scieee Science in your language
[es] (orig)

Toros y sociedad en Lima colonial

Read accessible full text

Toros y sociedad en Lima colonial

Author: Iwasaki Cauti, Fernando
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2000
Source: https://idus.us.es/bitstreams/3c9d92d9-6a5a-4fdd-99da-8a9ec7be04a1/download
Re is a de Es udios Tau inos
N.º 12, Se illa, 2000, págs. 89-120
TOROS Y SOCIEDAD EN LIMA COLONIAL
Fe nando Iwasaki Cau i
Uni e sidad Ca ólica del Pe ú
«La p opensión de los Españoles á las co idas de o os es igual
en oda la ex ensión de los dominios de S.M., y en es a capi al
egula men e gus an de semejan e en e enimien o» Manuel de
Ama y Junie , Memo ia de Gobie no.
pesa de es a si uado en la pe i e ia del mundo
hispano, el Pe ú es un país donde la ies a b a a
ha conse ado odo su hechizo y igo desde los
p ime os años de la dominación española. Sin
emba go, a despecho de la abundan e documen ación exis-
en e, nunca se ha ealizado una in es igación que se
apa e de los dague o ipos cos umb is as y anecdó icos
que han educido el ema a un deleznable «a chi o de
c iollismo».
Nues o abajo p e ende segui el i ine a io del o eo
en Lima desde la undación de la ciudad en 1532 has a la
cons ucción de la Plaza de Acho en 1766, pa a explica
cómo se a icula on pode y sociedad al ededo de la ies-
a du an e los 300 años del i eina o pe uano. E iden e-
men e se á una pano ámica p elimina , pe o a la ez
aza emos los de o e os que o os in es igado es pod án
eco e en pos e io es es udios.
Ma in, G.: “Hono , in eg idad y el p oblema de la io-
lencia en la co ida de o os en España”, en D. Riches (coo d.)
(1986): El enómeno de la iolencia, Mad id, Pi ámide.
O ega y Gasse , J. (1986): “Sob e los o os, la caza y
el o eo”, en Re is a de Occiden e, Mad id, Alianza Edi o ial.
Pi -Ri e s, J. (1984): “El sac i icio del o o”, en Re is-
a de Occiden e, Mad id.
_______ (1990): “T aje de luces, aje de luna es”, en
Tau ología, n.º 2, Mad id.
Tie no Gal án, E., (1988) [1951]: Los o os, acon eci-
mien o nacional, Ba celona, Tu ne , 1988.
T esgue es, A. F. (1993): Los dioses ol idados. Ma e-
iales pa a una an opología de la caza y del o eo, O iedo,
Pen al a.
Al onso Fe nández T esgue es
88
«Los p incipales colonos, como indi iduos, exigían ie as; como
egido es e an esponsables de la dis ibución de las ie as. Como
anche os p oducían ca ne de aca y algunas o as p o isiones con que se
alimen aban las ciudades; como egido es ijaban los p ecios a que se
debían ende las me cancías... los cabildos ue on las ins i uciones p in-
cipales pa a sal agua da los in e eses y exp esa las opiniones de la clase
conquis ado a» (Pa y , 1970: 82).
Du an e el siglo XVI el núme o de o os b a os o
encas ados en Lima debió se más bien aquí ico, azón po la
cual «el cabildo des inó pa a es a di e sión cua o días en
cada año; y desde 1559 se e i ica on, la p ime a co ida el
día de la Epi anía o Pascua de Reyes, la segunda el de San
Juan, la e ce a el de San iago y la cua a el de la Asunción»
(Mendibu u, 1902: 83-84). Sin emba go, ambién hay que
ene en cuen a la p ohibición papal, ecu ida po el ey y
o igen de no pocas dispu as en e el pode ci il y el cle o. De
ahí que el i ey Toledo le di igie a al mona ca es as líneas:
«En e o os b e es en que acá nos bamos e iniendo has a
en ende que es én pasados po Vues a Al eza como Su Mages ad lo
manda, a cido uno el de los o os, en que la pob eza y melancolía de es as
ie as ecibió muy mal que el A zobispo le hiziese publica , no a iéndose
hecho en esos eynos después de a e suplicado dél. La ciudad embía su
suplicación y la mía ambién, po que el dicho b e e habla con los go e -
nado es. Vues a Al eza manda á que se siga la causa como más con-
inie e y uesse se icio de Su Mages ad y me manda á a isa de lo que
sob e és o se u ie e de haze » (A.G.I., 1571: 28-A).
Al pa ece , las ges iones del i ey ue on e icaces
po que los o os ol ie on a co e se en Lima ese mismo año,
pe o el a zobispo Loayza insis ió en su echazo an e la Co o-
na, mas en esa ocasión alegando la in eg idad de los indios.
La p eocupación del dominico signi icaba además que la
To os y sociedad en Lima colonial 91
1.– DEL JINETE SEÑORIAL A LOS NEGROS CAPEADORES
Según e udi os au o izados, la p ime a co ida cele-
b ada en Lima se lle ó a cabo du an e la consag ación de
óleos hecha po el obispo ay Vicen e de Val e de el 29 de
ma zo de 1540:
«La unción ue en la Plaza Mayo ; p incipió a la una de la a de, y
se lidia on es o e es de la ganade ía de Ma anga. Don F ancisco Piza o,
a caballo, ma ó al segundo o o a ejonazos» (Palma, 1957: 46-47).
La ci a an e io exage a cuando menos dos de alles.
El que Piza o pudie a ejonea a caballo con más de se en-
a años de edad y, lo más cu ioso, que se hable de una
«ganade ía de Ma anga». Con espec o a lo p ime o ningún
bióg a o del conquis ado del Pe ú ecoge semejan e acon-
ecimien o, y en cuan o a lo segundo debemos apun a que
Nicolás de Ribe a el Mozo, encomende o de Ma anga, en
e ec o e a p opie a io po esos años de un alioso ha o de
acas alo ado en ocho mil pesos (Lohmann, 1983: II,
265). Pe o además hay que co obo a que ambién e a un
empede nido a icionado pues, en 1564, ele ó una ins ancia
al Rey en la que se quejaba po el desenlace de una co ida
(A.G.I., 15.V.1564: 121).
Sin emba go, no hay que ol ida que los escasos
es ancie os de la época debie on se a la ez egido es o
alcaldes, en cuyo caso esul aban se los p ime os bene icia ios
de la ies a, ya que no sólo e an quienes se lucían alanceando
o os, sino ambién, se ían los dueños de las eses lidiadas. Cada
celeb ación exal aba su p es igio y pode :
Fe nando Iwasaki Cau i
90
«Los p incipales colonos, como indi iduos, exigían ie as; como
egido es e an esponsables de la dis ibución de las ie as. Como
anche os p oducían ca ne de aca y algunas o as p o isiones con que se
alimen aban las ciudades; como egido es ijaban los p ecios a que se
debían ende las me cancías... los cabildos ue on las ins i uciones p in-
cipales pa a sal agua da los in e eses y exp esa las opiniones de la clase
conquis ado a» (Pa y , 1970: 82).
Du an e el siglo XVI el núme o de o os b a os o
encas ados en Lima debió se más bien aquí ico, azón po la
cual «el cabildo des inó pa a es a di e sión cua o días en
cada año; y desde 1559 se e i ica on, la p ime a co ida el
día de la Epi anía o Pascua de Reyes, la segunda el de San
Juan, la e ce a el de San iago y la cua a el de la Asunción»
(Mendibu u, 1902: 83-84). Sin emba go, ambién hay que
ene en cuen a la p ohibición papal, ecu ida po el ey y
o igen de no pocas dispu as en e el pode ci il y el cle o. De
ahí que el i ey Toledo le di igie a al mona ca es as líneas:
«En e o os b e es en que acá nos bamos e iniendo has a
en ende que es én pasados po Vues a Al eza como Su Mages ad lo
manda, a cido uno el de los o os, en que la pob eza y melancolía de es as
ie as ecibió muy mal que el A zobispo le hiziese publica , no a iéndose
hecho en esos eynos después de a e suplicado dél. La ciudad embía su
suplicación y la mía ambién, po que el dicho b e e habla con los go e -
nado es. Vues a Al eza manda á que se siga la causa como más con-
inie e y uesse se icio de Su Mages ad y me manda á a isa de lo que
sob e és o se u ie e de haze » (A.G.I., 1571: 28-A).
Al pa ece , las ges iones del i ey ue on e icaces
po que los o os ol ie on a co e se en Lima ese mismo año,
pe o el a zobispo Loayza insis ió en su echazo an e la Co o-
na, mas en esa ocasión alegando la in eg idad de los indios.
La p eocupación del dominico signi icaba además que la
To os y sociedad en Lima colonial 91
1.– DEL JINETE SEÑORIAL A LOS NEGROS CAPEADORES
Según e udi os au o izados, la p ime a co ida cele-
b ada en Lima se lle ó a cabo du an e la consag ación de
óleos hecha po el obispo ay Vicen e de Val e de el 29 de
ma zo de 1540:
«La unción ue en la Plaza Mayo ; p incipió a la una de la a de, y
se lidia on es o e es de la ganade ía de Ma anga. Don F ancisco Piza o,
a caballo, ma ó al segundo o o a ejonazos» (Palma, 1957: 46-47).
