Dėl hidronimų darybos nagrinėjimo
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LIETUVIŲ KALBOS MORFOLOGINĖ SANDARA IR JOS RAIDA
LIETUVOS TSR MOKSLŲ AKADEMIJA
SOBRE EL ESTUDIO DE LA FORMACIÓN DE LOS HIDRÓNIMOS
A. VANAGAS
El estudio de la formación de los hidrónimos1, al igual que el de los nombres propios en general, plantea una tarea distinta de la que supone el estudio de la formación de los nombres comunes. Al analizar la formación de los nombres comunes, se procura determinar cómo crea la lengua palabras nuevas y cómo amplía su léxico2. La formación de los topónimos, sobre todo de los nombres de masas de agua, debe considerarse de otro modo. Hoy en día, todos los lugares y accidentes geográficos importantes tienen ya sus nombres, muchos de los cuales se han transmitido durante siglos y milenios de boca en boca, de generación en generación, y hasta han sido reconocidos oficialmente. Por tanto, el proceso de formación de los topónimos, sobre todo de los nombres de masas de agua, prácticamente ha concluido. A diferencia de lo que ocurre con los nombres comunes, no tenemos aquí un sistema vivo, sometido constantemente a las leyes internas de la lengua, sino uno ya casi constituido, estabilizado y sin vida. Esto, desde luego, no significa que hoy los topónimos, incluidos los hidrónimos, ya no puedan cambiar. Los nombres de algunos accidentes geográficos, especialmente de los pequeños y menos importantes, cambian por etimología popular, analogía (por ejemplo, adoptan forma plural) o por influencia de la lengua literaria; se adaptan a ciertos rasgos dialectales cuando los propios dialectos cambian, etc. Sin embargo, un hidrónimo nuevo solo puede surgir cuando, en el ámbito de la actividad práctica humana, aparece un nuevo objeto que debe recibir algún nombre para poder comunicarse sobre él. En la actualidad aparecen muy pocos ríos o lagos nuevos, y en su mayoría son de origen artificial, por lo que suelen recibir nombres artificiales (por ejemplo, Kauno marios, Ventos perkasas, etc.). Por el contrario, las grandes obras de transformación de la superficie terrestre destruyen lagos y ríos con bastante intensidad. Algunos de los accidentes geográficos cuyos nombres se estudian hoy ya han desaparecido, y sus nombres están cayendo en el olvido o se han olvidado por completo. Por ello, no podremos hablar, naturalmente, de tendencias evolutivas ni de nuevos modos de formación de hidrónimos. La tarea del estudio de la formación de los hidrónimos consiste en seguir esta,
1 Aquí y en adelante, el término hidrónimos se emplea en su sentido más restringido, concretamente, «nombres de ríos y lagos».
2 Véase Л. В. Щерба, Очередные проблемы языкознания, «Известия Академии Наук СССР. Отделение литературы и языка», М., 1945, р. 181.
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sistema de formación de los nombres de ríos y lagos, que ya casi ha dejado de estar vivo y, al parecer, tiende a reducirse, y determinar el conjunto de medios lingüísticos que la configuraron. Por su estabilidad, el sistema de la hidronimia se asemeja en cierta medida a los sistemas de apelativos y topónimos de las lenguas muertas (el latín, el prusiano, etc.). De aquí se desprende otra conclusión. Puesto que el sistema de hidrónimos ya está formado y apenas cambia, la mirada del investigador de su formación se dirige siempre más hacia el pasado, hacia los tiempos en que este sistema, hoy estático, apenas empezaba a formarse. Esto se aplica especialmente a los hidrónimos que, desaparecidos los accidentes geográficos correspondientes, ya no son, en esencia, hechos de la lengua viva. La estabilidad del sistema es uno de los rasgos más característicos de los hidrónimos, que los distingue de los apelativos. Cabe señalar que el sistema de hidrónimos tiende a fosilizarse (en la forma y en la semántica) desde el mismo comienzo de su formación. Por ello, su estudio plantea problemas con los que casi nunca nos encontramos al investigar los nombres comunes. En este artículo se examinan solo dos cuestiones importantes relacionadas con la formación de los hidrónimos: 1) la clasificación de los hidrónimos; 2) los hidrónimos derivados.
1. La cuestión de la clasificación es central para la toponomástica y afecta por igual a todos los estratos de los topónimos (hidrónimos, nombres de lugares habitados, microtoponimia, etc.). De la clasificación depende todo análisis posterior del material concreto; el esquema clasificatorio es lo primero que revela, y de manera más clara, la perspectiva del investigador sobre la toponimia. Sin embargo, esta cuestión aún no se ha resuelto definitivamente. Sigue sin resolverse, ante todo, porque la infinita diversidad de los topónimos y su posición particular en el sistema de la lengua hacen muy difícil elaborar una clasificación universal. «La clasificación de los topónimos no es una distribución mecánica en casillas, sino la determinación de un sistema de regularidades», afirma V. Nikonov.3 Además, el desarrollo de la ciencia siempre está ligado a los cambios de perspectiva sobre el objeto estudiado, por lo que las clasificaciones que antes eran aceptables a menudo pueden tener hoy solo valor histórico. Es cierto que nadie ha elaborado una clasificación de los topónimos lituanos (ni, en general, de los bálticos), ni se ha intentado aplicar al conjunto de nombres lituanos las clasificaciones de topónimos de otras lenguas. Sin embargo, nuestros vecinos eslavos más próximos, sobre todo polacos, checos, búlgaros, yugoslavos, etc., han avanzado mucho más en este campo. Las primeras clasificaciones de los topónimos eslavos se elaboraron a mediados del siglo XIX4. Además de numerosas ventajas, estas clasificaciones también tenían defectos; quizá el más importante era que sus objetivos no eran ante todo puramente lingüísticos, sino «utilitarios», es decir, se proponían no tanto analizar lingüísticamente los sistemas toponímicos como
3 V. Nikonov, Trabajos de posguerra sobre toponimia en los países eslavos, «Comunicaciones breves del Instituto de Estudios Eslavos de la Academia de Ciencias de la URSS. Lingüística eslava, n.º 28. Moscú, 1960, p. 77.
