AEgyP iACA: DATOS SObRE LA ESPIRITUALIDAD
EN LA NECRÓPOLIS DE gADIR1
po
ANA Mª JIMéNEZ FLORES
RESUMEN A pa i del análisis de los aegyp iaca, pequeños amule os de inspi ación egipcia, loca-
lizados en las sepul u as de la nec ópolis gadi ana, p o undizamos en el conocimien o
de las c eencias une a ias. Amule os y piezas de ado no pe sonal pueden apo a una
aliosa in o mación sob e la espi i ualidad pe sonal y la p opia e olución ideológica de
la sociedad enicio-púnica du an e los ss. V a III a.C.
AbSTRACT The wo k we p esen analyses he aegyp iaca, small egyp ianizing amule s, ound in he
ombs o ceme e y a Gadi , and ad ance in ou knowledge o Phoenician une a y
belie s. The amule s and pe sonal objec s can gi e us aluable da a abou he pe sonal
spi i uali y and also he ideological de elopmen o Phoenician and Punic socie y du -
ing he V h-III d cen u ies B.C.
Palab as cla es Aegyp iaca; amule os; nec ópolis de Gañi ; c eencias une a ias enicio-púnicas.
Key wo ds Aegyp iaca, amule s, ceme e y a Gadi , Phoenician and Punic une a y belie s.
¿qué Moi a ue la que apagó u luz, in eliz,
y los izos de u esco cabello de niña?
(GV 1554)
El conocimien o de las c eencias une a ias y su plasmación ísica en el i ual es á de e mi-
nado po los da os p opo cionados po el espacio une a io y los es os a queológicos, un ma e ial
donde las piezas más espec acula es y llama i as abso ben los es ue zos e in e és de los es udiosos,
1. Es e a ículo o ma pa e de los abajos del G upo de In es igación Religio An iqua. His o ia y A queología de
las Religiones An iguas del Su de la Península Ibé ica (Cód- HUMA-650) de la Uni e sidad de Se illa y el P oyec o del
PGPGC Cul o y i ual en las colonias enicias del Cí culo de Gadi y su ámbi o de in luencia (Re . BHA 2000-1333).
SPAL 13 (2004): 139-154
ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.2004.i13.05
AEgyP iACA: DATOS SObRE LA ESPIRITUALIDAD
EN LA NECRÓPOLIS DE gADIR1
AEGYPTIACA: DATA ON SPIRITUALITY AT THE NECROPOLIS OF GADIR
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ma ginando o os aspec os no menos in e esan es. La modes ia de los ajua es enicios, sin emba go,
supuso an o un incen i o pa a los análisis de ipo espacial o social como un obs áculo a la ho a de
emp ende ap oximaciones de na u aleza ideológica, al ca ece se de una base documen al (se icios
de cul o, imágenes y, sob e odo, ex os). Ello ha de e minado que cualquie elemen o simbólico
suscep ible de desempeña alo es eligiosos sea conside ado un alioso hallazgo. La insigni ican-
cia que, en p incipio, puede ca ac e iza a un pequeño obje o p oceden e del ajua pe sonal de un
di un o se con apone a su alidez en la iden i icación de los p esupues os ideológicos une a ios
(Ga bini 1994: 83-84). Amule os y piezas de ado no pe sonal, de inidos en muchos casos como
simple paco illa, pueden apo a nos una p eciosa in o mación. Ningún depósi o une a io es g a-
ui o; cualquie pieza incluida en un ajua desempeña una unción conc e a, pudiendo desglosa se
su in e p e ación en dis in as ace as.
Las ap oximaciones me odológicas dominan es han a o ecido el análisis de la p oducción y su
de inición ipológica, en un es ue zo po ecopila y o dena odo el ma e ial p opo cionado po
los ecuen es hallazgos de nec ópolis. La ipología sepulc al y los monumen os, la p oducción as-
cula , las e aco as y joyas han sido obje o de es udio, apo ando no ables a ances. La in e ela-
ción de las dis in as se ies y p oducciones lle a on a un pos e io es udio de las edes come ciales y
de in e cambio, p o undizando en la es uc u a económica p oyec ada en las umbas y asladando
de o ma inmedia a es a p oblemá ica al ámbi o de lo social. Sólo en es e momen o se comienzan
a conjuga dis in os pa áme os, en e los que se incluyen los ideológicos, pa a el análisis de los
ajua es une a ios; aunque, como e a de espe a , la ideología in e esaba más en su e ien e de
supe es uc u a de una o ganización social desigual que como cue po de c eencias sob e el Más
Allá, aspec o que oda ía queda ese ado a los his o iado es de las eligiones y su exégesis de los
ex os (Xella 1981: 19-21; idem 1982; Ribichini 1987).
