PRÓLOGO AL SILENCIO
Me c?
RIUS
Hay un ipo de silencio que a as a su exis-
encia ín ima po los in e s icios de las ases, i-
jando los lími es de los ocablos en cada secuen-
cia sin agmá ica. Es el silencio como pausa. De
su condición mayes á ica saben los poe as. Mas
cuando abandona sus eleidades í micas pa a
en a en azón,
y
a ismig a, se nos apa ece al
es o de los mo ales cual en idad an asmagó i-
ca. Helo aquí con e ido en me a apoya u a del
signi icado.
En el dominio del
habla
siemp e se á un in e -
alo, el acío que es iliza la pleni ud de las pala-
b as.
Y,
sin emba go, no hay ca encia absolu a
en el seno del logos. Incluso el silencio puede
acoge se a los bene icios de una dialéc ica1 que
en iende bien -¿cómo igno a el a ma que nos
sojuzga?-,
y
los componen es sin agmá icos lo
econocen a modo de an í esis necesa ia. El su-
pues o in e alo ecob a un ápice de la sus ancia-
lidad pe dida, al iempo que inco po a eminis-
cencias exp esi as: de iene pausa e ó ica2.
La nos algia del a e le impulsa a supe a su
dependencia sígnica. Pe o si la i ud dialéc ica
a ec a a las elaciones es uc u ales, es pa a obli-
ga las a ascende se e ing esa en o o ámbi o.
La pausa e ó ica halla su luga en el habla con i-
gu ada como unidad de Sen ido. Po oda epa-
ación, el silencio ecibe el p i ilegio de se i a
un amo más ilus e.
Pese a que la islumb a, la in ini ud no a con
él. An año, en la época do ada de la dialéc ica,
se le exigía un equisi o imposible: la pleni ud.
Aho a, cuando ya casi nadie c ee en Absolu os,
los he meneu as no son los únicos en habla de
ape u ai, És a se ha e igido en an ihegeliano si-
nónimo de lo in ini o. Nue a us ación pa a
quien es á ence ado en los lími es del discu so.
La pausa es simple eng anaje de una ca apul a
que lanza hacia la anscendencia; base indis-
pensable
y,
como al, inamo ible. El habla se
alimen a de él, pe o lo me aboliza en Sen ido.
In es ido de e ó ica, el silencio no puede ebe-
la se, po que la ejecución lingüís ica" le ae ecos
de c eación
y
a e.
Ala mado po la pa adoja, nues o pe sonaje
busca una salida ilosó ica pa a sus pe plejidades
es é icas. Consul a pues a los expe os, iejos
unciona ios del logos. Sepamos lo que escucha.
2
El silencio desempeña un papel impo an e en
la ansición del pa adigma al sin agma lingüís i-
cos. [Se mues an cau elosos en da le una exp e-
sión más ilosó ica -el de eni sin agma del pa-
adigma. po ejemplo- po que no se saben a
dis ancia segu a de la empi ia]. IC'o hay un silen-
cio esencialí del pa adigma. Nada iene que e
con él la ausencia i ualGn cada ac o de habla;
an es bien, aquella implica la p eexis encia de
una sus ancialidad que se hu a. Po el con a io,
pe cibimos la cadena sin agmá ica como un e-
co a se de las palab as sob e el silencio, que, ac-
uando de ondo, les da elie e. Es en la ealiza-
ción e ec i a del habla donde se egis a la ca en-
cia. Fenómeno pe ec amen e explicable desde
el pun o de is a ilosó ico, ya que la enca na-
ción de la esencia suele co ille a deg adación.
Sin emba go, el caso no es á an cla o. iCa en-
cia de qué? Imposible esponde que de signi i-
cado. La a iculación sin agmá ica es un acon e-
ce ; de ella ad iene un sen ido que no poseen los
signos po sí mismos. En de ini i a, ocu e jus a-
men e lo opues o a la p esumida degene ación.
Se da un inc emen o del cual el silencio es una
pieza undamen al.
Y
lo que es peo : pues o
que no pe enece al pa adigma. se a a de un si-
lencio con en idad p opia. Apa en emen e ha
habido una in il ación enemiga en las ilas del
Sen ido.
(De hecho, los ilóso os siemp e han sen ido
epa os en con e i dignidad esencial a algo an
empí ico como el pa adigma..
.
un sis ema de
signos, me amen e es uc u al..
.
poco dialéc ico.
