Re is a de Es udios Tau inos
N.º
12, Se illa, 2000, págs. 101-112 ·
LOS
TOROS DEL SUB MARCOS
m
P.
D. Que, decidida sale
al
uedo: sigo sin pode baja me
de
la ceiba. La luna es un o o de pla eada o namen a
y,
con
un
pa
de a ilados pi ones, embis e al o ien e.
Yo
pienso,
no
siendo gue ille o, o e o ue a. P e endo en onces oma
la
noche como neg o capo e, pe o iene an os aguje os
seme-
jando es ellas que desis o de
mi
in en o. Me qui o
del
cuello
el
descolo ido paliaca e, ya más ma ón que ojo, y lo despliego
con
una elegancia que ya quisie a Sánchez Mejías. G illos y cocuyos
llenan
el
endido
de
somb a, el sol es á acío po ob ias ci cuns-
ancias.
Yo
me di ijo al cen o de la plaza que, como es
el
cen o
de
la copa de la ceiba, es más segu o y queda a unos pasos. Ci o a
la
luna in en ando una "media e ónica".
La
luna- o o se sigue
de
la go. Es inexplicable que no pe ciba a an galla do o e o. Ci o
de
nue o, el público es á impacien e y una ma ucha bos eza con as-
idio. Nada, apenas una lucié naga embis e zigzaguean e.
Un
mule azo un ado a la cin u a
no
consigue a anca
del
espe able
nada que no sea
el
con inuo ase a de los g illos. El o o luná ico
sigue adelan e sin ol ea siquie a.
Yo
me sien o en
un
incón y
suspi o con is eza. Lo que es a mí,
ni
las muje es
ni
las
lunas
me
hacen caso .
..
Du i o ha subido ambién a la copa de la ceiba, ex añado de mi
a danza. Tan p on o se acomoda, le in o mo ápidamen e de la
si uación. Du i o opina que es más ácil o ea come as, salen de
1 Ac ualmen e es colabo ado hono a io del Depa amen o de His o ia,
Teo ía y Composición A qui ec ónica
de
la Uni e sidad de Se illa.
102 José Pé ez
de
Lama
donde menos
se
espe a uno y son enjundiosos como o o
de
miu a.
La luna siemp e iende a un mismo de o e o
y,
aunque
es o
aci-
li a
el
es oque inal,
no
pe mi e mucho lucimien o del aje de
luces y
el
espe able iende a abu i se sobe anamen e
..
.
Yo
le doy la azón y
la
mule a. Du i o quie e enseña me unos
pases que, dice, le enseñó Fede ico Ga cía Lo ca. A
mi
p egun a
de si los esca abajos ambién o ean, Du i o esponde
que
uno
debe sabe de odo y que el o eo es como la polí ica, aunqué en
és a los o os salen bas an e mañosos y aicione os. "Es más, a mí
me decían
'D
u i o El Cambo io' y lo que
en
o os
no
en idiaban,
ya
lo
en idiaban en mí", dice.
En
esas es amos cuando escucha-
mos oces al pie de la ceiba.
-Es
woyo-
dice Camilo.
-No,
es
ejón, el "andasolo"-dice
mi
o o yo.
-Mi a
si lo a ocas
pa a
i a -
le-
ins uye Camilo a
mi
o o
yo
mien as ca ga
el
a ma,
Yo
me quedo inmó il, umando. Mis lances o e iles debe án espe-
a ,
pa a mos a su g acia, mejo es ocasiones y públicos menos beli-
ge an e
s.
Du i o suspi a
en
ono lamenco pues
no
hay igo
en
los
endidos. Abajo se abu en y se an ...
La luna e mina po embes i
al
ho izon e, jus o
en
la oscu a
mule a de la mon aña.
De
eojo mi a la luna
el
Sub.
El
es á
enjugándose
la
ca a con el
capo e.
