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Dėl kai kurių vandenvardžių kilmės ir darybos

B. Savukynas

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graso (acc. sing. taukų) «gordo, exuberante»: tūkti «engordar» (como daubą: dūbti, sausą: sūsti, raukti: rùkti, etc.); a este grupo pertenece también taukti, -ia, -ė «prosperar bien (del cereal, del ganado)». Por otra parte, las lenguas bálticas tienen también una raíz con acento agudo; compárese el lituano taukai (acc. pl. táukus) «grasa»: el letón tūkstu «me vuelvo gordo» (como láužti: lùžti: tráukti: trùkti, etc.); compárense además tū-las y el eslavo antiguo ty-ti. En lugar del instrumental singular galvà debería aparecer gálva (p. 9), pues los sustantivos de raíz con acento agudo no desplazan el acento a la desinencia en este caso (excepto los instrumentales con la desinencia -mi); compárense lángu, vėlniu, žalčiu, giėsme, mėnesiu, vándeniu, juósmeniu). La forma báltica paralela al eslavo *męso (pl. męsą) es el žemaitiano mensā (Kaltinėnai, Vainutas11, Laukuva, Saugos). Esta palabra, al igual que su equivalente eslavo, tiene circunflejo y pertenece a un paradigma de acento móvil. El origen de la forma žemaitiana vecina meisa no está claro (compárese el prusiano antiguo mensā|menso), aunque en algunos dialectos žemaitianos en puede convertirse en ei; compárense en žemaitiano lėišis, skėisk12 (de *lenšis «grano de lenteja, lenteja», *skeńsk «me sumerjo, me ahogo»). El autor considera erróneamente que la forma letona mièša es un préstamo del eslavo. El letón miè-sa también procede del báltico *mensā (compárese el letón pièci= y el lituano penki). Estas pocas observaciones críticas no menoscaban el gran valor del trabajo de V. Ilič-Svitič. El desarrollo ulterior de la acentología báltica y eslava requería un trabajo de esta índole, y el autor de la obra, al fundamentar con argumentos la relación de los sistemas de acentuación báltico y eslavo con el indoeuropeo, hizo una contribución significativa a la acentología de las lenguas bálticas y eslavas. S. Karaliūnas SOBRE EL ORIGEN Y LA FORMACIÓN DE ALGUNOS HIDRÓNIMOS Alfred Senn, Zur Bildung litauischer Gewässernamen, «Annali dell’ Instituto Universitario Orientale, Sezione Slava», II, Napoli, 1959, p. 41—47. En la bibliografía lingüística extranjera y en la toponímica especializada aparecen últimamente, cada vez con mayor frecuencia, artículos y estudios sobre los topónimos lituanos. Sin embargo, a veces, al utilizar materiales toponímicos incompletos o poco fiables, se llega a conclusiones infundadas. Esto puede decirse también del artículo de A. Zenas que aquí se examina. Basándose en los nombres propios incluidos en el «Diccionario ortográfico de la lengua lituana» (1948) y en las observaciones de la introducción sobre los topónimos lituanos, A. Zenas intenta describir los casos más destacados de formación de los hidrónimos lituanos. Desgraciadamente, muchas de sus afirmaciones carecen de fundamento, y explica de manera incluso errónea la formación y la etimología de algunos hidrónimos lituanos. El autor afirma que los nombres propios de las lenguas lituana y letona todavía no han sido objeto de una investigación verdaderamente científica, y que aún nos contentamos con las actuales- 11 K. Būga, RR, I, p. 113. 12 P. Skardžius, ZslPh, XXVI, 1958, 375 tt.; E. Grinaveckienė, LKK, III, 1960, p. 196. 236 … de nombres, y se evita estudiar históricamente los topónimos1. A. Zenas tiende a considerar como el único método «verdaderamente científico» el estudio histórico de los topónimos. A este respecto, hay que señalar que actualmente en la ciencia toponímica prevalece precisamente la opinión de que el análisis sincrónico, basado en una clasificación estructural-gramatical, debe ser la etapa preparatoria de la investigación histórica. Los topónimos se consideran un sistema peculiar, dotado de sus propias leyes (toponímicas). Por ello, se estima que un sistema toponímico nacional solo puede investigarse tras esclarecer debidamente sus rasgos generales específicos de formación y semántica, su estructura y las tendencias de su desarrollo. La segunda etapa del estudio de los topónimos debe consistir en la estratigrafía de los tipos derivativos y semánticos, y en intentar establecer la cronología relativa de esos tipos. Por consiguiente, solo entonces comienza el estudio histórico de los topónimos. Una labor preparatoria importante para dicha investigación es recopilar todos los topónimos de un territorio étnicamente homogéneo y distinguir las formas originales de los topónimos individuales entre las numerosas formas secundarias surgidas por etimología popular u otras deformaciones. También en Lituania se entiende así el estudio de los topónimos. A. Zenas, al parecer, mantiene la concepción tradicional de la toponimia, según la cual el topónimo es ante todo una «fuente histórica», y considera que los topónimos individuales pueden explicarse de manera atomista, aislándolos del continuo toponímico y de su sistema, y atendiendo únicamente a su coincidencia formal y fonética con los nombres comunes. A dónde puede conducir una investigación tan atomista de los topónimos lo muestran con especial claridad algunas etimologías propuestas por el propio A. Zenas. A. Zenas está convencido, simplemente a priori, de que la mayoría de los nombres lituanos de masas de agua proceden de antropónimos. En