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Lo inefable: entre la luz y ninguna parte

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Lo inefable: entre la luz y ninguna parte

Author: Jiménez-Donaire-Martínez, Salvador
Year: 2016
Source: https://idus.us.es/bitstreams/666f079e-4af6-4297-b46a-23391f053a4a/download
LO INEFABLE
En e la luz y ninguna pa e
SALVADOR
JIMÉNEZ-DONAIRE MARTÍNEZ
TRABAJO FIN DE GRADO
GRADO EN BELLAS ARTES
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
2015-16

SALVADOR JIMÉNEZ-DONAIRE MARTÍNEZ
Tu o
DANIEL BILBAO PEÑA
Vº. Bº. del u o :
LO INEFABLE
En e la luz y ninguna pa e
TRABAJO FIN DE GRADO
GRADO EN BELLAS ARTES
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
2015-16
LO INEFABLE
En e la luz y ninguna pa e

EN UN LUGAR PARA HUIRSE
Espacio. G an espe a.
Nadie iene. Es a somb a.
Da le lo que odos:
Signi icaciones somb ías,
No asomb adas.
Espacio. Silencio a dien e.
¿Qué se dan en e sí las somb as?
Los abajos y las noches
A. Piza nik
18
Ve ical, ho izon al. La línea c ece en un sen ido y en su pe pendicula ,
incansable.
El p esen e abajo es una p opues a de ace camien o a la Abs acción
Con empla i a. En iempos en los que odo luye acele adamen e, en los que
odo se p ocesa en segundos, es os abajos in i an a obse a de enidamen e.
Resul a di ícil dige i una imagen bajo es os pa áme os.
Es amos an acos umb ados a mi a que no mi amos. O mejo , no emos.
Pasamos de imagen a imagen sin sabe lo. Y la imagen se gas a. ¿O se gas a
nues a e ina?
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En cualquie caso, esa es a egia de isión ugaz no unciona con el abajo
aquí p opues o: se a a de imágenes que no se o ecen ni se en egan al
p ime golpe de is a, y que sólo se e elan an e una mi ada a en a.
El p oyec o, a a és de esa con emplación casi mís ica, p e ende ob ene una
espues a ascenden al de las pin u as. Que la abs acción pueda con ene
una lec u a eligiosa es sabido desde la segunda mi ad del siglo XX.
¿Es posible, en el caos caduco de nues os días, expe iencia la noción de lo
sublime? ¿Es posible encon a descanso en él?
De es a mane a, simple, desnuda, en es e ex o y a pa i de la obse ación de
es os abajos se pe sigue des ela o o luga -in isible, más ele ado, quizá- y
ol e lo accesible a quien quie a a a esa lo.
“Lo que se e depende de cómo p es e el obse ado su a ención, es deci ,
de las an icipaciones que desa olle y de las explo aciones pe cep i as que
ealice”, esc ibi ía Ul ic Neisse en su lib o P ocesos cogni i os y ealidad.
A explo a , en onces. Y lo que encon amos es un abajo que, con ecu sos
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mínimos y un lenguaje plás ico educido, dice cosas. Aunque ambién exis en
cosas no dichas, cosas que no pueden deci se, silencios en e línea y línea;
pausas que, al inal, acaban po habla , incluso.
Di igido hacia lo desconocido o, aún mejo , lo que es á más allá de lo
desconocido -como iene suge ido en las esc i u as hinduis as Upanishads-,
el p esen e ex o, Lo Ine able, pe sigue examina y econoce el abajo
plás ico y la in es igación eó ica que se ha desa ollado en los úl imos dos
años de ca e a.
Como sen enció la p es igiosa coleccionis a de a e Dominique de Menil:
“Vi imos ac ibillados po imágenes y sólo el a e abs ac o puede conduci nos
al umb al de lo di ino”.
Se hace así uso aquí de la abs acción como lenguaje pa a habla de lo que
no se e, oÍ lo que no suena, da o ma a lo que no se puede nomb a .