Ya
no supe si llo aba ... 4
de
ab il de 1995» (Subcoman-
dan e Ma cos/ 1999/ Don Du i o de
la
Lacandona: 30,
31
).
¿Quienes son es os pin o escos pe sonajes?
¿Qué
es
es e imp obable cuen o au ino?
Du i o es un esca abajo in elec ual, azo e del neolibe a-
lismo, hé oe de damas y niños, que
se
c ee Don Quijo e
de
la
Mancha y que es, además, a icionado a los o os. Es uno
de
los .
pe sonajes de los esc i os del subcomandan e Ma cos, el po a-
oz del EZLN. Camilo es o o de los comandan es del Ejé ci o
Zapa is a de Libe ación Nacional. Ma cos y los zapa is as apa-
ecie on en la escena mundial un so p esi o amanece
del
p i-
me o de ene o de 1994, cuando ocupa on, le an ados en a mas,
muchos pueblos de Chiapas,
en
las mon añas del su es e mexi-
Los o os del Sub Ma cos 103
Fig. n.º
35
.- Subcomandan e Ma cos: Don Du i o de la Lacandona, p o!.
de
J.
Sa amago, San C is óbal de
las
Casas, CIACH, 1949.
104 José Pé ez
de
Lama
cano, un Es ado donde habi a una mayo ía
de
indígenas y am-
bién uno de los más pob es del país. Inmedia amen e, los zapa-
is as cap a onla a ención de
la
sociedad ci il po la no edad de
su mensaje emancipado y su oz poé ica que
se
desma caban
de la con inuidad del discu so
de
la izquie da adicional: «Los
zapa is as no exigen el pode , pe o sí el de echo y
la
azón:
libe ad, jus icia, democ acia... Todo pa a odos; nada pa a
noso os
...
Manda obedeciendo». Y como explica Manuel Cas-
ells (1998), la exis encia de la Red hizo posible que de inme-
dia o su mensaje
se
hicie a global, y que
el
zapa ismo
se
con-
i ie a en una lucha, an es que nada, mediá ica.
E ec i amen e, desde el
12
de ene o del 94 los zapa is-
as no ol ie on a pega
un
i o.
En
sus p opias palab as,
decidie on hace se agua, como la de
la
co ien e que
al
cabo
del iempo acaba co oyendo la espada. Desde en onces no
han pa ado de esc ibi : decla aciones, comunicados, cien os
de ca as, poemas, canciones, in e minables posda as, y cuen-
os como és e de Du i o, uno de los habi uales en las his o ias
de Ma cos, con el Viejo An onio, el caballo bayo o los niños
Oli io y Jesipa, en e o os.
Como explica A mando Ba a, en el p ólogo a los
Rela os del Viejo An onio, « odas las insu ecciones indí-
genas emplean oces inspi ado as
que
hablan po la
comu-
nidad: una san a,
una
pied a, una c uz» (Subcomandan e
Ma cos, 1998: 1
O).
En
es a ocasión se a a de un mis e io-
so enmasca ado que, como Ce an es, se deba e
en e
la
espada y la pluma: el ingenioso hidalgo gue ille o
subco-
mandan e Ma cos (Pé ez
de
Lama, 2000: 14).
Tan a y an nue a esc i u a ha hecho que el ca aclismo
gene ado en el mundo de las le as la inoame icanas
haya
Los o os del Sub Ma cos
105
-' '
Fig. n.º 36.-Ilus ación incluida en el lib o Don Du i o de
La
candon
a.
106 José Pé ez
de
Lama
sido equi alen e
al
que p oduje on
los
zapa is as en
la
polí i-
ca
y la sociedad. José Sa amago p ologa o o de sus lib os, el
i ulado Don Du i o de la Lacandona, en el que se
ecogen
las a en u as del ka kiano esca abaji o, que lo
mismo
se
pasea po el D. .2 dis azado
de
de ec i e a
lo
Boga , que
p epa a
una
la a
de
sa dinas pa a lanza se a la econquis a de
Eu opa. Después de habe llamado a Ma cos a lo
la go
del
ex o es udian e, p o eso , comandan e y comandan e insu -
gen e, el p emio Nobel concluye el p ólogo diciendo: «G a-
cias esc i o Ma cos» (Subcomandan e Ma cos, 1999: 8).
