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El resplandor de Ignacio Sánchez Mejías : evocación

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El resplandor de Ignacio Sánchez Mejías : evocación

Author: Muñoz Rojas, José Antonio
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2000
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b953a2a3-3cb3-4935-a933-d1511f8f2342/download
Re is a de Es udios Tau inos
N.º 11, Se illa, 2000, págs. 219-230
El RESPLANDOR DE IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS:
EVOCACIÓN
José An onio Muñoz Rojas1
e is o a Ignacio Sánchez Mejías con mis ojos de
doce o ca o ce años. ¿En la plaza de An eque a a
donde nos lle aba mi pad e las co idas de agos o?
¿Con Ra ael el Gallo que espe aba al o o sen ado en
una silla de anea en medio del uedo? ¿Sueño? ¿Dónde es án las
on e as de la e ocación y del sueño? ¿Al e nando con Juan
Belmon e y Sale i? ¿Sigo soñando? Ignacio de blanco y neg o
ence ándose en ablas pa a plan a un pa de bande illas al o o
como Dios manda y que él an bien hacía. No c eo que sueñe.
Hab ía que epasa los ca eles de o os de los años ein e y e
en los que apa ecía o eando Ignacio Sánchez Mejías. Desde
en onces a es a conmemo ación an más de sesen a años ¿Qué
queda sino el ecue do, más bien el esplando del homb e, de
la plaza y de la ocasión? Y es e hijo, de aquel g an a icionado
que ue mi pad e y que me lle aba a los o os.
Mucho engo que ag adece a los o ganizado es de
es os cu sos de la Fundación de Es udios Tau inos y muy sin-
gula men e a mi buen amigo Ped o Rome o de Solís po
habe se aco dado de mí pa a in e eni en ellos, siquie a sea
con la b e edad y al a de conocimien o que seguidamen e
1En 1998 ecibió el p emio Góngo a de poesía, y, en 1999, el Nacional.
He dicho que de es e pe sonaje Ignacio Sánchez Mejí-
as sólo me llega lo que undamen almen e queda de los hé o-
es: su esplando , del que se excluyen las muchas alambica-
das in e p e aciones a que an a icionados ue on sus amigos
y exége as au inos del ein isie e a cuyo en e igu a el más
singula de odos y su co i eo, Pepe Be gamín. Po esplan-
do en iendo algo que no exp esa en e amen e el dicciona io,
po que, más que luz, es la pe ennidad de una luz que sigue
dejando un homb e cuyas acciones se pe pe úan más allá de
su exis encia. ¿No habéis epa ado que, en e las cualidades
que añaden algo único a las acciones de una muje guapa,
hay una que como no se llame esplando no hay o a mane-
a de llama la? Hay muje es en las que el encan o de su os-
o es á espaldado po algo que no consis e en la me a pe -
ección y egula idad de sus asgos sino que es á en ellos y
p oduce una luz inde inible, que es más que ges o y son isa,
una luz que les sale de den o.
Pensa éis que me es oy yendo po las amas, como en
e ec o me es oy po habe me me ido en be engenales de los
que poco en iendo y menos qué deci , pe o he dado con una
palab a que iene bien a mi p opósi o y nos ayuda á a en en-
de algo de es e pe sonaje pa a los que se han con ocado los
excelen es in é p e es que igu an en el p og ama de es os cu -
sos y lo ha án cumplidamen e. Po eso yo, más que memo ia
li e a ia, llama ía a es a pequeña dise ación el esplando de
Ignacio Sánchez Mejías. Po que de la memo ia escapa algo
consus ancial que no consis e en el ela o de la pu a acción,
del pu o ges o, sino del eco di ía de ese conjun o de hechos y
asgos singula es de las pe sonalidades que ozan con lo mí i-
co como es el caso de Ignacio Sánchez Mejías.
