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THÉMATA. Re is a de Filoso ía
Nº49, Ene o-junio (2014) pp.: 255-270
ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X
doi: 10.12795/ hema a.2014.i49.14
SOLEDAD, ESCRITURA Y CELEBRACIÓN DE LA
FINITUD EN LOS ENSAYOS DE MICHEL DE MONTAIGNE
LONELINESS, WRITING AND CELEBRATION OF THE FINITE
CONDITION INTO THE ESSAYS OF MICHEL DE MONTAIGNE
Víc o H. Palacios C uz1
Uni e sidad Ca ólica San o To ibio de Mog o ejo (Pe ú)
Recibido: 11-01-2013
Acep ado: 28-01-2013
Resumen: Mon aigne aza una conciencia de la indi idualidad en un
pun o medio que e i a an o la deplo ación del yo del lu e anismo como la
absolu ización de la azón del ca esianismo. Somos un pun o en el iempo y el
espacio, pequeñez que deses ima cualquie di inización del juicio pe sonal y, de
paso, explica la plu alidad del mundo. Pequeñez que alien a an o el a o con
la in e io idad como el in e és po los o os.
Palab as-cla e: Mon aigne; iloso ía mode na; subje i idad, he menéu ica,
in ospección, esc i u a.
Abs ac : Mon aigne os e s a so o awa eness o he indi iduali y, which
is hal way in be ween he Lu he an denial o he sel and he Ca esian
absolu iza ion o eason. We a e jus a iny do in ime and space; a ac ha
p e en s us om dei ying ou pe sonal judgmen and, in so doing, explains he
plu ali y o he wo ld. And his smallness encou ages us bo h o ca e o ou own
in imacy, and o wo y abou he o he s.
Key-wo ds: Mon aigne, Mode n Philosophy, Subjec i i y, He meneu ics,
In ospec ion, W i ing.
[1] ([email p o ec ed]) Nacido en Piu a (Pe ú). Diplomado, Maes ía y es udios de doc o ado
en Filoso ía po la Uni e sidad de Na a a –Pamplona, España–. Especialis a en emas de ilo-
so ía mode na y an opología ilosó ica. Es miemb o del CLAFEN (Cí culo La inoame icano de
Fenomenologia) Ac ualmen e p epa a un lib o sob e el ánsi o del medie o a la mode nidad en
o no a la igu a de Michel de Mon aigne. Asimismo, es esc i o y ha publicado ecien emen e un
olumen de p osa poé ica i ulado Las Mo adas del abuelo.
Víc o H. Palacios C uz
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Con aba Nie zsche que cada ez que ab ía Los ensayos le c ecía una
pie na o un ala. Aquella publicación de Michel de Mon aigne –di aga o ia,
miscelánea, ascinan e– c eó una b echa en e los géne os de la li e a u a i-
losó ica, his o iog á ica y didác ica del siglo XVI y, con esa mezcla de esco y
consis encia de los clásicos p ecoces, inició el pe iplo de un es ilo que a a esó
ai oso las modas y las ideas, y goza aún de espléndida salud.
Los ensayos (Les essais) es el lib o de ás de los g andes lib os de la a-
dición eu opea. Es la p esencia, callada o e ulsi a, que se halla implíci a en
los Ensayos de Bacon, el Discu so del mé odo de Desca es, los Pensamien os
de Pascal, el Ensayo sob e el en endimien o humano de Locke, las Con esiones
de Rousseau y o os. Es ambién un alimen o ag adecido en el Nie zsche c í ico
de la mode nidad y un cla o en las inieblas pa a un Ho kheime a ligido al
é mino de las dos g andes gue as del siglo an e io .
