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Modelos y precedentes clásicos del conjuro en el acto III de La Celestina

Abstract

El conjuro del acto III de La Celestina se inspira en la escena de nigromancia del final del libro VI de la Farsalia de Lucano. El poeta romano se atiene a los procedi mientos del ritual, según vemos por los papiros mágicos griegos y otras fuentes. El pasaje de la Tragicomedia, en cambio, muestra llamativas incongruencias, no por inco mpetencia del autor, sino porque la vieja está muy lejos de ser una poderosa hechicera.

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Modelos y precedentes clásicos del conjuro en el acto III de La Celestina

Author: Molinos Tejada, Mª Teresa; García Teijeiro, Manuel
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2009
Source: https://ddd.uab.cat/pub/faventia/02107570v31n1-2/02107570v31n1-2p179.pdf
Resumen
El conju o del ac o III de La Celes ina se inspi a en la escena de nig omancia del inal del lib o VI
de la Fa salia de Lucano. El poe a omano se a iene a los p ocedi mien os del i ual, según emos
po los papi os mágicos g iegos y o as uen es. El pasaje de la T agicomedia, en cambio, mues-
a llama i as incong uencias, no po inco mpe encia del au o , sino po que la ieja es á muy lejos
de se una pode osa hechice a.
Palab as cla e: philocap io, conju o, hechice ía, magia, Lucano.
Abs ac . Classical Models and P eceden s o he Spell in he Thi d Ac o La Celes ina
The spell cas by Celes ina in ac III de i es om he nec oman ic scene a he end o book VI o
Lucan’s Pha salia. The Roman poe con o ms o he ules o he i ual as shown by he samples
o he G eek magical papy i and o he sou ces. The passage o he T agicomedia, howe e , con-
ains gla ing incong uences, no because o he incompe ence o he au ho , bu because he old
woman is a om being a eal powe ul so ce ess.
Key wo ds: philocap io, conju a ion, so ce y, magic, Lucan.
La in luencia de los clásicos en nues a li e a u a es un ema de in es igación que,
en la ac ualidad, se abo da desde muchas pe spec i as. Cuando el au o g iego o
la ino se inspi a en un ans ondo cul u al que no es exclusi o de su época, sino
que sigue pe sis iendo ambién en e apas pos e io es, hay que dis ingui con cuidado
qué es imi a ción del modelo y cuáles son los asgos que p oceden del ace o común.
Tal ocu e, po ejemplo, cuando se a a de asun os de magia y hechice ía. Como
las ideas en que se basa esa clase de c eencias son ex ao dina iamen e pe sis en-
es, has a el pun o de que, a menudo, siguen ac uando oda ía, hay que hace
el análisis con especial cuidado. Como los papi os, las de ixiones, los alismanes
* T abajo ealizado en el ma co del p oyec o de in es igación FF2008-05239 sub encionado po
el MCI.
Fa en ia 31/1-2, 2009 179-188
Modelos y p eceden es clásicos del conju o
en el ac o III de La Celes ina*
M.ª Te esa Molinos Tejada
Manuel Ga cía Teijei o
Uni e sidad de Valladolid. Facul ad de Filoso ía y Le as
Depa amen o de Filología Clásica
[email p o ec ed]a.es
[email p o ec ed]a.es
Recepción: 17/12/2008
y las no icias de los esc i o es p opo cionan no ables conocimien os sob e magia an i-
gua, podemos, en los casos a o ables, de e mina las uen es y el g ado de o igi-
nalidad del modelo clásico, el modo en que in luye en nues o au o y los añadi-
dos o cambios que és e hace, bien po que los oma de algún o o, bien po que
ecu e a su p opio sabe y a su p opia expe iencia en el ambien e c is iano en que
i e. És a es la pe spec i a con que amos a conside a un pasaje especialmen e
signi ica i o pa a ca ac e iza a una de las igu as emeninas más no ables de nues-
a li e a u a, Celes i na, en la agicomedia del mismo í ulo.
