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CARACTERÍSTICAS DIFERENCIALES DE LA PLATA
LABRADA EN EL BARROCO IBEROAMERICANO
Ma ía Jesús Sanz Se ano
Uni e sidad de Se illa. España
Los es udios sob e la pla a lab ada p oducida en el á ea donde se
desa olló la cul u a hispánica han p oli e ado en los úl imos ein e años,
an o en la Península Ibé ica como en el con inen e ame icano. No obs an e, la
mayo ía de ellos se han dedicado a las necesidades más pe en o ias, como
analiza las piezas en sí mismas, ocupa se de los o eb es y de sus ma cas.
Las á eas más es udiadas son ob iamen e México, Gua emala y Pe ú,
que han p oducido amplios y a iados es udios, an o en Amé ica como en
España e incluso han en ado a algunos in es igado es no eame icanos y
cen oeu opeos. O os países como Venezuela, A gen ina, Ecuado y Chile
cuen an ambién con es udios pa ciales y inalmen e se es án ealizando
abajos, algunos ya publicados, sob e la pla a i einal en Colombia, Boli ia y
algunas de las epúblicas cen oame icanas como Panamá, República
Dominicana y Cuba.
En odos los abajos mencionados las apo aciones han sido de ipo
básico, como ya dijimos, indispensables pa a abo da cualquie o o ipo de
in es igación, y p ecisamen e es as apo aciones son las que pe mi en inicia
las excu siones en o os aspec os que han quedado elegado, o bien se han
abo dado en escasas ocasiones. En e es os campos pueden menciona se la
elación de la pla e ía con los e ablos o con la g an a qui ec u a, an o en lo
que se e ie e a es uc u as como a o namen ación, o bien los pa alelismos
exis en es en e la pla a lab ada española y la ame icana en el pe íodo
i einal.
Pa a explica los pa alelismos o las di e gencias hemos de pa i del
momen o mismo de la colonización y de los p oblemas que se plan ea on en el
abajo de la pla a desde un p incipio. Los españoles, desde su llegada a
México en 1517, soña on ya con las eno mes iquezas de las que hablaban las
leyendas y que con i maban las no icias de algunos emisa ios, pe o la
exis encia de es os eso os se hizo ealidad en el momen o que Moc ezuma
hizo los p ime os p esen es a He nán Co és y pos e io men e ocu ió el
descub imien o del eso o del gobe nan e az eca que po indicación de Co és
se en ió al Empe ado . E iden emen e exis ían, las c ónicas y los documen os
lo con i man, g an can idad de obje os de me ales p eciosos, p incipalmen e de
o o, que los az ecas y o os a ios pueblos ame icanos lab aban y usaban. Sin
emba go, la llegada de los españoles cambió el pano ama del abajo de los
me ales p eciosos, an o en las écnicas empleadas en la ob ención de los
me ales, como en el abajo en sí mismo.
En lo que se e ie e a las écnicas de ex acción de me ales, con la
llegada de los españoles las minas se explo a on en p o undidad, ob eniendo
eno mes can idades de ma e ia p ima, consis en e mine al de pla a en su
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mayo pa e. De es as minas solamen e en México du an e el siglo XVI se
explo aban ya más de sesen a1.
En Pe ú, donde oda ía se p odujo más can idad de pla a, su desa ollo
comienza en el úl imo e cio del siglo XVI debido a dos ac o es que se
conjuga on con éxi o, la explo ación de las minas de me cu io de
Huanca elica, ela i amen e ce ca de Lima y las de pla a del Ce o de Po osí,
en Boli ia, descubie as en 1545. La in oducción po pa e de los españoles
de la amalgama de la pla a na i a con el me cu io, p opues a ya an e io men e
en México po Ba olomé de Medina, se aplicó ambién aquí, y a su ez el
me cu io de Huanca elica si ió an o pa a las minas pe uanas, como pa a las
mexicanas o las españolas2.
Un desa ollo algo más a dío ue el de las minas de o o de Colombia, en
la zona de Popayán, que jun o con las esme aldas y las pe las del Ca ibe
con ibuye on a un amplísimo desa ollo de la joye ía.