4 Para una reseña crítica de todas ellas, véase W. Taszycki, Słowiańskie nazwy miejscowe (Ustalenie podziału), „Prace Komisji Językowej PAU“, Nr. 29, Kraków, 1946; o W. Taszycki, Onomastyka, Wrocław-Kraków, 1958, p. 229—258; В. Никонов, Послевоенные работы по топонимике..., p. 75—105. A nuestro juicio, S. Rospond ha valorado las clasificaciones anteriores con mayor acierto en su libro «Klasyfikacja strukturalno-gramatyczna słowiańskich nazw geograficznych», Wrocław, 1957, p. 14—27.
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averiguar qué información pueden ofrecer los nombres de lugar al hombre de hoy sobre el pasado de los pueblos, la cultura, la naturaleza, la vegetación, las costumbres, las relaciones sociales, etc. Los nombres de lugar no se consideraban un fenómeno lingüístico especial cuyo estudio debía ser lingüístico, sino «fossiles de la géographie humaine», «Geschichtquelle», «Siedlungsgeschichte», etc.5 Naturalmente, con esto no se pretende decir que todas las clasificaciones anteriores fueran absurdas y no hubieran aportado nada positivo al desarrollo de la toponomástica. Al estar vinculadas al desarrollo de toda la ciencia lingüística de su época (y no solo de la lingüística), ayudaron a comprender los rasgos más importantes de la semántica y, en parte, de la formación de los nombres de lugar; proporcionaron abundantes conocimientos sobre el pasado de los pueblos, las lenguas, la naturaleza, la flora, etc., y así atrajeron la atención de muchos investigadores hacia la onomástica.
Como puede observarse, por ejemplo, en la reseña de las clasificaciones anteriores ofrecida por S. Rospond6, el perfeccionamiento de las clasificaciones estuvo ligado a la intensificación de la recopilación de nombres de lugar y a la consolidación de la toponomástica como rama independiente de la lingüística. Hoy se abandonan las clasificaciones de carácter semántico-etimológico no solo porque, al carecer de principios lingüísticos más rigurosos, a menudo confundían hechos distintos, cometían numerosos errores al explicar la formación de palabras y no abarcaban toda la diversidad de los nombres de lugar, sino, al parecer, también porque ya han resuelto en gran medida el problema que se habían planteado. Es difícil imaginar el desarrollo posterior de la toponomástica sin las clasificaciones anteriores (entre los eslavos, las de F. Palacki, F. Miklošič, T. Voicechovski, F. Švarc, E. Muka, P. Skok, K. Mošinski, V. Tašicki y otros7).
Dos obras aparecidas casi simultáneamente en distintos países abordan de nuevo el problema de la clasificación de los nombres de lugar. Se trata de «Principios y métodos de la hidronimia francesa», de P. Lebel8, y «Clasificación estructural-gramatical de los nombres de lugar eslavos», de S. Rospond910. En los aspectos más importantes, las ideas de estos dos destacados toponimistas coinciden en muchos puntos11. Los trabajos de P. Lebel y S. Rospond pueden considerarse innovadores porque abordaron los nombres de lugar —esta parte específica del vocabulario— no como buscadores de información histórica, sino como lingüistas que estudian hechos lingüísticos.
P. Lebel divide todos los hidrónimos franceses en tres grupos: 1) nombres apelativos (les noms appellatifs ou noms génériques); 2) nombres calificativos, o expresiones descriptivas (les noms qualificatifs ou expressions descriptives); 3) nombres determinativos, es decir, adjetivos o expresiones que sitúan el objeto en el espacio, el tiempo o el período de existencia (les noms déterminatifs). Por ejemplo (respectivamente): Fontaine «fuente», la Fontaine — Bouillante «la fuente hirviente», la Fontaine — Saint — Martin12.
5 Véase S. R o s p o n d, Klasifikacija..., p. 31.
6 S. R o s p o n d, Klasifikacija..., p. 5—27.
7 Ibíd.
8 P. L e b e l, Principes et méthodes d’hydronymie française, Paris, 1956.
9 S. R o s p o n d, Klasifikacija...
10 Para una reseña de ambas obras, véase Б. Т о п о р о в, К проблеме классификации в топонимии, «Исследования по структурной типологии», М., 1963, p. 226—231.
11 Compárese con ibíd., p. 231.
12 P. L e b e l, Principes et méthodes d’hydronymie..., p. 9.
14. Lietuvių kalbos morfologinė sandara ir jos raida
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El esquema de S. Rospond es mucho más complejo, pero aquí también hay tres grupos principales: 1) hidrónimos primarios, es decir, aquellos que derivan de otras palabras, pero no presentan ningún rasgo de formación toponímica. Pueden derivar de apelativos (Bagno, Blato, Jama) o de nombres personales (Jersz, Balaban, Bogdan); 2) secundarios; en total hay cinco grupos: prefijales, sufijales, prefijales-sufijales, acentuales (p. ej., ucran. Suxyj=suxyj), derivados por terminación (se tienen en cuenta diversos cambios de terminación); 3) composita, es decir, nombres compuestos por yuxtaposición y nombres complejos.
En los últimos tiempos apareció otro trabajo dedicado específicamente a la clasificación de los hidrónimos. Se trata del artículo del conocido lingüista búlgaro J. Zaimov13, «Problemática y clasificación de los nombres de aguas».
El esquema de J. Zaimov consta de cuatro partes principales: 1) clasificación semántica de los nombres de aguas; 2) clasificación estructural de los nombres de aguas; 3) clasificación de los nombres de ríos según la longitud de estos; 4) origen de los nombres.