En una misi a a Louise Cole , Gus a e Flaube p o umpe de es e modo:
“Es oy eleyendo a Mon aigne. ¡Es singula has a qué pun o es oy lleno de ese indi i-
duo! […] Tenemos los mismos gus os, las mismas opiniones, la misma mane a de i i , las
mismas manías. Hay gen e a la que admi o más que a él, pe o no hay a quien e oca ía más
a gus o, y con quien cha la ía mejo ”.2
Su bióg a o Jean Lacou u e habla de él como “uno de los undado es
de la in ospección” y “uno de los in en o es de la sensibilidad y de la cul u a
occiden al”.3 Pa a Tz e an Todo o , se a a del “p ime e dade o humanis a”
en el sen ido de aquel que piensa no que el humano es un se o midable, sino
uno inde e minado que iene en la libe ad la ocasión de su elicidad o su des-
dicha.4 Y en sus apun es, Elias Cane i comen a: “Mon aigne iene esa ac i ud
abie a hacia cualquie o ma de ida humana que ac ualmen e es uni e sal
y ha sido incluso ele ada al ango de ciencia, pe o él la u o en su época, una
época aná icamen e con encida de su p opia in alibilidad”.5
¿Es deci demasiado? Na ando un a a a muy cas ellano, Ce an es
alló un a que ipo uni e sal. De es e ancés nacido en Gascogne (Gascuña)
pod ía deci se que, ocupándose de asun os pe sonales, alen ado po sus lec u as
p e e idas y sin deseos de esc ibi más que pa a sus amigos y pa ien es,6 acumu-
[2] “¿Se á una coincidencia, o se á po que a los dieciocho, du an e odo un año, me a ibo é de
él, no leía más que a él? ¡Con ecuencia me deja a óni o halla en él el análisis más su il de mis
p opios sen imien os!” (Ca as a Louise Cole , ad. Ignacio Malaxeche e ía, Mad id, Ed. Si uela,
2003, p. 37)
[3] Mon aigne a caballo, ad. Ida Vi ale, México, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2000, p. 11.
[4] Delicias y debe es. Una ida en e on e as. (En e is as con Ca he in Po e in), ad. Ma cos
Maye , Buenos Ai es, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2003, p. 166-167.
[5] Apun es I, ad. Juan José del Sola y Bea iz Galán, Ba celona, Ed. Debolsillo, 2008, p. 284-285.
[6] “¿Po qué ese la inis a de nacimien o y de gus o eligió esc ibi en ancés, lengua ulga en su
época? Él mismo esbozó una explicación: «Esc ibo mi lib o pa a pocos homb es y pa a pocos años.
Si hubie a a ado de asun os de los que du an y pe sis en, hab ía sido p eciso emplea en él un
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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ló un g ueso de olios que con incompa able amenidad an icipa on algunas de las
e e encias que la men alidad eu opea, incluso con empo ánea, ha ap endido a
asumi , ap ecia e incluso a ex aña : la conciencia de la indi idualidad, la de-
ensa de la libe ad, la e lexi idad unida a una g an i alidad, la exho ación al
diálogo, la celeb ación de la plu alidad, el alo o ma i o de los iajes y el sen i-
do inclusi o de la ole ancia. A lo que se añade la o iginalidad con que Mon aigne
p o esa una consonancia en e la mesu a a is o élica y el e o de los aman es
del mundo, en e la igno ancia soc á ica y la a idez de lec u as y de encuen os,
y en e la ce eza de la p opia ini ud y la since a con ianza en el in ini o.
Si, como dice Sándo Má ai,7 desc ibiendo el implacable p oceso de es a-
alización y despe sonalización de la sociedad húnga a bajo la ocupación comu-
nis a, el mayo de los apo es del Viejo Con inen e a la his o ia es la delimi ación
del indi iduo y del sen imien o bu gués –en endido no como una au ocompla-
cencia social sino como el cul i o decidido de la p opia alma–, no cabe, en onces,
la meno duda de que Michel de Mon aigne es un p óce de la cul u a eu opea.
En la ca a al lec o de Los ensayos se lee: “yo mismo soy la ma e ia de
es e lib o”, “me pin o a mí mismo”. ¿Es acaso el inicio de un despliegue de a-
nidad de un milla y medio de páginas? ¿Es el p eludio de un mo oso eje cicio
de ensimismamien o y e ocación a la mane a de Ma cel P ous ? Ha old Bloom
dice que uno e mina de lee al gascón y oda ía quie e sabe más de él. El
índice de Los Ensayos p esen a es os encabezados: “sob e los caballos”, “sob e
la o a o ia”, “sob e la c ueldad”, “sob e el do mi ”, “sob e la gue a”, “sob e Ci-
ce ón”… Ex aña mane a de a a de uno mismo. Mon aigne mismo con iesa:
“no he hecho más a mi lib o de lo que mi lib o me ha hecho a mí”. Ve sando
sob e asun os ajenos ha ga aba eado un e a o de sí mismo.
