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Picasso, sistema creativo propio

Abstract

Este artículo plantea el origen de la producción artística de Picasso como consecuencia de la aplicación sistemática de un procedimiento concreto, de naturaleza plástica en el doble ámbito de las formas y los conceptos, y de origen propio, al que nunca renunció y ocultó bajo la realidad visual de cada una de sus obras. Ese sistema personal, desapercibido, cerrado en su realidad plástica autosuficiente, intransferible, determinó la unicidad de su arte en un nivel superior, previo al de los estilos y los géneros. La relación y el significado de cada obra en la aplicación de la que proceden es fundamental para su correcta comprensión, planteada ésta respecto de cuánto significan en el ser obra de la obra antes de la objetivación individual que le corresponde en la dimensión estética.

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Picasso, sistema creativo propio

Author: Luque Teruel, Andrés
Year: 2007
Source: https://idus.us.es/bitstreams/16e84190-0967-43a0-aee9-60bd5f745de3/download
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ESPACIO Y TIEMPO, Re is a de Ciencias Humanas, No 21-2007, pp. 95-121
PICASSO. SISTEMA CREATIVO PROPIO
And és LUQUE TERUEL*
RESUMEN
Es e a ículo plan ea el o igen de la p oducción a ís ica de Picasso como consecuencia
de la aplicación sis emá ica de un p ocedimien o conc e o, de na u aleza plás ica en el doble
ámbi o de las o mas y los concep os, y de o igen p opio, al que nunca enunció y ocul ó bajo
la ealidad isual de cada una de sus ob as. Ese sis ema pe sonal, desape cibido, ce ado en
su ealidad plás ica au osuficien e, in ans e ible, de e minó la unicidad de su a e en un ni el
supe io , p e io al de los es ilos y los géne os. La elación y el significado de cada ob a en la
aplicación de la que p oceden es undamen al pa a su co ec a comp ensión, plan eada és a
espec o de cuán o significan en el se ob a de la ob a an es de la obje i ación indi idual que
le co esponde en la dimensión es é ica.
Palab as cla e: Picasso, eo ía, angua dias, pin u a, escul u a.
ABSTRACT
This a icle is abou he o igin o Picasso´s a is ic p oduc ion due by he sys ema ic
applica ion o conc e e plas ic p oceeding in he double ambi o he o ms and concep ,
and own o igin, ne e su ende ed and sc eened below he isual eali y o his wo ks. This
sys em, pe sonal, unno iced, he me ic, independen , de e mined he homogenei y o his
a in he highe condi ion p e ious o s yles and genus. The ela ion and significance o
he wo ks is undamen al o he co ec g asp.
Keywo ds: Picasso, heo y, a an -ga de, pain ing, sculp u e.
* Uni e sidad de Se illa.
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La ob a de Picasso, inmedia a, di ec a, do ada de la di ícil simplicidad de
las c eaciones e dade amen e monumen ales; y, al mismo iempo, comple-
ja, a eces, inaccesible, p ecisamen e po eso, po su inmedia ez, ue con-
secuencia de un sis ema c ea i o p opio, que pasó inad e ido y lo p oyec ó
sob e las angua dias a ís icas con empo áneas.
Ese sis ema ue undamen al en el p oceso c ea i o que, igen e en odo
momen o, explica la unidad de sus mani es aciones, en apa iencia, an dis-
in as como los es ilos que gene a on o con los que las elaciona on. Pi-
casso no lo des eló nunca; sin emba go, muchas eces aludió a aspec os
conc e os del mismo, a an os que es inexplicable que nadie lo dilucidase
en ida del a is a.
I Eugenio de O s, la p ime a pe cepción (indefinida) del sis ema c ea i o
de Picasso.
El es udio o mal de la pin u a y la escul u a de Picasso en 1900 a 1904 y
su elación indi ec a con el pensamien o de Nie zsche y Schopenhaue pe -
mi e defini su pe sonalidad a ís ica en unción del desa ollo de un mé odo
p opio, so p enden e, insóli o en la His o ia del A e, mo i ado po la influen-
cia de la in uición sob e los p incipios de la azón y ice e sa y odo ello en
lo e e en e a los p ocedimien os écnicos y al desa ollo de las o mas que
de e minan los es ilos.
De ese modo se explica a Picasso y no po la apa iencia de cada uno
de sus és os. Po ello, Eugenio de O s (O s, 1964, Págs. 104 y 105) se opu-
so a los pe íodos es ablecidos en la ob a de Picasso y, aunque no defi-
nió su sis ema, pe cibió la exis encia me ódica y su hegemonía sob e los
es ilos, has a el pun o que lo c eyó el sis ema más sólido y au osuficien e
de la cul u a mode na occiden al, más incluso que el pode oso sis ema de
Kan , cuyo g ado de abs acción pensó que había igualado de un modo más
complejo que con la definición de los concep os, como ales in elec i os y
supedi ados a las cons ucciones e bales. Eugenio de O s undamen ó la
supe ación con la elabo ación de las imágenes que co esponden a esos
concep os, con las que Picasso p odujo o o ni el in elec i o sob e la abs-
acción inicial, que es el que lo singula iza, lo dis ingue y le da alo como
a is a po sus undamen os plás icos.
En ese sis ema, complejo, ce ado en su definición, en las pau as que lo
sos ienen, abie o has a el infini o en el desa ollo plás ico de cada concep o
definido, adica la ue za exp esi a de Picasso. Es el núcleo, el undamen o
de oda su ob a, y la causa de la ela i idad de los géne os y de las especia-
lidades, unidas así po un mismo o igen. És e es el pun o de pa ida pa a el
es udio de Picasso.
Eugenio de O s ue conscien e de la exis encia de un sis ema in elec i o
que sos u o oda la p oducción de Picasso. Su afi mación ue o unda:
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La p oducción de Picasso debe se p esen ada como un bloque, an g a-
e, an compac o, an inal e able como la misma glo ia que le acompaña.