21

CONTEXTUALIZACIÓN TEÓRICA E INTENCIONES
2
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Ya no quedan ce ezas, ni g andes e dades, ni asunciones dogmá icas
que di ijan o gobie nen nues a concepción de la ealidad. Si po algo se
ca ac e iza es a e a posmode na, la nues a, es po la ca encia de mi os
uni e sales.
La decepción y sensación de desencan o que ajo consigo el acaso de la
mode nidad al in en a eplan ea las o mas de exp esión y pensamien o se
aducen, po su pa e, en el echazo de u opías y el cul o a la indi idualidad.
Como consecuencia, los ni eles de consumo se dispa an y la impo ancia del
pasado, e incluso del u u o, se minimiza, esul ando únicamen e ele an e el
p esen e.
LA PERCEPCIÓN DEL ORDEN
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Pe o el p esen e es e íme o.
P ecisamen e así es el i mo de ida en la con empo aneidad: ins an áneo,
pe manen emen e cambian e, ugaz y, en palab as del sociólogo y ilóso o
Zygmun Bauman, líquido.
Con es a me á o a desc ibe el polaco nues a época. El líquido, en e a lo
sólido, no conse a su o ma la go iempo; de hecho, es p openso a cambia la
con acilidad. De alguna mane a, los sólidos cancelan el iempo: lo esis en
e icazmen e, lo desa ían. Los líquidos, po el con a io, y según los desc ibe el
p opio pensado , “ luyen, se de aman, se desbo dan, salpican, se ie en, se
il an, go ean, inundan, ocían, cho ean, manan, exudan”.1 Así, los líquidos
a anzan, casi imposibles de de ene : so eando obs áculos, disol iendo o os.
Además, cuando un líquido se c uza con un sólido, el p ime o esul a
inco up o; el segundo -si es que sigue siendo sólido as el encuen o- su e
un cambio: se empapa, se humedece.
Po odas es as azones, esul a ap opiado pa a Bauman habla de la “ luidez”
de la na u aleza de nues a ealidad ac ual.
Sí, de ini i amen e el nues o es un iempo acele ado. Las nue as ecnologías
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El ilóso o ancés Mau ice Me leau-Pon y hace de la isión y lo isible dos
elemen os di e enciados, y llega a a i ma en su ensayo, Lo isible y lo
in isible, que “sin duda, no es mi cue po el que pe cibe”.5
Debemos eco da cómo, según el dilema sa cás ico de Maleb anche, el
espí i u sale po los ojos pa a i a pasea se en las cosas.
En ocasiones, pa ece que nues a pe cepción es é más basada en emociones
y sensaciones que en la in o mación que nos dic an los p opios sen idos. No
podemos ol ida que la in uición es econocida como una o ma álida de
accede al conocimien o -sin es a basada en la azón.
¿Cómo nos en en amos a lo que pe cibimos, pues? Mejo aún, ¿cuál es
la o ma en la que pe cibimos ealmen e? Se han suge ido dos en oques
di e en es: uno basado pu amen e en la ciencia y o o egido po in uiciones
de ca ác e me a ísico, casi mís ico. En ese sen ido, y desde la dimensión
a is íca, Vasili Kandinsky llega a a i ma que “la in uición inna a del a is a es
un alen o e angélico que no debe en e a ”.
Si en es e apa ado se pe sigue desc ibi el con ex o sociocul u al en el que el

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p esen e abajo se desa olla, es necesa io es ablece cómo, en nues a e a
digi al, la men alidad es cla a y dominan emen e cien í ica, in luyendo és a en
odos los ámbi os de la ida.
En la p ác ica de es e abajo, no obs an e, exis e un ineludible componen e
espi i ual que se aleja de odo ese logos. En cualquie caso, esul a necesa io
econoce que i imos egulados po mo imien os ci cadianos que es ablece
el iempo en acciones; además, nues o mo o , el co azón, no deja de se
un me ónomo na u al que ma ca í micamen e secuencias epe idas, luego
de alguna mane a es amos inculados a un o den de e minan e y pe cusi o.
