Re is a de Es udios Tau inos
N.º 12, Se illa, 2000, págs. 267-278
A aújo Miguélez, An onio: U e a y sus an iguas ies as de
o os, p ól. de M. Viei a, in . del au o , U e a (Se illa),
Ayun amien o de U e a, 1999, ed. pa ocinada po la Funda-
ción El Mon e, Col. Temas U e anos, n.º 4, 169 págs.
Fig. n.º 42.– Po ada del lib o de
An onio A aujo Miguélez U e a y sus
an iguas ies as de o os, 1999, edi ado po el Ayun amien o de U e a.
po las ibe as pan anosas del Ródano, las g andes o adas de
la Cama ga; imp egna, ans o ma, ma ca las ganade ías de
Po ugal; conquis a el Con inen e Ame icano... La c eación
u e ana pasea, mayes á ica, po las sie as de México, Colom-
bia, Venezuela, Ecuado , Pe ú... U e a es, ni más ni menos,
que la capi al del inmenso plane a del o o b a o. Su humilde
plaza de o os, donde le imos, hace años, desplega a Ra ael
de Paula y a Cu o Rome o aenas pa a el ecue do, es el sím-
bolo de una glo ia impe ecede a hoy llamada, po lo que se e,
a se sepul ada. U e a, y su plaza de o os, es el cen o espi i-
ual de un pode oso impe io de emociones, de ges as, de eno -
mes cons ucciones a ís icas, en in, de la Tau omaquia. ¡Ay,
si U e a es u ie a en el Su de F ancia! Se ía un luga de pe e-
g inación, end ía un es upendo museo dedicado a la c ía y
selección del ganado de lidia, su plaza de o os hab ía sido con-
e ida en un luga de cul o, se eco e ía su é mino con la
unción de un pe eg inaje que ha ía es ación en los luga es
–campos y case íos– donde se aguó an genial in ención: la
Dehesa de La Ma isma donde pacían los o os de Vicen e José
Vázquez (A aújo, 1999: 105), los ce ados de o os del amo-
so Ba be o de U e a, los case íos que ue on del Conde de
Vis ahe mosa, el co ijo de Valca gado donde José A ias de
Saa ed a, alcalde de U e a y maes an e de Se illa, le hizo
una inol idable demos ación de su pode ío ganade o al Duque
de Mon pensie (A aújo, 1999: 128), el palacio de Casa-Ulloa,
p opiedad de o o de los ganade os undado es, donde se hos-
pedó Fe nando VII en una de las nume osas isi as con que los
eyes dis inguie on al pueblo de Calzas-Anchas, los so os de
Pica ea de Lessaca donde pas aban las eses an epasadas de
los «sal illos», es deci , el onco p incipal de la ganade ía
b a a de Amé ica ¡Cualquie cosa! Y los Cab e as, los Núñez
Recensiones de lib os 269
«Con encidos [los Cabildos] de lo bene icioso que es, a cual-
quie pueblo, la ecuen e y nume osa concu encia de o as e os,
omen an la cons ucción de aquellos edi icios –Plazas de To os–,
po que la expe iencia les ha enseñado los muchos bienes que pue-
den epo a al come cio, a la bene icencia y al sos én de las ca -
gas públicas» (Sánchez de Nei a: G an Dicciona io Tau ómaco).
Celeb o la opo unidad con que se publica es e lib o,
U e a y sus an iguas ies as de o os, de An onio A aújo
Miguélez. E a u gen e y es necesa ia. La minuciosa in es iga-
ción lle ada a cabo po A aújo si iene po obje o el es udio de
las ies as de o os en U e a, se ocaliza, sin emba go, en el
espacio u bano donde se ealizan las unciones de o os, es o
es, en la plaza de o os. Digo opo una po que la plaza de o os
de U e a se halla amenazada de demolición. Rela i amen e
cén ico hoy en día, el sola sob e el que se e ige la plaza de
o os del A eci e de la Vega, se ha con e ido en un espacio
amenazado po la o acidad de los mode nos especulado es
u banos. Es a compulsión se hace mucho más pe niciosa cuan-
do cuen a con el apoyo de una ins i ución municipal insensible
a la impo ancia de la iden idad cul u al del pueblo que ep e-
sen a. U e a es, como dije a López del Ramo, «la mad e y
sola del o o b a o» (C . A aújo, 1999: 11). En campos de
p opios, en incas de su é mino, se p odujo, a mediados del
siglo XVIII, la in ención de un cul i o muy pa icula de eses
acunas, ni más ni menos, que las ganade ías de o os de lidia.