Bien sabido es que la unción de la hechice ía en es a ob a es uno de los emas
más deba idos po la c í ica. Discusión comp ensible, po que a ec a di ec amen e
a la in e p e ación de los dos pe sonajes p incipales. ¿Cede Melibea encida po
una in e ención diabólica o po que ealmen e se ha enamo ado de Calis o? En
es e úl imo caso, se plan ean nue as cues iones ela i as al momen o en que es o ocu-
e y has a qué pun o disimula. Siguiendo es e camino, se puede llega a pensa
que el au o la p esen a como una muje de sen imien os p o undos, que sabe lo
que quie e y que ap o echa la in e ención de la ieja alcahue a pa a consegui -
lo. La psicología de Melibea gana, así, mucho en p o undidad y se hace más in e-
esan e pa a los lec o es mo de nos. ¿Y Celes ina? ¿Posee e dade os pode es sob e-
na u ales g acias a sus conoci mien os sec e os? ¿Tiene un pac o con el demonio y
odos sus éxi os son esul ado de esa ayuda diabólica? Tales p egun as aen apa-
ejadas nue as conside aciones, como la o ma en que los homb es de la época
eían esa elación en e las hechice as y Sa anás o el modo en que ac úa el hilado
emb ujado que ende Celes ina. Si el enamo amien o de la doncella es ob a de
és a, ¿hay que a ibui lo a su habilidad, o a la ayuda diabólica, o a las dos cosas a
la ez? ¿Qué papel desempeñan en el p oceso las ideas que se enían a inales del
siglo XV sob e la locu a de amo , sob e el mal de amo es?
Todas son cues iones, como decimos, deba idas po la c í ica ac ual, que apo -
a a gumen os en odos los sen idos. Sin duda, han de con a se ya po cen ena es los
a bajos dedicados a es udia la unción de la magia en la Comedia o en la
T agicomedia y sólo el esboza los exigi ía mucho iempo. Noso os, como indica
el í ulo del abajo, nos limi a emos a conside a los modelos y los p eceden es
clásicos de la in ocación que Celes ina hace a las po encias in e nales a ines del
ac o III. No cabe duda de que és e es el pasaje cla e pa a in e p e a odo el p o-
blema de la hechice ía en la ob a. Así se ha econocido siemp e y se le ha dedica-
do, desde luego, la debida a ención, aunque pensamos que más pa iendo de las
ideas adop adas sob e la unción de la hechice ía que, a la in e sa, adop ando esas
ideas a pa i del es udio de es e pasaje undamen al.
El ex o es el siguien e1:
Conjú o e, is e Plu ón, seño de la p o undidad in e nal, empe ado de la co e
dañada, capi án sobe bio de los condenados ángeles, seño de los sul ú eos uegos,
180 Fa en ia 31/1-2, 2009 M.ª Te esa Molinos Tejada; Manuel Ga cía Teijei o
1. Seguimos la o og a ía de la edición de F.J. LOBERA y o os en la «Biblio eca Clásica», Ba celona,
C í i ca, 2000, pe o damos en cu si a, como hacen o os edi o es, la pa e añadida cuando Fe nando
de Rojas amplió la comedia p imi i a y la con i ió en la agicomedia.
que los he ien es é nicos mon es manan, gobe nado e eedo de los o men os e
a o men ado es de las pecado as ánimas, egido de las es u ias, Tesí one, Mege a
e Ale o, adminis ado de odas las cosas neg as del eino de És ige y Di e, con odas
sus lagunas y somb as in e na les, y li igioso caos, man enedo de las olan es ha pías,
con oda la o a compañía de espan ables y pa o osas hid as; yo, Celes ina, u más
conocida clién ula, e conju o po la i ud y ue za des as be mejas le as, po la
sang e de aquella no u na a e con que es án esc i as, po la g a edad de aques os
nomb es y signos que en es e papel se con ienen, po la áspe a ponzoña de las íbo-
as, de que es e acei e ue hecho, con el cual un o es e hilado, engas sin a danza a
obedece mi olun ad y en ello e en uel as, y con ello es és sin un momen o e pa -
i , has a que Melibea con apa ejada opo unidad que haya lo comp e, y con ello de
al mane a quede en edada, que cuan o más lo mi a e, an o más su co azón se ablan-
de a concede mi pe ición. Y se le ab as y las imes del c udo y ue e amo de Calis o,
an o que, despedida oda hones idad, se descub a a mí y me gala done mis pasos y
mensaje; y es o hecho pide y demanda de mí a u olun ad. Si no lo haces con p es-
o mo imien o, e násme po capi al enemiga; he i é con luz us cá celes is es y
escu as; acusa é c uelmen e us con inuas men i as; ap emia é con mis áspe as pala-
b as u ho ible nomb e, y o a y o a ez e conju o, y así con iando en mi mucho
pode , me pa o pa a allá con mi hilado, donde c eo e lle o ya en uel o.
