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Dėl mokslo terminų vienareikšmiškumo supratimo

Stasys Keinys

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Sobre la comprensión de la univocidad de los términos científicos STASYS KEINYS PALABRAS CLAVE: término, término científico, terminología, univocidad Al sentarme a escribir este artículo, surgieron de algún rincón de la memoria las palabras del escritor nacido en Šeteniai (cerca de Kalnaberžė), profesor de literatura y premio Nobel Czesław Miłosz: «<...> nombrar y encerrar un pájaro en letras es casi lo mismo que tenerlo para siempre» (Milošas 1991: 124). Me alegré de que esa idea pudiera servir para hablar más ampliamente de los términos. Pues durante las cinco décadas en que he estado directamente vinculado también con los términos y la terminología, no pocas veces he oído y leído que un término debe ser uno y el mismo no solo para todos los usuarios, sino casi para siempre. El mismo tanto en cuanto a la forma como al significado, es decir, como el nombre de aquel pájaro, con una sola forma y un solo significado. He aquí un par de los muchos testimonios posibles. Primero. Hace exactamente cien años, en la asamblea general de la Sociedad Científica Lituana (la Academia de Ciencias de entonces), el médico de personas, dicho en términos populares, el doctor Kazys Grinius, al explicar «¿Qué puede exigirse de la terminología científica?», mencionó ante todo: «Que para cada concepto haya un solo nombre, una sola palabra, pues el término científico es un verdadero nomen proprium y debe ser uno solo1 (Grinius 1914: 432–433). El segundo testimonio dice así: «El término es una cita pequeñísima. Según las reglas de citación, el término debe conservar el mismo significado en todas las obras científicas de un ámbito determinado del saber», así enseñaba a los estudiantes, hace unas tres décadas, el profesor de filología de la Universidad Estatal de Moscú Mijaíl Lomonósov, Yuri Rozhdestvenski, en su Introducción a la filología general Bendrosios filologijos įvade (Рождественский 1979: 141). Puede decirse que desde hace mucho se persiguen aquí la univocidad del término mencionada y la univocidad, y que, al empezar a normalizar no solo los productos, sino también sus propias 1 Las citas del artículo se han dejado sin corregir; solo en algunos lugares se ha añadido el acento tonal. Terminologija | 2013 | 20 47 y los nombres de sus partes, ese objetivo se convirtió en uno de los requisitos más importantes de la terminología. No sorprende que en sus trabajos terminológicos lo destacaran especialmente los ingenieros que trabajaron activamente en el ámbito de la normalización desde la cuarta década del siglo pasado: el ruso Dmitrijus Lotė (1898–1950), el austríaco Eugen as Viusteris (1898–1977) y el letón Ernestas Drezenas (1892–1937), que por entonces también trabajaba en Rusia en tareas de normalización. La teoría terminológica de los dos primeros, basada ante todo en la lógica, sigue vigente hasta hoy, aunque después de la Segunda Guerra Mundial los lingüistas empezaron a estudiar desde dentro, con mayor amplitud, el lenguaje especializado y la terminología, y al menos algunos de ellos atenuaron considerablemente el carácter categórico de esos requisitos. Pues la lengua posee un sistema general de significados y de modos de expresarlos que se ha formado a lo largo de cientos de años —y, si se cuentan las protolenguas, de miles— y que ha impregnado la conciencia de sus hablantes; imponerle exigencias externas para violentarlo y modificarlo no es una labor beneficiosa para la sociedad, es decir, para los usuarios de esa lengua. Esto lo comprendió perfectamente y expresó casi al mismo tiempo, incluso un poco antes, un contemporáneo de los ingenieros mencionados: nuestro filósofo y terminólogo, el profesor Stasys Šalkauskis (1886–1941). En su estudio sobre la teoría de la terminología, publicado entonces en la revista de preguerra Logos y reimpreso ahora en los Escritos, escribió: «<...