Enciklopedinis geografijos žodynas
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T E R M I N O L O G I J A I R L E I D I N I A I
DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE GEOGRAFÍA
I
Vivimos en una época de cambios. También están cambiando la escuela lituana, el contenido de la enseñanza y su forma. Se escriben nuevos libros de texto, obras metodológicas y diccionarios. Uno de ellos es el nuevo «Diccionario enciclopédico de geografía» de Stasys Vaitekūnas, publicado por la editorial «Šviesa» en 19941. Está dirigido a quienes estudian geografía física y humana en la escuela. En el diccionario, los conceptos y términos geográficos se definen con mucho más detalle que en los libros de texto; además, encontramos aquí términos sin los cuales no es posible prescindir al leer bibliografía complementaria de esta materia.
En Lituania, la geografía empezó a desarrollarse ya en el siglo XVIII. Sin embargo, la terminología geográfica de entonces era latina o polaca. Los términos geográficos propiamente lituanos comenzaron a crearse solo en este siglo. Esta disciplina tampoco fue «postergada» durante los años soviéticos, como sí lo fueron, por ejemplo, el arte militar o el transporte. Esto se debió al propio objeto de estudio de la geografía, es decir, la esfera geográfica. Además, los términos de esta disciplina se caracterizan por que una gran parte de ellos son palabras de la lengua viva convertidas en términos: žas, paplūdimys, lanka, entre otras. Otra gran parte la constituyen antiguos términos internacionales utilizados en las principales lenguas europeas, derivados con frecuencia del griego o del latín, por ejemplo, horizontas, irigacija, introdukcija, litologija, populiacija, entre otros. Quizá por eso los geógrafos no tienen grandes dificultades por falta de obras lexicográficas: en los últimos cuarenta años, el nuevo diccionario es ya el cuarto. Es cierto que los diccionarios de 1972 y 1987 son traducciones, pero no «han cometido faltas» contra la terminología lituana. La terminología geográfica también está en buena situación porque no hay confusión por la polisemia de los términos. Apenas unos pocos términos (akvatorija, ašigaliai, locija) tienen más de un significado.
El autor del «Diccionario enciclopédico de geografía» subraya que aquí se ha procurado integrar los conocimientos geográficos con los de otras disciplinas: biología, historia, geopolítica, astronomía y geología. Se busca que la geografía física y la humana ocupen por igual su parte dentro de la geografía general…
¹ Vaitekūnas S. Enciklopedinis geografijos žodynas. K.: “Šviesa”, 1994. 256 p.
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…por eso no es casual que el diccionario incluya numerosos términos económicos y sociales, junto con sus explicaciones. El autor está convencido de que los conocimientos de economía son necesarios para todos; por ello, aquí encontramos un mínimo de los principales términos económicos.
El diccionario sigue desarrollando la terminología lituana de geografía y de otras disciplinas mencionadas, que a veces puede competir perfectamente con los términos internacionales habituales; por ejemplo: transporte aéreo (cf. aviatransportas), geografía del regreso de los glaciares (cf. geografía de la infraestructura), depósitos (cf. depósitos), beneficencia (cf. filantropía), periodo interglacial (cf. interglacial), solsticio (cf. solsticio), playa (cf. playa). En estos casos, el término internacional se conserva como sinónimo. También merece destacarse el intento, aunque no siempre sea exacto, de proponer un término lituano para un geruostui – oruostis, galaktikai – Paukščių Takas, ozui – ožnugaris. Es encomiable el patriotismo que se manifiesta al elegir unikalų (y no vulkaną), vandenyną (y no okeaną), smailę (y no piką), pusiauja (y no ekvatorių), Paukščių Taką (y no Pieno Taką), lygiagretes (y no paraleles), ašigalius (y no polius), stačiatikybę (y no pravoslaviją).
El autor propone un nuevo término para el instrumento que mide la cantidad de precipitaciones. El lietmatis que aparecía en diccionarios anteriores figura aquí como sinónimo de kritulmačio. Sin duda, este término se ajusta con mayor precisión a la definición, pero no había motivo para cambiarlo porque: a) su pronunciación se hace más difícil y la palabra se alarga una sílaba; b) todas las precipitaciones se miden una vez convertidas en agua; dicho de otro modo, no se diferencian de la lluvia (es decir, «precipitaciones líquidas que caen de las nubes en gotas de más de 0,5 mm de diámetro», p. 112). Sin necesidad, el término habitual y expresivo paukščių turgaus («mercado de pájaros») fue sustituido por paukščių kolonijomis («colonias de pájaros»). Hay que admitir que este último es más neutro desde el punto de vista emocional, pero resta algo de viveza a la terminología, pues siguen existiendo las noches blancas, el mercado negro y expresiones similares.
