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Diálogo en el vacío del espacio escénico: Cultura clásica y clasicismo

Abstract

Entrevista con el director de teatro Theodoro Terzopoulos en Vicenza. donde presentaba Antígona, de Sófocles, en el teatro Olímpico, de Andrea Palladio. Una conversación que ha trascendido del ámbito del teatro en la ambientación global, de la cultura contemporánea determinada por la condición urbana y la forma terminal del sistema capitalista. La pregunta ha podido ser única: ¿la aniquilación del mundo trágico-presocrático -que lamentaba Nietzsche- por el mundo de la razón «platónica» que dio lugar a nuestra civilización «racionalizada » y tecnificada constituye efectivamente <<la decadencia del Occidente», como la lectura, que nos han dado grandes pensadores?

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Diálogo en el vacío del espacio escénico: Cultura clásica y clasicismo

Author: Trachana, Angelique
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 1995
DOI: 10.12795/astragalo.1995.i03.13
Source: https://idus.us.es/bitstreams/510712ae-d124-43e5-ba68-12f655ffa41e/download
DIALOGO
EN
EL
VACIO
DEL
ESPACIO
ESCENICO
Cul u a clásica y clasicismo
Angelique T achana
En e is a con el di ec o
de
ea o Theodo o Te zopoulos
en
Vicenza.
donde p esen aba An ígona,
de
Só ocles,
en
el ea o Olímpico,
de
And ea Palladio. Una con e sación que ha ascendido del ámbi o
del ea o
en
la
ambien ación global,
de
la
cul u a con empo ánea
de e minada po
la
condición u bana y
la
o ma e minal del sis ema
capi alis a.
La
p egun a
ha
podido se única: ¿la aniquilación del
mundo ágico-p esoc á ico
-que
lamen aba Nie zsche- po el mundo
de
la
azón «pla ónica» que dio luga a nues a ci ilización « aciona-
lizada» y ecni icada cons i uye e ec i amen e
<<la
decadencia del
Occiden e», como
la
lec u a, que nos han dado g andes pensado es?
Theodo o Te zopoulos, o mado en la cul u a
clásica g iega pe o ambién en los p incipios
del es uc u alismo y de la Bauhaus -especial-
men e con las enseñanzas de Schlemme en el
«homb e-se
cósmico»-,
en Alemania, ma iza
y ei indica el componen e ágico de la cul-
u a clásica g iega y su exp esión a ís ica.
En iende el ea o como una es uc u a muy
ígida de una cla idad écnica; po an o, p o-
ceso de la azón que in es iga y p o undiza en
la complejidad de la exis encia, que aba ca lo
que es á an es y lo que es á más allá de la
azón.
Discípulo de la escuela b ech iana, sus ob as
écnicamen e cons i uyen geome ías pu as y
esenciales que inco po an una in es igación
en las más p imi i as écnicas de ep esen a-
ción con on adas con las conclusiones eó i-
cas de g andes d ama u gos como A aud y
G o owski.
En la in e p e ación de la
agedia
desde
el
p isma
de la
con empo aneidad
una y o a
ez, ecu e a la ma e ia del mi o, pa a es-
ca a
esa
p o undización
an opológica,
on ológica
y a ís ica
en
el Se . Te zopoulos
lle a a
odo
el
mundo
los ex os clásicos
en
g iego a a és de sus
ob as
-ideas
concisas,
concep os
concen ados-
que
e lexionan
sob e la
condición
del
homb e
de nues a
época.
-
CIX-
109
ASTRAGALO, 03 (1995)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1995.i03.13
A qui ec a. Uni e sidad de Alcalá.
En ella, la ba e a idiomá ica se elimina y
domina la cualidad sono a de la palab a y
el
ac o
-«d ómeno»-.
El ac o , en la escena, se
ans o ma en ejecu o de una ue za in e io
que p ocede
de
la concen ación y la pé dida
de e e encias ex e nas. La oz b o a de la ís-
ce a a cana, no de la cabeza; <dogos en soma».