La ci a an e io exage a cuando menos dos de alles.
El que Piza o pudie a ejonea a caballo con más de se en-
a años de edad y, lo más cu ioso, que se hable de una
«ganade ía de Ma anga». Con espec o a lo p ime o ningún
bióg a o del conquis ado del Pe ú ecoge semejan e acon-
ecimien o, y en cuan o a lo segundo debemos apun a que
Nicolás de Ribe a el Mozo, encomende o de Ma anga, en
e ec o e a p opie a io po esos años de un alioso ha o de
acas alo ado en ocho mil pesos (Lohmann, 1983: II,
265). Pe o además hay que co obo a que ambién e a un
empede nido a icionado pues, en 1564, ele ó una ins ancia
al Rey en la que se quejaba po el desenlace de una co ida
(A.G.I., 15.V.1564: 121).
Sin emba go, no hay que ol ida que los escasos
es ancie os de la época debie on se a la ez egido es o
alcaldes, en cuyo caso esul aban se los p ime os bene icia ios
de la ies a, ya que no sólo e an quienes se lucían alanceando
o os, sino ambién, se ían los dueños de las eses lidiadas. Cada
celeb ación exal aba su p es igio y pode :
Fe nando Iwasaki Cau i
90
pasaba sob e los ales homb es ó le an aba en el ai e a los que podía»
(Mendibu u, 1902: 90) 1.
En ado el siglo XVII, las celeb aciones aumen a on en
núme o según la calidad de los acon ecimien os, lo que com-
plicó la e ique a y p o ocolo de las co idas, desa ando con lic-
os en e las au o idades2. Tenemos el caso del encie o conque
To os y sociedad en Lima colonial 93
1Es a sue e se man u o en Lima has a los p ime os años del siglo XX,
pe o un c onis a del siglo pasado la desc ibe así: “O a de las sue es p opias del
Pe ú es la de moja as. Va ios indios llamados moja e os, se a man con la gos
chuzos con pun as de ie o: échanse en el suelo, pa a ecibi al o o, y cuando
es e embis e al g upo, p e enden los indios cla a le el chuzo po donde puedan.
Muchas eces pasa el o o, pisando á los moja e os; muchas eces oma á uno
de ellos en las as as y lo pelo ea; pe o el indio no se inde y es p eciso que quede
g a emen e he ido pa a que no uel a á la ca ga. El moja e o no sale al ci co
mien as el o o no se le p esen e de la co pulencia de un pe o; y llega á ealiza
ese enómeno óp ico, no á a o de len es cónca os, sino á ue za de oma
agua dien e. Desde que da p incipio la co ida empiezan los indios á bebe ; unos
á o os se p egun an de qué amaño es á el o o y los que aun no ienen la is a
en el g ado necesa io con es an: «Toda ía es á g ande; echa o a copa. ¿Cuál e a
y cuál es, hoy mismo, la mejo co ida de o os? No aquella en que los o e os
habían mani es ado mayo des eza, ni las ie as mayo b a u a. Los a icionados
necesi an mayo es y más ue es emociones. Si salían del ci co unos cuan os
caballos mue os ó, cuando menos g a emen e he idos; si había o e os es o-
peados; si los indios moja e os habían olado po los ai es á impulso de ecias
es a adas, en una palab a, si había sang e y golpes la a de e a lucida, y si había
una mue e, ¡comple a! ¡sobe bia!» (Ci . Fuen es, 1867: 144-145).
2«Además de las ies as o dina ias de o os que se di igían po emp e-
sa ios suje os á con a o con la ciudad, había o as que disponía el Cabildo, en la
que sus agen es se en endían pa a consul a el mayo deco o y lucimien o. E an
es as las que se hacían con ocasión de la ju a del Rey, nacimien o de P íncipe,
ma imonios eales, en ada en Lima de nue o Vi ey ó A zobispo, y undaciones
ó acon ecimien os plausibles, como lo ue on la canonización de San a Rosa y de
o os San os. También se hacían unciones ex ao dina ias de o os que ca ecían
del apa a o de aquellas, siendo asimismo in e io es en odo á las de cos umb e en
cada año, ales como las que cos eaban los que ecibían el g ado de Doc o en la
Uni e sidad de San Ma cos» (Mendibu u, 1902: 84).
lidia pe uana con ocaba a o os ac o es que no e an exclusi-
amen e de la nobleza:
«En es a yglesia se leyó el p opio mo u de su Sanc idad sob e la
p ohibición de los o os es ando el i ey en ella. Después de leyda me
dijo el i ey que po mandado de Vues a Mages ad se a ía consul ado
al Papa sob e ello y que se podían co e o os has a que iniese la
espues a de su Sanc idad. El cabildo des a ciudad apeló o suplicó della
a imándose a la suplicación o consul a que po mandado de Vues a
Mages ad se hizo, có ense o os como an es. Suplico a Vues a Mages-
ad mande lo que se ha de haze en ello. Más pelig o e yncon enien e ay
en es a ie a po causa de los yndios que en ese eyno, po que, como los
o os se co en en ies as y en ales días los yndios suelen bebe demasi-
ado, demás de se gen e o pe, hie en y ma an algunos, y, aunque se ha
p o eydo que no salgan yndios a la plaza, no se puede gua da en e a-
men e» (A.G.I., 23.IV.1572: 300).
¿Qué signi icaba la p esencia de los indios du an e la
lidia? Desde los iempos de Piza o has a el gobie no del ma -
qués de Cañe e (1555-1561), los jine es se di idían en dos ban-
dos pa a ejonea o os o juga a las cañas, pe o «después de
ellos ue cuando se in oduje on en la co ida cuad illas de pa -
lampanes, papahue os, co adías de a icanos y payas»
(Palma, 1957: 47). Como se puede ap ecia , desde muy em-
p ano indios y neg os se in eg a on a la ies a.
En un p ime momen o la unción de los neg os debió
se más bien disc e a, pe o los indios alcanza on ápido p o-
agonismo a a és de la sue e de moha as (Fig. n.º 14):
«Conocíase po lance de moha as el espe a al o o cua o ó
seis indíjenas, po lo egula muy éb ios, que a mados de ejones co -
os, apoyados en el suelo, y sen ados ó echados, llamaban ó p o ocaban
al o o con unas pequeñas capas enca nadas. Algunos mo ían en su
empeño de pe segui á la ie a y hos iliza la po muchas eces: el o o
Fe nando Iwasaki Cau i
92
pasaba sob e los ales homb es ó le an aba en el ai e a los que podía»
(Mendibu u, 1902: 90) 1.
En ado el siglo XVII, las celeb aciones aumen a on en
núme o según la calidad de los acon ecimien os, lo que com-
plicó la e ique a y p o ocolo de las co idas, desa ando con lic-
os en e las au o idades2. Tenemos el caso del encie o conque
To os y sociedad en Lima colonial 93
1Es a sue e se man u o en Lima has a los p ime os años del siglo XX,
pe o un c onis a del siglo pasado la desc ibe así: “O a de las sue es p opias del
Pe ú es la de moja as. Va ios indios llamados moja e os, se a man con la gos
chuzos con pun as de ie o: échanse en el suelo, pa a ecibi al o o, y cuando
es e embis e al g upo, p e enden los indios cla a le el chuzo po donde puedan.
Muchas eces pasa el o o, pisando á los moja e os; muchas eces oma á uno
de ellos en las as as y lo pelo ea; pe o el indio no se inde y es p eciso que quede
g a emen e he ido pa a que no uel a á la ca ga. El moja e o no sale al ci co
mien as el o o no se le p esen e de la co pulencia de un pe o; y llega á ealiza
ese enómeno óp ico, no á a o de len es cónca os, sino á ue za de oma
agua dien e. Desde que da p incipio la co ida empiezan los indios á bebe ; unos
á o os se p egun an de qué amaño es á el o o y los que aun no ienen la is a
en el g ado necesa io con es an: «Toda ía es á g ande; echa o a copa. ¿Cuál e a
y cuál es, hoy mismo, la mejo co ida de o os? No aquella en que los o e os
habían mani es ado mayo des eza, ni las ie as mayo b a u a. Los a icionados
necesi an mayo es y más ue es emociones. Si salían del ci co unos cuan os
caballos mue os ó, cuando menos g a emen e he idos; si había o e os es o-
peados; si los indios moja e os habían olado po los ai es á impulso de ecias
es a adas, en una palab a, si había sang e y golpes la a de e a lucida, y si había
una mue e, ¡comple a! ¡sobe bia!» (Ci . Fuen es, 1867: 144-145).