Cuando a pa i del s. VI y buena pa e del s. V a.C. comienzan a p oli e a en los ajua es los
amule os y igu i as apo opaicas egip izan es, la única explicación a es a exp esión de eligiosidad
se emi e, so p enden emen e, al campo de la p oducción a esanal o se emp ende su es udio pa a
sol en a cues iones de índole económica (Ve cou e 1945: 1-15; Scandone 1975: 65). Los ejempla-
es más a caicos son p oduc os egipcios, en algunos casos de iliación enicia, o p oceden de la cos a
si o-pales ina, esul ado de una in e p e a io enicia. Desde ines del s. V y p incipios del s. IV a.C.
se a i ican los p oduc os de es os alle es, eemplazados po piezas de imi ación local púnica mul-
iplicándose su p esencia (Redissi 1991b: 110-112; Acqua o 1984; Cia aloni 1995: 504-505). Pe o
el aumen o y p oli e ación de de e minados obje os de ado no no conduce i emediablemen e a su
amo ización en las umbas, especialmen e en un mundo como el púnico donde es os p esupues os
no se aplicaban aún en e apas p eceden es donde la can idad y calidad del ajua se aduci ían en
é minos de es a us social. El depósi o de amule os, en su mayo ía de escaso alo , es á ín imamen e
ligado al di un o, al ma gen de su ex acción social, y a sus c eencias pe sonales. La calidad de los
amule os es medioc e: la ma e ia en la que es án ealizados es es ea i a o ayenza y la ac u a se sim-
pli ica, con de alles suge idos median e le es incisiones. La alía de es os obje os no adica, pues, en
sus cualidades ma e iales sin en su pode mágico, imp eso po las imágenes que ep oduce (Pad ó
1999: 96). La mul iplicación o ausencia de es as piezas en pe iodos al e na i os nos señalan una
e olución del sis ema de alo es que no se limi a a las c eencias sob e el Más Allá, sino que a ec a
igualmen e a la ida co idiana: es os amule os han sido po ados en ida po su dueño.
El hecho de que la esca ología o me un cue po de c eencias i ido más en el ma co amilia
o social que en el ins i ucional la condena a limi a se a es e subs a o, aspasando a amen e el
umb al de la ansmisión o al o la supe s ición (Ribichini 1987: 147-149). Su único medio de as-
cendencia se á el depósi o de obje os simbólicos en los ajua es, los i os une a ios y algunas leyen-
das o anécdo as ecogidas en los ex os. Rasgo común a odas las colonias enicias occiden ales,
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141Aegyp iAcA: Da os sob e la espi i ualiDaD en la nec ópolis De GaDi
sal o el caso excepcional de Ca ago, con ex ensas nec ópolis, p olí icas en epíg a es y aegyp iaca
(Ve cou e 1945; Redissi 1991b), se á la al a de e e encias ex uales de ámbi o une a io que nos
obliga a cen a nos en los es os a queológicos. La nec ópolis gadi ana, dada su ampli ud c ono-
lógica y espacial y las nume osas in e enciones a queológicas lle adas a cabo en su sola (Co zo
1992: 263-265; Fe e 1995: 369-380; Muñoz Vicen e 1995-96: 77-79), cons i uye pe se un magní-
ico escena io donde aplica es os p esupues os. Los i os econocidos en sus sepul u as, no exen os
de compo amien os au óc onos, coinciden en líneas gene ales con lo obse ado en o os g andes
conjun os une a ios coloniales desde las e apas a caicas has a la dominación omana. Si bien pa a
las ases an iguas se puede a gumen a una misma he encia cul u al, a medida que se a ianzan los
localismos y los usos une a ios se di e si ican, algunas pau as comunes nos emi en a un subs a o
ideológico i o y en con inua e olución.
El egis o une a io no o ece es os con as ables pa a las p ime as echas de la colonización,
s. IX a.C. y p ime a mi ad del s. VIII a.C. (Aube 1994: 317-323), da ándose en es a e apa algunos
hallazgos aislados ealizados en el s. XIX. Su a ibución a con ex os une a ios se debe más a las
ca ac e ís icas ipológicas de las piezas que a la p ocedencia, desconocida casi siemp e. A. Muñoz
Vicen e ci a como pa e de posibles ajua es une a ios da ados en e ines VIII y VII a.C. el anillo
signa a io de Pue a de Tie a y el enócoe p o oá ico conse ado en el Museo de Copenhagen, a los
que se añade una pyxide de p o o ipos micénicos y un agmen o de enócoe de boca de se a p oce-
den e de un alud de la Playa de San a Ma ía del Ma (1995-96: 81). La p oximidad del conjun o
con lo que enemos bien documen ado en cen os como Almuñéca o Lagos, de c onología ce cana
(Negue uela 1985; Aube y o os 1991: 42-44), apoya es a in e p e ación y si úa a Gadi en un con-
ex o une a io simila al de los demás cen os coloniales peninsula es. En es e pe iodo se cons a a
una limi ada p esencia de amule os o piezas de paco illa suscep ibles de desempeña unciones
apo opaicas. El olumen de amule os conocidos en las nec ópolis de la cos a medi e ánea no
suele sob epasa una o dos piezas (Pellice 1963: 18, ig. 9, 5; 24, ig. 24, 3; y 38, ig. 34, 4; Aube y
o os 1991: 26-32, igs. 20-24; Niemeye -Schuba 1976, nº 556, lám. 12, 50b). Es la misma p opo -
ción que cons a amos en e los hallazgos de los asen amien os, que pa a es e pe iodo compa en
la p ocedencia de los amule os, esca abeos en su mayo ía, con las nec ópolis (Game Walle 1978:
232 ss., Abb. 123; Pad ò 1995: 175-177, Table 3).
