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Poemas paganos

Abstract

Contiene: La ceguedad de las turbas ; El poema de las lágrimas ; El crimen de Héctor

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Poemas paganos

Author: Reina, Manuel, 1856-1905
Publisher: Madrid : Tipografía de los Hijos de M.G. Hernández
Year: 1896
Source: https://digibug.ugr.es/bitstream/10481/75302/1/C002056-1.pdf
MANUEL REINA
POEMAS PAGANOS
LA CEGUEDAD DE LA S TU RBAS
EL POEMA DE LA S LÁGRIM AS
----
EL CRIMEN
DE HÉCTOR
MADRID
TIPOGRAFÍA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ
Libe ad, 16 duplicado.
1896
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POEMAS PAGANOS
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POEMAS PAGANOS

MANUEL REINA
POEMAS PAGANOS
LA CEGUEDAD DE LAS TURBAS
EL POEMA DE LAS LÁGRIMAS
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EL CRIMEN
DE HÉCTOR
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MADRID
TIPOGRAFÍA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ
Libe ad, 16 duplicado.
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POEMA
INSPIRADO EN UN C U E N T O , EN PR O S A ,
DE VILI.IERS DE L’lSLE-ADAM
CS?
(¡¿/{¿ello.
humedecido en sang e el é eo callo,
hollaba iun ado la sac a ie a,
cuna de dioses y hé oes de la gue a.
La o pe aza espu ia
del maldecido I án de oca ía
con implacable u ia
el emplo le an ado á las deidades,
y de ue es cadenas cub i ía
á los nobles soldados de Milciades;
y á las g iegas cas ísimas beldades
iba á unci , pa a a en a y il desdo o,
á sus ca ozas de ma il y o o.
IV
En la ele ada o e y las almenas
espe aban los g iegos, la az mus ia
y las mi adas llenas
de u o y de angus ia,
e luci , á los ayos de la a de,

en la cima eminen e
de la mon aña el casco e ulgen e
del enemigo encedo coba de.
P on o iban á su gi en la al a cumb e
del ejé ci o pe sa las espadas;
las lechas de los caspios; las do adas
cime as de la asi ia muchedumb e;
los á abes, con blancos alquiceles;
los e iopes, de acciones du as,
ceñido el cue po con hi su as pieles;
las índicas ne adas es idu as;
los esci as con ojos de chacales;
los in an es soldados
de Susa y de Pe sépolis, a mados
de b oqueles de mimb es y puñales.
La ciudad se ap es aba diligen e
á egis a con hechos inmo ales
el asal o inminen e.
Sob e Espa a c uzó, como enlu ada
nube, de cue os úneb e bandada
que ue á posa se en el amaje escue o
de la sel a sag ada
que se ex iende á la alda del Taije o.
¡P esagio ho ible! En onca g i e ía
p o umpió la ciudad, que maldecía
de los pája os neg os de la mue e;
con mano eje ci ada y b azo ue e
lanzó á los cue os llu ia de sae as
y pied as olado as;
pe o en las amas p osiguie on quie as
las a ídicas a es g aznado as.
Palidez espec al cub ió el se e o
os o de las ancianas:
ya e a in alible el eme oso agüe o.
También palidecie on y embla on,
el co azón henchido de congojas,
las í genes he mosas espa anas,
cuando les en ega on
is es sus pad es las agudas hojas
que o namen o b illan e
ue an del emplo de Hé cules iun an e.
— ¿Pa a qué se nos dan es as espadas?—
p egun a on las bellas, desoladas.
— ¿Pa a qué es os ace os?— epe ían
con la oz las ime a.
Nadie les con es ó. Ya lo sab ían
cuando, al llega el pa o oso ins an e,
el e ible manda o se les die a
de hundi los en su seno palpi an e.
V
De p on o la espa ana muchedumb e
lanzó un g i o es iden e.
Acababa de e sob e la cumb e
de la mon aña ingen e
á un homb e que co ía
como ecio hu acán; po la pendien e
elocísimo luego descendía,
cual si gana la pue a p e endie a
de la ciudad. ¡Un ugi i o e a!
Roja la az como encendida llama,
y en la mano una ama
pa a sos én, sin duda, en la ca e a,
olaba po la aspé ima e ien e,
lle ando ocul a la inclinada en e
con su e uel a obscu a cabelle a.
Más sinies a, más pálida y somb ía
an e la auda apa ición, la b a a
mul i ud se ol ía.
E a g an coba día
co e de modo al. ¿Abandonaba
aquel homb e el comba e?,; Busca ía
en Espa a e ugio?
Á la islumb e
del sol, dando de lleno en su igu a,
esplandeció su helena es idu a.
Espan osa ugió la muchedumb e
y con oces de lúgub es acen os
asgó el ai e li iano,
g i ando con u o : - ¡Un espa ano!
¡Uno de los escien os!
El mise able del comba e huía.
¿Hab á imi ado la alange o a
de los g iegos la neg a elonía?
¿No e a una imagen iel de la de o a
la isión de aquel homb e en ilecido?
¿A qué ocul a más iempo la emenda
in aman e e dad? De la con ienda
¡ odos habían huido!
In e umpió la onca g i e ía
un ay ib an e, a e ado , lanzado
po is e co azón que se ompía,
po una anciana de semblan e ai ado
que, cla ando la is a en el soldado,
— ¡Mi hijo!— clamaba con ho o .
Sang ien os
insul os, ana emas engado es,
g i os de abia, c ueles ju amen os,
cual o men a p eñada de u o es,
ona on en los ien os.
— ¡Tu is a nos deshon a, alma de lodo!
— ¡A ás! ¡No es és e el campo de ba alla!
— ¿Cómo la ie a en cóle a no es alla