Lo que ocu e es que Eugenio de O s sólo lo in uyó (O s, 1930, Págs.
22 y sigs; 31 y sigs; y 46 y sigs). Pasados los años y después de muchas
eflexiones, enía la ce eza de su exis encia, de su impo ancia más allá de
la singula idad de cada ob a; mas no lo ap ehendió, quizá po al a de pe s-
pec i a, y no lo definió. Hubo ocasiones en las que se ace có a la na u aleza
de Picasso; pe o, no llegó a ella, y así p oclamó e dades incomple as que
no ue on suficien es pa a explica lo. Es o ue ecuen e en los es udios pi-
cassianos, sob e odo en los dedicados a la escul u a, con ecuencia de
es ilo dis in o a la pin u a, con la que compa ió el sis ema en un con ex o
homogéneo, uni a io, que, de ese modo, quedó mu ilado, de o mado, im-
p eciso y equí oco.
Eugenio de O s p ime o dijo (O s, 1930, Págs. 37 a 44) que Picasso no
e a un pin o español, que sus aíces es aban en los neoclásicos anceses
y, an es que en és os, en los enacen is as i alianos del siglo XIV; después,
lo llamó (O s, 1964, Pág. 129):
Hijo de Málaga, c ia u a de Ba celona, pin o de Pa ís, glo ia del mundo,
seño de la ho a.
No es li e a u a, es el econocimien o implíci o de una suma de alo es
que no dilucidó, que econoció pe o no p ecisó. Es o p odujo la pa adoja de
que Eugenio de O s ue el pensado que más se ace có al conocimien o de
Picasso y el que más lejos quedó de él cuando in en ó defini lo. Con la afi -
mación an e io econoció la exis encia de alo es que lo p oyec a on sob e
los ma cos geog áficos, pe o ¿qué alo es son esos?
Veámoslo con algunos ejemplos. Eugenio de O s dijo (O s, 1964, Págs.
98 a 102):
Las especulaciones de Picasso son p og esiones in o madas po un es-
pí i u de abs acción.
Ese espí i u de abs acción co esponde al ni el in elec i o, supe io , del
mé odo, p e io a las o mas. Ello le si ió pa a afi ma que Picasso no ue
un pin o a la moda ni de angua dia y que ue independien e de la época y
del iempo. Aho a sabemos cuál ue ese espí i u de abs acción, po qué no
ue un simple pin o a la moda y po qué supe ó los con ex os y los lími es
del iempo. El es udio de sus escul u as es undamen al pa a comp ende lo.
También sabemos que, po esos p incipios, se opuso a la mode nidad an-
cesa en la que algunos lo alinea on, cuyo o igen eó ico es u o en Baudelai-
e y, al dedujo Eugenio de O s (O s, Págs. 98 a 102), en el p es igio basado
en la ausencia de p eceden es o en su al a de jus ificación.
En Picasso siemp e hubo p eceden es, mo i os, es ímulos o males;
no obs an e, ue más mode no que Baudelai e y que odos los a is as
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con empo áneos po que ompió con las adiciones en un ni el supe io ,
in elec i o, abs ac o, el que co esponde al mé odo que le pe mi ió cul-
mina an as a en u as o males como e e encias pudo ans o ma . Así
ompió con la adición de la His o ia del A e aun an es de la in ención
del cubismo y, a la ez, asumió, desde las p ime as escul u as y en las
pin u as que con ellas se elacionan, odos sus es ilos sin segui ni ec ea
ninguno de ellos.
En esa línea y con in ención ex ensible a la escul u a, Eugenio de O s
sen enció:
Es idículo p opone a Picasso como pin o español o como andaluz.
No lo es en sen ido es ic o; mas aho a sabemos qué iene Picasso de
español y qué de andaluz, y no es poco, an o como de pa isino o i aliano
o de alemán, no en la p oyección de los es ilos sino en la definición de un
mé odo, de un sis ema en el que la azón y la exp esión in ui i a incidie on
en acciones ecíp ocas.
Eugenio de O s no supo e lo y se equi ocó al deci que Picasso acabó
con lo español del a e eu opeo p esen e en Delac oix, Daumie , Enso y
Cézanne. So p ende que no ci a a a Mane , an p óximo a Velázquez, y sí
a Cézanne, an ancés, pe o es o no a añe a es a eflexión, lo que impo a
es que Picasso no acabó con lo español del a e eu opeo, odo lo con a io,
quedó cla o que asumió nume osas apo aciones de es a índole, muchas
más que odos los an e io es jun os, aunque, eso sí, no lo pa ece, no es
e iden e en el plano isual que lo hicie a. Lo que ocu e es que lo hizo en el
ámbi o in elec i o en el que definió su mé odo, su sis ema, la pe sonalidad
que hay que descub i pa a es udia oda su p oducción y, en pa icula , su
escul u a.
Es impo an e, pues del mismo modo que Eugenio de O s comp endió
que Picasso pa ió en una época de e minada de Cézanne; pe o, no lo
siguió y se dis inguió subs ancialmen e de él, ambién ue engañado po
las apa iencias y, sin ningún undamen o, lo mismo lo conside ó equipa-
able a Zenón de Elea, po la negación del mo imien o de los cue pos
geomé icos, que un pin o de filiación ancesa de i ado de Poussín y
de Ing es, que uno i aliano al Pie o della F ancesca, Leona do da Vinci
o Ra ael.
Es o ocu e cuando se oman las e e encias o las equi alencias de Pi-
casso sin ene en cuen a las elaciones con el mé odo que las asumió y las
ec eó do ándolas con un sen ido inédi o en cuan o al significado y en la
dimensión es é ica. Es el e o que se debe e i a . Pie e Daix (Daix, 1992,
Págs. 36 y 37) lo consiguió cuando alo ó las e e encias, los ecue dos,
que pe i ie on sob e los es ilos en la pin u a de Picasso has a 1906, es
el caso de la e ocación del desie o de Alme ía en Ac óba a de la bola (o
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Muchacha con bola)1, en 1905; pe o, no cuando conside ó que sus p ime as
escul u as en b once p o enían de una sola uen e, con la que las alineó,
Rodín.
