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Nietzsche : historia, cultura, estado

Abstract

Ballesteros i Balbastre, Francesc

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Nietzsche : historia, cultura, estado

Author: Ballesteros i Balbastre, Francesc
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1984
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.982
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn7-8/0211402Xn7-8p25.pdf
NIETZSCHE: HISTORIA, CULTURA, ESTADO
F ancisco
BALLESTEROS
Poco es lo que un ilóso o puede apo a a los
homb es de su iempo si odo aquello sob e lo
que ha medi ado, en endido- e lexionado y c i-
icado no lo ha ealizado desde la iqueza de su
in imidad más p o unda. «Un dialogo con las
ci cuns ancias, e ec i amen e, pe o un diálogo
en el que an o el locu o como lo locu ado ex-
pongan de sí del modo más abie o
y
since o cuá-
les son las posibilidades de su desen ol imien o
más posi i o». Cie amen e, el ilóso o ca ego i-
za, se dis ancia a a és de un discu so que se im-
pe sonaliza en gene alizaciones
y
pa alogismos;
un discu so en el que las in uiciones más in e io-
es sólo se dejan en e e e in ecuen emen e de-
limi a . ¡Pa ece como si las i encias del ilóso o
no ue an lo undamen al, como si no ue an
más que asun o de incumbencia es ic amen e
suya! Na u almen e, sin emba go, hay excepcio-
nes, la mayo ía de las cuales se han dado a pa i
del de umbamien o del op imismo espi i ual
de la iloso ía hegeliana. Ya el mismo Hegel u-
o la su icien e pe spicacia pa a ape cibi se de
que los enómenos aglu inan es en e los indi i-
duos (a sabe , aquellos enómenos que p ecisa-
men e e minan con la indi e encia mu ua en e
el indi iduo
y
su colec i idad) no son e dade a-
men e ca ac e ís icos de la ci ilización eu opea.
Quizá ue a és e el camino po el que descub ió
la «Si lichkei » o «e icidad» del mundo de los
an iguos g iegos, en donde sucedía la coinciden-
cia en e los in e eses del indi iduo
y
del Es ado.
O a de esas excepciones que se ha ebelado con-
a es e «s a us quo» ue el mismo Nie zsche. Su
uen e de e lexión consi ió siemp e en el sen i-
mien o, en la expe iencia, de que en Eu opa no
hay ni ha habido ningún o igen genuino espi i-
ual a pa i del cual una Cul u a se nu e: la
c ea i idad a ís ica colec i a. Nos disponemos a
mos a cuáles son las causas que Nie zsche halló
en es e hecho. Pe o an es que nada debe hace se
una acla ación: la si uación en el siglo
xx
no es
sensiblemen e di e en e de la del
xx
que Nie z-
sche demandó; es cie o que ha habido in en os
se ios po modi ica es e o den, que han acasa-
do, y, lo que oda ía es mucho más g a e, que
cuan o más iempo anscu a, más se pe de án
de is a los obje i os
y
las bases de una Cul u a,
en el sen ido más amplio
y
undamen al del é -
mino.
U ge aquí acla a cuál e a la necesidad que
Nie zsche enía de conside a se a sí mismo
y
a su
ob a como in empes i os. Es aho a la segunda de
sus
Conside aciones in empes i as
la que aho a
nos llama la a ención:
Sob e la u iL'idady des en-
aja de la His o iapa a la ida,
esc i a en
1873
y
publicada al año siguien e. Hacía an sólo cua o
años que había sido nomb ado ca ed á ico ex-
ao dina io de ilología clásica en la uni e sidad
de Basilea. Con ac os con maes os como Ri schl,
Rohde, Bu ckha d
,
e c. le en oca on el des ello
de una Cul u a desapa ecida hacía iempo: G e-
cia. Una cosa es inconcebible cuando uno se de-
iene a pensa cuál ue la elación exis en e en e
el es udio de la ilología clásica
y
la a ea de un
iloso a in empes i o. Segu amen e es as dos
ac i idades no son en absolu o an con adic o-
ias en e sí como pa a no se capaz de encon a -
se alguna elación en e ellas. Pe o el espí i u de
cómo Nie zsche debió ealiza sus es udios ilo-
lógicos debió o zosamen e es a imp egnado de
la imp on a de un descon en o p imo dial. Es
p obablemen e imposible llega a se más con-
c e o en es e ema. No obs an e, an sólo hemos
de ceñi nos a ea i ma las mismas palab as de
Nie zsche, aquellas con las que da conlcusión al
p ólogo de es a segunda de sus in empes i as:
Pues yo no sab ía qué sen ido end ía la ilo-
logía clásica en nues o iempo sino el de ac ua
in empes i amen e -es deci , con a su
iem-
po
y,
po an o, po encima de su iempo,
y
es-
pe o que en i ud de un iempo enide o-'.
