Resumen
A pa i del apólogo con el que An onio Machado inicia su Juan de Mai ena, es e ex o
p e ende susci a algunas e lexiones sob e la cons ucción polí ica, social y pedagógica de
«la e dad» y de «la ealidad». La esis que se ensaya es que pa a comba i la e dad del
pode y la ealidad del pode hay que comba i ambién el pode de la e dad y el pode de
la ealidad. Y, a pa i de ahí, imagina qué puede signi ica «educación» una ez abando-
nado el p incipio de la e dad (o la e dad como p incipio) y una ez pe dido el sen ido de
la ealidad (o la ealidad como sen ido).
Palab as cla e: e dad, ealidad, pode , educación.
Abs ac
This ex ies o aise some e lec ions, abou he poli ical, social and pedagogical cons-
uc ion o « u h» and « eali y», om he apologis wi h which An onio Machado begins
his Juan de Mai ena.
The hesis which is ied is ha in o de o igh agains he u h o powe and he ea-
li y o powe we ha e also o igh agains he powe o u h and he powe o eali y. And
om he e, i is ied o imagine wha can mean «educa ion», once abandoned he p in-
ciple o u h (o u h as a p inciple) and once los he sense o eali y (o eali y as sense).
Key wo ds: u h, eali y, powe , educa ion.
En ahona 31, 2000 53-67
Agamenón y su po que o.
No as sob e la e dad del pode y el pode de la e dad1
Jo ge La osa
Uni e si a de Ba celona. Depa amen de Teo ia i His ò ia de l’Educació
[email p o ec ed]
Suma io
De la ealidad de la men i a
a la men i a de la ealidad
Sob e c eyen es y agnós icos
B e e his o ia de la ealidad
El uso de la ealidad
Y aho a ¿qué?
1. Es e abajo ue leído como con e encia en el V Semina io In e nacional de Rees uc u ación
Cu icula o ganizado po la Sec e a ía Municipal de Educación de la ciudad de Po o
Aleg e (B asil) en julio de 1998.
La e dad es la e dad, dígala Agamenón o su po que o.
Agamenón: —Con o me.
El po que o: —No me con ence.
An onio MACHADO / Juan DE MAIRENA
Juan de Mai ena, el au o del lib o cuyas p ime as palab as he colocado en el
encabezamien o de es e ex o, es uno de los ein a y seis he e ónimos o apó-
c i os in en ados po An onio Machado. Como Machado, ambién Juan de
Mai ena e a poe a y p o eso , pe o no p o eso de ancés en un ins i u o, sino
p o eso de e ó ica, de poé ica y de iloso ía en la Escuela Popula de Sabidu ía
Supe io de una ciudad p o inciana a la que asis ía un g upo a iopin o de
adolescen es. Escép ico en sus con icciones, he e odoxo en su palab a, eno -
memen e co dial en el a o y es ic amen e soc á ico en su pedagogía, Juan
de Mai ena nos ha dejado unos magní icos apun es de sus clases en las que la
habi ual g andilocuencia me a ísica y sublime con la que suelen a a se los
g andes p oblemas i ales y cul u ales es á a menudo con apun eada con el
cinismo ingenioso, soca ón y saludable de igu as bajas y popula es como
Pe og ullo, Gedeón, Badila, gi anos, a esanos, pe sonajes de la calle o de los
ca és, o el anónimo po que o de Agamenón.
Como buen p o eso de e ó ica y de poé ica, y ambién de iloso ía, Juan
de Mai ena coloca en el encabezamien o de los dia ios que ecogen los a a a-
es de sus cu sos un apólogo sob e la e dad2. Y el apólogo comienza con una
sen encia p onunciada no sabemos po quién o esc i a no sabemos dónde que
dis ingue limpiamen e en e el «se » de la e dad y el «deci » de la e dad.