Tal dispa idad no se dio en o a afi mación impo an e de Eugenio de O s
(O s, 1964, Pág. 102), aplicable a la escul u a de Picasso:
Picasso si e a la in eligencia como in elec ual con a mas g áficas.
Con es o, Eugenio de O s se opuso a la me a ísica como pun o de pa i-
da de Nie zsche; sin emba go, al no aplica lo a la definición del mé odo cayó
en un nue o e o , pues llegó a deci que (O s, 1964, Pág. 122):
Picasso ha ap endido que la e dad plás ica del mundo es independien e
de cualquie a de los dos habi uales epe o ios, sea de ci as sea de asgos,
en e los cuales puede el a is a escoge pa a ep esen a la.
En Picasso, la e dad plás ica no es independien e de esos epe o ios,
es un elemen o más del mé odo, impo an e, au ónomo, ascenden al;
pe o, uno más en un sis ema complejo en el que odo iene su alo p eciso,
en el que la c ea i idad asume las definiciones y las up u as de ales en dos
ámbi os, en el in elec ual y en el de la c ea i idad écnica que, a su ez, en sí,
había seguido el mismo p oceso, con lo que las dos posibilidades c ea i as,
de ci as y de asgos, inciden en una misma magni ud u o den supe io al
que econoció Eugenio de O s.
Po eso, Eugenio de O s (O s, 1964, Págs. 126 a 128) se equi ocó en el
sen ido en el que aplicó es a afi mación:
A la mane a de Dan e, es bueno que el homb e genial, al ededo de la
mi ad del camino, baje a los infie nos. Si es á bien baja a los infie nos, es á
mejo , desde luego, el sali .
Digo que se equi ocó po que, siendo ello e iden e y el o igen de las
ca ego ías o pa es de alo es de Nie zsche, Eugenio de O s no lo aplicó
en el sen ido in elec i o que incidió en la definición del mé odo de Picasso,
sino en una dis inción es ilís ica que nunca in e esó al a is a y que, como
el mismo Eugenio de O s de endió, no debe p ima en su es udio ni en su
conside ación.
Esa desconexión en e la ealidad del mé odo de Picasso y los cua o
modelos o males o es ilos que p opuso Eugenio de O s en su ob a de 1900
a 1910, ipos los llamó, hace que és os sólo si an como e e encias o ma-
les p opias de los p ocesos de obje i ación y up u a que se han de diluci-
da y en los que es án implíci os los undamen os comunes de sus dibujos,
pin u as y escul u as. Es el mo i o po el que esos modelos o males no son
ú iles pa a el es udio de la escul u a de Picasso.
1 Museo Pushkin, Moscú. Óleo sob e lienzo, 147 x 95 cm. Z I, 290; DB XII, 19; P 1055.

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Veamos los ipos que p opuso Eugenio de O s:
• Tipo 1. La figu a es una plu alidad que se p esen a o denada y des acada
del ondo.
• Tipo 2. P esen a figu as soli a ias definidas con ca ác e escul ó ico en
espacios acíos.
• Tipo 3. Las figu as se p oyec an con ca ác e a qui ec ónico e in aden el
ondo como una mancha monumen al.
• Tipo 4. Las figu as se agmen an, ompen la monumen alidad y los pe-
dazos in aden el ondo. La apa en e dispe sión se p oduce en unción de
un p incipio de abs acción en el que el i mo es á de e minado po leyes
in e io es. Es el cubismo.
Son definiciones gené icas, ap oximaciones álidas, lúcidas; sin em-
ba go, en cuan o nos in e esa sob e los undamen os del sis ema c ea i o
de Picasso no explican nada, es án más ce ca de la desc ipción que de
la eflexión in elec ual que debe p opicia el ac o cognosci i o de dicho
mé odo. Son un inicio fi me del camina pe o sin sabe a dónde di igi los
pasos.
El desconocimien o de la na u aleza y el sen ido del mé odo de Picasso
es lo que desconce ó a Eugenio de O s, que pensó (O s, 1964, Pág. 151):
Sob e Picasso cabe publica un lib o de his o ia del a e, no un lib o de
eo ía del a e, como el que a a de Cézanne.
Ello pese a que, desde el p incipio, desde las p ime as ob as, que, en lo
que efie e a escul u a, da an de 1900 a 1904, Picasso definió un mé odo
que, asumiendo el alo de la ejecución, de la manualidad ope a i a, habi ó,
i ió y ope ó en un ámbi o in elec i o que supone un p ime ni el eó ico,
complejo, a eces di ícil de desci a o indesci able, siemp e p e io y sob e
un segundo ni el más accesible al que do ó de los elemen os necesa ios
pa a nue as eflexiones ya o males que son las que de e minan los es ilos.
Po cada pensado o a is a capaz de c ea un p ime ni el eó ico, como
Picasso, aunque no lo die a po esc i o, su gie on nume osos eó icos del
segundo ni el, al que pudie on descende los p ime os, cuando lo hicie on,
casi siemp e de modo ocasional o complemen a io. És os gene a on los mo-
imien os a ís icos, las endencias es ilís icas, las escuelas. Sus p opues as
eó icas son impo an es, an o como p escindibles espec o de las del p ime
ni el que, aunque abs ac as y p e ias a las o mas, las hacen posibles.
II Los es imonios de Picasso, an icipo de la definición
Con odo lo que se ha esc i o sob e Picasso, ningún au o se ocupó del
análisis de sus es imonios y de con as a los con la ealidad de su p oduc-
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ción. El impac o de su ue e pe sonalidad, los condicionan es impues os
po el p opio a is a, la dispe sión de su ob a, el ocul amien o de una pa e
significa i a de la misma, de la que nunca se desp endió, en defini i a, ci -
cuns ancias desbo dan es, lo impidie on.
