TESIS DOCTORA L
Programa de Doctorado en Historia
Línea de Investigación de Historia Contemporánea
SER ÉLIT E.
ORIGEN, INTE GRACIÓ N Y PE RPETUA CIÓN DE LA
FAMILIA OSBORNE EN ESPA Ñ A,
SIGLOS XIX-XX
PRESENTADA POR:
Ldo. PABLO MAURIÑO CHOZAS
DIRIGI DA POR
Dra. MARÍA SIERRA ALONSO
FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTO RIA
DEPARTAME NTO DE HISTORIA CONT EMPORÁ NEA
Sevilla, 2018
A mi padre, por todo
.
INDICE
7
INTRODUCCIÓN
Estado de la cuestión 15
Fuentes documentales 30
Unas palabras de agra d ecimiento 45
P AR TE P RIMERA . La forja de una familia: T homas Osborne Mann ( 1781-1854)
Capítulo primer o. Los Osborne de Devonshir e 55
A ojos de propios y extra ños: Exeter , capital de Devon 56
La vid a de los Osborne en Exeter 71
Formando una nueva familia: los Osborne de Holy T rinity 79
El orige n d e los progenitores: los Osborne 87
La lle gada del apellido Osborne a Exeter 90
La Universidad de Oxford y los Osborne de Devo nshire 94
Los te stamentos f amiliares 103
Los Osbor n e de Exeter en el Siglo de las Luces 1 12
El orige n d e los progenitores: los Mann 1 18
Los pasos de la proge nie de los Osborne de Hol y T rinity: Peter Mann,
Elizabeth y Sara h Osborne
Capítulo segundo. De la lana al vino: redes comerc iales británicas en
el Atlántico eur opeo
La p roducción y el comercio del textil de Devon 152
Los Kennaway , comercia ntes señeros de Exeter 170
Un segundón inglés al sur español. Primeros c ontactos de Thomas
Osborne con el comercio espa ñol
La British Factory de Cádiz: comer ciantes, políticos, caridad e
identidad
127
151
190
205
8
Capítulo ter cer o. Entre los negocios y el amor: la f amilia Böhl de Faber
Los añ os p revios a formar familia. Un británico en el comercio gaditano
Le t ras y comercio. Los Böhl de Faber
Cerrando el cír culo de los neg ocios y la familia : las bodegas de Duf f
Gordon
El lega do m aterial de una vida
P AR TE SEGUNDA. Construcción y práctic a de u na identidad familiar: T om ás
Osborne Böhl (1836-18 90) y T omás Osborne Guezala (1861-1935)
Capítulo cuarto. Título nobiliario y construcción del pasado familiar 326
Educación selecta y c atólica para los vástagos 326
“Por estas Letras os hacemos, constituimos y nombramos Conde”. L a
senda hac i a el ennoblecimiento familiar
La construcción de la identidad apropiada 382
Capítulo quinto. Nuevos negoc ios para un nuevo siglo: el apellido
Osborne y los orígenes de la industria cer v ecera española
contemporáne a
“T anto valdría esto co mo cambiar de cultivo” . La filoxera en el sur
peninsular
Jugando fuerte. Una apuesta por la industria en un periodo de crisis 425
La s inici ativas de la familia: La Portuense y La Cr uz del Campo, Fábrica
de Cervezas
Retiradas y pe rs everancia. Distintas estrategias en la búsqueda del porvenir 464
Capítulo sexto. Un apoliticism o polí tico 481
La políti ca de la Restauración: un asunto de familia 482
277
295
238
239
259
350
41 1
41 1
444
9
El ejerc icio dir ecto del poder político 485
La acción política a través de las sociedades mercantiles de la familia 503
I n fluencia y presiones desde las asoc ia ciones patronales 510
La t eórica nueva política de un paisano: la dicta du ra de Primo de Rivera 516
El ejerc icio dir ecto del poder político 517
La acción política a través desde las sociedades mercantiles de la fa mili a 526
I n fluencia y presiones desde las asoc ia ciones patronales 530
El ocaso de un tiempo. La reacción a la Segund a R epública Espa ñola 539
El ejerc icio dir ecto del poder político 539
La acción política a través de las sociedades mercantiles de la familia 546
I n fluencia y presiones de las asociac ion es patronales 548
CONCLUSION ES 559
ABSTRACT 567
Current status of research 569
Documentary sources 572
Summary 577
Conclusions 597
ANEXOS
El comer cio británico e n Cádiz: la British Factory . Regulación y c omposición,
1736 – 1825
“ Anno Nono, Geor gius 2 Regis. An Act fo r more equal pa y in g and better
collecting certain small sums of relief of sh ipwrecked mariners and
dishessed persons, His Majesty ’ s subjects in the ports of Cadiz and port
Saint Mary ’ s in the Kingdom of S pain and for other Uses usually
contributed to b y the M erchants trading to the said ports” , The National
Archives, Fore i gn Of fice, 332/1 , T ranscripción y traducc ión.
609
16
las cuatro prime ras décadas del siglo XX. En pri mer lugar, que fuesen de orig en ajeno a
la misma suponía, a nu estro parecer, el m ás el emen tal de los requerimientos. Al ser
ingleses previamente a s u paso a España, en los Osborne podrí a marcarse con claridad
el comienzo de su integración en la so ciedad española. En un segundo l ugar, que su
naturaleza primi genia fuera pertenecer a una capa so cial intermedia –“middle sort
people”, ateniéndonos a la denominación dada por la historiografía inglesa - nos
permitiría igualmente ob servar desde sus inicios el proceso de ascenso que experimentó
el apellido dentro d e la pirámide jerárquica que articulaba a la pobla ción de los siglos
XIX y XX. En tercer y último lugar, pero no de m enor relevancia, que en los Osborne se
diese una línea primogénita con continuidad a lo largo de varias genera ciones, siendo
amparada y p romocionada mediante prácticas deferenciales desd e el seno mismo de la
familia. Quedando postu lados así tres sujetos de estudio de roles idénticos pero qu e
vinieron a desarrollar sus vidas en contex tos diferentes aunque consecutivos, el recurso
a la biog rafía transgeneracional se alzaba propicio para profundizar en la temática
elegida. Las acciones de la familia quedarían así retratadas, no s ólo aquellas
conducentes a alcanzar un a posi ción entr e las élites socio-ec onómicas del país, sino
también las que buscaron perpetuar en el tiempo la posició n una vez consumada la
promoción.
Que “la familia ha sido un elemento estruc tur al de crucial importancia para la
formación de la élite” 4 no es , ni mu cho me nos, un descubri miento de nuestr a
investigac ión . El hacer de historiadores que nos precedieron repercutió en que la
Acade mia aceptase dicho para digma , superada la rigidez que imponía la concepción
estructuralista de l a sociedad a la hor a de d ar expli cación al hecho histórico a través de
instituciones cerra d as, tales como estam entos y clases sociales . Sintetiz ando en una
línea el ser del proceso que lo hizo posible y re firiendo las t endencias que en él
estuvieron im plicadas, el tí tulo de un ensa yo pub licado poco más de una déc ad a atrás:
“De la historia social a l a historia de lo so cial” 5 . La renovación d el enfoque pasaba por
rebatir a quienes entend ían a “los fenómenos humanos […] no como efectos de la
actividad individual, sino como fuerzas externas que conformaba n el carácter y el
4 Gary W. McDONO GH: La s b uenas fa milias de Barcelona . Historia social de poder en la era indu strial ,
Barcelo na, Ediciones O m e ga, 200 3, pp. 266
5 Miguel Ángel CABRE RA ACOSTA y Álvaro SANT ANA ACUÑA : «De la historia social a la historia
de lo so cial», en Ayer , 62 (2 006), pp. 165 - 192 .
17
destino de los sere s humanos” 6 , eso sí, sin c aer c on la ré plica en su antítesis – un
individualismo exacerbado-. Así y reflexionando sobre dicha transición, P ro Ruiz
califica b a de “empobrecimiento brutal de lo social ” 7 la consecuencia historiográfica que
había supuesto el uso abusivo de estudios cuy o e nfoque no fue sino tom a r “un sis tema
de categ orí as prec on cebidas en el que resultaba sencillo hacer entrar un a serie de datos
[…] [para] abstraer de la realidad sólo aqu ellos atributos que resultaran coherentes con
definiciones apriorísticas de los grupos” . El tipo cerra do de in vestigación n o sólo afectó
a los historiadores, pues haciendo ex tensible a la disciplina antropológica la crítica,
McDonough – el autor al que r ecurrimos para la cita qu e abre el presente párrafo -
apuntaba que “la ma y oría de los análisis acerca de la formac ión y continuidad de una
élite ha[n] constituido teor ías abstractas sobr e el significado del poder y la sociedad” 8 .
Es así que ambas ciencias gana ro n en versatilidad cuando otros conceptos que se
refieren a rea lidad es que cabalgan entre lo individual y lo col ectivo fueron eleva dos a la
categor ía d e sujeto de estudio.
Tal es el caso de la familia de entenderse como instit ución polifacé tica
conformadora de lo social, lo económico y lo político, a la par que, co mo producto
cultural que es, también de naturaleza mutable si es ex aminada en el transcurrir del
tiempo hist órico. Es por ello que una tesis doctoral como la que presentamos puede
conjugar una focalización microhistórica – ocuparse de los Osbo rne como familia
concre t a- con una perspectiva de longue duré e – trazando las líneas maestras de un
proceso p rotagonizado p or el conjunto de individ uos que la conforma ro n a lo largo de
los siglos XVIII, X IX y XX- de c ara a estudiar u na capa soci al determinada, perme able,
pero con atributos distintivos. Y p uesto que como supo sentenciar Tuñón de L ara, “la
historia, si quiere s er o aproximarse a un conocimiento científico, es l abor […] que
exige el inter cambio, el t rabajo de equipo, el esfu erzo colectivo” 9 , co n la e specificidad
de los Osborne creemos contribuir a la premisa demandada por Vill a Arranz para los
estudios de élites cuando escribió qu e resulta “p reciso conoc e r el ori gen social de los
miembros de las élites, para interpretar su génesis y evolución, sus características y
6 Miguel Ángel CABRERA ACOST A y Álvaro SANT ANA ACUÑ A: «De la historia soci al … » , pp. 18 1.
7 J uan PRO RUI Z: «Socios, a migos y co mpadres: Ca marill as y r edes personales en la sociedad liberal » ,
en Fra ncisco C HACÓN JI MENEZ y J uan HERNÁNDE Z FR ANCO ( ed s.): Familias, pod erosos y
oligarqu ías / S eminario “Familia y élite de p oder en el Reino de Murcia, siglos X V - XIX” , Murcia,
Universidad d e Murcia, 20 01, pp. 154.
La cita siguie nte se obtiene de la misma referencia.
8 Ib id. , pp. 265.
9 Ma nuel T UÑÓN DE L ARA : Estudio s sob re el siglo XIX españo l , Madrid, Siglo Veintiuno, 197 1, pp.
12.
18
actuac ion es” 10 . Acotar el objeto de estudio a un sujeto discernible, esto es, l a familia en
su sentido extenso, se muestra satisfactorio para afrontar una realidad c ompleja, pues
como apunta McDonough desde un enfoque antr opológico, “el habla r de una división
exacta y clar a de la economía, la vida social, política o cultural contradice esa fuerza
fundamental que posee la élite como una red social conectada compacta y
consistente” 11 . L a producción historiográ fi ca viene demostrando desde los a ños oche nta
del siglo pasa do lo acertado de este enfoque.
Es por ello que , sin necesidad de ca mbiar el sujeto de estudio, avanzar en dich a
temática de nuestra disci plina exige mut ar el enf oque adoptado. A tal fin Carasa Soto
refería pocos años atrás que hemos de encaminarnos hacia “la comprensión cultural del
poder y […] la microbiografía ant ropológica y análisis de la cultura p olítica de las
élites” 12 . Del éxito de los estudios de grupos, l a necesidad de discernir al indivi duo que
forma p arte de él. Así, sirviéndose de su recuperación tras superar “esquemas d e
naturaleza descriptiva, positi vista e incluso hag io gráfica asociados a deter minados
intereses” 13 , la bio grafía s e hace de uso necesario para el historiador como “recurso […]
[que] no persigue encontrar una esencia humana sino, al contrario, aprehender esa
“unicidad” con objeto de revisitar las homogeneidades aparentes que las instit uciones ,
comunidades, grupos sociales, etc. establ ecen” 14 . Desce ndiendo al individuo se hac e
posible discernir re l aciones que, de otra manera, resultan ininteligibles. Sa bina Loriga se
refería a ello con un sím il gráfic o –“social life appears as a serie s of c ircles or steps,
each intersecting with one another , the centre of one c ircle being the periphe r y of
another, and so forth” 15 - a ntes de rema rcar las dos “ utopías ” que, bajo su criterio, son
implícitas al relato biográfico como modo para alcanzar el conocimiento histórico. En
primer lugar, atendía a un clásico que no es o tro que la cuota de r epresentatividad del
estudio, pues el historiador pro mete en el caso del que se o cupa hacer converger, a
modo de crisol, las ca racterísticas definitorias del grupo en el que se integra el
10 J uan VI LLA ARR ANZ: «Clases y élites en la inves tigación. Algunas reflexione s teó ricas y
metodológicas », en Ped ro CARASA SOT O: E lites. Prosopog rafía co ntemporánea , Vallad olid,
Universidad d e Vallado lid, 1994, pp. 19.
11 Gary W. McDONO GH: La s b uenas fa milias de Barcelon a… , pp . 271.
12 Pedro CARASA SOTO: « U na mirada cul tural a las élite s políticas en los p rimeros pasos del Estado
Constitucional » , Trocadero: revista de historia mo derna y contemporá nea , 19 ( 2007), pp. 32.
13 Ví ctor Ma nuel NÚÑE Z G ARCÍA: «L a bio grafía co m o género historio gráfico de sd e la Historia
Contemporánea » , Erebea, Revista d e Huma nidades y Ciencia s Sociales , 3 (2013), pp. 20 8.
14 Marta CUÑAT ROMERO: « E l higienista Mo nlau. Apuntes para una biografía co ntextual » , en III
Reunió n de la Red Europea sobre Teoría y Práctica de la Biografía , Florencia, febrer o 2011.
15 Sabina LORIGA: « B iograp hical and Historial Writing in the 19 th and 20 th Centuries » , Tran sitions to
Modernity Collo quium , The MacM illan Center , Yale Univ ersit y, 18 de febrer o de 2008.
19
biografiado 16 . En un segundo punto, L origa mencionaba la incapacidad de encontrar en
la vida del biografiado el conjunto d e d etalles qu e ex plique el todo hist órico, pese a l a
pretensión inicial del historiador 17 .
Por el calado que poseen para una tesis doctor al s us tentada sobre la validez de l o
biográfico para historiar el tiempo pasado, creemos obligatorio reflexionar sobre las
problemáticas saca da s a colación a través de las l íneas de Sabina Loriga. C omenzando
por la seg und a de ellas, es de reconocer que al biógrafo le resulta imposible alcanzar
todos y cada uno de los aspectos tocantes a la vi da de su biografiado. Al igual que el
resto de los hist oriadores, quien se presta a la tarea de biografiar depende e n todo punto
de las fuentes documentales para desarrollar su i nvestigación. Los hu ecos que éstas le
dejan abiertos serán de distint a consideración, pues más allá d e lo circ unstancial – caso
del tono de voz o del color de los ojos y pelo del sujeto estudiado-, habrá facetas de la
vida que aborda que le se rá n ines crutables: trabajar con “ la evidencia s esgada y parcial
de un puñado de cartas o de cuentas de s astre, de un puñado de opiniones discorda ntes
sobre quién fue aquel ho mbre o aquella mujer ”, que diría I sab el Burdiel. En todo caso y
recurriendo a la misma autora, “la unión de una serie de hechos en orden cronológico no
constituye la vida de una persona: es un a colección de h echos” 18 . Una bio grafía de cort e
positivista, tales como aquellas propias de la centuria decimonónica, no convierte en
inválido el segundo de los apuntes de Sabina Loriga.
Por lo anteriormente señalado y en consonanci a con la historiografía actual,
cree mos que la atención no debe re caer en los vacíos, en los periodos – cual esquiera qu e
sean su duración- en los que el biografiado qu eda oculto tras la b ruma del tiempo
histórico, si se razona sobre las razones que ex plican tal condicionamiento para la
investigac ión. Tanto puede llegar a aportar so bre el sujeto un silencio documental
producto de una edad infantil o juvenil, como, también, la voluntar ia omisión de
16 “It pro mises to d iscover a point that encapsulates all the qualities o f the whole. The historian should
work in t wo times: first to find the representa tive i ndividual (the nor m al peasan t, the normal wo man,
etc.), then to exte nd the qualities of the representative ind ividual to a whole ca tegor y (the cla ss of
peasant, the female gender, an d so on) through an inducti ve pr ocess”, Sabina LORIGA: «Biographical
and Historical W riting …»
17 “Historians do not look for a miraculous point able to re flect histor y as a wh o le (an a ge, a societ y, a
social group, and so on) b ut tell th e mselves that the y «w a nt the history of each o n » […] we could say
that historians hope to d escribe the past in all its details and elaborate interpretative categories that
respect the full inte grity and complexity of e mpirical realit y”, Ibid.
18 Isabel BURDIE L: «La da ma de blanco. No tas sob re la biográfica histórica », en I sabel BURDIE L y
Manuel PÉREZ LEDESM A (coo rds.) : Liberales, agitad ores y co nspiradores. Biogra fías
heterogén eas del sig lo XIX , Madrid, España Calp e, 2000, pp. 31 .
20
detalles que, para otro periodo vital, puede encontrarse en “un archivo
escrupulosamente or ganizado – y , po r consiguiente cribado, claro está - ” 19 por e l
biografiado u otra persona. Una dec la ración de cuan complicado puede antojarse l a
tarea del biógrafo, la confesión de Fernández P oza tra s enfrentarse a la de Cecilia Böhl,
“ Fernán Caballero , nos pudo dar ideolo gía, pero no se propuso darnos sucedáneo de
biografía en lu gar de biografía. O mejor dicho, ell a no se propuso darnos ni lo uno ni lo
otro” 20 . La propia li terata, quien formó parte de la familia Osborne – en su concepción
extensa-, puso en vida de forma consciente impe dimentos para que tal tipo de estudios
pudieran afrontarse sob re su persona . “ La parte ideal de la vida del hombre, más aún de
la mujer, está oculta a todo ojo profano, y la may o r parte de las v eces se halla
entrelazada en secretos de fa milia” 21 , que dejó escrito. Y sin embargo y a pesar de todo
ello, n i uno ni otro condicionante deben ser óbice para desme recer o desconsiderar la
utilidad del gé n ero biográfico como método para historiar.
En e l otro punto y también c omo “utopía” de l historiador según L o riga, la
siempre cuestionada representatividad de lo biográfico. Lo cierto es qu e l a superación
de los cánones historiográficos d ecimonónicos h a pro piciado la apa ri ción de toda una
serie de bio grafías ya no encasilladas en figura s de alcance universal – aquellos “grandes
hombres” -, abandonando el gé nero la historia estrictamente polí tica y abriéndose a ser
em pleado por historiadores de temáticas distintas 22 . Así y enlazando con l o prac tic ado
en la primera p arte de la tesis que pr esentamos, la biografía se ha abierto en los últimos
tiempos a “personas, conocidas y d esconocidas, que vivie ron a caballo de distintos
mundos y qu e los mez claron o qu e, sin haber ex p erimentado ese viaj e ni mantenido
tales encuentros, sirven igualmente par a establecer esa suerte d e microhist oria global” 23 .
El caso del estudio biográfico de Thomas Osborne que expondremos hace evidente la
conexión de realidades diferenciadas a l a que h ace mención Anaclet Pons en la cita
anterior, y es por ello que la problemática d e la representatividad del sujeto frente al
grupo cae, creemos, bajo la utilidad de p resentar “la experiencia de un y o frente a su
19 Marta CUÑ AT ROMERO: « El higienista Monlau…. » , en I II Reu nión de la Red…
20 Milagros FERN ÁNDE Z POZ A: Frasqu ita Larrea y “Fe rnán Caballero” . Mujer, revolu ción y
romanticismo en España , 1775 -1870 , El Puerto d e Santa María, Ayunta miento de El Puerto de Santa
María, 20 01, pp. 17.
21 Cecilia BÖH L: Carta a Hartz enbusch, 18 53, r ecogida por Ibid. , pp. 7 .
22 Isabel B URDIEL: « Historia p olítica y b iografía: m á s allá de las fronteras”, Aye r , 93 ( 2014 ), pp. 51.
23 Anaclet P ONS: «De los d etalles al tod o: Historia c ultural y bio grafía glob ales » , Hi stória da
Historiografia , 12 (2013 ), pp. 160.
21
entorno, situación a gónica qu e se halla en el c e ntro del acontecimiento biográfico” 24 .
Ningún otro género hist órico permite aproximarse al tiempo p retérito con la c ercanía
que muestra el r elato biográfico el ac ercarse a l a vida del individuo en su contexto. O
dicho de otro modo y r ecurriendo nuevamente a las palabras de Ruiz - Domènec , “la
biografía es la for ma acabada de englobar lo univ ersal en lo particular, la sociedad en el
individuo” 25 .
En la senda de dis cutir l a pretendida ne cesidad de just ificar l a representatividad
de lo biográfico, Bur diel sostien e que “no ha y bi ografía que int erese sin uno o varios
problemas (interesantes) que la orienten y la sostenga n ” 26 , una senda sobre la que
también incidía Cuñat R omero al decir que “el recurso al método biográfico para
historiar un momento o un proceso debe respon der a la formulación d e un problema
histórico sustancial para el cua l la biografía resul te especialmente pe rtinente” 27 . No se
trata, por tanto, de estudiar al sujeto sin más prop ósito que conocer su vida, sino que el
investigador pu eda aprehender a trav és de ella u n conocimiento histórico más amplio .
En el caso de Thomas Osborne, por utili zar el personaje qu e suscita la biografía que
abre la presente tesis doctoral, el estudio de su figura da plena respuesta a la necesidad
hecha pública hará unos años por Torrejón C haves respecto al hecho de que “las
actuac ion es particulares de los comerciantes extranjeros en el Cádiz del momento
[refiriéndose a los siglos XVIII y XI X] nos son aún mu y desconocida s, tanto en lo
concerniente a su vida privada como a las compañías comer ciales que cons titu y eron y a
las actividades concretas que ést as desarrollaron” 28 . Además, al trab ajar sobre la fi gura
de Osborne ma rcando las facetas diferenciadas del individuo según el ámbi to de su vida
– comerciante, padre, esposo, feligrés … -, quisimos igualmente r eflejar los roles que se
combinan en el sujeto histórico y, también, que las vidas no han de ser estudiadas bajo
un enfoque ríg ido y lineal. Su abjura ción del anglicismo e inmediata conversión al
cat olicismo es prueba de que “cada individuo es siempre […] un híbrido y una
encruc ijad a de redes de poder, de relación y de posibilidades” 29 . De ahí que hayamos
pretendido mantener su relato biográfico conectado de manera continua a la realidad
24 Jo sé Enrique RUIZ-DOMÈNEC: «Direcciones para la biografía » , E reba , Revista de Humanid ades y
Ciencias So ciales, 3 (2013 ), pp. 17.
25 Ibid. , pp. 21.
26 Isabel B URDIEL: «Historia p olítica y b iografía …», pp. 62.
27 Marta CUÑ AT ROMERO: «El higienista Monlau …. » , en I II Reu nión de la Red…
28 J uan TORREJ ÓN CH AVES: Introd ucción , en Ma ría del Carmen LARIO DE OÑAT E: La colo ni a
mercantil britán ica e irlandesa en Cádiz a fina les d el siglo XVI II , Ser vicio d e Publicacione s
Universidad d e Cádiz, Cádiz, 2000 , pp. VI.
29 Isabel B URDIEL: «Historia p olítica y b iografía …», pp. 68.
22
familiar cambiante y al r esto de círculos de socia bilidad en los que estuvo imbricado en
sus diferentes etapas vitales.
Trazar no sólo una biografía, sino también los esbozos biográficos de miembros
de las dos generaciones subsiguientes al individuo abordado supone, a nues tro entender,
una reafirmación de la flexibili dad que presenta el método biográ fico y su utili dad para
incidir en el estudio de procesos de l argo desarrollo . L o apuntab a Pons al apostillar
sobre la representatividad de lo biográfic o , que “ el intento más satisfactorio es abordar
cada una de esas biografías como un puente que nos conecte con otras, una pasarela que
haga las veces de enlace entre microhistoria e historia mundial o g lob al y que nos
permita salva r la brecha que s epara amb as perspec tivas” 30 . Es así que “el papel del
sujeto en la biografía […] aparec e como el hilo conductor que le permite [al historiador]
seguir su narración y dar pie a las interpretaciones sobre el contexto en el que s e
desarrolla” 31 , sin que la vida del biografiado ve n ga a marca r el instante en el que se ha
de detener la ex posición y razonamiento sobre el peso y significado que tuvi eron sus
acciones a posteriori. Tal estrategia ha sido llev ada a efecto con anterioridad, como supo
sintetizar Ruiz -Domènec sobre el trabajo d e Jacques Le Goff 32 , pero en el caso que nos
atañe cobra i gua l s entido al girar el propósito argumentativo de nu estras p áginas sobre
un proce so que atañe y protag oniza una inst itución familiar, un e nte de na turaleza
potencial para anteceder y , en el c aso de los Osborne, sobrepasar la existencia caduca de
las vidas de sus miembros. Así, l a práctica de “ser élite”, una actitud que sobrepasa las
vivencias del individuo y su generación al verse reproducida en sec u encia, respalda que
se analic en actos concretos e individuales entendiéndolos como insertados en un
conjunto más amplio, fami liar. Recurriendo de nuevo al apo yo antropológico que ofrece
McDonough, “el significado de l a familia dentro de los grupos de pode r confirma la
necesidad de ver y estudiar la ideología como un proceso” 33 .
El poder, en sus múltiples va riantes – social, ec onómico y político-, se hace
omnipresente en la segunda de las partes de nuestra tesis doctoral. Para su análisis no
recurrimos a una prosopográfia clásica a la usanz a que empleamos en otra ocasión con
30 Anaclet PONS: « De los d etalles al to do …», pp. 160 .
31 Pilar MERA-COST AS: «Hilos, tramas y relato s. Aportes y retos de la biografía polític a en la nueva
Historia Po lítica » , Studia histórica. Historia Co ntemporá nea , 35/2017 , pp. 108.
32 José Enrique RUIZ-DOMÈ NEC : «Direccio nes para la b iografía » , p p. 10 .
33 Gary W. McDONO GH: La s b uenas fa milias de Barcelon a… , pp . 271.
23
resultados satisfactorios 34 , pues toda vez que el grupo a estudiar estaba acotado por
relaciones internas est ables – por familiares-, pudi mos optar por un an álisis cultural del
mismo desde la perspectiva qu e of rece la biografía colectiva. En uno d e sus trabajos y a
sacado a colación, Pro Ruiz apostillaba qu e “la familia es la realidad social
primordial” 35 cuando se trata el estudio de las élites. En dichos análisis “es posible
identificar de forma clar a cuál es el centro de acción y reacción social” 36 , la familia, si
bien hemos de discrepar con McDonough cuando seg uidam ente afirma que esto “ no
supone […] que ex ista una conciencia de clase constante”. Estudi os de bio grafías
colectivas de marcado sentir prosopográfico, caso de los a cometidos por Rodríguez
Caparrini sobre el estudiantado de los colegios jesuíticos a partir de la segunda mitad
del sig lo XI X 37 , no dejan lugar a la dud a de q ue la for m ación de dic ho sentir de
pertenencia común –“ex presión de importancia de la instit ución fami liar para la
reproducción de la pos ición social” 38 , en palabras de Pro Ruiz - era promovido a
concienc i a por las unidades familiares que integraban la é lite español a contemporánea.
De la re levancia socio-ec onómica que hizo ga la la familia Osborne a lo largo de
la contemporaneidad se perca tó la historiografía española décadas atrás. Tuñón de La r a
nombrará en dos ocasiones al apellido como integrante de lo qu e vino a llamar “bloque
de Poder”, la “élite que ejerce cotidianamente el Poder, emanado de ese bloque
social” 39 . J unto a otros ape llidos que aparecerán en nuestras páginas, caso de Domecq o
Garvey , el historiador diría de todos e llos que se trataba de “propietarios de cuño
relativam ente […] re ci ente, cuyo poder ec onó mico irá emparejándose c on el de la
34 Pablo MAURIÑO: « ¿Quié n es quién e n La Cruz del Campo? P erfil pro sopográfico de un gr upo
empresarial», en J osé Antonio CAB ALLERO M ACHÍ , Raúl MÍ NGUEZ B LASCO y Ve ga
RODRÍGUEZ -FLORES PARR A (coor ds.) : Cultura s políticas en la contempo raneidad: Discursos y
prácticas políticas desde los márgen es a la s élites , Valencia, Universidad d e Vale ncia, 2 015, pp. 62 -
65.
35 J uan PRO RUIZ: «Socios, amigos y compadres …» , en Fra ncisco CHACÓN JIMENEZ y Jua n
HERNÁNDEZ F RANCO ( eds.): F amilias, po derosos y o ligarquías…, p p. 158.
36 Gary W. McDONO GH: La s b uenas fa milias de Barcelon a… , pp . 267.
37 B ernardo RODRÍGUEZ CA PARRINI : «Alumnos españoles en el internado jesuita de B eaumont ( Old
Windsor, Inglaterra), 1869 -1874 » , Archivum Historicum Societatis Iesu , vol. 8 0, 159 (2011 ), pp. 151 -
250; ÍD.: «Alumn o s e spañoles en el i nternado jesuita de Bea umont (Old Wi ndsor, I nglaterra) , 1874 -
1880» , Mi scelánea Comillas: Revista de Ciencia s Human as y So ciales , vol. 70, 1 36 (2 012), pp. 2 41 -
264; ÍD.: «Alumn o s e spañoles en el i nternado jesuita de Bea umont (Old Wi ndsor, I nglaterra) , 1880 -
1886» , Hi spania S acra , LXVI Extra I (2 014), p p. 403 - 45 2; e ÍD.: « Alumnos españoles e n el internado
jesuita d e B eaumont (Old Windsor, Inglaterra) , 18 86 -1892», Miscelán ea Comillas: Revista d e
Ciencias Huma nas y S ociales , vol. 74, 145 (2016), pp. 371 - 442.
38 J uan PRO RUIZ: «Socios, amigos y compadres …» , en Fra ncisco CHACÓN JIMENEZ y Jua n
HERNÁNDEZ F RANCO ( eds.): F amilias, po derosos y o ligarquías…, p p. 158.
39 Manuel TUÑÓN DE LARA: Estudios sob re el siglo XI X españo l , pp. 189.
Para las referencias a los Osbo rne, pp . 162 y 172.
24
nobleza” 40 . No err aba en su esbozo sobre los Osborne, pero lo cier to – y lo decimos con
humildad- es que hasta el mom ento en el que abordamos la investig ación presente, el
conocimiento de los Osborne desde un punto de vista histórico no podía sino calificarse
de acientífico. Exceptuando las obras de Maldonado Rosso 41 y Lignon-Darmailla c 42 ,
por cuanto compete al p apel jugado por la so ciedad mercantil Duff Gordon & Cia –
participada en el si glo XIX por los Osbo rne- en el negocio de ex portación del jerez,
ningún otro trabajo había prest ado sus lí neas sino a una rep etición acrítica del relato
familiar construido por l a generac ión Osborne Guezala e n los años veinte de la centuria
pasada. Lo uno puede ser considerado consecuencia de lo otro, pues para la Academia l a
familia quedó cubie rta por la sombra qu e pro y ectan figuras li terarias de r elieve
emparentadas íntimamente con ellos, caso de J uan Nicolás Böhl d e Faber, Francisca
Larrea y C ecilia Böhl. U n ejemplo primoroso de tal aserto lo en contramos de la mano
de Guillermo Carnero, q uien tuvo la fortuna de poder consultar el fondo privado del
conde de Osborne de entonces –“[…] una masa doc umental de primera mag nitud,
accesible al inv estigador gracias a la ex quisita cultura y generosidad de su actual
poseedor” 43 - para dejar es crito que “como mis pesquisas se centraron en Juan Nicolás
Böhl y su esposa Francisca Ruiz de L ar rea, no ha ré ninguna referencia a las colecciones
que conc i ernen a otra s pe rsonas, la principal d e las cuales es Fernán Caballero” 44 .
Páginas después confirmaría su proceder al señalar que “he dejado voluntariamente a un
lado todo pormenor biográfico de los hijos de J uan Nicolás” 45 , justificando así que su
relato se centra s e en el hispanista y la literata.
Años antes de la publicación del trabajo d e Carnero, otro título dado a prensa
versó, justamente, sobre Cecilia Böhl, alias Fer nán Caballero e hija pri mogénita d el
matrimonio referido. En él sí encontraremos ocupando espacio al apellido Osbo rne, si
bien de forma sucinta. Y es que aparecía al mencionarse los entronques de d os de las
hermanas de la escritora: “En 1825, Aurora y Ángela casarán con Tomás Osborne, de la
40 Manuel TUÑÓN DE LARA: Estudios sob re el siglo XI X españo l , pp. 172.
41 Ja vier MALDON ADO RO SSO: La fo rmación del capitalismo en el Marco del Jerez: de l a
vitivinicultura tradic iona l a la agroindustria vinate ra moderna (siglos XVII I y XIX) , Madrid, Huerga
y Fierro, 19 99.
42 Sophie LIGNON -DARM AILLAC: Le s g randes maison s du vign obl e de Jerez, (1834.1992 ) , Madrid ,
Casa de Velázq uez, 2004 .
43 Guiller mo CARNE RO: Los o rígenes d el roman ticismo re accion ario esp añol. El matrimonio Böhl de
Faber , Valencia, Universidad d e Valencia, 19 78, pp. 15.
44 Ibid. , pp. 12.
45 Ibid. , pp. 75.
25
distinguida familia del P uerto y con el oficial f rancés Chatr y d e la Fosse” 46 . Herrero
pecaba de pro y ectar al pasado lo que fue presente en su tiempo, pues la famili a Osborne
de El Puerto de Santa María daría ini cio precisamente tras celebrarse la unión
matrimonial que refe ría en sus líneas. Otro autor y par a un tiempo poco anterior al que
retrotraían sus p alabras, aportaba en una de sus obras cierta información respec to al
contraye nte, entremezclando lo que era acorde c on la Historia con juic ios de valor
susceptibles de se r puestos en tela de juicio: “Er a e l novio de Auror a, don Tomás
Osborne, p ersona acaudalada, de n acionalidad inglesa, avecindado en Cádi z, dedicado a
grandes emp resas comerciales y que o cupaba en la sociedad lu gar muy di stinguido por
su ameno trato, corteses formas y el lujo de su vivir y cas a” 47 . C reemos que el tono
hag io gráfico – por elev ar en grado sumo la categoría d el individuo - que destilan las
últimas palabras empleadas por Montoto tuvo q ue ver con el hecho de que, como él
mismo hizo saber en su de dicatoria, se debies e “al S eñor Don Antonio Osborne y
Vázquez que honra la m emoria de sus célebres antepasados […] con la publicación de
este libro” 48 .
Tal patroc inio bien pud o suponer un velo a la mira da crítica con la que el
historiador debe asomarse al tiempo pasado, más aún cuando se acomete una biografía,
“donde es nece s ario mantener un equilibro entre la cercanía y la distancia precisa para el
correcto análisis y pres entación de su tra y ectoria” 49 . Pese a él y en lo tocante a Osborne,
Montoto ac ertaba a referirse a él como extranjero y en dec ir que había labrado
patrimonio por su desempeño comercial previamente a cont raer matrimonio, si bien
erra b a a l escribir de forma castellanizada el nombre de Thomas Osborne. De más
relevancia qu e una grafía errónea, que a pie de pág in a el autor d el libro sobre Fernán
Caballero coady uv ase a difundir la idea de que la condición nobiliaria del apellido
Osborne se remontaba a su origen inglés, al escribir que “la famili a Osborne contab a
entre sus antepasa dos al señor del estado de Malbourne, en I n glaterra” 50 , y aduciendo
como fuente p ara su declaración la “prueba en la Asociación de Hidalgos a fuero de
España, Padrón de Estado , Madrid, 1955- 1961”. Montoto caía pre so del poder
simbólico ganado por la familia en su mi smo siglo, no prof undiz ando más allá sobre los
46 Javier HE RRERO: Fernán Caballero . Un nuevo planteamiento , Madrid, Gredos, 1963, pp. 94.
47 Santiago MONT OT O: Fernán Cab allero. (Algo más que una b iografía ) , Sevilla, Grá ficas del Sur,
1969, pp. 163.
48 Ibid. , pp. 5.
49 Pilar MERA-COST AS: «Hilos, tr amas y relatos … », pp. 88.
50 Santiago MONT OT O: F ernán Caballero … , pp. 1 63.
La cita siguie nte se obtiene de la misma referencia.
32
permitan el a cceso a sus fondos, sean consec u entes manteniendo su predisposición
durante un tiempo razonable. Se trata, creemos, de un compromiso rec iproco entre
investigador y ti tular del archivo, teniendo su basamento en que el primero comprenda
que al se gundo le corresponde obrar libre en función de su propia voluntad y que es la
persona que ti ene derecho sobre la documentación que custodia. Ig u almente y por su
parte, el titul ar del archivo debe entender que la postura que adopta y a cuerda de inicio
con el historiador compromete su trabajo a corto y m edio plaz o, de forma y manera que
cualquier cambio d e parecer tiene repercusiones significativas sobr e la i nvestigación.
Dicho esto, el segundo d e los factores que queremos poner de manifiesto también está
en íntim a relación con el carácter privado de los f ondos, pues hemos de apuntar que los
archivos empresariales resultan ser la ma y or de las veces conjuntos documentales que
difícilmente casan con la idea de archivo tal y como es conceptuada p or la L ey d el
Patrimonio Histórico 69 . En definitiva, pros y contras de unas fuentes cu yo potencial para
profundizar en el conocimiento del pasado histórico está aún lejos de haber sido
explotado en su tot alidad la comunidad investi gadora. A modo de descarga, decir que
no menos cierto es que ocuparse en ellas impli ca asumir unas condiciones de trabajo
manifiestamente menos favorables d e las que s e disfruta n en los archivos tradicionales.
Ya lo apuntaba h ará unos años Tortella al decir para el caso esp añol que “la
documentación de las empresas […] no está inventariada de modo preciso y exhaustivo,
pues son exce pciones las […] que tienen un profesional al frente d e su archivo y , sobr e
todo, son excepción las empresas cuyos directivos se intere san por estos as untos” 70 .
A pesar de lo expuesto e n el párrafo anterio r, creemos que nuestra investi gación
pone de manifiesto lo útil del sacrificio que ex igen las fuentes privadas. Así y entr ando
en la enumeración y d escripción de aquellas de l as que nos hemos servido, decir de la
que aparece r á citada como Archivo Histórico L a C ruz del C ampo (AHCC) que a finales
de la década de 1980 y por ini ciativa de la direcc i ón de la cervecera, sus fondos fueron
catalogados bajo la tutela de los profesores Luque Bae za y Ar en as Posadas. S u fruto, un
69 Ley 16 /1986 , d e 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, T ítulo VII, “Del Patr im onio
Documental y Bibliográfico y d e los Archivos, Biblioteca s y Museos”, Capítulo II, “De lo s Archivos,
Biblioteca s y M useos”.