Si asumimos que en el o den eside la belleza, y que den o de él esuenan
concep os an ele ados como és a, ¿es acaso posible expe iencia lo en oda
su pleni ud pa a noso os, los indi iduos posmode nos?
Pa a esponde a esa p egun a p obablemen e debamos o mula o a
an es: ¿es la nues a una sociedad desac alizada? Sin luga a duda, es
con ecuencia así desc i a den o del ma co de deba e his ó ico-cul u al,
ue emen e ca ac e izado po nume osas c isis de oda índole. En e odas
ellas, una de las más igno adas, aun pudiendo se de las más ele an es, es
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la c isis espi i ual que, desde la explosión de la P ime a Gue a Mundial a
p incipios del s. XX, lle a a as ándose has a nues os días.
Es impo an e señala aquí que, al hace e e encia a lo espi i ual, no se
alude a ninguna doc ina eligiosa conc e a -mucho menos a los g andes
mono eísmos pa ia cales que han dominado nues a his o ia.
En con as e y como consecuencia de odo lo an e io , el abajo a ís ico aquí
desa ollado es á basado en lo siguien e:
- La disciplina i ual y la epe ición como es a egias de c eación en un
iempo donde pocas p ác icas i uales sob e i en.
- La p edilección po la acción manual en una e a casi plenamen e
ecnológica, en la que el es ue zo ísico y el abajo len o son ampliamen e
echazados.
- El ca ác e ela i amen e anónimo en una época ex emadamen e
hipe indi idual.
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- El enacimien o de una sensibilidad mís ica en nues o iempo
pos mode no, con uso, ecléc ico, donde los ela os uni e sales ya no ienen
alidez.
- El én asis des e gonzado en la espi i ualidad, la con emplación, la
belleza, la sensualidad de las supe icies... en el p incipio de un siglo en el
que es as nociones, si bien exis en, no suelen se cen ales en el p oceso de
c eación del a is a.

ARGUMENTACIÓN DISCURSIVA, REFERENTES Y
METODOLOGÍA DE TRABAJO
3
“Cap u a el espí i u con el ojo, donde lo ce cano se di unde
en lo lejano y lo lejano hace ib a lo ce cano, donde la
p esencia de las cosas se da sob e un ondo de ausencia,
donde el se y la apa iencia se in e cambian”
El espí i u y el ojo
Mau ice Me leau-Pon y
“....lo que necesi amos es paciencia. Se necesi a iempo
pa a que un sis ema de con enciones c is alice has a que
cuen e cada a iación su il.”
El sen ido del o den
E. Gomb ich
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más bella del mundo”10.
Cie amen e, es e a is a alemán es uno de los más in luyen es en la concepción
del abajo aquí p esen e.
Toda su ob a ascina po lo pausado de su cons ucción: desde sus Milks ones
-pied as de má mol cuyas supe icies son sua emen e lijadas pa a que
con engan leche, que es eno ada cada día mien as son expues as- sus
ins alaciones de a oz -dispues o puñado a puñado en un ges o empapado
de humildad- has a sus Habi aciones de ce a de abeja o sus emblemá icas
ins alaciones de polen, cuya ecolección necesi a meses, años, de la que él
mismo se enca ga. De hecho, Laib lle a más de dos décadas ecolec ando
esa diminu a ma e ia, que no es sino po encial de ida.
Y es que, aunque cie os asgos o males le asocien al minimalismo, su abajo
se ges a en una dimensión es ic amen e me a ísica -los í ulos de sus ob as,
I’m No He e, Passage, You Will Go Somewhe e Else, en e o os, son p ueba,
quizá i e u able, de ello.
Con ma e iales na u ales an ágiles y pu os, Laib desa olla un abajo de
exquisi a sencillez, que él mismo incula a la mís ica: in luido po la iloso ía

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y eligión o ien al - i e en e Alemania y la India-, su p ác ica a ís ica es
e dade amen e espi i ual -de hecho, algunas de sus piezas son p esen adas
en pla os de la ón a modo de o endas sag adas.