bajo u plan a il?— ¡El pueblo odo
ulmina con a i sus maldiciones!
— Si el alo consis ie a
en consuma neg ísimas aiciones,
hé oes, cual ú, no hubie a.
— ¡Ha desga ado el co azón al i o
de la pa ia u in ame coba día!—
Callado y anhelan e el ugi i o
hacia la pue a sin cesa co ía.
— ¡A ás! ¡A ás, baldón de los gue e os!—
los espa anos exclamaban ñe os.
—No en es en la ciudad de la b a u a,
que no que emos con u sang e impu a
mancha nues os ace os.
— ¿Á cuán o comp a Je jes las espadas?
— ¿Vas á gana con u eloz ca e a
el p emio en las aleg es Olimpiadas?
— ¡Álcese con a i la somb a aus e a
de Pólux i acundo!—
Habló el soldado;
mas de la mul i ud el oce ío
cada ez más ené gico y b a io
apagó sus palab as.
— ¡No has besado
la ie a! ¡La has mo dido!— ¡A ás, in ame!
¡En u pecho una íbo a de ame
su eneno a al!— ¡Vuel e á la gue a!
¡Á mo i comba iendo! ¿No e a e a
nues o u o ?— ¡Sob e u en e zumba
el ana ema de u pad e b a o
que se agi a colé ico en su umba!
— ¡Anda á se i al enemigo, escla o!—•
Es a odiosa palab a, como un ueno,
e umbó en los oídos. Las doncellas
baja on, ubo osas, las mi adas,
es echando á la ez con a su seno
las co an es espadas.
De los dolien es ojos de las bellas
ab asado as lág imas oda on,
que el me al de las a mas ecama on,
de pe las y diaman es.
¡Escla as!... Las doncellas comp endie on
pa a qué se les die on
las ace adas hojas pene an es.
Veladas las pupilas po el llo o,
la a ogan e igu a sin más galas
que el ico man o de sus bucles de 010
y una es e más ni ea que las alas
de los cándidos cisnes, una he mosa
hacia el mu o a anzó majes uosa
cual la imagen de Palas.
El pueblo, con semblan e compasi o,
la con empló. La p ome ida esposa
e a del ugi i o.
Pálida y al ane a
mi ó á su aman e, y con ai ada mano
una pied a a ojóle an ce e a
que dió en el co azón al espa ano.
Desde el pie á la cime a es emecido
el is e se de u o, alzó la en e,
quiso habla , mas su acen o ué ex inguido
po las aclamaciones que á la gen e
la ale osa i gen a anca a
con su mues a p ecla a
de ánimo en e o y pa io ismo a dien e.
Mus io el semblan e, la mi ada incie a
y en la ama apoyado,
encaminóse hacia la en ada abie a
de la ciudad el míse o soldado.
Pe o á un signo del pueblo en u ecido
gi ó sob e sus goznes la ancha pue a,
ce ándose con lúgub e es ampido.
Y, an e aquella somb ía
hoja de b once helada
que pa a siemp e— ¡oh dioses!— de la amada
ie a le p osc ibía,
el ugi i o g iego esca necido,
desplomándose ine e
sob e el suelo na al, lanzó un gemido
y du mióse en los b azos de la mue e.
Del sol á los pos e os esplando es,
sob e el cadá e ápidos caye on
los cue os g aznado es,
y en aplausos las u bas p o umpie on.
IV
Suspi an los a dien es uiseño es,
llena la luna el ma , alles y lomas,
y, en álamo ondoso, dos palomas
cambian oncos a ullos gemido es.
La bella is e encajes, aso y lo es;
y, cual ocío en las agan es pomas,
en su pecho gen il lleno de a omas
lanza un colla de pe las sus ulgo es.
Un dichoso amado , en ie no lazo,
á la beldad ascinado a op ime,
besándola en su labio de esca la a.
Y, á la p esión del en u oso ab azo,
o o el colla de pe las, dulce gime,
y en lág imas adian es se desa a.