U e a es la pa ia del o o b a o y sus plazas de o os ue on
es igos de ese descub imien o ex ao dina io. De U e a, el
o o b a o andaluz, conquis a p ime o, el cen o y el no e de
España, sal a a F ancia y oca con su sang e b a a, p ime o, la
ganade ía sil es e de las ma ismas del Ga ona y, más a de,
Ped o Rome o de Solís
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po las ibe as pan anosas del Ródano, las g andes o adas de
la Cama ga; imp egna, ans o ma, ma ca las ganade ías de
Po ugal; conquis a el Con inen e Ame icano... La c eación
u e ana pasea, mayes á ica, po las sie as de México, Colom-
bia, Venezuela, Ecuado , Pe ú... U e a es, ni más ni menos,
que la capi al del inmenso plane a del o o b a o. Su humilde
plaza de o os, donde le imos, hace años, desplega a Ra ael
de Paula y a Cu o Rome o aenas pa a el ecue do, es el sím-
bolo de una glo ia impe ecede a hoy llamada, po lo que se e,
a se sepul ada. U e a, y su plaza de o os, es el cen o espi i-
ual de un pode oso impe io de emociones, de ges as, de eno -
mes cons ucciones a ís icas, en in, de la Tau omaquia. ¡Ay,
si U e a es u ie a en el Su de F ancia! Se ía un luga de pe e-
g inación, end ía un es upendo museo dedicado a la c ía y
selección del ganado de lidia, su plaza de o os hab ía sido con-
e ida en un luga de cul o, se eco e ía su é mino con la
unción de un pe eg inaje que ha ía es ación en los luga es
–campos y case íos– donde se aguó an genial in ención: la
Dehesa de La Ma isma donde pacían los o os de Vicen e José
Vázquez (A aújo, 1999: 105), los ce ados de o os del amo-
so Ba be o de U e a, los case íos que ue on del Conde de
Vis ahe mosa, el co ijo de Valca gado donde José A ias de
Saa ed a, alcalde de U e a y maes an e de Se illa, le hizo
una inol idable demos ación de su pode ío ganade o al Duque
de Mon pensie (A aújo, 1999: 128), el palacio de Casa-Ulloa,
p opiedad de o o de los ganade os undado es, donde se hos-
pedó Fe nando VII en una de las nume osas isi as con que los
eyes dis inguie on al pueblo de Calzas-Anchas, los so os de
Pica ea de Lessaca donde pas aban las eses an epasadas de
los «sal illos», es deci , el onco p incipal de la ganade ía
b a a de Amé ica ¡Cualquie cosa! Y los Cab e as, los Núñez
Recensiones de lib os 269
«Con encidos [los Cabildos] de lo bene icioso que es, a cual-
quie pueblo, la ecuen e y nume osa concu encia de o as e os,
omen an la cons ucción de aquellos edi icios –Plazas de To os–,
po que la expe iencia les ha enseñado los muchos bienes que pue-
den epo a al come cio, a la bene icencia y al sos én de las ca -
gas públicas» (Sánchez de Nei a: G an Dicciona io Tau ómaco).
Celeb o la opo unidad con que se publica es e lib o,
U e a y sus an iguas ies as de o os, de An onio A aújo
Miguélez. E a u gen e y es necesa ia. La minuciosa in es iga-
ción lle ada a cabo po A aújo si iene po obje o el es udio de
las ies as de o os en U e a, se ocaliza, sin emba go, en el
espacio u bano donde se ealizan las unciones de o os, es o
es, en la plaza de o os. Digo opo una po que la plaza de o os
de U e a se halla amenazada de demolición. Rela i amen e
cén ico hoy en día, el sola sob e el que se e ige la plaza de
o os del A eci e de la Vega, se ha con e ido en un espacio
amenazado po la o acidad de los mode nos especulado es
u banos. Es a compulsión se hace mucho más pe niciosa cuan-
do cuen a con el apoyo de una ins i ución municipal insensible
a la impo ancia de la iden idad cul u al del pueblo que ep e-
sen a. U e a es, como dije a López del Ramo, «la mad e y
sola del o o b a o» (C . A aújo, 1999: 11). En campos de
p opios, en incas de su é mino, se p odujo, a mediados del
siglo XVIII, la in ención de un cul i o muy pa icula de eses
acunas, ni más ni menos, que las ganade ías de o os de lidia.
