LA
ESCENA
TRAGICÓMICA
Miguel
Usandizaga
Cuando
el
homb e jo en
que
e a
en onces
el
homb e incapaz
de
econoce se «maya »
que
hoy esc ibe es o dedicó
su
esis doc o al «a
su
majes ad,
el
ol ido» (como Lich enbe g) y
«a
i,
hipóc i a lec o ,
mi
semejan e,
mi
he mano» (como Baudelai e), desde luego, no
e a
since o.
Aquel
homb e
jo en es aba en
el
ondo con encido
-aunque
su o gullo
le
obligase a
ocul a lo-
de
que
su esis iba a
ene
una epe cusión inol idable.
No
e a
since o
...
,
pe o
ace aba
en
la
dedica o ia.
Tan sólo
el
ol ido y al ez algún
o o
hipóc i a
doc o ando
que
siemp e
nega ía
habe le
echado
un is azo ue on los des ina a ios
de
la
esis
de
aquel jo en
que
ampoco
e a
since o
-y
ambién
ace aba-
cuando cali icaba su abajo
de
é/é oge
ele
poussie e
(como
Duchamp).'
Aquella esis e a, a sus
casi
ein e años
de
edad, un
es upendo
c iade o
de
pol o. Pe o su
au o
-yo
mismo-
seguía su iendo más
mal
que bien
el
ol ido
de
aquel lib o
que
le
cos ó an-
o
abajo. (Mucho más ecien emen e he descubie o
el
po qué
de
ese
ol ido; ol e é
sob e
esa
cues ión.)
El
caso es
que
le
dejé
un
ejempla
de
la
esis a Rica d Sal a , a quien acababan
de
p esen a me, y después
de
bas an e iempo
de
a epen imien o
(<<mi a
que
e es pelma, mi a
que
o za le a una pe sona que sabes que es á muy ocupada a dedica le
su
iempo a algo
que
en
ein e años no
...
»), Sal a me llamó pa a hace me
la
asomb osa y amabilísima p opues a
de
publi-
ca
las
pa es
de
aquella esis
que
se ocupaban
de
his o ia del espacio escénico.
Todo
es o
sucedía en los úl imos días an es del p incipio
de
la
gue a
-del
bomba deo,
po
deci lo con
la
i i ada p ecisión
de
Ra ael
Sánchez
Fe losio-
de
I ak,
y yo es aba ancamen e
desanimado
po
el
es ado del mundo.
Empecé a hojea
mi
esis pensando no
que
«lo bueno,
si
b e e, dos eces bueno», sino, más
bien, que,
si
encon aba
algún agmen o no excesi amen e inin eligible, al ez alguien se pod ía
anima a lee lo.
Al
opeza
con
la
ase: «
...
nos
queda emos
pa alizados
po
la
deslumb an e
obscenidad del pode ,
espe ando
que
no nos descub a y sin iéndonos a
la
ez supe i ien es,
ehenes y cómplices»,
no é
que
así
e a
exac amen e
cómo
me
sen ía, a pesa del
iempo
ans-
cu ido desde
que
lo
había esc i o, y pensé
que
aquel
e a
un buen
inal
pa a
el
agmen o a
publica . Fo ocopié
el
capí ulo
que
me pa eció
que
enía
un
inal
adecuado
al
iempo
ac ual, y se
lo
di
a un amigo.
Lo
empezó
a lee delan e
de
mí
y,
un
minu o más a de,
me
dijo:
«Homb e,
em-
piezas diciendo
que
"despe digadas
po
el
mundo, en muchas ciudades,
i ían
las
pe sonas a
las
que
Hend ik había conside ado
...
":
no se en iende nada, end ás
que
esc ibi una in oducción
...
»
¿Esc ibi ?
¿O a
ez?
¿Más?
Bueno, enga, ahí
a,
una in oducción con encional pa a es os casos, soco ida, del
géne o
«quien esc ibió
es o
ya no es
...
»
(po
cie o,
lo
de
habla
de
uno mismo en
e ce a
pe sona
es
167
inaguan able, he dejado
de
hace lo no sé cuando). Pe o eco dé
que
ese ecu so ambién
lo
había usado en
la
p opia esis,
ya
lo
ci a é más adelan e, después
de
-si
me
lo
pe mi en-
alguna e iexión o consejo pa a hipóc i as lec o es,
mis
semejan es,
mis
he manos meno es.
Las
esis doc o ales son lib os
que
ienen
al
menos dos peculia idades cu iosas:
o) Se esc iben «sin que e »,
po
obligación. ale
la
pena,
al
espec o,
lo
que
cuen a Fe nando
Sa a e
de
la
suya en
su
au obiog a ía.
b)
No
se esc iben pa a explica
algo,
sino pa a
demos a
que
se ha sido capaz
de
esc ibi los.
y,
pa a acaba
de
edondea
el
asun o, y
cohe en emen e
con
las
peculia idades ci adas, son
los únicos lib os
de
lec u a obliga o ia pa a alguien:
el
su ido di ec o
de
la
esis y
los
abnegados
miemb os del ibunal.2
El
lenguaje adminis a i o,
que
siemp e es muy e elado ; u iliza
la
ó mula:
«puede
p ocede -
se a
la
lec u a
de
la
esis».