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 221
ais a e . He enido siemp e la sue e de con a con buenos
amigos en Se illa, una la ga adición desde los iempos de
Mediodía y de Joaquín Rome o Mu ube, en onces edac o
de aquel Co eo de Andalucía que se endía con ein icua o
ho as de e aso, de mad ugada, en la Pun a del Diaman e.
«¡Qué bueno iene el Co eo!» p oclamaba la ieja endedo-
a en sus aledaños. De o icial del Ayun amien o pasó Joaquín
a la alcaldía del Alcáza en aquel u bulen o año de 1931. Fue
g acias a sus muchas habilidades y al ampa o de las au o i-
dades epublicanas de en onces, cla o que enunciando al
p ecioso í ulo de alcaide de los Reales Alcáza es y pasando
a se sólo un me o conse ado de los mismos.
Pe donad es a dig esión, pe o hay nomb es que pisa
Se illa y ení senos a las mien es es odo uno. La his o ia de
los a a a es que man u ie on a Joaquín como conse ado
pe pe uo del Alcáza es una de las más señaladas en los ana-
les de es a ciudad.
Ya sé que no es de es o de lo que se me ha in i ado a
habla os sino del enunciado que igu a en el p og ama, “Sán-
chez Mejías y la memo ia li e a ia”. No siendo un g an a i-
cionado a los o os, sino un seguido cons an e e in e esado
de ellos, me encie o, po segunda ez, en es e uedo se illa-
no pa a deci algo de lo que sólo me llega el esplando : de
un o e o singula y de sus concomi ancias li e a ias, singula-
es ambién. La o a ez que océ es os emas au inos ue
p egonando a alguien que pudie a es a aquí y hace lo aho a
mejo y con más g acia que yo2.
José An onio Muñoz Rojas
220
2 El au o p esen ó a Ra ael A ienza, ma qués de Sal a ie a y enien e
de He mano Mayo de la Real Maes anza de Caballe ía de Ronda cuando p o-
nunció el P egón Tau ino de 1997, en el Tea o Lope de Vega de Se illa (No a
del Di ec o ).
He dicho que de es e pe sonaje Ignacio Sánchez Mejí-
as sólo me llega lo que undamen almen e queda de los hé o-
es: su esplando , del que se excluyen las muchas alambica-
das in e p e aciones a que an a icionados ue on sus amigos
y exége as au inos del ein isie e a cuyo en e igu a el más
singula de odos y su co i eo, Pepe Be gamín. Po esplan-
do en iendo algo que no exp esa en e amen e el dicciona io,
po que, más que luz, es la pe ennidad de una luz que sigue
dejando un homb e cuyas acciones se pe pe úan más allá de
su exis encia. ¿No habéis epa ado que, en e las cualidades
que añaden algo único a las acciones de una muje guapa,
hay una que como no se llame esplando no hay o a mane-
a de llama la? Hay muje es en las que el encan o de su os-
o es á espaldado po algo que no consis e en la me a pe -
ección y egula idad de sus asgos sino que es á en ellos y
p oduce una luz inde inible, que es más que ges o y son isa,
una luz que les sale de den o.
Pensa éis que me es oy yendo po las amas, como en
e ec o me es oy po habe me me ido en be engenales de los
que poco en iendo y menos qué deci , pe o he dado con una
palab a que iene bien a mi p opósi o y nos ayuda á a en en-
de algo de es e pe sonaje pa a los que se han con ocado los
excelen es in é p e es que igu an en el p og ama de es os cu -
sos y lo ha án cumplidamen e. Po eso yo, más que memo ia
li e a ia, llama ía a es a pequeña dise ación el esplando de
Ignacio Sánchez Mejías. Po que de la memo ia escapa algo
consus ancial que no consis e en el ela o de la pu a acción,
del pu o ges o, sino del eco di ía de ese conjun o de hechos y
asgos singula es de las pe sonalidades que ozan con lo mí i-
co como es el caso de Ignacio Sánchez Mejías.