La siguien e cen u ia se mues a, en cambio, algo más p olí ica. A p incipios de siglo se echa el
en e amien o en osa, con los es os deposi ados en u na de ipología C uz del Neg o, exca ado
en c/ Tolosa La ou (Pe digones-Muñoz 1990: 59). Es a es uc u a coincide con o o en e amien o
iden i icado en la Playa de San a Ma ía del Ma en 1983 y consis en e en un pozo de sección
cilínd ica, con ocho ni eles de depósi o que albe gaba en el ondo un en e amien o del segundo
cua o del s. VI a.C. Consis ía en una c emación en u na de ipo C uz del Neg o (Muñoz Vicen e
1995-96: 81). En e los ma e iales de elleno se halla on agmen os de ípodes, sin es os de ajua
pe sonal o ado nos. En el s. VI a.C., aunque ya en su segunda mi ad, se da an los en e amien os
más a caicos exca ados en la zona de Ex amu os (Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 11-31); en
es as sepul u as las c emaciones se e ec úan in si u en las osas exca adas en el suelo, lo que ha
pe mi ido la conse ación de algunos elemen os de ado no y joye ía. Las sepul u as se ealizan en
osas dobles o simples; en las p ime as, de da ación an e io , se conjugan los es os ce ámicos con
algunos elemen os de joye ía, mien as en el segundo ipo los ajua es es án casi exclusi amen e
o mados po joyas (Pe digones 1991: 225). A es e g upo se puede adsc ibi un lo e de joyas, qui-
zás de o igen une a io, ecupe ado en la Playa de San a Ma ía del Ma po unos ma iscado es,
y p oceden es de una umba des uida. El conjun o es aba o mado po un amule o de o o que
ep oducía la imagen de un pa eco pan eo (Ma ín Ceballos 1976), un colgan e de es e a y un anillo
con esca abeo (quin e o 1932: 17, Lám. III). En 1983 ing esó en el Museo de Cádiz un segundo
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lo e de joyas de p ocedencia simila compues o po un pendien e, dos colgan es y a ias cuen as
(Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 29-31, Lám. XIV: 1-2).
Desde p incipios del s. V a.C. se ad ie e un cambio de i o, de es uc u as de las sepul u as y
de composición de los ajua es. El i ual dominan e se á desde aho a la inhumación, p ac icada en
umbas de sille ía le an adas a su ez en osas exca adas en el suelo, que pueden apa ece solas o
en ag upaciones de has a ein e sepul u as (Muñoz Vicen e 1983-84: 48-50). Es a cuidada cons-
ucción con as a con el ajua une a io que las acompaña, con la p esencia casi exclusi a de
elemen os de ado no pe sonal: anillos, pendien es, b azale es, a acadas y amule os. Los ma e ia-
les ce ámicos es án ausen es en las más de 200 umbas conocidas has a la echa (Muñoz Vicen e
1995-96: 83-84) y sólo en a as ocasiones hay huellas de es os en e los depósi os del ex e io de la
umba, como pa e de las o endas o i os pos e io es al sepelio. A dicha e apa co esponden los
monumen ales sa có agos an opoides de má mol p oceden es de Pun a de la Vaca y la C/ Ruiz
de Alda (Co zo 1992: 272). Su da ación, es ablecida en pleno s. V a.C., les con ie e en uno de
los es imonios más an iguos de su di usión en Occiden e, así como de la pe cepción que las éli es
de la ciudad occiden al enían de las inquie udes y usos une a ios dominan es en es as echas en
la cos a enicia. Tipológicamen e, la o ma de los sa có agos enicios se inspi a en la p oducción
de sa có agos an opoides en pied a de la dinas ía XXVI, coe ánea del pe iodo pe sa. La pos-
e io e olución de la áb ica condujo al paula ino ele o de la in luencia niló ica po la g iega,
con una ase in e media donde con luyen ambas adiciones has a la de ini i a desapa ición de
los p és amos egipcios (Elayi 1995: 22-24). No obs an e, las p ác icas une a ias asociadas a los
sa có agos es án es echamen e inspi adas en los usos egipcios. En e es os i os se encon aba
el a amien o del cadá e “a la egipcia”, es o es, una se ie de usos de i ados di ec amen e de la
cos umb e egipcia, aunque media izados po la dis ancia y el desconocimien o de las écnicas de
embalsamamien o. Ni en Ca ago ni en la cos a le an ina se igno a el uso de sus ancias esino-
sas y pe umes pa a la conse ación del cue po (Benichou-Sa a 1975-76: 133-138; Elayi-Haikal
1996: 121). En Gadi , los cuidados p opo cionados a la di un a deposi ada en el sa có ago eme-
nino nos in o man del in e és po su p ese ación. El cadá e , deposi ado en un a aúd de made a
de ced o, es e es ido de a ias únicas y sob e él se coloca una másca a de made a p o is a de
pes añas de b once (Blanco-Co zo 1981: 242, Ta . 21d); en e las es idu as se in oducen un esca-
abeo y cinco amule os en o ma de u eos, in eg an es quizás de algún colla como se obse a en
o os casos.
