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Los toros en la Guerra de Sucesión : los inicios de la tauromaquia profesional

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Los toros en la Guerra de Sucesión : los inicios de la tauromaquia profesional

Author: Martínez-Novillo, Álvaro
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1996
Source: https://idus.us.es/bitstreams/eb832af6-1f73-4889-b080-dfe6216120b9/download
Re is a de Es udios Tau inos
Se illa, 1996, nº 4, págs. 223-234.
LOS TOROS EN LA GUERRA DE SUCESIÓN:
LOS INICIOS DE LA TAUROMAQUIA PROFESIONAL
Ál a o Ma ínez-No illo*
Fundación de Es udios Tau inos
n asun o undamen al pa a odos quienes es amos
in e esados en la his o ia de las ies as de o os es
el delimi a , en la medida de los posible, la on e-
a en e las unciones de o os caballe escas y las
es i as co idas popula es, mani es aciones ambas de las que
se ienen idelignas no icias desde la Edad Media, y los
mode nos y p o esionalizados espec áculos au inos que
cons i uyen la au omaquia que pe i e has a nues os días y
que, básicamen e, ya es aba con igu ada hacia la mi ad del
siglo XVIII. O ega y Gasse 1plan eó de mane a muy cla a
es a c ucial ans o mación y conside ó que cuan o se hiciese
pa a cla i ica es a cues ión epe cu i ía di ec amen e en el
conocimien o de la ida social de España en los albo es del
mundo mode no.
Realmen e aquí O ega, como en an as o as cosas,
demos aba ene una g an pe spicacia pues, a medida que
amos econs uyendo es e momen o medula de la his o ia
1O ega y Gasse , J. (1984): La caza y los o os, Mad id, 2ª ed., págs.
140 y ss.
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de la lidia, más ma ices an apa eciendo que hacen com-
p ensible cómo unos pelig osos juegos con o os que e an un
con encioso pe manen e de la co ona de España con la San a
Sede pudie an no sólo pe i i sino ambién pe ecciona se o
quin aesencia se, po deci lo en é minos más aco des con la
a ición. Anues o juicio el momen o decisi o pa a que es a
ans o mación de la au omaquia se ealizase y se con i ie-
a en un espec áculo acep able pa a los más ci ilizados gus-
os mode nos se p oduce cuando el papa Inocencio XI, amo-
so, en e o as cosas, po los plei os de conciencia que u o
con los mona cas ca ólicos de su iempo, se di ige a Ca los II
en 1680 y le equie e o malmen e pa a que ponga in a los
sang ien os espec áculos con o os que, a su juicio, son
incompa ibles con la ejempla idad de una co e c is iana. Una
ez más los in en os omanos pa a desa aiga es os es ejos
se demues an ine icaces y el Consejo de Cas illa dic amina
que «ya que no se puede [p ohibi ] odo, se ía con enien ísi-
ma la mode ación concu iendo a que ningún eclesiás ico
asis ie a, mandando uese sólo una al año o muy pocas las
co idas y p o eyendo con g a es penas no en asen en la
plaza en ninguna pa e sino o eado es de o icio o o os de
cuya des eza u iese sa is ación el magis ado»2.
P ecisamen e en es e úl imo pun o de la p o esionali-
zación de los o e os es donde más se hizo hincapié, pues el
Consejo conside aba que «de pa e de los que o ean, cuando
son dies os, no hay pecado como no le hay en los Vola ines
dies os aunque al p ime descuido hayan de llega al úl imo
iesgo, siendo la azón de es o el conside a se en los ales emo-
o que no p óximo el pelig o». Es deci , que la p o esionalidad
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2A chi o His ó ico Nacional, Consejo de Cas illa, Leg. 11406/66.
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de los o e os e a la jus i icación mo al del espec áculo pues, al
igual que ocu ía con los ola ine os, se daba po supues o que
a quienes así se au o iza a a sali al uedo conoce ían los ies-
gos e in en a ían e i a los y, en odo caso, su abajo se ía en e-
ene y di e i a la concu encia y no una ac i idad eme a ia y
suicida. Po an o la mode na au omaquia, al como in uía
O ega, nace de los p o esionales del o eo que eemplazan a
caballe os y peones a icionados, desp endiéndose del con ex o
que odo es o se ía con enien emen e supe isado po la au o-
idad. Así esul a de la mayo impo ancia conoce cómo ac ua-
ban es os nue os o e os en e al público y, en la medida de lo
posible, conoce los nomb es, his ó icos y no legenda ios, de
es a p ime a gene ación de lidiado es, cuyo an eceden e pod ía
se aquel Juan de Cá denas, o e o de quien se p endó Felipe IV
cuando le io o ea en Doñana y que, después, se lle ó a
Mad id e hizo e a a po el p opio Velázquez3.