El «se » de la e dad es á o mulado au ológicamen e: «la e dad es la e -
dad»: como quien dice «la e dad es e dade a» o «el se e dad de la e dad
es á en su p opia condición de e dade a». Pe o la duplicación de la palab a
e dad en ese enunciado no es del odo inocen e, pues o que hace que la sen-
encia uncione implíci amen e como un impe a i o. «La e dad es la e dad»
puede aduci se como «hay que acep a la e dad po que es e dad» o «hay
que inclina se an e la e dad po su p opia condición de e dade a». Eso de
«la e dad es la e dad» nos es á diciendo po qué enemos que inclina nos
an e ella, del mismo modo que el enunciado apa en emen e au ológico «la
ealidad es la ealidad», a eces adje i ado como «la du a ealidad», unciona
pa a que nos compo emos como pe sonas ealis as, es deci , pa a que eco-
nociendo el ca ác e eal de la ealidad, como si dijé amos su solidez, su peso
o su du eza, nos pleguemos de una o ma ealis a a sus mandamien os. El p i-
me enunciado del apólogo, en onces, no sólo a i ma el «se » de la e dad sino
ambién su pode y su ue za.
Po o a pa e, el «deci » de la e dad se e ie e a dos pe sonajes que no sólo
ep esen an dos posiciones y dos unciones sociales dis in as (obsé ese que
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2. MACHADO, An onio (1936). «Juan de Mai ena. Sen encias, donai es, apun es y ecue dos
de un p o eso apóc i o» en P osas Comple as. Mad id: Espasa Calpe, 1989, p. 1.909.
Agamenón manda sob e los homb es y el po que o manda sob e los pue cos),
sino ambién subo dinadas. El po que o es el po que o de Agamenón, el sie -
o de Agamenón, el que cuida, no unos pue cos cualesquie a, ni siquie a sus p o-
pios pue cos, sino los pue cos de Agamenón, los pue cos de ese homb e llamado
Agamenón que es el p opie a io de los pue cos y segu amen e ambién el p o-
pie a io de «su» po que o. Además sólo Agamenón iene nomb e p opio, mien-
as que el po que o no es ni p opie a io de los pue cos, ni p opie a io de sí
mismo, ni siquie a p opie a io de su nomb e.
La sen encia que ab e el apólogo, eso de «la e dad es la e dad, dígala
Agamenón o su po que o», indica cla amen e que el «se » de la e dad y la
« ue za» de la e dad no iene nada que e con el «deci » de la e dad, que
la e dad es independien e de quién la diga y, sob e odo, independien e de las
di e encias en e los homb es. Y es esa independencia de la e dad espec o a
las elaciones sociales que ma can las condiciones de su enunciación la que a
a se juzgada a con inuación po esos dos pe sonajes con e idos ya en an a-
gonis as, es deci , en con endien es de una lucha cuyo e i o io es la e dad
del pode y el pode de la e dad.
En la segunda pa e del apólogo, Agamenón, el p opie a io de los ce dos,
del po que o, de su nomb e y, segu amen e ambién de la e dad, el que es á
acos umb ado a deci la e dad en nomb e p opio, es á con o me con que la
e dad es obliga o ia po sí misma, po su misma condición de e dad, inde-
pendien emen e de quien la diga. Además Agamenón, el que iene la ue za,
es á dispues o a econoce que la ue za de la e dad se de i a de la e dad
misma, del p opio ca ác e e dade o de la e dad. Pe o el po que o, que no
es nadie po que no iene ue za, ni nomb e, ni ce dos, ni siquie a e dad, no se
deja engaña . Él no se deja con ence de que la e dad sea la e dad indepen-
dien emen e de quien la diga, de que la ealidad sea la ealidad independien-
emen e de quien la de ina, y de que los ce dos sean los ce dos independien e-
men e de quien sea su p opie a io. Él sabe que la e dad, como los ce dos,
nunca se á suya, po que él no es nadie. Él sabe que siemp e a a se encido
en la lucha po la e dad y en la lucha po los ce dos. Pe o en el ondo de su
co azón sigue la iendo la dignidad de ese i eden o «no me con ence» como
lo único que puede opone al i ano. El po que o no iene una e dad dis in-
a a la e dad del i ano. El po que o sabe que es á ya de an emano encido po
la e dad del pode . El po que o sabe que la e dad del pode es la única e -
dad y la e dad e dade a. Pe o conse a al menos la sec e a dignidad de no
deja se con ence po el pode de la e dad.
