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Memoria y discurso leídos por los señores Secretario y Presidente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras : en la Junta Ordinaria celebrada el 19 de Octubre de 1888

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Memoria y discurso leídos por los señores Secretario y Presidente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras : en la Junta Ordinaria celebrada el 19 de Octubre de 1888

Publisher: Sevilla : Establecimiento Tipográfico, 1888
Year: 1888
Source: https://idus.us.es/bitstreams/490e64b8-879a-4ea2-b702-00a76fa34220/download
MEMORIA YDISCURSO LEIDOS POR LOS SEÑORES ! SECRETARIO 1.” YPRESIDENTE 'DE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS EN LA JUNTA ORDINARIA CELEBRADA EL 19 DE OCTUBRE DE 1888 S1^:V1LLA ESTAlU.Kei.M lENTO T' 11>(KI RÁ WCü CalR Harinas, nüni. V> 1888 V

REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS

MEMORIA YDISCURSO LEIDOS POR LOS SEÑORES SECRETARIO 1.° YPRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS EN LA JUNTA ORDINARIA CELEBRADA EL 19 DE OCTUBRE DE 1888 SEVILLA ESTABLECIMIP: NTOTIPOGRÁFICO Calle Harinas, imm. 3 l888

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MEMORIA DEL Secretario 1,° 4ob Luis ffloitoto jRaoteostraiicl

Señores Académicos: Dice Quintiliano en su inmortal obra Institutiones Oratorim, que es medio seguro para alcanzar las simpatías del audito rio dar principio ála oración con la promesa de ser breve yno salir del asunto; yyo, que he menester la benevolencia de los oyentes, tanto más cuanto que mi trabajo es de suyo árido yno soporta afeites yretoques que cuadran álos discursos académicos, prometo, áfuer de caballero, de su palabra esclavo, no fatigar vuestra atención sino por pocos instantes. Reseñar como de pasada las tareas, durante un trienio, de este Centro donde un tiempo hallaron refugio restos del buen gusto ydel bien decir, salvados como por milagro del naufragio de las Letras Españolas en el siglo decimoctavo, es mi único intento en esta ocasión solemne, para mi deparada por un acuerdo que renueva antiguas prácticas ycoadyuva al propósito que todos tenemos de acortar distancias entre la Academia yel público, siquiera no sea más que para desmentir álos ene-

—14 villa sus más admirables lienzos. ¡Ah, señores: si Pccl*'*’ de Campaña, en la vida que empieza después de muerte, pudo dolerse del olvido en que su patria y ]3aña le tuvieron, el desagravio ha excedido ála ofen^'' Diestro fue el pincel con que ganó gloria perdurable; menos diestra, la pluma que ha preconizado sus talento-’^ ; Grata fué también para los señores Académicos Junta del 15 de Abril. Dióse en ella lectura del de recepción del señor don Manuel Gómez Imaz; dis' curso en que todo es ¡plausible: el asunto, por denia» iiv teresante, yla forma, tersa ypulida, como cumple alíi la oración académica. Encareció el señor Gómez ImaZ importancia del estudio de la guerra de nuestra ¡tendencia, si olvidado un tiempo, atendido hoy P buena parte de los literatos españoles, que en las obi'*'^ producidas al calor del patriotismo buscan voces vas que pregonen aquellas glorias inmarce.sibles y ñas elocuentes de sucesos cuya fama repercutió pot ámbitos del mundo; yseñaló, revelando dilatados la cimientos bibliográficos, las principales fuentes áq^'^ crítica histórica ha de acudir para beber las aguas verdad, limpias ypuras, no cenagosas por el léganio torpes pasiones yrivalidades de escuelas. de ^ Cíí*' En honor de un eminente hombre de Ivstado Yj mió poeta, quien, como las grandes figuras de ' historia literaria, así maneja la pluma como la esp^'’’ el Excmo. señor don Vicente Riva Palacio, se Junta del 22 de Abril. Leyeron poesías los señores lilla. Cano yCueto, Más yPrat yGarda Valero; >^ ilustre mejicano, áquien festejábamos, leyó tambie*^^^ gimas composiciones, de que es autor, alcanzando mes de la Academia.

