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LA RENOVACIÓN IBEROAMERICANA
Ma ía Jose a Agudo Ma ínez
ETSA. Uni e sidad de Se illa. España
El consabido a gumen o de la dualidad cen o-pe i e ia1, aplicado al
caso conc e o del a e colonial ibe oame icano, conduce, en la mayo ía de los
casos, a in e p e aciones unidi eccionales que no ienen en cuen a el i mo
p opio de lo ame icano espec o al a e occiden al, lo que supone deja de lado
asgos au óc onos, con e iden es di e encias en e los dis in os con ex os
espacio- empo ales2, cues ión, es a úl ima, de i ada de una na u al e olución
es ilís ica aplicable ambién pa a el caso eu opeo3. Es a in e p e ación
incomple a supone además una cie a miopía que sólo a iende al hecho de la
imi ación, pe o que en ningún caso ad ie e una posible con on ación
es ilís ica en e el modelo de pa ida4 y el esul ado inal5. En es e sen ido, el
hecho de la imposición de lo c is iano sob e lo indígena nos conduce hacia
una idea más amplia de supe posición6 de cul u as, en endida és a como la
ea i mación del encedo sob e el encido, es deci , como una imagen de
dominio ideológico álida, po consiguien e, ambién pa a o os pe iodos
es ilís icos peninsula es como puedan se el isigodo o el islámico, po ci a
sólo dos ejemplos. En el caso ame icano, si bien es cie o que as el
descub imien o la e angelización7 ue un excelen e p e ex o pa a consegui el
1 c . MANIERI ELIA, Ma io “Ba occo leccese”, Milano; Elec a, 1989; p.11. “La
s o iog a ia adizionale, in a i, ondando l’osse azione delle p oduzioni p o inziali en o la
ca ego ia del i a do, è indo a a con on a e ogni enomeno delle p oduzioni p o inciali con al i
enomeni delle p oduzioni cen ali, i enu i co isponden i e a ali enomeni p eceden i”.
2 c . VARRIANO, John “A qui ec u a i aliana del Ba oco al Rococó”, Mad id; Alianza,
1990; p.257. Pa a el caso conc e o de Nápoles, el au o nos habla de cómo “llegó a se un luga
an luc a i o pa a los a is as y a qui ec os, que pin o es es ablecidos en Roma, como
Domeniquino y Lan anco, al igual que a qui ec os, como Domenico Fon ana y Fe dinando
Fuga, abandona on Roma con el in de ins ala se allí de ini i amen e.”
3 c . MILLON, H. A. “Ba oque & Rococó A chi ec u e”, New Yo k; B azille , 1967; p.12.
“In he ea ly eigh een h cen u y in I aly, F ance, and Ge many, d ama ic spa ial sequences o
complex in e wo en spaces we e eplaced by spaces uni ied in bo h e ical and ho izon al
di ec ions.”
4 Las amosas o denanzas de Felipe II de 1573 son in e p e adas po muchos au o es
más como pun o de llegada que de pa ida, pues o que no sólo exis ía oda una expe iencia
u bana p e ia, iniciada en los años ein e de ese siglo, sino que además no siemp e ue on
seguidas al pié de la le a en sus de alles, a pesa de la imposición del azado hipodámico, -
impensable en las ciudades b asileñas po ausencia de o denanzas simila es – azado, po o o
lado, insinuado ya en algunas ciudades p ehispánicas como la amosa Tenoch i lan.
5 Hay que des aca el impo an e papel del g abado como uen e p incipal en la di usión
de los modelos eu opeos, aunque condicionan es ales como la adap ación al medio, la mano de
ob a o la apa ición de nue as exigencias ue on de e minan es en la e olución del a e de las
Indias y en el su gimien o de asgos di e enciado es, si bien eniendo en cuen a que la
pe i encia de lo p ecolombino, sal o en cie os componen es deco a i os, ué cie amen e
escasa. 6 Como sucedió en Cuzco con la cons ucción del con en o de San o Domingo sob e el
Co icancha incaico o de la misma ca ed al, edi icada és a sob e el palacio de Vi acocha; ambién
el con en o de San F ancisco de la ciudad de Mé ida, en Yuca án, se asen aba sob e es os de
pi ámides mayas. Po o o lado, de odos es conocido como el p oceso e angelizado buscó, en la
medida de lo posible, la iden i icación no aumá ica del san o al c is iano con las deidades
p ehispánicas.