La abundancia de obje os de ado no hace de la o eb e ía la p oducción a ís ica mejo cono-
cida en es a e apa. En sus es udios sob e la o eb e ía gadi ana, A. Pe ea se ha de enido especial-
men e en los ma e iales deposi ados en umbas, ex ayendo algunas conclusiones de in e és. Po
una pa e, indica la exis encia de una p oducción de anillos y pendien es de uso exclusi o une a io
que, po sus ca ac e ís icas écnicas y su agilidad no pudie on se lle ados en ida po el di un o,
ale como anillos o mados de inas láminas de o o o pendien es con el cie e en o ma de espi al
(Pe ea 1986: 297). Es os p oduc os ue on elabo ados en sus i ución de los ado nos po ados habi-
ualmen e y que, po su modes ia, no esul aban an ap opiados pa a se alojados en la umba.
Los anillos y pendien es de b once, pla a o me ales menos nobles se sus i uían en el momen o del
sepelio po el o o, empleado como e es imien o de piezas ágiles, pe o de mayo e ec ismo.
En con as e con las joyas, los amule os sí pa ecen habe gozado de un la go uso en ida del
di un o y con inúan acompañándolo en la umba. Muchos de es os o ecen cla as huellas de des-
gas e y su sola p esencia, a pesa del mal es ado de conse ación, es signi ica i a. El alo ma e ial
es un aspec o secunda io en e a su unción simbólica y mágica. La mul iplicación de amule os y
la p esencia casi cons an e de esca abeos pe mi en inc emen a su unción apo opaica, y se p o-
cu a inse a los en las más di e sas combinaciones de colla es y colgan es, alcanzando en algunos
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143Aegyp iAcA: Da os sob e la espi i ualiDaD en la nec ópolis De GaDi
casos olúmenes llama i os2. Es a si uación ambién se cons a a en nec ópolis coe áneas como Ja -
dín, en la que se han ecupe ado esca abeos (Game Walle 1975 y 1977) y es uches po aamule os
(Schuba -Maass-Lindemann 1995: 149-150, nº 437-438) y Puen e de Noy, donde la umba 5B p o-
po cionó un lo e de 26 amule os (Molina-Pad ó 1983a; Pad ò 1995: 113-127), mien as las umbas
es an es o ecie on un o al de es esca abeos y un esca aboide (Molina-Pad ò 1983b). También
en Villa icos se puede señala la p esencia de un buen elenco de amule os y igu illas p o ilác icas
de ca ac e ís icas simila es (As uc 1951: 21-22, 34-35, 41, 51, 60-61 y 76).
Desde un momen o no de e minado del s. IV a.C. se comienza a documen a la p ác ica de
inhumaciones en osas dobles o simples cubie as con silla es, más a de sus i uidos po án o as en
los ss. III-II a.C. La composición de los ajua es no a ía mucho, pe o a pa i de la ansición del s.
II al I a.C. jun o a los elemen os de ado no se gene alizan algunas o mas ce ámicas como ungüen-
a ios, que adquie en no able p o agonismo en los ajua es de la nec ópolis de Málaga (Ma ín
Ruiz-Pé ez Lamb u es 1999: 155, ig. 15) y de Puen e de Noy (Molina-Bañón 1983), áskoi, cuencos
y ollas. Los amule os se han ido a i icando a lo la go de es e pe iodo y las joyas se simpli ican. Un
enómeno simila se cons a a en la nec ópolis de Campos Elíseos, en Málaga, con una da ación
que oscila en e el s. II y I a.C. (Ma ín Ruiz-Pé ez Lamb u es 1999: 154, ig. 14). En Villa icos,
aunque algunas sepul u as han sido adsc i as a es as echas, es di ícil es ablece conjun os ce ados
de ajua es po co esponde en su mayo ía a eu ilizaciones de umbas an e io es y habe su ido
saqueos (Almag o Go bea 1984: 217-219).
Nos hemos de cen a , pues, en los usos igen es en el pe iodo púnico, ijado en e los siglos VI
a III a.C. y que, a la luz de los da os expues os, es el que o ece una mayo abundancia de p uebas
sob e el ipo de depósi o analizado. A la ho a de ca ac e iza es a ase, se han de des aca es asgos
esenciales conca enados en e sí. Po una pa e, aunque sólo se mani ies a muy su ilmen e al inicio
del pe iodo, se agudiza la c ecien e endencia a la indi idualización de la sepul u a. La osa doble es
eemplazada po la simple pa a, más a de, acen ua se el aislamien o del di un o con la e ección de
una cons ucción de silla es sob e la misma osa. Es a ci cuns ancia no se aduce necesa iamen e
en una dispe sión espacial del g upo amilia , al que aún sigue unido po medio de los conjun os de
loculi y las ce emonias úneb es. Un segundo asgo incide en es e mismo enómeno: La indi idua-
lización del cadá e conlle a el espe o de su in eg idad ísica y un mayo in e és po p ese a el
cue po y e i a su de e io o. La di usión de la inhumación lo acili a y p opicia que el cue po ape-
nas se ea al e ado en su o ma ex e na. Los es ue zos po asegu a su conse ación conducen a la
adopción de o a se ie de usos más excepcionales, en e los que hemos de des aca la inco po ación
de di e sas mo ajas que impiden la dispe sión de los es os, i os de embalsamamien o, con el e -
ido o unción de ma e ias esinosas y pe umes, y el empleo de sa có agos y écnicas de inspi ación
egipcia. Po úl imo, llama nues a a ención la in e sión e lejada en la composición de los ajua es.
