EL
ESTO
Y
LA DISTANCIA
(Sob e Moo e
y
bajo Kie kegaa d)
Ca men
RUIZ
A
La memona
de
Pep Cal amzglía,
maes o
y
cón;pLzc
«Con la mayo ía de los ilóso os sis emá icos
y
sus sis emas -decía Kie kegaa d en su Dia io ín-
imo, segu amen e pensando en Hegel- ocu e
lo mismo que con aquel que luego de cons ui
pa a sí un cas illo, habi a en un paja . Ellos no
i en den o de sus eno mes edici ios sis emá i-
cos. En el campo del espí i u es o cons i uye una
objeción capi al. Las ideas de un homb e deben
se su p opia mo ada; de lo con a io, peo pa a
ellas»*
y
has a pa a él, ese homb e escindido en-
e las g andes ideas
y
las g andes pequeñeces de
las mo as de pol o del paja en que ealmen e
habi a
y
de cuyo p u i o poco puede lib a le el
eje cicio espi i ual de ales g andes ideas..
.
Sal o
si p ecisamen e el paja , con su p u i o
y
odo, es
una de las injni as dependencias del in ini o
edi icio sis emá ico pensado a conciencia como
úl ima e dad, cosa que al ez no llegó a com-
p ende Kie kegaa d espec o al omní o o Hegel
. . .
(En cuan o a la comp ensibilidad de la in ini-
ud, dejémosla en manos de la p e enciosa azón
dialéc ica -en sen ido kan iano- engend ado-
a de an asmas.) Es que Kie kegaa d debía de
se un homb e de poco ape i o, o al menos sólo
mediano, pa a no comp ende la consag ación
de oda «mo ada» al pla o de ini i amen e ue e
de una única Idea.
Al au o iza se a la p ogeni u a de un sis ema,
el ilóso o, sin emba go, debe ambién e se li-
gado al de eni his ó ico, no sólo a la sinc onía
de la ida como segmen o
y
como in ensidad
y
con emplando sus p oducciones, asimismo, co-
mo pun os únicamen e in ensos: el e o del
exis encialismo eligioso que Kie kegaa d ep e-
sen a sub specie indi idualismo igu oso en
cuan o al juicio di ino (singula pa a cada «caba-
lle o de la e») es iba en que e e se ue a de la
his o ia
y,
po an o, no alsable
...
Aunque de-
be ía deci más bien «pos u a» que «e o » si p e-
endo hace del discu so kie kegaa diano una
buena gua nición o siquie a una especia delicada
en la gas onomía de Hegel. A sabe , en cuan o
a la dudosa pos u a de Kie kegaa d: si un sis e-
ma ehúsa some e se al juicio de la his o ia j ie-
ne de echo en ealidad a se enido en cuen a co-
mo sis ema ilosó zco (pues o que al adhe i indi-
solublemen e el homb e a las ideas adhie e
- au ológicamen e- las ideas al homb e,
y
a
és e a la in ensidad empo al, espú ea?)
Po o a pa e, siemp e he is o en la exp e-
sión «pensado eligioso», aplicada a Pascal
,
Kie kegaa d o Unamuno, una an í esis i ecsnci-
liable. Se a a, en e ambos ex emos, de o o
p u i o allí donde más pica: en el alma p esa de
ascinación po la e.
A
usos
y
españoles a ibuye Cio an idén ica
p edisposición especula i a que la de endida po
Kie kegaa d: la de hace iloso ía
y
ida al mis-
mo iempo, con undiendo o a o io
y
labo a o-
io. La iloso ía española pa ece habe se pe dido.