Artículo 50 . Son archivos lo s conjuntos orgánicos d e do cumentos, o la reunión de varios d e ellos,
reunidos por las per sonas jur ídicas o privadas, en el ejer cicio d e sus actividad es, al se rvicio d e su
utilización par a la investi gación, la cult ura, la infor mación y la gestió n administrativa.
Asimismo, se entienden por archivos la s ins tituciones c ulturales d onde se reúnen, co nserva n,
ordenan y d ifunden para los fines anterior mente mencionado s dichos conj untos orgánico s.
70 Te resa TORT ELLA: « El acceso a los archiv os… » , en T eresa T ORT ELLA, Mig uel A . LÓPEZ-
MORELL y Víctor ARROY O : El acceso a los arch ivos de empresa , pp. 35.
33
Inventario del Ar chivo Histórico de La C ruz del Campo, S. A. 71 que recogía en
cincuenta y una p áginas la clasificación d e quin ientos ochenta y cuatro libros y mil
setecientas siete carpetas en diez secciones difere n ciadas: “Correspondencia”, “Notas de
Régimen I nterior”, “Estadísticas e Informes” , “Ventas”, “Contabilidad”, “Cultivos”,
“Almacé n ”, “Actividades Dependientes”, “Asimiladas y P eriféricas”, “Personal” y
“Publicaciones” . Fue trabajo en vano, pues en una muestra de cómo u n patrimonio
documental puede ser ma ltratado por sus propios tenedore s, los cambios en la propiedad
de la empresa se tr aduj eron en la d esatención respecto a los fondos históricos de la
industria. Al momento en el qu e acometimos l a investi gación, la do cumentación se
encontraba dispersa por tres localizaciones diferentes de la ciudad de Sevilla. Un primer
conjunto – fragmentado a su vez -, en las instalaciones originales de la fábrica. En ella,
Heineken Españ a tenía repartidos los documentos más relevantes y vistosos entre su
archivo administ rativo y las vitrinas que decoran el salón comedor de la Escuela d e
Hostelería Gamb rinus. En cambio, para dar con l as otras dos porciones d el patrimonio
documental de la cervecera había que acudir a la sede social de la As ociación de
Jubilados Ga mbrinus y a una nave indus trial. Entre ambas localizaciones atesoraba n los
antiguos trabajadores de la compañí a una documentación de la que di recc ión de la
cervecera se había d esatendido almacenándola en una sala de fermentación abandonada .
O lo que es lo mismo, un espacio a l a int emperie que servía de espacio de anidamiento
para un buen número d e palomas. Es d e loa r l a tarea que acometió la Asocia ción de
Jubilados Gambrinus en pos de la preservación del patrimonio histórico -doc umental de
la cervecera d e ma y or entidad del sur de España.
A excepción de lo contenido en la nave industrial – cu y o embala je imposibilitaba
toda consulta-, del r esto del fondo documental elaboramos un cuadro catalográfico que
dimos a conocer en los anexos de nuestra tesina 72 . No obstante y como ocurriese con el
trabajo de Luque Baeza y Arenas Posadas, la vali dez actual del referido instrumento de
descripción re side única mente en apuntar lo que se conservó hasta la fe cha de su
elaboración. Conocemos que la Fundac ión Cruzcampo tuvo a bien resituar en las
estanterías de un sa lón de juntas pa rte del volumen anteriormente en manos de la
Asociación d e Jubilados Gambrinus, sin qu e t engamos noticia al guna respecto al
destino del resto del vol umen documental. P or to do ello y a modo de d enuncia, señal ar
71 Fondo P rivado Osbo rne Isasi , Inventario del Archivo Histórico de La Cruz del Ca m p o, S. A.
72 Pab lo MAURIÑO: La Cruz del Campo. Historia d e la cerveza sevillana, 1902 - 1945 , tesin a,
Universidad d e Sevilla, 201 2.
34
que el patrimonio documental de La Cruz del Campo, Fábrica de Cervezas constitu y e
un ejemplo más de cómo la dejación y d esinterés puede dar al tr aste con un fondo
privilegiado para el conocimiento del pasado industrial hispalense. Por su
responsabilidad social co rporativa, cree mos qu e poner en valor lo que queda de él – que
no es poco- debe ser un r eto para la Fundación Cruzcampo, más teniendo en
consideración que depende direc tament e de una empre sa multinacional de potencial
económico más qu e contrastado. Si el p ropósito es salvaguardar di cho patrimonio, otra
alternativa a explorar sería su depósito en un archivo público, tal y como ocurre en el
caso de la do cumentación hist órica de la Fábrica de Cervezas y Hielo Mahou ,
custodiada ho y día en el Archivo Reg ional de la Comunidad de Madri d (ARCM) y
localizado, paradójicamente, en l as instalaciones de la anti gua fábrica d e cervezas El
Águila S. A. Del trabajo ejemplar que se acometi ó en la organización y d escripción de
sus fondos pudimos beneficiar nos pa ra nuestra investigación.
Dicho todo lo anterior, el AHCC se mostró imprescindible de cara al d esarrollo
del capítulo quint o de la tesis doctoral que presentamos. Manteniendo la denominac ión
que les otorgamos en el trabajo arriba señalado, p ara tratar el origen de la fábrica de
cerve z as hemo s uti lizado la “Se cción d e Docume ntos Históricos” del “Fondo Fábrica”
y , también, el “Fondo Es cuela” con su “Sección d e Documentos Históricos ”. Lo que d e
ambos obtuvimos fue complementado con lo que al mismo respec to apunt an los fondo s
de otros tres a rchivos privados localizados en la provincia de Cádiz: el Archivo
Histórico Osborne (AHO) en El Puerto de Sa nta María, el Fondo Pr ivado de D.
Fernando Rivero Ruiz ( FPRR) y el Archivo Histórico Bodegas Tradición CZ (AHBT -
CZ), ambos en Jerez de la Frontera. La correspondencia privada de Joaquín María
Rivero González con los Osborne Guezala que atesora – en buen estado de
conservación- su desce n diente Rivero Ruiz resulta una fuente hist órica valiosa para
conocer el trato íntimo que se daban los protagonistas de la iniciativa empresarial
materializada en Sevilla, mientras que con los resultados de nuestra investiga ción
comienza a ponerse de manifiesto el potencial de los fondos del AHBT -CZ que en la
actualidad cataloga su a rchivero D. Manuel Ma rín. Para las compr avent as y cambios
societarios que se refieren en el citado capítulo, se recurrió a lo que indi ca n las fuentes
notariales, bien en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla (AHPS) o en su
corre spondient e de C ádiz (AHPC), así como en el Archivo Histórico d e Pro tocolos
Notariales de Jerez de la Frontera ( AHPCNJF). Varia s secciones d el fondo Colección
35
Alfabética del A rchivo Municipal de Sevilla (AMS), tales como “Fábricas” o
“Aperturas de establec i mientos”, se mostraron también claves para distint o s apartados
del capítulo.
Del Archivo Histórico Osborne (AHO), la otra fuente de do cumentación
empresarial que toca de lleno a la familia que nos ha servido de objeto de estudio , son
varios los apuntes que hemos de ex poner. Su existencia no ha sido ningún
descubrimiento del presente trabajo, pues si vo lvemos a recurrir a las palabras de
Tortella lo veremos incluido en una nómina de archivos privados dentro del mismo
marco geográfic o: “ Por haberse mantenido bie n conservados los de las Bodegas d e
Jerez, tales como el de Go nzález By ass, el de Osborne y el d e W illiam & Humbert
[…]” 73 . Referenc i as a documentos de sus fondos, por ejemplo, pueden ser encontradas
en las obras ya publicadas de Maldonado Rosso 74 o L i gnon-Darmaillac 75 . Pudim os
acceder a su consulta du rante el últim o tercio de 2012, encontrando una difere n cia de
relieve respecto al AHCC: una base de datos recogía todas y cada una de las misivas
conserva d as listando el nombre de emisor y el lugar desde el que se enviab a la carta. En
total, más de un centenar de cajas las cont i en en agrupadas en mazos de distinto
volumen. Siendo tal su disposición, como sistema de descripc ión no profesional que es
muestra al gunas d eficiencias considerables, pues nada se revela sobre l a crono log ía d e
cada uno de los emisarios ni tampoco da a conoce r pista alguna respecto a sus
identidades, ocupaciones o relaciones para con la socieda d mercantil . Sí es de reconocer
que puede resultar útil a la hora de acometer bú squedas sobre p erfiles concretos . En
suma y teniendo en consideración que el fondo documental se encuentra bajo la tutela
de una empresa priva da, es d e a gra d ecer que el nivel de conservación de la
documentación histórica sea más que notable.
Inicialmente, el AHO fue considerado como el fon do principal para el desar rollo
de nuestro pro y ecto de investi gación. Que h abríamos de ex plorarlo en profundidad y
proceder a su consulta de forma re currente quedó puesto de manifiesto tan pronto como
procedimos a efectuar u na cata en él. S i por su natu raleza lo habíamos supuesto de
relevancia pa ra las partes del estudio que tocasen lo económico , lo cierto es que resultó
que las misivas que encontramos manuscritas por algunos de los Osborne
73 T eresa T ORT ELLA: « El acceso a los archiv os… » , en T eresa T ORT ELLA, Mig uel A . LÓPEZ-
MORELL y Víctor ARROY O : El acceso a los arch ivos de empresa , pp. 20.
74 Javier MALDON ADO ROSS O: La formación del capitalismo…,
75 Sophie LIGNON -D ARMAILLAC: Les g randes ma isons du vignob le… ,
36
entremezclaba n lo comercial con lo p ersonal, siendo posible así una aproximación a la
realidad familiar no alca nzable desde nin guna otra fuente. E ra un a perspectiva novedosa
por íntim a que pretendíamos explorar, demostrando ser útiles para tal fin l as carta s de
Tomás Osborne Guezala a su padre Tomás Osbo rne Böhl en la d écada d e los ochenta
del siglo XI X. Y puesto que la institución familiar, en su concepción extensa, estaba en
el centro mismo de nuestra at ención, sería con forme avanzáse mos en el conocimiento
de sus integrantes, parientes y círculos de rel aciones cuando queda se n desveladas las
identidades y r elevancias de no po cos de los remitentes de cor respon dencia que se
recoge n en la base d e datos del AHO. Sin emb argo y contraviniendo el compromiso
acorda do previamente, l a dirección de las bod egas Osborne decidió rest ringir por
completo el acceso a su archivo histórico a finales del año 2013 , supon emos que para e l
conjunto de la comunid ad investi gadora. Implementaron entonces una vía por la cual
procedíamos a solicitar a personal de la compañía – cuy os mene st eres pro fesionales eran
otros- que localiz ase en el legajo y mazo que le i ndicábamos la carta – o cartas, detalle
que no aclaraba la b ase de datos- qu e suscitaba nuestro inte rés, siénd onos entonces
escaneada y remitida por correo electrónico. Pronto quedó demostrado el perjuicio que
tal cambio significó para nuestro trabajo, pues a pesar de los esfuerzos de la persona
designa d a para tal tar ea, las particularidades de la documentación cons ervada en el
AHO lo convierten en un fondo documental que exige de ciertas aptitudes y destrezas a
la hora de acometer su consulta.
Así, que la documentación tenga carácter manuscrito para la ma yor part e del
periodo que trabajamos obliga a quien se acerque al AHO a estar familiarizado con la s
grafías utiliz adas en lo s siglos XV III , X IX y principios del XX. E s un fac to r
determinante d e por sí, pero ve incr ementada s u complejidad debido a la natur aleza
misma del archivo, pues al ser el de una empresa dedicada a l a ex portación de un
determinado producto y, también, a la procedencia extranjera de buena parte de los
individuos que estuviero n a su frente, gran parte de las comunicaciones que se recogen
en sus documentos s e mantuvieron usando el inglés como idi oma vehicul ar. Y es por
ello que, habiendo de atenernos a lo dispuesto desde la dirección de las bodeg as, ha
ocurrido en algunas ocasiones que el personal encargado de identificar nuestras
peticiones – repetimos, a pesar de su e ntrega - no pudo dar con un as mi sivas que sí
aparece n reco gidas en la base d e datos qu e sirve como guía del ar chivo. Entre ellas,
misivas a las que otor gamos un valor pot encial para contextualizar y entender el
37
comportamiento socio- económico de los Osbo rne durante los siglos de la Edad
Contemporánea, tal/es como la/s remitida/s por Willi am Kennaway d e Ex eter – legajo
53, mazo 27-, uno de lo s integrantes de la saga comercial con la que los Osborne de
Holy Trinit y tenían trato y causantes directos d e l a ll egada primera de Thomas Osborne
a España a comienzos de la centuria decimonónica. En idéntica sit uación y también con
destino a las bodegas portuenses de los Osborne , la/s que salió/eron de mano de Carlos
Maïer – lega jo 12, mazo 3-, el principal impulsor en la capital g aditana del sector
industrial cervecero al q ue se suma rían los Osborne Gu ezala en los albores del si glo
XX. Que trabajar con los fondos documentales del AHO requiere de unas capa cidades
específicas y conocimientos especializados ti ene su reflejo en los errores de
transcripción que, no en número m enor, pu eblan el resultado d e un pro y ecto de
digitalización acometido recientemente por Tel efónica T alentum en unión con la
Fundac ión Osborne 76 , teniendo como p ropósito “la recuperación d e archivo s hist órico s
vinculados con el orige n de Osborne en 1772” 77 .
El criterio arbitra rio – le gítimo, en todo caso, aunq ue difícil de ser comprendido-
que constatamos en el uso que se le da a l AHO fue complementado con la
inacce sibi lidad absoluta que disfrutamos respecto al fondo privado del actual conde de
Osborne, Tomás Osborn e Game ro -Cívico. Fue a partir del trabajo y testi monio de otros
historiadores que supimos que en su poder obra documentación histórica tocante a los
sujetos que analizamos en nuestra investigación 78 . S i bien en distinta conversaciones
hubo predisposición inicial a permitirnos consultar dicha fuente, hemos de referir que
no se vio materializada a lo largo de los años en l os que hemos desarrollado la presente
tesis doctoral. En vano se buscaran en nuestras pág inas líneas tales como las que
escribió Guillermo Carnero, años ha, tras consultar dicho fondo 79 . A consecuenc ia de lo
expuesto con las líneas anteriore s que, de un mod o u otro, ha y amos encont rado cerradas
76 Carlos BE NJUMED A: «La historia d e Osbo rne en un cli ck», Diario d e Cádiz , 2 2 de marzo de 2 017.
Recuperado de Internet (http:// www.diario decadiz. es/ocio/historia -Osbo rne-solo-
click_0_1 11978825 7.htm l).
77 Nota de p rensa de la Fundac ión Osbor ne, Recuperad o de I nternet
(https://www.fu ndacionosborn e.org/sites/de fault/files/NdP %20Fun daci% C3%B3n%20 Osbo rne%20 y
%20T elef%C3%B3nica_0. pdf ).
78 Ber nardo RODRÍGUE Z CAPARRINI: «Alumnos esp añoles en el internado… 18 69 -1874 » , pp . 151 -
250.
79 “Mención e specialísima y testi monio de gratitud inexpresable quiero hacer constar aquí hacia D.
Antonio Osbor ne y Vázquez, gracias a cuya sensibilidad hacia los prob lemas culturales y poco
frecuente generosid ad pude consultar con todo el deteni miento q ue me fue necesar io el rico fondo
docu m ental co nservado e n s u Archivo familiar del P uerto d e Santa María”, Guille rmo CARNERO:
Los orígenes d el roman ticismo reaccion ario español… , pp. 11.
38
las puertas d e los dos archivos que más información atesoran sobre la fa milia. O dicho
de otro modo, que hayamos estudiado a los Osborne sin contar con la documentación
propia de la familia que sabíamos localizada. A p esar de ello, creemos haber superado
los perjuicios consi guientes y adversidades al haber d esarrollado la investigación en
más de veinticinco archivos públicos y privados repartidos entre España e Ing late rra,
habiendo sido necesario visi tar distintas localizaciones en las ciudades de Exeter,
Londres, Madrid, J erez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Cádiz y Sevilla. Por
fortuna y m arcando la difere n cia con lo señalado línea s arr iba , no hemos de re ferir
actitud simil ar para ningún otro titular de fondo documental de carácter privado – y a
fuese persona f ísi ca o jurídica- al que le ha ya mos expuesto la relevancia de su propiedad
en relación a nue stro p royecto de investi gac ión.
Continuando con la ar gumentación – a l a par que exposición- de la uti lidad que
para la investig ación histórica muestran los archivos privados, habremos de sumar otros
fondos consultados a l a nómina de los y a mencionados. Así, com o colecc ion es
documentales podemos describir los a rchivos privados de D. Enrique Osborne Isasi
(FPOI) y del baron Mance, D. J onathan Mance (FP BM), en Sevilla y Londres,
respec tivam ente. Gracias a la complicidad de uno y otro pudimo s profundizar en
distintos aspectos de los varios que hemos tratado para la generación Osborne Guezala,
debiéndose decir del F P OI que, hasta la fe cha, se muestra como el depósit o documental
de mayor entidad para acometer el estudio histórico de Roberto Osborne Guezala, uno
de los impulsores de la industria cervecera española y , a la postre, propietario único de
La Cruz del C ampo, Fábrica d e Cervezas hast a 1937. En i gual manera y fundamental
para una de las argumentaciones que des arrollamos en el cuarto capítulo de la prese nte
tesis doctoral, resaltam os del FPBM qu e pre serve un ex pediente relativo a las
propiedades familiares d e Devon que fueron pue stas a la venta a finales de la centuria
decimonónica por Tomás Osborne Guezala, así como también ha de mencionarse que
en tal fondo se preserven algunas notas autógrafas de un descendiente de lo s Osborne de
Holy Trinity – datadas para principios del siglo XX - en las que se bio grafía sucintamente
a algunos d e los distintos miembros in gleses de la familia. S in abandonar Londres y
también de carácter privado, los fondos del College of Arms (CA) se yerguen como la
fuente p rimaria indispen sable para reconstruir el proceso por el cual E milia Osborne
Guezala peticionó la creación de un escudo de armas p ara la f amilia poco antes d e
cumplirse el primer cuarto del siglo XX, aspecto también tratado – con epí grafe propio -
39
en el cuarto capítulo. Que durante dicho trámite los oficiales de la institución hiciesen
acopio de información s obre la genealogía d e la familia, convierte al CA en una fuente
documental válida para contrastar lo que otros archivos arrojan sobre los Osborne .
También privados e inst itucionales, el archivo de Cervece ros de España (CE) y
el Arc hivo General Cámara Oficial de Comercio, I ndustria y Navegac i ón de Sevilla
(AGCOCINS), sit os uno en Madrid y el otro en la capital de Andalucía. Marc ando las
diferencias con el AGCOCINS, el C E alberga unos fondos más esp ecíficos y de
cronolog í a más limitada, por lo que su empleo entre los historiadores 80 ha sido
significa tivam ente menor que aquél 81 . De notable utili dad se revela de cara a trabajos de
historia económica y po lítica, pues tal y como hemos dejado p atente en el capítulo
quinto, permite estudiar a la Asociación de Fab ricantes de Cerveza de España como
institución patronal activa a partir d e la segunda década de l siglo XX, pudiéndose
analizar tanto las postura s que en común tomaron sus asocia dos – con los Osborne entre
ellos-, como las opini ones que sostenían y los pos icionamientos que mantuvieron los
distintos industriales que la conformaba n en desde los años previos a la Dictadura de
Primo de Rivera al régimen dictatorial d e Fr anco. De m a yor entidad, el AGCOCINS
posibilita conocer la implicación de los Osborne Guezala en la Cámara de Comercio de
Sevilla por sus facetas de industriales hispalenses a través de L a Cruz del Campo,
Fábrica de Cervezas. No obstante, una de las ma y or es sorpresas – y satisfacciones- que
ha deparado nuestra in vestigación ha sido la de encontrar en dicho archivo e l
documento español de mayor antigüedad de cuantos refieren a Thomas Osborne y , por
ende, al apellido fuera de su país de origen.
La valía del AGCOC INS para la profundización del conocimiento histórico se
ve reforzada por cuanto complementa los fondos del Archivo General d e Indias para el
estudio de las prácticas comerciales diec ioch escas y decimonónicas, aspe cto para el que
también se mostró úti l a fin de un a consulta concreta el Archivo Foral de B iz kaia
(BFAH). En e l AGCOC INS se preservan fondos del Consulado Nuevo de Comercio y
80 J osé Luis G ARCÍA RUI Z y Constanza LAGUN A RO LDÁN: Cervezas Mahou, 1890 -19 98. Un siglo
de tradició n e innova ción , Madrid, Lid Edito rial, 1999 .
Francesc C ABANA V ANCELLS: S. A. Damm, Maestros cerveceros d esde 18 76 , Barcelona,
Angle Editorial, 2001 .
81 Anto nio-Miguel B ERNAL y Antonio G ARCÍA -BAQUERO: Tres sig los del comercio sevillano , 15 98 -
1868 , Sevilla, Universidad de Sevilla – Fundació n Cámara d e Sevilla, 201 1, 2º edición.
Antonio-Mig uel B ERNAL, Antonio FLORENCIO P UNT AS y José Ignacio MARTINEZ RUIZ:
Cámara de Comercio de Sevilla. Instituciones, eco nomía, emp resas , Sevilla, Fundació n Cámara d e
Comercio, Industria y Navegació n, 2012 .
40
de los Tribunales de Comercio. En último lugar y par a cerrar el listado de archivos
privados a los qu e hem os recurrido, el A rchivo Parr oquial de la Basílica Menor de
Nuestra Seño ra de los Milagros (APBMNSM), sit o en El Pue rto de Santa María. En él
se atesoran los fondos tocantes a la vida religiosa de los habitantes de la localidad
portuense durante gran parte de la contempo raneidad, mostrándose indispensable pa ra
conocer distintos hitos en las vidas de los Osborne que habitaron en ella. Así, la s
partidas que fueron anotadas tras ca d a celebración sacrament al nos refieren el
compromiso de la familia con la I glesia Católica Apostólica y Romana, clave en la
integración d el apellido dentro de la élite socio-económica española d e los sig los XIX y
XX. Es gracias al li bro segundo de Casamientos Secretos que en él se custodia que
estamos en condiciones de proba r qu e Thomas Osborne abjuró su ang lic anismo
primigenio para tomar la fe ca tólic a de su esposa Aurora Böhl.
No menos indispensables que los archivos priva dos, los de titularidad p ública.
Aunque al i gual que el del historiador, el trabajo del archivero nunc a con clu y a, hemos
de alabar el orden qu e ri ge en los fondos de tod os aquellos depósitos documentales a los
que nos hemos acercado en pos de respuestas para nuestras inquietudes. L o s
instrumentos de descripción dispo nibles en algunos de ellos, pensamos, por ejemplo, en
el Archivo Provincial de Cádiz (AHPC), son de valor reseñable por facilit a r en gra n
modo la tarea del investig ador. Tomando el hilo del AHPC, tanto su homólogo de
Sevilla (AHPS) como el Archivo Muni cipal de Jerez de la Frontera (AMJ F), han sido
fondos documentales que abordamos en repetidas ocasiones. La razón radica en que en
ellos se custodian los pro tocolos notariale s surgidos de las escribanías activas de ambas
provincias en siglos pasados , así como el AM J F al contar con la peculiaridad de que en
él se alberga el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de J erez de la Frontera
(AHPNJF). Por tratarse los Osborne de una familia vinculada a la pr áctica comercial e
industrial desde su llegada a España, signaron ante notario los compromisos societarios
en los que se vier on in cluidos y, también, gran parte de los tra tos to cantes a sus
neg o cios, tales como c ompraventas de propiedades u otorgamientos d e poderes de
repre s entación. Así, es pecialmente provechoso ha r esultado el análisis de las
constituciones de sociedades mer cantiles en las qu e participaron miembros de la familia,
41
siendo de mención obligatoria la exist encia en el AHPC de un instrumento de
descripción para tal a sp ecto del comercio gaditan o decimonónico 82 .
Y dentro de los mismos fondos notariales, otros tipos de documentos se han
mo strado fundamenta les para a b ordar la faceta familiar de los estudios biográficos. Ante
los escribanos públicos se escrituraban promesas de arras, capitulaciones matrimoniales,
poderes para testar, testa mentos, codicilos… , unidades do cumentales de mayor o menor
extensión y con desi gual prof usión de detalle , se gún la voluntad e interés d el sujeto que
comparecía. Especial atención nos suscitaron para la elaboración de los capítulos tercero
y cu arto, siendo obligatorio señalar que, ent re ell os, han sido los testamentos los que
han conformado el grueso de los referidos a los Osborne . L a r elevancia de las
testamentarías para el análisis histórico queda puesta de relieve con en el hecho de que
los archiveros del AHPC ha y an catalo ga do l os poderes para testa r, codicilos y
testamentos de varios de los dist ritos notariales de la provincia, s irviendo a nuestro
propósito aquellos relativos a las notarias dieciochescas y d ecimonónicas de Cádiz y El
Puerto de Santa María. Así, repartidos entre los protocolos de sendas escribanías de
dichas localidades, fue p osible estudiar – entre otros- los que dejaron otorg ados Thomas
Osborne, Aurora Böhl R uiz de La r rea, Tomás O sborne Böhl y Juan Nicolás Osborne
Böhl. Es en tales documentos donde el indi vi duo re fiere o re la ciona su patrimonio
material, unas propi edades que en comendará y repartirá entre sus hered er os en función
de un criterio marcado por el contex to histórico en el que desarrolló su vida. En cambio,
para estudiar tales asp ectos lleg ados a la ge n eración de los Osborne Gue zala y de sus
parientes coetáneos, un a alternativa hubo de ser rastreada al no g an ar l os protocolos
notariales considerac ión de documentación histórica ha sta t ranscurrida una centuria
desde el momento en el que son oto rgados. Es, probablemente, la mayor de las
limitaciones que presentan de cara a profundiz ar a través de ellos en el cono cimiento del
tiempo pasado.
Ante tal casuística, un a vía que se nos ha most rado úti l es el recurrir a los fondos
históricos de Hac iend a, pues s e trata de docume ntos cu y a vi gencia administ rativa es de
sólo medio siglo, cin cuenta años menos qu e las n otariales. Fue así que, tr abajando sobre
dicha sección del AMJF pudimos apr ox imarnos a la capacidad económica de J oaquín
María Rivero González durante e l primer c u arto del siglo XX, fa ceta que a p arece
82 Manuel RAVIN A MART IN: Catálo go de las compañías merc a ntiles de Cádiz (siglo XI X) , Sevilla,
Consejería d e Cultura, 201 1.
48
senda que está abriendo con su trabajo aún no puede siquiera ser estimado, pero lo y a
hecho ha permitido resolver cuestiones centrales de nuestra investigación.
Y entre Cádiz y Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María. El tiempo que
pasamos en la localidad y las personas que allí co nocimos explican por sí una pausa. En
el C entro Municip al del Patrimonio Histórico encontramos a tres ena m orados de la
Historia que abrieron para nosotros de pa r en par las puertas del Centro Municipal del
Patrimonio Histórico de El Puerto de Santa María. José Ig n acio Buhigas y Ana Bec erra
hicieron ent rañables las mañanas y tardes que pasamos en San Luis Gonzaga,
aconsejándonos como sólo saben los que saben. El interés sincero que han m ostrado en
nuestros avances no puede sino causarnos satisfacción. En la dirección del Centro, el
doctor J avier Maldonado Rosso. Gozar del trato de una autoridad en la materia es un
raro privilegio con el que hemos contado desde el día que cruzamos el umbra l de su
despacho po r primera v ez. Y también en El Puerto de Santa Ma ría, Ra món Ba y o d e
Miguel. De su mano consultamos el Archivo Histórico Osborne y gracias a él
descubrimos e l mundo re al de las bodegas. D ejó hue lla. Recordare mos siempre su
carácter y su eterna simpatía. Seguro que, allá don de esté, ha llevado la diversión con él.
También contamos con la suerte de s er acogidos en sus propias casas por
personas que, comprendiendo el valor de los fondos documentales que atesoran,
posibilitaron nuestro hacer. Nuestr a gratitud con D. Fernando Rivero Rui z, el marqués
de Arco Hermoso y el baron L o rd Mance. Creemos que fueron tardes en las que todos
sacamos algo de provech o. También hemos de incluir en tal nómi na a Enrique Osborne
Isasi, pero, en cambio, nuestra d euda con él es significativamente m a yor. Esper amos
devolver con la pr esente tesis doctoral la confian za que depositó en inicio en nosotros,
así como que haya sabido esper ar de forma paciente el desarrollo lento y tortuoso de la
investigac ión histórica comprometida con los hechos. Le deb emos, también, que
propiciase nuestro acces o a los fondos históricos de La Cruz del Campo en Sevilla y a
los del Archivo Histórico Osborne en El Puerto de Santa María, si bien sabemos que de
él no dependió el modo en el q ue d esarrollamos nuestro trabajo sobr e ambos fondos.
Tanto a Heineken España como a las bodegas Osborne, g racias por permitirnos el
acceso a sus instalaciones durante un tiempo , así como a Cervece ros d e España por
autorizar la consulta de sus fondos histór icos. Y así unas palabras de a gradec imiento
también para María Dolores Anelo, por mostrar un interés constante en la prese nt e
49
investigac ión y por hab er sumado a sus obli gaciones habituales el atender nuestra s
peticiones de reprografía .
Tocando el epígrafe actual y a a su fin, un l ugar d estacado para nuestr a dir ectora.
Pocos doctorandos enc u entran antes siquiera de terminar el primer curso universitario a
quien acabará dirigiéndoles la tesis do ctoral, menos aún si la a signat ura que cruz ó
ambos caminos se impartía dura nte la primavera sevillana e n hor ario vespertino de
jueves y viernes. Sean pocos o aún menos, n osot ros sí podemos contarnos entre ellos.
Ahora nos postul am os de la mano de María Sierra pa ra al canzar un anhelo que
formamos durante los años de licenciatura . Poca duda tenemos que buena parte del
aliento que nos inspira nació cuando, sin estar aún titulado, María nos invitaba a asistir a
sesiones programadas para docto randos o a p articipar, bien como documentalista, bien
como redactor, en el Pro yecto Dic cionario Biográfico de Parlamentarios Españoles . S u
magisterio comenzó tiempo antes que nuestro doctorado. C on las presentes líneas,
nuestro rec on ocimiento por haber sabido dirig ir l a tesis doctoral que ahora presentamos.
Y como se dice en la I nglaterra en la que tienen su origen lo s Osborne, “last but
not least”. Sin los nombres que se guirán, poco h ubiera sido posible. A José Mauriño,
declararle lo que ya sabe. Fue el baluarte en el que enrocarnos en los momentos más
complicados, nunc a cejando en su empeño constante para que viésemos culminada
nuestra investigación. Nosotros ahora ll egamos a meta. El testigo, quizás, para Elena
Mauriño y sus bichejos marinos. Seguro estoy que, arriba, los abuelos sonríen.
Haciendo gala de amistad, de la torre de mar fil y del orde nador nos rescataron no pocas
veces J esús Duran y Daniel Ramos. Estoicamente sufri er on el escuchar una y otra v ez
las vicisitudes de la investigación, algo de lo que también va sobrado José Miguel
Morillo. De la sala de in vestigación al y acimiento, amig o. Curioso ca min o el nuestro. A
pesar de sus colores, en Ildefonso Fe rn ández tenemos mucho más qu e nu estro traductor
de confianza. Y si de fe se trata, la que ha most rado J ara López desde primera hora.
Nada m ás gra tifi cante q ue notar el re spaldo d e una persona de su brillantez y calidad.
Todos ellos participan de las pág in as que ahora damos a prensa.
P AR TE PRI MERA
LA FORJA DE UNA F AMILIA:
THOMAS OSBORNE MANN
(1781-1854)
CAP Í TULO PRIMERO
LOS OSBORNE DE DEV ONSHIRE
55
Cuando el quince de febrero de 1854 cerraba l os ojos por última vez Thomas
Osborne Mann, aquellos que lo conocieron de cerca debieron pensar lo lejos que le
llevó la vida 1 . L ejos no solo en el aspecto físico – puesto que nació y m urió en dos
países separados por un océano-, sino en el sentido de que las fronteras de may or
entidad que traspasó con el devenir de sus pasos vitales fueron aquellas que los propios
hombres habían construido en un ti empo en el que, cier tament e, la intolerancia respecto
al distinto era un sentimiento may oritari amente extendido a lo lar go y ancho del
continente europeo. Hijo seg undón de una familia ing lesa y anglican a, ac abó residiendo
entre C ádiz y El P uerto de Santa María ca s ado con una mujer c atólica de familia
ultramontana. Su profesión, comerciante, expli caba al go de aquello al ti empo que su
apellido se iba vinculando inexorablemente con el mundo de la exportación d el vino de
jerez, el sherry para sus compatriotas. Su mundo se conformó con piezas de múl tiples
aristas que, no pocas veces, er an entre sí anta gónicas per o qu e, combinadas en la vida de
Thomas Osborne, c ob raron sentido.
Para entend er cómo fu e posible que sus días transcurriesen y acabase n entre las
callejas ga ditanas sacud idas por el levante y no por las de cualquier otra ciudad
portuaria bañ ada por aguas mediterráneas o atlánt icas es necesario dedi car atenc ión a su
procede n cia, a la familia en la que nació y creció y a la implicación social y económica
que aquella hubo de tener en su contexto. Es entonces cuando el historiador es requerido
para tornar una mera se mblanza en una completa biografía que d es vele – en la medida
que ofrecen las fuentes- los aspectos que eran desconocidos en la vida del biografiado.
Para ello, paradójic amente, el punto de partida s e encuentra en las líneas que abren el
último de los documentos que a Thomas Osborne le hubiera gustado fir mar: el poder
que a su mujer otorga ba para que dispusiera a su voluntad de los bienes que dejaría al
morir el inglés. C ustodiado en tre los protocolos de un notario gaditano, comenzaba
rezando “Y o Don T omas Osborne natural de Exeter en Ing laterra, ve cino y del
Comercio de esta P laza, hijo leg ítimo de Don P edro Osborne y Doña I s abel Mann d e l a
1 Una advertencia es precisa. Pese a que hemos nombrad o a T homas Osbo rne Mann c omo el p rimer
sujeto que será b iografiado, lo cierto es que en ad elante nos referire mos a él util iza ndo únicamente su
nombre y ap ellido paterno. El segun do apellid o, Ma nn, q ue dar á desterr ado de nu estras páginas e n pos
de ser co nsecuentes con la realidad histórica. La n at uraleza británica del individuo y el uso y
costumbre que e n su nación se hacía – y se hace - de legar a la p role solamente el apell ido pater no
provoca que sea b ajo l a forma de T homas Osborne co m o aparezca citado en todas y cada una d e las
fuentes docu mentales q ue he m o s co nsultado en e l transc urso de la investi gación. Haber e m plead o el
recurso – y licencia q ue ahora enmenda m os - d e sus d os filiaciones par a el encab ezamie nto d e los
capítulos q ue versará n sobr e su vida se debe exc lusivamen te a la nece sidad de re marcar en inicio la
posición que ocup ó para con el resto de sus descendie ntes.
56
misma naturaleza, difu ntos ” 2 . Una treintena de palabras supon en las pistas más
elementales pa ra poder conocer su ori gen. En esa direc ción, apuntando a la ciudad de
Exeter , habremos de encaminar los primeros pasos de la presente investigación.
A ojos de pr opios y extr años: Exeter , capital de Devon
En ella comenz aba la vi da de Thomas Osborne apenas iniciado el año de 1781.
Dentro de sus murallas, en uno de los distritos de su cuadrante suroest e y a tiro de
piedra de la entonces i mponente – pero ya desa parec id a- pu erta fortificada Southgate,
era bautiz ado Osborne en una parroquia protestante ll amada Hol y T rinity . Fue el día
cuatro de febrero. El pastor anglicano q ue ofició e l servic io y que celebr ó el primero de
los sacramentos que habría de recibir el recién nacido a lo la rg o de su v ida resumió en
apenas una lí nea de te xto carente de todo boato – tal y como preceptuaba el rito
protestante 3 - el hecho: “Thomas Son of Peter and Elizabeth Osborne, Feb 4 th ” 4 . Como
era h abitual, el acta bautismal d ejaba siquiera sin mencionar l a fecha del natalicio del
nuevo cristiano, hecho que con seguridad pod emos situar entre los primeros días de
febrero y los últimos de enero de aquel año de 1781. T odavía era fuerte el temor que
atenazaba las conciencias de los progenitores al pensar que, a consecuencia de alguna
complicación tras el parto o por intera cción de las distintas enfe rmedades que por
entonces se cebaban con los infantes, su s descendientes pudiesen abandonar el mundo
sin haber recibido bautismo. E l propio pueblo inglés h abía acuñado tiempo atrás un
dicho popular que a la altura de finales del siglo XVIII tenía aún vi gencia y que de cía
que hasta no ser bautizado un niño no e ra hijo de Dios, sino del Diablo 5 . Bautizar a un
recién nacido era hacerlo parte d e la comunidad cristi ana y , a la vez, un reconocimiento
público de su filiación familiar . Debía hacerse con presteza.
2 Archivo Histó rico Provincial de Cádiz [en ad elante AHPC ], Pro t. Cádiz, Pro t. 3210, P oder p a testar D n
To m ás Osbo rne a favor d e D a M a Auror a Bohl, 1 832.
3 Tr as la ap robación de “Parochial Registers Act of 1 812”, más co nocida como “Rose´s A ct ”, los d etalles
a cumplimentar por el párroco oficiante aumentaron notab lemente. En el caso de lo s bautis m o s, estos
debían incluir obligatoria m e nte la ocupación y el lugar de residencia de los progenitores. Hugh
PESKETT : Guide to the Parish a nd non -paro chial regist ers o f Devon and Cornwall, 15 38 -18 37 ,
Torq uay , T he Devo nshire Press LTD, 197 0, pp. XXXIV - XX XV.
4 Devon Heritage Ce ntre [en ad elante DHC] , P arish o f the Ho ly T rinity, B aptism -B urials 1 769 -1808,
Microfilm 12.
5 “A child b efore he is bap tized is not a child a God b ut a child of t he Devil”, Lawrence STONE : The
family, sex an d marriag e in Englan d 1500 -1800 , London, Weidenfeld and Nico lson, 19 70, pp. 68 .
57
El registro document al d el bautizo de Thomas Os borne – que curiosamente vino
a inaugurar el li bro anual de dicho sacramento en aquella parroquia - parece no querer
invitar a ahondar más sobre la familia del retoño . Comparándolo con lo que el propio
Osborne refería de sus pr oge nitor es en el poder p ara testar que oto r gó en Cádiz en 1832 ,
la única novedad que aporta la partida bautismal son los nombr es ori ginales de los
padres: Peter y Eliz abeth. Es trabajo del historiador , no obstante, s aber lee r entre líneas.
