Re is a de Es udios Tau inos
N.º 12, Se illa, 2000, págs. 39-52
PAN Y CIRCO, PAN Y TOROS
En ique Gil Cal o
Uni e sidad Complu ense de Mad id
asualmen e, el o e o que hoy ocupa la cúspide del
escala ón p o esional se apoda Espa aco. Y si
bien su apela i o es especí icamen e oponímico
(po designa la ciudad na al del ma ado ), no log a
e i a la implíci a alusión al hé oe his ó ico inmo alizado
po S anley Kub ick en 1960 bajo la e igie de Ki k Douglas:
el ca ismá ico conduc o de la ebelión de los gladiado es,
ahogada en sang e en el año 71 an es de nues a e a. Dada
es a coincidencia de nomb es, bien puede ap o echa se la
ocasión, como excusa, pa a plan ea una analogía en e los
gladiado es del ci co omano y los lidiado es de las plazas de
o os en las co idas mode nas.
1.– GLADIADORES Y LIDIADORES
No p e endo u iliza pa alelismos exclusi amen e o -
males (de i ados de la oz la ina gladium que signi ica
«espada»), como puedan da se en la p o esionalidad me ce-
na ia de ambos ipos de luchado es, en la psicosis colec i a
de mo boso enca nizamien o que, según la leyenda, apasiona
Pan y ci co, pan y o os 41
Fig. n.º 9– An onio Case o: Pa de bande illas, en Los o os, Mad id, Ayun a-
mien o, 1992, lám. 16 (Tex os de J. L. Pecke ).
a los aná icos seguido es de ambos ipos de espec áculos de
masas, o en la supues a he encia bé ica de los au obolios his-
pano omanos, más o menos elacionados con el cul o la ino
a Mi a. Sino que, po el con a io, mi in ención es e lexio-
na ace ca de la hipó esis siguien e: el ci co omano y las
co idas de o os ¿son uncionalmen e equi alen es?; los
e ec os cul u ales y polí icos que los juegos del ci co eje cían
sob e la ciudadanía omana ¿son análogos a los eje cidos po
las co idas mode nas sob e los a icionados a los o os?
Na u almen e, la hipó esis no es nue a, sino que ya ha
sido muchas eces explo ada desde que se iniciase en el
siglo XVI el cul o enacen is a po la an igüedad g eco o-
mana. Po ello, cuando la co ida mode na se ins i ucionali-
za, du an e el siglo XVIII, el neoclasicismo en onces impe-
an e no podía desap o echa la ocasión de sub aya el pa a-
lelo. De ahí que la a qui ec u a de las plazas de o os ecue -
de explíci a y delibe adamen e a las uinas a queológicas de
los an i ea os omanos (no así a los ci cos p opiamen e
dichos, que se u ilizaban pa a ca e as de ca os, en ez de
pa a luchas, como los an i ea os) según el modelo del Coli-
seo, al que emeda odo coso au ino. Y, en es e sen ido, la
mejo p ueba la p opo ciona las A enas de Nimes, que es
simul áneamen e la a ena del ci co omano (an i ea o) y el
uedo de la co ida mode na (plaza de o os).
Pe o al ma gen de es a olun ad neoclásica de emon-
a se a unos p esun os o ígenes p es igiosos (pos u a que no
deja de supone una especie de pedan e esnobismo, más p o-
pio de nue os icos y de ad enedizos p esun uosos que de
conse ado es de la adición y de pu is as del cas icismo),
oda ía exis e o o indicio dieciochesco que apun a en la
misma di ección. Me e ie o aho a, no ya al in en o neoclási-
En ique Gil Cal o
40
Pan y ci co, pan y o os 41
Fig. n.º 9– An onio Case o: Pa de bande illas, en Los o os, Mad id, Ayun a-
mien o, 1992, lám. 16 (Tex os de J. L. Pecke ).
a los aná icos seguido es de ambos ipos de espec áculos de
masas, o en la supues a he encia bé ica de los au obolios his-
pano omanos, más o menos elacionados con el cul o la ino
a Mi a. Sino que, po el con a io, mi in ención es e lexio-
na ace ca de la hipó esis siguien e: el ci co omano y las
co idas de o os ¿son uncionalmen e equi alen es?; los
e ec os cul u ales y polí icos que los juegos del ci co eje cían
sob e la ciudadanía omana ¿son análogos a los eje cidos po
las co idas mode nas sob e los a icionados a los o os?
