THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007.
ESPACIO PÚBLICO Y MUJERES: UN DIFÍCIL CAMINO HACIA
LA MODERNIDAD
Lau a B anci o e .Uni e sidad Ca los III de Mad id
Rocío O si. Uni e sidad Ca los III de Mad id
Resumen. El p oblema de la na u aleza humana se ha p esen ado, a pa i de la Ilus ación y, de
o ma especial, desde la Re olución F ancesa, como un p oblema que iene que e no an o –o no
sólo— con el homb e en an o se gené ico sino con el homb e en an o que a ón (y po an o
opues o a la muje ). Aquí a a emos de e cómo con la mode nidad han su gido di e sos pa adig-
mas de la eminidad y cómo los dis in os mo imien os emancipa o ios han enido consecuencias
ambiguas, no siemp e p og esi as y muchas eces cla amen e eg esi as, en lo que a añe a la
condición de las muje es.
Abs ac . F om he Enligh enmen and, pa icula ly, om he F ench Re olu ion un il nowadays
he p oblem o he human na u e has been s a ed no only as a p oblem in e ms o human gende
bu also in e ms o male gende (and as such o as opposed o women). He e we a e going o ske ch
ou how, se e al pa adigms o emini y eme ged om mode ni y and how di e en mo emen s o
emancipa ion ha e had ambiguous consequences wi h espec o he condi ion o women: conse-
quences ha ha e no always been p og essi e bu o en clea ly eg essi e.
Los discu sos an opológicos se han p eocupado his ó icamen e po de ini qué
es el homb e. En es e sen ido, la an opología en iende po “el homb e” un se
gené ico, y la p egun a po su “esencia” es la p egun a po la na u aleza de la
especie humana. Cuando se a a de examina cómo pueden de ini se los asgos
ca ac e ís icos de la condición humana en gene al exis e un acue do muy amplio en
o no a la na u aleza social del homb e: la de inición a is o élica del homb e como
zoon poli ikon, es deci , como animal (y, po an o, como se na u al) social pe o
ambién, po supues o, como zoon logon echon, como animal que iene lenguaje y,
po an o, cons uye sus ínculos sociales po medio de sis emas simbólicos. Es a
condición a la ez social y simbólica del homb e se sob epone, pues, a su ca ác e
na u al: es deci , la na u aleza humana se de ine undamen almen e po su aleja-
mien o de la na u aleza misma y, po an o, la iden idad humana, o el se p opio de
los animales humanos, se ca ac e iza po cuan o hay en sus idas de a i icioso, de
cul u al o, en de ini i a, de social.
La na u aleza humana es, pues, an ina u al, y la iden idad (o las iden idades)
de los se es humanos se de e minan en unción de las dis in as es e as sociales y
simbólicas que a ec an a sus idas. La p egun a que hab ía que abo da es si es a
de inición gené ica del homb e incluye, y cómo, has a qué pun o o desde cuándo, a
la muje . Mos a emos que la necesidad de inclui a la muje en esa de inición
uni e sal del homb e su ge de cie as pa adojas que apa ecen en el momen o mismo
en que comienzan a o ece se dichas de iniciones, un momen o c ucial de la his o ia
de la ci ilización occiden al: el del es allido de la Re olución F ancesa. Pe o ya
an es de es e momen o, y de mane a muy in ensa du an e la Ilus ación, empiezan
a a icula se los discu sos ilosó icos que de inen al homb e como se lib e y au óno-
mo y, po an o, se empieza a concebi al homb e como un suje o inde e minado. La
muje , sin emba go, di ícilmen e pa icipa de es a inde e minación ecién conquis a-
da po el homb e mode no. Es a cu iosa pa adoja podemos encon a la ya en uno de
los g andes pensado es de es e momen o: de enso incansable de los de echos y la
sobe anía inalienable de los homb es, J.-J. Rousseau se ca ac e iza á p ecisamen e
po habe a iculado una me iculosa e incluso exace bada de ensa de la misoginia
adicional. Es más: pod ía deci se incluso que con la llegada de la Ilus ación y de
los ideales de emancipación de los homb es apa ece una elabo ación ilosó ica de la
misoginia que has a en onces había sido p ác icamen e desconocida.
