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Espacio público y mujeres. Un difícil camino hacia la modernidad.

Abstract

El problema de la naturaleza humana se ha presentado, a partir de la Ilustración y, de forma especial, desde la Revolución Francesa, como un problema que tiene que ver no tanto –o no sólo— con el hombre en tanto ser genérico sino con el hombre en tanto que varón (y por tanto opuesto a la mujer). Aquí trataremos de ver cómo con la modernidad han surgido diversos paradigmas de la feminidad y cómo los distintos movimientos emancipatorios han tenido consecuencias ambiguas, no siempre progresivas y muchas veces claramente regresivas, en lo que atañe a la condición de las mujeres.

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Espacio público y mujeres. Un difícil camino hacia la modernidad.

Author: Branciforte, Laura; Orsi Portalo, Rocío
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2007
Source: https://idus.us.es/bitstreams/5ae9fcaa-bcf3-41fd-a697-95a09fcfe8a3/download
THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007.
ESPACIO PÚBLICO Y MUJERES: UN DIFÍCIL CAMINO HACIA
LA MODERNIDAD
Lau a B anci o e .Uni e sidad Ca los III de Mad id
Rocío O si. Uni e sidad Ca los III de Mad id
Resumen. El p oblema de la na u aleza humana se ha p esen ado, a pa i de la Ilus ación y, de
o ma especial, desde la Re olución F ancesa, como un p oblema que iene que e no an o –o no
sólo— con el homb e en an o se gené ico sino con el homb e en an o que a ón (y po an o
opues o a la muje ). Aquí a a emos de e cómo con la mode nidad han su gido di e sos pa adig-
mas de la eminidad y cómo los dis in os mo imien os emancipa o ios han enido consecuencias
ambiguas, no siemp e p og esi as y muchas eces cla amen e eg esi as, en lo que a añe a la
condición de las muje es.
Abs ac . F om he Enligh enmen and, pa icula ly, om he F ench Re olu ion un il nowadays
he p oblem o he human na u e has been s a ed no only as a p oblem in e ms o human gende
bu also in e ms o male gende (and as such o as opposed o women). He e we a e going o ske ch
ou how, se e al pa adigms o emini y eme ged om mode ni y and how di e en mo emen s o
emancipa ion ha e had ambiguous consequences wi h espec o he condi ion o women: conse-
quences ha ha e no always been p og essi e bu o en clea ly eg essi e.
Los discu sos an opológicos se han p eocupado his ó icamen e po de ini qué
es el homb e. En es e sen ido, la an opología en iende po “el homb e” un se
gené ico, y la p egun a po su “esencia” es la p egun a po la na u aleza de la
especie humana. Cuando se a a de examina cómo pueden de ini se los asgos
ca ac e ís icos de la condición humana en gene al exis e un acue do muy amplio en
o no a la na u aleza social del homb e: la de inición a is o élica del homb e como
zoon poli ikon, es deci , como animal (y, po an o, como se na u al) social pe o
ambién, po supues o, como zoon logon echon, como animal que iene lenguaje y,
po an o, cons uye sus ínculos sociales po medio de sis emas simbólicos. Es a
condición a la ez social y simbólica del homb e se sob epone, pues, a su ca ác e
na u al: es deci , la na u aleza humana se de ine undamen almen e po su aleja-
mien o de la na u aleza misma y, po an o, la iden idad humana, o el se p opio de
los animales humanos, se ca ac e iza po cuan o hay en sus idas de a i icioso, de
cul u al o, en de ini i a, de social.