Aho a conclui án que los lingüis as les han indu-
cido a e o .] Se impone una e isión de los p e-
supues os. El pa adigma exis e como sin agma:
pe o no es nada p e io a esa exis encia. Más bien
sucede a la in e sa. En an o «depósi o» de signi-
icados, el pa adigma p ocede del habla cual un
esiduo ca en e de i alidad. Es habla en sen ido
imp opio; compe encia lingüís ica que ha ol i-
dado su o igen. [Ellos saben cuál es ese o igen.
G acias a su ciencia, e ec ua án la pi ue a que les
pe mi i á sali ai osos.] Pe o sólo en la ejecución
eme ge el sen ido. A ella nos e e imos cuando
mencionamos la e dade a habla. Con es e oca-
blo que emos signi ica - espí i u, ene gía,
ida.
..
pode de gene ación. Po mejo deci lo
-[ha llegado el momen o de mos a el
iun o]-:
lenguaje.
El lenguaje es la e dade a esencia que el ha-
bla ealiza en el discu so. Hemos adqui ido con-
ciencia de ello; po in o mula emos la p egun a
ace ca del silencio en la ins ancia pe inen e.
Y
ob end emos espues as, po que, desde la nue a
pe spec i a, nos se á posible aplica 8 las eo ías
de nues a adición.
La concepción dialéc ica se p onuncia axa i a-
men e ace ca del silencio. Es e no exis e ue a del
logos, la o alidad que lo cons i uye al obje i a -
se a sí misma -al de eni sin agma ma e ial" la
p oduc i idad del Espí i ulSuje o. El silencio es
pues un momen o de la ini ización del lengua-
je,
y
és e acaba po ecupe a lo en el seno de su
absolu ez.
Debemos econoce que, apa en emen e, con
la ealización e bal, eme ge algo nue o. El len-
guaje cob a sen ido po medio del habla. Pe o
al mediación no le subo dina, po que le pe e-
nece in ínsecamen e. El sen ido es gene ación
del p opio lenguaje, que a Ilenándose de con e-
nido en un p oceso inmanen e de de e mina-
cián.
Queda, po an o, explicado el inc emen o
signi ica i o sin habe de ecu i a un silencio
i is alado en la ex e io idad. No obs an e, el si-
lencio es necesa io -posee dignidad ilosó ica-
como igu a pe ecede a en el de eni del logos.
Cie o que, en an o ini o, su se es á condena-
do a aniquila se en el eino del Sen ido. Con o-
do, descub iendo su acionalidad, le hemos es-
i uido sus de echos.
Nues as e lexiones han soca ado las esis de
los lingüis as, pe o sólo has a cie o pun o. Con
ac i ud c í ica, es amos dispues os a admi i la
alidez de su pe spec i a ini a. [Po desg acia,
los ilóso os son cong uen es con sus eo ías.] La
lingüís ica es udia el lenguaje ep esen a i o.
P obablemen e, a su sabe empí ico, nues a
a i mación de que el silencio queda abso bido en
el de eni de la o alidad in ini a le pa ece á un
exab up o.
Pe o la iloso ía ambién puede explica el ha-
bla desde la ini ud. Lo que no debe hace es
conside a al silencio sin agmá ico como un da o
úl imo. Pues hay o o silencio, p imo dial, o igi-
na io, condición de posibilidad de odas sus ma-
ni es aciones empí icas.
[Los ilóso os han que ido undamen a la in-
manencia ma e ial del silencio en los lími es del
habla, po medio de su inmanencia empo al en
el lenguaje. Pe o el esul ado iene isos de ana-
logía
y
excesi a abs acción. De ahí que in en en
e o za la elación en e ambas sis ema icidades,
a ea bas an e cómoda en base a sus p cmisas:
1
a
La e dade a esencia del habla es el lenguaje.
2a
La adición en iende el logos como e bolO.]
Desde el pun o de is a ini o, el silencio no es
obje i ación del lenguaje en el ac o del habla.
Tampoco se queda e11 me a a iculación del sen-
ido sin agmá ico que asciende la en i ieación
de los signos.
O
mejo , ambién es es o úl imo
g acias a su ascenden alidad, que sólo se des e-
la ocul ándose en el habla. Cada ac o discu si o,
en an o e ec uación limi ada, educe las posibi-
lidades iniciales con enidas en el silencio o igina-
io. Y no obs an e, la pausa e ó ica en iquece
las palab as po que aquél las habi a como ho i-
zon e de po encialidades ac ualizables. El 5ilen-
cio o igina io es á p eñado de sen ido; en él ge -
mina el discu so.