No
dice «léase» (Daniel Pennac ha ad e ido con
oda
la
azón
que
el
e bo lee es uno
de
los
que
no se pueden usa en i-mpe a i o),
ni
siquie a « ecomiendo
que
se lea». Simplemen e:
«puede
p ocede se a
la
lec u a».
Los
miemb os
de
los
ibunales
de
esis son
como
los ca ado es
de
los
i anos.
De
los
i a-
nos ano éxicos, conc e amen e. Deben
p oba
que
no es á en enenada una comida
que
nadie
a a come . Si en pa a
demos a
que
se
puede
p ocede
a
la
lec u a
de
una esis
sin
me ma
ap eciable en
la
salud.
Lógicamen e no se
les
p egun a su opinión
sob e
lo
que han leído.
No
es án pa a eso, eso no
impo a. Sólo se
les
pide
que
ce i iquen
que
se
puede
lee .Y cuando se eúnen an es del ac o
público
de
la
«lec u a»
de
la
esis, se cuen an sus imp esiones: «chico, pues yo c eí
que
no
pasaba
de
la
página doscien os, se me
empezó
a nubla
la
is a
...
»;
«calla,
calla,
que
yo iba
po
la
página ca o ce y es aba
como
el
lec o
de
un
lib o
de
una no ela
de
Ma in Amis,
me
dio una
meningi is».
Todo
eso
es muy g acioso:
como
odas
las
ocasiones en
las
que,
al
llega a
lo
que
se había
c eído
que
se ía
la
edad adul a, uno descub e
que
simplemen e no exis e al cosa: Azna y
Bush
e a ándose en
la
o icina
de
su
papá poniendo
los
pies encima
de
la
mesa
...
, o
el
pob e
James
Fo es al, sec e a io
de
Es ado pa a
la
Ma ina
USA.
que se suicidó po que eía
po
la
en ana
cómo
enían
los
usos.
Todo eso es muy isible, muy cómico
y,
a
la
ez, comple amen e, is e y sinies amen e
ágico.
Como
-sal ando
odas
las
dis ancias
que
quie an
pone se-
las
esis doc o ales: pa a
odos
los
demás son
«o a»
esis
más,
y pa a
el
doc o ando
la
p ime a y
la
única, «su» esis,
la
de
«su» ida.
Eugenio T ías me
comen ó
en una ocasión una ase
de
Schopenhaue
que
no he podido
encon a
y
que
no sé
si
ecue do exac amen e,
pe o
que me pa eciÓ muy suge en e: «La ida
humana, conside ada
momen o
a momen o, es una comedia, pe o
omada
en
su
conjun o, es
una agedia». Nunca sé
si
e a
al
como
la
acabo
de
ci a
de
mala memo ia, o
así:
«La ida
humana, conside ada
momen o
a momen o, es una agedia,
pe o
omada
en
su
conjun o, es
una comedia».
Las
dos e siones me pa ecen e osímiles.
Ahí sí que, además
de
ace a ; me
di
cuen a
de
que
ace aba, y me aleg o
de
habe lo sabido.
Esc ibí
que
la
mía e a, «más que una esis "sob e"
los
géne os d amá icos y li e a ios, una esis
"de
géne o":"Dícese
de
las
ob as
que
ep esen an escenas
de
cos umb es o
de
la
ida común".
168
C eo, a pesa
de
odo,
habe
man enido una cie a lucidez ace ca del des ino úl imo
de
es e
abajo.» E ec i amen e, aquella esis cumplió
su
obje i o p incipal.
Aunque ue
un
e o
-debo
econoce lo-
el
í ulo
que
le
puse.Y sólo
lo
no é
cuando
ya
e a
i emediable.
Lo
más azonable
que
he llegado a con es a cuando
me
han hecho
la
única
p egun a
que
suele hace se a los
doc o es
-«¿y
de
qué
iba
u
esis?>>- ha sido:
«e a
una esis
sob e
la
di icul ad
de
esc ibi una esis»
...
; una espues a a
odas
luces insu icien e
que
a as a
no malmen e a
o a
p egun a que ab e
el
suelo bajo
mis
pies:
«¿y
cómo
se i ulaba?» (mu mullo
inaudible): «
...
Ia
escena
agicómica
...
» Silencio.
