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Soledad, escritura y celebración de la finitud en Los ensayos de Michel de Montaigne

Abstract

Montaigne traza una conciencia de la individualidad en un punto medio que evita tanto la deploración del yo del luteranismo como la absolutización de la razón del cartesianismo. Somos un punto en el tiempo y el espacio, pequeñez que desestima cualquier divinización del juicio personal y, de paso, explica la pluralidad del mundo. Pequeñez que alienta tanto el trato con la interioridad como el interés por los otros.

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Soledad, escritura y celebración de la finitud en Los ensayos de Michel de Montaigne

Author: Palacios Cruz, Víctor H.
Year: 2014
DOI: 10.12795/themata.2014.i49.14
Source: https://idus.us.es/bitstreams/9d0bbe6b-a4f8-49cf-bb67-b5fa22422052/download
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THÉMATA. Re is a de Filoso ía
Nº49, Ene o-junio (2014) pp.: 255-270
ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X
doi: 10.12795/ hema a.2014.i49.14
SOLEDAD, ESCRITURA Y CELEBRACIÓN DE LA
FINITUD EN LOS ENSAYOS DE MICHEL DE MONTAIGNE
LONELINESS, WRITING AND CELEBRATION OF THE FINITE
CONDITION INTO THE ESSAYS OF MICHEL DE MONTAIGNE
Víc o H. Palacios C uz1
Uni e sidad Ca ólica San o To ibio de Mog o ejo (Pe ú)
Recibido: 11-01-2013
Acep ado: 28-01-2013
Resumen: Mon aigne aza una conciencia de la indi idualidad en un
pun o medio que e i a an o la deplo ación del yo del lu e anismo como la
absolu ización de la azón del ca esianismo. Somos un pun o en el iempo y el
espacio, pequeñez que deses ima cualquie di inización del juicio pe sonal y, de
paso, explica la plu alidad del mundo. Pequeñez que alien a an o el a o con
la in e io idad como el in e és po los o os.
Palab as-cla e: Mon aigne; iloso ía mode na; subje i idad, he menéu ica,
in ospección, esc i u a.
Abs ac : Mon aigne os e s a so o awa eness o he indi iduali y, which
is hal way in be ween he Lu he an denial o he sel and he Ca esian
absolu iza ion o eason. We a e jus a iny do in ime and space; a ac ha
p e en s us om dei ying ou pe sonal judgmen and, in so doing, explains he
plu ali y o he wo ld. And his smallness encou ages us bo h o ca e o ou own
in imacy, and o wo y abou he o he s.
Key-wo ds: Mon aigne, Mode n Philosophy, Subjec i i y, He meneu ics,
In ospec ion, W i ing.
[1] ([email p o ec ed]) Nacido en Piu a (Pe ú). Diplomado, Maes ía y es udios de doc o ado
en Filoso ía po la Uni e sidad de Na a a –Pamplona, España–. Especialis a en emas de ilo-
so ía mode na y an opología ilosó ica. Es miemb o del CLAFEN (Cí culo La inoame icano de
Fenomenologia) Ac ualmen e p epa a un lib o sob e el ánsi o del medie o a la mode nidad en
o no a la igu a de Michel de Mon aigne. Asimismo, es esc i o y ha publicado ecien emen e un
olumen de p osa poé ica i ulado Las Mo adas del abuelo.
Víc o H. Palacios C uz
THÉMATA. Re is a de Filoso ía, Nº49 ene o-junio (2014) pp.: 255-270
doi: 10.12795/ hema a.2014.i49.14
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Con aba Nie zsche que cada ez que ab ía Los ensayos le c ecía una
pie na o un ala. Aquella publicación de Michel de Mon aigne –di aga o ia,
miscelánea, ascinan e– c eó una b echa en e los géne os de la li e a u a i-
losó ica, his o iog á ica y didác ica del siglo XVI y, con esa mezcla de esco y
consis encia de los clásicos p ecoces, inició el pe iplo de un es ilo que a a esó
ai oso las modas y las ideas, y goza aún de espléndida salud.