Na u almen e, la hipó esis no es nue a, sino que ya ha
sido muchas eces explo ada desde que se iniciase en el
siglo XVI el cul o enacen is a po la an igüedad g eco o-
mana. Po ello, cuando la co ida mode na se ins i ucionali-
za, du an e el siglo XVIII, el neoclasicismo en onces impe-
an e no podía desap o echa la ocasión de sub aya el pa a-
lelo. De ahí que la a qui ec u a de las plazas de o os ecue -
de explíci a y delibe adamen e a las uinas a queológicas de
los an i ea os omanos (no así a los ci cos p opiamen e
dichos, que se u ilizaban pa a ca e as de ca os, en ez de
pa a luchas, como los an i ea os) según el modelo del Coli-
seo, al que emeda odo coso au ino. Y, en es e sen ido, la
mejo p ueba la p opo ciona las A enas de Nimes, que es
simul áneamen e la a ena del ci co omano (an i ea o) y el
uedo de la co ida mode na (plaza de o os).
Pe o al ma gen de es a olun ad neoclásica de emon-
a se a unos p esun os o ígenes p es igiosos (pos u a que no
deja de supone una especie de pedan e esnobismo, más p o-
pio de nue os icos y de ad enedizos p esun uosos que de
conse ado es de la adición y de pu is as del cas icismo),
oda ía exis e o o indicio dieciochesco que apun a en la
misma di ección. Me e ie o aho a, no ya al in en o neoclási-
En ique Gil Cal o
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de Paul Veyne (1976), el conocido his o iado de la an igüe-
dad omana, amigo y discípulo de Foucaul .
2.– EL EVERGETISMO ROMANO
T as desca a po simplis as o supe iciales las in e -
p e aciones maquia élicas del panem e ci censes, odas
ellas inspi adas en el mili a ismo mili an e de Cice ón o del
p opio Ju enal (quienes, al igual que los abe zales p oe a-
as, emían que las ies as y los juegos públicos desmo ili-
za an el espí i u ma cial, cas ense y espa ano de la ciuda-
danía), Veyne pasa a p opone la que él conside a más cla-
i icado a in e p e ación, p oceden e de un au o la ino de la
misma época, F on ón, al que ci a:
«Se con en a al pueblo omano con dos cosas, donaciones y
espec áculos, pues se le hace acep a la au o idad an o con u ilidades
como con cosas se ias. Hay mayo pelig o en ol ida lo se io, pe o
mayo impopula idad en ol ida lo ú il. Las donaciones son menos io-
len amen e eclamadas que los espec áculos, pues las sub enciones no
sa is acen más que indi idual y p i adamen e a los plebeyos que las
necesi an, mien as que los espec áculos complacen al pueblo colec i-
amen e» (Veyne, 1976: 729-730)1.
Aquí se con iene el más sin é ico y p eciso comen a io
ace ca del panem e ci censes: no se a a de sobo na el in e-
és p i ado de los súbdi os, indi idualmen e sepa ados, sino
de susci a el in e és público de los ciudadanos, colec i a-
men e cong egados; pues la exis encia de la asamblea públi-
Pan y ci co, pan y o os 43
1Exis e aducción cas ellana con el í ulo El pan y el ci co.
co de legi ima las co idas median e su compa ación con los
juegos de la an igüedad g eco omana, sino, an es al con a-
io, al opues o empeño ilus ado de descali ica las co idas
po su emulación de los e ec os emb u ecedo es y es upe a-
cien es del panem e ci censes con que el Impe io Romano
en e enía a sus ciudadanos.
A es e espec o, los an i au inos dieciochescos más
ilus ados aduje on en seguida el panem e ci censes de
Ju enal po «pan y o os», pe o con el mismo signi icado c í-
ico de denuncia, ale ando con a los (p esun os) e ec os des-
mo ilizado es y despoli izado es causados po una (supues-
a) ins umen alización maquia élica de los espec áculos de
masas: es el «¡ i an las cadenas!» ob enido po medio de la
au omaquia. En es e sen ido, el pan le o más amoso se i u-
ló, p ecisamen e, Pan y o os: aunque ue a ibuido a a ios
au o es (en e ellos a Jo ellanos), pa ece se que bajo su ano-
nima o se ocul aba León de A oyal (Elo za, 1971).