Respec o a lo p ime o, sob e las habilidades de los
p ime os o e os p o esionales, encon amos una cumplida
in o mación en las Memo ias del capi án Ca le on4, o icial
Los To os en la Gue a de Sucesión: los inicios de la Tau omaquia..... 225
3Bosque de Doña Ana a la p esencia de Felipe IV ... Demos aciones
del Duque 8º de Medina Sidonia..., Se illa, Imp en a de Juan de Cab e a, 1624.
El e a o de Velázquez, al como ecojo en mi lib o El pin o y la au omaquia,
se quemó en el incendio del Alcáza de Mad id sin que oda ía se haya podido
iden i ica ninguna copia del mismo.
4He manejado la edición de C. H. Ha mann edi ada po Rou ledge, G.
& Sons (1929): Memoi s o Cap ain Ca le on, Lond es. Es e lib o u o dos edi-
ciones en 1728, echa en la que su au o oda ía i ía y enía al ededo de se en-
a años y, pos e io men e, en 1741, 1743 y 1808-9. En 1840 ue incluido, e óne-
amen e, en una edición de las ob as de Daniel De oe. Conozco es e lib o a a és
del P o . Nigel Glendinning quien amablemen e me lo p es ó pa a que pudie a a-
baja sob e él en un ema que, en p incipio, no iba a ene ninguna elación con la
his o ia de las co idas de o os.
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inglés del cue po de ingenie os que si ió en España du an e
la Gue a de Sucesión y ue hecho p isione o as la oma del
cas illo de Denia po los bo bónicos e in e nado en San
Clemen e (Cuenca). Es os ecue dos, que ue on p ologados
po Wal e Sco en su edición de 1808 como es imonio del
«splendid and almos oman ic se ice o placing Cha les de
Aus ia on he h one o Spain»5, los cuales, si bien el céleb e
no elis a los encon aba demasiado sucin os cuando na aban
épicos hechos de a mas, cons i uyen una ma a illosa y di ec-
a elación de las cosas de España du an e es e la go con lic-
o que, sin emba go, al con a io que la Gue a de la
Independencia habida un siglo después, pe manece muy di u-
so en nues a memo ia his ó ica.
El capi án Ca le on, en es as memo ias, nos na a
dos es ejos de o os. Los p ime os, que cali ica como poco
des acables, son los que se u ie on en Valencia en hono
del Duque de Pe e bo ough y del cue po expediciona io
inglés a sus ó denes que, a pesa de susci a una g an
expec ación en el pueblo, la de auda on an o po la ca e-
go ía del ganado como la de los lidiado es6. Muy dis in as
ue on las es jo nadas de es ejos con que San Clemen e
celeb ó los iun os de las a mas bo bónicas en B ihuega y
Villa iciosa, que debie on ene luga en e el inal del
in ie no y la p ima e a de 1711. Ca le on, a pesa de es a
en aquella población como p isione o de gue a, conec a
muy bien con la pa e más cul a de la misma con la que,
en e o as cosas, habla ecuen emen e sob e El Quijo e,
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5Op.ci ., pág. 3.
6Idem., pág. 152.
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pues allí se man enía sin acilación que San Clemen e e a
el amoso «luga de la Mancha»7.
Como se e á en la aducción que hemos ealizado y
que seguidamen e apo amos del ela o de es as co idas, a
pesa de su minuciosidad el o icial inglés no egis a el nomb e
del p incipal o e o a pie, aunque le concede el mayo p o ago-
nismo en es os es ejos y da e de su habilidad, de lo co izado
que es aba y de que e a uno de los mejo es de España, mien as
que no pasa po al o el nomb e del noble caballe o que pa ici-
pó en el úl imo de los es ejos, a pesa de no ene sue e en su
aena. Es o es un signo inequí oco de que oda ía se hacían dis-
ingos en e la plebeyez del uno y la nobleza del o o.
