scieee Science in your language
[es] (orig)

El sacerdocio en época ibérica

Abstract

Este trabajo pretende llamar la atención respecto a un aspecto poco conocido de la religión ibérica: el sacerdocio. Tomando como base la propia estructura de la sociedad, las evidencias materiales y la comparación con otras culturas contemporáneas, se propone la existencia de un clero institucionalizado, ligado al progresivo desarrollo que alcanzan los santuarios y los templos en todo el sur y sureste peninsular a partir del siglo V a.C. Se indica asimismo la probable existencia de un sacerdocio femenino a la vez que masculino, y se presentan algunos ejemplos de posibles indicios arqueológicos de personas ligadas al culto.

Read accessible full text

El sacerdocio en época ibérica

Author: Chapa Brunet, Teresa; Madrigal Belinchón, Antonio
Year: 1997
Source: https://idus.us.es/bitstreams/73f280e0-a948-4b17-80cb-f21e8c200400/download
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA
po
TERESA CHAPA BRUNET*
ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN*
RESUMEN
Es e abajo p e ende llama la a ención espec o a un aspec o poco conocido de la eligión
ibé ica: el sace docio. Tomando como base la p opia es uc u a de la sociedad, las e idencias
ma e iales y la compa ación con o as cul u as con empo áneas, se p opone la exis encia de un
cle o ins i ucionalizado, ligado al p og esi o desa ollo que alcanzan los san ua ios y los emplos
en odo el su y su es e peninsula a pa i del s. V a.C. Se indica asimismo la p obable exis encia
de un sace docio emenino a la ez que masculino, y se p esen an algunos ejemplos de posibles
indicios a queológicos de pe sonas ligadas al cul o.
ABSTRACT
This pape ies o call a en ion abou a badly known aspec o Ibe ian eligion: P ies hood.
Taking accoun o he Ibe ian social s uc u e, as well as o he ma e ial e idences and he
pa alellisms wi h o he con empo anean cul u es, i is p oposed ha he e was an ins i u ionalised
p ies hood, linked wi h he con inous de elopmen o emples and sanc ua ies on he peninsula
sou h and sou hwes om he V h. cen u y onwa ds. I is also s essed ha women should ha e
exe ed as p ies esses as much as men, and some a chaeological e idences a e p oposed o be
in e p e ed as a p oo o hese people linked wi h he execu ion o cul ac i i ies.
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA
Las e e encias al sace docio son escasas en la bibliog a ía sob e el mundo ibé ico. En el manual de
e e encia edac ado po A ibas (1976) se hacía alusión a la exis encia de di inidades ep esen adas po
* Depa amen o de P ehis o ia. Uni e sidad Complu ense. 28040 Mad id. E-Mail: [email p o ec ed]
Es e abajo
ha sido ealizado den o del P oyec o DGICYT PB95/0375:
El Poblamien o Ibé ico en el Su es e Peninsula : una pe spec i a
espacial.
Minis e io de Educación y Cul u a. Mad id.
SPAL 6 (1997): 187-203
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
188

TERESA CHAPA BRUNET y ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN
sus símbolos, y de algunos luga es de cul o, pe o no a la p esencia de sace do es. Es a si uación, en cie a
medida pe pe uada, se debe a a ias causas: en p ime luga , ha exis ido una co ien e de opinión que ha
es ado en con a de la necesidad del sace docio en una sociedad supues amen e simple y cen ada en el
cul o a elemen os de la na u aleza (Blázquez 1983: 111). Po o a pa e, y al igual que se ha señalado ya
pa a el mundo cel ibé ico (Ma co 1993: 498) se a a de un ámbi o elacionado con ac i idades que dejan
escasa huella ma e ial, yen las que el componen e ideológico iene un peso des acado. Además, las uen es
an iguas apenas dan cuen a de la p esencia de sace do es en el mundo ibé ico, al con a io de lo que sucede
en o as á eas, como la cél ica. Finalmen e, la iconog a ía es incie a, no siendo ácil econoce el sace docio
a a és de a ibu os ex e nos o de las ac i udes de los supues os pe sonajes de cul o
Po el con a io, en el momen o p esen e a siendo una opinión gene alizada que an o en e los ibe os
como en e los cel íbe os debió exis i un sace docio o ganizado (en e o os, e Ma co 1993:499; A anegui
1994: 307; Nicolini 1969: 64; P ados 1996: 276; Ruano 1987: 179). Sin emba go, no hay ningún abajo
gene al que es ablezca de o ma sis emá ica la necesidad de un cue po sace do al en la sociedad ibé ica,
al igual que sucedió en o as sociedades con empo áneas No exis e ampoco un in en o de e isión de la
e idencia a queológica con es e in, de mane a que puedan econoce se pe sonajes ligados al cul o median e
el análisis de los es os ma e iales. Pa ece necesa io, po an o, inicia una e isión e lexi a sob e es e
ema, que esul a de g an impo ancia en el uncionamien o de un g upo humano. El p esen e abajo no
p e ende se más que el plan eamien o de una se ie de in e ogan es y la p esen ación de unas e idencias
que ab an el camino a la de inición y el econocimien o de un posible cle o ins i ucionalizado en es e amplio
y di e so ma co que conocemos como cul u a ibé ica.
1. Los modelos ex e nos
La mayo pa e de las sociedades del Medi e áneo, así como las de Eu opa con inen al, ienen o ganizados
sus p ocedimien os i uales de mane as especí icas. Como asgos comunes pueden señala se:
— La exis encia de un g upo de di inidades cuyas acciones a ec an di ec amen e a la ida humana.
—
La necesidad de que exis an unas pe sonas que in e cedan, in e p e en y a o ezcan el designio y las
acciones de los dioses en elación a los se es humanos.
—
La inculación, po egla gene al, de las clases sociales más al as con el eje cicio del sace docio, y con
los pues os p incipales en el p oceso i ual, aunque su esponsabilidad y ep esen a i idad a ia á en
cada caso.
Haciendo un ápido epaso al uncionamien o del i ual en el en o no medi e áneo, podemos señala
muy esquemá icamen e las siguien es ca ac e ís icas:
a)Mundo
Fenicio-Púnico:
La eligión enicia con aba con a ias di inidades, cuya impo ancia se ligaba a las
dedicaciones ciudadanas. Cada u be enía, po an o, un pan eón especí ico. Como señala Aube (1994: 135),
los eyes enicios e an los ep esen an es del dios, o iciando como sumos sace do es, y inculando el emplo a
la esidencia eal. La muje del ey se asociaba así a la di inidad emenina. Exis ía además un cle o ex aído de
un núme o educido de amilias que ansmi ían den o de su seno el conocimien o necesa io (Aube 1994:
239). Es e cue po sace do al es aba je a quizado, ag upándose en colegios di igidos po un je e de sace do es,
que gozaba de conside able p es igio (Boume y Xella 1995: 324), pa icipando ambién en la ida polí ica,
como pa ece deduci se de los sa có agos ca agineses (Dela e, 1898: 6). En las ce emonias pa icipaba
un ele ado núme o de pe sonas, cada una de ellas con un papel bien de inido. Dos ca gos sace do ales
enían una ele ancia p incipal: el sac i icado y el esuci ado de la di inidad (Ribichini 1988: 116).
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA

189
Di inidades emeninas impo an es en Fenicia y Ca ago ue on As a é y Tani , elacionadas en e sí y
inculadas a la ecundidad y al enacimien o as la mue e (Dic onnai e 1992: 48 y 438). En e los ep e-
sen an es masculinos pueden ci a se a Baal y a Melka , que con As a é o maban pa e del iduo di ino
p opio de la ciudad de Ti o, y que u ie on ue e ele ancia en la Península Ibé ica a a és de las colonias
de la cos a su , y especialmen e de Cádiz. La iconog a ía de las di inidades enicias es limi ada, mani es-
ándose a menudo median e símbolos como el que ca ac e iza a Tani .
b)Mundo g iego:
La eligión g iega no enía lib os sag ados, ni un c edo p e ijado, y ca ecía de cualquie
o ganización eclesiás ica cen alizada, po lo que cada ciudad enía una au o idad p ác icamen e ilimi ada
en los asun os eligiosos. Excepcionalmen e, algunos sace docios podían se he edi a ios, desempeñándose
den o de an iguas amilias a is oc á icas, como los Yámidas en Olimpia (Eas e ling 1985:42), los Eumólpidas
de Eleusis o los Asclepíades de Kos (Mui 1985: 193). En es os casos, los jó enes inculados a los ac os
eligiosos no debían a ende se icios de a mas (Malkin 1987: 176). Sin emba go, muchos de los sace do es
eje cían su labo sólo empo almen e, sin que su abajo equi ie a unas cuali icaciones especiales. Apenas
pueden ci a se algunos g upos de expe os, como los
exege ai a enienses, que cuidaban de la adición
eligiosa, o los
hie ophan es
en los mis e ios eleusinos (Gould 1985: 7). La g an mayo ía de los sace do es
ue on a menudo o iciales públicos, cuyos debe es incluían esponsabilidades en elación con alguna po ción
de la ac i idad eligiosa de la comunidad (Finley 1985: XV). En o as ocasiones e an elegidos y desempeñaban
su ca go solamen e du an e un cie o iempo, que podía educi se a seis meses, como en el caso de Del os
(Finley 1985: XV).
En G ecia, además, adquie e impo ancia la p esencia emenina en el cul o, p ác icamen e la única es e a de
ca ác e público en la que podían pa icipa las muje es. En gene al el cul o a las diosas e a lle ado a cabo
po sace do isas, y la muje podía alcanza una al ísima conside ación social cuando eje cía es e minis e io,
ecibiendo no sólo p e oga i as legales, sino nume osas apo aciones pecunia ias y egalos de lujo. Ellas
mismas, sus amilias o los ieles podían le an a es a uas que les ep esen a an, y que se si uaban a las
pue as del emplo (K on 1996: 140-141). Se ha llegado a p opone que las
ko ai
á icas de la Ac ópolis
ep esen a an a las niñas de las mejo es amilias a is oc á icas que se ían du an e cua o años como pe sonal
de cul o en los es i ales a enienses más impo an es. Sus amilia es o enda ían a la di inidad es as escul u as
al inal de su pe iodo de dedicación (Rich e 1968: 3). Es a p opues a, sin emba go, no es acep ada de o ma
gene alizada (Spi ey 1996: 92). En odo caso, la muje adquie e un p o agonismo no able den o de la
eligión g iega, como lo enían ambién las di inidades emeninas den o del pan eón di ino.
c)
Mundo e usco- omano:
Las eligiones e usca y omana ienen muchos pun os en común y de nue o
se basan en la supedi ación del homb e a la di inidad. Los pode es de los dioses y su acción en el mundo
de la ida co idiana de los indi iduos, de la amilia y de la ciudad deben se encauzados en a o de los
se es humanos. Es o se consigue median e la co ec a p ác ica de una se ie de i uales, po lo que exis ía
una no ma i a emendamen e es ic a espec o a las eglas que debían egi las ac i idades eligiosas.
En e los e uscos, los sace do es e an muchos y enían unciones especializadas. Es aban muy elacionados
con las magis a u as públicas, y a menudo se ag upaban en colegios. Algunos de ellos lle aban es imen as
especiales, como los aníspices, ep esen ados con un go o cónico y un man o con los bo des deco ados
(Pallo ino 1975: 150). Sac i icios, adi inaciones y o endas e an cla es en el p oceso i ual, en cuyas ce e-
monias se celeb aban danzas al son de la música, y se eci aban o aciones.
En el mundo omano, la eligión iene como in p o ege a la comunidad, y po lo an o es un asun o
de es ado. Los es p incipios eligiosos básicos son
Pie as, Religio
y
Cul u.
En ellos se implica la igilancia
a los designios di inos y la olun ad de hace les ac ua en bene icio de la sociedad. La piedad colec i a
e ins i ucional e a la que jus i icaba el éxi o de la polí ica omana, y su hegemonía uni e sal. Po an o,
SPAL 6 ( 1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
190