> y, al incorporarse a la terminología científica, las palabras no se fosilizan semánticamente, sino que quedan sujetas a una evolución ulterior, que nunca termina mientras la lengua siga viva en el espíritu de la nación» (Šalkauskis 1991: 43). Al examinar la cuestión de la univocidad tanto de la palabra como del término, no debería perderse de vista que las propias palabras unívoco, unívoco (en el sentido de tener un único significado) y univocidad no son unívocas. En el Diccionario de la lengua lituana actual, a partir de la segunda edición, se distinguen dos acepciones de esas palabras según si el asunto del que se habla tiene, primero, un solo significado y, segundo, el mismo significado (DŽ 1972: 934). Parece que ambas acepciones se tienen en cuenta cuando se habla o se escribe sobre la semántica de los términos. Y aunque al enumerar las características de los términos normalmente, o al menos en la mayoría de los casos, solo se menciona que tienen un único significado, en la cita de la obra de J. Rožd estvenskio presentada antes se subraya precisamente la conservación d e l m i s m o significado (por precisión, aquí se repite la cita en su idioma original): «Термин является как бы минимальной цитатой. По правилам цитирования термин должен сохраняться в одном и том же значении во всех научных сочинениях, принадлежащих к определенной области знания.» A decir verdad, no es fácil entender el carácter tan categórico de este autor, pues no escribe sobre el término aislado en sí, como unidad o miembro de determinado sistema, ni sobre la recomendación o fijación del término, sino sobre su uso. 48 Stasys Keinys | Dėl mokslo terminų vienareikšmiškumo supratimo En el trabajo terminológico y en las investigaciones científicas conviene tener siempre presentes esos dos casos de existencia de los términos (la fijación y recomendación, por un lado, y el uso, por otro). En los trabajos de recomendación y fijación, es decir, en los diccionarios terminológicos, las enciclopedias, las normas, etc., el término se presenta como si quedara inmovilizado, fijado, y se ofrece la esencia de su significado. Aquí es fácil presentarlo como se quiera: unívoco, sin sinónimos, etc. Pero quien da vida al término es el usuario, y este —ante todo, quien crea el texto científico (sin olvidar al destinatario: el oyente o el lector)— determina si el término se usa (y se entiende) exactamente como lo estableció quien lo recomendó o quienes lo recomendaron, o si su significado se restringe, amplía, desplaza o precisa en algún aspecto. Al fin y al cabo, no creemos que quienes recomiendan términos, a diferencia de los demás seres humanos, sean sabios omniscientes e infalibles, más capaces que todos los demás de comprender y nombrar mediante términos las cosas designadas. St. Šalkauskis había observado el asunto en cuestión y lo expresó con acierto así: «La evolución semántica de la terminología encuentra su fundamento en el hecho de que cada palabra adquiere una tonalidad particular del contexto en que se usa» (Šalkauskis 1991: 43). Y más adelante añadió: «Es preciso comprender claramente que la propia naturaleza de la lengua no exige en absoluto fijar con tanto rigor el sentido y el significado de las palabras que no quede libertad para emplearlas de manera particular, según lo requieran las características de los nuevos contextos. La congelación de los sentidos y significados de las palabras dentro de los límites de un diccionario férreamente establecido de una vez para siempre restringiría tanto el libre curso del pensamiento humano que su iniciativa intelectual se vería gravemente perjudicada» (Šalkauskis 1991: 44). Podría pensarse que esto refleja el mencionado choque entre la perspectiva y la concepción de los ingenieros y, en general, de los llamados investigadores de las ciencias exactas, por un lado, y las del filósofo y, en general, los investigadores de las humanidades, por otro, choque que nace de las diferencias entre el objeto, la naturaleza y las necesidades de esas ciencias. Sin embargo, la filosofía no es solo una disciplina particular, sino también la metodología general de la ciencia; además, el desarrollo es propio de todos los campos científicos, igual que de toda la existencia. La lengua y su terminología no son una excepción. Por cierto, en nuestros diccionarios terminológicos los términos suelen presentarse sin ejemplos de uso; a menudo, los autores de trabajos científicos tampoco explican las desviaciones o variantes de significado que emplean, de modo que son los propios lectores u oyentes quienes deben averiguar qué se quiso comunicar mediante ese término. Hay que decir que la afirmación general de que los términos deben ser unívocos y que su falta de univocidad constituye un defecto terminológico es entendida de manera literal, como un dogma, por más de un especialista de diversos campos, y se empieza a Terminologija | 2013 | 20 49 aplicar a toda la terminología de la lengua. Sin embargo, no cabe respaldar la aspiración a una univocidad total, absoluta, pues para instaurarla habría que llevar a cabo una enorme revolución terminológica y, como se ha mencionado antes, desmantelar un sistema de denominación consolidado durante mucho tiempo e incorporado a la conciencia de los hablantes. ¿De verdad habría quienes quisieran que el término raíz se usara únicamente en botánica y, además, en la agricultura, y reprocharan