En el caso de la pla a, su uso undamen al e a la ab icación de
moneda, asladándose a las cecas, an o del con inen e ame icano como de
España, en o ma de lingo es. Aunque la ab icación de moneda e a su
p incipal uso, sin emba go, una pa e impo an e de es e ma e ial se dedicaba
a la pla a lab ada, que se u ilizaba pa a ealiza obje os de uso p o ano y sob e
odo de uso sac o. De es os obje os de uso li ú gico se han conse ado
ingen es can idades en los dis in as países ame icanos, especialmen e en
México, Gua emala, Pe ú, Boli ia, Colombia, Ecuado , A gen ina y Chile. En
los demás países del cen o y su del con inen e ame icano las colecciones de
pla a lab ada no es án su icien emen e conocidas como pa a a i ma la
exi encia de g andes conjun os, pe o sin emba go se conocen algunas piezas
ma cadas de Nica agua, El Sal ado 3, San o Domingo4 y Panamá5.
En lo que se e ie e a la Península Ibé ica, las colecciones de pla a
ame icana son muchas, epa idas po odo el e i o io, que a medida que
a anzan los es udios de pla e ía en España, cada ez apa ecen más piezas de
o igen ame icano. La c onología de es as ob as a desde el siglo XVI has a
comienzos del XIX, es deci que aba ca odo el pe iodo colonial, aunque la
mayo abundancia de ellas se p oduce en el siglo XVIII. Exis en muy pocas del
siglo XVI y bas an es del XVII.
La iden i icación de la pla a lab ada ame icana ame icana no
p esen aba ningún p oblema en las dis in as epúblicas del Nue o Con inen e,
ya que e iden emen e e an sus p opios obje os, los que se usaban en el cul o,
o bien en la ida ci il. Sin emba go, la iden i icación de es as piezas de
impo ación en España ue más di ícil, iniciándose básicamen e po su
di e encia ipológica y es ilís ica e iden e con espec o a las piezas españolas.
Pos e io men e se analiza on sus ma cas y la documen ación al espec o,
1 Ma ínez Peñalosa, M. T. Y Má quez Ma ínez, T.: “El égimen iscal y legal de la pla a.
Los p ime os descub imien os”, El a e de la pla e ía mexicana, 500 años, México, 1989, págs.
53-77. Una amplísima in o mación sob e la ex acción y abajo de los me ales en Amé ica lo
podemos encon a en El o o y la pla a de las Indias en la época de los Aus ias, Mad id, 1999,
III. Ac i idades Mine as, pp. 115-212.
2 Véase “Ac i idades mine as”, págs. ci s.
3 Es e as, C.: Ma cas de pla e ía hispanoame icana, siglos XVI al XX, Mad id, 1992, p. p.
XXVIII y XI.
4 C uz, J. M. y Escale a, A.: La pla e ía en la ca ed al de San o Domingo, San o
Domingo, 1993, p. p. 33-62.
5 Ramos Vaque o, A.: “Pelícanos, águilas y a es an ás icas. Las a es en el a e eligioso
colonial de Panamá”, Humanidades, Panamá, 1994, nº 1, p. p. 199-233, Pla e ía i einal en
Panamá, siglos XVI al XVIII, esis doc o al inédi a, Se illa, 1996.
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pasando más a de a de e mina el conjun o de es uc u as y
o namen aciones que las ca ac e izaban.
Los conjun os de pla a ame icana en España
Es a pla a lab ada llegó a la Península en su mayo ía du an e los siglos
XVII y XVIII, y al pa ece no enía con ines come ciales o al menos eso se
pensaba. Se a aba de donaciones de indianos que en iquecidos en Amé ica,
en iaban a su amilia o a las pa oquias de sus pueblos de o igen conjun os de
piezas como egalo, pa a que a cambio se a endiesen sus necesidades
espi i uales, en la ida y después de la mue e6. En el caso de los eligiosos –
bien ue an miemb os de ó denes o al os ca gos de la Iglesia-, las donaciones
iban di igidas a sus con en os en España, o a aquellas iglesias en las que
habían eje cido an es de su ma cha a Amé ica7.
O a ía de llegada de la pla a lab ada, joyas y pied as p eciosas a
España e an los ajua es pe sonales de los que ol ían de Amé ica, con odas
sus pe enencias, y na u almen e el o o y la pla a, que an o abundaban en
ul ama , e an obje os p e e en es cuando se a aba de pe sonas con o una.