U e a es la pa ia del o o b a o y sus plazas de o os ue on
es igos de ese descub imien o ex ao dina io. De U e a, el
o o b a o andaluz, conquis a p ime o, el cen o y el no e de
España, sal a a F ancia y oca con su sang e b a a, p ime o, la
ganade ía sil es e de las ma ismas del Ga ona y, más a de,
Ped o Rome o de Solís
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en e las que des aca, cómo no, una co ida de o os en la
plaza de San F ancisco de Se illa el 12 de agos o de 1520.
Pa a mayo esplendo de la unción el Cabildo se illano
in i a a que los alcala eños en íen «mancebos bien a a ia-
dos y buenos jine es» como ya se había comp ome ido a
hace lo U e a que había decidido des aca « ein e de los
mejo es encabalgados» pa a juga a cañas y co e o os
(A aújo, 1999: 19). De 1552 es un documen o donde se
asegu a que el 5 de no iemb e ue on p egonados o os po
Juan López, los cuales, inalmen e, los ema ó un aque o
que espondía po el nomb e de Melcho He nández. A la
ho a de es ablece las condiciones, el Cabildo se emi e a
las disposiciones que había dic ado pa a ello, unos años
an es, en 1549, lo que nos pe mi e pensa que las co idas
en U e a, pa a esa echa ya enían cie o abolengo y que el
Ayun amien o se enía ocupando, desde hacía iempo, de
o ganiza unciones de o os pa a solaz y di e sión de los
u e anos (A aújo, 1999: 21). Un nue o documen o, apa e-
cido en las Ac as Capi ula es del Ayun amien o de U e a,
aslada el acue do omado po dicho Cabildo de hace
« ies as de o os y cañas pa a el día de Nues a Seño a de
la Consolación» –ad ocación que, con los años, llega ía a
con e i se en pa ona de U e a–, señala un luga , la plaza
del Al ozano, donde celeb a las y pac a, con el a endado
de la ies a, el p ecio de los balcones (A aújo, 1999: 23).
Los documen os sucesi os señalan a la plaza del Al o-
zano, donde se hallaban los edi icios de las Casas Consis o-
iales, el espacio u bano ese ado pa a las unciones de
o os, cos umb e que se man end á has a que en el siglo XIX
se cons uya la plaza del A eci e de la Vega, hoy amenazada
de des ucción. Sin emba go, se celeb a on co idas de o os
Recensiones de lib os 271
de P ado, los Ped ajas, los Mu ube... Denominaciones de gana-
de ías y de cas as, nomb es mí icos, apellidos cuya p onuncia-
ción p o oca, siemp e, un sen imien o de asomb o, de ene a-
ción, en e los millones y millones de a icionados a la ies a
b a a que exis en en el mundo. Todo eso y mucho más es á
simbolizado en U e a, en la plaza de o os del A eci e de la
Vega, e igida a inales del siglo XIX y con capacidad pa a sie e
mil espec ado es. Mas, a pesa de odo ello, ¡a de iba la! ¿No
echa on abajo ya, los u e anos, la mu alla que ci cundaba oda
la ciudad? Pues en onces ¿po qué amilana se con la plaza de
o os? ¡A po ella!. Quizá cons uyan unos pisos de «al o s a-
ding», con gale ía come cial en sus bajos y, quién sabe, has a
engan la sue e de que ab an sus pue as un aseado McDo-
nald’s y un p ác ico Pans & Company pa a que los jó enes
u e anos engan la opo unidad his ó ica de inco po a se a la
mode nidad y come «hambu ge s» ab icadas con ca ne pica-
da de «he d o d». Pe o plancheada, eso así, nada menos que
sob e el sola del... ¡A eci e de la Vega! ¡Qué ges a municipal!
¡El es upo pa a las gene aciones u u as de u e anos! ¿Se
puede aspi a a mayo glo ia?
Opo uno, epi o, es a in es igación de A aújo sob e
la dimensión ganade a de la his o ia U e a de la que se
desp ende que es, p ecisamen e, su pa icipación genial a
la in ención de las eses de lidia la pa e sus ancial de su
iden idad. La his o ia au ina de U e a a anca, po lo
menos, en el siglo XVI. An onio A aújo Miguélez en U e-
a y sus an iguas ies as de o os ep oduce un documen o
echado en 1520 en el que el Cabildo de Se illa en ía al de
Alcalá de Guadai a comunicándole que p e ende aleg a la
ciudad, po las me cedes ecibidas de un impo an e p ín-
cipe de la Iglesia, con dis in as mani es aciones es i as
Ped o Rome o de Solís
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en e las que des aca, cómo no, una co ida de o os en la
plaza de San F ancisco de Se illa el 12 de agos o de 1520.