2«Además de las ies as o dina ias de o os que se di igían po emp e-
sa ios suje os á con a o con la ciudad, había o as que disponía el Cabildo, en la
que sus agen es se en endían pa a consul a el mayo deco o y lucimien o. E an
es as las que se hacían con ocasión de la ju a del Rey, nacimien o de P íncipe,
ma imonios eales, en ada en Lima de nue o Vi ey ó A zobispo, y undaciones
ó acon ecimien os plausibles, como lo ue on la canonización de San a Rosa y de
o os San os. También se hacían unciones ex ao dina ias de o os que ca ecían
del apa a o de aquellas, siendo asimismo in e io es en odo á las de cos umb e en
cada año, ales como las que cos eaban los que ecibían el g ado de Doc o en la
Uni e sidad de San Ma cos» (Mendibu u, 1902: 84).
lidia pe uana con ocaba a o os ac o es que no e an exclusi-
amen e de la nobleza:
«En es a yglesia se leyó el p opio mo u de su Sanc idad sob e la
p ohibición de los o os es ando el i ey en ella. Después de leyda me
dijo el i ey que po mandado de Vues a Mages ad se a ía consul ado
al Papa sob e ello y que se podían co e o os has a que iniese la
espues a de su Sanc idad. El cabildo des a ciudad apeló o suplicó della
a imándose a la suplicación o consul a que po mandado de Vues a
Mages ad se hizo, có ense o os como an es. Suplico a Vues a Mages-
ad mande lo que se ha de haze en ello. Más pelig o e yncon enien e ay
en es a ie a po causa de los yndios que en ese eyno, po que, como los
o os se co en en ies as y en ales días los yndios suelen bebe demasi-
ado, demás de se gen e o pe, hie en y ma an algunos, y, aunque se ha
p o eydo que no salgan yndios a la plaza, no se puede gua da en e a-
men e» (A.G.I., 23.IV.1572: 300).
¿Qué signi icaba la p esencia de los indios du an e la
lidia? Desde los iempos de Piza o has a el gobie no del ma -
qués de Cañe e (1555-1561), los jine es se di idían en dos ban-
dos pa a ejonea o os o juga a las cañas, pe o «después de
ellos ue cuando se in oduje on en la co ida cuad illas de pa -
lampanes, papahue os, co adías de a icanos y payas»
(Palma, 1957: 47). Como se puede ap ecia , desde muy em-
p ano indios y neg os se in eg a on a la ies a.
En un p ime momen o la unción de los neg os debió
se más bien disc e a, pe o los indios alcanza on ápido p o-
agonismo a a és de la sue e de moha as (Fig. n.º 14):
«Conocíase po lance de moha as el espe a al o o cua o ó
seis indíjenas, po lo egula muy éb ios, que a mados de ejones co -
os, apoyados en el suelo, y sen ados ó echados, llamaban ó p o ocaban
al o o con unas pequeñas capas enca nadas. Algunos mo ían en su
empeño de pe segui á la ie a y hos iliza la po muchas eces: el o o
Fe nando Iwasaki Cau i
92

Don F ancisco de León dió cua o ejonazos y los o os le hi ie on
cua o caballos y él hi ió o o caballo en que iba con su espada ancha po
da al o o. Ya a de lo sacó de la silla un o o y a pie se ué al o o con su
espada ancha en la mano y ca a a ca a le embis ió; y el o o lo a ojó en
el suelo y lo mal a ó, que le las imó en la ca a del golpe.
Don Rod igo de Mendoza en ó sólo en la plaza, de a en u e o, en
su caballo, con dos pajes y dos ejones y los empleó bien, y salió muy
ai oso, sin muda caballo y con muchos í o es» (Mugabu u, 1935: 177).
Sin emba go, poco a poco esos «pajes» y auxilia es
ue on acapa ando el p o agonismo, quienes al lado de los
indios consiguie on da le o o colo a las co idas. Un cu ioso
ca el de 1630 da cuen a de las di e sas sue es que se lle a-
ban a cabo en las ies as de la plaza de Lima (Fig. n.º 15):
To os y sociedad en Lima colonial 95
Fig. n.º 14.– Pancho Fie o: Sue e de la Moha a, 26 x 20,5 cm, acua ela, Lima,
Museo Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 49).
el nue o i ey deseaba agasaja a su an eceso en 1629, pe o
ya p epa ada la plaza se u ie on que e i a los ablados
«po es a ocupado y no halla luga con enien e que da a su
an eceso , po que en el acue do el seño Vi ey a ó de que combida ía al
seño Ma qués de Guadalcáza que le da ía su mano de echa, pe o
espondió el P esiden e o Oydo más an iguo de la Real Audiencia que en
mane a ninguna consen i ía que se le qui ase su luga , que es el p ime o
después del Vi ey» (Sua do, 1938: 6).
El a zobispo de Lima no pensó lo mismo en 1674, ya
que pa a celeb a su llegada o ganizó una co ida y se ins aló
en los balcones del cabildo «y no salió a las en anas del
acue do ningún seño oido a e los. Tampoco hubo paseo
po la plaza de alcaldes o dina ios, ni un caballe o que saliese
a ella po el disgus o de los seño es oido es que que ían i a
e los a Cabildo» (Mugabu u, 1935: 169). Vein e días
después se co ie on o os en hono del i ey «y el seño
A zobispo no salió a e los» (Mugabu u, 1935: 170).
Y es que po aquel en onces la ies a seguía siendo un
a ibu o seño ial, como lo demues a la c ónica de una co ida
celeb ada el 6 de no iemb e de 1674, donde el núme o de
caballos exp esa a las cla as el pa imonio y s a us de los jine es:
«Es a mesma a de, a las es, salió de Palacio el seño Vi ey y la
seño a Vi eina en su ca oza nue a y con su silla de manos de ás, con
mucho acompañamien o, y dió uel a a oda la plaza, que es aba oda ella
ce cada de ablados y a o ada de ablas, al uso de la Co e, y co onada
oda de gen e; y se ue on a la gale ía de Cabildo a e co e los o os.
Don Miguel de O uña y don F ancisco de León en a on en la plaza de
Lima en ca oza y con ca o ce caballos de ás, los ocho del capi án León
y los seis de O uña, y con sus espadas anchas y muchos ejones.
»Al p ime o o que salió dió O uña dos ejonazos muy buenos y
limpios; y en el discu so de la a de dió o os seis ejonazos, y los o os
le hi ie on muy mal dos caballos.
Fe nando Iwasaki Cau i
94
Don F ancisco de León dió cua o ejonazos y los o os le hi ie on
cua o caballos y él hi ió o o caballo en que iba con su espada ancha po
da al o o. Ya a de lo sacó de la silla un o o y a pie se ué al o o con su
espada ancha en la mano y ca a a ca a le embis ió; y el o o lo a ojó en
el suelo y lo mal a ó, que le las imó en la ca a del golpe.
Don Rod igo de Mendoza en ó sólo en la plaza, de a en u e o, en
su caballo, con dos pajes y dos ejones y los empleó bien, y salió muy
ai oso, sin muda caballo y con muchos í o es» (Mugabu u, 1935: 177).
Sin emba go, poco a poco esos «pajes» y auxilia es
ue on acapa ando el p o agonismo, quienes al lado de los
indios consiguie on da le o o colo a las co idas. Un cu ioso
ca el de 1630 da cuen a de las di e sas sue es que se lle a-
ban a cabo en las ies as de la plaza de Lima (Fig. n.º 15):
To os y sociedad en Lima colonial 95
Fig. n.º 14.– Pancho Fie o: Sue e de la Moha a, 26 x 20,5 cm, acua ela, Lima,
Museo Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 49).
el nue o i ey deseaba agasaja a su an eceso en 1629, pe o
ya p epa ada la plaza se u ie on que e i a los ablados
«po es a ocupado y no halla luga con enien e que da a su
an eceso , po que en el acue do el seño Vi ey a ó de que combida ía al
seño Ma qués de Guadalcáza que le da ía su mano de echa, pe o
espondió el P esiden e o Oydo más an iguo de la Real Audiencia que en
mane a ninguna consen i ía que se le qui ase su luga , que es el p ime o
después del Vi ey» (Sua do, 1938: 6).
El a zobispo de Lima no pensó lo mismo en 1674, ya
que pa a celeb a su llegada o ganizó una co ida y se ins aló
en los balcones del cabildo «y no salió a las en anas del
acue do ningún seño oido a e los. Tampoco hubo paseo
po la plaza de alcaldes o dina ios, ni un caballe o que saliese
a ella po el disgus o de los seño es oido es que que ían i a
e los a Cabildo» (Mugabu u, 1935: 169). Vein e días
después se co ie on o os en hono del i ey «y el seño
A zobispo no salió a e los» (Mugabu u, 1935: 170).
Y es que po aquel en onces la ies a seguía siendo un
a ibu o seño ial, como lo demues a la c ónica de una co ida
celeb ada el 6 de no iemb e de 1674, donde el núme o de
caballos exp esa a las cla as el pa imonio y s a us de los jine es:
«Es a mesma a de, a las es, salió de Palacio el seño Vi ey y la
seño a Vi eina en su ca oza nue a y con su silla de manos de ás, con
mucho acompañamien o, y dió uel a a oda la plaza, que es aba oda ella
ce cada de ablados y a o ada de ablas, al uso de la Co e, y co onada
oda de gen e; y se ue on a la gale ía de Cabildo a e co e los o os.
Don Miguel de O uña y don F ancisco de León en a on en la plaza de
Lima en ca oza y con ca o ce caballos de ás, los ocho del capi án León
y los seis de O uña, y con sus espadas anchas y muchos ejones.
»Al p ime o o que salió dió O uña dos ejonazos muy buenos y
limpios; y en el discu so de la a de dió o os seis ejonazos, y los o os
le hi ie on muy mal dos caballos.
