LECTURA Y DESARROLLO PERSONAL EN LA
EDUCACIÓN SECUNDARIA.
SOBRE EL «HOMO TYPOGRAPHICUS»
EN LA ERA DE LA ELECTRÓNICA
po ANTONIO BERNAL GUERRERO
Uni e sidad de Se illa
Pa ece no habe inquie udes cul u ales, ni g andes aspi aciones
sociales, ni e dade os deba es ideológicos en la sociedad ac ual; a a
pados en e un acío exis encial y la dese ción de alo es, no pocos
homb es de nues o iempo se mue en den o de un ho izon e i al en
el que exis e el iesgo de que si no hay una canalización de la ac i idad
humana a a és de lo cul u al y lo espi i ual, se p oduzca una caída
hacia la supe icialidad, hacia o mas más alejadas de la genuina con
dición humana (Lipo e sky, 1987). No es de ex aña , pues, que se
hable de la «Sociedad del espec áculo», como aquella en la cual no hay
discusión, o mejo dicho, es acía, y en la que los medios de comunica
ción epi en insis en emen e un discu so ambién lige o y e íme o (De
bo d, 1988). Así se con o ma una exis encia acía, indi e en e, alejada
del comp omiso, escla a de las pasiones y del subje i ismo; un homb e
medioc e, que sólo se ocupa in elec ualmen e en odo aquello que
enga elación con su abajo p o esional, ca en e de o as p eocupa
ciones cul u ales, en egado a la cul u a de la ida ácil, mo i ado po
consegui el bienes a , un cie o ni el de ida, o, simplemen e, el pla
ce . Es e nue o ipo humano ha sido de inido, con pe spicacia, en
compa ación a la o ágine de p oduc os «ligh » que nos in ade, como
el «homb e ligh », sin con enido, ma e ialmen e colmado, pe o in eliz
y mo almen e acío (Rojas, 1992).
Más allá de plan eamien os simplemen e mecánicos o écnicos, al
homb e se le en iende mejo si lo mi amos en la es e a de la cul u a
e is a española de pedagogía
año Lll, n.2 198, mayo-agos o, 1994
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median e la lengua, la his o ia, el pensamien o ... y, pa icula men e, a
a és de las ac i udes que asume an e los g andes acon ecimien os de
la ida: el sen ido de la exis encia, el amo , el abajo, el su imien o o
la mue e. Habla de c isis cul u al es an o como hace lo de c isis de
la ealización del homb e, en an o que la cul u a no es p oduc o
espon áneo de la na u aleza y equie e que su p oducción se haga
desde la libe ad humana (Choza, 1990). Los enómenos de comunica
ción, en la pos mode nidad, han c eado una sue e de di isión en e
dos cul u as: la audio isual y la del lib o. Son cues iones g a es, que,
como odo lo humano, encie an p omesas e inquie udes. Pe o, aun
econociendo que el es udio de las dis in as o mas de ida humana no
puede educi se al in lujo de la dimensión ecnológica -pues ol ida
íamos, de es e modo, la especí ica dignidad de la condición humana,
que, al in y al cabo, explica el o igen mismo de odo p oceso ecnoló
gico-, no puede igno a se que del ace ado análisis de las con ibu
ciones de ambas cul u as, la audio isual y la imp esa, no sólo depende
la o mación comple a de las jó enes gene aciones, sino la misma
ealización humana de los pueblos.
l. El «Hamo Typog aphicus» en la E a de la Elec ónica. El luga del
lib o en la sociedad pos mode na
Como consecuencia del desa ollo de la Elec ónica, se han modi i
cado sensiblemen e nues as condiciones de ida. Los cambios ecno
lógicos expe imen ados en las comunicaciones, en la in o mación, en
el cálculo, e c., jun o a sus eno mes posibilidades, p esen an el iesgo
de abandona nos a su simplicidad, de p e e i ansi a po las u as
de los p og amas elec ónicos, an es que su ca con es ue zo nue os
caminos pa a el conocimien o. En o os é minos, hay el pelig o de
que los medios de ienen ines, y de queda a apados en el gigan esco
uni e so ecnológico que hemos c eado; la apidez y la mu ación cons- · 1
an e de la ida, di icul a el ej e cicio del pensamien o, que equie e
sosiego y se enidad (Ma ías, 1985). El mundo posmode no no se ca
ac e iza p ecisamen e po la capacidad de e lexión, más bien se dis-
ingue po la p ecipi ación; es como si el homb e ac ual no pa ase de
mo e se en e las cosas, y cuando se cansa a, las pusie a en mo i-
mien o.
Resul ado de es a e icidad y del p og eso ecnológico, ¿es a á el
lib o des inado a desapa ece ? El a ance espec acula de los medios
audio isuales, especialmen e de la ele isión, en los úl imos decenios
se o ece ía como al e na i a. La E a de la Elec ónica end ía a sus i
ui a la E a de la Esc i u a; la ci ilización de la imp en a deja ía paso
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a la cul u a de los «media elec ónicos», como la adio y la ele isión.
Aquí ienen a pa a las conocidas esis del eminen e sociólogo cana
diense Ma shall MacLuhan (1972). La his o ia de la humanidad, en
g an medida, se halla ca ac e izada, según MacLuhan, p imigeniamen e,
po el al abe o, y, pos e io men e, po el enómeno gu enbe giano: la
in ención de la imp en a. El ca ác e isual, secuencial, uni o me y
lineal de la imp en a, end ía a se poco menos que la explicación de
la mode na lógica ca esiana, del indi idualismo abs ac o, de la pé di
da de los asgos ibales en el homb e y has a esponsable del males a
de la ci ilización de nues a época. La Elec ónica end ía a impone
la necesidad de una in e dependencia humana plane a ia; y, según el
sociólogo canadiense, ca ece ía de sen ido, en el seno de una sociedad
eléc icamen e es uc u ada, el indi idualismo isual, al abé ico y ag
men a io que la cul u a de la imp en a implica. ¿Una absolu a e olu
ción en la ida humana?
Las no lejanas apocalíp icas p o ecías sob e el in de la e a de la
esc i u a imp esa no se han cumplido, y, según se desp ende del análi
sis de los log os eales de los medios audio isuales de comunicación,
pa ece habe emi ido conside ablemen e el en usiasmo desmesu ado
que se había deposi ado en es os medios. Así, en un plano eó ico,
adquie e un eno ado igo la cul u a de la imp en a, no ya como
único canal c eado y ansmiso de la cul u a, sino compa ible con la
cul u a audio isual, la cual, en cualquie caso, ha supues o una inequí
oca inno ación y a iación de los hábi os sociales de nues o iempo.