/—15 — En las Juntas celebradas los dias lo y17 de Junio, el Académico señor don Eloy García Valero leyó su Discurso de recepción, que es estudio completo de la Novela moderna; asunto interesante, toda vez que no se puede negar que este género literario influye en las costumbres, yque viene estando de moda en la Literatura contemporánea someter todas las producciones al yugo que por más ómenos tiempo impone esta óla otra es cuela filosóflca y, en el dia, la que alardea cemii toe o filosofismo: asunto interesante, repito, tratac ocon ato sentido moral, con períecto conocimiento de ^ as ic eas que batallan en los campos de la especulación, ycon sana crítica de los noveladores nacionales yextianjeios. 1887 1888 Eatigué vuestra atención en las Juntas celebradas en los dias 14 y28 de Octubre, 4Noviembre y16 ce Diciembre, leyendo algunos tímidos ensayos de ep cación de modismos españoles; estudio áque me le cionado con más buena voluntad que foituna, ce de que los hombres que al cultivo de las Letras se ap 1can, paren mientes en las excelencias de la Leiij^ua p ñola, “que siendo igual con todas las buenas en aui cia, propiedad, variedad ylindeza, yhacien^o eg desto ámuchaventaja, por culpa ónegligencia de núes-

i6 — tros naturales está tan olvidada ytenida en poco que perdido mucho de su valor,, (i): lengua de la que el to Capmany dijo con razón que cuanto más se estuái** más da que estudiar, ycuanto más se profundiza más tesoros descubre; “pura como el oro ysonora como f'’ plata,, (2); tan fácil para tomar de las extranjeras palab^'^^ ydicciones, que Mateo Alemán, en su curioso yrarfsin^^ libro Oi'tografía Castellana^ la comparó con el Mayo Portugal, que lo cargaron de joyas yse alzó con todas (3)’ lengua cuyo empleo, según Valdés, (4) “se tuvo en Ital'*'* por gentileza ygallardía cuando la ciudad Eterna fué emporio de las Artes;,, yde ella podemos decir hoy, con autor de la Filosofía de la Elocnencia (5), “que su mit^^ está enterrada, pues los vocablos más puros, hermosos ) eficaces hace muchos-años que no salen ála luz pública-” El señor don Antpnio Benitez de Lugo, en la del 21de Octubre, leyó su Discurso de contestación al 0^ señor Gómez Imaz. Versó sobre la antes citada de nuestra Independencia, yen él pintó con dcsliimbnai’' tes colores el estado de la sociedad española al ocurrii'^*^ invasión francesa, aquilató la parte que cada una de 1^'’ fuerzas vivas de la nación tomó en aquella epopO^' magnífica, yapreció las, para él, saludables consecuom (x) Ambrosio de Morales.— ds la Lai!Jiai‘ tellana. ('2) Excelencias de la Lengua Castellana. (3) El P, Mir. — I>iseurso de recepción en la Peal mía Española. (4) Aaldes.—Dialogo de las Lenguas. (5) Capmany.

cias que inmediatamente siguieron al varonil esfuerzo de la patria invadida. Fm la del 18de Noviembre, el señor don Servando Arbolí leyó su Discurso de contestación al del señor Jiménez Placer. Oimosle con verdadera delectación ponderar el privilegio de las Artes, “que no pueden derribar áDios, pero pueden .subir hasta su trono,, y, pendientes de su palabra, digna por lo valiosa de ser comparada con “el oro viejo de la casa paterna,, admiramos áun tiempo al ungido del señor yal pensador profundo. En las celebradas en los dias lO de l'ebrero, 11y25 de Mayo del corriente año, gozamos de las primicias de una obra que será pronto del dominio público. Ilabio de la Historia de Cristóbal Colón, libro debido ála galana pluma del señor Asensio yToledo. Phi los capítulos leídos en las citadas Juntas, ocúpase el docto académico» con sana crítica yabundante copia de datos, en el e.xamen de las cuestiones relacionadas con el origen de los pueblos precolombianos; en probar hasta la evidencia la ilegitimidad de los vínculos que unieron ádoña Beatriz Ivnriquez con el Almirante; en desvanecer el error en que muchos autores incidieron al creer que fue uno mismo el Religioso de la Rábida, que dió albergue áColón ysu hijo, yel que, vuelto aquel al Monasterio, después de estériles gestiones en la Corte, defendió ymantuvo, cerca de la Reina Católica, los grandiosos proyectos del marino genovés; en el e.xamen de los primeros años del Inventor del Nuevo Mundo, y, finalmente, en la descripción de salida de la flota del puerto de Palos. De labios del autor de la obra oimos los motivos cine le decidieron áescribirla, ymuy juiciosas observaciones .sobre las publicadas hasta el dia; en particular la redactada por