según aquél, debido a su excesi a p o undidad:
no se log a una e lexión acional de lo que a añe
en un sen ido demasiado pe sonal: «No es nada
asomb oso que, pa a cada uno de ellos (los espa-
ñoles), el país sea su p oblema -dice en
La
en-
ación de exzi zi-'. Leyendo a Gani e , Unamuno
u O ega, uno ad ie e que pa a ellos España es
una pa adoja que les a añe ín imamen e
y
que
no log an educi a una ó mula acional». Cues-
ión de empe amen o, he ede a de una deca-
dencia secula , esa iden i icación con la «unidad
de des ino en lo nacional» que nos impide la í-
ola dis ancia espec o a o os asun os (po lo
mismo, menos in e esan es): dis ancia n ini a,
po lo an o, en cuan o a la posibilidad de su
plan eamien o. «Es que el ilóso o -dice
Cio an- debe a a ea se en las ideas como espec-
ado ; an es de asimila las, de hace las suyas, ne-
cesi a conside a las desde ue a, disocia se de
ellas; después, ayudado po la madu ez, elabo-
a un sis ema con el que nunca se con unde del
odo. Es esa supe io idad espec o a su p opia i-
loso ía lo que admi amnos en los g iegosd. Su-
pe io idad, es deci , alejamien o, de los a aba-
les de lo incues ionado o, aún más, de lo incues-
ionable de pu o p óximo, al uni e so de las ca-
ego ías (quizá igual de p óximo.
. .
)
'
EL ESTO EXISTENCIAL
Pe o no e a es ic amen e a la cues ión españo-
la a lo que que ía e e i me en es e a ículo, ni
ampoco demasiado conc e amen e al
pensamien o- eligioso como o ma de se en el
mundo en con lic o o en a monía con las iloso-
ías «paganas», sino a o a especie- de escándalo
pa a gen iles que puede esumi se en la ase de
E. Gilson espec o al exis encialismo con empo-
áneo: «Po p ime a ez, desde hacía mucho
iem o, la
loso iá se decide a habla de cosas se-
has)>%
A
sabe , que <(lo se iou puede se pa a a/-
gunos ilóso os
«sólo», po ejemplo, la exis encia,
la angus ia, la mue e humanas, los p oblemas
mo ales,
la inmadia ez
de un nue o humanis-
mo. Cómo puede segui se, dicho sea en e pa-
én esis,
El exis enciali mo es un humanismo
de
El se
y
la nada
es un enigma que únicamen e
puede esponde se con la sospecha de la espon-
ánea mala e o au oengaño de Sa e as la i e-
sis ible ulgu ación de un hallazgo oda ia no
ap o pa a se dige ido ni en onces ni aho a -ni
cal ez más allá de la obó ica-: el hallazgo de
la insus ancialidad de la conciencia -ya pe ge-
iado desde B en ano
y
Husse l-, del cual si
bien se sigue la condena a se lib es no puede se-
gui se la é ica kan iana como pa ece pos ula
Sa e: «I cal que cada home es digui a si ma eix:
sóc ealmen aquel1 que é d e d'ac ua de al
mane a que o a la humani a es ableixi les e-
gles de la p opia conduc a segons els meus
ac es? 1 si no s'ho diu és que emmasca a la p o-
pia angoixa»5, a menos que hablemos de la libe -
ad «den o de un o den» pe o si no hay ales ó -
denes, si no hay ales
ap io i
axiológicos, jcómo
p e ende los
a pos enbn'
de la c eación- up u a
de lími es-condiciones humanas espec o a la
«uni e salizabilidad» de los ac os? No hay mode-
los; queda dicho. El es o es con adicción.
La
inmedia ez
de la p opia exis encia
y
del
«comp omiso» es el e e no
es o
del discu so exis-
encialis a,
y
esa «so p esa» del exis i que sob e-
coge al p o agonis a de
La náusea
no es más que
una a ian e de la más i enunciable e idencia.
El sen ido común se ha pñues o la co aza de la
c edulidad
y
ha sacado a luz su concep o auxilia
a o i o, esa e idencia, bajo la me á o a de la
«náusea» como sin oma de esa p eñez de la con-
ciencia siemp e poseída.
No muy lejos de al «es idad» exis encial, pe o
demasiado ce ca aún de la pu a epis emología,
se hallaba la conciencia en su p oceso enomeno-
logizado del Espi i u en el sis ema de Hegel.