De las sucintas palabras que se emplearon para describir e l hecho podemos vislumbrar
una pista que arroja luz sobre el estatus socio - ec onómico de la familia Osborne. Así,
que Thomas fuese b autizado en la i glesia p arroquial de Hol y T rinit y y n o en nin guna
otra de las veintinueve activas en el Ex eter de finales del Si glo de las Luces 6 sugiere una
cierta vinculación de sus padre s con el distrito de la ciudad en el que se en clavaba Hol y
T rinity . Serán las mismas fuentes parroquiales las que confirmen tal indi cio al avecindar
a la familia, años más tarde, en una calle c ercana llamada Southernha y 7 , un enclave
conocido por el paseo que ofrecía desde finales de la centuria anterior 8 y cuya estética
ge o rg iana, aún presente en nuestros días, hacía ver al caminante que la poblac ión que la
habitaba representaba la ca ra amable d e la socied ad inglesa que n acía y c onsolidaba la
revolución ec onómic a.
La s palabras llenas d e energ ía y condena qu e Charles Dickens lanzó sobre las
urbes británicas de “calles frías, húmedas y si n abrigo de la noche […] tugur ios
inmundos y ce r rados donde se hacina el vicio sin espac io par a revolverse, l a morada del
hambre y la enferme d ad, los raidos harapos qu e apenas se tienen juntos” 9 , pare cían
describir un mundo ajen o al ambiente cotidiano en el que c recería la d escendencia del
matrimonio formado entre Peter y Elizabeth Osborne 10 , pero, con todo, Southernhay no
era sino una fracción de la ciudad. Es n ecesario tomar perspectiva, abrir el an gular de
nuestro objetivo para comprender la vida de aquel rec ién nacido que en 1781 rec ibió el
nombre de Thomas Osborne. Se hace imprescindibl e conocer en d etalle l a ciudad y la
región en la que está enclavada, su p asado reciente y el futuro qu e sus propios
habitantes le preveían a finales del si glo XVIII. Para entonces, Thoma s Osb orne ya sería
6 Frances ROSE -TROUP : Lost ch apels of E xeter , Exeter, James G. Co mmin, 1923, pp. 19 - 20.
7 DHC, Par ish of the Hol y T rin ity, Burials 1823 -1837, Microfilm 2.
8 “Exeter […] h a s also fin e walks about it, as Northernha y, Southernha y and suc h like”, Edmund
SPOURE, Account , rec ogido por T odd GRAY (ed.) : Exeter. Th e travelle rs’ tales , E xete r, T he Mint
Press, 20 00, vol. I, pp. 29.
9 Charles DICKENS : Oliver T wist, Madrid , Alianza Editorial, 2012, p p. 10.
10 Ver Ane xos, La historia familiar. Do cumentos y e ntronques matrimo niales br itánicos y esp añoles del
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales britá nicos y espa ñoles del ap ellido
Osborne, Osbo rne – Ma nn.
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modificado su urbanismo y el ambient e de sus ca lles y a que, a la par que desaparecían
los monasterios y c onv entos , también lo hacían sus ocupantes.
Si Maga lotti al fijarse en los destrozos materiales de los tiempos de la
confrontación relig iosa e xponía la visión de un c atólico, el mismo fenóm eno a ojos de
otro viajero tenía una lectura radicalmente diferente. E n su puritanismo protestante, el
doctor W illiam S tukeley entendía la reforma como una señal de inequívoco progreso y ,
no en vano, calificaba de va gos a los religiosos que tiempo atrás habitaron la ciudad 28 .
Posturas tan encontradas que el entendimiento e ntre ambas era una mer a ilusión, más
cuando todo, absolutamente todo, e ra escrutado por el temor a acciones subversivas por
parte de quienes s e tilda ba de en emigos sin dud arlo. Ha y un ejemplo al respecto qu e
resulta tan esclare cedor c omo sorpre nd ente. Con el cambio cultural del si glo XVIII y la
llega d a a Gr an B retaña de l a opera junto a los castrati italianos, no fueran pocas las
voces que hubi eron de escucha rs e denunciando al nuevo gé n ero mu sical con el
ar gumento, un tanto par anoico, de que al c antar en una lengua que la audiencia no
entendía y al haber pas ado muchos de aquellos cantante s it aliano s por los oratorios
privados de cardenales – o del mismo P apa de R oma-, la op era bien podí a no se r sino
una manera encubierta de celebrar misa c atólica 29 . La incomp rensión era recíproca.
Cuando era el anglicano el que c ruzaba e l Canal de la Mancha, las misas en latín, el
culto y ven eración a reliquias y santos ha cían de la Europa continental u n paraje en el
que sus ideas reli giosas eran confrontadas por la rea lidad constantemente . S i los unos
cr ecían apr endiendo la supremacía d el P apa de Roma en lo divino, los otros lo hacían
identificando lo católico con los principales enemigos de su patria y mona rca 30 . En tal
ambiente daría sus p asos de niñez y a dol escencia Thomas Osborne.
Concluye ndo con lo que supuso el cisma relig ioso y el establecimiento en Ex eter
de la Ig lesia de I nglaterra – literalmente una parte del Estado, que diría el prof esor A. D.
28 “Many religious foundations in t he c it y are co nverted into str eets a nd houses, full of n umero us families
and thri ving inhabita nts, instead of lazy monks a nd nu ns”, Willia m STUKELEY : Itinerarium
Curiosum , reco gido po r Todd GRAY (ed.) : Exeter. The travellers’ …, vol. I, p p. 43 - 44.
29 Helen BERRY: « Ge nder, sexuality and the co nsumption o f musical culture in eighte enth- ce ntur y
London » , en Steve HINDLE, A le xandra SHEP ARD y John W ALTER (eds.) : Remaking En glish
society. S ocial relations and social cha nge in early modern En gland , W oodbridge, B oydell & Bre wer
Ltd., 2013 , pp. 72.
30 Jeremy BLACK: The Britis h abroa d. The Gran d Tour in the Eighteenth century , Ne w Yor k, St.
Martin’s Press, 19 92, pp. 238 - 249.
65
Gilbert de el la 31 -, restaría por señalar que, pese a que no se tocó un ápice la división en
parroquias de la ciudad n i tampoco su número, ést as fueron dotadas de un sig nificado y
unas responsabilidades desconocidas hasta entonces. Dejaban de tener sólo su función
relig iosa pa ra, ahora, convertirse en tentáculos d e un Estado en el que eran más que
difusos los lí mites de la administración civil y la eclesial. En una ciudad como Ex eter
que a finales del siglo XV III no había visto aún rebasadas sus murallas por el
crec imiento urbano, la posición centra l de su catedral en su plano se antojaba como la
pervivencia de un ti empo pasado pero también como la plasmación gráfica de la
relevancia que la Iglesia anglicana tendría para la población. Y no ser ía la única
herenc i a que bull iría en actividad y re spland ecería por su importancia en el Ex eter
coetáne o de Thomas Osborne. Si pudiéramos contemplar aquella ciudad desde una de
las colinas que l a rodean , tal y como hicieron la mayoría de los visi tantes que a ella se
acercaron, observaríamos el tra zado hipodámico de sus calles principales con F or e
Street naciendo en la puerta este de la ciudad y prolongándose por m edio de Hi gh Street
hasta la puerta oeste, a la par que North S treet y S outh Street conectaban la s resp ectivas
puertas norte y sur . El diseño urbanístico de la ciudad funda d a por los romanos se había
respetado si glo tras siglo y centuria tras centuri a el cruce donde converg ían las cuatro
calles principales, el Carfax , fue el punto de confluencia de todos los cami nos que se
dirigían a Exeter .
Si la razón de ser d e Exeter y la causa d e su pro speridad, como acertadamente
sentenciaba Newton 32 , era aquella centralidad que se condensaba en el Carfax, fue, no
obstante, en la cercana High Street donde se materializó el nervio vital de la ciudad.
V arios fueron los viajeros que se r efirieron a ella, desde un R ichard Pococke asombrado
por el núm ero d e p ersonas y d e géneros que se daban cita en cualquier día de mer cado a
un tal John Skinner que destacaba su extensión y la gran disparid ad de los estilos
arquitectónicos que reun ía, pasando por el doctor Stukele y , a quien debe mos sin dudas
la mejor de las descripc i ones que se hicieron de High Street par a el siglo XVIII: una
populosa, ancha y larga calle que desfila entre edif icios de antigua hechura conserva dos
a la p erfecc ión por unos propietarios que mante nían en los b ajos de ellos numerosas
31 “[…] literally part of t he state”, Alan D. GILBERT : «Religion a nd political stability in earl y industrial
England», en Patr ick O ’BRI EN y Roland QUIN AULT (eds.) : The indu strial revolutio n and British
society , Ca m br idge, Ca mbridge Universit y P ress, 199 3, pp . 83.
32 “[…] from which Exeter derived its being and its p rosper ity ”, Robert NEWT ON : E ighteenth ce ntury
Exeter , Exeter, Exeter Universit y Press, pp. 4.
66
tiendas en las que se podían encontrar cualquier ti po de mercadurías 33 . La actividad
comercial de la ciudad, c omo se comienza a int uir , atraía la vist a de propios y ajenos y
era, ad emás, la razón de la riqueza de Exeter y de sus pobladores. Un v iajero mucho
más conocido que los anteriores mencionados, Daniel De foe, señaló que en la capital de
Devon se podía encontr ar lo que difícilmente s e veía en comunión en las ciudad es
inglesas, la buena sociedad c onviviendo c on el c omercio 34 . Lo expondremos e n el
epígrafe que si gue al presente, el autor de Robinson C rusoe no podía estar más en lo
cierto.
Hablar d e la sociedad que habitaba la ciudad requiere descender al nivel
parroquial, ya que la d istribución de la poblac ión en ellas era irregular y se veí a
determinada por el estatus socio- eco nómico de los individuos. En su pase o por el centro
de la c iudad, el viajero Richa rd Pococke encontró a la alta jerarquía de la I glesia
Anglicana habitando las principales casas entre la catedra l y las cercanas murallas de la
ciudad 35 . S i desde su posición frente al principal te mplo de la ciudad hubiese dirigido su
mirada a quienes habitab an el resto de las casas que daban a ella y hubier a refle jado en
sus escritos lo que sus ojos veían, contaríamos hoy en día con una certera y completa
radiografía de los habitantes de las parroquias m ás céntricas que reafirmaría lo que los
censos pec h eros nos indican: riqueza, estatus soci al y a uto ridad eran tres conceptos que
33 “It is s urprisin g to see how the great street i s filled on a market day with peo ple, and grea t plenty o f all
sorts of p rovisions”, Ja mes Joel CARTW RIGHT : Th e t ravels throug h England of Dr Rich ard
Pocock e, successively B ishop o f Mea th and of Ossory during 175 0, 1751 an la t er years , s.l., Cam de n
Society, second series, 1888, vol. 42, recogido por Todd GRAY, (ed .) : Exeter. The travellers’ …, vol.
I, pp. 55.
“One of t hese called High St reet r uns the w ho le lengt h of the p arallelogra m this is b road and
straight, so me o f t he houses ar e commodious and handso me but there is a great irregularit y i n the
buildings fro m t he gro und pl ot of the ci ty made in Q ueen Elizab e th’s ti me it appears that there has
been a va st increase of b uildings bo th within and without the walls”, B ritish Librar y , Add. MS S
28793/2 9-36. 186 -7, John SKINNER: Ma nuscript , r ecogido p or Ibid., vol. I, pp. 84.
“[…] one long street, run ning the le ngth of the p arallelo gram, called Hi gh street, broad and
straight; the houses are o f a v ery old, but good m odel, spacious, co mmodious, a nd not in elegant; this
street is fu l l of shops well f ur nished, and all sorts of tr ades look brisk”, William ST UKELEY :
Itinerarium Cu riosum , rec ogido por Ibid., vol. I , pp. 42.
34 “Exeter, a city fa mous for two things w hic h we seldo m fin d united in the same to wn, ( viz.) that ‘tis f ull
of gentr y, a nd good company, and yet full o f trad e a nd m a nufactures a lso”, Da niel DEFOE : A tour
through the who le island o f Grea t Britain , London, J. M. Dent & Co., 1 927, pp. 222. Recuperad o d e
Internet (https://eboo ks.adelaid e.edu.au/d/defoe/d aniel/britain/index.h tml).
35 “The habitatio ns of the Bisho p, Dea n, Dignitaries a nd P rebends are enclo sed with the close w al l o n
every side e xcept to the east, where the y are bounded b y the to wn wall, a nd the wh o le enclos ure is
called the Close”, J ames Joel CART WRIGHT : Th e travels th rough England … , rec ogido por Todd
GRAY, (ed.) : Exeter. Th e travellers’ …, vol. I, pp . 55.
67
permanecían vinculados y unidos incluso en lo físico 36 . Así y sin importar el siglo en el
que transitaran por la ciudad, los viajeros conocían en esas diminutas parr oquias de
Exeter a lo más gra n ado de entre sus habitantes, ciudadanos con capacidad ec onómica
suficiente como para soportar la mayor car ga fiscal. Por ejemplo y pa ra el año de 1699,
en la parroquia d e St. Stephen, junto a Hi gh Street, los individuos que contribuían al
sostenimiento de los más desfavorecidos alca nzab an la cincue ntena, mientras que por el
mismo concepto en la de St. Mary Major , la más extensa y poblada de todas la s
parroquias de la ciudad, sólo eran veintitrés los c o ntribuyentes que se contabiliz aban. E n
idéntico sentido se revelan las fuentes si a lo que se presta at ención es al número de
pobres que acogían las d iferentes parroqui as, arrojando en ocasiones cifras incluso más
desigua l es que las que se cuantificaron para los contribu y entes. A modo de ejemplo, e n
una parroquia por la que discurría la siempre activa Fore Street como era la de St.
Pancras, eran sólo tr es los pobres registrados, mi entras que por el contr ario en la y a
citada populosa St . Mary Major e l número se elevaba por en cima de la centena 37 .
El resto de los habitantes de la ciudad, el común de ellos, había de conformarse
con encontrar su lugar en Exeter en alguna de las restante s parroquias, más y más lejos
del centro – y , por tanto, más y más cerca de las murallas- cuanto menor f uese su poder
adquisitivo 38 . Recurriendo a los trabajos de los pro fesores R. N ewton y W . G. Hoskins
podemos saber que los usos económicos que se daba n en las diferentes parroquias
también eran dispares 39 , pues coex istieron algunas eminentemente a grícolas – que
rebasa b an las murallas d e la ciudad, caso de St. S idwell - con otr as indust riosas – como
St. Edmund, encuadrada en la parte suroeste de la ciudad y limitada por el rio , donde se
construy eron los mu elles de la ciudad y se erigió la aduana-. Es comprensible que los
viajeros dedica se n poca o nula atención al Exeter común, a todo aq uello que no
resulta se exclusivo de la capital de Devon y qu e s í pudiese ser encontrado en cualquier
otra ciudad británica. Las cárceles de la ciudad, los asilos y or fanatos, así como las
36 “Wealth, social stat us a nd a uthority were co ncentrated […] in clo se pro ximity to the closel y -allied
symbols of spiritual and te m po ral po wer, the Guildhall and the Cathedral”, Robert NEWT ON :
Eighteen th century Exeter , pp . 3.
37 Ibid. , pp. 3- 4.
38 Willia m Geor ge HOS KINS : Ind ustry, trade and p eople in Exeter, 1688 -1800 , Ma nchester, Manche ster
University Pr ess, 1935 , pp. 22.
39 Ibid ., pp. 22;
Robert NEWT ON: E ighteenth cen tury Exeter , pp. 3 - 4.
68
escuelas de inst rucción b ásica 40 no aparecerán men cionado s por ninguno de los relatos
existentes ace rca del Exeter en el que crec ió Thomas Osborne, aunque afortunadamente
sí encontraremos comentarios acerca de los nuevos barr ios que comenzaban a eri girse
más allá d e las murallas de la ciudad a medida que av anzaba el Siglo d e las Luces.
Estarían presentes también en el resto de Inglaterra, es cierto, su arquitectura geor giana
los homogeneizaba d esde las tierras d e Escocia al sur inglés, pero acogían a un tipo de
población que daría boato y jue go a los r elatos que los distint os viajeros construían con
sus experiencias en Ex eter . J u stamente en un o de aquellos barrios e ncontraremos
habitando a los Osborne al menos en las primeras década s del siglo X IX, pero antes de
detenernos en la descripción de la calle y del área en el que viví a la familia nos interesa
calibrar numéric amente l a población de Exeter pa ra pode r valo rar la posici ón socia l que
tuvieron los Osborne en la ciudad. Sus vidas y pasos cobrarán así sentido pleno.
Fue el carácter capital de la urbe, su centralidad administrativa, el que hizo que
en ella se situaran instituciones que daban servi cio a un número m a y or de individuos del
que acogían sus parroquias. Cuantificar el númer o de habitant es de Ex eter a lo lar go de
los siglos XVII y XV III re sulta, no obstante, una empresa bastante arriesgada. En los
propios relatos de los viajeros de la époc a las ref erencias sobr e tal aspec to son bastant e
parca s cuando no in existentes. S e trataba de una realidad intangible qu e no pod ía se r
contemplada con la nitid ez con la qu e sí se v eían las colinas que rodeaban la ciudad, las
torres de su catedral o la actividad comercial de High Street. Cuando sí apuntaban datos,
el historiador ha de to marlos con cautela contrastándolos con lo s que otras fuentes
pueden aportar a fin de n o dar validez a lo que bi en pudo ser una mala est imación o un
simple comentario de oídas. Es lo que sucede con lo escrito por el it aliano Magalotti al
decir que hacia el año de 1669 habían de ser veinte mil o veinticinco mil las almas que
habitasen la ciudad 41 , u n testimonio que queda completament e des acreditado al
cotejarlo con los datos que arrojan el censo – uno de los escasos existentes- de 1671. L a
cifra de habitantes decae entonces hasta quedar fij ada entre los diez mil seiscientos y los
once mi l ochocientos h abitantes, margen obli gado al tratarse de un censo de p echeros,
tan caracter ístico de la Edad Moderna y que no vienen a recoger a los habitantes de un
40 “In the cit y a nd suburbs ar e prisons both for d ebtors an d m ale factors; a workhouse , alms -houses,
charity-schools, a free -grammar -school, a free - school for w r iting”, The Un iversal British Directory…,
pp. 5 .
41 “The population of the city is fro m twent y to twenty - five thousand souls”, Lorenzo MAGALOTT I :
Travels of Cosmo the third…, pp . 133.
69
lugar , sino únicamente a aquellos vecinos que soportaban carga fiscal 42 . No obstante, es
posible afirmar sin lugar a equívoco que por aqu el entonces Ex eter era la cuarta ciudad
más poblada de I n glaterra, tras Londres, Bristol y Norwich 43 .
En 1810, ciento cu arenta años después de Magalotti, otro viajero sobr e el que
volveremos más tarde, el pintor inglés Joseph Farington, también erraba al referirse a la
población de la ciudad. Ha biéndolo sabido d e oí das, según d ecía, Exeter daba cobijo a
cerca d e diecio cho mi l personas d entro de sus murallas y a otras cuatro mil en sus
cercanías 44 . Nuevamente un censo – precisamente el que refiere el artista en su
comentario- matiz ará los datos aportados por el inglés: en 1801, casi diez años antes de
su visita y cerca de veinte después del n acimiento de Thomas O sborne, eran
aproximadamente diecisiete mil los habitantes que se contabilizaban en la capital de
Devon, lo que v enía a suponer un aumento poblac ional de apenas cinco mil persona s en
un periodo de tiempo su perior al si glo 45 . E l crecimiento era, a todas luces, mu y exiguo
para una ciudad d e r elevancia industrial y mercantil y más aún si s e tiene en cuenta que
la expansión urba na fue “un aspecto de la Europa del siglo XVIII que asombró y a ve ces
alarmó a los contemporáneos” 46 . El declive de Ex eter se estaba haciendo patente. Si
tiempo atrás el peso demográfico d e la ciudad le permitió contarse entre las principales
ciudades junto a L ondres , Bristol o Norwich, tal como se señaló en el pár rafo anterior ,
cuantitativamente la principal urbe del Ex pasa ba a sit uarse en el siglo XVIII entre
núcleos como Birmingham , Manche ste r o S hef field, núcleos cu y as poblaciones se
habían concentrado en ellas al calor de la expansión urbana e industrial. Baste una
comparación en la que Ex eter , a ciencia cierta, no sale demasiado bien par ada. Bolton,
una pequeña población cercana a M anchester q ue hacia 1750 no era, en palabras de
Hoskins, “ más que un poblado de una sola calle con cabañas ” , experimentó tal
crec imiento al c alor de la industria textil del algodón durante la segunda mitad del siglo
42 Sob re la inde finición de los censos de pechero s y las distintas atrib uciones q ue se hacen de ellos,
Massimo LIVI B ACCI: Historia d e la pobla ción europea, Barce lona, Crítica, 19 99, p p. 191- 192.
43 J onathan B ARRY: « E ngland Sout h West », en Peter CL ARK (ed.) : Th e Ca mbridge Urb an History of
Britain , Ca mbridge, Cambridge University Press, vol. II 15 40 - 18 40, 2000, pp. 70.
44 “I wa s infor med that w hen the in habitants were numbered, w hich to ok place a few years ago, it
appear ed that w ithin the walls, the number a mounted to about 18.000 and that w it h t hose in the
suburbs the return was ab out 2 0.000”, Joseph FARINGTON : The Fa rington diary , Gr eat Britain,
George H. Doran Comp any, vol. VI, 19 26, pp. 1 62. Recuperado de Internet
(http://archive.org/ stream/cu3 192410 2773987/cu31 9241027 7 3987_dj vu.txt).
45 Robert NE WTON : Eighteen th century Exeter , pp . 112.
46 George RUDÉ: Europa en el s iglo XVIII. La aristocrac ia y el desa fío burgu és , Madr id, Alianza
Editorial, 1985, pp. 76.
70
XVIII que a comienzos de la siguiente centuria ya ig ualaba la población de una ciudad
de gran tradición histórica como era Exeter 47 .
La sucesión d e ciudades que acabamos de mencionar compa rtieron como razón
de su expansión urbana la presencia de la industria textil, una causa común que no nos
debe llevar a sent enciar – en un ejercicio de extremado sim plismo - que aquella era el
único motor capaz de dinamizar el tamaño de las ciudades a finales de la Edad
Moderna. Con forme avanzaba el si glo XVIII el propio condado de De von mostrará con
Pl y mouth y D evonport dos claros ejemplos de entidad y trascendencia en los que el
aumento poblacional est uvo ligado a la decisión del gobierno de establecer en ellos un
centro operativo para su armada. El or gullo de la nación, la Royal Navy , encontraría en
ambos puertos localiz aciones idóneas para establecer bases, provocando que, por
ejemplo, Pl y mouth comenzase el nuevo siglo erigiéndose como el centro urbano más
populoso de todo Devon 48 . Su población duplicaba los números que se alcanz aban en
Exeter 49 y c ertificaba con ellos a nivel regional lo que ya era una evidencia a es cal a
nacional. L a capital del condado había perdido todo fuelle demográfico, había entrado
en barrena y l a fama que una vez le precedió –resumido en el calificativo de “London of
the W est” que durante l ar go tiempo recibió- creaba una ima gen d e grandeza que no
todos los visitantes – ni sus propios habitantes- apreciaban pasado y a el ecuador del siglo
XVIII . Es cierto que la desilusión forma también parte del abanico d e se nsaciones que
ag u ardan al viajero qu e descubre lo descono cido 50 , pero más allá de la im ag en
preconcebida que de Exeter pudieran tener y de las luces y somb ras sociales y
demográficas que ap reciasen durante su estancia en ella, el conjunto que formaba la
ciudad, su enclave y la socieda d que la habitaba convertían a Exeter en un lienzo
pintoresco a ojos de sus visitantes. L os colores de su pasado y los contrastes de su
presente parecían querer llamar la atención del pintor que se envalentonase a retratarlos.
No sin motivos, el ya referido Joseph Farington, uno de los grandes paisaj istas ingleses
de principios del siglo X IX, aceptó el reto y fue capaz de inmortaliz ar la ciudad en l a
47 “[…] a one - street village o f thatched cottages”, Willia m George HOSKI NS : Indu stry, trade and
peop le …, pp. 128.
48 “[…] t he naval i mportance o f the cou nty has b een co ntinuous in the national history […] P lymouth was
becoming a more i m po rtant naval ce ntre, t actical l y and stra tegically, t hat it had ever bee n”, Michael
M. OP PENHEIM: The maritime history of Devon , E xeter, Exeter University Press, 1 968, pp . 1.
49 Robert NE WTON : Eighteen th century Exeter , pp. 112.
50 “I must o wn mysel f great disappointed in this ci ty , styled the “London o f t he West”, that ti tle, I
suppose, it derives from its tr ade […] but ‘tis the place I imagin’d so much superior to what it is.”
Caroline GIR LE: Plymo uth journal , s.l., s.e. 1 760, r ecogido por To dd GRAY, ( ed.) : Exeter. The
traveller s’ …, vol. I, pp . 58.
71
que, de mane ra contem poránea , habitaba la f amilia Osborne. Ta l era el Ex eter de
Thomas Osborne Mann.
La vida de los Osborne en Exeter
Cuando visitó la c apital de Devon en 1810 y al volver nuevamente al añ o
siguiente, Farington era y a un artista renombrado y conocido. Legó a l a posteridad un
diario – inexplicablemente inédito hasta transcurrido un siglo de su muerte 51 - en el que
recogió sus experiencias y que al pr esente nos e s útil para complementar lo que bi en
supo plasmar en sus láminas. De Ex eter dijo Farin gton que era “ a painter ’ s town” 52 , una
ciudad ideal para el pinc el por combinar en sus calles los elementos medievales de su
pasado con las edifica ciones modern as que la nuev a clase bu rg uesa a comodada
demandaba por doquie r en todas las urbes inglesas que se preciaran 53 . La ciudad a la
que llegaba era p eculiar y si bien h abía mar cado como propósito de su visita a Exeter
abstraerse lo más posible de todo lo mundano y centrarse así en la conclusión del
encar go que para la inmensa obra Magna Britannia le habían he cho los editore s L ysons,
la propia opinión que s e for mó de la ciudad le haría tener que emple arse con más
empeño para cumplir su pr opósito. Su diario recogería una n ada o riginal descripción d e
su ll egada a la ciudad – las siempre presentes coli nas y las vistas que d esde ellas se
tenían 54 -, pero s í torna en novedoso y de int erés para nuestras páginas por c uanto señaló
acerca del lu gar por el que accedió a la capital d e Devon. Lo hiz o a través de la puerta
de la muralla que se situaba apenas a un centenar de metros del hogar de los Osborne
por aquel mi smo tiempo y pasando acto seguido por delante de la iglesia parroquial
donde vimos bautizar a Thomas Osborne el cuatro de febrero de 1781. Qu ién sabe si al
51 Evelyn NEWBY: « Farin gton, J oseph (1747 – 1821) », Oxford Dictionary of National Bio gra phy , Oxford
University Pr ess, 2004 . Recuperado de Internet (http://www. o xforddnb.co m/v ie w/article/9 161 ).
52 “I do not re member any o ther English to wn wh ic h so much abou nds with s ubjec ts of bu ildings that in
form and colour are so w ell calculated for a painter ’s purpo se. Ever y day groupes [sic] o f Houses,
with Churches & Gates, strike my e ye, as I a m more a nd mo re able to discri m i nate in the quantit y [.. .]
it is onl y by degree s that the best choice ca n be made”, Joseph F ARINGTON : The Fa ring ton d iary ,
vol. VI, p p. 160.
53 “October 30 . After break fast I pro ceed on my studies a mong the old build ings of this ci ty”, Ib id. , pp .
162. La piq ueta se hizo presente en la ci udad rebasado el segundo tercio del siglo XVII. Para una
detallada descripció n del proceso de d estrucción del p atrimonio histórico, Ed ward Augu stus
FREEMAN: Exete r , Londo n, Longmans, Green & Co., 1901, pp. 215- 219.
54 “The road from Chudleigh to Exeter is ver y hilly & ted ious for travelers. Fro m one of t he heights I had
a view of t he river Exe to Exm o uth; and on t he east s ide of the river saw Topsham” , J oseph
FARINGTON : The Faring ton diary , vol. VI , pp. 154.
72
hacerlo cruzó los pasos, una mi rada o quizás hast a un saludo educ ado con alguno d e los
miembros de la fa mili a Osborne.
Son los registros documentales de la citada parroquia de Hol y T rinit y los q ue nos
permiten afirmar con certeza que los Osborne h abitaban su entorno al menos desde
finales del si glo XV III. No lo hacían dentro de l as anti gua s murallas de Ex eter , sino en
una calle llamada Southernha y qu e s e situab a a pocos pasos de ella s una vez s e
abandonaba el recinto por su puerta más meridional . Su localización era pri vilegiada, un
hecho que evidentemente ya di ce sobre la posición social que ocupa ban los Osborne ,
pues no distaba Southern hay más que de un centenar de metros del cora zón social de la
ciudad, de todas aque llas diminutas parroquias que circundaban la catedral . L a cercanía
se hacía aún más íntim a g r acias a un pequeño arco – presente también en n uestros días -
que fue ab ie r to e n la muralla con el objeto de que los habitantes de ambas áreas
pudiesen atravesarla evitándose el rodeo que supo nía tener que buscar la p uerta sur de la
ciudad para acceder al o tro lado 55 . L as razones de la necesaria comunicación eran tan
evidentes para cualquier habitante d e la ciudad de entonce s como lo siguen siendo para
quien ande en la actualidad por el área. F rente al caos urbanístico del medievo presente
en el casco histórico, en las calles de nueva construcción a extramuros s e encontraban
los espacios de so ciabilización que requerían los aires del si glo XV III. Formando un
conjunto armonioso y a gradable, l a sucesión regular de fach adas homo géneas a ambas
aceras de Southernha y se complementaban con el paseo que entre hayas se habría por
medio 56 .
Y es que la planificación urbanística del área en la que encontraría su lu gar la
familia Osborne comenzó a crearse a p rincipios del siglo XVIII bajo los preceptos
estéticos geor gianos, la arquitectura británica de la I lustración que surg i ó en la ca pital
del reino a consecuencia de ese punto de inflexión que fue para la arquitectura nacional
el mes de septiembre de 1666. El día dos de ta l mes se desataba lo que pronto se
conoció como el Gran Incendio de Londres, un in fierno de llamas que calcinó hasta los
cimientos buena parte de la ciudad y que lle gó a hacer temer al mi smísimo rey C arlos II
55 “[…] a passage has been made throu gh the to wn - wall to Southern Hay”, The Universal British
Directory…, p p. 5 - 6.
56 “[…] begi nning o ur walk at a little green called Soudne y [Southernhay] Walk, set with beech trees a
quarter of a mile and where was to be the next da y a fair that was to hold fo ur or five d ays, at whic h
our landlo rd told us were to be had all manner of co mmodities”, Cardiff Centr al Lib rary, 4.48 0, fos
82 -9, Jo hn VERDON: Manuscript, 1700 , reco gido por Todd GRAY, (ed.) : Exeter. The t ravellers’ …,
vol. I, pp. 39.
73
por su integridad física. Como contraprestación, la destrucción permitió a los
arquitectos y urbanistas que proyectaron la reconstrucción de la urbe durante las
siguientes décadas actuar de raíz contra los principales problemas que a finales del siglo
XVII y principios del X VIII suponí a la pervivencia del modelo medieval de ciudad ,
aquellas calles de trazado caprichoso que provocaban no pocos cuellos de botella que
entorpecían el tráfico y el tránsito, esquinas que s obresalían d e sus respectivas aceras o,
por exponer un tercer asp ecto no menos importante, la gran inflamabilidad de la madera
y la paja empleados como materiales habituales de construcción para las estruc turas y
tejados de los edificios de todas clases 57 . Allí donde el fuego calcinó lo que una vez
hubo edificado – más d e trece mi l doscientos hogares y ochenta y siete iglesias
parroquiale s 58 -, cuando se extinguiese n las llamas se erigiría en consona ncia con el
gusto del tiempo pr esente, siguiendo nuevos cán ones estéticos. El ladrill o, exponente
del nuevo estilo, ganaba la partida al estuco, a la piedra y a la madera. S i aquello
sucedía en la capital, poco tardó en extenderse al resto del país pues, com o bien señaló
David Cannadine, la se nda que abrían los propietarios de L ondres era rápidamente
seguida po r sus i guales que habitaban l as ciudades provinciales 59 . Era pura emulación
del prestig io qu e radiaba la capital del país.
Quienes promov ie ran l os cambios en el resto de las ciudades in glesas, no
obstante, habrían de buscar motivos para llevar a cabo tal revolu ción en e l urbanismo .
En ciudades como Exeter cuyo ce ntro urbano no había sufrido destrucción importante a
la altura del siglo XVII y en la que los gobernantes, de manera juiciosa, propugna b an no
desolar gra tuitamente lo ya construido para desarrollar el nuevo modelo urbanístico, las
lecciones aprendidas del Gran Incendio de Londres se plasmaron en los e nsanches que
comenzaban a pro y ectarse con la centuria de la Ilustración. Los edi ficios y el propio
área en el que s e e rigirían serían hijos de su tiempo, producidos y destinados a una clase
que sur gía en aquella “nación de tenderos” -tal y c omo supuestamente Napoleón calificó
a I nglaterra años después- que no e st aba formada sino por quienes habían sido – y
estaban siendo- los pr otagonistas del auge económico e industrial de la nación: la
57 John SUMMER SON: Geo rgian London , London, P im plico , 199 1, pp. 34 - 35.
58 Michael REED : « T he urban landscap e 15 40 -1700 » , en P eter C LARK ( ed.): The Cam bridge Urban
History…, vol. II. pp. 310.
59 “Where the Lo ndon landowner s led, their provincial colleagues soon follo wed”, David CANN ADINE:
Lords and landlords: the Aristocracy an d the To wns, 1774 - 1967 , Surre y, Leice ster Universit y P ress,
1980, pp 31.
80
T rinity , quienes, no obstante, hubieron de cruzar sus caminos en momentos puntuales de
sus vidas con los poderes establecidos en la Ing laterra del siglo XVIII y de tales
encuentros, las más d e las veces, qu edaba constancia documental que en gran parte ha
pervivido hasta nuestros días. En contraremos así partidas de b autismo en el comienzo
de sus días, capitulaciones pre matrimoniales antes de que se enlazaran ante Dios y el
pastor anglica no que oficia se la ce r emonia – quien dejaría también testimonio de ella en
su libro de re gistro parro quial-, así como sus nombres referidos como integrantes en los
listados de miembros de alguno de los g r emios aún activos en la ciudad en la que
habitaban o bien en calidad de testi gos cuando f uese alguno sus familiares directos los
que protagoniza se n el bautiz o o el enlace matrimo nial. Cuando cre y esen haber recorrido
y a la ma y or p arte de sus vidas o notasen próximo el fin de sus días, inscribirían s us
nombres con personalidad en el testamento por el que dejarían dispuesto el reparto de
sus bienes e ntre sus sucesores, los mismos que acompañarían sus cuerpos y a fríos
cuando fuesen inhumados en alguno de los dos ce menterios parroquiales de la ciudad y
sus nombres fuesen escritos , y a por última vez, en los registros eclesiást icos. A groso
modo esos serán todos los documentos que nos permitirán reconstruir los pasos vitales
de los Osborne de Holy T rinit y .
No obstantes, un par d e aclaraciones c onceptuales se nos a ntojan necesaria s
antes de adentrarnos en l as vidas de quienes con formaron el núcleo f amiliar . En primer
lugar , p or familia de la “mi ddle sort people” de Ing laterra a la altura de final es del S iglo
de las L uc es y para las primeras décadas de la centuria decimonónica habremos de
entender el conjunto nuclear formado por los progenitores y su descendencia, un a
unidad cada v ez más independiente d e la influencia que en forma de elección de futuros
enlace s, por ejemplo, pu dieran ejercer sobre lo s i ndividuos tanto el propio linaje como
la comunidad – religiosa o gremial- en l a que se encua dra ban. Ello suponía un c ambio
notable con r especto a lo que había imperado en los sig los a nte riores, quizás solo
comparable con el que hiz o que, a co nsecuencia del descenso de la tas a de mortalidad ,
los vínculos que se establecían entre los individuos que contraían matrimonio estuviesen
en adelante más orientad os hacia el sentimiento y el afecto que al interés económico o
social, desterrando por siempre el concepto de familia como grupo de individuo s
reemplazables. En e lla, en la familia, los roles a desempeñar por los individuos de
ambos sexos quedarían igualmente definidos en adelante. Mientras que correspondía al
hombre hacer el tr abajo remunerado fu era de casa, la mujer se ocuparía del no pa gado
81
dentro de ellas. La posterg ación y de p endencia económica absoluta de las últimas
respec to a los primeros quedaba instaurada 78 .
A consecuencia del papel doméstico que le otor gaba la sociedad, las mujere s
iban, poco a poco y siglo tras siglo, perdie ndo la conex ión con el mundo que se gestaba
fuera de sus domicilios. Quedaba n ex cluidas de la educa ción superior y por ende la
práctica p rofesional de una profesión les ser ía totalmente impropia – incluso su
tradicional asisten cia a los partos- , de forma y mane ra que la nueva sociedad – y el
sistema económico capitalista que se consolidaba 79 - las iba ligando sin remisión a la
figura de su esposo. Los documentos históricos, reflejos del tiempo en el que se
ge n eran, certificarán el p roceso al hacer que sean siempre los varones quienes aparezcan
encabezando las partidas bautismales y matrimoniales, redactando y fi rmando
testamentos en los que las mujeres sólo son menci onadas por ser parte en la ceremonia o
por lo que r ecibían d e l o legado. Pudiera decirse sin exagerar un ápi ce que el único
documento en el que una mujer era nombrada sin tener que hacer referencia alguna a un
varón – si exceptuamos el uso del apellido de su marido en el caso de estar casada -
llega b a al final de su vid a, en el mismo momento en el que era redactada su partida de
defunción. A ojos de la s ociedad inglesa del siglo XVIII , l a subordinación y el carácter
doméstico de la muj er eran parte del ideal del momento y la familia Osborne de Hol y
T rinity no será la excepción a la regla 80 .
De lo anteriormente expuesto se deduce la razón por la que a l reconstruir las
vidas de Peter y Elizabeth Osborne, los progenitores de la saga – así como la de sus hijos
Peter Mann, Thomas, Elizabeth y Sarah Os borne-, por cantidad y calidad, l a
documentación de archivo disponibl e ac erca de las mujeres de la familia resulta rá
notablemente más escasa y de menor entidad q ue aquella que hace r eferencia a los
78 Robert B. SHOE MAKER: Gend er in English society 1650- 1850. The eme rgence of sep arate sp heres? ,
New York, Routled ge, 201 3, pp. 87; La w re nce STONE : The family, sex and marriage … , pp. 655- 658.
79 La crítica al capital ismo como causa de la postergación r eferida es la tesi s de la ob ra Alice CLARK:
Working life of w omen in th e Seventeenth century , L ondon – Ne w York, Routled ge, 19 82. Una
síntesis de la misma, Mary PRIOR (ed.), Women in En glish Society , 1500-180 0, London, Routled ge,
pp. 10 -11 y 93- 94.