Los ensayos (Les essais) es el lib o de ás de los g andes lib os de la a-
dición eu opea. Es la p esencia, callada o e ulsi a, que se halla implíci a en
los Ensayos de Bacon, el Discu so del mé odo de Desca es, los Pensamien os
de Pascal, el Ensayo sob e el en endimien o humano de Locke, las Con esiones
de Rousseau y o os. Es ambién un alimen o ag adecido en el Nie zsche c í ico
de la mode nidad y un cla o en las inieblas pa a un Ho kheime a ligido al
é mino de las dos g andes gue as del siglo an e io .
En una misi a a Louise Cole , Gus a e Flaube p o umpe de es e modo:
“Es oy eleyendo a Mon aigne. ¡Es singula has a qué pun o es oy lleno de ese indi i-
duo! […] Tenemos los mismos gus os, las mismas opiniones, la misma mane a de i i , las
mismas manías. Hay gen e a la que admi o más que a él, pe o no hay a quien e oca ía más
a gus o, y con quien cha la ía mejo ”.2
Su bióg a o Jean Lacou u e habla de él como “uno de los undado es
de la in ospección” y “uno de los in en o es de la sensibilidad y de la cul u a
occiden al”.3 Pa a Tz e an Todo o , se a a del “p ime e dade o humanis a”
en el sen ido de aquel que piensa no que el humano es un se o midable, sino
uno inde e minado que iene en la libe ad la ocasión de su elicidad o su des-
dicha.4 Y en sus apun es, Elias Cane i comen a: “Mon aigne iene esa ac i ud
abie a hacia cualquie o ma de ida humana que ac ualmen e es uni e sal
y ha sido incluso ele ada al ango de ciencia, pe o él la u o en su época, una
época aná icamen e con encida de su p opia in alibilidad”.5
¿Es deci demasiado? Na ando un a a a muy cas ellano, Ce an es
alló un a que ipo uni e sal. De es e ancés nacido en Gascogne (Gascuña)
pod ía deci se que, ocupándose de asun os pe sonales, alen ado po sus lec u as
p e e idas y sin deseos de esc ibi más que pa a sus amigos y pa ien es,6 acumu-
[2] “¿Se á una coincidencia, o se á po que a los dieciocho, du an e odo un año, me a ibo é de
él, no leía más que a él? ¡Con ecuencia me deja a óni o halla en él el análisis más su il de mis
p opios sen imien os!” (Ca as a Louise Cole , ad. Ignacio Malaxeche e ía, Mad id, Ed. Si uela,
2003, p. 37)
[3] Mon aigne a caballo, ad. Ida Vi ale, México, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2000, p. 11.
[4] Delicias y debe es. Una ida en e on e as. (En e is as con Ca he in Po e in), ad. Ma cos
Maye , Buenos Ai es, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2003, p. 166-167.
[5] Apun es I, ad. Juan José del Sola y Bea iz Galán, Ba celona, Ed. Debolsillo, 2008, p. 284-285.
[6] “¿Po qué ese la inis a de nacimien o y de gus o eligió esc ibi en ancés, lengua ulga en su
época? Él mismo esbozó una explicación: «Esc ibo mi lib o pa a pocos homb es y pa a pocos años.
Si hubie a a ado de asun os de los que du an y pe sis en, hab ía sido p eciso emplea en él un
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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ló un g ueso de olios que con incompa able amenidad an icipa on algunas de las
e e encias que la men alidad eu opea, incluso con empo ánea, ha ap endido a
asumi , ap ecia e incluso a ex aña : la conciencia de la indi idualidad, la de-
ensa de la libe ad, la e lexi idad unida a una g an i alidad, la exho ación al
diálogo, la celeb ación de la plu alidad, el alo o ma i o de los iajes y el sen i-
do inclusi o de la ole ancia. A lo que se añade la o iginalidad con que Mon aigne
p o esa una consonancia en e la mesu a a is o élica y el e o de los aman es
del mundo, en e la igno ancia soc á ica y la a idez de lec u as y de encuen os,
y en e la ce eza de la p opia ini ud y la since a con ianza en el in ini o.
Si, como dice Sándo Má ai,7 desc ibiendo el implacable p oceso de es a-
alización y despe sonalización de la sociedad húnga a bajo la ocupación comu-
nis a, el mayo de los apo es del Viejo Con inen e a la his o ia es la delimi ación
del indi iduo y del sen imien o bu gués –en endido no como una au ocompla-
cencia social sino como el cul i o decidido de la p opia alma–, no cabe, en onces,
la meno duda de que Michel de Mon aigne es un p óce de la cul u a eu opea.