Polen y leche que no pueden se ocados, pequeñas mon añas de a oz que
no pueden se epadas, pasillos y habi aciones de ce a i gen a las que no
se puede en a , ba cos de la ón que no pueden se na egados, o endas a
una deidad desconocida....
Pa ece que su ob a e oque una expe iencia de o den di ino.
Pe o habla de mis icismo en el a e es habla , sob e odo, del exp esionis a
abs ac o Ma k Ro hko. Sus campos de colo se p opagan sob e la supe icie
del lienzo y a apan la isión. El colo , apa en emen e plano, se des ela
p o undo, abismal, ico en en ado es ma ices. Sin emba go, su pin u a en
ningún caso se educe a la sensualidad del c oma ismo. En palab as del
p opio a is a: “La gen e que llo a an e mis cuad os i e la misma expe iencia
eligiosa que yo sen í al pin a los. Y si us ed (...) sólo se sien e a aído po
sus elaciones de colo , en onces se le escapa lo decisi o.” Es o se uel e
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especialmen e la en e en sus Da k pain ings, ealizadas hacia el inal de su
ida, que e ocan sen imien os de desespe ación elacionados con la mue e.
No es impe inen e menciona que el pin o ame icano, de o igen uso, se
suicidó poco después de pin a las.
Tampoco es de ex aña que algunas de sus pin u as sean mos adas en un
espacio-san ua io conocido como la Capilla Ro hko (Hous on). Pa a muchos,
su ob a es lo más ce cano a la expe iencia eligiosa: sus pin u as obligan a
gua da silencio. “Calla es an ace ado”11, decla aba al espec o el p opio
pin o .
De ellas, el a is a alemán Ge a d Rich e dijo en 1997: “las pin u as de Ro hko
supusie on oda una conmoción. (...) E an sac as, (...) exhalaban un háli o
ascenden al.”12
Pa ece del odo plausible desc ibi sus lienzos como supe icies de belleza
c omá ica incandescen es, pe o es e iden e que hay más den o de ellos.
Resul a ace ado eco da cómo, según Pla ón, “la con emplación de la
belleza, al como se expe imen a en el amo , puede conduci al eino de las
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ideas ascenden es.”
Si sus pin u as solo es án compues as po pigmen o y aglu inan e, ¿es posible
que és as encie en mis e ios de an ele ado o den? Pa a el más ilus e
díscípulo del nomb ado Pla ón, A is ó eles, al abaja la ma e ia se pod ía
aplica un p incipio espi i ual, que ac ua ía como la le adu a en la masa del
pan.
Cla o que es as no son cues iones banales. Como di ía el esc i o de a e
F ançois Rio: “El ó gano especial necesa io pa a ap ecia el ipo de ob as del
que que emos habla no es el mismo que se usa pa a juzga ob as de a e
ulga es. El mis icismo es a la pin u a lo que el éx asis a la psicoclogía”13
Si, se es á deba iendo sob e un a e especialmen e sensible y alejado, que
incluye odo aquello no necesa iamen e in eg ado al plano conscien e de una
cul u a o sociedad.
A esos luga es alejados se di igen ambién las pin u as de Agnes Ma in,
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cuya in luencia se ad ie e a lo la go de odos los abajos aquí p esen ados.
Re e en e undamen al en es e p oyec o, su pin u a es á ca ac e izada po
una exquisi ez o mal única.
Sus deslumb an es, sob ecogedo as cuad ículas -las suyas sí son cuad ículas-
se basan en un igo espi i ual que le lle ó al aislamien o y la p ác ica de una
ida aus e a.