El cue po en a en
un
es ado de ance; as-
ciende en o o iempo y adop a ges iculacio-
nes y códigos que no
le
son indicados sino
hallados en
un
p oceso p opio de «au ogno-
sia». Las memo ias, las i encias más p o un-
das del cue po su gen así en su inmensa com-
plejidad y iqueza; de mane a que
el
homb e
alienado de nues o mundo, el homb e empo-
b ecido que epi e mo imien os y códigos, ha
pe dido la capacidad de exp esa .
An ígona,
excepcionalmen e, se ep esen a en
i aliano, «un idioma clasicis a, lleno de oca-
l
lO
les, absolu amen e nega i o» en la agedia; se
concibe como e o pa a signi ica y e idencia
la di e encia en e dos cul u as, dos lenguajes:
el clásico y
el
clasicismo.
Sen imien o ágico
P.
¿Qué signi ica la agedia hoy pa a quien
mi a el mundo con mi ada de ciudadano?
R. La agedia
ES
la na u aleza del SER; in a-
de odas las di ecciones de su exis encia. Me-
mo ias a á icas que suyacen en el subcons-
cien e, imágenes, signos, ensiones que c ean
nue as ensiones,
se
mue en sob e in ini os
ejes, que cuando se en ec uzan se mul iplican
en más, en una pe pe ua búsqueda de
es uc-
u a.
La
agedia ha sido in e p e ada a a és
del mi o. G ecia buscaba en la in e p e ación
de los mi os su es uc u a o igina ia.
Pe o
no
solamen e en
el
ea o sino en oda
o ma y ob a de a e subyace
el sen imien o
ágico
como mani es ación de
duelo
po la
capacidad limi ada.del homb e, del a is a; co-
mo ecue do
de
algo que es á pe dido pa a siem-
p e. Es as limi aciones señalan la dimensión
ágica y poé ica del homb e así como su con-
cep o es é ico.
El
homb e lle a en la subs ancia de sus célu-
las
un
sen imien o ágico
y mo í e o, desde
el momen o que nace.
Su
p opio nacimien o
es
un
abo o, una caída e ible. Toda la ida
lucha á pa a supe a
el
complejo de habe sido
expulsado de
un
in e io placen e o, cálido y
húmedo, en el mundo ex e no, du o e impla-
cable. Toda la ida es a á deplo ando la pé di-
da de una elicidad. En
el
lu o de Elec a, en
el
lu o de An ígona e i e el lu o uni e sal,
el
lu o po habe lo pe dido odo. Sólo es
un
p e-
ex o en
An ígona,
el
cue po sin sepul u a de
su he mano Polinikes. La agedia ep esen a
la g an escala de la pé dida, de la más absolu-
a desolación, de la
ca encia
o al. Y den o de
es a dimensión, el d ama u go cons uye con
elemen os p ima ios
un
espacio donde
el
homb e
-el
hé oe ágico-, concen a sus
ue zas pa a lanza se en
un
ac o;
un
ac o a a-
és del cual encuen a
la
sal ación. Medea,
pa a sol en a su p oblema conyugal, c ea
un
«d ómeno» que es un
ac o ín imo,
pe o a a-
és de es e ac o alcanza la ansubs anciación;
el
iaje lejano que es deseo de odo a is a y de
odo homb e. Los dioses en ían un ehículo
pa a ele a la a los cielos. La sal ación, e-
mos, se encuen a en
un
a mazón que cons u-
ye cada uno po sí mismo; y es as es uc u as
nada ienen que e con la
lógica común
y
con las
exigencias sociales;
son
ilógicas
y
-CX-
an isociales.
Son la To e de Babel que el hom-
b e cons uye pa a encon a se con
el
más allá.
El homb e que padece e e namen e su ine i a-
ble caída, su expulsión de una u opía, se en-
cuen a aquí, pe o su men e es á
en
el «más
allá»; se di ige po un mandamien o supe io
a cons ui o a u opía.
Renacimien o apolíneo
P.