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 221
ais a e . He enido siemp e la sue e de con a con buenos
amigos en Se illa, una la ga adición desde los iempos de
Mediodía y de Joaquín Rome o Mu ube, en onces edac o
de aquel Co eo de Andalucía que se endía con ein icua o
ho as de e aso, de mad ugada, en la Pun a del Diaman e.
«¡Qué bueno iene el Co eo!» p oclamaba la ieja endedo-
a en sus aledaños. De o icial del Ayun amien o pasó Joaquín
a la alcaldía del Alcáza en aquel u bulen o año de 1931. Fue
g acias a sus muchas habilidades y al ampa o de las au o i-
dades epublicanas de en onces, cla o que enunciando al
p ecioso í ulo de alcaide de los Reales Alcáza es y pasando
a se sólo un me o conse ado de los mismos.
Pe donad es a dig esión, pe o hay nomb es que pisa
Se illa y ení senos a las mien es es odo uno. La his o ia de
los a a a es que man u ie on a Joaquín como conse ado
pe pe uo del Alcáza es una de las más señaladas en los ana-
les de es a ciudad.
Ya sé que no es de es o de lo que se me ha in i ado a
habla os sino del enunciado que igu a en el p og ama, “Sán-
chez Mejías y la memo ia li e a ia”. No siendo un g an a i-
cionado a los o os, sino un seguido cons an e e in e esado
de ellos, me encie o, po segunda ez, en es e uedo se illa-
no pa a deci algo de lo que sólo me llega el esplando : de
un o e o singula y de sus concomi ancias li e a ias, singula-
es ambién. La o a ez que océ es os emas au inos ue
p egonando a alguien que pudie a es a aquí y hace lo aho a
mejo y con más g acia que yo2.
José An onio Muñoz Rojas
220
2 El au o p esen ó a Ra ael A ienza, ma qués de Sal a ie a y enien e
de He mano Mayo de la Real Maes anza de Caballe ía de Ronda cuando p o-
nunció el P egón Tau ino de 1997, en el Tea o Lope de Vega de Se illa (No a
del Di ec o ).
alguna ez exp esó. Cla o que eso no implicó la enuncia a ese
más y más que ue su ida y su agedia.
En iendo po memo ia li e a ia los ecue dos que dejó
en e los esc i o es amigos y los es imonios que és os le i-
bu a on a su mue e. And és Amo ós ha ecogido los más
impo an es de aquéllos, el de Joaquín Rome o Mu ube (o a
de mis penas y mis ocasiones pe didas no habe lo ecogido
de sus mismos labios). Las cua o pinceladas con las que nos
lo p esen a son en su b e edad bien suge ido as de la ac i ud
i al de Ignacio Sánchez Mejías, algo en e el desdén y la ele-
gancia, la i onía y la pe pe ua inquie ud. Aquella g an p oce-
sión que le iba siemp e po den o y no le dejaba pa a .
Quizá lo que se hubie a a enido mejo a su ambición y
sus condiciones uese el eje cicio de la polí ica y en la que no
llegó a se ese posible dipu ado a Co es que islumb ó algún
amigo. Sob e odo en los años decisi os que le ocó i i y
mo i en una España que e a un calde o hi iendo de pasio-
nes y p esagios.
Pa a la ambición de Ignacio Sánchez Mejías, nos pa ece
escaso el mundo de los o os, a pesa de sus muchas apa ien-
cias. Hé oe como se sen ía sólo quizás en el pode y en sus as-
os ámbi os exis ían aenas de más la go alcance y de ama más
pe du able. Es a es una de las cues iones que con más insis-
encia se me han plan eado en la conside ación de es e homb e.