Mien as iba esc ibiendo es o,
c eo
habe
descubie o
po
qué
se
sigLe
odo
ese
ex año
i ual con
las
esis. Muchas eces había pensado
que
a
lo
mejo debe ía
se
obliga o io esc ibi
no una, sino
dos
esis, y
que
debe ía alo a se solamen e
la
segunda. Po que esa segunda se ía
sin
ninguna
duda
mucho más azonable y legible
que
la
p ime a. Po que,
la
e dad, lee se
la
p ime a es
como
come se
la
piel
de
un
plá ano. Pe o
la
na u aleza es más sabia oda ía: simple-
men e
deja
que
las
«p ime as» esis desapa ezcan en
los
a chi os
de
las
biblio ecas.Y
po
eso
mismo p ocu an los biblio eca ios
pone
an as objeciones a que se consul en
las
esis: pa a p o-
ege
a
la
humanidad
de
su
lec u a.
Pe o
si
us edes se empeñan,
po
mí
...
Yo
ya
les
he ad e ido. Ahí an
dos
agmen os
de
mi
esis. Espe o
que
el
p ime o pe mi a
en ende
algo del segundo. Muchas g acias
po
su
pacien-
cia.Y,
si
les
in e esan,
engo
más cosas así en casa
...
1.
La
memo ia nos pe mi e conse a
el
pasado,
pe o
nunca
como
una o alidad ce ada y
comple a, sino sólo agmen a iamen e.
Lo
que
podamos
eco da se án siemp e e azos,
ilumi-
naciones suel as que,
po
mo i os
que
desconocemos, no se han
bo ado
como
la
mayo ía
de
los
sucesos y pensamien os
que
pudié amos, quizás, habe gua dado.
Eso
quie e deci
que
cual-
quie in en o
po
comple a
la
memo ia,
po
hace encaja sus pedazos,
supone
una cons uc-
ción nue a,
que
no es ealizada nunca
po
la
misma pe sona
que
en su día ¡-ecogió y
apa ó
del
ol ido aquellas ideas.
Es
inú il
-y
lo
sé po que
lo
he
in en ado-
p e ende
con inua aquella
e lexión.
Más
ale deja
lo
que
se ecue da en su ine i able agmen a iedad y
no,
como
decía
Elías
Cane i, << o u a ; eja o ex o siona
el
ecue do,
ni
ampoco
expone lo
a
la
acción
de
alicien es bien calculados»]. Si an es as conside aciones
como
jus i icación
de
algunos pasos y
sal os
que
aho a ya no
podemos
llega a en ende ; y que,
sin
emba go, conse amos en
su
si-
uación o iginal.
No
enemos
más emedio
que
con inua andando
al
aque, has a
que
-si
hay
sue e-
encon emos
algún pecio
que
pueda esul a alioso, conocido. Y
quede
cons ancia
de
nues o
ag adecimien o a
Ra ael
Sánchez Fe losio
po
habe
dado
nomb e
a los obje os
que
amos a
e ol e ; a los es igios
que
a a emo e es a in es igación:
pecios.
Sucede pu a y sencillamen e
que
me
sien o
como
el
desquiciado
au o
de
un
lib o
que
c eo
habe leído y
que
se i ula
F ag-
men os
de
Apocalipsis:
169
Lle o bas an es días
de
bandazo en bandazo.
explo ando
mi
mundo
y
Sin
encon a
nada i me en
que a en"a
el
ancla. Vacío. lo que
se
dice acío.
no
lo es oy.
Sino
poblado
de
es os de
o os
iajes.
us ados en buena pa e, e dade os nau agios.
Pasan
igu as
como
an asmas. y
se
me
escu en
SI
qUie o
aSi ias.
así
son de Inconscien es. NI
nomb e
les
puedo
da .
Son.
Sin
emba go.
mi
ma ena.la única.
O
con
ella o con nada.
Las
iejas de mi ie a, en o os
i
empos. ob aban. con e azos. man as mul icolo es que llaman
(a ope/ os.
como
ejidas
de
ha apos que e an.
Eso,
ha apos.
es
lo mío. ha apos que ue on elas sun uosas y b i"
Il
a
n
es.
asgadas
aho a y has a pod idas
an
es
de
alcanza o ma.
Cue
l
gan
o
se
amon onan,
SI
es án
Ine es; y
si
las
mue e un
ien o
y
las
alumbl
"a
una
luz.
ellas solas
se
o ganizan en g upos capl"ichosos.
ue a
de
cualquie lógi
ca
y cualqulel" azón.
Aho a
mismo
las
eo. algunas
de
ellas.
cal
"
as
y cue pos al"
ldados.
como
un capi el omániCO. unas nances aquí.
allá
una pie na.
en e
un
o so
e udo
y un bl"azo
a mado: unos
OJos
es úpidos y g andes.
la
espalda y
las
cade as
de
una mUje desnuda. una
mano
gl"
gan e con una
bomba
encendida.
la
o e
de una
Iglesia.
Esa
bomba. y
la
o e
...
Empiezo a eco da .'
Aquí
hay
o o
es o, o o papel.Vamos a p oba o a
ez.