80 “In the private sphere t he fa mily was ce ntral to a sense o f “middle classnes s […] the idea l d omestic li fe
and the subordinate role of women. Do mesticit y i s e videnced by the d eclining i nvolveme nt of wo men
in fa mily business a nd b ecause it beca me a mark of gent i lity for women to stay at home ” , P amela
SHARPE: « P opulatio n and society … », e n P eter CLARK (e d.) : The Cambridge Urb an Histo ry…, vol.
II. pp. 257.
82
varones con los que co mpartieron vida 81 . El y a mencionado carácter patriarcal de la
sociedad inglesa de los siglos XVIII y X IX hace dificultoso para el historiador acercarse
a las vidas de aquellas muj eres que, como las d e la familia Osbo rne de Hol y T rinit y ,
vivieron conforme a lo q ue la sociedad imponía. Ellas no destacaron como sí lo hicieron
algunas mujeres de la élite social o aquellas que estuvieron fuera de los márg en es de la
sociedad, caso de las pr oscritas o las brujas 82 , y como mujer es corrientes, abnegadas
trabajadoras de su hoga r , ra ramente dieron lugar a documentación en las que e llas
fuesen el centro de atención. Para el propósito de nuestras páginas l a limitación no es
superflua, pero, no obstante, ello no nos debe ha cer menguar la intención de r econstruir
los pasos de Eliz abeth Osborne y los de sus hijas con id éntica dedicación que la que
empleare mos al referirnos a P eter , Pete r Mann o Thomas Osborne. Bien acertado estuvo
R. S hoemaker en el inicio mismo de su análisis sobre las relaciones entre ambos
gé n eros en Inglaterra cuando aseveró qu e estudiar a los unos sin los otros supone un
imposible 83 . Difícilmente se puede expresar c on menos palab ras una re alidad t an
denostada por la hist oriografía. Con tal perspec tiva y p retensión acometemos el estudio
de los Osborne de Holy T rinit y .
Así, comenzare mos indica ndo que tanto Peter como Elizabeth Osbor ne eran
vecinos originarios de la ciudad de Exeter . Gracias a la documentación conservada en
relación a los tr ámites eclesiásticos que precedieron a su enlace pod emos acercarnos a
los dos jóvenes que con su unión darían lu ga r a la nueva familia. De P eter Osborn e ,
quien se refería a sí mi smo como “ the young ” –“el joven” - para dif erenciarse de s u
padre homóni mo, se decía que e ra vecino de la parroquia de St. Olave, mientras que de
su futura esposa, llam ada de soltera Elizabeth Ma nn, se apuntaba qu e sí era parroquiana
de Hol y T rinit y 84 , la i glesia en la que ambos entrarían en el año de 1777 pa ra contrae r
matrimonio, a la que volverían repetidamente en la década post erior para bautizar a sus
vástag os y a la que, medio siglo después de h aberse unido en matrimonio y apenas
separa dos po r unos meses, sus cuerpos serían ll evados por sus familiare s más allegados
para celebr ar en tan común lugar para ellos un re sponso por el descanso de sus almas.
81 Ver Ane xos, La historia familiar. Do cumentos y e ntronques matrimo niales br itánicos y esp añoles del
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – Ma nn.
82 Mary PRIOR ( ed.) : Women in Eng lish Society…, pp. XV.
83 “Since men and wo men are usuall y defi ned in ter ms o f what the other is not, it is i mpossible to st udy
one w ithou t needing to know about the other”, Robert B . SHOE MAKER: Gender in English
society … , p p. 1.
84 DHC, MBE -A, Devon, Ma y-J une 1 777.
83
Evidentemente, antes de que la p ena por l a muerte de los progenitores se hiciera
presente entre los Osborne hubo lugar para la vida.
Reconstruir una familia a p artir de lo qu e reza literalmente la partida
matrimonial que le da origen prom ete, en principio, unos re sulta dos bastante
paupérr imos y , sobre t odo, nada elaborados. En cambio, le y endo entre lí neas el
documento parroquial que unía a Peter Osborne con Elizabeth Mann podemos ex t ra er
más información acerca de los contray entes de la que a priori se muestr a. El ya referido
Lawre n ce Stone, una autoridad en lo que se refie re al estudio de la sociedad inglesa
moderna y contempor ánea, a l tratar la institución del matrimonio señalaba una serie de
puntos que en gran pa rte venían a cumplir se en el enlace qu e dará lugar a la familia
Osborne d e Hol y T rinit y 85 . Es ci erto que no conocemos si hubo algún tipo de a cuerdo
entre los padres de lo s contra y entes y si llegaron a estipular las capitulaciones
matrimoniales previas al enlace , punto primero y segundo en la li sta d e Stone, pero sí
consta entre los documentos de eclesiales que el joven Peter Osbo rne cu mplió con el
tercero de los pasos qu e indi caba e l historiador inglés. El futuro esposo re cu rrió a
obten er una li cencia en s u parroquia qu e le ex im ió a él y a Elizabeth M ann de tener que
realizar de mane ra pública las amonestaciones matrimoniales, requisito previo a la
consagración de la unión que consistía – y consiste - en mantener expuesto al público un
anuncio en las respec tiva s parroquias de los contrayentes y durante tres días de guardar
por el que se ha cía sab er al resto de los parroquianos -ya fuesen éstos conocidos o
simples curiosos en busca de chascarrillos con los que matar el tiemp o- del enlace que
se pretendía celebrar , d ando opción a la denuncia por quien conociese algún motivo que
impidiese consumar tal sacra m ento.
Cuando se disponía de una cierta suficiencia económica, como la que parec e ser
que disfrutó Peter Osborne a finales de la d écada d e 1770, era común recurrir a
conseguir la licencia matrimonial para que am bas familias restringiesen el enlace al
ámbito privado. El futuro esposo comparecía entonces ante la autorid ad eclesiástica,
abonaba una determinada tasa en la parroquia y juraba f rente por frente al párroc o po r sí
85 “For persons of prop erty it [the marriage] involved a series of distinct steps. T he first was a writte n
legal contract b etwee n the p arents concerning the financial arrangements. The second w a s the
spousals (also called a contrac t), the formal exc han ge, usually before witnesses, o f o ral pr omises. T he
third step was the p ublic procla mation of ban ns in c hurch, three times, the purpose of which was to
allo w claims of pr e-co ntract to be heard ( by the seventeenth century nearly all t he well - to -do evaded
th is step b y obtain ing a licens e). The fou rth step was t he wedding in churc h, in which mutual consent
was publicly veri fied, and the union received the formal blessing of the church. T he f ifth a nd final
step w a s the sexual con summation”, La wrence ST ONE : The family, sex an d marriag e … , pp. 31.
84
y en nombre de su prometida que ambos cumplían todos los requis itos que eran
indispensables para contraer matrimonio: se r m ayores d e v eintiún a ños , solteros de
condición y sin incompa tibilidad por consanguineidad en los grados qu e impedían la
unión. Ese fue el proced er que cumplió el joven Peter Osborne el día dos de may o de
1777, teniendo como tomador de su juramento al pastor anglicano Carrington, el mismo
que expediría la licencia matrimonial que los contrayentes hab rían de hac er efectiva
dentro de las cuatro sem anas siguientes al día de la concesión 86 . V ista las intenciones de
los dos contray entes, tanto mar gen de tiempo era completamente innecesa rio. Peter
Osborne “ Junior ” y Elizabeth Mann apenas dejaron pasar dos días desd e e ntonces hasta
que se citaron mutuamente en la i glesia de Holy T rinit y . Allí, acompañados de los
testigos W illiam Mann y Hannah Smi th, respectivamente p adre de la novia y una de las
sirvientas de l a casa en l a que creció 87 , recibirían el sacramento del matrimonio . Er a el
día cuatro de ma y o de 1777. Por medio de la pres encia d el reverendo Rich ard P atrick, a
ojos del Estado y de Dios quedaba f o rmada una nu eva ra m a de la familia Osborne 88 .
Por aquel entonces P eter Osborn e contaba con veintiocho años de edad y
Elizabeth, ya Osborne tras adoptar el apellido de s u marido, veintitrés. Eran unas edades
que pueden parecer un tanto tar días para el siglo XVIII, pero entran de ntro de la
horquilla de lo común tanto para los miembros de la clase terrateniente como para el
caso de los habitantes acomodados de la ciudad , pues no era baladí y s í causa para
retrasar el enlace el hecho de que el varón al momento de contrae r matrimoni o hubie ra
de tener capacidad económica suficiente como para mantener en su mismo estatus social
a la nueva fa mili a que daba nacimiento. Sólo podría darse tal condición tras haber
desarrollado durante unos años su profesión, es evidente 89 . Peter y Elizabeth Osborne, al
consagrarse en matrimonio, daban cumplida cu enta del c uarto punto especificado por
Lawre n ce S tone y sólo les restaría cumplir el quinto y últ imo para culminar el propósito
de la institución matrimonial: el que la unión tuviese desce nd encia.
86 DHC, MBE -A, Devon, Ma y-J une 1777.
87 La id entificación de a mbos testigos co n los contra yentes p uede ser puesta de manifiesto. Que no
aparezca junto al no m br e de W illiam Ma nn el adjetivo “junior” que co múnmente utilizab an lo s hijo s
homónimos de sus padr es, sumado a la im po rtancia del acto q ue se celebr aba en la parroquia de Holy
Tr inity , nos i nclina a pensar que la firma co rresponde al padr e de la novia y no a su hermano. En
segundo lugar y sin ningú n r esquicio para la dud a, e n el p ropio testam ento del pad re de Elizab eth
Mann apar ecía mencionada una tal Ha nnah S myth q ue ac tuaba en su ca sa como sirvie nta, DHC, J . H.
MANN, Devo nshire wills a nd a dministrations, 1 532-1 857 , s.l., s.e., pp. 182- 183.
88 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Marriages, 177 7.
89 Robert B . SHOEMAKER : G ender in English society … , pp . 93.
85
Y lo cierto es que aq uella no se hizo demasiado de rogar . El veinticuatro de
septiembre de 1778, dos meses antes de que cumplieran año y medio de matrimonio, la
familia volvía a reunirse en la parroquia de Holy T rinit y para ce l ebrar el bautismo del
hijo primogé nito 90 . Como su padre y el padre de éste, el vástag o recibió el nombre de
Peter , añadiéndosele al recién n acido como se gundo nombre el apellido de soltera d e su
madre, a buen se guro para intent ar perpetuar , al menos durante una generación más, un
apellido en pelig ro de desaparecer o bien porque ello hubie ra quedado estipulado en las
capitulaciones matrimoniales que ambas familias y contr a y entes pudie r an haber firmado
previamente al enlace 91 . Fuera de toda duda y conj etura, lo que sí se puede afirmar con
seguridad es que la llegada tan pronta al mundo de un varón hubo de colmar de felicidad
tanto a los padres primerizos como a sus respectivas familias . A la altura del tercer
cuarto del siglo XV III, c omo había ocurrido anteriormente y continuaría s ucediendo, el
nacimiento de un varón suponía el primer paso para g arantizar para el a pellido la
continuidad en el seno de la familia de las propiedades más im portantes que pudiera
tener o adquirir . Que la herencia pudiera s er recibida finalmente po r el beneficiario
dependía de que llegase a sobrevivir a sus pr o genitores, una casuística incie rta por
aquellos tiempos, pero una desce nd encia únicam ente femenina sí hacía q ue, de todas,
todas, las propiedades famili ares acabasen, más t arde o más temprano, fo rmando parte
del patrimonio de otras familias. Dejar la fortuna familiar a expensas del futuro del
primogé nito, un solo individuo al fin y al cabo, resultaba una estrateg ia demasia d o
arriesga d a como para no buscar la alternativa.
Peter Mann Osborne fue hijo único solamente du rante tres años, el tiempo que
transcurrió e ntre su nacimiento y finales de enero o principios de febrero de 1781. Y a
señalamos en las primer as páginas del presente c apítulo que fue entonces cuando llegó
al mundo Thomas Osborne 92 , un nuevo varón que alumbraba Eliz abeth Osborne y qu e
asegura b a que, en el hi potético pero probable caso de que el primo génito falleciese
antes de haber dej ado su propia descendencia, cupiese la posibilidad de que otro
hermano varón – si era capaz de sobrevivir a su progenito r, claro está- perpetuase la
rama f amiliar . Saber has ta qué punto pensaban d e manera estratégica los protag onistas
de nuestras páginas es u n imposible sin que medie por su pa rte docume nto autógrafo
90 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Baptis m , 1 778.
91 Lawrence ST ONE y Jea nne C. FA WT IE R STONE : An o pen elite? England 1540-1 880 , Oxford
Clarendon Pr ess, 1984 , pp. 126- 128.
92 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Baptis m , 1 781.
86
alguno refiriéndose a tal cuestión, pero a buen seguro sabrían Peter y Elizabeth Osborne
de los peligros que se cernían sobre los niños de corta edad como eran los suy os. Y a
había descendido respecto a siglos anteriores e incluso si la comparamos con la que se
daba a comienzos de la centuri a, pero la t asa de mortalidad seguía siendo notablemente
alta a finales del siglo XVIII y alcanzaba sus má s altos valores just amente en las capas
infantiles de la población. T anto fue así que en el ocaso de la centuria al menos un tercio
de los recién nacidos morían antes de cumplir los quince días de vida y entre un cuarto y
un tercio de los que sobre vivían no lleg arían nunca a alcanzar la edad de quince años 93 .
Cerca estuvo el matrimonio formado por P eter y Elizabeth Osborne de contarse entre
tantas y t antas familias inglesas que hubieron de pasar por el amarg o trance de perder a
un hijo.
No demasiados años después del nacimiento del menor de sus varones, la familia
aumentó en número. Elizabeth Osborne volverí a a dar a luz por partida doble, primero
en 1785 y d espués en 17 88, tra ye ndo al mundo a dos niñas que re cibirían los nombres
de Elizabeth 94 y Sara h 95 . La seg und a y menor de ellas fue bautiz ada en la mis ma pila de
Holy T rinit y qu e había servido pa ra escenificar la a cogida en el s eno d e la comunidad
cristiana de sus hermanos varones, pero fue justamente en el nacimiento y las horas que
siguieron al alumbramiento de la m a y or de amb as , Eliz abeth, cuando l a fa milia hubo de
encontrarse embargada por el temor y la desesperanza. S egún consta en su partida d e
bautismo, la pequeña recib ió el primero de los sacramentos cristianos in sit u , de forma
privada, r ecurso al que únicamente se recur rí a si había certeros indicios d e que el re cién
nacido corría serio peli gro de morir sin tiempo sufici ente como para que u n eclesiástico
administrase, con todo el ritual que llevaba pare jo, el sacramento en la iglesia
parroquial 96 . Para alivio de sus fa miliares, Eliza beth fue ca paz de superar aque llos
momentos críticos y cr eció a la postr e con sus d os hermanos va rones y Sarah – cuando
naciese tres años más tarde-. Eso sí, como si a la parc a le hubies e quedado alguna
cuenta pendiente con aquella niña que nacía entre problemas en 1785, cuando décadas
después ella se convirtiese en madre sí habría de ex perimentar el pesar que su
93 Lawrence STONE : The fa mily, sex a nd ma rriage … , pp. 68.
94 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Baptis m , 1 785.
95 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Baptis m , 1 788.
96 “The Mi nister of ever y p arish sha ll warn the peop le that without great cause and necessity they procure
not their children to be baptized at home i n their houses. B ut wh e n need shall compel them so to d o,
then Bap tism shall b e administered on this fashion ”, « T he ministration of P rivate Baptism of children
in houses », en The Book of the Commo n Pra yer , s.l., Cam br idge University Pr ess, s.f., R ecuperad o de
Internet ( https:// www.church ofengland.or g/prayer -worship/ worship/bo ok- of -com m o n -prayer/private -
baptis m-of-infants.aspx).
87
progenitora a punto estuvo de conocer con su nacimiento. Como se verá cuando avance
el presente ca pítulo, Elizabeth Osborne hija sí hubo de lamentar la pérdida de varios de
sus hijos en la más tie rna edad, pero dejemos por el momento a un lado a la
descende n cia del matrimoni o y volv amos nuevamente a los años en los que P eter y
Elizabeth Osborne cel ebraba n su enlace. Conozcamos sus vidas y respectivas
ascende n cias antes de explicar la siguiente generación. Así será como encontraremos los
fundamentos sobre los q ue Thomas Osbo rne y e l resto de sus he rmanos erigirían sus
propios destinos.
El origen de los pr ogenitor es: l os Osborne
Será en Peter Osborne, el patriarca de la familia Osborne de Hol y T rin ity , e n
quien fijemos primeramente nuestra atención. Se señaló pá ginas atrás que el cabeza de
familia era originario de Ex eter y que en la ciudad habitó desde su n acimiento en 1751
hasta su óbito en 1825, ya cuando rozaba los tres cuartos d e si glo de edad . L a tarea que
emprendemos con las páginas que siguen, reconstruir qué hizo Peter Osborne a lo lar go
de tal periodo dilatado de tiempo, r es ulta un reto que sólo podrá conseguir se a medias.
Por ejemplo, re ferimos anteriormente que a l a hora de contraer mat rim onio P eter
Osborne habitab a en la p arroquia de St. Olave y que tras su unión con Elizabeth Mann
cambió su vecindad para pasar a establecerse en la de Holy T rinit y , parroquia en la que
bautizaría a sus hijos y d onde acabarían sus días d edicado al comercio. En cambio, nada
nos revelan las fuentes acerca de la parroquia en la que fue b autizado por sus padres a
los pocos días de nacer o al respecto del área de la ciudad en la qu e creció . Y es que l a
vida de Peter Osborne va quedando cu bierta por una nebulosa que dificulta nuestro
propósito a medida q ue alejamos la mirada de sus últimos años, provocando que
algunos de los aspectos de su biogra fí a puedan ser solamente elucubrados a partir de
indicios. Otros ni siquiera así.
En la última de las tesitu ras señaladas nos encontramos si intentamos arrojar luz
sobre una de las cuestion es referidas ap enas unas líneas atrás, la p arroquia de la ciudad
en la que hubo de crecer Peter Osborne. El historiador tendería de manera instintiva a
identificar tal parroquia con aquella en la que hubieran fijado su residencia los padre s
del vástago, r ecurriendo para cono cerla a lo que apuntase al gún censo de la época – si
tuviese la fortuna de top arse con uno, dada su ex cepcionalidad-, a los re gistros que se
88
refiriesen a los pro genitores en las fuentes d e la propia p arroquia – partidas de
matrimonio y d e defunción, mayormente- o, por ú ltimo, a lo que ellos mis mos indicasen
de propia voz a la hora de testar . Sin embar go, e l caso que nos o cupa r es ult a de esos que
lle nan de des esperanza al investigador . No contamos con censo alguno que nos adscriba
a la familia Osborne a un vecindario concr eto ni tampoco se han preservado los
testamentos – ni siquiera noticias de ellos - de los padres de Peter Osborne 97 . Llama dos
Peter y Sar ah Osborne, de ellos las fuentes ec lesiásti cas nos hace n saber que se unieron
en matrimonio en la igl esia de St. Georg e th e Martyr el día catorce del mes de febrero
de 1747, constando en la partida que ambos eran parroquianos de S t. John 98 y que,
justamente, fue en la pila bautismal de dicha parro quia donde Sarah Osbo rne había sido
cristianizada años atrás, el día tres de septiembre de 171 1, momento en e l que recibió el
apellido de su padre, Buckland 99 . En definitiva, tras los datos aportados se hace
necesario afirmar que si bien los arc hivos eclesiásticos ofrecen algun a s informaciones
acerca d e los padres de P eter Osborn e de Hol y T rinit y , el hecho de que ambos habitasen
una mi sma pa rroquia pero que contrajeran matrimonio en otra diferente no permite
siquiera determinar con seguridad la residen cia de la familia que nacía con su unión.
Saber dónde creció exactamente Peter Osbo rne resulta todo un imposibl e.
En desagra vio a la falta de éxito del párrafo an terior se puede aducir q ue, en
realidad, qu e la fam ilia en la que nacía vivies e en la pa rroquia d e St. J ohn o estuviese
asentada en la de S t. Georg e the Mart y r supone una diferencia de importancia nimia.
Ambas parroquias compartían una localiz ación casi céntrica y estaban habitad as
mayor ita riamente por gentes dedicadas al comercio y la indu stria d el tex til, justamente
los menesteres en los que y a referimos que Peter Osborne se incluía a sí mi smo en el
censo de 1821. C oaligando lo uno con lo otro surge el interrogante de si la ocupación
económica de Peter Osbo rne allá por la segunda década del siglo X IX fue f lor de un día ,
de una vida, o, en cambio, heredada de su propia familia. Una cuestión para la que,
ahora sí, las fu entes doc umentales aportan una respuesta contundente si s omos capaces
de discernir los Osborne que formaban parte del linaje familiar que nos oc upa de
aquellos otros indi viduos que no lo eran pese a compartir apellido, hab itar la misma
ciudad y , a veces, ll evar incluso de manera coetánea idéntico nomb re a los que
97 Ver Ane xos, La historia familiar. Do cumentos y e ntronques matrimo niales br itánicos y esp añoles del
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – B uckland.
98 DHC, Par ish of St. George th e Martyr Parish, Marria ges, 174 7.
99 DHC, Par ish of St. John, Baptis m , 1 711.
89
tratare mos en nuestras páginas 100 . Y es que el apellido Osborne, sin ser de lo más común
en Exeter , no era privativo de un sólo tronco familiar , p roblemática que se v e
magnificada po r lo extendido de la costumbre de pe rpetuar el nom bre familiar
ge n eración tras ge n eración y por el hecho de q ue en I n glaterra se di ese continuidad
únicamente el ape llido paterno en la siguiente línea de la familia. La cautela es más que
necesaria a l util izar la fuente que introducimos ahora, las listas de “ f reemen” de Exeter .
Aún en el si glo XV III e xis tía en la capital d el condado de Devon – com o en el
resto de las c iudades inglesa s que tuvie ron importancia en los siglos medie vales y
modernos- un cuerpo cívico formado por los denominados “freemen” – asimilable al
común que r egía en los c oncejos castellanos -. S u función, claro está, había mutado con
el transcurso d e las centurias. Como bien supo señalar el tantas veces ref erido profe so r
W . G. Hoskins, si en el sigl o XVII el conjunto de los “freemen” tenían un gran peso en
el desarrollo y fiscalización de las actividades económi cas de la ciudad, inm iscuyé ndos e
también en su gobierno local, durante los siglos XVIII y XIX los “fre emen” fueron
perdiendo tales prerrogat ivas a la par que se consolidaban como los electo res de cara a
los comicios parlamentarios y la condición de “freemen” quedaba revestid a de prestigio
social 101 . La tendencia apuntada por Hoskins se ve confirmada por ejemplos como lo s
100 E s el caso de un tal J ohn Osbo rn, sastre, que entró co m o aprend iz co n P hilip To wns e nd el cuatro d e
septiembre de 1710 , o de Thomas Osborne, aprendiz de zapatero d e Richard L ob b a partir del
veintinueve d e j unio de 1748 y c uyo hijo ho m ó nimo le s uced ería co mo ”free man” de la ci udad el tres
de o ctubre d e 1812. Margery M. ROWE y Andrew M. JAC KSON (ed s.): Exeter Freemen 12 66-196 7 ,
Exeter, Devon & Corn wall Reco rd Society – James T o w nse nd & Sons Ltd., 1 973, pp . 221, 274 y 343.
También a fecta la pr oblemática a las mu j eres de la familia, p ues conta mos con la p artida de
enterramiento e xpedid a por el párroco de Ho ly Trinity en j ulio d e 1818 par a una tal Elizab eth Osbo rn e
que vivía en So uthernhay lane . DHC, P arish of the Hol y Trinity, Burial, 1 818 , nº 234 .
O, también, co n un testa mento firmado en 182 0 po r otra Elizabeth Osborn, ejecutado cuatro años
después, justa mente e n el año en el q ue fallece Elizabet h Osb orne, m atriarca d e los Osborne de Ho ly
Tr inity . L as pri m eras lí neas del testa m e nto serán las q ue nos indiquen que se trata de la última
voluntad de una persona d istinta, “I, Elizab eth Osbo rn of the parish of St. Mar y Majo r in cit y o f
Exeter, w ido w”, p or referirse a ot ra parroquia para señalar su adscripció n vecinal y ta mbién p or
expresar que en el mo mento de la firma del mismo, marzo de 18 20, la testadora y a se encon traba
viuda, pasaj es todos ellos de una vida que no coinc iden con los q ue co n certeza cono cemos de la
ma dre d e los Osbo rne d e H oly T rinity. DHC, MOG A, Vo l. 14, p . 5034 -5036, W ill of E lizab eth
Osborn, Exeter, 1 820
Preci sam e nte serán los d atos que conoce mos de Elizabeth Osbor ne de Holy Trinity los q ue nos
muestren que aq uella E lizab eth Osbo rne que era sep ultad a en 181 8 nada tenía que ver co n Peter
Osborne y su prole, pues aban donaba el mundo terrenal a lo s sesenta y n ueve años cuando la Elizabeth
Osborne q ue nos ocupa conta ba por entonces con sete nta y cuatro años de edad y , a la alt ura d e 18 21,
seguía co nviviendo con su esp oso P eter Osbor ne. DHC, 1718A/P21, Pop ulation of this Par ish taken in
May 1821 …
101 “It was the changes o f the sev enteent h centur y which trans formed the institut ion from its vital
relationship with the econo mic and public life of the city, to the largel y p olitical c haracter it ac quired
in the following ce ntury. After 1 700 its lin k with t he ci ty’s trade w as largely fortuitous, a nd its public
character, apar t from the may or al and par liamentary elections, w as almost restr icted to the legal
fiction whereb y t he freemen still constituted the co mmonalt y o f t he city. It was onl y the honorific
96
abandonar las aul as pretendían encontrar en la Iglesia de Ing l aterra cobijo para el resto
de sus vidas y , por otro, el conjunto de estudiantes que depositaban sus mira s en algún
puesto de la administración del Estado. T odos ellos estaban unidos por su compromiso
explícito para con la Corona – los católicos est uvieron excluidos de acceder a la
enseñanza universitaria entre 1581 y 1854, recuérdese que la I glesia anglicana era
“literally a part o f the state” 117 -, pero el aprovechamiento que unos y otros hicieron de
Oxford deja patente la heterogeneidad del estudiantado. Mi entras que pa ra quienes no
aspiraban a entr ar en la I glesia el simple hecho de unir su propio nombre al de l a
Universidad ya suponía g anar pr esti gio socia l y un plus de honora bilidad más que
suficiente pa ra colmar s us pretensiones laborales futuras, abandonando Ox ford al cabo
de un año – o dos a lo sumo - sin ti tulación académica al guna, aquellos cuy o futuro
pasaba por regir un a d e las múlti ples parroquias ang licanas del país tenían en la
suficiencia académica u n requisito indispensable para poder alcanzar la meta que se
habían marcado. F u e el caso de los Osborne de Devonshire 118 .
Ninguno de los cuatro miembros de l linaje – Peter Osborne de Ashton, Daniel y
Peter Osborne d e Stoke Gabriel y Peter Mann Osborne de Exeter- que hemos podido
constatar como alumnos de alguno de los distintos C ollege s de Oxford regresó a Devon
sin antes haber conseguido al menos un título aca démico. Si la tra y ectoria seguida por e l
último de los mencionados la reserva mos para el epígrafe que cierra el presente
capítulo, líneas atrás ya referimos que el pionero de entre los Osborne universitarios,
Peter Osborne de Ashton, quedó matriculado en a bril de 1619 en el Oriel Colleg e. Años
después, en feb rero d e 1623 , Osborne recibía el más básico de los grados que
despacha b a la Universidad – referido en las fuentes ing lesas como “Bachelor of Arts” - y
presumiblemente con él ponía término a su ca rrera y viven cia univer sitaria 119 . A l
noveno día del m es siguiente, marzo de 1623, P eter Osborne e ra ordenado diácono en la
117 Alan D. GILBERT : « Re ligio n and po litical…», en P atrick O’B RIEN y Ro land QUI NAULT (eds.):
The indu strial revolution … , pp. 83.
Richard L. Ka gan apunta que “en una era funda m e ntalmente religiosa, la i m po rtancia de la
Iglesia en materia educativa e ra como mínimo igual a la del Estado. T anto lo s p rotesta ntes co mo los
católicos, ansiosos d e reforma interna y de pr oselitismo hacia el exterior, estab an deter m inad os a cr ear
un cler o educad o. Esta tarea fue encomendad a a los coleg io s y universidades”, R ichard L. KAGAN:
Universidad y socieda d en la España moderna , Madrid, Tecnos, 198 1, pp. 34.
118 L a lectura interesada que los Osbo r ne Guezala hicier on en la tercer a década del siglo XX respecto del
paso de sus antepasados por la Universidad de Oxford será o bjeto de atención del epígrafe « La
construcción de la id entidad ap ropiad a» insertado en el capítulo c uarto de nuestra obra. C omo s e verá,
el p ropósito no fue otro que acompasar la historia d el linaje a lo q ue se esperab a de una fa milia que en
la España de la Restauración formaba parte ac tiva de la élite social, p olítica y econó m ica d el país.
119 Las referencias acadé micas d e P eter Osbo r ne de Ashton, «Osborne, Peter » , en Jo seph FOST ER (ed .):
Alumni Oxo nienses … 1500- 1714… , pp. 1095.
97
iglesia de St. Giles de la mi sma ciudad de Oxford y po co despu és tom aba el camino que
le llevaría de regreso a su condado originario. En junio de aquel mismo año lo
encontraremos como coa djutor de l pastor de la parroquia rural de Bridford, último lugar
en el que tenemos constancia de su paso antes de que el diecinueve de septiembre de
1624 fuese ordenado pastor en una ceremonia que tuvo lugar en la catedral de Ex eter .
Tr as ello, Osborne quedaría asentado en Ashton c omo predicador y extend ería su labor
por el resto de la diócesis de Ex eter hasta que en 1 642 fuese nombrado párroco rector d e
Saint Jacobstowe 120 . Entre la penúltima y l a últim a de las posiciones referidas cambió
su estado civil de soltero a ca sado, pudiéndose so lamente conjeturar que su matrimonio
bien pudo comenzar a t omar forma dur ante sus años de estudiante universitario en
Oxford. Las fuentes a sí p ermiten pensar .
Y es que en 1633 P eter Osborne desposó en la pequeña población de Ugborough
– también en Devon- a una tal Mary Prideaux, hij a de Thomas Prideaux 121 . No hemos
consultado documento alguno que permita lig ar al apellido Osborne o a la figur a de
Peter Osborne con la localidad de Ugborough para fechas previas al enlace, siendo
idénticos los términos en los que hemos de pronunciarnos al intentar relacionar a los
Osborne con T otn es, otro núcleo poblacional del condado de l que se decía originario el
padre de la contra yente. Entonces, si como parece no hubo coinci dencia en las
localidades en las que ambas familias habitaba n , ¿en qué se asienta el entronque entre
los Osborne y los Prideaux? Nuestra inclinación es pensar que el acercamiento entre las
dos familias bien pudo originarse en el paso de Peter Osborn e por Oxford , pues apena s
una década antes de qu e se produjese su ingreso en el Oriel C ollege, otro individuo
originario de Devon alcanzaba la rectoría del veci no Exeter College y con ello quedaba
convertido en una de las principales fi guras de la Universidad. Respondía al nombre de
John Prideaux 122 y coincidiría con P eter Osborne en tiempo y espacio justamente
cuando aquellos que eran oriundos de su roeste inglés – caso d e ambos- no suponían más
120 L as referencias eclesiástica s de P eter Osborne de Ashton, « O sborne, Peter (CCEd Person I D 14401) » ,
The Clergy of the Chur ch of Eng land Database 154 0 -1835 , Recuperad o d e Internet
(http://www.thecler gydatabase. org.uk).
121 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documentos y en tronques matrimoniales británicos y españoles d el
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – P rideaux.
122 Una extensa entrada biográfica sob re su figura, A. J . HEGARTY: « Pr ideaux, John (1578 -165 0) » , en
Oxford Dictionary o f National Biograph y …, Recuper ado de internet
(http://www.o xforddnb.co m/view/article/227 85 ) .
Su te stamento, N A, P ROB, 11 / 213 /611, W ill of J ohn P rideaux, Doctor in Di vinity so metime
Regius Pr ofessor in the Univer sity of Oxford and Lord Bisho p of Wor cester, 1650.
98
de dos docenas de indi viduos entre la tot alidad del estudiantado de Oxford 123 , un
número tan ex iguo que, quizás, hiciese del p aisanaje motivo suficiente como para qu e
ambos estableciesen relación.
Si hipotético – aunque plausible- resulta el cont acto entre J ohn Prideaux y Peter
Osborne en el entorno d e las aulas universitarias de Oxford, la filiación que vinculó al
primero con los Prideaux con los que Osborne entroncó no puede tampoco más que ser
aventurada. Nin guno de los nombres que ap arecen como testi gos o rec eptores de las
mandas testamentarias que dispu so el rector del Ex eter College al fijar su última
voluntad en junio de 1650 coincidirá con aquellos citados en el testamento que doce
años antes había otorg ado el cuñado de Peter Osborne, llamado, al igual qu e su
progenitor , Thomas P rideaux 124 . Que ambos perteneciese n a la misma rama d el apellid o
Prideaux supone una aseveración que no estamos en condiciones de poder responder de
manera categórica 125 , aunque sí podemos afirmar que las tra yectoria s vitales de ambos
discurrieron, po r momentos, por lo s mismos parajes del condado d e Devon. Siguiendo
lo que su biógrafo reflejó en el O xfor d Dictionary of National Biography , los primeros
123 Basándose en el registro de matriculas de la Uni versidad , no exento de p roblemática por su
discontinuidad y por la ambigüedad que mu e stra p ara de terminados per iodos, Lawrence Stone
agrupaba baj o la etiqueta ge ográfica de “suroeste” a los nacidos en los co ndado s d e Cor nualles y
Devon. A sí, contó setenta y d os lo s alumnos m atric ulados de tal procedencia para los años 1 580 -15 82
y veintic uatro para 1626 , apenas tran scurrido s tres años d esde que Peter Osbo rne de Ashton lograse su
graduación e n Ox ford. L a wrence ST ONE: «The s ize and co m po sition …», e n La w re nce S TONE ( ed.):
The un iversity in society… vol. I… , pp . 102.
124 Pese a que no hay r eferencia alguna en el documen to ac erca del momento en el que se pro dujo el
nacimiento d el testador, varias son las razones que nos lle van a afir mar que fue suscrito por hermano
de Mary Prideaux, po steriormente Osborne, y no por su padre . En primer lugar, en el apunte
genealógico de Peter Osbo rne de Ashton q ue se c ustodia en e l College o f A r ms d e Londres se ci ta a
Thomas Prid eaux pad re como “of T otnes”, mie ntras que el T homas Pridea ux q ue firmaba el
testamento e n 1638 se dec laraba de la localidad d e Ugboro ugh . CA, MS, S urre y , XVII , pp. 2 02.
Tr anscripción y traducción en lo s anexos.
En un segundo lugar y au nque co n m e nor p eso ar gum e ntativo, el apostar por tal identificación
del oto rgante se funda en qu e éste se decía hijo de un Thomas P rideaux que ya había fallecido al
m o mento en el que q uedaban fijad as sus últimas voluntades, algo qu e es d e suponer de un pad re
respecto a un hij o. En el do cum e nto se refiere, además, que Agnes Pridea ux – sin ap ortar su apellido
de soltera pero sí haciendo saber q ue er a d e condición viud a - era la p rogenitora del testa dor y que la
esposa de éste se llamaba Ann e, madre de unos hijos qu e no aparecen citado s p or sus nombres.
Tampoco se m encio nará más q ue en genérico a las hermanas d e quien testaba, no así cuando al
referirse a su her mano varón sí empleaba su nombre – Jo hn P rideaux- y el de su respectiva esposa –
Jane-. Por último y p ara certificar la vinculación respecto a los Osborne del otorgante del testa mento,
Peter Osbo rne ap arecía co mo alb acea de las dispo siciones testa mentarias junto a otro s tre s indi viduos:
John Nor tham, Fra ncis Barnard y Tho mas Bir kford. NA, P ROB, 1 1- 179 -206, Will of T ho mas
Pridea ux, gentlemen of Ugbor ough, Devon.
125 Quizás la obra R. M. PRIDE AUX: Prideaux: A Westcountry clan , Chichester, P hillimore, 1989, pueda
clarificar el interroga nte. El hecho de q ue desc ubriése m o s s u existencia una v ez co ncluida n uestra
estancia d e investigación en la Universidad de Exeter, ad em ás de lo limitado que parece que fue la
tirada d e la o bra – únicamente he m o s loca lizado u n eje mplar, custodiad o en el Devon and Exe ter
Institution Library-, ha hec ho del todo imposible contrastar en ella la p osible vinculación entre a mbas
ramas de la familia.
99
años de educación formal de John Prideaux tuvi eron lugar en Ashburton , justamente la
localidad en l a que el testamento de Thom as Prideaux localizaba su s bien es raíces. Los
nombres de ambos coincidirían también en U gborough, de donde el cuñado de Peter
Osborne decía se r vecino y a cu y a rectoría parroq uial aspiró de manera infructuosa J ohn
Prideaux antes de consagrar su carrera académica en la Univ ersidad d e Oxford. ¿Qué
llevó en su juventud al después obispo de W orcester a optar por Ugborough? ¿ Fueron
motivos familiares o, quizás, era una pa rroquia atractiva por la remu nerac ión qu e
lle vaba pa reja? Como cuando intentamos establecer el gra do de familiaridad entre John
y Thomas Prideaux , la respuesta a la pre gunta h a de qued ar en el aire por no poder más
que cavilar sobre e lla.
Se encontrasen – o no- en Oxford Peter Osborne y John Prideaux y estuvies e éste
emparentado – o no- con los P rideaux de T otnes y Ugborough, es inne gable que en jul io
de 1633 Peter Osborne de Ashton casaba con Mar y Prideaux en la última de las
localidades referidas y que la formación que h abía recibido Osborne en el Oriel Colle ge
de la Universidad de Oxford le capacitó para ser el párroco principal de S aint
Jacobstowe. Dos hijas tuvo el matrimonio y un hijo primogénito, Thom as – padre del
primer Osborne asentado en Exeter -, que no imitó el paso de Peter Osborne por Oxford
muy posiblemente al estar advertido de que la generación d e su p rogenitor había
saturado los puestos remunerados que la Ig l esia de I n glaterra podía ofrec e r . T al
fenómeno tuvo su reflejo en el decaimiento del número de estudiantes en las
Universidades de Cambridge y Oxford, tal y como constató el profesor Stone para el
periodo comprendido ent re la década de 1630 – Th omas Osborne nació just amente en su
ecuador - y los años veinte de la centuria siguiente 126 . No se convirtió en uno de sus
pastores, pero el joven Osborne ratificaría su com promiso con la Ig lesia de Ing lat erra no
y a siendo fiel a sus preceptos y o rdenanzas sino, además, contrayendo m atrimonio en
1668 con la hija de otro de sus oficiantes, Daniel Getsins, párroco de Stoke Gabriel y
quien también había sido maestro de escuela en l a Gramma r School de T otnes 127 . Nada
126 Lawrence STONE: « T he size and composition… », en Lawrence ST ONE ( ed.) : The university in
society…vol. I… , p p. 38.