Tal ez la somb a ce cana de su cuñado Joseli o y su amigo
Belmon e, los g andes hé oes au inos de la época, lo ace ca-
on ine i ablemen e a los o os, pesó en él más la en ación del
iesgo, el abismo del pelig o. Ca ecía e iden emen e de la i -
ud del sabe espe a y la paciencia necesa ia a cualquie
acción polí ica. Homb e de u gencias que exigían sa is accio-
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 223
Muchas cosas he pe dido en mi ida, no sólo obje os,
que eso es has a con enien e a eces, sino ocasiones, y una
de ellas es no habe a ado pe sonalmen e a Ignacio Sánchez
Mejías. Sepa ados po la edad no lo es ábamos an o como
unidos po nues os amigos comunes que an decisi os ue-
on en su ida, los que igu an en la amosa o og a ía del
A eneo se illano con la excepción de alguno de ellos. Tales
ue on Vicen e Aleixand e, Dámaso Alonso, Ped o Salinas y
Jo ge Guillén. Leyendo aho a la excelen e, aunque b e e pa a
mi gus o, biog a ía de mi amigo And és Amo ós, y los es i-
monios que ae a colación, me doy cuen a de lo asequible
que hubie a sido Ignacio pa a mí. El lib o de las ocasiones
pe didas es más ex enso que el de las ganadas, unas eces po
imidez, las más po desidia, o al a de iempo y luga es coin-
ciden es. Quizás halla supues o pa a mi edi icación y mi goce
no conoce en ida a An onio Machado, compensado de
sob a con el con inuo a o y amis ad en su poesía a lo la go
de mis muchos años.
Fue Ignacio Sánchez Mejías singula en odo. Fue singu-
la en ida aunque no llega a a colma sus in ini os empeños.
Homb e de ganas in ini as, ningún deseo, ninguna olun ad le
ue ajena. Ba allado y empecinado, se olcó en inú iles polé-
micas y en pe sis i en una p o esión pa a la que, en aquel
momen o, no es aba ni ísica ni mo almen e p epa ado y que le
lle ó a su in. Su sobe bia apa ece un an o a enuada po la
humildad con que acep ó papeles subal e nos, peón y bande i-
lle o al lado de los g andes maes os. También como en el caso
de Fede ico Ga cía Lo ca había un as ondo de melancolía, de
ese g an soli a io que odo iun ado lle a consigo y que ad i -
ie on sus amigos y amilia es, esa nos algia de e nu a que
José An onio Muñoz Rojas
222
alguna ez exp esó. Cla o que eso no implicó la enuncia a ese
más y más que ue su ida y su agedia.
En iendo po memo ia li e a ia los ecue dos que dejó
en e los esc i o es amigos y los es imonios que és os le i-
bu a on a su mue e. And és Amo ós ha ecogido los más
impo an es de aquéllos, el de Joaquín Rome o Mu ube (o a
de mis penas y mis ocasiones pe didas no habe lo ecogido
de sus mismos labios). Las cua o pinceladas con las que nos
lo p esen a son en su b e edad bien suge ido as de la ac i ud
i al de Ignacio Sánchez Mejías, algo en e el desdén y la ele-
gancia, la i onía y la pe pe ua inquie ud. Aquella g an p oce-
sión que le iba siemp e po den o y no le dejaba pa a .
Quizá lo que se hubie a a enido mejo a su ambición y
sus condiciones uese el eje cicio de la polí ica y en la que no
llegó a se ese posible dipu ado a Co es que islumb ó algún
amigo. Sob e odo en los años decisi os que le ocó i i y
mo i en una España que e a un calde o hi iendo de pasio-
nes y p esagios.
Pa a la ambición de Ignacio Sánchez Mejías, nos pa ece
escaso el mundo de los o os, a pesa de sus muchas apa ien-
cias. Hé oe como se sen ía sólo quizás en el pode y en sus as-
os ámbi os exis ían aenas de más la go alcance y de ama más
pe du able. Es a es una de las cues iones que con más insis-
encia se me han plan eado en la conside ación de es e homb e.