Si en ámbi os in elec uales suele acep a se la compa ibilidad en e
la elec ocomunicación y la lec u a, como canales cul u ales comple
men a ios; a ni el de masas, en cambio, los medios audio isuales de
comunicación pa ecen a anza i e enablemen e, en de imen o de la
esc i u a imp esa (Láza o Ca e e , 1988). A g andes asgos, pod ía
deci se que la acción de lee -que equie e es ue zo in elec ual- es
pos e gada po o as acciones más simples, que exigen meno denue
do, o me amen e el que consis e en ap e a un bo ón -hoy, la ele i
sión cons i uye pa a no pocos el p incipal alimen o cul u al-. Las
clásicas uncionalidades in o ma i a, de ap endizaje y de di e sión o
gozo es é ico que la comunicación imp esa ha p opo cionado al hom
b e, su en ac ualmen e la compe encia e oz de los audio isuales, que
p esen an una in o mación más ápida y que llega a más población,
unas conside ables en ajas didác icas pa a la ap ehensión de la eali
dad y has a un mayo impac o social de la dimensión es é ica, a a és
de la imagen, que el que ha conseguido adicionalmen e la li e a u a.
Incluso la unción de a chi o del sabe , que el lib o ha os en ado desde
la in ención de la esc i u a, se e hoy amenazada po los p odigios de
la Elec ónica, capaz de aba ca bancos de da os que se ab en a nues-
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os ojos con una sencilla p esión digi al. No pueden igno a se las
i ualidades comunica i as de los medios audio isuales. Pe o, al mis
mo iempo, in oducen nue os iesgos y pelig os. Si la in o mación
siemp e es suscep ible de dis o sión, sea cual sea el medio, no cabe
duda de que los g andes ecu sos in o ma i os ac uales co en un ma
yo iesgo de se ins umen alizados po los pode es polí icos, econó
micos e ideológicos, pues o que su adio de acción es mayo . Tal ez
sea más in e esan e in eIToga nos po el papel de la Elec ónica en la
o mación humana.
El empleo de los medios audio isuales en la educación escola
alcanza su plena jus i icación en el p incipio pedagógico de la in ui
ción (Malin, 1986). La e icacia de la enseñanza equie e, po o a
pa e, el dominio de la compe encia icónica, y no sólo de la compe en
cia lingüís ica (Moles, 198 1). Aho a bien, educi los sis emas de ense
ñanza a las nue as ecnologías audio isuales, hoy po hoy, es más una
ilusión de quienes con ían en la cons ucción de una nue a eolia del
ap endizaje po es os medios, que una p opues a cien í ica igu osa
men e con as ada. Has a el momen o, los audio isuales en iquecen
eno memen e la ecnología educacional, pe o, po lo gene al, con i
núan p ecisando una apoya u a undamen al de la comunicación im
p esa. Y po o a pa e, las imágenes di ícilmen e pueden idea las
ope aciones men ales de elación (causa, e ec o, esis, an í esis ... ), que
sí señala el lenguaje. La enseñanza depende de la comunicación o al y
esc i a.
La cul u a audio isual alcanza un ni el de in luencia eno memen
e mayo en las g andes masas de población. La ele isión y el ideos
copio cons i uyen, a no duda lo, una e dade a ans o mación cul u al.
El iejo sueño ilus ado de la di usión del sabe pa ece ía habe encon
ado en los audio isuales la más adecuada de las ías. Y de jus icia es
señala que, a a és de es os medios, es posible a las masas de pobla
ción conoce cosas del mundo y aspec os de la ealidad insospechados
no hace mucho iempo. No obs an e, se cues iona, desde e ien es
sociológicas y pedagógicas, el papel que ep esen a la ele isión an e la
di ulgación cul u al; se ad ie e en las emisiones ele isi as di ulgado
as una especie de «e ec o de sabe », sus i u o io del au én ico sabe ,
que p ecisa de una copa icipación (Allemand, 1980). Los audio isua
les han llegado incluso a la aducción icónica de la na a i a, con
cie o éxi o popula , pese a la absolu a imposibilidad de aslada a un
lenguaje de imágenes y diálogos la complejidad y iiqueza del lenguaje
esc i o; no es di ícil encon a , incluso en es udian es de Li e a u a,
una mayo amilia idad con ac o es y di ec o es de cine que con las
ob as li e a1ias que se salgan de sus obligaciones escola es.
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No se a a de desp ecia la cul u a audio isual, ni de de ende la
cul u a del lib o como opues a a aquélla. La impo ancia de la cul u a
audio isual no adica en con e i se en sus i u o ia de la cul u a de la
comunicación imp esa, sino más bien en se un complemen o ecundo
que posibili a la comp ensión de la ealidad. No es posible concebi el
pensamien o sin lenguaje, sin palab as; la lec u a se o ece como la
acción humana capaz de desa olla la capacidad pa a el pensamien o
abs ac o. «Una cul u a que no se o je y se ansmi a median e el
sis ema simbólico del lenguaje, queda á no malmen e en cona o o en
un imposible, ya que es el lenguaje el elemen o modelan e de odos los
demás enómenos cul u ales: sólo po su in e medio, o os lenguajes
-el isual, po ej emplo- pueden esul a comunica i os, pues de él
ecibe odas las eglas de elación» (Láza o Ca e e , 1988, 24). La
lec u a aumen a la compe encia lingüís ica, es imula y omen a la ex
p esión o al y esc i a; y con ibuye, pues, a la c eación e in e p e ación
de o os lenguajes.
Jun o a las aliosas con ibuciones que cabe espe a de los medios
audio isuales a la cul u a ac ual y u u a, exis en se1ios iesgos y peli
g os señalados, de modo escue o, an e io men e. Si de e as se quie e
impulsa una o mación comple a de la pe sona, si se quie e hui de
un homb e acío y supe icial, some ido al impe io de lo e íme o e
insus ancial, hay que cuida la o mación in eg al de la pe sona, o
men ando la cul u a del lib o. La cul u a esc i a es necesa ia pa a la
pe ec a ealización de los homb es, en el dominio de los conocimien
os, de los descub imien os, de las c eencias, del a e, de la lengua, de
la ida social, de la conse ación de la conciencia colec i a y de la
o mación de la indi idualidad. Es a es jus amen e la azón úl ima po
que esul a ÍlTeba ible, al iempo que humanamen e espe anzado a, la
pe pe uación del «ho no ypog aphicus», del homb e que se alimen a
in elec ualmen e de la comunicación imp esa, en e los p odigios éc
nicos de la elec ocomunicación en la posmode nidad.