Y aho a es amos ya en condiciones de hace nos una p egun a que quizá
no sea del odo impe inen e. Po que segu amen e hab án epa ado us edes
en que el apólogo nos da las palab as de los pe sonajes an agonis as, de
Agamenón y de su po que o, pe o nos hu a al e ce pe sonaje. La p ime a
sen encia, eso de «la e dad es la e dad, dígala Agamenón o su po que o»,
es á ahí impe sonal y anónima, como caída del cielo, como si no ue a dicha po
nadie, como si esa e dad sob e el se de la e dad y sob e el deci de la e -
dad que se p esen a a la conside ación de Agamenón y del po que o es u ie a
Agamenón y su po que o En ahona 31, 2000 55
ahí po sí misma, como esc i a en el ai e, como enida de ningún si io, sin
pode y sin p opie a io. ¿Quién habla en la p ime a sen encia?
Mi sospecha es que esa p ime a sen encia ha sido acuñada po o o se i-
do de Agamenón al que pod íamos llama «su ilóso o». Sin duda Agamenón
iene unos cuan os se ido es que ga an izan su ue za ísica, su pode sob e los
cue pos y las idas de sus súbdi os. Pe o sin duda cuen a ambién con algunos
se ido es que ga an izan su ue za «simbólica», es deci , su pode sob e las men-
es y las conciencias. Algunos e ue zan el pode de su b azo, o os asegu an el
pode de su e dad. Y pa a asegu a el pode de su e dad es con enien e que esa
e dad sea econocida como «la» e dad, es deci , que apa ezca como indepen-
dien e de la ue za. Po eso lo que hace el ilóso o de Agamenón es ija las eglas
del juego de la e dad o, si quie en, las condiciones de la lucha po la e dad.
La p ime a sen encia del apólogo es una sen encia en la que el ilóso o de
Agamenón habla de la e dad y de la ue za de la e dad es ableciendo al mismo
iempo las eglas del juego de la e dad. Pe o su e icacia descansa en la ocul ación
del ilóso o como suje o que enuncia la sen encia, en hace como si ue a la
e dad misma la que habla a, como si ue a el se mismo de la e dad el que se
p esen a a a sí mismo como independien e de odo deci . Y es ahí, como muy
bien sabe el po que o, donde el juego de la e dad empieza a se un juego u-
cado, un juego en el que él nunca puede gana , un juego en el que el pode de
la e dad es á al se icio de la e dad del pode .
A pa i de es e apólogo de Machado/Mai ena, y con la mani ies a in en-
ción de ahonda en los iesgos y en las posibilidades del pun o de is a del po -
que o, lo que oy a p opone les a con inuación es una se ie de e lexiones sob e
la e dad del pode y sob e el pode de la e dad en la época de la globaliza-
ción in o ma i a y comunica i a. Y oy a pe mi i me además mezcla la pala-
b a e dad con o as palab as simila es y que uncionan de modo pa ecido
como, po ejemplo, obje i idad, ealidad, ce eza, e c. Po que en la época mode -
na es lo mismo deci «es e dad», que deci «es cie o» o «es segu o» o «es obje-
i o» o incluso «es eal». Po eso oy a hace como si la p ime a sen encia del
apólogo de Juan de Mai ena pudie a habe se o mulado ambién como «la ea-
lidad es la ealidad, o lo obje i o es lo obje i o, o las cosas son las cosas, o lo que
hay es lo que hay, …dígalo Agamenón o su po que o», a iaciones és as úl i-
mas con las que segu amen e Agamenón ambién es a ía con o me y el po -
que o quizá no.
De la ealidad de la men i a a la men i a de la ealidad
Voy a oma como hilo conduc o a pa i de aho a una esis que o muló
Gianni Va imo en el p ime capí ulo de un lib o meno pe o muy igo oso
que se i ula La sociedad anspa en e. El pun o de pa ida de la esis de Va imo
consis e en una de e minada in e p e ación de la sociedad en la que i imos
en an o que puede ca ac e iza se como una sociedad de la comunicación gene-
alizada o, más conc e amen e, en an o que puede de ini se como una socie-
dad en la que los apa a os de comunicación de masas, los mass media, los
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pe iódicos, la adio, el cine, la ele isión, pe o ambién los apa a os cul u ales
y educa i os de masas, son de e minan es pa a la p oducción, la ep oducción
y ambién la disolución de eso que llamamos ealidad.