Se ha pues o de moda deci que el obje o de la in ocación es una philocap io y
aun se llama con al nomb e al conju o mismo: Celes ina p ac ica aquí una philo-
cap io o bien in oca al demonio pa a consegui la philocap io de Melibea. El nom-
b e pa ece anspa en e: «cap ación de amo » o algo semejan e, y se oma como
denominación éc nica. Pa ece que, en el o igen de es e uso, es á el abajo muy
in luyen e de P.E. Russell2sob e la unción de la magia en La Celes ina, quien
adujo la au o idad de un amoso manual de inquisido es publicado pocos años
an es que aquélla, el Malleus male i ca um, el Ma illo de b ujas, de Hein ich
K ame , en la ín Hen icus Ins i o is. La palab a es un e iden e ba ba ismo, híb i-
do del g iego philo- y del la ín -cap io, que o ma un compues o cuya oné ica
misma denuncia como simple yux aposición de los dos ele men os, pues o que la
o ma oné icamen e egula hubie a sido *philocep io. Po o o lado, no hay en
g iego ningún ema philo- que signi ique «amo ». Esa p ime a pa e de un com-
pues o puede aduci se po «amigo», «que ama», «a icionado a», «que gus a de».
Siendo es o así, hay que p egun a se po el e dade o alo de la palab a philo-
cap io y no deja se lle a po una in e p e ación supe icial, an o más cuan o que
los nomb es en - io, que son o igina iamen e de acción, pueden admi i , desde la an i-
güedad misma, signi icados bas an es di e en es.
Veamos, pues, cómo la usa el Malleus, la uen e de donde la ha omado la c í -
ica ac ual. El examen de los pasajes en que apa ece, mues a enseguida que se
Modelos y p eceden es clásicos del conju o… de La Celes ina Fa en ia 31/1-2, 2009 181
2. «La magia, ema in eg al de La Celes ina», en: S udia philologica. Homenaje o ecido a Dámaso
Alonso po sus amigos y discípulos con ocasión de su 60º. ani e sa io, III, Mad id, 1963, p. 241-
276 = Temas de «La Celes ina», Ba celona, 1978, p. 241-276 (aquí 250). C . R. FOLGER, «Passion
and Pe sua sion: Philocap ion in La Celes ina», La Co ónica 34, 2005, p. 5-29, con un es ado de la
cues ión y, en la no a 7 de la página 8, una ad e encia sob e el uso de philocap io en el sen ido
de «hechizo amo oso».
a a de una denominación del amo apasionado, de un sinónimo de amo ino di-
na us y de amo he eos (es a úl ima palab a es o o ba ba ismo, cuyo o igen se
encuen a en la co up ción del ocablo g iego Dρως, en el sen ido de amo libidi-
noso, amo sexual3). El manual de inquisido es dis ingue es clases de ese ena-
mo amien o: una p ocede de los mismos sen imien os de la pe sona a ec ada, o a
se debe a la en ación del demonio y la e ce a es el esul ado de algún hechizo con
in e ención diabólica. En esa discusión, el au o emplea indis in amen e las es
denominaciones que hemos dicho. No es á, pues, jus i icado usa la palab a como
el medio o el ins umen o que la hechice a emplea pa a consegui el enamo a-
mien o.
Queda la cues ión de cómo llegó a o ja se semejan e ocablo con esa signi i -
ca ción de «amo apasionado». C eemos que se a a de una o mación a a y secun-
da ia a pa i del adje i o philocap us, mucho más ecuen e en los ex os esc i os
en la ín de la baja edad media. Como dice el Glossa ium mediae e in imae la ini-
a is, de Du Cange, signi ica «dominado po el amo » (amo e cap us). Es deci , es
un neologismo, bá ba o y exp esi o, pa a llama al enamo ado. Es ácil añadi
o os ejemplos al pa que allí se ci an. Puede aplica se al mismo Dios, «enamo a-
do» de la c ia u a humana4, a los amo es de pe sonajes mi ológicos5o al enamo-
amien o habi ual en e homb es y muje es, como Dan e y Bea iz6, po ejemplo.
La palab a no conlle a ninguna conno ación de hechice ía ni de in e ención dia-
bólica, como ampoco la iene el subs an i o secunda io philocap io, mucho menos
ecuen e, c eación secunda ia pa a designa ese amo que sien e el philocap us.
