RELIGIÓN, MEMORIAS Y MUERTE.
UN ACERCAMIENTO ETNOGRÁFICO A LOS
DISCURSOS SOBRE LOS PROCESOS DE LA
RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA
HISTÓRICA EN HUELVA.
Ca men González Hacha
TRABAJO FIN DE MÁSTER
MÁSTER EN ANTROPOLOGÍA: GESTIÓN DE LA DIVERSIDAD CULTURAL, EL
PATRIMONIO Y EL DESARROLLO.
TUTORA: MANUELA CANTÓN DELGADO
Uni e sidad de Se illa.
Facul ad de Geog a ía e His o ia.
Depa amen o de An opología Social.
Diciemb e de 2012
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Es mi deseo como sencillo ges o de ag adecimien o dedica es e
T abajo Fin de Más e :
A mi amilia y amigos, que siemp e me apoya on.
A Fe nando Domínguez po sus innume ables lec u as.
A Manuela Can ón po b inda me su o ien ación y cons an e dedicación.
A odos los que han pa icipado y me han pe mi ido lle a a cabo es e abajo.
A odos, muchas g acias po que sin oso os es e abajo no hubiese sido posible.
“A un g an co azón, ninguna ing a i ud lo cie a, ninguna indi e encia lo cansa”
León Tols oi.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Índice de con enidos.
Capí ulo 1. << In oducción >>………………………………………….........................4
Capí ulo 2. << Con ex o His ó ico >>………………………………………….............12
Capí ulo 3. << Ma co Teó ico >>………………………………………........................24
3.1. “Memo ia his ó ica”. Una ap oximación al campo de la An opología
del T auma Social y de la Mue e……………………………..…………....24
3.2. Religión, memo ias y mue e. Ap oximaciones a la Tesis de la
Secula ización.………...................................................................................48
Capí ulo 4. << Obje i os >>………………………………………………………........62
Capí ulo 5. << Me odología >>………………………………………………………...65
Capí ulo 6. << Ace camien o e nog á ico a la ealidad social >>……………………...77
6.1. Discu sos que se es ablecen en los p ocesos de ecupe ación
de la Memo ia His ó ica en Huel a………………...………………......77
6.2. Visualización de la memo ia y ges ión del duelo po la
desapa ición y mue e de un se que ido en si uaciones de
iolencia ex ema...................................................................................100
Capí ulo 7. << Conclusiones >>……………………………………………………....125
Anexos...………….…………………………………………………………....131
Bibliog a ía y Fuen es u ilizadas……………………………………………...133
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Capí ulo 1. << In oducción >>.
El abajo que aquí p esen o consis e en una in es igación de ca ác e
an opológico que p e ende da espues a a la con oca o ia de T abajo Fin de Más e del
Más e en An opología: Ges ión de la Di e sidad Cul u al, el Pa imonio y el
Desa ollo, impa ido po la Uni e sidad de Se illa du an e el cu so 2011 – 2012.
Es a in es igación nace como una inicia i a pe sonal de abajo pa a la
asigna u a de Mé odos y Técnicas de In es igación An opológica de la Licencia u a en
An opología Social y Cul u al (p omoción 2009 – 2011) en la misma uni e sidad. Así
pues, es e es udio iene como base de abajo aquél diseño de p oyec o de in es igación.
Conside o absolu amen e necesa io que los lec o es de es e documen o sean conscien es
de es a in o mación, ya que el obje o de conocimien o que aquí me ocupa es á
cons uido desde las endijas que queda on abie as en el p oceso de ace camien o al
campo que u o luga du an e la ealización de dicho abajo.
“El camino a la Soledad. Despe a de las memo ias onubenses”. Un
análisis desde la an opología ace ca de las ca ac e ís icas del p oceso de
ecupe ación de la memo ia his ó ica en Huel a.
És e es el í ulo que di a dicha in es igación, en la cual ealicé un abajo de
campo consis en e, po una pa e en una p o unda e isión bibliog á ica sob e lo que en
España se denomina An opología de las Violencias o del T auma Social, y po o a en
en e is as y obse ación pa icipan e en la zona que p e endía conoce . Los obje i os
que me guia on en es e p oceso de conocimien o se pueden esumi en los siguien es
pun os: po un lado comp ende y ealiza una desc ipción densa desde una pe spec i a
an opológica del p oceso de Recupe ación de la Memo ia His ó ica (R.M.H.) en la
p o incia de Huel a desde sus inicios a mediados de la década de los años 90 del siglo
XX has a las acciones más ac uales, y po o o, p oduci conocimien o eó ico sob e qué
ipo de discu sos se cons uyen en o no a lo que algunos au o es han llamado cul u as
de la memo ia, cómo se cons uyen, con qué in, eniendo en cuen a que se a a de un
enómeno social ex emadamen e complejo.
Pa a ello es ablecí un p ime ace camien o al p opio concep o de Memo ia
His ó ica (M. H.), ya que los é minos no son inocen es, sino que con ienen una ue e
ca ga conno a i a según el con ex o en el que hayan sido o jados. Es a ap oximación
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concep ual es u o basada en las de iniciones y abajos de au o es como Espinosa
Maes e, Acos a Bono, Ángel del Río y José Mª Valcuende, además de lo que se
dic amina como M. H. en la Ley 52/2007, de 26 de diciemb e, po la que se econocen y
amplían de echos y se es ablecen medidas en a o de quienes padecie on pe secución o
iolencia du an e la Gue a Ci il y la dic adu a, más conocida coloquialmen e como
Ley de Memo ia His ó ica.
El o o ac o que conside é ene en cuen a en la in es igación ue e cómo se
ha abajado sob e es a emá ica desde la An opología, pa a lo cual, conc e amen e me
cen é en au o es como F ancisco Fe ándiz, quien goza de una g an ayec o ia en el
ámbi o de la An opología de la Violencia, y ha abajado en p o undidad sob e el caso
español. Po o a pa e, Ángel del Río o José Mª Valcuende, nomb ados ya
an e io men e, ambién han dedicado sus es ue zos a abaja sob e es e ema, pe o más
cen ados en el análisis de los discu sos polí icos que se han es ablecido al ededo de
es e enómeno social. Pe sonalmen e, como an opóloga, elegí a on a la cons ucción
de es e p oblema de in es igación desde una posición e lexi a: buscando el igo
cien í ico e in en ado deja ue a juicios de alo que me posiciona an é ica, mo al y
polí icamen e an e la R.M.H. Hago especial mención de es os es condicionan es
po que a a és de la e isión bibliog á ica ya ealizada he podido cons a a que la
R.M.H. ha sido, y sigue siendo, un ema p o undamen e mo alizado y poli izado incluso
po los p opios cien í icos sociales que lo abajan. Así pues, en iendo que es necesa io
p omo e dis ancia en e mis p opias ideas, alo es y con icciones polí icas, que po
supues o engo en an o que se social, y mi análisis an opológico sob e es e ema. Uno
de mis obje i os con es e abajo de ca ác e e lexi o no es o o que pode cons ui
conclusiones desde una posición lo más lib e posible de los condicionan es socio-
polí icos que me es án acompañando du an e odo el p oceso de conocimien o.
Conside o que Ángel Díaz de Rada exp esa a la pe ección es a o ma de abajo
an opológico en su ex o “¿Dónde es á la on e a? P ejuicios de campo y p oblemas de
escala en la es uc u ación é nica en Sápmi” (2008), del que he ex aído la siguien e ci a
como ejemplo de ac i ud e lexi a an e un p oceso de conocimien o como el que aquí
me ocupa:
“Como se humano debo se alguien, como an opólogo debo en ende que
la condición de “se alguien” ope a en un espacio abie o y ela i amen e
inde e minado de elaciones p ác icas: un espacio complejo. Sólo de es e modo
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puedo llega a in e p e a qué signi ica “se ”, y pa a qué, en cada sociedad
conc e a” (Díaz de Rada, 2008: 229).
A endiendo a odo es o, a é de comp ende cómo y po qué se ins i ucionaliza
social y polí icamen e el discu so sob e la memo ia, cen ándome pa a ello
conc e amen e en la p o incia de Huel a. Tan o en aquel abajo, como en es e, quie o
ahonda en el es udio de las con icciones polí icas, mo ales y eligiosas que en iendo
como no con esadas de los p o agonis as de los p ocesos de R.M.H. Conoce las me
pe mi i á, pa a aseando a Díaz de Rada (Ibídem), llega a in e p e a cuál es la posición
que ocupan y qué signi icado iene la R.M.H. en el espacio complejo que cons i uye
nues a sociedad.
Una de las a iables ans e sales del p oblema de in es igación que es oy
esumiendo b e emen e, ue el ene p esen e el concep o del duelo pos e gado. Es
impo an e es a a iable po que es un a gumen o que ha sido en g an medida u ilizado
en e los que se mues an a a o de la R. M. H. Di e sos p o esionales que p oceden de
dis in as disciplinas a i man lo siguien e: Fe nández de Ma a (2006), an opólogo,
conside a que an o los i os como los mue os con igu amos el espacio socio-
simbólico de odo g upo cul u al; José Mesa Mesa (2005), psiquia a, man iene que el
duelo inconcluso es pa ológico po que no es elabo ado ya que se pos e ga en el iempo;
y Fouce Fe nández (2010), psicólogo, plan ea que esa no elabo ación del duelo es á
elacionada con el hecho de que el cue po es é ilocalizable.
A aíz de es as p emisas de pa ida, según el análisis que pude ealiza en es e
p oyec o de in es igación esumido ímidamen e en los pá a os an e io es, plan eo
aho a nue as cues iones pa a segui ahondando sob e la cons ucción e
ins i ucionalización de los discu sos de R.M.H. No obs an e, aquí lo que p e endo es e
cómo se a iculan en dichos discu sos, que a p io i se e is en de un laicismo ex emo,
po p o eni de la izquie da polí ica, la concepción de la mue e y el enómeno eligioso
po un lado; y po o o a ende a cómo desde la academia se ha eludido el ac o
eligioso en la e lexión sob e es e obje o de conocimien o. En iendo que los p ocesos
de econs ucción de la memo ia his ó ica es án p o undamen e ca gados de eligión y
ex emadamen e i ualizados, y que es in e esan e de ene se a e lexiona en cómo po
pa e de los p o esionales de la An opología no se ha p es ado a ención a dicho aspec o.
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Al menos esa es la ealidad eó ica que has a el momen o me he encon ado en la
e isión bibliog á ica ealizada.
Sin emba go, pa a pode plan ea unos apun es p ima ios que pe mi an
e lexiona p o undamen e sob e el papel que juega el ac o eligioso en los p ocesos
de econs ucción de la memo ia his ó ica a pa i de una si uación de auma social1,
conside o en es e caso pensa sob e lo siguien e:
¿Qué es la mue e? o ¿qué signi ica mo i ? son algunas de las cues iones de
pa ida pa a el obje o de es udio que más a iba plan eo. Dichas cues iones son lo
su icien emen e amplias y complejas como pa a se conscien e de que es imposible
desde mi posición da una espues a que a ienda odas las dimensiones que aba can
es as in e ogan es.
Aun así, es posible a i ma que son cues iones de ca ác e uni e sal ya que odas
las cul u as se han plan eado qué es la mue e o qué signi ica mo i , pe o no odas han
mos ado la misma espues a, de hecho según Heidegge “el homb e es un se pa a la
mue e”, y quizás sea es a una de las azones po las que no hay una espues a uni e sal
a es e enómeno social, a pesa de habe sido abo dada po un sin ín de disciplinas del
conocimien o, cul u as y eligiones. La di e sidad que exis e en o no a los signi icados
de la mue e, a la ges ión de la pé dida, a la concepción de lo ísico y lo e é eo, a la
i ualidad que acompaña o o ma pa e del p oceso de la mue e, e c., es in ínseca a la
di e sidad cul u al exis en e en el plane a.
Ya Malinowski, uno de los máximos exponen es del abajo de campo
e nog á ico, a i maba que no exis e un uni e sal sob e la mue e, es deci que no
signi ica lo mismo mo i en Eu opa que en Á ica, en O ien e o en Amé ica. Así pues, si
bien la mue e es un p oceso común compa ido po odos los se es humanos, hay
1 En iendo que en un abajo de es as ca ac e ís icas no es posible esponde a es as cues iones,
po que son lo su icien emen e amplias como pa a da luga a una in es igación an opológica
comple a, exclusi amen e dedicada a la concepción de la mue e y pa a ello se ía necesa io i al
campo e in e oga a los p o agonis as de es os enómenos sociales, pe o conside o que sí es es e un
espacio óp imo pa a la e lexión que ab e un nue o ámbi o donde conoce cómo in e iene el ac o
eligioso en las p ác icas sociales que en e ejen y dan sen ido a la ida social de las comunidades en
cuan o a lo que memo ia his ó ica se e ie e.
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di e sidad de mane as de mo i . En la misma línea a i ma Hen i Bouché2, basándose en
la clasi icación de A nold an Gennep (1909), que odas las cul u as se han p eocupado
po el buen mo i , y que esa puede se una de las causas de la apa ición de los i os
como una o ma de a moniza la pé dida o ance an dolo oso que supone la mue e.
Es os i os iniciá icos segui ían un p oceso: sepa ación ísica del mue o del mundo de
los i os, una segunda ase de liminalidad o ansición has a que se p oduce el une al,
y la ase de ag egación, que es cuando el mue o se con ie e en un miemb o más de la
cadena de los mue os adqui iendo un es a us social dis in o al que ocupaba cuando
es aba i o.
Po o a pa e, y haciendo e e encia a o o de los ec o es que a a iesan
ans e salmen e el obje o de conocimien o que aquí es oy a ando, conside o que las
c eencias e ideas que con o man el mundo de lo sag ado, y que po an o son
compa idas po una sociedad, in luyen decisi amen e en los i uales que se p ac ican.
Mª Te esa Román a i ma que hay dos g andes ideas que e eb an las adiciones
eligiosas del mundo: la noción de la ansmig ación y la doc ina de la inmo alidad,
ambos aspec os in ínsecamen e inculados al enómeno de la mue e. En la misma
línea, Buxó (1999: 260) a i ma que:
“se in oduce la mue e como la a iable undamen al en la cons i ución de
la imaginación eligiosa: es o es, cómo di e en es eligiones pe soni ican el pode
de la mue e, quién y qué se conside a mo al e inmo al, dónde se coloca la
inmo alidad, cómo se imagina el ánsi o, cómo se o ganizan los i os mo uo ios,
cómo seleccionan las Iglesias las ideas sob e la mue e y cómo los g upos no
ins i ucionales, he é icos y mís icos, enue an la ideación de la mue e en la
cons i ución de sus mo imien os”.
Al igual que he in en ado apo a una de inición de la noción de memo ia
his ó ica, e incluso ace ca me a la concepción y signi icado de la mue e, conside o
impo an e an ea el concep o de eligión. T adicionalmen e se ha aba cado la eligión
desde dos posiciones bien de inidas: la uncionalis a y la sus an i is a. Pe o aquí, me
decan o po en ende los sis emas eligiosos como sis emas de sen ido. Can ón Delgado
2 Hen i Bouché Pe is, Ca ed á ico de An opología (UNED), ha sido ecien emen e designado
De enso Uni e si a io de la Uni e sidad In e nacional Valenciana (VIU) po el Pa ona o de la
Fundación de la Comunidad Valenciana VIU. P e iamen e ue P o eso Ti ula de An opología
Pedagógica en la UNED (Cas ellón). En esos momen os pa icipó en la elabo ación del documen al
i ulado “¿Qué es la Mue e?” emi ido el 23/01/2009 en el CanalUNED de donde han sido omadas
es as apo aciones.
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(2001: 235 - 236) se ap oxima a una de inición de eligión que me esul a bas an e
ace ada desde el en oque que es oy mi ando a la ealidad que engo plan eando. Ella
a i ma lo siguien e:
“La eligión puede se de inida como la pues a en ma cha de una elación
de in e cambio simbólico con una ealidad que es a eces, sólo a eces,
conside ada “ ascenden e” po los ac o es, elación que legi ima alo es y
isiones del o den social es ablecido o lo impugna, y que iene impo an es
consecuencias p ác icas en la ida co idiana y en sus dimensiones polí ica,
económica o socio- amilia . Las negociaciones con lo di ino son un sal o
imagina i o a pa i de negociaciones bien e enales.
Sin luga a dudas, Dios no iene nada que hace ue a de la necesidad
humana. (…) La eligión es una ac i idad p ác ica de o den “supe io ” sólo en la
medida en la que es ambién una pe spec i a sob e el mundo, capaz de modi ica
po comple o la isión in e subje i a de odos los obje os que lo componen y de
odas las ac i idades que lo cons i uyen, de ag upa a los indi iduos más allá de la
expe iencia pe sonal que apenas nos co esponde e alua , de legi ima posiciones
de p i ilegio y asime ías de pode , de some e y de libe a ”.
Como se puede lee en es e ace camien o a la noción de eligión, és a puede se
de inida como una elación de in e cambio simbólico que iene impo an es
consecuencias p ác icas. Es as consecuencias pod ían se obse adas en la ges ión del
duelo po la mue e de una pe sona, desde que es a mue e ísicamen e, has a que pasa a
o ma pa e del mundo de los mue os o malmen e, es deci , has a que en las
conciencias de los aun i os aquel suje o que pie de la ida ísica y e enal pasa a ene
o o es a us den o de ese mundo de los i os, pe o ambién en el mundo de los
mue os. Po ejemplo, en nues a sociedad, has a que el mue o no ecibe lo que
coloquialmen e se conoce como “c is iana/san a sepul u a” no se elabo a el duelo po la
pé dida del mismo (aunque en algunos casos ni siquie a así, y en o os no sea necesa io
es e p oceso). De es a o ma, dicha ges ión del duelo es á in ínsecamen e elacionada
con la co po eidad, po ello, los p o agonis as de los mo imien os de la R.M.H.
ei indican la exhumación de los cue pos con el in de que sus se es que idos descansen
po in en paz, y ellos puedan elabo a su duelo po la pé dida de dichas pe sonas3. Es a
3 Po supues o, es oy haciendo e e encia a la endencia mayo i a ia sob e la que se cons uyen los
discu sos de R.M.H., exis en casos en los que no quie en que se exhumen los cue pos po que se
p e ie e deja las cosas como es án. No obs an e, pa a hace a i maciones más exhaus i as sob e es a
p oblemá ica hay que p egun a p ime o a los p o agonis as que i en es a ealidad social pa a pode
saca conclusiones, aunque es necesa io hace e e encia a ello pa a e i a posibles con usiones en el
lec o , y e i a cae en gene alizaciones que no den cuen a de la di e sidad in e na de los dis in os
enómenos sociales.
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“Final de la pesadilla: se ha decla ado el Es ado de Gue a en Huel a y en
casi oda España y se ha hecho ca go del mando el Ejé ci o, que asegu a á el o den,
pond á dique a la ola de ana quía, es ablece á la au o idad, en ilecida, y en el
sen ido je á quico, sub e ido, y con ia á luego la gobe nación del país a quienes
sean dignos de asumi esa esponsabilidad. A iba España” (Espinosa, 1996: 154).
Todos es os hechos aje on pa a la p o incia consecuencias muy c ueles, ya que
pe dió a más de la mi ad de su población a causa de la ocupación de los suble ados. De
hecho en la mad ugada del día 29 de julio los golpis as o denan a odos los cua eles de
la Gua dia Ci il de la p o incia a que decla en el Es ado de Gue a en es a zona.
Después de un o al de 65 días, los golpis as pudie on celeb a que habían
conquis ado la p o incia po comple o. Se eno gullecie on de habe lo hecho con la sola
pé dida de dos gua dias ci iles, un cabo, un soldado de In endencia y un eque é6. Sin
emba go según a i ma es e au o ”, “p on o se demos a ía que la celeb ación ca ecía de
sen ido, pues solo u ie on que pasa unos meses pa a que en Huel a empeza a a nace
el u o del e o semb ado, con i iéndose en una nue a pesadilla pa a los encedo es
y sob e odo pa a los encidos. An es de que pasa a un año, más de media p o incia ue
decla ada zona de gue a” nue amen e.
Has a p incipios del año 1937 la sie a no e de Huel a si ió de e ugio o
escondi e pa a los huidos desde el inicio de la gue a, pe o no sólo pa a e i a se
descubie os po las ue zas suble adas, sino ambién pa a e i a la ep esión. “Muy
pocos pudie on llega a la zona epublicana (…) Los que quedaban en la sie a a
comienzos del 37 sabían po los con ac os que es ablecían con sus amilia es que no
debían ol e a sus pueblos” (Espinosa, 1996: 270), ya que eso les conduci ía
di ec amen e a la mue e, cuando menos al su imien o de ellos mismos y de sus
amilia es.
La g an can idad de huidos me odeando a lo la go de oda la p o incia, suponía
un g an iesgo pa a los mili a es, de mane a que el Gobe nado Mili a esc ibió un
in o me el 25 de mayo de 1937 pa a explica la complicación de su si uación, y pa a
solici a la inco po ación a ilas de a ios eemplazos pa a la colabo ación ci il, que se
6 Un eque é, según la Real Academia Española, es el indi iduo que es aba a iliado al cue po de
olun a ios, que, dis ibuidos en e cios, lucha on en las gue as ci iles españolas en de ensa de la
adición eligiosa y moná quica. En:
h p://buscon. ae.es/d aeI/S l Consul a?TIPO_BUS=3&LEMA= eque %C3%A9 (13/12/2010).
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había is o has a el momen o disminuida. Sin emba go, a p incipios de julio, el es ado
de ala ma con espec o a las acciones de los huidos ue en aumen o, y de nue o el
Gobe nado u o que en a en acción, en iando dos compañías de In an e ía. Di idió
la Sie a en dos sec o es, di idiendo cada uno de ellos en cua o subsec o es. Además en
los días siguien es llega on dos compañías de Ca abine os, que ue on dis ibuidas en
o as cua o secciones que se encon aban asen adas en A acena, Jabugo, A oche y
Zu e. Pe o las medidas no quedan en es o, ambién se comenzó a eje ce un exhaus i o
con ol sob e los amilia es de dichos huidos con el obje i o de e i a que les pasa an
alimen os, in o mación o les p es asen ayudas de cualquie ipo. A con inuación
podemos lee un pá a o ex aído del lib o “La Gue a Ci il en Huel a” (1996: 275-
276):
“Lo ocu ido en los meses siguien es pe mi e habla de una época de e o
que eno ó el clima de iolencia del e ano del 36. Las acciones iolen as de los
huidos causa on a escala p o incial más íc imas que en los días pos e io es a la
suble ación; las de los encedo es una masac e de ini i a que acaba ía con
cualquie asomo de disensión an o en la sie a como en los pueblos.
Además de la Gua dia Ci il y de la Falange, los suble ados dedicaban
aho a a la lucha con a la gue illa una compañía de Ca abine os, una Bande a de
Falange de Málaga, el 9º Ba allón del Regimien o de G anada 6 y el 3º del
Regimien o Pa ía 7”.
Aquí podemos e cómo se in ensi icó la igilancia con a el mo imien o de los
huidos en nomb e de sal agua da la segu idad de los ciudadanos, e i ando además el
con ac o en e és os y o as zonas epublicanas que les pudiesen p es a ayudas, an o
logís icas como de a mamen o, alimen o, opa, e incluso les ayudasen a escapa .
Pe o ello no dio sus u os, las acciones de los huidos cada ez ue on más
in ensas, has a el pun o de que a p incipios de agos o de ese mismo año el gene al
Queipo de Llano ol ió a decla a oda la sie a como zona de gue a, de mane a que su
p incipio de Au o idad uese espe ado con la mayo obediencia. La acción mili a ue
pues a en ma cha con la in ención de incidi en el con ol y la ep esión de los ecinos, a
los que se les dejó cla o que an e la imposibilidad de acaba con los huidos, había que
comenza des uyendo sus “sopo es na u ales”. Comenza on a pone se en p ác ica los
Consejos de Gue a Suma ísimos, a a és de usilamien os en las cune as y en los
cemen e ios, siendo a ec ados p ác icamen e la o alidad de los municipios de la
p o incia donde se alcanzó la ci a de más de 400 pe sonas usiladas.
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T as a ios meses de ep esión, en diciemb e de 1937, el p oblema de es os
huidos o ganizados en gue illas pe manecía, pe o se había educido en g an medida
g acias a las acciones del co onel de Ca abine os Joaquín Ibáñez Ala cón, sus i u o de
los ca gos de Gobe nado Ci il y Gobe nado Mili a . Es os hechos coincidie on con la
ma cha de un g an con ingen e de izquie dis as a zona epublicana a a és de la
on e a no e de la p o incia (hacia Badajoz), que se saldó sin ninguna pé dida humana.
A pa i de es os momen os se p oduce el in de las acciones de las gue illas y las
opas del gene al Queipo domina on la si uación. A inales de es e mes llegó el
siguien e documen o a los ayun amien os onubenses:
“Ha quedado comp obado que los huidos de la sie a si han subsis ido has a
el p esen e, es debido al auxilio que les p esen aban los pueblos de su na u aleza,
an o en í e es como en no icias que les acili aban sus espec i os amilia es.
Tienen ó denes e minan es los seño es Comandan es Mili a es de las ue zas que
ope an en la Sie a pa a co a en absolu o al es ado de cosas.
A los S es. Alcaldes y demás Au o idades de los pueblos co esponde,
como pe ec os conocedo es del pe sonal de los mismos, da cuen a a esos seño es
Comandan es Mili a es de las amilias de huidos, amigos y simpa izan es que
hayan en la población, así como ambién de cualquie no icia que engan e e en e a
los ugi i os que puedan se ú iles a las ue zas de ope aciones, bien en endiendo
que el no hace lo así y que al ocul a no icias de esa clase, cons i uye un auxilio a la
ebelión que an p on o sea debidamen e comp obado como al, se á sancionado.
(…)” (A.M. de Niebla. L. 98. En Espinosa, 1996: 289-290).
Con es a o den, i mada po el co onel Ibáñez, se endu ece aun más la si uación,
ya que se asedia con más p esión a las pe sonas que quedan en los pueblos pa a e i a
que man engan cualquie ipo de con ac o con los huidos. Es o ue un paso más en el
a ance de la ep esión del alzamien o con a la población ci il. Los esul ados de odo
es o comenzaban a se e iden es: es os huidos y los gue ille os mo ían a dia io o enían
que op a po en ega se, ya que se encon aban aislados en las sie as, de mane a que
los asal os disminuye on, y po an o ya no e an necesa ios an os ba allones pa a ena
a los epublicanos, los cuales pa ie on hacia nue os des inos.
Ya en 1938, ap oximadamen e en el mes de ma zo, se dio po concluido el
p oblema de los huidos en la sie a no e de Huel a como ue za más o menos
o ganizada y de ca ác e o ensi o con a el llamado Glo ioso Alzamien o. A pesa de
ello, pa a e i a posibles nue as acciones po pa e de las gue illas la columna de
ope aciones de mili a es pe maneció en la p o incia onubense has a inales de
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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no iemb e de ese mismo año. A pa i de es os momen os el mo imien o de los huidos
comienza a decae , ya que las de enciones e incluso en egas olun a ias no cesaban.