El objetivo fijado de «sustituir por palabras lituanas tantos términos internacionales como sea posible» (p. 3) se olvida cuando hay que hablar de reforma agraria, adaptación, archipiélago, mercado, subasta y comercio: aquí aparecen reforma agraria, adaptación, archipiélago, mercado, subasta, comercio. ¡Y no cabe excusarse diciendo que los términos lituanos son poco conocidos o impopulares!
Hay que elogiar a los autores del diccionario por la corrección de los términos. La excepción confirma la regla: objetos voladores no identificados. En la terminología se suelen emplear formas adjetivales definidas, por ejemplo: bosques tropicales húmedos, producto nacional bruto, recursos minerales. Por eso, este término debería ser los objetos voladores no identificados.
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En la obra «Diccionario enciclopédico de geografía» llama la atención la sexta acepción del término «olas estacionarias». Hay que señalar que no se la inventó el autor del diccionario: el término se toma de publicaciones anteriores. Lógicamente, los significados de las palabras que forman la expresión chocan entre sí; compárese estar de pie: 1. estar erguido; 2. no caminar, no moverse, no actuar; 3. estar sin cultivar» (DŽ, 737), y ola: «elevación ondulante de la superficie del agua, causada por el viento u otro agente». Quizá la sexta acepción debería explicarse como «elevación de agua» o con alguna otra palabra.
Una de las características deseables de los términos es su sistematicidad. Las denominaciones de conceptos del mismo tipo deberían expresarse de manera uniforme. El término debe reflejar con la mayor claridad posible las relaciones de los conceptos con otros conceptos del sistema. Así pues, si llamamos trópicos a los «paralelos de 23° 27' de latitud norte y sur», apetece encontrar este hermoso término lituano también en los términos derivados, y no tropikus (bosques tropicales húmedos, masa de aire tropical, franjas tropicales, bosques de los trópicos). Algo parecido ocurre con las curvas de nivel, o isohipsas. Ambas palabras son de origen griego, pero la segunda forma parte armoniosamente del sistema de isolíneas: isohipsas (de igual altitud), isotermas (de igual temperatura), isobaras (de igual presión atmosférica), isóbatas (líneas que unen en un mapa o esquema puntos de igual profundidad).
Es magnífico que el autor del diccionario procure facilitar también el aprendizaje de otras materias, incluyendo términos populares de economía, historia y sociología. Sin embargo, no hay que olvidar que, al fin y al cabo, se trata de un «diccionario enciclopédico de geografía». A los alumnos (a quienes va dirigido este libro) les viene bien saber qué son la república, el catolicismo y los criollos, pero ¿se les ocurrirá en el futuro buscar en un diccionario de geografía qué significa el término devocionario o manual escolar? Se pueden comprender los posibles sentimientos de nostalgia del autor por los hippies, pero un lector algo más joven se decepciona al no encontrar a los punks. Si se pretende «humanizar» la geografía, ¿por qué no hacerlo de manera sistemática?