Apun a Nie zsche en es a ase a una idea que a
lo la go de es e esc i o, así como en el de o os,
hemos de encon a nos, a sabe , el concep o no
ideal, sino isiológico de la undación de una
nue a, más p o unda
y
na u al o mación cul u-
al. La o mulación de es e concep o la encon a-
mos cabalmen e ealizada en el esc i o
Sob e el
po eni de nues as escuelas,
esc i o en
1872,
es
deci , oda ía du an e su es ancia en Basilea.
Luego di emos algo espec o a es e lib o. El obje-
i o de la segunda In empes i a es igualmen e
anunciado en el mismo p ólogo:
In en o en ende aquí algo de lo que nues o
iempo es á o gulloso con azón, su o mación
his ó ica, como dolencia, debilidad
y
ca encia
de nues o iempo, po que c eo incluso que o-
dos noso os padecemos de una ieb e his ó ica
o az,
y
po lo menos debe íamos sabe que la
padecemos2.
Los obje i os de la c í ica de Nie zsche pa ece
que se an delimi ando
y
en ocando hacia la
con aposición de dos ipos de o mación («Bil-
dung»): una o mación clásica o ealmen e cul u-
al,
y
o a his ó ica o his o icis a. Es a segunda es
p ecisa
y
desg aciadamen e la que se da en la ac-
ualidad. Se a a de esa p eeminencia del «sen i-
do his ó ico» del mode no eu opeo, que no e en
el pasado más que un conjun o de enómenos
his ó icos, de hechos
y
de éxi os (pues pa a él no
exis e ninguna his o ia de las in enciones, es de-
ci , de los alo es) que al como son no sólo ense-
ñados po los p o eso es de los ins i u os, sino
ap endidos po sus alumnos, son unos enóme-
nos mue os. Nie zsche se inspi a en Goe he
y
sus palab as:
Todo lo que. po lo demás, me ha sido me-
amen e enseñado, sin amplia mi ac i idad
o
i i ica la inmedia amen e, me es odioso3.
No hay ins ucción sin i i icación («Beleh ung
ohne Belebung))). Cla o es á, sí que la hay, pe o
es undamen almen e una pseudoins ucción.
Hay es modos po los cuales el i ien e pue-
de se i se de la his o ia; según cada uno halla e-
mos una ciencia his ó ica «monumen al»,
«an i-
cua ia)) o «c í ica». La p ime a p oyec a al indi i-
duo en la acción
y
en el impulso; la segunda le
inyec a un me o a án de conse ación
y
de admi-
ación po lo pasado; inalmen e, la e ce a
10
e-
duce a una a ea de au oin e p e ación a pa i
del desa ollo («P ozess» -c . Hegel-) de la
his o ia suya. Casi no es necesa io insis i po
cuál de las es se decidió Nie zsche. En lo básico
la cues ión es mani es a que aquello que nos en-
seña la his o ia
ha
de se i nos pa a encon a
cuáles hab án de se las in enciones
y
los p oyec-
os que en el u u o un indi iduo, un pueblo o
una Cul u a deba ealiza pa a el in de su p o-
pia con eniencia. Cualquie o o modo de en-
ende la his o ia
y
de hace uso de ella no puede
conduci sino a que los indi iduos
y,
en conse-
cuencia pues, los pueblos
y
las cul u as, langui-
dezcan
y
degene en. No hay ningún o o modo
sano de en ende la his o ia, sino en el mismo
sen ido en como la ida de los i ien es se eali-
za. en su p oyección hacia el u u o, en su p o-
yección hacia la ac i idad
y
el impulso de la ex e-
io ización esencial a los i ien es
y
a la ida en
gene al. Consecuen emen e, pa ece que el sen i-
do al que alude Ni~ zsche de en ende la his o ia
no consis e p ecisamen e en una ob u ación u
obs aculización de los impulsos de un indi iduo,
pueblo o Cul u a, sino en encon a los mé odos
adecuados pa a pode desa olla , exp esa
y
ex-
e io iza con enien emen e sus ines
y
obje i-
os. «Maes a de la ida» de inió Polibio a la his-
o ia. Nie zsche no se alejó ni mucho ni poco de
es a concepción.