Como decíamos, a pa i de la Ilus ación los discu sos ela i os a la na u aleza
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1 Véase C. González Ma ín “La doncella de hie o y la odalisca: me a ísica de una imagen emenina”
en Feminismo/s 2, diciemb e (2003), págs. 15-25.
2 “La época de las e oluciones que se inició con la e olución ame icana en 1776 y se concluyó en 1848
descompuso no sólo el o denamien o polí ico sino ambién el de los sexos”, G. Bock, Le donne nella s o ia
eu opea, La Te za, Roma – Ba i, 2006
3 R. Koselleck, Fu u o pasado. Pa a una semán ica de los iempos his ó icos, Paidós, Ba celona, 1993
4 N. Bobbio e al. Sulla i oluzione. P oblemi di eo ia poli ica, F anco Angeli, Milán, 1994
5 Es e enómeno es á muy es udiado en lo que espec a a las dos gue as mundiales: se da un p oceso
ápido y masi o de mo ilización de las muje es que, cuando concluyen las gue as, esul a cons i ui un
cambio ansi o io pe o no una ede inición de los oles emeninos y masculinos en los ámbi os público
y domés ico. Al espec o éase A. B a o y M. B uzzone, In gue a senza a mi: s o ie di donne 1940-1945,
La Te za, Roma-Ba i, 1995.
humana en a izan su libe ad y su au onomía, una libe ad y una au onomía que no
son sólo de o den me a ísico sino ambién en buena medida consecuencia de una
libe ación polí ica: el o den social es condición de posibilidad de la libe ad humana,
la cual sólo es posible en el ma co de un sis ema ga an e de los de echos ci iles. El
homb e, pues, alcanza su iden idad mode na –su au onomía- en la medida en que
se aleja de la na u aleza. Pe o en la medida en que el homb e se aleja de la na u a-
leza, la muje comienza a ace ca se cada ez más. Como e emos, encon amos
mul i ud de discu sos que hacen que la muje , en i ud de su ce canía con la
na u aleza, quede ue a de esa de inición social de la na u aleza humana inde e mi-
nada y ue a, po an o, del espacio público en que la exis encia de los se es huma-
nos lib es cob a sen ido. La misma azón ilus ada se concibe como una azón
asexuada de la que la muje , un se que, como se e á luego, es á o almen e
de e minado po su sexo, queda ue a. En buena medida, si la sociedad que media
en e los homb es se concibe como un con a o social, un con a o al que los suje os
se adhie en lib emen e y conse ando su sobe anía y su independencia, en e
homb es y muje es se da un con a o sexual o, como denuncia ían John S ua Mill
y Ma y Wolls onc a , un in e cambio de “sexo po pan”.1 La condición de la muje
se á, pues, la de suje o dependien e. La muje , po oposición y ambién po elación
al homb e, no es un suje o lib e sino de e minado y, sal o in e esan es excepciones
que se án cada ez más no ables a medida que a anza el siglo XIX, es a es la
imagen que p edomina á en los imagina ios colec i os: pese a que la Re olución
ans o mó de mane a adical la o ma en que los homb es se pensaban y se a a-
ban, el imagina io ela i o al géne o se man u o apegado a los moldes adicionales
has a épocas muy a días. Y es a imagen de la muje como un se dependien e y,
po an o, incapaz de accede po sí sola a los bienes ma e iales y cul u ales que la
capaci a ían pa a eje ce la libe ad, es lo que la man iene alejada de los espacios
de decisión.