el conde Roselli, quien, en su afán por hacer de dechado ycifra de todas las virtudes, para ganarle puesto en los Altares, no vaciló en negar hechos por l die contradichos. ¡ El señor Cano yCueto, en la Junta del 17 de Febr*^ ro, nos dio nueva ygallarda muestra de su inteligei’*^'^ privilegiada, leyendo el Discurso de contestación al señor Garcia Valero. Trazó ágrandes rasgos los cara^ teres sobresalientes de la novela que tiene en nuestr®’ dias el raro privilegio de vincular para sí la distrai^*^ atención de los lector es; novela con oca.sión de la .Í./1 puede decirse (i) “que el afán de cultivar lo que has"-* aquí se evitaba como extraño óindecoroso, lleva al lismo áestudiar la naturaleza bajo aspectos tan raqi”^' eos ypesimistas, que, según la no .sospechosa fra-sc ^ Renán, si la naturaleza fuese .solamente así, no hahú*' })or qué tomarse el trabajo de hablar de ella.,. El Académico correspondiente señor don Carlos Jvar, en la Junta del 9de Marzo, leyó artículos literati^^’ de que es autor, justificando con creces la razón | que esta Academia le llamó á su seno. En las celebradas en los dias 16 de Marzo, yoy 22 de Junio, el señor Gestoso yPerez leyó interesan^^^ j capítulos de su libro en publicación Sevilla ele yArtística, obra que, como todas las produccione.'^ e.ste erudito arqueólogo, acusa su talento ysu labn’’'^ sidad infatigable. En la Junta del 27 de Abril el señor don José ^ yLledó, Académico electo, leyó su Discurso de j (1)Don Guillermo Estrada yVillaverde.— (lo en la Juventud Catldica de Oviedo, 188G.

—19 — ción, que versa sobre “FJ concepto positivista del delito ante la razón yla Historia,, impugnando con poderosa argumentación las doctrinas sustentadas por bern, Lombroso yotros criminalistas modernos; doctrinas de las que, como última consecuencia, se sigue el ne,^ar bertad y, por ende, la imputabilidad yla responsabilidad humanas. .., La brillante serie de lecturas que en el trienio pasat o devolvió ála Academia la vida ylos alientos de sus primeros años yocasionó muchas yluminosas discu^ nes, tuvo digno coronamiento en la Junta del 4ea, yo,- en la cual el señor Arbolí nos dió áconocei alguno.' capítulos de su obra inédita sobre “Santos 1adíes > tores de la Iglesia,,: verdadero prodigio de eiudicion y estudio acabado de la Iáteratura Cristiana en los. prime ros siglos de nuestra ICra. Además de las discusiones ótales motivadas por a gunas de las referidas lecturas, merecen especial mención en Memoria las disertaciones del señor don Juan B. Solís sobre “hd Misterio yel Dogma de la Iglesia Católica ante las ciencias,, en las Juntas de 11y2^ de Noviembre y2y9de Diciembre de 1887; ylas del señor don Vicente Chiralt acerca del “Hipnotismo,, en las de 15 y22 de Junio de este año: unas yotras merecedoias de los aplausos con que fueron premiadas.