Exis e con ol, p ecisión, medición en la pin u a de Ma in. Quizá po ello, jun o
al e iden e educcionismo al que queda some ido su abajo, ue cali icada
como minimalis a. Ella, sin emba go, echazó al e ique a, decla ándose
a sí misma una igu a más del exp esionismo abs ac o - o mado po un
colec i o de a is as que admi aba. Amiga ín ima de Ad Reindha , conocía
pe sonalmen e a Ba ne Newman, Robe Rauschenbe g, Jaspe Johns,
Ellswo h Kelly y el es o de la escena de Nue a Yo k, de la que inalmen e
huyó buscando e ugio.
P ecisamen e eso, e ugio, es lo que o ecen sus pin u as. Con í ulos an
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peculia es como Felicidad, Amo y bondad, Niños pequeños amando el
amo , G a i ud o A ec o, Ma in deja cla a la in ención exp esi a de su abajo
y su concepción de la belleza y elicidad como mani es aciones de lo sublime.
Sugi ió que sus pin u as debían se descubie as como cuando, en sus
p opias palab as, “se c uza una playa acía pa a e el ma ”.
Especialmen e eco dada y celeb ada po sus nomb adas cuad ículas, en
ealidad és as pin u as solo ue on ealizadas du an e unos diez años -pocos
si se iene en cuen a que la pin o a es u o ac i a du an e más de cinco
décadas. El g an cue po de su ob a es á compues o po bandas de pálido,
b illan e colo aplicado en diluidas capas aslúcidas.
Aun así, ue on sus cuad ículas las que la han señalado como una de las
a is as más singula es del s. XX.
En ese sen ido, la c í ica y eó ica del a e Rosalind K auss dedica odo un
ensayo únicamen e al es udio de la e ícula como emblema del anhelo mode no
en las a es plás icas. Y aunque, como ya se ha exp esado an e io men e, los
abajos p esen es en es e p oyec o no son concebidos como cuad ículas,

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K auss hace algunas decla aciones que son igualmen e álidas pa a esas
es uc u as que nos ocupan: “La e ícula mues a las elaciones en el campo
es é ico como si se p oduje an en un mundo apa e, un mundo a la ez an e io
y pos e io a los obje os na u ales. La e ícula decla a al mismo iempo el
ca ác e au ónomo y au o e e encial del espacio del a e.”14
Así, la c í ica, p o eso a ambién en la Uni e sidad de Columbia, admi e en su
ex o que, pa a algunos de los p opios a is as que la aman, esa e ícula es
ambién e lejo de un o den supe io .
“Aunque la e ícula nos lle e a habla de ma e ialismo -y no pa ece que
haya o a mane a lógica de habla de ella-, no les ha ocu ido lo mismo a los
a is as. Si consul amos cualquie a ado -A e plas ico y A e plas ico pu o
o El mundo no obje i o, po ejemplo-, nos encon a emos con que Mond ian
y Male ich no hablan de lienzos, pigmen os, g a i o o cualquie o o ipo de
ma e ia. Hablan del Se , del Conocimien o o del Espí i u. Desde su pun o de
is a, la e ícula es la escale a hacia lo Uni e sal, y no les in e esa lo que pasa
abajo, en lo Conc e o.”15
Al amen e in luenciada po la doc ina aoís a, Agnes Ma in con e ía ambién
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esa lec u a espi i ual a sus pin u as.
El Taoísmo, no hay que ol ida lo, ha sido una de las uen es de e e encia
p incipales pa a muchos de los a is as del siglo pasado -en e ellos, el
mencionado Laib.
En palab as de Lao Tsé, a quien se a ibuye la esc i u a del Lib o del Tao Te
Ching, es esencial:
“Alcanza el acío sup emo.
Conse a la quie ud plena.”16
Los abajos aquí mos ados, a a és de la pe se e ancia e insis encia de la
p ác ica epe i i a que les da o ma, se mue en en esa di ección.