Fe nando Iwasaki Cau i
94
Hay dos cosas que me ecen esal a se en el mencionado
ca el an e io . En p ime luga , la pa icipación de «gen e de a
pie», cuya p emiación po «las mexo es sue es que hizie en al
o o» indica la exis encia de cie os cánones o c i e ios a cali-
ica que exis ían en Lima desde el siglo XVII3y, en segundo
é mino, que la co ida en cues ión e a o ganizada po el
g emio de pla e os, po lo an o, al ma gen de las ies as o i-
ciales del cabildo. ¿E a común que los o iciales y a esanos de
la ciudad es eja an con o os sus días pa onales?
Siguiendo los dia ios de Sua do y Mugabu u, que apenas
cub en algunos años del siglo XVII y de mane a a bi a ia,
podemos encon a muchas e e encias sob e encie os o gani-
zados po los g emios y o os colec i os, que suponemos
debie on se , lo su icien emen e memo ables como pa a habe
sido consignados po los cu iosos esc ibien es:
« 8-VII-1630: G emio de pla e os: «se juga on o os con mucho
egocijo» (Sua do:70).
6-X-1630: G emio de con i e os, «manda on juga o os que
ue on muy buenos» (Sua do, 92).
6-XII-1630: G emio de pla e os, o neo (Sua do, 102).
13-XII-1630: G emio de he e os: «manda on juga o os en
es a plaza que ue on azonables» (Sua do, 103).
19-XII-1630: G emio de me cade es: «manda on juga o os,
los quales a dicho de odos, han sido los mexo es que has a ago a se
han jugado» (Sua do, 103).
22-II-1631: Uni e si a ios, «mandó juga o os que ue on
gene almen e muy buenos y muy egocijados» (Sua do, 119).
9-XII-1656: G emio de pla e os, «hubo o os muy b a os»
(Mugabu u, 26).
29-IX-1659: G emio de bodegue os, «salió un o o con un enjal-
ma que enía a i icio de uego» (Mugabu u, 33).
To os y sociedad en Lima colonial 97
3En España las aenas de a pie adqui ie on ca a de ciudadanía ecién en
el siglo XVIII.
Fe nando Iwasaki Cau i
96
PREMIO
P
REMIO QUE LA
H
ERMANDAD DE
S
AN
E
LOY
[
PLATEROS
]
REPARTE EL
MARTES QUE VIENE A LAS PERSONAS QUE MEXORES SUERTES HIZIESEN
EN LAS FIESTAS DE TOROS CONFORME AL CERTAMEN
.
«A
L CAVALLERO QUE MEXOR LANZADA DIERE AL TORO
,
SE LE
DARÁ UNA PIEZA DE AGUA CON SU SALVILLA DORADA Y ESMALTADA
.
S
EGUNDO
: A
L CAVALLERO QUE MAYOR DIFICULTAD HIZIERE A CAVALLO
,
SE LE DARÁ UN BERNEGAL DE PLATA BLANDO GRANDE
.
A
LOS
C
AVALLEROS DE
R
EJÓN
P
RIMERO
:
UNA PIEZA DE AGUA CON SALVILLA DORADA
.
S
EGUNDO
:
UNA CANASTILLA DE PLATA
.
T
ERCERO
:
DOS CANDELEROS CON PLATILLOS
.
Q
UARTO
:
DOS CANDELEROS CON PLATILLOS
.
Q
UINTO
: U
NA PIEZA DE AGUA BLANCA
.
S
EXTO
:
OTRA PIEZA DE LO DICHO
.
A
LOS
C
AVALLEROS
J
INETES
P
RIMERO
: A
L QUE MEXOR CORRIERE Y MÁS AYROSO ANDUVIERE EN LA
PLAZA SE LE DARÁ UNA PIEZA DE AGUA BLANCA ACASTAÑADA
.
S
EGUNDO
: U
NA PIEZA DE AGUA CON PIÉ
.
T
ERCERO
: U
NA TEMBLADERA CON ASSAS
.
A
LOS
C
AVALLEROS GALANES
U
NA TAZA DORADA DE PLATA
.
D
OS CANDELEROS DE PLATILLOS
.
U
NA PIEZA DE AGUA CON PIÉ
.
A
L CAVALLERO QUE CON MÁS DESAYRE CORRIERE SE LE DARÁ UNA HIGA
DE CRISTAL GUARNECIDA EN ORO
.
A
LA
G
ENTE DE Á PIÉ
«A
LAS PERSONAS QUE CON REXONCILLO MATAREN AL TORO SE LE DARÁ
EL TORO Y UN POMO DE PLATA
. -
DOS LO MISMO
. -
TRES LO MISMO
.
-
QUATRO LO MISMO
.
A
LOS QUE MEXORES SUERTES HIZIEREN AL TORO SE LES DARÁ UN
POMO DE PLATA A CADA UNO HASTA DOCE Y EL QUE DEXARRETARE AL
TORO PIERDE EL PREMIO
.
S
ON JUECES DE LOS PREMIOS LOS SEÑORES DON
D
IEGO DE
C
ARVAXAL
,
C
ORREO
M
AYOR
, D
ON
F
RANCISCO
M
ESIA Y DON
B
ARTHOLOMÉ DE
O
SNAYO
, C
ONTADOR DESTA
R
EAL
C
AXA
(S
UARDO
, 1938: 96-98).
Hay dos cosas que me ecen esal a se en el mencionado
ca el an e io . En p ime luga , la pa icipación de «gen e de a
pie», cuya p emiación po «las mexo es sue es que hizie en al
o o» indica la exis encia de cie os cánones o c i e ios a cali-
ica que exis ían en Lima desde el siglo XVII3y, en segundo
é mino, que la co ida en cues ión e a o ganizada po el
g emio de pla e os, po lo an o, al ma gen de las ies as o i-
ciales del cabildo. ¿E a común que los o iciales y a esanos de
la ciudad es eja an con o os sus días pa onales?
Siguiendo los dia ios de Sua do y Mugabu u, que apenas
cub en algunos años del siglo XVII y de mane a a bi a ia,
podemos encon a muchas e e encias sob e encie os o gani-
zados po los g emios y o os colec i os, que suponemos
debie on se , lo su icien emen e memo ables como pa a habe
sido consignados po los cu iosos esc ibien es:
« 8-VII-1630: G emio de pla e os: «se juga on o os con mucho
egocijo» (Sua do:70).
6-X-1630: G emio de con i e os, «manda on juga o os que
ue on muy buenos» (Sua do, 92).
6-XII-1630: G emio de pla e os, o neo (Sua do, 102).
13-XII-1630: G emio de he e os: «manda on juga o os en
es a plaza que ue on azonables» (Sua do, 103).
19-XII-1630: G emio de me cade es: «manda on juga o os,
los quales a dicho de odos, han sido los mexo es que has a ago a se
han jugado» (Sua do, 103).
22-II-1631: Uni e si a ios, «mandó juga o os que ue on
gene almen e muy buenos y muy egocijados» (Sua do, 119).
9-XII-1656: G emio de pla e os, «hubo o os muy b a os»
(Mugabu u, 26).
29-IX-1659: G emio de bodegue os, «salió un o o con un enjal-
ma que enía a i icio de uego» (Mugabu u, 33).
To os y sociedad en Lima colonial 97
3En España las aenas de a pie adqui ie on ca a de ciudadanía ecién en
el siglo XVIII.
Fe nando Iwasaki Cau i
96
PREMIO
P
REMIO QUE LA
H
ERMANDAD DE
S
AN
E
LOY
[
PLATEROS
]
REPARTE EL
MARTES QUE VIENE A LAS PERSONAS QUE MEXORES SUERTES HIZIESEN
EN LAS FIESTAS DE TOROS CONFORME AL CERTAMEN
.
«A
L CAVALLERO QUE MEXOR LANZADA DIERE AL TORO
,
SE LE
DARÁ UNA PIEZA DE AGUA CON SU SALVILLA DORADA Y ESMALTADA
.
S
EGUNDO
: A
L CAVALLERO QUE MAYOR DIFICULTAD HIZIERE A CAVALLO
,
SE LE DARÁ UN BERNEGAL DE PLATA BLANDO GRANDE
.
A
LOS
C
AVALLEROS DE
R
EJÓN
P
RIMERO
:
UNA PIEZA DE AGUA CON SALVILLA DORADA
.
S
EGUNDO
:
UNA CANASTILLA DE PLATA
.
T
ERCERO
:
DOS CANDELEROS CON PLATILLOS
.
Q
UARTO
:
DOS CANDELEROS CON PLATILLOS
.
Q
UINTO
: U
NA PIEZA DE AGUA BLANCA
.
S
EXTO
:
OTRA PIEZA DE LO DICHO
.
A
LOS
C
AVALLEROS
J
INETES
P
RIMERO
: A
L QUE MEXOR CORRIERE Y MÁS AYROSO ANDUVIERE EN LA
PLAZA SE LE DARÁ UNA PIEZA DE AGUA BLANCA ACASTAÑADA
.
S
EGUNDO
: U
NA PIEZA DE AGUA CON PIÉ
.
T
ERCERO
: U
NA TEMBLADERA CON ASSAS
.
A
LOS
C
AVALLEROS GALANES
U
NA TAZA DORADA DE PLATA
.
D
OS CANDELEROS DE PLATILLOS
.