Nos hemos ex endido en es a cues ión po que no deja de ene cie a impo -
ancia. Llama philocap io al conju o de Celes ina o al supues o p oceso mágico
que conduce a la endición de Melibea sugie e, con su apa iencia de é mino éc-
nico, que se a a de un ipo de hechizo bien ca ac e izado y desc i o adecuada-
men e en los manua les de hechice ía de la época, como suele deci se. Ya hemos
is o que ese nomb e no pa ece habe enido nunca al signi icación, de modo que
emplea lo en ese sen ido es abusi o e induce a e o . Hay muchos nomb es pa a
182 Fa en ia 31/1-2, 2009 M.ª Te esa Molinos Tejada; Manuel Ga cía Teijei o
3. La exp esión ue mal en endida y se explicó de di e sas o mas, sob e odo como alusión a he os,
«hé oe», que pe mi ía una conexión con el enamo amien o de los caballe os. Véase, p. ej., J. CÉARD,
«The De il and Lo esickness: Views o he 16 h Cen u y Physicians and Demonologis s», en
D. BEECHER yM. CIAVOLELLA (eds.), E os and An e os. The Medical T adi ions o Lo e in he
Renaissance, Uni e sidad de To on o, 1992, p. 33-47; E. TURPIN, «Philocap io y eo ías amo o-
sas del XV en la C ónica Sa acina de Ped o del Co al», Ac as del VI Cong eso In e nacional de
la Asociación His pá nica de Li e a u a Medie al, II, Uni e sidad de Alcalá, 1997, p. 1523-1541.
4. Quis ui in causa, u hominem in an a digni a e loca es? Amo inaes imabilis quo c ea u am
Tuam in Teme ipso espexis i, de qua uis i “philocap us”; nam p op e amo em eam c eas i, p op-
e amo em esse ei dedis i, u summum Tuum ae e num gus a e Bonum (SANCTA CATHARINA
SENENSIS, Il dialogo della Di ina p o idenza, 13, Roma, ed. G. Ca allini, 1995, p. 43).
5. Philocap us in quadam nomine Calis one ansmu a i se in Dianam, e in eius o ma andem
de lo a i eam. Quo Iunus i a a ansmu a i eam in u sam (GIOVANNI DEL VIRGILIO, Allego ie
Lib o um O idii Me amo phoseos, pa . IV, 73).
6. Johannes Be holdi da Se a alle (s. XV), hablando de los amo es de Dan e y Bea iz en el p ólo-
go de su aducción al la ín de la Di ina Comedia: Philocap us ui de ipsa, e ipsa de ipso, qui se
in icem dilexe un , quousque ixi ipsa puella.
designa un hechizo encaminado a consegui el amo de una pe sona. En g iego
se llama (κατ*)δεσμος, φιλτροκατ*δεσμος, /γωγ@, /γγιμον; en la ín, de ixio; en
español podemos emplea «a amien o», que se encuen a a comienzos del quin o ac o
en la misma Celes ina7, o «ama e», designa ción i a sob e odo en Hispanomé ica,
o «bienque encia», a es iguada en el A ci p es e de Tala e a y en Lucas Fe nández8.
El hechizo de Celes ina no sigue, sin emba go, los esquemas habi uales de es os
encan amien os amo osos. Conside émoslo de más ce ca.
Desde hace iempo, la c í ica ad i ió en él la in luencia de dos modelos li e-
a ios. El de un pasaje de la Fa salia de Lucano (VI, 695-718) y o o del Labe in o
de Fo u na, de Juan de Mena (247 s., . 1969-1984). Como és e es á muy cla a-
men e inspi ado en el poe a omano, puede discu i se si la in luencia de Lucano
en el conju o de La Celes i na es di ec a o indi ec a. En cualquie caso, hay que
sub aya que an o los e sos de La Fa salia como los del Labe in o se e ie en a
una ce emonia nig omán ica enca mina da a consegui que el cadá e de un mue -
o ecien e esuci e y p ediga el u u o in media o. Se a a, pues, de ope aciones
sup emas de magia neg a que sólo pueden se p ac icadas po los hechice os más
pode osos. Tan o en Lucano como en Mena, quienes lo ealizan son muje es, y los
dos poe as se ex ienden en los pa o osos p epa a i os que ambas ealizan, en
los sonidos ina iculados que emi en, en el pode que ienen sob e las po encias
in e nales que in ocan, a las que lanzan emendas amenazas, po que a dan en
consen i que el alma del mue o o ne a anima su cue po pa a que pueda emi i el
o áculo que se le exige. Hay que sub aya que, en el pasaje de Mena, las po en cias
in e nales in ocadas son, como en Lucano, las de la mi ología clásica, sin ningu-
na mención del demonio o de los diablos p opia del c is ianismo.