La
e olución bu guesa
supone la mayo
e o ma é ica
y
mo al
en la his o ia. La nue a
mo al enía que ga an iza
el
o den social,
con o-
lando los impulsos an isociales, ins in i os e
inmensu ables del indi iduo, lo que pe enece a
la «hib is» ágica.
El
ea o ha cons i uido siem-
p e una ed que e iene los mi os sociales; nos
edescub e socialmen e y nos desenmasca a en
las dimensiones más sec e as de nues a indi i-
psicológica. Es e
es o o exceso de ene gía
que el homb e e iene es necesa io que sea
exp esado con un ges o, un sonido, un poema,
una canción. De esa o ma el o ganismo
encuen a una
si uación na u al de equilib io
y a monía mien as, en es e mismo ins an e,
su ge la más p ima ia o ma de a e. El au én-
ico a e eside en es a á ea del es o ene gé i-
co
que debe ans o ma se de algún modo y
no deposi a se pa a que el homb e pueda
supe a su p oblema y su dolo , su us ación
y ama gu a, la injus icia social.
Su ene gía
ans o mada de iene exp esión de una elici-
dad que se mani ies a como o ma de a e.
Son pa ículas de a e, en la ealidad, a e
que no es oda ía emancipado pe o con iene
aquellos elemen os cuali a i os del a e, ne-
cesa ios pa a la sal ación.
dualidad. ¿Cuál ha sido su eacción an e
la
e- Cuando el homb e es aba unido a la na u aleza
o ma mo al del mundo mode no? su comunicación con ella a a és de códigos
le sal aba de sus miedos, de su insegu idad. Su
R. El ea o e iene de la ida co idiana sus
elemen os esenciales que después p oyec a de
una
o ma cla a
y
pu a.
Tea o es la eman-
cipación y sublimación del ac o co idiano y
necesa io. El p incipio del ea o es á en una
necesidad p ima ia del
Se en sociedad,
no
solamen e p imi i a sino en nues o mundo
ambién: en oda comunidad que hoy oda ía
puede exis i
-en
el ámbi o del abajo co-
munal, en el campo o en la áb ica, en la ida
comunal de los ba ios
y
de los pueblos- se
expe imen a es a necesidad que hace al hom-
b e que e enga siemp e una po ción de su
ene gía, que no la en egue del odo al abajo
y
la co idianidad. La esis encia del o ganismo
al ac o pe sis en e
y
epe i i o, que le de e io-
a y le enajena, es una unción ísica más que
libe ación del miedo libe aba su ene gía, que
se con e ía en ep esen aciones simbólicas,
en el ce emonial ípico de la eligión, en ob a
de a e.
El
código
cons i uía
un
e ugio
donde
el Se se ampa aba
y
concen aba sus ue zas.
La na u aleza hacía de conduc o en e el hom-
b e
y
Dios.
De
es a elación en e el homb e, la
na u aleza
y
Dios nacía el mi o.
El
mi o ue el
código de la agedia.
En la
ep esen ación
o pa ás asis e i e o
a a de e i i un ecue do que se mani ies a
como deseo p o undo de comunica se con el
más allá.
La e dade a dimensión eligiosa
que exis e en odo se
y
que es la
u
en e de
odos los ac os ele ados es el deseo de e o -
no a una u opía.
-
CXI
-
111
ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
112
A medida que las sociedades se apa an del
medio na u al pa a ins ala se en la segunda
na u aleza, el a e se apa a de la ida co idia-
na y en a en la es e a in elec ual. «La e o -
ma» del ea o se decide po la elección del
Renacimien o.