Ob iamen e, se ha in e ido la elación pos u-
lada po la dialéc ica. Sin emba go, pe du a la
eleología; aho a, sin necesidad que la a ale. El
silencio sigue dependiendo del sen ido hacia
el
que se o ien a, en una inalidad sin e o no. Ni
an siquie a se dis ingue ya del lenguaje. No ale
deci que es posible lenguaje. Tal exp esión cae
en la au ología. Posibilidad es una de e mina-
ción que nada le añade al concep o de lenguaje.
Y nada le es a, pues no se aplica
a
sus anciali-
dad ninguna.
En in, de lo an e io se siguen unas conclusio-
nes mucho más adicales aún que las p ecede i-
es. Ya no bas a con a i ma que el e dade o se
del silencio es lenguaje. Hemos de sos ene que
el silencio o es lenguaje, o no es". La pe spec i a
ini a le niega ca egó icamen e la en idad sepa-
ada. Una ez más se nos pa en iza la impoaibili-
dad de eludi la inmanencia.
[Los ilóso os suspenden sus e lexiones.
Y
el
silencio sien e sob e sí odo el peso de la azón.]
La concepción dialéc ica a i ma la iden idad
(mediada) de lenguaje
y
silencio con oda legi i-
midad, po que se si úa en la in ini ud del sabe
absolu o. Pe o, ¿podemos ase e a que el silen-
cio es inmanen e al logos, es ando inme sos en lo
ini o? Sí, po cuan o al inmanencia es un a i-
bu o de esa ini ud; nues a comp ensión del si-
lencio es á aquejada de ci cula idad. Apa en e-
men e, al deci que aquél es lenguaje, incu i-
mos en una con adicción ayana al absu do, en
an o ehusa la nega i idad dialéc ica. Pe o, en
ealidad, lo que se p e ende no es o za una
iden i icación inmedia a, sino si ua a la inma-
nencia donde le co esponde: sólo podemos de-
ci el silencio desde el lenguaje, po que sólo po-
demos ep esen a nos el se I2.
El silencio se nos apa ece como me a exc ecen-
cia del logos (ya que no un momen o suyo). Da
la imp esión de posee un se p es ado.
Y
con
ello, la on ología se iñe de subje i ismo. Cons-
a ándolo, se a en u a que el se del silencio es
como la eminiscencia oní ica de Occiden e.
Desde luego, la iloso ía sabe que los lími es
de su quehace son ambién su condición de po-
sibilidad; explici ándolos, se asegu a la supe -
i encia'?. Pe o ni aun así log a e i a la p oble-
má ica que es una cons an e de su his o ia (y,
con oda p obabilidad, imp escindible pa a esa
subsis encia a de ende ). La hemos o mulado
más a iba, disyun i amen e:
«.
.
.
o el silencio no
es».
Re o na el espinoso ema que ya conmo ió a la
An igüedad, que es á en el o igen de la iloso ía
misma: el pensamien o del no-se . Hay quien lo
soluciona plan eándolo en el o den de la p edi-
cación; el no-se iene ealidad como negación
de e minada. Si igno amos es a ía, esu ge la
e e na pa adoja de lo Mismo
y
lo O o. «No es>>,
sin más;
y
nos emos expulsados a la ascenden-
cia.
En onces nos en a la consiguien e pe plejidad
semán ica,
y
po enésima ez nos p egun amos
cómo es posible p edica el no-se de algo, pone
un suje o
y
nega lo. Además, en es e caso, el
con lic o se ag a a, pues hemos e ec uado algo
más que una p edicación acía; hemos supues o
que el silencio es o igen del lenguaje. Fa al ol i-
do de la ce idumb e pa menídea: el no-se no
puede engend a al se .
Es á en juego la adición.
¿Y
eso es malo? Al-
gunos c een que no, pe o ampoco se mues an
op imis as. La adición nunca dige i á a la as-
cendencia; po p incipio, pues dige i la equi al-
d ía a alsea la. El lenguaje no puede deci el si-
lencio.
Sin emba go, ambién opinan que la ascen-
dencia es un juego de exclusión ob a de la adi-
ción misma. Po es o no enuncian14,
y
abo dan
la p oblemá ica del silencio desde o a óp ica.
Huyendo de la me a ísica, no mencionan al no-
se , sino a la ausencia. De es e modo, le oponen
al se una con apa ida que soca a su p opio
undamen o: su clásica ca ac e ización como p e-
sencia. No exis e el silencio en an o p esencia
o igina ia que des ela su e dad en el ac o del
habla, sino como huella p oducida po la esc i-
u a.