La primera parte es tradicional; en ella, los nombres de aguas se dividen en grupos muy diversos según su semántica.
La segunda parte está dedicada, podría decirse, únicamente a la formación de los nombres de aguas.
En la tercera parte, los nombres de ríos se clasifican según la longitud de estos: nombres de ríos de más de 100 km, de 50 a 100 km, etc.
En la cuarta parte, los nombres de ríos se agrupan según su origen (búlgaros, griegos, turcos, tracios, etc.).
No es difícil advertir que los criterios de clasificación de estas cuatro partes del esquema son completamente distintos. En la primera se rastrea, mediante la etimologización, la semántica del hidrónimo; en la segunda se examina la estructura; en la cuarta, el origen. La tercera parte no se basa en un criterio lingüístico y, por tanto, en nuestra opinión, su inclusión tampoco puede justificarse desde el punto de vista lingüístico.
Desde el punto de vista de la formación de palabras, la segunda parte es la más importante. En algunos aspectos se parece a las clasificaciones de P. Lebel y S. Rospond. Sin embargo, también difiere de ellas en muchos sentidos. Las diferencias se relacionan, ante todo, con el hecho bastante evidente de que el esquema de J. Zaimov es inconsistente, probablemente a causa de una interpretación lingüística insuficientemente rigurosa de los hidrónimos. En primer lugar, tanto en el esquema en su conjunto como en la segunda parte, no hay un criterio de clasificación uniforme. Si la ausencia de un criterio uniforme puede justificarse en las distintas partes del esquema, que podríamos considerar autónomas, la agrupación de los hidrónimos en una sola parte, titulada «Clasificación estructural de los nombres de aguas», debería basarse en un único criterio. En el esquema no siempre se tiene en cuenta la estructura de los hidrónimos. Si se hubiera atendido rigurosamente a dicha estructura, por ejemplo, los nombres de ríos de dos palabras se habrían separado de los de una sola palabra (es decir, los nombres de aguas del tercer capítulo Паду валог, Елени дол; los del cuarto capítulo, Ивански дол; y los del apartado b) del sexto capítulo, Кокалска река,
13 J. Zaimow, Класификация и проблематика на водните имена (въз основа на български материал), „I międzynarodowa slawistyczna konferencja onomastyczna“, Wrocław—Warszawa—Kraków, 1961, p. 171—180.
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El subapartado d) — Дивлянска река, el subapartado e) — Дряновски дол, etc., deberían formar un grupo separado de nombres de aguas compuestos, en el que también podrían distinguirse varios subgrupos. Los hidrónimos secundarios no se dividen en derivados por sufijación y por prefijación, aunque tales grupos son muy necesarios y podrían distinguirse.
Hay muchos más casos de incoherencia de este tipo. Por ello, aunque la clasificación de J. Zaimov se elaboró bastante después de la publicación de las clasificaciones de P. Lebel y S. Rospond, parece que no puede considerarse un nuevo paso adelante en la toponomástica.
A nuestro juicio, las más aceptables de las clasificaciones existentes en la actualidad son las de P. Lebel y S. Rospond, aunque tampoco están exentas de defectos14. La clasificación de P. Lebel se basa en material toponímico muy alejado de la lengua lituana, por lo que resulta más práctico utilizar el esquema de S. Rospond, pues la toponimia eslava presenta muchas semejanzas con la lituana. Además, el esquema de S. Rospond puede aplicarse mejor en investigaciones de este tipo, cuyo punto de partida es la estructura morfológica de los nombres de lugar. Teniendo esto en cuenta, hay fundamento para aplicar también a la hidronimia lituana la idea de una clasificación estructural-gramatical. Que es posible una clasificación estructural-gramatical de los hidrónimos lituanos lo demuestra asimismo el breve panorama de la estructura de los nombres de los ríos lituanos que se presenta a continuación.
En primer lugar, todos los nombres de los ríos lituanos se dividen estructuralmente en dos grupos de tamaño desigual: I. nombres de ríos de una sola palabra y II. nombres de ríos de varias palabras.
1. Nombres de ríos de una sola palabra. Este grupo de nombres de ríos lituanos es el más numeroso, varias veces mayor que el segundo. Los nombres de ríos que lo integran presentan asimismo una formación diversa, por lo que pueden clasificarse en consecuencia:
1. Nombres de ríos derivados de palabras comunes o propias que no han experimentado ningún cambio. S. Rospond los denomina primarios. Ejemplos: a) de apelativos: Balà up., Įñtakas up., Upė up., Ežeras ež.; b) de nombres propios: Kūndrotas up., Vaidōtas up., Amėrika up., Sibiras up.
Formarían un grupo aparte los nombres de ríos derivados de adjetivos (pronominales y no pronominales), es decir, los nombres de ríos creados mediante la sustantivación de adjetivos (Dargióji, Juodóji, Šventóji, Šventója, Saltója, Juodà, Baltà).
2. Formaciones, es decir, nombres de ríos de una sola palabra que presentan algún rasgo derivativo. Son los más numerosos de todos los nombres de ríos. Según su formación, pueden distinguirse dos grandes grupos:
A. Derivados (sufijales, desinenciales y prefijales; sobre ellos véase con más detalle la p. 212).
B. Nombres de ríos compuestos (Juodupis, Kalnupis, Gėčintakis, Platuagė). Aquí se incluirían también los nombres de ríos reduplicativos (Veiviržas, Siesartis).
II. Nombres de ríos de varias palabras. Este grupo es mucho menor que el primero y menos diverso. Según su formación, todavía se pueden distinguir en él
¹⁴ Véase B. Топоров, К проблеме классификации..., p. 226—231.