Edip ei, de Só ocles.
P oducció
de
Max
R
einha d
al
R
oyal
Thea e
Co en
Ga den
de
Lond es,
el
191
l.
170
CAPíTOL
15
DE
LA
ESCENA
TRAGICÓMICA.
BARCELO~.JA.
Upc.
P.
10
1-1
19
2.
Max
Reinha d ,
del
« ealismo
imp esionis a»
al
«g an
ea o
del
mundo»
Despe digadas
po
el
mundo, en muchas ciudades, i ían
las
pe sonas a
las
que
Hend ik
había
conside ado
amigas.
A algunas
les
iba bien. Al Maes o,
po
ejemplo, que
no
enía
mo i o
alguno de
queja. Una ama mundial
como
la
suya
no
se
apagaba, podía es a segu o de pasa
el
es o de
sus
días
en palacios con muebles ba ocos y gobelinos o en los apa amen os p incipescos
de
los mejo es
ho eles in e nacionales. ¿Que
no
le dejaban di igi
en
Be lín
po
se judío? Bueno,
es
deci ;
peo
pa a
los be lineses.
El
Maes o mo ía majes uosamen e
la
lengua
en
la
boca, p o es aba disgus ado un pa
de
días
y inalmen e
se
decía que
si
los be lineses que ían hace solos
su
ea o, ep esen a «ese
Hó gen»
sus
comedias an e
su
Füh e ;
él,
el
Maes o, enía que esceni ica es a
empo ada
una g an
ope e a en
Pa ís,
dos comedias de Shakespea e
en
Roma y una especie de au o sac amen al en Lon-
d es. Además, enía que hace una gi a
po
Holanda y Escandina ia con
In iga
y
amo
de
Schille y
El
mu ciélago
de
S auss, y
en
p ima e a enía que es a en
Hollywood
pa a cumpli un g an
con a o
cinema og á ico.s
(Sob e
la
publicación de
Me s o:
En
1966,
y a pesa de
un
p ólogo añadido
po
la
edi o ial
que a i maba que los pe sonajes de
la
no ela e an imagina ios, una demanda de
un
al Pe e
Go ski (hijo adop i o del allecido
ac o
Gus a G ündgens y he ede o
suyo,
que log ó con en-
ce a
un
ibunal alemán
-y
más
a de
al
T ibunal Cons i ucional de
la
RFA--
de que
el
p o a-
gonis a de
la
no ela de Mann, llamado Hend ik Hó gen, no sólo no e a
un
pe sonaje de icción,
sino que además e a, p ecisamen e,
su
pad e adop i o, y que p esen a lo
como
colabo ado de
los
nazis
e a mancha
su
hon a y
su
ecue do) lle ó a
la
p ohibición de
la
p ime a edición
alemana « ede al» (de
1965,
edi ada
en
la
DDR
en
1956)
de
esa
no ela de
Klaus
Mann. Has a
1980
no
se
edi ó legalmen e
la
no ela
en
la
RFA,
de o ma que
la
publicación de
Me s o
ha
p oducido
el
más
epulsi o escándalo edi o ial de
la
his o ia de
la
RFA.
Un escándalo que lle ó
al
suicidio a
Klaus
Mann, que esc ibía,
en
1949,
nue e
días
an es de mo i , a
un
di ec o
de Be lín
«Occiden al» que había ehusado publica
su
no ela:
«No
sé
lo que me decepciona
más:
si
la
bajeza de
sus
con icciones o
la
ingenuidad con que us ed
las
con iesa. G ündgens iene éxi o:
¿Po
qué iba us ed a edi a
un
lib o que pa ece di igido con a
él?
¡No
hay
que a iesga se!
¡Siemp e con
el
pode ! ¡Hay que nada a a o de
la
co ien e!
Ya
se
sabe
dónde puede conduci
lo con a io: a uno de aquellos campos de concen ación, de
los
cuales
después
se
p e ende no
habe sabido nada
...
» (ci ado
po
Be hold Spangenbe g
en
el
p ólogo a
Klaus
MANN,
op.
ci .,
16).
El
suicidio lib ó a Mann de
la
pe spec i a de con inua siendo pe seguido
po
habe publicado
un
lib o con a
el
nazismo,
..
, has a
1980.
El
pe sonaje del «maes o» de
la
no ela, del que
Klaus
Mann habla con dis an e esen imien o, pa ece mismamen e Max Reinha d .)