La consecuencia pa ece bas an e cla a. El so-
me imien o del silencio a la ju isdicción del sen-
ido, la nega i a a econoce le la ascendencia,
son exo cismos con a el an asma de la i acio-
nalidad. Una iloso ía que eo iza sob e esa as-
cendencia, asume el sinsen ido; incluso concibe
al sen ido como e ec o suyo15. Aboga po la im-
posibilidad de ascende se a sí misma.
És e es el compo amien o de los ambiciosos,
los díscolos he ede os del hegelianismo. Pe o los
hay que hacen gala de mayo modes ia. Se mues-
an más eme osos del enemigo. O al ez ci an
su pode en el dominio de un eudo segu o.
Aco an el e eno ilosó ico, ponen lími es al sin-
sen ido; en de ini i a, dos e siones de lo mis-
mo. Son los pensado es que deciden e ene se en
la adición. P i ilegian al signi icado po encima
de la exp esión. Po eso su silencio consis e en
calla se'! O os, en cambio, desean exp esa lo.
Y,
como es na u al, no le ponen lími es; con lo
cual ampoco p o egen a la iloso ía, simplemen-
e la ab en a o as emp esas". En ambos casos,
ella pie de el de echo a la absolu ez, de in ini o
y
de ini ud, que -según hemos comp obado-
ambién exis e, aunque sólo sea como aspi a-
ción.
Apá ida de Absolu o, o jado a de imposi-
bles, la iloso ía p ac ica una senda dudosa. De-
be ía eco da que el silencio o igina io sólo es
pelig oso po que suele eapa ece como pun o
y
inal del camin~'~.
Con an os ala des de undamen ación cuyos
e ec os conclusi os son le ales, y po que la o á-
gine del « odo o nada» o ece un aspec o de ena-
jenación gene alizada, es muy di ícil adi ina
qué nos espe a. Tal ez la iloso ía quede pa a
siemp e elegada al capí ulo de «obse aciones».
En cualquie caso, sin que ello suponga una a i-
icación a pe pe uidad, mi p ocede -aquí
y
aho a- se insc ibe en es e apa ado. Simple-
men e, deseo cons a a una ausencia en las con-
cepciones aludidas. Igno o su alcance, pe o oy a
ap o echa su buen emple expe imen al.
Inmanencia
y
ascendencia del silencio son
dos ca as de una misma moneda: la ac i ud a-
dicional ace ca del lenguaje y sus elaciones con
el habla. Ambos - ascenden al
y
empi ia- es-
án indisolublemen e unidos. El habla es no sólo
la plasmación de cuan as pe ecciones anidan en
el lenguaje (Silencio
=
lo Mismo), sino ambién
el pun o donde se esuel en o disuel en sus p o-
blemas (Silencio
=
lo O o). Tan o si hemos de
calla po imposibilidad «lógica», como si debe-
mos habla . ya pa a ealiza ya pa a p oduci el
lenguaje, se es ablece en e ambos polos una co-
municación p ocli e a ahuyen a las in e e en-
cia~
.
Pe o los buenos o icios de los lingüis as alum-
b a on, hace a bas an e iempo, a un e ce in-
di iduo, que ei indica su pa e de p o agonis-
mo -has a aho a, las concesiones de los ilóso os
han sido más bien iolen ado as. Me e ie o, e i-
den emen e, a la lengua.
La lengua no es una panacea, pe o iene cie o
pode mediado . Bajo es e aspec o quie o in o-
duci la aquí: en su elación con las dos g andes
damni icados del silencio; no po su alo in ín-
seco (ya dijimos, más a iba, que no hay un si-
lencio esencial del pa adigma).
Resul a chocan e que con inuamen e señale-
mos al habla como el luga donde se di imcn los
can lic os del lenguaje,
y
en cambio nadie insis a
en que ambién es el ó gano de su de ección, e-
nómeno, po o a pa e, a chisabido. Al habla
se ex e io iza plenamen e la «ene geia», eje ce-
mos la p ocesualidad del lenguaje. Pe o no es
menos cie o que, a menudo, al p ocesualidad
queda bloqueada, p ecisamen e, en la ejecución
lingüís ica1? Veamos cómo
y
po qué.
«El indi iduo es ine able». He aquí la sen en-
cia que desasosiega a la iloso ía desde sus albo-
es. El indi iduo: la mo i ación de cuan os, en
es as páginas, se han deba ido con el silencio.
Los que buscan un modo de exp esa se a sí mis-
mos; los que p e enden un conocimien o único;
los que, en el ámbi o del Se , lo some en a la ela-
bo ación del «comple amen e de e minado»; los
que, iaje os al Ex a-se , gus an de llama le
«acon ecimien o»; odos quie en cau i a lo coi1
sus añagazas, con sus eo ías.