En la ca a al lec o de Los ensayos se lee: “yo mismo soy la ma e ia de
es e lib o”, “me pin o a mí mismo”. ¿Es acaso el inicio de un despliegue de a-
nidad de un milla y medio de páginas? ¿Es el p eludio de un mo oso eje cicio
de ensimismamien o y e ocación a la mane a de Ma cel P ous ? Ha old Bloom
dice que uno e mina de lee al gascón y oda ía quie e sabe más de él. El
índice de Los Ensayos p esen a es os encabezados: “sob e los caballos”, “sob e
la o a o ia”, “sob e la c ueldad”, “sob e el do mi ”, “sob e la gue a”, “sob e Ci-
ce ón”… Ex aña mane a de a a de uno mismo. Mon aigne mismo con iesa:
“no he hecho más a mi lib o de lo que mi lib o me ha hecho a mí”. Ve sando
sob e asun os ajenos ha ga aba eado un e a o de sí mismo.
Pe o en o o momen o escla ece: “sea lo que sea, quie o se lo ue a del papel”, pues
“yo soy cualquie cosa an es que un esc i o de lib os. Mi come ido es da o ma a mi ida”.
Finalmen e, el homb e desbo da el ex o, el yo se si úa más allá de los ac os y sus esul-
ados. La ida, inap ehensible, ale ea sob e el olo de la in a y se escabulle pa a siemp e.
lenguaje más i me»; dicho de o o modo, no esc ibió en la ín po pa ece más amilia , menos so-
lemne, menos p e encioso”. (Lacou u e, Jean, Mon aigne a caballo, p. 215)
[7] Los maes os de la sabidu ía o ien al “conside aban como obje i o inal la disolución de la pe -
sonalidad, el ins an e en que un indi iduo es capaz de aspasa los lími es de su indi idualidad y
se in eg a en el i mo del uni e so. Pa a mí, pa a cualquie occiden al, semejan e isión del mundo
suena a chino o hindú, po que si enuncio a mi pe sonalidad –esa peculia obsesión–, ambién
enuncio al sen ido de los lazos que me man ienen a ado a la ida. […] Se bu gués nunca ha sido
pa a mí una ca ego ía social; siemp e he conside ado que se a a de una ocación. La igu a del
bu gués ep esen a pa a mí el mejo enómeno humano c eado po la cul u a occiden al mode -
na: as se aniquilada la en ejecida es uc u a social basada en la je a quía eudal y habe se
desmo onado en el mundo un o den social caduco, el bu gués es ableció un nue o equilib io. […]
“Ese ha sido el mayo egalo de Eu opa a la humanidad: el humanismo. ¿Qué es el humanismo?
Una medida humana. La cons a ación de que el se humano es el sen ido úl imo de la e olución,
el desa ollo y el p og eso.” (¡Tie a ie a!, ad. J. Xan us Sza as, Ba celona, Ed. Salamand a,
2006, p. 109-110, 136 y 277)
Víc o H. Palacios C uz
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Deseo p opone una ap oximación hacia esa elación que u o Mon-
aigne con la palab a como medio de con igu ación de una in e io idad an
ci cunsc i a como á ida y p o is a de una cie a plu alidad y, po ello, luga
de la conciencia de una ini ud insepa able del mundo y al mismo iempo indi-
soluble en él.
En sus P osas apá idas, Julio Ramón Ribey o concluye que la esc i u-
a no es algo que suceda con pos e io idad al conocimien o, sino que más bien
ocu e lo con a io. Cuando se dispone a e oca la Lima de su in ancia desde el
Pa ís de su adul ez, empieza a descub i , emocionado, que el ba io, el ma , el
ai e y odo en su memo ia se llena y se p ecisa apenas empieza el ecleo de su
máquina. Y los obje os se ans igu an an p on o jun a una ase con o a. “El
ac o de esc ibi –sub aya– nos pe mi e ap ehende una ealidad que has a el
momen o se nos p esen aba en o ma incomple a, elada, ugi i a o caó ica”.8
Las palab as a e an las cosas y p oyec an sob e ellas una ue za que,
sin se exhaus i a, es cla i icado a. Designa es dis ingui , delimi a , ilumi-
na . El pensamien o se halla en un es ado di uso y suspenso has a que al in lo
ecoge y anspo a una ila de ocablos. Cuando Wi gens ein eía en el len-
guaje un “ ehículo del pensamien o”, enía en cuen a no una especie de agón
sob e el cual los concep os se embalasen y emi iesen umbo hacia lo público,
sino más bien una ilación con la que luía, insepa able, el mismo en endimien-
o. La e balidad no es un signo del pensa , es el pensa en sí, en endido no
como un p oduc o inal sino como ac i idad y c eación.
