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Del Mediterráneo al Atlántico. Mercaderes en la urbes (Siglos XVI-XVII)

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Del Mediterráneo al Atlántico. Mercaderes en la urbes (Siglos XVI-XVII)

Author: García Bernal, José Jaime; Guillaume Alonso, Araceli; Pérez, Béatrice; Zerari-Penin, Marie
Publisher: Universidad de Salamanca
Year: 2020
DOI: 10.14201/shhmo20204221319
Source: https://idus.us.es/bitstreams/d893b6c6-29d0-4b57-93a0-25a3a3712ee7/download
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Ediciones Uni e sidad de Salamanca / S ud. his., H.ª mod., 42, n. 2 (2020), pp. 13-19
ISSN: 0213-2079 — ISSN elec ónico: 2386-3889
DOI: h ps://doi.o g/10.14201/shhmo20204221319
DEL MEDITERRÁNEO AL ATLÁNTICO. MERCADERES EN
LAS URBES (SIGLOS XVI-XVII)
De la Médi e anée à l’A lan ique. Des ma chands dans la ille
(XVI-XVIIe siècle)
PRESENTACIÓN1
P esen a ion
José Jaime GARCÍA BERNAL
A aceli GUILLAUME-ALONSO
Béa ice PEREZ
Ma ia ZERARI
Se uno me cade es dignidad
Ma eo Alemán, Guzmán de Al a ache, II.
Il au ê e ma chand ou la on
Re án.
Un ema in eg ado y amplio, El me cade . Pe iles (Le ma chand. Va ié é des
igu es) incula desde hace años a los mode nis as pa isinos de CLEA (EA 4083) y
1. Es e abajo se enma ca en el P oyec o de I+D+i «La cons ucción de un mundo nue o:
ci cui os económicos, dinámicas sociales y mediado es cul u ales en las ciudades a lán icas
del su de España, siglos XVI-XVIII» (HAR2017-85305-P), así como en el P oyec o I+D+i
FEDER Andalucía «En o no a la P ime a Globalización: ci culaciones y conexiones en e el
A lán ico y el Medi e áneo (1492-1824)» (US-1262566).
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a los his o iado es se illanos de ANDATLAN (I+D inanciado po el Minis e io
de Economía y Compe i i idad) en la a ea colec i a de econs i ui el negocio y la
igu a compleja del me cade , cas ellano, lamenco, geno és, banque o, con able,
a mado , oliga ca o mayo domo al se icio de las éli es eclesiás icas, noble, mecenas
u homb e de le as ocasional. En el cu so de las in es igaciones de miemb os
in eg an es de CLEA (Béa ice Pe ez) y a ando de aco a la pe cepción que la
sociedad u o del me cade , nos uimos dando cuen a de su ex ema a iabilidad. El
me cade apa ece a eces como un humanis a ob ando po el bien de la Respublica
al omen a in e cambios en e «naciones»2 y o as como un homb e codicioso y
adep o de Mammón, que no puede e i a pe ju a ni engaña a su p ójimo. Ob ia-
men e, abaja sob e la igu a del me cade equie e una pe iodización ajus ada
pa a de ini con p ecisión la inse ción de es e úl imo en la sociedad. Del me cade
(examinado a la luz de su cul u a, su o mación, sus lib os de cuen as y los ú iles que
ins au a) has a la sociedad misma (a a és de la mi ada que ella di ige a la comunidad
me can il, ya sea ep obado a espec o a las écnicas de cambio, ya elogiosa an e la
u ilidad social del a e de la me cade ía), la e lexión mo iliza emá icas a iadas.
Figu a social ex ensamen e glosada y pues a de elie e en las causas judiciales,
los a ados polí icos y los discu sos de la España de los años 1520-1620, el me cade
es, po an onomasia, ese homb e del medio u bano adicionalmen e desp es igiado
po la ideología nobilia ia y po el pensamien o c is iano (p oceso a la usu a, la
codicia y el dine o) aun siendo su p opio e men o.