2. El p oceso de la lec u a
«Pasa la is a po lo esc i o o imp eso, haciéndose ca go del alo
y signi icación de los ca ac e es empleados, p onúnciense o no las
palab as ep esen adas po es os ca ac e es». Es a es la de inición de
la acción de lee que, adicionalmen e, ha enido dando la Real Aca
demia Española de la Lengua. Una cie a imp ecisión se obse a en
ella, pues o que no se señala cuál es el au én ico alcance del alo y la
signi icación que los ca ac e es ienen y el lec o des ela. Puede in e
p e a se la lec u a como la c eación de la o ma sono a de la palab a
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sob e la base de su ep oducción g á ica, o como la co elación de una
imagen sono a con una imagen isual; en es e sen ido, se habla de
g ado hi pologog á ico de la lec u a: consis en e en la cons ucción de
logog amas o sonidos a iculado es pa iendo de la isión de signos
g á icos con encionales (Cubells, 1990). Un papel ela i amen e pasi o
se asigna ia, con es as de iniciones, al lec o .
Un p oceso complejo es el de la lec u a. Se a a de un p oceso que
a más allá de la ans o mación de signos en sonidos, alcanzando la
ans o mación de signos en ideas -g ado hipe logog á ico- (Cube
lls, 1990). «Sabe lee es se capaz de ans o ma un mensaje esc i o
en un mensaje sono o, siguiendo cie as leyes muy p ecisas, es com
p ende el con enido del mensaje esc i o, es se capaz de juzga y
ap ecia el alo es é ico» (Miala e , 1972, 13). En la lec u a se emplea
un conjun o comple o de ideas y alo es p opios del suje o que lee.
Una ac i idad dinámica en la que el lec o se halla in oluc ado, iene a
se la lec u a. Conside ando es a implicación del lec o , se han o mu
lado nue as de iniciones de la lec u a: modo de llega a las ideas mi
ando lo imp eso (Kennedy, 1984 ); ans e encia de la in o mación
desde la le a imp esa al pensamien o del lec o , pe o ambién con i
bución ac i a desde el conjun o de conocimien os del lec o (C owde ,
1982). La acción de lee se nos o ece, de es a o ma, como una acción
de pensamien o es imulada po lo esc1i o; no es sólo el ex o lo impo
an e en la lec u a, sino el lec o , la pe sona que lee.
El econocimien o de los símbolos esc i os es imula el ecue do de
los signi icados ya cons uidos en nues a pasada expe iencia, a la ez
que ayudan a la cons ucción de nue os concep os. Las ideas esul an
es se o ganizan en la men e del lec o , y p oducen un desa ollo pe
sonal, bien in e no, bien mani ies o y públicamen e obse able. Es a
in e p e ación eminen emen e dinámica se ap oxima más a la e da
de a complejidad de lo que supone el p oceso de la lec u a. Sabe lee
no signi ica únicamen e ene acceso a la in o mación imp esa, sino
ambién desa olla un pensamien o c í ico y au ónomo.
El p oceso de la lec u a aba ca desde la palab a imp esa a la eo
ganización men al y pe sonal del lec o , cub iendo elemen os de pe
cepción, comp ensión y espues a del suje o que lee. La lec u a, bien
en endida, sob epasa la me a pe cepción de palab as, alcanzando su
ni el de comp ensión cuando el lec o en iende el signi icado de aque
llas palab as; en es e sen ido, se dice que lee es en ende lo que un
de e minado au o de una exp esión esc i a quiso mani es a con ella.
En ocasiones, la lec u a no a más allá de es e ni el de comp ensión,
no a ec ándonos p ác icamen e nada en ningún o den de nues a ida;
pe o o as eces, lo que leemos nos impele a indaga en el conocimien-
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l
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o de algo, a econside a opiniones y conocimien os an e io men e
adqui idos, e incluso a modi ica sus ancialmen e nues a iloso ía de
la ida y nues a o ma de i i . Po eso se ha dicho de mil modos que
la lec u a puede se el medio esencial de desa ollo del pensamien o y
de en iquecimien o de la pe sonalidad. En la lec u a no puede sepa a
se la comp ensión del juicio: «Lee no es nada, si no es sabe dis ingui
sob e un papel imp eso el mensaje de la e dad y econoce las sec e
as e insidiosas combinaciones que pueden o ma se a eces» (Miala
e , 1972, 16). Sabe lee signi ica lee lo que hay imp eso y lo que se
sob een iende; además, el lec o ex iende el mensaje del au o del es
c i o empleando su p opio conocimien o, con as ándolo con su expe
iencia pe sonal, única e i epe ible -es o explica que an e un mismo
ex o imp eso puedan exis i di e sas «lec u as», dependiendo de quié
nes sean los lec o es.
Al habla del p oceso de la lec u a, es ecuen e ecu i al es udio
de la calidad del ma e ial de lec u a y a su e aluación (Fundación
Ge mán Sánchez Ruipé ez, 1989). El análisis de las condiciones ipo
g á icas y lingüís icas adecuadas pa a un de e minado ni el de ense
ñanza o pa a un público in an il o ju enil especí ico, se p esen a como
ine i able y, na u almen e, ecomendable. Así, po ejemplo, la lec u a
bilidad del ma e ial esc i o ha sido obje o de in es igación didác ica
(Rod íguez Diéguez, 1988, 1989), en an o que deno a cie as condicio
nes que con ie en un ex o en legible: acilidad de comp ensión y
e ención, capacidad pa a a ae la a ención e in e és pa a e ene la.