Aquella acción gue ille a que has a el momen o había ca ac e izado la sie a onubense
se desplazaba paula inamen e hacia las sie as se illana y co dobesa, siemp e a
excepción de algunos educ os izquie dis as que seguían lle ando a cabo acciones
aisladas en el iempo, que e an so ocadas ápidamen e po las ue zas mili a es que
con olaban el e i o io.
“La no icia más ansiada po odos llegó p on o: la gue a había e minado”
(Espinosa, 1996: 301). Eso e a lo que se publicaba en los pe iódicos, de mane a que
muchos de los huidos que aún seguían escondidos en 1939, ol ie on a sus pueblos,
donde ue on me idos en p isión. Pe o aquello de que la gue a había acabado no e a
o almen e cie o, ya que como bien mani es ó el Co onel Gobe nado Mili a a los
comandan es de Pues o de la Gua dia Ci il “si bien ha e minado la gue a, la campaña
no” (Ibídem). Así pues, la pe secución de los con a ios al égimen, o los encidos no
pa a ía aunque la gue a hubiese e minado, ya que aun quedaban ap oximadamen e 40
años de ho o , asedio y pe secución pa a ellos: la posgue a y la dic adu a anquis a.
T as habe ealizado es e eco ido po los años de la Gue a Ci il, de 1936 has a
1939 en la p o incia onubense, me cen a é a pa i de aho a en los años de posgue a y
de ep esión anquis a, pa a dilucida cómo se desa ollo es a e apa de nues a his o ia
en Huel a. Con inuo pa a ello bajo las apo aciones de F ancisco Espinosa Maes e, ya
que conside o que “La Gue a Ci il en Huel a” es el documen o más comple o ambién
pa a esboza es a pa e del con ex o his ó ico que es oy e e enciando en es e abajo.
Asimismo, p ime o a a é sob e la ep esión eje cida po la izquie da, donde
hay que di idi en e los que allecen a causa de acciones de gue a (en en en amien os
a mados o a consecuencia de ellos) y los que di ec amen e son íc imas de la ep esión,
donde, a pesa de es a di isión, cualquie núme o de mue os siemp e se á demasiado
al o. Según Espinosa, “la izquie da onubense en gene al ue muy espe uosa con la ida
ajena y que a pesa del desquiciamien o mo i ado po la suble ación supo espe a la
ida ajena, la de los cien os de de echis as de enidos en oda la p o incia”. Sin emba go,
desde la de echa es o siemp e se ha in en ado ocul a y nega , ya que los mue os a
causa de las acciones de izquie da co espondie on a acciones de gue a y no de
ep esión, lo cual no jus i ica de ninguna de las mane as que es os hechos u iesen luga
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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en algún momen o de la his o ia. El hecho de que e ocul a es o, e incluso de achaca
mue es al bando epublicano de las cuales no ue on esponsables, esponde a una
es a egia de jus i icación de la suble ación mili a iniciada en julio de 1936, a
p omo e un sen imien o con a los llamados “ ojos” y po an o demos a que lo
“mejo ” en es e caso se ía acaba con ellos. Es a es a egia ue lle ada a cabo a a és de
campañas p opagandís icas donde se mos aban imágenes de usilamien os y o u as,
que según in o maban e an lle adas a cabo po los izquie dis as, cosa que
pos e io men e se ha demos ado a a és del con as e de da os que no e a así, ya que
en nume osas ocasiones los nomb es, echas, e c. se epe ían una y o a ez, o no
coincidían con los da os eales de lo ocu ido. El mismo Espinosa a i ma en su lib o “las
alsedades ansmi idas desde el comienzo de la suble ación po la p ensa y po los
lib os e in o mes que apa ecían si ie on en onces de an ído o con a la mala conciencia
de los encedo es, que podían jus i ica así la ep esión lle ada a cabo” (1996: 332).
En segundo luga , con espec o a la ep esión eje cida po pa e de los
suble ados, es deci , de la ideología de de echa del momen o, ambién iene sus
ca ac e ís icas pa icula es, las cuales amos a de alla a con inuación. En el caso de
Huel a hay un g an núme o de pe sonas “desapa ecidas” que nunca ue on insc i as en
los Regis os, e i ando así que se in la an las ci as de mue os a causa del llamado
Glo ioso Alzamien o. De hecho, no había in ención de insc ibi legalmen e a es as
íc imas en dichos Regis os, además de que las que si ue on insc i as su ie on
i egula idades de odo ipo. “Cuando no exis ía in e és o icial en agiliza ámi es pa a
dispone cuan o an es del ce i icado de de unción, el p oceso se e e nizaba” (Espinosa,
1996:341). En el caso de la p o incia onubense ni siquie a exis ió una no ma i a común
pa a oda la p o incia, de mane a que cada uno de los pa idos judiciales ac uó a su
mane a. Todo es o es la consecuencia de la imposición de un égimen dic a o ial po la
ue za de las a mas y el e o , y es la o ma de no asumi a las íc imas de no sólo
población ci il que an causando odas es as acciones, y que además no se les concede
la posibilidad de pode se legalmen e econocidas, y quedan como “desapa ecidas”.
No se a a de plan ea aquí una “gue a de ci as” en e ambos bandos, sólo de
conoce y analiza la na u aleza de la ep esión eje cida an o po de echas como po
izquie das, ya que es e econocimien o puede apo a me in o mación cla e pa a
en ende el ac ual mo imien o po la memo ia que se es á sucediendo en la p o incia.
Religión, Memo ias y Mue e.
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Ce cano el inal de la gue a, la aplicación de penas de mue e pa a los acusados
en Huel a pe sis ie on, aunque disminuyendo en su núme o a lo la go del iempo. En
es os momen os las cá celes comenza on a es a aba o adas a consecuencia de
de enciones masi as de “pe sonas de izquie das”, de odo aquel que hubie a
mani es ado ene algún lazo de unión con la República, o se pensase que lo hubie a
enido. Todo ello, lo que p o ocó ue aún más colapso en la maquina ia judicial del
momen o, siendo los pe judicados de nue o los p opios acusados. Aunque hay que deci
que la ep esión había p escindido desde el p ime momen o de p oceso judicial alguno,
ya que los Consejos de Gue a de los p ime os iempos enían obje i os cla es como el
esca mien o de di igen es epublicanos, el da una imagen pública de legalidad e incluso
con ola a cualquie a que pudiese cap a lo que es aba ocu iendo en España. De hecho,
la úl ima sen encia de mue e que queda egis ada en Huel a capi al se ejecu ó en ab il
de 1945 (Espinosa, 1996: 386), nue e años después del inicio del conocido como
Glo ioso Alzamien o. Así pues, al como mues a es e au o , el obje i o de los
encedo es en Huel a, e a aniquila a las pe sonas más ep esen a i as del pe iodo
epublicano, undamen almen e las pe enecien es al F en e Popula :
“La ep esión ue an indisc iminada que incluso desbo dó los obje i os
iniciales, dando luga a si uaciones o almen e insóli as como la ocu ida en Huel a
el mes de sep iemb e. A comienzos de ese mes la mayo ía de los onubenses es aban
an sob ecogidos po lo que sucedía y an ha os del i y eni del camión de
Masca ós, -uno de los que anspo aba a los que iban a se usilados-, que se c eó
cie o es ado de opinión con a io a la impunidad con que enían ac uando las
llamadas “Escuad as Neg as”. La p esión debió se ue e cuando las p opias
au o idades admi ie on que la jus icia decidi ía” (Espinosa, 1996: 370).
En es as ases del au o queda la en e has a qué pun o ue oscu a la ep esión
con a la población (mili a o ci il), ya que las mismas pe sonas a las que
supues amen e p o egían, se e elaban con a dicha “imagen de legalidad” que desde el
égimen se p e endía mos a , y que he comen ado en pá a os an e io es, aún pudiendo
se ep esaliados ellos mismo, po se conside ados sus quejas como agi ación o
ebelión con a la au o idad. A pa i de es os momen os Quipo de Llano en ía a odos
los pa idos judiciales po co espondencia la no ma de que queda p ohibida la eunión
de más de es pe sonas en espacios públicos, ya que ello se ía conside ado mo i o de
agi ación pública.
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Hab ía que hace mención especial pa a el papel de Falange y el de la Iglesia en
oda es a e apa de ep esión, ya que ue on dos de los ac o es p incipales pa a la
p omoción de la acción ep esi a. Así pues, en Huel a, a p incipios del año 1936
Falange e a un g upo mino i a io, que gozaba de escasa in luencia en la p o incia. Sin
emba go, al es alla la suble ación mili a en es e mismo año, se anexiona on
nume osos jó enes posicionados del lado de las ideas an icapi alis as y an ima xis as del
p og ama de Falange, desde donde ambién se p opugnaba abie amen e acaba con la
democ acia del momen o y po supues o, con el F en e Popula . “Du an e los cinco
meses de F en e Popula , mien as la ama golpis a se desa olla, Falange se con ie e
con sus amenazas, palizas y a en ados en el p incipal elemen o p o ocado ” (Espinosa,
1996: 487), y cuando los golpis as alzan su oz, los alangis as se unen a las columnas
poniéndose a sus ó denes en la lucha con a el F en e Popula y la República. A medida
que pasaba el iempo, el núme o de mili an es alangis as ue aumen ando, incluso
cons i uye on un conglome ado de acción mayo que el de los Reque és, eniendo como
inalidad p incipal la acción ep esi a. Aunque a consecuencia de es as acciones que se
mos aban sucesi as en el iempo, la población p esen aba quejas y exigían jus icia an e
aquellas acciones ep esi as eje cidas de mane a indisc iminadas con a el pueblo.
Desde el gobie no se les p ohibió pa icipa en los usilamien os y ejecuciones, e i ando
así el escándalo; a pesa de ello siguie on pa icipando en iguales condiciones que las
ue zas mili a es y la Gua dia Ci il.
En pocas palab as podemos de ini qué ue el mo imien o de Falange desde
1937, como una o ganización que “comenzó a epe i se incansablemen e: los discu sos
de El Ausen e, las lis as de los Caídos, el cul o a F anco, el apoyo a “Nues os Amigos”
(Hi le , Mussolini y Salaza ) (…) Falange se había con e ido en una máquina de
in o mes inc us ada en la bu oc acia del Es ado, en una especie de policía polí ica.
Conse aba la pa a e nalia, su es ilo, sus mane as udas y supues amen e i iles, su
lenguaje cada ez menos comp ensible y su espí i u de g upo pa amili a . (…) Una ez
e minada la gue a, los alangis as ecibie on abundan es compensaciones al
con e i se en la can e a que en adelan e nu i ía la maquina ia del es ado o ali a io.
(…) Sa is echos con los p i ilegios ob enidos no deseaban cae en la cuen a de que su
única “ e olución” había consis ido en con e i se en ins umen o de los sec o es más
eacciona ios del país pa a acaba con el sis ema democ á ico” (Espinosa, 1996: 510-
512). Es as ue on las acciones y las ac i udes que desde Falange se u ie on en la
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p o incia de Huel a, donde explaya on su acción ep esi a con a la población ci il que
habi aba los municipios onubenses du an e esos años. Cu ioso es ad e i que no
ac uaban en sus p opios pueblos, pa a e i a así ep esalias con a sí mismos y con a
sus amilia es.
Po úl imo, ha é e e encia a la Iglesia, desde donde se plan eaban discu sos que
con enían las siguien es palab as “(…) la explicación plenísima nos la da el ca ác e de
la ac ual lucha, que con ie e a España en espec áculo pa a el mundo en e o. Re is e, sí,
la o ma ex e na de una gue a ci il; pe o, en ealidad, es una c uzada. Fue una
suble ación, pe o no pa a pe u ba , sino pa a es ablece el o den” (En ique, Obispo de
Salamanca, “Las dos ciudades”, 30 de sep iemb e del 36). En es as decla aciones queda
pa en e la posición de la Iglesia, en gene al, con espec o a la suble ación mili a , no
había palab as con a la ep esión, de hecho, en julio del año 1937 el Episcopado
Español hizo pública su Ca a Colec i a en la que o icialmen e oma pa ido en la lucha,
del lado de los suble ados. En Huel a, “lo cie o es que la mayo pa e del cle o
onubense se sumó en la e agua dia a los pa ida ios de la eliminación ísica del
oponen e, al que se limi ó a se monea y con esa con el pensamien o pues o en la o a
ida” (Espinosa, 1996: 524).
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Capí ulo 3. << Ma co Teó ico >>.
3.1. “Memo ia his ó ica”. Una ap oximación al campo de la
An opología del T auma Social.
En es e pun o del abajo me gus a ía plan ea una amplia discusión sob e los
concep os de memo ia e his o ia con el in de p oblema iza los y e cómo han sido
cons uidos desde la pe spec i a de la R.M.H. Jun o a es o, ambién analiza é el papel
del suje o de in es igación, es deci , el del an opólogo en elación a es a p oblemá ica y
cómo se posiciona desde la disciplina an opológica an e el obje o de es udio plan eado.
P oblema iza es os concep os, conoce cuál es su base eó ica y cuáles son sus
in enciones, son acciones que su gen de cues iona el ocablo mismo de “memo ia
his ó ica” concebido como cons uc o social, pa a sabe a qué e ie e exac amen e o al
menos desde qué pe spec i a se ha en ocado po pa e de los mo imien os que exigen
su ecupe ación. Alejand o Bae 7 (2010) a i ma que nues as sociedades
con empo áneas pueden se ca ac e izadas po una apues a po la “cul u a de la
memo ia”, o almen e cen ada en el pasado. El Fo o po la Memo ia de Huel a,
undado en 2005 a a és de la inicia i a de a ios jó enes onubenses, apa ece con el
obje i o de ac i a el deba e sob e la memo ia his ó ica y “digni ica la memo ia de
aquellos homb es y muje es que, du an e la Gue a Ci il, lucha on encuad ados en el
bando epublicano pa a de ende la democ acia en e al golpe ascis a” (La oz
encendida, Fo o po la Memo ia de Huel a, 2008: 7). Desde es a ag upación se en iende
que la Memo ia His ó ica es un ins umen o que si e pa a o alece la democ acia,
como a gumen o de lucha po los de echos humanos y como elemen o ideológico pa a
la cons ucción y e eb ación del conjun o de la sociedad. Con espec o a la elación
en e los de echos humanos y los obje i os de la memo ia his ó ica analiza é más
adelan e cómo se ha a iculado el discu so po pa e de los mo imien os po la memo ia
que ei indican ese ol ido de su pasado como un ac o de incumplimien o de de echos
7 Alejand o Bae Mieses es p o eso en el Depa amen o de An opología Social de la UCM y
Assis an P o esso en la Cá ed a de Sociología de la Religión y de la Cul u a de la Uni e sidad de
Bay eu h (Alemania) en e los años 2009-2011. Sus abajos ecien es abo dan la eo ía y
me odología de in es igación sob e memo ia social e iden idades colec i as, y en pa icula la
cul u a isual, las conmemo aciones y la ansnacionalización del ecue do del Holocaus o. Es a
in o mación ha sido ex aída de la web: www.poli icasdelamemo ia.o g, donde apa ece su CV
o icial.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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humanos y de inmunidad pa a las a ocidades que se come ie on du an e los años de la
gue a y la ep esión. Pa a los componen es del Fo o, es e ocablo (Memo ia His ó ica)
hace e e encia di ec a a que:
“(…) `El pueblo que no conoce su his o ia no comp ende su p esen e y, po
lo an o, no lo domina, po lo que son o os los que lo hacen po él´. El
desconocimien o de la his o ia p o oca al a de comp ensión sob e los p ocesos que
han dado como esul ado nues o p esen e, gene ando un p o undo dé ici
democ á ico que se sus ancia día a día en una sociedad despoli izada y poco
pa icipa i a. Vi imos una democ acia de bajo ni el y una de las causas es que es á
asen ada sob e el ol ido”.
Si quisié amos esumi el concep o “Recupe ación de la Memo ia His ó ica”, en
b e es palab as, pod íamos deci que es un “mo imien o sociocul u al, nacido en el
seno de la sociedad ci il, pa a di ulga , de o ma igu osa, la his o ia de la lucha con a
el anquismo y sus p o agonis as, con el obje i o de que se haga jus icia y ecupe a
e e en es pa a lucha po los de echos humanos, la libe ad y la jus icia social. Y
cuando hablamos de jus icia, hablamos de econocimien o y epa ación, en ningún caso
de ac i udes e anchis as” (Fo o po la Memo ia de Huel a, 2008: 7). Es e agmen o en
el que el Fo o pone al descubie o los p incipios, los obje i os y las mo i aciones que
an a guia sus acciones me lle a di ec amen e a e lexiona sob e el signi icado que
apo a es a ins i ución pa a el concep o de memo ia his ó ica, y que pos e io men e
e oma é.
Cabe en onces p egun a en es e momen o: ¿a qué hacemos e e encia cuando
hablamos de memo ia? Es e é mino, según Bae (2010: 131), puede exp esa mul i ud
de signi icados y p oblemas, desde “iden idades pe sonales y colec i as, he encias y
sabe es cul u ales, acíos u ol idos de la his o ia, de echos, aumas colec i os, la
iolencia social y su ep esen ación”.
Según el Dicciona io de la Real Academia Española en su p ime a, e ce a y
sép ima acepciones espec i amen e “memo ia” signi ica: “ acul ad psíquica po medio
de la cual se e iene y se ecue da el pasado”, “ ecue do que se hace de algo pasado”, o
“monumen o pa a ecue do o glo ia de algo”, de mane a que puede se an o el p oceso
de eco da como el p opio ecue do, e incluso algo que ememo e a o o algo. Es o
úl imo, ambién pod ía se i me pa a de ini qué es un símbolo: algo que, sin ene que
es a elacionado, e oca a o o algo, de mane a que en e ambos exis a una elación
Religión, Memo ias y Mue e.
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a un p o undo silencio, e i ando que se e lejase su e sión de los hechos en el discu so
his ó ico cons uido sob e aquella coyun u a. Sin emba go, jun o a esas e siones
o iciales, pe i e ambién la memo ia de di e sos colec i os que con aponen sus
discu sos a las an e io es. Con ello, lo impo an e es encon a no sólo una e dad, sino
las dis in as e dades que nos pe mi an comp ende un enómeno socio-his ó ico de
es as ca ac e ís icas en odas sus dimensiones posibles, de o ma holís ica.
La in e ención del expe o a a condiciona de mane a impo an e los
esul ados de la in es igación, po an o ambién hay que ene lo en cuen a en el p opio
p oceso de conocimien o. Los da os (his ó icos) han de se elabo ados po el p opio
his o iado an es de que puedan se u ilizados an o po él mismo como po el es o de la
población, de mane a que el uso que ellos hacen de dichos da os ya es á den o de ese
p oceso de cons ucción (Ca , 1961).
Así pues, conside o que es sumamen e impo an e pa a ealiza un buen abajo
an opológico hace lo a a és de una ac i ud e lexi a, de cons an e igilancia sob e el
p opio suje o de conocimien o ya que és e ambién in luye y condiciona al obje o de
es udio y po an o ambién ha de o ma pa e del p oceso de conocimien o ace ca de la
ealidad. La e lexi idad nos p opo ciona un mayo ni el de dominio sob e lo que
hacemos a a és del con ol que noso os mismo, como cien í icos sociales, podemos
eje ce sob e las p esiones al se conscien es de su exis encia e in luencia. Cie amen e,
es as p esiones pesan sob e odos noso os en an o que somos se es humanos
socializados en con ex os conc e os; an e ello podemos ac ua de dos o mas: igno a las
o conoce las y con ola las (Bou dieu, 2003).
Re omando de nue o la discusión ace ca de los concep os undamen ales de
memo ia e his o ia, hab ía que deci que uno de los aspec os más impo an e que los
di e encia, se ía la capacidad de una y de o a pa a ascende los hechos ma e iales
pasados o p esen es que es án imb icados con la expe iencia an o indi idual como
colec i a y que pe mi en la socialización de esos p opios hechos gene ación as
gene ación pa a cons ui sen ido en o no a dichos acon ecimien os y a su ep oducción
social.
Es en es e pun o del análisis, en el que me encuen o con las he amien as
eó icas de pode sus en a un concep o de “memo ia his ó ica”, y el mo i o del in e és
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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po su ecupe ación, que es á in ínsecamen e elacionado con la Gue a Ci il española
y la pos e io e apa de ep esión. Ha é aquí mención de una expe iencia pe sonal que
me pe mi e segui con la línea a gumen al que he lle ado has a el momen o. En las
calles de Bel as , capi al de I landa del No e, se pueden encon a nume osos mu ales y
g a i is pin ados po la gen e de a pié. Recue do habe o og a iado uno en el que podía
lee se la siguien e ase: “His o y is w i en by he winne ” (“la his o ia la esc iben los
encedo es”). Conside o que és a es la cues ión cen al con la que se in en a ompe
desde los mo imien os de R.M.H.: desmo ona la his o ia o icial y hegemónica que ha
dejado a ás la o a ca a de aquella que denominan “gue a a icida” y de la du a
ep esión que la acompañó, en p o de la jus icia social e in en ando e i a que se epi an
si uaciones como és as de dé ici democ á ico, y así da oz a aquellas o as “his o ias”
que ue on silenciadas y en e adas, según ellos, a ozmen e.
In en a de ini igu osamen e el ocablo “Memo ia His ó ica” no es una
cues ión baladí, no consis e simplemen e en dilucida po sepa ado cada uno de los
concep os como si ue an compa imen os es ancos, ya que la suma de la memo ia y de
la his o ia no da como esul ado la “memo ia his ó ica” al y como es en endida
mediá icamen e. Es mucho más que eso, son ambos concep os pe o ambién la
in e acción en e los mismos y el con ex o social en el que se inse a o se aplica dicha
elación. Espinosa Maes e (2007: 47-48) a i ma que la memo ia his ó ica se de ine
como el “ ecue do de la his o ia que cada uno ha i ido o conoce de p ime a mano, bien
po pad es y abuelos, bien po o os amilia es y conocidos”, pos e io men e sigue
diciendo “His o ia y Memo ia no son lo mismo (…) la memo ia es un ecu so de la
his o ia que enemos el debe de u iliza . La azón es simple: ni los documen os
mues an oda la ealidad de un hecho ni odo llegó a los documen os”, de mane a que
es os p ocesos de memo ia his ó ica pa a es e au o ambién consis e en da oz, en
ga an iza el de echo a que la gen e enga la posibilidad de con a sus his o ias pa a que
puedan se econocidas y enidas en cuen a públicamen e, pa a que a su ez puedan
o ma pa e de la que se econoce como la His o ia. Mi a Núñez Díaz-Bala (2010:
42) conside a que con la “conjunción ac ual de memo ia e his o ia, no sólo se
desen ie a el silencio al que los condena el desconocimien o sino el de echo a la e dad
sob e lo ocu ido”. Es a “ ecupe ación de la memo ia his ó ica debe i acompañada de
una búsqueda de nue os signi icados, que con ibuyen an o a conoce el pasado como a
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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con o ma nue os p oyec os donde “el se ”, la iden idad, no exija la anulación del o o”
(Acos a Bono, Del Río Sánchez y Valcuende del Río, 2007: 16).
Hay que deci que ambién exis en nume osos au o es, sob e odo his o iado es,
que han a i mado que el concep o “Memo ia His ó ica” es una con adicción en sí
mismo, a gumen ando que la memo ia hace e e encia a una capacidad humana,
subje i a y pe sonal, y la his o ia se ha enido plan eando como una disciplina
“cien í ica” que p e ende se obje i a y social. Sin emba go, o os au o es conside ados
especialis as en la ma e ia, a i man que és e es un ago análisis de la p opia exp esión
“memo ia his ó ica”, ya que como dijimos an es, la ealidad no esponde sólo a la suma
de sus pa es, sino que es mucho más p o unda en odas sus dimensiones. Así pues, pa a
acla a de ini i amen e que es a con adicción no se da al cual, me emi o a las
siguien es palab as:
“La his o ia es necesa iamen e una ep esen ación de la ealidad, aunque
de e minadas ep esen aciones (…) acaban haciéndose ealidad: la ealidad
his ó ica. Pe o en e a es as e dades asen adas han eme gido de las memo ias
pe sonales ecue dos de hechos que han desmen ido esa ep esen ación de la
ealidad sac alizada. De ahí la necesidad de “ ecupe a ”, desde el hoy, unos hechos
his ó icos que ompen con el monoli ismo de una his o ia esc i a desde la
manipulación y el alseamien o de la in o mación, la necesidad de un e-
conocimien o que implique e isa lo has a aho a dado como e dad his ó ica,
e isión a la luz de nue as in o maciones apo adas po la memo ia i a y que es á
obligando a un nue o conocimien o más exhaus i o e impa cial” (Ibídem: 14).
Esa necesidad de ecupe a la memo ia pe dida en el ma co de la democ acia
ac ual se ha plasmado en el ámbi o legisla i o a a és de la Ley 52/2007, de 26 de
diciemb e, po la que se econocen y amplían de echos y se es ablecen medidas a a o
de quienes padecie on pe secución o iolencia du an e la gue a ci il y la dic adu a. El
con ex o democ á ico no llega a España has a el año 1975, cuando e minó el manda o
dic a o ial del Gene al F anco a causa de su mue e (no po que ue a expulsado o
juzgado po su ac uación). Es en es e momen o cuando comienza la época conocida
como la T ansición Española, que es cuando se emp ende el p oceso hacia un Es ado
social, democ á ico y de de echo con o me a una Cons i ución, que ue ap obada
pos e io men e en 1978.
Sin emba go, en es e p oceso de ansición no se ocupa on de la memo ia, sino
que se aguó un “pac o de silencio” con espec o a odo lo ocu ido en la his o ia más
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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ecien e de España, sin da espues a a odos los que habían pues o sus espe anzas en la
llegada de la ansiada democ acia. “La his o ia nos enseña que el p ime debe de la
democ acia es la memo ia pe o, en aquellos años u ilan es, al PSOE, como a buena
pa e de la sociedad su gida de la dic adu a, la memo ia le es o baba” (Espinosa
Maes e, 2010: 3). La democ acia llegó a España no po que el pueblo lo decidiese así,
sino po que así lo decidie on las po encias occiden ales del momen o, que necesi aban
in eg a a España plenamen e en sus es uc u as polí icas, económicas y mili a es.