Y
odos conside a-
ían au ológica -aunque no necesa iamen e
e dade a (di ían algunos)- es a p oposición:
«La ine abilidad del indi iduo es imposibilidad
del lenduaje».
¿Po qué esa expe iencia que nos hace cues io-
nable su p opio undamen o?
¿No
pod íamos, al
menos, como buenos ilóso os, p es a le un sem-
blan e menos pa adójico? A es e espec o, la len-
gua es de e minan e en la p ác ica
y
ú il en la
eo ía.
El con lic o p ác ico iene p o ocado po ella,
en an o el ac o del habla es ansición obligada
de la ue za a la o ma, de la ida a sus p oduc-
os, de la p ocesualidad del lenguaje a la sis e-
ma icidad de la lengua. Exis e la co espondie i-
e explicación eó ica. El concep o de lengua
con iene una dis inción o igina ia pa a exp esa
ese desajus e; aunque cie amen e con alguna
ambigüedad, que causó no pocos queb ade os
de cabeza a su c eado .
Me e ie o a la dis inción saussu eana en e
signi icación
y
alo . La lengua es un sis ema de
alo es, o ma
y
no sus ancia, cuyos elemen os
poseen una en idad me amen e di e encial. Pe o
es ambién signi icación, pues deslinda
y
a icula
simul áneamen e pensamien o
y
sonido (que sí
son sus anciales). Aho a bien, es a unción ha si-
do a ibuida adicionalmen e al lenguaje. Es-
cándalo eó ico pa a una disciplina que lo había
excluido de an emano. El au o in en a epa a lo
con la a i mación de que, sin los alo es, la signi-
icación no exis i ía20. No sé si lo consigue plena-
men e, pe o en odo caso explici a un hecho a e-
ne en cuen a: que el lenguaje no puede exis i
sin la lengua, y que la unción signi ica i a
de
es-
a es un pode delegado.
La go iempo hemos p i ilegiado al pode so-
b e su delegación, cual si és a le in ligie a una
pé dida esencial. Sin emba go, ya emos que la
pa icula idad empí ica -lengua- con iene su
p opio enga ce con el uni e sal -la signi ica-
ción. ¿Po qué no en ilamos. pues, la ía con a-
ia?
Pese a odo, mi p opues a
110
es á exen a de
objeciones. Comp ende íamos que e1 con lic o
en e signi icación y alo ue a la exp esión
eó-
ica del desajus e en e nues o pode c eado
y
los ins umen os disponibles ( ac icidad no des-
men ida po la hipó esis de que se los o o ga a sí
mismo). Pe o, (quién se con o ma ía con una
explicación así pa a el desa ío de la indi iduali-
dad, a menos que desposeyé amos a és a de sus
de e minaciones esenciales, unicidad y au ono-
mía? Debemos p osegui el plan eamien o, di i-
giendo nues a a ención hacia la lengua en su
uso; es deci , el habla. Aho a sí que hemos de
acudi a ella, pues se impone el eg eso a la sede
del p oblema.
La imposibilidad del habla nace de la a e sión
que nos susci an los medios comunes
-públicos- cuando los necesi amos pa a e e-
i nos a un indi iduo. Uno sien e que, de algún
modo, lo (se) aiciona, al se i se de lo «con en-
cional».
La lengiia es esa con ención cuyo uso cons iñe
al habla. Sin emba go, es o ya lo sabían los iló-
so os; de ahí su omisión menosp ecia i a. ¿Acaso
hemos dado un odeo inú il? No lo c eo así.
Unos y o os negamos a la con ención; pe o a mí
me pa ece desace ada una legi imación del e-
chazo en base a la ascenden alidad. Opino que
sólo hay dos p ocedimien os ac ibles pa a im-
pugna la; y el mencionado no se cuen a en e
ellos.
Uno se en aíza en la con ención misma; le
-
de-
NOTAS
1 C..
.
el analis a iene algo de esc iba.
Pe o sigue siendo an e odo
el
dueño de la e dad de La
que ese discu so es el p og eso. El es, an e odo, el que pun-
úa, como hemos dicho, su dialéc ica..
.
...
Es un hecho que se comp ueba holgadamen e en la
p ác ica de los ex os de las esc i u as simbólicas, ya se a e
de la Biblia o de los canónigos chinos: la ausencia de pun-
uación es en ellos una uen e de ambigüedad, la pun ua-
ción una ez colocada ija el sen ido, su cambio lo enue a o
lo ans o na, y, si es equi ocada, equi ale a al e a lo..
.
...