Me cade es en las u bes / Des ma chands dans la ille. La idea p imo dial a
enunciada en el í ulo y exp esa la olun ad de los au o es po en ende mejo el papel
social del me cade , su inse ción en un mundo que ha dejado de se el de la me can-
cía, pe o que implica que el que goza de iqueza y pode se adueñe de los códigos y
cos umb es de las sociedades u banas y de los cí culos nobilia ios pa a impone se
más y mejo . Después, es e dossie aspi a a da un gi o hacia el Medi e áneo, o al
menos, a anuda en una misma comp ensión in elec ual el con inuum his ó ico del
Medi e áneo al A lán ico. En e ec o, los mode nis as de CLEA y los his o iado es
se illanos de ANDATLAN abajan sob e p oblemá icas que ponen en elación el
ema me can il con los ho izon es ansa lán icos. No hay duda de que en la Se illa
e e escen e del siglo XVI la pe spec i a ame icana p opició una mul iplicidad de
ac i udes nue as, de exp esiones no edosas ( ales como me cade a Indias, ca gado
a Indias, Indiano), de ins i uciones eme gen es (Casa de Con a ación, Audiencia
Indiana, Consulado de la Uni e sidad de me cade es) y, en de ini i a, de e a os
c is alizados, cohe en es e impe ecede os. Sin emba go, ese opismo ame icano no
debe ocul a la g an a iedad de me cade es que su ca on el Medi e áneo –cen al
2. El é mino «nación» se emplea en el sen ido que le concede la sociedad del siglo XVI,
es o es, comunidades ex anje as que enían de echo de ciudadanía en la u be.
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en el siglo XVII–, a menudo a umbados en un ángulo mue o de la in es igación en
bene icio p ecisamen e de los nue os espacios a lán icos. Tenemos la ín ima con ic-
ción de que la p ime a mundialización, la de las ci culaciones ma í imas, no puede
concebi se sin es a conjunción de espacios medi e áneo, a lán ico y pací ico que
obliga a decons ui la pe cepción eu océn ica pa a en ende mejo aquel mundo
conec ado donde los mo imien os en sine gia (de homb es, ba cos, me cancías y
écnicas) dejan en e e as as ex ensiones pe ec amen e dominadas.
Así, de las islas Balea es a Á ica, de Valencia al su de I alia y las islas g iegas,
de Málaga a Sicilia y los pue os de la cos a mag ebí, ¿pusie on en juego los in e -
cambios come ciales los mismos p e equisi os que condiciona on al me cade
a lán ico? Las cualidades pa a come cia en e esas dos zonas on e izas que se
conec an, esos dos mundos que se obse an, se espían, se ena decen y apaciguan
a me ced de los con lic os a mados y de los iempos de paz en el Medi e áneo
¿son las mismas? Obse a a los me cade es de Venecia, Valencia, Málaga o Cádiz
o ien ando el me cado hacia el ap o isionamien o de las ie as de la cos a a icana
y los negocios hacia los países adicionales del come cio eu opeo –donde p oduc-
os como el pas el del su de F ancia, el igo de Sicilia o las especies del O ien e,
son de pe manen e en abilidad– pe mi e man ene uel a la mi ada a I alia y a la
Eu opa medi e ánea pa a concebi mejo los lujos me can iles hacia un mundo
ame icano cada ez más imponen e.
La segunda idea que es uc u a es e dossie se e ie e a la inse ción del me ca-
de en la sociedad u bana. Hemos que ido examina la an o desde unos c i e ios
endógenos (su o mación, sus compe encias, sus ep esen aciones en los di e en es
ac os y celeb aciones que acompasan la ida co idiana de la ciudad) como desde un
ángulo exógeno (a en o a su in eg ación espacio-p o esional y u bana). Es e doble
pun o de is a pe mi e de ini lo como un ac o económico de p ime plano (a a és
de sus emp esas «mul i iesgo», sus in e siones en ope aciones inancie as de al o
iesgo y máximo endimien o, po u as me can iles en ables po incie as), pe o
ambién y sob e odo como un ac o social cla e de su iempo.