Solamen e nos da como da os pe sonales del espada a pie que
is e de blanco, quedando una somb a de duda al lee su ex o
sob e si alleció de un pe cance en el uedo al año siguien e.
Po las aenas que es e o e o ealiza mon ado sob e un
o o b a o, al igual que el goyesco indio Ma iano Ceballos y
aquel o o bonae ense ci ado po Juan Jacobo Rousseau en su
T a ado sob e los o ígenes y los undamen os de la desigualdad
en e los homb es, no debe íamos desca a del odo la posibili-
dad de que se a ase de un o e o ame icano, aunque odo es
suposición ya que se no indica en el ex o nada sob e la p oce-
dencia el mismo. En odo caso, como muy segu amen e se a-
aba de o e os deambulan es que iban con a ados de pueblo en
pueblo, no es desca able que puedan apa ece en algún a chi-
o local de la zona da os sob e es e o e o oda ía anónimo8.
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7Idem., pág. 205.
8No he podido consul a el a chi o municipal de San Clemen e al
halla se en es e momen o en pleno abajo de ca alogación. Sin emba go, según
las no icias ecibidas e balmen e, es p obable que no se encuen en en él da os
de es as co idas.
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RELATO DE UNA CORRIDA DE TOROS EN SAN CLE-
MENTE DE LA MANCHA po el capi án Ca le on9
«En e o as mani es aciones del egocijo gene al po
es e suceso [la ic o ia de Villa iciosa], u o luga una ies a
de o os en La Mancha, mucho más impo an e que la is a
po mí an e io men e en Valencia, la cual paso a desc ibi a
con inuación. Las ies as de o os no son aho a an habi uales
como an es, ya que el ey Felipe [V] no gus a mucho de ellas.
Sin emba go, an p on o como se anunció que aquí iba a
habe una, ya no se oyó habla de o a cosa y los homb es
apa ecían o almen e embebidos en las cha las sob e los o os
y en los g andes p epa a i os necesa ios pa a la ies a, pa e-
ciendo que habían dejado odo de lado a causa de es e
acon ecimien o. Así se empleó una semana en cons ui los
o iles y los andamios pa a los espec ado es y el es o de los
abajos necesa ios pa a engalana es a di e sión con el
mayo esplendo .
En el día señalado pa a conduci los o os a la ciudad,
los ca alie os10 mon ados en sus caballos, y con ga ochas
spea s en sus manos cabalga on una milla, o un poco más,
pa a busca los en el campo. Ysi uno de los o os se desman-
daba y se iba po o o lado —cosa ecuen e—, el ca alie oa
quien co espondía hace lo eg esa a la manada e a
o acionado de acue do con la des eza y habilidad que hubie-
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9Op. ci ., págs. 220-226.
10 Sic en el o iginal
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a demos ado en ello. Y, cuando en a on en la ciudad, odas
las en anas es aban an cuajadas de espec ado es que no
hab ía habido más aunque se es u ie a celeb ando una
solemne p ocesión con un Papa al en e, pues es aban odos.
Ynadie, homb e o muje , hubie a al ado un espec áculo an
ex ao dina io sin se pues o en en edicho.
Cuando llega on a la Plaza donde habían de ene
luga es as ies as de caballe ía y se habían ins alado los o i-
les y andamios, al como es habi ual, esul ó di ícil que los
animales en asen en su ecin o. Es aban p epa ados doce
o iles, uno pa a cada o o, que ya escasean debido al es abu-
lamien o de bas an es de ellos y así los es an es salen más
b a os e indómi os. En es os o iles se les encie a a oscu as
pa a que se uel an oda ía más ie os el día del comba e.
El p ime día de los señalados —pa a las ies as de
o os gene almen e se des inan es— oda la gen e del luga
y de los al ededo es acude a la Plaza con su mejo aje mos-
ando odos su aspec o más deslumb an e. Quienes se si úan
en las ilas más bajas an p o is os de ejones spea s y una
g an copia de da dos en sus manos que ellos no dudan en a o-
ja siemp e que el o o, al ace ca se, les b inda una opo uni-
dad. Po ello se puede deci que la pob e c ia u a no lucha sólo
con el o e o11 —o cazado de o os (bull-hun e )—, una pe -
sona que siemp e se con a a pa a con es e in sino con oda la
mul i ud o, cuando menos, con la de clase más baja.