V
Vie e el mus io osal llan o encendido;
del aso ueda lág ima lucien e;
llo a el colla de pe las e ulgen e,
y llo a el ma y es alla su ugido.
Llo a ambién el amado endido:
que la beldad de inmaculada en e
es es a ua de má mol esplenden e...
y en el má mol jamás ib ó un la ido.
Todo iene una lág ima ó lamen o.
Todo... menos la bella seduc o a,
causa de an o mal y hondo o men o,
que, a ogan e, impasible y iun ado a,
esponde á los dolo es dando al ien o
su isa más aleg e que la au o a.
Mayo 95.
s[i< d^iM'E<X ®®< ®í<d¥o^
POEMA
Q s 2y . ^ / / la < Á </e / a / { / '< ¿ ¿ ,
EL CRIMEN DE HÉCTOR
Cosa ieja e a ya en él gus a de en e
ene se en guia ca os de cua o caba
llos: enía ambién o o es udio, que e a
can a al son de la cí a a.........................
.........
Mas po que no se publicasen del
empe ado solamen e es as habilidades
en juegos y pasamien os, díó en mos a
a ición á compone e sos, jun ando, no
sólo á los excelen es en es a p o esión, si
no á cuan os sabía ene algunos p inci
pios de poesía. A odos és os Ne ón hacía
sen a cabe sí...
Tá c i o .
El genio es siemp e un acusado.
Víc o H u g o .
Todo iun o es un c imen y se expía:
el que iene la medalla iene el e e so.
A . D u m a s (hijo).
— Ea, p obemos: á b ega conmigo
(le dice á un gladiado ó sal imbanco).
¿No ienes á lucha ? Haz lo que digo,
ó esas o ejas de leb el e a anco.
Ju a n A l c o e .
CANTO PRIMERO
I
La Roma de los Césa es pagana,
la ciudad del place y los es ines,
de los ci cos, los lechos de o o y g ana,