7 En una e apa pos e io el Ba oco se á el ehículo que u ilice la iglesia ca ólica pa a la
di usión de los ideales con a e o mis as: c . MÀLE, Emile “El Ba oco”, Mad id; Encuen o,
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con ol eligioso del e i o io, lo que pa ece e idencia se con las
documen adas dispu as en e di e sas ó denes eligiosas po con ola las
donaciones e ing esos de una ciudad, – ci a en es e pun o la oposición, po
pa e de los anciscanos, llegados a Nue a España en 1524, a la ins alación
de los ca meli as en Que é a o8- ambién es mani ies o que es a asposición
es ilís ica supuso, en nume osas ocasiones, el su gimien o de o mas
no edosas como las capillas de indios o capillas abie as9, au én icas iglesias
seccionadas 10 cuyo p incipal obje i o e a consegui la isibilidad del al a
desde cualquie pun o del a io, habida cuen a de que los dias es i os la gen e
no cabía en las iglesias; es e obje i o ambién alimen ó p opues as más
audaces desde un pun o de is a o mal - que pa ecen an icipa se, sin
p e ende lo, al dinamismo del ba oco – p opues as como la de la ca ed al de
Pá zcua o11, impulsada po Vasco de Qui oga, o la de Teposcolula, ambas
ealizadas en México hacia mediados del s.XVI.
Un capí ulo dis in o y que me ece un es udio apa e es el de las
a qui ec u as e íme as que se ían de elón de ondo a las celeb aciones
ba ocas12, en endidas és as úl imas como exal ación del pode , an o ci il –
naumaquias, ca os y a cos iun ales- como eligioso –p ocesiones13 y
bea i icaciones-, y que omaban como escena io ea al la ciudad, que se
dis azaba pa a la ocasión en oldando las calles o con ingidas achadas
clasicis as pa a los edi icios. Es en es a e apa del Ba oco, sob e odo en
México, Pe ú y B asil14, cuando el sinc e ismo o mal, la he e odoxia y la
mezcla de lenguajes llega á a sus úl imas consecuencias, con au én icas
apo aciones, en lo que se ha denominado a qui ec u a mes iza, como el
es ípi e mexicano, el on ón cu o pa ido pe uano o la dinámica espacial de
la a qui ec u a b asileña. Se a a de una e iden e po enciación de la
sensibilidad au óc ona que pe seguía la pe suasión median e asgos p opios
emendamen e acen uados y que en el caso conc e o de las po adas- e ablos
o de las yese ías poblanas suponían un ho o acui compa able al a amien o
deco a i o de las ealizaciones islámicas15.
1985; p. 42 “Todos es os a is as, an o los laicos como los clé igos, se habían o mado en la
enseñanza de la Iglesia, …, ue on ieles in é p e es del ca olicismo de la Con a e o ma”.
8 c . NIETO, Víc o e . al. “El a e colonial en Ibe oamé ica”, Mad id; His o ia 16 n.36;
1989, p.88. Es llama i a, en elación a es e hecho de la a qui ec u a eligiosa, la p ohibición en
B asil de Juan V, en 1711, de que se ins alasen ó denes eligiosas en la zona de Minas Ge ais,
lo que se adujo en una ausencia o al de con en os.
9 Jun o a es as capillas de indios hay que menciona ambién el no edoso empleo de las
denominadas capillas posas, si uadas en los ángulos de los a ios y que se ían de pa ada en
las p ocesiones, de i adas, según Angulo, de modelos peninsula es como los humillade os a la
en ada de las ciudades o las capillas de los claus os.
10 op. ci . 20.
11 Con cinco b azos pa a sepa a po sexos y edades a los ieles.
12 c . BONET CORREA, An onio “Fies a, pode y a qui ec u a”, Mad id; Akal, 1990;
p.18. “Las gen es agolpadas en las calles y plazas g i an y aplauden cada ez que la ies a
alcanza sus pun os álgidos de emoción”.
13 La p ocesión del Co pus en Se illa, al igual que ocu e con la Semana San a, ue on
ambién en sus o ígenes una sac alización empo al del espacio u bano.
