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El Megalitismo en la Península Ibérica

Abstract

El megalitismo de la Península Ibérica se inició en el Neolítico avanzado de cerámicas lisas del IV milenio BC. Tuvo una larga evolución tipológica y cultural durante el Calcolítico, hasta la Edad del Bronce a finales del III milenio BC. El arte megalítico comparte sus raíces neolíticas, dentro de su evolución cultural y diversidad geográfica.

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El Megalitismo en la Península Ibérica

Author: Muñoz Amilibia, Ana María
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2001
DOI: 10.12795/spal.2001.i10.12
Source: https://idus.us.es/bitstreams/3f301d1b-84d6-4273-874b-7fa831dd500c/download
EL MEGALITISMO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
po
ANA
M
a
MUÑOZ AMILIBIA
RESUMEN
El megali ismo de la Península Ibé ica se inició en el Neolí ico a anzado de ce ámicas lisas
del IV milenio BC. Tu o una la ga e olución ipológica y cul u al du an e el Calcolí ico, has a
la Edad del B once a inales del III milenio BC. El a e megalí ico compa e sus aíces neolí icas,
den o de su e olución cul u al y di e sidad geog á ica.
ABSTRACT
The Ibe ian megali hic ombs s a ed in he ad anced neoli hic o undeco a ed po e ies o he
IV millenium BC. I ook a hugh ipologycal and cul u al e olu ion du ing he Calcoli hic, since
he B once Age in he end o III milennium BC. The megali hic a sha es i s neoli hic oo s,
in i s cul u al and geog aphic di e si y e olu ion.
Palab as cla es

Megali ismo. Península Ibé ica
Key wo ds

Megali hs. The Ibe ian Peninsula.
Quie o pa icipa , aunque sea modes amen e, en es e homenaje de la Uni e sidad de Se illa a mi
buen amigo y compañe o Manolo Pellice eco dando su impo an e con ibución al mejo conocimien o
del Neolí ico español. No puedo apo a g andes no edades o esul ados de in es igaciones ecien es, como
él me ece ía, sino más bien unas e lexiones sob e un aspec o de nues o Neolí ico peninsula en su e apa
de madu ez, que en o os iempos incluíamos en el Calcolí ico y que ac ualmen e p esen a una p oblemá ica
que no es nue a, pe o que se ha en iquecido con el esul ado de las in es igaciones de las úl imas décadas,
ya que el megali ismo sigue siendo unos de los campos de in es igación mas a ayen es pa a los jó enes
p ehis o iado es que abajan en la Península.
El ema del megali ismo ha sido mo i o de la gas dise aciones y p oblemas pa a los p ehis o iado es
desde siemp e. No en balde los g andes monumen os megalí icos cons uidos en pied a en B e aña, I landa,
G an B e aña o la Península Ibé ica, ep esen an la p ime a a qui ec u a monumen al en el occiden e de
Eu opa, desde inales del V milenio BC. Su g an núme o y a iada ipología, su apa en e apa ición
ex no o,
su p olongada u ilización, y, sob e odo, el g an cambio social y eligioso- une a io de que son e lejo,
SPAL 10 (2001): 185-191
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
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son su icien es a gumen os pa a desa olla una a ac i a ama, en la que la Península Ibé ica iene un
papel des acado.
Glyn Daniel, uno de los g andes especialis as en megali ismo en los a ios sesen a y se en a, comen aba
que en una ocasión Go don Childe le había dicho: "Si Vd. puede explica sa is ac o iamen e el o igen de
los megali os ibé icos, iene la lla e de odos los p oblemas megal icos". Es posible que es e ue a uno
de los mo i os po los que Daniel hicie a ecuen es iajes po España y Po ugal y que pudié amos oí le
con a con cie a ecuencia los p oblemas del megali ismo en las cha las que impa ía en la Uni e sidad
de Ba celona. Y, una ez más, si e pa a eco da las e lexiones de Childe sob e la in e p e ación de an os
p oblemas de la P ehis o ia eu opea y la o iginalidad y no edad de sus plan eamien os, que an o nos
imp esionaban a odos, y ,sin duda, su con ibución a despe a el in e és de los a queólogos b i ánicos
po nues a p ehis o ia, del que es buena mues a la excelen e sín esis de Sa o y en 1968.