Pa a mayo esplendo de la unción el Cabildo se illano
in i a a que los alcala eños en íen «mancebos bien a a ia-
dos y buenos jine es» como ya se había comp ome ido a
hace lo U e a que había decidido des aca « ein e de los
mejo es encabalgados» pa a juga a cañas y co e o os
(A aújo, 1999: 19). De 1552 es un documen o donde se
asegu a que el 5 de no iemb e ue on p egonados o os po
Juan López, los cuales, inalmen e, los ema ó un aque o
que espondía po el nomb e de Melcho He nández. A la
ho a de es ablece las condiciones, el Cabildo se emi e a
las disposiciones que había dic ado pa a ello, unos años
an es, en 1549, lo que nos pe mi e pensa que las co idas
en U e a, pa a esa echa ya enían cie o abolengo y que el
Ayun amien o se enía ocupando, desde hacía iempo, de
o ganiza unciones de o os pa a solaz y di e sión de los
u e anos (A aújo, 1999: 21). Un nue o documen o, apa e-
cido en las Ac as Capi ula es del Ayun amien o de U e a,
aslada el acue do omado po dicho Cabildo de hace
« ies as de o os y cañas pa a el día de Nues a Seño a de
la Consolación» –ad ocación que, con los años, llega ía a
con e i se en pa ona de U e a–, señala un luga , la plaza
del Al ozano, donde celeb a las y pac a, con el a endado
de la ies a, el p ecio de los balcones (A aújo, 1999: 23).
Los documen os sucesi os señalan a la plaza del Al o-
zano, donde se hallaban los edi icios de las Casas Consis o-
iales, el espacio u bano ese ado pa a las unciones de
o os, cos umb e que se man end á has a que en el siglo XIX
se cons uya la plaza del A eci e de la Vega, hoy amenazada
de des ucción. Sin emba go, se celeb a on co idas de o os
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de P ado, los Ped ajas, los Mu ube... Denominaciones de gana-
de ías y de cas as, nomb es mí icos, apellidos cuya p onuncia-
ción p o oca, siemp e, un sen imien o de asomb o, de ene a-
ción, en e los millones y millones de a icionados a la ies a
b a a que exis en en el mundo. Todo eso y mucho más es á
simbolizado en U e a, en la plaza de o os del A eci e de la
Vega, e igida a inales del siglo XIX y con capacidad pa a sie e
mil espec ado es. Mas, a pesa de odo ello, ¡a de iba la! ¿No
echa on abajo ya, los u e anos, la mu alla que ci cundaba oda
la ciudad? Pues en onces ¿po qué amilana se con la plaza de
o os? ¡A po ella!. Quizá cons uyan unos pisos de «al o s a-
ding», con gale ía come cial en sus bajos y, quién sabe, has a
engan la sue e de que ab an sus pue as un aseado McDo-
nald’s y un p ác ico Pans & Company pa a que los jó enes
u e anos engan la opo unidad his ó ica de inco po a se a la
mode nidad y come «hambu ge s» ab icadas con ca ne pica-
da de «he d o d». Pe o plancheada, eso así, nada menos que
sob e el sola del... ¡A eci e de la Vega! ¡Qué ges a municipal!
¡El es upo pa a las gene aciones u u as de u e anos! ¿Se
puede aspi a a mayo glo ia?
Opo uno, epi o, es a in es igación de A aújo sob e
la dimensión ganade a de la his o ia U e a de la que se
desp ende que es, p ecisamen e, su pa icipación genial a
la in ención de las eses de lidia la pa e sus ancial de su
iden idad. La his o ia au ina de U e a a anca, po lo
menos, en el siglo XVI. An onio A aújo Miguélez en U e-
a y sus an iguas ies as de o os ep oduce un documen o
echado en 1520 en el que el Cabildo de Se illa en ía al de
Alcalá de Guadai a comunicándole que p e ende aleg a la
ciudad, po las me cedes ecibidas de un impo an e p ín-
cipe de la Iglesia, con dis in as mani es aciones es i as
Ped o Rome o de Solís
270
gaban a es e luga , e a común que los aspi an es a ma ado es p o-
basen sue e an e ellas y uesen adqui iendo la écnica necesa ia
pa a an a iesgado o icio. Es a cos umb e ha pe du ado has a hace
unas décadas, y más en conc e o has a que exis ió el Ma ade o de
U e a que es aba si uado en el A enal.