Pe o en o o momen o escla ece: “sea lo que sea, quie o se lo ue a del papel”, pues
“yo soy cualquie cosa an es que un esc i o de lib os. Mi come ido es da o ma a mi ida”.
Finalmen e, el homb e desbo da el ex o, el yo se si úa más allá de los ac os y sus esul-
ados. La ida, inap ehensible, ale ea sob e el olo de la in a y se escabulle pa a siemp e.
lenguaje más i me»; dicho de o o modo, no esc ibió en la ín po pa ece más amilia , menos so-
lemne, menos p e encioso”. (Lacou u e, Jean, Mon aigne a caballo, p. 215)
[7] Los maes os de la sabidu ía o ien al “conside aban como obje i o inal la disolución de la pe -
sonalidad, el ins an e en que un indi iduo es capaz de aspasa los lími es de su indi idualidad y
se in eg a en el i mo del uni e so. Pa a mí, pa a cualquie occiden al, semejan e isión del mundo
suena a chino o hindú, po que si enuncio a mi pe sonalidad –esa peculia obsesión–, ambién
enuncio al sen ido de los lazos que me man ienen a ado a la ida. […] Se bu gués nunca ha sido
pa a mí una ca ego ía social; siemp e he conside ado que se a a de una ocación. La igu a del
bu gués ep esen a pa a mí el mejo enómeno humano c eado po la cul u a occiden al mode -
na: as se aniquilada la en ejecida es uc u a social basada en la je a quía eudal y habe se
desmo onado en el mundo un o den social caduco, el bu gués es ableció un nue o equilib io. […]
“Ese ha sido el mayo egalo de Eu opa a la humanidad: el humanismo. ¿Qué es el humanismo?
Una medida humana. La cons a ación de que el se humano es el sen ido úl imo de la e olución,
el desa ollo y el p og eso.” (¡Tie a ie a!, ad. J. Xan us Sza as, Ba celona, Ed. Salamand a,
2006, p. 109-110, 136 y 277)
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Deseo p opone una ap oximación hacia esa elación que u o Mon-
aigne con la palab a como medio de con igu ación de una in e io idad an
ci cunsc i a como á ida y p o is a de una cie a plu alidad y, po ello, luga
de la conciencia de una ini ud insepa able del mundo y al mismo iempo indi-
soluble en él.
En sus P osas apá idas, Julio Ramón Ribey o concluye que la esc i u-
a no es algo que suceda con pos e io idad al conocimien o, sino que más bien
ocu e lo con a io. Cuando se dispone a e oca la Lima de su in ancia desde el
Pa ís de su adul ez, empieza a descub i , emocionado, que el ba io, el ma , el
ai e y odo en su memo ia se llena y se p ecisa apenas empieza el ecleo de su
máquina. Y los obje os se ans igu an an p on o jun a una ase con o a. “El
ac o de esc ibi –sub aya– nos pe mi e ap ehende una ealidad que has a el
momen o se nos p esen aba en o ma incomple a, elada, ugi i a o caó ica”.8
Las palab as a e an las cosas y p oyec an sob e ellas una ue za que,
sin se exhaus i a, es cla i icado a. Designa es dis ingui , delimi a , ilumi-
na . El pensamien o se halla en un es ado di uso y suspenso has a que al in lo
ecoge y anspo a una ila de ocablos. Cuando Wi gens ein eía en el len-
guaje un “ ehículo del pensamien o”, enía en cuen a no una especie de agón
sob e el cual los concep os se embalasen y emi iesen umbo hacia lo público,
sino más bien una ilación con la que luía, insepa able, el mismo en endimien-
o. La e balidad no es un signo del pensa , es el pensa en sí, en endido no
como un p oduc o inal sino como ac i idad y c eación.