Hace ya casi ein a a ios que Ren ew —basándose en las da aciones de C 14 de monumen os megalí icos
en B e aña, Islas B i ánicas, Dinama ca y Mal a— p opuso que el megali ismo de Eu opa occiden al se había
iniciado an es que en ningún o o luga del mundo, y que las cáma as abo edadas de pied a podían emon a se
al IV milenio a.C. en echas no calib adas (Ren ew 1973). Pe o, sob e odo, se elacionó el comienzo del
megali ismo con la expansión de las nue as o mas de ida neolí ica. Así, las mani es aciones megalí icas
nos ace caban a un aspec o del mundo social y eligioso de las poblaciones p ehis ó icas de la época, siendo
es imonio del p o undo p oceso de cambio expe imen ado. El megali ismo es sin duda una pa e muy
impo an e del Neolí ico pleno de Eu opa occiden al —el neolí ico de ce ámicas lisas de Piggo —, sob e
odo a lán ica y con inen al. En la ac ualidad, una ez echazadas las eo ías di usionis as del o igen
medi e áneo o ien al del megali ismo eu opeo, pa ece que odo el mundo admi e su o igen local o po
lo menos occiden al, aunque, una ez pasado cie o adicalismo indigenis a, se alo en las in e elaciones
a lán icas o medi e áneas mas o menos p óximas.
Aunque no con aba con da aciones absolu as, Ped o Bosch Gimpe a en los a ios ein a ya de endía que
en Po ugal exis ió un oco de "c eación" y "e olución" de las cons ucciones megalí icas, que conside aba
independien e y mas an iguo que el pos e io desa ollo del megali ismo peninsula . Bien sea po que esc ibía
en español o po que la in luencia de las ideas o ien alis as de Si e habían omado ca a de na u aleza, el
hecho es que du an e mucho iempo, no se concedió mayo an igüedad al megali ismo occiden al, a pesa
de que ya Ca ailhac, Nils Abe g y el mismo Bosch Gimpe a admi ían una e olución del megali ismo desde
los ipos simples a los complejos, lo mismo que O. Mon elius en su clasi icación de las umbas megalí icas
del no e de Eu opa. En 1965, en un in e esan e a ículo sob e la c onología del a e upes e semina u alis a
y esquemá ico, al a a de la di e enciación cul u al del Neolí ico de las egiones peninsula es, se e e ía
a la con inuidad en Po ugal de las adiciones mesolí icas ipo Muge en las sepul u as megal icas, en las
que "los p ime os pe iodos son e iden emen e neolí icos", (Bosch-Gimpe a 1965: 5). Así ol ía sob e
la an igüedad y el ca ác e neolí ico del megali ismo po ugués, an es de que Ren ew expusie a sus esis
en base a las da aciones de C 14.
En o o luga , me ocupé b e emen e de las dis in as explicaciones que se han ido dando sob e el o igen
del megali ismo local : inc emen o de población, ea i mación de los de echos de explo ación de un e i o io
po pa e de sociedades segmen a ias, ue e cohesión social de un g upo capaz de emp ende ales cons uc-
ciones, e c. (Muñoz 1996). Son a ios los au o es que coinciden en alo a la cons ucción del monumen o
megalí ico como una ea i mación e i o ial. En es e sen ido, pa ece cla o que no se a a simplemen e
del concep o de nec ópolis —ciudad de los mue os— an p opio del neolí ico a anzado cen oeu opeo, y
quizás de nues os "sepulc os de osa", dado que los megali os apa ecen an o aislados como o mando
ex ensas nec ópolis y ambién en luga es dominan es, que des acan en el conjun o de un paisaje y lejos
de un luga de habi ación. Como en o as ocasiones, la explicación no es ácil ni puede esol e se sin conside a
odos los ac o es que de e minan el iempo cul u al en que se p oduce: subs a o, asen amien o y su elación
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con el monumen o, medio en el que se si úa y análisis del mo i o de la elección (económico, sac o), in e e-
lación con luga es de habi ación, de los megali os en e sí y con o os ipos de en e amien o. En suma,
in en a alo a el megali o en su con ex o, signi icado y unción p ecisa. Pa a ello, no hay duda de que hay
que in en a llega al pensamien o e ideología sob e odo a a és de odos sus elemen os: es uc u a, es udio
del uso dado a cada mic oespacio, es os óseos y i ual del en e amien o, o endas de odo ipo, mani es a-
ciones a ís icas e ideología. Es undamen al ambién, ene en cuen a la la ga pe du ación del megali ismo
y su p oceso inal. T a a de explica el po qué un sis ema une a io con ue e ca ga i ual, puede se i
a comunidades muy simples, de ca ác e undamen almen e campesino y ambién a o as mas complejas,
al pa ece ue emen e cen alizadas y je a quizadas, según se han in e p e ado casos como el de Los Milla es.