Es e sen ido es á sos enido po su elación subje i a
con el amo en cuan o que lo que espe a es su mue e.
El obsesi o mani ies a en e ec o una de las ac i udes que
Hegel no desa olló en su dialéc ica del amo y del
escla o,.
.».
UACQUES
LACAN
«Función y campo de la pala-
b a»,
Ecnjs.)
2
«La e ó ica ep esen a en la iloso ía lo que no puede
se pensado de o o modo que en el lenguaje
(.
.
.)
La dialéc-
ica, que en su sen ido li e al es
o ganon
del pensamien o,
se ía el in en o de sal a c í icamen e el momen o e ó ico,
nominan ansg esión. Es una conduc a que a
eces adop a una ace a Iúdica. O as, apa ece
como es imonio de esis encia; po que, en el ca-
so más ex emo, nos emos o zados a admi i
que el «no» es un p és amo de la lengua".
Al segundo p ocedimien o quizá alga más
llama lo ac i ud. Es la mía, cuando inicio el inal
de es e abajo. Nega a la con ención desde el
sen imien o. P ohibi se el uso de la lengua si nos
esul a insu icien e. Op a , en de ini i a, po un
silencio cuyo azón de se hab ía que busca en la
é ,ica.
An es de empeza a esc ibi a la memo ia del
p o eso Calsamiglia, enía dos opciones. Pe o,
en mis ci cuns ancias, la me a alusión me pa ecía
desconside ada.
Y,
sin emba go, emía incu i
en un cie o cinismo2* si iba en pos de una inme-
dia ez i espe uosa.
Venció el pudo . He dispues o el ma co donde
mis palab as habían de aniquila se. Aho a,
cuando quisie a -cuando debie a- empeza a
habla de Josep Ma ia Calsamiglia, p e ie o la
humana con ención de gua da un silencio..
.
ace cando mu uamen e la cosa
y
su exp esión. has a que Ile-
ga an a con undi se
.»
(THEODOR
W.
ADORYO.
Dialéc ica
Nega i a.)
3
<El concep o de sen ido encie a una obje i idad que
asciende oda cons ucción; an p on o como es hecho, el
sen ido se con ie e en icción, duplica el suje o, po más
colec i o que és e sea y le es a a lo que pa ece o o ga le
(.
.
.)
Lo
único que con hon a pod ía eclama pa a sí el nomb e
de sen ido se halla en lo abie o, no en lo ence ado en sí
mismo..
.»
(ADORNO.
op.
ci .)
4
(c...
habla no es nunca subsumi lo indi idual bajo
concep os gene ales. En el empleo de las palab as no se hace
disponible lo que es á dado a la con emplación como caso
especial de una gene alidad, sino que es o se uel e p eáen-
e en lo dicho. igual que la idea de lo bello es á p esen e en
lo que es bello»
(HANS GEORG
GADAMER,
Ve dady Mé o-
do).
5
«...hay que a ibui a la lengua, no al habla, odos los
ipos de sin agmas cons uidos sob e o mas egula es. En
e ec o, como nada hay de abs ac o en la lengua, esos ipos
sólo exis en cuando una lengua ha egis ado un núme o
su icien emen e g ande de sus especímenes
(...)
Exac a-
men e lo mismo pasa con las o aciones
y
g upos de palab as
es ablecidos sob e pa ones egula es; combinaciones como
la ie a gi a, ?qué e ha dicho?,
esponden a ipos gene a-
les que a su ez icnen su base en la lengua en o ma de e-
cue dos conc e os.))
(FERDINAND
DE
SAUSSCRE
C0u s.j
C.
.la conexión asocia i a une é minos
in absen ia
/en
una se ie mnemónica i ual)) (SAUSSURE.
op. ci .)
7
«El lenguaje mismo no es una ob a (e gon), sino una
ac i idad (ene geia). Su e dade a de inición, po an o, só-
lo puede se gené ica. Es, a sabe , el abajo del espí i u,
pe ennemen e epe ido, de hace al
sonido a iculado
capaz
de la exp esión del
pensmnien o.
En endié idolo es ic a e
inmedia amen e, al es sólo la de inición del
habla
conc e-
o en cada ocasión.
..»
(WILHEM
VON
HUMBOLDT. «Sob e la
di e sidad del lenguaje humano
y
su in lujo en la e olución
espi i ual de la humanidad)).)
8
((En ambos casos es o implica que si el ex o, ley o men-
saje de sal ación ha de se en endido adecuadamen e, es o
es, de acue do con las p e ensiones que él mismo man iene,
debe se comp endido en cada momen o
y
en cada si ua-
ci6n conc e a de una mane a nue a y dis in a. Comp ende
es siemp e ambién aplica .))