EL
ESTO
HEGELIA
NO
Rei indicaba sob e odo Kie kegaa d espec o
a la iloso ía de Hegel la singula i encias é ica
y
la oda ía más singula posible expe iencia mis i-
ca, elación a pue a ce ada del «En e» único con
el Dios común; pe o lo que nadie pod ía a eba-
a le al homb e, ni bajo la o ma concep iial de
un sis ema, es la
animalidad es é ica,
la niñez
del espí i u en su ex a ío mundano, inocen e e
inconscien e (o bien, inocen e pues o que in-
conscien e). Es el único «es adio en el camino de
la ida» al que no p ecede la angus ia, ya que an-
es de él no hay sencillamen e nada. El «es o» no
es una decisión, sino el sus a o se no ien e de
odo más allá de la conciencia.
De acue do con Hegel sin sabe lo. o sin que-
e lo, el es adio es é ico. la « i olidad», se equi-
pa a a la pu a ce eza sensible de la conciencia
p e alo a i a
y
p ejudica i a. «El sabe -dice
Hegel en la
Fenomenología del Espí i u-,
que
es an e odo o de modo inmedia o nues o obje-
o, no puede se sino aquello que es él mismo sa-
be inmedia o, sabe de lo inmedia o o de
lo
que
es».
Pe o el es o, obje o del p ime sabe
y
de la
p ime a uni e salidad, es ambién la p ime a
pied a en que opieza la unidad del se -mundo.
ocasionando el desdoblamien o del pe cipien e
y
de lo pe cibido (de la
ce eza
en lo que sabe y en
lo que es sabido):
«(.
.
.)
En es a ce eza quedan
en seguida ue a del pu o se los dos es os men-
cionados, el
és e
como yo
y
el
es o
como
ohie o.
Y
si
noso os
e lexionamos ace ca de es a di e-
encia, emos que ni el uno ni el o o son en la
ce eza sensible solamen e como algo
inmedia o,
sino, al mismo iempo, como algo
mediado;
yo
engo la ce eza po
medio
de un o o, que es
p ecisamen e la cosa;
y
és e a
su
ez, es en la ce -
eza po
medio
de un o o, que es p ecisamen e
el yo». La dualidad del mundo (del en-sí
y
del
pa a-sí o si se quie e de lo eal
y
lo acional) iene
aquí, en la p esen ación gene al del
es o,
su
p ime momen o de lucha que debe se mediada
pa a se . Sin es e p ime econocimien o « ealis-
a» no hay despegue ni despliegue de la concien-
cia; econocimien o en un doble sen ido: del
@S-
e a sí mismo a a és de su obje o (o en gene al
del obje o como uni e salidad),
y,
en el se i ido
me alingüís ico, econocimien o de que sucede
así en la
suposición
de dos ca as de una misma
ealidad. Excelen e pun o de pa ida pa a el
Idealismo Absolu o.
La
dis ancia
de lo inmedia o a la mediacihn
undamen a á oda la
Fenomenología.
El búho
de Mine a le an a el uelo a oscu as, cuando se
apaga el esplando de la e idencia
y
odos los
ga os son pa dos, a is a de pája a ciego sob e o-
das las o mas del «es o»? en e las que des aca
po su acep ación mayo i a ia la del asen ido co-
mún», cuya «es é ica» polic omía no se dis ingue
en la noche me a ísica.
EL ESTO COMO SENTlDO COMUN
Algo se esqueb aja en el
«lagos»
cuando se
hace necesa io (pues o que ha sucedido) de en-
de al sen ido común en e a los «modales» de
cie as iloso ías: cuando se hizo en ese sen ido
«necesa io» el discu so de Moo e.
Algo dis unciona en la g amá ica gene al
cuando no se dis inguen las mesas de las p oposi-
ciones (esa pesadilla u o Moo e un día, según el
es imonio de su amigo Keynes). «Pe o, en igo
-segula diciendo Keynes- ni aun despie o
podía hace di e encias en e el amo , la belleza
o la e dad
y
el m~bilia io»~. Todo lo cual no
p edispone en absolu o a o ablemen e a lee su
ob a suponiendo el lími e minimo de la co du a,
bajo el cual un discu so ya no se p esen a como
especula i o ni como me am,en e «analí ico»
y
mucho menos como una
de ensa,
si no ue a
po que en ealidad sí llega
-y
aun sob epasa-
ese lími e haciéndose in e esan e. ¿Po qué? Tal
ez po la pasión que pone al empeña se en de-
mos a lo e iden e-indemos able cuya p esen-
cia en el lenguaje común pa ece legi ima , en e
o as cosas, la exis encia de obje os ma e iales,
las elaciones espaciales
y
empo ales, la suposi-
ción de que o as pe sonas ienen expe iencias si-
mila es a las
suyas,
e c. He aquí o o p ocede de
mala e
ingenua pe o que susci a, no obs an e,
una cie a simpa ía,
y
po «den o» el desampa o
de las imp obabilidades. El es o, cuando se a i -
ma como cns a ación i e u able, equi ale a
«mau aise oi» me a ísica: se huye, p ecisamen-
e, de la me a ísica hacia el más acá.
