Lietuviškos matematinės terminologijos istorijai
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LIETUVIŲ KALBOS LEKSIKOS RAIDA
LIETUVOS TSR MOKSLŲ AKADEMIJA
PARA LA HISTORIA DE LA TERMINOLOGÍA MATEMÁTICA LITUANA
Z. ŽEMAITIS
La literatura matemática lituana es joven, y también lo es su terminología. Sin embargo, tiene su propia historia, en la que destacan ciertos períodos, aunque breves.
El primer período —desde «Pradžomokslis Lietuwiszko spaudraszczio ir rankraszczio su pridėjimu skatmanio» de E. Mainionis (según la «Bibliografía lituana», de S. Gimžauskas), publicado en Varsovia en 1862, hasta la Primera Guerra Mundial— fue una etapa de búsqueda terminológica. E. Mainionis empleaba a veces términos muy extraños, de formación desconocida, como skaitmanys, «cálculo, aritmética»; pražas, «cifra»; skaitlis, «número»; vienalakė, «unidad»; pridendis, «signo más, más»; išžembis, «signo menos, menos»; užmatas, «problema», etc. Tampoco los demás autores de aquella época (S. Skačkauskas, J. Gailutis — P. Matulionis, Petras Nėris — V. Vileišis, A. Vėgelė — traductor de la aritmética de Thomo, P. Mikolainis — autor de una aritmética bellamente ilustrada, P. Mašiotas, J. Damijonaitis, entre otros) contaban con una terminología común y uniforme. Los manuales de matemáticas publicados por la Sociedad Científica Lituana durante la Primera Guerra Mundial para las escuelas primarias y secundarias lituanas tampoco seguían una terminología uniforme.
Durante la Primera Guerra Mundial, el movimiento revolucionario contra el zar y el gobierno reaccionario de sus aduladores creció y se extendió rápidamente en Rusia. Empezó a quedar claro que la derrota del zarismo daría a los pueblos del Imperio ruso, y también a los lituanos, la libertad de desarrollar su propia cultura y crear sus propias escuelas.
Impulsados por tales esperanzas, los matemáticos lituanos P. Mašiotas, M. Šikšnys y el autor de este artículo, que por entonces trabajaban en las escuelas lituanas para refugiados de guerra de Vorónezh, se preocuparon por preparar manuales de matemáticas en lituano y resolvieron establecer primero una terminología matemática uniforme. Nuestro ilustre lingüista J. Jablonskis, promotor de la lengua literaria lituana y docente en esas mismas escuelas, accedió gustosamente a ayudarles en esa labor. Fijó un horario regular (los jueves por la tarde) para que los matemáticos mencionados pudieran reunirse con él y consultarlo sobre cuestiones relativas a la creación de la terminología matemática.
P. Mašiotas asistía solo ocasionalmente a aquellas reuniones, pues, tras convertirse en director de ambos gimnasios (el de varones y el de mujeres) y dedicarse intensamente a escribir literatura infantil, no tenía tiempo para las consultas. En ocasiones acudía K. Šakenis a consultar cuestiones de terminología física; estaba escribiendo un manual de física para escuelas secundarias. Quien asistía con mayor regularidad a las consultas era el autor de estas memorias, a quien J. Jablonskis le asigna-
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ba la mayor parte del trabajo: exponer el significado y el origen de los términos de otras lenguas, proponer equivalentes lituanos, etc.
Se examinó a fondo la cuestión de cómo denominar el número. Hasta entonces se empleaban los términos skaitlis, skaitlinė, skaitlius y el verbo derivado del último, skaitliuoti. A nosotros, los matemáticos, skaitlius nos parecía perfectamente aceptable, pues en la lengua viva había palabras de estructura semejante: derlius, drėblius, dieglius, perteklius. J. Jablonskis no se oponía demasiado a esa palabra, pero de ningún modo aceptaba que de ella se formara skaitliuoti: sostenía que se puede formar un sustantivo a partir de un verbo, pero que no está permitido volver a formar un verbo a partir de un sustantivo tan artificial; en esa ocasión censuró airadamente neologismos ya bastante extendidos como mokytojauti, gydytojauti, etc. J. Jablonskis propuso emplear las palabras skaičius, skaičiuoti, y todos comprendimos que serían los mejores términos.