Se an oja necesa io ol e a la ei e ación como es a egia de c eación una
ez más. En es a ocasión, no obs an e, pa a se analizada desde un pun o de
is a menos di ino y más humano. Desde es e en oque pa ió el an opólogo
cul u al Claude Lé i-S auss pa a en a iza su so p esa an e ese enómeno
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de la epe ición, al que elaciona al mi o: “Se mani ies a en los mi os, donde
el mismo ela o a añadiendo capas con <mi emas> epe idos, es deci ,
agmen os de es uc u a de signi icado idén ico, que son ep esen ados de
nue o po pe sonajes di e en es y den o de episodios apa en emen e dis in os
de la na ación”. La explicación es uc u alis a que el ancés p esen a de
es a epe ición gi a en o no a la cues ión de la ambi alencia que ca ac e iza
el enómeno de la abs acción isual. El mi o, decla a Lé i-S auss, es una
espues a a una con adicción cul u al p o unda que “no esul a posible
esol e , pudiendo an sólo ol e a ella una y o a ez, como ocu e cuando
un dien e se mue e y no pa amos de oca lo cons an emen e con la lengua”.
Un p oblema insoluble en la ealidad queda a enuado así empo almen e al
se suspendido.
Es a analogía del mi o a la epe ición compulsi a pe mi e es ablece una
ca ac e ís ica cla e del abajo aquí p esen ado: la epe ición del mismo
o ma o -el cuad ado- gi a en una la ga cadena de éplicas mínimamen e
a iadas.
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Po inap eciable que pa ezca el cambio. iene ele ancia. Es udia la ob a
de Robe Ryman es da se cuen a de esa impo ancia de lo ín imo. Toda su
p oducción es á dedicada a la explo ación de un solo (no) colo : el blanco.
A di e encia de los a is as mencionados an e io men e, sus abajos no es án
di igidos hacia el <espí i u>, sino hacia la <ma e ia>.
Conside ado un a is a de p oceso, Ryman es en ealidad un in es igado ,
un explo ado de dis in os ma e iales con los que gene a una pin u a basada
en la p opia pin u a. Rechaza así odo ipo de ilusionismo e in ención
ep esen acional y cualquie o ma de me á o a o simbolismo pa a cen a se de
es a mane a en cues iones exclusi amen e ela i as a la supe icie pic ó ica.
A lo la go de su ayec o ia, el pin o no eame icano ha demos ado las
in ini as posibilidades que encie a la a iación. Desde 1965 -año en el que el
a is a econoce su madu ez plás ica- ha empleado esa a iación no solo en
la o ma de aplica el pigmen o, sino ambién en la elección de los medios y
sopo es: láminas de ace o, aluminio, cob e y o os me ales, cin a de pin o ,
esmal e, ac ílico, iza, enamelac, plexiglás, ib a de id io, ac yli in... pe o

“Se ilumina a sí mismo y es ijo,
aunque se sabe que se agi a”
Mundaka-Upanishad 2.2.1
66
Con un lenguaje plás ico educido a la línea como único ecu so cons uc i o,
pa ece cohe en e que la gama de colo empleada en es os abajos es é
ambién limi ada al blanco y neg o - odos sus ma ices, empe o, incluidos.
Es necesa io e oma el ex o de Kandisnky, De lo espi i ual en el a e, pa a
demos a lo suge en es que pueden llega a se es os dos -no- colo es, y la
es echa elación que gua dan con los concep os ecien emen e discu idos
de silencio, pausa y acío. Así, en dicho ex o se desc ibe el blanco como
símbolo de un mundo que es á “ an po encima de noso os que ninguno
de sus sonidos nos alcanza”18, y con inúa: “de él sólo nos llega un g an
EN OTRO LUGAR
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silencio que ep esen ado ma e ialmen e semeja un mu o ío e in anqueable,
indes uc ible e in ini o. Po eso el blanco ac úa sob e el alma como un g an
y absolu o silencio. In e io men e suena como un no-sonido equipa able a
aquellas pausas musicales que sólo in e umpen empo almen e el cu so de
una ase o de un con enido, sin cons i ui el cie e de ini i o de un p oceso. No
es un silencio mue o sino, po el con a io, lleno de posibilidades. El blanco
suena como un silencio que de p on o puede comp ende se.”19
De es a mane a, pa a el a is a uso el blanco es nacimien o. Po su pa e,
el neg o es mue e o, como él mismo lo de ine, “la nada sin posibilidades,
la nada mue a as apaga se el sol, como un silencio e e no sin u u o y sin
espe anza. Musicalmen e se ía una pausa comple a y de ini i a as la que
comienza o o mundo po que el que cie a es á e minado y ealizado pa a
siemp e.”20
Los abajos que aquí se analizan gene an, o mejo , se gene an en una
dimensión au á quica. Es un espacio inde inido: en e la pin u a y el dibujo,
el p oyec o pa ece ence a un conside able po encial p ecisamen e po su
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ca ác e in e disciplina y las in ini as a iaciones que pe mi e.