La composición de es os ajua es, la mayo ía pe didos, se conoce a a és de la
documen ación de los emba ques, pe o ambién y sob e odo po las piezas
ecupe adas de los nau agios, ales como los de Nues a Seño a de A ocha o
Nues a Seño a de la Concepción, po ci a algunos de los ba cos hundidos en
la p ime a mi ad del siglo XVII, con abundan es y icos ajua es.
De odos los conjun os de pla a –y a amen e de o o-, lab ados llegados
a España, los mejo conse ados son los compues os po obje os de cul o, ya
que las piezas de ajilla al epa i se en e los he ede os, o bien al su i los
a a a es de obos, gue as o uinas han desapa ecido en su mayo ía.
Con espec o a las joyas sólo se conse an “in si u”, algunas de las
egaladas a los emplos, pa a coloca sob e obje os de cul o, como las
cus odias y los elica ios, o bien sob e las imágenes, que hoy día se hallan
o mando pa e de sus eso os, cosidas o pues as sob e sus opas o bien
añadidas a sus co onas. Con espec o a las joyas de uso p o ano sólo podemos
ecu i a las colecciones de los museos o bien a su examen a a és de la
pin u a ame icana de la época.
Den o de la geog a ía española hay zonas donde exis e mayo can idad
de pla a lab ada ame icana que en o as, pe o en ealidad hay que ene en
cuen a que no en odas las ciudades, egiones o au onomías se ha dedicado el
mismo in e és al es udio de la pla e ía. Sin duda alguna, a medida que an
su giendo nue os es udios, se comp ueba la apa ición de ob as ame icanas
an e io men e desconocidas. No obs an e, y según se hallan las
in es igaciones, hay luga es como el Le an e en que pa ece que escasea, pe o
quizá no esul e ex año que en Ca aluña y Valencia exis an menos piezas, ya
que como sabemos la emp esa ame icana es u o inculada al Reino de
Cas illa, y po lo an o los emig an es p ocedían en su mayo pa e de las dos
Cas illas, Ex emadu a, Galicia, Na a a, la egión Vasco-Can áb ica,
Cana ias y Andalucía, luga es donde e ec i amen e hay abundancia de piezas
6 Ca asco, M. J. “El legado del capi án Juan Gómez Má quez a Cumb es Mayo es”,
Temas de es é ica y a e, nº XIII, Se illa, 1999, p. p. 115, 172.
7 He nández Pe e a, J.: O eb e ía en Cana ias, Mad id, 1955, p. p. 165-201, He edia,
M. C., O be, M. de, y O be, A. de: A e hispanoame icano en Na a a. Pla a, pin u a y escul u a,
Pamplona, 1992, p. p. 20-24, Palome o, J.: Pla a lab ada de Indias. Los legados ame icanos en
las iglesias de Huel a, Huel a, 1992, Sanz, M. J.: La o eb e ía Hispanoame icana en Andalucía
Occiden al, Se illa, 1995, p. p. 14-20.
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ame icanas. De odos es os luga es el que posee mayo abundancia de pla a
ame icana es sin duda Cana ias, luga que, po se el úl imo pue o de
emba que pa a Amé ica y el p ime o de a ibada, debía de apo a g an
núme o de emig an es y consecuen emen e ecibi g andes conjun os de pla a
lab ada. Las in es igaciones ealizadas en las dis in as islas así lo han
demos ado8.
O o luga con abundan es donaciones de pla a es el Occiden e español,
especialmen e Ex emadu a9 y Andalucía occiden al, cuyos pue os –p ime o
Se illa y luego Cádiz-, con olaban odo el come cio con Amé ica du an e los
siglos XVI al XVIII10.
Na a a, Can ab ia y el País Vasco debido a su adición ma ine a
p oduje on ambién una abundan e emig ación a Amé ica, que luego se
adujo en abundan es legados11.