Según la eo ía clásica, los ciclos e oluciona ios ans o man adicalmen e los
o denamien os sociales y polí icos has a el pun o de que as oca on la misma
de inición de las di e encias de géne o.2 Sin emba go, es un enómeno his ó ico
ecu en e que, pese al aumen o de la p esencia de muje es en el espacio público en
los iempos de c isis, lo que iene luga cuando se es au a la no malidad o a suele
se la econ i mación de sus oles y espacios adicionales. En es e sen ido, y pese
a su e iden e impulso p og esis a, la e olución ancesa no ue una excepción: en
lo que concie ne a la condición de las muje es, la e olución ancesa no ue sino una
e olución allida o no ue una e olución en absolu o. No se dio, po segui los
concep os adicionales de “ e olución”, ni acele ación del iempo his ó ico3, ni una
ans o mación du ade a e i e e sible.4
De ese modo, la Re olución F ancesa ep esen a en la his o ia una pa adoja que
se ha epe ido en nume osas ocasiones: con la up u a de la no malidad que supone
la c isis bélica, las muje es de epen e empiezan a hace se isibles; pe o al ce a se
el pa én esis de la gue a y al ecupe a se a la no malidad se da una es ic a
econ i mación de los oles adicionales y, po an o, una uel a a la exclusión del
espacio público.5 En el caso de la F ancia e oluciona ia, el pun o de pa ida es ya
muy signi ica i o: la condición de las muje es –especialmen e de cie a clase social
ele ada- du an e el Ancien Régime e a, has a cie o pun o, muy a o able al aumen-
o paula ino de su pa icipación en la ida pública. Aunque no podían pa icipa de
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6 Véase al espec o el lib o de G. F aisse, Musa de la azón, Cá ed a, Mad id, 1991, cap.III, sección
“La in luencia y el consen imien o, o cómo no sali de su sexo” (págs.104-114).
7 En e es as ei indicaciones no cons i uyen una excepción los más de 30.000 cahie s de doleance en
los que se ei indican de echos como el de adqui i un pa imonio p opio, el de echo a la ins ucción y a
accede al mundo labo al.
8 Somos necesa iamen e b e es y nos limi amos a menciona los momen os donde la p esencia
emenina es á mejo documen ada.
mane a di ec a en los asun os de in e és gene al, sí encon aban múl iples acilida-
des pa a abandona sus adicionales a eas domés icas y emba ca se en una ida
social ac i a y en e enida. Pe o no sólo eso: si bien no gozaban de po es ades
conc e as ni de capacidad ope a i a alguna, enían lo que se ha denominado in luen-
cia.6 Es deci : podían eje ce su in lujo sob e los homb es que sí pa icipaban en la
cosa pública y pa icipa , así, de mane a ica ia o indi ec a. De hecho, an es de la
Re olución habían apa ecido ya nume osos esc i os donde se exp esaban de o ma
ehemen e e inno ado a sus quejas y ei indicaciones: las muje es ya comenzaban,
pues, a sen i se incómodas en su des ie o de la ida pública.7 Los conocidos salones
y la ida de los cha eaux, de la co e e incluso las cha las en la Ópe a p opo cionan
múl iples ejemplos de la ela i a independencia y capacidad de in luencia de las
muje es en el An iguo Régimen.
Tan o es así que, du an e la Re olución, las muje es concen a án sob e sí el
odio de muchos e oluciona ios po se conside adas suje os complacien es o agen-
es ac i os del conse adu ismo p opio de los iempos p e- e oluciona ios. Debemos,
po an o, di e encia ní idamen e en e lo que ue la ac uación de las muje es en la
e olución, que como se an icipaba ue ac i a y p ome ía una ape u a cla a de su
condición al espacio público, y la ac uación de la e olución en las muje es, pues lo
que u o luga como consecuencia de la e olución no ue an o su p og esi a
pa icipación en la es e a pública cuan o una nue a eclusión en la oscu idad del
hoga .