Se han celebrado seis Juntas Públicas en los dias ^9 de Mayo y20 de Junio de 1886, 18 de Diciembre 1887, y23 de Abril, 3de Mayo y29 de Junio del corriente, yen ellas se dio plaza de Académicos de mero, respectivamente, con la solemnidad yen los te'*' minos que preceptúan los lístatutos yReglamento, ^ los señores don Manuel Cano yCueto, don José Ges^^^ so Perez, don Carlos Jiménez Placer, don Eloy Gar^*^ Valero ,don Manuel Gómez Imaz ydon p'ernaa^*^ Pelmonte. En todas asistieron las })rimeras Autorida^^^’ de esta provincia, hombres de ciencia, literatos, artista® ynumeroso público; honrando así ála Corporacioi’ 1 dando testimonio de su amor álas Buenas Letras. I

f La Academia, perseverando en su propósito de alentar ála juventud estudiosa, abrió tres certámenes, prometiendo premios ydivulj^ándo en tiempo oportuno los temas correspondientes. Para el de 1886 propuso trch, enunciados en los siguientes términos: iPoesía lírica en que se cante alguno de los grandes ideales ósentimientos de la Humanidad, óalgún hecho memorable yde grande importancia en Ciencias, Letras, óen Artes, con entera libertad en el asunto ydimensiones, sin más limitación que la de que sea una Oda ócomposición en Tercetos. 2.° Memoria crítica en prosa,' en que con nuevas apreciaciones se trate de la vida ymuerte del Prírici pe don Carlos, hijo de Felipe II, ycarácter de este célebre Monarca. 3.” Historia de la colonización española en x\frica: cual deba ser esta en la época pi esente yme dios de estender yhacer provechosa allí nuestia domi nación. En el de 18S7 se repitieron los dos primeros temas

22 dcl anterior yse sustituyó el 3.^* con este otro: Una 1^' yenda histórica ótradicional, en verso yde asunto sevillano. Optaron alos premios de ambos certámenes num^ rosas producciones; pero ninguna tuvo, ájuicio de la comisión calificadora, el mérito absoluto exigible, yla Ae** demia, con harto pesar, negó todo galardón. h.,n el pasado año académico conv'^ocó ácertamen poético en loor del Príncipe de -los Ingenios Espado les, reanudando la interrumpida serie de fiestas que consagró ála mayor honra del Manco de Lepanto. Los temas propue.sto3 fueron; i.“ Poesía lírica en loor de Miguel de Cervantes Saavedra. 2° Romance descriptivo de un episodio de la vida del inmortal autn'' del Quijote. No pocas composiciones disputaron los premios, después de un detenido examen yde jDrolijas deliberacin nes, la Academia acordó que ninguna merecía ser miada. Sea lícita ahora una digresión, que no váene mn) fuera de propósito. Creo yo que esta Corporación ilusí’^’ que tantos ytan preclaros títulos ostenta, puede contn| por uno de sus mejores servicios álas patrias Letras ^ que en muchos años les ha prestado al honrar la mcm^' ria del Príncipe de nuestros novelistas. Aquí, señores, c’j el dia 23 de Abril, aniversario de la muerte del de las Musas, del Manco sano, del Ingeiiio lego, del DIOSO todo., doctos Académicos disertaron lucidamCJ^^^ sobre Cervantes ysus obras. Aquí, P'ernandez Espi^^^’ con fácil ycastiza frase yen ameno estilo, pintó el sublime de Don Quijote ADulcinea’, amor que no es que el amor cristiano, porque tan noble caballero I i

23 lo era Alonso Quijano el Bueno no pudo amar ala mujer sino dignificada por el cristianismo, aquí, el ¿^a a escritor don Juan José Bueno pidió para Cervantes tillo de poeta, que muchos le negaron; yel dis^eto ite rato Segovia yArdizone le juzgó como aespaño , llero ycristiano; yde Gabriel celebró sus tiiuníos en . Armas ylas Letras; yMárquez Villarroel nos habm de su inmortal destino, yel ilustre Académico que no.' { side le recabó el dictado de Inventor. Poetas mspirac os cantaron aquí al Hombre yal Génió, ytodavía cíe c: ^ tir en aquellas fiestas en honor del mísero cautivo ce igel, en las cuales premiásteis con pródiga mano aJ ventud que en los certámenes di.sputaba el tnunio, para una vez logrado, poner el premio álos piés ce a< ^ de Cervantes, demostrando así que donde él esta no lay más gloria que la suya. No desmaye la Academia en su generosa ei ' España no ha honrado todavía en la medie ace J la memoria de Cervantes; y, sin embaigo, uiic c macla crítica ridiculiza el culto que damos aai^ Shakespeare en Ing aei c , en Italia, Camoens en Portugal yGoethe en Ale. nana son objeto de verdadera adoración. En a Ilerder, amante apasionado de la traductor del Romancero del Cid, se let ^ inscripción: “Los alemanes de todos los nuestro Cervantes un monumento en el cual se lea. - españoles de todas las provincias.,.