a los lingüistas, anatomistas y especialistas de otros campos que hubieran adoptado ese término de la ciencia vegetal para sus disciplinas mediante una transferencia de significado? ¿Acaso sería más fácil entenderse si la palabra punto conservara únicamente el significado habitual en la lengua común, «marca o mancha redonda» (LKŽ XV 982), y para la lingüística, las matemáticas, la física, la tecnología, el deporte y otros ámbitos se inventaran o tomaran prestadas denominaciones distintas? Es cierto que la lengua dispone libremente de medios y recursos para llevar a cabo esa revolución léxica; sin embargo, la transferencia y adaptación del significado de palabras o términos es también una de las formas más características de satisfacer las necesidades de denominación. Además, ese procedimiento ayuda a proteger la lengua de la avalancha de neologismos y préstamos de otras lenguas, por lo que resulta económico para la lengua y muy cómodo para el usuario: utilizar una palabra o un término conocido, aunque algo modificado y adaptado en su significado a otro campo, es mucho más sencillo que comprender y recordar un préstamo nuevo, totalmente desconocido y sin motivación en la lengua, o un neologismo formado de manera poco característica, como ocurre con frecuencia. El requisito de univocidad del término parece más próximo a la realidad —o, en mi opinión, sería más preciso hablar de una aspiración— dentro del campo o sistema del que forma parte su terminología. Es habitual mencionar también campos estrechamente relacionados, pero los casos en que los términos usados en campos distintos deberían tener exactamente el mismo significado parecen raros, incluso muy raros. Solo por necesidad podrían mencionarse aquí, por ejemplo, denominaciones de los órganos del habla tomadas de la nomenclatura anatómica o quizá, en más de un caso, directamente de la lengua común viva y trasladadas a la lingüística (ante todo, a la fonética, o estudio de los sonidos); probablemente nadie elogiaría al lingüista que para ello se pusiera a acuñar neologismos o a usar préstamos de otra lengua. Sin embargo, acto seguido, como si hubiera olvidado los nombres propios de esos órganos, tal fonetista emplea adjetivos prestados y adaptados al lituano para designar los sonidos que se articulan con ellos: dentalinis «dental», labialinis «labial», nazalinis «nasal», uvuliarinis «uvular», etc., así como los nombres prestados de fenómenos correspondientes, labializacija, nazalizacija, etc. Es cierto que se trata de otra cuestión —la univocidad de los términos— y, por tanto, no del tema de este artículo, aunque está totalmente vinculada a él, pues expresión y significado son una dualidad en unidad, dos caras necesarias de un mismo signo, sin las cuales este no podría existir. 50 Stasys Keinys | Dėl mokslo terminų vienareikšmiškumo supratimo La incorporación de un término a otro ámbito suele estar relacionada con la adaptación, precisión o modificación de su significado. Y probablemente en más de un caso puede surgir el deseo de unificar esos términos parciales (propios de ámbitos particulares) en un ant término peculiar con el significado más general. Pues parece evidente que el componente terminológico morfologija, que pasó de la biología a la lingüística y a algunas otras ciencias, se convirtió en ese tipo de ant término, con el significado de «ciencia de las formas», mientras que en esos ámbitos y sus ramas se emplean términos cuyo significado se ha restringido de acuerdo con el objeto estudiado, por ejemplo, augalų morfologija, gyvūnų morfologija, kalbos (žodžių) morfologija, kraujo morfologija, y los términos de una sola palabra citomorfologija, «morfología celular», geomorfologija, «morfología terrestre», etc. Por cierto, al menos en los diccionarios explicativos de nuestra lengua, así como en las enciclopedias, es habitual presentar únicamente esos significados particulares, diferenciados según las disciplinas científicas. Quizá se deba a que, al parecer, todavía no existe una ciencia de la morfología general. Sin embargo, esto no debería obstaculizar la distinción de los significados de las palabras. Al tratar de comprender lo expuesto, entramos en el ámbito de las relaciones entre los significados de los términos generales de la ciencia y de otros ámbitos más amplios (también podríamos llamar actuales, genuinos o ant términos a esos términos generales, que suelen tener el significado más amplio), así como de los términos interdisciplinarios, y los significados —o el significado— de los términos de disciplinas científicas particulares y sus ramas; dicho de otro modo, en el ámbito de los vínculos entre términos de alcance más amplio y más restringido, en