Respec o de lo p ime o, de la ac uación de las muje es en la e olución, hab ía
que des aca dos momen os que ue on decisi os: en p ime luga , la ma cha hacia
Ve salles en oc ub e de 1789 y, en segundo luga , los mo imien os de la p ima e a
de 1795 en los que las muje es, en luga de limi a se a inci a a los homb es a la
e olución, oma on ellas mismas la inicia i a del mo imien o iolen o.8 Sin emba -
go, pese a su ac i a y bien documen ada pa icipación en las ac i idades e olucio-
na ias, y pese a su in e mi en e pe o impo an e inclusión de hecho en la ida
pública, el esul ado de su acción no ue la inclusión de de echo en ese espacio
público-polí ico. De hecho, su acción ampoco buscaba un econocimien o ins i ucio-
nal ni una sanción polí ica pa a el u u o. Es deci , que la pa icipación mili an e de
las muje es en la e olución no se p oponía una libe ación de las muje es sino,
sencillamen e, con ibui a una libe ación del pueblo del que ellas o maban pa e
de mane a media izada, a a és de sus pad es, ma idos o he manos. Pues o que no
se ie on a sí mismas, en cuan o muje es, como suje os polí icos, su ac uación se
limi ó a se conside ada ( ambién po ellas mismas) como auxilia de la emancipa-
ción más gene al del pueblo y, como se e en la edacción de los sucesi os códigos
ci iles, esa emancipación gene al del pueblo no incluye la emancipación pa icula
de sus muje es. No incluyó su emancipación y la excluyó con ehemencia cuando, el
30 de oc ub e de 1793, se dec e ó el cie e de odos los clubs emeninos y el des ie o
de ini i o de las muje es de la ida pública, y de hecho ni la Cons i ución de 1791 ni
la de 1793 incluyen el de echo al o o o el acceso a ca gos públicos pa a las muje es.
Pe o su exclusión de ini i a se culmina con el golpe de es ado napoleónico y su
código ci il basado en la puissance ma i ale y la sanción legal de la concepción
pa imonialis a del ma imonio: aunque la muje puede elegi a su ma ido, una ez
casada o ma á pa e de su pe sonalidad ju ídica y unciona á como una posesión
más de la casa.
Pe o, como se an icipaba, ambién la e olución ac úa sob e las muje es y lo
hace, po así deci , en la di ección con a ia: si las muje es pa icipan en la c eación
de una nue a idea de ci oyenne é y ac úan ab iéndose un camino que conduce a la
es e a pública e incluso, con el anscu i del iempo (de mucho iempo), a la
242 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
9 Al espec o puede e se el lib o ya clásico de P. Bessand-Massen , Femmes sous la Ré olu ion,
Edi ions de Fallois, Pa is, 2005.
adquisición de de echos polí icos, du an e la e olución se concep ualiza a las
muje es de mane a que se encuen en obligadas, po mo i os de índole eó ica o
p ác ica, a ol e a ence a se en la in imidad del espacio p i ado. Como se decía,
en p ime luga se acusa a las muje es del An iguo Régimen de se ac i as de en a-
do as del pode a a és de su in luencia sob e los g andes homb es: sus lazos con
la Iglesia y sus endencias conse ado as, su apa en e complacencia con el lujo y la
i olidad del An iguo Régimen, sus a es de seducción y su gus o po el b illo y la
elegancia hacen de las muje es suje os muy poco de ia pa a los siemp e suspicaces
e oluciona ios.9
Pe o ambién los c í icos de la e olución end án algo que deci sob e las
muje es: an o los c í icos conse ado es como los mode ados azan un e a o de
las muje es e oluciona ias como se es enga i os, sanguina ios e incapaces de
clemencia. Como se e, ambos discu sos coinciden en man ene a la muje encasilla-
da en el concep o adicional que liga de mane a indisoluble lo emenino al mal. El
ejemplo más signi ica i o de es a o ma de ep esen a a la muje e oluciona ia la
encon amos en la no ela de Dickens His o ia de dos ciudades: en es a no ela que,