Vemos, con ello, que la cues ión de la unda-
men ación de una ciencia his ó ica que es é al
se icio de la ida p esupone el hecho de que se
dé
en el seno de un pueblo con ins in os salu-
b es. No es necesa io insis i en el hecho de que
pa a Nie zsche el p oblema de la salub idad de
un pueblo ha de si ua se. en su iempo, bajo la
p emisa de un au osaneamien o (o sea, uel a al
p edominio de alo es a is oc á icos). Tales con-
diciones de saludabilidad son omadas de la úni-
ca uen e de la que pueden se lo: de la ida mis-
ma.
Y
la p ime a ley gene al po la que se ige la
ida es aquella capacidad de ol ida lo inse ible
pa a el desa ollo
y
expansión de las acul ades
na u ales. El indi iduo de la mode na Eu opa,
que an e es e hecho puede se cali icado de poco
i al, ha de oma se es a egla gene al como una
pu i icación de su espí i u. La capacidad de ol i-
da hab á de signi ica : posee la su icien e lige-
eza i al como pa a pode desliza se desengaiía-
da
y
espon áneamen e en el «umb al del ins an-
e». Ol ida consis e en se capaz de a i ma , con
la úl ima ib a del cue po, que lo que impo a
no es uno, que el indi iduo no iene una mi ada
independien e de su ho izon e, es deci . de su
pueblo o Cul u a, que la mue e del indi iduo
no es la mue e del mundo, po an o, que no es
la elicidad del indi iduo la cues ión undamen-
al a deba i o a a és de ella en ende la his o-
ia; un nue o
y
más ísico «sen i his G ico» ha de
a ae se pa a sí la con icción de que él mismo no
ha de signi ica ya sino
sabe que. en cualquie caso, se ha nacido pa a
padece "
que el dolo es el sen ido de la ida misma, pues
es ealmen e median e él como se mani ies a el
hecho de que el i i mismo es una es é esis, una
ca encia, pe o una ca encia que ha de implan a -
se po la c eación a ís ica que la ue za plás ica
(«plas ische K a a), he encia de la na u aleza,
nos ha concedido pa a supli es e cons an e
e
in-
de e minado anhelo que el homb e posee en el
in e io de su pecho. «Condición de salub idad»
ha de signi ica necesa iamen e que la e lexión
pu a, la me a azón, la medi ación en el aisla-
mien o del de eni his ó ico, son los sín omas de
una en e medad; el «sen ido his ó ico» de los
mode nos eu opeos, esa sue e de «i ónica au o-
consciencia», no deno a o a cosa sino que las
ue zas del impulso i al es án desgas adas
y
malhe idas, que el mismo de la ida co idiana
no unciona; el pe iódico, símbolo de la cul u a
Eu opea de los siglos
xix
y
m
ealza el hecho de
que has a la ida co idiana misma se ha con e i-
do ya en un p oblema. Audazmen e llegó a p o-
nuncia Nie zsche que
cuando que amos comp ende lo más co idia-
no, nos ha emos his o iado esj
no pe iodis as; conoce his ó icamen e es ene
y
ob ene nue as i encias,
y
sólo desde es e ma -
co, en cualquie caso, esc ibi «sob e» his o ia,
no ya pa a la explosión
y
jus i icación de los he-
chos, sino pa a aclama
y
p oclama los alo es,
es deci , las in enciones que alien an bajo los éxi-
os
y
los acasos, bajo las ic o ias
y
las de o as.