»Don Juan del Río nos indica en su ob a Desc ipción de U e-
a que uno de los luga es en los que es u o si uado el Ma ade o en
el siglo XVIII ue uno de los ex emos del Al ozano, jun o a la zona
del Hospi al de la Resu ección y cues a de San iago. La ci cuns an-
cia de la p oximidad del Ma ade o a la Plaza del Al ozano quizás no
uese casual, ya que se end ía en cuen a pa a su ubicación que e a
necesa io un luga adecuado y p óximo pa a descua iza las muchas
eses que se sac i icaban en nues a Plaza Mayo . Como podemos
e los Ma ade os, ahí es á el caso del ubicado en el ba io se illano
de San Be na do, ue on ambién pun o de a anque pa a lo que des-
pués conoce íamos como ‘ o eo a pie’. Téngase en cuen a que en
es e siglo no exis ían las ac uales Escuelas Tau inas, ni mucho
menos lo que desde p incipios del siglo XIX, ap oximadamen e,
se ía la escuela na u al del To eo, los ‘ en ade os’. Po es a azón
pa a aquellos que no uesen p o esionales de la Fies a, aún en núme-
o muy escaso, el único momen o de con ac o con las eses b a as
e a el p e io a su sac i icio en los Ma ade os. Al en e de es os es a-
blecimien os se hallaba un ‘Alcayde’, ca go que ha exis ido has a
ines del XIX, y el cual enía a su se icio, en e o os ope a ios, a
un ‘ence ado ’, cuya esponsabilidad e a lle a las eses has a las
co ale as donde debían espe a el momen o de pasa a manos de los
ma a i es. En cla a e e encia a los ca gos mencionados podemos
deci que en 1796 se nomb ó como “Alcayde de Ma ade o a Ped o
Delgado y Ala az, con el si uado y emolumen os acos umb ados, y
po ence ado a Ba olomé Escamilla”. Aes e úl imo se le asignaba
un sueldo ijo, y se le exigía al mismo iempo que “debía man ene
un caballo p opio a p opósi o y capaz pa a asis i a los encie os con
ga ocha”» (A aújo, 1999: 64).
El Cabildo u e ano se di igió en sucesi as ocasiones a
las au o idades supe io es compe en es pa a solici a pe miso
pa a co e o os y con su p oduc o es au a la plaza de Al o-
Recensiones de lib os 273
en o os luga es del casco u bano como, po ejemplo, en la
Resolana de la Fuen e de la Alamedilla (A aújo, 1999: 87), en
el coso de San o Domingo (A aújo, 1999: 64), en los co a-
les ase os a la Posada de la F u a (A aújo, 1999: 140) e,
incluso, en el pa io del Ma ade o. Es a mul iplicación de pla-
zas po el suelo u bano de U e a, an en con a de la enden-
cia his ó ica de aquel Consis o io, que había p e endido o de-
na la ies a, no pe mi i que el caos in adie a la ciudad, y
adecua la plaza del Al ozano, siguiendo la adición de las
plazas mayo es, a la celeb ación de las unciones de o os,
pe mi e supone a A aújo que ello esponde ía a la deg ada-
ción su ida po el case ío del Al ozano, en los úl imos años
del siglo XVII, pe iodo en el que U e a, segu amen e, debió
su i una g an c isis económica y demog á ica.
La plaza del Ma ade o nos in e esa pa icula men e
pues, como he señalado en a ias ocasiones siguiendo el magis-
e io de Luis To o, es el espacio u bano p i ilegiado donde se
p oduce la in ención del o eo mode no a pie1. A es e espec o
A aújo esc ibe:
«Jun o al Al ozano y al e íme o coso de San o Domingo,
exis ía o o luga donde e a ecuen e la pues a en p ác ica del udi-
men a io o eo a pie del momen o, nos e e imos al Ma ade o.
An es de se sac i icadas las eses b a as o de media cas a que lle-
Ped o Rome o de Solís
272
1 Tan o An onio Ga cía-Baque o como yo mismo hemos insis ido en
a ias publicaciones en el papel es ela jugado po los ma ade os en el desa ollo
del o eo a pie: Rome o de Solís, Ped o: “El ap o del o o. Aeques agonis es” en
Sepa a a. Li e a u a, A e y Pensamien o, n.º 1, Se illa, in ie no 1978-79, págs.
63-71; Rome o de Solís, P.; Ga cía-Baque o, A.y Vázquez Pa ladé, I.: Se illa y la
ies a de o os, Se illa, Se icio de Publicaciones Ayun amien o de Se illa, 1994
(1.ª eimp .) [1980]; y Ga cía-Baque o, An onio: “El macelo se illano y los o í-
genes de la Tau omaquia mode na” en Tau ología. Re is a Cul u al Tau ina,
Mad id, 1990, n.º 2, págs. 38-44.
gaban a es e luga , e a común que los aspi an es a ma ado es p o-
basen sue e an e ellas y uesen adqui iendo la écnica necesa ia
pa a an a iesgado o icio. Es a cos umb e ha pe du ado has a hace
unas décadas, y más en conc e o has a que exis ió el Ma ade o de
U e a que es aba si uado en el A enal.