U
NA PIEZA DE AGUA CON PIÉ
.
A
L CAVALLERO QUE CON MÁS DESAYRE CORRIERE SE LE DARÁ UNA HIGA
DE CRISTAL GUARNECIDA EN ORO
.
A
LA
G
ENTE DE Á PIÉ
«A
LAS PERSONAS QUE CON REXONCILLO MATAREN AL TORO SE LE DARÁ
EL TORO Y UN POMO DE PLATA
. -
DOS LO MISMO
. -
TRES LO MISMO
.
-
QUATRO LO MISMO
.
A
LOS QUE MEXORES SUERTES HIZIEREN AL TORO SE LES DARÁ UN
POMO DE PLATA A CADA UNO HASTA DOCE Y EL QUE DEXARRETARE AL
TORO PIERDE EL PREMIO
.
S
ON JUECES DE LOS PREMIOS LOS SEÑORES DON
D
IEGO DE
C
ARVAXAL
,
C
ORREO
M
AYOR
, D
ON
F
RANCISCO
M
ESIA Y DON
B
ARTHOLOMÉ DE
O
SNAYO
, C
ONTADOR DESTA
R
EAL
C
AXA
(S
UARDO
, 1938: 96-98).
To os y sociedad en Lima colonial 105
Fig. n.º 16.– Bonna é: To e o a caballo: el Capeado , li og a ía, Lima, Museo
Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 47).
»En es a dise ación his ó ica, el magis ado pa ida io a dien e
del juego de o os discu ió la ma e ia has a donde le alcanza on sus
ue zas, ó mejo dicho, has a deja la ago ada. De endiendo que aún
podía hace se p omesa ó o o de lidia o os con ines eligiosos y ca i-
a i os, ci ó algunos casos y copió una Real O den di igida al Vi ey
del Pe ú ma qués de Mance a, en la cual cons a que el Cabildo de Lima
ep esen ó al Rey que las ies as o i as, como la de la Pu ísima, San a
Isabel y o as, se celeb a on con o os, y que el Vi ey conde de Chin-
chón lo había es o bado á me i o de halla se p ohibido po b e es pon-
i icios; y que habiendo suplicado al Rey hiciese me ced de manda
con inua aquella usanza, lo concedió así “pa a que los habi an es de
Lima no se desalen asen ni disgus asen”» (Mendibu u, 1902: 92-93)5.
Sin emba go, los a is óc a as no ue on los únicos a i-
cionados, ya que en las a ue as de Lima « euníanse muchos
indi iduos de la plebe, y sin escusa gas os hacían en
cualquie pa aje de la ciudad un simulac o de o os en que
se eían bande illas, capeo, sue es de espada, e c.; o ma-
ban su o il, había juez, bole os y o as pa icula idades»
(Mendibu u, 1902: 93).
Es os «indi iduos de la plebe» no e an o os que los
neg os y los indios, quienes o ganizaban sus ies as a pesa de
los p i ilegios concedidos a los dueños de la Plaza de Acho:
«De es e inciden e dio cuen a el Fiscal P o ec o Gene al de
Na u ales de la Audiencia de Lima, acompañando la ep esen ación
que le hizo el P ocu ado del Común de Yndios del e e ido pueblo de
Lu ín, con inclusión de los dec e os expedidos po el Vi ey en 1 y 11
de se iemb e de 1793, po los quales decla ó que sin o ensa del p i i-
legio exclusi o concedido al asen is a de la Plaza de Lima, pudiese
Fe nando Iwasaki Cau i
104
5B a o de Lagunas ya había publicado en 1755 su Vo o Consul i o, e -
dade o mani ies o de la ocación monopólica de los la i undis as limeños. Ve
Iwasaki (1987: 133-162).

To os y sociedad en Lima colonial 105
Fig. n.º 16.– Bonna é: To e o a caballo: el Capeado , li og a ía, Lima, Museo
Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 47).
»En es a dise ación his ó ica, el magis ado pa ida io a dien e
del juego de o os discu ió la ma e ia has a donde le alcanza on sus
ue zas, ó mejo dicho, has a deja la ago ada. De endiendo que aún
podía hace se p omesa ó o o de lidia o os con ines eligiosos y ca i-
a i os, ci ó algunos casos y copió una Real O den di igida al Vi ey
del Pe ú ma qués de Mance a, en la cual cons a que el Cabildo de Lima
ep esen ó al Rey que las ies as o i as, como la de la Pu ísima, San a
Isabel y o as, se celeb a on con o os, y que el Vi ey conde de Chin-
chón lo había es o bado á me i o de halla se p ohibido po b e es pon-
i icios; y que habiendo suplicado al Rey hiciese me ced de manda
con inua aquella usanza, lo concedió así “pa a que los habi an es de
Lima no se desalen asen ni disgus asen”» (Mendibu u, 1902: 92-93)5.
Sin emba go, los a is óc a as no ue on los únicos a i-
cionados, ya que en las a ue as de Lima « euníanse muchos
indi iduos de la plebe, y sin escusa gas os hacían en
cualquie pa aje de la ciudad un simulac o de o os en que
se eían bande illas, capeo, sue es de espada, e c.; o ma-
ban su o il, había juez, bole os y o as pa icula idades»
(Mendibu u, 1902: 93).
Es os «indi iduos de la plebe» no e an o os que los
neg os y los indios, quienes o ganizaban sus ies as a pesa de
los p i ilegios concedidos a los dueños de la Plaza de Acho:
«De es e inciden e dio cuen a el Fiscal P o ec o Gene al de
Na u ales de la Audiencia de Lima, acompañando la ep esen ación
que le hizo el P ocu ado del Común de Yndios del e e ido pueblo de
Lu ín, con inclusión de los dec e os expedidos po el Vi ey en 1 y 11
de se iemb e de 1793, po los quales decla ó que sin o ensa del p i i-
legio exclusi o concedido al asen is a de la Plaza de Lima, pudiese
Fe nando Iwasaki Cau i
104
5B a o de Lagunas ya había publicado en 1755 su Vo o Consul i o, e -
dade o mani ies o de la ocación monopólica de los la i undis as limeños. Ve
Iwasaki (1987: 133-162).
conduc o es de las desja e ade as, y dos que lle aban el pues o de
ga ochas: unos y o os con mon e as de e ciopelo con láminas de
pla a, en las que es aban g abadas las a mas del Rey y las de la ciudad»
(Mendibu u, 1902: 83-84).
Mien as se ex inguía el jine e seño ial, los neg os de a
pie se iban e igiendo como p o agonis as y «muchas pe sonas
pudien es a ojaban dine o á la Plaza pa a p emia la pe icia
de los o e os» (Mendibu u, 1902: 88-89), con ibuyendo así
a su u u a p o esionalización. El o eo de ino en onces en un
To os y sociedad en Lima colonial 107
Fig. n.º 17.– Anónimo (87): Muje o eando a caballo, acua ela, Lima, Museo
Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 50).
dicho pueblo co e las lidias que acos umb aba del ganado que ha ía
en las lomas en los días de celeb idad de su Pa ono San Miguel, con
al de que no se co iesen ni ma asen o os en ellas. Así, po que siendo
di e sión pe mi ida a odo a icionado y gen e inexpe a, podía habe
alguna desg acia, como po que se inu ilizaban los o os con los
esa ios que adqui ían en las lides, po cuyos mo i os sólo debían co -
e se no illos, bueyes y bacas» (A.G.I., 14.IX.1798).
Empe o, con o me a anzaba el siglo XVIII aumen a-
ba ambién la demanda de los se icios de los neg os pa a
los encie os en la Plaza de Acho. Una queja de la p opi-
e a ia del coso limeño nos e ela sus ibulaciones como
emp esa ia, pe o además que los neg os c iollos ya cob a-
ban po su abajo como peones o lidiado es:
«El mal a amien o que su e la plaza es mucho mayo del que
pa esce, y desde luego p o es a la suplican e a V. Excelencia que sus
desembolsos han sido g andes pa a epone los daños causados en las
co idas del ca na al. Si en és os se an las co as u ilidades de la
plaza, no end á la suplican e cómo sa is ace el a ajo que se impende
en es a negociación... Con deci le a V. excelencia que no hay [día] del
año en que no se a age pa a las co idas de o os; que no hay yndio
baque o que no quie a enoja y moles a a la suplican e; que odos los
neg os y zambos se le esqui an y huyen pa a se ogados y bien paga-
dos; que el que quie e la engaña con la pe icia que no iene y que el
he mano de la suplican e necesi a anda hecho un pe eg ino de hacien-
da en hacienda y de alle en alle buscando o os, en cuyos p ecios
eci e la ley y su e el pe juicio de que esul en malos los que en las
p ue as pa ecie on buenos (A.G.I., Lima, 7.IV.1788: 968).
En 1790, esos neg os o e os que huían «pa a se
ogados y bien pagados», hicie on su ing eso iun al a la
Plaza de Acho, po que los alguaciles y alcaldes o dina ios:
«Iban seguidos de doce o e os con capas de e ciopelo y isú,
doce a lequines idículamen e es idos y con a iedad de colo es, dos
Fe nando Iwasaki Cau i
106
conduc o es de las desja e ade as, y dos que lle aban el pues o de
ga ochas: unos y o os con mon e as de e ciopelo con láminas de
pla a, en las que es aban g abadas las a mas del Rey y las de la ciudad»
(Mendibu u, 1902: 83-84).