Solo en el uso de un idioma pa icula –pues o que una lengua pu a es
i eal– nos ape cibimos de lo que sabemos y de lo que no sabemos. Su u ilidad no
es, po an o, ex ínseca al hecho de la comp ensión. Hablando disce nimos. De
mane a que si, po una pa e, la au oposesión y el diseño de la ida es una ope a-
ción de la conciencia, po o a, és a es indisolublemen e una expe iencia lingüís-
ica, como Gadame sugie e. 9 Somos cada uno, po den o, un lujo de palab as.
Con bas an e an e io idad a es as dig esiones analí icas y he menéu-
icas, Mon aigne se p opone esc ibi Los ensayos con la in ención de comp en-
de y comp ende se a sí mismo y hace lo a a és de la esc i u a. No pa e de
una sabidu ía iniqui ada que desea a expone ; más bien, ala ga las manos
y se pone a busca . Y ocando las cosas encuen a sus p opios con o nos, su
p opia medida.
[8] Lima, Ed. Seix Ba al, 2006, 55, pp. 49-50.
[9] “El lenguaje no es sólo una de las do aciones de que es á pe echado el homb e al como es á
en el mundo, sino que en él se basa y se ep esen a el que los homb es simplemen e engan mundo.
Pa a el homb e el mundo es á ahí como mundo, en una o ma bajo la cual no iene exis encia pa a
ningún o o se i o pues o en él. Y es a exis encia del mundo es á cons i uida lingüís icamen e.
[…] La humanidad o igina ia del lenguaje signi ica, pues, al mismo iempo la lingüis icidad o i-
gina ia del es a -en-el-mundo del homb e”. (Ve dad y mé odo I, ad. A. Agud A. y R. de Agapi o.
Salamanca, Ed. Sígueme, 2005, p. 531)
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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Así in oduce sus espléndidos ensayos:
“Lec o , és e es un lib o de buena e. Te ad ie e desde el inicio que el único in que me
he p opues o con él es domés ico y p i ado. No he enido conside ación alguna ni po u
se icio ni po mi glo ia. Mis ue zas no alcanzan pa a semejan e p opósi o. Lo he dedicado
al in e és pa icula de mis pa ien es y amigos, pa a que, una ez me hayan pe dido ―
cosas que les sucede á p on o―, puedan eencon a algunos asgos de mis cos umb es e
inclinaciones, y pa a que así alimen en, más en e o y más i o, el conocimien o que han
enido de mí. Si hubiese sido pa a busca el a o del mundo, me hab ía ado nado mejo ,
con bellezas pos izas. Quie o que me ean en mi mane a de se simple, na u al y común,
sin es udio ni a i icio. Po que me pin o a mí mismo. Mis de ec os se lee án al na u al,
mis impe ecciones y mi o ma genuina en la medida que la e e encia pública me lo ha
pe mi ido. De habe es ado en e aquellas naciones que, según dicen, oda ía i en bajo la
dulce libe ad de las p ime as leyes de la na u aleza, e asegu o que me hubie a gus ado
muchísimo pin a me del odo en e o y del odo desnudo. Así, lec o , soy yo mismo la ma e-
ia de mi lib o; no es azonable que emplees u iempo en un asun o an í olo y an ano.
Adiós, pues. Desde Mon aigne, a 12 de junio de 1580”.10
Ado able o ma de di igi se al lec o insospechado: amigo mío, pe de-
ás el iempo pasando es as páginas; no engo nada que o ece e, nada de lo
que hay aquí es de u incumbencia. Si buscas un sabe , e a pedi lo a o os. Yo
solo hablo de mí mismo. ¿Qué puedes ú espe a de lo que ienes aho a an e us
ojos? Sé p uden e, lib a a us manos de es e peso y oma en e o el iempo que
pensabas conmigo malgas a .