La época del Manie ismo
El pano ama del siglo XVII no se puede deci que sea uni a io pues si
bien en los dos p ime os e cios del siglo se siguen los modelos manie is as, es
deci , las de i aciones y ans o maciones de los ipos enacen is as, en el
úl imo e cio del siglo, al igual que en España, se p oduce la i upción del
Ba oco. Sin emba go, en ambos pe íodos el pano ama ame icano es bas an e
dis in o del español, ya que aho a las di e encias son más acusadas, a lo que
hay que añadi que además apa ecen ya a ian es en e las dis in as á eas
cul u ales, po lo que no podemos aza unas líneas gene ales pa a odo el
con inen e ame icano, pues, pasados ya más de cien años de los inicios de la
Conquis a, los núcleos colonizado es p esen an di e encias en e ellos. Po lo
p on o los dos g andes i eina os, Nue a España y Pe ú, es án basados sob e
cul u as au óc onas di e en es y po lo an o la mezcla de lo español con las
adiciones locales p oduci án unas mani es aciones a ís icas di e en es.
México y Pe ú ue on dos de los luga es donde más se desa olló es e a e, que
ya mues an sus p opias pa icula idades en es e pe íodo. El aspec o que
p esen an las ob as iene un in e gene al que se puede iden i ica con lo
ame icano, pe o sin emba go las di e encias en e los dos i eina os an a se
cada ez mayo es. Más adelan e cuando en el siglo XVIII su jan los o os dos
nue os i eina os, Nue a G anada y el Río de la Pla a, los es ilos se an a
di e si ica aún más. No obs an e, exis e un ac o impo an e de elación
8 He nández Pe e a, J.: Ob. ci ., págs. ci s., Rod íguez, G.: Pla e ía Ame icana en la isla
de La Palma, Á ila, 1994, p. p. 15-22.
9 Es e as, C.: “O eb e ía poblana en la pa oquia ex emeña de Sal a ie a de los
Ba os”, Re is a de Indias, n
os 163-164, Mad id, 1981, p. p. 270-279, “México en la Baja
Ex emadu a. Su pla e ía”, Memo ia de la Real Academia de Ex emadu a de las Le as y las
A es, T ujillo, 1983, p. p. 195-224, O eb e ía Hispanoame icana, Mad id, 1986.
10 Sanz, M. J.: “La o eb e ía en la Amé ica Española”, P ime as jo nadas de Andalucía y
Amé ica, La Rábida-Se illa, 1983, p. p. 292-312, “Pla e ía mexicana y gua emal eca en Je ez de
la F on e a”, Andalucía y Amé ica en el siglo XVIII, Se illa, 1985, p. p. 71-88, O eb e ía
hispanoame icana…, págs. ci s., “Pla e ía pe uana en Se illa y su p o incia”, Labo a o io de
A e, nº 5, Se illa, 1992, p. p. 101-121, Sanz, M. J.: “Pla e ía mexicana en Andalucía
occiden al”, Buena is a de Indias, nº 5, Se illa, 1992, p. p. 356-373, He edia, M. C.: “Valo ación
de la pla e ía hispanoame icana de época colonial en la p o incia de Huel a”, Ac as de las IX
Jo nadas de Andalucía y Amé ica: Huel a y Amé ica, Huel a, 1993, p. p. 287-309. Mo eno
Puppo, M.: La pla e ía eligiosa hispanoame icana del siglo XVIII en la diócesis de Cádiz”, Anales
de la Uni e sidad de Cádiz, Cádiz, 1984, p. p. 213-228.
11 He edia, M. C.: “Ejemplos de mecenazgo indiano en la capilla de San Fe mín de
Pamplona”, Anua iode es udios ame icanos, omo XLVI, Se illa, 1989, p. p. 409-426, He edia, M.
C., O be, M. de y O be, A. de: Ob. ci .
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en e los dis in os i eina os, que es el con inuo as ase de ob as de pla a
lab ada en e los más p óximos. Así hallamos ob as mexicanas en Pe ú, en
Colombia o Boli ia, o bien ob as pe uanas en Chile y A gen ina o en cualquie
o a de las ciudades impo an es de es e pe íodo, y es quizá po ello po lo que
jun o a la indudable he encia española encon amos ese ai e común en la
pla e ía ame icana de la época i einal.
Es os es ilos coloniales, que se asien an de ini i amen e desde el siglo
XVII, an a ene su pleni ud en el siglo XVIII, cons i uyendo algunos de los
es ilos más as uosos de la pla e ía conocidos, que debido a la g an p oducción
an a es a ep esen ados an o en el Nue o como en el An iguo Con inen es.