»Don Juan del Río nos indica en su ob a Desc ipción de U e-
a que uno de los luga es en los que es u o si uado el Ma ade o en
el siglo XVIII ue uno de los ex emos del Al ozano, jun o a la zona
del Hospi al de la Resu ección y cues a de San iago. La ci cuns an-
cia de la p oximidad del Ma ade o a la Plaza del Al ozano quizás no
uese casual, ya que se end ía en cuen a pa a su ubicación que e a
necesa io un luga adecuado y p óximo pa a descua iza las muchas
eses que se sac i icaban en nues a Plaza Mayo . Como podemos
e los Ma ade os, ahí es á el caso del ubicado en el ba io se illano
de San Be na do, ue on ambién pun o de a anque pa a lo que des-
pués conoce íamos como ‘ o eo a pie’. Téngase en cuen a que en
es e siglo no exis ían las ac uales Escuelas Tau inas, ni mucho
menos lo que desde p incipios del siglo XIX, ap oximadamen e,
se ía la escuela na u al del To eo, los ‘ en ade os’. Po es a azón
pa a aquellos que no uesen p o esionales de la Fies a, aún en núme-
o muy escaso, el único momen o de con ac o con las eses b a as
e a el p e io a su sac i icio en los Ma ade os. Al en e de es os es a-
blecimien os se hallaba un ‘Alcayde’, ca go que ha exis ido has a
ines del XIX, y el cual enía a su se icio, en e o os ope a ios, a
un ‘ence ado ’, cuya esponsabilidad e a lle a las eses has a las
co ale as donde debían espe a el momen o de pasa a manos de los
ma a i es. En cla a e e encia a los ca gos mencionados podemos
deci que en 1796 se nomb ó como “Alcayde de Ma ade o a Ped o
Delgado y Ala az, con el si uado y emolumen os acos umb ados, y
po ence ado a Ba olomé Escamilla”. Aes e úl imo se le asignaba
un sueldo ijo, y se le exigía al mismo iempo que “debía man ene
un caballo p opio a p opósi o y capaz pa a asis i a los encie os con
ga ocha”» (A aújo, 1999: 64).
El Cabildo u e ano se di igió en sucesi as ocasiones a
las au o idades supe io es compe en es pa a solici a pe miso
pa a co e o os y con su p oduc o es au a la plaza de Al o-
Recensiones de lib os 273
en o os luga es del casco u bano como, po ejemplo, en la
Resolana de la Fuen e de la Alamedilla (A aújo, 1999: 87), en
el coso de San o Domingo (A aújo, 1999: 64), en los co a-
les ase os a la Posada de la F u a (A aújo, 1999: 140) e,
incluso, en el pa io del Ma ade o. Es a mul iplicación de pla-
zas po el suelo u bano de U e a, an en con a de la enden-
cia his ó ica de aquel Consis o io, que había p e endido o de-
na la ies a, no pe mi i que el caos in adie a la ciudad, y
adecua la plaza del Al ozano, siguiendo la adición de las
plazas mayo es, a la celeb ación de las unciones de o os,
pe mi e supone a A aújo que ello esponde ía a la deg ada-
ción su ida po el case ío del Al ozano, en los úl imos años
del siglo XVII, pe iodo en el que U e a, segu amen e, debió
su i una g an c isis económica y demog á ica.
La plaza del Ma ade o nos in e esa pa icula men e
pues, como he señalado en a ias ocasiones siguiendo el magis-
e io de Luis To o, es el espacio u bano p i ilegiado donde se
p oduce la in ención del o eo mode no a pie1. A es e espec o
A aújo esc ibe:
«Jun o al Al ozano y al e íme o coso de San o Domingo,
exis ía o o luga donde e a ecuen e la pues a en p ác ica del udi-
men a io o eo a pie del momen o, nos e e imos al Ma ade o.
An es de se sac i icadas las eses b a as o de media cas a que lle-
Ped o Rome o de Solís
272
1 Tan o An onio Ga cía-Baque o como yo mismo hemos insis ido en
a ias publicaciones en el papel es ela jugado po los ma ade os en el desa ollo
del o eo a pie: Rome o de Solís, Ped o: “El ap o del o o. Aeques agonis es” en
Sepa a a. Li e a u a, A e y Pensamien o, n.º 1, Se illa, in ie no 1978-79, págs.