Tal ez la somb a ce cana de su cuñado Joseli o y su amigo
Belmon e, los g andes hé oes au inos de la época, lo ace ca-
on ine i ablemen e a los o os, pesó en él más la en ación del
iesgo, el abismo del pelig o. Ca ecía e iden emen e de la i -
ud del sabe espe a y la paciencia necesa ia a cualquie
acción polí ica. Homb e de u gencias que exigían sa is accio-
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 223
Muchas cosas he pe dido en mi ida, no sólo obje os,
que eso es has a con enien e a eces, sino ocasiones, y una
de ellas es no habe a ado pe sonalmen e a Ignacio Sánchez
Mejías. Sepa ados po la edad no lo es ábamos an o como
unidos po nues os amigos comunes que an decisi os ue-
on en su ida, los que igu an en la amosa o og a ía del
A eneo se illano con la excepción de alguno de ellos. Tales
ue on Vicen e Aleixand e, Dámaso Alonso, Ped o Salinas y
Jo ge Guillén. Leyendo aho a la excelen e, aunque b e e pa a
mi gus o, biog a ía de mi amigo And és Amo ós, y los es i-
monios que ae a colación, me doy cuen a de lo asequible
que hubie a sido Ignacio pa a mí. El lib o de las ocasiones
pe didas es más ex enso que el de las ganadas, unas eces po
imidez, las más po desidia, o al a de iempo y luga es coin-
ciden es. Quizás halla supues o pa a mi edi icación y mi goce
no conoce en ida a An onio Machado, compensado de
sob a con el con inuo a o y amis ad en su poesía a lo la go
de mis muchos años.
Fue Ignacio Sánchez Mejías singula en odo. Fue singu-
la en ida aunque no llega a a colma sus in ini os empeños.
Homb e de ganas in ini as, ningún deseo, ninguna olun ad le
ue ajena. Ba allado y empecinado, se olcó en inú iles polé-
micas y en pe sis i en una p o esión pa a la que, en aquel
momen o, no es aba ni ísica ni mo almen e p epa ado y que le
lle ó a su in. Su sobe bia apa ece un an o a enuada po la
humildad con que acep ó papeles subal e nos, peón y bande i-
lle o al lado de los g andes maes os. También como en el caso
de Fede ico Ga cía Lo ca había un as ondo de melancolía, de
ese g an soli a io que odo iun ado lle a consigo y que ad i -
ie on sus amigos y amilia es, esa nos algia de e nu a que
José An onio Muñoz Rojas
222

El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 225
nes inmedia as y esonan es. El o eo e a, en su iempo, lo
he oico. «Si Ignacio hubie a cumplido los ein e años en 1918,
hubie a sido cualquie cosa he oica y di ícil, odo menos o e-
o»; al ue el juicio de Joaquín Rome o Mu ube.
Nos dice Joaquín Rome o Mu ube que Ignacio no
podía can a , ni esc ibi e sos, de ahí aquella in empe ancia
que muchos le ep ochaban. Fue en la plaza, sob e odo,
donde b illó su genialidad. No ue el o e o de su gene ación,
mejo ep esen ada po Belmon e aunque los amigos de és e
pe enecie an más bien a la gene ación an e io , la de Pé ez
de Ayala y O ega. Lo que sí es singula es la in eg ación y
coincidencia de la igu a de es e o e o, de un muy especial
pe il, con un g upo de p o eso es y poe as de lo más a io y
alioso que se haya dado en las le as españolas, en cuan o a
su calidad misma y apo aciones pe sonales y po los lazos de
amis ad au én ica que los unie on. Aho a que se es án publi-
cando los epis ola ios de muchos de ellos es conmo edo a su
elación pe sonal, con alguna ine i able excepción. Caso a o
en la adición española de despiadadas gue as li e a ias
en e sus más insignes miemb os.