El conju o de Celes ina, en cambio, iene una inalidad muy dis in a, pues o
que sólo p e ende consegui que una muchacha se enamo e de un jo en, lo cual
apo a á a la ieja alcahue a una ecompensa. Lo peculia del pasaje es que adop-
a el esquema de aquellos modelos, inno a in oduciendo una cla a mención a
Sa anás en e la nomen cla u a pagana y ecu e a un medio indi ec o, pues pide
que és e se in oduzca en el hilado y no lo abandone has a que Melibea lo comp e
y con ello quede an en e dada que acabe po p enda se de Calis o. Es a animación
de un obje o po medio de la po encia in ocada es lo que écnicamen e se llama
una τελετ@9, una consec a io. El conju o es, po odo ello, una mezcla de ing e-
dien es dispa es que le dan una isionomía p opia.
La in ocación a di igida sólo al « is e Plu ón», mien as que la hechice a de
Valladolid en el pasaje de Mena conju a además a P osé pina, al Cance be o y al
ba que o Ca on e. Lucano hace que su e ible maga esalia, E isic o, in oque a
Modelos y p eceden es clásicos del conju o… de La Celes ina Fa en ia 31/1-2, 2009 183
7. No es segu o, sin emba go, que se e ie a a un encan amien o amo oso. C . el uso de «a ados» a p o-
pósi o de una elación e ó ica en el ac o XII (p. 258).
8. M. GARCÍA TEIJEIRO, «Magia an igua y li e a u a española», en: Pe i encia de la cul u a clásica.
Home naje al P o eso Millán B a o, Valladolid, 1999, p. 137-157 (aquí p. 142, n. 8, con las e e-
encias). C . lo que dice Pá meno hablando de los ing edien es que Celes ina gua daba pa a hace
sus hechizos: «y en o o apa ado enía pa a emedia amo es y pa a se que e bien» (ac o I, p. 61).
9. Véase, po ejemplo, PGM, XII, 14-85, pa a anima una es a uilla de E os. Sob e el empleo del i o
en los alismanes, S. EITREM, «Die magischen Gemmen und ih e Weihe», SO 19, 1939, p. 57-85.

oda una ca e a de po encias in e nales, pe o no a Plu ón, que, en oda la an i-
güedad clásica, iene un papel no ablemen e pasi o10. Tan o Mena como Rojas
asignan al dios un p o a gonismo que es á de acue do con sus ideas sob e aquel
eino del más allá. El de alle de que ambos lo llamen « is e» apun a a una in luen-
cia di ec a del p ime o sob e el se gundo. Los clásicos la inos aplican el adje i o a
los pa ejes in e nales11 y, po una espe cie de hipálage, ambién a sus mo ado es,
como Ca on e (Vi g., Aen., VI 315), la E inis (ibídem, II 337), las Pa cas (Tib., III
3, 35), los dioses de allá (Ho ., Sa ., I 502), pe o no a Plu ón12. Celes ina hace segui
al nomb e del dios ocho solemnes aposiciones que lo de inen, en las cuales apa-
ecen a ias di inidades in e nales que no es án en Mena, pe o sí en Lucano, lo
cual apun a a que la in luencia de és e en Rojas no llegó sólo a a és del au o del
Labe in o: las Fu ias Tisí one y Mege a (Lucano, VI 730), S ygie (VI 695, 698) y
el Caos (VI 694), cuyo nomb e con end ía esc ibi así, con mayúscula. En esas
aposiciones, se encuen a ambién la cla a alusión al demonio: «capi án sobe bio de
los condenados ángeles […], gobe nado y eedo de los o men os y a o men ado es
de las pecado as ánimas», dicen la e ce a y la quin a.
Después de esa imponen e in ocación, Celes ina e oma el conju o y se nom-
b a a sí misma: «Yo, Celes ina, u más conocida clién ula, e conju o po […]»,
siguen cua o azones que a alan el conju o: las le as ojas, la sang e del mu cié-
lago con que es án es c i as, los nomb es y los signos que igu an en el papel y el
eneno del acei e se pen ino con el que un a el hilado. És a úl ima es la única men-
ción a una acción i ual. La sang e y las ba bas del cab ón, que la ieja había pedi-
do a su c iada inmedia amen e an es de o mula su conju o, no se mencionan.