Al
acep a sólo lo apolíneo y
al
echaza
lo
dionisiaco, el Renacimien o op-
ó así po una sola pa e de G ecia; opción con-
se ado a po emo a los elemen os impulsi-
os, exal ados, apasionados, ené icos y p i-
mi i os que la cul u a g iega había pe mi ido
y man enido en su es uc u a basamen al. Los
op imió
en
el a e eliminando lo espon áneo y
lo popula e imponiendo
un
con ol es é ico y
un
o den a i icial. Y los op imió en la ida
la
e olución bu guesa con la imposición de
su
o den mo al. La cul u a clásica g iega había
nacido de una o ma na u al y ha en ado en su
decadencia del mismo modo. Pe o
la
ci ili:a-
ción enacen is a le an ada a i icialmen e
sob e Apolo no ha dejado de exis i . De en-
diéndose desespe adamen e, e oluciona y
e oluciona, alimen ándose de su p opia ca ne
y au o ecundándose pa iendo mons uos como
los ascismos.
En
a as de los alo es sup emos
de la belleza, de la a monía, de la pe ección y
la pu eza, se piso eó odo código mo al en la
Alemania nazi.
El
ea o, sal ando algunas
excepciones como Shakespea e y B ech , que
con on a on
en
sus ob as lógica e ins in o,
padece la misma deshid a ación de los jugos
dionisiacos que padece odo el a e ac ual.
Tea alidad
P.
El
ea o clásico u o
un
ca ác e emanci-
pa o io y «ca á ico>>. En nues a cul u a
mediá ica de masas, ¿cómo se in eg a, eac-
ciona, esis e
el
ea o?
R.
La can idad y di e sidad de in o maciones
e imágenes que nos in aden con iolencia des-
componen la ealidad y bo an sus lími es. La
imposibilidad de compone con las in ini as y
agmen adas imágenes una imagen global y
cla a de nues o mundo es
el
con lic o del ea-
o con la ida eal, del a e con el mundo.
El
ea o como isión del mundo ambién ha sido
encido. Ha sucumbido a una ea alidad que
a a iesa odos los aspec os de la ida: alse-
dad, al a de cla idad en las elaciones huma-
nas, up u a de las es uc u as sociales, des-
ucción del lenguaje. Y i imos es a ea ali-
dad como malos ac o es que somos y p escin-
dimos del a e, que iende a ex ingui se ya que
nos con o mamos con cualquie alsi icación.
Con ella, el ea o a a iesa una c isis p o un-
da; a a de compone una imagen ín eg a y
e dade a, busca
un
alma pa a emociona
pe o
el
ea o ya no in luye en la ida.
P.
Las a es plás icas ienden hoy a adop a los
lenguajes y los medios que nos p opo cionan
las nue as ecnologías.
El
a e conc e o, el
«minimal» y sus de i aciones,
el
concep ual y
la c isis del obje o, la cibe né ica, congelan la
emoción, p o ocan en el espec ado una eac-
ción ce eb al, la incomunicación, a eces, el
acío. ¿El ea o, a e que in eg a la plás ica,
la li e a u a, la música de qué o ma queda
a ec ado po esa endencia?
R.
E ec i amen e, nues a época es du a y ía.
Toda mani es ación de emoción es p ohibida.
El
a e, que es como una ala ma somá ica y
anímica, se ha neu alizado. La iden i icación
con
el
a e ya no exis e. Y el a is a, el ac o ,
como cualquie se hoy di aga ca gando en la
escena con
su
pob eza exp esi a; pob eza que
-
CXII-
muchos «c eado es» p e enden p esen a co-
mo ele ada o ma de a e minimalis a.
A es e
minimalismo de exp esión de nues o iempo
lo llama ía na u alismo con empo áneo.
No
es más que un sín oma de la ca encia de capa-
cidad de emoción, de capacidad de ansmi-
sión de ene gía del ac o al espec ado , del
a is a al mundo. Nos apa amos cada ez más
de la ob a de a e y en amos en una a en u a,
paseo indi e en e en un paisaje neu o y deso-
lado que no man iene elación con la ida,
pe o ampoco con la mue e.
G andes a is as como Picasso han uel o
al
a e p imi i o de los con inen es a icano y
sudame icano pa a in es iga la es uc u a
de
es e a e que nace de las necesidades p ima-
ias y e dade as de la ida y que son po eso
uen e y condición de la ida y no a e pa a
ec os, los escenóg a os y los di ec o es que
o denan el espacio escénico ecu en a las so-
luciones écnicas con empo áneas, aunque la
expe iencia ha demos ado que los ma e iales,
las o mas y los lenguajes no uncionan de la
misma mane a en el ea o que en la ciudad.