F en e a la e apa an e io donde p edominaban las piezas ce ámicas con una escasa p esencia de
joyas y amule os, en es a ase las o mas ascula es desapa ecen y dominan el ajua las piezas de
ado no. La es echa inculación de algunos de es os obje os con el di un o, que los po ó en ida,
uel e a incidi en los aspec os de indi idualidad y pe sonalización ya señalados.
Es e compo amien o, gene alizado en las nec ópolis de oda la cuenca medi e ánea (Redissi 1991b:
110-113), ha sido explicado ecu iendo a a gumen os socio-económicos. Dichas ans o maciones
2. En la umba 2 de la nec ópolis de Casa del Pino y la umba D de Playa de los Núme os se alcanzó buen núme o de
amule os con o i icios de suspensión pa a se ensa ados en colla es. En las exca aciones más ecien es de la calle Tolosa
La ou , las umbas más p olí icas ue on la umba 1, con cua o amule os, ag upados en un colla , un anillo deco ado con
escena egip izan e y un es uche, y la umba 2 que o eció 14 amule os, quizás de uno o dos colla es (Pe digones-Muñoz
1990: 65-66).
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son consecuencia de los cambios su idos po el modelo colonial a caico y el paso a las nue as es a-
egias de explo ación di undidas desde la me ópolis ca aginesa (Aube 1986: 612-613). Asis imos
en es e pe iodo a una ase de ees uc u ación de las an iguas colonias enicias que culmina á en
la consolidación de la ciudad-es ado (Schuba -A eaga 1990: 456-469). El mundo une a io no es
ajeno a es as mu aciones, ep oducidas aquí en la adopción de los usos ya indicados. Es a in e p e-
ación, que puede sa is ace los in e ogan es sob e las ans o maciones es uc u ales, no esponde,
sin emba go, a cues iones más conc e as inculadas a aspec os de eligiosidad popula , como se ía
el empleo y depósi o de amule os y aegyp iaca en los ajua es. Si que emos p o undiza en su signi-
icación hemos de plan ea nos, en p ime luga , qué ca ac e ís icas ienen es os obje os, ya que se
adop an as una p e ia selección a pa i de las o mas egipcias conocidas en el mundo enicio, y
qué uncionalidad desempeñan en el con ex o que las albe ga, di e sa, po supues o, de la eje cida en
ámbi os como el polí ico( Pe i 1995: 136-138).
El amule o p eponde an e es el esca abeo, jun o al que ci a emos los esca aboides, de mo o-
logía de i ada, sal o po la ausencia de algunos de alles iconog á icos. El p ime o ep oduce con
idelidad la o ma del insec o en el que se inspi a, ep esen ando en su ca a ex e io el ó ax, los
éli os y las pa as del animal, mien as el e e so, de sección plana, se des ina a acoge un ex o
je oglí ico o imágenes simbólicas. Siendo és e el elemen o de mayo ca ga mágica, se man end á
inal e able en la p oducción de esca aboides, cuando su pa e ex e io es ocupada po o as igu as
(p ó omos neg oides, cabezas de ca ne o o Bes,..), alusi as a símbolos di inos o genios p o ec o-
es. Es as piezas, como pa e de anillos basculan es o simples colgan es enga zados en mon u as
(quilla d 1987: 111; Boa dman 1987: 104), apa ecen en la mayo ía de las sepul u as gadi anas con
amule os, siendo en ocasiones el único p esen e. Su uso es muy an iguo y la inco po ación a los
ajua es une a ios enicios se emon a a inicios del I milenio a.C. desde la cos a pales ina has a el
Ex emo Occiden e (Feghali Go on 1996). Su con ex o de hallazgo puede se el in e io de luga es
de habi ación, esul ado de su empleo en la ida co idiana, as lo cual es inco po ado al ajua o
deposi ado como o enda en los san ua ios.
La p on a di usión del esca abeo se debe a su alo mágico, que lo con e ía en amule o p o-
ec o po excelencia, p opiciado de ida y salud, de ahí que sus po ado es más ecuen es sean
muje es y niños (Laga ce 1976; De Sal ia 1978; Hölbl 1986b). La inspi ación en los asgos mo -
ológicos del coleóp e o se complemen a con una lúcida lec u a simbólica de sus ca ac e ís icas
biológicas. El Sca abaeus sace asegu a su ep oducción deposi ando sus hue os en una bola de
exc emen os, es os p oceden es de bó idos o cáp idos, animales de ele ado signi icado económico
y i ual; una ez moldeada, la bola es ocul ada bajo ie a, donde las la as se alimen a án has a
alcanza la madu ez, saliendo al ex e io con e idos en pequeños esca abajos (Cambe o 1987).
Es e complejo p oceso es aducido en imagen y símbolo de egene ación espon ánea, de nue a
ida y, po ex ensión, de esu ección (And ews 1997: 50-51) y supe ación de si uaciones limina es,
lo que explica su p esencia en san ua ios cos e os, den o del con ex o de las expediciones ma í i-
mas y el mundo une a io.