realidad, solo una pequeña parte de los nombres bálticos de ríos y algo más de los nombres de lagos pueden derivarse de antropónimos. Tales hidrónimos suelen tener un sentido posesivo o conmemorativo y se forman a partir de los nombres y apellidos de los propietarios de las aguas o de personas vinculadas de algún otro modo con esos lugares. Por lo general, son hidrónimos en genitivo o genitivos elípticos ya lexicalizados como nombres propios. Sin embargo, de este modo solo se han formado los nombres de objetos hidrográficos relativamente pequeños, situados dentro de las tierras de sus propietarios. Los ríos más grandes normalmente no tienen nombres antroponímicos. El conjunto de los hidrónimos bálticos muestra que los nombres más antiguos de ríos y lagos están semánticamente relacionados con las características físico-geográficas o de configuración de los objetos, o son directamente términos fisiográficos. Precisamente por ello, los hidrónimos no son únicos: se repiten en distintos lugares, y el área de distribución de las raíces de muchos de ellos abarca casi todo el territorio histórico de las lenguas bálticas. Solo el carácter aislado de un hidrónimo dentro del sistema de la hidronimia puede ser uno de los motivos para derivarlo de un antropónimo. 1 «El… VI Congreso Internacional de Investigación Onomástica… tuvo que llevar a los bálticos a la vergonzosa conclusión de que todavía no existe en absoluto una verdadera investigación científica de los nombres en lituano y letón, pues allí siguen conformándose con recopilar sin más las formas de los nombres hoy “correctas” y muestran una fría reserva ante cualquier investigación histórica» (p. 41). 237 Teniendo en cuenta lo dicho más arriba sobre la génesis de los hidrónimos bálticos, nos convence la etimología propuesta por J. Otrembskis para el nombre de río Zeimenà y el nombre de lago Zeimenas|Zeimenes|Zeimenys (: *žeimą «frío»²; más probablemente *žeimuõ. — B. S.), mientras que A. Zenas critica esta etimología de manera totalmente poco convincente, basándose en la convicción infundada de que estos hidrónimos proceden de un antropónimo. Por otra parte, la forma alternativa del nombre del lago Zeimenes|Zeimenys tampoco permite derivar estos hidrónimos de antropónimos, ya que su morfología muestra la flexión de un nombre común de tema consonántico, nada característica de los antropónimos. También resulta totalmente poco convincente que A. Zenas derive de un antropónimo el nombre de río Šalantas, que no puede separarse de los nombres de río Salietìs (Debeikiai), Salūtė (Raseiniai), Salõtė (Kapčiamiestis), Saltekỹs (Viduklė), Salūkė (Stakliškės), Sālupis (Gaurė y Kiduliai), Salūpis (Panemunėlis y Stačiūnai). H. Krahe³ ha propuesto una etimología muy convincente para este nombre de río (Sal-antas: pr. salus «arroyo de lluvia»; compárese también el lituano salvėti «fluir, rezumar lentamente». — B. S.). J. Otrembskis⁴ también ha criticado de manera convincente los intentos de A. Zenas de derivar estos hidrónimos de antropónimos. Confiando plenamente en su concepción del origen antroponímico de los hidrónimos, A. Zenas empieza a relacionar los hidrónimos lituanos con antropónimos alemanes (!): «Galm-onas es el alemán Hallmann o Hellmann, del cual quizá proceda también Almenas»⁵. Esta etimología es, sin duda, una pura invención. El nombre del lago Almenas (Linkmenys) no puede separarse de los hidrónimos Almajas (lago Linkmenys), Almė (río Šiluva) y Almuonė (río Kraupiškas), y debe relacionarse con los nombres comunes lituanos almuõ, almė́ti⁶; por su parte, el nombre de río Galmonas (Batakiai), en nuestra opinión, no puede separarse de topónimos bálticos como el prusiano Galmen⁷ y el letón Galmene⁸, que a su vez también deben relacionarse con la raíz de los hidrónimos bálticos gal-gel-gil. J. Otrembskis ya ha refutado de manera convincente la opinión de A. Zenas de que el nombre de río Baužas procede, supuestamente, del antropónimo polaco Bohusz, al demostrar que Bohusz < Bogu-sław, mientras que el lituano Baužas < baužas significa «sin cuernos»⁹. 2 Żr. Jan Otrębski, „Beiträge zur Namenforschung“, 1958, p. 189. 3 «Por consiguiente, en principio, Salantas solo podría haberse originado en una lengua particular a partir de un nombre común equivalente al prusiano salus, que posteriormente desapareció del lituano». H. Krahe, Der Flußname Salantas, «Beiträge zur Namenforschung», 3, 1960, p. 259. 4 Jan Otrębski, Beiträge zur baltisch-slavischen Namenkunde, «Beiträge zur Namenforschung», 1, 1961, p. 42. 5 «Galmonas es el alemán Hallmann o Hellmann, del cual posiblemente proceda también Almenas» (p. 46). 6 Żr. K. Būga, Rinktiniai raštai, III, Vilnius, 1961, p. 413. 7 G. Gerullis, Die altpreußischen Ortsnamen, Berlin und Leipzig, 1922, p. 35. 8 A. Bielenstein, Die Grenzen des lettischen Volkstammes..., St. Petersburg, 1892, p. 254. 9 Véase Jan Otrębski, Beiträge zur baltisch-slavischen Namenkunde, «Beiträge zur Namenforschung», 1, 1961, p. 39. 238 Al etimologizar así los nombres de lugar, A. Zenas comete un error metodológico característico también de otros lingüistas, que a veces intentan explicar topónimos aislados prescindiendo de sus variantes, separándolos del continuo toponímico y del sistema onomástico nacional, sin haber comprendido el conjunto de los nombres propios bálticos. Así, R. Šmitėnas, en su libro sobre los nombres de lugar lituanos