superior al trabajo individual de cada uno; porque dicándose cada cual al cultivo de aquellos ramos saber que más simpáticos son ásus naturales tades, óestán más en relación con su carrera, adela»' tan yprofundizan en las más arduas cuestiones, lleva» do luego ála inteligencia de los demás ycon facilio» suma, los productos de largas vigilias yde dilatados tf» bajos. Al reunirse en la modesta vivienda del Pro. D. L»” Germán yRibon, en la tarde del Viernes i6 de Abril ^ 1751, algunos aficionados álas Buenas Letras, lo hicier® guiados por aquel noble intento, ypor el deseo de nocer los trabajos de sus ilustrados amigos; pero los vaba además otra idea no menos levantada yrnu» más trascendental. En Sevilla, es decir, en una de las más principal®^ rec»; ni opulentas ciudades del Reyno, decía poco antes un mendable escritor, no hay otras escuelas públicas aun secretas, sino de aquellas facultades que según tra constitución pueden satisfacer la ambición honesta un ciudadano, yproporcionarle los medios de su suh^' tencia. .,la5 Hay escuelas en que se enseña la inteligencia ^ PZscrituras sagradas; pero no las hay donde se la Historia, la Geografía, las Lenguas, cuyo conocim* to es indispensable áun escriturario. Podrá formarse jurisconsulto en las escuelas de Sevilla; pero sin aoú de la Historia; podrá criarse un Predicador; pero si»^ auxilio de la Oratoria. Phnpréndese el estudio ciencias sin el menor conocimiento de las Humanid» ysi alguno se dedica por sí solo ácultivarlas, se le dena como un extravío; se le pinta el estudio de

lias Letras como un pasatiempo inútil, yno sé si tal vez pernicioso. Consecuencia natural, indeclinable era aquel abatimiento de la postración en que hacia largos años habia caido la nación española. Con mayor rapidez que subiera ásu engrandecimiento en las épocas de Isabel la Católica, de don Carlos ydon Felipe, habia bajado ála ruina hasta llegar al triste estado en que la encontramos junto al lecho de muerte de Cárlos II. El cuadro ha sido tantas veces pintado, ypor tan doctas plumas, que sería prolijo el tratar de presentarlo de nuevo avuestra vista. Armas yletras, ciencias yartes, la industria yel comeicio habian corrido por la misma fatal pendiente. La fal ta de protección yestímulo producía la indiferencia, el alejamiento de los estudios serios yprofundos daba entrada áescritos superficiales donde la falta de fondo era igual al depravado gusto de la forma; nadie se tomaba el trabajo de acudir álas fuentes, no se estudiaba para nada la naturaleza, yse desdeñaba la doctiina de los clá sicos, sustituyéndola los mayores delirios ylas más in concebibles extravagancias. En las escuelas el escolasticismo de Roselli yce Gaudin, dice un doctísimo maestro áquienes todos co nocimos yrespetamos, dominaba ypeiveitia los estudios de la Teología, del Derecho, de la Filosofía yhasta de la Medicina, que por su objeto debió quedar exenta de la corrupción. Las distinciones quiméricas de los escritores citados se repitieron en todos los libros de las disciplina.s humanas, como puede verse fácilmente, comparando a erudito Obispo de Segovia con los jurisconsultos de a centuria posterior; áLeón yáCano con los teo ogos y expositores del reinado de Carlos II, álos padres ea