El alo mágico del esca abeo eside, pues, en su o ma an o o más que en su con enido icono-
g á ico, de ahí que su ulga ización acili e a un mayo núme o de consumido es el acceso, en la
medida de sus posibilidades, a es e po encial mágico. La e i alización de la p oducción, animada
po el alle de Nauc a is desde el s. VI a.C. y el inicio de la ac i idad de los cen os de Tha os,
Ca ago y los alle es e uscos (Cia aloni 1995: 503), in lui á en la mul iplicación de su p esencia y
di e si icación en odo el Occiden e, an es limi ada a las impo aciones egipcias (Ve cou e 1945:
338-341; Game Walle 1978: 240-242; Pad ò 1995: 41-52). La pé dida de calidad de los p oduc os
po su elabo ación en se ie no epe cu e en su empleo, que se gene aliza y mul iplica alcanzando
a los es a os más modes os de la sociedad. Las piezas complejas y delicadas se localizan en las
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sepul u as más icas, mien as en las umbas más modes as encon amos p oduc os pseudoegip-
cios o púnicos de escasa calidad.
Se conocen algunos ejempla es egipcios co espondien es a hallazgos de 1873 y 1887 (Rod í-
guez de Be langa 1891, Tabla III; Blázquez 1975, ig. 3). Des aca en e es os el esca abeo enga -
zado en anillo basculan e hallado en Pue a de Tie a y publicado po P. quin e o (1915, Lám.
IX; Game Walle 1978: 77, Fig. 8). En su ca a in e io o ecía un je oglí ico con el nomb e Mn-
Hp -Rc, con el ca ucho lanqueado po dos u eos. O o esca abeo, de jaspe e de, o maba pa e
del ajua del sa có ago emenino, jun o con cinco u eos (Blanco-Co zo 1981: 242-243, Ta . 21,
a-c), y dos esca abeos sin mon u a se halla on, acompañados de 14 abas, en el ajua de la cáma a
cen al de un conjun o de loculi exca ados en Plaza de Asd úbal en 1984 (Co zo 1992: 272). De la
umba 41B de la calle Tolosa La ou p ocede un ejempla ealizado en pas a silícea con o i icio de
suspensión pe o sin g abados (Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 44, ig. 38: 21); o os esca abeos
mon ados en anillo ue on ecupe ados en las exca aciones de 1929 (quin e o 1932: 7, Lám. V, b).
De la impo ancia de la o ma del amule o en sí se ía indicio la inco po ación de pied as de es a
mo ología sin g aba en anillos basculan es que imi an la ipología adicional, co espondien es
al g upo Ia de A. Pe ea (1986: 297), des acando los ejempla es p oceden es de la umba 2 de Casa
del Pino (Ce e a y Jiménez-Al a o 1923: 8, Lám. VI, a). En es e g upo se han con abilizado 32
piezas que conse aban la pied a, aunque sólo dos la p esen aban allada en o ma de esca abeo.
Pa a G. Hölbl la impo ancia de es e ipo de aegyp iaca se pe cibía no an o en su p ocedencia de
depósi os o i os sino en los hallazgos de umbas pe enecien es a niños y muje es de es a o social
pob e (1986b: 199-200); y pod íamos añadi , al hilo de es a hipó esis, que la misma ep oducción
simpli icada y ulga izada de la mo ología es indicio de su ele ancia.
Jun o a los esca abeos, encon amos una g an a iedad de igu illas e imágenes simbólicas,
menos gene alizadas, pe o con una impo an e ca ga mágica. Es os amule os, p oceden es sob e
odo de alle es púnicos y ealizados en ma e ias semip eciosas, los menos, y en pas a í ea o
ce ámica id iada la mayo ía, se emi en a una adición egipcia asumida y ein e p e ada po la
cul u a enicio-púnica. An e la ab umado a di e sidad de amule os p oducidos po el mundo niló-
ico (And ews 1997), la cul u a enicia lle a a cabo una selección de mo i os y emas que p opicia
el p edominio de igu as di inas muy conc e as, inculadas sob e odo a alo es mágicos o apo-
opaicos, que alcanza án g an éxi o en el uni e so ideológico colonial, y elemen os iconog á icos
ex endidos a la mayo ía de las exp esiones a ís icas enicias.
En e las imágenes di inas más popula es des aca el dios Bes, que llega a ecibi cul o en las
colonias de Bi ia e Ibiza y conoce una ue e de oción en Chip e (Gómez Lucas 2002: 97-107;
Bonne 2000: 101-106; Bonne 1985: 237-240; Hölbl 1986a: 109-116). Las sepul u as de Gadi han
p opo cionado algunas huellas de su inculación a las c eencias une a ias, elación que debemos
conside a como unción secunda ia: Bes es la igu a di ina apo opaica po excelencia, lo que le
pe mi e es a p esen e en mul i ud de con ex os, sob e odo aquellos que implican un pe iodo de
ánsi o o de es ado liminal de ele ado iesgo. El amule o e a po ado po muje es encin a y niños
y su popula idad condujo a la ep oducción de su imagen en los esca abeos, luego des inados a la
umba (And ews 1997: 40 y 55), y deposi ados en cue as o san ua ios como o enda o i a as un
la go iaje, como podemos p esupone pa a los hallazgos de Go ham’s Ca e, Gib al a (Culican
1972: 114-115, nº 5, igs. 3, XXII; Pad ó 1995: 158-159, nº 31.22, lám. XCII). En umbas de la zona
de la Playa de San a Ma ía del Ma se localiza on dos amule os en ayenza con la imagen de es a
di inidad (Game Walle 1978: 78, Ta . 20j y l, P3 y P5). También es ep oducido en o o ipo
de sopo es, como en el colla o mado po cuen as de co nalina y plaqui as de o o hallado en la
umba 2 de Casa del Pino, con una igu a de Bes es angulando se pien es, y da ado en el s. IV a.C.