También se reflexionó bastante sobre el nombre de la unidad. Los términos empleados anteriormente —vienaląkė, vienutė, vienukė— no nos gustaban a ninguno; además, había empezado a usarse vienata, sobre todo entre quienes no eran matemáticos, pero esa palabra no nos agradaba por su carácter arcaico (compárese con gyvatą, de los antiguos escritos lituanos). Se señaló que en lituano las pequeñas cantidades de objetos o de unidades en general se denominan dvejetas, trejetas…, por lo que el término vienetas tampoco contravendría el espíritu de la lengua lituana. J. Jablonskis estuvo muy de acuerdo, aunque algunos participantes de la reunión lo aceptaron con reservas. Al parecer, ciertos matemáticos se veían influidos por la práctica de otras lenguas, donde la unidad se denomina siempre con una palabra femenina (compárense jedinica, jedynka, Einheit, unitas). Pese a todo, el apoyo de J. Jablonskis al uso del término vienetas fue decisivo.
Se propuso a K. Šakenis que en física empleara una palabra formada de manera análoga, visetas (вселенная, universum), en vez de visata, que también suena arcaica. J. Jablonskis también apoyó la propuesta, según recuerdo, pero ese término no se incorporó a los glosarios terminológicos que publicamos posteriormente y hasta hoy se emplea visata.
En cuanto a los nombres de las operaciones matemáticas, yo había informado de que en otras lenguas el nombre de la operación matemática en sí normalmente no se distingue del nombre del proceso concreto de llevarla a cabo, aunque desde un punto de vista lógico deberían distinguirse; en lituano es fácil hacerlo. Todos estuvieron de acuerdo y se aceptó la propuesta de denominar las operaciones sudėtis, atimtis, daugyba, dalyba, y reservar los términos usados anteriormente —sudėjimas, dauginimas…— para designar la ejecución de operaciones concretas (por ejemplo, trupmeninių skaičių dauginimas).
Se propuso llamar a las operaciones siguientes —elevar a una potencia y extraer una raíz— laipsniuote y šakniaute. La primera propuesta fue aceptada; la segunda, recibida con muchas reservas. En efecto, en otras lenguas (probablemente por tradición) el nombre de la operación se asociaba con un proceso físico: arrancar la raíz de una planta. En cambio, en la operación matemática solo se buscan ciertos números, llamados quizá no muy acertadamente šaknimis (compárese con otro sentido de raíz en las ecuaciones). El término en cuestión no llegó a arraigar más tarde, y se siguieron los caminos ya recorridos por otras lenguas.
Un ámbito importante de la terminología matemática es el de los nombres de los números que intervienen en las operaciones y de sus resultados. El informe sobre la práctica de otras lenguas mostró que en ellas, por tradición o quizá por una especie de inercia, se habían conservado incluso usos muy ilógicos. Así, el resultado de la multiplicación se denomina Produkt en alemán, произведение en ruso y iloczyn en polaco; en esencia, esos términos no dicen de qué operación son resultados, pues así podría llamarse tanto al resultado de una multiplicación como al de cualquier otra
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resultados de las operaciones. El resultado de la división se llama en alemán Quotient, palabra de origen latino que no le indica al hablante de alemán mediante qué operación se obtuvo ese número; en polaco, el cociente se denomina iloraz, pero con ese nombre también podría llamarse al multiplicador, que igualmente indica cuántas veces (ile razy) debe multiplicarse (o tomarse) el número dado. El multiplicador y el divisor se denominan en esas lenguas como en las primeras publicaciones lituanas, donde se escribía: daugintojas, dalytojas (esto significa no un número determinado, sino a la persona que realiza las operaciones de multiplicación o división).