127 E l testa mento original de Da niel Ge tsins – o Get sius, dependiendo d e la fuente - no se ha co nservado
hasta nuestro s días. Sí co ntam o s, si n embargo, co n dos ex tractos del m ismo que nos per miten saber
que fue oto rgado en sep tiembre de 1668 y no ejecutado hast a febr ero de 1672. Legaba algunas tierras
en P aigton y cinco c helines a s u hijo pr im o génito Jo hn, a su segundo hij o, homónimo de él mismo,
otras tierras en Paigton y otros cinco chelines, mientras que su h ij a Elizab eth Osbor ne recibiría
solamente c inco che lines. Por último, para e l c uarto her mano y tercero d e e ntre los varo nes, W alter,
Daniel Get sins dejab a d ispuesto q ue fuese el resto d e su her encia, suponemos que tras el pago d e las
obligaciones, deudas o mandas que pudieran existir o qu edar dictadas por el o torgante. DHC, MUR1,
100
se puede dud ar acerca de l anglicanismo de la fa mi lia que quedaba entonces formada , en
primer lugar porque la implicación directa de los pro genitores de Thomas y Elizabeth
Osborne redundó, como es lóg ico pensa r , en que ambos recibie sen desde su tierna
infancia una edu cación y unos hábitos de vida conforme a los dictados de Canterbur y y ,
en se gundo y últim o lugar , porqu e es a mi sma instrucción f ue reproducida en el nuevo
hogar y marcó especialmente los pasos de dos de l os cinco hijos de la pareja 128 .
Al tratar la descendencia de los Osborne de Stok e Gabriel, localidad en l a que
quedó asentada la famili a tras formalizarse su unión matrimonial, volvemos a situar
nuestra exposición cronológicamente allá por las dos últimas déca das del siglo XVII,
punto en el que quedó cuando abrimos el presente apa rtado sobre la ligazón del apellido
Osborne y l a Universid ad de Oxford . Señalamos entonces que Thoma s y Elizabeth
Osborne tuvieron una nutrida descendencia, cuatro varones – Daniel, P eter , Thomas y
Samuel, nacidos en tal o rden- y un a hembra de corta vida – Eliz abeth, alumbrada entr e
sus hermanos Thomas y Samuel -. La que hubiese sido la única hija del matrim onio
falleció antes de haber cumplido siquiera su prime r mes de edad, posible mente víctima
de una de las muchas enfermedades que se cebaban con los recién nacidos en el régimen
demográfic o anti guo, mi entras que nada sabem os acerca de la educación ni de la
tray ectori a profesional que siguió el benjamín de la familia, Samuel Osborne. S í
apuntamos que Thomas Osborne hijo emigró a Ex eter para dar lugar a la rama de la
familia que centra nuestra atención y que Daniel y Pet er Osborne secundaron los pasos
de sus dos abuelos al for malizar sus respectivas matrículas en la Universi dad de Ox ford.
En su y a otras veces mencionado estudio sobre la Universidad, Stone cifraba en un
quinto los alumnos que era n hijos de ec l esiásticos 129 , una proporción que elevamos
necesariamente si tenemos en cuenta otros grados de parentes co , tal y co mo reflejan el
caso de los hermanos Osborne de Stoke Gabr i el. El may or de ello, Daniel, llegaría al
Exeter College – el mismo del que fue rector J ohn P rideaux a comienzos de l s iglo XV II-
en junio de 1685, aún cuando el pasar por la Universidad no aseguraba un pue sto
remunerado en la Ig l esia de Inglaterra. Quiz ás ese fue el motivo que llevó a l
Vol. 1 3, Will o f Daniel Get sius o f Stoke Gabr iel, Vicar, 1668; DHC, MOGA, Vo l. 9, p. 2842 , W ill of
Daniel Getsi us of Stoke Gabri el, Clerk (late v icar of Stoke -Gabriel), 1672.
Las r eferencias eclesiá sticas de Daniel Get sins de Stok e Ga briel, «Getsins, Da niel (CCEd Perso n
ID 97156 )», The Clergy of th e Church of Eng land.. .
128 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documentos y en tronques matrimoniales británicos y españoles d el
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales brit ánicos y espa ñoles del ap ellido
Osborne, Osbo rne – Getsin s.
129 Lawrence STONE: « T he size and composition… », en Lawrence ST ONE ( ed.) : The university in
society…vol. I… , p p. 74.
101
primogé nito de la generación a apost ar por hacer carrera académica en su alma mater ,
co nsiguiendo el tí tulo de B ache lo r in Arts a lo s cuatro años de haber ingresado en
Oxford y otros cuatro añ os después, en 1693, el título de “ Master of Arts ” con el que en
1695 era aceptado como mi embro del College 130 . Sin saberlo, Daniel Osborne ligaba
por siempre su nombre al Exeter College .
Mientras que el herm ano que le seguía en edad había llegado al Hart Hall de
Oxford en abril de 1692 para cambi ar se a W adham College en 1694 y obt ener en dicho
College los grados acad émicos de “ Bachelor in Arts ” en enero de 1694 y “ Master of
Arts ” en 1699 131 , emprendiendo entonces camino hacia cualquier parroquia en la que
encontrar acomodo – qui zás el destino de Peter Osborne pasó entonce s por volver a
Stoke Gabriel, pues, como se verá en un par d e párrafos , él mismo era el titular de la
parroquia a la hor a de dictar testamento décadas más tarde-, Dani el Osborne, el
primogé nito de la familia, no abandonó Oxford. Y a en el siguiente si glo, el año de 1703
resulta especialment e prolijo para la tarea d e recon struir su faceta a cadémica y , también,
para esclarecer las relaciones que estableció a lo largo de su por entonces y a dilatada
estancia en la Universid ad de Oxford. L legaría el mes de abril car gado de emociones
para Osborn e. Si el día veintitrés recibiría el últ imo de su s grados a cadémicos, el de
“ Bache lor in Divinit y ” , dos semanas antes había visto como su nombre quedaba unido
en prensa al de uno de sus colega s del Exeter C ollege, Henr y M aundrell. Ape nas unos
años ma y or que Osborne y con un cu rrículum similar –“ Bachelor in Arts ” en 1685,
“ Master of A rts ” en 1688 y “ Bachelor in Divinity ” por de creto en 1697 132 -, Maundrell
había sido designado c apellán de la British F actory de Alepo en diciem bre de 16 95 y
aprovec hó su d estino para viaj ar ha cia T ierra Santa acompañado po r más de una docena
de los miembros de la Fa ctory . Fruto de sus obse rvaciones surgieron unas memorias que
sus más allegados, tras leerlas, le pidieron insistentemente que imprimiese 133 . Entr e
ellos se contaba, muy posiblemente, Daniel Osborne.
La edición del diario de viaje publicada en Oxford se abría con una d edicatoria
al obispo de Rochester en la que Maundrell hablaba de la p erfecta comu nión existente
entre las vidas de los miembros de la British Factory en Alepo y los pr eceptos y la moral
130 Las r eferencia s acadé m ica s de Daniel Osbor ne de Stoke Gabriel, «Osborn, Daniel » , en J oseph
FOSTER (ed .): Alumni Oxonienses … 1500 - 1714… , pp. 1093.
131 «Osborne, Peter » , en Ibid ., p p. 1094.
132 «Maundrell, Henr y» en I bid ., pp. 991.
133 Henr y M AUNDRELL: A jo urney from Alepp o to Jerusalem at Ea ster A . D. 1 697 , Oxf or d, T heater,
1703. Recu per ado de Internet ( https://archive.o rg/details/gri_ journeyfroma00 m a un ).
102
propugnada por la Iglesia de Inglaterra, señalando que, en gran medida, la consonancia
se debía al buen hacer del obispo Frampton, persona que intuimos del círculo del de
Rochester y a quien suponemo s en el destino de Maundrell antes de alcanz ar la di gnidad
episcopal 134 . A poco que se ojeen las memorias del p astor anglicano resulta evidente que
suponen una fuente valiosa para conocer aspectos de la vida de la comunidad mercantil
británica en Alepo – en el capítulo próximo centr ar emos nuestra atención en la British
Fac tor y de Cádiz y en el papel desempeñado por Thomas Osborne en su s eno a partir de
la segunda década del siglo XIX -, pero recuperamos a hora l a edición publicada en
Oxford por completarse el relato ori ental de Mau ndrell con un par de mi sivas que éste
remitió a Dani el Osb orne en el marco d el intercam bio epistolar que ambos
mantenían 135 . A través de ambas, firmadas re sp ectivamente en marzo de 1699 y abril de
1700, el clérigo d e la Brit ish Factory saciaba la curiosidad de Osborne acerc a de lo que
suponía par a un cristiano vivir entre los turcos 136 , la vinculación de los leprosos de
T ierra Santa con el Giezi que aparece en el Libro de los Rey es del Antiguo T estamento
y , por último, l o que suponía para los grieg os mor ir en pecado de excomunión 137 .
La s respuestas de Maun drell a tales cuestiones – especialmente en lo refer ente a
la primera y tercera - fueron, con seguridad, aceptadas y difundidas por Osborne en los
círculos en los que éste participara. T anto el emisor como el receptor de la carta
participaban activamente del anglicanismo – de otra manera no hubieran conseguido sus
respec tivas posi ciones-, pero incluso si hubiesen entendido la relación del individuo con
Dios y la Iglesia de otra manera – acertada y concisa es la reflexión de Clark ace rca de
que la confesionalidad d eclarada d el Estado no supuso que el protestantismo inglés s e
134 “They are a Societ y, hi ghly meriting that excelle nt C haracter which is gi ven in England ; and which
[…] the excellent bishop Fra mpton […] was the great i m p ro ver of the rare temper of this So ciety as
that inco mparable Instructor left t hem: T hat is, P ious, So ber, Benevolent, devout in the Offices o f
Religion; in co nversatio n, innocently c heerful; given to no p leasures, but such a s are honest, and
manly; [ …] exhibiting in All their Actio ns t ho se best and truest signs of a Christian spirit, a sincere,
and cheerful friendship among t hemselve s, a ge nerous Charity toward Others, and a profound
reverence for the Litur gy, an d Constitutions of the Church o f Engla nd. [ …] I n a word , I can say no
m or e, and less, I a m sure, I o ught not, than this, that in all my e xperience i n the world, I have never
known a Societ y of y o ung Gentle men, w het her in the City, o r Countr y, I had almo st said t he
University to o, so well dispo sed in all points at this”, Henr y MAUND RELL: A journey from
Aleppo … , b-b2.
135 “Since the Book was Print ed off , the two following Letters, relatin g to the same Subject, were
Communicated b y the Revere nd Mr . Osb orn Fello w of Exet er College; to w hom they were sent b y the
Author, in Answer to some Questio ns propos’d by Hi m” , Ib id., T .
136 “You desired an Account of t he Turks, and of O ur way of living a mongst the m”, Ibid., T .
137 “As for your Questio ns about Gehazi ’s Posterit y, and the Gree k Excommunication s”, Ibid., s.f.
103
viviese ni entendie se d e una manera homogénea 138 -, nada hubiera v ariado en la s
observac ion es de Maundrell y en la voluntad de Osborne de darlas a pre nsa. V iva
image n del fariseo bíblico, l os turcos, según ex presaba la pluma de l pastor 139 , n o
merecían admiración salvo por la firme defensa que hacían de sus preceptos relig iosos
– una virtud tras la que el capellán anglicano encontraba las artes del D emonio para
mantenerlos en la perdic ión de su seno -. Más be névolo se most raba Mau ndrell con los
sacerdotes griegos, concediéndo le credibilidad al testimonio de aquel que le afirmó que
los cuerpos que mueren en pecado de excomunión permanecen incorrupto s hasta que la
persona es absuelta y rea dmitida en la I glesia, sirv iéndole al pastor d e la B r itish Factory
de Alepo el ejemplo con el que intentab an c onvencerle pa ra atizar – cuando no
ridiculizar - la fe de los católicos en las reliquias de sus santos 140 . T odos ellos, turcos ,
grieg os ortodoxos y cató licos erraban. T ras experimentar la vid a fu era de Inglaterra, la
pluma de Maundrell se mojaba en chovinismo antes de caer sobre el p apel : “In short,
‘tis my real Opinion, th at there is not a Societ y out of En gland, that for all good and
desireable Qualities, ma y b e compar ’d to this” 141 . En Ox ford, Daniel Osbo rne, in glés y
ang lic ano, asentiría con l a cabeza al leer lo que su colega le había escrito. Quizás fue en
ese mi smo momento cuando decidió que eran pensamientos que merecían ver prens a y
acudió a a djunta rlos junto al diario de viaje de Maundrell.
Los testamentos familiar es
La Universidad de Ox ford dirigió hacia dos caminos paralelos a los Osborne que
se graduaron en ella. Por un lado podían re gresar a Devon conv ertidos en los pastores y
rectores que ocuparían la s parroquias del condado y que ejemplificarían en el día a día
de sus vidas la vigencia de los preceptos re li giosos y morales que propu gnaba la I glesia
138 “A “confesional” state si gnifi es m o nopo ly , not unani mity: outside t he Church stood a ka leidoscop e of
substantial deno minations and o bscure sects. […] England, b y t his per iod [16 60 -1760] had
internalized the label “Pr otestant”, yet this identity did not guarantee the internal unit y eve n in
England, let alo ne the British Isles, still less Britain’s rel atio ns with its overseas empire ”, en J onathan
Charles Do uglas C LARK: E ng lish society , 1770-1832. Religion, id eology and politics du ring t he
ancien t regime , Ca mbridge, Ca m brid ge Universi t y Press, 2000 , pp. 40.
139 “ And yet with all t his the y ar e incredib ly co nceited o f t heir o wn Reli gion and co ntemptuo us o f t hat o f
others: which I ta ke to be the great Artifice of the De vil, in order to keep them his o wn […] T hey are a
perfect visible Commen t upon our B lessed Lord ’s description o f the Je wish Pharisees”, Henr y
MAUNDREL L: A journey fro m Alep po … , s.f.
140 “The m a n had hard fortune not to dye in the Ro m i sh Com munion; for the n his b ody being found si
entire would have entitle h im to Saintship. For t he Romanist, as I ha ve both heard and se en, are w o nt
to find out and maintain t he Relic ks o f Saints b y this taken. And the sa me sign, which p roves a n
Anathema Mara natha amongst the Greeks, de monstrates a Saint a mongst t he Pap ist. P erhaps b oth
equally in th e r ight” , Ib id., s.f.
141 Ibid., s.f.
104
de I n glaterra. Esa fue la senda se guida por Peter Osborne de Asthon y Pet er Osborne de
Stoke Gabriel, pero la s egunda vía pasaba por comprometerse a defender y pe rpetuar
desde las aulas universitarias la r azón de se r de l a soberanía d el monarca b ritánico sobre
la Ig lesia establecida en su territorio, opción por la que optó Daniel Osborne. Si al plano
ideológico en el que participaba la familia a principios del siglo XVI II nos hemos
acerca do a travé s de las líneas de Maundrell y la voluntad demostrada por el citado
Daniel Osborne para que fuesen difundidas las cartas que las re cogían, poniendo luz
sobre un p articular que no siempre es abordable , será utili zando los testa mentos de los
distintos Osborne de l a época como lo gremos una visión más personal e íntim a – a la par
que material- de los individuos que así se apellidaban. V olverá así a recaer nuestro foco
de atención sobre l a fi gura de Thomas Osborne, el hermano que pasó de St oke Gabriel a
Exeter para entrar de aprendiz de “ fuller ” con Richard V eale y que, sin ser consciente de
ello, acabó por conve rtir se en tronco ori ginario del resto de los Osborne de la capital d e
Devon. No obstante y a pesar de ser él nuestro o bjetivo principal, como se expuso y a
pág in as atrás y también en la introducción de nuest ra obra, a veces el pasado parece
querer guardarse con t anto celo que al hist oriador no le r esta sino explorar vías
indirectas par a alcanzar su propósito. Biografiar a Thomas Osborne de Stoke Gabriel –
posteriormente avecindado en Exeter -, ex igirá no perde r de vista a sus familiares más
cercanos 142 .
Habida cue nt a de que no contamos con e l testamento de Thomas Osborne,
desconociendo siqui era si llegó a testar en vid a o, en cambio, sus bienes fueron
adjudicados tras su muerte de acuerdo a lo indicado por le y , hab remos de inquirir en la s
últimas voluntades de su s progenitores y h ermanos para conocer – en la medida de lo
posible- su patrimonio. A priori el número de páginas a ex aminar podría se r notable. Un
padre, una madre y tres hermanos tot alizan cinco individuos en cu y as disposiciones
testamentarias no extrañaría que aflorase el nombre de Thomas Osborne hijo, pero ha
sido el propio transcurso del ti empo el que se ha encarga do de h acer m enguar el número
de documentos a los seremos capaces d e hacer referencia y , por consiguiente, también el
volumen de páginas que podrán informar sobr e Thomas Osborne hijo. Comenzando por
el cabeza de familia, de lo dictado por el igualmente llamado Thomas Osborne no cabe
sino repetir lo señalado para el vástago: ni le conocemos testamento ni tampoco
142 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documentos y en tronques matrimoniales británicos y españoles d el
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – Getsin s.
105
administración de sus bienes relictos. Y poco más provechoso resulta el acercarse al
benjamín de entre los v arones, Samuel Osborne , pudiendo decirse de él q ue casó con
una tal Christian – nada apuntan las fu entes acerca de su apellido de soltera y
procede n cia- y qu e test ó en enero de 1704, convirtiendo a su esposa en su albacea.
Christian Osborne no le galizaría y ejecutaría las voluntades de S amuel Osborne hasta
diciembre de 1707, he cho que r etrasa presumiblemente hasta t al añ o el óbito de su
esposo, pero nada podremos saber d e los desi gnios ni del patrimonio del benjamín de
los Osborne de Stoke Gabriel. Su testamento des apareció por siempre co n l a destrucción
del archivo de protocolos de Ex eter dura nte los bombar deos alemanes en el marco de la
Segunda Guerra Mundial 143 .
Llevado a clave numérica, el párrafo anterior co nstata que es estéril esperar la
consulta incluso de un sólo testamento para l a mi tad de los miembros de la familia
Osborne de S toke Gabriel. De los r estantes, Eliz abeth Osborne y sus ot ros dos h ijos
varones, los y a cono cidos Daniel y Pet er Osbor ne, al go más puede deci rse. Sobre el
primogé nito de la familia, Daniel Osborne, en consonancia con su vida académica y la
confesión reli giosa que profesó, referir que sus restos mortales fueron sepultados en la
capilla del Exeter College de la Universidad de Oxford en la tarde noch e del trece de
mayo de 1710. Una de las enfermedades contagiosa s más extendida y de vastadora del
siglo XVIII , la viruela, había acabado con su v ida e l día anterior sin que hubiese
dispuesto sus últimas voluntades. Sus bienes relictos quedaban registrados en Ox ford el
veinticuatro de a qu el mismo mes de mayo 144 pero el expediente que resultó de tal acción
ha sido en todo extremo im posible de hallar . Se cercena así cualquier esper anza de
conocer el pa trimonio de Daniel Osborn e y si su hermano Thomas particip ó c omo
heredero su yo, una m ala fortun a pa rece h acerse consustan cial al nombre d el
primogé nito pu es hemos de indicar que, si bien los fondos del Coll ege of Arms re fieren
a Daniel Osborne como citado en el testamento dictado por su madre el dieciocho de
noviembre de 1707, el documento, no ejecutado hasta cuatro días después de que Daniel
Osborne hubiese aband onado el mundo terrenal, corrió la misma suerte que el de
143 La s refere ncias a Samuel Osbor ne d e Sto ke Gab riel, «Samuel Osborne », e n C A, MS, Surrey, IX, pp.
221. Transcripción y traducció n en los anexo s.
La ratificación d e que testó, « O sbour ne, Sa muel o f Sto kegab riell », e n Ed ward Alexande r FRY
(ed.) : Calenda r of Wills a nd Ad ministrations re lating to the co unties of Devon an d Cornwall, p roved
at the Con sistory Court of the Bisho p of E xeter, 1532 -1800 , British Record Societ y Index Librar y, v ol.
46 (191 4), s.f.
144 «Osborne, Daniel », en J oseph FOST ER: Alumn i Oxonien ses... , 1 891, pp. 1093 .
CA, MS, S urrey, IX, pp. 221. Tr anscripción y traducción en lo s anexos.
1 12
Los Osborne de Exeter en el Siglo de las Luces
Si por ex tensión y contenido el testamento de Pet er Osborn e de Stoke Gab riel se
alza como el documento clave para acercarnos a la vida de Thomas Osborne de Ex eter y
a las del resto de sus famil iares, no menos cierto resulta que esas mismas lí neas, escritas
y a con la d écada de 1730 en curso , pon en de manifiesto que la generación se xage n aria a
la que pertenecían tanto el testador como su hermano estaba si endo eclipsada por los
miembros más jóvenes de la familia. Hijos todos ellos de l Osborne de Exe ter 164 , pues ni
su hermano primogénito Peter Osborne tuvo descendencia ni tampoco p areció t enerla
Samuel Osborne, el benjamín de los Osborne de S toke Gabriel, y nacidos mu y
posiblemente y a en la capital del condado – c onocemos que S amuel Osborne fue
bautizado en la igl esia de St. Mary S teps en julio de 1714 165 y es de supo ner que sus
hermanos Peter , Thomas y Eliz abeth también fue ron cristianizados en la ciudad donde
se asentaba l a familia-, s obre la nueva generación rec aerían todos los bienes atesorados
por el vic ario de Stoke Gabriel una vez falleciese su viuda . La he rencia no e ra
desprec i able, pero había de ser repartida y no daba ni de lejos para que los cuatro hijos
de Thomas y Ha nnah Os borne se convirtieran en r entistas. L a prole hubo de comenzar a
dar pasos en l a vida mientras el momento de heredar llegaba. En nin guno de ellos
parec ió calar la vida uni versitaria y clerical que habían llevado sus tíos Daniel y P eter
Osborne.
Al entrar en detalles es necesario adv ertir que n o podremos escrutar las
tray ectori as vitales de todos los hijos de Thomas y Hannah Osborne. Así, ace rca d e
Elizabeth y Samuel Osborne na da c onoc emos más allá de que estaba n con vida e l
veintiséis de marzo de 1733, día en el que el tío de ambos firmaba su testamento y los
hacía participes de algunos de sus lega dos , tal y como quedó ex puesto párrafos atrás. En
ese mismo documento también aparecí an con peso el ot ro par de hermanos que
completan la familia, Peter y Thomas Osborne, so bre quienes sí al canzamos a saber qu e
siguieron con dete rminación la senda abierta por Thomas Osborne padre en el ne gocio
de la lana y en la vincula ción al cuerpo cívico de los “free m en” de Ex eter . El primero en
inscribir su nombre junto a tal desempeño y cat egoría fue Thomas Osbo rne, admitido
164 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documentos y en tronques matrimoniales británicos y españoles d el
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – B urges.
165 “Samuel Osborne bap t. [bap tized] at St. Mar y Step s Exeter 16 th J uly 171 4. Mentd. [ m e ntioned] in th e
will of his uncle Peter 173 3”, CA, MS, Surre y, IX, pp. 222 .
Tr anscripción y traducción en lo s anexos.
1 13
como aprendiz del “fuller” Samuel Foster con fecha de seis de ma y o de 17 34 166 . Apenas
cuatro meses tardaría Peter Osborne en emular a su hermano, anotándose s u nombre en
la entrada cor respondiente al segundo día de septi embre de aquel mismo año también
como aprendiz del igu almente “fuller” S amuel W ardell 167 . Uno y otro, Thomas y P eter ,
pasaban a s er parte de los “fr eemen” de Exeter . N inguno de ellos entrada p or sucesión –
“by suc ession” -, esto es ocupando el lugar de padre de ambos, derecho que tenían los
hijos de quienes y a formaban parte d el cuerpo, una casuística que nos habla de que
Thomas Osborne padre continu aba con vida a llá por septiembre de 1734. Cuándo
falleció es un misterio que las fuentes no revelan, pero para entonces su posición en la
aduana de la ciudad y entre el res to de los “freemen” y a le había permitido colocar a dos
de sus vástagos en la senda que él mismo inició el último año del siglo XVII.
Sobre Thomas Osborne hijo apenas podremos decir nada en firme. No ha
perdura do documento alguno que haga referencia con seg uridad a su persona aunque sí
existen dos menciones a un par de sujetos llama dos como él que vivieron de forma
coetánea en l a capital d e Devon. ¿Respondía alguno de ellos al Thomas Osborne sobre
el que escribimos? No podremos dar respuesta contundente al interrogante por no
conocer de Thoma s Osborne ma s que entró como aprendiz de “fuller” en ma y o de 1734,
pero no po r ello hemos d e dejar de ex poner ambas posibil idades. Si las e xamina mo s por
orden cronológico, la pri mera de las dos posibilidades referidas data de cu ando Thomas
Osborne contaría en al go más de una quince na los años de su pertenenc ia a los
“freemen” d e Exeter . Cuando el mes de julio de 1 751 entraba y a en su o caso, una mujer
llamada Elizabeth se p resentó en el arzobispa do de Ex eter acompañada por dos
muchacha s de condición solteras. Respondían a los nombres de Mar y y Elizabeth y
quizás fueran de corta edad, siendo ambas presumiblemente fruto del matrimonio
formado por l a susodicha Elizabeth y un tal Thomas Osborn y a fallecido. Hasta el punto
que conocía Elizabeth, s u esposo había abandonado el mundo terre nal sin haber dictado
testamento y po r ello comparecía en el arzobispado con la intención que se l a declarase
heredera de unos bienes que no ap arecen inv entariados – ni cuantificado tampoco su
aprec io total- en el extracto que se conserva del documento original 168 . ¿Podía
corre spond er el difunto Thomas Osborn al Thomas Osborne que fue aprendiz de
“fuller” en 1734? Cupiese la posibil ida d. L a dife rencia en las dos grafía s del apellido es
166 Marger y M. ROWE y Andrew M. J ACKSON (ed s.): Exe ter Freemen 1 266 -1967, pp. 248.
167 Ibid., p p. 250.
168 DHC, MOG A, Vol. 14, p.5032.
1 14
insustancial – la sonoridad, verdadera guía para la época, es idéntica en ambas - y no es
disparatado pensar qu e el Thomas de los Osborne que t ratamos hubie se contraído
matrimonio y tenido de scendencia por partida doble quince a ños de sp ués de haber
comenzado a aprender un oficio. Por el contrario, descuadra con respecto a la vida que
intuimos para Thomas Osborne que en e l ex tracto del documento orig inal aparezca
Thomas Osborn citado como “late of Ex on”, indicando así qu e era ori ginario de otro
lugar pero que acabó sus días asentado en la capital de D evon. I ndicios para pensar que
sí se trataba de la misma persona y a la vez también razones p ara inclin arnos por una
duplicidad de individuos bajo un nombre com ún. La respu esta queda abierta a la
interpretación.
Menos aún podremos raz onar respecto al segundo de los apuntes que pudiera
referirse a Thomas Osborne de Exeter . Consta en este caso que un varón llamado
Thomas Osborne otor gó testamento – o fueron ejecutadas sus voluntades- en la ciudad
de Exeter en algún momento del año de 1772. S uponiendo que el Thomas Osborn que
referíamos en el párrafo anterior no correspondiese a l Thomas Osborne de la familia
que venimos analizando y sí fues e al que corresponde el testamento de 1772, Thomas
Osborne debería conta r por entonces con ses enta o setenta años de edad. Casaría por
tanto con que fuese un testamento escrito al final de toda una vida, similar al que vimos
otor gar a Peter Osborne de Stoke Gabriel en 1733, pero a dife rencia de éste, r esulta
totalmente imposible ace rcarnos al documento en cuestión. El original estaba aún
custodiado en los depósitos del Ex eter Probate Registr y a principios del sigl o XX,
momento en el que se an otó su ex istencia 169 , pe ro los mismos bombardeos alema nes de
mayo de 1942 que r edujeron a ceniza los testamentos de S amuel Osborne de S toke
Gabriel – firmado en 1 704- y de su madre Eliz abeth Osborne – ce rrado en 1707-
destruy e ron también el testamento del Thomas Osborne de Ex eter que testaba en 1772
sin que nadie hubiera extraído antes los nombres que en él aparecían, los bienes que s e
legaban o cua lquier otro dato acerca del testador . Nos es ahora esquiva la fortuna con la
que sí contamos para la petición de Elizabeth Osborn sobre los bien es de Thomas
Osborn en 1751, cuy o or iginal, por cierto, fu e igualmente pasto de las llamas en 1942.
Sin posibilidad alguna de clarificar si alg uno de los dos sujetos escondía detrás al
169 “Osborne, Thomas, of E xeter, 1772” , en Ed ward Alexan der FRYA (ed.): Calen dar of Wills… , pp .
499 .
1 15
Thomas Osborne hij o de Thomas Osborne d e Exeter y estando perdidos ambos
documentos, la vida de este Osborne queda irr eversiblemente oculta.
Restaría sólo versar sobre un Osborne para que quede completo el análisis de la
ge n eración familiar que antece d e a los Osborne de Hol y T rinit y . Hermano del Thomas
Osborne qu e ha pro tagoniz ado los párr a fos anteriores y tron co originario de la si guiente
ge n eración de la familia en Exeter , de Peter Osborne 170 se hizo mención al comienzo de l
presente epígrafe cuando se introdujo a su hijo homóni mo, el cabeza de f amilia de los
Osborne d e Hol y T rinity . Lo que entonces se señ aló se rá combinado ahora con aquellos
pocos datos que sobre él quedan por revelar , toda vez que su figura es poco más que una
silueta en la Historia debido al escaso número d e documentos en los que él apa rece, ya
fuese como juez o como parte. Por ejemplo, al igual que sucediese con su hermano
Thomas y su h ermana El izabeth, nos es del todo imposible determinar su l ugar y fecha
de nacimiento, aunque es de suponer que ambos hechos tuvieron lu gar en la capital de
Devon durante la primera o segunda d écada del siglo XV III .
Sí sabemos – y expusimos -que Peter Osborne fue aceptado como aprendiz en e l
taller o c asa del “fuller” S amuel W ardell en septiembre de 1734 y qu e el año anter ior su
nombre había sido es crito como principal garant e de las últ imas voluntades de su tío
Peter Osborne de Stoke Gabriel. Recibiría el grueso más valioso de la herencia cuando
su tía Grace Osborn e falleciese, un acontecimiento que tampoco podemos situar en el
tiempo y que, po r consiguiente, arrastra la imposibil idad de sab er cuándo heredó P eter
Osborne lo lega do por su tío, a unque sí podemos de cir que, bien fuese por ha ber
recibido y a los bienes o por el desempeño pr ovechoso de su oficio de “fuller”, en
febrero de 1747 tenía y a la independencia econó mi ca suficiente como para poder
contraer matrimonio con S arah Buckland en la i glesia y parroquia de St. Georg e the
Marty r de Ex eter . Entroncaba Osbo rne con un apellido bastante más presente en las
listas de “fre emen” de Exeter que el suy o propio y sentaba los cimientos de una familia
que sería mu y reducida en número , hecho quizás motivado por la edad de Sarah – quien
contaba con treinta y cinco años al momento del enlace- o, también pudie ra ser , porque
la tijera de la parca corta se los hilos de vida de al gunos posi ble retoños de la pareja en
sus primeros momentos o días de vida. Fuese por lo que fuese , diversas son las fuentes
170 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documentos y en tronques matrimoniales británicos y españoles d el
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – B uckland.
1 16
que apuntan a que Peter Osborne hijo, nacido e n 1751 y quien daría na cimiento a su
vez, pasa dos los años, a los Osborne de Hol y T rin it y , fue el fruto único d el matrimonio.
Cuándo fallecieron sus progenitores es un misterio . La ausencia de noticias respecto al
testamento que Peter Osborne hubo de firmar antes de abandonar el mund o terrenal o a
la administración de sus bienes relictos por parte de sus sucesores hace qu e perdamos la
pista durante su generación de la suerte que cor rieron los bienes raíces de la familia
Osborne.
En cambio, algo sí pued e ser dicho al respecto de la familia – o, más bien, del
apellido- de la matriarca de la generación. Seis o siete fueron los individuos ape llidados
Buckland que formaron parte de los “freemen” de Ex eter entre diciembre de 1695 y
finales del siglo XVIII , a unque no siempre podamos distinguir entre ramas de un mismo
linaje o distintas familias que compar tían apellido 171 . L a problemática no supone
novedad alguna para nu estra exposición, pues ya con ella tuvimos que lidiar al tratar a
los propios Osborne. Así, conociendo que el padre de Sarah Buckland – después
Osborne- s e llamaba W illiam, resulta plausi ble cronológicamente que él fuese el
W illiam Buckland que en el año de 1706 in gre s aba como aprendiz de tonelero en el
taller de J ohn P erryman. Que cinco años d espués bautiz ase a su hija Sa rah en St. John
contando, quiz ás, con algo más de veinte años de eda d, entra d entro del desarrollo
lógico de la vida d e al guien que y a ha aprendido u n oficio y que lo d esarrolla de manera
independiente, pero tal aserto no puede ser aseve rado con ning ún document o. Más de
sesenta años más tarde, el veintiséis de agosto de 17 65, otro W illiam Buckland s e
presentaba como hijo su yo para ocupar por d erecho sucesorio la vacante que dejaba su
padre entre los “freemen” de Ex eter . De referirse ambos apuntes al mismo individuo, tal
y como parec e ser , W illiam Buckland p adre rondaría los ochenta años al momento en el
que se produjo su óbito, una vida ex tensa que bien pudo condensar en el poder y en el
testamento que fueron re gistra dos en Exeter en 1 764 y 1765, respectivamente 172 . Para
infortunio nuestro y com o también ocurriese en e l caso d e varios Osborne, de ellos no
restó sino ceniza tras la Segunda Guerra Mundial, imposibilitando demostrar la filiación
de Sarah Buc kl and – des pués Osborne- con tales W illiam Buc kland. La frustración del
historiador se hace total al comprobar que la p artida matrimonial que otorgaba validez a
171 El índice o n omástico de los Buckland que fuero n “freemen” de la ciudad, Marger y M. ROWE y
Andrew M. J ACKSON (eds.): Exeter Freemen 126 6-19 67, pp. 3 98.
172 Ed w ard Alexander FRY A (ed.): Calen dar of Wills… , pp. 21 y 270.
1 17
su unión con Peter Osbor ne no hiciese apunte nom bre al guno de t estigo: “Peter Osborn e
& Sara h Buckland both of St. J ohn in Exon. Marria ge. Februr . 14, 1747” 173
Años más tarde, en 1815, cuando el apellido Buckland ya era sol amen te un
recuerdo para los Osborn e contemporáneos, se ot org aba un testamento en Ex eter que sí
puede aportar al go más de luz a los interrog antes abiertos sobre quié ne s eran los
Buckland que habitaban la ciudad por entonces. Frente al W illiam Buckland hijo
mencionado en el párrafo anterior del que nada sabemos, el testamento al que ahora
hacemos referencia fu e fi rmado por otro W illi am Buckland que se decía d e la parroquia
de Saint Mary Arches y vendedor de lino de profesión 174 . A lo largo de las numerosas
pág in as que constituyen su testamento, Buckland dejaba fijado el reparto d e los bienes –
el valor del conjunto se acercaba a las cuatrocientas cincuenta li bras es terlinas - que
poseía a su muer te de forma y manera que su futura viuda, llamada Mar garet, heredaría
ab solutamente todas sus posesiones. La herencia sólo recaería sobre s us dos hij os
varones, J ohn y W illiam, y sus tres hijas, Elizabeth, Jane y Marianne, una vez la madr e
hubiese fallecido. ¿Existe algún apunte que nos permitan cone ctar a estos Buc kland con
quien pasó a formar p arte de los Osborne? La respuesta es n egativa. Nada en el
documento demuestr a o señala relación familiar , siquiera lej ana, con lo s Osborne d e
Holy T rinity que sí eran contemporáneos a ellos, l o cual no es óbice para q ue señalemos
que la ocupación de W illiam Buckland padre y su s hij os John y W illiam en el negocio
de los textiles, así como los bienes que aparecen inventariados en el test amento sí se
asemeja rá n bastante a lo que habremos de encontrar al tratar a los Osborne de Hol y
T rinity .
Para con cluir el pres ente epígrafe, decir que frent e a los parcos, indirectos y , en
muchos casos, inciertos datos con los que contamos para reconstruir las vidas de los
Osborne que les antecedieron en el ti empo, sí pueden ser conocidas con detalle las
vivencias de los miemb ros de la f amilia en la que crecería el Osbo rne que ac abaría
emigrando a Cádiz. S i con las páginas que han antecedido h emos puesto de manifiesto
el ori ge n del cabeza d e familia de los Osborne de Hol y T rinit y , d esvelando la ex tracción
social a la que p ertenecía el apellido y establec iendo su implicac ión en la sociedad
inglesa de los siglos XV II y XV III , llega ahora el momento de acometer idéntica tar ea
173 DHC, PR1, Parish of St. Geor ge the Martyr, Mar riages, 1681 - 1752.
174 “I W illiam B uckland of the Parish of Sain t Mary Arches in the city of Exe ter, linen draper ”, DHC,
IRW, B 1742, Will of Willia m Buckland, 1 815.
1 18
sobre la otra mitad neces aria p ara que quedas e configurada la familia que vivió en Hol y
T rinity . La condi ción social de Eliz abeth Mann, futura esposa de Thomas Osborne y
ma dre de Peter Mann, Thomas, Elizabeth y Sarah Osborne, resulta clave par a
comprender la unión entre los apellidos Osborne y Mann y las distint as sendas que
tomaron los vástag os qu e nacieron del matrimonio 175 .
El origen de los pr ogenitor es: los Mann .
Al abordar la tarea d e ex plicar hist óricamente a los Mann nos encontraremos
problemáticas que ya han aflorado cuando inquirimos sobre los Osborne, los Buckland
o cualquiera de las otras familias que salieron a colación en p áginas ante riores. El uso
único del apellido paterno o la ausencia de documentos referidos a los dist intos
miembros de la saga – pensamos de nuevo prin cipalmente en sus testamentos, bien sea
por no haber sido generados en sus respectivos m omentos o porqu e fueron destruidos a
posterioridad- serán condicionantes que volverán a reprodu cirse al fijar l a atención en
los orígenes de Elizabeth Mann. Por fo rtuna y aunque nuestro conocimiento respecto a
su linaje se vea e n parte medrado, de una u otra manera podremos sortear dichos
obstáculos y enlazar secuencialmente a un individuo ll amado Edward Ma nn con otros
do s que respondieron e n vida al nombre de W il liam Mann, resp ectivamente abu elo,
padre y hermano de qui e n fue se la esposa de Thomas Osborne.