Luego sigue la pe ición exp esada po medio de subjun i os: « e en uel as, […]
es és, […] lo comp e, […] quede en edada, […] su co azón se ablande, […] se la
ab as y las imes, […] se descub a a mí y me gala done». Después, dos impe a i-
os que ienen a se una compensación y sugie en un pac o: «y hecho es o pide y
demanda de mí a u olun ad». Finalmen e, la amenaza: «si no haces lo que e pido,
se é u enemiga, ha é pene a la luz en las p o undidades in e nales, di ulga é us
con inuas men i as, op imi é con pode osas palab as u ho ible nomb e»; una i e-
ación: «una y o a ez e conju o», y la despedida: «y así con iando en mi mucho
pode , me pa o pa a allá con mi hilado, donde c eo e lle o ya en uel o».
Nada de odo es o se encuen a en los pasajes de Lucano y de Mena, con la
impo an e excepción de la amenaza, que se halla en ambos. Como en La Celes ina
el conju o se di ige sólo a Plu ón, la amenaza ha de concen a se en él. Re is e
iple o ma: ilumina su eino (p esen e en los o os dos), di ulga sus men i as
(sus i uye el amed en amien o de P osé pina en Lucano y en Mena diciendo que
la mos a á al y como es ealmen e) y ap emia «con mis áspe as palab as u
184 Fa en ia 31/1-2, 2009 M.ª Te esa Molinos Tejada; Manuel Ga cía Teijei o
10. En los PGM se encuen a sólo en IV 1462, en medio de los nomb es de di inidades in e nales.
Es una in ocación en hexáme os dac ílicos al e ados, des inada a ga an iza el éxi o de un encan-
amien o amo oso (/γωγ@), en caso de acaso inicial.
11. LEWIS-SHORT, s. ., B 1.
12. El sin agma « is e Plu ón» uel e a encon a se en el poema inal de P oaza en la comedia y en
la segunda égloga de la Na i idad de He nando López de Yanguas.
ho ible nomb e» (en los modelos, ae a o a di inidad sup ema, mucho más
pa o osa que las po encias in e nales in ocadas).
En el conju o de Celes ina se dis inguen, pues, una in ocación solemne y una
pe ición, e o zada con una compensación apenas esbozada («si lo haces, pídeme
lo que quie as»); una amenaza, que adop a o ma iple, una i e ación (« e conju-
o una y o a ez»), y una despedida13. Son odos elemen os es uc u ales de los
hechizos desde la an igüedad y pod ían ilus a se ácilmen e con ejemplos, pe o
es án in eg ados de o ma muy peculia , que me ece a ención. En p ime luga ,
Celes ina p onuncia su conju o, sin p epa a i os de ninguna clase, en cuan o su
c iada Elicia le ae las cosas que le había pedido: el bo e de acei e se pen ino, el
papel esc i o con sang e de mu ciélago, la sang e y las ba bas de cab ón. Es os dos
úl imos ing edien es, po cie o, los pide después, cuando la si ien e baja pa a
deci le que no encuen a lo que quie e, po que no se halla en el luga indicado:
«jamás e acue das a cosa que gua das», dice (ac o III, p. 107). Es e de alle cos-
umb is a14 con as a con la solemnidad del momen o y apun a a que no hay que
oma demasiado en se io los p e endidos pode es de la ieja. De hecho, ni la san-
g e ni las «poqui as ba bas» del cab ón desempeñan unción alguna en la in oca-
ción que sigue: Elicia y Semp onio suben al piso de a iba, Celes ina p onuncia su
logos, su ó mula sin más i ual que o a el hilado, que debía ene consi go. Como
hemos is o, el lenguaje es aho a de es ilo e ó ico y ele ado. La in ocación a
Plu ón y los nomb es mi ológicos si úan el hechizo en el ma co de la magia paga-
na. En aquella men alidad, el mago iene sus o midables pode es no po conce-
sión de las po encias que in oca, sino po sus conocimien os sec e os. És os son
ales que lo ponen po encima de cualquie en idad sob ena u al. En ese con ex o,
se en iende muy bien que pueda amenaza a una di inidad con cas iga la si no
cumple lo que se le exige. De hecho, la amenaza es una de las ca a e ís icas más cla-
as de los hechizos an iguos y se encuen a documen ada muchas eces en los papi-
os mágicos g iegos15. Así, Lucano la in oduce de modo muy cohe en e en la ce e-
monia nig omán ica que ealiza su ho i ble maga esalia, cuando ella e que el
cadá e no se eanima con la apidez que quie e, y Mena lo imi a pun o po pun o
en la e ocación pa alela de su nig oman esa de Valladolid, que no se apa a en nada
de los p esupues os de es a magia pagana. En el conju o de Celes ina, en cambio,
la amenaza no es á mo i ada. Se p o ie e simplemen e como una ad e encia, y,
sob e odo, es o almen e incong uen e con las alusiones al demonio y al pac o con
él que se han hecho an es. Si la ieja alcahue a se di ige en ealidad a Sa anás (y en
oda la ob a se e que, en e ec o, ella piensa en el diablo), ¿cómo a a p e ende
Modelos y p eceden es clásicos del conju o… de La Celes ina Fa en ia 31/1-2, 2009 185
13. Pod ía supone se que las palab as «y así con iando en mi mucho pode , me pa o pa a allá con mi
hilado, donde c eo e lle o ya en uel o» no pe enecen al conju o. El hecho de que siga hablando
al demonio en segunda pe sona sugie e, sin emba go, que oda ía es á di igiéndose a él.