Ángel del Río (2008: 122) ecoge las palab as de F ancisco Espinosa, au o que
di ide en cua o e apas los años que an desde el alzamien o mili a en 1936 has a la
ac ualidad en unción de la p esencia o no de polí icas con espec o a la memo ia de los
encidos. Son las siguien es:
“Las décadas de la dic adu a (1936-1977) ue on de “negación de la
memo ia” en las que sólo exis ía una memo ia posible: la de los encedo es con su
mi o undacional de la san a c uzada con a el “comunismo” y la “ba ba ie
ma xis a”. Le sigue la ansición (1977-1982) en la que se aguó la “polí ica del
ol ido” median e un consenso en e las ue zas hegemónicas de la izquie da y los
sec o es anquis as que se ecicla on a la democ acia. En los años de gobie no del
Pa ido Socialis a Ob e o Español (PSOE), que an desde 1982 has a 1996, se
p oduce la e apa de “suspensión de la memo ia”, en la que, al ez po es a egia de
en abilidad elec o al –pa a no pe de o os en e unas clases medias mode adas que
podían sen i se incómodas con la ei indicación del pasado- o, al ez, po emo a
un ejé ci o con eleidades golpis as, la memo ia democ á ica, an i ascis a y
epublicana no se ei indicó, no sólo en los p ime os años, sino du an e odo el
manda o. Va a se en el pe iodo de gobie no del PP (1996-2004), sob e odo en la
segunda legisla u a (2000-2004), cuando se p oduzca un e dade o “ esu gi de la
memo ia” que llega has a nues os días (Espinosa, 2006: 171-204). A pa i de ese
momen o, a as ados, sin duda, po la acción y epe cusión social de los
mo imien os po la memo ia, se cons a a un cambio de ac i ud con espec o a los
usos de la his o ia ecien e po pa e de o maciones como el PSOE y el Pa ido
Comunis a de España (PCE) y la coalición en la que es á in eg ado, Izquie da Unida
(IU) en e o as o ganizaciones”.
Po an o, an e es e pano ama, la i upción de lo que enimos a ando como
memo ia his ó ica no se p oduce ealmen e has a mediados, e incluso inales, de la
década de los no en a, momen o en el que comenza on a cob a mayo impo ancia
an o las pe iciones de los amilia es como las in es igaciones sob e dicha memo ia.
An e es a si uación de “suspensión de memo ia” que plan ea Espinosa, los g upos de
ecupe ación de la memo ia his ó ica han sido muy c í icos con la e apa de la ansición.
“Cuando se dijo que aho a sí ocaba, muchos nos p egun amos cuán o iempo más
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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hubie a sido necesa io espe a pa a que oca a si la de echa no hubie a llegado al
gobie no de la nación, y sob e odo, si no hubie a apa ecido el mo imien o ci il de la
“Recupe ación de la Memo ia His ó ica” que obligó a adop a di e sas medidas
compensa o ias en las adminis aciones egionales y nacional, as la ic o ia socialis a
del 2004, que podemos ejempli ica con la amosa Comisión In e minis e ial y su
polémica ley llamada de la `Memo ia His ó ica´” (Gu ié ez Molina, 2007: 37). Es a
comisión, p esidida po Ma ía Te esa Fe nández de la Vega, icep esiden a del
gobie no (en el pe íodo comp endido en e 2004 – 2010), no dio los u os espe ados, de
mane a que los g upos polí icos p e e en es del gobie no (Esque a Republicana de
Ca alunya e Izquie da Unida) exp esa on su descon en o con espec o a la ac uación de
la Comisión In e minis e ial, y p esen a on a inales de 2005 –cada uno po su lado- dos
p opues as de ley pa a la ecupe ación de la memo ia his ó ica. An e es e pano ama de
desasosiego, en junio de 2006, en el Cong eso de los Dipu ados se ap ueba que és e sea
el año de la de la memo ia his ó ica en España. Y es, a inales de ese mismo mes cuando
el gobie no socialis a p esen a el p oyec o de ley pa a la R.M.H.
A pesa de odo ello, no es has a el año 2007, cuando se p omulga la conocida
coloquialmen e como “Ley de Memo ia His ó ica” bajo el manda o polí ico del Pa ido
Socialis a Ob e o Español (PSOE). El í ulo de la ley es el siguien e: Ley 52/2007, de 26
de diciemb e, po la que se econocen y amplían los de echos y se es ablecen medidas a
a o de quienes padecie on pe secución o iolencia du an e la gue a ci il y la
dic adu a, que no es más que una o ma de p opo ciona un cue po no ma i o pa a odo
es e deba e social y polí ico, in o mación y concep os a los que engo haciendo
e e encia a lo la go de odo el p esen e documen o, odo ello bajo la isión del gobie no
sob e el p oceso de la R.M.H.
En la exposición de mo i os de dicha ley, se ad ie e que la ansición es el
modelo a segui pa a guia las ac uales ei indicaciones po la memo ia his ó ica, lo
cual ya pe ila pe ec amen e cómo a a desa olla se es a ac uación legisla i a
con o me a lo que an e io men e expusimos sob e la época y las polí icas lle adas a
cabo en los años de la ansición. A con inuación oy a inclui a ios pá a os de la
p opia ley que me esul an signi ica i os pa a en ende la ascendencia úl ima de la
misma en la ac ualidad:
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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“es a Ley a iende a lo mani es ado po la Comisión Cons i ucional del
Cong eso de los Dipu ados que el 20 de no iemb e de 2002 ap obó po unanimidad
una P oposición no de Ley en la que el ó gano de ep esen ación de la ciudadanía
ei e aba que “nadie puede sen i se legi imado, como ocu ió en el pasado, pa a
u iliza la iolencia con la inalidad de impone sus con icciones polí icas y
es ablece egímenes o ali a ios con a ios a la libe ad y dignidad de odos los
ciudadanos, lo que me ece la condena y epulsa de nues a sociedad democ á ica”.
La p esen e Ley asume es a Decla ación así como la condena del anquismo
con enida en el In o me de la Asamblea Pa lamen a ia del consejo de Eu opa
i mado en Pa ís el 17 de ma zo de 2006 en el que se denuncia on las g a es
iolaciones de De echos Humanos come idas en España en e los años 1939 y 1975
(…)
La Ley sien a las bases pa a que los pode es públicos lle en a cabo
polí icas públicas di igidas al conocimien o de nues a his o ia y al omen o de la
memo ia democ á ica (…)
La p esen e Ley quie e con ibui a ce a he idas oda ía abie as en los
españoles y a da sa is acción a los ciudadanos que su ie on, di ec amen e o en la
pe sona de sus amilia es, las consecuencias de la agedia de la gue a Ci il o de la
ep esión de la Dic adu a (…)”
La condena del anquismo, el omen o de la democ acia, la espues a al duelo
inconcluso… son, como apa ece en los pá a os an e io es algunos de los aspec os que
son a ados po la ley, y que he decidido des aca po que es án es echamen e
inculados con los obje i os de es a in es igación. Es a ley ha sido una de las acciones
en p o de la memo ia his ó ica pues as en ma cha po el gobie no di igido po José Luís
Rod íguez Zapa e o, la cual que hay que ene en cuen a como ma co legisla i o a ni el
nacional. No obs an e, desde que en ó el nue o gobie no a ca go del Pa ido Popula en
no iemb e de 2011, no ha dejado de habe eco es económicos con espec o a las
pa idas dedicadas a es e in, incluso en los P esupues os Gene ales del Es ado
publicados en sep iemb e de 2012 pa a el p óximo año 2013 desapa ece po comple o la
pa ida económica pa a la R.M.H10.
Es a ley ambién ha sido obje o de c í ica po pa e de los au o es que han enido
abajando en p o undidad sob e es e ema en los úl imos años. Po ejemplo F ancisco
Fe ándiz (2009) a i ma que la ley dejó muy insa is echos a los colec i os que se
10 Aden a me en el po qué de es e ipo de acciones da ía luga a la p opues a de o o p oblema de
in es igación, al cual no le es o impo ancia, aunque dedica le a ello más espacio pod ía lle a me a
dilui el ema que aquí me ocupa en cues iones que me ecen un análisis especí ico. No obs an e,
conside o impo an e apo a es e da o con el in de mos a la ealidad exis en e en la ac ualidad lo
más idedignamen e posible.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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es aban dedicando a la R.M.H. po aspec os como “la decla ación de ilegi imidad pe o
no nulidad de los ibunales de la Gue a Ci il y el anquismo y de las sen encias
dic adas o el escue o a amien o del Valle de los Caídos”. O o ejemplo se ía José
An onio Mo eno (2006), p esiden e de la Asociación Fo o po la Memo ia, que des aca
la ibieza de es a ley, que esul a según él insu icien e e incluso us an e. A a és de
acciones como és a, y de las desc i as en pá a os an e io es, sob e odo po pa e de
esos descendien es di ec os, queda bas an e cla o que ac ualmen e, en p incipio, se
busca más el es ablecimien o de la e dad y de la dignidad de las íc imas que el
cas igo de los esponsables, como un cie e o posible cie e del duelo po el amilia
mue o o desapa ecido. Mi a Núñez Díaz-Bala en un a ículo publicado en Vien o Su
(Diciemb e 2010, pp. 31-42) ambién iene palab as pa a es a ley, a i ma que es una
“ley de co o uelo”, y plan ea las siguien es cues iones: “¿Cómo es posible que no se
con emplase la ocasión pa a sup imi oda la pa a e nalia pseudoju ídica de los consejos
de gue a, aplicados a ci iles y mili a es leales? ¿Cómo no se ha a iculado una acción
plenamen e es a al en el esca e de los asesinados que yacen en cune as y a abales?”
Según Espinosa Maes e (2006) el g an e o de es e in en o de ecupe ación de la
memo ia his ó ica en España es á di igido a de ol e la dignidad indi idual y social a
los desapa ecidos en el e i o io español a manos de los golpis as a lo la go de odo el
p oceso de ep esión. Pa a ello, como ya mencioné an e io men e, se c ea un Real
Dec e o la Comisión In e minis e ial pa a el Es udio de la Si uación de las Víc imas de
la Gue a Ci il a inales del año 2004, que iene como obje i o es udia la si uación de
las íc imas de la Gue a Ci il y el anquismo, buscando su ehabili ación mo al y
ju ídica. A i ma es e au o que una de las unciones p imo diales -pa a la ecupe ación
de la memo ia- de es a Comisión, y que no lle ó a cabo, e a acla a oda es a si uación y
p omo e que odo el pa imonio documen al quedase al se icio de oda la población
in e esada en consul a lo.
La llegada de la democ acia p opició una ee aluación a día de odo lo sucedido
en la época de la gue a ci il y de la ep esión y pos e io dic adu a, lo cual ha hecho
que el duelo inconcluso se haya pos e gado has a la ac ualidad. Ignacio Fe nández de
Ma a, an opólogo y di ec o del g upo de in es igación “Violencia, con lic os ci iles y
gue a: cons ucción, ep esen ación y e ec os” de la Uni e sidad de Bu gos, ha esc i o
di e sos documen os sob e el duelo inconcluso de los ep esaliados po el anquismo, y
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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a i ma que: “ i os y mue os con igu amos el espacio socio-simbólico de odo g upo
cul u al” (2009: 93), de ahí la impo ancia de los p ocesos de R.M.H., y de la p esencia
de los duelos no culminados en el imagina io colec i o de pa e de la sociedad española
ac ual. Sigue diciendo es e au o :
“(…), la inconclusión i ual, nacida de la imposición y el uso de la ue za
en la mayo ía de los casos, de iene en p o undo con lic o pa a los deudos. Las
exigencias cul u ales en las que han nacido, in eg adas como eque imien os
mo ales que ope an al in e io de sus conciencias, se ans o man en pe manen e
desazón sob e la mala mue e del pa ien e, con e ec os pa a odo el g upo amilia ,
pues o que el es ado de los mue os es esponsabilidad de los i os.
(…) la esquela ep esen a la culminación de la iden idad social del suje o,
su úl ima apa ición en los espacios sociales an es de emp ende su ans o mación y
eubicación de ini i a como di un o, en el cemen e io” (Ibídem: 95-101).
En de ini i a, un duelo inconcluso impedi ía la pa ida del di un o, ya que los
mue os ienen cul u almen e de inidos los luga es de su ubicación, y los espacios en los
que los i os se elacionan con ellos. Esos espacios son los que se conside an p opios
de su ecue do, su memo ia, su hon a y a ención con o me a los i os, o aciones y/u
homenajes (como puede se una esquela en un pe iódico, la umba y la lápida en el
cemen e io, e c.) que se conside en opo unos en unción del con ex o cul u al del que
se a e (Fe nández de Ma a, 2006).
Es p ecisamen e pa a el cie e de ese duelo pos e gado pa a lo que, en cie o
modo se plan ea la R.M.H., lo cual cons i uye uno de los pun os de mi a undamen ales
desde el que p e endo ace ca me a es e enómeno social. El úl imo pá a o de la úl ima
ci a ex ual e ie e a cuando en el año 2006 se comienza una “gue a” de esquelas en dos
pe iódicos de i ada nacional como son El País y El Mundo donde se comienzan a
publica esquelas con mención a las pe sonas allecidas a causa de la gue a o de la
ep esión pos e io , en las que se nomb aban a miemb os an o de un bando como de
o o. José Mesa Mesa, psiquia a, ambién se ha p eocupado po el duelo in e umpido;
en 2005 pa icipó en las II Jo nadas Memo ia y Jus icia: la ep esión en Huel a y la
cuenca mine a con una cha la i ulada “El duelo in e umpido: el su imien o p esen e”,
donde expuso que el duelo in e umpido es un hecho que se si úa en lo más hondo del
se , y que po ese mismo mo i o no se ha in es igado de mane a po meno izada.
“La ce eza de una mue e ominosa, a escondidas, sin pode llo a a sus
mue os, conlle ó la apa ición de lo que se denomina Duelo Pa ológico o
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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In e umpido. El silencio impues o po la ep esión mili a , la imposibilidad de
busca los cadá e es, las ep esalias sociales, judiciales y económicas, no hicie on
sino ag a a es e paso undamen al en cada se humano: la necesidad del p oceso
del duelo. (…) Como esul ado, el indi iduo pe manece en un p o undo y dolo oso
duelo como es ilo de ida” (Mesa Mesa, 2005: 1-2).
Así es como es e au o de ine el p oceso del duelo in e umpido, y además
a i ma que es e hecho aumá ico que se pos e ga en el iempo es consecuencia, en e
o as causas, de la imposición de silencio an e aquella i encia aumá ica que quedó sin
se elabo ada, y po an o enc ip ada den o de las pe sonas que lo padecie on.
O os au o es como José Guille mo Fouce Fe nández11 a i ma igualmen e desde
su posición como psicólogo que no se les pe mi ía a es as pe sonas elabo a su duelo
como o a o ma más de cas igo di igido no sólo hacia la p opia íc ima mo al
(buscando su ex e minación an o del mundo de los i os como del de los mue os) sino
ambién hacia sus amilia es y allegados que seguían i os (des ozándolos psicológica
y socialmen e).
“Se a a de iola la más mínima dignidad y espe o a las íc imas y sus
amilia es, de elimina su iden idad social, imposibili a el descanso e e no, (…), se
a a de ompe el ínculo con el allecido impidiendo que se le pueda isi a o
eco da al es a ilocalizable, es la aniquilación de la iden idad indi idual y social”
(Fouce Fe nández, 2010: 5).
Conside o que es de i al impo ancia inclui en es e pun o del ma co eó ico
es a in o mación ela i a al duelo inconcluso po que es uno de los a gumen os de mayo
peso den o de los discu sos que han es ablecido las inicia i as en a as de la R.M.H.
La mue e cons i uye un hecho social, es deci , su signi icado se de ine
socialmen e. Son los i uales une a ios, la o ma del duelo y el lu o los que ma can la
di e sidad cul u al exis en e con espec o a la misma, de o ma que “di e en es cul u as
manejan el p oblema de dis in a mane a” (Caycedo, M., 2007: 332). Acep ando es o,
en iendo que el ipo de mue e se co esponde con di e sos es ilos une a ios. En
unción al a amien o de la mue e, Caycedo (2007: 333) plan ea una di e encia que
puede esul a in e esan e pa a el análisis que p e endo ealiza con es e abajo, y es la
siguien e:
11 José Guille mo Fouce Fe nández es Doc o en Psicología po la Uni e sidad Complu ense de
Mad id, es p o eso asociado de la uni e sidad Ca los III de Mad id y p o eso de la Uni e sidad
Camilo José Cela. También es coo dinado de la ONGD Psicología Sin F on e as Mad id.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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“El lu o es la exp esión más o menos o malizada de esponde a la mue e,
es deci , la mues a ex e na de los sen imien os de pena y duelo an e el
allecimien o de un se que ido. Rep esen a los ac os cul u almen e de inidos
ealizados después de la mue e; incluye i uales y compo amien os especí icos a
cada cul u a y eligión.
(…), el duelo es el sen imien o subje i o p o ocado po la pé dida,
gene almen e asociado con la mue e de un se que ido”.
Es ese sen imien o subje i o p o ocado po la pé dida el que no se ha podido
ges iona po pa e de las pe sonas que pe die on a sus se es que idos du an e la Gue a
Ci il y la ep esión anquis a, ya que desde el p ime momen o les ue negada la
posibilidad de exp esa su espues a po dicha mue e, es deci lle a su lu o. Es
p ecisamen e en es a ci a ex ual donde la au o a pone de elie e la impo ancia de los
i uales con espec o a la ges ión de es e duelo, ya que son ac os cul u ales en espues a
a la mue e. Son esos i uales de despedida de los se es que idos los que de algún modo
es án pe mi iendo ges iona el duelo pos e gado en el iempo, y los que en nume osas
ocasiones dan o ma a los p ocesos de R.M.H., ya que cons i uyen pun o de encuen o
de los implicados en es e mo imien o sean o no amilia es di ec os de los
desapa ecidos.
Po o a pa e, y aden ándome aho a en o o de los ec o es de base pa a es e
ma co eó ico, una de las apo aciones más in e esan es de Fe nández de Ma a es la
e e ida a la inculación en e la pues a en ma cha de los p ocesos de R.M.H. con
espec o a las luchas po los De echos Humanos. Él lo expone de la siguien e mane a:
“La “Memo ia his ó ica”, al y como es concebida po aquellos que
inicia on el mo imien o pa a su ecupe ación en España, cons i uye hoy algo
ce cano a una cons ucción hegemónica en lo cul u al y lo polí ico, que con igu a
las memo ias aumá icas de aquellos que pe die on a sus amilia es en la ep esión
anquis a. Los p opulso es de la exp esión ecupe ación de la memo ia his ó ica
a a on de u iliza pa a España la ca ga simbólica que es a exp esión había
ob enido en Amé ica La ina en su lucha po los de echos humanos du an e las
ominosas dic adu as mili a es de la Gue a F ía. En Chile, A gen ina, U uguay y
B asil especialmen e, “memo ia his ó ica” con igu ó una ca ego ía que p i ilegiaba
el uso de los es imonios de las íc imas de iolaciones de los de echos humanos
an e la b u alidad eje cida desde los apa a os del Es ado. Con ello a a on de
o o ga alo y agencia –agency- a la pa e ine me de la ecuación, es o es, buscando
el empode amien o del desposeído de dignidad y alo , de la íc ima” (Fe nández
de Ma a, 2009: 124).
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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3.2. Religión, memo ias y mue e. Ap oximaciones a la Tesis de la
Secula ización.
“El es udio an opológico de la eligión es á a a esando po
las di icul ades inhe en es a la de inición de un campo de
con o nos imp ecisos y po los desa íos de ca ác e
epis emológico implicados en el p oceso de cons i ución de
ese campo” (Can ón Delgado, 2001: 9).
La An opología iene como a ma undamen al la e nog a ía, la cual con o ma
un modo de p oduci in o mación en el campo. La e nog a ía no es el mé odo, sino un
p oceso me odológico complejo que pa e de una epis emología compues a po
elemen os undamen ales, como puede se la capacidad de ex añamien o, la cual nos
pe mi e ompe nues as expec a i as y lo que econocemos como el sen ido común. Se
capaces de ex aña nos, como ya e e í an e io men e, es especialmen e impo an e en el
es udio de los enómenos eligiosos; e igualmen e p imo dial es hui de las cómodas
elaciones causa-e ec o, es deci , de los diagnós icos ápidos que e minan apelando a
una cie a acionalidad uni e sal, po lo que es necesa io pa i de la mul icausalidad de
los enómenos sociales. En elación a ello, “el uso ap opiado de las écnicas de
in es igación e nog á ica implica ela i iza siemp e sus esul ados en elación a las
hipó esis y p esupues os eó icos” (Can ón Delgado, 2004: 287), es deci , el quehace
e nog á ico ha de es a en conco dancia con la elabo ación eó ica que nos ha lle ado a
plani ica las écnicas empleadas pa a la p oducción de conocimien o en el campo.
En unción de la e isión bibliog á ica que he ealizado pa a la cons ucción de
es e documen o, pod ía a i ma que el e eno de la eligión es á “minado”, lo cual nos
obliga a se ex emadamen e cau elosos de nue o a la ho a de p oduci conocimien o en
y sob e el mismo. Y es o es así po que muchos de los p o esionales que se han dedicado
el es udio de es e campo13 de conocimien o han sido pe suadidos po la in uición de que
el enómeno eligioso es algo que sólo a ec a a los “o os”, y al que po supues o hab ía
que busca le su azón de se ue a de la p opia eligión. El análisis an opológico de los
dis in os sis emas eligiosos ha de en en a se a di e sas ad e sidades, como son “la
13 En es e abajo he op ado po u iliza el concep o de campo eligioso, en los é minos en los que
Bou dieu lo de ine, po se la e minología más adecuada pa a e e i me a es e ámbi o de es udio.
Así pues, según la de inición de Pie e Bou dieu, el campo eligioso cons i uye un espacio donde
di e sos agen es compi en pa a impone y legi ima su e sión de lo eligioso como una o ma de
aumen a de su capi al den o de es e juego de pode es (Bou dieu, 1993).
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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igilancia epis emológica sob e los c i e ios de acionalidad que si en a la ciencia y de
los cuales ella misma es p oduc o”, y po o o a “los p ejuicios ideológicos que emi en
las eligiones a un ho izon e de i acionalidad y con ie e –en consecuencia- a sus
p o agonis as en se es manipulados y ciegos” (Can ón Delgado, 2004: 101).
P incipalmen e exis en dos modos de en oca la eligión: el uncionalis a, desde donde
se p e ende conoce lo que la eligión hace, qué unción social cumple, y el
enomenológico, desde donde se in en a a e igua lo que la eligión es en sí misma.
Pe o la eligión no cons i uye “una ealidad p e-dada, sino que esul a de las di e sas
cons ucciones cien í icas que han guiado su es udio a lo la go de la his o ia de la
An opología” (Can ón Delgado, 2001: 10).
“El abajo an opológico con las eligiones se ha mo ido del hecho social
desac alizado a la pu a expe iencia en sen ido enomenológico, pasando po los
en oques que han disuel o lo eligioso has a su i ual in isibilidad en los sis emas
de símbolos” (Ibídem: 13).
Po o a pa e, plan ea se una cues ión como la siguien e: ¿qué es eligión?, ha
dado luga a lo que se conoce como “p oblema de inicional”, p ecisamen e po que los
p oblemas de in es igación con espec o a la eligión han dependido de cuales han sido
las co ien es eó icas hegemónicas en cada época his ó ica.
Exis e una elación muy p oblemá ica en e los an opólogos de la eligión y su
obje o de es udio. Relación en la que iene una g an impo ancia el concep o de
e lexi idad. És a debe ía se pues a en p ác ica po oda la comunidad cien í ica pa a
pode llega a se conscien es de odos los condicionan es que lle an a cons ui un
obje o de es udio de e minado de una o ma conc e a y no de o a.
Cuando hago e e encia al concep o de e lexi idad, lo hago de nue o en los
é minos en los que la p opone Pie e Bou dieu, uno de los sociólogos po an onomasia
del siglo XX. És e a i ma que la e lexi idad consis e en oma como obje o de
in es igación al p opio p oceso de cons ucción del obje o de in es igación, negando
po an o la sepa ación en e suje o y obje o de conocimien o.
Así pues, conside o que es sumamen e impo an e pa a ealiza un buen abajo
an opológico ene en cuen a es e concep o, y abaja po an o desde una pe spec i a y
a a és de una ac i ud e lexi a, de cons an e igilancia sob e el p opio suje o de
conocimien o ya que és e ambién in luye y condiciona al obje o de es udio, y po an o
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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ambién ha de o ma pa e del p oceso de conocimien o ace ca de la ealidad. La
e lexi idad nos p opo ciona un mayo ni el de dominio sob e lo que hacemos a a és
del con ol que noso os mismos, como cien í icos sociales, podemos eje ce sob e las
p esiones al se conscien es de su exis encia e in luencia. Cie amen e, es as p esiones
pesan sob e odos noso os, en an o que se es humanos socializados en con ex os
conc e os; an e ello podemos ac ua de dos o mas: igno a las o conoce las y
con ola las (Bou dieu, 2003). En la misma línea a gumen al se encuen an las
siguien es palab as de Manuela Can ón (2001: 238):
“La denuncia es una ac i ud a p io i, y no siemp e exp esa, en nume osas
in es igaciones que abo dan las o mas mode nas de eligión. En pocos campos
ienen los p ejuicios del in es igado an as opo unidades de gobe na el análisis.
(…) Las p econcepciones hos iles desde las que la eligión es is a como alienan e
o manipulado a sin más cons i uyen, de hecho, la an í esis de la ac i ud
an opológica y des anecen la posibilidad de comp ende o os uni e sos de
sen ido, de a anza más allá del ho izon e ideológico del an opólogo14”.
Siguiendo con es a e lexión ace ca de la elación en e el cien í ico social y es e
campo de p oducción cien í ica como lo es el de la c eencia eligiosa, me gus a ía hace
e e encia a o a de las apo aciones de Bou dieu15. És e a i ma que la sociología de la
eligión di ícilmen e puede se una au én ica sociología cien í ica a no se que aquella
es é acompañada en su p oceso de p oducción de in o mación po una sociología
cien í ica del campo eligioso (Bou dieu, 1988). Y es o es así po que esos p oduc o es
de in o mación o man pa e y pa icipan de di e sas mane as den o de dicho campo de
p oducción cien í ica. No obs an e, de acue do con es e sociólogo, no conside o que el
campo eligioso sea más di ícil que analiza que cualquie o o como he podido ap ecia
a lo la go de es os úl imos años de o mación en An opología; la di icul ad es á en la
incapacidad de con ola aquellas a iables sociales que nos in luyen di ec amen e
cuando pensamos sob e la ealidad, es deci , de no lle a a cabo un e dade o eje cicio
de e lexi idad cuando cons uimos, como cien í icos sociales, un campo de
14 Conside o necesa io sub aya es as palab as po que en iendo que son un ejemplo cla o y conciso
de cómo ha de se la ac i ud del an opólogo al elaciona se con su obje o de es udio, y un ejemplo
po an o de eje cicio de e lexi idad p ác ica según es de inida po Bou dieu.