Nos propusimos evitar estrictamente tales incoherencias, llamando a los números que intervienen en las operaciones con formas nominales lo más breves posible (por ejemplo, dėmuo, dėmenys, no dedamieji, sudedamieji); considerar los números por los que se multiplica o divide como una especie de instrumentos y formar sus nombres según las formas de la lengua viva (por ejemplo, adiklis, kabiklis), concretamente: daugiklis, daliklis y, de modo análogo, en formas más breves: skaitiklis, vardiklis. Así pues, también se decidió llamar al resultado de la multiplicación sandauga.
La cuestión del uso de las preposiciones para expresar las operaciones de multiplicación y división nos causó no pocas preocupaciones. Antes se decía: dauginti, dalyti ant 5 o bien dauginti, dalyti penkiais. Estaba claro que la primera construcción no era en absoluto apropiada para el lituano. La segunda construcción es correcta y podría usarse cuando el multiplicador o el divisor son números enteros positivos concretos; sin embargo, en casos más generales y en operaciones con números representados por letras resulta incómoda, pues habría que añadir cada vez «...skaičiumi», etc.
J. Jablonskis recordó expresiones de la lengua viva: padalyti, išmatuoti iš akies: ji moka išvirti pietus iš knygos, es decir, «como indica el ojo», «como indican los libros». Por consiguiente, la construcción elegida fue padauginti iš daugiklio, es decir, «como indica el multiplicador». Todos nos alegramos mucho de aquella propuesta.
La propuesta de J. Jablonskis de usar la preposición iš también en el caso de la división no despertó entusiasmo entre los matemáticos. Yo señalé que el uso de la preposición iš en tres operaciones diferentes no solo sería incómodo desde el punto de vista estilístico, sino que también dificultaría la comprensión del lenguaje matemático: a menudo habría que decir dalytis iš skaičiaus y expresiones similares. Se señaló que, desde el punto de vista de la interpretación y realización de la operación, la división comprende dos casos bastante distintos: a) división en partes iguales y b) división según la capacidad (división por capacidad). En el primer caso (a), es natural usar la preposición į (por ejemplo, dalyti į 5 dalis), y en el segundo (b), la preposición po (por ejemplo, 35 kg padalyti, išdalyti po 5 kg). En el caso de números concretos, especialmente los expresados mediante nombres, hay que usar una u otra preposición según la naturaleza de la operación; para los números genéricos representados por letras, en cambio, resulta más adecuada la preposición po. Por ello propuse usar la preposición po en esos casos generales, y no iš. La autoridad de J. Jablonskis prevaleció, pero incluso ahora me parece que habría sido mejor conservar la preposición po.
Los nuevos términos lituanos de álgebra (teigiamieji, neigiamieji skaičiai ir kt.), según recuerdo, fueron propuestos por M. Šikšnys y todos nosotros los aceptamos pronto. También se reflexionó mucho, e incluso se debatió, acerca de lygties. Ese término no aparecía en los escritos lituanos anteriores. Siguiendo el ejemplo de otras lenguas, se sugerían los términos lygybė, lyginys; también surgieron los términos lygmė, lygmuo. Parecía que el término más adecuado sería lygtis. J. Jablonskis se oponía con bastante firmeza a la forma singular y proponía lygtis. Explicaba que aquí se trata de la interacción necesaria entre dos partes, de igualdad y de equilibrio, y que en tales casos la lengua viva emplea sustantivos plurales, como rogės, žirklės, žio-
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tys. Hubo que convencer largamente a J. Jablonskis de que a los matemáticos les importaba expresar ese concepto en singular, para que quedara claro que no se trataba de varias ecuaciones, sino de una sola. J. Jablonskis cedió y se adoptó el término lygtis.