Igualmen e, el ocabula io, como elemen o básico de la comunicación
imp esa, ha sido obje o de econocidas in es igaciones empí icas (Ga
cía Hoz, 1953, 1976), an o en su e ien e común como cien í ica, que
han gene ado la cons ucción de dicciona ios basados en la compe en
cia lingüís ica de los escola es (Ga cía Hoz, 1987). En la misma línea
de elaciona la lec u a con la calidad del ma e ial esc i o, se han
ealizado muchos es udios sob e e aluación de dicho ma e ial (Funda
ción Ge mán Sánchez Ruipé ez, 1989, 389 y ss.), y sob e o as ca ac e
ís icas del ma e ial lec o (Fundación Ge mán Sánchez Ruipé ez,
311
y ss.).
Pe o si no se p es a a ención al lec o , que es quien ealiza la
lec u a, cen ándonos únicamen e en el ex o imp eso, es amos ol i
dando la e dade a dimensión y complejidad del p oceso de la lec u a.
La calidad de una expe iencia lec o a no se halla inculada exclusi a
men e a la calidad del ma e ial esc1i o, sino que ambién se encuen a
in luida, y no en pequeña medida, po la pe sona que se en en a al
ex o en cues ión. La compe encia lec o a se desa olla con el p oceso
educa i o gene al; es u o de oda una o mación. Si el lib o lle a a la
lec u a, pa a llega a aquél es indispensable cie o ni el de cul u a
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(G.F.E.N., 1985). El p ocesamien o de la in o mación imp esa equie e
no sólo los mé odos de lec u a básicos, sino mé odos de lec u a más
especializados pa a de e minados ipos de ex os. Un es udian e de
Enseñanza Secunda ia puede lee con ela i a acilidad cie os ex os
na a i os, pe o quizás encuen e mayo di icul ad, po ejemplo, en la
lec u a de ex os cien í icos o ju ídicos. La enseñanza de la lec u a no
acaba en el ni el p ima io de educación. De algún modo, pod íamos
deci que odos mejo amos p og esi a e inin e umpidamen e nues o
g ado de compe encia lec o a.
No puede igno a se que cada lec o , en unción de sus ca ac e ís i
cas pe sonales, eacciona á singula men e a la lec u a de un de e mi
nado ex o (Kennedy, 1984). La pe sonalidad de cada lec o p edispone,
en cie o modo, a la ealización más sa is ac o ia de de e minadas
lec u as. Pe o hay aquí un e iden e iesgo de simpli icación, si se p e
endie a adap a absolu amen e la lec u a a cada pe sonalidad conc e
a; en e ec o, po un lado, es imp escindible el acceso a un conside able
olumen de in o mación cul u al, que cons i uye el denominado co
mún cien í ico, écnico y a ís ico de nues a ci ilización; y, de o a
pa e, los asgos pe sonales -pa icula men e en la adolescencia- no
p esen an un ca ác e ijo e inamo ible, p esen ándose compo amien
os y necesidades cambian es -muchachos apa en emen e muy ac i
os y ex o e idos, ienen pe íodos de pa en e quie ud y e lexión; y al
e és, chicos supues amen e e aídos y e lexi os ienen pe íodos de
mani ies o dinamismo.
Po o a pa e, hay que ene p esen e que la lec u a, como al
expe iencia global, iene luga en un con ex o cul u al y social de e mi
nado. En cada luga , en cada cen o escola , en cada amilia exis en
unas de e minadas ac i udes, mo i aciones y alo es que hacen más o
menos ácil la lec u a. Un ambien e educa i o adecuado cons i uye un
con inuo e ue zo pa a el ap endizaje en los dis in os campos de la
cul u a (Ga cía Hoz y o os, 1991) y, po ende, pa a la o mación de
lec o es. En es e sen ido, hay in es igaciones (Med ano, 1989) que de
mues an la in luencia decisi a de un ambien e le ado ya desde
los años p eescola es.
3. La a en u a de lee
Cuando el ac o de lee se en iende como una ac i idad dinámica,
como una ope ación undamen almen e ac i a, es posible habla de
una dialogicidad en y po la lec u a. Ideas, sen imien os, ecue dos,
con enidos, en la men e del au o leído en an en con ac o con nos-
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o os, a a és de la acción de lee . Un callado diálogo, un ese ado
coloquio, se es ablece en e el lec o y el au o de la comunicación
imp esa. G acias a la esc i u a, a los lib os, podemos con e sa anima
damen e con A is ó eles, san Agus ín, Tomás de Aquino, Kan , Hegel,
Rousseau, F eud, Cajal o Eins ein. Podlia deci se que lee no es sino
dialoga con ien o, quedamen e, con alguien que quiso decimos algo
desde su conc e a ealidad pe sonal; es un diálogo au én ico, aunque
implíci o, po que en la lec u a de un ex o el in e locu o es á ausen e.
Poé icamen e, ya lo dijo Que edo en los dos p ime os cua e os de un
sone o de la To e de Juan Abad: «Re i ado en la paz de es os desie
os,/con pocos pe o doc os lib os jun os,/ i o en con e sación con los
di un os,/y escucho con mis ojos a los mue os./Si no siemp e en endi
dos, siemp e abie os ,/o enmiendan o ecundan mis asun os ;/y en
músicos callados con apun os/al sueño de la ida hablan des
pie os».
Rec eación es, an e odo, el coloquio lec i o. Po eso se ha dicho,
con azón, que ca ece del pode de lee quien no sabe adop a esa
ac i ud de espe a e in e ogación con elación al o o, ac i ud de e
c eación de un pensamien o aj eno que supone sabe escucha y hace
se escucha (G.F.E.N., 1985). En la lec u a hay una ec eación pe sonal
de lo leído. Si el ac o de lee es e dade o, nos sen imos anspo ados,
no sin sob ecogimien o, de la mano de Home o, a los imagina ios
campos de ba alla de la gue a de T oya, y uel en a ecob a ida
Pliamo, Héc o o Aquiles; con Ce an es, asis imos a las en u as y
ibulaciones de una comunidad uni e sal, la de Don Quijo e y San
cho, y nacen nue amen e, en nues a imaginación, los sucesos en la
en a c eída cas illo po el ingenioso hidalgo o la a en u a del ale oso
Don Quijo e con la ca e a de las Co es de la Mue e; con Cajal,
iajamos en usiasmados al mundo que no podemos e con nues os
ojos, y mi amos al homb e, desde el mic oscopio, odeados de ubos
de ensayo, p obe as, pipe as, sus ancias químicas y olo a labo a o io;
y el pensamien o humanis a de Ma i ain adquie e su signi icación de
nue o, si de e dad en endemos lo leído. Sabe lee es pa icipa en la
ida in elec ual de la Humanidad oda.