las cuad igas y mágicos ja dines;
la en ilecida Roma, la li iana
ciudad de los iquísimos palacios,
los ca os de ma il y a cos iun ales,
las copas de esme aldas y opacios
y los dioses de espléndidos me ales,
desceñida la única de seda,
con su aman e impe ial, lasci a ueda
en el ango de o pes bacanales.
¿Qué ué del pueblo cí ico y gue e o
de los G acos, Pompeyos y Escipiones?
¿Qué de la pa ia de Ca ón aus e o,
que engend a a las épicas legiones
de Césa encedo ? ¿Qué del se e o
audi o io que en o no se eunía
de la excelsa ibuna en que onaba
la oz de Cice ón, o men a b a a
que hu acanes y ayos despedía?...
Valo , i udes, pa io ismo a dien e...
odo odó al sepulc o de la his o ia;
y el áu eo sol de la la ina glo ia,
ompiendo su co ona e ulgen e,
en la somb a se hundió! Roma hoy ene a
á un p íncipe de ins in os de pan e a
que, an e un público inmenso de naciones,
cambia el impe io en colosal ablado,
donde can a y dispu a, deg adado,
el lau el á los músicos é his iones.
— ¡Salud, Ne ón di ino!— el pueblo clama,
los c ímenes, los icios y aiciones
del i ano in e nal dando al ol ido,
po que el Césa , magní ico, de ama
el o o sob e el pueblo co ompido,
como p odiga el sol su aleg e llama.
Roma, la g an bacan e, se di ie e,
sin e que en e los mi os y las osas
de sus juegos y ies as licenciosas,
su da do esg ime la implacable mue e.
II
¿Quién huye al e de bosque en la se ena
a de en que con acen os de aleg ía
la capi al del mundo el ai e llena,
con emplando á Ne ón, en la ancha ía,
ceñido de la pú pu a b illan e,
co onada la en e de lau eles,
las manos en la cí a a ib an e
y calzado de azules bo ceguíes (i),
conducido po ágiles co celes
en ca o de o o, o nado de ubíes?
¿Quién en a de an plácida se aleja
del en usiasmo popula , esqui o,
y co e al bosque i gen que e leja
la onda cla a del Tíbe ugi i o?
¿Quién es ese mancebo de apos u a
(i) Tal lo pin an Cas ela y o os his o iado es.
galla da y ie a y de semblan e al i o,
que, desdeñando el icio y la locu a,
melancólico, g a e y pensa i o,
se in e na po la lób ega espesu a?
Es un se elegido; en su mi ada,
del genio audaz la llama ada inquie a
b illa adian e, cual desnuda espada
he ida po el sol. Es un poe a.
¡Un poe a!— un espí i u al ane o
que ha mojado su labio en el o en e
de pla a y luz, donde bebie a Home o;
un soñado que lle a en su alma a dien e
la he mosu a, los can os y clamo es
del Uni e so, y en su osada en e
la diadema más ica y esplenden e
que ciñe an jamás empe ado es;
un homb e is e que ambicioso aspi a
á esculpi en la cumb e de la glo ia
su nomb e, á que ulgu e su memo ia
en luengos siglos, como inmensa pi a;
un má i á quien die on po cas igo
De u in ensa a licción desco e el elo
y u pesa compa i é con igo.
— Amo, dulce Qui ino, con locu a
á una deidad cuya mo ada igno o:
sólo una ez he is o su igu a;
la busco y, al no halla la, su o y llo o.
¿Ves cuán as lo es hay en los e jeles?
Pues su cue po más g acias a eso a,
El que bese su boca de cla eles
¡en ella besa á oda la au o a!
Al ayo de la luna naca ada
abso o con emplé sus o mas bellas,
y ab ióse an e mi men e ascinada
un ho izon e azul lleno de es ellas.
Desde en onces la busco noche y día
y no la he uel o á e .— ¡Y ése es u duelo!...
Muje es halla ás de ojos de cielo
y az de diosa en la impe ial o gía.
Allí e ás son isas hechice as
en que el ansia de goces se e a a,
labios de uego, undosas cabelle as,