Eran los Mann similares en muchos aspectos a lo s Osborne del Ex eter del Siglo
de las L uces. Echando mano nuevamente a l a lista de “freemen” de la ciudad
encontraremos al apellido liga do a dos profesiones –la d e “fuller” y la de “merchant” -
que han aparecido y a no pocas v eces en nuestra exposición de hechos. D el primero d e
los Mann de quien tenemos constancia, el abuelo de Elizabeth, decir que comenzaba su
aprendiz aje del oficio de “fuller” de mano de Andrew Jef fer y el día dos d e mayo del año
1696 176 . Edward Mann anticipaba en apenas tres añ os al pionero de entre lo s Osborne,
pero a diferencia de aquel Thomas Osborne, Mann sí ejerció de manera prolífica el
magisterio d e su propio oficio. E ntre los años 17 22 y 1738 no fueron menos de siete los
individuos ajenos a su familia – Thomas Smerdon y John Harve y en 1722, un tal Robert
175 Ver Anexos, La histor ia fa miliar. Documento s y en tronques matrimoniales britá nicos y españoles del
apellido Osborne, si glos XV II -XX, Entronques matrimon iales británicos y espa ñoles del apellido
Osborne, Osbo rne – Ma nn.
176 Marger y M. ROWE y Andrew M. J ACKSON (ed s.): Exe ter Freemen 1 266 -1967, pp. 200.
1 19
de quien no consta apellido en 1724, Arthur Hutchings just amente diez a ños después,
Richard Lascells en 1737 y , por últim o, Geor ge Hartnoll en 1738 177 - que Edward Man n
acogió en su taller , instru y endo o ficialmente tam bién a su hijo W illiam Mann a partir
del veinte de abril d e 1 731 . C on él acabaría compartiendo ne gocio – al menos- desde
1737 178 , just o en el año en que se produ cirá un cambi o en la etiqueta con la que los
Mann aparecían en el listado de “f reemen” de Ex eter , pasando en adelante a ser
referidos como “merchants” y no como “fullers”. La m udanz a a l nuevo t érmino no es
banal, sino que viene a refl ej ar el salto cualitativ o que ambos protagoniza ron dentro del
sector del texti l de Devon. Con un volumen superior a l as ciento ocho mil quini entas
libras, Garc ía Fernánde z señala a la pareja for m ada por padre e hijo como los segundos
mayores importadores de lana castellana de Ex eter 179 . Edward Mann r atificaría la nueva
denominación de su desempeño al unirla a su nombre y firma en el que habría de ser su
testamento definitivo. Corría el día vi gesimoctavo de octubre de 1738 cuando estampó
en él su sello 180 .
Quizás Edwa rd Mann estuviese enfermo por entonces, pu es su óbito no tardó en
producirse. Ni seis meses pasaron hasta que su viuda y albacea tuvo qu e presentarse
ante la J usticia de Exeter para jurar que su marido había fallecido y solicita r el reparto
de sus bienes de acuerdo a su volunt ad. El documento en el que Edward Mann dictab a
cómo habrían de ejecutarse sus disposiciones s e alzará como la prin cipal fuente de la
que nos valdremos para conocer el árbol genealógico y el patrimonio material de los
Mann durante buena parte del si glo XVIII. Y es que el contenido del mismo no es
desprec i able. Pres entan l as hojas a una familia de tamaño reducido para los cánones de
la época, con Edward Ma nn y su mujer Franzes M ann al frente y sólo con d os hijos, uno
por cada sex o, el ma yor ll amado W illi am y ella Franzes, quien no llega rí a a conta r los
veintiún años de edad cuando se produjo el f allecimiento de su padre . T enía l a familia
como sust ento económico principal la actividad comercial de Edw ard Mann, pero su
testamento también refiere algunos bienes raíces – en forma de tierras- dentro y fue ra de
Exeter y la tenencia de una tabe rna –llamada “The Mitre T avern” - en la parroquia de
177 Marger y M. ROWE y Andrew M. J ACKSON ( eds.): Exeter Freemen 1 266 -1967 , pp. 231, 236, 2 37,
251 y 25 8, resp ectivamente.
178 Ibid . , pp. 243 y 2 58.
179 María Nélida GARCÍ A FERN ÁNDEZ: Comercia ndo con el enemigo : el tráfico mercantil ang lo -
españo l en el siglo XVIII (1700 -1765) , Madr id, C onsej o Superior de Investigaciones Científicas,
2006, pp. 656.
180 “the said E dward Ma nn have hereinto set my hand a nd seal this, twent y eight da y o f O ctober and in
the year of Our Lord One thousa nd seven hundred and thirty eight ” , NA, P ROB, 11 /695/408, Will of
Ed w ard Mann, merchant of E xon, Devon.
120
Saint Mar y in the Moor que en 1738 tenían subarrendada a un tal John R omello 181 . P or
voluntad de Edward Mann, todo ello j unto con mil libras esterlinas en dinero contante y
sonante habría d e ser entregado a su viud a una vez él hubiese fa llecido 182 , no perdie ndo
el testador la opo rtunidad de utiliz ar su testame nto para re afirmar l a autoridad de su
futura viuda sobre sus do s hijos al proveerla en lo material y en lo inmaterial de m anera
suficiente. De lo juicioso y conveniente que a ella le pareciese un posible matrimonio
deseado por su hija antes de alcanzar la edad de veintiún añ os dependería que Franzes
Mann hija recibiese en el día de su boda las do s mil libras esterlinas que su padre le
legaba o bien, en el caso de que su madre viese con disgusto l a unión, que hubiera de
esperar hasta te n er tal edad para poder disfrutar del legado 183 .
Que no se hubiese hec ho mención a la casa famili ar entr e los bienes a heredar se
explica al conocer que l os Mann la habitaban en régimen d e tenencia por vidas 184 – un
sistema mu y extendido en los medios rurales hasta el siglo anter ior , que implicaba par a
el arrendatario un fuerte desembolso inicial y un a renta anual más modest a, además de
contemplarse un pa go extraordinario cada vez que se inclu y ese una “vida” en el
contrato, es decir , un nuevo familiar que extendiese la duración del arrendamiento 185 - .
Un baronet llamado sir J ohn Colleton era su p ropietario, pero Franzes Mann madre
tenía derecho a vivir en ella durante el resto de sus días 186 y t ambién la o bligac ión –
impuesta por Edw ard Mann- de asegurar la continuidad de la familia en la casa
añadiendo más herederos al contra to de tenenci a. Habría de ser hogar p ar a W il liam
181 “Item all t hat my [ …] tene ment on ta vern situate lyi ng and being in Bulhill street in the parish of Saint
Mar y the Mo or in the city o f Exon called by t he name of the Mitre Tavern f o rme rly i n t he possession
of Elizab eth Das hwood and late in the possession of J ohn Romello toget her with the forepar t thereo f
formerly in the po ssession o f J ohn Smart a nd late in the po ssession of [espacio en blanc o] [ilegible]
with the appurte nances a nd all o ther my La nds of Inherita nts sit uated lying and being within the said
city of Exo n or elsewhere within t he Kin gdo m o f En gland I give and beq ueath into my said wife
Franzes Ma nn her heir s and assigns for ever.[…] to w ho m I giv e and bequeath all other my lea sehold
Estates and all the rest and residue of my Good s and Chattels and T esta men tar y Estate whatsoever”,
NA, PROB, 11 /695/408 , Will of Ed w ard Mann, m erc hant of Exon, Devon.
182 “Im p rimio my w il l is t hat the sum o f o ne thousand pound s settled by me o n my now wife Fra nzes
Mann be in the first place satis fied and paid”, Ibid.
183 “I give i nto my d aughter Fra nzes Mann t he sum o f two thou sand po unds to be paid her at her attai ning
the age of twe nty one years or day of marriage with shall first happen with the consent a nd
approbatio n of her mother”, Ibid .
184 “[…] i n case o f t he d eath of a ny life or lives by which the said house w it h t he ap purtenance s no w is or
during t he life o f my said w i fe shall be hold by lease from Sr. J ohn Colleton Bar onet his heirs and
assignees my said wife shall at her o wn co st and charges within one year next after the de ath of such
life or lives rene w and fill up s uch lease b y adding one or more life or lives in the roo m”, Ibid .
185 Willia m Geo rge HOSKI NS: Devon , pp. 88 -91.
186 “I give and bequeat h into my said wife Franzes Ma nn the house I now live in with al l and singular
appurtenances thereunto belongin g during t he ter m of her natu ral life she keeping the s a m e in good
repai r provided al w a ys”, NA, PROB, 11/695/408 , Will of Ed w ard Ma nn, merchant o f Exon, Devo n.
121
Mann hijo a la muert e de su madre y para Franzes Mann hija a la de su hermano o bien
en el preciso momento en el que el primogénito de la familia rehusa se incluir a algún
otro miembro de l a famili a cuando ocurriese un óbito que afectase al futuro de l
arre nd amiento 187 . Sin importarle el tiempo que hubier a de transcurrir entre que sus
directrices fuesen puestas sobre el papel y cuando tuvieran que ll evarse a la práctica,
Edward Mann pretendía guiar los pasos futuros sus familiares. El apego que mostraba
por la casa en la que vivió es cla ro y manifiesto.
Guarda el testamento de Edward Mann al gún paralelismo con el que Peter
Osborne de Stoke Gabriel firm ó un lustro antes. Mann recurría también a l a inclusión de
clausulas que resultarían lesivas para aquellos herederos que no aceptasen sus dictados,
siendo el destinatario en su caso W illiam Mann, su primogénito y único hijo varón.
Aparecía c itado en el testamento un tal J ohn Havill – quizás un criado del finado, pue s se
refería que vivía con él- que recibiría quinientas libras esterlinas al año del fallecimiento
de Mann si durante tod o ese periodo se ocupaba de a y udar a la viud a a reunir las
propiedades r elictas 188 , pero Edward Mann sabía que más que toda la ayuda que l e
pudiese conseguir , los bienes y las cantidades en efectivo que le pudiera l egar , su viuda
tendría un a ma yor gara nt ía de futuro si Mann lograba el buen con curso d e su hijo en su
cuidado. Intentaba el padre de f amilia que su viuda no que dase, t arde o tempr ano,
desamparada y carente de un medio de vida y por ello esbozó y dictó qu e nada mejor
para conseguirlo qu e li gar la her encia de su hijo al trato que tuviese para con la futura
viuda, resumida en una disposición tan sangrante como sonrojante: “si mi referido hij o
rehúsa o descuida el cumplir con mi mencionada albacea, entonces y en ese ca so le leg o
la cantidad de cinco peniques y n ada más” 189 . Obedecer lo mandado por s u padre, en
cambio, le saldría económicamente bastante m ás beneficioso. Si dur ante el año que
187 “[…] and af ter the death o f my said wife then I giv e and bequeath my sa id house with the
appurtenances unto my said so n W illiam Ma nn during his natural life he keepi ng the same in good
repair p rovided always that in case of t he death o f any li fe or lives b y which t he sa me shall be hold
after the dea th of my said wif e and duri ng the life o f my sa id son, my said son s hall at his own costs
and charge s within one year nex t after the deat h of an y life or lives likewise rene w a nd fill up s uch
lease b y adding one o r more life or li ves i n the roo m of a ny life or lives so d ying in tru st and for the
use of my said daughter Fra nzes Man n and fro m a nd after the death of my said son or in case my said
son s hall re fuse o r neglect to fill up the said lease as a foresaid w ithi n t he ti me ab ove li mited for that
purpose then I give a nd bequeath the said house with the ap purtenances u nto my said daughter
Franzes Ma nn her Executor s and a ssign ees”, NA, PRO B, 1 1/695/408, Will of Ed ward Ma nn,
merchant of E xon, Devon.
188 “I give a nd bequeat h into J ohn Ha vill now living with me t he sum o f five hundred p ounds to be paid at
the end o f o ne year ne xt aft er my d ecease p rovided he d oth and s hall d uring t h at tim e assist my
Executrix in gett ing home my Estate and Effect s ” , Ibid.
189 “[…] my said son shall refuse or n e glect to release and discharge my said E xecutrix as aforesaid then
and in such case I give him the sum of five shilli ngs and no more”, Ibid.
128
en la iglesia parroquial de Hol y T rinity . Años h abrían de pasar hasta qu e en la última
década del si glo tengamos de nuevo notici as de Peter Mann Osborne, p ero más aún
tendremos que esperar para que Elizabeth y Sarah Osborne vuelvan a aparecer en
documento histórico alguno. Comencemos de for ma cronológ ica a mostrar el
conocimiento desig u al que tenemos de los tres hermanos de Thomas Osborne.
Serán los pasos del prim ogénito de l a familia los primeros que se revelen , algo
lógico por partida doble. Por simple cuestión de edad le correspondía a él comenzar a
labrar su futuro antes qu e el resto de sus hermanos, hecho al qu e habrá que sumarle que,
por nacer varón, las fuentes documentales se muestran más benévolas con él que con
sus hermana s Elizabeth y Sarah Osborn e. Cuand o habían transcurrido di eciocho años
desde su bautizo en la igl esia parroquial de Hol y T rinity d e Exeter , Peter Mann Osborne
ingre s aba en el Exeter College d e la Universidad de Oxford. Es de su poner que sus
primeras letras las h abía aprendido en el “Ex eter Free Grammar School”, una escuela
crea d a en o rigen para d ar una educación clásica a los hijos de los “freemen” d e la
ciudad en el siglo XV III y que para la si guiente centuria se había convertido en el centro
educativo por excelenc i a para las fa mili as que regían la vida económica, políti ca y
relig iosa de la ciudad, el lugar donde sus vástagos adquiría n la formación que les
permitiría, años más tarde, jugar activos papeles en los negocios, dar el salto a una
ocupación p rofesional más que di gna o bien a pisar las aulas d e las principales
universidades in glesas 207 . Por el último de los supuestos se decantó Peter Man n
Osborne, cu yo nombre queda rí a inscrito el trece de noviembre de 1796 entre los del
resto de estudiantes del Exeter Coll eg e a la par que entraba en las mismas aulas que un
siglo antes habían acogid o a su tí o bisabuelo Daniel Osborne, quien record emos que fue
primero estudiante y lu ego mi embro del claustro. Puesto que Daniel Osborne fue
inhumado en la propia capilla del Exeter College tras fallecer por viruela en 1710, n o
cuesta imaginar al joven Peter Mann Osborne pos ando su mirada en la l ápida de piedra
grisácea en la que se enc uent ra epigrafiado e l nombre de su antepasado, quiz ás
interrogándose a sí mismo acerca d e lo fu ga z de la vida humana o prometiéndose seguir
los pasos de su otro tío abuelo que estudió en Ox ford, el reverendo Pe ter Osborn e,
hermano del finado.
207 Robert NE WTON : Eighteen th century Exeter , p p. 28.
129
En el año de 1800 Peter Mann Osborne obtenía el título de “ Bachelor in A rts ” 208
que le acreditaba la sufic iencia curricular necesari a para conseguir ser o rdenado diácono
en 1801 y pastor en 1802. Podemos contextualizar su estancia en la Universidad de
Oxford dentro de l as últimas décadas de la tendencia bajista en las matriculaciones de
estudiantes que Lawrence Stone marcó entre 1670 y 1810, expli cada para el tiempo de
Peter Osborne Mann p or lo poco atractivo que resultaba acudir a la Universidad
teniendo en cuenta qu e la salida única que o frecía era la Iglesia de I n glaterra y sus
limitadas – y no demasiado bien remunerad as - posiciones 209 . De finitivam ente era l a
vocación lo qu e llevaba a alguien – siempre y cuando su familia pudier a permitírselo
económicamente- a la Universidad de Oxford, caso de un P eter Mann Osborne que tras
pasar por ella fue ca p az de regresar a su condado originario y servir en l a parroquia rural
de Shilli ngfor d antes d e pasar a l a de S t. S tephen de Ex eter en 1814 210 . Para entonces y a
ostentaría el grado académico de “Master in Arts” , ex pedido a su nombre por la
Universidad de Cambrid ge en 1810 tras su esta ncia en el Sidne y Colle ge 211 . Su carrer a
eclesiástica estaba lejos a ún de llegar a la cima, pero es conveniente no ade lantar
acontec imientos y resp etar el orden cronológico que queremos imponer en el presente
epígrafe. Ex pongamos ahora qué fue de sus hermanas para la dé cada final del sigl o
XVIII y las primeras del X IX.
Menor será el grado de c ertidumbre del que haremos gala al trat ar la s inf ancias y
adolescencias de Elizabeth y Sarah Osborne. Por la condición social de su familia no
hubiera dese ntonado en l a época que ambas recibie se n algún ti po de instruc ción, eso sí,
más encaminada a asentar en las dos hermanas los principios morales que
posteriormente habrían d e regir en sus casas al in dependizarse que a c rear en Elizabeth
y en S arah Osborne una inquietud int electual. C omo señalaba J onathan Swift, fervie nte
defensor de la ilustración femenina, aquellos varones q ue se congraciaban con la
corriente de pensamiento más ex tendida – que no era la su ya- veían a la mujer
encomenda d a en su matr imonio a traer hijos al mundo y a dedicarse a s u cuidado, así
208 « O sborne, Peter Mann», en Jo seph FOSTER: Alumn i Oxonienses .. . 1715-1886 … , vol. I II, 1 888, pp.
1046.
209 Lawrence STONE: « T he size and composition… », en Lawrence ST ONE ( ed.) : The university in
society…vol. I… , p p. 38 -39 y 51.
210 L as referencias eclesiástica s de P eter Mann O sborne, « Osbo rne, Peter Mann (C CEd Person ID
146025 )» , The Clergy of the Church…, Recuperado d e Internet
(http://www.thecler gydatabase. org.uk ).
211 Jo hn A. VENN: Alumn i Cantab rigienses. A b iographical list of all known students, gradua tes and
holders of office at the University of Cambridg e fro m th e ea rliest ti mes to 1 900 , Part II, From 175 2 to
1900, Cam brid ge, Cambridge Universit y Press, 19 52, Vo l. IV, pp. 604.
130
como a llevar el control y gobierno de su propia c asa, unas ta reas qu e requerían del
suficiente tiempo – si eran abordadas de la manera correc ta - como para que la esposa no
distrajera su mente en la búsqueda de un conocimiento banal para lo que le era propio.
La pena a purga r en caso contrario era convertirse en una mujer pretenciosa y
descuidada para con s us obligac iones , diría Swift de su tiempo 212 . Con tale s
presupuestos ideológicos y culturales que a la altura del siglo XVIII hund ían sus raíces
hasta dos centurias atrás en el tiempo – desde que los calvinistas ingleses consiguieron
conquistar las mentalidades de la “gentry” del país y , con ello, recluir a l as mujeres en el
hogar familiar -, no ex traña que el nacimiento de una hija no fuese celebrado por los
padres como lo hubiera n hecho de haber tenido un hijo varón 213 . Nada cambiaría en
absoluto en la instrucción de las mujeres en Exeter hasta que el sis tema educativo fue
reformado en la déca d a de los setenta del siglo XIX 214 .
Coincidiendo en el ti empo con las vidas de Elizabeth y S arah Osbo rne, la
escritora inglesa Mary W ollstone craft denunciaba a través de su Reflexiones sobr e la
educación de las hijas que la propia inst rucción que recibían de niñas condiciona ba de
por vida sus capac idad es, no permitiéndoles lo limitado de los conocimientos que
adquirían sacar nada de provecho de ellos 215 . Pretender que, adem ás, con aquell a
deficiente educación las mujeres se compo rtasen sin tacha era a juicio de otra feminista
contemporánea de W ollstonecraft, Hannah More, una clarísima injusti cia que la
sociedad in glesa cometía contra buena part e d e los individuos que la integraban 216 . Es
una incógnita q ué opinión les mere cían a mujeres como Eliz abeth y Sarah Osborne
pensamientos tan avanz ados como los de W ollstonecraft o Mo re. Al i gual que ha
ocurrido cada vez que hemos puesto nuestra atención en las féminas de la familia, la
212 “That t he great end of marria ge is prop agation: t hat co nseq uently, the pr incipal bu siness o f a wife is to
breed chi ldren, and to ta ke car e of t hem in their infancy, that the wife is to look on her fa mily […] that
her w hole business, if w ell p erfor m ed , w ill ta ke up m os t hours of t he da y [ …] that all affection to
knowledge, beyond wh at is merely do mestic, render s the m va i n, co nceited a nd p retending […] ”,
Jonathan SW IFT : « Of the Ed ucation o f Ladies», citad o p or W . SCOTT (ed.) : Works , Edinburgh,
1814 , recogido por Lawrence ST ONE: Th e family, sex a nd marriage… , pp. 344 .
213 J anet A. T HOMPSON : Wives, widows, witches an d bitches. Women in 17 th century Devo n , New York,
American Universi ty Studies, 1993 , pp. 8.
214 Robert NE WTON : Eighteen th century Exeter , pp . 28.
215 “Girls learn something o f music, dr awing, a nd geograph y: but they do not know e nough to engage
their atte ntion, and render it and employment of mind”, Mar y WOLLSTONEC RAFT : Thou ghts on
the ed ucation of daughters (1788) , recogido por Anne DI GBY y Peter SEARBY: Children , scho ol
and society in nineteen th England , Ho ng Kong, The MacMillan Press Ltd ., 1981, pp. 199.
216 “It is a singular injustice whi ch is often exercised to wards women, first to give the m a most defective
education, and then to expect fro m t hem the most undevia ting p urity o f co nduct; to train t hem in such
a m a nner as s hall lay t he m o pen to the most da ngerous faults, a nd then to censure the m for not
proving faultless”, Hannah M ORE: S trictures on the Modern System o f fema le education (1 799), vol
I. p. I X, recogido en Ibid. , pp. 46.
131
gran ma yoría de las referencias que Elizabeth y Sarah Osborne generaron a lo lar go de
sus vidas están ligadas a sus condiciones de madres y esposas. Cumpl ían con lo que de
ellas espera b a la ma y or parte de la sociedad inglesa y , mu y posiblemente, también lo
que desea b an Peter Osbo rne y Elizabeth Osborne madre.
Ante el párroco John Bradford y bajo la mirada de su p adre, Eliz abeth Osborne,
la hija may or de la familia, contra ía matrimonio con J ohn Hamlin el día tr es de febrero
de 1806 en la iglesia d e Hol y T rinit y 217 . Además de r eferir la p resencia de los dos
contraye ntes y la del pad re de ella, la entrada que recogió el acto en el libro de registro
de la pa rroquia informab a acerca de J ohn Hamlin al decir que era de profesión pana de ro
y parroquiano también d e Hol y T rinit y . Un nuevo apellido entra en la escena f amiliar
con el esposo de Eliz abet h Osborne y otro más har ía su entrada el tres de mayo de 18 12,
día en el que Sarah Osborne imit aba a su madre y a su he rmana ma y or celebrando su
matrimonio con Christopher Saunders en la ig l esia parroquial de Hol y T rinity 218 . A
diferencia de los Osborne y de J ohn Hamlin, Sa unders, quien al igual que Hamlin era
panadero, no era vecino de Hol y T rinit y sino de la peculiar Saint Edmund-on-the-
Bridge 219 , una parroquia en la que desembocada l a transitada Fore Street y que tenía
construida su iglesia y g ran parte de su v ecindario sobre el puente que cruzaba el rio Ex .
Saunders, como habían hecho Peter y Eliz abeth Osborne al casarse, recurrió a la
obtención de una lic encia matrimonial para qu e tanto él como su futura es posa pudieran
salvar el tr ámite de mostrar públicamente en sus respectivas parroquias la s
amonestaciones que info rmaban de sus intenciones matrimoniales. Dos días antes de
que la ceremonia fues e oficiada, Christopher se acercaba a la i glesia d e Saint Edmund y
juraba por sí y por Sarah Osborne el acatamiento de los re quisitos que el párroco James
Newcomber , en nombre de la I glesia de I n glaterra , imponía a los futuros
contraye ntes 220 . John Bra dford, el mi smo párroco que había c as ado en 1806 a Eliz abeth
Osborne, celebró una un ión que tuvo por testigos al padre y a la herm ana mayor de
Sarah Osborne.
217 DHC, P arish o f the Ho ly T rinity, Marriage s, 180 6. A par tir d e entonces E lizabeth Osbo rne pasaría a
ser referida en las fuentes co m o Elizabeth Hamlin, no estando exento de prob lem á tica p ara nuestro
propósito tal ca mbio. Coincidi ría en Exeter la mu jer de John Ha mlin co n al menos otra per sona co n la
que compartiría nombre y a pellid o, una E lizabeth Hamlin que estuvo casada con un tal Richard
Hamlin, te niendo a m bo s su r esidencia e n Magdale n St. y falleciendo ella en 1833 a los cincuenta y
tres años de ed ad. Los dato s d e la última de las referidas, DHC, P arish o f t he Ho ly Tr in it y , B urials,
1833 . Nº 1043.
218 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Marriages, 181 2.
219 The Universal B ritish Directo ry… , pp. 8- 9.
220 DHC, MBE -A, Devon, Ma y 1812 .
132
Al respecto de los oríge nes familia re s de quienes entroncaron con las hi jas de
Peter y Elizabeth Osborn e, decir que solamente podremos detenernos en e l análisis del
apellido de J ohn Hamlin y sin poder determinar su filiación con se guridad 221 . V arias son
las fuentes en las que aparecen referidos individuos que con tal apelli do ha bitaron
Exeter – y otros puntos del condado de Devon- en el siglo XVIII, siendo multi tud los
empleos en los que se ocuparon. En Crediton, una localidad situada en mitad geográfica
del condado, un Charles Hamlin dedicado a la industria texti l – apare c e citado como
“ser gemaker” - aseguraba contra incendios en enero de 1749 por v alor de doscientas
libras esterlinas las existencias y bienes domésticos que estaban en su casa y almacén,
cobijados todos ellos entre muros d e ladrillos y bajo tech o de tejas 222 . T ranscurrida s
cuatro o cinco décadas y sin que saber más qu e compartían apellido y profesión, un
James Hamlin aparecía referido en el British Dir ectory habitando o ejerciendo en Exe -
lane, y a en la capital del conda do 223 . No sería el único de su apellido en Exeter , pue s
para el periodo compr endido entre los años 1708 y 1818 no fueron menos de siete los
Hamlin que encontramos en el listado de “freemen” 224 . J unto a toneleros, carpinteros ,
barberos y algún otro que pareció ser comerciante, John Ha mlin , quien se convirtiese en
esposo de Eliz abeth Osborne , aparece ap rendiendo el of icio de pa nadero de un tal
Richard Gould a partir d el día siete de julio de 1802. En marzo y junio de 1818 sería él
quien ace ptas e a dos apr endices provenientes de fuera de los límites de la ciudad , John
Hemens de Bradninch y George Drake Bicknell de Pl y mouth 225 . Para entonces y a era un
hombre casado y con de s cendencia.
Elizabeth y S arah Osborne, y a como Hamlin y S aunders, respe ctivamente,
continuaron viviendo en Exeter tras sus matrimonios . L a primera d e ambas en t ener
descende n cia fue precisa mente la menor y quien más tarde había casado. Sarah daba a
luz en febr ero de 1813 a una niña que s ería ba utizada el día diecisiete como S arah
Elizabeth, uniendo en su nombre los de su madre, abuela y tía 226 . L a menor de las hij a s
de los Osborne de Holy T rinity compartió n ecesariamente tiempo de embarazo con su
221 Cuando co nsultamos el lista do de “freemen” de Exeter que ed itasen M. M. Rowe y A. M. Jackson
erramos al obviar la po sible presencia e ntre ellos de los Saund ers.
222 Stanley D. C HAPMAN : The Devo n cloth ind ustry in the Eighteen th Century. Sun Fire Office
Invento ries of Merchant’s and man ufacturers prop erty, 17 26 - 1770 , Torquay , Devon & Cor nwall
Record So ciety , Ne w Series, vol. 2 3, The Devonshire Press Ltd., 19 78, p. 19.
223 The Universal B ritish Directo ry…, pp. 19.
224 Para el índice onomástico en el que aparecen los Hamli n, Marger y M. ROWE y Andrew M.
JACKSON (ed s.): Exeter Free men 12 66-1967, pp. 418.
225 Ibid. , pp. 337, 349 y 352.
226 FPB M, Pedigree of the Osbor nes of Ashton, Stoke Gabr iel and Exeter, s. f.
133
hermana ma yor , pues cinco meses más tard e de haber alumbrado a Sara Elizabeth, en
julio de 1813, Elizabeth Saunders daba a luz a una niña que recibió e l nombre de
Franzes Elizabeth 227 . Sería bautizada en la iglesia d e Hol y T rinity , familiar por acoger
cada una de las celebrac i ones sacra ment ales de los Osborne y templo que correspond ía
a sus padre s Christopher y Elizabeth Saunde rs por haberse asentado ambos tras su
matrimonio e n una calle ex tramuros llamada Holloway , dentro de los límites de la
parroquia. Sin abandonar lo que las fu entes parroquiales de Ex eter nos dicen sobre la
progenie de los Osborne de Hol y T rinit y , los registros de la iglesia p arroquial de St.
Sidwell indican que en ell a fue donde el primo génito de la familia contra jo matrimonio
meses después de haberse convertido en tío por s egunda vez. El reverendo Peter Mann
Osborne desposaba a Mar tha S hore el veintio cho de septiembre de 1813 , una
parroquiana de St. S idwell e hija natural de John S hore, baronet y Lord T eignmouth
desde principios y finales de la de la d écada de 1790, respectivamente 228 .
Martha Shore había n acido en la India hacia 1785 cuando su padre aún estaba
soltero. El después Lord T eignmouth llevaba a llí desde 1769 sirviendo en distintos
car gos de administración y gobierno de la Co mpañía de las Indias Orientales – una de las
“grande s entidades cuas i gubernamentales ” británicas, que diría Ho bs ba wm 229 -, no
siendo hasta junio de 1785 cuando a su regresó a Inglaterra quedó vinculado
familiarmente con el condado de Devon. V isitando en Duryard – cerca de Ex eter - a su
hermano el reverendo Thomas S hore, J ohn Shore conocería a quien al poco se
convertiría en su esposa, Charlotte Cornish. No tardarían en contraer mat rimonio, pero
el cabeza de familia regresaría corto tiempo después a la I ndia donde a crecentaría su
poder y preeminencia al ser nombrado Gobernad or General, un a posición desde la qu e
sí pudo labrarse en un lu stro la fo rtuna necesaria para asegurarse un retiro acomodado
de vuelta a I n glaterra. Para la futura esposa de P eter Mann Osborne no significó un
destierro aparente d entro de la familia ni el cambio de estado civil de su padre ni su
ausencia durante tal periodo de ti empo. Aunque su nombre no aparezca r eferido nunca
en las memorias que de l a vida de John Shore escribiese su hijo primogénito y heredero,
227 DHC, DEVON F AMILY HI STORY SOCIET Y, Th e Deanery of Christianity, the city o f Exeter , CD.
228 Una e ntrada biográf ica sobre el pri m er Lord Teignmouth, Ainslie. T . EMB REE: «Shor e, John, first
Baro n T eignmouth (1 751 – 1834) » , Oxford Diction ary of N ationa l Bio graphy . Recuperado d e I nternet
(http://www.o xforddnb.co m/view/article/227 85) .
229 Eric J. HOB SBAWM: Industria e Imperio. Historia de Gr an Bretaña d esde 1 750 ha sta n uestros día s ,
Barcelo na, Crítica, 201 1, pp. 46.
134
tal y como veremos en el capítulo cuarto de la presente obra 230 , varios son los hechos e
indicios que apuntan a que la hija natural fue aceptada, incluso, por la e sposa de
T eignmouth. La prueba más clara de ello la constitu y e su propio enlace con Peter Mann
Osborne, pues el o ficiante de la ceremonia fu e el hermano d e su p adre, Thomas W illiam
Shore, y la familia Shore – en su sentido extenso- aportó igualmente los dos testigos del
acto, Isabella Ann Shor e y Charlotte Cornish 231 .
Pudiera ser que el propio Thomas W illiam Shore fuese el vínculo por el que
quedaron conectadas l as vidas de Peter Mann Osborne y Mart ha Shore. El primogé nito
de la generación Osborne de Holy T rinit y d ecía habitar dicha par roquia al momento de
su matrimonio aunque ya señal amos que ejercía su minist erio en Shil lingford. Más qu e
en sus estancias en las un iversidad es de Oxford y Cambridge, es razonable pensar que el
conocimiento mutuo entre Peter M ann Osborn e y Thomas Shore quedo forjado a causa
de la pertenencia de am bos al clero de la Iglesia de I n glaterra en Devon. Esperar una
prueba documental que a testigüe tal afirmac ión se rá en vano, pues no podemos siquiera
encontrar una sola vez el nombre de Peter Mann Osborne entre las líne as de las misivas
de Thomas S hore que fueron publi cadas a colación de la vid a, obra y c orrespondencia
de su hermano L ord T eignmouth. Quizás pudieran haber unido sus nombres en una
misma hoja al firmar ambos las capitulacio nes matrimoniales que seguramente
antece di eron al enlace entre Peter Mann Osborne y Martha Shore, pero no pare ce
haberse preservado tal documento. Sí conocemos, por el contrario, qu e la ceremonia que
Thomas Shore oficiaría se celebró tras haber pa ga do Osborne las tasas e clesiásticas
imp uestas a aquellos que querían desposarse evitando las amonestaciones públicas. El
veintidós de septiembre, algo más de un a semana antes d e cons agrarse l a unión, P eter
Mann Osborne comparecía en la par roquia de Hol y T rinit y y juraba q ue entre él y
Martha Shore no existía impedimento legal o religioso como para que no pudieran
unirse en matrimonio bajo el amparo de l a Iglesia de Inglaterra 232 .
La s fuentes documentale s se mostra rá n también parc as a la hora de dar a conocer
los pasos siguientes al matrimonio de P eter M ann y M artha, ya Osborne. Habremos de
utilizar nuevamente el condicional para decir que q uizás fue entonces – esto es, al poco
de la boda- cuando concibieron a la hija que tuvieron en común pero que para infortunio
230 T EIGNMOUT H, Memo ir of the life an d co rrespondence of Joh n Lord Teignmouth , L ondo n, Hatchard
& Son, vol. I -II, 184 3.
231 DHC, Par ish of St. Sid w e ll, Marriages, 18 13.
232 DHC, MBA, De von, Septe mber 1813. “Peter Mann Osborne of the P arish of Holy Trinity…”
135
de sus padres la niña falleció antes qu e ellos. El nombre que le dieron no s es del todo
desconocido, haciendo q ue tras el enlace de Peter Mann Osborne el p róximo acto que
podamos referir con certeza tocante a los miembr os que formaron la familia Osborne de
Holy T rinit y se a el nacimiento en julio de 1814 del varón que Sarah Saunders tra er ía al
mundo, Thomas, de quien tampoco podremos dar demasiados detalles: se casó y tuvo
descende n cia 233 . Con su nac imiento, la familia S aunders quedaba compuesta por los
progenitores, C hristopher y S ara, y su descendencia, Sara Eliz abeth y e l mencionado
Thomas, quienes habrían de crecer la ma yor part e de s us infancias en un hogar sin la
presenc i a del referente materno. S arah Saunders, la hija menor de P ete r y Eliz abeth
Osborne de Hol y T rinity , fallecía al cumplirse la primera s emana del mes de ma rzo de
1818 durante – o a consecuencia- del parto d el que hubiera sido el te rcer retoño d el
matrimonio, un bebé que también falleció. Los cuerpos inertes de ambos eran e nterrados
en el mismo fé retro en el cementerio de St. Bartholomewe 234 . Sarah Saunde rs era
despedida cuando sólo contaba veintinueve años de eda d.
El acontecimiento hubo de sumir en una pena profunda a la familia Osborne.
Peter y Eliz abeth Osborne veían como era su hij o Peter Mann Osborne quien oficiaba el
funera l de su hija difunta 235 , y a con la soltura que ot org aba la experiencia ad quirida tras
su ministerio en la parroquia de St. Stephen de Ex eter durante el bienio comprendido
entre 1814 y 1816 y su entonces ejercicio al frente de la parroquia de Hea vitree 236 . A los
progenitores d e Sarah Sa unders les qu edaría únic amente el consue lo de las palabra s que
pronunciaría su hij o, la descendencia que había dejado Sarah H amlin y la que habría
que seguir teniendo su otra hija, Eliz abeth Hamlin. En juni o de 1816 y febrero del
infausto año de 1818 habían nacido quienes fuero n el primero y se gundo de los varon es
qu e habrían de tener los Ham lin . Frederick Pitt y Edwin Joseph , tal y como fueron
233 FPB M, Pedigree of the Osbor nes of Ashton, Stoke Gabr iel and Exeter, s. f.
234 Unas notas manuscritas p or Sir Henr y C hristopher Mance en 18 94, “[…] Sarah who was buried w i th
her th ird child 1818.Mr . To m Ha mlin [el hij o varón d e los Ha mlin] i nforms me h e sa w t hem together
in their coffin.”, FPB M, T he Rev. Peter Mann Osbo rne, s.f.
La referencia de Peter Mann Osborne y la parro quia de St. Stephen de Exe ter, en «Osbo rne,
Peter Mann (CCEd Person ID 1 46025)», The Clergy of the C hurch …,
235 “He is said to ha ve rea d the funeral service at the b urial of his sis ter Sarah”, FPBM, T he Rev. P eter
Mann Osborne, s.f.
236 «Osborne, Peter Mann (CCE d Per son ID 146025) » , Th e Cl ergy of th e Church…,
Sobre Heavitree, “[…] [it] is a ver y pleasant village and churc h -town, situated abo ut o ne mile
from Exe ter, on the great Lo ndon road, remarkable and j ustly recommended by the fac ulty for the
salubrity of its air; there are many ge nteel families residing h ere, a nd the in habitants of Exeter
frequently resor t hither as we ll for pleasure as the re - establishment of health”, The Univ ersal British
Directory…, p p. 28 .
136
nombrados, se sumab an a F ranzes Eliz abeth, la hij a primog énita de una f amilia que no
volvió a verse a um entada hasta cuatro años después.
Pudiera ser qu e la pérdida de su hermana al complicársele el par to hiciese mella
en el ánimo y predisposición de Eliz abeth Hamlin a volver a qu edarse encinta,
explicándose así que no fuese hasta marzo de 1822 cuando alumbr ase a su cuarto hijo,
bautizado con el nombre de Charles Edwin . Un paréntesis de cuatro años que se vio
seguido por unos m eses luctuosos para el ho gar d e los Hamlin. En el mes de agosto de
1822 y s eparados por apenas una semana, l a s vidas de Edwin Joseph y Charles Edwin
se apagaban. El primero tenía cuatro años y m edio y el segundo hacía tres días que
había cumplido los cinco meses d e ed ad, idéntico tiempo con el que falleció el si guiente
hijo de la pareja, Daniel -Osborne Hamlin, nacido en marzo de 1822 y sepultado en
ag osto del mismo año 237 . U na tasa d e mortalidad infantil aún eleva d a – c ausada las má s
de las ve ces por enferme dades contagiosas que se propaga b an en un mismo hogar , que
dos hermanos Hamlin falleciesen con una sem ana de diferencia no es casualidad-
provocaba escenas dantescas en las que abuelos como Peter y Elizabeth Osborne tenían
que asistir aún al fina l d e sus días a los funerales de no pocos de sus nietos.
