Re is a de Es udios Tau inos
N.º 6, Se illa, 1997, págs. 227-244
TRATADO DE ZOOHISTORIA:
EL TORO EN EL MEDITERRÁNEO
Delgado Linace o, C is ina: El o o en el
Medi e áneo. Análisis de su p esencia y signi icado en las
g andes cul u as del mundo an iguo, Mad id, Labo a o io de
A queozoología, Facul ad de Ciencias, Uni e sidad
Au ónoma, 1996, 430 págs. con ilus aciones.
Fig. n.º 50.– Po ada del lib o de C. Delgado Linace o
El To o en el Medi e áneo.
Suele deci se que los á boles no dejan e el bosque, y
es o ocu e con más ecuencia de la deseada en la upida
sel a de la bibliog a ía au ina, an llena po o a pa e de inú-
il hoja asca, pe o cuando uno opa po aza , como ha sido el
caso, con un á bol ondoso, de g a a somb a y sab osos u-
os, poco se echa en al a e los o os y el conjun o del bos-
que, po que el ejempla que nos cobija es an ico y a iado
que con iene y supe a buena pa e de lo dispe so en muchas
amas. Tal es el lib o que hoy eseñamos: El o o en el
Medi e áneo. Análisis de su p esencia y signi icado en las
g andes cul u as del mundo an iguo, del que es au o a
C is ina Delgado Linace o, doc o a en His o ia del A e po
la Uni e sidad Complu ense de Mad id, seguido a de cu sos
en el Ins i u e o A chaeology de Lond es, y miemb o del
Labo a o io de A queozoología de la Facul ad de Biología de
la Au ónoma mad ileña.
La ob a, como señala su p ologuis a, A u o Mo ales,
ca ed á ico de Biología animal y di ec o del ci ado
Labo a o io, es p oduc o de una exhaus i a y p olongada labo
de ocho años, iniciada como esis doc o al bajo la di ección del
desapa ecido p o eso Blanco F eijei o y e minada bajo la de
la p o eso a Pila González Se ano. Un abajo –insis e el p o-
loguis a–en el que «queda pa en e la plu idisciplina idad de la
ciencia his ó ica que no acaba con la exclusi a comp ensión de
las uen es cul u ales, documen ales o a queológicas, sino que
p ecisa del concu so de o as disciplinas /.../ apa en emen e an
dispa es como pueden se la gené ica, la e nología, la e ología,
o la e eni a ia» (pág. 9). Un abajo no edoso en nues o
pano ama in es igado que se alinea en la llamada «zoohis o-
ia», o his o ia de los animales desde la pe spec i a cul u al, un
nue o en oque cuyo in úl imo es «e idencia la comunión
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en e el homb e y los animales; en e el homb e y la ida
misma» (pág. 10).
Pa a eseña un lib o de es a na u aleza se equi i ía a
alguien que aunase esas disciplinas an di e sas, y yo ni las
aúno ni soy indi idualmen e his o iado , ni a queólogo, ni
e nólogo, ni e ólogo, ni menos e e ina io; sólo la pasión po
la lec u a y la a ición po la au omaquia, que compa o con
los demás miemb os de la Fundación de Es udios Tau inos,
jus i ican el enca go de su ecensión. Vaya, pues, po delan e
la ad e encia de que lo que aquí diga no es más que la
imp esión de una lec u a que me ha esul ado an ascinan e
como placen e a. Fascinan e, po la emá ica elegida: el o o
en el ámbi o de las ci ilizaciones an iguas del Medi e áneo;
placen e a, po el igo y la cla idad de es ilo. Todo en es e
lib o es á dicho con una p ecisión que inci a a no deja su lec-
u a has a no habe llegado a la úl ima página.
Como explica en no a in oduc o ia, la au o a ha c eído
opo uno, aunque no pe enezca es ic amen e a la geog a ía
medi e ánea, a a de la apo ación mesopo ámica a esas
cul u as po se «un ac o undamen al como aíz u o igen de
g an núme o de sus mani es aciones» (pág. 11), e igualmen-
e ha ampliado el análisis a la o alidad de la Península
Ibé ica po el in e és pa a el lec o hispánico y po las mu uas
in luencias que han expe imen ado sus egiones en el iempo.