La na u aleza humana es, pues, an ina u al, y la iden idad (o las iden idades)
de los se es humanos se de e minan en unción de las dis in as es e as sociales y
simbólicas que a ec an a sus idas. La p egun a que hab ía que abo da es si es a
de inición gené ica del homb e incluye, y cómo, has a qué pun o o desde cuándo, a
la muje . Mos a emos que la necesidad de inclui a la muje en esa de inición
uni e sal del homb e su ge de cie as pa adojas que apa ecen en el momen o mismo
en que comienzan a o ece se dichas de iniciones, un momen o c ucial de la his o ia
de la ci ilización occiden al: el del es allido de la Re olución F ancesa. Pe o ya
an es de es e momen o, y de mane a muy in ensa du an e la Ilus ación, empiezan
a a icula se los discu sos ilosó icos que de inen al homb e como se lib e y au óno-
mo y, po an o, se empieza a concebi al homb e como un suje o inde e minado. La
muje , sin emba go, di ícilmen e pa icipa de es a inde e minación ecién conquis a-
da po el homb e mode no. Es a cu iosa pa adoja podemos encon a la ya en uno de
los g andes pensado es de es e momen o: de enso incansable de los de echos y la
sobe anía inalienable de los homb es, J.-J. Rousseau se ca ac e iza á p ecisamen e
po habe a iculado una me iculosa e incluso exace bada de ensa de la misoginia
adicional. Es más: pod ía deci se incluso que con la llegada de la Ilus ación y de
los ideales de emancipación de los homb es apa ece una elabo ación ilosó ica de la
misoginia que has a en onces había sido p ác icamen e desconocida.
Como decíamos, a pa i de la Ilus ación los discu sos ela i os a la na u aleza
240 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
1 Véase C. González Ma ín “La doncella de hie o y la odalisca: me a ísica de una imagen emenina”
en Feminismo/s 2, diciemb e (2003), págs. 15-25.
2 “La época de las e oluciones que se inició con la e olución ame icana en 1776 y se concluyó en 1848
descompuso no sólo el o denamien o polí ico sino ambién el de los sexos”, G. Bock, Le donne nella s o ia
eu opea, La Te za, Roma – Ba i, 2006
3 R. Koselleck, Fu u o pasado. Pa a una semán ica de los iempos his ó icos, Paidós, Ba celona, 1993
4 N. Bobbio e al. Sulla i oluzione. P oblemi di eo ia poli ica, F anco Angeli, Milán, 1994
5 Es e enómeno es á muy es udiado en lo que espec a a las dos gue as mundiales: se da un p oceso
ápido y masi o de mo ilización de las muje es que, cuando concluyen las gue as, esul a cons i ui un
cambio ansi o io pe o no una ede inición de los oles emeninos y masculinos en los ámbi os público
y domés ico. Al espec o éase A. B a o y M. B uzzone, In gue a senza a mi: s o ie di donne 1940-1945,
La Te za, Roma-Ba i, 1995.
humana en a izan su libe ad y su au onomía, una libe ad y una au onomía que no
son sólo de o den me a ísico sino ambién en buena medida consecuencia de una
libe ación polí ica: el o den social es condición de posibilidad de la libe ad humana,
la cual sólo es posible en el ma co de un sis ema ga an e de los de echos ci iles. El
homb e, pues, alcanza su iden idad mode na –su au onomía- en la medida en que
se aleja de la na u aleza. Pe o en la medida en que el homb e se aleja de la na u a-
leza, la muje comienza a ace ca se cada ez más. Como e emos, encon amos
mul i ud de discu sos que hacen que la muje , en i ud de su ce canía con la
na u aleza, quede ue a de esa de inición social de la na u aleza humana inde e mi-
nada y ue a, po an o, del espacio público en que la exis encia de los se es huma-
nos lib es cob a sen ido. La misma azón ilus ada se concibe como una azón
asexuada de la que la muje , un se que, como se e á luego, es á o almen e
de e minado po su sexo, queda ue a. En buena medida, si la sociedad que media
en e los homb es se concibe como un con a o social, un con a o al que los suje os
se adhie en lib emen e y conse ando su sobe anía y su independencia, en e
homb es y muje es se da un con a o sexual o, como denuncia ían John S ua Mill
y Ma y Wolls onc a , un in e cambio de “sexo po pan”.1 La condición de la muje
se á, pues, la de suje o dependien e. La muje , po oposición y ambién po elación
al homb e, no es un suje o lib e sino de e minado y, sal o in e esan es excepciones
que se án cada ez más no ables a medida que a anza el siglo XIX, es a es la
imagen que p edomina á en los imagina ios colec i os: pese a que la Re olución
ans o mó de mane a adical la o ma en que los homb es se pensaban y se a a-
ban, el imagina io ela i o al géne o se man u o apegado a los moldes adicionales
has a épocas muy a días. Y es a imagen de la muje como un se dependien e y,
po an o, incapaz de accede po sí sola a los bienes ma e iales y cul u ales que la
capaci a ían pa a eje ce la libe ad, es lo que la man iene alejada de los espacios
de decisión.