Y íjense us edes que he dicho «p oducción» y «disolución» de la ealidad
y no, como ambién pod ía deci se, «manipulación» o « alsi icación» de la ea-
lidad. Y no es que la manipulación o la alsi icación no sean impo an es o que
no nos cause un pa icula desasosiego la ce eza de que i imos en un mundo
en el que la in o mación gene alizada se co esponde con el engaño gene ali-
zado, en el mundo de la simulación, en un mundo donde, como dice Manuel
Vázquez Mon albán, ige casi sin disimulos la doble e dad, la doble mo al y
la doble con abilidad. El juego de la men i a y de la denuncia de la men i a
iene en nues os iempos una impo ancia que di ícilmen e puede se exage-
ada. Quizá como en odos los iempos. Y ese p o e bio g iego p obablemen-
e acuñado po Solón, uno de los mí icos Sie e Sabios, y eno memen e ci ado
y pa a aseado en el mundo an iguo, ese p o e bio que dice «que mucho mien-
en los poe as», puede sus i ui se hoy po «que mucho mien en los pe iódicos,
o la adio, o la ele isión, o el cine». Quizá en nues os iempos, como en odos
los iempos, la hon adez enga una de sus o mas de mani es ación en la decla-
ación de gue a a la men i a, en la sospecha pe manen e, en el escep icismo sis-
emá ico, en el segui diciendo que a lo mejo las cosas no son como nos dicen
que son, que los hechos no ocu en como nos dicen que ocu en y, quizá más
impo an e, que lo que se nos dice que iene que se y que iene que ocu i
no es odo lo que puede se y no es sólo lo que puede ocu i . Quizá en nues-
os iempos, como en odos los iempos, la a ea es educa un se que no se
deje engaña . Pe o que no se deje engaña no sólo po los pe iódicos, o la adio,
o la ele isión, o el cine, sino que no se deje engaña ampoco po odos esos
apa a os educa i os o cul u ales que, p e endiendo inmuniza le con a la men-
i a mediá ica, inculcan quizá o as o mas de men i a, dis azadas es a ez con
el man o de la ealidad.
Va imo no habla de la alsi icación o de la manipulación de la ealidad,
sino de su p oducción y de su disolución. El p oblema que él in en a plan ea
es el de la ealidad misma, y el del uncionamien o de los apa a os que la p o-
ducen y la disuel en. En su abo daje de ese p oblema, del p oblema de la
ab icación y a la ez del des anecimien o de la ealidad en la sociedad de
la comunicación, Va imo u iliza como con as e o como ondo una esis a la
ez complemen a ia y opues a a la suya, conc e amen e la que o muló Ado no
en el ex-cu so sob e la indus ia cul u al que esc ibió pa a el lib o que i mó
con Max Ho kheime y que i ula on Dialéc ica de la Ilus ación. En ese ex o,
Ado no conside a la indus ia cul u al como un gigan esco apa a o de homo-
geneización y de es anda ización de las conciencias y de las isiones del mundo
median e la p oducción de una ealidad única3. Sin emba go, en e a la con-
clusión de Ado no, Va imo sugie e que los medios de comunicación de masas
Agamenón y su po que o En ahona 31, 2000 57
3. HORKHEIMER, Max y ADORNO, Theodo W. (1944). «La indus ia cul u al» en Dialéc ica
de la Ilus ación. Mad id: T o a, 1994, p. 165-212.
han p oducido una explosión y una mul iplicación gene alizada de las isiones
del mundo. Pa a Va imo, «Occiden e i e una si uación explosi a, una plu a-
lización que pa ece i e enable y que o na imposible concebi el mundo y la his-
o ia según pun os de is a uni a ios»4. Y un poco más adelan e, «la in ensi icación
de las posibilidades de in o mación sob e la ealidad en sus más di e sos aspec-
os uel e cada ez menos concebible la idea misma de una ealidad. Quizá se
cumple en el mundo de los mass mediauna “p o ecía” de Nie zsche: el mundo
e dade o, al inal, se con ie e en ábula. Si nos hacemos hoy una idea de la
ealidad, és a, en nues a condición de exis encia a do-mode na, no puede
en ende se como el da o obje i o que es á po debajo, o más allá, de las imá-
genes que los media nos p opo cionan. ¿Cómo y dónde pod íamos accede a
una al ealidad en-sí? Realidad, pa a noso os, es más bien el esul ado del
en ec uza se, del con amina se (en el sen ido la ino) de las múl iples imáge-
nes, in e p e aciones y econs ucciones que compi en en e sí, o que, de cual-
quie mane a, sin coo dinación cen al alguna, dis ibuyen los media»5.