TERESA CHAPA BRUNET
y
ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN
la ac i idad i ual es aba minuciosamen e es ablecida, y las pe sonas elacionadas con ella debían ins ui se
cuidadosamen e en las ó mulas que egían el desa ollo del cul o. Así, el
Flamen dialis
no iene ninguna
libe ad de mo imien os, y las eglas po las que es elegido y las obligaciones a las que se some e son muy
ígidas. Sin emba go, la es e a eligiosa y la polí ica es aban es echamen e unidas, y las unciones cul uales
no e an en Roma el monopolio de una clase sace do al. Los magis ados anuales omaban los augu ios,
y enían la esponsabilidad de los sac i icios (Tu can 1988: 3-7). La supe isión de los asun os eligiosos
ecaía, en odo caso, en los cua o p incipales colegios sace do ales:
Pon í ices, Augu es, Quindecem i i
aciundis
y
T es i i,
que después se con e i á en
Sep en i i epulones. La pe enencia a es os colegios
e a muy p es igiosa, en especial la de los dos p ime os, ya que e an consul ados po el Senado en casi odos
los emas con o e idos (S zemle 1972: 21). Cada ipo de sace do e lle aba a ibu os especí icos, po lo
que esul a posible econoce les po su o ma de es i —el
Flamen dialis
lle aba un man o de lana eñido
en pú pu a, y sos enía un bas ón y un cuchillo sac i icial o
secespi a
(Tu can 1988: 8)—.
Es a igu osidad i ual de E uscos y La inos hunde sus aíces al menos en las p ime as ases de la Edad
del Hie o, donde el cuchillo i ual apa ece asociado en umbas an o masculinas como emeninas de la nec ó-
polis de Os e ia dell 'Osa, siemp e elacionado con ajua es de excepcional iqueza (Bie i Ses ie i 1992: 158).
En el caso de las umbas masculinas, la ausencia de a mamen o pa ece ea i ma el ca ác e sace do al
del di un o (To elli 1997: 37).
d)
Mundo cél ico:
Las di inidades cél icas e an múl iples, y sólo puede pensa se en un econocimien o
gene alizado pa a las más impo an es. En ocasiones se ha documen ado la exis encia de íadas, an o
emeninas como masculinas. En ealidad, odo aquello que o ma pa e del con ex o i al es aba imbuido de
sen ido eligioso, y de una u o a mane a e elaba una p esencia di ina. Bosques, íos, uen es y lagos enían
una especial signi icación, y poseían su p opio espí i u. Na u aleza ege al, animal y humana pe enecían
a un mismo uni e so, y las mani es aciones del a e cél ico así lo demues an. La elación de los g upos
humanos con lo sob ena u al se ealizaba de muy di e sas mane as y, como señala Césa , el mayo cas igo
pa a una pe sona e a p i a le de la pa icipación en los ac os de ca ác e i ual. Es os se desa ollaban an o
en un ambien e u bano como en en o nos u ales y na u ales, que debían se sac alizados. La p opiciación
de la acción di ina se buscaba a a és de los sac i icios, cuyo alo e a p opo cional al cos o que lo sac i icado
enía pa a cada pe sona o g upo. Los i uales debían cumpli cie os equisi os pa a se e ec i os, y uno
de ellos e a el de se conducidos adecuadamen e. Pa a ello exis ían unos pe sonajes especiales, los d uidas,
cuya igu a es de g an ele ancia en es a sociedad. Como sace do es, poseían el ango de nobles, y es aban
exen os de ibu os y se icios de a mas, aunque en ocasiones excepcionales podían empuña las (G een
1993: 452). Conocían la esc i u a, si bien uno de sus debe es e a la memo ización de la gas leyendas de
ca ác e sac o que no debían se plasmadas po esc i o. En algunas ocasiones se ha hablado de la exis encia
de sace do isas, a pa i de en e amien os den o de ecin os sag ados.
2. El caso ibé ico
Todo lo expues o an e io men e conduce a la suposición de que en el mundo ibé ico exis ió un sace docio,
más complejo y au ónomo con o me la sociedad p og esi amen e desa olla ó mulas ambién complejas
de o ganización. Sin emba go, exis en nume osas dudas ace ca de la con igu ación de es e posible cle o,
de su ex acción social, de su papel en la sociedad o de cómo se desa olla ían sus ac i idades. En odo
caso, podemos ex ae algunas deducciones de la p opia es uc u a de la sociedad y de los es os a queológicos
elacionados con el cul o que han ecibido una desigual a ención po pa e de los especialis as.
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA

191
2.1.
Los p eceden es de la e apa o ien alizan e:
Son muchas las e e encias a la p ác ica del cul o en la
e apa o ien alizan e, siemp e den o de una ue e in luencia enicia. Po ello esul a o zoso se muy selec i os
en la alusión a es e enómeno, limi ándonos a da una me a e e encia a algunos pun os de in e és que pueden
se ep esen a i os de los cambios asumidos en es a ase. Den o de un con ex o une a io, las umbas
p incipescas de la nec ópolis de La Joya incluyen en sus ajua es cuchillos de ilo cu o, que pudie an es a
elacionados con el ac o sac i ial (Ga ido y O a
1978:
.
17 y 19).
Lo mismo sucede en o as nec ópolis
de es a e apa, diseminadas po di e sos e i o ios (enume adas en Quesada
1997/1: 165).
El es o del ajua ,
con imia e ios, ja os o b ase os, ambién es á muy sesgado hacia ac i idades de ipo eligioso, como la
libación. Es de supone , po an o, que los po ado es de es os cuchillos y del es o de las piezas, u ie an
conno aciones i uales, aunque desconocemos si ello compo aba un ango sace do al di e enciado de o o
ipo de au o idad. Posiblemen e ambos elemen os i ían unidos, ya que la au o idad polí ica y eligiosa debían
es a asociadas. Po o a pa e, es a dualidad se ep oduci ía en cie os miemb os de las amilias p incipales,
que pa ecen asimila conno aciones i uales median e la p ác ica del sac i icio.
A pesa de la acumulación de ac i idades eligiosas en los palacios, el en o no enicio del su peninsula
nos demues a que los emplos u ie on ambién impo ancia po sí mismos. P ecisamen e uno de los más
conocidos de odo el Medi e áneo se encon aba en Cádiz, y es aba dedicado a Melka , e i iéndose las
uen es a la p esencia de sace do es. Úl imamen e la in es igación es á además econociendo como luga es
sac os algunos ecin os que habían sido in e p e ados de mane as di e sas. Es el caso del conjun o de El
Ca ambolo, pa a el que se p opone una unción eligiosa (Belén y Escacena e.p.). Debemos supone , po
an o, que además de la exis encia de una éli e con ue e acumulación de pode polí ico y eligioso, és e
úl imo enía ambién una cie a au onomía, y que los emplos y cen os de cul o debie on con a con un
pe sonal especializado, aún hoy di ícil de econoce a queológicamen e, pe o cuyos indicios hab á que
i pe ilando poco apoco. Las pocas uen es esc i as con las que cuen a el enómeno eligioso, y en conc e o
el del sace docio en época p e omana, se e ie en p ecisamen e al Templo de Melka , en Cádiz, que an a
impo ancia u o en la ges ión de la colonización enicia y en el man enimien o de su ac i idad ideológica
y económica. El conocido pasaje de Silio I álico (III, 1) a i ma la c edibilidad de las p o ecías de es e luga ,
y p opo ciona una desc ipción de sus o ician es, que po aban únicas suel as de lino bo deadas de pú pu a
y lle aban la cabeza asu ada y ceñida con una cin a.
La p esencia enicia y su ue e incidencia en el e i o io peninsula p o oca ía cambios en las es uc u as
indígenas, desa ollándose lo que Almag o-Go bea
(1996: 41)
de ine como "mona quías sac as". En ellas, a
semejanza de los sis emas eligiosos o ien ales, exis i ía una concepción eoc á ica del pode , que adica ía en
la di inidad, adminis ado a a és de su sumo sace do e, el ey, cuyo ca ác e sac o undamen aba su pode
polí ico. Templo y palacio se con unden, ya que la mo ada di ina es ambién la esidencia egia (Alma-
g o-Go bea
1996: 74).
Mani es aciones de es e pode concen ado de la es e a polí ica, económica y eligiosa,
se ían palacios como el de Cancho Roano (Celes ino
1995),
a pesa de su c onología a día, o p obablemen e
asen amien os como el de La Quéj ola, donde los elemen os de cul o an acompañados de una no able p ác ica
de acumulación (Blánquez
1996).
O o caso p opues o es el de la o e une a ia de Pozo Mo o, con iconog a ía
de inspi ación o ien al, y en la que exis e además una e e encia a un ac o sac i icial (Almag o-Go bea
1978: 274).
En la Al a Andalucía, la capacidad pa a cons ui g andes ecin os o i icados (Cunli e
e
al
1993: 523)
y ges iona polí icas a ni el e i o ial (Ruiz y Molinos
1993)
pueden se o as mues as de
ese pode concen ado, que en cualquie caso no se á an e io en es a zona al s. VII a.C.
2.2.
El mundo ibé ico del su y su es e peninsula .
A pa i del s. V a.C. la p og esi a expansión de la sociedad
ibé ica unida al p oceso de u banización hace que la esidencia de los je a cas y los luga es de cul o se
si úen en luga es di e en es, siguiendo un p oceso que ha sido bien de inido en I alia po To elli
(1996:
173)
y en la Península po Ruiz y Molinos
(1993: 265).
A pa i de es e momen o, el modelo que pod íamos
SPAL 6 ( 1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11