Poniéndolos en o den, el sis ema c ea i o se manifies a con cla idad, la
misma que se ap ecia en el es udio o mal de sus ob as y de los innume a-
bles dibujos que nunca o eció a la con emplación pública y an as eces se
con undie on con simples apun es o boce os.
Uno, significa i o, es el siguien e (Picasso, 1923):
Sabemos ac ualmen e que el a e no es la e dad. El a e es una men i a
que nos pe mi e ace ca nos a la e dad o, como mínimo a la e dad com-
p ensible. El a is a ha de halla el modo de pe suadi al público de que su
men i a es la e dad. Me esul a di ícil comp ende el sen ido de la palab a
búsqueda y, en ealidad, no c eo que enga ningún sen ido. Nadie que á se-
gui a un homb e que siemp e mi e al suelo espe ando que la o una ponga
una ca e a bajo los pies. Si encuen a alguna cosa, sea lo que sea, aunque
no u iese la in ención de busca la, acaba po conquis a , si no la es ima, sí,
al menos, la a ención del público. Yo in en o ep esen a lo que he hallado,
no lo que busco. Las in enciones, en a e, no alen nada. Un p o e bio es-
pañol dice: ob as son amo es y no buenas azones.
La idea de búsqueda ha hecho que a menudo la pin u a caye a en la abs-
acción, lo cual al ez sea el mayo e o del a e mode no. El espí i u de
búsqueda emponzoña a odos los que no han comp endido el lado posi i o
de la pin u a mode na y quie en pin a lo imposible y lo que escapa al a e. A
menudo, el cuad o exp esa mucho más de lo que el au o deseaba plasma ,
y és e queda es upe ac o an e un esul ado que no había p e is o. A eces,
el nacimien o de una ob a es una gene ación espon ánea e imp e isible. En
cie os casos, el dibujo hace nace el obje o; en o os, los colo es sugie en
o mas que de e minan el ema.
¿Qué quiso deci Picasso con ello y qué p obó sin deci lo explíci amen-
e? El a e como men i a que pe mi e ace ca se a la e dad alude al a e
como ep esen ación de lo cie o comp ensible, del sabe de la ac i idad
humana. La ep esen ación obliga al a is a a fingi y, pa a hace lo, és e
iene que busca las condiciones idóneas, las e e encias opo unas, los
códigos de comunicación, la inspi ación necesa ia. La búsqueda hace que
expe imen e soluciones, unas eces ace adas, o as desa o unadas. La
in ención con la que aplica los ecu sos, con la que busca las soluciones,
ma iza las posibilidades del esul ado, pe o no asegu a su alidez. Muchas
eces, los ensayos son in uc uosos; en ocasiones, el a is a consigue su
p opósi o, sea po la cohe encia de los plan eamien os, sea po la in e en-
ción del aza . En los dos casos halla un código de elemen os que gene a la
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ep esen ación. Es o es lo que in e esó a Picasso, lo hallado, el fin, sob e las
indagaciones o las búsquedas, sob e el medio.
Tal decla ación de p incipios, o mulada sin ambages, con cla idad, ie-
ne, empe o, o a lec u a, la que co esponde a la iden idad del sis ema p o-
pio, núcleo ec o de su c ea i idad, campo al que es necesa io el acceso
como luga específico de las ope aciones que p opicia án la comp ensión
de su ob a.
En cuan o a la oposición de Picasso al a e abs ac o, és a ue ela i a, lo
que censu ó no ue esa posibilidad sino las simples indagaciones con p o-
pósi o on ológico, la ace a abs ac a que no iene la in ención de ep esen-
a , de comunica nada, y se educe a simples combinaciones de elemen os.
Las dis in as acepciones del é mino y los cinco ni eles admi idos po Ta a -
kiewicz (Ta a kiewicz, 1976, Págs. 253 y sigs.), incluidos los p opues os po
A is ó eles y Kan , ascienden las endencias que és e echazó.
Ma ius de Zayas (Zayas, Nue a Yo k, 1923) publicó el mismo es imonio
de Picasso:
Me esul a di ícil cap a la impo ancia que se ha dado a la palab a bús-
queda en el con ex o de la pin u a mode na. A mi modo de e , busca en
pin u a, no significa nada; el p oblema consis e en halla . Nadie puede es a
in e esado en segui a un homb e, con los ojos fijos en el suelo, que pasa su
ida buscando una ca e a pe dida po aza en la calle. Si halla algo, cual-
quie cosa, aunque su in ención no ue a busca la, al menos susci a nues a
cu iosidad, o al ez nues a admi ación.
Se me ha acusado de come e muchos pecados, pe o la acusación más
alsa es la de que el p incipal obje i o de mi abajo e a el espí i u de bús-
queda. Cuando pin o, mi obje i o consis e en mos a lo que he hallado, no
lo que he es ado buscando. En el campo del a e, no bas an las in enciones
y, como decimos en España, ob as son amo es y no buenas azones. Lo que
cuen a es lo que se hace, no lo que se ha que ido hace .
Todos sabemos que el a e no es la e dad; el a e es una men i a que
nos obliga a c ea la e dad, al menos la e dad que podemos comp ende .
El a is a ha de conoce el modo de con ence a los demás de la e dad
de sus men i as; si en su abajo sólo da p uebas de habe buscado y uel o
a busca la o ma de ealiza sus men i as, jamás log a á nada. La idea de
búsqueda ha lle ado a menudo a la pin u a a apa a se de su camino, mien-
as que el a is a, po esa misma idea, se ha is o a as ado a elucub acio-
nes men ales. Tal ez haya sido és e el p incipal e o del a e mode no. El
espí i u de búsqueda ha en enenado a quienes no han comp endido odos
los elemen os posi i os y eficaces del a e mode no; a la ez, los ha condu-
cido a in en a pin a lo in isible, es deci , lo inpin able.