¿Puede habe es a egia más e icaz pa a gana un cómplice? La p ohi-
bición o el es ue zo disuaso io no hacen o a cosa que da pábulo a la cu iosi-
dad. Deci que no se debe en a es ace ca una mul i ud hacia el umb al. Pe o
ocu e que el lec o de la o e no soñaba con una masa de lec o es. No sen ía
ningún ansia po los eembolsos de la ama. Su come ido en es a ca a no es
o o que la hon adez y la p ecaución. Y, jun o con ello, cub i se las espaldas
an e la insegu idad del olumen eunido.
Lo singula es que, poco después –como puede e i ica se en el índice–,
se pone a dise a sob e un elenco a iopin o de emas –los ca uajes, los pa la-
men os de las ba allas, la mue e, los pulga es, la is eza, unos e sos de Vi -
gilio, el canibalismo– y no sen imos nunca que es é ocupándose exp esamen e
de sí mismo. Excep o, cla o, como pa e de esos desa ollos. Quizá es que sob e
el mismo su co abie o po el ex emo de su pluma se a pe ca ando de lo que
sabe y de lo que no, de lo que iene y de lo que no iene; y se a en endiendo
a sí mismo de esa o ma.11 Habla de los asun os que le salen al paso implica
la ocasión de modula un en oque y de mos a lo que le gus a obse a y el
[10] Los ensayos, ad. J. Bayod B au, Ba celona, Ed. Acan ilado, 2007, p. 5-6.
[11] En sus ensayos, “no es el alo de e dad como adecuación lo que cuen a, sino la simple exposi-
ción de un con enido de la consciencia. El ex o no es e lejo del mundo, sino de sí mismo: los emas
que elige, según la exp esión de Regosin, no son sino len es con las que Mon aigne in en a en oca
el yo y comp ende lo”. (Na a o, Jesús, Pensa sin ce ezas. Mon aigne y el a e de con e sa , Ma-
d id, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2007, p. 177)

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modo de obse a lo. Después de odo, esc ibiendo dema ca el luga desde don-
de mi a y e ela la p opia isonomía, como és a se e ela ambién en las o os
que omamos al iaja y en las que no apa ecemos y que, po eso jus amen e,
nos dela an mejo al deja a la is a nues a a ención a las cosas, el modo cómo
nos ap oximamos o alejamos de ellas, cómo las encuad amos, qué ponemos y
qué excluimos del ec ángulo, la ho a y la luz que elegimos pa a abo da las.
Po que, en de ini i a, ambién somos eso, una mi ada que camina.
Es la misma espe anza que es á de ás de la p e e encia que iene
Mon aigne po con a anécdo as de pe sonajes de la his o ia, que Los ensayos
dispensan a manos llenas. Él se as ea a sí mismo en los ac os de los o os,
al e és de cómo ha á Desca es que busca una ciencia álida pa a odos en el
educ o de su sola conciencia: “en luga de na a los hechos de su p opia ida
–comen a Jesús Na a o–, dedica páginas y páginas a con a nos los de Ca ón,
Césa , A ahualpa o algún campesino de su pueblo. […] Al igual que las ci as,
las his o ias ace ca de o os cumplen ambién una unción oblicua, indi ec a:
no es án ahí an o pa a habla de ellos como pa a habla del p opio suje o que
los cuen a”.12
En su ela o “El inmo al”, Bo ges imagina la pos ación de una huma-
nidad absuel a de su des ino mo al.
“Adoc inada po un eje cicio de siglos, la epública de homb es inmo ales había lo-
g ado la pe ección de la ole ancia y casi del desdén. Sabía que en un plazo in ini o le
ocu en a odo homb e odas las cosas. [...] Enca ados así, odos los ac os son jus os, pe o
ambién son indi e en es. No hay mé i os mo ales o in elec uales. Home o compuso la
Odisea; pos ulado un plazo in ini o, con in ini as ci cuns ancias y cambios, lo imposible es
no compone , siquie a una ez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo homb e inmo al es
odos los homb es. Como Co nelio Ag ippa, soy dios, soy hé oe, soy ilóso o, soy demonio y
soy mundo, lo cual es una a igosa mane a de deci que no soy”.13
Es la exis encia de un iempo aco ado lo que nos ap esu a hacia la ob a
que decidi á nues a igu a. A is ó eles, hablando del o igen de los hábi os, de-
cía que la epe ición de ac os imp ime cualidades en el suje o agen e. Si mien o
a menudo, me uel o men i oso; si oco el piano con egula idad, se é mejo
pianis a… Pe o en una du ación sin con o nos odo puede hace se y odo puede
acon ece , po eso nada ap emia y el balanceo de la libe ad se hace desidia.