15 Pie e Bou dieu no plan ea que haya di e encias epis emológicas en e la Sociología y la
An opología, po ello hace e e encia a una u o a indis in amen e. Conside o que es impo an e es a
acla ación con el in de que si u ilizo uno u o o é mino e i iéndome a los plan eamien os de es e
au o no haya con usiones en el lec o .
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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conocimien o, y p oducimos in o mación den o del mismo. En palab as del p opio
Bou dieu:
“Si el p oblema se plan ea con una agudeza pa icula en el caso de la
eligión, es po que el campo eligioso es, como odos los campos, un uni e so de
c eencia, pe o en el cual es cues ión de c eencia. La c eencia que la ins i ución
o ganiza (c eencia en Dios, en el dogma, e c.) iende a enmasca a la c eencia en la
ins i ución, el obsequium, y odos los in e eses ligados a la ep oducción de la
ins i ución. Tan o más cuan o que la on e a del campo eligioso se ha uel o
imp ecisa (hay obispos sociólogos) y que se puede habe salido del campo sin habe
salido ealmen e. Las in e siones en el campo eligioso pueden sob e i i a la
pé dida de la e y aun a la up u a, más o menos decla ada, con la Iglesia”
(Bou dieu, 1988: 94).
Asumiendo odo es o como p emisas básicas pa a la cons ucción de un
p oblema de in es igación an opológico, en iendo que el obje i o úl imo de la
ac i idad an opológica no se ía pe sé el alcance de la obje i idad cien í ica, sino
en ende qué papel juegan cie as p ác icas sociales en la con o mación de la ida
social, económica y polí ica de las di e sas sociedades. Y pa a ello, es pa a lo que es
absolu amen e necesa ia la p ác ica de la e lexi idad como una búsqueda de las
condiciones sociales de p oducción de conocimien o, que sólo pod ía eje ce se
plenamen e si a ec a a odo el conjun o que compone a la comunidad cien í ica
p eocupada po es e campo de conocimien o (Can ón Delgado: 2008). Manuela Can ón,
an opóloga que se ha p eocupado po analiza y conoce es e campo de conocimien o,
a i ma lo siguien e:
“Hace mucho que hemos dejado a ás la ilusión de se me os obse ado es
ex e nos, pasando a conside a nos in oluc ados en una elación compleja con
nues os obje os-suje os de es udio: una elación media izada pe sonal, eó ica,
his ó ica y socialmen e. Sabemos que odo ello condiciona decisi amen e nues a
ac i idad cognosci i a, el p oduc o de és a y las o mas en que es e p oduc o es
luego ecibido, leído” (Can ón Delgado, 2008: 154).
Teniendo odo es o muy en cuen a, y haciendo ya e e encia di ec a al p oceso
de cons ucción de la eligión como campo de p oducción de conocimien o cien í ico
ambién he de econoce , en la misma línea en la que lo hace la an opóloga a la que he
hecho e e encia en el pá a o an e io , que dicho p oceso ha es ado condicionado
especialmen e po p ejuicios y p enociones de ca ác e bidi eccional, es deci an o po
pa e de los cien í icos sociales hacia los p o agonis as de las p ác icas eligiosas como
al con a io. Es o ha lle ado en nume osas ocasiones a una se ie de ensiones den o de
Religión, Memo ias y Mue e.
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la An opología de la Religión que han sob edimensionado an o las con adicciones
in e nas del p opio in es igado , como las del campo eligioso; y, po o a pa e quizás
ambién han p oblema izado en exceso, la elación en e suje o y suje o-obje o de
conocimien o.
La An opología de la Religión es un campo de es udio e dade amen e
complejo, ya que nos encon amos some idos cons an emen e a un cues ionamien o
é ico sob e nues a posición en dicho campo, y no sólo sob e nues a posición é ica, sino
ambién sob e el mé odo, el es ilo y la p oducción de conocimien o que se lle a a cabo.
¿Po qué sucede es o? Po que somos se es sociales, inme sos en un p oceso de
socialización conc e o, po lo que es amos condicionados po de e minados en amados
de signi icación, y po noso os mismos. En endiendo es o, Velasco y Díaz de Rada
(2009) a i man que no podemos obse a desde una neu alidad cogni i a absolu a, po
lo que hemos de se conscien es de que enemos que ex ema la cau ela du an e el
p oceso de conocimien o, y aumen a la p ecisión en nues o quehace cien í ico. Pa a
ello p oponen la noción de ex añamien o, a la cual ya nos e e imos an e io men e, que
hace e e encia al hecho de que debemos hui de las con enciones cul u ales, del
sen ido común, lo cual es básico pa a el ipo de conocimien o que la disciplina
an opológica aspi a a p oduci .
Po o a pa e, as es e ímido ace camien o a la p oducción cien í ica en el
campo de la An opología de la Religión, que me ha pe mi ido delinea g osso modo la
si uación y las condiciones del abajo an opológico den o de es e campo conc e o de
es udio, conside o necesa io hace e e encia a la noción de secula ización. Sob e ella se
ha pensado y esc i o sob emane a desde hace ya mucho iempo. En p incipio, puedo
a i ma que es un concep o muy polisémico, sob e el que se han cons uido nume osas
eo ías pa a da le sen ido y explicación.
Si nos emon amos a au o es como Du kheim, Webe o Ma x, an di e en es en
el análisis sob e o os aspec os de la ealidad social, podemos e que coinciden en
hace equi alen es los concep os de sag ado y eligioso, y consiguien emen e, los de
p o ano, secula y laico. En endían que el p og eso de la azón, i emediablemen e
conlle a ía un p oceso de secula ización, que conclui ía en una sociedad laica, lib e de
eligiones y sac alidades. Sin emba go, si nos de enemos a obse a las sociedades
Religión, Memo ias y Mue e.
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ac uales, no nos encon amos p ecisamen e una sociedad secula izada. Más bien al
con a io, el ac o eligioso sigue es ando p esen e en las elaciones que dan o ma a la
ida social de las dis in as comunidades. Discu i é sob e ello apoyándome en los
plan eamien os de di e sos au o es a con inuación.
Pe o an es, me gus a ía hace especial alusión al hecho de que las eo ías de la
secula ización a las que acabo de e e i me p esen an en p incipio una p e ensión de
alidez uni e sal. Sin emba go, hemos de se conscien es de que la An opología o
Sociología de la Religión, en an o que discu so “cien í ico” sob e la ealidad social, se
cons uye como un enómeno inse o, y po qué no, ca ac e ís ico de la sociedad
occiden al. Po consiguien e, es un esquema de análisis que no iene po qué encaja , y
de hecho no lo hace, cuando lo u ilizamos pa a mi a o as sociedades. Es en ese
momen o donde es alla la complejidad social de la di e sidad cul u al que ca ac e iza a
la humanidad.
Siendo así, y eniendo ello como consecuencia el hecho de que se asocie es e
discu so de la secula ización a la ins i ución eligiosa po an onomasia de la cul u a
occiden al: la Iglesia, conside o pe inen e hace de nue o alusión a los plan eamien os
de Bou dieu, en an o que son los di igen es de es a ins i ución los que es án en ando en
el campo eligioso como in es igado es y p oduc o es de la in o mación. A i ma que se
es á p oduciendo una ede inición en los lími es del campo eligioso, que han sido
ans o mados, pasando hoy po g adaciones que an desde los clé igos has a los
médicos, sexólogos, abajado es sociales, e c. “Todos o man pa e de un nue o campo
de luchas po la manipulación simbólica de la conduc a de la ida p i ada y la
o ien ación de la isión del mundo, y odos ponen en p ác ica en su p ác ica
de iniciones i ales, an agónicas, de la salud, de la cu ación, del cuidado de los cue pos
y las almas. Los agen es que es án en compe encia en el campo de la manipulación
simbólica ienen en común eje ce una acción simbólica: son pe sonas que se es ue zan
po manipula las isiones del mundo (y po allí ans o ma las p ác icas) manipulando
la es uc u a de la pe cepción del mundo (na u al y social), manipulando las palab as y,
a a és de ellas, los p incipios de la cons ucción de la ealidad social” (Bou dieu,
1993: 103-104).
Po o a pa e, es e pensado ancés, en “Sociólogos de la c eencia y c eencia de
los sociólogos” cues iona lo siguien e:
Religión, Memo ias y Mue e.
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“¿En qué consis e es a c eencia que es á comp ome ida en la pe enencia al
campo eligioso? La cues ión no es sabe , como se inge a menudo c ee lo, si las
pe sonas que hacen sociología de la eligión ienen e o no, ni aún si pe enecen a la
Iglesia o no. Se a a de la c eencia ligada a la pe enencia al campo eligioso, lo
que llamo la illusio, in e sión en el juego, ligado a in e eses y en ajas especí icas,
ca ac e ís icas en es e campo y de los comp omisos pa icula es que p opone. La e
eligiosa en el sen ido o dina io no ienen anda que e con el in e és p opiamen e
eligiosos en el sen ido en que lo en iendo, (…) el in e és es, en sen ido e dade o,
lo que me impo a, lo que hace que haya pa a mí di e encias y di e encias p ác icas
(…); es un juicio di e encial que no es á o ien ado solamen e po ines de
conocimien o. El in e és p ác ico es un in e és po la exis encia o la no exis encia
del obje o (…): es un in e és po los obje os cuya exis encia y pe sis encia di igen
di ec a o indi ec amen e mi exis encia y mi pe sis encia social, mi iden idad y mi
posición sociales” (Bou dieu, 1988: 93 – 94).
Cie amen e la cues ión no es sabe cuál es la c eencia de cada cien í ico social.
La impo ancia es á en que la pe enencia o no al campo eligioso ambién sea some ida
a un p oceso de obje i ación en la misma medida en que lo es el obje o de
conocimien o, con el in de domina los e ec os de esa pe enencia o no a dicho campo.
Es o cob a mayo ele ancia cuando hablamos de que cada ez hay más cien í icos
sociales que p o ienen de los p opios campos de p oducción de in o mación (es deci ,
son sace do es los que son sociólogos de la eligión po ejemplo).
Vol iendo de nue o sob e las eo ías de la secula ización, Joan Es uch16 en “El
mi o de la secula ización” (1994), al y como indica es e í ulo de uno de los capí ulos
del lib o Fo mas mode nas de eligión edi ado po Ra ael Díaz-Salaza y Fe nando
Velasco, plan ea abie amen e que aquello que llamamos secula ización es de algún
modo una alacia. Y a i ma que es impo an e no ol ida que:
“el enómeno eligioso no se ci cunsc ibe exclusi amen e a la ins i ución
eclesiás ica. Lo cual implica, po consiguien e, que el hecho de e e i se al p oceso
de secula ización no equi ale, sin más, a a a de la secula ización del c is ianismo
o de la Iglesia. Si la secula ización a ec a a an sólo al c is ianismo, ello signi ica ía
que no necesa iamen e iene po qué a a se de un enómeno gene al, aplicable a
odo el ámbi o de lo eligioso” (Es uch, 1994: 268).
16 En endiendo que es impo an e mos a al lec o la ayec o ia de los au o es a los que hago
e e encia, conside o impo an e ano a que Joan Es uch es Doc o en iloso ía y le as po la
Uni e sidad de Ba celona. Cu só es udios de posg ado en sociología en la Uni e sidad Ca ólica de
Lo aina. Es ca ed á ico de Sociología y di ec o del Cen o de In es igaciones en Sociología de la
Religión en la Uni e sidad Au ónoma de Ba celona, donde ha sido ambién di ec o del
Depa amen o de Sociología. In o mación ex aída de la siguien e di ección Web:
h p://www.jo dipujol.ca /es/pe sones/391 (12/05/2012).
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Así pues, aunque pueda e e i me exclusi amen e al mundo occiden al, no es
posible a i ma que el c is ianismo sea la única mani es ación eligiosa. Es más, debo
habla del plu alismo eligioso exis en e en la ac ualidad, al y como he podido e a
a és de los con enidos exis en es en la bibliog a ía consul ada. Ejemplo de ello son los
abajos de Can ón Delgado como “Gi anos pen ecos ales. Una mi ada an opológica a
la Iglesia Filadel ia en Andalucía” o “Bau izados en uego. P o es an es, discu sos de
con e sión y polí ica en Gua emala (1989 - 1993)”, o “El es igma del ex año” de Joan
P a , donde pone de mani ies o la di e sidad eligiosa exis en e en las sociedades
con empo áneas, y da cuen a de cómo su gen nue os mo imien os eligiosos que se
adap an y eadap an a los con ex os socioeconómicos y polí icos ac uales.
Una de las cues iones undamen ales que en iendo que debe se plan eada aquí
según odo el con enido que p ecede has a el momen o, es que exis e una o al con usión
en e la ins i ución eligiosa (la Iglesia den o de la adición judeoc is iana) y la
eligión, de mane a que la c isis de la ins i ución se conside a que ha de se equi alen e
a la c isis de la eligión. Quizás es a con usión es la que lle e a a i ma a de e minados
sec o es que decididamen e las sociedades con empo áneas se pueden ca ac e iza como
secula izadas. Pe o hemos de se conscien es de que eligión e ins i ución eclesiás ica
no son la misma cosa, po que la Iglesia no es más que una de las mani es aciones
his ó icas e ins i ucionales del enómeno eligioso. Es imp escindible ene es o en
cuen a en el análisis de es e ámbi o de la ealidad social. Tan o, que si ob iamos es a
dis inción, ampoco pod emos da cabida a la siguien e apo ación de Es uch (1994:
275), la cual en iendo que es p o undamen e impo an e pa a pode da cuen a de la
ealidad de las sociedades con empo áneas en cuan o al campo eligioso se e ie e:
“[ e i iéndose a las eo ías de la secula ización]17 se a a de una icción, po
cuan o es a sociedad supues amen e adul a es una sociedad an undada en la c eencia
como cualquie o a: en es e caso, la c eencia en el p og eso, la c eencia en la azón,
la c eencia en la ciencia.
Dicho de o o modo, las eo ías de la secula ización son una ideología
engend a a desde el mundo de la ciencia y de la écnica con el in de pe mi i su
p opio ul e io desa ollo. (…) la a i mación ajan e de la secula ización si e de
co ina de humo pa a igno a la eme gencia de nue as mani es aciones de lo
17 Lo que es á en e co che e es una acla ación p opia pa a especi ica a qué e ie e el au o con sus
a i maciones.
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eligioso, que pasa án au omá icamen e a se e ique adas de enómenos esiduales y
e íme os, o bien de enómenos no au én icamen e eligioso”.
Así pues, según es e au o , las eo ías de la secula ización cons i uyen, ni más ni
menos que, una o ma de legi imación del uncionamien o y de los p esupues os en los
que se basa lo que conocemos como sociedad indus ial mode na.
Puedo a i ma en onces que ac ualmen e es amos asis iendo a una
ans o mación o me amo osis de la eligión, y no necesa iamen e a su desapa ición.
O a cosa es la posibilidad de que la ins i ución eclesiás ica es é ocupando, cada ez
más, una posición esidual en nues as sociedades. Me amo osis a la que ambién hace
e e encia Pie e Bou dieu cuando a i ma que los lími es del campo eligioso se es án
ans o mando, de mane a que incluso i ula la Comunicación que p esen ó en
Es asbu go en el año 1982 de la siguien e mane a: “La disolución de lo eligioso”,
incluida en el pos e io lib o “Cosas Dichas”. Pe o la ans o mación de la eligión y la
c isis de la ins i ución eclesiás ica son dos p oblemas dis in os que, si son mezclados sin
ningún ipo de igo analí ico, conlle a i emediablemen e a a i maciones e óneas
sob e la ealidad social ac ual. En é minos de Can ón Delgado (2001: 9):
“Hoy en día cues a pensa que la secula ización sea algo más que una
eo denación de iejos elemen os. Ni más o menos encan amien o, ni más o menos
azón. Tal ez una mayo agmen ación, una mul iplicación y, sob e odo una
igu osa pues a al día de las di inidades que bullen en la olla, de los demonios y de
los luná icos. Hace cien años las eligiones se diagnos ica on como en anco
decli e y se espe aba su ex inción na u al, pe o si mi amos a nues o al ededo
emos que, cie amen e, no es es e el caso”.
Cie amen e no es el caso, y eso es p ecisamen e lo que p e endo mos a con
es e abajo, donde quie o pone de mani ies o un ejemplo más de que el enómeno
eligioso, e incluso la Iglesia Ca ólica (C is iana), sigue o mando pa e y es uc u ando
las elaciones de la ida dia ia de las pe sonas en la misma medida que lo hacen o os
ámbi os o es e as como son la polí ica, la economía, la amilia, el géne o, la
o ganización social, e c.
En iendo necesa io apo a unas pinceladas sob e la si uación de la eligión y la
Iglesia Ca ólica en España du an e el pe iodo his ó ico al que se e ie e es e abajo al
igual que he incluido un apa ado especí ico de con ex o his ó ico exponiendo cual e a
la coyun u a socioeconómica y polí ica i ida po la sociedad española en aquel
Religión, Memo ias y Mue e.
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momen o. Así pues, la ansición polí ica española no consis ió sólo en el ánsi o de un
égimen au o i a io a uno democ á ico, sino que hay que suma le la a ea de u di un
es ado ac u ado po una gue a ci il que supuso el de ocamien o de un égimen
democ á ico e implan ación de uno au o i a io. Es e p ocede his ó ico ha es ado
condicionando las decisiones que se han enido omando no sólo po pa e de los
polí icos esponsables de la T ansición, sino po la sociedad española en su conjun o.
Enma cada en oda es a coyun u a his ó ica, según José An onio Sou o Paz (2005: 1):
“la eligión había i ido dos escena ios polí icos cla amen e dis in os. Una
si uación de c isis, como consecuencia de la polí ica epublicana, que desembocó en
lo que se denominó “la cues ión eligiosa”18. Y o a si uación cla amen e di e sa,
con e ida en sopo e del nue o égimen au o i a io, ecupe ando la Iglesia Ca ólica
los p i ilegios adicionales y asumiendo el Es ado la ieja doc ina de la
con esionalidad ca ólica”.
Con la llegada de la II República, el hecho eligioso ue elegado al ámbi o
indi idual y de lo p i ado, y enma cado esencialmen e en el plano de la igualdad, ya
que si bien se pa e de una mani es ación ca ac e ís ica de los modelos neu ales como
es la sepa ación en e Iglesia y Es ado, el modelo se ue inclinando hacia posiciones
más belige an es con el hecho eligioso público en gene al, y con lo que signi icaba la
Iglesia Ca ólica en pa icula , sob e odo al e en el cul o y en sus mani es aciones
públicas un hecho incompa ible con la paz y la con i encia sociales, y po an o
con a io a los ines del Es ado (José Ma ía Con e as, 2011).
Du an e la e apa anquis a, el Es ado se de ine como con esional, es au ándose
los an iguos p i ilegios en ma e ia eligiosa y sellándose un nue o conco da o en 1953
donde se plasma ían los p incipios de las elaciones Iglesia – Es ado según la doc ina
de aquella. De hecho uno de los p incipios del Mo imien o Nacional ap obado en 1958
eza de la siguien e mane a:
“La Nación española conside a como imb e de hono el aca amien o a la
ley de Dios, según la doc ina de la San a Iglesia Ca ólica, Apos ólica y Romana,
única e dade a y e insepa able de la conciencia nacional que inspi a á la
legislación” (Sou o Paz, 2005: 7).
18 “La cues ión eligiosa su gió en la II República como consecuencia de algunas ac uaciones
p econs i ucionales del Gobie no p o isional, encaminadas a secula iza el Es ado. La eacción de la
je a quía eclesiás ica y de los polí icos y medios de comunicación a ines, c ea on un ambien e de
ensión y hos ilidad, que se io inc emen ada po la quema de iglesias y con en os po pa e de
sec o es popula es an icle icales” Sou o Paz (2005: 2).
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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es o po miedo a la ep esión en odo es e asun o de la memo ia his ó ica a a és de los
es imonios au obiog á icos que se ecojan.
Po úl imo, y no po ello menos impo an e, es más me a e e ía a deci que
cons i uye uno de los obje i os undamen ales que han de guia es e abajo el p oduci
conocimien o eó ico sob e qué ipo de discu sos se cons uyen en o no a lo que
algunos au o es han llamado cul u as de la memo ia, cómo se cons uyen y con qué in,
po pa e de la p opia disciplina an opológica, eniendo en cuen a que se a a de un
enómeno social ex emadamen e complejo. Con ello me e ie o a que cada uno, como
se es humanos que somos, podemos posiciona nos an e la ida de la mejo o ma que
conside emos posible, y de hecho lo hacemos. Sin emba go, como in es igado es
hemos de se conscien es de que posiciona nos de una u o a mane a es una opción
pe sonal, legí ima po su pues o como cualquie o a. Po an o, debemos igila
cons an emen e –no ob ia ni nega , ni ampoco juzga - esos condicionan es pe sonales
en a as de p oduci ese conocimien o cien í ico que ca ac e iza a la An opología Social
en an o que disciplina pe enecien e al campo de las ciencias sociales. Po ello, es oy de
acue do en lo que a i ma y ei indica la ensayis a y c í ica li e a ia y cul u al Bea iz
Sa lo20 (ci ada en Bae Mieses, 2010: 146), ella a i ma que en e a la hemo agia
es imonial y la in lación de ela os del ho o su ido po los in o man es en sus p opias
ca nes, ella ei indica el alo de la eo ía y de la e lexión.
20 Bea iz Sa lo, a gen ina, es p o eso a deLi e a u a A gen ina en la Facul ad de Filoso ía y Le as
de la Uni e sidad de Buenos Ai es. Dic ó cu sos en las uni e sidades de Columbia, Be keley,
Ma yland y Minneso a, ue ellow del Wilson Cen e en Washing on y "Simón Bolí a P o esso o
La in Ame ican S udies" en la Uni e sidad de Camb idge.
Ha abajado sob e li e a u a popula sen imen al, his o ia del pe iodismo y de los medios de
comunicación, cine y cul u a de masas en elación con la p oducción a ís ica, y el papel de los
in elec uales. Da os ex aídos de la Web: www.li e a u a.o g (01/05/11).
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Capí ulo 5. << Me odología >>.
De acue do con odo lo expues o an e io men e, es e encuad e me odológico
cob a una especial ele ancia, ya que jun o con el ma co eó ico a a se el que me
pe mi a p oduci los da os en el campo pa a pode da espues a al p oblema de
in es igación que aquí he p opues o.
Pe o an es de de alla el p oceso me odológico que p e endo segui , conside o de
suma impo ancia de ini desde qué plan eamien o eó ico de ino la me odología y odo
lo que és a implica con espec o al obje o de conocimien o y al p opio in es igado , ya
que ambos o mamos pa e del p oceso de in es igación en el que me encuen o inse a.
Velasco y Díaz de Rada en “La lógica de la in es igación e nog á ica. Un
es udio de abajo pa a e nóg a os de escuela” (2009, 17) apo an una de inición de
me odología omada de Pel o y Pel o (1978) que eza de la siguien e mane a:
“es la es uc u a de p ocedimien os y eglas ans o macionales po las que
el cien í ico ex ae in o mación y la mo iliza a dis in os ni eles de abs acción con
obje o de p oduci y o ganiza conocimien o acumulado”.
Es imposible i al campo en ausencia de eo ía, de mane a que es decisi amen e
impo an e conoce la in ención eó ica con la que noso os mismos nos ace camos y
p oducimos el campo. Toda nues a acción es á mediada eó icamen e. Cie amen e, no
abo damos la a ea de la e nog a ía en blanco, ya que “lle amos una idea del p oceso,
pe o es a idea debe pe mi i desplazamien os insospechados de nues a a ención y
p e e uel as a ás en el mé odo” (Velasco y Díaz de Rada, 2009: 93).
Acep ando es as p emisas, en iendo que pa a ace ca me a la ealidad social que
en es os momen os me ocupa conoce , es sumamen e impo an e y necesa io se
conscien e de que el obje o de conocimien o de la An opología del auma social o de
la mue e es p o undamen e complejo. P ecisamen e po la di icul ad que engend a
es udia dicha ealidad es imp escindible ene una ac i ud e lexi a en la p opia
cons ucción del p oceso de conocimien o, y oma dis ancia con el mismo pa a, en e
o as cosas, e i a oma pa e en el con lic o y des i ua dicha ealidad.
Así pues, den o del espacio eó ico podemos encon a el apa a o analí ico y el
apa a o de sen ido común, con espec o al cual hemos de es a en cons an e igilancia
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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e lexi a pa a se conscien es an o de su exis encia como de la in luencia que eje ce
sob e noso os mismos. Es o es á en di ec a conco dancia con lo que Bou dieu en iende
po e lexi idad c í ica:
“ abajo median e el cual la ciencia social, omándose a sí misma como
obje o, se si e de sus p opias a mas pa a en ende se y con ola se, es un medio
especialmen e e icaz de e o za las posibilidades de accede a la e dad
e o zando las censu as mu uas y o eciendo los p incipios de una c í ica écnica,
que pe mi e con ola con mayo e ec i idad los ac o es adecuados pa a acili a la
in es igación. No se a a de pe segui una nue a o ma de sabe absolu o, sino de
eje ce una o ma especí ica de igilancia epis emológica (…)”. (2003, 154-155).
De mane a que enemos que ene en cuen a que siemp e que p oducimos el
campo es amos mediados eó icamen e, y no sólo po aspec os eó icos o
epis emológicos sino ambién po las condiciones sociales que odean el p oceso de
conocimien o (Bou dieu, 2003). Las eo ías son undamen almen e p oposiciones o
enunciados gene alizado es que pos ulan una in e elación explica i a en e enómenos
empí icos. Sin emba go, se han señalado en nume osas ocasiones la “debilidad” de
dichas gene alizaciones eó icas en an opología po azones como la u gencia
e nog á ica, p io izando así el abajo de campo sob e la o mulación eó ica.
Es a in ención eó ica ambién es á inculada a las écnicas, que no son un
me o ece a io sino que, según Velasco y Díaz de Rada (2009) son “ eo ías en ac o”, es
deci , dependen de un código epis emológico o de un ma co de in ención eó ica, lo cual
signi ica que lo que di e encia al abajo de campo an opológico es el ipo de
conocimien o que aspi a a p oduci . En la medida en que como in es igado es
desconocemos es o, pe demos con ol sob e lo que es amos haciendo. Ga cía Mi anda,
an opólogo y p o eso in es igado del Depa amen o de Ciencias Sociales de la
Uni e sidad de Quin ana Roo (UQROO), a i ma que el abajo de campo ha de es a
plani icado y diseñado, no es un “ac o a en u e o”, sino que:
“(…) inicia con la búsqueda y la de e minación de un ema de
in es igación, del luga , del econocimien o del á ea, de la selección y del manejo
de cie as écnicas de in es igación; además de la elabo ación de un p oyec o que
guíe no sólo el abajo de campo, sino el p oceso de oda la in es igación.
Asimismo, equie e de un ni el de o mación eó ica y me odológica; de una
in o mación mínima del luga donde se ealiza á, (…). Po úl imo, se equie e de
una o mación eó ica y me odológica que pe mi a c ea las es a egias pa a la
inculación y la in e elación con la comunidad” (2006: 62).