Según la eo ía clásica, los ciclos e oluciona ios ans o man adicalmen e los
o denamien os sociales y polí icos has a el pun o de que as oca on la misma
de inición de las di e encias de géne o.2 Sin emba go, es un enómeno his ó ico
ecu en e que, pese al aumen o de la p esencia de muje es en el espacio público en
los iempos de c isis, lo que iene luga cuando se es au a la no malidad o a suele
se la econ i mación de sus oles y espacios adicionales. En es e sen ido, y pese
a su e iden e impulso p og esis a, la e olución ancesa no ue una excepción: en
lo que concie ne a la condición de las muje es, la e olución ancesa no ue sino una
e olución allida o no ue una e olución en absolu o. No se dio, po segui los
concep os adicionales de “ e olución”, ni acele ación del iempo his ó ico3, ni una
ans o mación du ade a e i e e sible.4
De ese modo, la Re olución F ancesa ep esen a en la his o ia una pa adoja que
se ha epe ido en nume osas ocasiones: con la up u a de la no malidad que supone
la c isis bélica, las muje es de epen e empiezan a hace se isibles; pe o al ce a se
el pa én esis de la gue a y al ecupe a se a la no malidad se da una es ic a
econ i mación de los oles adicionales y, po an o, una uel a a la exclusión del
espacio público.5 En el caso de la F ancia e oluciona ia, el pun o de pa ida es ya
muy signi ica i o: la condición de las muje es –especialmen e de cie a clase social
ele ada- du an e el Ancien Régime e a, has a cie o pun o, muy a o able al aumen-
o paula ino de su pa icipación en la ida pública. Aunque no podían pa icipa de
241
Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
6 Véase al espec o el lib o de G. F aisse, Musa de la azón, Cá ed a, Mad id, 1991, cap.III, sección
“La in luencia y el consen imien o, o cómo no sali de su sexo” (págs.104-114).
7 En e es as ei indicaciones no cons i uyen una excepción los más de 30.000 cahie s de doleance en
los que se ei indican de echos como el de adqui i un pa imonio p opio, el de echo a la ins ucción y a
accede al mundo labo al.
8 Somos necesa iamen e b e es y nos limi amos a menciona los momen os donde la p esencia
emenina es á mejo documen ada.
mane a di ec a en los asun os de in e és gene al, sí encon aban múl iples acilida-
des pa a abandona sus adicionales a eas domés icas y emba ca se en una ida
social ac i a y en e enida. Pe o no sólo eso: si bien no gozaban de po es ades
conc e as ni de capacidad ope a i a alguna, enían lo que se ha denominado in luen-
cia.6 Es deci : podían eje ce su in lujo sob e los homb es que sí pa icipaban en la
cosa pública y pa icipa , así, de mane a ica ia o indi ec a. De hecho, an es de la
Re olución habían apa ecido ya nume osos esc i os donde se exp esaban de o ma
ehemen e e inno ado a sus quejas y ei indicaciones: las muje es ya comenzaban,
pues, a sen i se incómodas en su des ie o de la ida pública.7 Los conocidos salones
y la ida de los cha eaux, de la co e e incluso las cha las en la Ópe a p opo cionan
múl iples ejemplos de la ela i a independencia y capacidad de in luencia de las
muje es en el An iguo Régimen.
Tan o es así que, du an e la Re olución, las muje es concen a án sob e sí el
odio de muchos e oluciona ios po se conside adas suje os complacien es o agen-
es ac i os del conse adu ismo p opio de los iempos p e- e oluciona ios. Debemos,
po an o, di e encia ní idamen e en e lo que ue la ac uación de las muje es en la
e olución, que como se an icipaba ue ac i a y p ome ía una ape u a cla a de su
condición al espacio público, y la ac uación de la e olución en las muje es, pues lo
que u o luga como consecuencia de la e olución no ue an o su p og esi a
pa icipación en la es e a pública cuan o una nue a eclusión en la oscu idad del
hoga .