La década de lo s veinte del siglo X IX significaría un punto de inflexión para los
Osborne de Exeter . El cambio g ener acional en la familia se hizo patente cuando el
párroc o de Hol y T rinit y hubo de promet er dos veces en menos de un año ante los
Osborne, Saunders y Hamlin que aquellos que c reen en Cristo viven po r siempre en
Él 238 , único consuelo que les podía quedar a los familiares cre y entes d e los di funtos una
vez que la sociedad ya h abía deste rrado el Provi dencialismo como justificación d e los
sucesos – positivos y negativos- de sus vidas 239 . P ara J ohn B radford, aquel reverend o
que hemos vist o de manera omnipresente en cad a sacra m ento recibido por los Osborne
a lo la rg o de décadas, hubieron de ser momentos sentidos e l tener qu e c ertificar la
defunción y entierro de dos parroquianos d e lar ga tradición como eran Eliz abeth y P eter
Osborne d e Hol y T rinit y . Falleció primeramente la matriarca de l a famili a, anotándose
su entie rro en el cementerio de la parroquia cua nd o comenzaba el mes de n oviembre d e
237 DHC, DEVON F AMILY HI STORY SOCIET Y, Th e Deanery of Christianity, the ci ty of E xeter , CD.
238 “The P riest a nd Clerks meet ing the corpse at the e ntranc e of t he Church -yard, and going before it,
either into t he Church, o r towards the grave, shall say, or sing […] “[…] he that beli eveth in me,
though he were dead , yet s hall live”, St Jo hn 11. 25,2 6”, «The Order for the Burial of th e Dea d » , e n
The Boo k of Commo n Prayer
239 Lawrence STONE : The fa mily, sex a nd ma rriage… , pp. 246- 247.
137
1824 240 . S etenta años contaba al momento de su óbito, no llegando a conoc er por un
mes y t res días al últi mo de sus nietos que nacería en suelo in glés, Hu bert-Palmer -
Osborne, el hijo benj amín de John y Eliz abeth Hamlin que fue bautizado el cinco de
diciembre de 1824 241 . Peter , esposo de la fenecida Elizabeth Osborne durante cuatro
décadas y media y padre de los Osborne de Hol y T rinit y , consumía sus últimos días de
vida al iniciarse la se gunda quincena d el mes de octubre de 1825 242 . Con su entierro e l
día veinte de ese mes a los setenta y cuatro año s de edad se apagaba por siempre su
ge n eración, quedando como leg ado su d escendencia y las mandas test amentarias por las
que disponía la manera en la que habrían de repartirse sus bienes.
Peter Osborne no testó hasta una semana antes de morir . Fue el día o cho de
octubre de 1825 cuando plasmó su firma y sello en las tres páginas que contenían sus
últimas voluntades. Lo s primeros bienes que recibieron su atención fueron aquellos de
valor más persona l, dejando ordenado que todos sus li bros junto a una jarra de plata, su
reloj de plata y dos anill os que recordaban las vi das de su padre y de su tío abuelo – el
reverendo Peter Osborne que vimos testar en 1 733- fues en a su muerte para su hijo
primogé nito, mientras qu e Eliz abeth Hamlin, su única hija con vida, hab ría de recibir el
resto de los anillos de or o de su propiedad 243 . Sorpr ende y extraña la ausencia de
cualquier manda de ca rácter sentimental de stin ada a Thomas Osborne, su otro hijo
varón, quien sí aparecería pocas líneas m ás ad elante como beneficiario de la tenencia de
unas tierras que su padre disfrutaba en tal régimen en Kenton, una localidad cercana a
Exeter que ya mencionamos a tenor de unos pagos que Elizabeth Osborn e recibió de su
padre W illiam Mann 244 . Que fuesen las mismas es alg o que no podemos clarificar , pues
si aquella suert e de ti erra que recibió su madre en 1804 se conocí a como “ Late Searles”,
nada se indica ahora al respecto de la extensión, localiz ación o nombre de la que h abría
de recaer sobr e Thomas Osborne salvo que estaba en posesión de un tal John J ef frey .
T ampoco se refie r e detalle alguno de las que sí e r an de plena propiedad de Peter
Osborne, sitas todas ella s en Pai gnton y pertenecientes a la familia d esde hacía varias
240 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Burials, 182 3 - 1837.
241 DHC, DEVON F AMILY HI STORY SOCIET Y, Th e Deanery of Ch ristianity, the city o f Exeter , CD.
242 DHC, Par ish of the Holy Tr inity, Burials, 182 3 - 1837.
243 “I give to my so n Peter Man n Osbor ne my silver ta nkard and my printed bo oks, my sil ver watch a gold
m o ur ning ring made i n re membrance o f my late fath er Peter Osborne a nd all my ot her gold rings I
give to my da ughter Elizabet h Ha mlin”, N A, P ROB, 11/170 9/13, Will of Peter Osborne, fuller o f
Exeter, Devon, 182 5.
244 “[…] to my son T ho mas Osbo rne all m y Leasehold Estate in the paris h of Ke nton i n the said Co unty
of De von now in the possessio n of Jo hn J effrey a s tenant and all other my lease hold premises in the
said parish”, I bid.
144
inventario 263 . A bue n se guro que e l propio reverendo Hild ya rd acometería tal tarea con
especial atención, pues su buen hacer s ería b eneficioso para su familia. Era expreso
deseo de Peter Mann Osborne que reca y esen todos ellos sobre su esposa Laetitia
Hildyard al fa lle cimiento de Elizabeth Shore 264 .
Desafortunadamente no podemos profundiza en la relación que hubo de unir a
Peter Mann Osbo rne con los Hild y ard, pero a bu en seguro que fue tan cercana como si
hubieran sido f amilia. Si el reverendo Osbo rne nombrab a de po r vida a Laetitia
Hildyard como beneficiaria de parte de sus bienes, contemplaba también la posibilidad
de su fallecimiento y se ade lant aba a tal supues to desig n ando a su esposo como el
siguiente receptor de la manda. El disfrute de lo s bienes estaría vincula do , eso sí, al
tiempo que permaneciese viudo. Si Hild y ard fal lecía o contraía segundas nupcias , el
beneficio de las propiedades que Peter Mann Osborne le legaba habría d e ser utili zado
por el otro fideicomisario del testamento de Peter Mann Osborne – o los h erederos de los
dos que nombró- para sufragar a partes i guales la subsistencia y educación de la prole
de los Hild y ard hasta que cumpliesen todos ellos l a edad de veintiún años – o antes en el
caso supuesto de que las posibles féminas contrajesen matrimonio sin haber alcanzado
tal edad- 265 . Mientras Frederick Hild yard, su esposa e hijos estuviesen en vida, ninguno
de los bienes que Peter Mann Osborne legaba p odría ser enajenado del conjunto con el
fin de s er vendidos salvo que mediase el permiso explícito de aquel que fuese su
beneficiario 266 . Aunque n o restaban d emasiadas, no serían aqu ellas las últ im a s
voluntades dictadas por Peter Mann Osborne en septiembre de 1857. Otras atañerían
más directame nte a los Osborne que le sobrevivieron.
263 “I direc t t hat my furniture, pictures, books, plate, linen, china and other household effects in my said
d w ellin g house and premises called Peter sfield aforesaid […] shall not during the li fe of the said
Elizabeth Shor e be sold or removed fro m t he said d wellinghouse a nd pre mises but that an inventor y
shall be taken t hereof […] d uring the li fe of the said Elizab eth Shore be occupied and enjo y ed b y her
so long as she may reside in the said d welling house or by an y other person or persons who may
reside therein with her consent”, RCJ, Central P robate Office, Will of the Reverend P eter Mann
Osborne, Sep tember 186 0.
264 “[…] all t he r est residue and re m ai nder of my said rea l a nd p ersonal estate and e ffects upo n tr ust for
Laetitia Hild yard the wife of the said Fred erick Hild yard for her natural life for her separate use”, Ibid .
265 “[…] and after her decea se upon trust for the said Fre derick Hild yard for his li fe or until he shall marr y
again and after his decea se or seco nd marriage whichever shall first happen upon tru st for all and
every such c hildren or child born o r to be born o f the m ar riage of the said Frederick Hild yard and
Laetitia Hildyard […] shall attain the age of twent y one years o r being a da ughter o r daughters s hall
attain that a ge or m arr y under that age in eq ual shares as tenants in co mmon […] the tr ustees or trustee
of t his my will d uring the mi nority of a ny such c hild or chil dren […] to appl y all o r a ny por tion of the
rents issues and pr ofits interes t and dividends […] to wards h is or her m ai ntenance or ed ucation”, Ib id .
266 “I d irect t hat no such sale shall take place of any o f my said real estate d uring t he lives of t he said
Laetitia Hild yard and Frederick Hild yard or the survivor of them except with the conse nt of them or
the survivor of them”, Ib id .
145
Se ha mostrado necesario exponer qué fue lo planteado por P eter Mann Osborne
respec to a sus bienes d e cara a conocer su h acienda al momento de testar , pero, si
nuestro objeto con el presente epígrafe e ra también desvelar las relaciones ex istentes
entre los distintos miembros de la familia Osborne, extraña que sólo el nombre de
Elizabeth Shore haya aparecido en líneas anter iores. No encontraremos en el testamento
de Peter Mann Osborn e manda alguna dedi cada a ninguno de los hijos de sus difuntas
hermanas Eliz abeth y Sarah, p ero sí hizo mención a la d escendencia de su hermano
Thomas Osborne, tambié n y a fallecido. El que fuese el ma yor de los Osb orne de Hol y
T rinity era consciente de que al morir sin dejar descendenc i a se ex tinguiría la rama
primogé nita d e la familia y que había una serie de h eredamientos que varias
ge n eraciones de Osborne habían conservado a pesar de los vaivenes d el tiempo. Al igual
que había hecho su tío bisabuelo Peter Osborne e n 1733, era pertinente que él también
consiguiese que no abandonaran el seno de la familia al legarlas se gún lo preceptuado .
Elizabeth Shore aparecerá n uevamente con protagonismo, pues su óbito habría de
marcar como punto de inflexión los distintos destinos que aguarda rí an a los bienes que
en vida disfrutó el reverendo.
Así, mientras que los rendimientos de las p ropiedades que Peter Mann Os borne
adquirió en vida habrían de benefic ia r a sus amistades más cercanas, tal y como ya se ha
referido, aquellas propie dades localizadas e n la parroquia de Paignton que é l había
hereda do de su padre re caerían en los p rimeros Osborne qu e no naci er o n en t erritorio
inglés. Su testamento m uestra que n o fue un asunto banal p ara Peter M ann Osborn e.
Especificó en varias líneas a sus fideicomisarios y admi nistradores de sus bienes que el
poder amplio que les ha bía otor gado sobr e todas sus posesiones no contemplaba que
pudieran decidir – o siquiera plantear - la venta de las tierras situadas en Paignton 267 . Su
voluntad era p reservarlas intactas para la siguiente generación y así lo dicta ría, haciendo
que Hildyard y Buckingham calculasen l a extensión tot al que sumaban tanto aquellas
que eran d e su plena propiedad c omo las que te nía en régimen de arrendamiento para
267 “[…] a nd also after the decease of the said Elizabet h Shore at a n y ti me o r times at their or his
discretion to sell and con vert into m o ney the whole or any part or p arts o f such of m y sa id r eal and
personal estate c hattels and o ther effects a s shall not be situ ate in the said P arish of P aignton”, RCJ,
Central Prob ate Office, Will o f the Revere nd Peter Mann Osbor ne, September 1860 .
146
que pasaran por sí y para sus herederos al hijo mayor de su hermano Thomas
Osborne 268 .
Era septiembre de 1857 cuando dejaba escrita tal dispo sición sin menta r a su
sobrino por su nombre, volviendo sobre el asunto apenas quince meses después para, sin
incluir tampoco entonces nominalmente al mayor de los hijos de Thomas Osborne,
mostrar en su codicilo la reserva que le producí a el hecho de que, al haber nacido y
desarrollar su vida e n un país extranjero, las leyes inglesas no permitieran que su
sobrino se convirtiera en depositario de las ti erra s familiares de P aignton. S i se daba tal
caso, si al mom ento de su muerte no había po r parte de su hermano dif unto Thomas
Osborne un sobrino varón en vida que le su cedi ese o bien habiéndolo se negase a
aceptar la herenc i a, Peter Mann Osborne mandaba que las tierras de la parroquia al
oeste de Exeter se considerasen como una parte más de su ca udal relicto 269 . No habría
lugar a que lo contempl ado por el testado r en s u codicilo tuviese recorrido. El hij o
mayor de Thom as Osborne aceptaría la her encia de su tío tras producirse el día cuatro
de junio de 1860 el fallecimiento del primogénito de los Osborne que na cier on y
crec i eron en la parroquia de Holy T rinit y de Exeter .
Fue la fortuna, los giros imprevistos que acontecen en toda vida humana, la que
provocó que los hij os de Thomas Osborne poseyeran lo que a su padre se le negó por
nacimiento. La familia Osborne en España recibía en la década d e los sesenta del siglo
XIX un l e ga do que refor zaría más si cabe la vinculación estr echa que sie mpre tuvieron
con el Reino Unido. Quien se conve rtirí a en el propietario de los heredamientos haría
neg o cios en la s ciudades de las I slas Británicas, a su suelo mandaría a alg unos de sus
hijos en pos de una educ ación concreta cuando ya se había cumplido el segundo tercio
del siglo y s e identificaría con su bandera formada por las cruces de San Jorg e, S an
Andrés y San P atricio aunque no hubiera nacido e n ninguno de los países que en ella se
repre s entaban y sí en al que su padre emigró. La vida de Thom as Osborne de Hol y
268 “[…] a fter the decease of the said Elizab eth Shore I d irect that my said tr ustees shall stand seized and
possessed o f all my lands, heredita ments and te nements in t he p arish o f Paig nton in th e sa id county o f
Devon upon tr ust for t he eld est son living at t he time o f my d ecease of my bro ther T ho mas Osborne
lately res iding at P ort Saint Mar y in Spain (but now dec eased) and hi s heirs a nd assigns absolutely”,
RCJ, Central P robate Office, Will of the Re vere nd Peter Mann Osbo rne, Septe m ber 186 0.
269 “Now I do hereb y declare that in case t here shall be no such eld est son or being suc h he shall be unable
by the La ws of this Land or other wise or b e u nwilling to tak e and enj oy the be nefit o f suc h devi se and
trust then it is my intention a nd I do hereb y direct that such lands hered itame nts and pre mises shall
after the decease of the said Elizabeth Shore be dee med as and form p art of my general residuar y
estate and shall be held upo n the trust […] I do hereb y g ive and devise t he said lands he redita m ents
and premises to t he said truste es of my said will their heirs a nd assigns”, Ibid .
147
T rinity , radicalmente opuesta a l as de su hermano primogénito y sus dos hermanas, bien
explica los pasos tomados por su descendencia 270 . Será objeto de dos capítulos
sucesivos el ace rcarnos a ella tras haber expuesto el ambiente y el tipo de familia en el
que nació y creció. Como se dijo al comenzar las páginas que aho ra concluimos, gran
parte de la vida d el men or de los Osborne de Ho ly T rinit y se desarrolló l ejos de Exeter
pero resultaría imposi ble entende r la sin conocer la propia capital del condado inglés de
Devon, sus habitantes y su actividad ec onómic a.
270 “Estates were preserved intac t and transmitted undivided to the eldest son, so that younger sons looked
for the careers and fou nd them in trade or the professions, in the reven ue service s, the ar my or nav y or
the East India Company”, J ohn LAWSON y Harold SILVE R: A social history of educatio n in
England , London, Methuen, 1 978 , pp. 179.
CAPÍTUL O SEG UNDO
DE LA LANA AL VIN O: REDES COMERCIALES BRITÁNICAS
EN EL A TLÁNTICO EUROP EO
151
A finales del si glo XVIII e l porvenir que vislumbraba para sí Thomas O sborne
difería si gnificativamente del qu e le esp eraba a su hermano primo génito Peter Mann
Osborne. El hijo menor de los Osborne de Hol y T rinit y , tras haber nacido a inicios de
1781, rozaría las dos déc adas de vida cuando la centuria s e consumía y agotaba ya por
entonces sus años de adolescencia, viéndos e abocado a aceptar la inversió n desigual que
en ambos hijos hizo el núcleo familiar . No seguiría los pasos de sus antepasados –
imitados p or Peter Mann Osborne- que acudie ro n a la Universidad de Oxfo rd para hacer
carrera en el seno de la Iglesia de I n glaterra, pero sí sería su familia, como se verá , la
que le mostró el camino a seguir . Al mi smo tiempo, la sociedad inglesa le dejaba patente
con actos concretos – cuyos re flejos se proyectan hasta nuestros dí as- que la prevalencia
del primogénito sobre el seg undón suponí a un axioma incuestionable, haciendo que el
nombre de Thomas Osborne sea ajeno en algunas de las fuentes que tan útiles nos
resultaron para trazar las vidas de los varones de la familia Osborne a lo lar go d e las
distintas generaciones que le precedieron. Las listas de “freemen” d e Exeter , por
ejemplo, no recogieron jamás su nombr e mient ras sí hubie ron de insc ribir el de su
hermano Peter Mann Osborne, quien, como se s eñaló en el últim o epígrafe del capítulo
anterior , o cupó en el cuerpo cívico de la ciudad la posición ostentada por su padre a l a
muerte de é st e.
Al decir que el nombre de Thomas Osborne no se prodiga excesivamente en la s
fuentes docum entales adelantamos un hecho que constatarán nu estras páginas
siguientes. En ocasiones, además, cuando encontramos en unión el nombre de Thoma s y
el apellido Osborne quedamos sit uados en una realidad problemática, no tanto por el
hecho de que desconozcamos qué fue de la vida d e nuestro biografiado en determinados
periodos – que también- , sino por hacer refere n cia el documento a otros individuos
homónimos que, incluso, llegaron a habitar la misma parroquia d e Exeter en la que
crec ió el Thomas Osborne que sí mer ece nu estra atención 1 . En definitiva , reconstruir
1 Un fe ligrés d e Hol y Tr inity lla mado T homas O sborne hacía sab er a su párroco en marzo d e 1811
respecto a sus inte nciones de contraer matrimonio co n una vecina de St. David lla mada Ann Pike. Las
amonestacione s pública s estuvieron a la vista de s us respectivos parro quianos los d omingos treinta y
uno de m ar zo, siete y cato rce de abril , antes de ser retiradas si n que se hubiera recogid o testim o nio
alguno contrario a una unió n que quedó co nsagrada por el reverendo B radford el día quince de abril
en la iglesia parroquial de Holy Trinit y , con Tho mas Connet y John Kee n co mo testigos de la
cere m onia. Mucho más evidente res ulta el caso del T homas Osbo rne que rec ibió sepult ura el día
dieciséis de diciembre de 1 819 en el cem enterio parr oquial de Hol y Trinity, pues e l r everendo
Brad ford anotó j unto a su entr ada en el regi stro de enterramientos que el di funto contab a con cato rce
años de edad al m o mento de su óbito. Que la vida del Thomas Osborne que no s ocupa discurrió por
senderos distintos, imposibilitando de toda manera que él fuese el protagonista d e los d os actos arriba
expuestos, q uedará p uesto de manifiesto con la s pági nas del pr esente capítulo. Las re ferencias, D evo n
152
históricamente la vida del menor de los v arones Osborne de Hol y T rinit y impone
afrontar una serie de limitaciones documentales para nada banales , a la par que el
camino pa ra él re servado po r su familia nos exigirá también prestar atención a la
economía del condado de Devon y a su evolución dentro de un cont exto polí tico
internacional tan c ambiante como fue la Europa del final del Siglo de las L uces y d el
comienzo de la c enturia decimonónica. De ninguna otra manera podremos explicar
exitosamente los primeros pasos independientes de Thomas Osborne.
La pr oducción y el comer cio del t extil de Devon
Fue una constante del ca pítulo anterior que cada vez que ac om etimos la tarea de
biografiar a un Osb orne, tras el pre ceptivo bautizo, nada pudimos decir d e él hasta que
no hubo alc anzado la adolescencia. La niñez de todos ellos resultó un periodo
inescrutable, así como un misterio las primeras letras que dichos Osborne hubieron de
recibir . Thomas Osborne de Hol y T rinit y no s erá la excepción a la regla. Si para
aquellos miembros de la familia que acudieron a la Univ ersidad de Oxford – caso de
Peter Osborne de Ashton, Da niel y Peter Osborne de Stoke Gabriel y Pe ter Mann
Osborne de Hol y T rinity- pudimos saber de tal paso vit al antes de que cumpli esen la
segunda de sus décadas de vida y para los Osborne que fueron aceptados como
aprendices de “fuller” en Exeter – Thomas Osborne de S toke Gabriel, Peter , Thomas y
Peter Osborne de Exeter- nada sabremos hasta que y a tenían t al edad cumplida, e l
protag onista principal d e estas pá ginas necesita rá un encuadre inédito puesto que no
puede s er adscrito a ninguno de los dos grupos referidos. En su momento y a
descartamos su paso por la Universidad de Oxford y también indic am os que su nombre
no constó entre los “freemen” de Ex eter , no pudiéndose así referir una fecha concreta en
la que situar su iniciac ión en la vía del comerc io que inequívocamente siguió . T ampoco
nada podremos especificar al respecto de la educación que hubo de recibi r. Quiz ás fuese
su propio padre quien lo iniciase en el desempeño del “ fuller” – no sería disparatado -, o,
también pudiera ser , el menor de los varone s de los Osborne de Hol y T rinit y se formó
en lo básico y en las especificidades de la disciplina d el comercio en alguna d e las
academias o con alguno de los tutor es que el profesor Newton ha constatado en la
Heritage Centre [en ad elante DHC] , P arish o f the Ho ly T rinit y, Banns of Mar riage nº 49; DHC, Par ish
of the Holy Trinity, Ma rriages, 1 811; DHC, Par ish of the Hol y T rinity, Burials, 1 819.
153
capital de Devon a finales de l siglo XV III 2 . L os años de niñez y adolescenc i a de
Thomas Osborne de Holy T rinit y están sumidos en una bruma espesa e infranqueable.
No obst ante, no todo ha de ser desesperanza. J unto a la universidad y el ejército,
el comercio era un a d e las salidas lógicas para los hijos de la bu rg uesía inglesa. La
capacidad de decisión que tendrían los vástagos para optar entre ellas dep endería de su
posición en el orde n de nacimiento dentro de su familia, la propia ca pacida d económica
de ésta y la imbricación que tuviese en uno u otro sector . No fue ron l os hijos
segundones de la bur guesía los únicos que se vieron en l a t esitura de tener que lu char
por su futuro más qu e su s hermanos primo gé nitos , pues en otr as clases so ciales inglesas
de la época, como era la noblez a y la gentry , sus homólogos se encontraro n en idéntica
situación 3 . Centrándonos en el caso particular de Thomas Osborne de Holy T rinit y , las
millas que tuvo que recorrer su hermano Peter Osborne en pos de su porvenir – esto es,
salvar la distancia que media entre Exeter y Ox ford -, qu edan empequeñecidas por las
que él mismo hubo de navegar: “Sea a todos notorio que por el pre sente, nosotros
Guillermo Kennawa y e hijos de la ciudad de Ex on y Reino de G ran Bretaña,
Comerciantes […] en nuestro lugar y nombre […] ponemos y diputamos a D n Thomas
Osborne al prese nt e re si dente en la ciudad de E xon, por nuestro verdade ro y legítimo
apo dera do y Factor para […] pedir , demandar , solicitar , cobrar y recibir de todos y cada
persona y personas a quienes pueda tocar en los Re y nos de España y Portugal toda suma
y sumas d e dinero, gé ne ros, merc an cías y efectos y qu alquiera cosa qu e te nga o ten ga n
2 Robert NE WTON : Eighteen th century Exeter , Exeter, E xeter University Press, pp. 70 - 71.
3 “During the late seventee nth a nd eig hteenth ce nturies, there was a very hi gh pr oportion o f l i felong
bachelors among younger sons of the nobilit y and gentry. Unless the y were lucky enough to cat ch an
heiress, man y co uld not af ford to get married and still maintai n themselves in the li fe style to which
they were accusto med. [ …] younger sons were now p ushed out i nto the w or ld with a s mall li fe
3 “During the late seventee nth a nd eig hteenth ce nturies, there was a very hi gh pr oportion o f l i felong
bachelors among younger sons of the nobilit y and gentry. Unless the y were lucky enough to cat ch an
heiress, man y co uld not af ford to get married and still maintai n themselves in the li fe style to which
they were accusto med. [ …] younger sons were now p ushed out i nto the w or ld with a s mall li fe
annuity and so me patronage leverage, rat her tha n b eing gi ven, […] one of the ancestra l estates on
which to live like country gentlemen. If t hey sta yed in the countryside, the y sometimes occupied a
spare country house, but more often served in obscure caretaker job s o n the estate, not so much m or e
rewarding or dignified than t hat of a bailiff except that t hey associated so cially with the gentry. […]
Failing t his, many to ok to p eripatetic professions such as t he army, or re m ote a nd isolate d ones s uch
as service i n the colonies where wh ite wo m e n of the ap prop riate status were in very shor t supply”,
Lawrence STONE : The family, sex and ma rriage in Englan d 1500 - 1800 , London, W eidenf eld and
Nicolson, 197 0, pp. 337.
256
libro de actas im pide q ue conozcamos los arg u mentos en los que pr etendía basar su
petición de amp aro y que Osborne y el resto de los presentes juzgar on como
insuficientes.
Con McPherson como cónsul se im plantaría una innovación en la B ritish
Fac tor y . A resultas de qu e se conjugaba la insuficiencia del sistema de recaudación que
les otorg aba la le y d e 1 736 con un número de británicos susceptibles d e recibir sus
ay ud as que desbordaba la capacidad económica de la inst itución, el titular del consulado
británico de Cádiz planteó la creación de un fondo paralelo con el que atender a los
compatriotas necesitados. Ningún reparo fue puesto por los asistentes a la asamblea de
enero de 1824, qui enes n o sólo aceptaron la p ropuesta sino que aprobaron que la propia
institución dotase con doscientos dólares al fondo que nacía con el nombre de “British
Charitable Fund”. Ell os mismos quisier on, además, se r vistos como ejem plos a seguir
por el resto de los británicos de la ciudad que tuvi esen capacidad suficiente como para
contribuir a la nuev a em presa. Allí mismo ava nzaron donaciones por valor de cincuenta
dólares Thomas Osborne, J ohn David Gordon y Gideon Cranstown – los dos últim os en
sus nombres y en el de s us esposas-, mientras que J oseph Egan, Samuel Roberts y P eter
Squire lo hacían con la cantidad de v einte dól ares cada uno 55 . La prop osición de
MacPherson secundada por el conjunto de la British Factory se mostró del todo
acertada. En la asamble a ce lebrada un año des pués se señalaba e x plícitamente que
durante los doce mes es tra nscurridos el “British Charitable Fund” c u mplió con lo s
propósitos que le dieron origen 56 , y aunque no indicaron en ningún mom ento el total
reca ud ado, sí ex presaron que a fecha de enero de 1825 era completamente innecesario
hacer otra c u estación por no haberse aún empleado el fondo en su totalidad.
Y a próximos a concluir el presente epígrafe , d ecir que el día en el q ue se
revisaba la utilidad del “British Charitable Fund” se marca como clave pa ra el estudio
histórico de la Factor y gaditana 57 . Aquel seis de e nero del año 1825 se atendieron las
peticiones de amparo de “Miss O’Connell, Miss Farr el, Miss Machenry , M iss M. Junco
W idow of James Smith and of James Heark, James MacC ann, Dom qi e T err y ” – entre el
cónsul y los “deputies” establecerían las cantidades con las que les agraciarían - y por
55 NA, FO, 332/1 , Cadiz. B ritish Factor y: Min ute book, Meeting date, 6 /1/182 4.
56 “The adva ntages r esulting fro m the e xistence o f the British Charitable F und wer e clearl y and
satisfactorily de monstrated to the Factor y b y the Con sul”, NA, FO, 332/1, Cadiz. Br itish Factor y:
Minute boo k, Meeting d ate, 6/1 /1825.
57 Ibid. Las citas y contenido d el presente párrafo, d el contenido del acta de d icha asamblea.
257
segundo año cons ecutivo e idéntica razón se denegaría la súplica de la monj a católica
“Miss Machenry”. La caja arrojaba entonces un total de 1 1.792,2 r eales, un estado que
hizo al cónsul McPherson volver a renunciar a su gratificación de quinientos dólares,
aunque sí acordaron los comerc iantes sacar de los fondos propios cien dólares a fa vo r de
Pedro Leclerc en compensación por “the troubl es which he has h ad in coll ecting the
Funds and ke epin g the b ooks of the Factory ”. P eter Squire y Samuel Roberts ejercer ían
de “deputies” p ara el año que estaba comenzando por decisión del resto de sus colegas
allí presentes, Brackembury , Gordon, E gan y Osborne – anotándose la ausencia d e
Fallon, Thuillier , Mousley y Cranstown, residentes los dos primeros de Cádiz y de El
Pu erto de Santa María y Jerez de la Frontera los dos últimos, respec tivamente-. No
podemos señalar ha sta qué momento extendieron su ejer cicio los “deputies” . El acta del
seis de ene ro de 1825 sólo sería seguida en el libro de la British Fa c tory por una
anotación escrita tan a vuelapluma que su lec t ura se traba por momentos 58 . Hacía
referenc i a a la comunicación recibida por el cónsul en la que se le notificaba la
aprobac ión del nuevo reglamento consular en virtud de la le y p ropugnada por el
ministro Canning 59 .
Aunque no se apuntase en la nota, la ley a la que hacía mención cambiaría en lo
más profundo el ser de los consulados británicos distribuidos a lo lar go y ancho del
globo. D. C. M. Platt su po sintetizar la – si traducimos sus palabras- como “un auténtico
intento de convertir a un grupo de individuos que servían al Estado en el ex tranjero baj o
el único punto común d e su denominación, en un servicio g ubernamental unificado
compuesto por funcionarios a tiempo completo” 60 . En adelante los cónsules recibirían
una asignación del gobierno británico en conson ancia con su destino, tocando así a su
fi n los gravá men es que hasta entonc es carg a ro n sobre los bienes británicos objeto de
58 “His Ma gesty’s Pac ket Redp oh which ar rived y esterd ay from England with De s patches from
Government for the Consul a nd corresp ondence for the Mer c han t s at Cadiz br ought a Letter for His
Magesty’s U nder Secretar y o f Sta te for For eign Affairs un der date 21 ’ [ilegible] (co py annexed) to
the Consul e nclosing a pr inted co py of an Act t he 6 Ge o. 4 Cap 87 w hich had latel y passed the
Legislature, the Co nsul li kewise that [ ilegible] Canni ng will shortl y re venue H. M Commands to
transmit to t he Consul, full Instructions [ilegib le]”, NA, FO, 332 /1, Cadiz. British Fact ory: M inute
book.
59 An A c t to reg ulate the P a yment of Salaries and Allo wances to Br itish Cons u l s at Foreign Po rts, and the
Disbursements at such Ports for certain p ublic P urposes, [ 5 th Jul y 1825] , Recuperad o de Internet
(http://www.irishstat utebook.i e/eli/1825 /act/87/enac ted/en/html )
60 “Canning’s Co nsular Act of 1 825 […] was a genui ne atte mpt to co nvert a group of individ ual state
servants o verseas, whose o nly co mmo n deno minator w a s the name o f co nsul, into a single
government service o f full -time official, p aid and pensio n ed by t he state”, D. C. M. PLAT T: The
Cinderella service…, pp. 13.
258
comercio con lo s puertos en los que ejercían su a utoridad 61 . Ahora como representantes
del poder británico, los cónsules seg uirían siend o el contrapeso a la lejanía g eográfica
en el propósito del establishment por manten er intacto el sentimiento n acional de los
súbditos de J or ge IV que vivían fuera de sus dominios. El nuevo ord enamiento consular
hacía hincapié en que coad y uv asen a l fortalecimiento de la identidad a trav és d e un
protag onismo activo en el mantenimiento y pro moción de los lu gares c onsagrados –
capillas y cementerios, principalmente- a los ritos de la confesión anglicana 62 , tareas que
continuarían siendo parte significativa de los quehaceres consulares décadas más tarde y
por la que se cursaría no poca documentación a Londres 63 . Otras estrate gias que venían
de antiguo, c as o d el s ocorro de los compatriotas más desfavorecidos – marineros
naufragados, prisioneros de guerra o indi viduos necesitados 64 -, permane cerían con
vigencia para unos cóns ules que convocarían a r eunión a los británicos residentes en el
lugar con una periodi cidad nunc a superior al año 65 . Ahí radica un elemento
diferenciador clave respecto al tiempo previo a 1825. El cónsul presidiría entonces –
apare nt emente, pues no hemos sido capace s de encontrar acta alguna posterior a esa
fecha- reuniones en las que cabrían británicos dedicados a cualquier pr ofesión. La
61 “[…] to grant to all or any o f the consuls general o r consuls ap pointed by his Majest y […] with […]
such rea sonable salarie s as to his Majest y s hall seem meet [ …] T he salaries so to be granted b y his
Majesty as a foresaid shall be taken and received b y the said co nsuls general a nd consuls in lieu o f and
as a composition for all salar ies heretofore granted to the m or an y o f them, and all fees to office […]
demanded, received, or ta ken by t hem o f or fro m the masters or co mmanders of Britis h ships and
vessels”, An Act to regulate the Payment…
62 “And whereas c hurches and chapels for the p erfor mance of d ivine service acco rding to the rites and
cere m onies of t he united Church of England and Ireland, or of the Church of Scotland, have been
erected, and proper groun ds h ave b een appropr iated and set apart for th e inter ment of t he dead […] it
is expedient to afford encouragement for the supp ort of the churches and chapel s so erec ted as
aforesaid, and to pro m ote the erec tion of other churches and chap els in forei gn por t s a nd place s to
which his Majest y’s subjec ts may resort, and wherei n they may be r esident i n considerab le numbers
[…] it shall and may be lawful for any co nsul […] to advance and pay from time to time, for and
towards the maintena nce and support of any s uc h chaplai n […] o r for and towards defraying the
expenses incident to the due c eleb ration o f divine ser vice i n an y su c h c hurches a nd chapel s, o r for and
towards the maintaining any s uch burial grounds […] ”, Ibid .
63 El vein t inueve d e agosto de 187 3, por ejem plo, se difundía una cir cular por la que cónsules y vice -
cónsules habían de informar del estad o de los cementerios británicos en sus desti nos. Darían
respuestas a cuest iones tales como la prop iedad d e la tierra, las aportacio nes – o no- del Estad o en el
que se encontrab an, los fond os con lo s que se mantenían…, NA, FO 332 /7, Reply to M r . Read e’s
Circular of 29 th Aug t 18 73 w it h queries & ans wers respectin g Burial Grounds.
64 “All cons uls […] s hall be allo wed a nd have cred it in a ny ac counts b y them render ed, through o ne of hi s
Majesty’s principal secr etaries of state to the T reasury for all such sums of money [ …] be d isbursed
and expended to wards the suc cor and r elief mariners s hipwrecked and take n in war, o r other distressed
persons being s ubjects of his Maj esty, and resorting to t he port or p lace at which any such co nsul […]
may be appointed to reside[…] ”, An Act to regulate t he Pa yment…
65 “[…] once at th e lea st in every year , and more frequently if occasion shall requi re, by public
advertisement […] convene and summon a meeting of al l his Ma jest y’s subj ects residing at s uch
foreign p ort or p lace […] to be holden at the public office […] and may be la wful for all his Ma jest y’s
subjects residing o r being at an y such foreign port o r place […] at the time of any suc h meeting”, I bid.
259
esencia originaria de la British Factor y se diluía a la par que la reforma de Canning
silenciaba sus li bros de actas. P or fortuna, el nombre de Thomas Os borne era ya
recogido por entonces en otros documentos que permitirán proseguir con la
construcción de su biografía.
Letras y comer cio: Los Böhl de Faber
Cuando el año d e 1824 estaba p róximo a su fin, el día veintisiete d e diciembre
para ser precisos, un poder legalizado en la escribanía pública portuens e de J uan de José
Díaz sacaba a relucir la figura del inglés. El firmante principal de la escritura era un
individuo de apellido extranjero bien conocido entre quienes habita ban la bahía
ga ditan a, J uan Nicolás Böhl de Fa b er , quien, acompañado, quizás, por el propio
Osborne, dejab a dispuesto que el oriundo de Exeter – habla Böhl- “[…] haga mis bes es
[sic] en todos y cualesquier a asuntos que puedan o currir en el Consulado Hanseatico sin
excepción de cosa al guna y en los mismos términos que si y o por mi los presensiaze
[sic] y autorizase, pues es mi voluntad ” 66 . Con el cónsul británico una década atrás por
su inclusión como mi embro de la Factor y , ahora con el cónsul de la Hansa . La faceta
comercial de Thomas Osborne ligaba su vida a los titulares de las oficinas consulares
extranjeras de Cádiz. No obstante y como d esarrollaremos en el presente epígrafe, el de
Juan Nicolás Böhl no fue para Osborne sólo el nombre de otro comerciante con el que
entablar negocios desde la plaza ga ditana. A los once meses de estampars e la firma del
alemán sobre el poder d e representación al qu e hacemos referencia, el in glés desposaba
a una de sus hijas.
Resulta evidente que antes de que la relación entre Böhl y Osborne quedase
consagra d a con un matrimonio , ésta hubo de establecerse . La delegación de la
responsabilidad consular del primero sobre el se gundo en diciembre de 1824 nos lleva a
pensar que el cono cimiento y trato mutuo se debe retrotraer más allá de tal fecha, sobre
todo teniendo en cuenta que Böhl se mostraba tan convenc ido de la re ctitud de las
acciones consi guiente s de O sb orne que apuntó en el poder que “a la firme sa [sic] y de
cuanto en su virtud ob rare obligo mis bienes y V entas presentes y futuros”. Ahora, es d e
66 Archivo Municipal d e Cádiz [en adelante AMC], Arc hivos P articulares Frag m e ntarios, C. 31 34, Poder
de repr esentación y nombramie nto d e vicecónsul o to r gado por Nico lás Bö hl de Faber a favor de
Thomas Osbor ne, 1824 , Diciem bre, 27.
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
260
reconocer que resulta una verdadera paradoja no poder fijar en el tiempo el mom ento en
el que s e originó la relación entre ambos ni tamp oco poder referir cómo s urg ió , no por
lo que respecta a Thomas Osborne y lo es quivo de su figura en las fuentes
documentales, sino por la atención académica qu e ha recibido Juan Nicolás Böhl y el
triángulo li terario que conformó junto a su esposa Francisca Larrea Ahe rán y su hija
Cecilia Böhl Larr e a – conocidas en la república de las letras como Frasquita La r rea y
Fernán Caballero, respe ctivamente-. La clave p ara desvelar ambos inter rogantes mu y
posiblemente se encuentre en el archivo privado del a ctual conde de Os borne, puesto
que de un fondo docu mental cu yo cont enido desconoc emos en todo punto, existe
referenc i a a que en él se atesoran los libros de correspondenc i a personal y comer cial de
Juan Nicolás Böhl para el periodo temporal comprendido – al menos- entre octubre de
1815 y 1836, e l año mismo de su fallecimiento 67 .