Ya no es álida la exclusi a in e elación en e megali ismo y sis emas de en e amien o múl iple, con
poblados o i icados ipo Milla es o Vilano a de San Ped o y los comienzos de la me alu gia que co esponden
a una ase pos e io del p oceso, ya a inales del IV o comienzos del III milenio, que solemos llama
Calcolí ico, cuando el megali ismo a e olucionando hacia o mas es uc u ales muy a iadas. En 1943,
G. y Ve a Leisne habían señalado que algunos megali os del su de Po ugal y la p o incia de Huel a,
si uados p ecisamen e en zonas con ecu sos mine os de cob e, no mos aban ninguna elación con la ac i idad
me alú gica (Leisne y Leisne 1943). Incluso ene! ajua del Tholos de San Ba olomé de la To e (Leisne
y Pé ez Núñez 1952) y en la nec ópolis de Pozuelo, no se encon ó me al, de lo que Ce dán y Leisne deduje on
sabiamen e (no había da aciones de C14) que la nec ópolis se ía an e io al uso de la me alu gia (Ce dán,
Leisne y Leisne 1952). La deducción de o os, en cambio, ha sido la de que en Huel a la me alu gia no
comenzó has a la edad del B once. En Po ugal, aunque es á bien documen ada la me alu gia del cob e
desde la p ime a mi ad del III milenio, emos que en el Alen ejo, con nume osas minas de cob e (Sie a
de G ándola, minas de Cas o Ve de), es e es escasísimo en las umbas megalí icas de Reguengos de Mosa az
(Leisne y Leisne 1951). En cambio, pa ece que empieza a usa se el cob e cuando las umbas de alsa
cúpula ya es aban en uso, a mediados del IV milenio a. C. TL, pe o en escasa can idad. En Es emadu a
el me al abunda mas, pe o las sepul u as pueden se mas a días. A pa i de los años sesen a, las p ime as
da aciones de C14 pa a el megali ismo po ugués, pa ecían ea i ma su o igen local (Leisne y Veiga 1963).
Sin emba go, desde inales de los a ios 60, los abajos de Hen ique Leono Pina y José Pi es Gongal es
en Monsa az, con el descub imien o de nue os megali os, de menhi es g abados y a e upes e, ab ie on
nue as pe spec i as y líneas de in es igación que mues an una ez mas la iqueza y complejidad de el
megali ismo po ugués. Vic o S. Gongal es, que había es udiado a ondo el megali ismo y la me alu gia del
Alga e o ien al (Gongal es 1989), eemp ende la e isión y es udio de Reguengos de Monsa az (Gongal es
1999). En es a e isión pone de mani ies o la al a de base de las secuencias c onológicas de los monumen os
es ablecidas a pa i de su es uc u a y amaño mas o menos simple e incluso de de e minados obje os del
ajua . No c ee que las cue as a i iciales o hipogeos de la egión cos e a, hayan sido exca adas po los
mismos cons uc o es de an as que o endan en sus en e amien os las placas de esquis o con deco ación
geomé ica. Las cue as a i iciales coincidi ían con el inicio del Calcolí ico, con sus ce ámicas acanaladas
y los p ime os obje os o i os de caliza y quizás con la cons ucción de los p ime os holoi, de cons ucción
menos cos osa que las an as o megali os, con uso ecuen e de la piza a en ez del g ani o y mas áciles
de u iliza sucesi amen e, in oduciendo el sepelio po el echo de la cáma a, como en los hipogeos. Piensa
que los en e amien os en cue as na u ales p esen an el mismo i ual (en e amien o colec i o, deposiciones
p ima ias, pe o sob e odo secunda ias y uso del oc e) que las an as e incluso las placas de esquis o g abadas.
Se ian las mismas poblaciones, que es acionalmen e se aslada ían a la cos a, las que ap o echaban la
g u as na u ales con ines une a ios en zonas donde e a mas di ícil cons ui monumen os po g upos de
g an mo ilidad. La di usión del megali ismo se debe ía a un amplio mo imien o de mig ación de ideas,
de p ocesos y écnicas de cons ucción pe o ambién de gen es.