Y o o simila Helene Pa melin (Pa melin, 1966):
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En pin u a se habla mucho de búsqueda. Mi opinión es que, en pin u a,
la búsqueda ca ece de sen ido, lo que cuen a es halla , no busca . El a is a
es quien halla. Cuando pin o, in en o ep esen a lo que he hallado, no lo que
he buscado en los obje os. Se ealiza una ob a de a e cuando se hace, no
cuando se desc ibe, en un cuad o, la in ención de hace .
Picasso dis inguió la acción de busca y el hecho del hallazgo, que ad-
qui ió un sen ido undamen al en su sis ema. Es o implica un concep o in-
édi o de la belleza, basado en el plan eamien o in elec ual de la idea y en su
desa ollo plás ico supedi ado a la libe ad en el p oceso, a la c ea i idad
écnica.
Cómo cues ionó Picasso la belleza adicional es e iden e en el siguien e
comen a io a Ch is ian Ze os (Ze os, 1935, nº 7):
La enseñanza académica de la belleza es alsa. Hemos sido engañados,
pe o an bien engañados que no log amos halla ni an solo una somb a de
e dad. La belleza del Pa enón, de Venus, de las Nin as o de Na ciso es al-
sa. El a e no es la aplicación de un canon de belleza, sino lo que el ce eb o y
el ins in o pueden concebi independien emen e de cualquie canon. Cuan-
do se ama a una muje , no se buscan ins umen os de medida pa a conoce
sus o mas; se ha in en ado odo pa a aplica un canon de belleza al amo .
El Pa enón, bien mi ado, es una g anja a la que se le ha pues o un ejado; la
adición de la columna a y de las escul u as se debe a que en A enas había
homb es que abajaban y que que ían exp esa se. No es an impo an e lo
que el a is a hace como lo que el a is a es: si Cézanne hubie a i ido y hu-
biese pensado como Jacques- Emile Blanche, no me hab ía in e esado ni un
minu o, po mucho que sus manzanas hubiesen sido diez eces más he mo-
sas. Lo que in e esa es la inquie ud de Cézanne, el ingenio de Cézanne, los
o men os de an Gogh; en esumen, el d ama del homb e. Todo lo demás
es men i a. Sal o pocos pin o es que ab en nue os ho izon es, los jó enes
de hoy no saben qué camino oma . An es que ecoge nues as expe ien-
cias pa a eacciona con lucidez con a noso os, se es ue zan en esuci a
el pasado. No obs an e, desde que el mundo se ha abie o an e noso os,
las cosas han de se hechas de nue o, no ehechas; ¿po qué man ene se
desespe adamen e a aigado a cuan o ha cumplido ya sus p omesas? Ha-
llamos kilóme os de pin u a ``a la mane a de´´ , pe o es di ícil encon a un
jo en que abaje con es ilo p opio.
No soy pesimis a y no de es o el a e, po que no pod ía i i sin dedica le
odo mi iempo. Amo el a e y el a e es la única finalidad de mi ida. Me p o-
po ciona una aleg ía inmensa odo lo que hago elacionado con el a e. Sin
emba go, no comp endo po qué odo el mundo ha de ocupa se del a e,
pedi sus c edenciales y, cuando habla de a e, abandona se a su p opia
imbecilidad. Los museos que se ocupan del a e son unos impos o es. No
124
Si se piensa bien hay muy pocos emas. Y és os se epi en cons an e-
men e. De Venus y Cupido se hacen la Vi gen y el Niño, de la Vi gen y el Niño
se hacen mad e e hijo; sin emba go, es siemp e el mismo ema. Tiene que
se ma a illoso encon a un ema nue o. Van Gogh po ejemplo. ¿Habe
pin ado sus iejas bo as! ¿Eso si que ue algo ma a illoso!
El sis ema sob e el mo i o de la ep esen ación, sob e el ema, lle ó a
Picasso a la deshumanización del a e. Mas és a ya exis ía en las cul u as
p e ecnológicas, en e las que se encuen an las p ehis ó icas, las p o o-
his ó icas y las p ime as his ó icas eu opeas, que conoció bas an e an es
que las denominadas oceánicas y neg as. Esa nue a deshumanización del
a e eu opeo, pues ya hubo o as en época medie al, es u o ma cada po el
conocimien o, po la acul ad de conoce como condicionan e de la isión.
En sus con e saciones con B assaï (B assaï, 1964, Pág. 245) lo exp esó de
es e modo:
Fíjese en esos ojos. Son hoyos p o undos ca ados en la pa ed. Pe o al-
gunos pa ecen combados, como si es u ie an en elie e. ¿De dónde sale
es o? No es un e ec o óp ico; se e pe ec amen e que son aguje os. Lo que
sabemos influye en nues a isión.
Kahnweile (Kahnweile , 1948, Págs. 5 y sigs) dijo que la iden ificación del
signo median e el conocimien o ue análogo a los de las másca as Wobe; no
obs an e, el mismo au o afi mó (Kahnweile , 1946, Págs. 237 y 238) que, aun-
que Picasso conocía las ob as a icanas desde 1906, no las elacionó con sus
ob as has a 1913 Kahnweile , 1948, P esence A icaine nº 4). La c onología de
esa e e encia p imi i a es pos e io al o igen y desa ollo del cubismo.
Ello si úa la eflexión en la c onología que aquí nos in e esa, los es imo-
nios de Picasso sob e sus p ocedimien os en 1906-1907. El conocimien o,
la capacidad in elec ual, es pa e de su sis ema c ea i o. Como al, ambién
es á suje a al deseo, a la necesidad de o iginalidad, es ímulo pa alelo a la
idea y al desa ollo de la se ie, que, sob e odo, incidió en la de e minación
de los signos y del me alenguaje que és os p oducen. Picasso siemp e de-
mandó la o iginalidad (Wal e , 1990, Pág. 80):
En ealidad sólo se puede abaja en con a de algo. Incluso con a uno
mismo. Es muy impo an e. La mayo ía de los pin o es se p epa an peque-
ños moldes y hacen pas eles. Siemp e los mismos pas eles. Y es án muy
sa is echos. Un pin o no debe ía hace jamás lo que la gen e espe a de él.