También se a a de e idencia que la ca ac e-
ización más p o unda
y
esencial de una Cul u a
no consis e de hecho en la capacidad de des-
memb amien o en endencias ideológicas dis in-
as e incluso con apues as, sino. an es al con a-
io, en la ue za de pode man ene
y
acapa a a
los miemb os de su pueblo en la senda de la uni-
dad («Einhei ») de la Cul u a. Empe o, no la o -
mulación de un pa adigma al que cada uno de
los indi iduos debe esponde a pesa de su o-
lun ad, sino en la ins au ación, en la ins i ución,
en el e-descub imien o
y
en la c ea i idad del
espí i u de los indi iduios en es a Cul u a bajo el
p isma de una con luencia undamen al. La ima-
gen de una mon aña pod ía esponde bien a es-
e concep o: un asen amien o múl ipie, a ónico,
que se alza hacia una cumb e, espec o de la uni-
cidad úl ima. Pe o mucho más e ídica
y
na u al
que es e símil de la mon aña lo es la compa a-
ción, que el p opio Nie zsche oma en ese a,
del á bol. El á bol es el símbolo del a aigamien-
o; las aíces del á bol es án escondidas en ese
eino p o undo que es la ie a; pe o la inde e -
minación e inde e minabilidad de las aíces Cei
á bol no son sino el pun o de a anque de la sa-
ia, del líquido i al de la ie a, que, ele ándose
hacia la egión de la luz, al impe io del sol
y
de
las o mas, p e o ma ido p ecisamen e unas u -
gencia~ que dan e del ho izon e del cuai depen-
de. El p incipio de limi ación es el p incipio nis-
mo que posibili a ia unidad de una Cul u a, ya
que los indi iduos son como unos á boles que
han podido desmemb a se de la ie a, mo e se
au omá icamen e a a és del espacio
y
busca
po su p opia olun ad el alimen o de su subsis-
encia. De es e modo, los indi idilos se han ha-
llado a sí mismos como aglu inados en un mismo
espacio, han encon ado en
sí
mismos un ele-
men o
conjun i a
que, ape cibido
en
es a uni-
dad undamen al, ca ac e izados en su espacio
y
en su Ho izon e, ag upados en un mismo sen i-
do a ís ico, les han hecho oma posición con-
apues a en e a o os espacios colindan es que
amenazan con la des ucción de su Cosmos.
¿Responde la unidad isiológica de una au én-
ica Cul u a a los nódulos que se es ablecen en
los cosmopoli ismos, uni e salismos
y
ba ba is-
mos legalizados de la Eu opa del siglo
xix
(e in-
cluso, añadi ía yo, del
m)?
La espues a es apo-
díc ica: no. C eo que Nie zsche ue p o unda-
men e conscien e de que si es e'p incipio de li-
mi ación enía que se e dade amen e eal, él
mismo end ía que de ende has a el inal su ho-
izon e, a sabe , Alemania. El es udio
y
el ejem-
plo de la cul u a g iega an igua no había de se -
i le a él como un esquema igu oso al cual debía
acomoda se, sino mejo , al ape cibimien o de
que las mismas cul u as
y
los mismos pueblos
son, como los indi iduos, o ganismos ísicos,
que, po lo an o, son pe ecede os, pe o que su
esplando ha de se i pa a e mina con el can-
sancio inal del mode no eu opeo
y,
cuando no
ue a posible, e mina po lo menos con el mis-
mos eu opeo, lo que signi ica ía ecupe a en o-
do su esplendo el espí i u a is oc á ico.
El ínculo que ciñe ealmen e la cul u a ale-
mana más ín ima al genio g iego es algo bas-
an e mis e ioso
y
di ícil de cap a . No obs an-
e, mien as la más noble necesidad del au én-
ico espí i u alemán no in en e coge de la ma-
no ese genio g iego, con sólido apoyo en el ío
de la ba ba ie, mien as de dicho espí i u ale-
mán no b o e una nos algia angus iosa po los
g iegos, mien as la isión en lon ananza
-penosamen e conquis ada- de la pa ia
g iega no haya llegado a se la me a del pe e-
g inaje de los homb es mejo es
y
más do ados,
el in de
la
cul u a clásica del bachille a o se-
gui á e olo eando aquí
y
allá en el ai e
sin
cesa h.