P.
La ciudad de Vicenza y el monumen al ea-
o Olímpico, que cuen a con su p opia y única
escenog a ía enacen is a, de e mina ían la ob a
de cualquie di ec o . Sin emba go has enun-
ciado al espacio escénico de And ea Palladio.
In oduces
un
cí culo blanco como pla a o ma
de la acción que desbo da la escena e in ade el
espacio ea al. Insc ibes así en el hemiciclo
pe ec o un cí culo de una au onomía o al que
modi ica el espacio a qui ec ónico, lo que
pod ía conside a se una abe ación.
in oduci en el me cado jun o con o as R. Es ley de la agedia ejecu a se en el cí cu-
cosas. Del mismo modo, el d ama u go ale- lo. En el cí culo que ep esen a odas las
113
mán Heine Mülle , a a és de las aduccio-
nes de Holde lin, conoció p o undamen e
la
agedia g iega pa a esc ibi ob as que nos
a ec an hoy has a la médula.
Espec áculo
P.
¿C ees que el espacio escénico an o como
el a qui ec ónico pa icipan de la p oblemá ica
del espacio social y u bano?
R.
El
g a e p oblema que i e el homb e u ba-
no hoy es la ca encia de
las
ma e ias p imas
que son las uen es de ida. Sólo dispone de lo
ans o mado en sen ido ísico y me a ísico.
Hay que lle a
al
ea o
lo
que ca ecemos en
la ida. En el espacio del a e hay que een-
con a se con lo pe dido y lo necesa io como
en una uen e. Pe o ine i ablemen e los a qui-
di ecciones
se
alcanza la culminación ágica.
En onces el cí culo se ompe y se con ie e en
espi al; el espacio se desma e ializa, se ab e,
se uni e saliza. Se ía imposible que se alcan-
ce es a exal ación en
un
espacio an pe u ba-
do como el de Palladio. Así que den o de es-
e ea o «ba oco» in oduje
la
geome ía a-
dical
y
absolu a
y
el cí culo a caico, el cí culo
eligioso de la concen ación, dominó.
P.
A qui ec u as «neopalladianas» p oli e an
hoy en la ciudad. Podemos deci que
se
a-
b ican con las mismas he amien as que los de-
co ados de los g andes espec áculos.
R. Los g andes mon ajes a qui ec ónicos como
los de los espec áculos del « ock» ienen el
obje i o de empequeñece oda ía más
la
igu-
a humana que se compo a den o de esos
-
CXIII
-
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114
mon ajes como
un
pequeño y dócil se inde en-
so. En ese juego de la hegemonía capi alis a,
que neu aliza con la seducción, el monumen-
alismo y el es e icismo clasicis a se han p es a-
do siemp e. Como decía nues o pin o Tsa-
ouxis «el clasicismo es una dama on a y í-
ola en ca na al». Nues a época es clasicis a
en es e sen ido. La a qui ec u a de
un
al na -
cisismo se con ie e
en
su p opio obje i o;
se
mue e como un eje solo e independien e, ajena
a la i encia humana y ajena a
la
ob a de a e;
a e es i encia e i ida. En e los dis in os
códigos de exp esión no exis e unidad
ni
in en-
ción de uni icación de los dis in os lenguajes y
mo imien os po que no se pa e de una necesi-
dad global. Como clasicismo se ca ac e iza
la
cul u a del agmen o. En la época clásica se
log ó la o ma uni icada de la exp esión. Es-
uc u as sociales, ilosó icas, a ís icas y polí i-
cas se ensambla on coyun u almen e en la
posición p opicia que dio la g an escala, la es-
cala mí ica, del a e. La Bauhaus enía ambién
un p oyec o global. G opius, Schlemme , Kan-
dinsky, Pisca o , c eían en la unidad de las a -
es. Su u opía consis ía en ans o ma la o ali-
dad, cons ui la ob a uni a ia. Obje i o de la
e-
olución mode na ue
la
de o a del clasicismo.