El es ilo es el peo enemigo del pin o . La pin u a descub e su es ilo cuando
ya han mue o. Ella es siemp e la más ue e.
Picasso io la so p esa, la o iginalidad en la ingenuidad (Wal e , 1990,
Pág. 8):
Al con a io que en la música, en la pin u a no hay niños p odigio. Lo que
se conside a como genialidad p ecoz es la genialidad de la niñez. Y es a

125
desapa ece con los años. Puede ocu i que un día uno de esos niños llegue
a se un e dade o pin o o incluso un g an pin o . Pe o end ía que empeza
desde el p incipio. En cuan o a mí, yo no u e esa genialidad. Mis p ime os
dibujos no hubie an podido se enseñados en una exposición de dibujos
in an iles. Me al aba la o peza del niño, su ingenuidad. Yo a los sie e años
hacía dibujos académicos con una exac i ud an minuciosa que yo mismo
me asus aba.
Él, que de niño no dibujó con ingenuidad in an il, eclamó de adul o lo
que conside ó una cualidad o iginal, que, po in encionada, se dis ingue
de la inhabilidad, de la o peza manual. La ingenuidad a la que Picasso se
efi ió es a la del signo que p opo ciona un conocimien o in elec ual y es
en sí p opia de odas las mi adas p imi i as en el a e (Wal e , 1990, Pág.
54):
El a e ha sido siemp e a e y nunca na u aleza, empezando po los
p ime os pin o es, los p imi i os, cuya ob a se di e encia cla amen e de
la na u aleza, has a aquellos pin o es como Da id, Ing es y el mismo
Bou geu eau que pensaban que la na u aleza enía que se pin ada al
como es. Y conside ado desde el pun o de is a del a e, no hay o mas
conc e as ni abs ac as, sino sólo o mas que son men i as más o menos
con incen es. No cabe duda de que es as men i as son necesa ias pa a
nues a ida in e io , pues con su ayuda nos o mamos un concep o es-
é ico de la ida.
Toda ía podemos p egun a nos, ¿si en el sis ema de Picasso la in uición
ope a sob e el concep o o la idea o mal, es o es, sob e un p incipio de la
azón, cómo es posible la ingenuidad? Y, ¿de se posible la ingenuidad en el
sis ema de Picasso, dónde encaja? Pa ece cla o que si el desa ollo o mal
de la se ie depende de las cualidades in ínsecas de la idea, es en és a don-
de debe da se la ingenuidad, pues sólo así pod á po encia se de un modo
cohe en e y con independencia de los condicionan es de es ilo. Po ello,
Picasso comen ó (Wal e , 1990, Págs. 37, 42 y 44):
En Las seño i as de A iñón pin é una na iz de pe fil en una ca a de en e.
Tu e que coloca la a a esada pa a hace la econocible. A con inuación se
habló enseguida de a e neg o. ¿Ha is o us ed alguna escul u a neg a, so-
lamen e una, que enga la na iz de pe fil en una másca a de en e?
El cubismo no se di e encia de o as escuelas pic ó icas. Todas ienen en
común los mismos p incipios y los mismos elemen os. El hecho de que el
cubismo no uese en endido du an e mucho iempo y de que oda ía haya
pe sonas que no lean nada en él, no significa nada. Yo no sé lee inglés, y
pa a mí, un lib o de inglés es á hecho de hojas en blanco. Pe o es o no sig-
nifica que no exis a el inglés, y ¿po qué iba a echa la culpa a o o y no a mí
mismo, si no puedo en ende algo de lo que no engo ni idea?
126
El cubismo se ha man enido den o de los lími es de la pin u a y nunca
ha p e endido sob epasa los. En el cubismo, el dibujo, la composición y
el colo son en endidos y u ilizados de la misma o ma que en las o as
escuelas pic ó icas. Es posible que nues os emas sean o os, po que
noso os in odujimos en la pin u a obje os y o mas a los que an es no se
le p es aba a ención. Mi amos nues o mundo con los ojos y con la men e
abie os.
A la o ma y al colo les damos el significado que les co esponde; que e-
mos conse a en nues os emas la aleg ía del descub imien o, el place de
lo inespe ado; nues o ema iene que se una uen e de in e és. Pe o, ¿pa a
qué con a lo que hacemos si odo el que quie a puede e lo?
La solución in ui i a sob e las cualidades o males de la idea, del p inci-
pio de indi iduación de és a o del concep o, pe mi ió a Picasso sepa a se
de los p incipios de la isión apelando al conocimien o, en cuan o efie e a la
na u aleza y a los es ilos a ís icos. El ejemplo de la na iz de pe fil de una de
las figu as de Las seño i as de A iñón espec o del na u al, el a e egipcio, el
ibe o o el neg o que el mismo Picasso echazó, es significa i o. La o igina-
lidad de Picasso es u o en la elección de una e e encia, la que uese, pues
és a no condicionó el p ocedimien o, definido, in a iable, es able en cuan o
a los c i e ios que lo igie on; imp edecible en lo que concie ne a las ca ac-
e ís icas de las a iaciones y a los esul ados o males defini i os, debidos
a la elección pos e io . Las cualidades o males de la e e encia elegida, sus
signos, las cla es de és os, mo i a on la sensibilidad de Picasso que, con
un alen o inna o, p opicio pa a la imp o isación, ompió los p incipios a-
cionales de la indi iduación u obje i ación de la e e encia y ob u o nue as
elaciones o males que ascendie on la imagen p ís ina, men al o ma e ial,
y el posible es ilo de es a segunda posibilidad.