Pe o no sólo es ec eada la ma e ia leída, sino que ambién hay un
p oceso ec eado , ans o mado , con igu ado , de o den espi i ual,
en el p opio lec o . En la medida que aquello que hemos leído nos
pe ecciona, nos enmienda, ec i ica o desa olla, nos encon amos
más ap os, despie os y diligen es, ec eados en una palab a, pa a con
inua el umbo de nues a ida, sin iéndonos cada ez más conduc o
es de nues as ayec o ias i ales, más esponsables y, po an o, más
lib es.
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360 ANTONIO BERNAL GUERRERO
una isi a al Pa lamen o, si no hay una in o mación adicional se á
al amen e imp obable que los alumnos sepan cómo se gobie na eal
men e un país; po mucho que insis amos en obse a el mo o de un
coche, es o no nos ad ie e de cómo la combus ión in e na lo pone en
mo imien o. De modo que la lec u a ayuda a la p epa ación y a la
es uc u ación de la expe iencia di ec a (Spink, 1990), a o eciendo la
comp ensión de la ealidad y desplegando las po encialidades de la
pe sona. Pe o es menes e conside a ambién que, más allá de lo
sensible, empüico y conc e o, con la lec u a se ealiza una p oyección
hacia lo acional, lo in eligible, lo abs ac o.
5.1. Desa ollo y lec u a
No sólo el desa ollo gene al del adolescen e posibili a el acceso a
la cul u a esc i a a. un ni el más ele ado, sino que la p opia lec u a
puede in lui decisi amen e en el desa ollo pe sonal. De aquí su capi
al impo ancia en la o mación comple a de la pe sona. Es e in lujo
comp ende los di e sos ipos de desa ollo que son cons i u i os de la
pe sona.
No hay duda de que una p o echosa cha la o una in e esan e con
e sación pueden se muy ú iles al muchacho o muchacha pa a en en
de los cambios ísicos y biológicos que en él o ella ienen luga ; pe o,
un buen lib o sob e el desa ollo ísico acili a una soledad y una in i
midad muy adecuadas pa a es a e apa de la ida.
En el ni el de Enseñanza Secunda ia pueden p opone se lec u as
de in o mación, documen ación y es udio que exijan una comp ensión
de es uc u as a gumen ales más complejas que en e apas an e io es,
donde las lec u as que se ealizan suelen p esen a los hechos en o
mas na a i as más simples (la ida de un animal, qué ocu e en un
de e minado luga público, como po ej emplo un ayun amien o, las
es aciones del año ... ). En el ni el secunda io de educación, las lec u as
pueden eque i la comp ensión de ope aciones como las de: análisis y
sín esis, de gene al a especí ico y a la in e sa, c onología, compa ación
ocausa y e ec o. Una buena o denación de lec u as conduce no sólo a
una sólida asimilación de con enidos cul u ales, sino que ambién es i
mula el desa ollo in elec ual, anima el pensamien o e lexi o y ayuda a
ene conciencia de los p ocesos de la men e (Donaldson, 1978). El
p oceso de la lec u a es á elacionado con el despliegue de las écnicas
y capacidades in elec uales. Po lo demás, el aumen o del ocabula io
y el desa ollo del lenguaje p o een al educando de una mayo ap i ud
pa a la comp ensión, la indagación y el goce de la ealidad.
Hay lec u as muy ap opiadas (poesías, no elas, biog a ías ... ) pa a
log a una comp ensión acep able de los sen imien os y emociones
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LECTURA Y DESARROLLO PERSONAL EN LA ... 361
humanas; ayudan a oma conciencia de una común na u aleza en el
homb e, a descubli un os o a e no en el p ójimo, y e ue zan un
desa ollo emocional equilib ado. No en ano se ha ex endido el uso
e apéu ico de la lec u a; la biblio e apia, el uso sis emá ico de la lec
u a en el a amien o de los p oblemas psicológicos, ha ido alcanzan
do un olumen conside able (Ma shall, 1981 ). La lec u a de lib os de
icción puede p opo ciona un conocimien o de la condición humana
que, habi ualmen e, no se da en la ida eal (Rus in y Rus in, 1987); en
una buena na ación podemos encon a des elada no sólo la ida
ex elio , lo conocido públicamen e de una pe sona, sino ambién los
más sec e os anhelos, p oyec os, ambiciones, dudas, g andezas y mi
se ias.
Pa ece cla o que la lec u a se halla elacionada con la cu iosidad
po la conduc a de los homb es, po las ac i udes humanas hacia las
g andes cues iones de la exis encia y ambién hacia los asun os más
p osaicos. Pe o en la lec u a se busca, igualmen e, la comp ensión de
nues a in imidad, nues a iden idad pe sonal.
La ealización pe sonal, cabalmen e en endida, sólo es posible po
que el homb e es una ealidad abie a, posible, inconclusa. El homb e,
como el animal, iene una indi idualidad psicobiológica, y depende de
su medio; pe o, mien as que el animal depende del ajus e en e sus
necesidades, inscli as biológicamen e en su o ganismo, y las opo uni
dades de sa is ace las, insc i as na u almen e en el medio bio ísico en
que i e su especie, el homb e no es á suje o del mismo modo a una
unidad abas ecedo a o mada po su o ganismo y su medio, y es capaz
de i se sol ando, de i se quedando ah-suel o espec o de ellos (Yela,
1988). No a o a cosa se e e ía Zubili (1986) cuando exp esaba que el
homb e i e en un mundo de ealidades, no como el animal en un
medio de es ímulos. Se homb e signi ica o mula un p oyec o que dé
sen ido a su ida, con inuándolo o ans o mándolo al hilo de las ci
cuns ancias, ace cándose en un es ue zo inin e umpido y pe se e an
e a quien se quie e se , median e las acciones que ealiza po la ida,
haciendo pe sonal y suyo el mundo en que i e, la ob a que ej ecu a y
la acción con que ac úa: «Esa es la indi idualidad del homb e. Una
indi idualidad undamen al y dis in i amen e pe sonal. No dada. Bus
cada y o mada. Que el homb e, desde su indi idualidad biopsíquica,
busca y cons uye y no puede deja de busca y cons ui ( ... ) Es lo que
solía epe i O ega. Al homb e se le da la ida, pe o no se le da hecha;
iene que hacé sela. Hace la signi ica hace se a sí mismo, o ma la
p opia indi idualidad pe sonal» (Yela, 1988, 109). Aho a bien, es e
p oceso de pe sonalización no se da en el acío, se ealiza desde la
na u aleza del ho ib e y su mundo; po eso se ha dicho, con azón,
que la indi idualización pe sonal se ealiza pe ec i amen e sólo cuan-
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do es p oceso de libe ación, y sólo se cumple pe ec i amen e en la
libe ad solida ia: «No soy yo, ni e es ú el que se indi idualiza pe so
nalmen e. E es ú y soy yo con los o os. Vamos haciéndonos indi i
duos pe sonales con lo que los o os nos legan y con lo que con los
o os hacemos. De los o os he edamos odo» (Yela, 1988, 11 O).