pese a su e iden e na u aleza ic icia, desc ibe el p oceso de la e olución con un
ealismo sob esalien e, e emos a las muje es que acuden a las sesiones públicas y
mul i udina ias de guillo ina con sus ense es domés icos pa a asis i al espec áculo
sin abandona las labo es p opias de su géne o. De es e modo, las muje es no
pie den su papel adicional sino que, más bien, lo in eg an con su nue o papel de
ciudadanas de la epública del Te o . De hecho, el pe sonaje que mejo enca na ese
háli o enga i o y c uel que la e en las muje es e oluciona ias –que la ió en las
palab as, los ges os y sen imien os de an as sans-culo es- en la no ela de Dickens
es la e ible muje del bodegue o, la seño a De a ge, que apun a los deli os his ó i-
cos de la a is oc acia en su abajo de pun o y que hace lo imposible po asegu a se
de que odas las enganzas sean cumplidas de o ma implacable. La seño a De a ge
ep esen a de o ma í ida la amenaza que supond ía pa a el buen o den y la
con i encia ci il la adquisición de pode po pa e de las muje es. De ese modo,
como se decía, la imagen de la muje , an o en su papel de e oluciona ia cuan o en
el de p esidi los cul os salones ecuen ados po la a is oc acia, encaja pe ec a-
men e en el imagina io de la misoginia adicional, un imagina io que iene a E a
(o a Pando a, o Cli emnes a) como el pa adigma de lo emenino y que a a de
mane a insoluble a la muje con el mal.
Es a si uación es an o más pa adójica si se iene en cuen a, como se es á
a ando de hace aquí, el in e e ado ac i ismo de las muje es desplegado an es y
du an e la e olución ancesa: las muje es pa icipa on de mane a elada p ime o,
y de o ma explíci a después, en odos los cambios impo an es que ab ie on paso a
nues a e a. Y, como ambién se ha mencionado, es a i upción de las muje es en la
es e a pública no se co espondió con una emancipación o con la conquis a de
de echos ci iles. Pe o no sólo eso: si la e olución acasó pa a las muje es no ue
solo en el ma co de la his o ia polí ica sino que es algo que ambién podemos cons a-
a en la his o ia de las ideas y de las ep esen aciones. Lo que apa eció as la
e olución ue, po an o, una concep ualización de las muje es y de su papel en la
ida pública según los cánones adicionales de in e p e ación de la na u aleza
emenina y de sus po encialidades. De ese modo, en los iempos an e io es y pos e-
io es a Re olución F ancesa iene luga la eape u a de la secula que elle des
emmes, una dispu a sob e la condición na u al, social y mo al de la muje que
animó du an e siglos la his o ia de las muje es, o más bien la his o ia que se
cons uyó sob e ellas, y en la que los pa icipan es, mayo i a iamen e a ones,
a aban de de ini y es ablece , muy a menudo en la o ma de la acusación y de la
queja, qué son y cómo son, y qué podían y debían se las muje es y los homb es.
Es e deba e u o una g an di usión du an e el Renacimien o –sob e odo en I alia,
F ancia y España- y, an o en onces como en su eapa ición a inales del XVIII y a
lo la go del XIX, puso el acen o en un ema de i al ascendencia: el de la ins uc-
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10 Ma échal ue un pe sonaje de pode osa in luencia en la F ancia e oluciona ia: demás de pa icipa
en la conju a ion des égaux de Babeu , su Almanaque de la gen e hones a (1788) ue un p eceden e de lo
que después se á uno de los símbolos del iempo nue o inaugu ado po la Re olución, el Calenda io
Re oluciona io.
11 Po pa e de Madame Gacon-Du ou y Madame Climen -Héme y ( e F aisse, op.ci ., págs. 41-50).
12 Véase, de nue o, F aisse, op.ci ., Cap.III.
13 El di o cio es au o izado en 1792 po la Asamblea legisla i a y después, en 1793 (8 de Ni oso del
Año II), la Con ención disminuye el iempo necesa io pa a una segunda boda. Sin emba go, en 1816 el
di o cio se p ohíbe o a ez.