Respec o de lo p ime o, de la ac uación de las muje es en la e olución, hab ía
que des aca dos momen os que ue on decisi os: en p ime luga , la ma cha hacia
Ve salles en oc ub e de 1789 y, en segundo luga , los mo imien os de la p ima e a
de 1795 en los que las muje es, en luga de limi a se a inci a a los homb es a la
e olución, oma on ellas mismas la inicia i a del mo imien o iolen o.8 Sin emba -
go, pese a su ac i a y bien documen ada pa icipación en las ac i idades e olucio-
na ias, y pese a su in e mi en e pe o impo an e inclusión de hecho en la ida
pública, el esul ado de su acción no ue la inclusión de de echo en ese espacio
público-polí ico. De hecho, su acción ampoco buscaba un econocimien o ins i ucio-
nal ni una sanción polí ica pa a el u u o. Es deci , que la pa icipación mili an e de
las muje es en la e olución no se p oponía una libe ación de las muje es sino,
sencillamen e, con ibui a una libe ación del pueblo del que ellas o maban pa e
de mane a media izada, a a és de sus pad es, ma idos o he manos. Pues o que no
se ie on a sí mismas, en cuan o muje es, como suje os polí icos, su ac uación se
limi ó a se conside ada ( ambién po ellas mismas) como auxilia de la emancipa-
ción más gene al del pueblo y, como se e en la edacción de los sucesi os códigos
ci iles, esa emancipación gene al del pueblo no incluye la emancipación pa icula
de sus muje es. No incluyó su emancipación y la excluyó con ehemencia cuando, el
30 de oc ub e de 1793, se dec e ó el cie e de odos los clubs emeninos y el des ie o
de ini i o de las muje es de la ida pública, y de hecho ni la Cons i ución de 1791 ni
la de 1793 incluyen el de echo al o o o el acceso a ca gos públicos pa a las muje es.
Pe o su exclusión de ini i a se culmina con el golpe de es ado napoleónico y su
código ci il basado en la puissance ma i ale y la sanción legal de la concepción
pa imonialis a del ma imonio: aunque la muje puede elegi a su ma ido, una ez
casada o ma á pa e de su pe sonalidad ju ídica y unciona á como una posesión
más de la casa.
Pe o, como se an icipaba, ambién la e olución ac úa sob e las muje es y lo
hace, po así deci , en la di ección con a ia: si las muje es pa icipan en la c eación
de una nue a idea de ci oyenne é y ac úan ab iéndose un camino que conduce a la
es e a pública e incluso, con el anscu i del iempo (de mucho iempo), a la
242 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
9 Al espec o puede e se el lib o ya clásico de P. Bessand-Massen , Femmes sous la Ré olu ion,
Edi ions de Fallois, Pa is, 2005.