Hib is
y
ca a sis
P.
«En nues a sociedad», dice Heidegge , «la
écnica sus i uye el iesgo po la segu idad lle-
nando el mundo de obje os mue os que es-
conden, ocul an y des i úan el o igen y sen i-
do de las cosas. La p oducción écnica llega a
se la o ganización de la seg egación, de la
despedida». El homb e que es á lanzado en el
iesgo,
<<en
el ien o de lo abie o» ielkiano,
el homb e c eado y sub e si o, que ansg e-
de los sis emas es ablecidos, el homb e que
come e <<hib is»,
el
homb e ágico ¿cómo po-
d ía se ecupe ado hoy? ¿Es necesa ia la
<<hib is»
pa a que acon ezca la
<<Ca a sis>>?
R. La
<<
hib is>>
y la
<<ca a sis>>
no son p incipios
que de e minan la ida con empo ánea, ca en e
de alo es p o undos, isiones y u opía.
En
nues-
a época, que
no
sólo no
es
e oluciona ia sino
que oda posibilidad de con on ación se elimi-
na; odo es á conciliado
y
limi ado. En el mo-
men o que b o a una ene gía y iende a culmi-
na ,
un
mecanismo ex e no in e iene y la ep i-
me. No come e
<<hib is
>>
el
c iminal que llega a
ealiza
un
ac o ín imo ni la muje neu ó ica que
asesina a sus hijos es Medea que e i e el
d ama p o undo de la memo ia del ma ia cado.
No exis e
<<hib is>>
ni
<<Ca a sis>>.
<<Vi imos
las di-
icul ades de
la
llanu a» como dijo B ech , la
homologación sin é mino. Las ideas ópicas de
que
<<el
a e debe se bis u í que
hie e>>,
<<un
puñe azo en el
es ómago>>,
de que iene que p o-
duci inquie ud y emo , hace que el homb e
en e en c isis de conciencia, culpabilidad e
insegu idad, son sín omas de nues a época en
que
la
elación con el a e es
un
sínd ome y no
e dade a. E ec i amen e, las e siones más
p o oca i as del ea o como las de B ech y del
mismo Shakespea e se han en en ado con su
época. Pe o Esquilo, Só ocles y Eu ípides no
pe u ba on a nadie po que
la
elación del a e
d amá ico y de las a es en gene al con la socie-
dad e an p o undas, a mónicas e in eg an es de
una o alidad.
Al
homb e de hoy, se adap a el
ea o
<<bu gués
>>
que ep esen a has a la age-
dia de o ma anquila y amable.
P.
Pod íamos ce a es a con e sación con la
in e ogación de Holde lin
<<¿pa a
qué poe as
-
CXIV-
en iempo de ca encia?» ¿ Cuál es el sen ido
del ea o, del a e
...
si
odo es á pe dido?
R.
Como odos los sis emas el capi alismo
desa olla una ayec o ia que llega á a un
lími e. La ene gía humana que se quema sin
halla una salida de exp esión en algún mo-
men o explo a á i emediablemen e.
El
hom-
b e se e á obligado a ol e a las esencias
p ima ias, a un minimalismo na u al y no
ab icado. De la au odes ucción del sis ema,
como en la agedia, den o de la des ucción
o al, nace á algo nue o. Pe o
el
desas e
absolu o, el desenlace ágico, iene que acon-
ece y en onces, sólo en onces end á algo
nue o. Y mien as, como dijo Mülle : «hay
que o alece el sen ido del con lic o, de las
con on aciones y
de
las con adicciones.
No
hay o o camino.
No
hay espues as ni solu-
ciones pa a o ece ».
Posmode no
P.