Aún hemos de ol e sob e la cues ión del
«deu sches G.eis ». De momen o enemos que se
ei e a i os algo más con el ema del a aiga-
mien o. Es undamen al. Es la base sob e la que
ha de asen a se el hecho de que de e minados
pode es del homb e no son p i a i os suyos. La
palab a «ahis ó ico» la u iliza Nie zsche pa a po-
ne de mani ies o el a e y la ue za de pode
«Ol ida » y limi a se a un ho izon e de e mina-
do. Es e a e y es a ue za de pode «ol ida » ie-
nen una de inición especí ica: «Vi o, e go cogi-
o». Es en es a de inición en donde se es á a i -
mando el ca ác e a is oc á ico del ge manismo
(¿y del indoge manismo?) nie zscheano. La con-
aposición an e la céleb e ase de Desca es es
más que pausible. Un homb e puede sus ae se
al máximo a la ida pa a dedica odos sus es-
ue zos a una ac i idad cogi an e; cualquie
homb e de unas mínimas condiciones puede
educa se pa a es e ipo de ida. En cambio, no
odos los homb es son capaces de se «cul os», en
el sen ido de que sepan enga za mé ica, mesu-
adamen e, ida y pensamien o, acción y e le-
xión. Es un equilib io di icilísimo, pe o es el que
dis ingue a los indi iduos, pueblos y cul u as in-
e io es de los supe io es. La consigna nie z-
scheana es cla a al espec o: si hay que cambia o
subs i ui la ase e ación ca esiana del «Cogi o,
e go sum» po la del «Vi o, e go cogi o)), en on-
ces el molde de una nue a Cul u a hab á de
la e-
aliza el «sen ido his ó ico», esa «i ónica au o-
consciencia», de los mode nos eu opeos, es deci ,
sus pa ologías y sus desequilib ios. Pese a odo,
e1 ma co de la polí ica ac i a de Eu opa ha sabi-
do man ene se bas an e al ma gen de de e mi-
nados p ejuicios. La en idad de o mas a is oc á-
icas de los impe ios iene a con i ma lo. No
obs an e, {son los alo es expo ados po los im-
pe ios occiden ales unos alo es que es án en
consonancia con la ac i idad desplegada? Si que-
emos encon a una espues a a es a cues ión,
hab emos de emon a nos a ás en el iempo, al
o igen mismo de la ci ilización occiden al y del
C is ianismo. Al espec o nos amos a limi a a
señala cuál es la opinión de Nie zsche y su con-
cepción:
Ca ac e ís ica del eu opeo:
la
con adicción
en e palab as
y
hecho; el o ien al es á segu o
de
su
ida co idiana. La mane a como el eu a-
peo ha undado colonias demues a su na u a-
leza de animal de apiña.
La
con adicción se
acla a
po el hecho de que
el
C is ia iismo
abandonó
la
clase social
a
pa i de
la
cual c e-
ció. Es a es nues a di e encia con los helenos:
su e icidad ha c ecido en las
cas as
dominan es.
La mo al de Tucídides es
la
misma que explo-
sionó eo odo Pla ón.
(.
.
.)
Eu opa ha es ado
i-
iendo bajo el dominio de los opues os.
La
his-
o ia de Eu opa es, desde
la
época de los césa es
omanos. un alzamien o de escla os7.
Aho a, pues,
sí
que hab á que en ende co-
ec amen e qué es lo que po «espí i u alemán»
Nie zsche había de en ende : a is oc a ismo. En
el mismo nódulo de la c eación, del esu gimien-
o de los alo es a is oc á icos, es en donde hab á
que coloca la unción del nue o es ado, la del
«Reich» alemán. Aunque Nie zsche se mos é> un
an o cau eloso a la ho a de e alua el absslu is-
mo del es ado p usiano, en el que se puede adi-
ina la concepción hegeliana del mismo, pa ece
e iden e que, pese a ello, p obablemen e sea a
a és de ese Es ado como se pueda hace esu -
gi la eme gencia de los an iguos alo es a is o-
c á icos. Una de las g andes i udes del es ado
p usiano lo cons i uye el hecho de que se asien a
sob e una polí ica belicis a. Un an iguo ilóso o
ya había cons a ado que «la gue a es el pad e de
odas las cosas»; se ía inú il con i ma que e a
g iego. Sin emba go, el es ado p usiano no po-
día ni debía se en endido como un in en
y
po
sí mismo, sino an sólo como po ado , como
po aes anda e, como pun o de pa ida hacia
un nue o o den a is oc á ico. Cul u a, a e, eli-
gión: en es as es es e as se ag upa ía el solo
y
me o concep o de Es ado, al como en la an i-
güedad se concibió y como Nie zsche p e ende
ecupe a .