Mien as se ex inguía el jine e seño ial, los neg os de a
pie se iban e igiendo como p o agonis as y «muchas pe sonas
pudien es a ojaban dine o á la Plaza pa a p emia la pe icia
de los o e os» (Mendibu u, 1902: 88-89), con ibuyendo así
a su u u a p o esionalización. El o eo de ino en onces en un
To os y sociedad en Lima colonial 107
Fig. n.º 17.– Anónimo (87): Muje o eando a caballo, acua ela, Lima, Museo
Tau ino de A e (Be ckemeye , 1966: 50).
dicho pueblo co e las lidias que acos umb aba del ganado que ha ía
en las lomas en los días de celeb idad de su Pa ono San Miguel, con
al de que no se co iesen ni ma asen o os en ellas. Así, po que siendo
di e sión pe mi ida a odo a icionado y gen e inexpe a, podía habe
alguna desg acia, como po que se inu ilizaban los o os con los
esa ios que adqui ían en las lides, po cuyos mo i os sólo debían co -
e se no illos, bueyes y bacas» (A.G.I., 14.IX.1798).
Empe o, con o me a anzaba el siglo XVIII aumen a-
ba ambién la demanda de los se icios de los neg os pa a
los encie os en la Plaza de Acho. Una queja de la p opi-
e a ia del coso limeño nos e ela sus ibulaciones como
emp esa ia, pe o además que los neg os c iollos ya cob a-
ban po su abajo como peones o lidiado es:
«El mal a amien o que su e la plaza es mucho mayo del que
pa esce, y desde luego p o es a la suplican e a V. Excelencia que sus
desembolsos han sido g andes pa a epone los daños causados en las
co idas del ca na al. Si en és os se an las co as u ilidades de la
plaza, no end á la suplican e cómo sa is ace el a ajo que se impende
en es a negociación... Con deci le a V. excelencia que no hay [día] del
año en que no se a age pa a las co idas de o os; que no hay yndio
baque o que no quie a enoja y moles a a la suplican e; que odos los
neg os y zambos se le esqui an y huyen pa a se ogados y bien paga-
dos; que el que quie e la engaña con la pe icia que no iene y que el
he mano de la suplican e necesi a anda hecho un pe eg ino de hacien-
da en hacienda y de alle en alle buscando o os, en cuyos p ecios
eci e la ley y su e el pe juicio de que esul en malos los que en las
p ue as pa ecie on buenos (A.G.I., Lima, 7.IV.1788: 968).
En 1790, esos neg os o e os que huían «pa a se
ogados y bien pagados», hicie on su ing eso iun al a la
Plaza de Acho, po que los alguaciles y alcaldes o dina ios:
«Iban seguidos de doce o e os con capas de e ciopelo y isú,
doce a lequines idículamen e es idos y con a iedad de colo es, dos
Fe nando Iwasaki Cau i
106
2.– CONSTRUCCIÓN DE LA PLAZA DE ACHO: MECANISMOS
DE CONTROL SOCIAL
Has a mediados del siglo XVIII, el c ecimien o u bano
de Lima había sido p og esi o y de una anca ecupe ación
con espec o a la ac u a demog á ica que signi icó la con-
quis a. Sin emba go, los e emo os unciona on como eno de
esas endencias. En 1746 un e ible seismo des uyó Lima:
«En cuan o a la población de Lima, en 1746, po los pad ones
de con esión, se calculaba que i ían en la ciudad y haciendas de sus
al ededo es unas 60,000 pe sonas. Como el núme o de íc imas del
e emo o se calculó en 6,000, la o alidad de los habi an es e a en 1748
de 54,000. D. Ped o José B a o Lagunas y Cas illa, uno de los comi-
sionados po el i ey, en su Vo o Consul i o, imp eso en el año 1761,
dice que en 1755, o sea nue e años después de la uina, el c ecimien o
ege a i o no había llegado a cub i la ci a de los desapa ecios» (Va -
gas Uga e, 1938: 6).
Aunque la di e encia c onológica es conside able,
quizá alga la pena compa a las ci as del censo limeño de
1791 con las del lapso que a de 1746 a 1755. En 1791 la
población se dis ibuía de la siguien e mane a:
Españoles 18,047
Neg os 13,479
Mula os/Zambos 10,023
Mes izos 4,807
Indios 4,332
To al 50,688 (A.G.L., 1524).
Se puede comp oba que la población ma ginal de
Lima (neg os, mula os, mes izos e indios) e a cla amen e
To os y sociedad en Lima colonial 109
a e p opio de la gen e de colo , lo que obligó a es ablece
compa aciones con España y conclui que «los o e os
españoles no exceden á los neg os de Lima» (Fuen es, 1985:
144). ¿En qué momen o hab ían apa ecido en onces los
capeado es a caballo en la Plaza de Acho?
Es posible que al p incipio los neg os salie an a cabal-
ga sin ejones pa a di e encia se de los seño es y pa a cele-
b a co idas bu as, pe o al apode a se de la ies a pudie on
con e i la ca ica u a en un canon au ino:
«El capeo á caballo consis e en lo siguien e: el gine e se pa a
en e á la pue a po que debe sali el o o, u ioso po la p isión
es echa en que se le pone momen os án es y po habé sele azusado con
chuzasos en el ins an e de ab i se el o il. En ese es ado, no bien ha
asomado el o o la cabeza, le iende el o eado la capa y lo llama al
cen o de la plaza; cuando pa ece que las as as del o o an á oca los
hija es del caballo, gi a és e a la de echa ó á la izquie da, según mane-
ja las iendas el gine e, y el o o da la embes ida en ago. Es p eciso
que el o o enga mucho alien o pa a que esis a, sin cansa se, seis
sue es de á caballo» » (Fuen es, 1985: 142-143).
No cabe ninguna duda con espec o a la iden idad de
los capeado es, pues, según algunos, «es e capeo, peculia
á Lima, quedó en las co idas de o os sólo pa a homb es
de la plebe y asala iados» (Mendibu u, 1902: 90), mien as
que pa a o os «jamás se ha capeado á caballo sino po los
neg os y zambos hijos del país» (Fuen es, 1985: 142). De
cualquie mane a, la sue e adqui ió denominación de o i-
gen, ya que en 1831 Ped o Za ala, ma qués de Valle
Umb oso, publicó en Mad id su Escuela de Caballe ía,
con o me á la p ác ica obse ada en Lima, donde daba a
conoce a los a icionados peninsula es las ca ac e ís icas
de esa sue e limeña (C . Palma, 1957: 49).
Fe nando Iwasaki Cau i
108
2.– CONSTRUCCIÓN DE LA PLAZA DE ACHO: MECANISMOS
DE CONTROL SOCIAL
Has a mediados del siglo XVIII, el c ecimien o u bano
de Lima había sido p og esi o y de una anca ecupe ación
con espec o a la ac u a demog á ica que signi icó la con-
quis a. Sin emba go, los e emo os unciona on como eno de
esas endencias. En 1746 un e ible seismo des uyó Lima:
«En cuan o a la población de Lima, en 1746, po los pad ones
de con esión, se calculaba que i ían en la ciudad y haciendas de sus
al ededo es unas 60,000 pe sonas. Como el núme o de íc imas del
e emo o se calculó en 6,000, la o alidad de los habi an es e a en 1748
de 54,000. D. Ped o José B a o Lagunas y Cas illa, uno de los comi-
sionados po el i ey, en su Vo o Consul i o, imp eso en el año 1761,
dice que en 1755, o sea nue e años después de la uina, el c ecimien o
ege a i o no había llegado a cub i la ci a de los desapa ecios» (Va -
gas Uga e, 1938: 6).
Aunque la di e encia c onológica es conside able,
quizá alga la pena compa a las ci as del censo limeño de
1791 con las del lapso que a de 1746 a 1755. En 1791 la
población se dis ibuía de la siguien e mane a:
Españoles 18,047
Neg os 13,479
Mula os/Zambos 10,023
Mes izos 4,807
Indios 4,332
To al 50,688 (A.G.L., 1524).
Se puede comp oba que la población ma ginal de
Lima (neg os, mula os, mes izos e indios) e a cla amen e
To os y sociedad en Lima colonial 109
a e p opio de la gen e de colo , lo que obligó a es ablece
compa aciones con España y conclui que «los o e os
españoles no exceden á los neg os de Lima» (Fuen es, 1985:
144). ¿En qué momen o hab ían apa ecido en onces los
capeado es a caballo en la Plaza de Acho?
Es posible que al p incipio los neg os salie an a cabal-
ga sin ejones pa a di e encia se de los seño es y pa a cele-
b a co idas bu as, pe o al apode a se de la ies a pudie on
con e i la ca ica u a en un canon au ino:
«El capeo á caballo consis e en lo siguien e: el gine e se pa a
en e á la pue a po que debe sali el o o, u ioso po la p isión
es echa en que se le pone momen os án es y po habé sele azusado con
chuzasos en el ins an e de ab i se el o il. En ese es ado, no bien ha
asomado el o o la cabeza, le iende el o eado la capa y lo llama al
cen o de la plaza; cuando pa ece que las as as del o o an á oca los
hija es del caballo, gi a és e a la de echa ó á la izquie da, según mane-
ja las iendas el gine e, y el o o da la embes ida en ago. Es p eciso
que el o o enga mucho alien o pa a que esis a, sin cansa se, seis
sue es de á caballo» » (Fuen es, 1985: 142-143).