(Ce e a y Jiménez-Al a o 1923: 9, Lám. VI). El ejempla más a dío co esponde a un colgan e
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de pas a í ea con la igu a del dios enga zado en un colla con colgan es álicos deposi ado en
una inhumación in an il en án o a de época omana exca ada en la A enida de Andalucía en 1985
(Pe digones-T oya-Muñoz 1987a: 73, ig. 5). La asociación de la imagen g o esca y de o me de es a
di inidad con los genios p o ec o es de la e ilidad y la in ancia puede ene un cla o an eceden e
ipológico en una se ie de igu as demoníacas de amplia aigamb e en el mundo cananeo (Black-
G een 1998: 106, 116, 147-148), que suelen deposi a se en los ajua es (Culican 1976; Redissi 1991b:
102-103)3. A es a mo ología pod íamos adsc ibi un cu ioso amule o hallado en una c emación
in an il en osa exca ada en la calle Tolosa La ou , echada en el s. VI a.C. Se a a de un colgan e
de pla a en o ma de U o mado po dos láminas soldadas deco adas en una ca a con la ep esen-
ación del os o de un sá i o con cue nos y o ejas la gas y pun iagudas (Pe digones-Muñoz 1990:
59, ig. 6A). Su p oximidad con la iconog a ía de Bes de e mina que pueda se con undido con és e
(Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 20, ig. 38:1), pe o sus asgos isonómicos hacen pensa en igu-
as demoníacas como Pazuzu (Black-G een 1998: 106), p ueba de la pe i encia de supe s iciones
y c eencias muy a aigadas en el con ex o si o-pales ino.
Asociados a la igu a de Bes, an o mo ológica como uncionalmen e (Gómez Lucas 2004), se
encuen an los pa ecos, ep oducidos con mayo p o usión en el ipo de pa eco pan eo. En dicha
imagen, el enano pa eco apa ece desnudo en posición on al, apoyando los pies sob e sendos
cocod ilos. Con sus b azos suje a dos se pien es, imi ando una iconog a ía asociada a Ha pó-
c a es, acompañado de elemen os simbólicos de o as di inidades: un esca abajo sag ado cub e
su cabeza, dos halcones se posan sob e sus homb os, en los lancos las imágenes de Isis y Ne is
y en el do so una Isis desnuda p e ó o a, co onada po el disco sola , le p o ege. La suma de los
pode es de cada di inidad le con ie e en uno de los amule os más pode osos (Pad ò 1985: 16-22),
lo que explica ía su g an acep ación en el mundo enicio-púnico. El ejempla aú eo de Cádiz, con
pa alelos en Ca ago (quilla d 1978), ep oduce es a iconog a ía, con algunas de iciencias, siendo
ob a de un alle local (Ma ín Ceballos 1976: 249) que plasma en me al p ecioso las ep esen a-
ciones de los amule os en pas a. Son más ecuen es és os úl imos; así, conocemos un amule o
en pas a de alco con la igu a de P ah pa eco bi on e y una insc ipción je oglí ica g abada en el
zócalo p oceden e de la umba 2 del g upo de la calle Tolosa La ou (Pe digones-Muñoz 1990: 65;
Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 41, ig. 38.11). En es e mismo conjun o apa eció o o amule o
con una igu a momi o me en o o, in e p e ada como imagen de P ah, en el ajua de la umba 1
(Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 39, ig. 38.5). Los compañe os del dios, los enanos pa ecos, con
p e oga i as apo opaicas ce canas apa ecen ep oducidos en dos amule os ci ados po I. Game
y p oceden es ambién de la nec ópolis gadi ana (Game Walle 1978: 78, Ta . 20k, M121 y P4).
O a di inidad egipcia ecuen e en las umbas es Ho us, ep oducida bajo di e sas o mas. La
iconog a ía más iel es la de la igu a masculina es an e con cabeza de halcón. De es e ipo se cono-
cen dos amule os, uno segu o (Game Walle 1978: 77, Abb. 19, M122) y o o p obable, hallado
en la umba 2 de Tolosa La ou , ya que el desgas e de la pieza no pe mi e de e mina si se a a de
Ho us o el dios Knum (Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 41, ig. 38: 12). Es ecuen e, en cambio,
encon a ep oducidos los símbolos asociados a es a di inidad, como el halcón y el ojo oudja .
Es e úl imo es un amule o pode oso cuyas no ables cualidades p o ec o as se plasmaban en su país
de o igen en el hecho de se deposi ado en un pun o signi ica i o de la momia, sob e la incisión del
cos ado. No sólo p e iene con a las in luencias malignas, sino que ambién sana mágicamen e las
3. En un ecien e abajo, expues o como pos e en el “III Semina io In e nacional sob e Temas Fenicios: El mundo
une a io”, celeb ado en Gua dama de Segu a, Alican e (mayo, 2002), A. Giu ido menciona el hallazgo de más
ochen a pequeños amule os de es e ipo, iden i icados con di inidades como Humbaba, Pazuzu o Saka (L`amule o
demone nel i uale une a io enicio punico).