Solo en el uso de un idioma pa icula –pues o que una lengua pu a es
i eal– nos ape cibimos de lo que sabemos y de lo que no sabemos. Su u ilidad no
es, po an o, ex ínseca al hecho de la comp ensión. Hablando disce nimos. De
mane a que si, po una pa e, la au oposesión y el diseño de la ida es una ope a-
ción de la conciencia, po o a, és a es indisolublemen e una expe iencia lingüís-
ica, como Gadame sugie e. 9 Somos cada uno, po den o, un lujo de palab as.
Con bas an e an e io idad a es as dig esiones analí icas y he menéu-
icas, Mon aigne se p opone esc ibi Los ensayos con la in ención de comp en-
de y comp ende se a sí mismo y hace lo a a és de la esc i u a. No pa e de
una sabidu ía iniqui ada que desea a expone ; más bien, ala ga las manos
y se pone a busca . Y ocando las cosas encuen a sus p opios con o nos, su
p opia medida.
[8] Lima, Ed. Seix Ba al, 2006, 55, pp. 49-50.
[9] “El lenguaje no es sólo una de las do aciones de que es á pe echado el homb e al como es á
en el mundo, sino que en él se basa y se ep esen a el que los homb es simplemen e engan mundo.
Pa a el homb e el mundo es á ahí como mundo, en una o ma bajo la cual no iene exis encia pa a
ningún o o se i o pues o en él. Y es a exis encia del mundo es á cons i uida lingüís icamen e.
[…] La humanidad o igina ia del lenguaje signi ica, pues, al mismo iempo la lingüis icidad o i-
gina ia del es a -en-el-mundo del homb e”. (Ve dad y mé odo I, ad. A. Agud A. y R. de Agapi o.
Salamanca, Ed. Sígueme, 2005, p. 531)
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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Así in oduce sus espléndidos ensayos:
“Lec o , és e es un lib o de buena e. Te ad ie e desde el inicio que el único in que me
he p opues o con él es domés ico y p i ado. No he enido conside ación alguna ni po u
se icio ni po mi glo ia. Mis ue zas no alcanzan pa a semejan e p opósi o. Lo he dedicado
al in e és pa icula de mis pa ien es y amigos, pa a que, una ez me hayan pe dido ―
cosas que les sucede á p on o―, puedan eencon a algunos asgos de mis cos umb es e
inclinaciones, y pa a que así alimen en, más en e o y más i o, el conocimien o que han
enido de mí. Si hubiese sido pa a busca el a o del mundo, me hab ía ado nado mejo ,
con bellezas pos izas. Quie o que me ean en mi mane a de se simple, na u al y común,
sin es udio ni a i icio. Po que me pin o a mí mismo. Mis de ec os se lee án al na u al,
mis impe ecciones y mi o ma genuina en la medida que la e e encia pública me lo ha
pe mi ido. De habe es ado en e aquellas naciones que, según dicen, oda ía i en bajo la
dulce libe ad de las p ime as leyes de la na u aleza, e asegu o que me hubie a gus ado
muchísimo pin a me del odo en e o y del odo desnudo. Así, lec o , soy yo mismo la ma e-
ia de mi lib o; no es azonable que emplees u iempo en un asun o an í olo y an ano.
Adiós, pues. Desde Mon aigne, a 12 de junio de 1580”.10
Ado able o ma de di igi se al lec o insospechado: amigo mío, pe de-
ás el iempo pasando es as páginas; no engo nada que o ece e, nada de lo
que hay aquí es de u incumbencia. Si buscas un sabe , e a pedi lo a o os. Yo
solo hablo de mí mismo. ¿Qué puedes ú espe a de lo que ienes aho a an e us
ojos? Sé p uden e, lib a a us manos de es e peso y oma en e o el iempo que
pensabas conmigo malgas a .
¿Puede habe es a egia más e icaz pa a gana un cómplice? La p ohi-
bición o el es ue zo disuaso io no hacen o a cosa que da pábulo a la cu iosi-
dad. Deci que no se debe en a es ace ca una mul i ud hacia el umb al. Pe o
ocu e que el lec o de la o e no soñaba con una masa de lec o es. No sen ía
ningún ansia po los eembolsos de la ama. Su come ido en es a ca a no es
o o que la hon adez y la p ecaución. Y, jun o con ello, cub i se las espaldas
an e la insegu idad del olumen eunido.