No cabe ninguna duda con espec o a la iden idad de
los capeado es, pues, según algunos, «es e capeo, peculia
á Lima, quedó en las co idas de o os sólo pa a homb es
de la plebe y asala iados» (Mendibu u, 1902: 90), mien as
que pa a o os «jamás se ha capeado á caballo sino po los
neg os y zambos hijos del país» (Fuen es, 1985: 142). De
cualquie mane a, la sue e adqui ió denominación de o i-
gen, ya que en 1831 Ped o Za ala, ma qués de Valle
Umb oso, publicó en Mad id su Escuela de Caballe ía,
con o me á la p ác ica obse ada en Lima, donde daba a
conoce a los a icionados peninsula es las ca ac e ís icas
de esa sue e limeña (C . Palma, 1957: 49).
Fe nando Iwasaki Cau i
108

«...se p e endía pa a e igi en es a ciudad un Hospicio de Pob es
mendican es de ambos sexos, donde ecogidos los inbálidos y los que con
also p e ex o de necesidad mendigan po las calles su sus en o, se man-
engan odos y abajen los que puedan, a p opo sión de sus ue sas, en
los exe cicios que sean ú iles, pa a sos ene en pa e los cos os de la Casa
y de su manu ensión...» (A.G.I., Lima, 28.I.1766: 968).
No hay que pensa que a Lad ón de Gue a a le mo ía
un in e és al uis a, pues solici ó al i ey e enos «pa a la
abi ación de los pob es de ambos sexos que se han de ecoge ,
como pa a los exe cicios mecánicos a que deben des ina se,
y especialmen e pa a el ob axe de opa de la ie a y lienzos
de es e país» (A.G.I., Lima, 28.I.1766: 968). Como se puede
ap ecia , la idea e a luc a se con el abajo de los pob es.
El i ey Ama no u o que pensa mucho pa a encon-
a la uen e de los ondos que acaba ía con las ensiones
sociales de Lima. Los o os e an un g an negocio, capaz de
endi ganancias in e osímiles:
«Des uido el hospi al de San Láza o po el e emo o de 1746, se
hicie on po dos años, en los días de Ca na al, dos co idas de o os. Las
cua o p oduje on como cincuen a mil pesos lib es, que si ie on pa a la
eedi icación de dicha casa» (Mendibu u, 1902: 86-87).
Así ue como se decidió acep a la p opues a de Agus-
ín Hipóli o de Landabu u8, quien había o ecido cons ui
To os y sociedad en Lima colonial 111
8«Vecino de Lima y alcalde o dina io en 1766. P oyec ó en el siglo pasa-
do el es ablecimien o de una plaza i me pa a la lidia de o os, que se hacía an es
en la Plaza Mayo , con mo i o de ies as clásicas, y en la plaza de O e o o dina-
iamen e, a mándose el ci co de una mane a po á il con los con a is as»; e
Mendibu u (1933: 405-406). El es amen o de Agus ín Landabu u se encuen a en
el A chi o Gene al de la Nación de Lima, P o ocolos de F ancisco Luque, 1779
(641), . 1228 (ci ado po Lohmann: Los egido es pe pe uos..., . II, p. 159).
mayo i a ia, de donde desp endemos que el cuad o debe
habe sido más o menos el mismo hacia 1746, con el ag a-
an e de la mise ia añadida po el e emo o. La capi al del
i eina o e a un gigan esco luga de hacinamien o:
«Den o del ecin o u bano, la población escla a e mina ía p e-
dominando en las Pa oquias de la Ca ed al y San Láza o: la p ime a e a
en el cen o mismo de la ciudad, donde al ededo de la Plaza Mayo se
agolpaban an o las casonas, como callejones y pulpe ías, luga es e -
dade amen e ugu izados; la segunda, an iguo a abal de cama one os,
es aba hacia las a ue as, en di ección del camino que salía pa a T ujillo,
en e el ío y la ecién cons uida Alameda: á ea populosa y de isible
pob eza» (Flo es Galindo, 1984: 101).
Las clases más dep imidas no u ie on o a al e na i a
que dedica se al agabundaje6, lo que ala maba sob emane a
a la ampulosa a is oc acia limeña. En 1770 se calculó que el
núme o de agabundos ascendía a 19,232, ci a que ep e-
sen aba el 40% de la población o al de la ciudad7. ¿No es
azonable supone que en e 1746 y 1756 las condiciones
debie on se casi las mismas?
En 1759, Diego Lad ón de Gue a a p opuso al i ey
Ama la cons ucción de un hospicio pa a soluciona el
p oblema de los agabundos:
Fe nando Iwasaki Cau i
110
6«El agabundaje u bano e a una espues a muy p opia de los mes izos,
mula os, palanganas y españoles o c iollos pob es que se dio en las ciudades del
Vi eina o. Desde el pun o de is a económico su hábi a enía que se u bano,
po que allí es aba el cen o de consumo po excelencia donde su ingenio pod ía
in en a una mul iplicidad de ías de edis ibución que hicie a posible su exis-
encia». Ve To o (1981: 287-288).
7“Des ino que debe da se á la gen e aga que iene Lima” (Sociedad de
Aman es del País, 1794: 112-132).
«...se p e endía pa a e igi en es a ciudad un Hospicio de Pob es
mendican es de ambos sexos, donde ecogidos los inbálidos y los que con
also p e ex o de necesidad mendigan po las calles su sus en o, se man-
engan odos y abajen los que puedan, a p opo sión de sus ue sas, en
los exe cicios que sean ú iles, pa a sos ene en pa e los cos os de la Casa
y de su manu ensión...» (A.G.I., Lima, 28.I.1766: 968).
No hay que pensa que a Lad ón de Gue a a le mo ía
un in e és al uis a, pues solici ó al i ey e enos «pa a la
abi ación de los pob es de ambos sexos que se han de ecoge ,
como pa a los exe cicios mecánicos a que deben des ina se,
y especialmen e pa a el ob axe de opa de la ie a y lienzos
de es e país» (A.G.I., Lima, 28.I.1766: 968). Como se puede
ap ecia , la idea e a luc a se con el abajo de los pob es.
El i ey Ama no u o que pensa mucho pa a encon-
a la uen e de los ondos que acaba ía con las ensiones
sociales de Lima. Los o os e an un g an negocio, capaz de
endi ganancias in e osímiles:
«Des uido el hospi al de San Láza o po el e emo o de 1746, se
hicie on po dos años, en los días de Ca na al, dos co idas de o os. Las
cua o p oduje on como cincuen a mil pesos lib es, que si ie on pa a la
eedi icación de dicha casa» (Mendibu u, 1902: 86-87).
Así ue como se decidió acep a la p opues a de Agus-
ín Hipóli o de Landabu u8, quien había o ecido cons ui
To os y sociedad en Lima colonial 111
8«Vecino de Lima y alcalde o dina io en 1766. P oyec ó en el siglo pasa-
do el es ablecimien o de una plaza i me pa a la lidia de o os, que se hacía an es
en la Plaza Mayo , con mo i o de ies as clásicas, y en la plaza de O e o o dina-
iamen e, a mándose el ci co de una mane a po á il con los con a is as»; e
Mendibu u (1933: 405-406). El es amen o de Agus ín Landabu u se encuen a en
el A chi o Gene al de la Nación de Lima, P o ocolos de F ancisco Luque, 1779
(641), . 1228 (ci ado po Lohmann: Los egido es pe pe uos..., . II, p. 159).
mayo i a ia, de donde desp endemos que el cuad o debe
habe sido más o menos el mismo hacia 1746, con el ag a-
an e de la mise ia añadida po el e emo o. La capi al del
i eina o e a un gigan esco luga de hacinamien o:
«Den o del ecin o u bano, la población escla a e mina ía p e-
dominando en las Pa oquias de la Ca ed al y San Láza o: la p ime a e a
en el cen o mismo de la ciudad, donde al ededo de la Plaza Mayo se
agolpaban an o las casonas, como callejones y pulpe ías, luga es e -
dade amen e ugu izados; la segunda, an iguo a abal de cama one os,
es aba hacia las a ue as, en di ección del camino que salía pa a T ujillo,
en e el ío y la ecién cons uida Alameda: á ea populosa y de isible
pob eza» (Flo es Galindo, 1984: 101).
Las clases más dep imidas no u ie on o a al e na i a
que dedica se al agabundaje6, lo que ala maba sob emane a
a la ampulosa a is oc acia limeña. En 1770 se calculó que el
núme o de agabundos ascendía a 19,232, ci a que ep e-
sen aba el 40% de la población o al de la ciudad7. ¿No es
azonable supone que en e 1746 y 1756 las condiciones
debie on se casi las mismas?