Aun sin habe mediado la ágica ci cuns ancia de su
mue e, el nomb e de Ignacio Sánchez Mejías hubie a es ado
siemp e asociado con la gen es del 27, no simplemen e po
azones li e a ias sino po la i adiación desbo dan e de su
pe sonalidad, su simpa ía y po su gene osidad sin pa . La
exp esión, el ges o, con que apa ece en esa o og a ía, en e
Salinas y Guillén, ladeado el somb e o (el único que lo lle a),
es la de un homb e a gus o en un mundo que conside a p o-
pio (Fig. n.º 8). Po eso, pa a mí es so p enden e el es imo-
nio an nega i o de Hemingway: «Siemp e espe é su alo
con los palos y su insolencia. No me gus a como o e o, ni
José An onio Muñoz Rojas
224
Lám. n.º 29.– Ignacio es asladado po el callejón a la en e me ía. Lle ado en ambulancia a Mad id alleció al día
siguien e. E a lunes 13 de agos o de 1934. Sánchez Mejías. ¡Qué g an o e o en la plaza! Fue en e ado en el cemen-
e io de San Fe nando de Se illa en el mismo mausoleo de Joseli o el Gallo (a chi o amilia ).
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 225
nes inmedia as y esonan es. El o eo e a, en su iempo, lo
he oico. «Si Ignacio hubie a cumplido los ein e años en 1918,
hubie a sido cualquie cosa he oica y di ícil, odo menos o e-
o»; al ue el juicio de Joaquín Rome o Mu ube.
Nos dice Joaquín Rome o Mu ube que Ignacio no
podía can a , ni esc ibi e sos, de ahí aquella in empe ancia
que muchos le ep ochaban. Fue en la plaza, sob e odo,
donde b illó su genialidad. No ue el o e o de su gene ación,
mejo ep esen ada po Belmon e aunque los amigos de és e
pe enecie an más bien a la gene ación an e io , la de Pé ez
de Ayala y O ega. Lo que sí es singula es la in eg ación y
coincidencia de la igu a de es e o e o, de un muy especial
pe il, con un g upo de p o eso es y poe as de lo más a io y
alioso que se haya dado en las le as españolas, en cuan o a
su calidad misma y apo aciones pe sonales y po los lazos de
amis ad au én ica que los unie on. Aho a que se es án publi-
cando los epis ola ios de muchos de ellos es conmo edo a su
elación pe sonal, con alguna ine i able excepción. Caso a o
en la adición española de despiadadas gue as li e a ias
en e sus más insignes miemb os.
Aun sin habe mediado la ágica ci cuns ancia de su
mue e, el nomb e de Ignacio Sánchez Mejías hubie a es ado
siemp e asociado con la gen es del 27, no simplemen e po
azones li e a ias sino po la i adiación desbo dan e de su
pe sonalidad, su simpa ía y po su gene osidad sin pa . La
exp esión, el ges o, con que apa ece en esa o og a ía, en e
Salinas y Guillén, ladeado el somb e o (el único que lo lle a),
es la de un homb e a gus o en un mundo que conside a p o-
pio (Fig. n.º 8). Po eso, pa a mí es so p enden e el es imo-
nio an nega i o de Hemingway: «Siemp e espe é su alo
con los palos y su insolencia. No me gus a como o e o, ni
José An onio Muñoz Rojas
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Lám. n.º 29.– Ignacio es asladado po el callejón a la en e me ía. Lle ado en ambulancia a Mad id alleció al día
siguien e. E a lunes 13 de agos o de 1934. Sánchez Mejías. ¡Qué g an o e o en la plaza! Fue en e ado en el cemen-
e io de San Fe nando de Se illa en el mismo mausoleo de Joseli o el Gallo (a chi o amilia ).