Otros términos de aritmética y álgebra (por ejemplo, trupmenos, jų bendravardinimas, proporcijos, logaritmai, etc.) no presentaron mayores dificultades ni suscitaron debates. M. Šikšnys se comprometió a preparar para la imprenta los resultados de esos trabajos1.
El autor de estas memorias tuvo que trabajar mucho también en el campo de la terminología de la geometría y la trigonometría. Una de las primeras cuestiones fue cómo denominar las líneas. Estaba claro que, si se conservaban los términos tiesioji, kreivoji, statmenoji, surgirían muchos inconvenientes lingüísticos y ambigüedades matemáticas. Se sentía la necesidad de llamar a esos objetos no con formas adjetivales, sino con sustantivos más breves. Yo propuse kreivė, tiesė, statmuo. Todos estuvieron de acuerdo, aunque eran palabras que no procedían de la lengua viva.
Se debatió el nombre de la tangente. La forma adjetival para denominar esa recta podía causar bastantes ambigüedades e incluso equívocos: ¿se trata de una recta que toca algo o de una que alguien toca? Siguiendo el modelo de tiesę, kreivę, propuse llamar a la tangente liesne, como se dice en la lengua viva: rėksnė, dėsnė (višta). Tras profundizar en la naturaleza de esa recta (es ella la que toca, no alguien que la toca), J. Jablonskis decidió que lo más apropiado sería llamarla lietėja, destacando así cierta actividad propia de ella. Por analogía, la secante recibió el nombre de kirtėja.
Hasta entonces, para denominar el círculo y su radio se usaban las palabras ratas y stipinas; A. Jakštas-Dambrauskas empleaba el término ratilas. Pronto se aceptaron los términos que, al parecer, propuso J. Jablonskis: apskritimas y spindulys, aunque también se permitió usar radiusas. A propuesta de J. Jablonskis, también se adoptó el término skritulys para la «figura delimitada por una circunferencia4».
Por lo que recuerdo, el término plokštuma no suscitó debates. Desde el principio no me pareció del todo adecuado. Plokštuma debería significar la parte plana de cualquier superficie (por ejemplo, una llanura delimitada en una región montañosa, una parte plana —una plataforma— en un tejado de varias vertientes, etc.). Denominar plokštuma una superficie plana infinita es tan impreciso como llamar a una recta tiesuma o a una curva kreivuma. Me parecía que hacía falta un término que designara no una propiedad o característica de una superficie, sino la propia superficie infinita; una palabra técnica así podría ser (terminus technicus) plokšmė, plokštis. La lengua viva también cuenta con numerosos vocablos de esa formación que expresan conceptos generales, por ejemplo: tėkmė, gelmė, kilmė, etc. Algunos matemáticos siguen empleando el término plokšmę; de él forman fácilmente el adjetivo plokšminis (en lugar de plokštuminis), sin que ello dé lugar a confusión alguna.
La normalización de los términos de trigonometría no presentó grandes dificultades. Se tomó como base la terminología internacional; las opiniones diferían únicamente sobre las terminaciones lituanas y la declinación de esos términos. Se propuso considerar las palabras sinus, cosinus como nominativos también en lituano y declinarlas en consecuencia: sinus, sinaus, sinui, etc. Al parecer, J. Jablonskis decidió que había que adaptar al lituano sus formas de nominativo, es decir, escribir sinusas, cosinusas. Entonces se sostuvo que tangens, cotangens, sekans debían llamarse tangensas, contangensas, y no tangentas, cotangentas..., como exigía J. Jablonskis, basándose en la regla de que las terminaciones lituanas del nominativo deben añadirse a la raíz del genitivo de la palabra extranjera. Tampoco sirvieron los ejemplos de la lengua viva,
1 Žr. M. Šikšnys, Aritmetikos ir algebros terminų žodynėlis, Kaunas, 1919, 47 p.
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donde los nombres de origen extranjero Felix, Clemens, Alphons se habían adaptado al lituano (cf. Feliksas, Alfonsas, Klemensas), tampoco se tuvo en cuenta que, de acuerdo con la regla aplicada a tangentui, cotangentui, quizá habría que emplear también los términos sinus, cosinus.