14 En elación con el a e ba oco de la p o incia de Minas Ge ais c . BLUNT, An hony
e . al. “Ba oque & Rococo” , New Yo k; Ha pe & Row, 1982; p.413. “This weal h was
accompanied by an as onishing ou bu s o building ac i i y, pa allel o ha o Mexico and Pe u
in he g ea days o he sil e boom.” c . GASPARINI, G aciano “Amé ica, Ba oco y
A qui ec u a”, Ca acas; E nes o A mi ano, 1972; p.448-9. “Al igual que en México, la “libe ad”
del azado en los cen os u banos mine os se debe a una e olución muy ápida ocasionada po
el asen amien o epen ino de g andes con ingen es humanos que se eúnen en comunidad sin
plani icación p e ia.”
15 El a amien o escenog á ico de las capelas dou adas b asileñas es equipa able, en
p o usión o namen al, a la iqueza deco a i a de Tunja o México.
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O o capí ulo impo an e se ía el de los ma e iales, que ac ua on como
au én icos condicionan es de las ca ac e ís icas o males del a e de las
dis in as zonas; así, des aca la sensualidad deco a i a de los in e io es de las
iglesias de Bogo á, el p o agonismo de la made a en Lima, de la azuleje ía en
Puebla o del ezon le y la chiluca en México, po ci a sólo unos cuan os
ejemplos. En el caso del empleo de la quincha – cañas abadas con ba o- en
Pe ú, se a aba además de da solución al p oblema sísmico, esuel o en
o as zonas como An igua (Gua emala) u Oaxaca aumen ando el espeso de
los mu os.
Po o o lado, elemen os cla e como el es ípi e16 y la columna
salomónica ue on ein e p e ados en el ba oco ibe oame icano17 con cla es
an iclasicis as que po enciaban el e ec o de ines abilidad y dinamismo18; en el
caso de la columna salomónica en ejemplos an ep esen a i os como la
po ada de San F ancisco de La An igua (1675) o la de la Me ced de Lima
(1697) y en el caso del no edoso es ípi e – di undido po Die e lin en su
a ado A chi ec u a de 1598- en el edi icio de la Compañía de Jesús19 en
México (1712), o en las po adas de San F ancisco de Puebla (1743), el
Ca men de San Luis del Po osí (1749), San F ancisco en San Miguel de
Allende (1780) o San Diego de Guanajua o (1784).
16 c . SANCHO CORBACHO, A. “A qui ec u a ba oca se illana del siglo XVIII”, Mad id;
Diana A es G á icas, 1952; p.271. Al habla del es ípi e lo hace en los siguien es é minos:
“Hoy hay que conside a a Je ónimo Balbás como el in oduc o de es e sopo e en la
a qui ec u a se illana de made a, pues si no ue e su icien e el ejemplo del e ablo aludido, – se
e ie e al e ablo del Sag a io de la Ca ed al de Se illa e minado en 1709 – des uído a
p incipios del pasado siglo, enemos el de la sille ía de co o que p oyec ó en 1714 pa a una
iglesia de Ma chena (Se illa), cuyos sopo es son de es a clase.” c . RIVAS CARMONA, Jesús
“A qui ec u a y polic omía. Los má moles del Ba oco andaluz”, Dipu ación P o incial de
Có doba, 1990; p.62. “En es os aspec os no pueden pasa desape cibidas las coincidencias que
a con inuación o ece á la ob a de Je ónimo Balbás, al como se comp ueba en el amoso al a
de los Reyes de la Ca ed al de México.”
17 c . BOTTINEAU, Y es “Ba oco ibé ico y la inoame icano”. Ba celona; Ga iga, 1971;
p.134. “Sin ellos – se e ie e a la columna salomónica y al es ípi e –se ía imposible analiza
co ec amen e los ipos de deco ación en España y en la Amé ica española.”
18 c . KAUFMANN, Emil “La a qui ec u a de la Ilus ación. Ba oco y Posba oco en
Ingla e a, I alia y F ancia” Ba celona; Gus a o Gili, 1974; p.108. “Todos aquellos a lan es y
ca iá ides, …, enían un iple o igen: las inclinaciones de an icua io de los humanis as, la
concepción animis a del uni e so p opio de la época, y la especial capacidad de las o mas
o gánicas pa a enca na ue zas i ales, …”.
19 Es de odos conocida la es echa elación, en el caso del ca olicismo, en e Ba oco y
Con a e o ma, como ya se indicó más a iba. c . WALTER PALM, E win Radici eligiose del
Ba occo Ibe o Ame icano en “Ba oco La ino Ame icano”, Mos a Is i u o I alo-la ino Ame icano;
Roma, 1980; p.29. “A ebbe se mai, una qualche maggio consis enza l’iden i icazione della
cul u a ba occa con quella della con o i o ma secen esca.”