14 Quien, po o o lado, p oyec aba di o cia se pa a i i con su aman e en 1793, mien as su mad e
es aba esc ibiendo sus Re lexiones sob e el di o cio, que e ían la luz en 1794 y que, en a izando el ol
adicional de las muje es como cen o de la ida domés ica y ansmiso as de los alo es a los u u os
ciudadanos, a gumen aban con a la ley del di o cio.
ción de las muje es.
El ideólogo y mili an e babeu is a Syl ain Ma échal es quien eab e la polémi-
ca en o no al es a u o de la muje con su céleb e P oyec o de una ley que p ohíba a
las muje es ap ende a lee .10 Que la que elle se ab a p ecisamen e con el p oblema
de la ins ucción es muy signi ica i o po que ab e la discusión en odos los ámbi os
del pensamien o: el p oblema de la ins ucción conduce a a a de a e igua cuál
es el es a u o na u al, social, mo al e incluso me a ísico de la muje . Así, en las
polémicas que siguie on a la p o ocación de Ma échal encon a emos los p incipios
y a gumen os que conduci án a un pensamien o sis emá ico y plu al sob e qué es la
muje y en qué se di e encia (o no), o en qué debe di e encia se (o no), del homb e.
Así, po ejemplo, las p ime as espues as11 a Ma échal mues an que si la na u ale-
za de la muje es la de una c ia u a de azón, en onces su ins ucción puede, como
en el caso de los homb es, pe ecciona sus do es na u ales; si se op a po sos ene
la na u aleza acional de la muje se á di ícil escapa a su condición pe ec ible y,
po an o, a la necesidad de mos a en la ida eal la e dad del con a ác ico “si se
las ins uye a como a los homb es en onces pod ían ac ua como los homb es en
odos los ámbi os”. Pe o pa a sus ae se a es a consecuencia enemos las ob as de
los médicos- ilóso os como Pie e Roussel, Cabanis, Mo eau de la Sa he, Joua d o
Vi ey que, desde inales del s.XVIII, desa olla on un amplio y bien a iculado
co pus de doc inas sob e la na u aleza débil de la muje y su absolu a de e mina-
ción, men al y co po al, po su sexo ( oda la muje es ú e o, se dice). A di e encia del
homb e, la muje se concibe como un se sexuado y po eso odo lo que con ella iene
que e se explica en i ud de su posesión del ú e o.12
Es a o ma de concebi a la muje a pa i de su na u aleza iene, además, una
consecuencia e iden e en su es a u o social: pues o que en su na u aleza es á el se
mad e, y pues o que odo lo que con ella iene que e es á a su ez elacionado con
su co po alidad ma e nal, su unción social es a á a su ez de e minada po su
na u aleza. Que la muje deba eclui se en el hoga es, pues, consecuencia de la
ma e ia que ella es, y esa su ma e ialidad domina o in ade oda su ida men al y
social. De ese modo, el es a u o na u al de la muje , de inido po los médicos desde
una óp ica exen a de p ejuicios debido a su p e ensión de cien i icidad, de e mina
su es a u o psicológico y social. Pe o no sólo eso: encon a emos, en esc i o es
conse ado es como de Bonald o de Mais e, pe o ambién en esc i o es e ideólogos
p og esis as como el p opio Syl ain de Ma échal o incluso, mucho después, en el
socialis a P oudhon, una de ensa del papel adicional de la muje basado no sólo en
su es a u o na u al sino en cie as ideas de con eniencia y u ilidad pública. Po
ejemplo, en los deba es que se die on en o no a la ley del di o cio13 se e lejó la
endencia, igualmen e compa ida an o po pa e de p og esis as como Suzanne
Necke , esposa del minis o Necke y mad e de Ge maine de S äel14, como po pa e
de conse ado es como de Bonald, a conside a que la muje debe se sal agua da
de las cos umb es y de la elicidad del hoga y que, po an o, su luga na u al,
social y mo al se encuen a den o de casa y a espaldas del espacio público.