Lo singula es que, poco después –como puede e i ica se en el índice–,
se pone a dise a sob e un elenco a iopin o de emas –los ca uajes, los pa la-
men os de las ba allas, la mue e, los pulga es, la is eza, unos e sos de Vi -
gilio, el canibalismo– y no sen imos nunca que es é ocupándose exp esamen e
de sí mismo. Excep o, cla o, como pa e de esos desa ollos. Quizá es que sob e
el mismo su co abie o po el ex emo de su pluma se a pe ca ando de lo que
sabe y de lo que no, de lo que iene y de lo que no iene; y se a en endiendo
a sí mismo de esa o ma.11 Habla de los asun os que le salen al paso implica
la ocasión de modula un en oque y de mos a lo que le gus a obse a y el
[10] Los ensayos, ad. J. Bayod B au, Ba celona, Ed. Acan ilado, 2007, p. 5-6.
[11] En sus ensayos, “no es el alo de e dad como adecuación lo que cuen a, sino la simple exposi-
ción de un con enido de la consciencia. El ex o no es e lejo del mundo, sino de sí mismo: los emas
que elige, según la exp esión de Regosin, no son sino len es con las que Mon aigne in en a en oca
el yo y comp ende lo”. (Na a o, Jesús, Pensa sin ce ezas. Mon aigne y el a e de con e sa , Ma-
d id, Ed. Fondo de Cul u a Económica, 2007, p. 177)
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modo de obse a lo. Después de odo, esc ibiendo dema ca el luga desde don-
de mi a y e ela la p opia isonomía, como és a se e ela ambién en las o os
que omamos al iaja y en las que no apa ecemos y que, po eso jus amen e,
nos dela an mejo al deja a la is a nues a a ención a las cosas, el modo cómo
nos ap oximamos o alejamos de ellas, cómo las encuad amos, qué ponemos y
qué excluimos del ec ángulo, la ho a y la luz que elegimos pa a abo da las.
Po que, en de ini i a, ambién somos eso, una mi ada que camina.
Es la misma espe anza que es á de ás de la p e e encia que iene
Mon aigne po con a anécdo as de pe sonajes de la his o ia, que Los ensayos
dispensan a manos llenas. Él se as ea a sí mismo en los ac os de los o os,
al e és de cómo ha á Desca es que busca una ciencia álida pa a odos en el
educ o de su sola conciencia: “en luga de na a los hechos de su p opia ida
–comen a Jesús Na a o–, dedica páginas y páginas a con a nos los de Ca ón,
Césa , A ahualpa o algún campesino de su pueblo. […] Al igual que las ci as,
las his o ias ace ca de o os cumplen ambién una unción oblicua, indi ec a:
no es án ahí an o pa a habla de ellos como pa a habla del p opio suje o que
los cuen a”.12
En su ela o “El inmo al”, Bo ges imagina la pos ación de una huma-
nidad absuel a de su des ino mo al.
“Adoc inada po un eje cicio de siglos, la epública de homb es inmo ales había lo-
g ado la pe ección de la ole ancia y casi del desdén. Sabía que en un plazo in ini o le
ocu en a odo homb e odas las cosas. [...] Enca ados así, odos los ac os son jus os, pe o
ambién son indi e en es. No hay mé i os mo ales o in elec uales. Home o compuso la
Odisea; pos ulado un plazo in ini o, con in ini as ci cuns ancias y cambios, lo imposible es
no compone , siquie a una ez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo homb e inmo al es
odos los homb es. Como Co nelio Ag ippa, soy dios, soy hé oe, soy ilóso o, soy demonio y
soy mundo, lo cual es una a igosa mane a de deci que no soy”.13
Es la exis encia de un iempo aco ado lo que nos ap esu a hacia la ob a
que decidi á nues a igu a. A is ó eles, hablando del o igen de los hábi os, de-
cía que la epe ición de ac os imp ime cualidades en el suje o agen e. Si mien o
a menudo, me uel o men i oso; si oco el piano con egula idad, se é mejo
pianis a… Pe o en una du ación sin con o nos odo puede hace se y odo puede
acon ece , po eso nada ap emia y el balanceo de la libe ad se hace desidia.