Se a a de pin u as no-ag esi as. Son pin u as decididamen e ulne ables:
los ma e iales empleados son ulne ables, las líneas azadas son ulne ables,
el p opio sopo e es ulne able.
De hecho, es el papel el único sopo e empleado en odas las piezas
p esen adas, y de él se a eso a su na u aleza humilde, ágil. No es ígido
como la abla ni esis en e como la ela; se dobla y ompe con acilidad. El
g a i o, ma e ial p edilec o pa a el azado de las líneas, es an delicado que
se es uma ácilmen e solo con el ac o de los dedos.
Así, esos ma e iales, ágiles pe sé, son lle ados al lími e en algunas
ocasiones. En la se ie La Es uc u a la ada, o mada po cua o piezas, se
a a, p ecisamen e, de es alla esa agilidad de los ma e iales, abusando y
desa iando su esis encia con in ención eden o a. Es suges i a la desc ipción
de la debilidad en ex os aoís as como “la única cualidad ú il”.
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La espe a es cla e, ambién: los papeles han sido in e enidos con agua de
llu ia en una sue e de i ual pa icula . Es la búsqueda del an asma de esas
líneas. Que el agua es á inculada a lo sac o es p ác icamen e un axioma:
en la mayo ía de eligiones exis en es, es e líquido simboliza la pu i icación
den o de p ác icas sag adas que se denominan abluciones -del la ín
ablu io, ablu ionis; “la ado”. Además, en su lib o Siddha ha, an e io men e
mencionado, Hesse u iliza el agua del ío como me á o a del conocimien o,
que “enseña que ambién es bueno ene hacia abajo, undi se, busca en las
p o undidades”.22.
Así, el papel es sume gido en el agua ecogida en un ges o poé ico po
in en a bo a con un elemen o que, en ealidad, no bo a. Es de es a mane a
que se gene an su iles calidades, enues esonancias del mine al del g a i o
empapado.
El con enido espi i ual de es os abajos es inmanen e a la concepción de los
mismos.
Cuando las líneas se dila an sob e una supe icie de láminas de o o se alude,

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jus amen e, a la caja de pando a de e e encias espi i uales que se ab e al
emplea al alioso me al. Lo majes uoso, lo e e no, lo sublime... odo ello es á
ence ado en un ma e ial an noble como el o o. La au eola de los san os es
de es e me al p ecioso, inco up ible, inoxidable, símbolo a que ípico de lo
inmo al.
A is as como Y es Klein han hecho uso de es e me al pa a aludi a una
ealidad ele ada. Monoc omos de o o y ex o os con es e ma e ial le si ie on
al ancés pa a habla de “Zonas de Sensibilidad Pic ó ica e Inma e ial”,
alejadas de lo mundano.
En algunas piezas, las líneas c ecen sob e ese ondo áu eo. En o os, son las
p opias líneas las que b illan do adas.
Y es que la elección de los ma e iales iene ele ancia. Apo an signi icación.
Hablan.
El cuad ado se e ige como igu a cla e en cada uno de es os p oyec os: és e
es el único o ma o sob e el que esas líneas pa ecen pode ex ende se. ¿Po
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lo neu o, lo es able de es a o ma, quizá?