La esis de Va imo espec o al «e ec o- ealidad» de los medios de comu-
nicación es la plu alización de la ealidad y, como co ela o, la e osión del p in-
cipio de ealidad, es deci , la disolución de la ealidad como p incipio. Y la
alo ación de ese e ec o plu alizado y disol en e es, con algunas cau elas y
econociendo los pelig os, posi i a: «si po el mul iplica se de las imágenes del
mundo pe demos, como se suele deci , el “sen ido de la ealidad”, quizá no
sea és a, después de odo, una g an pé dida»6.
Lo que Va imo iene a deci es que, en nues o mundo, los po que os han
omado la palab a y han hablado de o ma dis in a al i ano. Y como no hay
palab a única, nadie puede u iliza ya los enunciados au ológicos e implíci-
amen e impe a i os con los que la palab a del amo p e endía legi ima su
alo de palab a única, odo eso de «la e dad es la e dad» o «la ealidad es la
ealidad». Nues o po que o sabía muy bien que «la e dad es la e dad» o
«la ealidad es la ealidad» son las palab as del amo, del único que habla. Y lo
que aho a ocu e g acias a la lógica inmanen e al uncionamien o de los media
es que el amo ya no es el único que habla, que la e dad se declina en plu al y
que hay an as ealidades como de iniciones de la ealidad. En palab as del
mismo Va imo, «[…] han omado la palab a mino ías de odo ipo, han sali-
do a la pales a de la opinión pública cul u as y sub-cul u as de odas clases.
Cie amen e se puede obje a que a es a oma de la palab a no ha co espon-
dido ninguna au én ica emancipación polí ica: el pode económico es á aún
en manos del g an capi al. Pe o el hecho es que la misma lógica del “me ca-
do” de la in o mación eclama una con inua dila ación de es e me cado mismo,
exigiendo, consiguien emen e, que “ odo” se con ie a, de alguna mane a, en
obje o de comunicación»7.
58 En ahona 31, 2000 Jo ge La osa
4. VATTIMO, Gianni (1989). La sociedad anspa en e. Ba celona: Paidós, 1990, p. 80.
5. Op. ci ., p. 81.
6. Op. ci ., p. 83.
7. Op. ci ., p. 79.
La esis de Va imo es que la ealidad se nos ha con e ido en una mul i-
plicidad de in e p e aciones o, en é minos de Nie zsche, que el mundo e -
dade o se nos ha con e ido en ábula8. En la sociedad de la in o mación y de
la comunicación gene alizada, dice Va imo, ya no enemos una ealidad dis-
in a a las in e p e aciones que nos pueda se i como p incipio o como un-
damen o de la e dade a in e p e ación, ya no enemos un mundo e dade o
independien emen e de las ábulas que con amos sob e él. Así se mul iplican
las o mas posibles del engaño y de la alsi icación, se pe mi en o mas inédi-
as de manipulación, se a o ece la i ialización y el acío de sen ido, se ab en
nue os pelig os, pe o, al mismo iempo, se nos da la posibilidad de libe a nos
de la i anía del p incipio de ealidad y de la dic adu a del mundo e dade o.
Pod ía deci se, con las mismas palab as que Heidegge omó de Hölde lin pa a
conclui su ensayo sob e la écnica, que «donde es á el pelig o, allí c ece am-
bién lo que sal a»9.
Lo in e esan e del plan eamien o de Va imo es el modo como eplan ea
el p oblema de la elación en e la e dad y la icción o en e la ealidad y la
in e p e ación. Y en es e pun o lo único que hace nues o ilóso o es aplica
al mundo de la comunicación algunas de las esis más adicales de lo que se
ha enido en llama «on ología he menéu ica» o ambién, en o os é minos,
«nihilismo consumado», a pa i de una línea de pensamien o cuyos jalones
esenciales son Nie zsche, Heidegge y Gadame . No les oy a abu i a us e-
des con los de alles de la a gumen ación y oy a limi a me a señala algunas
ideas gene ales con el in de amplia un poco el sen ido de esa a i mación un
an o p o ocado a de que la pé dida del sen ido de la ealidad quizá no sea,
a in de cuen as una g an pé dida, po que a lo mejo la ealidad ha uncionado
como un pode osísimo p incipio o ali a io.