T as es as indicaciones, su labo in es igado a apa ece dis i-
buida en es pa es: “I) Aspec os económicos del ganado
acuno”, “II) Economía y Religión: Mi ología au ina”, y
“III) Juegos del homb e y el o o”. Reconozco que el í ulo de
la p ime a pa e no me a aía de mane a especial, dada mi
inexpe iencia en cues iones económicas y acunas, y, sin
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emba go, cons i uyó una au én ica so p esa, pues sus capí u-
los no son ías e e encias écnicas, sino cálidas páginas
e elado as de la an iquísima y uc í e a elación del homb e
con esa especie animal an ligada a nues o i i , no sólo en
lo ma e ial, sino en lo eligioso y cul u al. Muy p on o el lec-
o empieza a dis u a con las pun uales desc ipciones.
Véase a í ulo de ejemplo es a que hace del p imi i o u o: «El
u o mos aba una capa de colo neg o con una banda cla a
sob e el lomo. Un mechón blanco y izado caía en e los
cue nos. El hocico ambién e a blanco, a eces, g isáceo. En
in ie no pa ece que su pelo se ol ía más liso y espeso, en
pa icula en las azas me idionales. Es as colo aciones e an
más p opias de la Eu opa cen al, mien as en el su y el oes e
la anja del lomo endía a se ama illen a o ojiza. O a
a ian e e a el ono cas año ag isado en sus cua os ase os.
Las acas lucían una capa ama onada, a eces mezclada con
neg a. Algunas p esen aban el colo de los machos, con la
banda del lomo en un ono cas año y ex endida a los lados de
la panza» (pág. 16). Cuán a p ecisión écnica y cuán a ique-
za c omá ica en es e pequeño agmen o. Rigo cien í ico y
es ilo li e a io se dan aquí la mano, como en los a ados clá-
sicos de A is ó eles, Va ón, Columela, Ca ón o en la poesía
i giliana, uen es odas ellas de las que la au o a ha á un
sabio uso en su no edoso a ado.
El o den empleado en la exposición de la geog a ía au-
ina –Mesopo amia, Egip o, G ecia, I alia y la Península
Ibé ica–se á básicamen e el seguido a la ho a de abo da
o os aspec os. Así, as señala los luga es de esa ex ensa
geog a ía en los que más abundaba el acuno (Fig. n.º 51):
los alles y llanu as, ya que el es o e a undamen almen e
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e i o io del cap ino, la au o a pasa a es udia la c ía y el pas-
o eo, si iéndose, en e o as e e encias, de los es imonios
li e a ios, ya sean p o e bios, ci as bíblicas o ex os de los
clásicos g ecola inos, como es e del De ag icul u a de Ca ón
donde se exponen los piensos de los bueyes de labo :
«–Ene o/ eb e o: heno al a a dece o, en su de ec o,
hojas de oble o hied a.
–Ma zo/ab il: cásca a de u a, legumb es mojadas,
heno o u o del oble.
–Desde el 13 de ab il: ocinum (mezcla de semillas e -
des) y a eja común.
–Mayo/15 de junio o más a de: cuando se e minaba
el o aje e de, se sus i uía po hojas de olmo, oble o higue-
a mezcladas con o as de álamo.
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Fig. n.º 51.– La c ía y el pas o eo. De alle de án o a. G ecia. Dibujo de Pe o
y Chipiez (Apud.: Delgado, 1996: 44).
–Julio/oc ub e: hojas di e sas.
–Diciemb e: u o de oble o cásca a de u a».
El ejemplo es ilus a i o an o de la iqueza de in o -
mación como de lo cu ioso y delicioso que esul a el aden-
a se po es a pa e que pa ecía en un p incipio ca ece de
a ac i o pa a los no p o esionales.