Una ez que odos es án sen ados, la pue a más g an-
de se ab e p ime o y, an p on o como el o o pe cibe la luz,
sale ue a esoplando, mi ando al ededo como si buscase la
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11 En español en el o iginal.
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admi ación del público y, agi ando su abo, golpea el suelo
con sus pa as delan e as como si quisiese desa ia a su an a-
gonis a, que oda ía no ha compa ecido. En onces, po o a
pue a p epa ada al e ec o, apa ece el o e o odo de blanco,
lle ando una capa en una mano y una ina espada de doble ilo
en la o a. El o o, an p on o como pone los ojos en él, le mi a
e ozmen e, pe o se le ace ca despacio, como con eniendo sus
pasos, has a llega a unas ein e ya das del o e o, momen o
en el que, como mo ido po un eso e, se abalanza hacia él
con odo su pode ío. El o e o, que sabe po expe iencia que
es p eciso ene la mayo a ención, se apa a jus o en el
momen o que el o o llega a él, echándole la capa sob e los
cue nos, y en onces le da una o dos cuchilladas, siemp e apun-
ando al cuello, donde sabe que hay un si io conc e o, que si
acie a con él, puede da ácilmen e da con el o o en ie a.
Yo mismo obse é la e dad de es a expe iencia en uno de los
o os que no ecibió más que una es ocada, pe o en el luga
a al, la cual le a u dió an o que quedó comple amen e a on-
ado manando sang e po la he ida has a que, as un iolen a
con ulsión, cayó mue o como una pied a.
Pe o a as eces sucede así y, gene almen e, la pob e
c ia u a ecibe muchas he idas y innume ables da dos an es
de mo i . Con odo cada ez que el o o sien e una nue a
he ida, bien sea de da do, ejón o espada, su b a u a aumen-
a y pe sigue a su o e ocon mayo u ia y iolencia. Ycomo
cuan as eces se di ige hacia su ad e sa io, el o e oes á p e-
ca ido con oda su agilidad pa a esqui a le y p emia sus
in enciones con una nue a he ida.
Algunos de es os o os da án mejo juego que o os;
pe o incluso los mejo es deben mo i . No obs an e, cuando ellos
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mismos se han conducido con oda la deseable b a u a posible,
si el o e oes á cansado y alla su aena, se echan pe os al o o,
le desja e an y le llenan de da dos has a que, as una g an pé -
dida de sang e, él mismo pone in a es a c ueldad.
Una ez mue o, un homb e ace ca dos mulas enjae-
zadas con cascabeles y penachos y, después de a a una cue -
da al ededo de sus cue nos, a as a el o o ue a en e los
g i os y o aciones de los espec ado es, como si los in ieles
hubie an sido expulsados de Ceu a.
Pe o sin duda he ol idado e e i me a o a sue e de
bá ba o place ambién muy habi ual en es as di e siones. El
o e opuede algunas eces cla a una de es as ga ochas i -
memen e en el suelo, en posición oblicua pe o ni elada lo
más posible a la al u a de su pecho, en onces él mismo se p e-
sen a al o o, si uado jus o delan e de la pun a de la ga ocha
y como al emp ende és e la ca e a hacia el o e osiemp e
lle a los ojos ce ados así me lo han con i mado, el o e ose
apa a a un lado y la pob e c ia u a co e, gene almen e con
g an iolencia, a ensa a se él mismo, llegando algunas eces
a ompe la ga ocha en su pecho, y ma chándose luego con
un ozo de ella has a que cae mue o.
Es e o e oe a conside ado como uno de los mejo es
de España; e incluso le i mon a uno de los o os y cabalga
en él, dándole cuchilladas e hi iéndole has a que se cansó y, en
es e momen o, desmon ando lo ma ó con g an acilidad en e
las aclamaciones sa is echas de odo el público, que no daba
abas o su egocijo an o po la a iedad de c ueldad como po
la habilidad del dies o. Los o e os es án muy bien pagados y,
en e dad, lo me ecen, pues muchas eces pie den sus idas en
es a di e sión, al como, al año siguien e, le ocu ió [a uno] en
Los To os en la Gue a de Sucesión: los inicios de la Tau omaquia..... 231
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