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El mismo p oceso se epe i ía mas a de con la cons ucción de poblados o i icados con o es huecas
o macizas. Según Gonol es el comienzo del Calcolí ico en Po ugal coincidi ía con la segunda g an llegada
e ec i a de in luencias medi e áneas. La p ime a oleada hab ía sido la del Neolí ico an iguo (Zilhao 1992).
Las an as, en cambio se ian una c eación a lán ica, del no oes e a lán ico, aunque es sumamen e c í ico
con las da aciones de C14, an p oblemá icas en sepul u as con en e amien os múl iples e incluso con mues as
que pueden se an e io es a la cons ucción del monumen o y no elacionadas con él. En el caso de Reguengos
de Monsa az, solo hay es da aciones segu as pa a el holos O i al da Pega 2b (0P2b): 3303-2615, 2920-2505
y 2900-2501 B.C. (Gonol es 1999:31 y 116), aunque se puede es ablece una cie a secuencia de la e olución
de los monumen os —1, pequeñas cis as; 2, an as de co edo muy co o; 3, an as de g andes dimensiones,
gene almen e con co edo la go o muy la go; 4, olhoi—, y calcula una du ación de su uso a lo la go de
dos milenios. Du an e la segunda mi ad del IV milenio se cons uye on las dos g andes an as de co edo
de Oli al da Pega, que die on icos ajua es y ue on eu ilizadas en el III, añadiéndole dos cáma as ipo
olos a la meno de ellas. (0P2) A pa i de la p ime a mi ad del III milenio en Reguengos de Monsa az
apa ecen inas lajas e icales o ando el in e io de las cáma as une a ias, y en los poblados mu allas
y o es. Es a secuencia de es p ime as ases de megali os neolí icos, en Reguengos, coincide con las dos
deducidas pa a el Alen ejo po Zilháo en base a las secuencias de la G u a do Caldei áo y la G u a da Fe ei a:
la p ime a de pequeñas an as de co edo co o, con ajua de ce ámicas lisas almag adas, mic oli os y obje os
de pied a pulimen ada y la segunda, ya en el IV milenio, con la cons ucción de g andes an as como la
de Comenda da Ig ejia, con pun as de lecha, placas de piza a y, en la Es emadu a, u ilización de cue as
sepulc ales na u ales (Lapa do Fumo) y a i iciales (Ca enque 2) (ZILHÁO 1995). La con inuidad de los
abajos y la iqueza de la zona a queológica de Reguengos, en e el Guadiana y el Álamo, se á sin duda
undamen al pa a una mejo comp ensión de una pa e impo an e del megali ismo po ugués, un au én ico
paisaje i ual, po emplea un cali ica i o acuñado en los g andes complejos eligioso- une a ios de I landa
(Cooney 1990).
En el Su es e, el poblado de Los Milla es y su nec ópolis, y el inicio de la me alu gia, se desa olla on
casi medio siglo después que los p ime os megali os neolí icos occiden ales dando un buen ejemplo de
la la ga igencia de es as cos umb es une a ias a lo la go del espacio peninsula . Es p ecisamen e aquí,
donde se ía de g an in e és el es udio del sus a o, de los asen amien os y en e amien os neolí icos de lo
que S i e llamó "cul u a de Alme ía". Aunque a a és del Co pus del ma imonio Leisne se han hecho
abajos de g an in e és que mues an es os an eceden es, al an da aciones de C14 que pe mi an es ablece
secuencias (Acos a y C uz Auñón 1981). T abajos de p ospección en nec ópolis p óximas a Los Milla es,
han e elado la exis encia de comunidades megalí icas po lo menos independien es ele la de Los Milla es,
como es el caso del conjun o megalí ico de Alhama. En el "Pasillo de Tabe nas", donde enemos el impo an e
asen amien o y nec ópolis de Te e a Ven u a con un sus a o cla amen e neolí ico, las p ospecciones pa ecen
e ela es uc u as de o ganización del megali ismo muy di e sas a las del Valle del Andá ax y ambién
a las si uadas en el alle del Almanzo a, al o o lado de Los Filab es (Maldonado, Molina Alca az y o os
1991-92). Aunque oda ía es p on o pa a sabe si es as comunidades megalí icas pudie on an icipa se a
las de Los Milla es, es muy posible que, eniendo en cuen a la impo ancia de su desa ollo y sus p opias
peculia idades en un ámbi o geog á ico plenamen e ocupado desde el Neolí ico, engamos que emon a
ambién c onológicamen e, los comienzos del Megali ismo del sudes e, sin necesidad de basa nos exclusi a-
men e en la ipología de las umbas y sus ajua es. De momen o, queda cla o que en Po ugal, y en o as
á eas con exca aciones mas ecien es y echas mas p ecisas, como la Mese a o Ca aluña, que, en su o igen,
el megali ismo se elaciona con el Neolí ico, an o desde un pun o de is a c onológico como cul u al.