192

TERESA CHAPA BRUNET y ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN
in ui pa a el sace docio ibé ico debe in eg a un complejo sis ema ene! que al sus a o local hay que añadi
una con igu ación p opia en cie a medida p óxima al mundo g iego e i álico, en donde exis e a la ez
un pe sonal especializado y una ejecución del i ual ese ada al esponsable polí ico. Se an a desa olla
además nue as ó mulas de ocupación e i o ial y de elación en e comunidades que a menudo se
desa olla án en un ma co eligioso mani es ado a a és de san ua ios de ipo u al o de colonización.
La p esencia de un sace docio debe se un elemen o impo an e en es e con ex o, y básico pa a pe mi i
la au onomía del emplo, que se e ige como uno de los bas iones de la ida ciudadana. Los sace do es,
como en o os con ex os, ga an izan una co ec a elación en e homb es y dioses median e el diseño y la
ejecución del i ual, lo que no sólo es á en elación con las decisiones de ca ác e polí ico o mili a , sino
con el desa ollo de odo el ciclo anual de es i idades y conmemo aciones que domina la ida ag ícola.
Po o a pa e, la ideología eligiosa se diseña á como apoyo al modelo social que se quie e p omo e ,
y acili a á la cohesión de la sociedad y el apoyo a las clases di igen es, en una e apa en que se es á p omo-
iendo una o ganización é nica a a és de g upos gen ilicios (Almag o Go bea 1996: 129). Finalmen e,
el emplo supone un cen o económico de p ime a magni ud con ecu sos nada desdeñables, lo que end ía
el alo de la acumulación económica, pe o ambién el de ges ión de una de las ac i idades más p omo idas
po los je es ibé icos: el come cio. Los emplos, como luga es neu ales y p o egidos po la di inidad, e an
idóneos pa a las ansacciones come ciales, y así ac ua on en el es o del Medi e áneo. Po odo ello, la
p opia na u aleza y el uncionamien o de la sociedad ibé ica pa ecen p ecisa de la exis encia de un sace docio
con un impo an e papel ideológico, polí ico, social y económico.
La exis encia de di inidades masculinas, así como emeninas, es un elemen o asumido, aunque mal
documen ado. Sin emba go, la p esencia an o en época o ien alizan e como a día de iconog a ía con alusiones
a se es de ca ác e di ino, hace pensa que en el mundo ibé ico, como en o os ambien es, se ene a on
di inidades de ca ác e di e so. Una de las más impo an es y de más p o unda adición pa ece se
p ecisamen e la diosa elacionada con la ie a y la ecundidad, que se elaciona á en g an medida con
As a é/Tani (Ma ín Ceballos 1987). Es más que p obable que, como sucede en G ecia, o en el ámbi o
enicio-púnico, en el cul o a es a diosa las muje es u ie an un impo an e papel como sace do isas. Se
plan ea, po lo an o, la exis encia de un sace docio emenino a la ez que el masculino, ligado quizás a
luga es de cul o especí icos.
Aho a bien, ¿Qué elemen os pod ían se indica i os de un ango sace do al?. Según los modelos de
la p opia sociedad ibé ica y los pa alelos medi e áneos, pod ían ene se en cuen a di e sos asgos no
excluyen es. a) Un al o ni el social, que man iene las esponsabilidades sace do ales den o de las amilias
p incipales (A anegui 1994: 133); b) Obje os implicados en las p ác icas i uales ligadas al cul o;
c) Iconog a ía especí ica en lo ela i o al aspec o co po al, la es imen a y asociación a cie os a ibu os
di inos; d) Posible ausencia de a mamen o.
a)
El p ime o de los asgos po sí mismo di ícilmen e puede se indicio de la p esencia del sace docio,
ya que se á compa ido po los ni eles más al os de la pi ámide social. Sin emba go, se á un elemen o
ele an e unido al es o de los ca ac e es, a los que se suma á como asgo añadido.
b)
En cuan o al segundo, podemos de ec a cie os obje os ligados a la celeb ación del i ual. En e ellos,
algunos de los más signi ica i os uel en a se los cuchillos sac i iciales, aunque ampoco en es e caso
la e idencia es inequí oca. Como señala Quesada, el cuchillo cu o que acompañaba muchas umbas
a is oc á icas de la época o ien alizan e, desapa ece á en época ibé ica en a o de la alca a, a la que se
le p opone una simbología i ual implíci a (Quesada 1997: 167). Una e idencia de es e p oceso de ansición
p opio de las e apas an iguas de la Cul u a Ibé ica puede se el de la es ela de Al ea la Vella (Mo o e 1981).
Es a pieza, en pied a caliza, p esen a una igu a humana muy esquemá ica asociada a una espada de an enas
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA

193
y a un cuchillo a alca ado. Los obje os que o man el con ex o a queológico son u nas de o eje as, ma e iales
á icos y un pa de b oches de cin u ón que apun an a una c onología de ines del s. VI o inicios del s. V
a.C. Es a pieza o ma pa e de una mani es ación aún mal conocida, pe o ela i amen e gene alizada en
el mundo ibé ico, que es la de las es elas une a ias (Lucas
e al.
1991; A asa e Izquie do e.p.). Cie amen e,
el cuchillo pa a el degüello sac i icial se empleó en el mundo ibé ico, aunque apenas enemos mues as
iconog á icas de ello. Es el caso del b once ep esen ando un pe sonaje masculino que, in oducido en
una uen e de agua, ma a a un ca ne o (lám. I. 1). La compleja simbología de es e pe sonaje ha sido analizada
po Olmos (1992: 117), y nos emi e a las c eencias ace ca de la p o ección que la di inidad eje ce sob e
las uen es de agua y su dominio sob e po enciales pelig os, como el de los ca ní o os.
O os cuchillos sac i iciales p oceden de con ex os de san ua io, lo que e ue za su ca ác e i ual. Es
el caso de algunas piezas encon adas en la Enca nación de Ca a aca, La Luz en Mu cia y Casas Viejas
en Almaciles (G anada), que ue on es udiadas po Lillo (1986-7). El ipo I dis inguido po es e au o iene
una mo ología y unas dimensiones p opias de es e ipo de piezas, po lo que p obablemen e se a a de
cuchillos de sac i ica , u ilizados o deposi ados en los san ua ios (Quesada 1997: 164). O as piezas, de
amaño mucho meno , pudie an se ex o os, como p opone el au o del abajo. En odo caso nos es án
indicando la impo ancia de los i uales de sac i icio, que se lle a ían a cabo en es os luga es sag ados
y que ienen g an impo ancia en el de eni de la ida eligiosa, así como en el compo amien o económico
elacionado con el consumo de ca ne.
Sin emba go, no odos los sac i icios de es e ipo debie on se p ac icados po sace do es, sino que
p obablemen e se ealiza ían ambién p ác icas de ca ác e domés ico con es e in, en las que el sac i ican e
se ía el
Pa e amilias ,
que adqui i ía unciones sace do ales en ámbi os ex e nos a los ecin os sag ados.
La p ác ica de la o enda de animales en los ambien es domés icos ha sido eseñada pa a el mundo ca alán
(Ba ial 1990), y debió p ac ica se, de una u o a mane a, en amplias á eas geog á icas. Es a capacidad de
los esponsables amilia es pa a el eje cicio de cul os p i ados es algo muy ex endido en odo el Medi e áneo,
e incluso en los san ua ios se podía solici a que ue a el p opio de o o el que sac i ica a al animal que
o endaba, lo que aba a aba conside ablemen e el p ecio del sac i icio (Ribichini 1988: 120). Todos es os
hechos pa ecen indica que, aun cuando el cuchillo cu o iene un impo an e papel eligioso, su uso no
es p opio sólo de los sace do es, po lo que su me a p esencia no asegu a su asociación a una pe sona ligada
exclusi amen e al cul o.
O os muchos obje os bien conocidos es án ligados a ac i idades eligiosas. En e ellos, quemape umes,
ja os, ecipien es de libación, e c., que apa ece án aho a más a amen e inculados a las sepul u as que
en época o ien alizan e, p ecisamen e po el hecho de que los emplos y san ua ios han adqui ido en es a
e apa ida p opia y son el des ino inal de odos esos obje os. Conocemos mal el con ex o de los san ua ios,
escasamen e exca ados y siemp e en de icien e es ado de conse ación, po lo que no se puede po el momen o
más que supone su ca ác e de " eso os", como sucede en o as á eas, con eniendo an o o endas aliosas
como obje os de cul o dedicados a la di inidad.
c) En lo e e en e a iconog a ía, es bien conocida la exis encia de la onsu a, ep esen ada en igu as
ibé icas, an o emeninas como masculinas. Cab é (1922) ealizó el p ime abajo monog á ico sob e es e
ema, econociendo algunos pe sonajes onsu ados en e los ex o os de Despeñape os ( ig. 1, n°2). Nicolini
(1969: 65) acep a á su conside ación como sace do es, añadiendo a la onsu a o as o mas de ep esen ación,
como la cabeza elada o la cin a ciñendo los cabellos. Conside a asimismo, como elemen os signi ica i os,
la p esencia de icos colla es y el hecho de que po en un man o oblicuo con olan es. De la misma opinión
es L. P ados (1996: 276), quien señala además el hecho de que es as igu illas no es án nunca en ac i ud
o e en e, sino que dejan cae los b azos a lo la go del cue po. Acep ando que cie os de o os puedan ealiza
sac i icios, es asumible que adop a an ambién cie os hábi os o males, como cub i se la cabeza con el
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
194