Pa a la he menéu ica en endida on ológicamen e el lenguaje no sólo es un
sis ema con encional de signos pa a la ep esen ación de la ealidad o pa a la
exp esión de la subje i idad, sino que cons i uye el modo p ima io y o iginal
de expe imen a el mundo. Y es desde ese pun o de is a que debe lee se la
céleb e sen encia de Gadame : «El se , que puede se comp endido, es len-
guaje»10. Y aquí es muy impo an e el uncionamien o de las comas: no es sólo
ese se pa icula que es obje o de la comp ensión el que es lenguaje, sino que
es odo el se el que, en cuan o puede se comp endido, se iden i ica con
el lenguaje. La on ología he menéu ica p e ende alidez uni e sal y eso signi-
ica que en y po el lenguaje se nos e ela el se en odas sus modalidades.
La on ología he menéu ica se ex iende has a inclui en su ámbi o la ciencia y
Agamenón y su po que o En ahona 31, 2000 59
8. «Cómo el “mundo e dade o” acabó con i iéndose en una ábula» es el í ulo de un capí-
ulo de NIETZSCHE, F ied ich (1888). C epúsculo de los ídolos. Mad id: Alianza, 1973,
p. 51. Po o a pa e, y pa a la idea de que no exis e una ealidad independien e de las in e -
p e aciones, e el a o ismo 22 de NIETZSCHE, F ied ich (1886). Más allá del bien y del mal.
Mad id: Alianza, 1972, p. 44-45.
9. HEIDEGGER, Ma in. «La p egun a po la écnica» en Con e encias y a ículos. Ba celona:
El Se bal, 1994, p. 30.
10. GADAMER, Hans-Geo ge (1960). Ve dad y Mé odo. Salamanca: Sígueme, 1977, p. 567.
la écnica e incluso la o alidad de la expe iencia humana. Pa a la on ología
he menéu ica el lenguaje es el modo de apa ición del se y, po an o, el luga
de la e dad. Desde ese pun o de is a, el lenguaje no es sólo un medio pa a la
exp esión, la signi icación o la comunicación, no es án po un lado las cosas
o los hechos y po o o las palab as que los nomb an, los ep esen an y los
hacen comunicables. Además, la e dad no se en iende desde el modelo posi-
i o del sabe cien í ico, como co espondencia de las p oposiciones y los
hechos. La conclusión, ob ia, es que an o la ealidad como la e dad pie den
su ca ác e impe a i o.
Es en ese con ex o en el que pueden si ua se las a i maciones nie zschea-
nas sob e la e dad como la icción que se impone como e dade a o sob e la
ealidad como la in e p e ación dominan e. Y es a pa i de esas posiciones
que puede habla se, po ejemplo, de juegos de e dad, de poé ica de la e -
dad, de polí ica de la e dad, de his o ia de la e dad, de e ó ica del ealismo,
de his o ia de la ealidad, e c.
Sob e c eyen es y agnós icos
Aho a ya podemos plan ea nos legí imamen e una p egun a apa en emen e
absu da pe o que yo c eo undamen al: ¿de dónde iene la ealidad? o, mejo ,
¿a qué iene la ealidad?
Po que la ealidad, eso que según pa ece es á empezando a disol e se en
in e p e aciones, es algo bas an e ecien e (es imposible, po ejemplo, adu-
ci al g iego an iguo o al la ín clásico la palab a ealidad) y además algo p opio
de nues o mundo (que yo sepa, no se encuen a nada que sea pa ecido a la
palab a ealidaden o as lenguas y cul u as ex añas a la nues a). O sea, que sólo
noso os somos (o é amos, si hemos de c ee a Va imo) se es plenamen e ea-
lis as, lo cual no end ía demasiada impo ancia y se ía además un í ulo de
o gullo si es u ié amos absolu amen e con encidos de dos cosas. P ime o, si
es u ié amos con encidos de que nues a his o ia puede con a se en é minos
de p og eso, es deci , si pudié amos deci que noso os somos po in ealis-
as, que po in, g acias a dios o a los a ances de la ciencia, noso os hemos
conseguido sabe de una o ma ealis a lo que hay en la ealidad y que po eso
hemos in en ado inalmen e esa palab a an nues a, la palab a ealidad. Y se-
gundo, si es u ié amos con encidos de que lo mejo que pod ían hace los
homb es de o as cul u as dis in as a la nues a es desa olla ambién, como
noso os y con nues a ayuda, una concepción ealis a de la ealidad que les
pe mi a usa adecuadamen e la palab a ealidad.