Cuando
el
jo en Max Reinha d
en ó
a abaja como
ac o
en
el
p ime
Be line Deu sche
Thea e , que di igía
O o
B ahm,
se
encon ó con «dos en es cul u ales
ue iemen e
en en a-
dos».6
Po
un
lado,
el
ea o
condicionado
po
la
pues a
en
escena del his o icismo del siglo XIX,
pa a
el
que se ía de modelo
el
abajo del duque Geo g on Meiningen. «La idelidad his ó ica
has a
el
úl imo de alle del cuad o escénico, de
los
igu ines, de los acceso ios, pe o ambién de
la
conducción del
ac o
e an ahí
los
p ecep os
más
impo an es. Lo que pa a
la
pin u a de aquel
171
iempo
signi icaban Maka , Kaulbach o Pilo y, eso ealizaban los Meininge , y siguiéndoles a
ellos,
la
mayo ía de los
Ho hea e
de Eu opa, con
su
ep esen ación con imágenes ealis as".
un
libe alismo eñido de indi idualismo". [que] de i aba
el
his o icismo
hacia
un
pa io ismo pa-
é ico".»
«El
segundo en e con
el
que
se
encon ó
el
jo en Reinha d e a
el
de
un
na u alismo
adical".
[como
el
que p ac icaba]
el
p ime
S anisla ski.
En
el
ea o na u alis a, como
el
de
An oine
en
la
pa isiense "Théa e lib e", como en
el
de
O o
B ahm
en
la
"Be line F eie Bühne"
y
en
el
"Be line Deu sche Thea e ",
se
e lejaban no sólo
los
mo imien os sociales que eme -
gían
con ue za
en
aquel momen o,
los
lados
en
sob a de
la
op imen e indus ialización, ligada
con
el
enómeno oda ía no con olado de
la
G oszs ad y
sus
p oblemas del p ole a iado, sino
que ambién e a
un
e lejo del acen uado y ma e ialis a posi i ismo de
la
época, y
su
psicologis-
mo. Lle a
el
ambien e
(milieu)
y
la
he encia con idelidad na u alis a,
casi
o og á icamen e
na u alis a,
al
escena io,
sin
deja e "en
un
ozo
de ida
como
a a és de una en ana", eso
le
pa ecía
al
ea o na u alis a
la
me a
más
al a.>?
Reinha d eaccionó an e
esa
si uación dejando de lado an o
al
his o icismo como
al
mo i-
mien o de eacción en e
al
ea o adicional que suponía
el
na u alismo adical, «que
se
encon aba
en
un
callejón
sin
salida».8
Jun o a
o o
ac o del g upo de B ahm, Jose
Kainz,
«el
p ime
pione o de ea o imp esionis a», que «ponía
en
escena epen inamen e
al
homb e
"mode no",
ne ioso y
sensible;
cómo
en a izaba
el
habla y
la
lle aba a lo a ,
la
ans o maba
en
música,
cómo
ompía
el
cliché de
los
papeles his ó icos y dejaba asluci lo pu amen e humano
de
la
lgu a".»,9 Reinha d emp endió
el
p ime
gi o cope nicano de
su
ob a:
el
paso «de lo
es á ico na u alis a a
la
imp esión dinámica».'o
A
pa i
de
esos
inicios en e
los
años I
894
Y
1900,
la
ob a de Reinha d puede conside-
a se o ganizada
po
la
e olución a lo la go de es concepciones escénicas di e enciadas:
I .
La
escenog a ía
imp esionis a
En
1905
Reinha d puso
en
escena
el
Sueño
de
una
noche
de
e ano
empleando
un
ecu so
mecánico de in ención japonesa y que
Ka l
Lau enschlage
había
empleado
po
p ime a ez
en
1896:
el
escena io gi a o io."
Ese
mecanismo
le
pe mi ió acele a
al
máximo
los
cambios de
escena,
incluso pudiendo log a una especie de « undido» de
las
escenas
sucesi as:
«Lo luc uan-
e
de
la
ida,
el
"e e no
lui " de lo que
se
ans o ma de ins an e
en
ins an e,
la
ansmu ación
cons an e podía
así
mos a se óp icamen e, y pe mi ía posibilidades de juego dinámico imp e-
sionis a que
la
igidez de
la
caja
óp ica
había
hecho imposibles has a
en onces.»12
Pe o Reinha d no
se
quedó anclado
en
ese
su
p ime
éxi o de esonancia mundial. «Po que
si
Reinha d enía una i ud especial,
ésa
e a
sin
duda
su
eclec icismo.»'3 Reinha d que ía deja
«lo me amen e ilus a i o hacia una
-como
él
la
lIamaba-
"signi icación esencial" del espacio».
Reinha d que ía hace del cuad o escénico un espacio i al que no pod ía p oduci
un
e ec o
es á ico, sino dinámico, y que no «es» sino que «sucede».'4
172
------------------------
2.
La
escenog a ía
de
masas
Reinha d esceni icó
Edipo
ey
po
p ime a ez
en
1910
en
el
an i ea o de
la
Neue Münch-
ne Musikhalle, con una capacidad pa a es mil pe sonas.