63-71; Rome o de Solís, P.; Ga cía-Baque o, A.y Vázquez Pa ladé, I.: Se illa y la
ies a de o os, Se illa, Se icio de Publicaciones Ayun amien o de Se illa, 1994
(1.ª eimp .) [1980]; y Ga cía-Baque o, An onio: “El macelo se illano y los o í-
genes de la Tau omaquia mode na” en Tau ología. Re is a Cul u al Tau ina,
Mad id, 1990, n.º 2, págs. 38-44.
les, u ie on que ecu i a la celeb ación de unciones, es a
ez, de no illos, pa a a on a las nue as exigencias pa ió-
icas y de o den público:
«En la mañana de dicho día se can a á un solemne Tedeum
en odas las Iglesias de es a Villa, con asis encia del Ayun a-
mien o en la mayo pa a cuyo ac o se con oca á a odas las Co -
po aciones de es a Villa y po la a de se e ec ua á una Co ida
de No illos de las que es án concedidas po S.M. po Real O den
de cua o de 7 de julio de mil ochocien os ein e y cinco, que se
epe i án en los dos días siguien es, dándose en cada uno de ellos
una comida decen e a los p esos de la Cá cel de es a Villa; y pa a
compensa los gas os que se ocasionasen en dichas ies as se
impond á una mode ada en ada po la is a de los o os, y si
esul ase algún p oduc o se aplica á a las muchas a enciones que
sob e sí iene la Co po ación o al a mamen o y equipo de los
Volun a ios Realis as»2.
De la lec u a del bien documen ado es udio de A aújo
Miguélez e mina uno un an o desco azonado po la can idad
de in en os que ealizan, a lo la go de los años, di e en es u e-
anos pa a celeb a co idas de o os y no illos que, muchas de
ellas, quedan us adas, unas po las p ohibiciones y abas
legales, o as po p oblemas económicos o sani a ios pues, a
cualquie umo de epidemia, la celeb ación de co idas de
Recensiones de lib os 275
2Sin duda, un lapsus linguae de quien ac uaba de Sec e a io de la Co -
po ación y edac aba las Ac as Capi ula es pues, si no me equi oco, aho a ya no
se a aba de «Volun a ios ealis as» de enso es del o den absolu o sino de «Mili-
cias u banas» llamadas a se la nue a ga an ía del égimen libe al con Isabel II
en onizado. La iananciación de equipos y uni o mes mili a es ue bas an e
común en la España de los siglo pasados. Po ejemplo, eso mismo ocu ió en
Có doba (Ve Ma ínez-No illo, A.: “Los o os en la gue a de sucesión: los ini-
cios de la au omaquia p o esional. Las Memo ias del Capi án Ca le on” en
Re is a de Es udios Tau inos, 1996, IV, págs. 223-234).
zano y sus aledaños. Es a solici udes, como ecue da A aújo,
e an una p ác ica muy di undida en los pueblos andaluces que
imi aban las p opues as pa a co e o os que ele aba la ciu-
dad de Se illa con la in ención de ealiza , con el exceden e
económico p oducido, ob as bené icas y ci iles. Sí; las co i-
das de o os es aban, po lo gene al, p ohibidas po el Rey
pe o, en Andalucía Occiden al, e an muchas eces ole adas
siemp e y cuando el p oduc o ob enido de su celeb ación se
in i ie a en ob as piadosas o cí icas. Así emos al Cabildo de
U e a solici a pe miso pa a econs ui con en os hundidos,
plazas u banas de e io adas, da de come a p esos y en e -
mos, encañona el iachuelo malolien e que c uzaba po
medio a la ciudad, el Calzas-Anchas, pa a inancia a los poli-
cías mon ados que enían que hace en e a las pelig osas pa -
idas de bandole os, incluso, pa a cos ea les nue os uni o mes
cuando el cambio de gobie no polí ico eclamaba una nue a
imagen de las ue zas del o den.