Cada momen o se desmaya acío de pasión. En luga de las mil o mas de la
dicha, la inmo alidad mundana epo a ía el sopo y la apa ía. No una des i-
gu ación sino la inexp esi idad.
Con la con icción de que, como decía Pico de la Mi andola, enimos al
mundo con una o ma inde e minada y cada uno es su p opio modelado , 14 la
[12] Pensa sin ce ezas, p. 248.
[13] El aleph, Mad id, Ed. Alianza, 1972, p. 7 y ss.
[14] C . Discu so sob e la dignidad del homb e En Rod íguez San id ián, P. (comp. y .) Humanis-
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acción po la que Mon aigne quie e diseña se a sí mismo no es o a que la cons-
ucción de su p osa. Las in e enciones públicas “di án más sob e la o una
que sob e mí. Dan es imonio de su papel, no del mío, sal o de mane a conje u-
al e incie a”.15 En las ocasiones comunes, nues o ob a se enheb a con el de
los demás y se con unde con a iables sob e las que no enemos dominio. Ese
ac ua en e los o os no nos ep esen a idedignamen e. Si nos da a conoce ,
no nos ago a. Sö en Kie kegaa d di á mucho después que lo que peculia iza al
humano es ese i i pa a aden o, el se una con inua e lexión sob e sí mismo.
Somos la conciencia que enemos de noso os. Y, como sub aya A nold Gehlen,
el homb e es el único se que necesi a sabe lo que es pa a se lo.
La edacción a que se aboca Michel de Mon aigne no es, pues, el pa-
sa iempo de quien dese a de unas unciones sociales o se jubila de una ida
a a eada. No es un empeño de ecupe ación, un descanso, un sus ae se a lo
público –como le pasa a Machia elli an e su biblio eca–, sino la ejecución de
una a ea, la de edi ica se a sí mismo. Inexcusable además. “Yo me exhibo en-
e o. Es o es un skele os [una ana omía] en el cual apa ecen, en una sola isión,
enas, músculos, endones, cada pieza en su si io. El ac o de ose mos aba
una pa e; el ac o de la palidez o del la ido del co azón, o a, y de o ma dudosa.
No esc ibo mis acciones, me esc ibo yo, mi esencia”.16
Hay lib os que se esc iben pa a ende o pa a imp esiona a los lec o-
es. Los ensayos, en cambio, se dis u an po que ienen odo el a o esa ona-
lidad y ese cando de un abajo nacido de una ue za in e io y no de la ex-
pec a i a del aplauso. En las Ca as a un jo en poe a, Rilke ano aba lo mismo,
que había que esc ibi solo cuando ue a absolu amen e necesa io.17 Mon aigne
omó asien o en su es udio mo i ado po la esc i u a p opia an es que po la
lec u a ajena.
Y es a con ección de su e a o ue, de paso, su espues a al manda o
soc á ico del au oconocimien o.18 “Y aunque nadie me lea, ¿he pe dido acaso el
mo y Renacimien o, Mad id, Ed. Alianza, 1994, p. 121-122.
[15] Los ensayos, II, VI, p. 547.
[16] Los ensayos, II, VI, p. 547. Dice Pe e Bü ge : “su lib o no si e a un in e ce o y po ende ex-
año, es más bien un miemb o de sus exis encia.” (El descub imien o del suje o mode no: Agus ín,
Mon aigne, Desca es, Pascal, La Roche oucauld, En Bü ge , Ch is a y Bü ge , Pe e , La desapa-
ición del suje o. Una his o ia de la subje i idad de Mon aigne a Blancho , ad. A. González Ruiz,
Mad id, Ed. Akal, 2001, p. 36)
[17] C . Ca as a un jo en poe a, ad. José Ma ía Val e de, Mad id, Ed. Alianza, 1999, p. 24.