Él
mismo explicó algunos de los
c i e ios cen ales de aquella pues a: «Lo esencial de
la
coincidencia en e
el
ea o
an iguo y
el
mode no
lo eía yo
en
la
posibilidad de in en a alcanza de nue o
las
dimensiones con
las
que
los
g andiosos e ec os del ea o de
la
an igüedad
se
elacionaban
...
: da
al
ac o
o a
ez
la
an-
siada
posibilidad de es a
en
medio del público, libe ado de
las
ilusiones del deco ado. Así
se
p oduce
un
con ac o en e
el
público y
el
ac o
que libe a e ec os anónimos, inimaginables.
El
espec ado es á mucho
más
ligado que nunca
al
acon ece de
la
ob a.»ls
Hay
aquí,
aunque
el
a gumen o pueda pa ece
el
mismo, un cambio
impo an e
espec o del
<aea o ín imo»:
si
bien Reinha d ambién quie e p opicia una elación muy es echa en e
ac o es y público, y ambién quie e
ompe
el
« ealismo» del deco ado, quie e p oduci
esa
eunión no educ i amen e, sino
po
exceso.
No
piensa
en
un espec ado aislado y abso o
en
la
ob a, some ido
al
au o
d amá ico, sino
en
un
ea o de
masas,
en
el
que
la
masa
sea
el
lími e
compa ido
po
ac o es y espec ado es,
en
el
que odos ellos
se
disol e ían. Esc ibe, sob e
el
e ec o de una ep esen ación
así
concebida de
Edipo
ey,
el
escenóg a o Al ed Rolle : «
...
iaquella
masa
de espec ado es!
...
Golpes de gong.
Aho a
un
lejano b ama de oces humanas que
se
ace can. Cada ez
más
ce ca, g i os de miedo,
cada
ez
más
cla os y aho a en an co iendo
po
la
pue a en en ada
al
emplo
cien os de pe sonas,
como
lle adas
po
las
u ias, an e
ellas
an o chas y
se
lanzan con a
las
escale as del emplo.
O os
cien as ellos,
o o
empujón
más
...
Has a en onces, sólo
se
ha
p onunciado
la
palab a
Edipo,
pe o
el
pode
del mo imien o de
masas
es
an g ande que
el
co azón me golpea
en
la
ga gan a y es oy ce ca de
las
lág imas
...
»16
y
el
p opio Reinha d : «Masa
en
mo imien o
en
el
espacio. Resol ía i acionales e ec os monu-
men ales
...
, pe o c ecía
al
mismo
iempo
ambién
la
exposición de los ac o es indi iduales, en e
los que Moissi
yWegene
se
al e naban como Edipo.
El
espacio gigan esco quedaba es uc u a-
do
po
las
masas;
yen
algunos momen os pa ecía como
si
los milla es de espec ado es es u ie-
an incluidos
en
la
acción.»I?
El
e ec o del cla oscu o
-yen
gene al,
la
iluminación-
juega
en
esa
escenog a ía
un
papel
cen al: «de mane a que Dan on es aba
en
el
ex emo
del podio ue emen e iluminado, mien-
as que
la
masa
gigan esca a
su
al ededo
se
pe día
en
la
semioscu idad y
ciaba
con ello
la
im-
p esión de lo in ini o».18Tea o de lo sublime,
pues.
19
En
el
esc i o de
A nold
Zweig i ulado «Thea e , Menge, Mensch»
(<<Tea o,
can idad, se
humano»)20 pueden encon a se los pensamien os ec o es de
oda
esa
pues a
en
escena,
que
es,
si
cabe habla
así,
adio ónica:
«El
que mi a es á solo con lo que
e.
En e
él
y
el
obje o
se
iende una elación ce ada y
celosa.
Aunque miles di ijan
sus
ojos
en
un espacio a una co ina
ex endida donde es én y ges iculen Casand a y Mal olio: no
es
la
masa
la
que e a Casand a o
a Mal olio: miles, miles de soli a ios.
El
ojo
aísla
al
homb e y excluye
la
pa icipación del p ójimo
a aquello que
se
o ece a
la
mi ada,
has a
que
no
se
ecu e a
la
comunicación e bal
...
el
ea o
de los colo es y
las
luces,
de
los
ges os y
las
ac i udes no c ea una
masa,
ni
la
ole a
...
El
que oye
iene compañe os.
En
el
oí
no
hay
sólo
la
ansmisión de lo que
se
oye;
la
ampli ud del sonido,
la
empo alidad de
su
ápida di usión,
la
ácil
supe ación de
las
di isiones espaciales p epa an
el
173
con ac o
en e
los homb es.
Sí,
el
oído
es
un ó gano c eado de mul i udes. Quien oye puede
se consolado.
Quien
habla, habla a
odos
los p esen es
al
mismo iempo, nadie puede aisla a
uno
o muchos de
la
comunidad de los oyen es
...
Pe o en
esa
comunidad sólo i e
el
echazo y
la
esis encia.
El
oyen e sabe que
no
es á solo
...
,
pe o
quie e pa ece lo
...