Pues bien, c eo que la pis a del ci co omano (hipó esis
que in e p e a al lidiado como gladiado ) debe se seguida
en es a segunda di ección ilus ada («pan y o os» como
panem e ci censes), y no en la me amen e a queológica o
neoclásica. Aho a bien, ampoco en el sen ido del hipe c i i-
cismo nega i o con que suele se in e p e ado el eslogan de
Ju enal (pan pa a sobo na y ci co pa a seduci , ob eniendo
de buen g ado la sumisión), sino en o o mucho más posi i o
y cons uc i o. Si se puede compa a a las co idas con el
ci co omano, no es pa a descali ica las c í icamen e, sino
pa a mejo ad e i su uncionalidad la en e. Lo cual exige,
po supues o, una nue a in e p e ación posi i a del panem e
ci censes. Y, e ec i amen e, podemos dispone de ella: es la
que se con iene en la ex ao dina ia ob a Le pain e le ci que,
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de Paul Veyne (1976), el conocido his o iado de la an igüe-
dad omana, amigo y discípulo de Foucaul .
2.– EL EVERGETISMO ROMANO
T as desca a po simplis as o supe iciales las in e -
p e aciones maquia élicas del panem e ci censes, odas
ellas inspi adas en el mili a ismo mili an e de Cice ón o del
p opio Ju enal (quienes, al igual que los abe zales p oe a-
as, emían que las ies as y los juegos públicos desmo ili-
za an el espí i u ma cial, cas ense y espa ano de la ciuda-
danía), Veyne pasa a p opone la que él conside a más cla-
i icado a in e p e ación, p oceden e de un au o la ino de la
misma época, F on ón, al que ci a:
«Se con en a al pueblo omano con dos cosas, donaciones y
espec áculos, pues se le hace acep a la au o idad an o con u ilidades
como con cosas se ias. Hay mayo pelig o en ol ida lo se io, pe o
mayo impopula idad en ol ida lo ú il. Las donaciones son menos io-
len amen e eclamadas que los espec áculos, pues las sub enciones no
sa is acen más que indi idual y p i adamen e a los plebeyos que las
necesi an, mien as que los espec áculos complacen al pueblo colec i-
amen e» (Veyne, 1976: 729-730)1.
Aquí se con iene el más sin é ico y p eciso comen a io
ace ca del panem e ci censes: no se a a de sobo na el in e-
és p i ado de los súbdi os, indi idualmen e sepa ados, sino
de susci a el in e és público de los ciudadanos, colec i a-
men e cong egados; pues la exis encia de la asamblea públi-
Pan y ci co, pan y o os 43
1Exis e aducción cas ellana con el í ulo El pan y el ci co.
co de legi ima las co idas median e su compa ación con los
juegos de la an igüedad g eco omana, sino, an es al con a-
io, al opues o empeño ilus ado de descali ica las co idas
po su emulación de los e ec os emb u ecedo es y es upe a-
cien es del panem e ci censes con que el Impe io Romano
en e enía a sus ciudadanos.
A es e espec o, los an i au inos dieciochescos más
ilus ados aduje on en seguida el panem e ci censes de
Ju enal po «pan y o os», pe o con el mismo signi icado c í-
ico de denuncia, ale ando con a los (p esun os) e ec os des-
mo ilizado es y despoli izado es causados po una (supues-
a) ins umen alización maquia élica de los espec áculos de
masas: es el «¡ i an las cadenas!» ob enido po medio de la
au omaquia. En es e sen ido, el pan le o más amoso se i u-
ló, p ecisamen e, Pan y o os: aunque ue a ibuido a a ios
au o es (en e ellos a Jo ellanos), pa ece se que bajo su ano-
nima o se ocul aba León de A oyal (Elo za, 1971).