El megali ismo se inició en una ase a anzada del Neolí ico, ya den o del IV milenio, no es un elemen o
cul u al que apa ezca de epen e ni con empo áneamen e a la p ime a implan ación de las o mas de ida
neolí icas, sino en una ase mas a día, cuando ya es as se han ido ex endiendo p ác icamen e po odo el
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e i o io peninsula . Po o o lado, se siguen cons uyendo megali os has a casi la edad del B once. Los
hallazgos de la Mese a, mues an que la p esencia de campani o me en alguno de sus ajua es, no se puede
explica simplemen e como un enómeno de in usismo o eu ilización. Exca aciones en Ex emadu a,
Andalucía, la Mese a, la co nisa Can áb ica o Na a a, an ampliando cada ez mas el mapa del megali ismo
peninsula , aunque sigue quedando la laguna de la egión alenciana, al su del Eb o y al pa ece has a
el Segu a-Guadalen ín, ya que en es os úl imos años se han es udiado una se ie de megali os en el Ce o
Neg o de Jo e (Lo ca) además de los ya conocidos Mu ied o, Bagil, Cabezo del Plomo o el Milano, en
la p o incia de Mu cia (Lo ca 1994). No es es e el momen o de a a el ema de la ausencia de megali os
en Valencia, ya que lle o mas de quince años espe ando a que apa ezca alguno (Muñoz 1986)
Pa ece cla o que no se puede gene aliza , y que cada ez mas, el es udio e i o ial mues a un e iden e
polimo ismo, no sólo desde un pun o de is a de su es uc u a cons uc i a, sino ambién desde el de su con-
ex o cul u al y c onológico. En es e aspec o, hay que des aca que desde comienzos de la in es igación
p ehis ó ica en la Península, en las p ime as décadas del siglo XX, se endió a es udios de ipo egional.
En Ca aluña, Bosch y su discípulo Pe ico des aca on la pe sonalidad de una "cul u a pi enaica" (Pe ico
1925), en Po ugal, en Andalucía, en Ex emadu a, se exca a on g andes monumen os, pe o sin duda ue on
los g andes Co po a de los Leisne los que ma ca on un nue a línea de in es igación que en cie o momen o
die on luga a la apa ición de Co pus de megali os del C.S.I.C. que ecogie on las zonas no es udiadas po
los Leisne , iniciando una se ie que, como las Ca as A queológicas, no u ie on con inuidad. De odas
o mas, las Mesas Redondas como la celeb adas en Opo o en 1979, en Mad id en 1984 po la Asociación
de Amigos de la A queología, el Symposium sob e A qui ec u a Megalí ica o ganizado po la Uni e sidad
de Ba celona en las Balea es, o la Reunión que sob e
El megali ismo en la península Ibé ica,
o ganizó
en 1987 el Minis e io de Cul u a, apa e de los nume osos es udios monog á icos (A ibas y Molina 1984;
Fáb egas Valca ce 1991), dan buena cuen a del in e és po las di e sas líneas de in es igación en omo
al megali ismo.
Finalmen e, engo que hace al menos una e e encia al a e megalí ico, no sólo po que hay un a e
megalí ico que algunos han cali icado de "nec olá ico", sino ambién po que no hay duda de que la apo ación
mas impo an e al es udio del a e p ehis ó ico peninsula de es a época, se la debemos a Pila Acos a, ambién
amiga y compañe a, y ob iamen e copa ícipe de es e Homenaje (Acos a 1968). Teniendo en cuen a que
has a aho a solo he a ado de expone los undamen os Neolí icos del megali ismo, oy a hace lo mismo
con su a e, que es un aspec o mas del con ex o Neolí ico y Calcolí ico, sin p e ende analiza su mani es acio-
nes ecogidas hace unos a ios (1981) po Elisabe h Shee Twoohig en su magní ico Co pus. Las cul u as
neolí icas peninsula es, que en su p ime momen o — neolí ico an iguo de ce ámicas deco adas — pod íamos
educi a dos g upos p incipales, el de las ce ámicas ca diales, y el de las ce ámicas incisas-imp esas, a
pa i de su expansión en e las poblaciones indígenas, expe imen ó una e olución de adap ación a las
adiciones an e io es, dando luga a mani es aciones nue as y muy icas, en e las que des aca el megali ismo
con odas sus a ian es.