Abie o a la p opia ealidad y ambién a la ajena, el homb e no
sólo con i e, no sólo he eda la expe iencia de sus semejan es p óxi
mos, sino que ambién pa icipa de la he encia cul u al. En ella, en la
cul u a conse ada y ansmi ida, se encie an nue as posibilidades de
se homb e, a las que cada pe sona es á llamada pa a hace las suyas y
eno a las (P ous , 1983). Aquí, la cul u a imp esa iene a se oz
pe manen e de los homb es, expe1iencia humana que ha ascendido
los lími es del espacio y el iempo, memo ia pe sis en e de la huma
nidad.
La p opia iden idad pe sonal, la búsqueda de sí mismo es un p o
ceso que iene luga en el cu so de la ida, a lo la go de la exis encia.
Uno de los medios de descub i se a sí mismo es jus amen e la lec u a;
po eso, Ma cel P ous ha dicho que cada lec o , en ealidad, en an o
que lee, es lec o de sí mismo, y, po la lec u a, llega a pe cibi y
descub i aquello ín imo que al ez nunca hubie a descubie o de o o
modo. Hay una amplia gama de posibles lec u as, no sólo de icción,
sino ambién de in o mación, biog á icas, epis ola es o lí icas, que
cons i uyen una ecunda mues a de cómo bene icia el desa ollo de la
pe sonalidad.
Al hilo de las lec u as sob e g a es p oblemas de nues o iempo
(hamb e, gue as, e o ismo, con aminación, o ali a ismos, acismo,
en e medades mo ales, ma e ialismo hedonis a ... ) se es imula el desa
ollo mo al. La o mación del c i e io é ico, es o es, la posesión de
unas ideas mo ales y la capacidad de ans o ma las en no mas pa a
alo a é icamen e las si uaciones y posibilidades de ac ua , y aplica
las en cada caso pa icula , puede se p omo ida y e o zada con la
lec u a (Spink, 1990). En cie o modo, ligado al desa ollo mo al su
ge, ambién con la lec u a, el plan eamien o del desa ollo espi i ual.
Hay lec u as que esul an o malmen e pe ec i as, po que hacen me
jo , más cabal, no más ce ada, nues a ealidad pe sonal. La lec u a
es un medio pa a ace ca cada ez más al homb e al cumplimien o de
su p oyec o pe sonal de ida, y aun pa a descub i la posibilidad de
nue os p oyec os; pa a i siendo una pe sona más «pe ec a», aunque
dicha pe ección nunca quede colmada, lo que, po o a pa e, como
dice Laín En algo (1988), no sólo es d ama, po que d amá ico es el
ance de no log a lo que se desea, sino además incen i o, po que el
camino es p e e ible a la posada. Todos los p oyec os y acciones pe so-
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LECTURA Y DESARROLLO PERSONAL EN LA ... 363
nales, se sepa o no, se hallan e e idos a algo ascenden e, algo que
o dena y da al es ue zo su úl imo sen ido. Po eso, puede habe una
pe ección ad in a, de ca ác e in e no, de au oedi icación, y o a ad
ex a, ela i a a cómo el homb e a encaminando su ida pe sonal
espec o a aquello que inalmen e le da sen ido. Hay, pues, lec u as
que nos pe eccionan po que nos edi ican, y o as, en la medida que
nos impelen a o ece nos, en an o que nos ayudan a o ien a nues a
exis encia. En e es as úl imas, las lec u as eligiosas cumplen un
i eemplazable come ido. El desa ollo espi i ual se p oduce, de es e
modo, bajo el impulso y la suge encia de la palab a; y, en e los modos
humanos de en ende la eligación, ninguno se o ece an ecundo en
lec u as pe ec i as como el c is ianismo: «La eligiosidad c is iana
exige po modo cons i u i o la palab a - ides ex audi u, dijo San Pa
blo- y, en consecuencia, la lec u a es pa e p incipalísima en el empe
ño de ap ende el sen ido y las di e sas o mas de la pe ección obla i a
que al c is ianismo co esponde» (Laín, 1988, 142).
Una elación ecíp oca se ad ie e en e desa ollo y lec u a. Si es
e dad que en la adolescencia hay que conside a de e minados asgos
madu a i os que a ec an a la en e a pe sonalidad del adolescen e y
demandan espues as especí icas a a és de la lec u a, no lo es menos
que el conocimien o, la di e sión o la in o mación lec i os, po o a
pa e, y sin exclusi idad espec o de o os medios y mediado es, op i
miza, mejo a y pe ecciona la p opia pe sona, ap oximándola a se de
e dad quien es á llamada a se , según la clásica máxima de Pínda o.
5. 2. Pe sonalización en la o mación de lec o es
De alguna mane a, du an e oda la ida es amos ap endiendo a
lee . Pe o, en la ins i ución escola se abandona, a menudo, la o ien a
ción de la lec u a al ez muy p on o, bajo el a gumen o de que hay un
momen o en que los alumnos ya pueden lee po sí mismos. Así, en el
ni el de Enseñanza Secunda ia se suele da po supues o es e ap endi
zaje. Sin emba go, la enseñanza de la lec u a sigue siendo una cues ión
pedagógica de indudable impo ancia en es os años de la ida escola
del adolescen e.