Pues bien, c eo que la pis a del ci co omano (hipó esis
que in e p e a al lidiado como gladiado ) debe se seguida
en es a segunda di ección ilus ada («pan y o os» como
panem e ci censes), y no en la me amen e a queológica o
neoclásica. Aho a bien, ampoco en el sen ido del hipe c i i-
cismo nega i o con que suele se in e p e ado el eslogan de
Ju enal (pan pa a sobo na y ci co pa a seduci , ob eniendo
de buen g ado la sumisión), sino en o o mucho más posi i o
y cons uc i o. Si se puede compa a a las co idas con el
ci co omano, no es pa a descali ica las c í icamen e, sino
pa a mejo ad e i su uncionalidad la en e. Lo cual exige,
po supues o, una nue a in e p e ación posi i a del panem e
ci censes. Y, e ec i amen e, podemos dispone de ella: es la
que se con iene en la ex ao dina ia ob a Le pain e le ci que,
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Pan y ci co, pan y o os 45
Fig. n.º 10.– An onio Case o: Pa de bande illas (Mad id, 1960).
ca (hecha posible po la ies a del espec áculo) es la condi-
ción necesa ia pa a que no haya calculado sobo no egoís a
sino al uis a donación desin e esada.
Veyne p opone llama e e ge ismo a es a su il ins i u-
cionalización de la polí ica, p oducida du an e el impe io
omano in eg ado de la ci ilización helenís ica. El e e ge-
ismo consis e en la exigencia de que oda au o idad ci il,
desde el no able local y el magis ado de p o incias has a los
ediles de la capi al y el mismo empe ado , deba legi ima se
necesa iamen e median e su desin e esada o e a de donacio-
nes públicas. Po es a sue e de mecenazgo polí ico, odas las
au o idades deben inancia , de su p opio bolsillo p i ado (y
no con ca go a las a cas del Es ado), las mani es aciones es é-
icas exp esi as de la ida pública: desde la cons ucción de
emplos, plazas, monumen os y edi icios públicos, has a la
o ganización y sub ención de unciones de ea o, juegos del
ci co y demás espec áculos públicos.
Así, el e e ge ismo es una ins i ución polí ica que in-
cula el eje cicio de la au o idad ci il con la donación públi-
ca desin e esada. El e e ge a es un mecenas bene ac o , pe o
sus donaciones no son indi iduales y p i adas (como en el
caso de las elaciones clien elis as en e pa onos y clien es),
sino públicas y colec i as. Sólo me ece eje ce la au o idad
ci il quien sea capaz de dona se desin e esadamen e en
público a la colec i idad.
En especial, el empe ado , como p ime e e ge a del
impe io, es á obligado a pa ocina los más impo an es jue-
gos del ci co: inanciándolos de su bolsillo p i ado, o gani-
zando su ges ión (como hacen los p oduc o es de cine), di i-
giéndolos pe sonalmen e y (di íamos hoy) edi ándolos.
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Pan y ci co, pan y o os 45
Fig. n.º 10.– An onio Case o: Pa de bande illas (Mad id, 1960).
ca (hecha posible po la ies a del espec áculo) es la condi-
ción necesa ia pa a que no haya calculado sobo no egoís a
sino al uis a donación desin e esada.
Veyne p opone llama e e ge ismo a es a su il ins i u-
cionalización de la polí ica, p oducida du an e el impe io
omano in eg ado de la ci ilización helenís ica. El e e ge-
ismo consis e en la exigencia de que oda au o idad ci il,
desde el no able local y el magis ado de p o incias has a los
ediles de la capi al y el mismo empe ado , deba legi ima se
necesa iamen e median e su desin e esada o e a de donacio-
nes públicas. Po es a sue e de mecenazgo polí ico, odas las
au o idades deben inancia , de su p opio bolsillo p i ado (y
no con ca go a las a cas del Es ado), las mani es aciones es é-
icas exp esi as de la ida pública: desde la cons ucción de
emplos, plazas, monumen os y edi icios públicos, has a la
o ganización y sub ención de unciones de ea o, juegos del
ci co y demás espec áculos públicos.
Así, el e e ge ismo es una ins i ución polí ica que in-
cula el eje cicio de la au o idad ci il con la donación públi-
ca desin e esada. El e e ge a es un mecenas bene ac o , pe o
sus donaciones no son indi iduales y p i adas (como en el
caso de las elaciones clien elis as en e pa onos y clien es),
sino públicas y colec i as. Sólo me ece eje ce la au o idad
ci il quien sea capaz de dona se desin e esadamen e en
público a la colec i idad.