adquisición de de echos polí icos, du an e la e olución se concep ualiza a las
muje es de mane a que se encuen en obligadas, po mo i os de índole eó ica o
p ác ica, a ol e a ence a se en la in imidad del espacio p i ado. Como se decía,
en p ime luga se acusa a las muje es del An iguo Régimen de se ac i as de en a-
do as del pode a a és de su in luencia sob e los g andes homb es: sus lazos con
la Iglesia y sus endencias conse ado as, su apa en e complacencia con el lujo y la
i olidad del An iguo Régimen, sus a es de seducción y su gus o po el b illo y la
elegancia hacen de las muje es suje os muy poco de ia pa a los siemp e suspicaces
e oluciona ios.9
Pe o ambién los c í icos de la e olución end án algo que deci sob e las
muje es: an o los c í icos conse ado es como los mode ados azan un e a o de
las muje es e oluciona ias como se es enga i os, sanguina ios e incapaces de
clemencia. Como se e, ambos discu sos coinciden en man ene a la muje encasilla-
da en el concep o adicional que liga de mane a indisoluble lo emenino al mal. El
ejemplo más signi ica i o de es a o ma de ep esen a a la muje e oluciona ia la
encon amos en la no ela de Dickens His o ia de dos ciudades: en es a no ela que,
pese a su e iden e na u aleza ic icia, desc ibe el p oceso de la e olución con un
ealismo sob esalien e, e emos a las muje es que acuden a las sesiones públicas y
mul i udina ias de guillo ina con sus ense es domés icos pa a asis i al espec áculo
sin abandona las labo es p opias de su géne o. De es e modo, las muje es no
pie den su papel adicional sino que, más bien, lo in eg an con su nue o papel de
ciudadanas de la epública del Te o . De hecho, el pe sonaje que mejo enca na ese
háli o enga i o y c uel que la e en las muje es e oluciona ias –que la ió en las
palab as, los ges os y sen imien os de an as sans-culo es- en la no ela de Dickens
es la e ible muje del bodegue o, la seño a De a ge, que apun a los deli os his ó i-
cos de la a is oc acia en su abajo de pun o y que hace lo imposible po asegu a se
de que odas las enganzas sean cumplidas de o ma implacable. La seño a De a ge
ep esen a de o ma í ida la amenaza que supond ía pa a el buen o den y la
con i encia ci il la adquisición de pode po pa e de las muje es. De ese modo,
como se decía, la imagen de la muje , an o en su papel de e oluciona ia cuan o en
el de p esidi los cul os salones ecuen ados po la a is oc acia, encaja pe ec a-
men e en el imagina io de la misoginia adicional, un imagina io que iene a E a
(o a Pando a, o Cli emnes a) como el pa adigma de lo emenino y que a a de
mane a insoluble a la muje con el mal.
Es a si uación es an o más pa adójica si se iene en cuen a, como se es á
a ando de hace aquí, el in e e ado ac i ismo de las muje es desplegado an es y
du an e la e olución ancesa: las muje es pa icipa on de mane a elada p ime o,
y de o ma explíci a después, en odos los cambios impo an es que ab ie on paso a
nues a e a. Y, como ambién se ha mencionado, es a i upción de las muje es en la
es e a pública no se co espondió con una emancipación o con la conquis a de
de echos ci iles. Pe o no sólo eso: si la e olución acasó pa a las muje es no ue
solo en el ma co de la his o ia polí ica sino que es algo que ambién podemos cons a-
a en la his o ia de las ideas y de las ep esen aciones. Lo que apa eció as la
e olución ue, po an o, una concep ualización de las muje es y de su papel en la
ida pública según los cánones adicionales de in e p e ación de la na u aleza
emenina y de sus po encialidades. De ese modo, en los iempos an e io es y pos e-
io es a Re olución F ancesa iene luga la eape u a de la secula que elle des
emmes, una dispu a sob e la condición na u al, social y mo al de la muje que
animó du an e siglos la his o ia de las muje es, o más bien la his o ia que se
cons uyó sob e ellas, y en la que los pa icipan es, mayo i a iamen e a ones,
a aban de de ini y es ablece , muy a menudo en la o ma de la acusación y de la
queja, qué son y cómo son, y qué podían y debían se las muje es y los homb es.
Es e deba e u o una g an di usión du an e el Renacimien o –sob e odo en I alia,
F ancia y España- y, an o en onces como en su eapa ición a inales del XVIII y a
lo la go del XIX, puso el acen o en un ema de i al ascendencia: el de la ins uc-
243
Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
10 Ma échal ue un pe sonaje de pode osa in luencia en la F ancia e oluciona ia: demás de pa icipa
en la conju a ion des égaux de Babeu , su Almanaque de la gen e hones a (1788) ue un p eceden e de lo
que después se á uno de los símbolos del iempo nue o inaugu ado po la Re olución, el Calenda io
Re oluciona io.
11 Po pa e de Madame Gacon-Du ou y Madame Climen -Héme y ( e F aisse, op.ci ., págs. 41-50).
12 Véase, de nue o, F aisse, op.ci ., Cap.III.
13 El di o cio es au o izado en 1792 po la Asamblea legisla i a y después, en 1793 (8 de Ni oso del
Año II), la Con ención disminuye el iempo necesa io pa a una segunda boda. Sin emba go, en 1816 el
di o cio se p ohíbe o a ez.