Pa a A mando Ba a «los comunicados, las
posda as
y
las his o ias de Du i o son no ables
po
su lenguaje
como
po
sus palab as ... Y
se
ag adecen, sob e odo, po un
humo
que
dinami a po den o el adicional discu so de la izquie da,
solemne, acuo y almidonado como pocos» (Subcomandan-
e Ma cos, 1998: 11) Es como el
Sub
explica cómo
es a
en
con a de la ley de la g a edad.
Pa a Manuel Vázquez Mon albán, el po a oz
de
los
zapa is as «es un maes o
en
el
juego
li e a io
posmodemo
de la u ilización del collage y la in e ex ualidad
en e
dos
cul u as li e a ias, la indígena y la la inoame icana.
Desgua-
za
las me á o as indígenas o las de Lewis Ca oll de Alicia
en el País de las Ma a illas» (1999: 209). He mann Belling-
hausen, co esponsal
en
Chiapas de
La
Jo nada, el
más
p es-
igioso dia io mexicano, explica a Vázquez Mon albán que
esa o ma de esc ibi de Ma cos «i i a mucho a algunos
esc i o es mexicanos. Su esc i u a es á abie a a
odas
la
e e encias, pe o no espe a escuelas. Les i i a
su
éxi o
2 Dis i o Fede al. En el país
de
México se denomina D.F a la capi aJ
Los o os del Sub Ma cos
10
7
como esc i o y que
no
enuncie a la unción de pan le is a.
Hoy es el esc i o de izquie da
más
ap eciado, el más
leido,
al que más c een». Y pa a suge i su so p enden e
ac i ud
an e la esc i u a cuen a Bellinghausen, «en plena huida
se
le
ocu e esc ibi un bellísimo pá a o y
de
epen e insc ibe
un
sone o de Shakespea e, comple o, en inglés» (Vázquez
Mon albán: 210).
Oc a io Paz llega a· deci que Du i o es una in e sión
memo able. (Gelman, 1999)
Y esul a que Don Du i o, uno de los pe sonajes des a-
cados en es a e olución li e a ia, es además a icionado a
los
o os. Una p esencia obligada,
po
an o, en las páginas
de
es a e is a.
Los o os en las ce an inas páginas
de
Du i o apa ecen
al menos en las cua o ocasiones que aquí se ecogen. En
los
cua o casos se a a
de
di e gencias, del discu so zapa is a;
apa en es di e gencias que en ealidad cons i uyen la mayo
pa e
de
los esc i os
de
Ma cos.
En
es os agmen os apa ece
lo au ino en i ud
de
su simbolismo y su poesía. Resul a
in e esan e, y a ac i o pa a los a icionados, que
en
el pensa-
mien o izquie dis a, ecologis a e indigenis a de Ma cos
aún
haya luga pa a los iejos alo es au inos.
Como Manuel Machado, nos cuen a el Sub en la p i-
me a his o ia, que
no
habiendo sido gue ille o
le
hubie a
gus ado se un buen o e o. Ambos o icios, quedan así he -
manados pa a el esc i o en lo que ienen de juego con
la
mue e, y en su ca ác e de lucha desigual del homb e con a
la ue za b u a e ilimi ada,
-en
un caso del o o y en el o o
del Le ia án-, con las a mas de
la
in eligencia, el alo y
el
a e. Ma cos .sueña con o ea a
la
luna en el campo, un án-
108 José Pé ez
de
Lama
<lose
mule azos a la cin u a, como Juan Belmon e. Con
Lo ca, e oca la igu a ma ginal y omán ica
del
gi ano,· a-
sun o de los gue ille os que se esconden subiéndose a. las
ceibas en las mon añas de la Sel a Lacandona.