No se puede pasa po al o su papel en y sob e la sociedad que le odea, a
iesgo de pe cibi solo la ace a más con encional de su de inición: la ela i a a sus
ac i idades inancie as. El me cade se imp egna del espí i u de los iempos, de las
modas, de las mane as de se y de hace de la sociedad a is oc á ica, la cual iolen a
pa a in eg a se mejo en ella – inancie amen e p ime o, socialmen e después. El
come cian e la modela de es e modo, en an o que es modelado po ella; una sociedad
en la que juega, de hecho, po su peso inancie o, un papel esencial. Sus in e siones
son desde luego me can iles, pe o más allá de la inmanencia de la ganancia, lo que
es á undamen almen e en juego es su asimilación pu a y simple a las plu oc acias
locales. Cuando el me cade ame icano He nando Go jón lucha du an e oda su
ida pa a ob ene el hábi o de San iago, pagando gene osamen e a di e sos iscales
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pa a alcanza sus ines, no ambiciona o a cosa que el econocimien o social pleno
y de ini i o de un es ado de cosas: el b illo de su ango en la je a quía local (Rod í-
guez Mo el, 1995). En es e sen ido hay que en ende que emp enda la undación
de un hospi al y de una uni e sidad pa a acoge pob es de o ma g a ui a, como
o as an as mani es aciones angibles de su comp omiso social (en conc e o, de su
ca idad). Del mismo modo hay que en ende la in e sión de los me cade es de la
amilia Alcáza , con e idos en inancie os de Ca los V, en la comp a de ie as y la
cons i ución de cua o mayo azgos en bene icio de los cua o he ede os de la casa
(He e a Ga cía, 1981).
El me cade , po poco que lo conside emos en su en amado social, plan ea
c udamen e la cues ión de la p omoción social po la iqueza (sea cual sea su
p ocedencia) y el pa imonio acumulado bajo la o ma de bienes que ac úan como
«ma cado es sociales». Esos bienes y capi ales, ma e iales y simbólicos, an desde
los ca gos os en ados, has a los palacios, los as os dominios sob e los que eje cen la
ju isdicción, en in, has a las capillas, las ob as de a e, e c. Las o mas de mecenazgo
me can il o de in e siones cul u ales son esenciales pa a en ende los mecanismos
de p omoción y suponen una idea p e ia: los me cade es adop an con g an apidez
los usos y cos umb es de las éli es u banas pa a asegu a se mejo el acceso a una
sociabilidad compa ida, sob epasando así ampliamen e el cí culo de la me cancía
y del análisis e icula .
¿Cómo se inca dina el me cade en una Respublica de homb es de bien, de
le as y de nobleza a la cual aspi a? ¿Qué juegos simbólicos se es ablecen en e él y
esa sociedad u bana? Las escalas de análisis encajan a pa i de la isión que iene el
me cade de su p opio papel cí ico, de la unción de su co po ación, de su g emio,
de su consulado… has a el ol que la sociedad u bana le asigna –sociedad en la
cual se lab a, legí imamen e, un luga p i ilegiado, en la medida en que acumula
iqueza, lujo, educación, iajes, esme ado ap endizaje, y o as an as i udes que
le hacen ap o pa a domina las oliga quías u banas. De la dialéc ica «sociedad» /
«éli e me can il» p ocede la pe cepción é ica del come cio y de sus mecanismos, de
una pa e; la ap ehensión de aquello que implica la me cancía en la cul u a u bana
y las o mas a iadas del mecenazgo me can il, de la o a.