La preparación para la imprenta de los términos de geometría y trigonometría se encomendó al autor de este artículo, y poco después se publicaron2.
K. Šakenis también había asistido alguna vez a las reuniones en casa de J. Jablonskis, específicamente para tratar cuestiones de terminología física, y las debatíamos. Recuerdo que el término que propuso švytuoklė (en ruso, маятник) suscitó una considerable controversia. Se señaló que el nombre švytuoklės evoca ciertos fenómenos luminosos, imágenes de resplandor (cf. la palabra švyturys). El instrumento oscilante de la mecánica pura sería más apropiado llamarlo svyruokle. Sin embargo, por lo que recuerdo, J. Jablonskis se inclinó por la postura de Šakenis, y el término se impuso en los libros de texto.
Se debatieron animadamente las cuestiones planteadas por K. Šakenis sobre los nombres de los elementos químicos. Intentó adaptar muchos de ellos al lituano, pero se decidió tomar como base los términos internacionales de uso generalizado, haciendo una excepción solo para algún que otro elemento cuyos nombres convenía difundir ampliamente por razones prácticas (técnicas, fisiológicas, higiénicas). La primera excepción fue el elemento O (oxygenium). K. Šakenis mencionó los nombres usados anteriormente: rūgštadarys, rūgštagamys, rūgštinys. El propio K. Šakenis, si no me equivoco, propuso llamarlo rūgdariu o algo parecido. J. Jablonskis preguntó cuáles eran las propiedades químicas más características de ese elemento. Como sabía algo más sobre los principales compuestos químicos, expliqué que la participación de ese elemento en los ácidos no era indispensable, pues hay ácidos en cuya composición no entra (por ejemplo, HCl); la propiedad más característica de ese elemento es que otros elementos arden en él, y por eso lo más apropiado sería vincular su nombre con el de la combustión. J. Jablonskis comprendió enseguida y recordó los ejemplos geluonis — aquello con lo que se pica, gyvuonis — cierta parte del cuerpo con la que se siente principalmente; por ello, lo más apropiado era llamar al elemento O (oxygenium) deguonimi. A todos nos quedó claro que ese sería el término más adecuado. Al parecer, el propio K. Šakenis propuso, por analogía, llamar al nitrógeno gesuonimi, porque apaga la combustión. No obtuvo apoyo, pues el nitrógeno no apaga todas las combustiones. Para el otro elemento común, H (hydrogenium), J. Jablonskis acuñó el nombre vandenilio, que pronto se afianzó.
Las cuestiones de terminología matemática volvieron a plantearse al regresar de Voronezh a Lituania. En nuestra primera institución de enseñanza superior —los Cursos Superiores— se impartían ampliamente cursos de matemáticas superiores, que exigían numerosos términos matemáticos nuevos. Durante los primeros tres o cuatro años, tuve que ocuparme de esos asuntos casi solo, consultando con J. Jablonskis.
Para la adaptación al lituano de la terminología científica de cualquier disciplina, él aprobó dos principios fundamentales:
a) basar la denominación de conceptos emparentados en una sola forma de palabra de una lengua extranjera (por ejemplo, un sustantivo) y derivar de ella todas las demás formas según las reglas de nuestra lengua; por ejemplo, tomando la palabra griega analizis, formar después analizinis, analiziškas, pero no analitinis, analitiškas, que ya se formarían a partir de la forma adjetiva;
b) adoptar el término de una lengua extranjera en su forma original, si no contradice la pronunciación de nuestra lengua. Por ejemplo, los términos griegos que suenan completamente lituanos ana-
2 Žr. Z. Žemaitis, Geometrijos ir trigonometrijos terminų rinkinėlis, Kaunas, 1920, 99 p.