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dos subgrupos: 1) genitivos, es decir, nombres de ríos formados a partir del caso genitivo de algún nombre propio o común y, por lo general, de un término fisiográfico15. Los nombres de ríos genitivos pueden constar de dos o tres palabras, por ejemplo, Ȧdaraiščio upėlis, Ašmonų upėlis, Jonyčio intakas, Lankėlės raũgas, Baltų Bóbų Rãvas, Bálų valkòs upėlis; 2) calificativos, por ejemplo, Juodasis upėlis, Baltàsai griovỹs, Gývasis upėlis.
Esta clasificación de los nombres de ríos lituanos difiere en algunos aspectos de la clasificación de S. Rospond. Las diferencias son ante todo de carácter objetivo, pues los sistemas hidronímicos báltico y eslavo no son iguales. Además, hubo otras causas que dieron lugar a estas diferencias. (Algunos elementos de la clasificación se organizan o interpretan de otro modo en nuestro esquema, por razones de lógica y coherencia. Por ejemplo, en nuestra opinión, no solo los derivados, sino también los nombres de ríos compuestos y pluriverbales deben considerarse secundarios, pues presentan rasgos derivativos toponímicos, aunque distintos de los de los derivados. Al elaborar este esquema, se prestó más atención a la estructura del hidrónimo que en el de S. Rospond. Por ello, todos los nombres de ríos se dividen primero en dos grupos: nombres de ríos de una palabra y nombres de ríos de varias palabras. Clasificamos los sufijos según un principio completamente distinto del de S. Rospond (véase más adelante una exposición más detallada). Hay también otras discrepancias menores; por ejemplo, en nuestro esquema, los nombres de ríos primarios no se subdividen más desde el punto de vista semántico.
Este esquema de clasificación de los nombres de ríos lituanos puede aplicarse sin dificultad a algunas otras capas del repertorio onomástico lituano: los nombres de lagos, otros hidrónimos y, en parte, la microtoponimia.
2. El problema de los derivados está estrechamente relacionado con la clasificación. Se plantea al estudiar la formación de los hidrónimos. Para abordar el problema de los derivados, tomamos como punto de partida la formación de las palabras comunes, pues muchos de los principios generales de la derivación ya están suficientemente asentados en este ámbito.
Los hidrónimos (como todos los nombres propios) constituyen una parte del léxico muy singular, dotada de numerosos rasgos que le son exclusivos. Además, todos los nombres propios proceden, directa o indirectamente, de nombres comunes. Por esta razón, ya a priori cabe suponer que muchas regularidades derivativas de las palabras comunes pueden ser características, en mayor o menor medida, también de los hidrónimos. La medida en que se apliquen a los hidrónimos las leyes de derivación de las palabras comunes dependerá, naturalmente, del grado de relación entre los hidrónimos y las palabras comunes, de sus diferencias respecto de estas últimas o del lugar que ocupen los hidrónimos (y todos los nombres propios) entre las demás palabras. Solo después de aclarar esta cuestión podremos comprender qué elementos del aparato analítico de la formación de palabras comunes pueden utilizarse en el análisis de la formación de los hidrónimos y cuáles son las particularidades del estudio de esta última debido a su posición lingüística especial.
Toda palabra común autónoma tiene un contenido semántico y un ámbito de uso. La relación entre el contenido y el ámbito de uso es inversamente propor-
15 Para más información sobre los topónimos lituanos en genitivo, véase B. Savukynas, LKK, t. 6, p. 235.
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cional: cuanto más rico, concreto y definido sea el contenido semántico, y cuanto menos abstracto, más reducido será el ámbito de uso, y viceversa: cuanto más pobre, abstracto e indefinido sea el contenido, más amplio será el ámbito de uso16. Por ejemplo, el contenido semántico de la palabra alksnis es más rico, concreto y definido que el de la palabra medis, pero el ámbito de uso de esta última (es decir, medis) es mucho más amplio que el de la palabra alksnis. Sin embargo, en este sentido no todas las capas léxicas son iguales en la lengua. Hay palabras cuyo contenido semántico es muy pobre e indefinido, mientras que su ámbito de uso es amplio17. Así, el contenido del pronombre demostrativo lituano šis es muy indefinido y pobre; por ello, su aplicación es ilimitada y solo está restringida por el criterio gramatical (puede sustituir a cualquier sustantivo masculino). Por el contrario, el contenido de las palabras Nėmunas, Vilnius, Napoleónas, Madridas, Nilas es tan concreto, concentrado y detallado que no cabe percibir en ellas ni el menor vestigio de abstracción; por ello, su ámbito de uso se reduce al mínimo: solo pueden designar un único objeto18. La especificación y concreción del contenido semántico en un nombre propio han alcanzado el límite absoluto. Y precisamente cuando la especificación del contenido semántico de una palabra común llega a su límite, esta se convierte en nombre propio. Una vez convertido en nombre propio, el vocablo queda como petrificado, pierde vitalidad y su desarrollo semántico se detiene, pues a los hablantes deja de importarles por completo su sentido original; pronto empieza a destacarse del sistema lingüístico como un símbolo fosilizado, ya carente de contenido semántico y que desempeña en la lengua únicamente una función denominativa. «...los nombres de lugar —dice A. Dauzat19— se esterilizan muy rápidamente, se desprenden de su significado original; su vida semántica termina con su formación». Si una palabra común significa o designa algún objeto o fenómeno del entorno, el nombre propio simplemente lo identifica y lo denomina (en palabras de J. Kurilowicz: il nomme20). Por esta razón, a veces se considera que los nombres propios ocupan en el sistema lingüístico una posición intermedia entre los elementos de su propio sistema lingüístico y los elementos de tipo «jeroglífico» (como las palabras internacionales, las abreviaturas, diversos símbolos, las inserciones de texto en lenguas extranjeras, etc.)21.