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he idas de ahí que se po e en ida (And ews 1997: 43), y sea habi ual su ep oducción en di e sos
sopo es. La más común es el amule o en o ma de plaqui a des inado a colgan e, ab icado en
di e sa ma e ia y con un oudja g abado en una de sus ca as. De la umba 1 de Tolosa La ou p o-
ceden dos amule os de es e ipo, uno ealizado en pas a de alco y o o en jade (Pe digones-Muñoz-
Pisano 1990: 39-40, ig. 38: 4 y 8); mien as de la umba 2 del mismo conjun o se ecupe a on un
ejempla en pas a de alco y o o ealizado en hueso con las dos ca as g abadas (Pe digones-Muñoz
1990: 65, ig. 6, 41B-36; Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 43, ig. 38: 19). Po úl imo, en el colla de
cuen as de co nalina de la umba 2 de Casa del Pino, se inse aba una plaqui a de o o con un ojo de
Ho us g abado (Ce e a y Jiménez-Al a o 1923: 9, Lám. VI; Game Walle 1978: 78, Ta . 20e).
El halcón es ep oducido en amule os, joyas y en los es uches po aamule os. Al p ime g upo pe -
enece un amule o de pas a de alco p oceden e de la umba 2 de Tolosa La ou (Pe digones-Muñoz
1990: 65, ig. 6, 41B-43; Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 43, ig. 38: 20). Pe o las imágenes más e-
cuen es y an iguas son las igu adas en las joyas, especialmen e en un ipo de pendien e, ca ac e ís ico
de los es ablecimien os púnicos. Es án o mados po cadeni as y plaqui as de lunulas, ema adas en
sus ex emos po cabezas de halcón, y a eces complemen adas po láminas con cabeci as ha hó icas.
Es as joyas se da an en el s. VI a.C. y p oceden en su mayo ía de c emaciones en osa, sal o algunos
hallazgos descon ex ualizados de los que se puede p esumi un o igen une a io.
En el caso de los es uches, el p ó omo de halcón apa ece como ema e o apade a del cilind o.
Es as piezas, consis en es en pequeños cilind os o p ismas des inados a albe ga una laminilla con
ó mulas de p o ección, pie den g adualmen e su ca ác e me amen e uncional como ecipien e de
amule o pa a con e i se en amule os po sí mismos cuando, du an e el s. VI a.C., su apade a se
con ie a en imagen de animales o símbolos sag ados (quilla d 1971-72: 27-29). Su ca ga mágica
aumen a conside ablemen e. Las laminillas, de me al p ecioso o papi o, di ícilmen e pueden ecu-
pe a se, po su ca ác e pe ecede o o la imposibilidad de ex ae los del es uche al oxida se. Pe o
cuando es o es posible, su es udio nos apo a una aliosa in o mación sob e la ansmisión de
o mas iconog á icas y c eencias egipcias, al ep oduci des iles de decanos, o denados en coope a-
i as, según las escenas de las cáma as une a ias y pasajes del Lib o de los Mue os, acompañadas
de ó mulas enicias de p o ección (Ga bini 1994, n. 31). En la nec ópolis gadi ana con amos con
a ios ejempla es de es a na u aleza, aunque desconocemos la lámina o amule o con enido en su
in e io . A un hallazgo de 1891 en Pun a de la Vaca pe enece un conjun o de cua o es uches ea-
lizados en b once y o o. Cada es uche apa ecía ema ado po un p ó omo: un ca ne o, un halcón
y un león, ocados odos ellos con un disco sola y u eo, mien as el cua o ejempla enía como
apade a la igu a geomé ica del obelisco o pi ámide, que en con ex os púnicos adquie e alo es
simbólicos añadidos como igu a be ílica. De Pun a de la Vaca se conoce o o es uche, de o ma
cilínd ica, ema ado po una pied a oja como cie e (Ramos Sainz 1990: 99). O o es uche de pla a
de o ma pa alelepípeda ema ado po una posible pi ámide con base ealzada, ue localizado en la
umba 1 de Tolosa La ou y da ado en el s. V a.C. (Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 39, ig. 38: 3).
Además de es as imágenes encon amos ambién las ep esen aciones de di inidades emeninas
como Thue is, la diosa hipopó amo, asociada a las muje es encin a y ep esen ada en es e caso
po un amule o de pas a que o maba pa e de un colla pe enecien e al ajua de la umba 2 de
Tolosa La ou (Pe digones-Muñoz 1990: 65; Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 40, ig. 38: 9); Ne is,
igu ada en un amule o de pas a de alco de la umba 1 del mismo conjun o (Pe digones-Muñoz-
Pisano 1990: 40, ig. 38: 6); Ha ho , cuya cabeza encon amos en joyas y obje os de ado no e Isis,
de la que con amos con un amule o de pas a de alco con la diosa seden e y cu ó o a hallado en la
umba 2 de Tolosa La ou (Pe digones-Muñoz 1990: 65; Pe digones-Muñoz-Pisano 1990: 41, ig.
38: 13). La misma iconog a ía se epi e en un pequeño b once de 11 cm. de al u a de p ocedencia
desconocida y de da ación más a día (Game Walle 1978: 80, Ta . 33b, B3). O o amule o de
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