mos Albe i. Ca ecen a mi juicio del hondo sen ido ágico
que u o la co ida de Manzana es. Sólo lo consiguió ple-
namen e el Llan o de Fede ico Ga cía Lo ca. A es as al u as
las dos mue es, las de Ignacio y Fede ico pa ecen más ale-
jadas de lo que es u ie on en ealidad. Sólo un pa de años,
los que an de agos o de 1934 a julio de 1936. Dos mue es
apenas sepa adas po el iempo y concomi an es en su d a-
má ica ealidad y, sin emba go, dis an es en sus mo i acio-
nes y ci cuns ancias. Coinciden es el poe a y el o e o en
sus glo ias bien ganadas y en las p edes inaciones comunes
de sus mue es. Las sepa a on la acep ación de algo pe se-
guido en el caso de Ignacio, al de una ignominia sin jus i i-
cación posible en el de Fede ico Ga cía Lo ca. Dándole
iempo a és e de compone una de las dos, con la de Jo ge
Man ique, más he mosas elegías del cas ellano. El de echo
a la p opia mue e es lo más sag ado que iene la ida. Cada
uno nace con su mue e, negá sela como a Ga cía Lo ca
excede los lími es del c imen.
Hacía mucho iempo que no eleía el Llan o de Ga cía
Lo ca. Aho a lo he uel o a elee po es e mo i o. Suelo
deci que la lec u a de la poesía equie e un es ado de g acia
como me ad i ió hace muchos años mi amigo Mo eno Villa.
Nunca se nos acaban de des ela los mis e ios y sen idos del
poema. He hecho una expe iencia con el Llan o: lee “La
cogida y la mue e” sup imiendo, sal o en la p ime a pa e y
la inal, el i o nelo como innecesa io. No lo e a en absolu o.
¡Qué bien sabía el poe a lo que hacía! Ese edoble de la ho a
e a imp escindible pa a la apoya u a de las alusiones di ec as
y las me á o as: «el ien o se lle ó los algodones», «en las
esquinas g upos de silencio», y «el o o solo co azón a iba»
« ompa de li ios po las e des ingles». Pa a acaba con la
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 227
como bande ille o, ni como homb e». Du ísimo juicio que
ci a Amo ós. Cualquie a hubie a dicho lo con a io.
¿Po qué ue o e o? Quizá po que en su iempo y ci -
cuns ancia no había o o campo en el que pudie a desa olla
sus posibilidades i ales más que en el o eo. Ni po si uación
social ni po adición di ec a, como es lo ecuen e, es aba lla-
mado a se lo. Sólo en la en ación i esis ible del iesgo y la
glo ia, y la necesidad inmedia a de que, únicamen e, en el
cauce he oico del o eo cabía olca el caudal de sus ansias
in ini as de se . Algo que le e a consus ancial, el ahínco de
sob esali y a i ma se.
Tu o siemp e una ci a con el abismo del pelig o. Y la
u gencia de a on a lo. No cabe imagina un Ignacio Sán-
chez Mejías, longe o y abu guesado, ema ando su ida
más que como la ema ó. Incluso hubie a comple ado más
su pe il humano mu iendo de una co nada ulminan e, que
es la que me ecía su inmenso co azón, no la mue e a as-
ada y len a que le ue dada.
De los nume osos ibu os poé icos publicados a la
mue e de Ignacio Sánchez Mejías hay un cie o núme o de
ellos que, leídos con la pe spec i a de aho a, cincuen a años
después, se e idencia el paso de los años y el sello del
momen o en que ue on esc i os. Y eso a pesa de que, en e
los au o es, igu an los más insignes poe as de la gene a-
ción. Conse an la maes ía y su buen hace poé ico, el
e lejo y la admi ación que les p oducía su hé oe. Ni en la
b e e eseña de And és Amo ós ni en la e e encia del Cos-
sío al an ninguno de los nomb es esenciales de la gene a-
ción. Ge a do, Miguel He nández, Ra ael Albe i. Ge a do
Diego, el más conocedo y au én ico a icionado, no apa ece
aquí en un momen o de su g an excelencia lí ica. No diga-
José An onio Muñoz Rojas
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mos Albe i. Ca ecen a mi juicio del hondo sen ido ágico
que u o la co ida de Manzana es. Sólo lo consiguió ple-
namen e el Llan o de Fede ico Ga cía Lo ca. A es as al u as
las dos mue es, las de Ignacio y Fede ico pa ecen más ale-
jadas de lo que es u ie on en ealidad. Sólo un pa de años,
los que an de agos o de 1934 a julio de 1936. Dos mue es
apenas sepa adas po el iempo y concomi an es en su d a-
má ica ealidad y, sin emba go, dis an es en sus mo i acio-
nes y ci cuns ancias. Coinciden es el poe a y el o e o en
sus glo ias bien ganadas y en las p edes inaciones comunes
de sus mue es. Las sepa a on la acep ación de algo pe se-
guido en el caso de Ignacio, al de una ignominia sin jus i i-
cación posible en el de Fede ico Ga cía Lo ca. Dándole
iempo a és e de compone una de las dos, con la de Jo ge
Man ique, más he mosas elegías del cas ellano. El de echo
a la p opia mue e es lo más sag ado que iene la ida. Cada
uno nace con su mue e, negá sela como a Ga cía Lo ca
excede los lími es del c imen.