Los topónimos, tras cambiar poco a lo largo de siglos y milenios, suelen perdurar mucho más que las palabras comunes de las que se formaron. Hoy en día, estos topónimos nos resultan completamente opacos e incomprensibles. Además, en el repertorio de nombres de cada lengua hay una parte de topónimos que ha llegado desde otras lenguas por diversos medios (por sustrato o préstamo). Por ello, actualmente gran parte de los nombres de lugar lituanos, especialmente los hidrónimos, son difí-
16 J. K u r y ł o w i c z, La position linguistique de nom propre, „Onomastica“, rocz. II, zesz. 1. Wrocław, 1956, p. 1.
17 J. Kuryłowicz, La position linguistique..., p. 2.
18 Aquí no se aborda el problema de los topónimos y antropónimos repetidos, pues no está directamente relacionado con el tema. Además, en principio, se resuelve fácilmente.
19 A. Dauzat, La toponymie française, Paris, 1946, p. 13.
20 J. Kuryłowicz, min. veik., p. 2.
21 B. H. Топоров, Некоторые положения теоретической топонимики, «Принципы топонимики», М., 1962, p. 3.
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ya no son transparentes desde el punto de vista derivativo o, dicho de otro modo, ya no tienen significado derivativo22.
Solo se puede considerar que una palabra deriva de otra si: 1) junto al derivado existe una palabra de la que procede23, por ejemplo: brūkavimas «burkavimas» de brūkuoti «burkuoti»; 2) existe una diferencia de significado entre la palabra base y el derivado24, pues el contenido de cada derivado aporta algo nuevo25; 3) la diferencia de significado es necesariamente resultado de un cambio gramatical26. (De otro modo, podríamos considerar derivados todas las palabras polisémicas, por ejemplo, nerti «sumergirse en el agua» y nerti «tejer».)
Estos principios fundamentales de la derivación de palabras comunes también pueden aplicarse a los nombres de aguas. Es evidente que su aplicación es limitada y solo es posible en la medida en que lo permitan los elementos comunes de estos dos estratos léxicos. Tales elementos comunes son diversos, por ejemplo, las identidades morfológicas, de morfemas derivativos y de funciones sintácticas, entre otras.27 Para nuestros fines, lo más importante es que el vínculo derivativo de algunos hidrónimos con las palabras comunes o propias correspondientes sigue siendo completamente claro. También es claro su significado derivativo (por ejemplo: río Trūmpė, lago Apskritÿs, río Barsukÿnas, río Juodėlė, lago Ringÿs, etc.). A estos hidrónimos pueden aplicarse sin excepciones los principios fundamentales de la derivación de palabras comunes. Sin embargo, puede afirmarse de antemano que estos casos son relativamente escasos, pues ni siquiera los hidrónimos de etimología clara siempre pueden derivarse de los apelativos correspondientes. Por ejemplo, al parecer no tenemos fundamento para derivar con plena seguridad el nombre del río Duobaitė (Skaudvilė, afluente del Minsnoras) del sustantivo común duobė, ya que puede ser un derivado de otro topónimo llamado *Duobė (por ejemplo, el de una hondonada, un prado, una charca
22 Sobre este concepto, véase V. Urbutis, Dabartinės lietuvių kalbos sudurtinių daiktavardžių daryba, «Dabartinė lietuvių kalba», Vilnius, 1961, p. 67.
23 Г. О. Винокур, Заметки по русскому словообразованию, «Избранные работы по русскому языку», М., 1959, р. 425.
24 Sobre la distinción entre la palabra base y el derivado, cf.: «La palabra base puede distinguirse del derivado por su lugar dentro del sistema general de formación de palabras, concretamente, por la dirección de los vínculos de formación de palabras en la familia léxica, en la serie de sinónimos derivativos y en determinado grupo estructural-semántico de temas base y derivados» — В. Н. Зиновьев, Проблема фонетико-морфологического словообразования в русском языке, «Учёные записки Горьковского гос. университета им. Н. И. Лобачевского», вып. 52, серия историко-филологическая, Горький, 1961, р. 343.
25 Cf.: «Para poder hablar de un vínculo derivativo, es necesario que exista una relación no solo fonética, sino también semántica...» (H. Marchand, Esquisse d’une description des principales alternances dérivatives dans le français d’aujourd’hui, «Studia linguistica», V, 1951, Nr. 2, Lund, p. 95); «Se requieren dos condiciones para que podamos llamar a una palabra derivado prefijado. Primero, debe poder analizarse fonética y semánticamente. Esto significa que las palabras derivadas deben estar vinculadas con la palabra base de dos maneras: a través de los significados y de los significantes. Segundo, esa relación debe ser también una característica del grupo» (H. Marchand, The Question of the Derivative Relevancy and the Prefix s- in Italian, ibíd., VII, 1953, Nr. 2, p. 104.)
26 Este último principio se denomina principio de conmutación y, siguiendo a Ferdinand de Saussure, se formula así: a significantes distintos deben corresponder significados distintos y, a la inversa, a significados distintos deben corresponder significantes distintos (véase C. К. Шаумян, О сущности структурной лингвистики, ВЯ, 1956, № 5, р. 48).
27 Véase В. Н. Топоров, obra citada, p. 3.
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etc., del nombre). Aunque el topónimo *Duobė ya no exista actualmente en ningún lugar cercano, tampoco podemos afirmar entonces con certeza que Duobaitė sea un derivado de duobė (o un término fisiográfico diminutivo usado en sentido figurado, duobaitė), pues tal topónimo pudo haber existido anteriormente. Esto es especialmente importante de recordar cuando este tipo de formación está más extendido en el territorio mencionado.
Entre los derivados, predominan los hidrónimos cuya formación no está clara, pero que pueden segmentarse morfológicamente (en morfemas). También hay bastantes hidrónimos cuya formación no solo es oscura, sino que su segmentación en morfemas solo puede conjeturarse. Teniendo esto en cuenta, los hidrónimos que presentan afijos iguales pueden clasificarse de manera correspondiente. Lo más conveniente, al parecer, es distinguir tres categorías (tipos, grupos) de hidrónimos:
1. Hidrónimos cuya formación es clara, es decir, aquellos cuya relación derivativa con la palabra base correspondiente es indudable, por ejemplo: Agarinis lago: agaras «nuez de agua (Trapa natans)»; Akmenė río: akmuo; Daubilis río: dauba; Dumblinis río: dumblas; Vidaujàitė río: Vidauja río, etc.