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El abajo de campo en An opología ue in oducido po Haddon p e iamen e
al abajo ealizado po Malinowski, que ue econocido po Adams Kupe como el
p ime g an eó ico de la p ác ica den o de la disciplina an opológica. Quien dio más
ca ego ía al abajo de campo ue Ri e s, que p opuso un mé odo consis en e en la
es ancia de un in es igado , que iene que es a solo, que ha de ocupa se de odos los
campos e nog á icos de in e és de la cul u a in es igada, y que ha de i i un año, sino
más, den o de una comunidad pequeña; aunque ealmen e él nunca lle ó a cabo es e
mé odo p opues o.
Malinowski sí lo hizo. Lo que me in e esa esal a de odo es o es en lo que
es e au o puso mayo én asis: en la soledad como una ac i ud, lo cual no signi ica que
necesa iamen e haya que i empí icamen e solo, sino en en en a se al ex añamien o en
ac i ud de soledad. Pod ía es a inculada es a cues ión a lo que Velasco y Díaz de Rada
denominan como “ex añamien o”, que “consis e en so p ende se e in e esa se po
cómo los o os in e p e an o ealizan su mundo sociocul u al” (2009: 216). Así pues,
iene mucho que e con p oduci dis ancia con espec o a lo que amos a obse a . El
p oceso de ex añamien o lle a ía el dis anciamien o espec o a lo p opio, pa a e
como cons uimos o cómo es lo que nos pa ece con encional y po an o na u al.
Así pues, es el ex añamien o el que ambién nos acili a con o ma aquella
ac i ud de soledad de la que hablaba Malinowski, y que conside o de suma impo ancia
en un p oyec o de in es igación como es e, que a a ene luga den o del sis ema
sociocul u al ac ual en el que me encuen o inse a y donde oy a es a en con ac o con
in o man es que además de ello son ecinos, conocidos, pe sonas ce canas que solici an
un p oceso de de olución donde puedan obse a los esul ados de su pa icipación en
el p oceso gene al de la in es igación. Po an o, la igilancia con espec o a mi apa a o
de sen ido común ha de se cons an e y con inua, acompañada po una ac i ud e lexi a
y c í ica con espec o a oda la cons ucción eó ica y me odológica, y a la p oducción
de esul ados y conclusiones inales. Es e plan eamien o se á uno de los ec o es que
guia án la acción me odológica de es a in es igación.
¿Qué es el abajo de campo? S ocking (1993: 43. Ci ado en Velasco y Díaz de
Rada, 2009) a i ma que el abajo de campo es la “expe iencia cons i u i a del cue po
p ima io de sus da os empí icos”. Tiene el obje i o de p oduci in o mación que
pos e io men e hab á que sin e iza . Lo esencial es imp egna se en y de la ealidad que
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p e endamos comp ende , y pa a ello se si e de écnicas que ienen como consecuencia
una can idad ingen e de in o mación que hab á de se ans o mada en da os y discu sos
in eligibles a a és de ins umen os na a i os como: la desc ipción, la aducción, la
explicación y la in e p e ación. No podemos en ende cada uno de ellos po sepa ado,
ya que es án pe manen emen e solapándose po que son p ocesos co-implicados. Po
oda la complejidad que enca na el abajo de campo, compa o con es os au o es que es
mucho más que una écnica o conjun o de és as: es una si uación me odológica, y un
p oceso en sí mismo en el cuál no odos los aspec os son con olados po el
in es igado . La e nog a ía, p oceso me odológico global, es la que engloba al abajo
de campo, que cons i uye una secuencia compleja de: a) acciones, que se ían el conjun o
de p ác icas que cons i uyen un p oceso e nog á ico: la lógica y la secuencia de dichas
p ác icas: en ada en el campo, au op esen ación, con e saciones con los in o man es,
e c.; b) obje os, de ini los obje os es sumamen e complicado, ya que la an opología es
una disciplina de aspi aciones holís icas y es á pe manen emen e deba iéndose pa a
aco a y de ini unidad de obse ación y unidad de análisis que sean manejables
e nog á icamen e po el an opólogo en el campo. Cualquie obje o de conocimien o
su e ans o maciones a lo la go del p oceso de conocimien o, po eso necesi a una
igilancia cons an e ( an o el obje o como el p oceso de conocimien o) que nos pe mi a
sabe en odo momen o cuales son los obje i os que que emos cumpli y qué que emos
hace . Y, c) ans o maciones, que son las écnicas que pe mi en hace in eligibles los
da os p oducidos en el campo, y que implican no sólo desc ipción, explicación,
aducción e in e p e ación, sino ambién la apo ación de da os es adís icos, ablas, e c.
Es en es e mundo de elaciones sociales complejas, en el que como
in es igado es nos emos in oluc ados, donde mayo ele ancia juega el concep o y la
ac i ud de ex añamien o, ya que és e se á el que nos pe mi a, a la ez que es amos
den o de la ealidad, oma una ac i ud pe spec i is a de la misma que nos ahuyen e de
nues as p opias con enciones sociales. Pe o, además de ins umen aliza nos a noso os
mismos, ambién ins umen alizamos las elaciones que es ablecemos con las pe sonas
es udiadas.
Malinowski (1975) a i maba que la ins umen alización de las elaciones
sociales que es ablece el in es igado en el campo no se alen de es a egias muy
dis in as de las que u ilizamos pa a la in e acción en la ida co idiana: se p e ende
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alcanza el appo 21 que pe mi e con e sa con los in o man es sin necesidad de se
is os como ex años/ex e nos. Todo es e p oceso de es ablecimien o de elaciones de
con ianza, es á encaminado a ins umen aliza dichas elaciones con ines eó icos de
in es igación.
Como in es igado es, debemos ene es o muy p esen e y no ol ida lo, ya que
puede p o oca sensaciones muy desag adables si conside amos que es amos
ins umen alizando elaciones de amis ad. Po eso, cob a especial ele ancia el p oceso
de esocialización que debe ía supone oda e nog a ía, la cual debe se un p oceso de
ida y uel a que debe es a p esidido po la p oducción de dis ancia con espec o a
aquello(s) con lo(s) que no hemos de sen i plena iden i icación. P oduci esa ac i ud de
soledad es un buen sín oma pa a el p opio p oceso de la in es igación. Malinowski
de endía que la soledad es una ac i ud que hemos de c ea y p oduci , lo cual no
signi ica que haya que es a solos ni lejos de nues o p opio con ex o sociocul u al.
Po o a pa e, habiendo dejado cla o en qué consis e el abajo de campo, he de
e e i me a con inuación a las écnicas que an a o ma pa e del p oceso me odológico
global del p esen e abajo. Pa a la aplicación de una écnica, hemos de se conscien es
de que odas y cada una de ellas dependen de un código epis emológico conc e o, que
según Velasco y Díaz de Rada (2009) es á undamen almen e compues o po es
concep os a los que ya he hecho e e encia: ex añamien o, in e subje i idad y
desc ipción densa. No me de end é en los dos p ime os po que ya han sido de inidos
de enidamen e en pá a os an e io es, pe o si en el e ce o, ya que cob a una especial
ele ancia en el análisis de las obse aciones p opues as.
El concep o de “desc ipción densa” ue acuñado po Cli o d Gee z en el año
1973 pa a e e i se a una desc ipción que es á guiada in e p e a i amen e. Gee z
en endía que exis en “desc ipciones lige as” como con apues as a las an e io es. Sin
emba go lo cie o es que no se p oducen desc ipciones que no es én acompañadas de
in e p e ación, ya que oda pe sona que desc ibe lo hace si uado en una posición
21 Es e concep o hace e e encia al es ablecimien o de una elación de con ianza en e suje o y obje o
de es udio, con el in de es ablece una elación empá ica en e ellos, y di e encia se el in es igado
del es o de o áneos que pueden ace ca se a la ealidad sociocul u al que el in es igado p e ende
es udia .
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conc e a de la ealidad social que media in e p e a i a y subje i amen e la
“desc ipción” que se puede hace de dicha ealidad.
Cie amen e, con espec o a las écnicas, he de a i ma que la obse ación
pa icipan e y la en e is a son las écnicas que cons i uyen el cue po p ima io de da os
empí icos de la e nog a ía, po ello son las dos écnicas elegidas pa a la p oducción y
ecogida de da os empí icos. Ambas es án incluidas en un juego in encional o
eó icamen e cons uido po el p opio in es igado . No obs an e, no se a a de e leja
es o sin más en el análisis, sino de se conscien es de ello en el momen o de pone las en
p ác ica con el in de pode con ola esos c i e ios que nos in luyen en nues a p opia
mi ada.
Con espec o a la obse ación, puedo deci que se ha enido sob e alo ando en
el eje cicio an opológico en a as de consegui el ideal obje i is a. Ga cía Ga cía (1997)
pone en cues ión la cen alidad de la obse ación en disciplinas como la an opológica,
y a i ma que lo que sabemos de la in o mación que ecopilamos p ocede más de lo que
nos cuen an que de lo que obse amos, con lo cual, lo que egis amos son “discu sos de
discu sos”, ya que lo que los in o man es nos cuen an, la mayo ía de las eces son cosas
que se las han con ado, o que lo ecue dan, e incluso lo que conside an que espe amos
escucha .
Son dos las obse aciones pa icipan es que me an a pe mi i ealiza pa e de
es e abajo de campo. Una u o luga el 16 de ab il de 2011 en la capi al onubense. Se
a aba de un ac o de “Homenaje en el 80 ani e sa io de la II República española y a
odas las íc imas de la ep esión anquis a de Huel a”, con ocado po el Fo o po la
Memo ia de Huel a, el Fo o Social de Val e de y la Coo dinado a de la Cuenca Mine a
pa a la memo ia his ó ica. Según, la publicidad que se dio al mismo consis ía en:
“Conmemo a el ani e sa io de la segunda República española, en memo ia de
an os homb es y muje es asesinados po de ende la libe ad, la jus icia y la
igualdad.
Ru a de la Memo ia, 16 de ab il de 2011:
11:00h. Homenaje en el cemen e io de Huel a en el monumen o que exis e en
la osa común donde yacen miles de epublicanos.
12:00h. Homenaje en el pa aje de El Conque o, luga donde en 1936 caye on
asesinados mul i ud de onubenses a manos de las ue zas golpis as”.
Religión, Memo ias y Mue e.
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An e un ipo de ac o como és e, sob e el que no conocía nada de p ime a mano,
plan eé que se a aba de una obse ación de ca ác e global o ambién conocida como
desc ip i a. Plani ica una obse ación de es e ipo consis e en obse a odo el
conjun o del ac o, in en ando delimi a sus pa es; consis i ía en cie o modo en una
obse ación asis emá ica bajo algún ipo de con ol, ya que nunca pod emos obse a lo
odo en an o en cuan o acep amos que nues a mi ada siemp e es selec i a pues o que
nos si uamos en la escena social desde un pun o de is a conc e o y que además es á
mediada eó icamen e. Po mucho que ca ezcamos de un esquema de obse ación,
hemos de se conscien es de los aspec os inconscien es que guían nues a mi ada,
e i ando así pe de el con ol sob e nues a p opia acción in es igado a.
Así pues, las cues iones sob e las que me plan ee ija mi a ención en la
obse ación de es e ac o son las siguien es: la ho a en la que comienza a llega la gen e
que acude al ac o, qué ipo de pe sonas (mayo es, jó enes, homb es, muje es, e c.), qué
ipo de a uendo lle an (si hay elemen os que los iden i iquen con el ac o o no como po
ejemplo bande as epublicanas, es imen as neg as en señal duelo, panca as, lo es,
e c.), si hay algún ipo de acompañamien o musical, si se lee discu so, quién lo esc ibe y
quién lo lee, en qué momen o, si se cumplen los ho a ios en el p ocede del homenaje, si
hay algún medio de comunicación du an e el ac o ( ele isión, adio, pe iodis as que
esc iban pa a pe iódicos, e c.), si a lo an algún ipo de ges os como llan os, g i os de
ei indicación, o en señal de duelo que con ie an el ac o en lo que F ancisco Fe ándiz
econoce como “luga es en los que a lo an las memo ias”. Además de ene en cuen a
es e ipo de cues iones que acabo de plan ea , ambién in en é man ene con e sación
con las pe sonas que allí se den ci a con el in de conoce an o a los o ganizado es del
mismo, en e o as cosas, pa a e si conside an es e ipo de homenajes como ac os de
ecupe ación de memo ia his ó ica; como a algunos de los asis en es pa a pode
empeza a conoce cuál es la mo i ación que les lle a a pa icipa en ac os de es as
ca ac e ís icas.
Es as cues iones que acabo de expone cons i uían sólo algunas di ec ices a
segui en el p oceso de la obse ación, aunque lo que p e endía e a hace una
obse ación global que me pe mi iese conoce el ac o desde una pe spec i a holís ica
con el in de in en a comp ende el juego in e subje i o y simbólico que allí u iese
luga . Pa a odo ello, con é con una cáma a o og á ica, una g abado a de oz y con un
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cuade no de campo, pa a pode u iliza cada uno de es os ins umen os en el momen o
en el que po la si uación lo conside ase con enien e.
El segundo e en o al que he asis ido, pa a el cual he seguido las mismas pau as
expues as en los pá a os an e io es, consis ió en un ac o de conmemo ación al que ui
in i ada po uno de los en e is ados en A oche. Se a aba de una misa o iciada po el
cu a del pueblo en memo ia de los usilados y/o ep esaliados du an e la Gue a Ci il y
la dic adu a anquis a, que se celeb ó a las a ue as del pueblo, donde había sido
ins alado un monumen o en la apia del an iguo cemen e io en el que nume osos ecinos
de A oche ue on asesinados du an e es a época. Es e luga se llama Pa que de la
Memo ia, y en él se puede encon a un mu o cen al donde hay dos ca ele as de
azulejos. En una de ellas es án enume ados odos los nomb es de las pe sonas que
mu ie on a causa del Golpe de Es ado del año 1936 y la pos e io ep esión, y en la o a
un poema esc i o po un a ocheno. La misa u o luga el día 1 de no iemb e de 2012 a
las cinco de la a de, coincidiendo con la celeb ación del Día de los Di un os.
Po o a pa e, ambién cuen o con la ealización de seis en e is as. Una de ellas
a un in o man e22 de A acena, es un homb e de unos 50 años ap oximadamen e que se
ha enca gado a ni el indi idual de p opone inicia i as de es udio pa a la ecupe ación
de la memo ia his ó ica en la zona de la Sie a de A acena y Picos de A oche. Es
pue icul o y di ec o de una de las gua de ías de es e municipio, miemb o de la
Asociación Li e a ia Hueb a a a és de la que o ganizan cu sos de li e a u a y poesía
di igidos a oda clase de público, y a a és de donde ges iona sus p opias
publicaciones. Fue él quien p omo ió la ins au ación de uno de los monumen os
conmemo a i os en el cemen e io de la localidad de A acena en el año 2010. Po odo
ello, conside o que es muy impo an e que su isión ace ca del enómeno social que
aquí me plan eo es udia enga un luga en es a in es igación.
22 A es e in o man e lo denomina é M. R. iniciales que se co esponden con las de su nomb e p opio.
Nomb a le así me pe mi i á da le una pe sonalidad y a la ez p ese a su iden idad pe sonal y los
da os que pone al se icio de la in es igación.
Religión, Memo ias y Mue e.
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Po o a pa e, el segundo in o man e23 es un homb e de unos 33 o 35 años
ap oximadamen e que pe enece al municipio de El Campillo, si uado en la zona de la
Cuenca Mine a. Él, jun o a o os jó enes de di e sos pueblos de la p o incia cons i uyó
a p incipios de la década de los 2000 el Fo o po la Memo ia de Huel a, que pe enece a
la Fede ación Es a al de Fo os po la Memo ia. C. F. se incula a es a ins i ución po que
pa e de su amilia o ma pa e del g upo de desapa ecidos a causa de la ep esión que
se eje ció sob e las pe sonas de la p o incia du an e los años de la Gue a Ci il y de la
posgue a. En é en con ac o con él a a és de in e esa me po la celeb ación del
“Homenaje en el 80 ani e sa io de la II República española y a odas las íc imas de la
ep esión anquis a de Huel a”, al que que ía acudi pa a ealiza la obse ación. T as
sabe odos es os da os sob e él, me esul ó p o undamen e in e esan e con a con un
in o man e de es e pe il, y con su es imonio ace ca de cómo i e él el p oceso de la
ecupe ación de la memo ia his ó ica desde su pun o de is a en la escena social que
p e endo conoce .
El e ce in o man e24 es un homb e mayo , de en e 80 y 85 años que p ocede
de La Dehesa, aldea pe enecien e al municipio de Minas de Rio in o. Es e homb e ha
abajado en la mina du an e oda su ida, y ue alcalde pedáneo de La Dehesa po
obligación, según él mismo a i ma, du an e a ios años de la dic adu a. Él a i ma se
comunis a, pe o no u o más emedio que o ma pa e de la alcaldía de su aldea pa a no
se señalado an e el égimen dic a o ial igen e en esos momen os en España. He
elegido hace una en e is a a una pe sona de es as ca ac e ís icas po que el es o de los
p opues os son pe sonas que han abajado sob e es e ema a í ulo pe sonal, pe o
ninguno, excep o él y M.C. han sido es igos di ec o de es os años.
La cua a pe sona25 a en e is a es un in es igado de A oche, que o ma pa e
de la Asociación Memo ia e His o ia de la Sie a, pe o que se lle a in e esando po
23 A es e in o man e lo denomina é C. F., iniciales que se co esponden con las de su nomb e p opio.
Al igual que al p ime in o man e, nomb a le así me pe mi i á da le una pe sonalidad conc e a y a la
ez p ese a su iden idad pe sonal y los da os que apo a a la in es igación.
24 A es e in o man e lo oy a e e encia con las siglas de su nomb e p opio F. S. con el mismo in
que pa a el es o de las pe sonas a las que he en e is ado.
25 Pa a e e i me en pos e io es apa ados a es e cua o in o man e lo oy a hace con las siglas A.
C., p ese ando así su iden idad pe sonal, pe o pe mi iendo que el lec o pueda iden i ica lo con
espec o al es o.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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a i ma que son expe os en an o que abajan di ec amen e con es e ema y lo conocen
de p ime a mano, no po que posean cualquie ce i icado académico que lo ac edi e
pa a habla de ello (lo cual ocu e en algunos casos, en o os no). En la medida en que
es o es así, mi in ención es pone en alo sus conocimien os y que se sin iesen
cómodos a lo la go de odas las en e is as con el in de c ea un ambien e comunica i o
en el que se encon asen a gus o y pudie an exp esa un discu so since o ace ca del
abajo que ellos mismos han enido ealizando a lo la go de es os úl imos años en la
zona de la Sie a de A acena y Picos de A oche. No obs an e, es necesa io econoce
que sus apo aciones a es e abajo es án a su ez condicionadas po mi p opia p esencia
en el p oceso de conocimien o, quizás sus espues as no hubiesen sido las mismas si la
en e is a hubiese sido lle ada a cabo po o a pe sona o en o o con ex o. Con es o me
e ie o a que la in o mación que ecopilamos gene almen e cons i uyen discu sos de
discu sos en an o que los in o man es nos cuen an cosas que en ocasiones se las han
con ado a ellos, o que lo ecue dan, o que piensan que es lo que que emos escucha , ya
que la en e is a es una si uación a i icial. No se a a de pone en duda el es imonio de
es as pe sonas, sino de se conscien es de que odas la si uaciones in e -comunica i as
es án some idas a de e minados condicionan es (en o no ísico y social, imagen que
ienen de ese en o no los in e locu o es, la iden idad de los mismos, la idea que ambos
pa icipan es se c ean del o o,…) que moldean o pueden moldea el discu so
es ablecido. P ecisamen e ene p esen e es o da legi imidad a las apo aciones de los
in o man es, po que nos pe mi e conoce en qué si uación se han cons uido dichos
discu sos.
Son pe sonas que han pa icipado como ponen es en jo nadas, ac os de
conmemo ación, en e is as sob e es e ema, con lo que es a expe iencia se e leja en
sus discu sos sob e el mismo. Resul a in e esan e cómo aunque a lo la go de los
p ime os minu os de en e is a man u ie on una pos u a bas an e neu al u obje i a
hacia la p opia cues ión de la R.M.H.; poco a poco, a a és de sus espues as
comenza on a deja e su posicionamien o más pe sonal con espec o a los da os que
manejaban y a lo que sucedió du an e la Gue a Ci il, la posgue a, y lo que se es á
abajando hoy en día con espec o a es os pe iodos his ó icos.
Po ejemplo M.R. se mos ó muy anquilo a lo la go de oda la en e is a, se
no aba que no e a la p ime a ez que se p es aba pa a se in e pelado sob e es os emas.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Mos aba un discu so muy asen ado y a gumen ado g acias a un abajo amplio y
p o undo sob e dichos pe iodos his ó icos que lle a ealizando desde hace ya a ios
años, y a la p opia expe iencia de habe hablado en público ya sob e es os emas. En
conco dancia con ello, hace uso de un lenguaje expe o sob e el ema, que pe mi ió que
nos comunicásemos den o de unos mismos pa áme os lingüís icos y que luye a el
diálogo en e ambos sin ningún ipo de p oblemas. Con espec o a es o Ga cía Mi anda
(2006: 67) a i ma que:
“La lengua es un elemen o undamen al en el abajo de campo. La
in e elación es más ho izon al cuando el en e is ado y el en e is ado se
comunican en el mismo idioma, compa en los códigos lingüís icos y no se
p esen an di e encias en és os”.
No se a a sólo de conoce el mismo idioma, sino de es a si uados a un mismo
ni el lingüís ico que pe mi a el en endimien o ecíp oco ace ca de lo que e sa una
si uación dialógica de es as ca ac e ís icas. En unción de ello, conside o que es a
en e is a anscu ió a a és de una elación de ca ác e simé ico en e ambos, en la
cual como en e is ado a mis p egun as guiaban es a si uación comunica i a pe o no
desde un plano supe io al del in o man e, ya que és e es un expe o en la ma e ia.
No obs an e, es a si uación de sime ía lingüís ica no se ha dado en odos los
casos. Po ejemplo, a la ho a de o mula las p egun as a M.C. y a F.S. he enido que
adap a el lenguaje y el i mo de la en e is a al de los in o man es. Resul a necesa io
des aca que ambos son pe sonas de más de 70 años, que i ie on en p ime a pe sona la
mayo ía de los hechos aumá icos na ados en el apa ado de con ex o his ó ico, y que
en nume osas ocasiones aluden a un mismo hecho aumá ico i ido du an e su in ancia
o ju en ud en sus localidades.
He conside ado opo uno cues iona les a ce ca de qué signi ica pa a ellos o qué
opinión les me ece la R.M.H. con el in de conoce cómo en ienden es e enómeno
social desde la posición que ellos mismos ocupan den o de es e campo de
conocimien o. A es a p egun a siemp e le han sucedido ges os o suspi os an es de habla
que en iendo como una o ma no e bal de exp esa la complejidad de la cues ión y que
exis en dudas con espec o a ello en e sus p opios p o agonis as. M.R. a i ma, según
sus palab as ex uales, que la “memo ia his ó ica” es “un galima ías e bal” que oma su
signi icado en un con ex o de e minado, ya que “ odo lo que se emue e es memo ia
Religión, Memo ias y Mue e.
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his ó ica, y o a cosa es que enga un signi icado u o o en el con ex o en que se
ecue de”, además sigue diciendo que “ ecupe a la signi ica busca algo que ya no es á,
sin emba go, la memo ia sob e la Gue a Ci il no había desapa ecido, sino que es aba
silenciada”, y me cuen a cómo alguna de la gen e con la que había in en ado con e sa
sob e el ema no que ía habla de ello, incluso algunos le decían que no eco daban
nada de aquello. El p opio F.S. a i ma que “el miedo e a mucho, semb a on el e o
pa a que nadie se le an a a en absolu o”. Es as opiniones en iendo que es a ían
encaminadas a co obo a una de las hipó esis de abajo en an o que en la p o incia de
Huel a, el p oceso de R.M.H. asoma ímidamen e desde mediados de la década de la
década de los 90 del siglo pasado. Desde el inicio de la Gue a Ci il, la ep esión
ascis a u o como obje i o a los sec o es p og esis as de la bu guesía y especialmen e
se di igió con a la clase ob e a en gene al, sin impo a la edad o el géne o, in en ando
des ui a oda cos a el ejido social de izquie das que con an o es ue zo habían enido
cons uyendo los pa icipan es de es a ideología desde inales del siglo XIX. Así pues,
una de las hipó esis de pa ida es que ese apa en emen e manso mo imien o po la
ecupe ación de la memo ia es un e lejo de esa quieb a de las izquie das que
ca ac e izó, según a i man au o es especialis as en es a e apa his ó ica como Espinosa
Maes e (1996) a la época de ep esión anquis a a pa i de 1936 con la suble ación
mili a con a la República.
Es a ac i ud de negación del ecue do de la expe iencia i ida en aquellos años
puede se u o del miedo social a la R.M.H., a hace públicas sus his o ias de ida,
p o ocado po la ue e ep esión expe imen ada po la población ci il du an e la gue a
y la pos e io dic adu a. Uno de los in o man es incluso llega a a i ma que “hubo
mucha ep esión y eso caló muy hondo en el discu so de que algo malo ha ían los ojos
pa a ecibi ese a o, que es mejo deja lo pasa que emo e lo”, es e ipo de
a gumen os con i man la exis encia de ese miedo a compa i lib emen e la ayec o ia
amilia , ya que en muchos casos no son supe i ien es di ec os los que pa icipan en
los p ocesos de R.M.H. sino los hijos o nie os de aquellos.
“La dic adu a anquis a in en ó lle a a cabo lo que P imo Le i concep ualizó
como “memo icidio”, impues o a sus encidos median e la más é ea p opaganda
au olegi imado a, y median e una sue e de cul u a del miedo y el silencio. Un
memo icidio, así, po pa ida doble, p ime o de las íc imas de su ic o ia, y
segundo de los canales pa a la imposición de la misma, de su p opia ca ga iolen a.
La España de F anco no podía mos a se de ca a al ex e io como un égimen
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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c iminal donde exis ían campos, abajos o zosos, ejecuciones suma iales,
ibunales especiales, ap os de niñas y niños en las cá celes y iolaciones
sis emá icas de los de echos humanos. Po eso, se puso en ma cha la maquina ia del
silencio y la negación, cuyo in úl imo es el ol ido” (Rod igo,J. 2006:13-14).