En es e b e ísimo epaso hemos is o que, as la ma ea e oluciona ia, encon-
amos una uel a al pa adigma adicional que man iene a la muje alejada de los
espacios de decisión. Al pe de se el con ol sob e ella, como ocu e en la e olución,
la muje adquie e un pode que la con ie e en un suje o sanguina io y c uel, una
244 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
15 Pe e Lasle explica que la ma iz pa ia cal de i ada de la impo ancia cen al de la unidad
domés ica pa a el es ado hizo que odos los momen os de posible emancipación y de inclusión de la muje
en la es e a pública se ie an obs aculizados po la necesidad de que se sal agua da a el modelo amilia
impe an e, que implicaba la exclusión de la muje de la ida pública.
16 Cuya mue e en la guillo ina u o luga an e la mi ada indi e en e de muchas o as muje es.
17 En su Decla ación de los de echos de la muje y de la ciudadana (1791) denuncia que en la
e oluciona ia Decla ación de los de echos del homb e (1789) la palab a “homme” se e ie e sólo a los
a ones y excluye de o ma e iden e a las muje es.
nue a E a. Qué sea la muje y cuál sea su es a u o es algo que, como hemos a ado
de mos a , p eocupa in ensamen e a los ideólogos: se a a de de e mina cuál es
su es a u o mo al (sus ínculos con el conse adu ismo o su alo como ansmiso-
as de alo es en la amilia, la unidad nuclea del es ado15), cuál su na u aleza (y
qué impo ancia iene su debilidad na u al) y cuál su luga en la sociedad (que se á
el ámbi o domés ico) o en qué medida pueden pa icipa en la cosa pública (p e e i-
blemen e de o ma indi ec a, como mad es y educado as de nue os ciudadanos).
Es os discu sos a an, pues, de c ea imágenes con incen es y bien a iculadas de
qué es y qué debe se lo emenino: se a a de man ene lo emenino bajo con ol
pa a que no cons i uya una amenaza y po eso, a di e encia de lo que ocu e cuando
se habla del homb e (del homb e así, en abs ac o), se a a de busca imágenes de
lo emenino que puedan se i de modelos no ma i os pa a la muje . Así, si las
conquis as en el e eno de los de echos ci iles de las muje es han sido len as,
mucho más len as ue on en lo que se e ie e a los cambios en el imagina io simbóli-
co y en la ep esen ación de la desigualdad de los géne os. Po supues o que encon-
a emos impo an es excepciones: excepciones que, como Condo ce , Madame de
S äel, Cons an e de Salm, S endhal, Fanny Raoul, E a Palm d’Ade s16 y Olympe de
Gouges17 en e o as muchas, ue on pe sonajes con una pode osa in luencia en las
ideas de su iempo y, de mane a especial, a pa i de 1848. Tenemos ambién
pequeñas conquis as conc e as que, como la equipa ación de las muje es en el
de echo he edi a io o la ley del di o cio, después se ie on se iamen e obs aculiza-
das. Lo que es as p ime as espues as (in eligen es, i aces, encendidas) a la
eapa ición de la misoginia en la mode nidad nos enseñan es, pues, la necesidad de
eplan ea la p egun a sob e qué es el homb e, y de eplan ea la a ando de
esponde a es e elemen al dilema: si hemos de concebi al homb e, me ced a la
conquis a de las libe ades, como inde e minado y au ónomo, ¿po qué la muje
hab ía de concebi se como un suje o de e minado o de e minable a pa i de imáge-
nes no ma i as, a eces deg adan es y o as idealizan es, de la eminidad como las
que, como hemos a ado de mos a , apa ecie on en la F ancia p e y pos- e olucio-
na ia?
Lau a B anci o e
Dp o. de Humanidades: Geog a ía, His o ia Con empo ánea y A e.
Facul ad de Humanidades, Comunicación y Documen ación
Uni e sidad Ca los III de Mad id
[email p o ec ed]
Rocío O si Po alo
Dp o. de Humanidades: Filoso ía.
Facul ad de Humanidades, Comunicación y Documen ación
Uni e sidad Ca los III de Mad id
[email p o ec ed]