[18] “Los Ensayos apa ecen en un ambien e especialmen e p ocli e a la plasmación pic ó ica de los
ca ac e es psicológicos – ecué dese la habilidad e a is a de Jean y F ançois Cloue , o los delica-
dos esmal es de Léona d Limousin–. De hecho, el p opio Mon aigne dejó cons ancia de la in luen-
cia que eje ció sob e él el lo ecien e géne o del au o e a o: «Vi un día en Ba -Le-Duc o cee al
ey F ancisco II pa a hon a la memo ia de Rena o, ey de Sicilia, un e a o que él había hecho de
sí mismo. ¿Po qué no a a pode cada cual igualmen e pin a se con la pluma, como él se pin aba
con un lápiz?». [Ensayos II, 17]” (Na a o, Jesús, Pensa sin ce ezas, p. 166)
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iempo dedicándome an as ho as ociosas a pensamien os an ú iles y ag ada-
bles? Al moldea en mí es a igu a, he enido que a egla me y compone me
an a menudo pa a ep oduci me, que el modelo ha cob ado i meza y cie a
medida o ma él mismo. Al ep esen a me pa a o os, me he ep esen ado en
mí, con colo es más ní idos que los que an es enía. No he hecho más mi lib o
de lo que mi lib o me ha hecho a mí”.19 El esco de es a con ianza es el en e o
a co de su encan o.
Hay que insis i en que, es ablecido el in, el mé odo escogido po Mon-
aigne no ue demo a se an e su e lejo, in en a ia lo i ido y desc ibi se al
de alle. Los ensayos no son un dia io lle ado con pun ualidad; ampoco unas
memo ias que o denen las pe ipecias de las que ha dimanado el os o que e-
nemos, como en el caso de Rousseau, Casano a o Cha eaub iand.20 La emá ica
que a aca Mon aigne es solo indi ec amen e alusi a a él.
Sob e la excepcionalidad del géne o incoado po Les essais, Na a o
delibe a que no es amos ni siquie a an e una au obiog a ía en el jus o é mino:
“la cons ucción de un pe sonaje au obiog á ico exigi ía educi la di e sidad
y a iedad de lo ocu ido a una cie a cohe encia, ein e p e a las mu acio-
nes en cla e e olu i a. Mon aigne, aunque quie e plasma sus al e aciones
en el papel, enuncia abie amen e a es ablece ese ipo de cohe encia […] Su
écnica de edacción po añadidos, con escasas co ecciones, pe mi e al ex o
e leja poli ónicamen e los di e sos es ados de su au o , sin que és os queden
uni icados po el p esen e de la na ación. Mon aigne huye conscien emen e de
la ememo ación au obiog á ica po que és a ha ía sucumbi su p oyec o an e
la i anía del p opio pe sonaje: el au o a cada paso sen i ía la en ación de
o za sus ecue dos pa a que dejen de se episodios inconexos, y se in eg en
en el de eni cohe en e de una única pe sonalidad”.21
Dicho b e emen e, un co pus au obiog á ico supond ía una es uc u a,
lo que en el caso de Mon aigne ap isiona ía su espí i u has a so oca su a án de
busca se y hace se mien as esc ibe. Po el con a io, el ensayis a deja eme -
ge los múl iples pe iles que los u nos an ex ayendo de él, como la mani-
es ación de un semblan e i o y no embalsamado: “lo único que me p opongo
aquí es mos a me a mí mismo, que se é al ez dis in o mañana si un nue o
ap endizaje me modi ica”.22 Cuán o pa ecido con es a p osa iene el anda ocu-
[19] Los ensayos, II, XVIII, p. 1003.
[20] Pa a Bü ge , Les essais “no es (como más a de en Rousseau) un in o me a pos e io i con la in-
ención de la au ojus i icación, sino el in en o inconcluible de expe imen a odo sob e sí”. (El des-
cub imien o del suje o mode no: Agus ín, Mon aigne, Desca es, Pascal, La Roche oucauld, p. 37)
[21] Pensa sin ce ezas, p. 168-169.
[22] Los ensayos, I, XXV, p. 186. Bellamen e esc ibe You cena sob e el Ad iano de su no ela: “Di-
e sos pe sonajes einaban en mí sucesi amen e, ninguno po mucho iempo, pe o el i ano caído
ecob aba ápidamen e el pode . Albe gaba así al o icial esc upuloso, aná ico de disciplina, pe o
que compa ía aleg emen e las p i aciones de la gue a con sus homb es; al melancólico soñado
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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en e, aza oso y libé imo del Simon Tanne de una de las no elas de Robe
Walse , e incluso la misma mane a dis o zada, llena de encan ado es des íos e
imp o isaciones, de la esc i u a de sus Mic og amas.