En consecuencia, las cla es del a e p imi i o picassiano, cuya ascen-
dencia helénica e ibe a es e iden e en los b onces pa isinos de 1905 y 1906,
y del cubismo, son consecuencia de la aplicación del sis ema de Picasso
sob e dos p incipios que a ec a on a los concep os y a las ideas p e ias,
a los es ímulos c ea i os del a is a. La o iginalidad y la ingenuidad de los
signos in elec i os p oceden es del p oceso de elección y acionalización
sob e las a iaciones in ui i as basadas en las cualidades o males de las
e e encias, ue on los p incipios median e los que llegó al cubismo y con
los que inaugu ó una nue a e a es é ica.
La ascensión a és a es imp escindible pa a la supe ación del mecanicis-
mo de los en endedo es del a e que no llegan a su comp ensión. La con-
side ación de es e p incipio de Ramón Gaya (Gaya, 1975, Págs. 14 y sigs)
undamen a la siguien e afi mación: no es lo mismo en ende de Picasso
que comp ende a Picasso.
127
III Definición del sis ema c ea i o de Picasso.
El análisis de los supues os apun es o es udios, cien os, miles, con los
que la his o iog a ía a ís ica pensó que Picasso p epa ó muchos de sus
cuad os y escul u as, pe mi e el econocimien o de un p oceso c ea i o sin-
gula , has a ese momen o único, que p ocede en el e i o io habili ado en
el campo de los concep os y la es e a de las o mas (Kan , 1790, Págs. 98
a 101). La definición y la cohe encia en la aplicación ue al que la iden idad
del sis ema p opio p e aleció como núcleo ec o de su c ea i idad. El ac-
ceso a esa es e a y, desde és a, al campo en el que se p oyec ó, e i o io
c ea i o de Picasso, es imp escindible pa a la comp ensión de su ob a.
Lo cie o comp ensible es la idea de un elemen o, pe sona, animal u
obje o, de la escala humana, a la que Picasso accedió de es modos, di-
ec amen e a a és del na u al; desde el ecue do de la imagen a ís ica
p ede e minada; y desde el concep o o o mulación e bal de na u aleza
simple o compleja debida al pensamien o y al símbolo li e a io.
Elegida la ce eza obje i ada, es o es, la imagen eal, el asun o plás ico
de la misma con e ido en nue a ealidad, o la concepción gené ica, Picas-
so ensayó a ian es en unción de sus cualidades plás icas, buscó el máxi-
mo pa ido exp esi o en las indagaciones. Unas eces lo consiguió y o as
no, cuando lo hizo halló soluciones que undamen a on ob as conc e as
y después ap o echó en composiciones complejas. És as en ningún caso
asumie on el sen ido de cuan as a iaciones o búsquedas ue on necesa-
ias, sino el esul ado óp imo, el hallazgo acional o casual, que, en an o que
eal, es consecuencia del mismo p oceso, y an álido como el an e io .
Las a iaciones de Picasso sob e un mismo mo i o ue on los in en os de
consegui en idades plás icas suje as a desa ollos específicos de la imagen
obje i ada sob e la que p ocedió. A unas a iaciones les dio ca ego ía de
ob as de a e, a o as, que no es imó sa is ac o ias, las elegó a documen os
que nunca mos ó y, pese a ello, o man pa e del desa ollo de la se ie.
Hubo ocasiones en las que Picasso consiguió exp esa las cualidades
de la imagen o del concep o, es o es, halló el p opósi o de su ep esen a-
ción con cualidades a mónicas que no se asemejan a las imágenes ísicas
conocidas de la e e encia ep esen ada, así llegó a la abs acción figu a i a
que p opuso Apollinai e y a la cubis a que po enció las posibilidades del a e
abs ac o que se enía ges ando en dis in as zonas de Eu opa desde finales
del siglo XIX.
Po ello, se debe ía ma iza la oposición de Picasso al a e abs ac o,
pues lo que és e censu ó ue la p esen ación de simples indagaciones con
p opósi o on ológico. Picasso no se opuso al a e abs ac o, en el que es-
u o inme so en dis in as ocasiones, sino a la ace a abs ac a que no iene
128
la in ención de ep esen a , de comunica nada, y se educe a simples com-
binaciones de elemen os. Los que dicen que Picasso nunca ue un a is a
abs ac o, no ienen en cuen a las acepciones del é mino y los cinco ni eles
admi idos po Ta a kiewicz (Ta a kiewicz, 1976, Págs. 253 y sigs), incluidos
los p opues os po A is ó eles y po Kan , y con unden las posibilidades del
adje i o con la ealidad del sus an i o que dio nomb e a las endencias que
és e echazó.
La explicación de Picasso en unción de un sis ema c ea i o que lo defi-
ne en un ámbi o in elec ual supe io al desa ollado po los es ilos incula-
dos a la ansmisión ma e ial supedi ada a los de e minismos geog áficos y
cul u ales de los alle es, undamen a la singula idad del a is a y su capaci-
dad de ans o mación y, en defini i a, el o igen de las cla es de los nue os
es ilos de angua dia. La sup emacía in elec i a del sis ema de Picasso le
pe mi ió ascende las ans o maciones y las no edades o males p opias
y los es ilos que gene a on, y, man eniendo su independencia, sob e o-
ló sob e ellos con la je a quía del concep o a ís ico supe io y capaz de
ap oxima se a a ios a la ez sin pe de la iden idad. Es o, que ue un hecho
o undo en Gósol y en Pa ís, en 1906 a 1908, se con i ió en la máxima ca-
egó ica del cubismo y de las Vangua dias His ó icas que lo siguie on has a
el su ealismo, és e inclusi e.