Po o a pa e, en el caso de C. F. nos encon amos a una pe sona que es ablece
un discu so mucho más isce al y emo i o con espec o a M.R., quizás p o ocado
po que se incula a la inicia i a de la R.M.H. po mo i os pe sonales: a a és de la
búsqueda de su bisabuelo. Y po que al pe enece a una ins i ución conc e a que lucha
po esa ecupe ación, lo que hace es ep oduci cons an emen e el mismo discu so que
se emi e desde la p opia ins i ución sin da cabida a o os posicionamien os an e es e
enómeno social, mos ando el suyo como el único álido. En suma, me a e e ía a
deci que es un discu so más adoc inado que el es ablecido po M. R., mucho más
sua e en sus explicaciones y a gumen aciones. No obs an e, hab ía que llama la
a ención sob e es a a i mación y some e la a e i icación si se da la posibilidad de
ealiza nue as en e is as. Cuando es p egun ado ace ca de qué en iende po R.M.H.
a i ma que es una lucha po la dignidad, pe o no po la de los usilados, asesinados o
desapa ecidos, po que no son ellos los que la pe die on, sino que “ellos mu ie on siendo
dignos, no la pe die on, pe o nos oca lucha po la dignidad de noso os mismos”,
aunque a i maba que a él no le gus aba habla de dignidad, sino de jus icia.
Cu iosamen e, es a p e e encia encaja di ec amen e con la lucha del Fo o po la
Memo ia po una epa ación a las íc imas y amilia es de ca ác e ju ídica.
Desde el Fo o no se abaja po la memo ia en é minos indi iduales, sino que
pa a es a ins i ución la memo ia es colec i a, ya que lo que p e enden es “consegui un
mundo mejo que ompa con la es uc u a social ac ual donde sólo se en iquecen unos
cuan os”, así que uno de sus obje i os úl imos es “digni ica a los e dade os pad es y
cons uc o es de la democ acia”, e i iéndose a las pe sonas que lucha on y/o que die on
su ida po la II República du an e los años de la Gue a Ci il y la posgue a. T as es o,
emi e dos ases muy signi ica i as, ambas inacabadas: “pe o con es a sociedad que
enemos…, España como siemp e…”. Con oda es a in o mación que exp esa C. F.,
en iendo que es as acciones que lle an a cabo pa a la R.M.H., pa a ei indica una III
República, la lucha po los De echos Humanos, po una e dade a democ acia, e c.
o man pa e de una es a egia de lucha con a el sis ema capi alis a, al cual hace
esponsable de la p opia si uación de “ alsa democ acia” en la que i e España. Todas
es as ideas son las que o man pa e de la p opia idiosinc asia del Fo o po la Memo ia.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Es e ipo de a gumen os an encajando cada ez más en su discu so a medida
que oy descub iendo más in o mación sob e su ayec o ia. Me cuen a que en a en
con ac o con el Fo o po que iene amilia es que ue on asesinados du an e la Gue a
Ci il: conc e amen e a su bisabuelo y a a ios he manos de és e, a los que aun no han
encon ado. Cuando e a más jo en mili aba en las Ju en udes Comunis as, y en ese
g upo ue donde conoció a algunos (en e ellos al ac ual p esiden e del Fo o po la
Memo ia de Huel a) con los que en el año 2005 cons i uyen el Fo o, que es desde
donde ealizan di e sas ac i idades: exhumaciones, cha las, publicaciones, y sob e odo
concienciación y denuncia social sob e las injus icias que se come ie on en aquellos
años, po que “los c iminales que lo hicie on han de paga po ello”, exp esa sedien o de
jus icia. El sen imien o de jus icia es el que según él mismo mue e a M.C. a pa icipa
como sace do e en la R.M.H., a i mando que aslada los cue pos a un luga digno
donde los amilia es puedan lle a lo es y endi les cul o es una cues ión de
humanidad.
Es e in o man e a i ma que sien e una g an us ación cuando puede ayuda a
o os en sus mismas condiciones en exhumaciones de amilia es, y aun no ha sido capaz
de halla la o ma de encon a a los suyos p opios. Cuando cuen a es o, lo emba ga una
p o unda emoción que lo deja sin palab as du an e algunos minu os, c eándose un
silencio cuan o menos di ícil pa a él, que es á eco dando an o la pé dida de sus
amilia es como las p opias us aciones de no pode los encon a . Pe o ambién di ícil
pa a mí, que al no pode consola lo de ninguna mane a, conside o que lo mejo es
gua da silencio pa a que pueda desahoga se a su i mo y e oma la con e sación
cuando se encuen e en condiciones pa a hace lo. Puede conside a se es e momen o
como una si uación en la que a lo ó la memo ia de un duelo que aún no ha sido
concluido, y que según sus palab as no lo se á has a que no se haga jus icia con las
íc imas que pe die on la ida en aquel pe iodo de gue a. A i ma que el mo imien o en
Huel a es pequeño, pe o que poco a poco se consiguen las cosas: “Hubo mucha
ep esión y eso caló muy hondo en el discu so de que algo malo ha ían los ojos pa a
ecibi ese a o, que es mejo deja lo pasa que emo e lo”.
Discu so que hoy día sigue p esen e y que ha p o ocado en nume osas ocasiones
un miedo social que ca ac e iza a muchas pe sonas que sob e i ie on a la gue a y a la
posgue a, y que p e ie en hace como que ol idan su expe iencia an es que saca la a la
Religión, Memo ias y Mue e.
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luz po miedo a las epe cusiones que ello pueda ene . Realmen e, lo que se es á
eje ciendo sob e es as pe sonas es un ipo de censu a o de iolencia simbólica que no
les pe mi e exp esa su expe iencia sin miedo a se cas igados po ello. Bou dieu (1985:
110) a i ma que:
“en e las censu as más e icaces y disimuladas, pueden inclui se odas
aquellas que consis en en exclui a de e minados agen es de la comunicación
excluyéndoles de los g upos que hablan o de los luga es donde se habla con
au o idad”.
Es a es o a lo que se e ie e el in o man e cuando c i ica al p oceso de la
ansición, denunciando que en los pues os de pode (polí ico) “siguen es ando los
mismos” que nunca ue on des i uidos de sus ca gos. Y po eso a i ma que hay que
“digni ica a los e dade os pad es de la democ acia” dándoles oz y ocupando la
posición den o del imagina io colec i o, que según los de enso es de es as ideas, es as
pe sonas se me ecen.
Po su pa e, F.S., o o de los en e is ados y p o agonis a di ec o de oda es a
época a la que me engo e i iendo, a i ma que cuando en a on las ue zas, e i iéndose
a los pa icipan es del le an amien o mili a , en La Dehesa (pedanía de Minas de
Rio in o), su aldea na al, él enía seis años y cinco días. Según pone de mani ies o ni él
ni su amilia ha comulgado nunca con las ideas del anquismo, ya que su pad e e a de
izquie das y po ello es u o “incluido en la lis a, aunque al inal consiguió sal a se”.
Pa a él, habla de oda su expe iencia y eco da es os momen os a i ma que es muy
du o, en iendo que po la complejidad de la si uación con ex ual de aquellos momen os.
Y hablo de con ex o po que conside o que “ eco da no es casi nunca un ac o
indi idual: es en la in e acción social donde ienen luga los p ocesos po los que damos
signi icados a los ecue dos” (Mon eagudo Robledo, 2010: 347). Además, p osigue es e
au o a i mando que la acción de eco da es á es echamen e unida a la de con a , po lo
que aquella consis i ía ambién en una ac i idad lingüís ica.
“Ca ac e izada de esa mane a, la memo ia como acul ad humana se ía
insepa able de la noción de cul u a, y su ansmisión median e la na ación ha sido
du an e mucho iempo, y no debe deja de se lo, ema de in es igación p e e ido
de la disciplina an opológica” (Ibídem: 348).
La ealidad se cons uye, es c eada po cada uno de los se es humanos que
o man pa e de la sociedad y po cada una de sus acciones, po an o, no es posible
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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habla de que sólo exis e una única memo ia, una his o ia y una ealidad uni a ia e
indi isible. Esa na ación es pe cibida, según exp esa F.S. como algo di ícil, y es que
cuando hablamos en é minos de sociedad y/o de cul u a, no debemos ol ida como
an opólogos que son concep os que e ie en a ealidades sociales complejas, y más aún,
me a e e ía a a i ma cuando hacemos An opología del T auma Social.
Es e deba e ace ca del cons uc o “memo ia his ó ica” es el que plan eaba en el
ma co eó ico cuando hacía e e encia a que e a necesa io p oblema iza los é minos de
es a exp esión an o po sepa ado como en su conjun o pa a pode desmenuza el
discu so que desde las inicia i as pa a la R.M.H. se han enido cons uyendo en los
úl imos años. La “memo ia his ó ica” es un concep o ambiguo y complejo que hemos
de desen aña y de ini cuidadosamen e pa a e i a posibles con usiones con espec o
al mismo. Del Río Sánchez (2008: 118) a i ma que:
“es cie o que la p o usión del ocablo MH, hace que, en el sen ido común,
aluda a una concepción muy amplia y poco de inida que aba ca ealidades muy
he e ogéneas. Aunque, ambién, es cie o, que hoy, mayo i a iamen e, la acepción
MH es á asociada a los é minos Gue a Ci il, dic adu a anquis a, íc imas,
dignidad, jus icia, epa ación…”
Es a ci a iene una no a al inal del a ículo al que pe enece, que conside o
in e esan e inclui ambién como e lejo de la p oblemá ica que odea a es e ocablo:
“exis en g andes ecelos desde la Academia, sob e odo en e los
his o iado es, po conside a inadecuado el é mino “memo ia his ó ica” (MH) que
enlaza dos nociones di e gen es. Una, la memo ia, que es una capacidad humana,
subje i a y pe sonal, y o a, la his o ia, una disciplina cien í ica que es, o p e ende
se , obje i a y social” (Ibídem: 135).
Ya abajé sob emane a es os concep os en el ma co eó ico, pe o conside aba de
suma impo ancia e leja cómo es a p eocupación no sólo la podemos encon a en la
Academia, sino ambién en e la gen e que se dedica a ello o ealiza acciones, como el
caso de M. R. po in e és o cu iosidad pe sonal, y son econocidas socialmen e como
ac i idades de ecupe ación de la memo ia his ó ica. Siendo así, pod ía a i ma se que
los discu sos sob e la memo ia no sólo son cons uidos po los que lle an a cabo dichas
acciones, sino que además pa a que ese discu so sea e ec i o iene que se econocido, y
cons uido a su ez, po el p opio conjun o de la sociedad.
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F.S. ue alcalde pedáneo de La Dehesa desde inales de la década de los años
sesen a has a la mue e de F anco en 1975. Fue nomb ado pedáneo sin posibilidad de
nega se al ca go po el cabo de la Gua dia Ci il de La Dehesa y el alcalde de Minas de
Rio in o. Según con i maba él mismo,
“no que ía ocupa es e pues o de ninguna mane a, pe o me dije on que no
podía nega me po que el nomb amien o había sido a dedo y con el anquismo
hay que se lo. Pe o yo no comulgaba con ellos, íja e si no comulgaba que
es ábamos un día en el ga aje de La Dehesa, y e a el in de semana an es de la
Semana San a, me dice el cabo de la Gua dia ci il, me dice: F.S. el jue es y el
ie nes hay que saca al cu a bajo palio. Todos los que es aban allí e an amigos
míos, el Se illa, el G amola, unos cuan os, y me conocían a mí demás. Y me
quedo mi ando pa el cabo y ellos mi ándome a mí, a e la con es ación que yo le
iba a da , y le digo: digo mi e us ed, aquí hay ocho gua dias ci iles, ¿no? Dice sí,
hay ocho gua dias, ¿qué quie e deci con eso?, digo pues mi e uno es á de pue a,
quedan sie e, dos de pa eja po ahí, quedan cinco con us ed incluido, pues cua o
pueden lle a el palio y us ed no. Así se lo dije, y se quedo… el cabo se quedó
con una mala leche mi ándome a mí… pe o yo no lle é… yo no iba ni a misa. A
mí me decían o los domingos po la mañana en el casino: ¿F.S. as a i a misa?
Digo aya us ed palan e que aho a yo lo alcanzo… (Risas)”.
Es a e a su posición mani ies a con espec o al égimen anquis a. Con espec o
a la R.M.H., a i ma que le pa ece bien que se ecupe e la memo ia po que hay muchas
cosas que se ol idan y po que “los cue pos no pin an nada en la o illa de la ca e e a,
sino que deben es a en su luga en el cemen e io”. Aquí podemos e cómo en cie a
medida asemeja R.M.H. con exclusi amen e exhumación de osas. No obs an e, es o no
es así, ya he mos ado an e io men e a qué e ie e es e mo imien o, pe o su opinión
e leja cómo hay pa e de la población en la que no ha calado el signi icado más amplio
que los abande ados del mismo han que ido ansmi i . Quizás, es e desconocimien o
po pa e de las pe sonas que no es án di ec amen e implicadas en el mismo ambién
haya a o ecido la dispa idad de opiniones en o no a ella o la al a de apoyo po pa e
de un po cen aje mayo de la población. Es o son pe cepciones que as el abajo
ealizado puedo plan ea , con el in de ab i nue as ías de es udio sob e las que
p oduci conocimien o an opológico.
Re omando el discu so de F.S., a pesa su posición exp esada más a iba, cuen a
que en los úl imos años de su abajo como pedáneo, in en a on desde el Ayun amien o
cons ui en el cemen e io de La Dehesa un monumen o de conmemo ación a las
íc imas caídas del bando epublicano, pe o po p oblemas económicos es a inicia i a
no pudo lle a se a cabo. Con lo cual, sabiendo es o, es posible a i ma que es a R.M.H.
Religión, Memo ias y Mue e.
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iene in en ando hace se desde hace ya muchos años a ás, aunque no se conociese
como al. Es e es un da o que se epi e en las ayec o ias de a ios de los en e is ados:
el hecho de no ca aloga su abajo como R.M.H. Sin emba go, en la ac ualidad se es á
dando una in ensi icación del cul o a la memo ia, que según Xe a do Pe ei o (2003: 1)
se mani ies a en aspec os como los que de alla a con inuación:
“las muchas ac i aciones y pues as en alo del pa imonio cul u al, las
conmemo aciones, el in e és po las genealogías, la búsqueda de los o ígenes y las
aíces, las biog a ías y los esc i os de la gen e, la ecupe ación y la in ención de
adiciones, la documen o ilia”.
De ese cul o a la memo ia ambién o ma pa e el enómeno que aquí nos ocupa,
la R.M.H., a pesa de que en la ac ualidad más ecien e, con la en ada de los nue os
p esupues os, se es é eco ando su p o agonismo.
Somos los humanos los que cons uimos la memo ia his ó ica de nues a
sociedad, al igual que es á nos nu e en la o ma en la que la pensamos. Po ello, en un
abajo de es as ca ac e ís icas es necesa io con a con di e sidad de oces que
expliquen los enómenos sociales desde la posición que ocupan den o del campo de
conocimien o. Así pues, ambién he conside ado opo uno inclui en es e ela o a M.C.
que es el ac ual cu a de Zalamea (Huel a), aunque ha sido cu a de a ios luga es de la
Cuenca Mine a. Nació el 1940, y a i ma que du an e oda su ida habla “sob e es os
emas ha sido un abú”. Se o denó sace do e en el año 1965, y a i ma que aunque el
anquismo p o egió mucho a la Iglesia, su expe iencia ue odo lo con a io po el
hecho de se un cu a ob e o. Llega a a i ma que “la Iglesia se puso de odillas an e el
anquismo, (…) la Iglesia se sin ió p o egida en odos los aspec os, polí icamen e,
económicamen e, con p i ilegios, aunque en el año 65 empieza a sepa a se cie a pa e
de la Iglesia del anquismo pe o no po ác ica, sino po con encimien o”. Esa cie a
pa e de la Iglesia, en la que él mismo se incluye a i ma que e a con olada desde muy
ce ca po pa e del égimen anquis a a a és de escuchas ealizadas po la Gua dia
Ci il, lo cual les hacía sen i incómodos y con olados en sus acciones.
“La in e sión ambién se si uaba en el e eno eligioso: el enemigo e a
impío, quemaba iglesias, que ía des ui la esencia de la España adicional y
ep esen aba la An i-España. Con el apoyo de la je a quía ca ólica se desa olló el
ema de la c uzada, que ayudó a ija una nue a ideología con los elemen os
comunes a odos los suble ados: la pa ia y la eligión. Múl iples p opagandis as
di undie on es a ideología, en el cen o de la cual se si uaba el Caudillo, en iado
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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po Dios pa a sal a España y a la ci ilización c is iana. De la misma mane a que,
an es del 18 de julio, se a ibuía la esponsabilidad del deso den público a los
sindica os y a los pa idos de izquie da, ue ácil e la gue a como una ag esión
comunis a. La deslegi imación del campo he e ogéneo del ad e sa io esidía en la
p oyección de una imagen ópica cons uida al ededo de la noción de “ ojo“. La
ca ego ía aba cado a de “ ojos" se podía declina en “ ojo-sepa a is a" o “ ojo-
masón", o bien “ epublicano", compañe o de iaje. Los ojos no e an el
mo imien o ob e o ni la pequeña bu guesía ilus ada, sino esas “ho das sal ajes"
ma xis izadas po agen es del comunismo in e nacional. No había que ene
piedad con ellos… F anco endía la imagen de balua e en e a la “ba ba ie oja",
aunque la denuncia epublicana del ue e apoyo que ecibía de las po encias del
Eje le obligó a si ua el en en amien o en el e eno de la de ensa pa ió ica y de
la eligión ca ólica, esencia de la españolidad: aquello no e a una gue a ci il, ni
mucho menos una gue a de clases. Apenas e a una gue a, sino una c uzada
con a el comunismo, o en odo caso “una gue a de libe ación nacional" con a la
in asión ex anje a y la “lep a oja". Así se ijaba la on e a indes uc ible en e
“noso os" (los buenos) y “ellos" (los malos), sin palia i os y sin posibilidad de
mediación alguna. Ni los obispos la que ían” (González Du o, 2006).
M.C. cuen a que su expe iencia como cu a pe enecien e a la ins i ución
eclesiás ica du an e es e pe iodo ue po un lado posi i a po que ue una lucha con a el
anquismo, pe o po o o ambién nega i a po que se sin ió aco alado po el con ol
eje cido po pa e de la Gua dia Ci il como explicaba más a iba. En la ac ualidad se
encuen a muy moles o con la posición de la Iglesia Ca ólica an e la si uación exis en e
hoy día, ya que a i ma que “es á muy agazapada”. Pone como ejemplo el caso de
Queipo de Llano, pe sonaje a quien me e e í ya en el segundo apa ado de con ex o
his ó ico. M.C. cuen a lo siguien e:
“(Queipo de Llano) es á en e ado en la basílica de la Maca ena, y ahí
iene la culpa la Iglesia, o la he mandad. Es e ío ue un asesino, un ápala y es á
ahí en e ado. El ajín suyo lo lle a la Vi gen, po eso e digo que es una
con adicción, eso es o almen e ne as o. Un homb e que o icialmen e es á
decla ado que p o ocó an as mue es, su si io no es ese. Se á un cemen e io, pe o
no ese. (…) hab ía que habe lo sacado ya hace iempo. Que yo sepa no hay quien
quie a, po que en la he mandad son unos achas odos y no se quie en en en a en
la he mandad. Pe o ese no es si io pa a ene a un asesino, un golpis a, y que
además e a un gol o. Además a diez me os, en aquella mu alla usila on a miles
de se illanos”.
En iendo en su discu so una dis inción en e Iglesia Ca ólica y Religión Ca ólica,
ya que él cons an emen e a aca la posición de la Iglesia, pe o a i ma o undamen e que
“aquello ue una ba ba ie, y no debe íamos mezcla la eligión con lo que sucedió
po que aquello ue una locu a”. Sin emba go, lanza una c í ica con a los ep esen an es
de esa Iglesia y de es a eligión: cu as, obispos, he mandades,… en an o que apoya on
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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enía mucho miedo a habla al p incipio, pe o al es a el alcalde p esen e y cons a a que
no les pasaba nada si con aban su e sión, cada ez se ue on animando más ecinos a
compa i sus i encias.
Con espec o al segundo de los obje i os, a a és del que p e endo ace ca me a
la concepción de la mue e, Nie es du an e la en e is a a i maba que “la mue e es una
he ida que no es á ce ada”, lo cual incula es e concep o di ec amen e con el de duelo
pos e gado en el iempo. Po ello, desde su posición explica que es muy impo an e pa a
ellos ene un si io donde lle a lo es al amilia desapa ecido, y “el hecho de que un
cu a aya y haga una misa des inada a ellos en un si io donde se ma ó a mucha gen e
que supues amen e e an malos, eso a la gen e ambién les econ o a”. Po su pa e,
An onio a i ma que “la misa iene un alo undamen al, po que es el cu a del pueblo el
que es á haciendo la misa a sus amilia es, a los que nunca se les ha hecho eso. Pa a
esas amilias la he ida no se ce a á nunca po que sus idas cambia on pa a siemp e. El
duelo no se ha e minado”.
En elación con ello, M.C. es á con encido de que el hecho de que pa e de las
pe sonas que componen el mo imien o po la R.M.H. conside en necesa io encon a el
cue po de sus amilia es despa ecidos es po cues ión de humanidad, ya que pa a él
“ odo lo que es humano es c is iano”; y no sólo po la in luencia c is iana de da san a y
digna sepul u a al que ya pa ió del mundo de los i os y se inco po a al de los mue os:
“in luye el espe o a los mue os que iene cualquie cul u a”. Cie amen e, como
mos aba en el ma co eó ico, la cues ión y el a amien o cul u al de la mue e
cons i uyen lo que se denomina un uni e sal social, en an o que odas las cul u as se
han plan eado qué es la mue e o qué signi ica mo i , pe o no odas han mos ado la
misma espues a, de hecho según Heidegge “el homb e es un se pa a la mue e”, y
quizás sea es a una de las azones po las que no hay una espues a uni e sal a es e
enómeno social a pesa de habe sido abo dada po un sin ín de disciplinas del
conocimien o, cul u as y eligiones. La di e sidad que exis e en o no a los signi icados
de la mue e, a la ges ión de la pé dida, a la concepción de lo ísico y lo e é eo, a la
i ualidad que acompaña o o ma pa e del p oceso de la mue e, e c., es in ínseca a la
di e sidad cul u al exis en e en el plane a.
A i ma Hen i Bouché, basándose en la clasi icación de A nold an Gennep
(1909), que odas las cul u as se han p eocupado po el buen mo i , y que esa puede se
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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una de las causas de la apa ición de los i os como una o ma de a moniza la pé dida o
ance an dolo oso que supone la mue e. Es os i os iniciá icos segui ían un p oceso:
sepa ación ísica del mue o del mundo de los i os, una segunda ase de liminalidad o
ansición has a que se p oduce el une al, y la ase de ag egación, que es cuando el
mue o se con ie e en un miemb o más de la cadena de los mue os adqui iendo un
es a us social dis in o al que ocupaba cuando es aba i o. Sin emba go, en el caso de los
allecidos en si uaciones de iolencia du an e la Gue a Ci il y el anquismo se
queda on en la p ime a ase, y ha sido imposible ealiza la de liminalidad y la de
ag egación, po que el cue po no es aba y po que desde las ins ancias del pode no se
pe mi ió elabo a el duelo de la o ma en que cul u almen e nues a sociedad había
ap endido a hace lo.
Según An onio y Nie es, “la pena de odo es o es que ha llegado demasiado
a de, po que se han pe dido el ecue do de muchas pe sonas que ya han desapa ecido”.
También M.C. opina con espec o a la ges ión del duelo, que con las acciones que se
es án lle ando a cabo, ealmen e no se es á cica izando esa he ida. Has a que no sea
ealmen e econocido lo que sucedió, no se pod á pasa página po pa e de las amilias.
“Es el Es ado el que no ha pues o la ue za ni los medios necesa io pa a
hace es o, que equie e ecu sos económicos, pe o en la misma medida que los
equie e o as cosas eque idas po la población. Debe ía se la jus icia la que
de e mine qué ipos de acciones se an a lle a a cabo, no un alcalde de pueblo de
de echas o de izquie das el que decida”.
A.C. a i ma que el ema de la gue a se ha poli izado mucho, po que “se ía
necesa io que odos los pa idos polí icos se pusie an de acue do, sin ningún ipo de
a án de p o agonismo”. Sin emba go, en es e ema como en o os hay demasiados
in e eses no con esados. P ecisamen e en A oche, la R.M.H. ue iniciada po An onio en
cuan o omó posesión como alcalde del municipio. És e p opuso la ac i idad del campo
de abajo po con encimien o pe sonal y polí ico, po que conside a necesa io da
espues a a la necesidad ecogida po el mo imien o de R.M.H., al y cómo el mismo
a i ma, po jus icia. Es a inicia i a ue lle ada a cabo sólo con el apoyo de su p opio
pa ido, el PSOE, ya que el Pa ido Andalucis a se abs u o, Izquie da Unida no enía
ep esen ación en el pleno, y el Pa ido Popula se negó o undamen e. Así pues, al y
como An onio a i ma, el p oceso de R.M.H. lle ado a cabo en A oche ue pues o en
ma cha po que él a í ulo pe sonal es aba con encido de que e a necesa io da oz a “La
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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His o ia Silenciada” en A oche. No obs an e, conside o necesa io hace sabe al lec o
que ambién enía mo i aciones pe sonales, ya que su p opia abuela ue ep esaliada y
usilada po el Régimen, lo cual ha cons i uido pa a su amilia un auma no supe ado,
ni siquie a aho a as habe pa icipado como in o man es en dicho campo de abajo.
Pa a ellos “es o es algo que les econ o a, pe o que no es su icien e”. De hecho, su
pad e sigue eniendo miedo a que él es é abajando en polí ica.
Cie amen e, en A oche odo es e p oceso ha p o ocado en en amien o social en
el municipio, ya que a i man ambos “que es o es á mucho más i o de lo que c eemos”.
Empe o, conside an que la ealización del campo y la pos e io publicación del lib o no
ha llegado a o igina conciencia social sob e lo que sucedió du an e aquellos años, sino
que más bien se ha di undido conocimien o ace ca de la his o ia más ecien e de la
localidad, y “esas ce ezas gus an mucho a algunos y no gus an nada a o os”. Pe o
con emplan que es necesa io pa a pode ce a es a he ida asumi que la ealidad ue
como ue y no nega la po una pa e de la sociedad.
Pa a e i a que es e ipo de ac os conlle en a en en amien o social den o de la
localidad, An onio y Nie es conside an que es as ac i idades no ienen que se un ema
cen al en la ida co idiana de la población, sino que debe se algo no malizado “po que
es un ema de c ispación de la ida pública, con lo que no hay que es a nomb ándolo
cons an emen e”. Sin emba go, sí en ienden que es muy impo an e la inculación de
gen e jo en a es e mo imien o po la R.M.H. pa a que no uel a a cae en el ol ido.