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lizis, sintezis no hay razón alguna para apropiárselos en una forma ya deformada dos veces (en francés y en alemán) (cf. analizė, sintezė) y declinarlos así: analizė, analizės, analizei…, cuando esa palabra puede declinarse perfectamente según su forma básica original, conservando también el acento griego, por ejemplo: analizis, analizío…; o bien, si se quiere conservar también el género griego de la palabra, declinarla según la palabra lituana pilnatis: analizis, analizies, analiziai, etc. De modo similar debería haberse procedido con las palabras minuta, sekunda, tertia, kvarta, kvinta y otras, sin transformarlas en minutė, sekundė, tercė, kvartė y otras.
Podemos recordar también otro ejemplo difundido y aceptado facitu consensu por nuestros lingüistas de deformación de términos latinos.
Durante la Edad Media y a comienzos de la Edad Moderna, los científicos europeos utilizaron ampliamente las fracciones sexagesimales, llamadas filosóficas (fractiones philosophicae), procedentes de Asiria-Babilonia. En ellas, la primera fracción (1/60) se llamaba prima pars minuta (primera parte disminuida); en forma abreviada se decía minuta; la segunda fracción (1/60), secunda; y las siguientes: tertia, quarta, quinta, etc. Esos nombres de fracciones han perdurado hasta nuestros días y también se usan en la medición de ángulos. Por tanto, habría sido mejor conservar las formas originales minuta, sekunda…, en vez de las formas secundarias tomadas del alemán, minutė, sekundė, etc. Y si ya se había hecho así, habría que emplear consecuentemente también las formas tercija, kvartė, kvintė,… oktavė…
En cuestiones de terminología matemática tuve que dirigirme también a la Comisión Estatal de Terminología, constituida en 1921, en cuyo seno funcionaba una subcomisión de terminología matemática. Formaban parte de ella Pranas Mašiotas, A. Jakštas-Dambrauskas, el artista Adomas Varnas, Antanas Kaunas y, además, al parecer, dos jóvenes lingüistas. Hacia 1923-1924 me dirigí al menos dos veces a P. Mašiotas, pidiéndole que la subcomisión expresara su opinión sobre los términos empleados en la universidad y los que se estaban creando. P. Mašiotas organizó consultas. En ellas, el propio P. Mašiotas se mantuvo pasivo; A. Jakštas-Dambrauskas proponía sus propios términos, a veces incluso extraños. Los lingüistas no estaban familiarizados con las materias matemáticas y poco podían ayudar al examinar los términos. Por eso, en el campo de la terminología matemática, bajo el gobierno de la burguesía, casi no se hizo nada.
Durante los años del régimen soviético, el trabajo terminológico se amplió e intensificó considerablemente. Las instituciones científicas prestaron atención a la elaboración y publicación de diccionarios terminológicos de distintas ramas de la ciencia, la técnica y otros campos. Ya se han publicado diccionarios de terminología jurídica, geológico-geográfica, química, física, de recuperación de tierras, textil y deportiva. Se han preparado o se están preparando para la imprenta diccionarios de botánica, economía, silvicultura, medicina y otros. En 1954 comenzó también el examen de los términos matemáticos, en el que participaron la Comisión de Terminología del Instituto de Lengua y Literatura Lituanas (J. Kruopas, V. Bartusevičius, B. Vosilytė) y los matemáticos de la Universidad Estatal de Vilna V. Kapsukas: Z. Žemaitis, J. Kubilius, P. Katilius, G. Žilinskas, V. Statulevičius, V. Paulauskas y K. Grincevičius. En las reuniones se examinaron y aprobaron los términos empleados en los manuales de matemáticas elementales. Los términos que suscitaron más controversia fueron liečiamoji (lietėja…), plokštuma (plokštmė…), sintezis (sintezė…) y otros. Los matemáticos se comprometieron a seguir reuniendo fichas terminológicas de matemáticas superiores, a fin de poder elaborar en el futuro un gran diccionario de términos matemáticos que abarcara la terminología de todas las ramas de las matemáticas. Este trabajo continúa realizándose intensamente hasta hoy.