Sigue el es udio con las di e en es o mas de es abula-
ción, con la signi icación del o icio de pas o –ele ado en on-
ces has a la di inidad y ealeza–, y con las ma cas de p opie-
dad del ganado. Pa a odo el que se sien a a aído po la ida
ag a ia es as páginas son de un in e és i ísimo. A eces no
pa ece que hayan anscu ido miles de años, ales son las
semejanzas con usos y cos umb es que han llegado has a
nues os días. Bas e ci a la aplicación de hie os canden es
en los lomos de los animales como dis in i os de p opiedad,
aunque muchos o os aspec os han desapa ecido po comple-
o o se han ans o mado no ablemen e. Po o una ya son
pocos los homb es que buscan el es ablo pa a «p o ee se de
una uen e suplemen a ia de calo en los du os in ie nos»
(pág. 32), pe o po desg acia ya los es ablos no se encuen-
an, como en las desc ipciones homé icas, «ce ca de un ío
umo oso, odeado de ca izos lexibles» (pág. 34), sino que
los más son cons ucciones bas an e desna u alizadas en
amo os luga es, y la mayo ía de los animales ya no iene un
pací ico discu i sino un b u al aje eo p opiciado po las
p isas de un mundo me can ilizado. Ya los pas o es no han de
eme que los leones ompan la ce iz de sus acas, ni que los
cue os les saquen los ojos o los lobos desga en sus es ó-
magos, pe o han de de ende a su ganado de o os enemigos
más pelig osos, como la manipulación de las écnicas ali-
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men icias que le puede lle a a la deg adan e hipe o ia
cuando no a la demencia, al el desg aciado episodio de las
acas locas en la e de Ingla e a.
La u ilización de la ue za animal como acción es el
ema del e ce capí ulo (Fig. n.º 52). Allí se alude al o igen
del ca o –el ineo–y a su pos e io e olución –ca os con
uedas macizas, con uedas de adios, ca os cul uales pa a
sa is ace las necesidades mágicas o eligiosas–, al igual que
se hace e e encia a la his o ia del a ado, el illo o el yugo.
Todo ello salpicado de nume osas ilus aciones y de sab osas
ci as, como esa canción egipcia de la dinas ía XVIII que
puede eco da nos las canciones de illa del lamenco:
«¡Pisad, pisad bueyes, pisad, pisad!/ La paja pa a comé osla
y la cebada pa a ues os amos./ ¡No os canséis!/ Hace
bueno!» (pág. 78).
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Fig. n.º 52.– La acción bo ina. De alle de un aso pin ado. Susa (Mesopo amia).
Dibujo de Childe (Apud.: Delgado, 1996: 61).
O la maldición del des ie o del pueblo judío en el
Deu e onomio, donde ya el yugo apa ece como me á o a de
some imien o: «Ca ga án sob e u cuello yugo de hie o has a
des ui e» (pág. 86).
O los consejos de Columela: «Con iene ene los bue-
yes es echamen e uncidos pa a que en en con mejo dispo-
sición, con el cue po de echo y las cabezas le an adas, pa a
que se las imen menos sus cuellos y haga el yugo mejo
asien o en sus ce ices. Es e es el modo de unci más bien
ecibido» (pág. 87).
El ap o echamien o de los ecu sos cá nicos, lác eos y
de i ados es el obje o del capí ulo siguien e. La ca ne, se dice
allí, e a en onces manja excepcional, ese ado pa a las
g andes ocasiones. En Egip o el pla o nacional ue la oca,
aunque la aca o el buey apa ecen con ei e ación en e las
o endas une a ias (Fig. n.º 53). Los hé oes homé icos e an
g andes consumido es de ca ne y en sus poemas asis imos
con ecuencia a sus pingües banque es y heca ombes, aun-
que ue a de la li e a u a la die a g iega e a más modes a:
gachas, pescados, ce do –muy a a ez aca–, quesos y e -
du as. De nue o en el mundo de la icción se des aca la p e-
sencia de la ca ne acuna, como ese suculen o buey cocido
que igu a en e los pla os de la amosa cena de T imalción
desc i a en el Sa i icón de Pe onio. También se degus ó es e
ipo de ca ne en las bodas de Vi ia o; y la inges ión de acu-
no en el su de la Península Ibé ica debió se ecuen e, an o
po la localización del mi o de Ge ión, lo que hace supone
g an abundancia de bo ino en la zona, como po los descu-
b imien os de los llamados «asado es andaluces», ba as
inas y la gas, que ienen su o igen en el pe íodo del B once
Final y comienzos de la Edad del Hie o.
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Po o a pa e, el consumo de leche y de i ados se
emon a en el O ien e P óximo y el Medi e áneo al IV mile-
nio a. C. Sandalias, zapa os, pe gaminos, escudos, co azas,
cascos, sillas de mon a , e c., ue on a ículos con eccionados
con la piel de es a especie. El es ié col se u ilizó como com-
bus ible y e ilizan e, y el cue no como aso pa a bebe ,
ungüen a io, o ins umen o musical.