En es e olumen, los ejemplos son muy a iados, plan eando de nue o la mul i-
plicidad de casos emblemá icos y de p o o ipos de me cade . Juan José Iglesias Rod í-
guez (Uni e sidad de Se illa) mues a de qué modo la ac i idad como ca gado es
a Indias de los Sop anis geno eses de Cádiz sus en a sus ayec o ias polí icas en la
ciudad po ua ia (en cuan o que egido es pe pe uos), su ex ao dina ia de oción
mos ada en la undación de capillas y en las do aciones piadosas, así como en el
lujo as uoso p opio de las éli es os en osas (a mas en las achadas de los palacios,
escla os, ob as de a e y o as cu iosidades asiá icas). Béa ice Pe ez (So bonne
Uni e si é), a a és del es udio del es amen o, de di e sos econocimien os de
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deuda y del in en a io pos mo em de Juan Ma cos Jaque o, me cade eneciano
allecido en Tlaxcala (Chiapas) en 1603, hace e i i una compañía ame icana de
cacao, sus ci cui os mone a ios en e el Nue o Mundo, Valencia y Venecia, y las
especi icidades de un homb e obsesionado, en el ocaso de su ida, po la sal ación
de su alma que él busca en las undaciones piadosas y en las capillas que undó.
Valencia / Mexico: las ciudades a iculan la ci culación económica adap ando las
écnicas de segu os ma í imos, de a endamien o, de c édi o, es deci , las écnicas
expe imen adas de aude iscal. En ique C uselles Gómez (Uni e sidad de Valen-
cia) analiza los me cados inancie os alencianos y la c isis económica que conoció
la ciudad. Él la pe cibe más como el signo de un es ancamien o social, ligado a la
consunción del g upo come cial local (acen uado po la pe secución inquisi o ial de
los homb es de negocios de o igen con e so) que como una ecesión del me cado.
Es a c isis se ía, po o a pa e, una consecuencia de la amosa p omoción social
p opiciada po la ac i idad me can il que hemos e ocado an es. En Valencia los
me cade es se ie on aco alados en e las éli es polí icas u banas que monopo-
lizaban los asun os inancie os en p o echo p opio y un a esanado en iquecido
que buscaba saca p o echo de las opo unidades del come cio. La clase me can il
alenciana, a apada en e esas dos ue zas, quedó, en consecuencia, debili ada, y
p og esi amen e desclasada.
Guille mina del Valle Pa ón (Ins i u o Mo a, México) es udia el come cio de
la pla a en la ciudad de México, p incipalmen e el negocio ilegal de es a iqueza
que se hacía con la complicidad de los p opios i eyes. Los ci cui os clandes inos
–p o egidos po las in aes uc u as adminis a i as de la co ona y oda una ed de
complicidades en los pue os (au o idades po ua ias y maes os de na íos)– unen las
casas de come cio se illanas y gadi anas a la expansión de los me cados mejicanos.
Es os juegos me can iles en e dos mundos, en e dos modalidades (legal / ilegal)
pesa on sob e los lujos, sob e la o e a de me cancías eu opeas y asiá icas, sob e el
es ablecimien o de los p ecios y sob e los con lic os en e los in e eses peninsula es
y los del consulado de Nue a España.
En es a misma cues ión compleja del ap o isionamien o y de la cul u a ma e-
ial se cen a el a ículo de Be nd Hausbe ge (Colegio de México) que es udia el
abas ecimien o de las misiones de la Compañía de Jesús en el no oes e de Nue a
España. Demues a el au o has a qué pun o es u ie on implicados los jesui as en
aquella cul u a ma e ial del consumo que aca eó un lujo conside able de me can-
cías p oceden es del mundo en e o, desde el cen o del i eina o has a los con ines
de las on e as dominadas. Las misiones jesui as es u ie on así inse adas de lleno
y p ecozmen e en un sis ema come cial que a iculó di e en es pa es del globo.
«Se ía di ícil de ini un me cade que ue a el a que ipo de odos los me cade es»
(Jeannin, 1957). Y dicha de inición nos pa ece aún más condenada al acaso si no
in en amos de ini su o ma de pensa , de i i , de exp esa su e, su comp omiso

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con las a es y la exp esión de la quin aesencia de la pe ección de un mundo del
que él se sien e en odo momen o el a í ice.