14 Quien, po o o lado, p oyec aba di o cia se pa a i i con su aman e en 1793, mien as su mad e
es aba esc ibiendo sus Re lexiones sob e el di o cio, que e ían la luz en 1794 y que, en a izando el ol
adicional de las muje es como cen o de la ida domés ica y ansmiso as de los alo es a los u u os
ciudadanos, a gumen aban con a la ley del di o cio.
ción de las muje es.
El ideólogo y mili an e babeu is a Syl ain Ma échal es quien eab e la polémi-
ca en o no al es a u o de la muje con su céleb e P oyec o de una ley que p ohíba a
las muje es ap ende a lee .10 Que la que elle se ab a p ecisamen e con el p oblema
de la ins ucción es muy signi ica i o po que ab e la discusión en odos los ámbi os
del pensamien o: el p oblema de la ins ucción conduce a a a de a e igua cuál
es el es a u o na u al, social, mo al e incluso me a ísico de la muje . Así, en las
polémicas que siguie on a la p o ocación de Ma échal encon a emos los p incipios
y a gumen os que conduci án a un pensamien o sis emá ico y plu al sob e qué es la
muje y en qué se di e encia (o no), o en qué debe di e encia se (o no), del homb e.
Así, po ejemplo, las p ime as espues as11 a Ma échal mues an que si la na u ale-
za de la muje es la de una c ia u a de azón, en onces su ins ucción puede, como
en el caso de los homb es, pe ecciona sus do es na u ales; si se op a po sos ene
la na u aleza acional de la muje se á di ícil escapa a su condición pe ec ible y,
po an o, a la necesidad de mos a en la ida eal la e dad del con a ác ico “si se
las ins uye a como a los homb es en onces pod ían ac ua como los homb es en
odos los ámbi os”. Pe o pa a sus ae se a es a consecuencia enemos las ob as de
los médicos- ilóso os como Pie e Roussel, Cabanis, Mo eau de la Sa he, Joua d o
Vi ey que, desde inales del s.XVIII, desa olla on un amplio y bien a iculado
co pus de doc inas sob e la na u aleza débil de la muje y su absolu a de e mina-
ción, men al y co po al, po su sexo ( oda la muje es ú e o, se dice). A di e encia del
homb e, la muje se concibe como un se sexuado y po eso odo lo que con ella iene
que e se explica en i ud de su posesión del ú e o.12
Es a o ma de concebi a la muje a pa i de su na u aleza iene, además, una
consecuencia e iden e en su es a u o social: pues o que en su na u aleza es á el se
mad e, y pues o que odo lo que con ella iene que e es á a su ez elacionado con
su co po alidad ma e nal, su unción social es a á a su ez de e minada po su
na u aleza. Que la muje deba eclui se en el hoga es, pues, consecuencia de la
ma e ia que ella es, y esa su ma e ialidad domina o in ade oda su ida men al y
social. De ese modo, el es a u o na u al de la muje , de inido po los médicos desde
una óp ica exen a de p ejuicios debido a su p e ensión de cien i icidad, de e mina
su es a u o psicológico y social. Pe o no sólo eso: encon a emos, en esc i o es
conse ado es como de Bonald o de Mais e, pe o ambién en esc i o es e ideólogos
p og esis as como el p opio Syl ain de Ma échal o incluso, mucho después, en el
socialis a P oudhon, una de ensa del papel adicional de la muje basado no sólo en
su es a u o na u al sino en cie as ideas de con eniencia y u ilidad pública. Po
ejemplo, en los deba es que se die on en o no a la ley del di o cio13 se e lejó la
endencia, igualmen e compa ida an o po pa e de p og esis as como Suzanne
Necke , esposa del minis o Necke y mad e de Ge maine de S äel14, como po pa e
de conse ado es como de Bonald, a conside a que la muje debe se sal agua da
de las cos umb es y de la elicidad del hoga y que, po an o, su luga na u al,
social y mo al se encuen a den o de casa y a espaldas del espacio público.