El
ecino, de cuya exis-
encia
es
conscien e,
le
moles a
...
Tole a sólo agamen e y enuemen e
la
comunidad con los
o os
...
Sí,
oído,
ú
que
das
al
homb e
compañe os,
no
po
eso
le
en iqueces
...
le
uel es li igado ,
i i ado y cau i o.
No
quie e
el
compañe o que
le
o eces.
Su
alma
se
ab e soli a ia a
la
ida
...
El
que e es á solo,
el
que oye quie e es a lo.
Del
espec ado
no
se
llega a
la
masa.Y.
mien as
no
se
haya descubie o un
ac o
de cohesión, a
la
e lexión
se
le
o ece sólo es a escapa o ia: que
en
el
ea o
la
masa
es
una ilusión; que
no
exis e un público.
Pa a
el
alma, de hecho, mil eces
uno
es
siemp e igual a mil eces uno, y
no
a mil.
..
El
ambien e mismo,
el
as o espacio del ea o,
necesi a a
la
masa
...
Pe o
el
ea o
no
sabe c ea de los singula es
la
masa
...
¿Cómo nace de los
indi iduos
la
mul i ud?
..
El
e ec o inmedia o del g an ambien e lo sien e sólo uno:
el
in é p e e.
F en e a
él
es án sen ados, en
la
oscu idad,
no
los singula es, sino
la
masa,
el
público
...
»21
Y
la
con-
clusión, en
el
mismo
ex o,
p e isible y escalo ian e: «En es e
pun o
podemos deci lo que ex-
p esa
la
aclamación de los aplausos:
no
un o o,
no
un «es o nos complace,
po
eso iene alo »,
sino: «es o nos ha ele ado,
po
an o, somos dignos, es o
es
-po
es e
momen o
de edención
y,
si
ué amos mejo es, pa a
siemp e-
nues o espí i u, nues o
se .
El
espí i u de
la
poesía
es
dic a o ial, y ellos sien en
esa
supe io idad,
la
econocen,
se
sien en en
su
in imidad
sus
secua-
ces».22
Cuando, en
1938,
F i z
Fuss
ans o mó
el
G osses Schauspielhaus de Be lín, que Poelzig
había p oyec ado pa a Reinha d en
1919,23
con i iéndolo en
el
Thea e des Volkes,
no
ob ó
con a
Poelzig o con a Reinha d . Simplemen e,
les
comple ó
la
«bá ba a monumen alidad» del
ea o
de
masas
que ellos habían soñado.
24
(Sob e
el
espacio de
las
masas:
La
obsesión
nazi
po
el
«espacio i al»
es
un ca ac e ís ico
asgo pa anoico.
Delimi a
o undamen e
el
espacio, ap opia se de
él.
Sob e
la
a qui ec u a que
esa
ac i ud gene a, c GÜTTLER,
op.
ci .,
95.
Gü le
comen a
el
oye
del Schille hea e e o ma-
do
en
1937-38
po
Paul
Baumga en
en
los siguien es é minos: «En
ese
oye
el
indi iduo debe
sen i se pequeño e insigni ican e, sólo
le
queda
la
huída en
la
masa.
Pe o
la
masa
es
o a
que
en
Li mann,
el
a ibu o
democ á ico
se
le
ha qui ado,
como
al
p opio
ea o.Ya
no
es
ampoco
la
masa que pensaban Poelzig y Reinha d .
es
la
masa amed en ada, di igida y secues ada.»
Gü le
se
equi oca:
«Nunca
Reich ue
mejo
pensado que cuando ehúsa in oca un desconocimien o
o una ilusión de
las
masas
pa a explica
el
ascismo, y cuando pide una explicación a
pa i
del
deseo, en
é minos
de deseo: no,
las
masas
no
ue on engañadas, ellas desea on
el
ascismo en
de e minado momen o,
en
de e minadas ci cuns ancias, y es o
es
lo que p ecisa explicación
...
»
(DELEUZE-GUATTARI25).
Pa a
la
imagine ía
de
ese
«espacio de masas»
-y
no
sólo pa a eso:
ambién
po
su
búsqueda de
esa
explicación necesa ia y sis emá icamen e escamo eada
po
los
«Wunde kinde »
ace ca de
la
acep ación colec i a del nazismo que denunció
el
suicidio de
Klaus
Mann y que ambién denuncian, con
la
since idad de
sus
ecue dos de in ancia, Ch is a
Wol
y Thomas Be nha d
- e
Be na do BERTOLUCCI,
/1
con o mis a,
y Hans Jü gen SYDER-
BERG.
Hi le ;
ein
Film
an
Deu schland.)
174
3.
El
«g an
ea o
del
mundo»
A
pa i
de
1920,
Reinha d comenzó a abaja
en
la
pues a
en
escena de o ma que és a
desbo dase
el
ecin o del ea o, ex endiéndose a
oda
la
ciudad.