Na u almen e, el alumno domina, a a és del mé odo que se haya
empleado, la descodi icación del ex o esc i o. Pe o sabe lee , como ya
se dijo en páginas an e io es, no se educe a es o, sino que exige,
asimismo, comp ensión del con enido del mensaje esc i o, juicio p o
pio y cie a ap i ud· es é ica. Po an o, el aumen o de la capacidad de
comp ensión, el c ecimien o del ocabula io, una más log ada exp e
sión o al de lo leído, el inc emen a la elocidad de la lec u a silencio
sa sin de imen o de la comp ensión, la ampliación de la capacidad de
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364 ANTONIO BERNAL GUERRERO
esolución de p oblemas en unción de lo leído y la in ensi icación del
in e és po la lec u a au ónoma, como medio de a i mación, de au
oa i mación y de di e sión o ec eo, son obje i os de la enseñanza de
la lec u a pa a es a e apa de la educación (Cubells, 1990).
La habilidad lec o a eclama un lec o ac i o y c í ico, capaz de
desplega in encionadamen e sus acul ades y ene gías en la acción de
lee . De aquí se desp ende, e iden emen e, que la lec u a es, an e odo,
un p oceso pe sonal, no impe sonal. Si el lec o no hace del ex o algo
suyo, la lec u a puede conduci al acaso. ¿Cuán os jó enes han ehui
do la cul u a imp esa, el a o decidido y lib e con los lib os, po no
habe alcanzado ese ni el de compe encia lec o a que sob epasa los
lími es de la me kulosa ep oducción de las palab as de cualquie
página de no impo a qué lib o?
Hay aquí, a nues o juicio, una de iciencia de índole p imo dial
men e pedagógica. Nunca se insis i á demasiado en la necesidad de
que el alumno alcance a e la ecompensa de la lec u a. A sabe : la
aleg ía de comp ende lo leído más allá de la me a pe cepción de
palab as, ob eniendo in o mación, sa is aciendo cu iosidades, descu
b iendo enigmas y sec e os, su cando mundos jmagina ios, sin iendo
emociones y desnudando ámbi os de ealidad que acaso no pod á con
segui po o os medios. Al inal de cada lec u a, bien ideada, bien
p epa ada y bien ej ecu ada, nos sen imos más log ados, más desa o
llados, más ealizados pe sonalmen e. La lec u a en a en nues a ida,
nos con igu a y nos si e cuando espondemos al con enido del ex o y
nos ab1imos a su mensaje -al ma gen de la eacción que, en úl ima
ins ancia, nos p o oque- de un modo pe sonal; sólo en onces in e
ienen nues as pasadas expe iencias y los in e eses ac uales pa a apo
ya nos en aquello que leemos (Be elheim y Zelan, 1982). No es de
ex aña que los muchachos que no llegan a e la ecompensa de la
lec u a, que no han expe imen ado e dade amen e la aleg ía de sabe
lee , no sean lec o es au ónomos y espon áneos, y acaben po no lee
co ec amen e.
Es p eciso insis i en que la lec u a es dis in a según la clase de
ex os y los obje i os que se pe sigan. A ene se ígidamen e a una
descodi icación impe sonal y obje i a de odo ex o esc i o, es p oba
blemen e una de las mejo es o mas de ga an iza un u u o no lec o .
Hay eces que in e esa busca una in o mación de e minada, y no o a
cosa, y se ob ia lo que en ese momen o no in e esa; no es igual la
lec u a de un ex o cien í ico o écnico, que la de un enunciado ma e
má ico, la de un cuen o o no ela, la de un ex o poé ico, la de un ex o
ju ídico o polí ico o, sencillamen e, la de un pe1iódico (G.F.E.N., 1985).
Cuando el lec o ha en endido que hay di e sas clases de lec u a, y que
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LECTURA Y DESARROLLO PERSONAL EN LA ... 365
és a ha de ene una signi icación pe sonal (ac i a y alo a i a), puede
deci se que se ha conseguido un lec o dies o (Meek, 1982). Pe o la
expe iencia lec o a no acaba aquí, el buen lec o siemp e es á en dis
posición de mejo a como al.
Quizás los adolescen es de hoy no lean odo lo que se ía deseable
po la compe encia de la cul u a audio isual, pe o una buena pa e de
culpa ecae en el ca ác e con encional y, a menudo, poco suge ido
de la me odología pedagógica que se p ac ica en los cen os escola es.
Es p eciso -aunque esul e a eces penoso, po la ca encia de ecu
sos ma e iales y écnicos- plan ea se una eno ación de la p ác ica
educa i a. Y, aunque el á ea de conocimien o de Lengua y Li e a u a
iene en la enseñanza de la lec u a una esponsabilidad e iden e, p e
sumimos que el alcance de una o mación comple a de la lec u a es de
ca ác e in e disciplina .
Al ealiza un bosquejo de la enseñanza de la lec u a, no es in e
cuen e apela a écnicas de comp ensión y elocidad lec o a (F y, 1970;
Fink-Rose-Ta e, 1988), y a p ocedimien os de animación de la lec u a
basados en deba es, diálogos, discusiones düigidas, d ama izaciones ...
(Ba ien os, 1982; Lacau, 1966; Sa o, 1984 ). Pe o con iene insis i en
ap o echa pedagógicamen e las po encialidades p oduc i as de la lec
u a, y hace lo de un modo obje i ado y pe cep ible, median e alguna
ob a ma e ial, sensible, con algún g ado de pe manencia. Po o a
pa e, hay que conside a de un modo especial la signi icación ac ual
de la lec u a pa a el adolescen e. La lec u a adquie e mayo sen ido y
igo cuando se unda en las exigencias y p eocupaciones p incipales
de los alumnos. Aquellos lib os que pe mi en al muchacho si ua se en
su época y en su medio, y que le ayudan a comp ende mejo la
ealidad y a descub i sus posibilidades, son lib os «ac uales», aun
cuando no sean necesa iamen e con empo áneos (G.F.E.N., 1985). Pa
ece cla o, en unción de lo que enimos diciendo, que la lec u a en la
Enseñanza Secunda ia encuen a un sopo e elemen al en las p eocu
paciones p opias de la adolescencia; pe o es as ca ac e ís icas gene a
les de la adolescencia no anulan las palma ias di e encias indi iduales
en e los alumnos, lo que jus i ica plenamen e un en oque pe sona
lizado.