Cada momen o se desmaya acío de pasión. En luga de las mil o mas de la
dicha, la inmo alidad mundana epo a ía el sopo y la apa ía. No una des i-
gu ación sino la inexp esi idad.
Con la con icción de que, como decía Pico de la Mi andola, enimos al
mundo con una o ma inde e minada y cada uno es su p opio modelado , 14 la
[12] Pensa sin ce ezas, p. 248.
[13] El aleph, Mad id, Ed. Alianza, 1972, p. 7 y ss.
[14] C . Discu so sob e la dignidad del homb e En Rod íguez San id ián, P. (comp. y .) Humanis-
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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acción po la que Mon aigne quie e diseña se a sí mismo no es o a que la cons-
ucción de su p osa. Las in e enciones públicas “di án más sob e la o una
que sob e mí. Dan es imonio de su papel, no del mío, sal o de mane a conje u-
al e incie a”.15 En las ocasiones comunes, nues o ob a se enheb a con el de
los demás y se con unde con a iables sob e las que no enemos dominio. Ese
ac ua en e los o os no nos ep esen a idedignamen e. Si nos da a conoce ,
no nos ago a. Sö en Kie kegaa d di á mucho después que lo que peculia iza al
humano es ese i i pa a aden o, el se una con inua e lexión sob e sí mismo.
Somos la conciencia que enemos de noso os. Y, como sub aya A nold Gehlen,
el homb e es el único se que necesi a sabe lo que es pa a se lo.
La edacción a que se aboca Michel de Mon aigne no es, pues, el pa-
sa iempo de quien dese a de unas unciones sociales o se jubila de una ida
a a eada. No es un empeño de ecupe ación, un descanso, un sus ae se a lo
público –como le pasa a Machia elli an e su biblio eca–, sino la ejecución de
una a ea, la de edi ica se a sí mismo. Inexcusable además. “Yo me exhibo en-
e o. Es o es un skele os [una ana omía] en el cual apa ecen, en una sola isión,
enas, músculos, endones, cada pieza en su si io. El ac o de ose mos aba
una pa e; el ac o de la palidez o del la ido del co azón, o a, y de o ma dudosa.
No esc ibo mis acciones, me esc ibo yo, mi esencia”.16
Hay lib os que se esc iben pa a ende o pa a imp esiona a los lec o-
es. Los ensayos, en cambio, se dis u an po que ienen odo el a o esa ona-
lidad y ese cando de un abajo nacido de una ue za in e io y no de la ex-
pec a i a del aplauso. En las Ca as a un jo en poe a, Rilke ano aba lo mismo,
que había que esc ibi solo cuando ue a absolu amen e necesa io.17 Mon aigne
omó asien o en su es udio mo i ado po la esc i u a p opia an es que po la
lec u a ajena.
Y es a con ección de su e a o ue, de paso, su espues a al manda o
soc á ico del au oconocimien o.18 “Y aunque nadie me lea, ¿he pe dido acaso el
mo y Renacimien o, Mad id, Ed. Alianza, 1994, p. 121-122.
[15] Los ensayos, II, VI, p. 547.
[16] Los ensayos, II, VI, p. 547. Dice Pe e Bü ge : “su lib o no si e a un in e ce o y po ende ex-
año, es más bien un miemb o de sus exis encia.” (El descub imien o del suje o mode no: Agus ín,
Mon aigne, Desca es, Pascal, La Roche oucauld, En Bü ge , Ch is a y Bü ge , Pe e , La desapa-
ición del suje o. Una his o ia de la subje i idad de Mon aigne a Blancho , ad. A. González Ruiz,
Mad id, Ed. Akal, 2001, p. 36)
[17] C . Ca as a un jo en poe a, ad. José Ma ía Val e de, Mad id, Ed. Alianza, 1999, p. 24.