Como se ex puso en la introducción, la figura de Thomas Osborne sólo ha
recibido una atención mar ginal por parte de aquellos eruditos e historiadore s que
estudiaron el carácter literario de los Böhl. Por el contrario, que se h ayan dado a la luz
gran parte de los escritos salidos de puño de Juan Nicolás Böhl, Francisca Larrea o
Cecilia Böhl de Faber p ara pone rlos en relación con sus propias vidas sí nos permitirá
que los leamos con la intención de discernir el influjo de Thomas Os borne sobre su s
67 “Volumen enc uadernado en terciop elo rojo , 34x48 cms., rotulado “Copiador Cartas extrangeras [sic]
principado en 6 de o ctubr e d e 1815, acabado en 21 de agosto de 1818”. Corresp ondencia comercial de
Juan Nico lás. Redactado en inglés y francés, prec edido de Í ndice al fabético de 24 pp. + 2 pp . En
blanco. P aginado 1 a 446
[…] Volu m e n folio, enc uadernado , rotulado: “Copiad or de cartas reser vadas”. Del 25 - 11 -18 17 a enero
1820 - Letra de Jua n Nicolás y a manuense. En inglés y castel lano. Pagi nado 1 a 167 + 7 pp . En bla nco.
Asuntos co merciales y financi eros. Cartas a Willia m D uff Gord on, Juan Murphy y otro s.
[…] Vo lumen e ncuadernado , folio, ro tulado: “Cop iador de ca rtas par ticulares. Nº 1 a 100 . Ma rzo
1820 – May o 1821 ”. Letra de J uan Nicolás y amanue nse, en castella no. P aginado 1 a 184 + 8 en
blanco.
Id. ro tulado: “Copiador de cartas particulares, Nº 1 01 a 194”. P aginado 1 a 160, con las pp. 3 7 y 6 2
repetidas. Letra de J uan Nic olás y a manuense, en ca stellano. Cartas d el 22 -5-182 1 al 14 -5-1822.
Asuntos co merciales y financi eros.
Id. rotulado: “Copiador de cartas particulares de 182 2 a 1823”. Paginado 1 a 179 , página 1 1 repetida y
161 o mitida, + 15 en blanco. Letra d e J uan Nicolás y amanuense. En inglés y ca stellano. El
destinatario es, para la inme nsa mayoría d e las cartas, ig ual que en los copiado res anteriores, William
Duff Go rdon, hasta su muerte en 182 3. La últi ma carta dirigida a é l es la d e 2 5 -3-1823 , núm 255 de
este Copiado r. Siguen cartas a Agustín Riba upierre, J uan Murphy y Lad y Go rdon.
[…] Volumen enc uadernado, folio, ro tulado: “Carta s varias e mpezó 1 826”. Anotaciones hasta 18 64.
Letra d e Juan Nico lás y a manuense (las anotacione s de J. N. ter minan en p. 134, carta de 3 0 - 6-18 36).
Paginado 1 a 450 + Indice alfabético de 11 pp. + 1 pág. En blanco. Cartas co merciales, y algunas a
Agustín Durán, Ferná ndez Na varrete y Washington Irving.
Id. ro tulado: “Copiador de cartas p articulare s de sde el 3 Febº 1829 al 17 Agtº 18 36”. Paginado 1 a 13 0
+ 148 pp. En blanco. Letra de Juan Nicolás y ama nuense. Cartas a Agustín Ribau pierre, Lady
Caroline D uff Gordo n y otro s. Inglés y castellano”, Guiller mo C ARNERO: Los o rígenes d el
romanticismo reaccion ario esp añol. El matrimonio Böhl d e Faber, Valencia, Universidad de
Valencia, 197 8, pp. 302- 304.
261
autores. Es el caso del Diari o de V iaje a Bornos y Ubrique de F rasquita Larrea 68 , un
cuaderno de viaje escrito sin intención alguna de ser publicado y fechado en los meses
de verano de 1824. En su caso, las palabras de la ga ditan a Larrea dirán d el inglés por lo
que omiten, pues el nom bre de Thomas Osborne no apare cerá r eferido siqui era una ve z .
Su ausencia no es banal . Hablamos del año inm ediatamente anterior a s us esponsale s
con Aurora Böhl Larrea y apenas seis mes es an tes de qu e Böhl l e emp oderase como
cónsul hanseátic o.
En contraposición su ya, además, sí hu bo lugar en las líneas de aquel li brillo de
Frasquita Larrea para ot ro extranjero que pasó formalmente a ser parte de la familia
siete días después que Osborne. Nos referimos al militar francé s Gabriel-Henr y Ch atr y
de la F osse, cu y o paso por la sier ra gaditana reseñaba l a autor a del Diario con las
siguientes palabras: “Día 17 de may o […] Hemos tenido la visita de un par de días del
Coronel L a Fosse que manda la Brigada que está en El Puerto, y del Oficial del Estado
May o r M r . D’Hedouville” 69 . La inmedi atez con los acontecimientos políti cos vividos el
año anterior ha cían que Larrea no tuviese necesidad alg un a de apuntar que el francés
llegó al sur peninsular engrosando el ejército r eaccionario d el duque de Ang ulem a que
socorr ió a un Fernando VII retenido por los liberales españoles en Cádiz. La d eferencia
de Chatr y d e la Fosse al acercarse al lu gar donde se en contraban los Böhl es de suponer
se debió a su interés por cortejar a Ángela, la hija del matrimonio con quien lograría
casar en noviembre d e 1825. Al no ac udir Thoma s Osborne a Bornos o Ubrique, L arrea
no tuvo pie para incluir su nombre en las páginas de su Diario . A suma r a la inclinación
costumbrista del relato, el resto lo hizo el recelo que tanto el francés como el inglés
suscitaban a la ma tri arca de la familia.
Thomas Osborne y Chatr y de la Fosse tuvieron causa común en ganar la
aprobac ión de Francisca L a rrea respecto a sus r espectivos matrimonios con Auro ra y
Ángela Böhl. S egún Oroz co Acuaviva, la li terata repr obaba al mi litar por “además de
viejo, enfermo y mujeriego, [ …] protestante” 70 , a lo que habremos de añadir que
ninguna virtud ganaría el fra n cés a ojos d e la ga di tana por su historial de s ervicio – con
honores- en la caballería de Napoleón durante las guerras que comandó el corso a lo
68 Frasquita LARREA: « D iario del viaje a Bornos y Ubriq ue en 1824 » e n Archivo Osborne, recogido por
Antonio ORO ZCO ACUAVI VA: La ga ditana Frasqu ita Larrea…, pp. -.
69 Frasquita LARREA: « D iario del viaje a Bornos y Ubriq ue en 1824 » e n Archivo Osborne, recogido por
Ibid., pp. 365.
70 Antonio ORO ZCO ACUAVI VA: La gadita na Frasquita Larr ea …, pp. 133.
262
lar go y ancho de Europa 71 : “Dice n que es un bravo militar . Y o no sé de su bravura, sin o
las atrocidades qu e h a cometido en España en tiempos de la G uerra de la
Independe n cia” 72 . Será la propia Ángela Böhl quien ratifique en su s testame ntos 73 q ue
Chatry de la Fosse t enía un hij o natural al momento de unirse en matrimonio con ella, si
bien la relación que Ángela Böhl tuvo con el vástag o y la f amilia que posteriormente
formó distó de ser fría e inexist ente. A la esposa le l egó Án gela Böhl “la docena d e
cubiertos que tiene marcados A. B. m edia docena de cucharas p ara Café, un cucharon
para sopa, dos cu charitas para sal, y unas ten az as para azúc ar todo de plata en memoria
de la estimación que le tiene” 74 ; mientras que para las hijas mayor y menor del
matrimonio dictó le fu eran entregados respectivamente “doce cuchillitos de plata de
postres marcados con u na A. como memoria de su estim a” y “un aderezo que le
pertenece, compuesto de Zarcillos, Alfiler , Brazal ete todo de oro esmaltado, con perlas
y rubies, que cons erba [ sic] la S eñora compare ciente como regalo q ue le hiz o su
segundo m arido […] al contraer mat rimonio”. El primogénito del hijo natural de Chatr y
de la Fosse re cibiría “una caja que tiene [ …] con doce cubiertos y doce cucharas de c afé
de plata rosa como una memoria en señal del aprecio en que lo tiene”. D e tales legados
puede concluirse que, al menos al final de su v ida y a diferencia de lo que supuso para
su madre, el pasado de Chatry d e la Fosse no perturbó la mente de Ángela Böhl.
Centrando nuestra atención en Thomas Osborne, e n palabras de Sa ntiago
Montoto Francisca Larrea recurrió a “cuestiones políticas” 75 para sustentar su postura de
recha z o al enlace entre el inglés y su hija Aurora. El erudito sevillano no fue más allá en
un aserto que plasmó en una obra dedicada a la hija más famosa del matrimonio B öhl , y
puesto que no nos ha sido posible acceder a la documentación en la que él bebió ,
estamos incapacitados p ara demostrar con los propios escritos de Larrea q ue su aversión
a Osborne fue política por relig iosa. No en vano, t odo era uno en aquel ti empo. La
71 « C hatry de la Fosse » , CHAIX D’EST -ANGE, G : Diction naire des families frança ises a ncienn es ou
notab les à la fin du XIXe siècle , Évreux, Impr. de Hér issey, T . X, pp. 149 - 150.
72 Santiago MONT OTO: Fernán Ca ballero (algo más que u na bio grafía) , Sevilla, Grá ficas del Sur, 19 69,
pp. 166 .
73 AHPC, Pr ot. El Puerto de Santa María, Leg . 1 240 , T estamento de la Sra. Dª. Ysabel Angela B öhl d e
Faber Ruiz de Larrea, Dos de Dic. de 18 67.
Una nota marginal apuntada p or el notario reza “Este testamento está rebocado [sic] p r otro ante
mi d e este d ía Pto. de Santa María, 18 de Enero de 1870”, su signatura: AHPC, Pro t. El Puerto de
Santa María, Leg. 127 7, Testamento de la Sra. Dª. Ysabel Angela B öhl de Faber Ruiz de Larrea, 1 8 de
Enero de 1870.
74 AHPC, Pr ot. El Puerto de Santa María, Leg. 12 77, T estamento de la Sra. Dª. Ysabel Angela B öhl d e
Faber Ruiz de Larrea, 18 d e Enero de 1870 .
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
75 Santiago MONT OT O: F ernán Caballero … , p p. 149.
263
Iglesia católica – y los católicos - pugnaba en Europa por ganar su posición en el mundo
sur gido posterior a 1789, no siendo España la e x cepción. Comenzaba e ntonces un
“lar go pleito entre la Iglesia y el liber alismo español; tan largo que acaba rá ha ciéndose
enerva nt e y re ta rdará varios lustros la verdadera re stauración religiosa” 76 . Quien n o
tardó en postular se ante tal dicotomía fue la mujer que en noviembre de 1825 se
convertía en sue gra de Thomas Osborne. Au nque un estudio reciente sobre la
corre spond encia de Frasquita Larrea h a apuntado que existe en la fuente una “ censura
del propio pensamiento” 77 autoimpuesta por ella misma para “ adecuarlo a u n modo d e
pensar post erior” , rompiéndo se así la visión monolít ica y c arente d e matices del ideario
de quien fu e “defensora del “M anifiesto de l os persas” y en 1820 enemiga del
T rienio” 78 , no menos ciert o resulta que la adscripción ideológica de Frasquita Larrea fue
pública y notoria a t ravés de los escritos que dio a prensa. Un contemporáneo suyo, de
hecho, trazaría a la postre su semblante diciendo que “era literata y patriota acé rrima,
pero de las que considera ban el levantamiento de España contra el poder francés [ por
José Bona parte] como empresa destinada a mantener a la nación española en su antigua
situación y le ye s, así en lo político como en lo religioso, y aun volvi endo algo at rás de
los días de Carlos III, únicos principios y sistema, según su sentir , justos y
saludables” 79 .
No obstante, de cara a salvar el escollo que a sus ojos suponía la confesión
ang lic ana del pr etendiente de Aurora Böhl, Larrea encontró a su mejor aliado en quien
posiblemente menos esperaba. Thom as Osborne se posicionó en noviembre de 1825
ante el catolicismo de manera diam etralmente opuesta a la que m antendría el francés
Chatry de la F osse, tal y como arrojan sus respectivas partidas mat rimoniales atesoradas
entre fondos do cumentales de la parroquia d e N uestra Señora de los Milagros de El
Puerto de Santa María. De sus lectura s se conoce que una y otr a pareja contrajeron
matrimonio de manera secreta, esto es, sin dar n oticia pública de las amonestaciones
matrimoniales. Fue un sábado, el día doce de noviembre de 1825, cuando Thomas
Osborne y Aurora Böhl quedaron esposados por el oficio de Pedro Manuel Medina de la
76 Manuel REVUELTA G ONZÁLE Z: La Iglesia española en el siglo XI X . Desafíos y respu estas ,
Madrid, Universidad Po ntificia Comillas, 200 5, pp. 27 - 28.
77 Milagro s FERN ÁNDE Z POZ A: «Frasquita Larrea una mujer entre la Ilustración y el Romanticismo »,
en María Jo sé d e la P ASC U A SÁNCHEZ y Gloria ESPI GADO TOCIN O (ed s.): Frasquita Larrea y
Aherán. Europea s y españ olas entre la Ilustración y el Roman ticismo , Cádiz, Uni versidad de Cádiz,
2003, pp. 38.
78 Ibid . , pp. 41.
79 Antonio AL CALÁ GALI ANO, Recuerdo s de un ancian o , Barce lona, Crítica, 20 09, pp. 244 -245 .
264
Banda , a la sazón “ Ex aminador sinodial [sic] de este Arzobispado y V icº [vicario] de las
Ygl as de esta ciu d ” 80 . Él mismo vino a certificar qu e “ sabiendo la doct na crist na ” ambo s
contraye ntes y “ haviendo [sic] confesa do, y comul gado ”, s e unieron “ p r palabra s d e
pres te [presente] q e hicieron ” en “ v erdadero y legitimo matrim o ”. Una sema na más tarde
fue el turno de Chatry de la Fosse y Ángela Bö hl, quienes comparecieron ante un P edro
Manuel Medina d e la Banda que sí hubo de anotar al guna s dif erencias respecto a la
entrada anterior del libro, la de Thomas Osborne con Aur ora Böhl. Y es que la
cere monia entre el francés y l a española fue sólo p osible “ en virtud de Breve de su Sant d
nrs S S mo . Padre L eon d oce, en q e dispensa con los contray t es el impedim to de mista
Relig on ” 81 , pue s a unque Medina de la Banda constató que “ sabiendo la c ontra y te la
doctrina cristiana y habiendo confesado ” , el novio era “de religión reformada de
Calvino”. Las diferencias en las referencias a Osborne y Ch atr y de la Fosse son
evidentes.
El inglés era tratado como miembro de la Ig lesia C atólica, Apostólica y Romana,
una evidencia que nos lleva a sentenciar que previamente al enlace abjuró de su
confesión anglicana original. No ha sido posible localizar el expediente matrimonial que
hubo de conformarse ni tampoco doc umentación alguna ge nerada en relación a su
entrada en la comunidad católica 82 , pero pese a ello estimamos que Thomas Osborne
cambió su confesión religiosa entre en ero y nov iembre de 1825 . Nos inclinamos por
ellos pues fue con ant erioridad a la reforma de los consulados británicos acometida por
el mi nistro C anning en 1825 – recorde mos que refrendaba el papel cohesionador de la
confesión anglicana para la comunidad nacional que habitaba fuera de los dominios
terrenales del sobera no de las I slas - cuando vimos a ctuar a Thomas Osborne como
tesorero de la Britis h Factory a lo larg o d el año de 1822 , así como asistir como miembro
de pleno der echo a las asambleas celebradas por l os comerciantes británicos en enero de
80 Archivo P arroq uial Basílica Menor Nuestra Señor a de los Milagros [en ad elante APBMNSM],
Casamientos Secreto s, Segund o Libro d e Secreto s. Osborne y Böhl, 12 d e noviembre de 1825 .
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
81 APBMN SM, Casa mientos S ecre tos, Segundo Libro de Secreto s, Chatry de la Fosse y Böh l, 1 9 d e
noviembre de 1825.
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
82 Los pri meros expedien tes ma trimoniales co nservados en el Archivo P arroquial de la B asílica Menor de
Nuestra Santa Mar ía de los Milagros d e El P uerto de Santa María d atan d el último c uarto del siglo
XIX. En el Archivo General del Arzobispado de Sevilla únicamente se conserva un expediente
matrimonial d e El Puerto de Santa Ma ría, no teniendo relación algunas con los cont rayentes q ue
estudiamos. Po r último, tamp oco ha y co nstancia d el expediente o d e docu mentación gen erada p or la
abj uración de Thomas Osb orne en el Archivo del Obispado d e la Dióce sis de Jerez de la Fro ntera, si
bien sus fondo s relativos a El Puerto d e Santa María no se enc uentran aú n catalogados
completamente.
265
1824 y 1825. S us propias acciones confirman hasta entonces su fidelidad para con un a
institución que exclu y ó de su seno a los irlandeses – por católicos, o viceversa- a partir
de 1750 y en la que no pocos de sus miembros ingre s aban haciendo ga l a de su sentir
protestante, tal y como t uvimos ocasión de exponer en el epí grafe que cierra el capítulo
anterior . Es ci erto que el silencio se adueña de los registros de la British Factory en
enero de 1825 – la manifestación del fin de un hacer- , pero el hecho de que Thomas
Osborne contrajese matrimonio católico en noviembre de dicho año supone a todas
luces un punto de ruptura respecto a su tra y ectoria vital anterior : “no se pueden
descartar conversiones i nteresadas, a fin d e lograr ma y o r tranquilidad o m ejora s en lo
social y económico. O, sencillamente, como con dición previa a una boda” 83 . Osborne
seguiría relacionándose con sus compatriotas, pero dio un paso fundamental e n su
integración en la so ciedad burg uesa gaditana.
Como ocurrió también con Chatry de la Fosse, la naturaleza extranjera de
Osborne qu edó manif estada en su p artida m atrimonial. S i del francés se decía que er a
“ corone l del Regim to Nº tre ce de cazadores de a cava llo [sic] al servicio de S. S .
Cristianisima, nř al [natural] de Caen d epartamento de Calvados en Franci a ” 84 , el inglé s
apuntaría qu e él era “n řal de la ciu d de Exetter en el Re y no d e Ynglaterra ” 85 e “ hijo de
D n Pedro, y d e Dª Ysavel [ sic] Maun [ sic]” . Erró el clérig o en la grafía del apellido de la
madre de Thom as Osbor ne, posiblemente por no tener ducho el oído a l a lengua in glesa.
Sí lo tuvo m ás fácil a la hora de recoger los nomb res de los testigos que consignaron sus
firmas para dar testimonio de ambos enlac es, mostrando unos y otros las difere ntes
vidas que presuponían C hatry de la F osse y Tho mas Osborne para sí mismos . El militar
sabía que su paso po r Es paña era co yuntura l y no estaba ligado sino al ejercicio de su
oficio, de manera que el primer testigo que signó – claramente por su parte- fue “ el muy
alto, y mui Poderoso So r Espiritu V ictor Ysavel [ sic] Bonifacio Conde de Castellane
caballero d e la R l y Mi litar orden d e Sn L uis, co mendador de la o rden R l de la Legion
de Honor , condecorado con la Placa de la de Carlos tercero de España, c aballero de la
Orden del merito militar de Maximiliano Josef de Babiera [sic] , Mariscal de campo de
los Exercitos del Rey de Francia y comandante de la primera Brig ad a de la Division de
83 Manuel BUST OS RODRIGU EZ: Cádiz en el Sistema A tlántico... , pp. 313.
84 APBMN SM, Casa mientos S ecretos, Segundo Libro d e Secreto s, Chatr y de la Fos se y Bö hl, 1 9 de
noviembre de 1825.
85 APB MNSM, Casamientos Secr etos, Segundo Libro de Secretos. Osborne y Böhl, 12 de noviembre d e
1825.
272
que “con participación igual, ha subsistido entre D. GUILLERMO LONERGAN y D.
T OMAS OSBORNE” 107 y que “no usará este en delante de la firma Social sino para
objetos de liquidación”. La noti f icación se debió al trato qu e ambas casas habían tenido
con anterioridad 108 , aunque nada dirá al respecto de si la firma cesante era la mi sma con
la que Osborne operó años atrás – recuérdese, el auxilio a T erry y la constitución de la
casa subalterna en La Habana llevada por F esser- u otra homónima constit uida má s
tarde. En base a lo que apuntaremos en el párrafo siguiente, nos inclinamos por el
primero de los supuestos , mientras que, por su pa rte, en la s egunda de las circulares sí
encontraremos expresada de forma explícita la voluntad de Thomas Osbo rne respecto a
su futuro más próxim o. Lejos de abandonar el ramo de comercio que h abía ej ercido
durante años, la hoj a hac ía saber – habla Osborne- “mi dete rminación de seguir girando
bajo mi nombre, y po r mi cuenta sola” 109 .
Recurrie ndo a los prot ocolos notariales gaditanos podremos saber que la
liquidación total de “Guillermo L on er gan & Cª” a la que se hacía men ción en la primera
circular mencionadas se prolong ó a lo larg o del a ño entrante. Thom as Osborne se
encontró nuevamente ante un notario el últ imo día de 1830, siendo acomp añado por tres
testigos – Manuel ¿Mardo ? , Facundo y Félix de Lizarr a - y de “D n Eduardo F esser
residente e n ella [Cádiz] y del Comercio de Mata nz as” 110 . T anto el apellido de la
segunda parte compareciente como su adscripción profesional li ga ban al tal Eduardo
Fesser con aquel otro Fesser , Francisco de nombre de pil a, con quien Osborne trató
siendo socio d e “Guill ermo Loner gan & Cª”. Entonces co rría el mes de mayo del año
1820 y el trámite not arial s e originó a resultas de la casa subalterna d e la sociedad qu e
habían acordado abrir en L a Habana y que Francisco Fesser diri giría con el capital que
los británicos le proporcionarían, siendo la propia escritura de 1830 la e ncar gada de
ratificar tal rel ació n: “Que el último es apodera do de su hermano D n Francisco Fe sse r
del Comercio de la Havana [sic] en virtud del poder que le confirió en ella [ …] esta
Siempre fidelísima C iudad de l a Havana [sic] en veinte y uno de Julio de mil
ochocientos treinta años”. Aq uel Eduardo Fesser que pasaba a la orilla europea del
Atlántico lo hacía con el encarg o d e su hermano “pa ra que a mi nombre pueda disolver
107 AHO, Leg. 1 30, Mazo 17, Guillermo Lonergan & Cª a Du ff Go rdon & Cª, Cádiz 31 Diciembre 182 9.
La cita siguiente se obtiene del mismo documento.
108 Más de u na decena de misivas cursadas entre los años 1827 y 182 8 en las que la socied ad “Guillermo
Lonergan & Cª” act úa co m o t enedor a y cambista de letras. AHO, Le g. 3, m azo 2 y mazo 3.
109 AHO, Leg. 1 30, Mazo 17, Thom a s Osborne a D uff Gordo n & Cª, Cádiz 31 Dicie mbre 1829 .
110 AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 320 7, Compañía entre D n T omas Osborne y D n Eduardo y D n Fr an co Fesser .
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
273
la Sociedad que tengo de presente y f orm ar otra […]”, habiéndose denominado la que se
extinguía “D n Francisco Fe sse r y Compañía”. Puesto que el de Matanzas no llegaría a
Cádiz antes del mes de agosto de 1830, la firma “Guillermo L onergan & Cª ” en la que
participó Osborne continuaría tod avía en trámites de liquidación durante la estac ión
estival. Si todo concluyó con un acuerdo pri vado – siguiendo el eje mplo de su
constitución- entre Osborne y Lonergan, nada más podremos sabe r . Eso sí, el nombre de
Guillermo Loner gan 111 no queda ría plasmado en el documento notarial que
subscribieron Thomas Osborne y Edu ardo Fesser aquel treinta y uno de diciembre de
1830.
Joaquín Rubio fue el enca rgado de legalizar una escritura por la que Thomas
Osborne quedaba obli gado a aportar de capital a la nueva compañía “el que le toque por
dicha L iquida ción de la Casa de Fra n co Fesser y Cª de la Havan a [ sic]” 112 , yéndole a la
111 Tras el nom br e de Guiller mo Lonergan hem o s po dido id entificar d os co m ercia ntes hom ó nimos que
operaron d esde Cádiz entre – al menos- 182 0 y 1839 . La relación entre a m bo s fue pater no -filial. El
primero d e ello s dictó las líneas m aestras de su te sta mento en febrero d e 1830, men cio nando q ue tenía
descendencia masculina –“The residue of my p roper ty [ …] I b equeath to my t hree sons i n eq ual
shares and propor tions on thei r severall y attai ning t he age o f twenty five years […]” - pero explicitaba
los no mbres de sus hijo s. El te stamento sería ej ecutado el once d e agosto d e 1 835, p or lo que ca sa q ue
el testado r fuese el Will iam Lonergan co n q uien Osbor ne est uvo aso ciado. NA, PROB , 11 - 1871 -7,
Will of Willia m Lonergan of Cadiz, Spain.
Que s us hijos fu eran me nores de v einticinco años de edad hacia 18 30 explicaría que el siguiente
William Lonergan de quien teng a mos noticias aparezca años después. Una circular recibida por
“Guillermo Du ff Gord on & Cª” ap unta que los hijos d e Lonergan contin uaron la lab or del padre en
unión baj o la firma “Lonergan Brothers & Cª” al m e nos hasta finales d e 18 37, cuando William
Lonergan hijo decidió pr o bar suerte en s olitario co n Daniel MacP herson con la razón social de
“William Lonergan & Cª” “[…] the same firm [ …] that existed here during my Father’s lifetime”. El
acta de constitución de la sociedad ratificaba los fines qu e adelantaban con la circu lar, j unto a las
comisiones “ […] al co mercio en general”, haciéndonos saber que “El capital que Dn G uillermo
Lonergan pone en la co mpañía consiste en su patri monio en inte ré s que tiene e n Méjico, que i mporta
treinta mil p s. [pesos] fuertes y el de Dn Daniel Macp herson consiste en tres mil q uinientos pesos
fuertes en metálico”. A H O, Leg. 130, Mazo 31, Notificación co nstitución socied ad William L onerga n
& Cª, 31 de dicie m br e 183 7; AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 3 224, Escritura de sociedad entre Guillermo
Lonergan y Da niel Macpherso n, 21 d e marzo de 18 38
La actividad q ue ambos llevar on a cab o se co nstata en distintas misivas conservadas por la casa
mercantil de El P uerto de Santa Marí a: “Cadiz 6th August 1838 […] In answer to you favour 3d […]
we have to i nfor m y o u that a t present we have no e xistences of stave s ¿saue? About 10 mil Bar rel […]
We ho wever dail y e xpect a cargo f ro m Ne w York, which o n ar rival we shall particip ate t o you g i vin g
y o u the p reference thereo f”; “Cádiz 9 Dic. 18 38, Muy Sre s. Nrs. El Cap n d el berg n [bergantín] Inglé s
[…] habiendo r enunciado a ir a Hull y Leith […] hemos re suelto poner dho [d icho] buque con carga
p a Liverpoo l y Glas gow, para cuy o s p uertos tie ne ya m a s d e la mitad de su carga ap alabrad a y po r si
tienen algunos vinos q e emba rcar record arán tener la bo ndad de avisárnoslo p a mandar las ordenes
correspo nd tes ”. AHO, Leg. 3 , Mazo 1 3, Guillermo Lonergan & Cª a Mssrs Duff Gordo n & Cª, Cadiz,
6th August 18 38; AHO, Leg. 3, Mazo 13 , Guiller m o Loner gan & Cª a Ms srs Du ff Gord on & Cª,
Cadiz, 9th Dece mber 1838 , respectivamente
Sea cuales f uesen los motivos o razo nes que en mente t uvieron Loner gan o MacPhe rson, a
finales d el mes d e julio de 1839 comparecían ambos a nte el n otar io para p rotocolizar la disolución d e
la so ciedad. AHPC, P rot. Cádiz, Le g. 32 31, Distracto de Com a D n Guiller mo Lonergan y D n Da niel
Macpherson, 21 de marzo de 1 839.
112 AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 320 7, Compañía entre D n T omas Osborne y D n Eduardo y D n Fr an co Fesser .
274
par un Francisco Fesser que h abría de depositar también “el que le corresponda po r
liquidación final de Cuentas en la Sociedad que termina hoy de Franco Fesser y Cª ”.
Quizás en proporción desigual, pero uno y otro participaron de la compañía que había
radicado en la capital de Cuba. El hacer d e la sociedad durante los años pasados no
caería así en sa co roto de cara al futuro: “ D n Francisco Fesser: por esta r epresentación
[la de su hermano] y por su propio derecho, y D n Thomas Osborne por su pa rticular
interes manifiestan: Que deseando todos tres [Osborne y los he rmanos Fesser] formar
una Sociedad en la Havana [sic] que continue [sic] los negocios de la que ha girado bajo
el nombre de D n Francisco Fesser y Compañía q ue en esta fecha termina y conclu ye,
han deliberado establecerla y constituirla bajo lo s pactos y condiciones que se p asan a
esponer [sic] […]” 113 . Hasta en número de quince s e detallarían las cláusulas estipulada s
y fi rmadas por los socios, desarrollándose a lo la r go d e todas ellas los papeles diferentes
que Thomas Osborne, Francisco Fesser y Eduardo Fesser habrían de jugar en ade lant e.
El inglés elegía como co mpañero d e negocios a un individuo de quien tenía ya
conocimiento. El tercer s ocio en discordia, Eduardo Fe sse r , a bu en seguro que también
le resultaría f amiliar a Osborne a esas alturas, si bien para nosot ros es ahora cuando se
introduzca en su vida. Así, a tenor de lo refe ri do en la escritura de constitución de
sociedad de 1830, la cesante “Francisco F esser y Compañía” ex tendió en algún
momento su radio de acción a la ciudad d e Mat anzas. Para ello se v alió de una c asa
filial ti tulada “Fesser Hermanos y Compañía ” a cu yo frente s e encontr ó un Eduardo
Fesser que, justamente, participaría de l a nacient e “Francisco Fesser y Compañía” con
el capital “que arroje a s u favor la liquidación que se practique del establ ecimiento de
Matanzas [ …] en que es interesado”. L os tres socios estaban unidos por lazos de sangre
y de confia nza mutua l abrada durante, al menos, una d écada. T odos e l los quisi eron
minimizar la posible incidencia del cambio societario en el curso de los neg o cios y no
estuvieron dispuestos a desaprovechar el buen n ombre que hubo de tener la casa que
finalizaba su a ctividades el tre inta y uno de diciembre, rezando en co nsonancia el
artículo primero de la escritura de soci edad qu e “el tí tulo de la Compañía será el mismo
que ha tenido hasta aquí de Francisco Fesser y Compañía”. Dotando d e razón a las
palabras del lampedusiano príncipe de Salina , acto se guido se escribía “Q ue el
establecimiento que ha e xistido en Matanzas perte neciente a la C asa de la Havana [sic],
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
113 AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 320 7, Compañía entre D n T omas Osborne y D n Eduardo y D n Fr an co Fesser .
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
275
continuará en los mismos terminos [sic] y bajo l a propia razon [sic] social con que hasta
ahora se ha denominado de Fesser Hermanos y Compañía, estando en todo su g eto [sic]
y subordinado a la Casa de la Havana [sic] […]”.
De la lectura de la escritura se intuye que Thomas Osborne ocuparía en la nueva
“Francisco Fesser y Com pañía” un papel de mero capitalista. Frente a Eduardo Fesser –
la parte más débil de los tres socios, quizás por juventud- que habría de laborar en la
plaza de Matanzas y , tam bién, se contemplaba que pudiera “viajar en Europa y en donde
tenga por conveniente y sea util al interes de los demas Socios” 114 ; o Francisco Fesser ,
nombrado g erente de la soc iedad y a quien se capacitaba para “[…] el uso de la firma y
la administración de ella, […] esclusivamente [ sic]”; ningún requerimiento detallado se
recogería en el articulado referido únicamente al inglés. Lo único que se escribió de él
fue que “al D n T om as Osborne […] a demás se obliga a in gre s ar por mas [sic] Capital en
esta nueva Sociedad, otra C antidad que mas [sic] adelante estipularan los Socios
amiga bl e y convencionalmente y cu ya entidad se estampara en los L ibros de la C asa”.
Si los dos hermanos Fesser estarían destinados al otro lado del Atlántico bajo la premisa
de que “no podrán dedicarse en la Havana [sic] ni en otro punto a otros ne gocios que a
los de esta Compañía haciendo por la misma y p ara ella cuantos lle guen a sus al canzes
[sic] […]”, Thom as Osb orne desd e Cádiz contem plaría las mismas a guas atlánticas sólo
teniendo que aportar a l a casa comercial d e la que pasaba a ser socio un capital cuya
cuantía no era siquier a esboz ada ante el notario. No sería la única indefinición respec to
al capital con el que operaría “Francisco Fesser y Compañía”, pues tampoco se
desvelaba en la escritura protocolizada por Rubi o la suma que Francisco Fesser podía
añadir al capital societario de cumplir con la posi bilidad que se le planteaba de “dejar en
la Caja de l a Socied ad y para el uso de ella los bi enes dotales d e su Conso rte Dª María
Belen de A rozarena”.
Pues que es seguro que Osborne habría de engro sar con su hacienda el caudal de
“Francisco Fesser y Com pañía” y que co rrespondía al comerciante homónimo dilucid ar
si depositaba en ella más o menos capital, interpre tadas ambas casuística s en conjunto
venimos a entend erlas en relación a la n ecesidad de sustituir la suma q ue Guill ermo
Loner gan hubo de ten er depositada en la sociedad “Francisco Fesser y Compañía” que
se exti nguía en el segundo semestre de 1830. Correspondió entonces a los más capaces
114 AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 320 7, Compañía entre D n T omas Osborne y D n Eduardo y D n Fr an co Fesser .
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
276
– en términos económico s- de entre los tres nuevos socios asumir el vacío, viéndose
reflejado en proporción el compromiso que adquirirían a la hora d e efectuarse el repart o
anual de beneficios: “De las uti lidades que rinda la Sociedad se abonará a cada Socio
sobre su Capital anualmente un seis por ciento”. Como era de esperar , correría d e la
cuenta común los “[…] gastos de Escritorio y de Casa, el arrenda miento de esta y de
almacenes y los sueldos de Dependientes tanto del establecimiento d e la Hava n a [sic]
como del de Matanzas [ …]”, así como la r etribución “[…] al Socio D n Francisco Fesser
[de] mil quinientos pesos fuertes a anua les por compens ación d e los ga stos
estraordin arios [sic] que tenga que hacer como Socio gerente de la Compañía” 115 ,
repartiénd os e el remanente de una manera que dejaría patente la posici ón desigua l de
Osborne y los dos Fesser . Para el inglés sería un tercio del beneficio – o del déficit, si lo
hubiera-, mientras que sobre los hermanos recaerían los dos tercios restantes – en
positivo o negativo- “arr eg l ando estos entre si por convenio privado la por ción que cada
uno ha de percibir” .
Salvo para apuntar que los tres socios se daba n un plaz o de cinco años para girar
neg o cio con la comp añía, nada m ás nos ha rá saber sobr e Thomas Osborne la es critura
constitucional de “F ran cisco Fesser y Compañía” de 1830. Desconocemos en todo
punto cuál fue el discurrir de la casa, pues no consta en el protocolo nota marginal
alguna que refiera si se sacó copia de la escritura con posterioridad, modificó su
contenido en algún punto o si , quizás, la sociedad se disolvió con carácter previo a la
vigencia estipulada en pr in cipio. Por el contrario y a modo de cierre para el presente
epígrafe, conclu yendo también con una etapa de ne gocios de Osborne, s í pode mos
sentenciar al r especto de su trato con ambos herma nos que la acción se most ró en
consonancia y sint onía con su desempeño como socio de “Guillermo L onerg an & C ª”.
En e lla encontró Osborne el punto de apoyo pa ra labrarse un nombre en la plaza
comercial ga ditan a, una realida d que se constata sobradamente para el año de 1830 y
que le p ermitió, de forma indirecta – pe ro, quiz ás, no involuntaria -, orientar sus intereses
hacia un sector e conómico distinto. Fue p ocos días antes de firmar el acuerdo con los
Fesser cuando su entronque matrimonial con l os Böhl abrió la posibilidad de que
Thomas Osborne conjugase a la p erfección su imbricación d e décadas dentro d e la
comunidad mercantil bri tánica asentada en Cádi z con los caudales logrados operando
115 AHPC, Pro t. Cádiz, Leg. 320 7, Compañía entre D n T omas Osborne y D n Eduardo y D n Fr an co Fesser .
La cita siguie nte se obtiene de l m ismo d ocumento.
277
bajo la firma d e “Guille rmo L on er gan & C ª”. T res días antes d e la Nav idad de 1830
quedaba reconocido ante notario que Osborn e concedía u n préstamo a l a h eredera de un
neg o cio en la vecina ciudad de El Puerto Santa María 116 . Los p asos del inglés volvían a
cruzarse entonces con el ape llido del cónsul británico de Cádiz más relevante que vimos
al tratar la British Fac tor y . Aquella escritura notarial marcó el resto de lo s días de vida
de Thomas Osborne y , ta mbién, los de sus descendientes.
Cerr and o el cír culo de los negocios y la familia : las bod egas de Duff Gordon
“En la Ciudad de Cádiz a veinte y dos d e Diciembre de mil ocho cientos treinta”.
Así comienza el documento que liga por primera vez el apellido Osborne con el jerez.
Fue un día de invierno en el que Thomas Osborne se encaminó hacia la escribanía de
Joaquín Rubio con el paso relajado de quien sabe de antem ano el discurrir del acto que
va a pr esenciar y con cu ya resolución estaba, además, conforme. Ante el notario se iba a
ratificar un hecho ya co nsumado, no siendo la otra parte compareciente sino la que
repre s entaba su sue gro J uan Nicolás Böhl. De la razón de la presencia d el alemán allí
daría cuenta él mi smo a las líneas de hab er co menzado a redactarse el escrito, pues
“Dijo: Es apoderado g en eral de la Sra. Dª Carolina Duf f Gordon de Brook S treet, vecina
del Condado de Middlesex en Ynglate rra, viuda d e D n Guillermo Duf f Gordon Baronet,
en virtud del poder que le confir ió en Hereford , Condado de este nombre, en doce de
Diciembre de mil ochocientos veinte y t res [ …] para correr con todos sus asuntos y
neg o cios de su Casa y firma d e Guill ermo Duff Gordon y Compañí a ”. T an poc a
sorpresa d epararía el encuentro entre ambos como trascendenci a tiene en sí el
documento. El propio Böhl se encar gaba de expli car seguidamente el concurso de su
y er no al decir que era él, “D n T omas Osborne de este Comercio, quien le f ranqueó hasta
la C antidad de cincuenta mi l pesos de ciento setenta cuartos”. Uno com o emisor del
préstamo y ot ro como representante d e la receptora de la suma, el acto giraba en torno a
la familia.
Pocas líneas más necesitaría el documento notari al para hacer aflorar el mot ivo
que ll evó a Carolina Duf f Gordon – y Juan Nicolás Böhl en su nombre- a recurrir al
116 AHPC, P rot. Cád iz. Leg. 32 07, Ob ligación. La S ra Dª Caro lina D uff Gord on de Br ook Str eet a favor de
D n T omas Osborne.
Las citas siguientes se o btienen del mismo documento .
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