Es bien sabido que odo esc i o se encuen a con la necesidad de
lee , de encon a elemen os gene ado es de su discu so c ea i o en las
palab as de los o os, en la memo ia a iculada de la expe iencia pa a
y ugaz que, me ced a los lib os, pe manece. Todo esc i o , pues, es
necesa iamen e lec o ; pe o, con las limi aciones que puedan o mu
la se, odo lec o ambién puede acaba p oduciendo algo esc i o. El
po encial c eado de la adolescencia pod ía se canalizado a a és de
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la elación dialéc ica que se da en e los p ocesos de la lec u a y la
esc i u a. P opone la ealización de ob as obje i adas, de abajos di
e sos ( ilosó icos, li e a ios, his ó icos, sociales ... ) que exijan el con
ac o con una bibliog a ía adecuada y adap ada a las posibilidades
eales de los alumnos, no sólo signi ica la p ác ica de una me odología
pa icipa i a y heu ís ica, y el econocimien o de la lec u a como una
uen e de conocimien o, documen ación y di e sión, sino ambién, en
la medida que esponda a las exigencias de la Ob a Bien Hecha (Ga
cía Hoz, 1988), una conc eción p ác ica de la pe sonalización edu
ca i a.
Pe o jun o a abajos ela i os a con enidos de los p og amas aca
démicos, es p eciso amplia la pe spec i a in elec ual del abajo esco
la pa a ex ende lo a la ida del alumno, median e la con emplación de
p oyec os pe sonales. Los p oblemas amilia es, de elaciones con pe
sonas de o o sexo, eligiosos, ela i os al mundo p o esional, de d o
gadicción, de di e siones sociales ju eniles, e c., cuen an con un ma e ial
bibliog á ico abundan e y pueden, po an o, se obje o ambién de
ob as obje i adas, de desc ipción y elabo ación esc i a. El conocimien
o eal de los alumnos, de cada alumno, obliga al conocimien o de los
in e eses y a iciones de cada cual. De mane a que ellos mismos pueden
pa icipa ac i amen e en la elección de lec u as de e minadas y en la
ealización de abajos conc e os; así, se acili a el desa ollo de la
au onomía pe sonal, pe o pa alelamen e se o ece una base obje i a
pa a exigi la esponsabilidad de abaja bien. En es a elación dialéc
ica de la lec u a con la esc i u a no se a a de o ma esc i o es, sino
de que los es udian es comp endan que la lec u a puede hace se gene
ado a, p incipio pa a desa olla la c ea i idad; pe o, p incipalmen e,
p ocu a pone de mani ies o que la lec u a es una ac i idad capi al
pa a la o mación y la es uc u ación de la pe sona.
No sólo puede habe una educación de la lec u a po una in luen
cia di ec a. También indi ec amen e, a a és del medio, educamos. La
con igu ación de un ambien e le ado puede esul a esencial en la
o mación del lec o . La disposición de medios ma e iales es algo bási
co; los alumnos han de ene a su alcance el ma e ial de lec u a ade
cuado. La esponsabilidad de p o eso es, biblio eca ios, pad es y, en
in, de la comunidad al espec o es inexcusable (Monson y McClena
han, 1989). Un al ambien e end ía ca ac e izado po la p esencia de
lec o es adul os -Be elheim y Zelan (1982) han hablado de la espues
a del niño a la lec u a, en unción de la abso ción emocional de los
pad es en la lec u a-. Ve a un p o eso lee con en usiasmo en la
biblio eca del cen o o an e sus alumnos, o habla les del úl imo lib o
que lee, po ejemplo, puede se un es ímulo p imo dial, de un eno me
alo , po que in i a a compa i , a descub1i los sec e os que le en u-
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siasman, la «magia>) que le cau i a y le abso be en la lec u a. Jun o al
i o ejemplo como lec o es, los p o eso es deben man ene ínculos
pe sonales con los alumnos, c eando, desde una ac i ud espe uosa y
lexible, la posibilidad de con e sa , de modo semejan e a como debe
sucede en el seno amilia ; la con e sación es una posibilidad cons
an e de inicia la a ición a la lec u a. Toda huida del anonima o en la
elación docen e-discen e es posi i a, po que nos ace ca a la plu alidad
de la ida humana, es deci , a lo eal, a lo pe sonal. También un
ambien e le ado puede con igu a se con el plan eamien o de ac i ida
des di e sas (pa icipación de los alumnos en la elección de lib os pa a
la biblio eca, c eación de asociaciones de alumnos en a eas biblio e
ca ias auxilia es, ac os especiales en el día del lib o, jo nadas sob e
li e a u a ju enil, e c.) que ayuden a que el muchacho o muchacha
omen conciencia del pode de lee y es imulen su a ición a la lec u a.
Sin e izando. Quien adquie e el hábi o de lee aumen a su capaci
dad de e lexión, de c í ica y de goce pe sonal. En una pedagogía de la
lec u a es menes e insis i en es a dimensión espe anzado a de mayo
p omoción humana. Una pedagogía de la lec u a, desde el ángulo más
gene al de una Pedagogía de la Pe sona, más que una «pedagogía del
lib o» al es ilo del humanismo enacen is a, es sis ema pa a una nue a
o mación humana, que iene p esen e en cada momen o del p oceso
educa i o el genuino desa ollo pe sonal.
Decía Heidegge que la palab a es la mo ada humana del se . Con
la lec u a, más allá de la comp ensión de un mensaje esc i o, nos
in il amos, en compañía humana, en los dominios del se . El lib o es
insu icien e, y, pa a aseando a Goe he, al lib o de la ida y del pod�
de la ealidad que la sopo a hemos de ecu i , pa a alcanza la pleni
ud humana; pe o, desde hace unos cinco mil años, cuando se ija la
esc i u a, se in en a una cie a pleni ud de humanidad que, pa a se
e dade amen e homb es, nos eclama el hábi o de la lec u a, el a o
con los lib os -¿acaso mañana, de un modo gene alizado, con los
ex os in o má icos?-. En úl ima ins ancia, palab as, palab as en a
ble as de a cilla, en ollos de papi o, en lib os manusc i os o imp esos,
en ele ex os, ideodiscos o sis emas de o denado ... nada menos que
palab as.
Di ección del au o : An onio Be nal Gue e o. Facul ad de Ciencias de la Educación de la
Uni e sidad de Se illa, A da. Ciudad Ja dín, 20, 41005-Se illa.
Fecha de ecepción de la e sión de ini i a de es e a ículo: 1.V.1994
e . esp. ped. Lll, 198, 1994
368 ANTONIO BERNAL GUERRERO
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