TERESA CHAPA BRUNET y ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN
man o -aunque el pe sonaje sac i icando un ca ne o an es ci ado a descubie o-. Sin emba go, pa ece muy
posible que en ambien es de san ua io sólo los sace do es y sace do isas se ep esen en en es a ac i ud.
En el caso de la onsu a, pa ece que es innegable un ca ác e eligioso, aunque pudie a a a se igualmen e
de un asgo inculado a la ejez. En odo caso, los pe sonajes onsu ados del Collado de los Ja dines p esen an
a ias ca ac e ís icas que se juzgan ípicas de una posición sace do al, como asgos ísicos indica i os,
alusión a icas es imen as y ausencia de cualquie elación con el a mamen o.
Es os ex o os ienen además unas ca ac e ís icas especiales en cuan o a su es ido, consis en e en una
única muy pegada al cue po que o ma pliegues, en ocasiones di igidos hacia el eje cen al de la pieza.
Es os asgos nos pe mi en enlaza los con o as imágenes, es a ez en pied a, de ma cado ca ác e i ual. Se
a a de las escul u as del conjun o de Po cuna que ya ue on de inidas como "sace do es" y "sace do isas" po
González Na a e e (1987: n° 15 a 17), y que según Negue uela (1990: 235-242 y 288) o ma ían un g upo
especí ico jun o a una igu a seden e
de la que
sólo quedan los pies y el bo de in e io del man o. Todas
ellas pa icipan en un ac o eligioso y el a ón, ado nado con un b azale e y un colgan e, po a un manípulo
y segu amen e es á a pun o de ealiza un sac i icio (Blanco 1988: 4). Pa ece a a se de un caso cla o de
p ác ica sace do al, si bien igno amos una ez más si se a aba de un eje cicio pe manen e o del cumplimien o
de una acción pun ual po pa e de un pe sonaje e es ido de au o idad polí ica. Es de señala que, a lo la go
del iempo, las es idu as más delicadas, es deci , las únicas de lino que se ajus an al cue po, son un elemen o
que se epe i á en las pe sonas inculadas a acciones i uales. Un ejemplo que nos emi e a o o es ilo,
o o con ex o y o a c onología, es el del pila -es ela de las "dami as" de Co al de Saus (Mogen e, Valencia)
(Fle che y Pla 1977; Izquie do 1995) , en el que cua o jó enes po an u os en sus manos y an es idas
con una única po debajo de la odilla, ceñida con cin u ón. Sus cabezas es án descubie as, y su peinado de
enzas con amplios bucles iene sus pa alelos no sólo en la zona del su es e (Cuad ado 1984: 287), sino
ambién en e los ex o os de los san ua ios de Jaén (Nicolini 1969: lám. XXI: 1-4).
Pe o ol iendo a la onsu a, és a no es exclusi a de los ex o os de b once. También apa ece ocasionalmen e
en algunas igu as de pied a. Una ep esen ación bien conocida es la de la pequeña es ela de La Albu e e a,
de con ex o une a io y cuyo pe sonaje, con a lo que sucede en los pequeños b onces de Despeñape os,
es á a mado al menos con una lanza (Llob ega 1972: lám. VII). Su es imen a indica su ele ancia social,
ya que no sólo lle a icos opajes, sino algunos signos de ango que pudie an ambién ene un sen ido
eligioso, como ha señalado A anegui (e.p.). En e ellos igu an los pendien es amo cillados y las cin as
c uzadas sob e el cuello, algo muy ex endido en la iconog a ía de los pe sonajes p incipales y de los ac os
de conno ación i ual (además de los casos ci ados po A anegui pueden eseña se los del pe sonaje p incipal
de El Paja illo (Molinos e al. e.p.)
o el del bus o de a ón p oceden e de Baza (Chapa y Olmos 1997).
Se elaciona así la condición a is oc á ica con la p ác ica eligiosa, haciéndose más p obable que cie os
pe sonajes públicos u ie an su luga en la p ác ica del cul o, elacionándose en cie a medida con lo sob e-
na u al, aspec o undamen al en la ideología que sus en aba las éli es.
Podemos analiza b e emen e o os dos ejemplos elacionados con la escul u a en pied a: el cipo de
Jumilla y las escul u as del Ce o de los San os. En el p ime caso, mucho se ha especulado con el signi icado
de las igu as, an o con los que pa ecen p o agonis as del ela o como con los jine es que ci cundan la
escena p incipal (bibliog a ía ecogida en Ga cía Cano 1997:263-270). Uno de es os jine es suje a un báculo
con lo que pa ece una posición i ualizada de la mano, y además lle a onsu ada la pa e delan e a de la
cabeza, cubie a a su ez con una ela. Quizás pod íamos ene aquí la imagen de un sace do e, que con
las pa as de su caballo domina an o el mundo animal como el humano. En cuan o a las ep esen aciones
del Ce o de los San os, poco puede añadi se a lo ya p esen ado po Ruiz B emon (1989), y con más de alle
po Ruano (1987). Es a úl ima au o a p opone el econocimien o de igu as sace do ales en di e sos
yacimien os, y esal a la onsu a como indicio sace do al en algunas igu as del Ce o (Ruano 1987: escul u as
AB 181 y 187, en e o as).
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA

195
Un elemen o cla e en es e yacimien o albace ense es la abundan e p esencia de ep esen aciones emeninas,
an o es an es como seden es. Todas ellas an eladas, y mien as que algunas po an o endas, la mayo
pa e de las muje es sen adas adop an una ac i ud hie á ica, con las manos sob e las odillas. És a pos u a
seden e an e la p esencia di ina no es ca ac e ís ica de de o as que an a solici a a o es, sino que más
bien se ace ca a lo que se ía la ep esen ación de la p opia diosa en su ono. Puede suge i se, en es e caso,
que nos encon emos en un san ua io dedicado po lo menos a una di inidad emenina, en el que la p esencia
de sace do isas adqui i ía una g an impo ancia. Es as pod ían asimila se a la igu a de la diosa, o incula se
di ec amen e con su iconog a ía, como sus ep esen an es. La inculación con el cul o es a ía además ligada
a las clases sociales más al as, algunas de cuyas jó enes se dedica ían algún iempo al se icio del emplo,
como ue p opues o po G iñó (1992: 203) o po Ruano (1987), co espondiendo a ellas algunas de las
escul u as es an es. Es o pod ía ene una la ga adición que en es a zona se cons a a ía a a és del imia e io
de La Quéjola, en el que se ep esen a a una jo en adolescen e po ando una paloma, símbolo de la diosa
(Blánquez y Olmos 1993). La di inidad emenina no exclui ía o a masculina, o la dedicación de los homb es
al cul o como un cue po con unciones sace do ales, lo que pod ía deduci se a su ez de muchas de las
escul u as allí ecupe adas. Po su pa e, las escul u as seden es, an o masculinas como emeninas, p oceden es
de o os yacimien os, como el Llano de la Consolación o Cabecico del Teso o, debie on es a ambién
es echamen e ligadas a es a signi icación eligiosa.
Es a lec u a puede ex ende se a la Dama de Baza, que incluye en las en añas del ono de la diosa los
es os de un pe sonaje, quizás emenino (Re e e 1986), en e ado con un complejo i ual. La igu a encie a
en su mano izquie da un pichón, lo que nos lle a a conside a o o elemen o que nos ap oxima al mundo
de los dioses, a a és de sus a ibu os. La paloma es un símbolo que su ge una y o a ez an o en con ex os
domés icos como eligiosos y une a ios, asociada no sólo a la escul u a monumen al, sino a b onces ( ig. 1. 3),
e aco as ( ig. 1.1), joyas y ce ámicas ( ig. 1.4), en lo que pa ece una alusión a la diosa emenina más
ex endida en ambien es de in lujo púnico: Tani (J. Pe ei a Sieso, com.pe .). Pa ece que en el mundo ibé ico,
como en o os ambien es medi e áneos, la paloma u o un papel impo an e en el i ual, y su inculación
con la di inidad hace que sus ep esen aciones puedan elaciona se con pe sonas ligadas al cul o, si bien
pod ían se ambién signos de o enda, a la ez que de p o ección de la diosa.
La in o mación iconog á ica o ecida po la ce ámica en sus exp esiones igu a i as iene un po encial
eno me (A anegui 1997; To osa 1996) que no puede a a se aquí en ex enso. Sin emba go, me ece la
pena ci a un in e esan e abajo de C. A anegui (1995), en el que se des aca la p esencia de a úspices en
los cul os ibé icos, ejempli icados en la iconog a ía de cie as ce ámicas de S. Miguel de Lli ia. La es imen a
de es as igu as, con la cabeza encapuchada y las i as c uzadas sob e el pecho, e ela ían su condición
especial y el hecho de es a p ac icando una ce emonia que equie e es os a uendos. La asociación además
de uno de ellos con una paloma e o za ía su ca ác e eligioso.
d) Nos queda o o asgo de los escogidos pa a signi ica un ca ác e sace do al, que debie a i unido
en g an medida a los an e io es, y que es más signi ica i o de los sace docios masculinos. Se a a de ausencia
de a mas, que en muchas eligiones del en o no medi e áneo e a p ecep i a, sal o ci cuns ancias excepcio-
nales. Voy a p opone aquí, a al a de egis os más nume osos, el ca ác e eminen emen e eligioso de
cie os en e amien os de la Al a Andalucía que pa ecen implica una comunidad eligiosa con i os y c eencias
comunes en la Bas e ania andaluza. Los ejemplos p opues os co esponden a es de las p incipales nec ópolis
de la zona: Cas ellones de Céal, Gale a y Baza, y ienen ca ac e ís icas di e sas, pe o ambién elemen os
comunes que pasamos a analiza .
En Cas ellones de Céal la umba 11/145 (Chapa
e a!.
1991) es mo ológicamen e una osa cuad ada
de 2 m de p o undidad, di idida en dos pisos. El in e io , o ado con ablones de made a y con el suelo
de adobe, incluye 4 asos de bo de ex asado, uno de los cuales si ió de u na cine a ia, siendo el único
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11
202

TERESA CHAPA BRUNET y ANTONIO MADRIGAL BELINCHÓN
Lámina I: 1.- Pe sonaje sac i icando un ca ne o.
Al u a. 15,5 cm. Fo o: A. T igo. A chi o Fo og á i-
co del Museo A queológico Nacional.
Lámina 1: 2.- Cas ellones de Ceal (Hinoja es, Jaén). Ajua de la umba 111145.
SPAL 6 ( 1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11

EL SACERDOCIO EN ÉPOCA IBÉRICA

203
Lámina II: 1.- Gale a (G anada). Ajua de la umba 20. Fo o: E. Sáez. A chi o Fo og á ico de] MII•Cl,
A queológico Nacional.
almienow
Lámina II: 2.- Baza (G anada). Ajua de la umba 155. Fo o: Ac i idades y Se icios Fo og á ico,. A chi o
Fo og á ico del Museo A queológico Nacional.
SPAL 6(1997)
ISSN: 1133-4525  ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.1997.i6.11