Le pa ece a Moo e cuando menos una
hzpoc e-
sía
la duda ilosó ica espec o a p oposiciones co-
mo: «Al nace e a mucho más pequeño de lo que
soy aho a» o ((También exis ía la ie a años an es
de que mi cue po naciese» o «Soy un se humano
y
he enido, en di e sas ocasiones, as el naci-
mien o de mi cue po, di e en es expe iencias de
muchos ipos dis in os»g, sea esa duda del ipo
ilosó ico que sea. En igo , esul a que la iloso-
ía no iene nada que e o no quie e ene lo con
la hipó esis de ce eza o alsedad de esas p oposi-
ciones. La analí ica, po ejemplo, sin apea se de
su sis ema icidad a a ía el «p oblema» de la
e dad de esas p oposiciones diciendo: «Todo
depende de lo que us ed en ienda po «la
ie a», «exis e»
y
«años». Si us ed en iende al
y
cual
y
es o
y
lo o o, en onces sí. Mas si lo que us-
ed quie e deci es aquello
y
lo o o
y
lo de más
allá, en onces no; o al menos conside o que es al-
go muy dudoso»lO, como si no ue an absolu a-
men e palma ios -piensa Moo e- an o el sig-
ni icado como el sen ido como la indudabilidad
de esas exp esiones que Moo e a i ma oma del
lenguaje o dina io
y
u iliza o dina iamen e co-
mo me os ejemplos de ipos de
hechos
que es ab-
su do pone en en edicho. La «de ensa» es á cla-
a: «Todos los ilóso os han pe enecido a la clase
de los se es humanos»"; así pues, jcómo es posi-
ble que «hayan sido capaces de man ene since-
amen e como pa e de su c edo ilosó ico p opo-
siciones incompa ibles con lo que ellos mismos
sabían que e a e dade o», al deci , po
ejemp10,que e a sólo
p obable
la exis encia de
es a mesa, o la de
mz mano
o
sus manos,
o que
mesa, chimenea, manos, no e an siquie a obje-
os ex amen ales sino, como decía Be keley,
«ideas» o «comp!ejos de ideas»
y
que además nin-
guna idea puede exis i sin se pe cibida? Desde
el pun o de is a de Moo e, odos los ilóso os sin
excepción han coincidido en esa esis suya de la
«Visión del mundo del Sen ido común» es
com-
ple amen e
e dade a en cie os aspec os unda-
men ales y, según pa ece desp ende se de ello,
que
mien en ~uand0 dudan
de la ealidad del i-
po de p oposiciones más a iba mencionadas, o
que
ingen duda
jugando a dis ancia se del
es o
que como hecho
y
p oposición en la e e na dua-
lidad de oda enomenologia nos ci cunda piel
con se .
Pe o su ge una g ie a, como en odo edi icio
demasiado an iguo: jno es acaso ambién esa
cosmo isión del Sen ido Común una
eo Ca,
una
iloso ia
que, como an ace adamen e señala
Mugue za en el p ólogo a la
De ensa,
«dis a de
esul a cogen e, p oduciendo la ine i able sen-
sación de da pecisamen e po sen ado lo que
a a de demos a »?'*.
..
Sal o si, cla o es á, lo
que p e ende Moo e no es demos a sino sim-
plemen e
mos a ,
y
mos a algo an e lo cual se
esis e a c ee que sea posible desdobla se esqui-
zoidemen e en alguien que oma asien o en una
silla y que al mismo iempo dice que las sillas no
exis en
(n 'hi hape Lloga -hi cadi es!)
o que sólo
son «imágenes» causalmen e dependien es de
nues a men e o de la de Dios.