En especial, el empe ado , como p ime e e ge a del
impe io, es á obligado a pa ocina los más impo an es jue-
gos del ci co: inanciándolos de su bolsillo p i ado, o gani-
zando su ges ión (como hacen los p oduc o es de cine), di i-
giéndolos pe sonalmen e y (di íamos hoy) edi ándolos.
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mani es a se). Al se los espec áculos una ies a pe enecien e a la mul i-
ud, el mecenas pa ocinado que edi aba los juegos, incluso en el caso de
a a se del empe ado , se ponía esos días a su se icio y se humillaba
an e ella. Claudio llamaba a los espec ado es “seño es y amos” (domini):
él, a quien, como sobe ano, la mul i ud llamaba no malmen e nues o
seño (dominus nos e )» (1976: 704).
El seño se some e al público, y és e (no sus miemb os
indi iduales, sino su en usias a cong egación colec i a) pasa
a eje ce la sobe anía. Así, el o den polí ico esul a i ual-
men e sub e ido y ansg edido. Pues, en e ec o, nada mejo
que la ansg esión del o den pa a exp esa la donación de sí
que debe hace el pode pa a e es i se de oda su au o idad
mo al. Po eso, oda ep esen ación pública, pa a mani es a
su inculación con la au o idad ci il, debe cues iona el
pode y ansg edi el o den. Es la ansg esión po la ans-
g esión, como cons i uyen e esencial de la ies a pública: sea
es a ansg esión el sac i icio de idas humanas (como en el
caso de los gladiado es) o sea es a ansg esión el sac i icio
de o os de lidia (como en el caso de los lidiado es).
¿Qué sen ido úl imo iene es e e e ge ismo polí ico?
Según Veyne, el de exp esa el pode y hace lo espe able. Un
pode que sólo ue a pu a coacción ísica se ia, sí, capaz de
obliga , pe o no alcanza ía au o idad mo al. Po eso, el pode
debe gana se limpiamen e el espe o de los súbdi os suje os a
él: pa a que és os, con e idos así en suje os lib es, quie an
obedece le espon áneamen e mo idos po su p opia olun ad.
Pues bien, pa a Veyne, el e e ge ismo polí ico (la donación
pública y desin e esada del pode ) es esa ins i ución capaz de
cong ega y en usiasma al público, log ando que desee obe-
dece olun a iamen e al pode , espe ándolo sobe anamen e.
Pan y ci co, pan y o os 47
Pues an o mayo se á el pode de su au o idad cuan o
más log e imp esiona al público con el e ec o ca á ico de
sus espec áculos públicos.
De es a mane a, los juegos del ci co son una sue e de
espec acula po lach polí ico, de es ín cí ico que el g an hom-
b e ( he big man) egala desin e esadamen e a su pueblo. Pa a
que haya po lach iene que habe des ucción, de oche, es
deci , consumo imp oduc i o: lo gas ado no debe bene icia a
nadie, pues no es un sobo no maquia élico. Po eso, la ies a
espec acula (o el espec áculo es i o) es la mejo donación
posible, ya que aúna la g a uidad an ieconómica con su capa-
cidad de cong ega colec i amen e a un público sobe ano.
Pe o la donación del empe ado , pa a pode hace se
digno de su au o idad sup ema, debe llega has a el ex emo
de dona se a sí mismo, en egándose a la colec i idad y
some iéndose al juicio del público. Los juegos del ci co
implican una ies a i ual donde se ep esen a el i o de la
in e sión de los es a us: la au o idad se some e al juicio del
público, y és e pasa a eje ce el dominio sobe ano. Paul
Veyne lo exp esa muy bien en la ex ensa ci a siguien e:
«Los espec áculos se con ie en en una a ena polí ica po que la
plebe y su sobe ano es án en e a en e: la mul i ud omana hon a allí a
su p íncipe, le eclama place es, le hace conoce sus ei indicaciones
polí icas, en in, aclama o a aca al p íncipe so capa de aplaudi o silba los
espec áculos. Así, el ci co y el an i ea o alcanzan una impo ancia des-
p opo cionada sob e la ida polí ica omana: el espec áculo llega a con-
e i se en ce emonia o icial. Dado que la mul i ud sabía que el espec á-
culo se hacía en su hono , que e a ella la eina de la ies a, y que las au o-
idades sólo que ían complace la, la mul i ud, en consecuencia, se sen ía
en los ci cos y en los ea os como en su p opia casa ( an o que, du an e
las jo nadas de agi ación polí ica, e a allí donde acudía pa a euni se y
En ique Gil Cal o
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mani es a se). Al se los espec áculos una ies a pe enecien e a la mul i-
ud, el mecenas pa ocinado que edi aba los juegos, incluso en el caso de
a a se del empe ado , se ponía esos días a su se icio y se humillaba
an e ella. Claudio llamaba a los espec ado es “seño es y amos” (domini):
él, a quien, como sobe ano, la mul i ud llamaba no malmen e nues o
seño (dominus nos e )» (1976: 704).