A comienzos del Neolí ico, exis e en la Península un a e upes e, el Le an ino, a e na u alis a, que
nos mues a un ambien e medi e áneo con una auna plenamen e adap ada al Holoceno, pe o ambién al
homb e que con i e con ella. Unas eces obse ándolos, o as cazándolos y o as compi iendo con o os
homb es. E an cazado es, a que os y gue e os, que lle aban a uendos que p o egían su cue po y ambién
ado nos en la cabeza y cue po, que los pe sonaliza ía y se ían símbolo de ue za y de dignidad. Se les
ep esen a i os, dinámicos, en plena ac i idad con un na u alismo ealis a, lleno de ue za, que a su ez
nos llena de admi ación. Pe o la exp esión del mundo "le an ino" se comple a con las escenas en que juega
un papel impo an e la muje con sus la gas aldas y pechos descubie os. Pa ecen escenas es i as, con
baile y mo imien o, que a eces se han in e p e ado como i uales, po apa ece las muje es danzando al ededo
de un a ón muy ado nado, in e p e ado como un b ujo. Lo que es e iden e es que aunque el cen o lo ocupa
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el supues o b ujo, las que dominan la escena son las muje es que lo ce can o aco alan. El a e le an ino,
e leja sin duda un a e de cazado es ecolec o es, que sin duda con i ían de ce ca con g upos ya neolí icos.
Hay ambién o o a e upes e, el llamado esquemá ico, po la simplicidad exp esi a de su azo, aunque
su con enido, lo que exp esa, es muy semejan e al del a e le an ino: cé idos, équidos, igu as humanas
emeninas y masculinas, a que os (cazado es o gue e os) y ambién símbolos as ales (soles, es ellas,
es eli o mes) o ep esen aciones de agua, a boles, que, a mi juicio, no pe mi e gene aliza el concep o de
simbólico pa a odo el a e esquemá ico. Pienso que Pila Acos a acie a cuando al plan ea el o igen de
es e a e esquemá ico, es pa ida ia de conjuga los ac o es au óc onos con los alóc onos y, sob e odo,
cuando a isa del pelig o de gene aliza la c onología de un de e minado mo i o a á eas geog á icamen e
alejadas. Además, p opicia una ía de in es igación a pa i de ep esen aciones en ma e iales muebles
bien con ex ualizados (Acos a 1984: 34-40), ecogiendo ejemplos de p ác icamen e odos los emas, que
aba can p ác icamen e desde el Neolí ico an iguo al aso campani o me.
Es del mayo in e és su obse ación de que las deco aciones de algunos megali os del occiden e peninsula
pod ían indica en esa zona la an igüedad del a e esquemá ico. Nos encon a íamos con un a e esquemá ico
que, p ecisamen e po apa ece en megali os an iguos, se emon a ía al Neolí ico. Aunque hayan pasado
ya quince a ios desde es e abajo pione o, los es imonios de emas esquemá icos en ce ámicas neolí icas,
sob e odo en Andalucía, an en aumen o y, es e iden e que, el cali ica i o de "ce ámica simbólica" no
se inicia en Los Milla es, sino mas bien en adiciones que se emon an a g upos de cazado es au óc onos,
que apa ecen en la ce ámica desde comienzos del Neolí ico.
En cuan o al a e mueble megalí ico, si es que podemos llama así a las o endas del ajua une a io,
pa ece que se sigue admi iendo po los a queólogos po ugueses, que las plaqui as de piza a con deco ación
geomé ica co esponden al Neolí ico del IV milenio, de las an as y cue as sepulc ales. En cambio, pa ecen
conside a o ánea la in oducción de los oculados, an o en las plaqui as como en los ídolos de caliza
(GonÇal es 1999). Yo en cambio, compa o la opinión de Pila Acos a de que el uso de soli o mes pa a
la ep esen ación de ojos, "en ídolos de ipología a iada, muebles o upes es, e incluso ce ámicas, es un
apo e eminen emen e indígena, de aíz neolí ica" (Acos a 1984: 48). En cie o modo, el hallazgo de la Dama
de Ga á, en el con ex o de los sepulc os de osa con da aciones del IV milenio, con sus ex años ojos
soli o mes, iene a ea i ma es a idea (Muñoz 1997 a).
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