Si se considera el diccionario en su conjunto, cuesta entender los criterios de selección de términos. En el prólogo se afirma: «A diferencia de los diccionarios y obras de consulta traducidos que hubo hasta ahora (principalmente del ruso), en este diccionario se han descartado los términos y conceptos muy localizados (locales) y especializados, innecesarios para el científico lituano y propios de la geografía de países lejanos» (p. 3). En otras palabras, se abandona la idea, planteada por V. Gudelis en el «Diccionario-obra de consulta de geografía física» de A. Solovjovo y G. Karpovo, de popularizar muchos vocablos menos frecuentes del habla viva que ya se utilizan en la literatura científica, pero son poco conocidos por los jóvenes que estudian. De este modo, los que resultan ser muy «localizados» son dauba, duburys, dulks-
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na, dumblas, gruodas, kalvynas, marios, raistas, etc.; sin embargo, difícilmente son más locales que rūzgos, panuovalis, žiogis, palios, palvė, plova, šėklius, žandaras, que sí se incluyen en el diccionario. Por ejemplo, no aparece el término raistas, pero sí lieknas, es decir, «denominación local de un pantano, equivalente a raistas». Se presenta todo el sistema del relieve, pero sus componentes se explican de forma selectiva:
Relieve
megarrrelieve sistemas montañosos (−) mesetas (+) llanuras (+) depresiones oceánicas (−)
macrorelieve tierras altas (−) altiplanos (+) tierras bajas (+) macizos montañosos (−) mesetas (+) depresiones intermontanas (−)
mesorrelieve valles (+) colinas (+) crestas (+) depresiones (−) cañones (+)
microrrelieve montículos (−) dunas (+) hoyas (−)
nanorrelieve
¿Quién puede explicar a un alumno en qué se diferencian un «valle» y una «depresión»? En el diccionario encontramos los términos kalalius y presidente, pero a los escolares lituanos no les resulta menos necesario saber qué es un duque. Si se considera importante el letón y el lituano, las lenguas polaca y rusa no son menos importantes que la china. La misma situación se da con los términos relativos a edificios religiosos: por alguna razón se ha olvidado la sinagoga, aunque sí aparecen la iglesia, la mezquita y la iglesia ortodoxa. kalalius, presidente, pero a los escolares lituanos no les resulta menos necesario saber qué es un duque. Si se considera importante el letón y el lituano, las lenguas polaca y rusa no son menos importantes que la china lenguasinagoga, aunque sí aparecen la iglesia, la mezquita y la iglesia ortodoxa.
La confusión es aún mayor con los términos de biología. ¿Por qué cree el autor que es importante explicar en un diccionario geográfico de reducido tamaño qué son los arenques, los elefantes, los camellos y los delfines? ¿Acaso estos términos son más complejos o importantes que peces y mamíferos, que buscaríamos aquí en vano? Se tiene la impresión de que el modo de presentar los términos…
En el diccionario, los términos marcados con signos más aparecen; los marcados con signos menos, no.
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…terio: «¿qué más recuerdo aquí?» He aquí un puñado de ejemplos: ictiofauna, ictiología, ictiosaurios, iguanodontes, iguanas, fauna marina, vaca marina, col marina, lirios de mar, leones marinos. ¿Se sigue acaso el principio de excluir los términos especializados propios de la geografía de países lejanos? Pues los ictiosaurios son solo una de las familias de reptiles del orden de los dinosaurios ornitisquios y, además, están extintos. Los representantes de la fauna marina enumerados no tienen nada de especial que justifique mencionarlos expresamente (los términos biológicos constituyen apenas un tercio del diccionario). Se podría continuar con la lista. Tampoco sirve aquí como justificación que, supuestamente, se haya decidido no incluir en el diccionario términos comprensibles para todos. Si todos los escolares entienden qué significa el término asentamiento, también entienden igual de bien qué es una localidad pequeña o una casa aislada.
Así pues, antes de empezar a redactar un diccionario, es necesario saber a quién va dirigido, con qué fines y qué extensión tendrá. Si está destinado a la escuela, convendría evitar explicaciones de términos como grava: «fracción gruesa de rocas sueltas y cementadas <...>» (quizá sería más adecuada la definición del DŽ: «piedras desgastadas y redondeadas por las aguas del mar y de los ríos»). Si no es posible abarcar en el diccionario todos los términos de ese ámbito, habría que seleccionar cuidadosamente los necesarios según su grado de abstracción, frecuencia de uso y posición en la estructura terminológica del área. Sería muy útil disponer los sinónimos alfabéticamente; por ejemplo, un alumno encuentra en el libro de texto el término isohipsas, que no se explica en el diccionario, y ¿cómo va a saber que en este caso debe buscar la explicación bajo curva de nivel? En cambio, si encontrara una remisión que dijera «véase curva de nivel», no habría confusión. Además, esta es una manera práctica de promover los equivalentes lituanos de los términos: el lector sabe que la «venta pública especialmente organizada, comercio que se realiza periódicamente en un lugar determinado» se denomina subasta, también llamada remate, y no al revés.
Además, habría que aprovechar creativamente el material de publicaciones anteriores sobre el tema. Así se evitarían términos tan aparatosos como movimientos oscilatorios de la corteza terrestre, cuando en la traducción lituana del «Diccionario de geografía» de S. Agapov ya aparece la expresión sencilla oscilaciones de la corteza terrestre. Así pues, para que el diccionario sea realmente útil a los escolares y a otras personas interesadas en la geografía, habría que mejorarlo; la idea de preparar una publicación de este tipo es, sin duda, muy buena.
Jurgita JĖRINAITĖ
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En el «Diccionario geográfico enciclopédico» preparado por Stasys Vaitekūnas
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