En 1759, Diego Lad ón de Gue a a p opuso al i ey
Ama la cons ucción de un hospicio pa a soluciona el
p oblema de los agabundos:
Fe nando Iwasaki Cau i
110
6«El agabundaje u bano e a una espues a muy p opia de los mes izos,
mula os, palanganas y españoles o c iollos pob es que se dio en las ciudades del
Vi eina o. Desde el pun o de is a económico su hábi a enía que se u bano,
po que allí es aba el cen o de consumo po excelencia donde su ingenio pod ía
in en a una mul iplicidad de ías de edis ibución que hicie a posible su exis-
encia». Ve To o (1981: 287-288).
7“Des ino que debe da se á la gen e aga que iene Lima” (Sociedad de
Aman es del País, 1794: 112-132).
no edad», y esa ue la coa ada de Ama pa a u iliza las
ganancias de la Plaza en «la sa is acción de las can idades que
se es án debiendo del cos o impendido en la cons ucción de
las pilas de la Alameda de es a ciudad» y en la edi icación de
«las piezas y o icinas p ecisas pa a pode se i de cua eles a
las compañías de mi gua dia». Suponemos que Landabu u no
puso objeciones, ya que en 1767 el i ey lo ecomendó como
candida o a la O den de San iago10.
Sin emba go, ¿exis ió o a azón de con ol social más
allá de inancia el hospicio donde se pensaba eclui a
mendigos y agabundos? La cons ucción de una plaza no
sólo implicaba ubica al público en asien os colocados de ás
de una ba e a, sino impedi la in omisión de los espon á-
neos, asgo ípico de la conduc a de neg os e indios du an e
las co idas. De ahí que el i ey ponde a a las en ajas de
una plaza i me señalando que e a:
«...el medio más pode oso pa a e i a en los ca na ales con es a
di e sión, los pe judiciales y las imosos sucesos que se han expe imen a-
do, y no han bas ado a impedi ni las e icaces p o idencias de es e supe-
io Go ie no ni el celo y igilancia de las jus icias que han solici ado su
execución y cumplimien o, po cuya causa mis an eceso es han p ocu a-
do siemp e que se co an o os en semejan es días, log ando po es e
medio e i a aquellos incon enien es...» (A.G.I., Lima, 1765: 968).
No obs an e, a pesa de la eacción seño ial, los p i ile-
gios de la Plaza de Acho y la cons ucción del me alizado
hospicio, la plebe u bana siguió p esionando has a apode -
a se po comple o de la ies a, ese a ibu o a is oc á ico
To os y sociedad en Lima colonial 113
10 «A mi sec e a io, Dn. Ma ín de Ma bia ena y Dn. Agus ín de
Landábu u p opuse po ábi os, ambos lo me ecen (AGI, Lima 639: El i ey a
S.M., Lima, 25.III.1767).
una plaza i me con su p opio pa imonio. El i ey com-
p endió que la en a del coso pe mi i ía cons ui el hospicio,
libe a a la ciudad de agabundos y en e ene a la población.
Po eso en un bando de 1765 anunciaba la elación en e
ambos p oyec os:
«Po quan o el Rey Nues o Seño , ce cio ado de los impo an es ines,
que se log an, y males, que se e i an, median e la áb ica de un Hospicio Gene al
de Pob es en es a Capi al, en el qual á exemplo de lo que se p ac ica en la Co e
de Mad id, en muchas ciudades de España, y en inume ables de Eu opa, se
ecoxan los yn álidos de ambos sexos, que agan po las calles, y plazas, á mejo-
a de ida, cos umb es y en e enimien o; se dignó su piedad, po Cédula expe-
dida en Za agoza a 24 de No iemb e de 1759 dispensa Real pe miso, pa a que
en es a ciudad, se e igiese la Casa, que con aquel loable des ino p e ende le an-
a D. Diego Lad ón de Gue a a, mandando, que es e Supe io Go ie no p o-
mue a la cons ucción de élla, po odos los medios que le sean posibles, has a
dexa la en e amen e pe ec a y enecida: en cuyo cumplimien o, po Dec e o de
15 del co ien e apliqué á es e ecomendable obje o, mill y quinien os pesos
annuales, que po sí, y po sus he ede os, se obligó á con ibui D. Agus ín de
Landabu u, po solemne con a a sob e el pe miso de la Plaza i me de o os»
(A.G.I., Lima, 20.VI.1765: 968).
En su Memo ia de Gobie noAma epi ió que «en es as
ci cuns ancias salió p oyec ando Dn. Augus ín de Landabu u,
cons ui á su cos a una Plaza i me de o os en que se ha ían
de celeb a ocho co idas al año, bajo de cie as es ipula-
ciones, o eciendo da mil y quinien os pesos anuales al Ospi-
cio de Pob es que se ha e igido» (Mendibu u, 1933: 405-
406), pe o el dec e o publicado en Lima en junio de 1765 e-
ela que el i ey enía o as in enciones9.
En e ec o, las co idas e an is as como «un ondo
segu o y pe manen e pa a ocu i con p omp i ud a cualquie a
Fe nando Iwasaki Cau i
112
9El dec e o lo ansc ibi emos al inal de es e abajo.
no edad», y esa ue la coa ada de Ama pa a u iliza las
ganancias de la Plaza en «la sa is acción de las can idades que
se es án debiendo del cos o impendido en la cons ucción de
las pilas de la Alameda de es a ciudad» y en la edi icación de
«las piezas y o icinas p ecisas pa a pode se i de cua eles a
las compañías de mi gua dia». Suponemos que Landabu u no
puso objeciones, ya que en 1767 el i ey lo ecomendó como
candida o a la O den de San iago10.
Sin emba go, ¿exis ió o a azón de con ol social más
allá de inancia el hospicio donde se pensaba eclui a
mendigos y agabundos? La cons ucción de una plaza no
sólo implicaba ubica al público en asien os colocados de ás
de una ba e a, sino impedi la in omisión de los espon á-
neos, asgo ípico de la conduc a de neg os e indios du an e
las co idas. De ahí que el i ey ponde a a las en ajas de
una plaza i me señalando que e a:
«...el medio más pode oso pa a e i a en los ca na ales con es a
di e sión, los pe judiciales y las imosos sucesos que se han expe imen a-
do, y no han bas ado a impedi ni las e icaces p o idencias de es e supe-
io Go ie no ni el celo y igilancia de las jus icias que han solici ado su
execución y cumplimien o, po cuya causa mis an eceso es han p ocu a-
do siemp e que se co an o os en semejan es días, log ando po es e
medio e i a aquellos incon enien es...» (A.G.I., Lima, 1765: 968).
No obs an e, a pesa de la eacción seño ial, los p i ile-
gios de la Plaza de Acho y la cons ucción del me alizado
hospicio, la plebe u bana siguió p esionando has a apode -
a se po comple o de la ies a, ese a ibu o a is oc á ico
To os y sociedad en Lima colonial 113
10 «A mi sec e a io, Dn. Ma ín de Ma bia ena y Dn. Agus ín de
Landábu u p opuse po ábi os, ambos lo me ecen (AGI, Lima 639: El i ey a
S.M., Lima, 25.III.1767).
una plaza i me con su p opio pa imonio. El i ey com-
p endió que la en a del coso pe mi i ía cons ui el hospicio,
libe a a la ciudad de agabundos y en e ene a la población.
Po eso en un bando de 1765 anunciaba la elación en e
ambos p oyec os:
«Po quan o el Rey Nues o Seño , ce cio ado de los impo an es ines,
que se log an, y males, que se e i an, median e la áb ica de un Hospicio Gene al
de Pob es en es a Capi al, en el qual á exemplo de lo que se p ac ica en la Co e
de Mad id, en muchas ciudades de España, y en inume ables de Eu opa, se
ecoxan los yn álidos de ambos sexos, que agan po las calles, y plazas, á mejo-
a de ida, cos umb es y en e enimien o; se dignó su piedad, po Cédula expe-
dida en Za agoza a 24 de No iemb e de 1759 dispensa Real pe miso, pa a que
en es a ciudad, se e igiese la Casa, que con aquel loable des ino p e ende le an-
a D. Diego Lad ón de Gue a a, mandando, que es e Supe io Go ie no p o-
mue a la cons ucción de élla, po odos los medios que le sean posibles, has a
dexa la en e amen e pe ec a y enecida: en cuyo cumplimien o, po Dec e o de
15 del co ien e apliqué á es e ecomendable obje o, mill y quinien os pesos
annuales, que po sí, y po sus he ede os, se obligó á con ibui D. Agus ín de
Landabu u, po solemne con a a sob e el pe miso de la Plaza i me de o os»
(A.G.I., Lima, 20.VI.1765: 968).
En su Memo ia de Gobie noAma epi ió que «en es as
ci cuns ancias salió p oyec ando Dn. Augus ín de Landabu u,
cons ui á su cos a una Plaza i me de o os en que se ha ían
de celeb a ocho co idas al año, bajo de cie as es ipula-
ciones, o eciendo da mil y quinien os pesos anuales al Ospi-
cio de Pob es que se ha e igido» (Mendibu u, 1933: 405-
406), pe o el dec e o publicado en Lima en junio de 1765 e-
ela que el i ey enía o as in enciones9.
En e ec o, las co idas e an is as como «un ondo
segu o y pe manen e pa a ocu i con p omp i ud a cualquie a
Fe nando Iwasaki Cau i
112
9El dec e o lo ansc ibi emos al inal de es e abajo.