Los nume osos bienes cul u ales que adquie en los me cade es mues an que
«no ienen el dine o is e» y que más allá de sus i mes comp omisos eligiosos
pa icipan a su modo en el desa ollo de una «secula ización de la cul u a» (Le
Go , 2001). De las escuelas de ábacos a los mé odos de cálculo; el ap endizaje de
la geog a ía (co og a ía o ca og a ía); de las lenguas e náculas al es udio de la
his o ia a mayo glo ia de su ciudad y de la mona quía española, el me cade no se
concibe ue a de la c eación a ís ica. De hecho, el mecenazgo es, sin duda alguna,
el más he moso negocio mode no pues o que el me cade ob iene de él un iple
bene icio. En p ime luga , in e i en las a es es siemp e muy en able po que el
come cio de las ob as de a e ( apice ías, lienzos, joyas, muebles, e c.) se con ie e
en un elemen o esencial de la sociabilidad de co e. En segundo luga , es a in e -
sión pe mi e a las éli es me can iles ma e ializa , de mane a palpable, su iqueza
y, po ende, su ango en la je a quía social. Finalmen e, el mecenazgo esul a una
ope ación de cap ación de pode : al domina las a es en un escena io u bano que
se lee como un gigan esco palimpses o, las éli es me can iles lab an el elogio de la
unción del homo economicus de los Tiempos mode nos. Del caballe o c is iano al
caballe o de las le as, al me cade le gus a ía enca na al a que ipo de la disc eción
mode na y, en es e sen ido, la ob a a ís ica ope a como el ec o de una emp esa
de p opaganda hábilmen e di igida y con olada.
Así es como el consulado de ca gado es y me cade es a Indias de Se illa, undado
en 1543 –con unciones, en p incipio, judiciales y g emiales, que en seguida se ex en-
die on a las adminis a i as pa a con e i se, en palab as de En ique a Vila, en un
«au én ico banque o de la co ona»–, se lanzó a una g an emp esa de mecenazgo.
Y, sin habe alcanzado aún el céni de su pode inancie o ya exhibió, en 1572, su
iqueza y p es igio en las ies as po la ic o ia de Lepan o y el nacimien o del p ín-
cipe don Fe nando, que José Jaime Ga cía Be nal (Uni e sidad de Se illa) analiza
en es e dossie . Du an e los meses de ene o y eb e o de aquel año, la ciudad y sus
p incipales o icios e ins i uciones homenajea on a los eyes mani es ando en des iles
de másca as, con ca os de iun o, la leal ad ins i ucional a la co ona. La in en i a
de que hizo gala el g emio de los made e os le alió el p emio de la ciudad, pe o no
ue meno el ingenio que exhibie on sas es, do ado es o cu ido es en sus p opios
espec áculos. Sob esalen en es as ies as los g emios inculados al come cio que e an
los mayo es con ibuyen es de las alcabalas se illanas. La uni e sidad de me cade es
(el consulado) co onó cinco semanas de co ejos con una in ención y másca a a la
ic o ia de Lepan o que demues a la es echa elación en e el mecenazgo bu gués
y las no edades escénicas ea al y es i a.
Y el análisis pod ía ex ende se a las a es del lujo denominadas meno es, ales
como el o na o, el mobilia io y la moda:
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La in luencia del me cade es quizá mayo aún en la e olución de las a es meno es.
Con an e io idad es as a es se lo debían odo a la Iglesia: o eb e ía de elica ios
y u nas; ejidos aliosos de los o namen os de la Iglesia y de las opas eclesiás icas.
Aho a, son las joyas, el mobilia io, glo ia de la amilia bu guesa [...] (J. Le Go , 2001).
La éli e me can il ¿no se con ie e acaso –po es a conjunción del pode y de
la iqueza os en ada– en el e lejo de una i us que se pe cibe en el esplendo de
una cul u a a ís ica que ella misma ha con ibuido a p oduci ? Y en medio de
al desen eno a ís ico ¿no in en a c ea el me cade el espejismo de enca na la
e dade a nobleza ci il, exhibiendo más as o, más magni icencia y g andeza que
las iejas noblezas de sang e?
Todas es as hipó esis equie en, cie amen e, es udios de caso más nume osos
pa a se con i madas, ma izadas, in alidadas incluso. No obs an e, en es e olumen,
el lec o cu ioso encon a á esbozados los p ime os elemen os de espues a a ales
in e ogan es.
BIBLIOGRAFÍA
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