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Como vemos, durante los años del régimen soviético se prestó seria atención a nuestra terminología matemática y se hizo mucho para unificarla en los manuales y en otras publicaciones matemáticas destinadas al público general. Actualmente, plantean más dificultades los términos relacionados con las nuevas disciplinas matemáticas, cuyo desarrollo es muy rápido. Sería conveniente que la Comisión de Terminología del Instituto de Lengua y Literatura Lituanas y los matemáticos de la república continuaran el trabajo terminológico y elaboraran una terminología matemática que: a) ayudara a quienes estudian las ciencias matemáticas modernas a comprender con la mayor precisión los conceptos y las ideas nuevos, a veces muy complejos; b) permitiera también a las personas de especialidades, aunque solo en cierta medida, afines obtener una comprensión correcta de la esencia y los logros de las ramas más modernas de las matemáticas.
Al mismo tiempo, habría que revisar una vez más los términos ya en uso y sustituir por otros mejores aquellos que no se ajusten a la lógica, la precisión o la coherencia, o que presenten otros defectos.
HISTORIA DE LA TERMINOLOGÍA MATEMÁTICA LITUANA
3. Žemaitis
Resumen
La literatura matemática lituana, relativamente joven, necesitó durante mucho tiempo una terminología unificada y ampliamente aceptada. Los matemáticos lituanos M. Šikšnys y Z. Žemaitis, y en parte también P. Mašiotas, se propusieron subsanar esta deficiencia mientras trabajaban en escuelas lituanas para refugiados en la ciudad de Vorónezh durante la Primera Guerra Mundial. Se fijaron como objetivo revisar críticamente la terminología, muy imperfecta, que se venía utilizando y, en la medida de lo posible, crear una que estuviera fundamentada lógicamente y correspondiera al espíritu de la lengua lituana. El destacado lingüista lituano I. Jablonskis brindó una ayuda sustancial al grupo en esta tarea. El grupo tuvo que trabajar mucho para establecer denominaciones correctas de las operaciones matemáticas, de los números que intervienen en ellas y de sus resultados. Los términos anteriores se habían creado en su mayor parte mediante la traducción literal de términos de otras lenguas, donde a menudo se habían formado históricamente, por tradición, pero no siempre estaban fundamentados lógicamente. Así, por ejemplo: a) el resultado de la multiplicación se denomina en alemán Produkt, en polaco — iloczyn, y en ruso — произведение. En esencia, estas denominaciones no guardan relación con el nombre de la operación misma: también podrían designar los resultados de cualquier otra operación realizada; b) en otras lenguas, la definición lógica de una operación suena igual que el nombre del proceso de su ejecución concreta; c) en otras lenguas, los nombres de los números por los que se multiplican o dividen otros números coinciden con los nombres de quienes realizan las operaciones, cuando, en esencia, deberían llevar nombres propios de los instrumentos de las operaciones, etcétera.
Los matemáticos mencionados anteriormente, con la autorizada ayuda de I. Jablonskis, establecieron una terminología matemática libre de los defectos señalados.
Un profesor de física también consultó al grupo sobre la terminología de la física y la química, y estos asuntos se debatieron a fondo. Así, por ejemplo, se planteó la cuestión de cómo sería conveniente denominar al elemento químico O (oxygenium). En otras lenguas europeas, su nombre se asocia con la idea de ácido. Sin embargo, se señaló que el oxígeno no es un componente indispensable de todos los ácidos (por ejemplo, HCl no contiene O). Su propiedad característica, en cambio, es que en él, con su ayuda, arden otros cuerpos; por eso, su nombre (en lituano, deguonis) se creó a partir de la palabra degti, «arder».
Los resultados del trabajo del grupo fueron publicados en 1920 por sus miembros M. Šikšnys y Z. Žemaitis en forma de dos diccionarios terminológicos. La terminología que establecieron pasó a ser de uso general en la literatura matemática lituana.
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