Resul a desconce an emen e in e esan e que una igu a an simé ica y
equilib ada como es el cuad ado con enga líneas que, en ealidad, jamás
se án del odo ec as, ni egula es, ni exac as.
Las dimensiones de la pieza ambién son decididas con in ención na a i a.
En odo el p oyec o se hace uso, p e e iblemen e, de dos escalas de o ma o:
30x30cm -que en abla una elación de in imidad, ímida ce canía con el
espec ado , e in i a al diálogo de las dis ancias co as - y 150x150cm -mucho
más sob ecogedo a, la pieza exige dis ancia y adquie e pode .
En cualquie caso, es os abajos pa ecen excede los lími es del o ma o,
sea de las dimensiones que sea. Y es que una de las ideas que más in e esan
aquí es la de expansión -concep o inculado nue amen e a lo sag ado en la
lengua sánsc i a: el é mino B ahmán, que alude a la di inidad absolu a del
hinduismo, signi ica li e almen e eso, expansión. Las líneas azadas c ecen,
dila ándose a a és de oda la supe icie del papel, y de alguna mane a
pa ecen con inua in ini amen e. Así, lo que emos pa ece se en ealidad un
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agmen o de algo inde inidamen e mayo .
Es p ecisamen e esa di ección expansi a, cen í uga, en la que se mue e el
ama illo la que jus i ica su inclusión en es e p oyec o. Kandinsky lo desc ibe
como un colo “excén ico”, conec ado ísica y mo almen e a la cla idad y
calidez. Su sonido, según el a is a uso, es simila al de “una ompe a ocada
con oda su ue za” o al “ ono de un cla ín”.
El ca ác e g á ico de es os abajos es imposible de pasa po al o. Sin
emba go, en la se ie La Es uc u a después, se pe sigue jus amen e explo a
el po encial pic ó ico de los mismos.
Con in inidad de ex u as isuales, el espacio donde c ecen las líneas ib a
an o como ellas mismas: el papel ha sido in e enido insis en emen e pa a
gene a una supe posición de capas o es a os de pin u a elada. Compues a
po doce piezas que explo an los ma ices del g is - desde el e doso al ie a,
del más gélido al más cálido- se a a así de la se ie más la ga del p oyec o,
con casi cua o me os de longi ud en su o alidad.
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O a de las se ies cla e en el p oyec o es La Es uc u a incisa, donde las líneas
no son azadas sino a añadas sob e la supe icie del papel. El colo en a en
el su co y lo ellena, cica izan e. De alguna mane a, las piezas adquie en así
un ca ác e casi escul ó ico: esas líneas gene an una sue e de hueco elie e.
Es necesa io ace ca se a ellas pa a pode con empla las con de inición.
Pod ía pensa se que la diagonal es la única capaz de gene a p o undidad
en el dibujo, pe o es as pe pendicula es, median e la a iación de g oso e
in ensidad y una es a egia acumula i a de abajo p oducen cie a sensación
de in ini ud espacial.
Sin emba go, aunque las pe pendicula es sean capaces de gene a
p o undidad, no pe mi en a a esa ese espacio. Al con a io, e obligan a
queda e ue a y e exigen obse a . El ojo in en a en oca pe o, ¿po dónde
empeza ?
Pod ía habla se de dos lec u as di e enciadas: una lejana o de impac o,
-desde la que solo se obse a una supe icie que ib a de mane a ex aña;
la Es uc u a no puede se ad e ida- y o a ce cana o de delei e isual -
16. TSÉ, Lao. El lib o del Tao. Ed:
Tau us. 2012
17. STORR, Robe ; KINLEY,
Ca he ine; ZELEVANSKY, Lynn;
NORDEN, Linda. Robe Ryman.
[Ca álogo] Museo Nacional Cen o
de A e Reina So ía. 1933
21. CAMPBELL, Jospeh. Mi ología
p imi i a. Ed: Alianza. 1991.

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