(GADAMER.
op. c2' .j
9
«Cn modelo en es e sen ido es el p ocde del lenguaje.
Es e no o ece sólo un sis ema de signos a las unciones cog-
ni i as. Allí donde se p esen a esencialmen e como lengua-
je. ep esen ando algo, sus concep os ca ecen de de inición.
Su obje i idad se la da el lenguaje po medio de la elación
en que los pone, cen ándolos al ededo de la cosa». «El
con ex o -la "cons elación"- c eado po la p oducción
subje i a se hace legible como signo de la obje i idad, es
deci , del con enido espi i ual.
Lo
que esas cons elaciones
icnen de semejan e con la esc i u a es la con e sión en ob-
je i idad, g acias al lenguaje, de lo pensado
y
sin e izado
subje i amen e)) (ADORNO,
op. ci .)
'0
((Essayons donc d'in e oge la aleu phénoménologi-
que de la oix, la anscendance de sa digni é pa appo 2
oii e au e subs ance signi ian e. Ce e anscendance nous
pensons e nous en e ons de mon e qu'elle n'es qu'ap-
pa en e. Mais ce e "appa ence" es I'essence meme de la
conscience e de son his oi e, e elle dé e mine une époque
2
laquelle appa ien I'idée philosophique de la é i é..
.»
«La oix es I'e e aup es de soi dans la o me de l'uni e sa-
ii é, comme con-science. La oix
es
la
conscien e))
UACQUES
DEKRIDA. La oix e le phénom ne.)
11
«Si pa imos de la cons i ución on ológica undamen-
al según la cual el se es
lenguaje, es o es, ep esen a se..
.
»
(GADAMER,
op. ci .)
12
<(.
.
.cles que, quand on eu di e leu silence
1ui-
mime,
on es déji passé
a
I'ennemi e du c6 é de I'o d e,
meme si, dans I'o d e, on se ba con e I'o d e e si on le
me en ques ion dans son o igine.))
(DERRIDA,
L'écn u e e
l z dz é ence.
j
13
&u momen o i la concep uali é ondamen ale issue
de I'a en u e g éco-eu opéene es en ain de s'empa e de
I'humani é en ie e, ces ois mo i s p édé é mine aien
donc la o ali é du logos e de la si ua ion his o ico-
philosophique mondiale. Aucune philosophie ne sau ai les
éb anle sans commence pa s'y soume e ou sans ini pa
se dé ui e elle-meme co nme langage philosophique.»
(DE-
RRIDA,
op. ci .)
l4
«Silen e
non pas dé é miné, non pas imposé
a
ce mo-
men plu o qu'a el au e, mais lié pa essence
a
un coup
de o ce,
i
un in e di qu'ou en I'his oi e e la pa ole.
EIZ
géné al(.
.
.)
La pa de silence i duc ible qui po e e han-
e le langage, e ho s de laquelle seule, e
con e
laquelle
seule il peu su gi ; "con e" désignan ici
a
la ois le ond
con e lequel la o me s'enle e pa o ce e I'ad e sai e con-
e lequel la o me s'enle e e I'ad e sai e con e Iequ l
je
m'assu e e me assu e pa o ce)) (BERRIDA.
op. ci .)
'3
G..
.No ienen signi icación, es deci , son absu das. Pe-
o no po eso dejan de ene un sen ido.
y
las das nociones
de absu do y de sinsen ido no han de se con undidas. Po -
que los obje os imposibles
(..
.)
son obje os "sin pa ia", en
el ex e io del se , pe o que ienen una posicián p ecisa
y
dis in a en el ex e io : son del "ex a-se ", pu os acon eci-
mien os ideales ine ec uables en un es ado de cosas
(.
.
.)
Si
dis inguimos dos sue es de se es, el se de lo eal en an o
que ma e ia de las designaciones,
y
el se de lo posible, en
an o que o ma de las signi icaciones, hab emos de añadi
ese ex a-se que de ine un mínimo comú i a lo eal, a lo
posible y a
lo i~nposible.
Po que el p incipio de con adic-
ción se aplica a lo posible
y
a lo eal, pe o no a lo i nposiblc:
los imposibles son ex a-exis en es, educidos a es e ilíninio
y que, como ales, insis en en la p oposición)). (GILLES DE.
LEUZE.