Es a p ime a pa e se cie a con un es udio del ganado
mayo como símbolo de la iqueza social (Fig. n.º 54). La
Biblia e ie e que Job en su esplendo llegó a posee 500 yun-
as de bueyes. La Ilíada insis e en la iqueza ganade a de los
palacios micénicos. Pa a Hesíodo e a la posesión más p ecia-
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Fig n.º 53.– Alimen ación y sac i icio. Ap o echamien o de los ecu sos cá nicos.
Rep esen ación mu al en la Tumba de Saqqa a (Egip o). Según Vandie (Apud.:
Delgado, 1996: 91).
dad alimen icia o eligiosa, y ans o ma la en demos ación
de alo , p ime o, eje cicio lúdico, después y, as su úl ima
e olución, en exp esión a ís ica
Ya las pin u as upes es an o del Paleolí ico como del
Neolí ico hacen pa en e la ascinación del homb e po el
imponen e u o y o ecen es imonios de «la con e sión de la
p imi i a necesidad de la caza en un eje cicio de alo » (pág.
357). La caza pasó a se algo más que una a ea de abas eci-
mien o; se con i ió en un depo e, un juego, que no excluía,
po o a pa e, los aspec os eligiosos. En Mesopo amia y
Egip o la caza de o os sal ajes desde ca os i ados po ápi-
dos caballos ue p ác ica de la ealeza. Del asi io
Asu nasi pal se con aba que en un día había conseguido da
mue e a cincuen a u os, y o o an o ela a la insc ipción de
un esca abeo conmemo a i o de Ameno is III. También en
esos países se p ac ica on los en en amien os del homb e
con el o o cue po a cue po, como esos luchado es que aga-
aban al o o po la cola y una de sus pa as y le pisaban la
cabeza en señal de ic o ia, según apa ecen en la glíp ica
mesopo ámica desde el IV milenio a. C.; o bien los en en a-
mien os e an en e las p opias ie as, como ue cos umb e
en e los egipcios que seleccionaban eses pa a lanza las a la
a ena de ecin os in encionadamen e p epa ados pa a al in,
p ác ica que luego amplia ían los omanos en los ci cos.
Aunque los juegos au inos po excelencia de la An igüedad
nacie on en el Egeo. En C e a jó enes de ambos sexos mos-
aban su agilidad y alen ía en las ac obacias que iniciaban
al aga a al o o po los cue nos y sal a sob e su lomo, al y
como pueden e se en los escos del palacio de Cnoso
(Fig. n.º 57). Hoy sabemos incluso el nomb e de algunos de
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aquellos cue nila gos de c uz ele ada, capas pías o mo eadas
en blanco y o os onos; se llamaban «Rubio, Peli ojo,
Hocicoblanco, Zaíno, Be mejo, G upa ojiza» (pág. 23). El
caso de la Península Ibé ica me ece mención apa e, pues la
adición lúdico- au ina se emon a, segun la au o a, a iem-
pos neolí icos y pa ece desa olla se bajo asgos au ónomos
(pág. 389). Toda esa milena ia elación culmina en la ies a
de o os, de la que la mode na co ida es su úl imo y más
depu ado exponen e. Pe o ambién ha pe du ado en esa o a
dimensión en pa e pe dida y en pa e no: la de los es ejos
popula es donde el o o sigue siendo el au én ico p o agonis-
a. De algunas de es as mani es aciones olkló icas se ocupan
nue amen e las páginas inales del lib o que enlazan con an-
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Fig. n.º 57.– El sal o c e ense según Con ad (Apud.: Delgado, 1996: 383).
as o as de los an opólogos ac uales, de cuyos esul ados
dan pun ual in o mación nues a Re is a de Es udios
Tau inos y nues a Colección. Tau omaquia, ambas publica-
ciones ealizadas –la úl ima en coedición con el Sec e a iado
de Publicaciones de la Uni e sidad de Se illa– g acias al
mecenazgo de la Real Maes anza de Caballe ía.
C is ina Delgado nos ha o ecido un monumen al y
no edoso lib o, donde ciencias y le as apa ecen en es echa
comunión, como en los mejo es iempos del Humanismo.
Una ob a que se ha esc i o sin p isas ni pausas, con paciencia
y con pasión. Un es udio que se ele a al ango de e dade o
a ado de zoohis o ia y que po su bondad ha de se ya un
clásico en e sus lec o es.
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