El seño se some e al público, y és e (no sus miemb os
indi iduales, sino su en usias a cong egación colec i a) pasa
a eje ce la sobe anía. Así, el o den polí ico esul a i ual-
men e sub e ido y ansg edido. Pues, en e ec o, nada mejo
que la ansg esión del o den pa a exp esa la donación de sí
que debe hace el pode pa a e es i se de oda su au o idad
mo al. Po eso, oda ep esen ación pública, pa a mani es a
su inculación con la au o idad ci il, debe cues iona el
pode y ansg edi el o den. Es la ansg esión po la ans-
g esión, como cons i uyen e esencial de la ies a pública: sea
es a ansg esión el sac i icio de idas humanas (como en el
caso de los gladiado es) o sea es a ansg esión el sac i icio
de o os de lidia (como en el caso de los lidiado es).
¿Qué sen ido úl imo iene es e e e ge ismo polí ico?
Según Veyne, el de exp esa el pode y hace lo espe able. Un
pode que sólo ue a pu a coacción ísica se ia, sí, capaz de
obliga , pe o no alcanza ía au o idad mo al. Po eso, el pode
debe gana se limpiamen e el espe o de los súbdi os suje os a
él: pa a que és os, con e idos así en suje os lib es, quie an
obedece le espon áneamen e mo idos po su p opia olun ad.
Pues bien, pa a Veyne, el e e ge ismo polí ico (la donación
pública y desin e esada del pode ) es esa ins i ución capaz de
cong ega y en usiasma al público, log ando que desee obe-
dece olun a iamen e al pode , espe ándolo sobe anamen e.
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Pues an o mayo se á el pode de su au o idad cuan o
más log e imp esiona al público con el e ec o ca á ico de
sus espec áculos públicos.
De es a mane a, los juegos del ci co son una sue e de
espec acula po lach polí ico, de es ín cí ico que el g an hom-
b e ( he big man) egala desin e esadamen e a su pueblo. Pa a
que haya po lach iene que habe des ucción, de oche, es
deci , consumo imp oduc i o: lo gas ado no debe bene icia a
nadie, pues no es un sobo no maquia élico. Po eso, la ies a
espec acula (o el espec áculo es i o) es la mejo donación
posible, ya que aúna la g a uidad an ieconómica con su capa-
cidad de cong ega colec i amen e a un público sobe ano.
Pe o la donación del empe ado , pa a pode hace se
digno de su au o idad sup ema, debe llega has a el ex emo
de dona se a sí mismo, en egándose a la colec i idad y
some iéndose al juicio del público. Los juegos del ci co
implican una ies a i ual donde se ep esen a el i o de la
in e sión de los es a us: la au o idad se some e al juicio del
público, y és e pasa a eje ce el dominio sobe ano. Paul
Veyne lo exp esa muy bien en la ex ensa ci a siguien e:
«Los espec áculos se con ie en en una a ena polí ica po que la
plebe y su sobe ano es án en e a en e: la mul i ud omana hon a allí a
su p íncipe, le eclama place es, le hace conoce sus ei indicaciones
polí icas, en in, aclama o a aca al p íncipe so capa de aplaudi o silba los
espec áculos. Así, el ci co y el an i ea o alcanzan una impo ancia des-
p opo cionada sob e la ida polí ica omana: el espec áculo llega a con-
e i se en ce emonia o icial. Dado que la mul i ud sabía que el espec á-
culo se hacía en su hono , que e a ella la eina de la ies a, y que las au o-
idades sólo que ían complace la, la mul i ud, en consecuencia, se sen ía
en los ci cos y en los ea os como en su p opia casa ( an o que, du an e
las jo nadas de agi ación polí ica, e a allí donde acudía pa a euni se y
En ique Gil Cal o
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