Hacía mucho iempo que no eleía el Llan o de Ga cía
Lo ca. Aho a lo he uel o a elee po es e mo i o. Suelo
deci que la lec u a de la poesía equie e un es ado de g acia
como me ad i ió hace muchos años mi amigo Mo eno Villa.
Nunca se nos acaban de des ela los mis e ios y sen idos del
poema. He hecho una expe iencia con el Llan o: lee “La
cogida y la mue e” sup imiendo, sal o en la p ime a pa e y
la inal, el i o nelo como innecesa io. No lo e a en absolu o.
¡Qué bien sabía el poe a lo que hacía! Ese edoble de la ho a
e a imp escindible pa a la apoya u a de las alusiones di ec as
y las me á o as: «el ien o se lle ó los algodones», «en las
esquinas g upos de silencio», y «el o o solo co azón a iba»
« ompa de li ios po las e des ingles». Pa a acaba con la
El esplando de Ignacio Sánchez Mejías: E ocación 227
como bande ille o, ni como homb e». Du ísimo juicio que
ci a Amo ós. Cualquie a hubie a dicho lo con a io.
¿Po qué ue o e o? Quizá po que en su iempo y ci -
cuns ancia no había o o campo en el que pudie a desa olla
sus posibilidades i ales más que en el o eo. Ni po si uación
social ni po adición di ec a, como es lo ecuen e, es aba lla-
mado a se lo. Sólo en la en ación i esis ible del iesgo y la
glo ia, y la necesidad inmedia a de que, únicamen e, en el
cauce he oico del o eo cabía olca el caudal de sus ansias
in ini as de se . Algo que le e a consus ancial, el ahínco de
sob esali y a i ma se.
Tu o siemp e una ci a con el abismo del pelig o. Y la
u gencia de a on a lo. No cabe imagina un Ignacio Sán-
chez Mejías, longe o y abu guesado, ema ando su ida
más que como la ema ó. Incluso hubie a comple ado más
su pe il humano mu iendo de una co nada ulminan e, que
es la que me ecía su inmenso co azón, no la mue e a as-
ada y len a que le ue dada.
De los nume osos ibu os poé icos publicados a la
mue e de Ignacio Sánchez Mejías hay un cie o núme o de
ellos que, leídos con la pe spec i a de aho a, cincuen a años
después, se e idencia el paso de los años y el sello del
momen o en que ue on esc i os. Y eso a pesa de que, en e
los au o es, igu an los más insignes poe as de la gene a-
ción. Conse an la maes ía y su buen hace poé ico, el
e lejo y la admi ación que les p oducía su hé oe. Ni en la
b e e eseña de And és Amo ós ni en la e e encia del Cos-
sío al an ninguno de los nomb es esenciales de la gene a-
ción. Ge a do, Miguel He nández, Ra ael Albe i. Ge a do
Diego, el más conocedo y au én ico a icionado, no apa ece
aquí en un momen o de su g an excelencia lí ica. No diga-
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