Más que un e a o en endido como ijación, o un dique con a al iem-
po, a la mane a del Do ian G ay de Osca Wilde, el ancés c ee más adecuado
pe geña algo pa ecido a una música, decu so en el cual la congelación de una
sola no a desquicia ía el conjun o. Es deci , acep a el mo imien o na u al que
Da Vinci encon aba acuo y dele é eo (y que le lle aba a p e e i la pin u a
a la desdichada música que se des anece an p on o como suena). Po eso, el
a ance de Les essais es como el de una sucesión de e en ualidades, cuya imp e-
isibilidad dice mucho más de lo que pe mi i ía una es ic a plani icación. Lo
que el ensayis a no puede consen i , en odo caso, es aiciona la agmen a-
iedad, la olubilidad, la ape u a, el discu i del se . De eni sin deja de se
y se sin deja de de eni , di ía Í alo Cal ino a p opósi o del Ulises de Home o.
De ahí que el géne o, el es ilo y el lenguaje que emplea el ancés calcen an
bien con su idea de la ida.
En Mon aigne, dice Ha old Bloom, el lib o es el homb e y el homb e es
el lib o. De es e c í ico no eame icano omo p es ado el inigualable ibu o al
esc i o de Los ensayos que hace Ralph Waldo Eme son en sus Homb es ep e-
sen a i os de 1850:
“La since idad y i alidad del homb e se con agia a sus ases. No conozco ningún o o
lib o que pa ezca menos esc i o. Es el lenguaje de la con e sación asladado a un lib o.
Co ad esas palab as, sang an; son ascula es y i as. Nos p opo cionan el mismo place
que cuando escuchamos las necesa ias palab as de homb es que hablan de su abajo,
cuando cualquie ci cuns ancia inusual p opo ciona una impo ancia momen ánea al diá-
logo. Pues los he e os y los anspo is as no se aban al habla ; son una llu ia de balas.
Son los homb es de Camb idge los que se co igen, y comienzan de nue o a mi ad de ase,
y hacen juegos de palab as y son muy e inados, y se apa an de la cues ión que exp esan.
Mon aigne habla con as ucia, conoce el mundo, y los lib os, y a él mismo, y siemp e es posi-
i o: nunca chilla, ni p o es a, ni eza: no mues a debilidad, ni con ulsión, ni supe la i os:
no desea sali se de su piel, ni hace el payaso, ni aniquila el iempo o el espacio; pe o es
de los dioses, al aman e dispues o a odo po un ins an e de é igo, al jo en enien e al ane o que
se e i a a su ienda, es udia sus mapas a la luz de la lámpa a, sin ocul a a los amigos su des-
p ecio po la o ma en que an las cosas, y al es adis a u u o. Pe o ampoco ol idemos al innoble
adulado , que pa a no desag ada consen ía en embo acha se en la mesa impe ial, al jo enzuelo
que opinaba sob e cualquie cosa con idícula segu idad; al con e sado í olo, capaz de pe de a
un buen amigo po una ase ingeniosa; al soldado que cumplía con p ecisión maquinal sus bajas
a eas de gladiado . Y mencionemos ambién a ese pe sonaje acan e, sin nomb e, sin luga en
la his o ia, pe o an yo como odos los o os, simple jugue e de las cosas, ni más ni menos que un
cue po, endido en su lecho de campaña, dis aído po un olo , ocupado po un alien o, agamen e
a en o a un e e no zumbido de abeja. Y sin emba go, poco a poco, un ecién enido en aba en un-
ción: un homb e de ea o, un di ec o de escena. Conocía el nomb e de mis ac o es; a eglaba pa a
ellos en adas y salidas plausibles; co aba las éplicas inú iles; e i aba g adualmen e los e ec os
ulga es. Ap endía a no abusa del monólogo. Poco a poco mis ac os me iban o mando”. (Memo ias
de Ad iano, ad. Julio Co áza , Buenos Ai es, Ed. Debolsillo, 2004, p. 57-58)
Víc o H. Palacios C uz
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