Alco , 2007, 56). Al elegi sus ecu sos bibliog á icos, K is e a
pe pe úa un en oque pe niciosamen e igno an e, dis ibuyendo ecu sos que con ibuyen
a un ipo de desin o mación que iolen a a los suje os in oluc ados en su in es igación.
Ma ín Alco ha ecupe ado ecien emen e la noción de “pe eza in elec ual” p opues a
po Medina pa a en iquece la noción de igno ancia pe niciosa. Explica Ma ín Alco
que la pe eza in elec ual lle a a los in es igado es a omi i ue es de in o mación
ele an es, así como a pe manece inmó iles en e a nue os descub imien os que
eplan ean los esquemas p e iamen e acep ados (Ma ín Alco , 2017, p. 208). Dado que
la p oblema icidad de las ob as de G ane había sido pues a ya de mani ies o en el
momen o, K is e a puede se conside ada como pe ezosa in elec ualmen e en los dos
sen idos p opues os: no solo esqui a o as uen es disponibles en la época, sino ambién
uen es más ac uales.
69
Con lo dicho has a aho a, queda su icien emen e es ablecida la p oblema icidad del
en oque del semanálisis k is e iano, o ien alis a en el sen ido epis émico an e io men e
p opues o. Si desde aquí cab ía pensa , en é minos de Medina, un p oyec o de esis encia
que b inda ecu sos pa a hace en e a las op esiones ope an es (Medina, 2013), po lo
p on o nos compe e epensa el luga que ocupamos en e a la ob a de K is e a. Sin
que e con ello cae en un occiden alismo in elec ual32, nos inclinamos po p ac ica aquí
lo que Pohlhaus J . ha designado como des inculación epis émica –“epis emic
disengaging”–, abandonando ma cos in e p e a i os que pe pe úan un a o
epis émicamen e injus o hacia o as pe sonas (Pohlhaus J ., 2020, p. 2). A anzamos, con
ello, hacia la supe ación de la dis ancia epis émica que dis ingue en e uno y o o lado,
así como hacia la elabo ación de p oyec os de coope ación mu ua en los que pa icipamos
jun os de p ác icas epis émicamen e más jus as.
32 Mi e e encia aquí pa a el uso del é mino “occiden alismo” es la ob a de Ian Bu uma y A ishai
Ma gali (2005).
70
5. Conclusiones
Como pudimos obse a , Muje es chinas se comp ende como una aplicación p ác ica
del en oque semanalí ico desa ollado po K is e a desde inales de los años sesen a.
Conjugando ecu sos ma xis as y psicoanalí icos, p e ende asg edi los lími es de la
semió ica es uc u alis a de la época, lanzando la mi ada hacia o mas cul u ales
ex aeu opeas que pe mi en some e a deba e la acionalidad mode na e ilus ada. En
Muje es chinas con luyen ambién las inquie udes polí icas ípicas de la izquie da
in elec ual ancesa, cau i ada po una e olución social que, en e al acaso de Mayo
del 68 y del Pa ido Comunis a F ancés, pa ece desa olla se con éxi o en China, así como
la nacien e conciencia eminis a poses uc u alis a. El enace de un pasado ma ilineal y
ma ilocal que K is e a de ec a en el maoísmo an icon uciano, ilus a la con luencia de
ambos deseos.
El pensamien o poscolonial ha pues o de mani ies o, sin emba go, los sesgos
o ien alis as de la ob a, que pe pe úan una isión exo is a y p imi i is a de un “O ien e”
cons uido e ó icamen e como un O o con apues o a “Occiden e”. K is e a cae aquí en
un uso ins umen al de las muje es chinas, cuya his o ia, cul u a y i encias son
supedi adas a los in e eses p opios. Los juegos de lenguaje wi gens einianos nos han
pe mi ido epensa los espacios y modos en que se si úan los mo imien os epis émicos
con que se cons uye la ob a, mien as que las epis emologías social y del pun o de is a
pe mi en escla ece las iden idades de los suje os in oluc ados en dicha a ea. El p esen e
abajo a oja luz así sob e el ipo de juego an opológico en que se agua Muje es chinas,
p o undizando en algunos pasajes desa endidos po las c í icas clásicas que mues an
he encias coloniales cla as.
Conside amos que el p esen e abajo posee algunas i udes en el sen ido in elec ual
y académico, pues plan ea una elec u a ac ualizada sob e una ob a usualmen e
desa endida, an o po la His o ia de la Filoso ía como po los es udios de géne o, pe o
cuya p oblema icidad pe mi e en oca los deba es poscoloniales y eminis as
con empo áneos. La elec u a ealizada pe mi e señala p ác icas académicas injus as,
cuyas epe cusiones exceden los lími es del ámbi o in elec ual.
Tomando el p esen e abajo como un p ime es ue zo po elee a K is e a desde una
pe spec i a ac ualizada, se islumb an nue as líneas de in es igación que, escapando del
alcance de es as páginas, se án simplemen e esbozadas como guía pa a u u as
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in es igaciones. En p ime luga , cab ía ealiza un concienzudo es udio his ó ico ace ca
del emplazamien o especí ico de K is e a en el en amado es uc u alis a de la segunda
mi ad del siglo XX, en a izando qué e os ípicamen e es uc u alis as son supe ados desde
su semanálisis, y cuáles pe manecen i esolu os. En segundo luga , cab ía in es iga a
ondo el conjun o de ob as ci adas explíci amen e en Muje es chinas, más allá del
compendio ecogido po la p opia K is e a al inal de la ob a, y que excluye sin emba go
algunas de las uen es empleadas –po ejemplo, Red S a O e China (1937), de Edga d
Snow–. Analizando su epe cusión en el momen o, pod ía conduci se un examen más
de allado de es os ecu sos bibliog á icos desde las epis emologías de la igno ancia.
En es a línea, cab ía p osegui , desde la ecien e eo ien ación de la ob a
wi gens einiana hacia la comp ensión in e cul u al33 y el auge de las epis emologías
sociales, con un examen del o ien alismo, que aquí ue p esen ado escue amen e como
una “una injus icia epis émica que, median e un manejo pe niciosamen e igno an e de la
in o mación y un a o injus o pa a con las in o man es, pe pe úa elaciones de
dominación es uc u al”. Es os en oques se i ían ambién pa a examina el complejo
posicionamien o eminis a de K is e a, que, dado su co o eco ido oda ía en 1974,
escapaba del alcance de es e modes o abajo. Pa iendo de las nume osas c í icas
eminis as que señalan su po encial esencialismo, cab ía inco po a una pe spec i a
in e seccional que en onca con las epis emologías del pun o de is a, y que pe mi e
expandi los concep os que se ponen en juego.
Si an es as líneas pa a ecoge los aspec os undamen ales has a aho a desa ollados,
así como in i ación a p osegui en una labo c í ica ilosó icamen e igu osa y
polí icamen e comp ome ida.
33 Véase el olumen ecién publicado In e cul u al Unde s anding A e Wi gens ein (2023), edi ado
po Ca la Ca mona, Da id Pé ez-Chico y Chon Tejedo en An hem P ess.
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