[18] “Los Ensayos apa ecen en un ambien e especialmen e p ocli e a la plasmación pic ó ica de los
ca ac e es psicológicos – ecué dese la habilidad e a is a de Jean y F ançois Cloue , o los delica-
dos esmal es de Léona d Limousin–. De hecho, el p opio Mon aigne dejó cons ancia de la in luen-
cia que eje ció sob e él el lo ecien e géne o del au o e a o: «Vi un día en Ba -Le-Duc o cee al
ey F ancisco II pa a hon a la memo ia de Rena o, ey de Sicilia, un e a o que él había hecho de
sí mismo. ¿Po qué no a a pode cada cual igualmen e pin a se con la pluma, como él se pin aba
con un lápiz?». [Ensayos II, 17]” (Na a o, Jesús, Pensa sin ce ezas, p. 166)
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iempo dedicándome an as ho as ociosas a pensamien os an ú iles y ag ada-
bles? Al moldea en mí es a igu a, he enido que a egla me y compone me
an a menudo pa a ep oduci me, que el modelo ha cob ado i meza y cie a
medida o ma él mismo. Al ep esen a me pa a o os, me he ep esen ado en
mí, con colo es más ní idos que los que an es enía. No he hecho más mi lib o
de lo que mi lib o me ha hecho a mí”.19 El esco de es a con ianza es el en e o
a co de su encan o.
Hay que insis i en que, es ablecido el in, el mé odo escogido po Mon-
aigne no ue demo a se an e su e lejo, in en a ia lo i ido y desc ibi se al
de alle. Los ensayos no son un dia io lle ado con pun ualidad; ampoco unas
memo ias que o denen las pe ipecias de las que ha dimanado el os o que e-
nemos, como en el caso de Rousseau, Casano a o Cha eaub iand.20 La emá ica
que a aca Mon aigne es solo indi ec amen e alusi a a él.
Sob e la excepcionalidad del géne o incoado po Les essais, Na a o
delibe a que no es amos ni siquie a an e una au obiog a ía en el jus o é mino:
“la cons ucción de un pe sonaje au obiog á ico exigi ía educi la di e sidad
y a iedad de lo ocu ido a una cie a cohe encia, ein e p e a las mu acio-
nes en cla e e olu i a. Mon aigne, aunque quie e plasma sus al e aciones
en el papel, enuncia abie amen e a es ablece ese ipo de cohe encia […] Su
écnica de edacción po añadidos, con escasas co ecciones, pe mi e al ex o
e leja poli ónicamen e los di e sos es ados de su au o , sin que és os queden
uni icados po el p esen e de la na ación. Mon aigne huye conscien emen e de
la ememo ación au obiog á ica po que és a ha ía sucumbi su p oyec o an e
la i anía del p opio pe sonaje: el au o a cada paso sen i ía la en ación de
o za sus ecue dos pa a que dejen de se episodios inconexos, y se in eg en
en el de eni cohe en e de una única pe sonalidad”.21
Dicho b e emen e, un co pus au obiog á ico supond ía una es uc u a,
lo que en el caso de Mon aigne ap isiona ía su espí i u has a so oca su a án de
busca se y hace se mien as esc ibe. Po el con a io, el ensayis a deja eme -
ge los múl iples pe iles que los u nos an ex ayendo de él, como la mani-
es ación de un semblan e i o y no embalsamado: “lo único que me p opongo
aquí es mos a me a mí mismo, que se é al ez dis in o mañana si un nue o
ap endizaje me modi ica”.22 Cuán o pa ecido con es a p osa iene el anda ocu-
[19] Los ensayos, II, XVIII, p. 1003.
[20] Pa a Bü ge , Les essais “no es (como más a de en Rousseau) un in o me a pos e io i con la in-
ención de la au ojus i icación, sino el in en o inconcluible de expe imen a odo sob e sí”. (El des-
cub imien o del suje o mode no: Agus ín, Mon aigne, Desca es, Pascal, La Roche oucauld, p. 37)
[21] Pensa sin ce ezas, p. 168-169.
[22] Los ensayos, I, XXV, p. 186. Bellamen e esc ibe You cena sob e el Ad iano de su no ela: “Di-
e sos pe sonajes einaban en mí sucesi amen e, ninguno po mucho iempo, pe o el i ano caído
ecob aba ápidamen e el pode . Albe gaba así al o icial esc upuloso, aná ico de disciplina, pe o
que compa ía aleg emen e las p i aciones de la gue a con sus homb es; al melancólico soñado
Soledad, esc i u a y celeb ación de la ini ud en Los ensayos de Michel de Mon aigne
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en e, aza oso y libé imo del Simon Tanne de una de las no elas de Robe
Walse , e incluso la misma mane a dis o zada, llena de encan ado es des íos e
imp o isaciones, de la esc i u a de sus Mic og amas.