senos cual globos de lucien e pla a...
— ¡Impu eza, abyección y pod edumb e!
No compa es la za za con el li io,
ni el il pan ano con la enhies a cumb e:
¡la he mosu a que ado o con deli io
oda es pudo , magni icencia y lumb e!—
Tal con e saban Héc o , el poe a,
y su amigo Qui ino, ac o omano,
más aleg e que una án o a de C e a,
caminando los dos po la ancha ía,
hacia el palacio de o o; que el i ano
en su mansión celeb a loca o gía
en hono de los a es, los his iones,
los músicos, can an es y bu ones
que alcanza on en Roma nomb adla,.
II
Cuando llega on Héc o y Qui ino
al salón de las egias bacanales,
ai osas baila inas o ien ales,
de ojos de luz y cue po alabas ino,
ado nados los b azos, pies y cuello
de icas esme aldas, y el cabello
p endido de jazmines y de osas,
gi aban al compás de las ib an es
músicas de los sis os esonan es
y de las lau as lidias melodiosas,
en ol iéndose en elos deslumb an es,
como las bellas i gilianas diosas.
Ya en b azos del place , los con idados,
en sus lechos de pú pu a sen ados,
una ez y o a ez mudado habían
las gui naldas de pámpanos y lo es
con que sus sienes cálidas ceñían.
Ya el espumoso ino de Fale no
daba á los os os i idos colo es
y á las mi adas esplando de in ie no;
y las copas de a ís icas labo es,
ceñidas de cla eles de esca la a
y de amando go as amba inas,
odaban con sus oces a gen inas
sob e las mesas de ma il y pla a.
Ya la bó eda al i a del iclinio,
esmal ada de azul, de ópalo y minio,
ab iéndose, a ojaba escas osas,
co onas de o o y aguas olo osas;
mien as Ne ón la en e eclinaba
sob e el ebú neo seno de una escla a
de sedosos magní icos cabellos
á la jónica usanza ecogidos,
de pupilas de mágicos des ellos,
o mas de nie e y labios encendidos.
III
Es allaba uidosa la aleg ía
en la impe ial desen enada o gía,
al pene a en la sobe bia es ancia
Héc o , á quien el mons uo co onado,
de anidad henchido y a ogancia,
así le habló, sen ándole á su lado:
— Roma aye p esenció, ca o poe a,
de en usiasmo ab asada, mi ic o ia
sob e el cómico Nés o , el a le a
Ma cio y Julio el can o : inmensa glo ia
conquis a on mis músculos de ace o
y mi oz egalada; pe o ansio
o o p eciado imb e: medi quie o
u sac o numen con el es o mío.
Re ó icos y a is as eminen es
he eunido á mi mesa en es e día;
ellos han de o o ga á u poesía
el lau el, ó á los cán icos alien es
que engend a a mi excelsa an asía.
Le án a e y eci a ú p ime o—
dijo Ne ón. Las isas se apaga on,
sis os, lau as y c ó alos calla on,
y del labio del jo en al ane o
b o ó un himno sublime y esplenden e,
a eba ado, al é ido o en e
de pla a y luz donde bebie a Home o:
himno cuyas es o as de c is ales
ence aban las músicas sono as
de odos los pa le os manan iales,
los pe umes de odos los osales
y los ayos de odas las au o as.
An e p odigio al, los con idados,
ya po el Ci enaica delicioso
y el Fale no dulcísimo in lamados,
ocul a su en usiasmo no supie on
y, sin emo al Césa en idioso,
en aplausos y í o es ompie on.
— ¡Imbéciles!— ugió con saña ie a
el leopa do impe ial. Po ez p ime a
an e el déspo a ho ible se aplaudía
á uno de sus i ales.— ¡Vil jau ía
— Ne ón g i aba en u ecido,— lame
la maldecida mano de es e in ame!
¡Cuando aclamabas, desp eciable opa,
al au o de esas bá ba as canciones,
un eneno ha e ido él en mi copa!
Del ci co las se pien es y leones
el c imen de Héc o enga án mañana.

— ¡Mien es, mien es!— clamó con oz de ueno
el inocen e jo en, de i a lleno.—
¡Mien es, op obio de la especie humana!
Mas no, ienes azón, alma aido a:
que la miel pe umada que elabo a
la abeja de o o del alen o ajeno,
si es pa a odo el mundo emb igado a,
pa a i siemp e ue mo al eneno!
Apenas p onunció palab as ales,
Héc o ué á una mazmo a conducido;
y en silencio glacial quedó sumido
el salón de las egias bacanales.
EPÍLOGO
El Ci co inmenso el populacho llena.
Bella es la a de. El sol en el espacio
inge he moso león de áu ea melena
O o león magní ico, en la a ena,
ija sus g andes ojos de opacio
sob e el mancebo condenado á mue e,
y lanzando un ugido las ime o
se echa á sus plan as gene oso y ue e.
Héc o , después, con una sie pe lidia,
ía como una lámina de ace o
y e de como el os o de la en idia.
El inmundo ep il se en osca ie o
al cuello de la íc ima inocen e;
como un dogal elás ico lo ap ie a...
y á poco, bajo el cielo e ulgen e,
ueda sin ida el míse o poe a.
La mul i ud en onces, asomb ada,
con empla con es úpida mi ada
á olímpica beldad de e sa en e
y cincelado cue po de ma ona,
que, os en ando en su mano anspa en e
de inma chi o lau el una co ona,
desciende, en ac i ud g a e y se ena,
del as o Ci co á la canden e a ena;
se inclina is e hacia el cadá e ye o,
lo co ona de lau os iun ado es
y da en el os o pálido del mue o
un beso odo amo , odo esplendo es.
No iemb e 95.