2. Hidrónimos cuya formación no está clara, pero que, al compararlos con otros hidrónimos bálticos o con topónimos en general, pueden considerarse portadores de un afijo. Por ejemplo, al comparar el nombre del río Mauč-iadis (Zietela, margen del Nemunas) con Mauč-iuvis (Vaškai, margen del Y sly kio), puede suponerse que mauč- es la raíz y -adis y -iuvis son sufijos; compárense también Alm-a-jà río (Linkmenys, afluente del Srovė) y Alm-ė río (Šiluva, afluente del Dubysa), alm-ėti «fluir, gotear lentamente»; alm-auō «pus»; Ving-ainis||Ving-ainis río (Kvėdarna, afluente del Jūra) y Ving-is río (Kamajai, afluente del Setekšna), ving-is, ving-iuoti. Según sea más o menos clara la raíz base que se distingue, los hidrónimos de este grupo pueden ser más o menos transparentes; por ejemplo, respectivamente: Alm-ajà río, Mauč-iadis río.
3. Hidrónimos cuya formación no está clara y en los que también resulta muy dudosa la identificación de un afijo, aunque la estructura del hidrónimo, la posición del acento, el contorno tonal, la comparación con otros nombres propios o comunes y otras circunstancias permiten sospechar que contiene cierto afijo; por ejemplo, Žand-agas río (Krekenava, afluente del Vadaktis). En cuanto a žand-, compárese (?) Žand-ù-gala río (Seduva, afluente del Kriaukė), Žand-k-ys lago (Giedraičiai, aldea de Padvariai). Sin embargo, el nombre del río Žandagas también puede ser compuesto: de Žan- y -dagas.
Por consiguiente, el principio fundamental de la formación de palabras comunes —que solo se puede hablar de un derivado mientras exista la palabra base correspondiente28— se cumple únicamente en el primer grupo. Asimismo, el primer grupo será el más preciso, pues en él habrá menos subjetividad.
En el segundo grupo habrá menos precisión, porque el hidrónimo considerado sufijado carecerá de una palabra base de la que derive, o bien la palabra base no será del todo clara. Por ello, al comparar dos hidrónimos con la misma raíz, siempre existe el riesgo de equivocarse. El riesgo se debe a que morfemas que hoy suenan igual pueden tener orígenes distintos.
28 Véase Г. О. Винокур, obra citada, p. 425.
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Por ejemplo, hoy no hay medios para demostrar con exactitud que los morfemas de los nombres de río Mauč-iuvis y Mauč-iadis mauč- tienen un mismo origen. Por otra parte, también es difícil demostrar que su origen sea distinto. En tal caso, comparar un topónimo con otro es algo habitual, universalmente aceptado y posible, aunque el riesgo de equivocarse sea considerable.
Aquí también hay que subrayar que, si nos esforzáramos por ampliar el primer grupo a expensas del segundo, es decir, buscando nombres comunes o propios de los que puedan derivarse directamente los hidrónimos, correríamos un riesgo mayor de equivocarnos que si comparáramos morfemas de hidrónimos actualmente idénticos desde el punto de vista formal. Incluso con hidrónimos cuya formación parece bastante clara a primera vista, como el nombre de río Ving-ainis||Ving-ainis (Kvėdarna, afluente del Jūra), hay que proceder con mucha cautela, pues no se puede afirmar con total certeza de cuál de los nombres comunes —vingis o vingiuoti— se formó este nombre de río, aunque se sabe que los nombres comunes con el sufijo -ainis (-ainia-) suelen formarse a partir de sustantivos, adjetivos y numerales. En efecto, hay bastantes casos en que la formación de los hidrónimos se rigió por leyes distintas de las que gobiernan los nombres comunes. Aquí es importante recordar que el contexto toponímico influyó muy intensamente en la formación de los hidrónimos. A menudo, esta influencia hizo que aparecieran diversos afijos allí donde, según las leyes de formación de palabras de los nombres comunes, su presencia sería imposible. Por ejemplo, en la toponimia lituana hay ríos con -oja: Ilg-oja, Šalt-oja, Švent-oja, etc. Por su origen son simples adjetivos definidos²⁹, que más tarde se convirtieron en sustantivos³⁰, cf. ilg-as, šált-as, švent-as. Debido a la influencia de los hidrónimos y de diversos otros topónimos, sobre todo de la abundante microtoponimia con -oja, el formante -oja aparece a veces allí donde su presencia sería del todo imposible según las leyes de formación de palabras de los nombres comunes; por ejemplo: el río Lank-oja (Obeliai, aldea de Audroniai) y Sirvint-oja||Sirvinta (Sirvintos, afluente del Šventoji). Por tanto, la aplicación a la toponimia de las regularidades de formación de palabras de los nombres comunes no puede ser incondicional, ya que, en el sistema lingüístico, la toponimia constituye un microsistema sujeto a leyes propias, a veces muy estrictas.
Por otra parte, al justificar la presencia de un afijo en un hidrónimo, también es muy importante la abundancia (regularidad) de derivados con determinado afijo. Hay un grupo de nombres de ríos (unos 10) con -aja* (Alm-aja, Indr-aja, Kam-aja, Lak-aja, etc.). La comparación con otros hidrónimos muestra siempre con bastante claridad que -aja es un sufijo. Solo se distingue de los demás el nombre del río Usl-aja. No se han encontrado otros topónimos ni nombres comunes con la raíz usl- en las lenguas bálticas. Sin embargo, teniendo en cuenta la regularidad del sufijo -aja, su distribución geográfica (no está lejos del área de difusión de los nombres de ríos con -aja) y otras razones secundarias (por ejemplo, la existencia de una raíz hidronímica con otro posible grado de alternancia vocálica, cf. Aušl-as, lago de Degučiai, Auslo, etc.), parece no haber fundamento para excluirlo de los demás nombres de ríos con este sufijo.