relación con la univocidad y la plurivocidad. Por ejemplo, la palabra forma es un término general de la ciencia, la técnica y el arte que, en su sentido más amplio, se emplea en filosofía con el significado de «elemento de la realidad y del proceso de conocimiento que confiere singularidad e identidad a los objetos cognoscibles» (VLE VI 187). En distintos ámbitos y ramas de la actividad humana, este término se usa por sí solo o como componente de términos compuestos, con un significado adaptado y definido según corresponda; por ejemplo, en lingüística forma se emplea habitualmente con dos significados: uno más amplio, «expresión, manifestación», y otro más restringido y concreto, «género» (cf. EWJP 1978: 89; DL 1980: 222–223; KTŽ 1990: 65, 75, 88, 166, 241; Булыгина, Крылов 1990: 557–558). Tanto si se considera desde la perspectiva más amplia como desde la más restringida de la semántica de un término particular de una disciplina o rama, la cantidad y la amplitud de los significados atribuidos a un término individual o a un grupo de términos dependen también de cómo se concibe y delimita el significado terminológico, de cuáles son sus relaciones con el concepto designado, con su extensión y con la propia denominación, y de hasta qué punto, al denominar, se tienen en cuenta las tendencias sistémicas del léxico de la lengua. Por ejemplo, en la lengua estándar actual es habitual que las palabras y los términos derivados de nombres de personas según su ocupación mediante el sufijo -ystė designen la teoría y la práctica (la ciencia y la actividad profesional) de ese ámbito o rama. Terminologija | 2013 | 20 51 Por ejemplo: bitininkystė, daržininkystė, gyvulininkystė, jūrininkystė, oreivystė, paukštininkystė, žemdirbystė, etc. Sin embargo, en terminología hay excepciones: junto a miškininkystės, quizá por haber percibido con demasiada intensidad la plurivocidad del término, quizá por el pundonor de los científicos, o por ambas razones a la vez, o quizá por alguna otra, se ha creado la denominación de la ciencia miškotyra, y de esta, el término para designar al investigador: miškotyrininkas. Hace algún tiempo también se propuso despojar a bibliotekininkystės de su significado de ciencia y llamar a esa ciencia bibliotekotyra o incluso bibliotekologija. La verdad, es muy dudoso que valga la pena alterar de este modo, con neologismos, el orden establecido de las denominaciones en la lengua. No hay que perder de vista que en las obras de fijación terminológica quizá no se presenten todos los significados de los términos incluidos. Por ejemplo, hace unos tres decenios, mientras preparaba junto con Kazimieras Gaivenis un diccionario de términos lingüísticos, revisé un montón de diccionarios de terminología lingüística disponibles en varias lenguas y me sorprendió que en cada uno de ellos la denominación de cada clase de palabras se explicara únicamente como clase gramatical de palabras, sin mencionar un significado igual de antiguo, pero mucho más frecuente en los trabajos de lingüística teórica y aplicada: el de palabra individual perteneciente a esa clase. Acordamos incluir en el diccionario los términos de ese grupo con dos significados (por cierto, después de la publicación del diccionario, más de un lingüista nos felicitó por ello). Tanto los diccionarios de términos como, sobre todo, el uso en el lenguaje de una disciplina muestran que una parte de los términos tiene más de un significado. Esto es particularmente característico de los términos generales de las ciencias y de los términos propios de una ciencia particular. Entre los términos utilizados en los trabajos de lingüística, un testimonio muy evidente de la plurivocidad es el término fundamental kalba, que en lituano suele expresar no solo la célebre tríada de Ferdinand de Saussure, langue, parole, langage, sino también muchos otros significados. El filósofo y filólogo ruso, el profesor Aleksiejus Losevas, abordó la polisemia de los términos de las ciencias sociales en un artículo publicado en 1978 y reimpreso en 1982, titulado «La polisemia de los términos de las teorías del signo y del símbolo», en el que escribía: «Términos como ženklas, reikšmė, struktūra, modelis, simbolis tienen decenas de significados distintos en el uso de diferentes autores. No hay que pensar que en este ámbito deba imponerse obligatoriamente una única terminología, que excluya otros principios terminológicos. Lo único que se puede exigir a los autores es que, al emplear un sistema terminológico u otro, se atengan a él de principio a fin y no salten a cada momento del sistema terminológico que han adoptado a otro» (Лосев 1982: 220). 