No podemos aquí es ablece un pa alelismo igu oso en e los
mencionados es ilos a lo la go de dos siglos, pe o sí oma emos algunas de las
piezas más ep esen a i as pa a a a de es ablece los pa en escos. En la
p ime a mi ad del siglo las o mas hispanas siguen en auge, con pe iles muy
agudos que acusan las es uc u as in e io es de las piezas, pe o la
o namen ación empieza a despega se de la pu amen e española. Aunque los
mo i os empleados son en su mayo ía de o igen español, sin emba go la
mane a de coloca los y la abundancia de ellos hace que las ob as esul en
bas an e dis in as. Si analizamos algunas de las más ep esen a i as como las
cus odias, los cálices, las c uces, las a que as o los on ales de al a e emos
las di e encias de una mane a palpable.
En casi odas las piezas, especialmen e en los cálices, cus odias y o as
piezas semejan es, du an e la p ime a mi ad del siglo XVII el es ilo manie is a
o escu ialense domina an o en España como en Amé ica, pe o las piezas
ame icanas mues an un mayo gus o o namen al basado en la abundancia de
moldu as añadidas a la es uc u a, y ambién en la p o usión de los esmal es
como podemos e en algunos cálices de la ca ed al de San o Domingo, del
Museo F anz Maye , de México, así como en muchos emplos españoles. En
algunas ocasiones apa ecen unas ca ac e ís icas es uc u ales, que se
es ablece án de ini i amen e a pa i de la segunda mi ad del siglo,
consis en es en una cie a disminución de la al u a de la copa, un aumen o y
esal e de la moldu a que la di ide en dos pa es y un cie o abombamien o de
su pa e in e io .
En el úl imo e cio del siglo es os cambios es uc u ales es a án
de ini i amen e asen ados, los esmal es i án en e oceso y en su luga
apa ece a una abul ada deco ación calada en la subcopa con apa iencia de
supe pues a e impo an es a iaciones en el desa ollo del as il.
Las cus odias en Amé ica p esen an una di e encia básica con espec o
a las españolas que consis e en la ausencia de cus odias de o e o asien o,
sal o la de San o Domingo, que se hizo en Se illa an es de mediados del siglo
XVI. No obs an e, exis e una ó mula de comp omiso, especialmen e en
México, que es la cus odia de emple e, exis en e en los dos p ime os e cios
del siglo XVII, aunque sus ejempla es son muy escasos si se compa an con las
habi uales del sol. Como cus odias de emple e podemos ci a la de Villa asa,
Huel a ( ig. 1), del úl imo cua o del XVII, sólo econocible po su ma ca de
México y po el i il de ayos dobles, y la de Bus u ia, Vizcaya, más deco ada
que la an e io , pe o den o del más pu o manie ismo hispano, aunque con
i il econocible como mexicano.
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Figu a 1: Cus odia mexicana, siglo XVII, Villa asa (Huel a)
Pe o la cus odia ípica ame icana es la de sol, con a ian es bas an e
e iden es con espec o a las españolas, no sólo po los aspec os o namen ales
ya mencionados, sino ambién po las al e aciones en la disposición del nudo y
sob e odo de los ayos del i il. Es os úl imos cons i uyen un de oche de
an asía en e a los se e os españoles o mados simplemen e po ayos lisos y
ondulan es al e nados. En las piezas mexicanas hallamos inicialmen e es os
ipos de ayos pe o a menudo p esen an cambios como el coloca elemen os
que di iden en cua o espacios el sol, que podemos e en el ejempla del
Museo Vic o ia y Albe o, o en el de Cas omocho, Palencia ( ig. 2), en que los
elemen os di iso ios son cabezas aladas. O as a ian es de los soles son los
ayos dobles o iples o la composición de una p ime a co ona de ayos lisos de
la que a anca o a de ayos ondean es o incluso una base de ces
ege alizadas que sopo a los ayos calados, ondulan es y lisos como el
ejempla del Sal ado de Co egana (Huel a) ( ig. 3), que co esponde ya al
p ime e cio del siglo XVIII. En o os casos la densidad de los ayos p oduce
un impac o es é ico di e en e, como ocu e en algunos ejempla es
colombianos. Es a g an di e si icación y iqueza en el diseño de los soles se
ala ga á du an e oda la p ime a mi ad del siglo XVIII, en que la moda de los
ayos lisos, biselados y unidos po las bases, se impond á an o en España
como en Amé ica.