Po úl imo, y ol iendo a la ob a, pa ece que
po p ime a ez haces una e e encia di ec a a
un
lenguaje posmodemo a a és de los medios
u ilizados en es e mon aje sin an eceden es
en
u
p ocede , es ic o y aus e o, como una es uc u-
a pu a.
R.
No pod ía aisla los subyacen es
al
«logos»
elemen os clasicis as sino hace los en a en
un
discu so uni icado. Se ía absu do espe a
que los ac o es i alianos die an las mismas es-
pues as que los ac o es g iegos. Cuando p e-
sen é en Rusia el Cua e o de Mülle , in-
co po é el complejo de culpabilidad uso ba-
iéndose en e la eligiosidad o odoxa y
el
es alinismo y la unción esul ó au én ica. Hay
que pa i del ma e ial humano, u iliza
el
sus-
a o cul u al, las dis in as i encias, pone las
a colabo a con la idea, dispues o siemp e en
su con inua eno ación. La con empo aneidad
del a e consis e en es a disposición de sub e -
ida an es incluso de que se p oduzca. Sólo en-
onces
es
angua dia.
El
Renacimien o que
su gió de la oscu idad medie al descub ió el
cue po, sus sime ías, sus p opo ciones, ha c e-
ado
un
a e an opocén ico que de ino ela-
ción na cisis a con
su
c eación; se con i ió en
suje o cau i o: es anguló la c ea i idad. La
aleg ía y con o abilidad que
le
p opo cionaba
su ob a bo aba «la apo ía», pa a cues iona la
y desca a la. Es aba en la segu idad de que
c eaba ob as de alo cons an e y e e no que
no
se
supe a ían nunca. Y sin emba go
su
alo e a ci cuns ancial. La necesidad ci cuns-
ancial de supe a la Edad Media
se
con i ió
en cadenas pe pe uas del a e. A e es libe ad.
Empezó la unción y al p esencia la sus pala-
115
b as cob a on sen ido i amen e. Es amos an-
e
un
paisaje apocalíp ico: ca ás o e nuclea .
La supe icie, una az gélida. Se había ex in-
guido «la na u aleza», calcinado odo ge men
de « ep oducción
na u alis a>>.
Había cambia-
do el colo de la piel humana y las unciones
de los ó ganos habían su ido una mons uosa
ans o mación, una e ible adap ación en la
escena; paisaje desolado con umbas.
Un
cí cu-
lo
acío,
un
aguje o de luz blanca se ab ía
pa a abso be el supe poblado mundo de
And ea Palladio y las almas de los supe i-
ien es. Másca as de hie o inú iles pa a la
de ensa, despojos de ac o es anulados po
el
ance, pe sonajes op imidos po sus ceñidas
es imen as se a as aban po la ie a es é il.
E a inú il su eacción. Un pode supe io di i-
gía su des ino. Con émulo y di icul ad se
in
-
-
cx -
ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
116
co po aban pa a expulsa un llan o inaguan a-
ble. Compulsiones sucesi as aciaban sus cue -
pos que ol ían a desploma se en el cí culo.
Todos mue os. An ígona, Esmene, Emon, o-
da la amilia eal de Tebas, desg aciados
«apógonos» de Edipo, yacen en una línea
mo al. El ey C eon e
se
une al cadá e de
su
hijo Emon. El pode , como sus p opios ad e -
sa ios, mue o.
El
sis ema se ha au odes uido.
Las leyes mo ales, ca apul adas. La ca a sis
no despun a po ninguna pa e.
El
ac o g iego Tasos Dimas eci aba en g ie-
go an iguo. In oducía
el
mensaje de
un
más
allá: los ges os, la sono idad, la palab a, los
códigos de una cul u a que enía de lejos y
pasaba de G ecia a I alia. Un ac o i aliano
e omaba
el
mensaje y
lo
descodi icaba en
un
lenguaje de comunicación con los demás y
con el público. Comunicación plena.
El
espec-
ado enía an e sí dos cul u as incon undibles:
la cul u a clásica y el clasicismo.
Un
diálogo
en
el
acío del espacio escénico. O
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CXVI-