Como opinión gene al, o ma pa e del discu so de los en e is ados a i ma que
la Ley de Memo ia His ó ica “se queda co a”, o que es e mo imien o llega “demasiado
a de”. Dicha ley ha sido p o undamen e c i icada no sólo po los p opios pa icipan es
de es e p oceso, sino ambién desde la Academia po pa e de los in es igado es que han
abajado sob e es e ema. Es a ley ue p omulgada en el año 2007 bajo el manda o
polí ico del PSOE, y con ella lo que se p e endió no e a más que in en a da un cue po
no ma i o a odo el deba e social y polí ico, in o mación y concep os a los que engo
haciendo e e encia a lo la go de odo es e documen o, odo ello bajo la isión del
gobie no sob e el p oceso de la R.M.H. En su exposición de mo i os se ad ie e que la
T ansición es el modelo a segui pa a guia la ac ual lucha po la memo ia his ó ica, lo
cual ya pe ila pe ec amen e cómo a a desa olla se es a ac uación legisla i a
con o me a lo que an e io men e expusimos sob e la época y las polí icas lle adas a
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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cabo en los años de la T ansición. Algunas de las c í icas plan eadas son, po ejemplo,
las palab as de F ancisco Fe ándiz (2009), quien a i ma que la ley dejó muy
insa is echos a los colec i os que se es aban dedicando a la R.M.H. po aspec os como
que los ibunales de la Gue a Ci il y el anquismo no habían sido decla adas como
nulas, sino sólo como ilegí imas, que p ác icamen e no se ha dicho nada sob e el
a amien o del Valle de los Caídos. O o ejemplo se ía José An onio Mo eno (2006),
p esiden e de la Asociación Fo o po la Memo ia, que des aca la ibieza de es a ley, ya
que esul a según él insu icien e e incluso us an e. Es a apo ación es á en la línea de
las ei indicaciones de C.F., quien conside a que es necesa io “condena las injus icias
y lucha po el cumplimien o de los De echos Humanos”.
Así pues, sin duda alguna, puede cali ica se a es a ley como polémica, ya que
p oduce ue es con a iedades en e los implicados en los p ocesos de R.M.H. An onio
asegu a que, en nume osas ocasiones, ni siquie a se espe a lo que p omulga la ley, po
ejemplo, con espec o a la e i ada de símbolos que exal an la igu a de F anco. És e e a
econocido como alcalde pe pe uo del ayun amien o de A oche. En el momen o en que
An onio omó posesión del ca go, a i ma que le qui ó es e í ulo, al igual que cambió
nomb es de calles ocupados po gene ales de aquella época, an o en el mismo
municipio como en las aldeas.
De ini i amen e, as habe podido conoce a odas es as pe sonas que o man
pa e de es e campo de conocimien o, puedo a i ma que la si uación coyun u al ac ual
sigue siendo ex emadamen e compleja en cuan o a la R.M.H. se e ie e, po que al y
como los p opios implicados a i man, “las he idas siguen abie as”, po que la culpa de
lo que ocu ió se pe pe úa de gene ación en gene ación, y po que pa a pode ges iona
el duelo po aquella si uación de auma social odeada de ex ema iolencia, miedo y
mue e es necesa io p ime o digni ica a las íc imas que aún no lo han sido pa a que
esos desapa ecidos ocupen una posición digna, alga la edundancia, den o del espacio
socio-simbólico en el que nues a sociedad se encuen a inse a.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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6.2. Visualización de la memo ia y ges ión del duelo po la desapa ición y
mue e de un se que ido en si uaciones de iolencia ex ema.
El 16 de ab il de 2011 llegué al cemen e io de Huel a con la in ención de
p esencia un ac o i ulado: “Homenaje a odas las íc imas de la ep esión anquis a en
Huel a en el 80 ani e sa io de la II República española”, con ocado po el Fo o po la
Memo ia de Huel a, el Fo o Social de Val e de y la Coo dinado a de la Cuenca Mine a
pa a la memo ia his ó ica. Todas las en idades o ganizado as o man pa e de la
Fede ación de Fo os po la Memo ia29, que es una o ganización de ámbi o es a al a la
que se han ido uniendo o os po la memo ia de di e sas zonas que se enca gan de
abaja y lucha po los mismos alo es pe o en delimi aciones geog á icas más
pequeñas, como es el caso de los o ganizado es de es e ac o.
Conoce la celeb ación de es e ac o ue algo o almen e o ui o. Encon é el
ca el publici a io a a és de la página o icial del Fo o po la Memo ia de Huel a
mien as buscaba algún ipo de documen ación bibliog á ica que me pe mi ie a segui
ahondando en el obje o de conocimien o que me ha lle ado a hace es a misma
obse ación de la ealidad del enómeno de la R.M.H. Una ez que supe de la
celeb ación del mismo, me puse en con ac o con una compañe a de acul ad, ambién
es udian e de an opología, que i e en Huel a, pa a que me acompaña a al cemen e io,
e i ando así pe de me en la ciudad.
29 Según apa ece en la Web o icial (www. o opo lamemo ia.in o) del Fo o po la Memo ia, és e “es
una o ganización que nace, desde una pe spec i a cla amen e inculada a la izquie da, pe o abie a a
odas las pe sonas de buena e, con la i me con icción de lucha con a el ol ido de los pe dedo es,
po la de ensa de su dignidad, pe o sin ánimo de e ancha, mi ando hacia el u u o, buscando la
inco po ación de las esencias i ales y de los p incipios polí icos y é icos que hicie on nace a la
izquie da, a las luchas ac uales. Median e la localización, señalización y exca ación de osas
comunes pa a de ol e los es os mo ales de los caídos a las amilias que así lo deseen, la ayuda y
el econocimien o a exp esos, ep esaliados, exiliados, excomba ien es, exgue ille os y a sus
amilia es, así como la o ganización de ac os de di ulgación y homenajes a odos los que su ie on
como consecuencia del alzamien o ascis a del 18 de julio de 1936, nos p oponemos ecupe a es a
memo ia con el obje i o de llega a la e dad de lo ocu ido y que nues a sociedad pueda mi a al
u u o sin complejos y sin más men i as. Fo o po la Memo ia es una apues a po la cons ucción de
un u u o de paz y espe o a los de echos humanos apoyándose en la memo ia de los que lucha on
po es os mismos p incipios”.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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Ella me acompañó du an e las cua o ho as y media que du ó ap oximadamen e
el homenaje. El ac o es aba con ocado a las once de la mañana. Noso as llegamos allí a
las diez y cua o po que me in e esaba e cómo llegaban los asis en es, a qué ho a lo
hacían, con qué ipo de indumen a ia. A esa ho a aún no había llegado nadie, así que
nos di igimos a la o icina de in o mación del cemen e io pa a p egun a en qué pa e del
mismo se iba a celeb a el ac o. Allí ampoco había nadie. Fuimos en onces a p egun a
a la lo is e ía que había en la pue a, la muje que es aba en el quiosco de las lo es nos
emi ió a la o a pa e de la o icina, que es aba jus o en en e, pe o cuando íbamos de
camino c uzando hacia el o o lado de la pue a p incipal del cemen e io i que había
dos homb es de unos cincuen a o cincuen a y cinco años apoyados en un coche, y uno
de ellos lle aba una pega ina de la bande a de la epública30 pegada en la camise a, el
o o no enía ningún signo iden i ica i o que me hicie a incula lo como posible
asis en e al ac o. Al e los, di ec amen e pensé en que pod ían se pa icipan es del ac o
que allí es aba p e is o, así que uimos a p egun a les si sabían algo ace ca del
homenaje a la República pa a así empeza a oma con ac o con los asis en es. A i mo
que e an asis en es po que, aunque me di igí a ellos sin da lo o almen e po sen ado,
mos ándome ingenua an e la pega ina, asumí di ec amen e que al lle a la es aban allí
con el in de asis i al ac o de conmemo ación.
Cuando llegamos a su al u a los saludamos, les p egun é que si sabían algo del
ac o de homenaje, y sin siquie a nomb a la República o la memo ia his ó ica,
espondie on ambos de mane a a i ma i a, que aún e a emp ano (mi é el eloj y e an
las once menos cua o) y que den o de un cua o de ho a empeza ía a llega la gen e.
Como ui yo quien los in e peló, di igiéndose a mí, ápidamen e nos p egun a on que
desde dónde íbamos noso as, y an es de deja me con es a a su p egun a con a on que
ellos enían de la asociación de Val e de (Val e de del Camino es un pueblo que
pe enece al Andé alo onubense, es á si uado en la zona cen o de la p o incia a unos
30 La bande a de la República, o conocida coloquialmen e como la icolo , ue adop ada como
bande a o icial de la II República po el Dec e o de 27 de ab il de 1931. Es á o mada po es
anjas de igual amaño en o den de a iba abajo: ojo, ama illo y mo ado. Según apa ece en la Web:
h p://www.izq epublicana.es/documen acion/bande a.h m, el au én ico an eceden e de la bande a
epublicana ac ual es á en 1843 bajo el einado de Isabel II se dec e ó po p ime a ez, el 13 de
oc ub e, la uni icación de la bande a de España. En dicho dec e o egulado se pe mi ía a los
egimien os que an es u ie an bande as mo adas el uso de es co ba as (co ba as son los co dones
que cuelgan de los ex emos supe io es de las bande as) con los colo es ojo, ama illo y mo ada.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
102
45 km de la capi al) “po que es impo an e acudi a es e ipo de ac os”. Co dialmen e,
dejé que habla a y cuando e minó espe ando a que le dije a quiénes é amos noso as,
les comen é que soy de A acena, pe o que es oy es udiando An opología en la
Uni e sidad de Se illa, y que es aba haciendo un abajo sob e la memo ia his ó ica en
la p o incia de Huel a. Cie amen e dudé en si debía decí selo o no, aunque como ya
an es había con ac ado a a és de co eo elec ónico con el o ganizado del ac o y
p esiden e del g upo que con o ma el Fo o po la Memo ia de Huel a, pues conside é
opo uno no esconde mi posición a nadie de los allí asis en es. És e ue el inicio de lo
que Velasco y Díaz de Rada (2009) designan como la “au op esen ación”, que es un
p oceso que nunca e mina, y aunque ellos se e ie en a odo el p oceso e nog á ico, es
in e esan e cons a a que en la obse ación del homenaje me au op esen o en a ias
ocasiones.
Siguie on cues ionándome, p egun ándome uno de ellos que cómo me había
en e ado en onces del ac o; mi epues a ue b e e: “a a és de In e ne ”, pe o ellos
siguie on ahondando un poco más: ¿a a és del Fo o y de F. R.31 (o ganizado del ac o
y pe sona que es á al en e del Fo o po la Memo ia de Huel a)? Les espondí con un
sencillo sí, y siguie on con su con e sación, así que noso as nos despedimos y nos
uimos a sen a nos a un banco si uado a un lado de la pue a de en ada del cemen e io
den o del mismo, que me pe mi ía e la escena en odo su conjun o.
Apenas pasa on cinco minu os, comenzó a llega más gen e, odos homb es de
ap oximadamen e las mismas edades que la de los suje os que comen é an e io men e, a
excepción de algunos mucho mayo es, que pos e io men e me en e é que e an hijos e
hijas de desapa ecidos en la Gue a Ci il y en la ep esión anquis a.
Desde el banco podía e que comenzaban a ag upa se en cí culos y a comen a
cosas en e ellos que desde allí no alcanzaba a oí , así que le comen é a mi compañe a
que que ía ace ca me a ellos pe o sin es a con ellos en las con e saciones, po que
conside é que e a muy impo an e conoce cuáles e an los saludos (¡compañe o! o
¡compañe a!, dependiendo del géne o po el que se econocía a la pe sona que
saludaban) y los discu sos y con e saciones que se es ablecían en e ellos. De mane a
31 F. R. es as siglas se co esponden con las iniciales del nomb e de uno de los o ganizado es del
ac o, y de la cabeza isible del Fo o po la Memo ia de Huel a al cual lo expongo a iba. P e ie o
nomb a le así pa a p ese a su iden idad nominal.
Religión, Memo ias y Mue e.
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que i que, jus o po den o de la e ja de hie o que hacía de pue a de en ada p incipal
al cemen e io, había o o banco simila al que es ábamos sen adas. Nos uimos a él, nos
sen amos, y la única pega de es a allí e a que es ábamos de espaldas a esa pseudo
ecepción que es aba eniendo luga allí donde odos a la ez e an asis en es y
an i iones. Gi é mi cue po de mane a que ya no es aba de espaldas, sino de lado,
o mando un ángulo de no en a g ados con espec o a dicha escena pa a pode e y
escucha mejo lo que allí es aba ocu iendo. En es os momen os, las once menos cinco
de la mañana, hab ía unas ein icinco o ein a pe sonas allí, de los cuales aún odos
e an homb es. És os aían consigo g andes bande as epublicanas ondeando sob e sus
homb os, algunos llegaban con ella ya desplegadas, pe o o os las aían bien dobladas
jun o con algún mango de egona o bas ón, en el que las encajaban con sumo cuidado
an es de suma se al g upo más nume oso que se empezaba a c ea en el cen o de la
pue a del cemen e io en su pa e ex e io . Es o puede obse a se en la siguien e
o og a ía:
Mien as obse o odo es e despliegue de medios ambién es oy escuchando, con
bas an e di icul ad, di e sos comen a ios que ienen luga en las con e saciones que se
es án iniciando en e los allí p esen es. Uno de ellos al llega saluda son iendo: “los
iejos ocke os nunca mue en”32, e a un homb e mayo , de unos sesen a y cinco o
se en a años es ido de neg o, que exp esa con es e saludo que la lucha no ha e minado,
que ellos son los que siguen ahí, pa icipando y ba allando po una causa que aún no se
32 F ase o exp esión hecha en cas ellano que hace e e encia a la pe sis encia de alguien en algo a lo
que lle a dedicado oda su ida.
Religión, Memo ias y Mue e.
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ha e minado de salda . Es a ase sacada de con ex o posiblemen e no enga ningún
signi icado, sin emba go me dice mucho ace ca de los que es án p esen es en es e ac o,
pe sonas que en su mayo ía se encuen an de homenaje en homenaje, y que lo que les
une es la ei indicación que queda pa en e en cada ac o de es e ipo. Cli o d Gee z
a i maba que ealmen e, lo que el e nóg a o iene que enca a es:
“una mul iplicidad de es uc u as concep uales complejas, muchas de las cuales
es án supe pues as o enlazadas en e sí, es uc u as que son al mismo iempo
ex añas, i egula es, no explíci as, y a las cuales el e nóg a o debe ingenia se de
alguna mane a, pa a cap a las p ime o y pa a explica las después” (1992: 24).
De es a o ma, e lejaba a la pe ección lo que aquí quie o exp esa : la exis encia
de una se ie de es uc u as socialmen e es ablecidas de signi icación en é minos de las
cuales la gen e hace cosas ales como guiños de conspi ación (Gee z, 1992), así pues,
siemp e hab á pe sonas que a i men que un guiño es una simple con acción del
pá pado. Sin emba go, pa a sabe qué signi ica un guiño -si es que signi ica algo-, hay
que en a en la in e p e ación de es e hecho: quién lo hace, po qué lo hace, pa a qué, a
quién a di igido, e c. Conside o que aquel comen a io no es ni más ni menos que un
guiño de signi icado en e los allí p esen es que no malmen e se eúnen en es e ipo de
ac os, y que lle an an o iempo luchando po unos alo es que son, desde su posición
en el campo social: los más jus os, y los que nos pe mi i án con o ma un modelo mejo
de sociedad.
Siguen si uados en co illo, y yo sigo escuchando las con e saciones que an
omando o ma en e ellos du an e el iempo de espe a pa a el comienzo del homenaje.
No pasa mucho iempo has a que a lo an emas elacionados con lo que coloquialmen e
se denomina “habla de polí ica”33, y apa ecen in e enciones como: “no quie o p ác ica
polí ica, a mí me in e esan los p oblemas de oda la humanidad, yo el es ue zo lo hago
pa´algo”. An es de que nadie espondiese a es a in e ención, se unió al g upo uno de
los homb es con los que había hablado al p incipio, conc e amen e el que enía la
pega ina que ilus aba la bande a de la epública, y me so p endió g andemen e lo que
33 En endiendo ese “habla de polí ica” como habla del pano ama polí ico ac ual, conc e amen e en
es e caso el del es ado español, ei icando po an o el p opio concep o de polí ica, y educiéndolo a
la p ác ica que hacen los pa idos polí icos ac uales. En de ini i a, se a a de una asociación absolu a
en e el é mino polí ica y lo que adicionalmen e se ha designado como posicionamien o o
ideología polí ica.
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comen ó: hizo alusión a mí, les dijo al es o que había llegado una chica que es aba
haciendo un abajo sob e la memo ia his ó ica, y que p o enía de la uni e sidad de
Se illa. Escucha es as palab as me ansmi ie on una sensación de duda con espec o a
si había hecho bien con esando quién e a o no, ya que empecé a eme que mi asis encia
al ac o dis o siona a especialmen e el compo amien o de los asis en es al homenaje.
Seguían llegando más pe sonas, que se iban si uando en pequeños cí culos.
Aho a sí empezaba a habe algunas muje es, unas seis o sie e hab ía en o al, de las
sesen a o se en a pe sonas que inalmen e acudie on al ac o. Una de ellas e a muy
mayo , es ida o almen e de neg o, y acompañada po amilia es más jó enes (dos
muje es y un homb e), lle aba un amo de lo es que más a de espa ci ía en odas las
zonas del cemen e io donde había cue pos en e ados en la osa común.
Cuando obse é es e pano ama me quise ace ca di ec amen e a donde es aba la
gen e si uada, pe o conside é que e a más opo uno espe a algo más de iempo as el
comen a io que acababa de escucha sob e mí misma. El es o de los allí eunidos
ampoco die on especial ele ancia a es o, y siguie on con su con e sación, eco da on
el golpe de Es ado de Teje o34, o o a i maba en ono de queja que “pa ece que el
anquismo en España no ha exis ido”, a lo cual espondió o o de los homb es que eso
de lo que ellos hablaban “no e a polí ica, e a ealidad”, y que si a los “e a as” se les
cas iga con pena de cá cel y se ecompensa a las íc imas del e o ismo, ¿po qué
en onces no se hace eso con las íc imas del anquismo? “Aquí lo que hace al a es
democ acia pa´ o, has a pa´caga ” (p oduciéndose algunas isas a con inuación),
sen enció el úl imo que habló jus o cuando empezó a llega mucha más gen e. En onces
ue cuando decidí ace ca me. Cu iosamen e es a compa ación en e las íc imas del
anquismo y las del e o ismo e a a se epi e en e las pe sonas que o man pa e del
mo imien o po la R.M.H. El p opio An onio, alcalde de A oche, du an e su en e is a
alude a es e hecho, no con el in de qui a impo ancia a la causa del e o ismo, sino
pa a jus i ica que si en uno se in ie e y se ealizan acciones que digni iquen las
34 Es e golpe de Es ado u o luga el 23 de eb e o de 1981 en España. Realmen e ue un in en o
allido de golpe de es ado cons i uido po algunos mandos mili a es, y que asal a on ese día el
Cong eso de los Dipu ados un nume oso g upo de gua dias ci iles al mando del enien e co onel de
la Gua dia Ci il An onio Teje o, du an e la sesión de o ación pa a la in es idu a de Leopoldo
Cal o-So elo, candida o a la P esidencia del Gobie no.
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mejo es os da os al lec o , conside o con enien e inclui las siguien es imágenes donde
apa ece el luga donde se leyó el comunicado y se desplega on las panca as:
An es de lee el comunicado40, se gua dó un minu o de silencio po las íc imas
del anquismo, y pos e io men e uno de los o ganizado es pasó a eci a lo. Sus palab as
iniciales ue on: “En es e luga ue on usilados más de 5500 epublicanos (…)”, y a
pa i de ahí ela a la his o ia de la en ada del bando nacional en la p o incia de
Huel a, con inúa diciendo que “hoy más que nunca debemos homenajea a es as
pe sonas ( e i iéndose a los epublicanos que ue on usilados po de ende sus ideales),
ya que deben se nues os e e en es pa a ecupe a sus alo es y sus p ác icas sociales y
polí icas de es os homb es y muje es que de endie on la IIª República en e al
anquismo. Pe o no haciéndolo como una cues ión nos álgica, sino con el obje i o de
que esos alo es de igualdad, libe ad, solida idad y jus icia social nos si an pa a las
luchas de hoy en día (…)”, luchas con a la globalización y el sis ema capi alis a en el
que nues a sociedad se encuen a inse a. De es a o ma, es e comunicado se con ie e
en una apelación de lucha con a el sis ema einan e en la ac ualidad, a a o de los
alo es que de endie on los epublicanos du an e la e apa de la II República. El obje i o
explíci o de ac os como es e es el siguien e:
“mos a y ei indica el p oceso abie o du an e la II República en el que
p oli e a on de o ma in ensi a los in en os de cons ucción de pode popula a
a és de las casas del pueblo, los a eneos y múl iples o ganizaciones sociales.
F en e a la sociedad de la ele isión y los cen os come ciales como ins umen os en
los que el sis ema amplía su explo ación a nues os momen os de ocio, el Fo o
plan ea las up u as de esas cadenas de dominación, luchando po una causa que
c ee jus a, pe o no sólo po que pa ezca jus a, sino po que si e pa a alcanza
40 En es e análisis sólo esal a é de e minadas pa es del discu so, que puede se escuchado en el
documen o digi al que se adjun a al inal de es e abajo.
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mayo es co as de libe ad y jus icia social. El ol ido ha se ido pa a que i amos
en una sociedad con un bajo pe il democ á ico, con una mona quía impues a po el
anquismo y una democ acia pac ada con los pode es ác icos, y po an o igilada.
No es amos dis u ando de la democ acia ica en pa icipación que se es aba
cons uyendo du an e la II República. Ese legado es el que nos debe impulsa a
odos a abaja e in en a consegui nues o obje i o a a és de ac os como es e
(…)”.
Quedando cla o el obje i o del Fo o pa a es e ac o, e mina F. R. su in e ención
con un g i o de ¡VIVA LA REPÚBLICA!, acompañado del puño de la mano de echa en
al o, y la gen e esponde con un ¡VIVA! compa ido. Es e puño en al o ha sido una de
las señas his ó icas que han ca ac e izado a las ideologías izquie dis as, siendo el saludo
adop ado po nume osos mo imien os de izquie da. Du an e “la Gue a Ci il española,
la p opaganda oja lo cali icó como “saludo an i ascis a” y el ejé ci o de la República
incluso adop ó una a ian e que mezclaba el saludo comunis a y el saludo mili a ,
lle ando el puño ce ado has a la en e”41. His ó icamen e el puño izquie do en al o ha
sido un signo compa ido po los que se de inen como socialis as, como si eso les
hiciese más de izquie da, y el de echo ha sido el que ha ca ac e izado a los que
pa icipan de la ideología comunis a, símbolo adop ado po que en endían que la de echa
e a la mano de los abajado es (al se la mayo ía de la clase abajado a dies a).
En es e caso, el b azo que le an a el o ganizado es el de echo, lo cual esul a
ele an e cuando en las con e saciones que man engo con C. F. me con i ma que en e
ellos se conocie on g acias a su a iliación a la o ganización de Ju en udes Comunis as
de Huel a, y de ahí es de donde su ge la idea de c ea el Fo o, ins i ución o ganizado a
de es e ac o. Siendo así, y conside ando que odos los se es humanos en an o que
pe sonas somos socializados en un de e minado con ex o cul u al, p oceso a a és del
cual odos adqui imos unos códigos cul u ales que nos pe mi en desa olla nos como
pe sonas den o de dicho g upo social de e minado, lo que implica posiciona nos an e la
ida de una de e minada mane a. Con es o, lo que quie o expone es que no es casual
que las pe sonas que con o man el Fo o po la Memo ia de Huel a p o engan (aunque n
o en su o alidad) de una o ganización como la de Ju en udes Comunis as que:
“es la o ganización ju enil del Pa ido Comunis a de España (PCE) en el conjun o
del Es ado. Independien e en lo o ganiza i o y au ónoma en lo polí ico, la Ju en ud
41 In o mación ex aída de un a ículo publicado en la siguien e di ección web:
h p://www.ou ono.ne /elen i /?p=15358 (28/05/11).
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Comunis a se conside a una o ganización-escuela de comunis as, de cuad os, de
ac i is as capaces de lle a a cabo la ex ensión de la lucha ideológica, polí ica y
económica po la supe ación del sis ema capi alis a y sus con adicciones.
En unción de nues os Es a u os...
La Ju en ud Comunis a es una o ganización ju enil, democ á ica, in e nacionalis a,
laica, e oluciona ia y epublicana que lucha po los in e eses de la clase ob e a y
su ju en ud, o mada po las y los jó enes comunis as esiden es en el Es ado
español.
Nues a o ganización basa su eo ía y p ác ica en el ma e ialismo his ó ico y
dialéc ico y el socialismo cien í ico, eniendo como p incipios el in e nacionalismo
p ole a io, la lucha con a el capi alismo, el impe ialismo, el pa ia cado y la
explo ación de la clase abajado a, así como el de echo de au ode e minación de
los pueblos, la p ese ación de la na u aleza, el in del ascismo, la xeno obia, la
homo obia y cualquie a de las injus icias del géne o humano, y como base
ideológica el ma xismo-leninismo y las apo aciones de los mo imien os de
libe ación y de los p ocesos e oluciona ios que han con ibuido al p og eso de la
humanidad”42.
Cambia de ideología no es ácil ni ápido, que las pe sonas que con o man el
Fo o p o engan de o ganizaciones que compa en es a ideología, y que de un modo u
o o ha sido la que les ha lle ado a unda lo implica que es a ins i ución iene de ás una
ideología polí ica que a mucho más allá de una inculación explíci a –o implíci a- a
cualquie pa ido polí ico. Po eso, en iendo que cuando o ganizado es y pa icipan es
a i man no incula se a la polí ica, o que no quie en que su discu so sea conside ado
como polí ico, a lo que signi ica i amen e hacen e e encia es a un in en o de posición
apa idis a, quedando así la en e la banalización y la ambigüedad ac ual del p opio
concep o de polí ica. Sin emba go, aun no es oy en posición de a i ma o nega nada
con espe o a la simbología in e subje i a que es os suje os dan al hecho de le an a un
puño u o o, pe o sí quie o llama la a ención sob e ello po que conside o que es un
ac o impo an e a ene en cuen a en p óximas incu siones en el campo social y pa a el
desa ollo de la p opia in es igación.
Según F ancisco Fe ándiz (2005: 114), en la si uación ac ual que i e el
enómeno de la R.M.H., se p oduce la mo ilización de di e sos colec i os y agen es
sociales con in e eses y ho izon es polí icos, simbólicos y discu si os no siemp e
coinciden es, que desemboca en la paula ina consolidación de una compe i i a
“indus ia del signi icado” del pasado aumá ico y del su imien o social. Es e au o
42 Da os ex aídos de la página web o icial de Ju en ud Comunis a: h p://www.ju en udes.o g/la-
ujce-mainmenu-78 (28/05/11).