35 bla castellana yde la poesía, que florecieron en el rein^ do de Felipe II, con los sucesores de Góngora yde vedo, sutiles todos, duros éincalificables, como Soto no yel Padre Fuente de la Peña. P.n el siglo XVI .se ba áluz el oro más cendrado; yen la fatal época del cf gotismo el oropel más despreciable. En el Sagrario la grandiosa Catedral de Sevilla colocaba el infeliz Bon^' via el mas extravagante de los altares que pudo inventai" la locura en su mayor grado de delirio; ynos paie^ ocioso detenernos ádemostrar lo que vemos todos lo=’ dias en los libros yen los monumentos que nos queda’’ de aquel tiempo calamitoso para las ciencias ypara artes. Por dicha para nuestra cultura habia comenzado ‘ aurora de un nuevo renacimiento. Las obras de la I’*- ratura france.sa del siglo de Luis XIV difundidas en nosotros por los cortesanos de Felipe V, fijaron la atej^ ción de nuestros ingenios nacionales, que prescindieñ^^ de otras cualidades, veian en ellas acabados modelos delicadeza ybuen gusto, viva antítesis de los informes gendros que en España se producían; yel contraste vo excesiva influencia en el espíritu público. Los esfi’^’' zos del gobierno ayudaron áaquella tendencia refoi't”^ dora, ypor todas partes empezaron ádescubrirse i'a> ^ de luz que anunciaban una era más feliz para las lef’^ ylas artes. , La creación de las Reales Academias, el renacim”^^^ to de las antiguas escuelas de Salamanca yde Sevilh'’ ‘ aragonesa yla valenciana, fueron ya destellos de revolución provechosa, ypuntos de partida desde do” j illív es preciso empezar el estudio de la literatura contemP'^ ranea.

00 No es este el lugar oportuno de entrar ádefendei la es cuela poética sevillana contra los que la atacan, oi ag do su existencia, ora rebajando sus merecimientos ysu importancia en el cuadro general de las letias espano pasando de moda ese espíritu exclusivista yabso tan corto en sus miras como pequeño en sus le.' que no queria reconocer escuela ni autoiidac ,-P ‘ ción ybuen gusto, ni aun talento yopoi que al centro literario de la corte. Muchos esci itore ‘ reconocido yapreciado la influencia de las es ' mantilla ysevillana, poniendo en el pi eminente^ les corresponde ásus poetas; que en veidac es '" rio cerrar los ojos ála luz pam no admi^ enj oro de nuestra poesía áhiay Lms de >y-inrpla Torre, áFernando de Herrera yádon Joan ccJ. - gu¡, dFrancisco de Rioja yaBaltasar del Vcaa^. ydesconocer sus especialísimas dotes, y^^ tan diferentes entre sí ycon los poetas ce sTguiendo sus huellas florecieron en Salamanca Diego González ydon José Iglesias, el dez Valdés, Cienfuegos yJovellanos, yen Reinoso, Arjona yBlanco, Mármol y’ ,r. .«r-r-pscni-io rccordai porque muchos cuyos nombres no es confundirá unos están en la memoria de todos. ^^literacantores con otros? ¿Quien habrá que aes “^ rios se dedique ytenga paladar tan poco ducado c no distinga la inspiración de loM«=tas de las o. ilto del Tormes con los que elevan sus cantar e.^ m Guachalquivir? Ni Argensola puede equivócame e ^ h

velos —34 — Luis de León, ni este con Fernando de Herrera; distancia separa la Profecía dcl Tajo de la Canción ^ perdida del Rey don Sebastián, como el Murciélago 0^ voso de la canción ála Muei'te de Jesús yLa InoccH^^^ perdida. Sienten los poetas andaluces con un ardor yuna ' hemencia peculiares suyos, que no se parecen á otras regiones; yexpresan, pintan, narran ydescriba con una abundancia de figuras, un lujo de epítetos, ción tan rica, tan escogida, tan exhuberante por deci así en colores, que no es posiblec onfundirlos con otrosí ) por ello han merecido censuras injustas ycalific^^*''^ más injustos todavia. Pero nos desviamos involuntariamente de nuestfO tentó de hoy. No vamos áconsignar aquí la defensa la escuela de Sevilla, ni la existencia de las aragoi^^^‘^^ valencianas ysalmantinas. Eéta cuestión parece ho/ suelta de una manera terminante, después de los esci que áella han consagrado críticos tan eminentes ofi Alcalá Galiano, Vidart, Valera yCueto, yel último y profundo de todos nuestro incomparable don Marc^ . Menendez Pelayo al decir con tanta verdad yexac fito^ que “el que no tenga cuenta con las escuelas litoí”' ,, furiosamente convertirá en un caos la historia de'* „poe.sia.„ Volvamos ála historia de nuestra Academia. vo renacimiento de los buenos estudios tuvo gran res' iiií'-- nancia en Sevilla. Apenas creadas las Reales Acad^*^ Española yde la Historia, varios jóvenes formar^*^^^,, esta ciudad otras particulares; la Horociana, yla