En es e b e ísimo epaso hemos is o que, as la ma ea e oluciona ia, encon-
amos una uel a al pa adigma adicional que man iene a la muje alejada de los
espacios de decisión. Al pe de se el con ol sob e ella, como ocu e en la e olución,
la muje adquie e un pode que la con ie e en un suje o sanguina io y c uel, una

244 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007
15 Pe e Lasle explica que la ma iz pa ia cal de i ada de la impo ancia cen al de la unidad
domés ica pa a el es ado hizo que odos los momen os de posible emancipación y de inclusión de la muje
en la es e a pública se ie an obs aculizados po la necesidad de que se sal agua da a el modelo amilia
impe an e, que implicaba la exclusión de la muje de la ida pública.
16 Cuya mue e en la guillo ina u o luga an e la mi ada indi e en e de muchas o as muje es.
17 En su Decla ación de los de echos de la muje y de la ciudadana (1791) denuncia que en la
e oluciona ia Decla ación de los de echos del homb e (1789) la palab a “homme” se e ie e sólo a los
a ones y excluye de o ma e iden e a las muje es.
nue a E a. Qué sea la muje y cuál sea su es a u o es algo que, como hemos a ado
de mos a , p eocupa in ensamen e a los ideólogos: se a a de de e mina cuál es
su es a u o mo al (sus ínculos con el conse adu ismo o su alo como ansmiso-
as de alo es en la amilia, la unidad nuclea del es ado15), cuál su na u aleza (y
qué impo ancia iene su debilidad na u al) y cuál su luga en la sociedad (que se á
el ámbi o domés ico) o en qué medida pueden pa icipa en la cosa pública (p e e i-
blemen e de o ma indi ec a, como mad es y educado as de nue os ciudadanos).
Es os discu sos a an, pues, de c ea imágenes con incen es y bien a iculadas de
qué es y qué debe se lo emenino: se a a de man ene lo emenino bajo con ol
pa a que no cons i uya una amenaza y po eso, a di e encia de lo que ocu e cuando
se habla del homb e (del homb e así, en abs ac o), se a a de busca imágenes de
lo emenino que puedan se i de modelos no ma i os pa a la muje . Así, si las
conquis as en el e eno de los de echos ci iles de las muje es han sido len as,
mucho más len as ue on en lo que se e ie e a los cambios en el imagina io simbóli-
co y en la ep esen ación de la desigualdad de los géne os. Po supues o que encon-
a emos impo an es excepciones: excepciones que, como Condo ce , Madame de
S äel, Cons an e de Salm, S endhal, Fanny Raoul, E a Palm d’Ade s16 y Olympe de
Gouges17 en e o as muchas, ue on pe sonajes con una pode osa in luencia en las
ideas de su iempo y, de mane a especial, a pa i de 1848. Tenemos ambién
pequeñas conquis as conc e as que, como la equipa ación de las muje es en el
de echo he edi a io o la ley del di o cio, después se ie on se iamen e obs aculiza-
das. Lo que es as p ime as espues as (in eligen es, i aces, encendidas) a la
eapa ición de la misoginia en la mode nidad nos enseñan es, pues, la necesidad de
eplan ea la p egun a sob e qué es el homb e, y de eplan ea la a ando de
esponde a es e elemen al dilema: si hemos de concebi al homb e, me ced a la
conquis a de las libe ades, como inde e minado y au ónomo, ¿po qué la muje
hab ía de concebi se como un suje o de e minado o de e minable a pa i de imáge-
nes no ma i as, a eces deg adan es y o as idealizan es, de la eminidad como las
que, como hemos a ado de mos a , apa ecie on en la F ancia p e y pos- e olucio-
na ia?
Lau a B anci o e
Dp o. de Humanidades: Geog a ía, His o ia Con empo ánea y A e.
Facul ad de Humanidades, Comunicación y Documen ación
Uni e sidad Ca los III de Mad id
[email p o ec ed]
Rocío O si Po alo
Dp o. de Humanidades: Filoso ía.
Facul ad de Humanidades, Comunicación y Documen ación
Uni e sidad Ca los III de Mad id
[email p o ec ed]