29 Sobre -oja en lugar de la forma de la lengua literaria -oji, véase Z. Zinkevičius, Lietuvių kalbos įvardžiuotinių būdvardžių istorijos bruožai, Vilnius, 1957, p. 90.
30 Sobre la sustantivación de los adjetivos definidos, véase A. Valeckienė, Dabartinės lietuvių kalbos įvardžiuotinių būdvardžių vartojimas, „Literatūra ir kalba“, t. 2, Vilnius, 1957, p. 239.
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Además, al asignar un hidrónimo al segundo o al tercer grupo, hay que tener en cuenta no solo la regularidad del afijo, sino también si ese afijo aparece en nombres comunes.
Por estas razones, el grupo más numeroso e importante de los tres suele ser el segundo grupo de hidrónimos. En efecto, no solo incluye algunos hidrónimos cuya etimología es más clara y que a menudo son de origen más reciente, sino también la mayoría de los hidrónimos antiguos, muy importantes para esclarecer la etnogénesis, la génesis de las lenguas y sus relaciones mutuas. Cabe añadir que, para estos fines, a menudo no importa de qué palabra deriva un hidrónimo (por ejemplo, de cuál deriva Vingains: de vingis o de vingiuoti), sino que basta con que la raíz báltica (ving-) y el sufijo (-ainis) sean claros.
El tercer grupo, que incluye hidrónimos de formación incierta en los que incluso la presencia de un afijo suscita muchas dudas, también es bastante numeroso.
Al asignar un hidrónimo a uno u otro grupo, es difícil evitar cierto grado de subjetividad. Sin embargo, para avanzar, ante todo debemos saber qué está claro en este momento y qué no, y la clasificación de los hidrónimos en tres grupos debería servir precisamente para este fin. Además, al distribuir los hidrónimos entre los grupos mencionados, no se pretende establecer fronteras infranqueables entre los hidrónimos que tienen o pueden tener los mismos afijos, sino solo distinguir los casos más claros de los menos claros.
Teniendo en cuenta que los hidrónimos de formación clara son relativamente pocos, el término derivados no resulta del todo adecuado para los hidrónimos de los tres grupos. Se emplea de manera convencional, ya que solo en sentido hipotético puede considerarse derivados a la mayoría de los hidrónimos de formación incierta.
A continuación, todos los derivados se dividen en tres grandes grupos: a) derivados sufijales; b) derivados desinenciales; c) derivados prefijales.
a) D e r i v a d o s s u f i j a l e s. Entre los derivados, los hidrónimos sufijales son los más numerosos. Superan claramente en número a los desinenciales y aventajan ampliamente a los prefijales. Por ejemplo, solo los nombres de ríos con sufijo superan los cuatrocientos.
Al estudiar los derivados sufijales, surge ante todo la cuestión de la disposición y clasificación de los sufijos. En los estudios sobre formación de palabras lituanas, hasta ahora ha sido habitual clasificar los derivados sufijales según la consonante del sufijo; es decir, se solía hablar de «sufijos con la consonante b, con la consonante d, con g, con j, con k, etc.». Esta clasificación tiene ventajas y desventajas. Resulta más cómoda en los estudios de formación de palabras que abordan no solo la formación de las palabras, sino también el origen de los sufijos. En las lenguas bálticas, los sufijos de un mismo origen presentan hoy en ocasiones vocalismos distintos (por ejemplo, -uoni-, -ūni-, -uona-, -ūna-, -uonio31), por lo que es más práctico basarse en un elemento lingüístico más estable: las consonantes. Sin embargo, incluso en trabajos de este tipo, al clasificar según la consonante, surgen diversas dificultades. Ante todo, hay numerosos sufijos que contienen más de una consonante. A menudo es difícil decidir cuál de las consonantes de tales sufijos es la más importante y puede servir como criterio de clasificación. Por ejemplo, Pr. Skardžius, varios
31 K. Būga, Rinktiniai raštai, II, Vilnius, 1959, p. 368, 366.
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Las clasificó según la última consonante de los sufijos que contienen consonantes. Esta clasificación resulta difícil de justificar en muchos casos, no solo desde el punto de vista sincrónico, sino también desde el diacrónico. Hoy no se entiende del todo por qué, por ejemplo, un sufijo muy antiguo -mena (cf. sėmeną «pequeño barbecho», Akmeną, río) debe adscribirse a los sufijos con consonante n y no a los sufijos con consonante m. Al parecer, lo mismo puede decirse del sufijo -estis. Debido a esta incertidumbre, no todos los investigadores de la formación de palabras en lituano clasificaron los sufijos de la misma manera. Por ejemplo, A. Leskynas³² adscribió los sufijos -mena, -menė, -gana, -tuvís, -tuvė, -tuva, -taua no a los sufijos con n, v, como Pr. Skardžius³³, sino a los sufijos con m, g, t.