Siguen pues los o os 3 agmen os au inos del Subco-
mandan e Ma cos:
«P. D. Que explica cómo, an es del iaje de Du i o, bajamos
de
la ceiba: Cuando Du i o e minó de enseña los pases, descub ió
que él ampoco sabía como baja se de
la
ceiba. Como siemp e que
no sabemos qué hace , encendimos las pipas. Du i o
empezó
a
escucha un zumbido
~
un lado
de
la ceiba y se
le
dio en imagina
que una nue a a en u a se ace caba.
-¡El sex o o o! Ho a y luga pa a esc ibi una b illan e página
en es e cope udo uedo! -Du i o mien as camina
al
cen o de la
plaz
a.
Yo
ecojo el cla el que amables ojos apa íos me a oja on
al inicio de la co ida («co e eada», di á Du i o luego). (Ya
sé
que
el cla el Jo manda on el
19
de ab il y que yo no
lo
ecibí
has a
el
23, pe o yo puedo acomoda
el
cla el donde me
dé
la gana, des-
pués de odo
es
mi
posda a).
- ¡ Eh escude o! Mi ad de silba
un
pasodoble y ap on ad
el
ojo
y la pluma, que lo que ais a e bien me ece una c ónica au ina
de ésas que,
lo
menos, son an es i as como los p odigios
que
las
inspi an
-me
o dena Du i o-.
-Mi a
bien
lo
que haces, no ayan a se a ispas-
le
ad ie o,
pe o Du i o ci a al imp obable o o. Nada.
El
desai e lo hace más
eme a io y empieza a a oja ami as al á bol de en en e. El zum-
. bido c ece. La expec ación aumen a
en
el espe able.
Yo
no alcan-
zo a desc ibi
la
sobe bia imagen. To pe escude o y peo c onis a,
nada puedo esc ibi sob e
la
soli a ia y desga bada igu a de Du i-
o que ha abandonado
el
capo e y ha conseguido dos ami as, que
me acla a a g i os, son bande illas.
La
luna, a óni a, se ha de eni-
do a obse a el desenlace;
un
lechoso "Camino de San iago",
pleno de luz a enosa, pa e
la
noche expec an e; incapaz de sos e-
ne se po la ensión, una es ella se deja cae , desmayada, y aza
una débil ayi
a
en
el
mo eno y noc u no os o. Du i o hace unas
ca e i as y cambios de paso, alza dos de sus mani as, las bande i-
Los o os del Sub Ma cos
109
llas cen ellean en lo al o. El zumbido se ag upa, o dena su
zum-
zum, se compac a y ace ca. El ambo edobla
una
p o ecía.
Un
ins an e apenas ...
Du i o,
de
p on o, descompone su ca e a de en e
y,
en
o ma
po demás a opellada y an ies é ica, da media uel a y co e
hacia
donde es oy con
un
g i o:
-¡Abejas!
Fig. n.º.37.-Ilus ación del lib o
de
SubMa cos, Don Du i o ...
Yo
alcanzo a esc ibi : «El cla ín ocó e i ada», cuando Du i o
me
pasa po encima y
se
cuelga de
una
enza que la luna dejó a un lado
de
la ceiba. Cuando me di cuen a
de
lo
que pasaba, i é la c ónica au-
ina y el lapice o, y me lancé de ás
de
Du i o. Abejas de las que lla-
man
«ex anje o» a aca on.
No
hubo mule azo ni nada que las de u-
ie a. Me deja on la ca a con ele an iasis
y,
segu o, Camilo y
mi
o o
yo, no pa a án de co e has a Gua emala.
Du i o me consuela (él es á in ac o):
-¡Bajamos! ¿No? Espe o que hab éis enido cuidado de ae
la
c ónica. Si no, debe éis subi
po
ella.