E ec i amen e, el Es ado an iguo se man u-
o muy alejado p ecísamen e de ese in u ili a-
io, que consis e en admi i
la
cul u a s61o en
la
medida
en
que bene icia
al
Es ado,
y
en ani-
quila los impulsos que no esul an u ilizables
sin
más
pa a
sus
ines. En lo más p o undo de
su alma, los g iegos expe imen aban hacia el
Es ado ese ue e sen imien o -casi escandalo-
so pa a el homb e mode no- de admi ación
y
de g a i ud, p ecisamen e po que econocían
que sin esa ins i ución, que sa is ace las necesi-
dades
y
se ocupa de la de ensa. no puede desa-
olla se ningún ge men de cul u a,
y
sabía que
oda la cul u a g iega -inimi able
y
única en
oda la his o ia- c eció an lozana p ecisamen-
e bajo la p o ección p imo osa
y
p uden e de
las ins i uciones polí icas des inadas a las nece-
sidades
y
a la de ensa. El Es ado no e a pa a su
cul u a un gua dián de on e as, un egula-
do , un supe in enden e, sino un compañe o
de iaje, un cama ada sólido, musculoso, equi-
pado pa a comba i , que acompañaba a a és
de ealidades udas al amigo mas noble, casi
di ino,
y
a cambio ecibía su admi ación
y
g a i ud8.
Nues a pésima concepción del Es ado, la des-
g acia que conside amos cae en sus ga as (semi-
cio mili a , impues os, e c.) no esponde al he-
cho de que el Es ado sea en si una en idad poli-
cíaca enca gada de nega lo que el indi iduo se
p eocupa de a i ma , sino al hecho de que el in-
di iduo eu opeo ha conside ado más aliosa la
independencia espec o de su ibu que su inelu-
dible dependencia. Un Es ado ue e puede se
símbolo de un pueblo ue e. De odos modos es
e iden e que siemp e se á el e lejo de los indi i-
duos que lo alien an, pues ellos mismos son los
NOTAS
1
Vom Nu zen und Nach eil de His o ie ü das Leben,
edición de Ka l Schlech a, Reclam, S u ga , 1980, p.
5.
2
Ibid.,
p.
4.
3
Ibid,
p.
3.
4
eHis o isch ühlen~ heis wissen, dass man jeden alls
zlim eLeiden gebo en is ».
3
Home o
y
la ilología clásica (Nie zsches We ke,
Nau-
mann Ve lag, Leipzig, 1903, ol.
IX,
p. 29).
que en úl ima ins ancia lo di igen. Recupe a la
idea de un Es ado, no como un pode , espec o a
su pueblo, ác ico, si .0 como una ue za legisla-
i a
y
de de echo, el Es ado como un o ganismo
ísico, es una a ea que ae consigo la unda-
men ación de una nue a Cul u a, de una Cul u-
a genuina. His o ia, Cul u a, Es ado: si han de
se lo que na u almen e son, se concebi án como
me as unciones i ales, como el nace , el dige-
i , como el mismo mo i .
;Po aué necesi a el Es ado ese núme o de
escuelas
y
de p o eso es? {Con qué obje o esa
cul u a popula
y
esa educación popula , an
am~liamen e di undidas? Po aue se odia al es-
pí i u alemán au én ico, po que se eme la na-
u aleza a is oc á ica de la cul u a au én ica,
po que p opagando
y
alimen ando las p e en-
siones cul u ales en la mul i ud se quie e inci-
a a los g andes indi iduos a busca un exilio
olun a io, po que se in en a escapa a la se e-
a
y
du a disciplina de los g andes guías, ha-
ciendo c ee a la masa aue encon a á Do
sí
so-
la el camino, guiadas po el Es ado, au én ica
es ella pola . ¡Ahí enemos un enómeno nue-
o! ¡El Es ado como es ella pola de la Cul u-
(.
.
.)
y
has a aho a no enemos el undamen-
o de una Cul u a, po que
no
es amos con en-
cidos de ene en noso os una ida au én icalo.
(1
Elpo eni de nues as escuela ,
Ed.
Tusque s, Ba na.,
1980, PP. 99-100.
7
Nachgelassene Ne ke (Ob as pós umas),
en
Nie zsches
We ke,
Naumann Ve lag, Leipzig, 1903, ol
xl i.
p. 326.
8
Elpo eni de nues as escuelas,
Ed. Tusque s, Ba na.,
PP. 119-120.
9
IBid.,
p. 122.
'0
Vom Nu zen
...,
p. 105.