—35 iras Jminanas; yen tanto que en ellas se consagraban al cultivo ele la poesía personas dedicadas áotros estudios, amantes de todo género de adelantos, yguiados ^ por pensamiento más profundo, se reunieron para ocuparse áun tiempo de ciencias yletras, de artes yde his toria según lo que cada uno pudiera contribuir al objeto que los reunía. Don Luis Germán yRibón era un sacerdote instruido yde gran reputación, ocupaba el elevado cargo y dignidad de Capellán mayor de la Real de San bernando, ydebia ásu mérito otras muchas distinciones. 1or su iniciativa tomaron parte en el noble propósito el doc to don Diego Alejandro de Galvez, Bibliotecario de la Colombina por el Cabildo de la Santa Iglesia Catedral, en el que era Prebendado, el Doctor don José Ceballos, Rector de la Universidad literaria; don Divino Ignacio Leyrens, alto empleado de Hacienda, yanticuario nota bilísimo, yotros esclarecidos varones hasta el número de diez yseis, que dieron desde luego principio ásus reu niones ytrabajos. Tomando por modelo los Lstatutos de las Reales Academias creadas en Madrid por la Regia iniciativa, se dedicaron con preferencia ádiscutir los que hablan e servir de norma ála incipiente corporación, acoi dando en primer término, ycomo dicen los mismos fundadores ,,que el objeto de la Academia habla de ser la Enciclope >,dia, óerudición universal de toda especie de Buenas e ,,tras, cuya extensión yamena variedad pudiera servir ,, de estímulo átodos los estudiosos de cualquiei afacu ,,tad óprofesión.,,

Con tal juicio procedieron, tan claro fue el acici-to. ) llenaron de tal manera la necesidad que por todos se conocía de abrir nuevas vias al progreso yextensión ^ los estudios, que remitidos áMadrid para su aprobad^ los estatutos que redactaron, no sólo fueron aprobad sin dificultad alguna por el Supremo Consejo de ^ en 22 de Abril de 1752, sino que el ilustrado don Fernando VI, por decretos de 18 de Junio yi Julio del mismo año, tomó bajo su protección ála demia dándole un salón en los Reales Alcázares P‘ ^ que con la debida solemnidad, decoro éindependen celebrara sus sesiones públicas yordinarias. Yno fueron la protección del Soberano ni el titulo Real Academia que se le concedió, igualándola á la Ilistoria yde la Lengua, los mayores triunfos que siíTuieron los beneméritos fundadores de la sevillanacribicronse entre sus individuos los más eminentes -, p\ V tores de la nación, con lo que en breve tiempo se 01 áenvidiable reputación ynotoriedad, escuchándose sus sesiones las elocuentes voces de don Agustín í tiano, don Cándido Maria Trigueros, don Tomas \y nio Sánchez ydon Francisco Bruna. Con los disertaciones de estos insignes literatos, ycon 1^*^ otros no menos reputados escritores, formó muy h'O» corporación un tomo de Memorias ^ muestra patente su rápido engrandecimiento yde su \'erdadera inT tanda; siendo tan lionrada por el gran Carlos IH, pedirle la licencia nece.‘^aria para la impresión, no so^ concedió i)or Real orden dada en el Lscorial a ^J'rn. Noviembre de 1772, sino que previno que pudiei^^