Pe o esul a que esas dos con icciones son cada ez menos e iden es, digan
lo que digan los que es án empeñados en que «no caigamos» en el ela i ismo.
A p opósi o, ¿se han ijado us edes que en el ela i ismo siemp e «se cae»? ¿po
qué se á que el ela i ismo es una caída o un opezón o una en ación?, po -
que segu o que us edes han obse ado que ambién se dice eso de la « en a-
ción» del ela i ismo. ¿Po qué se á que el ela i ismo es pecado? Yo engo la
sospecha de que la concepción del ela i ismo como pecado, esa concepción
60 En ahona 31, 2000 Jo ge La osa
que es á implíci a en las exp esiones que les acabo de señala , e ela como po
con as e que la c eencia en la e dad y en la ealidad es eso, una c eencia, una
c eencia que, como odas las c eencias, equie e pa a su man enimien o y pa a
su o alecimien o la ealización po los c eyen es de cons an es y ei e adas
p o esiones de e. El ela i ismo es pecado po que a con a la e, y hay que
conse a la e en la ealidad y en la e dad po que esa e es condición indis-
pensable pa a se ieles a los que hablan en su nomb e, a odos aquellos po
cuya boca habla la ealidad y la e dad, y pa a segui sus mandamien os. Y de
la misma o ma que hubo un iempo en que se obedecía a los que hablaban en
nomb e de Dios y ansmi ían sus ó denes, hoy se obedece a los que hablan
en nomb e de los Hechos y ansmi en sus impe a i os. Y esa e es la que hoy
pa ece que es á en c isis.
Ce emos ya es e ex-cu so un an o eligioso y ol amos a donde es ába-
mos, a eso de que la ealidad es un in en o eu opeo y además ecien e, y a esa
p egun a un an o pe e sa que yo les in i aba a plan ea se: ¿de dónde iene
y a qué iene la ealidad?
B e e his o ia de la ealidad
Pa a empeza una b e e his o ia de la ealidad11 pod íamos oma como pun o
de pa ida una ó mula bien conocida del g iego an iguo que se basa en la an í-
esis en e logo y e go, en e lo que sólo es de palab a, lo que es en apa iencia,
y lo que es de e as, lo que es obje i amen e, lo que es de hecho, lo que es en
ealidad. Un na ado , po ejemplo, pod ía exp esa se así: «Manuel decía (logo)
que amaba a Ma ía, pe o de hecho (e go) sólo es aba in e esado en acos a se
con ella». Con ello, el na ado es á denunciando el engaño de las decla acio-
nes de Manuel sob e sus sen imien os hacia Ma ía. Pe o además, con la segun-
da pa e de su enunciado, nos es á diciendo ambién con palab as que no es
amo el in e és supues amen e único, obje i o y e dade o de Manuel po la ela-
ción ca nal con Ma ía. Po que el segundo miemb o no po con apone se al
p ime o deja de es a hecho de palab as. Los dos elemen os de la an í esis, logo
y e go, son ambos me alingüís icos, es deci , ano aciones sob e cómo debemos
conside a los dos agmen os del discu so, ins ucciones sob e a cuál de las
dos p oposiciones debemos p es a nues o asen imien o, indicaciones sob e
cuál de ellas debemos c ee . Y además, y quizá más impo an e, la elación
en e los dos elemen os unciona ambién como una ano ación sob e el signi-
icado y el uso de la palab a amo , como si lo que se nos es u ie a diciendo es
que Manuel usa la palab a amo de o ma engañosa, nomb ando con ella un
in e és ca nal, cuando la palab a amo sólo es legí ima cuando se usa pa a nom-
b a un in e és que no sólo incluye el deseo ísico. La sospecha, na u almen e,
es que el segundo miemb o del discu so es doblemen e engañoso pues o que
Agamenón y su po que o En ahona 31, 2000 61
11. Los componen es ilológicos de es a sección han sido omados de GARCÍA CALVO, Agus ín.
«Sob e la ealidad o de las di icul ades de se a eo» en Lalia. Ensayos de es udio lingüís ico
de la sociedad. Mad id: Siglo XXI, 1973.