La lógica del sen ido)
16
«El e dade o mé odo de la iloso ía se ía p opiamen e
es e: no deci nada, sino aquello que se puede deci ; es de-
ci , las p oposiciones de la ciencia ia u al -algo, pues. que
no iene nada que e con la iloso ia-;
y
siemp e que al-
guien quisie a deci algo de ca ác e me a íico, demos a le
que no ha dado signi icado a cie os signos en sus p oposi-
ciones. Es e mé odo deja ía descon en os a los demás
-pues no end ían el sen imien o de que es ábamos ense-
ñándoles iloso ía-, pe o se ía el único es ic a ne i e co-
ec o.)) (LUDWING WITTGENSTEIN,
T ac a u.i Logico-
Philosophicus.)
17
a... odo lo especí icame i e ea al, es deci , odo
aquello que no puede,exp esa se con palab as, o si se quie e
odo aquello que no cabe en el diálogo
...
»
)A~ osl~ AR.
TACD.
pues a en escena
y
la me a isiccz.j
«El ea o no es
ya un a e; o en odo caso es un a e inú il. Se ha con o ma-
do en odo a la idea occiden al del a e..
.
Se ad ie e así que
el p oblema no es simple..
.
Ninguno has a aho a
ha
plan-
eado el e dade o p incipio del ea o, que es
me a ísico..
.
»
(ARTAL'D.
Te ce a ca a sob e el lengua+.
j
18
«La injus icia que come e odo a e placen e o
(.
.
.)
a
con a los mue os, con a el dolo acumulado
y
sin pala-
b a» «El a e necesi a de la iloso ía pa a deci lo que él no
puede,
y
es a posibilidad de habla sob e el a e se debc
p ecisamen e a que él no habla.)) «La exp esión que llega a
obje i a se plenamen e en lenguaje, pe sis e; lo dicho una
ez a amen e se ex ingue del odo, ni lo malo ni lo bueno
(.
.
.)
Lo
que alcanza el ni el del lenguaje en a e i el mo i-
mien o de lo humano que oda ía no exis e
y
que, po la
misma debilidad que lo ue za a mani es a se en lenguaje,
adquie e su mo imien o.)) (ADORNO.
Teo ía Es é ica.)
19
«Ab aham calla, pe o aquí lo decisi o no es el hecho
de que se calle, sino que
no pueda
habla . En es a imposi-
bilidad adican la angus ia
y
la desazón del pa ia ca. Po -
que si, hablando. no puedo hace me comp ende , en onces
de hecho no hablo, aunque pe o e sin in e upción un día
en e o. Es e es el caso de Ab aham. Puede deci lo que
quie a, excep o una sola cosa. Aho a bien, si no puede deci
es a cosa, es o es, deci la de al mane a que o os le com-
p endan, en onces, e iden emen e no habla.
Lo
que le ali-
ia a uno al habla es cabalmen e su p oyección en lo gene-
al..
.»
(SOREN KIERKEGAARD. Temo
y
emblo .)
20
«Aho a se e la in e p e ación eal del esquema del sig-
no. Así quie e deci que en español un concep o "juzga "
es á unido a la imagen acús icayLzga , en una palab a, sim-
boliza la signi icación; pe o bien en endido que ese concep-
o nada iene de inicial, que no es más que un alo de e -
minado po sus elaciones con los o os alo es simila es,
y
que sin ellos la signi icación no exis i ía. Cuando a i mo
simplemen e que una palab a signi ica al cosa, cuando me
a engo a la asociación de la imagen acús ica con el concep o,
hago una ope ación que puede en cie a medida se exac a
y
da una idea de la ealidad, pe o de ningún modo exp eso
el hecho lingüís ico en su esencia y en su ampli ud.»
(SAUS-
CURE.
op. ci .)
21
«¿Y
en onces qué? En onces, p ecisamen e, hay que
sabe deci no. No a la en ación de la dimisión ímida, no
al abandono ni a las emb iagueces del ¿pa a qué?
(.
..)
En
es a ex aña pa ida de i i en donde sólo enemos po pa-
eja la so da p oximidad de la mue e, digo que no hay que
cede an e lo insopo able
y
aho a menos que nunca.
..»
(BERVARD HENRI-LEVY.
La
ba ba ie con os o humano.)
22
«De hecho, el cínico es ela i amen e se io; o más
bien, no hace del odo la comedia ni se la c ee o almen e,
y
ampoco sabe muy bien si "lo hace a p opósi o" o no; en
ocasiones, a ue za de juga con el escándalo acaba asu-
miéndolo. Jus amen e, el ho no duplex, el homb e an ibio,
siemp e a mi ad de camino en e el ins in o
y
la azón, ese
homb e es a eces cínico po que no puede se impúdico sin
más., (WLADIMIR JANKÉLEVITCH, La i onía.
j