52 Stasys Keinys | Dėl mokslo terminų vienareikšmiškumo supratimo Además, existen significados empleados no solo en términos generales (cuenten o no con la aprobación de los terminólogos normativos), sino también en ámbitos y disciplinas particulares, en corrientes, tendencias y escuelas, e incluso por autores individuales; por último, existen significados propios de determinados textos o grupos de textos, que probablemente en general ni se recomiendan ni se desaconsejan. Sencillamente, existen y se emplean con bastante frecuencia. El profesor Algirdas Julius Greimas habló de esos significados individuales de los términos que él mismo usaba durante la conferencia «Problemas de semiótica general», impartida en 1971 en la Universidad de Vilna: «Si distingo, en primer lugar, los sistemas de valores, a los que llamo axiologías, y las organizaciones del funcionamiento de los valores, a las que llamo ideologías, esa es mi terminología personal, y les ruego que no la tomen como palabra sagrada. Solo quiero decir que resulta útil distinguir aquí una cosa, a saber, el sistema de valores como sistema estático (lo llamo axiología) del sistema de valores presentado a las personas como modelo de actividad, al que llamo ideología. Esto no necesariamente coincide con las distinciones que establece la sociología» (Greimas 1991: 48). Esta observación terminológica del científico lituano más destacado y conocido en el mundo académico concuerda plenamente con el propósito y la idea central de este artículo: no hay que encerrar los términos científicos en los estrechos límites de una univocidad universal y obligatoria para todos, pues las normas terminológicas no son como reglamentos militares, ni los científicos son sus ejecutores ciegos. De lo contrario, la ciencia no sería creación, ni tampoco contribuiría a la creación lingüística. El lenguaje científico contiene muchos términos unívocos, y también muchos que se entienden e interpretan de distintas maneras. Las causas son diversas, y también lo son sus formas de manifestarse. No tenía la intención ni la esperanza de abarcar en este artículo una problemática de la univocidad y la polisemia de los términos que quizá merecería más de un libro. Solo quería examinar el carácter problemático de esta cuestión desde la perspectiva de un ámbito (el científico) y recordar a quienes usan, crean y ordenan los términos científicos que, tanto en la investigación como en el trabajo práctico de terminología, no siempre conviene emplear palabras de sentido imperativo como reikalavimas, draudimas, privaloma, negalima; y que probablemente no siempre sabemos si un término es realmente unívoco y, más aún, si conservará el mismo y único significado dentro de algún tiempo. Pues el lenguaje científico, y con él sus términos, cambia junto con el desarrollo de la ciencia; cambia ahora, como siempre, porque, en palabras de Romualdas Granauskas, tomadas de su escrito «Doce cuervos negros que revolotean en torno a Daukantas», «<...> la ciencia también es libertad, mientras que la ignorancia son cadenas de hierro alrededor del cuello y cepos de roble en los pies» (Granauskas 1995: 272). Terminologija | 2013 | 20 5 3 LITERATŪRA DL 1980: Dictionnaire de linguistique par J. Dubois, M. Giacomo, L. Guespin, Chr. Marcellesi, J.-B. Marcellesi, J.-P. Mével, Paris: Librairie Larousse. DŽ 1972: Dabartinės lietuvių kalbos žodynas. II papildytas leidimas. Ats. red. J. Kruopas, Vilnius: Mintis. EWJP 1978: Encyklopedia wiedzy o języku polskim. Pod redakcją St. Urbańczyka, Wrocław–Warszawa–Kraków–Gdańsk: Zakład Narodowy im. Ossolińskich Wydawnictwo. Granauskas R. 1995: Vakaras, paskui rytas: Apsakymai ir apysakos, Vilnius: Leidybos centras. Greimas A. J. 1991: Iš arti ir iš toli: Literatūra, kultūra, grožis, Vilnius: Vaga. Grinius K. 1914: Apie botanikos organografijos lietuviškąją terminologiją. – Lietuvių tauta. Kn. 2, d. 3 (1912–1913). Yra ir atskiras K. Griniaus darbo atspaudas. KTŽ 1990: Gaivenis K., Keinys St. Kalbotyros terminų žodynas, Kaunas: Šviesa. LKŽ XV – Lietuvių kalbos žodynas 15. Vyr. red. K. Ulvydas, Vilnius: Mokslas, 1991. Milošas Č. 1991: Isos slėnis. Vertė A. Kalėda, Vilnius: Vaga. Šalkauskis St. 1991: Terminologijos teorija ir bendroji filosofijos terminija. – Raštai 2. Filosofijos ir pedagogikos terminija, Vilnius: Mintis. VLE VI – Visuotinė lietuvių enciklopedija 6. Vyr. red. A. Račis, Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas, 2004. Булыгина Т. В., Крылов С. А. 1990: Форма в языкознании. – Лингвистический энциклопедический словарь. Гл. ред. В. Н. Ярцева, Москва: Советская энциклопедия. Лосев А. Ф. 1982: Знак. Символ. Миф: Труды по языкознанию, Москва: Издательство Московского университета. Рождественский Ю. В. 1979: Введение в общую филологию, Москва: Высшая школа. ABOUT UNDERSTANDING THE UNAMBIGUITY OF THE TERMS OF SCIENCE Unambiguity is usually treated as one of the important features of a term and quite often it is viewed as one of the main requirements of terms. Therefore polysemy of a term is treated as a fault. However, polysemous terms are quite frequent in term recording works (special dictionaries, encyclopaedias, etc.) as well as in scientific texts of various domains. This article deals with the problem of unambiguity of terms of science in respect of science development and naming system of the language. First of all it is noted that the words and terms vienareikšmis (unambiguous) and vienareikšmiškumas (unambiguity) are not unambiguous themselves, because on the one hand they mean ‘having only one meaning’ and on the other hand – ‘having the same meaning’. When speaking about the unambiguity of terms often both these meanings are kept in mind, but more frequently the oneness of term meaning is emphasized. The Lithuanian philosopher Stasys Šalkauskis (1886–1941) who published his works on terminology theory and practice from 1927 onwards gave a reasoned argument against strict restraint of the meaning of terms. In his work Terminologijos teorija (Terminology Theory) Šalkauskis wrote: “<...> ir patekę į mokslinę terminiją, žodžiai nesustingsta semantiniu atžvilgiu, o yra palenkti tolimesnei evoliucijai, kuri niekados nesibaigia, kol kalba yra gyva tautos dvasioje” (translation: “<...> and when words make their way into scientific terminology they do not freeze in semantic respect, but are inclined towards further evolution which never stops while the language is alive in the spirit of a nation”). These words are very important for the cognition of the essence of science and its language creation. The article rejects an absolutization of unambiguity of scientific terms and argues that the main manifestation of the existence of terms is not their fixation in 54 Stasys Keinys | Dėl mokslo terminų vienareikšmiškumo supratimo dictionaries or encyclopaedias, but scientific texts where terms are used not only in general, but also in partial meanings specific to particular domains and scientific schools as well as in some individual meanings characteristic to particular scientists or to some of their works. This is viewed as a natural thing for the language and terminology of science, because only terminology theory and practice which do not restrict the freedom of scientific creative work can facilitate the development of scientific cognition and ensure the progress of science. К ВОПРОСУ О ПОНИМАНИИ ОДНОЗНАЧНОСТИ ТЕРМИНОВ НАУКИ Однозначность обычно считается важной чертой терминов, нередко даже одним из основных к ним предъявляемых требований, а многозначность – недостатком терминологии. Но как в работах по фиксации научных терминов (в специальных словарях, энциклопедиях и т.п.), так и особенно в научных текстах неоднозначные термины не являются редким исключением. В настоящей статье обсуждается проблема однозначности научных терминов в контексте развития науки и номинативной системы языка. С начала обращается внимание на факт неоднозначности самих слов и терминов vienareikšmis «однозначный» и vienareikšmiškumas «однозначность» – 1) имеющий только одно значение, 2) имеющий тождественное (неизменённое) значение. К терминологии относят оба этих значения, но чаще подчёркивается единственность значения термина. В литовском терминоведении против строгого ограничения значения терминов аргументированно выступил философ и терминолог профессор Стасис Шалкаускіѕ (Stasys Šalkauskis, 1886–1941), с 1927 года включившийся в разработку теории терминологии и создавший словарь философских терминов. В труде по теории терминологии он писал, что после попадания в терминологию науки слова не прекращают семантического развития, которое никогда не оканчивается пока язык остаётся живым в духе народа. Далее в статье показана несостоятельность абсолютизации однозначности научной терминологии, доказывается, что основной сферой существования терминов является не фиксация в словарях или энциклопедиях, а тексты науки, в которых термины используются не только в общих, но и в частных, в том числе свойственных для отдельных научных направлений, школ, значениях. Кроме того, термины употребляются и с индивидуальными значениями, характерными как для отдельных учёных, так и отдельным их трудам. Это считается естественным, так как только ненарушающая свободы научного творчества терминология способствует успешному развитию научного познания и самой науки. Gauta 2013-11-12 Stasys Keinys Lietuvių kalbos institutas P. Vileišio g. 5, LT-10308 Vilnius E. paštas [email protected] Terminologija | 2013 | 20 55