LA DISTANCIA
Hegel; que las ideas sólo como juego son al mis-
mo iempo edi ican es
y
pelig osas, dice Cio an.
El discu so de Moo e es i esis ible, pe o no lo Que la dis ancia es en el homb e una segunda
es menos cualquie o o que
azonablemen e
nos na u aleza: el hábi o no le hace monje
y
es la dis-
ins e a despacha la segu idad en las e dades co- ancia misma odo a abal on ológico, pues con-
idianas
y
cambia las, po ejemplo, po un «mé- ie e al es o en nada.
odo» ca esiano de conocimien o, dueños de di- En pocas
y
ya sabidas palab as, es amos con-
igi el
o do cognoscendi
(p esumimos) ya que denados a iloso a . Ya lo decía Kan en la
C Z i-
no el
o do essendi
de las cosas (aunque acaso sea
ca
de
la azón pu a,
lamen ándose una ez más
más bien al e és).
A
pesa de odo, compa o la de que no pudiese la iloso ía ( azón pu a) en a
in uición de Moo e de que en odo caso hay que en el segu o camino de la ciencia po el de o e o
a a de a moniza las «dos» ealidades que des- sin espe anza de la dialéc ica ascenden al:
«To-
cub imos (p opiamen e, una de ellas es dada- da dispu a sob e la na u aleza de nues o en e
pues a, no descubie a)
y
no simplemen e nega pensan e
y
de su enlace con el mundo co pó eo,
con a oda anspa encia la
ac icidad
de la que es únicamen e consecuencia de que espec o de
pa imos en el diálogo o en el monólogo: el cue - aquello de que nada se sabe, la laguna se llena
po, la e e encia al menos espacial a o os obje- con pa alogismos de la azón, con i iendo nues-
os, el
como si
del que no sabemos cómo sali ha- os pensamien os en cosas e hipos asiándolos,
cia o o «como» (el
modo
pa ece se nos siemp e de donde esul a una ciencia imagina iad3.
a e si o). Pa ece lo más p opio del homb e «ma- Y el camino que nos omamos de aquí
a
esa
a la ísica», dis ancia se siemp e del es o, p i- ciencia imagina ia iene an o de libe ad como
me o bajo la o ma del mi o, después bajo la del de labe in o, an o de
es o
como de
és e
(apelli-
«lagos»,
si no son ambas dos o mas del mismo do uni e sal del yo). El «P dice P» wi gens einia-
«aquello». no pod ía con e i se en una de las in uiciones
Que las -ideas uesen la p opia mo ada del más e icaces en el sal amen o de dis ancias. Sólo
homb e, p oponía Kie kegaa d
y
pa ecía p opo- el «dice» une
y
sepa a. Sólo el silencio nos man-
ne Moo e con a odo idealismo; que la Idea es iene en la e dad.
la única mo ada del odo cons uyéndose, decía
NOTAS
1
SOREN
KIERKEGAARD.
Dia zb ín imo,
Buenos Ai es,
7
Qp. ci ., p. 64.
San iago Rueda EDi o , 195, p. 147. Según ci a JAVIER
MUGUERZA en el p ólogo a
De insa
2
E
.M.
CIORAN.
La
en ación de emibi ,
Mad id, Ed. Tau-
del sen ido comlin y o os ensayos
de Moo e, Mad id, Ed.
us, 1981, p. 46. Tau us, 1972,
p.
11.
3
Op. ci ., p. 48
9
Op. ci ., p. 58.
4
Ci ada po
R.
La a ge en
La loso úz de Sa e.
'0
Ibid.
5
Véase
L'emj encialisme és un humanisme
en
Fenome-
l1
Op. ci ., p. 67.
nologia
i
exis eniahme,
Ba na., Ed. Laia, 1982, p. 50.
l2
Op. ci .,
p.
23.
6
G.W.F. Hegel,
Fenomenología del espí i u,
México,
13
1.
KANT.
C~ ica de
La
azón pu a,
Buenos Ai es, Bd.
F.C.E. 1978,
p.
63. Losada, 1976, ol.
11,
p. 109.