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a i ma que: “aunque en si uaciones de cul u a polí ica democ á ica no esul a posible el
monopolio de los ela os del auma social, los indi iduos, colec i os e ins i uciones que
se in oluc an en es as negociaciones sob e la signi icación del pasado y sus
consecuencias sob e el p esen e no solamen e ienen sensibilidades y agendas
di e en es, sino ambién acceso di e encial a eso es del pode polí ico, de la
p oducción discu si a y de la di usión mediá ica”. Po ello, en es e análisis no podemos
deja de ene en cuen a que el Fo o ambién busca su luga den o de es as amas de
signi icación que se cons uyen en o no a los discu sos sob e la memo ia, y que se
posiciona den o de es a ealidad social desde una pe spec i a ideológica conc e a que
de e mina su o ma de acción.
Pos e io men e, o a compañe a pasa a lee el segundo comunicado que
comienza así: “la lucha po la República es y iene que se el pun o de unión de odos
los que pensamos y sen imos que hay o a o ma de en ende un nue o p oyec o pa a lo
que es hoy el nue o es ado español. (…) Hoy somos p o agonis as del acaso del
capi alismo, apoyado en un sis ema ago ado y dominado po una clase polí ica
p o esionalizada caciquil, que con al de consegui o os se aleja p o undamen e de los
ciudadanos. Un sis ema incapaz de o ece al e na i as. En es e con ex o, la III
República en el es ado español no sólo es posible, sino necesa ia”, y sigue explicando
en qué consis i ía la misma. En es e caso, cuando la chica e minó de lee es e
comunicado di igido po comple o a exal a las condiciones posi i as de la implan ación
de la epública y, po an o a ei indica la, ambién exclamó un ue e ¡VIVA LA
REPÚBLICA!, aunque ella no le an ó el puño. El es o de asis en es espondie on con
un g an aplauso y un ¡VIVA! Al hace se el silencio, F. R. ab ió un u no de palab a al
es o po si alguien que ía deci algo con espec o al homenaje que allí es aba eniendo
luga , y uel e a hace e e encia a la “magni ud de la ep esión en Huel a”, y a que
hay que comba i con a leyes como la ac ual Ley de Memo ia His ó ica, que según
con i mó es á basada en la impunidad. Uno de los asis en es oma la palab a pa a
ei indica que hay que segui luchando pa a que se econozca el “genocidio que
hicie on con an os conciudadanos nues os, has a que salgan odos los culpables, y
además que consigamos una III República (…)”, a lo cual el es o de los asis en es
esponden con aplausos de apoyo a su in e ención. Pa a da in al ac o, F. R. p opone
can a el Himno de la In e nacional Comunis a (esc i o po Eugène Po ie en 1871
du an e la Comuna de Pa ís), odos los allí p esen es can a on has a el p ime es ibillo
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con el puño de echo en al o, excep o dos homb es que le an a on el izquie do y alguna
muje que no enía ninguno de los dos en al o. La le a es la que podemos lee a
con inuación (ex aída de: www.mili an e.o g/el-himno-de-la-in e nacional-comunis a):
¡A iba, pa ias de la Tie a!
¡En pie, amélica legión!
A uena la azón en ma cha:
es el in de la op esión.
Del pasado hay que hace añicos.
¡Legión escla a en pie a ence !
El mundo a a cambia de base.
Los nada de hoy odo han de se .
Ag upémonos odos,
en la lucha inal.
El géne o humano
es la in e nacional. (Bis)
Cuando e mina on de can a , el ac o inalizó con un ue e aplauso, y el
pos e io acompañamien o a algunos de los amilia es pa a deposi a lo es en los pa ios
con iguos al monumen o donde es án en e ados amilia es despa ecidos en osas
comunes. És e esul ó uno de los momen os más emo i os del día, donde algunos de
ellos exp esa on sus sen imien os a a és de lág imas po la pé dida de sus se es
que idos en esas condiciones, con i iéndose aquél si io en un luga donde a lo an las
memo ias del auma social, que según los p opios pa icipan es de ac os de es a
na u aleza, aun aquejan a la sociedad española ac ual. Según Fe ándiz (2005) las osas
comunes son un es imonio d amá ico de las he idas de la memo ia y de la his o ia, y
cons i uyen un ins umen o c ucial en la comp ensión de los e ec os sociales, polí icos y
cul u ales del e o y de los p ocesos de cons ucción del miedo, de mane a que
“exca a las osas signi ica, li e almen e, `exca a la memo ia´”. En la siguien e imagen
podemos e como una de las muje es más mayo es de en e los asis en es deposi a
algunas lo es:
Religión, Memo ias y Mue e.
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Una ez que los amilia es deja on las lo es sob e las zonas de las osas
comunes, nos di igimos hacia la pue a del cemen e io pa a pone nos en camino hacia el
Pa que Mo e , luga donde se desa olló la segunda pa e del ac o. Había gen e que
después de es a p ime a pa e se enía que ma cha , y la despedida se ma e ializaba
lingüís icamen e en un: ¡salud y epública!
A la salida del cemen e io me di igí a F. R. pa a p esen a me de nue o, me dio
las g acias po habe acudido y di ec amen e me emi ió a C. F. pa a que me in o mase
de odo. És e se mos ó muy in e esado en mi p esencia allí: mien as con e sábamos
sob e el ac o que había ascendido minu os an es nos in i ó a mi compañe a y a mí a
i nos con él hacia el pa que donde end ía luga la lec u a del e ce comunicado y la
comida pos e io . Yendo hacia allí, explicó que los obje i os del Fo o son la
“ ei indicación de unos ideales y la lucha po los De echos Humanos”, y con espec o a
las íc imas de la Gue a Ci il y la pos e io ep esión, ellos abajan po una
“ ecupe ación no sólo mo al, sino ambién económica, de un subsidio pa a esas
íc imas, además de una epa ación judicial po odos los c ímenes come idos”,
a i mando pos e io men e que la exigencia de una “ ecupe ación mo al y me a ísica”
po la que luchan o as asociaciones ( e i iéndose a la Asociación po la Recupe ación
de la Memo ia His ó ica –ARMH-) no es o a cosa que la “colabo ación con el
ascismo”, exp esión que se sucede bajo un ono de oz acusado y a la ez desa ian e.
Jus o cuando dice es o, me pide que no lo ano e y se ma cha de la con e sación. El
seguimien o de es as a i maciones ue posible po mi pa e po que p e iamen e había
es ado siguiendo el deba e y las di e encias exis en es en e las dos ins i uciones al y
como lo expone Fe ándiz (2005: 120) en el siguien e agmen o:
Religión, Memo ias y Mue e.
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“mien as que la ARMH se iden i ica públicamen e como una asociación de
amilia es de íc imas y simpa izan es de la causa de los encidos, p oclama su
independencia polí ica, se adhie e a un discu so gené ico sob e la p omoción de los
de echos humanos y conside a a los amilia es de las íc imas como los agen es
decisi os en la ges ión del duelo y de los i uales conmemo a i os, el Fo o po la
Memo ia conside a imp escindible la poli ización de las exhumaciones y la
inco po ación al p oceso de oda la gama de acciones conmemo a i as de la opción
de izquie da desde la que ope a”.
De es a mane a podemos e que, en é minos de Bou dieu, den o del campo de
la memo ia ambién exis e una pugna po el capi al polí ico y simbólico que es á en
juego en es e ámbi o de la ida social que es á en auge en sociedades con empo áneas
como la España ac ual. Con espec o a es o, Fe nández de Ma a (2006:693) a i ma que:
“de lo que no cabe duda es que del úl imo eb o e social de in e és y
es udios po los e ec os de la iolencia de la gue a ci il nace de la expansión y
ges ión de las eclamaciones que ha hecho la ARMH, desde el on ispicio de los
DD.HH. –llegando a “despe a ” a las ins i uciones más inculadas a es os
p incipios, caso de Amnes y In e na ional- aun cuando den o de la Asociación haya
casos de o as co ien es sub e áneas o in en os ex e nos de ap opiación del capi al
simbólico que su ge de las osas comunes”.
Al ededo de la una y media del mediodía da comienzo la lec u a del
mencionado e ce comunicado, con ap oximadamen e la mi ad de público que los dos
an e io es. En es a ocasión, se ha escogido un luga ambién emblemá ico como es el
mu o donde caye on asesinados mul i ud de onubenses en el año 1936 a manos de las
ue zas golpis as, incluidos el úl imo Gobe nado Ci il de la República en Huel a:
Diego Jiménez Cas ellano, y los Tenien e Co onel de la Gua dia Ci il y de Ca abine os
Julio O s Flo y Al onso López Vicencio espec i amen e. El comunicado es leído po
C. F. y es á dedicado a exp esa la di e encia en e las acciones de un bando y de o o:
a i ma que “la di e encia es muy signi ica i a en e la ep esión de los asesinos
suble ados ascis as y lo que en algún momen o dado la población hizo (…) uno e a un
plan de ex e minio o almen e o ganizado, y lo o o e a un pueblo de endiéndose del
ascismo”, u ilizando un lenguaje o almen e conno ado y sesgado pa a cons ui un
discu so maniqueís a en an o que mues a a los golpis as como malos, y al pueblo (en
luga de nomb a el é mino “ epublicanos”) como buenos de mane a gene alizado a
an o pa a un g upo como pa a o o, sin p oblema iza esos hechos sociales.
Po úl imo, leye on un cua o comunicado en e las es pe sonas que ya lo
habían hecho an e io men e pa a pone pun o y inal al homenaje, y de nue o
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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ei indica una III República, e minando con la siguien e a i mación: “No podemos
ecupe a la epública si ol idamos a los epublicanos”, de mane a que esa lucha po la
implan ación de una III República ya es en sí misma pa a los componen es del Fo o una
o ma de ecupe a la memo ia his ó ica.
De allí, pasamos a o a pa e del pa que donde había me ende os y compa imos
un iempo de con e sación en e los asis en es al ac o. Conc e amen e man u e una
con e sación con el homb e que había sido el p ime alcalde del pe iodo democ á ico
del municipio de El Almend o (Huel a) po el Pa ido Socialis a Ob e o Español
(PSOE). Se emocionaba p o undamen e cuando me con esaba que su he mano había
sido pe seguido po el égimen anquis a has a que se exilió a Po ugal, que la his o ia
y la polí ica “siemp e la hacen los mismos”, y que él a sus 84 años sigue iniendo a es e
ipo de ac os po que esa es su o ma de lucha con a el capi alismo, y que así lo se á
has a el úl imo de sus días. Me ag adecía mi asis encia al ac o, po que se sien e muy
con en o cuando encuen a gen e jo en que se p eocupan po “es os emas”, ya que
a i ma que sien e us ación cuando oda la lucha que ha lle ado a lo la go de su ida
pa a consegui un mundo más jus o no es ni alo ada ni con inuada po las nue as
gene aciones. Po o a pa e, esul a des acable que es e homb e se cues ione sob e los
concep os de polí ica y de his o ia, incluso me in en aba con ence de que ambas cosas
son hechas po pe sonas de e minadas y que po eso no debía c eé melas al y como me
las mos aban, sino que enía que se c í ica y lucha po la e dad y la jus icia social.
Cie amen e, de lo que he a ado a lo la go del ma co eó ico es de p oblema iza los
concep os que con o man los discu sos sob e la memo ia, aunque no con el in de
lucha po la e dad y la jus icia social, sino de pode llega a p oduci un conocimien o
e lexi o sob e cómo se cons uyen dichos discu sos an o ue a de la academia, pa a lo
cual ha sido de suma impo ancia la asis encia a es e homenaje, como den o de la
misma a a és del análisis de ex os p oducidos po p o esionales de las ciencias
sociales, en su mayo ía an opólogos.
Ambos ac os a los que he asis ido han enido luga en cemen e ios o
camposan os, al y como se econoce a los cemen e ios ca ólicos. En la ac ualidad la
mayo ía de los camposan os son municipales (no pe enecen di ec amen e a la Iglesia),
pe o es án p o undamen e ca gados de simbología ca ólica. De hecho, el segundo
e en o al que he asis ido in i ada po el alcalde de A oche ha sido una misa en hono a
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las íc imas del anquismo. Es a misa se celeb a como inicia i a c eada a pa i de la
in o mación ecogida en el campo de abajo que
u o luga en es a localidad en 2005 pa a da
espues a a la necesidad de los amilia es de
ins i ucionaliza un ac o de conmemo ación y
hon a pa a sus di un os. A las cinco menos cua o
del día 1 de no iemb e de 2012 ya había bas an e
gen e en el Pa que de la Memo ia de A oche,
espe ando a que diese comienzo la misa en hono
a sus amilia es.
Mien as an o ya es aba allí el ayudan e
del cu a mon ando un al a : había una al omb a
sob e el suelo delan e jus o del mu o donde habían
colocado los azulejos con los nomb es de odos
los usilados, y con el siguien e poema que sin duda e oca a las si uaciones i idas po
las pe sonas que iban a se usiladas:
¡Qué noche más ía! ¡Qué Luna más is e!
E an esas ho as en las que cla eaba el alba
Tacones de hie o suenan en las calles
Suben a las casas y aquello pa ece un alle de lág imas
Y so dos gemidos de oncos mo o es
Se oyen ya muy ce ca de aquel cemen e io de apias an blancas
Y de neg os camiones bajan homb es insensibles y íos
Rajan el ai e agudos silbidos de bala calien e
Que lle an la mue e despacio, despacio…
De usiles neg os de gen e sin alma
Cue pos calien es que ienen la pena de un homb e
Que pide jus icia a su alma,
Y oda ía cayendo al son de la gue a,
La sang e co iendo po la ía ie a,
Con ojos ijos, exclamaban llo ando: ¡Mis hijos, mis hijos!
Sob e dicha al omb a es donde si ua on la mesa del al a desde la que el cu a iba
a da la misa. La si uación es la que se puede ap ecia en la siguien e imagen:
Ca el publici a io de anuncio de ho as de
misas del Día de los Di un os en A oche
colgado en la e ja del Pa que de la
Memo ia.
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La misa u o una du ación de ap oximadamen e cua en a y cinco minu os. Dio
comienzo a las cinco en pun o. Pa a esa ho a ya había más de sesen a pe sonas allí
eunidas, pe o no dejaban de llega , has a más de ochen a pude con a . A pesa de ello,
un homb e mayo dijo en oz al a y en ono de esignación que a es a misa enía mucha
menos gen e que a la del día siguien e (2 de no iemb e) que end ía luga , al y como se
puede e en el ca el si uado más a iba en es e documen o, en el cemen e io municipal
si el iempo lo pe mi ía.
Ocu ió que an o en los momen os p e ios al comienzo cómo al inal de la
misma había gen e que se ace caba a los azulejos y los ocaba, pasaban sus manos sob e
los nomb es y deposi aban lo es a los pies de la ca ele a. Una de las muje es mayo es
a i maba que “aunque hace mucho io y es oy que no puedo, engo que eni po que es
necesa io que no ol idemos odo es o”. Ella enía a su pad e en e ado en es e e eno,
po lo que odos los años asis ía a la misa. Es as palab as e lejan lo que a i ma
Fe nández de Ma a en su ex o “In Memo iam… esquelas, con a-esquelas y duelos
inconclusos de la Gue a Ci il Española”, en an o que conside a necesa io es ablece
p ác icas i uales pa a esol e el duelo po la mue e de un amilia . Tene es e luga
donde di igi se a endi le cul o a su pad e signi ica que los es os mo ales de aquel
allecido aho a es án en un luga que los acoge pa a que puedan se isi ados y
hon ados, pe mi iendo que és e descanse en paz. Aho a es e homb e uel e a pe enece
a la sociedad de la que ue expulsado cuando ue asesinado, no ya como pe sona ísica,
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e c. que se anexionan a de e minados pa idos polí icos que abande an dichas
ideologías. Todo ello, po supues o, sin man ene una ac i ud de e lexi idad c í ica con
espec o a su p opia posición, es ableciendo discu sos como in es igado es den o del
pano ama ac ual de la R.M.H.
En su conjun o, odo es o lle a a que en es os ex os me haya encon ado con un
discu so adoc inado que mues a la bondad de la R.M.H. como la única acción posible
pa a la exis encia de una democ acia eal (en endida como la panacea de odos los
p oblemas sociales), sin conside a es e enómeno social como algo complejo, y sin
cues iona lo en odas sus dimensiones posibles. Además de ello, y quizás como
consecuencia de jus i ica es a causa como jus a (lo cual, me ei e o, no en o a alo a
en es e abajo po que no es obje o del mismo), he encon ado ex os que se de inen
como an opológicos, que en luga de p oduci conocimien o de es as ca ac e ís icas, lo
que p e enden, y mues an de hecho, es jus i ica dicha R.M.H., pa a lo cual, ponen al
se icio de és a la p opia disciplina.
En conco dancia con los obje i os de abajo ma cados conside o que, habiendo
leído los ex os a los que he enido acceso, conocido y isualizado los es imonios, an o
de los in o man es que han que ido colabo a en es e p oceso de conocimien o, como de
o os documen os, y asis ido a los ac os desc i os an e io men e, puedo a i ma que
exis e una up u a de signi icados en cuan o a que cuando se habla del bando
epublicano (el cual no puedo deja de señala que aglu inaba una g an di e sidad de
posiciones polí icas, económicas, eligiosas, e c. de aquel momen o his ó ico), se le
iden i ica como pe sonas que apoyaban la laicidad, ajenos a cualquie ipo de eligión
y/o Iglesia, de ideologías de izquie da, y como consecuencia pe sonas buenas que
luchaban po los mejo es ideales. Es o es á en consonancia con el discu so es ablecido
po la mayo ía de los que o man pa e del mo imien o po la R.M.H., discu so
e es ido de laicismo ex emo po p o eni , en e o os aspec os, de pe sonas con
ideología polí ica de izquie das. Sin emba go, en iendo que la up u a del sen ido
común se p oduce cuando es as mismas pe sonas conside an necesa ia la i ualización
ca ólica de la mue e pa a ges iona el duelo al y como es posible obse a en los casos
comen ados en pá a os an e io es. Ejemplo de ello son las esquelas, o como en el caso
de A oche, el ó ulo de azulejos donde ezan los nomb es de los usilados en es e
municipio. Fe nández de Ma a (2009: 101) a i ma que es o “ ep esen a la culminación
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de la iden idad social del suje o, su úl ima apa ición en los espacios sociales an es de
emp ende su ans o mación y eubicación de ini i a como di un o en el cemen e io”.
A i maba uno de los in o man es que “el anquismo e a un égimen eclesiás ico
o al, cuando empeza on a i los cu as a o icia une ales po los usilados, aunque la
amilia ue a a ea no podía deci lo, sino ambién se usilaba”, y hoy en día se exige que
an o el alcalde como el cu a es én p esen es en la misa en hono a es as íc imas como
o ma de econocimien o ins i ucional de lo que sucedió en aquellos años. Si me plan eo
¿qué papel juega la eligión en onces en odo es e p oceso?, no engo más emedio que
esponde que la eligión ocupa una posición apa en emen e ambigua den o de los
p ocesos de R.M.H. en an o que las pau as que ma can la eligión ca ólica y su Iglesia
es án p o undamen e imb icadas con las pau as cul u ales que hemos c eado pa a
sol en a el hecho social de la mue e, es más, en iendo que no es posible dis ingui una
de o a, po ello es necesa io ene la en cuen a en los es udios ealizados sob e los
p ocesos de R.M.H., cosa que no he podido obse a a lo la go del amplio abajo de
campo ealizado pa a es a in es igación.
Es posible a i ma que son los i uales de despedida y/o conmemo ación de los
se es que idos los que, de algún modo, es án pe mi iendo ges iona el duelo pos e gado
en el iempo; y los que, po o a pa e, en nume osas ocasiones es án dando o ma a los
p ocesos de R.M.H. en an o que cons i uyen pun o de encuen o de los implicados en
es e mo imien o social, sean o no amilia es di ec os de los desapa ecidos. Además,
conside o necesa io hace hincapié en el hecho de que no son sólo un i ual pa a
digni ica a los mue os, sino que son ce emonias pa a los i os, con lo que se c ean en
unción de las necesidades de és os y no sólo de aquellos. Po ejemplo, uno de los
in o man es, C.F., a i maba du an e su en e is a que la R.M.H. es una lucha po la
dignidad pe o no po la de los usilados, asesinados o desapa ecidos, po que no son
ellos los que la pe die on, sino que “ellos mu ie on siendo dignos, no la pe die on, pe o
nos oca lucha po la dignidad de noso os mismos”. Teniendo es o en cuen a, es
posible comp ende que no es i econciliable la lucha an icle ical lle ada a cabo po
pa e de muchas de las íc imas de la Gue a Ci il y la ep esión anquis a con la
i ualidad c is iana y el papel de los camposan os en los p ocesos de ges ión de es e
duelo pos e gado en el iempo.
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El mo imien o po la R.M.H. aglu ina, den o de si mismo, una amplia
di e sidad de posicionamien os en o no a la ges ión del duelo: apoyo o no a las
exhumaciones, a la apelación o no de los De echos Humanos, a la cons ucción o no de
monoli os, e c., y es a di e sidad ambién se e e lejada en las iliaciones eligiosas de
las pe sonas que pe die on a sus se es que idos du an e aquella e apa de nues a his o ia
más ecien e. Pese a ello, de es o no se ha dado cons ancia en ningún es udio o
documen o a los que he podido ene acceso. De hecho, como ya comen é
an e io men e, hay casos como al que hacen e e encia An onio y Nie es del campo de
abajo ealizado en A oche, donde ni siquie a se habían plan eado que u iese cabida el
ac o eligioso den o de dicho p oceso de R.M.H. Pese a ello, a aíz de habla lo,
conside aban que quizás hubie a sido necesa io abaja ambién ese aspec o. No
obs an e, ene lo en cuen a conside o que me p opo ciona las pis as necesa ias pa a
comp ende que el an icle icalismo gene alizado que se les a añe a los epublicanos,
ojos, o en de ini i a con a ios al égimen y la conside ación del mo imien o po la
R.M.H. como algo o almen e des inculado de la eligión y la Iglesia, y la i ualidad
c is iana como la escenog a ía más p e isible de la ges ión del duelo no son polos
opues os; y es posible alcanza a islumb a que no son compo amien os con a ios en
an o que en iendo la eligión como una elación de in e cambio simbólico que iene
impo an es consecuencias p ác icas, en es e caso pa a la ges ión del duelo: dicha
i ualización c is iana es la que si e a los pa ien es que pe die on a sus amilia es en
si uaciones de iolencia ex ema pa a ges iona su pé dida, ya sea, como ad e í
an e io men e, po iliación eligiosa o po que esa es la pau a cul u al que ponemos en
ma cha pa a da espues a a es a necesidad.
Po úl imo, me gus a ía e mina con una ci a de Vol ai e que dice así: “sé muy
bien que a es e cuad o le al an muchos azos, pe o una p ime a edición no es nunca
más que un ensayo”. Con ello quie o deci que espe o con es e abajo ab i nue as
pue as de in es igación sob e es a cues ión, ab i nue os caminos de e lexión
an opológica sob e es e ema que pa a aseando a uno de los in o man es aún hoy es á
demasiado i o en nues a sociedad.
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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ANEXOS
Lec u a del lib o del Apocalipsis 7,2-4. 9-14
“Yo, Juan, i a o o ángel que subía del o ien e lle ando el sello del Dios i o. G i ó
con oz po en e a los cua o ángeles enca gados de daña a la ie a y al ma ,
diciéndoles:
-«No dañéis a la ie a ni al ma ni a los á boles has a que ma quemos en la en e a los
sie os de nues o Dios.»
Oí ambién el núme o de los ma cados, cien o cua en a y cua o mil, de odas las ibus
de Is ael.
Después de es o apa eció en la isión una muchedumb e inmensa, que nadie pod ía
con a , de oda nación, aza, pueblo y lengua, de pie delan e del ono y del Co de o,
es idos con es idu as blancas y con palmas en sus manos. Y g i aban con oz po en e:
-«¡La ic o ia es de nues o Dios, que es á sen ado en el ono, y del Co de o!»
Y odos los ángeles que es aban al ededo del ono y de los ancianos y de los cua o
i ien es caye on os o a ie a an e el ono, y indie on homenaje a Dios, diciendo:
-«Amén. La alabanza y la glo ia y la sabidu ía y la acción de g acias y el hono y el
pode y la ue za son de nues o Dios, po los siglos de los siglos. Amén.»
Y uno de los ancianos me dijo:
-«Ésos que es án es idos con es idu as blancas ¿quiénes son y de dónde han enido?»
Yo le espondí:
-«Seño mío, ú lo sab ás.»
Él me espondió.
-«És os son los que ienen de la g an ibulación: han la ado y blanqueado sus
es idu as en la sang e del Co de o.»
R. Es e es el g upo que iene a u p esencia, Seño .
Del Seño es la ie a y cuan o la llena,
el o be y odos sus habi an es:
él la undó sob e los ma es,
él la a ianzó sob e los íos. R.
¿Quién puede subi al mon e del Seño ?
¿Quién puede es a en el ecin o sac o?
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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El homb e de manos inocen es
y pu o co azón,
que no con ía en los ídolos. R.
Ése ecibi á la bendición del Seño ,
le ha á jus icia el Dios de sal ación.
És e es el g upo que busca al Seño ,
que iene a u p esencia, Dios de Jacob. R.
Lec u a de la p ime a ca a del após ol san Juan 3, 1-3
Que idos he manos:
Mi ad qué amo nos ha enido el Pad e pa a llama nos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce po que no le conoció a él.
Que idos, aho a somos hijos de Dios y aún no se ha mani es ado lo que se emos.
Sabemos que, cuando él se mani ies e, se emos semejan es a él, po que lo e emos al
cual es.
Todo el que iene espe anza en él se pu i ica a si mismo, como él es pu o.
Lec u a del san o e angelio según san Ma eo 5, 1-12a
En aquel iempo, al e Jesús el gen ío, subió a la mon aña, se sen ó, y se ace ca on sus
discípulos; y él se puso a habla , enseñándoles:
- «Dichosos los pob es en el espí i u, po que de ellos es el eino de los cielos.
Dichosos los que llo an, po que ellos se án consolados.
Dichosos los su idos, po que ellos he eda án la ie a.
Dichosos los que ienen hamb e y sed de la jus icia, po que ellos queda án saciados.
Dichosos los mise ico diosos, po que ellos alcanza án mise ico dia.
Dichosos los limpios de co azón, po que ellos e án a Dios.
Dichosos los que abajan po la paz, po que ellos se llama án los Hijos de Dios.
Dichosos los pe seguidos po causa de la jus icia, po que de ellos es el eino de los
cielos.
Dichosos oso os cuando os insul en y os pe sigan y os calumnien de cualquie modo
po mi causa. Es ad aleg es y con en os, po que ues a ecompensa se á g ande en el
cielo.»
Religión, Memo ias y Mue e.
Ca men González Hacha.
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