La na u aleza del sis ema de Picasso es undamen al pa a comp ende -
lo. Es á po encima de los géne os y de los es ilos. Po ello, se explica de
modo sa is ac o io la unidad de su ob a y la elación indisoluble en e la
pin u a, la escul u a, los g abados, los dibujos, la ce ámica, la o eb e ía
y los diseños de a qui ec u a y de joye ía. Es el a e ec o supe io al que
esponden odas las inicia i as.
La ap ehensión del sis ema, es, pues, una condición imp escindible pa a
su comp ensión. És a no iene nada que e con la o a ealidad que supone
conoce a Picasso, sabe mucho de él y de su ob a. Conoce y comp en-
de son dos e bos dis in os, pa a conoce a Picasso o a cualquie a is a
sólo hay que acumula documen os o lee sob e él; pa a comp ende lo es
necesa io mucho más, hay que ealiza una ac i idad supe io , in elec ual,
abs ac a, eflexi a, ello de modo eó ico y p ác ico, eniendo en cuen a la
in o mación acumulada, pe o, sob e odo, en en ándose a la ealidad ex-
p esi a de la ob a. Ello sucede en la dimensión es é ica, ámbi o imp escin-
dible pa a comple a el conocimien o del sis ema de Picasso, o, lo que es lo
mismo, de la o alidad de su ob a.
La dimensión es é ica es el es adio en el que la ob a es o ecida a la
con emplación, al goce de lo sensi i o dependien e de la o mación acional.
Picasso le dio a los sen idos un alo c ea i o, los con i ió en un elemen-
o de su sis ema a en o a la azón. El goce sensi i o es á implíci o en ese
129
sis ema cuyas a ian es sob e una o a ias e e encias o males y écnicas
p ede e minadas son es ados o ecidos en sí, en la ó bi a isibilis a que les
co esponde (Fiedle , 1876, Págs. 60 y sigs), y a la que, po decisión p opia,
sólo accedió él mismo. Picasso ue el suje o es é ico que p oyec ó sus sen-
idos sob e ales es ados y, en unción de su o mación y de sus c i e ios
a ís icos, los alo ó como nue as obje i aciones sob e las que aplicó el
p ocedimien o cuan as eces es imó necesa io.
La ob a de a e ans o ma al espec ado que la con empla y el a is-
a debe calcula las posibles opciones de esa condición, sea no ma i a,
simbólica o, lo que ue so p enden e y, pa a muchos, incomp ensible en
su época, exclusi a o mal. En ello adica el sen ido del a e, su unción. El
sis ema de Picasso le pe mi ió expe imen a al posibilidad en cada ase,
en cada es ado de la aplicación, ello como paso p e io al siguien e y, po
supues o, a las g andes ob as que auna on esos es ue zos.
Po ello, es imp escindible indaga en los undamen os de la dimensión
es é ica en gene al y de Picasso en pa icula . La singula idad del sis ema
obliga a iden ifica es es ados es é icos p incipales, el juego inculado a
las a iaciones in ui i as que cons i uyen las se ies, el se de cada p oceso
de ans o mación, y el sen ido de los códigos inédi os que ales de e mi-
na on.
En ello hay que ene en cuen a la obse ación de Kahnweile (Kahnwei-
le , 1946, Pág. 229) sob e que ni Picasso ni los demás pin o es ni los li e a-
os de su g upo enían cul u a filosófica y que las posibles elaciones con
Locke y Kan e an desconocidas po odos ellos. Lo que no p ecisó es que
él sí enía esa o mación. Además, se ha de conside a la incidencia de la
ecepción simplis a y de i ada de las ideas de Nie zsche y Schopenhaue ,
que, pese a ello, mo i a on in elec ualmen e a amplios cí culos a ís icos en
Munich y Be lín, Pa ís y Mad id y Ba celona.
Po o a pa e, que Picasso no ue a conscien e de las elaciones es-
é icas que plan eó no significa que no sean posibles, que no las pudie a
asumi indi ec amen e, que no exis an. De esos es ados es é icos, uno ela-
ciona a Picasso con el sis ema de pensamien o de Kan , pues o en p ác ica
po Schille y igen e has a el desa ollo o malis a alemán, ep esen ado
po Fiedle , Wöl flin y Wo inge ; los o os dos no efie en sólo a Picasso ni
de modo di ec o a ningún a is a, son p incipios abs ac os que a ec an a la
o alidad del a e. Siendo así, nadie pie de el iempo ni se dispe sa ni di aga
al plan ea lo.

130
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Muje mi ándose en un espejo, Ba celona, 1903. Colección Pa icula . Z VI, 580.
La his o iog a ía conside ó las a ian es p opias del sis ema de Picasso como boce os o es-
udios p epa a o ios pa a la composición de sus pin u as y, en ocasiones, de las escul u as
elacionadas. Es cie o que si ie on pa a ello; no obs an e, ambién lo es que ienen na u a-
leza p opia, que les confie e un sen ido dis in o, pa icula , único.
132
Lám. 2. Picasso, Jo en sen ado, Pa ís, 1905. Gale ía Jan K ugie , Gineb a. Colección Ma ina
Picasso. Ca ne 24. Fol. 2, 3, 4 y 5. Cada ma e ialización de un es ado supuso una culminación
de la aplicación del sis ema; o ecida a la dimensión es é ica, la iden idad plás ica significó en
sí y se o eció como nue a e e encia pa a o as aplicaciones. La mul iplicidad y la al e nancia
isual ue on p incipios implíci os en las aplicaciones que lle a on a Picasso desde el p imi-
i ismo de las o mas, na u ales o elabo adas, has a la configu ación simul ánea en el plano
que de e minó el cubismo.
133
Lám. 3. Picasso, Jo en sen a-
do, Pa ís, 1905. Gale ía Jan K u-
gie , Gineb a.
Colección Ma ina Picasso. Ca -
ne 24, Fol. 6 y 7.
Va ian es de Muchacho con
pipa, Pa ís, 1905. Colección
Pa icula . Z XXII, 172.