En e ec o, po U e a y sus an iguas ies as de o os
sabemos que el man enimien o de la policía u al –los
Volun a ios Realis as–, du an e la denominada ominosa
década (1823-1833) en que Fe nando VII suspende la
Cons i ución, cayó bajo la esponsabilidad de los ayun a-
mien os, lo que supuso un nue o queb an o pa a las hacien-
das locales. U e a u o que empaña «el p oduc o de odos
los impues os» y las « en as de las Ma ismas» pa a inan-
cia el equipo y los demás gas os del cue po mili a (A aú-
jo, 1999: 107). Con la exal ación al ono de la eina Isabel
II y el e o no a la no malidad cons i ucional, el cue po de
Volun a ios Realis as ue disuel o y sus i uido po la deno-
minada Milicia U bana. Una ez más, las au o idades loca-
Ped o Rome o de Solís
274
les, u ie on que ecu i a la celeb ación de unciones, es a
ez, de no illos, pa a a on a las nue as exigencias pa ió-
icas y de o den público:
«En la mañana de dicho día se can a á un solemne Tedeum
en odas las Iglesias de es a Villa, con asis encia del Ayun a-
mien o en la mayo pa a cuyo ac o se con oca á a odas las Co -
po aciones de es a Villa y po la a de se e ec ua á una Co ida
de No illos de las que es án concedidas po S.M. po Real O den
de cua o de 7 de julio de mil ochocien os ein e y cinco, que se
epe i án en los dos días siguien es, dándose en cada uno de ellos
una comida decen e a los p esos de la Cá cel de es a Villa; y pa a
compensa los gas os que se ocasionasen en dichas ies as se
impond á una mode ada en ada po la is a de los o os, y si
esul ase algún p oduc o se aplica á a las muchas a enciones que
sob e sí iene la Co po ación o al a mamen o y equipo de los
Volun a ios Realis as»2.
De la lec u a del bien documen ado es udio de A aújo
Miguélez e mina uno un an o desco azonado po la can idad
de in en os que ealizan, a lo la go de los años, di e en es u e-
anos pa a celeb a co idas de o os y no illos que, muchas de
ellas, quedan us adas, unas po las p ohibiciones y abas
legales, o as po p oblemas económicos o sani a ios pues, a
cualquie umo de epidemia, la celeb ación de co idas de
Recensiones de lib os 275
2Sin duda, un lapsus linguae de quien ac uaba de Sec e a io de la Co -
po ación y edac aba las Ac as Capi ula es pues, si no me equi oco, aho a ya no
se a aba de «Volun a ios ealis as» de enso es del o den absolu o sino de «Mili-
cias u banas» llamadas a se la nue a ga an ía del égimen libe al con Isabel II
en onizado. La iananciación de equipos y uni o mes mili a es ue bas an e
común en la España de los siglo pasados. Po ejemplo, eso mismo ocu ió en
Có doba (Ve Ma ínez-No illo, A.: “Los o os en la gue a de sucesión: los ini-
cios de la au omaquia p o esional. Las Memo ias del Capi án Ca le on” en
Re is a de Es udios Tau inos, 1996, IV, págs. 223-234).
zano y sus aledaños. Es a solici udes, como ecue da A aújo,
e an una p ác ica muy di undida en los pueblos andaluces que
imi aban las p opues as pa a co e o os que ele aba la ciu-
dad de Se illa con la in ención de ealiza , con el exceden e
económico p oducido, ob as bené icas y ci iles. Sí; las co i-
das de o os es aban, po lo gene al, p ohibidas po el Rey
pe o, en Andalucía Occiden al, e an muchas eces ole adas
siemp e y cuando el p oduc o ob enido de su celeb ación se
in i ie a en ob as piadosas o cí icas. Así emos al Cabildo de
U e a solici a pe miso pa a econs ui con en os hundidos,
plazas u banas de e io adas, da de come a p esos y en e -
mos, encañona el iachuelo malolien e que c uzaba po
medio a la ciudad, el Calzas-Anchas, pa a inancia a los poli-
cías mon ados que enían que hace en e a las pelig osas pa -
idas de bandole os, incluso, pa a cos ea les nue os uni o mes
cuando el cambio de gobie no polí ico eclamaba una nue a
imagen de las ue zas del o den.
En e ec o, po U e a y sus an iguas ies as de o os
sabemos que el man enimien o de la policía u al –los
Volun a ios Realis as–, du an e la denominada ominosa
década (1823-1833) en que Fe nando VII suspende la
Cons i ución, cayó bajo la esponsabilidad de los ayun a-
mien os, lo que supuso un nue o queb an o pa a las hacien-
das locales. U e a u o que empaña «el p oduc o de odos
los impues os» y las « en as de las Ma ismas» pa a inan-
cia el equipo y los demás gas os del cue po mili a (A aú-
jo, 1999: 107). Con la exal ación al ono de la eina Isabel
II y el e o no a la no malidad cons i ucional, el cue po de
Volun a ios Realis as ue disuel o y sus i uido po la deno-
minada Milicia U bana. Una ez más, las au o idades loca-
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