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Figu a 2: Cus odia mexicana, Figu a 3: Cus odia mexicana,
p ime e cio del siglo XVIII, Juan de Padilla, 1632-1634,
Pa oquia del Sal ado de Co egana (Huel a) Cas omocho (Palencia)
En el caso del i eina o del Pe ú, de an amplio e i o io du an e el
siglo XVII y el p ime e cio del XVIII, la e olución del sol en las cus odias es
ban an e di e en e y más alejado de los modelos españoles. La cus odia en
gene al se con ie e en un e dade o ala de de habilidad a esanal pues su
as il se llena de moldu aciones, que se cub en con mul i ud de asi as y le dan
un aspec o anspa en e a la pieza, pe o donde e dade amen e se esme a el
a í ice es en el sol. Lo cons uye a base de elemen os clasicis as como ja as,
ces, ema es de pe illas, e c., con odo ello o ma una especie de g an c es e ía
con apa iencia de encaje que aún se en iquece más po la adición de los
esmal es, siendo uno de los ejempla es más sun uosos el del con en o de San
F ancisco de Oli e (Na a a) ( ig. 4). Nume osos ejempla es de es e ipo es án
epa idos po oda el á ea andina, así como ambién en museos eu opeos y
po supues o en España. P ecisamen e en nues o país se conse an algunas
piezas con i il calado, en cie o modo semejan es a las pe uanas, aunque sin
alcanza su g ado de sun uosidad, que pod ían se de es a p ocedencia o
habe sido ealizadas bajo la in luencia de piezas ame icanas.
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Figu a 4: Cus odia limeña, 1740-1750,
Con en o anciscano de Oli e (Na a a)
El es ilo Ba oco
Analiza la pla e ía ame icana de es e pe íodo y sus di e encias con las
españolas cons i uye un amplísimo p oyec o en el que nos hallamos en la
ac ualidad, ya que p ecisamen e es la época que más pla a lab ada ame icana
ha p oducido o al menos de la que quedan más ejempla es. Sin emba go, como
con apun o puede deci se que p ecisamen e en es e pe íodo en luga de
pa alelismos debe habla se de di e gencias pues los es ilos son ya an
dis in os que no cabe con usión a la ho a de iden i ica las ob as. Po o a
pa e, los dis in os países ibe oame icanos es án cons i uidos ya en cua o
i eina os, pues se ha c eado el de Nue a G anada en 1739 y el Río de la
Pla a en 1776, ambos desgajados del Pe ú. El p ime o comp endía Panamá,
Colombia, Venezuela y Ecuado , y el segundo A gen ina, U uguay, Pa aguay,
pa e de Chile y pa e de Boli ia quedando el es o de los e i o ios hispánicos
de Amé ica del Su pa a el Vi eina o del Pe ú. Es a di isión de pode es
supuso una cie a independencia de cada á ea, pues aunque odas siguie an
dependiendo del eino de España, ecibie on unas di e en es in luencias
a ís icas, sob e odo en la segunda mi ad del siglo, po la ape u a del
come cio con Eu opa y la consiguien e llegada de a is as de o os países
eu opeos. Uno de los elemen os de ini i os en la llegada de in luencias
ex anje as es la ape u a de la u a del A lán ico su , es deci , la llegada de
na íos di ec amen e desde España y Eu opa a la ac ual Buenos Ai es en luga
de accede desde el no e po ías combinadas ma í imas y e es es. En el
campo del a e de la pla e ía, ya en la segunda mi ad del siglo XVIII, las
in luencias ancesas an a no a se cla amen e siguiendo en aumen o a lo
la go del siglo XIX después de la Independencia.
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Figu a 5: Cáliz mexicano, hacia 1725,
Pa oquia de Cumb es Mayo es (Huel a)
Figu a 6: Cáliz pe uano, siglo XVIII,
San ua io de Se e illa, Lo a del Río (Se illa)
En ando ya en el análisis de la o eb e ía ba oca hemos de deci que
el es ilo de las dis in as á eas cul u ales se halla pe ec amen e de inido,
des acando México y Gua emala con unos modelos es uc u ales y deco a i os