Más que un e a o en endido como ijación, o un dique con a al iem-
po, a la mane a del Do ian G ay de Osca Wilde, el ancés c ee más adecuado
pe geña algo pa ecido a una música, decu so en el cual la congelación de una
sola no a desquicia ía el conjun o. Es deci , acep a el mo imien o na u al que
Da Vinci encon aba acuo y dele é eo (y que le lle aba a p e e i la pin u a
a la desdichada música que se des anece an p on o como suena). Po eso, el
a ance de Les essais es como el de una sucesión de e en ualidades, cuya imp e-
isibilidad dice mucho más de lo que pe mi i ía una es ic a plani icación. Lo
que el ensayis a no puede consen i , en odo caso, es aiciona la agmen a-
iedad, la olubilidad, la ape u a, el discu i del se . De eni sin deja de se
y se sin deja de de eni , di ía Í alo Cal ino a p opósi o del Ulises de Home o.
De ahí que el géne o, el es ilo y el lenguaje que emplea el ancés calcen an
bien con su idea de la ida.
En Mon aigne, dice Ha old Bloom, el lib o es el homb e y el homb e es
el lib o. De es e c í ico no eame icano omo p es ado el inigualable ibu o al
esc i o de Los ensayos que hace Ralph Waldo Eme son en sus Homb es ep e-
sen a i os de 1850:
“La since idad y i alidad del homb e se con agia a sus ases. No conozco ningún o o
lib o que pa ezca menos esc i o. Es el lenguaje de la con e sación asladado a un lib o.
Co ad esas palab as, sang an; son ascula es y i as. Nos p opo cionan el mismo place
que cuando escuchamos las necesa ias palab as de homb es que hablan de su abajo,
cuando cualquie ci cuns ancia inusual p opo ciona una impo ancia momen ánea al diá-
logo. Pues los he e os y los anspo is as no se aban al habla ; son una llu ia de balas.
Son los homb es de Camb idge los que se co igen, y comienzan de nue o a mi ad de ase,
y hacen juegos de palab as y son muy e inados, y se apa an de la cues ión que exp esan.
Mon aigne habla con as ucia, conoce el mundo, y los lib os, y a él mismo, y siemp e es posi-
i o: nunca chilla, ni p o es a, ni eza: no mues a debilidad, ni con ulsión, ni supe la i os:
no desea sali se de su piel, ni hace el payaso, ni aniquila el iempo o el espacio; pe o es
de los dioses, al aman e dispues o a odo po un ins an e de é igo, al jo en enien e al ane o que
se e i a a su ienda, es udia sus mapas a la luz de la lámpa a, sin ocul a a los amigos su des-
p ecio po la o ma en que an las cosas, y al es adis a u u o. Pe o ampoco ol idemos al innoble
adulado , que pa a no desag ada consen ía en embo acha se en la mesa impe ial, al jo enzuelo
que opinaba sob e cualquie cosa con idícula segu idad; al con e sado í olo, capaz de pe de a
un buen amigo po una ase ingeniosa; al soldado que cumplía con p ecisión maquinal sus bajas
a eas de gladiado . Y mencionemos ambién a ese pe sonaje acan e, sin nomb e, sin luga en
la his o ia, pe o an yo como odos los o os, simple jugue e de las cosas, ni más ni menos que un
cue po, endido en su lecho de campaña, dis aído po un olo , ocupado po un alien o, agamen e
a en o a un e e no zumbido de abeja. Y sin emba go, poco a poco, un ecién enido en aba en un-
ción: un homb e de ea o, un di ec o de escena. Conocía el nomb e de mis ac o es; a eglaba pa a
ellos en adas y salidas plausibles; co aba las éplicas inú iles; e i aba g adualmen e los e ec os
ulga es. Ap endía a no abusa del monólogo. Poco a poco mis ac os me iban o mando”. (Memo ias
de Ad iano, ad. Julio Co áza , Buenos Ai es, Ed. Debolsillo, 2004, p. 57-58)
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