Dado que aquí se trata de la formación de palabras y no del origen de los sufijos, clasificar estos únicamente según su consonante sería poco práctico, ante todo porque no sabríamos dónde adscribir los sufijos que contienen varias consonantes (y estos constituyen quizá una cuarta parte de todos los sufijos hidronímicos). Al clasificar los sufijos según la consonante, sería como si aisláramos una consonante del sufijo entero y la consideráramos un elemento más importante o especial. Sin embargo, al estudiar la formación de palabras, lo importante no es un elemento aislado del sufijo, sino el sufijo en su conjunto. En el análisis de la formación de palabras comunes, la función semántica derivativa de las palabras derivadas desempeña un papel muy importante. En ocasiones, varios sufijos con una misma consonante, pero con vocalismo distinto, modifican de igual manera el significado de la palabra base; por ejemplo: -ūnas, -uonas, -is (palaidūnas — palaiduonas, atskalūnas — atskaluonis)34. La formación de la gran mayoría de los hidronímicos no está clara, por lo que este criterio para clasificar los sufijos según su consonante tampoco tiene demasiada importancia en el análisis de la formación de hidronímicos. Al parecer, la clasificación formal de los sufijos por orden alfabético es la más aceptable. En esencia, no es una clasificación propiamente dicha, sino solo una forma de ordenar y disponer todos los sufijos.
b) D e r i v a d o s d e s i n e n c i a l e s. Se llaman derivados desinenciales los hidronímicos derivados cuya marca derivativa es la desinencia del derivado (por ejemplo, -ė en el nombre del río Trūmpė, formado a partir de trumpas; -ys en el nombre del lago Ilgýs, formado a partir de ilgas35). Hay más derivados de este tipo que derivados prefijales, pero muchos menos que derivados sufijales. Además, los derivados desinenciales son menos variados que los demás derivados. Su número solo puede determinarse aproximadamente, pues a menudo no está claro si un nombre de río puede o no derivarse de un apelativo (por ejemplo, hoy resulta difícil decir si el nombre del río Žibà puede derivarse de žibėti, si el nombre del río Aitrà puede derivarse de aitrùs, si Alýs puede derivarse de alėti, etc.). Por eso, al estudiar los derivados desinenciales, surge ante todo la cuestión de distinguir entre los casos claros y los no del todo claros. En tales casos habría que proceder igual que con los derivados sufijales: considerar un hidronímico derivado solo cuando su relación derivativa con la palabra base correspondiente sea evidente.
32 A. L e s k i e n, Die Bildung der Nomina im Litauischen, Leipzig, 1891, p. 417—421; 526; 565—567.
33 Véase Pr. S k a r d ž i u s, Žodžių daryba, Vilnius, 1943, p. 232; 226; 382—384.
34 K. B ū g a, Rinktiniai raštai, II, p. 366.
35 Para más información sobre los derivados desinenciales, véase V. U r b u t i s, Dabartinės lietuvių kalbos galūnių darybos daiktavardžiai, «Kalbotyra», t. 3, Vilnius, 1961, p. 27, 28.
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c) Derivados prefijales. Estos derivados son los menos numerosos. Hay varias veces menos que derivados sufijales y muchos menos que derivados desinenciales, aunque hay más prefijos que desinencias. Los derivados prefijales deben clasificarse según el mismo principio que los sufijales, es decir, formalmente y por orden alfabético.
SOBRE EL ANÁLISIS DERIVATIVO DE LOS HIDRÓNIMOS
А. ВАНАГАС
Resumen
En la actualidad, puede considerarse prácticamente concluida la formación del sistema de hidrónimos lituanos. Desde el punto de vista de la formación de palabras, hay motivos para considerarlo casi estancado y estable. En cuanto a su estabilidad, se asemeja en cierta medida a los sistemas de apelativos y topónimos de las lenguas muertas. Esto se aplica plenamente a los hidrónimos que, debido a la desaparición de los objetos que designaban, han dejado de ser, en la práctica, elementos de la lengua viva. La estabilidad del sistema es uno de los rasgos característicos de la hidronimia que la distinguen del sistema de apelativos. Por ello, el objetivo del análisis derivativo de los hidrónimos no es determinar los procedimientos para formar palabras nuevas y ampliar el vocabulario de una lengua, sino establecer el conjunto de medios y recursos que participaron en la formación del sistema, hoy ya estático.
El artículo aborda dos cuestiones relacionadas con la formación de palabras: 1) la clasificación de los hidrónimos; 2) el problema de los derivados en la hidronimia.
1) La cuestión principal de la toponomástica —la clasificación— prácticamente no se ha planteado hasta ahora en la bibliografía lingüística báltica, aunque sin resolverla son inconcebibles nuevas investigaciones en este campo. La clasificación de los nombres de los ríos lituanos que propone el autor (véase el esquema en la pág. 213) pretende, como primer intento, resolver al menos parcialmente una cuestión que ya se ha vuelto apremiante. Nuestra clasificación se basa en la idea de la clasificación estructural-gramatical de S. Rospond y, en parte, de P. Lebel. (Este último no solo elaboró una clasificación de la hidronimia francesa, sino que también la aplicó íntegramente en investigaciones prácticas). Sin embargo, es preciso subrayar que el esquema de clasificación que proponemos difiere sustancialmente del esquema de S. Rospond. En primer lugar, estas diferencias son de carácter objetivo, pues los esquemas se basan en materiales distintos. En segundo lugar, la mayoría de las diferencias se deben a consideraciones de coherencia lógica.
2) En el análisis derivativo de los hidrónimos siempre surge el problema de los derivados. Como los hidrónimos no son homogéneos desde el punto de vista de la formación de palabras, pueden dividirse en tres grupos: a) hidrónimos que, sin duda, pueden considerarse derivados, es decir, cuya relación derivativa con las palabras comunes o propias correspondientes es clara; b) hidrónimos que no pueden considerarse derivados porque su relación derivativa con la base de derivación no está clara, pero que pueden analizarse morfológicamente (dividirse en morfemas); c) hidrónimos que no solo no pueden considerarse derivados, sino que incluso su división en morfemas solo puede hacerse de manera hipotética.
Al examinar la clasificación de los propios afijos, el autor propone que la clasificación tradicional basada en la consonante del afijo (por ejemplo, sufijos con la consonante d, con la consonante g, con la consonante i, con la consonante k, etc.) no resulta adecuada en hidronimia. El autor propone clasificar formalmente los afijos por orden alfabético (por ejemplo, sufijos con -ad-, -ag-, -ain-, -ait-, -aj-, -ak-, -al-, -am-, -an-, -ar-, -as-, etc.).
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