—37 — se ála estampa “sin necesidad de remitir el original al ,, Consejo, ysin que tampoco le ponga impedimento en ,,ello el Juez subdelegado de Imprentas en Sevilla.,, Tan altas muestras de estimación merecia ya núes tra Academia álos veinte años de su constitución. Vei dad es que los trabajos ydisertaciones contenidos en ese primer tomo de Memorias revelan un adelanto tal que justifican la consideración yel aprecio de que se la lo deaba casi desde el punto mismo de comenzar sus ta reas. Atraidos por su renombre se honraron con los títulos de Académicos hombres tan notables en la historia ce nuestra patria como don Juan Pablo Poiner, el Conc e de Campomanes, clon José Nicolás de Azara, el Conce de h'lorida Blanca, yotros ejue no es posible enumcrai, auncjue su recuerdo es perpétua gloria de la Coipo ción. Ellos dieron altísimo nombre ála Academia, pe se honraron también con pertenecer áella, como exi sámente lo dijo no menos que el Cardenal Ai zo 'p clon Francisco de Solís, al dar permiso pai ala imi '' de las Memorias, manifestando que se le había “sup ica- ,,do por una reverente representación filmada ce „tor, ySrio. de la Real Academia de Buenas Letras e ,,la ciudad de Sevilla, (en la que tenemos la satis a ,,de ser individuo Numerario.),, añaclia graciosam docto Prelado. , Nunca ha decaído la Academia de aque miento ejue alcanzara desde el principio de su e. i ^ legal. Si las vicisitudes cielos tiempos, la^. triste» cir tandas porque han atravesado la Nación yla ciu

;8 ciertos periodos han impedido la continuación de sus tareas, en su seno han tomado asiento constantemente la^ más altas ilustraciones de nuestro pais en ciencias y letras. ¿Cómo puede extrañarse que se suspendieran sus sesiones, que se interrumpiera todo trabajo cuando ii'"'^' dida España por ejércitos extranjeros veia amenazad^^ su independencia, ysólo se encontraban alientos pat^ empuñar las armas yrechazar álos invasores? ¿Cóni^ era posible entregarse álos tranquilos goces del espif'*-'^ cuando fujitivos, amedrentados, perseguidos los más a’ signes patricios se veian en la necesidad de abandonat sus hogares para no perecer víctimas de odios políticos tanto más implacables cuanto más injustificados? habría de volver la vista al reposado tem})lo de las tras cuando la guerra civil ardía en una gran parte nuestra España, consumiendo el crédito, la riqueza, sangre en todas las provincias, que lloraban rendidas peso de tanta desgracia? do 1^1 íil De todas esas tormentas ha salido sin embargo nuevo vigor nuestra Academia. Después de los pasajet^- eclipses áque la condenaran imperiosas circunstancié’-' sus puertas volvian áabrirse con igual solemnidad, la misma pompa ycon mayor deseo de difundir la tración, viendo concurrir átan noble objeto para pi'C^ ‘ j la estímulo yayuda, átodos los hombres amantes saber, cuyos nombres sonaron con aplauso en los án^d tos de la Nación líspañola. Por fortuna esta tradición se continua, ytodavía nuestro tiempo, ygracias álos esfuerzos de todo^»

—39 — amor que esos individuos han mostrado siempre ála Academia yásus desvelos por contribuir átodo cuanto la honra yíavorece, su nombre se pronuncia con respeto yno sólo en España, sino en todas las naciones de Europa desean los hombres de letras adquirir el titulo de correspondientes; noble ambición que también se ha extendido al otro lado de los mares, figurando hoy entre nuestros Académicos los jefes de aquellas repúblicas que son nuestras hermanas, ylos más ilustres publicistas que en ellas se consagran al estudio de las ciencias, de las letras yde la poesía. Yen verdad este deseo tan claro, tan explícitamente manifestado, ydel que ofrecen elocuente prueba tanto la lista de nuestros Académicos corre.spondientes, como los numerosos donativos de obras que ácada momento recibe nuestra Biblioteca, bastaría para dar cumplida ysatisfactoria respuesta ácierta preocupación que en la generación presente se ha hecho algún lugai yque no por ser vulgaridad es menos censuiable, sobre la necesidad éimportancia de las Academias, en el estado actual de nuestra sociedad. De esta preocupación se ha hecho eco no hace mu cho tiempo un celebrado escritor de la vecina república en una novela que si no la escudase el nombre de su autor, muy aplaudido por otras producciones, ciei tamente no hubiera tenido lectores. No expondiemos su asunto, que es de una trivialidad casi inocente, ni sus episodios tan inverosímiles como violentos. La sínte sis del pensamiento que por tales medios se desarrolla viene ácondensarse en dos frases:—“A‘ Acadeniit cst