En
los p ime os años ein e
se
dio,
además,
el
pun o culminan e de
la
colabo ación en e
Max
Reinha 'd y Hugo on
Ho -
manns hal.
26
En
aquel iempo, «Reinha d , que una ez quiso
p oba
que
él
ambién podía hace exp e-
sionismo
...
lo con i mó con unden emen e cuando
él,
el
iejo maes o del imp esionismo, ans-
o mó
sencillamen e
el
exp esionismo
en
imp esionismo».27
Más
aún
que un eg eso a
sus
p opios inicios, lo que
el
ea o de Max Reinha d emp endió con
la
pues a
en
escena de je-
de mann,
de Ho manns hal, ue una uel a a
los
inicios del ea o, quiso un « enacimien o del
ea o
a
pa i
de
la
mímica» pe o,
más
aún,
un
« ea o ea al»,28 que u ilizase
como
su
ma e ia
p ima
ya
no
la
ealidad,
como
hab ía p e endido
el
na u alismo, sino
el
p opio ea o, que iba a
insis i
en
econoce se
en
cie a medida au ónomo: «el
mundo
del ea o
oma
luz y ida del
mundo
eal,
pe o iene
su
p opio eje, al ededo del
cual
gi a».2
9
Eso
e a lo que había imp esio-
nado de Reinha d a
Jacques
Copeau, que esc ibía:
<<Su
isión
es
mundialmen e álida.
Su
nom-
b e despie a
en
noso os,
más
que ningún o o,
la
idea de un ea o e dade amen e sobe a-
no
...
»30
Lo que Reinha d pe seguía: «Bajo
el
signo de Moza ...
[y
en]
el
aleg e y pu o genio de
Salz-
bu go debían eje se
la
ópe a y
el
d ama,
la
comedia y
el
d ama can ado,
la
pieza popula y
los
an iguos mis e ios y ep esen aciones de Na idad,
en
una ciudad
selec i a.
y desplega aquella
belleza pu a y espi i ual, a
la
que
el
ea o puede,
en
ci cuns ancias elices,
ele a se».31
T a aba de
con inua lo que conside aba
<< al
ez
la
más
genial de
las
ob as de Richa d Nagne », los «Fes s-
piele» de
Bay eu h,32
dándoles «nue os con enidos».
Si
en
la
ep esen ación de
jede mann,
en
1920,
an e
la
ca ed al de Salzbu go, «los p egone-
os desde
los
campana ios de
las
iglesias
con i ie on a
la
en e a ciudad
en
un ea o i ual, y a
sus
isi an es
en
sus
comulgan es
...
, una usión de odas
las
a es de
la
mejo
adición simbolis-
a
...
, in en o
po
e i i
un
d ama i ual pa a iempos mode nos
...
,
un
e o no
al
«pu o
ea o
en
el
sen ido
más
a que ípico» (H.
l.
Plilikian), Ho manns hal
eía
la
ob a
como
algo
más
que una
alego ía de
la
ida:
más
bien una mezcla de ealidad y
sueño»,33
ue con
las
ep esen aciones de
la
ob a
de Ho manns hal inspi ada
en
Calde ón y i ulada
Solzbu ge
G osse
Wel hea e
como
ese
p oceso de e- ea alización ex ema del ea o alcanzó
su
máximo esplendo .
En
aquellas
ep esen aciones de
1922
en
la
Kollegienki che de Salzbu go, en lo que
ya
había sido ins i ucio-
nalizado
como
Salzbu ge Fes spiele,
se
p odujo lo que
en
opinión de Ho manns hal ue
el
momen o
«más ue e» de
odo
el
ea o de Reinha d : cuando
la
mue e
descendía de una
columna pa a
i
llamando, uno a uno, a odos los pe sonajes de
su
«g an ea o del
mundm)34.
Aquellas ep esen aciones ue on un «in en o
po
da
un
nue o con enido
--en
el
que pudie a
exp esa se
el
Zei geis -
a aquella ma e ia adicional:
el
ea o
del mundo, sob e
el
que los
homb es ac úan an e Dios
el
juego de
su
ida».35
Y «
...
ese
"nue o con enido"
se
concen a en
la
igu a del mendigo, que ep esen a
la
ue za del p ole a iado, que amenaza
al
mundo del
ey,
del
ico, de
la
belleza, del campesino y de
la
sabidu ía.
La
con e sión del mendigo
en
pun o cen al
del d ama
-que
él,
con
la
ue za de
la
sabidu ía, deje cae
el
hac~a
ya
le an ada-
indica
la
175
50.
BAUDRILLARD.
Op.
ci .,
p.
95.
51.
HABERMAS,
Jü gen.
«His o ia y
c í ica
de
la
opinión
pública.
La
ans o mación
es uc u al
de
la
ida
pública».
Ba celona:
Gus a o
Gili,
1981.
P
190
182