14. La mala memo ia de Celes ina uel e a apa ece en o os pasajes.
15. PGM, II 54 (a Apolo); IV 290-295 (a una plan a mágica), 2065 s. y 2069 s. (al an asma de un
mue o), 2311 s. (a la Luna), 2902 s. (a A odi a); V 256 s. (al Sol); XII 7 s. (a Co e-Pe sé one),
43 s. y 55-58 (a E os), 140-144 (a la di inidad egipcia Bes Pan eo); LVII 2 s. (a Isis); LXI 11
s. (a la po encia p esen e en un acei e mágico); LXII 8 s. (a la po encia p esen e en un uego
mágico).
ene pode sob e él, un pode al que es capaz nada menos que de lle a la luz del
sol al in ie no? No se a a de ninguna amenaza a un diablillo, a algún espí i u
amilia que es é some ido a ella. El eno del conju o deja muy cla o que se di -
ige al sobe ano in e nal. Hay una incog uencia e iden e en el pasaje que la c í i-
ca no puede explica de modo sa is ac o io.
¿Tend emos que a ibui esa dis unción al mismo au o , a Fe nando de Rojas,
que no supo combina adecuadamen e la imi ación de un modelo, Mena y c ee-
mos que ambién Lucano, con el hic y el nunc, con las ci cuns ancias conc e as de
su ob a? ¿O es Celes ina quien no sabe muy bien lo que es á haciendo? Si es así, y
odo indica que és a es la in e p e ación co ec a, la igu a de la ieja como emi-
ble hechice a se des anece en g an pa e.
Obse emos que las magas de Lucano y de Mena p onuncian sus conju os sin
lee los en ningún papel. Conocen pe ec amen e lo que han de hace y lo que han
de deci . Ninguno de los dos poe as a ea sus e sos con esas palab as bá ba as,
incomp en sibles, de muchas sílabas que an ca ac e ís icas son de las ó mulas
mágicas, pe o aluden a ellas diciendo que las in ocan es emi ían uidos ina icu-
lados, oces na u ales. En Mena (CCXLVI, 1961-1968):
Ya comenzaba la in ocación
con is e mu mu io y dísono can o
ingiendo las oces con aquel espan o
que me en las ie as con muy is e son,
o as silbando como d agón
o como ig e aciendo es ido es,
o as lad idos o mando mayo es
que o man los canes que sin dueño son.
Celes ina, en cambio, no hace más que lee un papel con le as ojas, que dice
es á esc i o con sang e de mu ciélago y que gua da en un des án debajo de un ala
de d agón (ac o III, p. 106). Aunque la sang e de dicho animal noc u no es á bien
a es iguada en la magia desde la an igüedad16, uno se p egun a si la de ese papel
se ía an au én ica como aquella ala de d agón. No pa ece, en e ec o, que pueda
coge el docu men o pa a o a cosa que pa a lee lo. Supone que lo u iliza simple-
men e pa a mos a lo en la in ocación, po que iene nomb es y signos mágicos
esc i os, indica ía una incompe encia oda ía mayo : las palab as deben p onun-
cia se y los signos aza se cuando se ealiza el conju o. No, el au o da a en en-
de que Celes ina iene un manus c i o con le as be mejas que alguien le ha esc i-
o diciéndole que ha empleado sang e de mu ciélago en ez de in a. La alcahue a
se si e de la en a de hilado como p e ex o pa a in oduci se en las casas, según
186 Fa en ia 31/1-2, 2009 M.ª Te esa Molinos Tejada; Manuel Ga cía Teijei o
16. PGM, XXXVI 233, donde se a a de un a una igu a mágica g abada en una lámina de plomo.
La sang e de mu ciélago se usaba ambién en magia e ó ica y pa a esc ibi hechizos, bas e aquí
con las e e encias en E. HOFFMANN-KRAYER y H. BÄCHTOLD-STÄUBLI (eds.), Handwö e buch
des deu schen Abe glau bens, Be lín, 1927-1942, índice s. . «Flede maus: Blu ». En la ac ua-
lidad, in a oja con ese nomb e se encuen a habi ualmen e en iendas de obje os mágicos y
hechice ía.
ella misma explica a Calis o17. Quiso ap ende a conju a al diablo pa a que la ayu-
dase en su a ea y pidió a alguien que le enseñase un conju o. Ese alguien es el
au o del ex o, quien edac ó un papel en el que mezcló e cue dos clásicos con la
e e encia diabólica y la pe ición deseada po Celes ina. Cuando la ieja lo u ili-
zaba, no enía nada más que ac ualiza el ex o con los nomb es de las pe sonas
conc e as que la ocasión eque ía, en es e caso los de Melibea y Calis o. Rojas da
a en ende que el edac o había sido algún homb e de le as, que había leído a
Lucano y a Mena, que pudo do a al conju o de un ono solemne que le daba apa-
iencia de se iedad, que sabía que, en las in ocaciones mágicas, se usaban cosas,
nomb es y signos ex años ca gados de pode y que no ca ecía de sen ido del humo ,
po que en la ase «yo, Celes ina, u más conocida clién ula», con la que uel e a
oma se el conju o después de las epe idas aposiciones que de inen al in ocado, hay
un la inismo, el diminu i o «clién ula», cuyo alo debe de se despec i o18, de modo
que si e muy bien pa a Ce les ina.
Siendo es o así, el ca ác e solemne y ampuloso de la in ocación es un eco del
de Lucano, poe a cuyo es ilo mues a cla a in luencia de las declama iones, de los
eje ci cios e ó icos, los cuales con ecuencia desa ollaban emas sob ena u ales.
El « is e Plu ón» es á omado de Mena y la amenaza es á inspi ada en los dos
(Mena copia a Lucano y és e ep oduce una ó mula coe ci i a habi ual en las ó -
mulas mágicas de su época). La pe ición de que el diablo en e en la madeja y haga
que Melibea se enamo e de Calis o es ob a del edac o , que adap a el conju o a
las necesidades de Ce les ina. La ieja, después de habe lo hecho, piensa que cuen-
a con la ayuda del diablo, al que po cie o a a más como a un cómplice que
como a una en idad pa o osa19, pe o nunca es á muy segu a de ello. Al comienzo
del ac o IV, cuando a a casa de Melibea a cumpli la di ícil misión de hace que se
enamo e de Calis o, sien e miedo y es á a pun o de ol e , pe o se anima con ian-
do en augu ios ales como habe se encon ado con cua o homb es que se llaman
Juan y que los cua o sean co nudos, o que la p ime a palab a que oyó en la calle
« ue de achaque de amo es»20. Después, cuando iene éxi o, odo lo a ibuye a su
p opio buen hace y a su expe iencia. En ningún momen o apa ece como una hechi-
ce a pode osa que es á po encima de los pelig os que le aca ea su o icio de alcahue-
a. Tampoco se mues a nunca como un e dade o pe sonaje diabólico, pues o que
en Celes ina no hay nada de demoniaco en el e dade o sen ido de la palab a.
Incluso en el momen o en que más insis e en la magia neg a, en su con e sación con
Pá meno del ac o VII, cuando quie e hace le c ee que la mad e de él e a mucho
más b uja que ella, se e que Celes ina se deja lle a po su a opellada elocuencia
Modelos y p eceden es clásicos del conju o… de La Celes ina Fa en ia 31/1-2, 2009 187
17. Ac o VI, p. 148. Calis o p egun a «Y dime luego: la causa de u en ada, ¿qué ue?». La ieja es-
ponde: «Vende un poco de hilado, con que engo cazadas más de ein a de su es ado, si a Dios
ha pla cido en es e mundo, y algunas mayo es».
18. Los diminu i os de empequeñecimien o no son p opios de los conju os.
19. Cuando e que Melibea se en ada y no quie e en modo alguno oí habla de Calis o, pide su ayuda
po lo bajo: «¡Ce, he mano, que se a odo a pe de !» (ac o IV, p. 127, la ase es una de las amplia-
ciones de la T agicomedia).
20. P. 113.